¡Viva el sentido del humor! Había una vez, un circo

Opinión. Tecnología, sociedad, comunicación, movilización
OPINIÓN
COMUNICACIÓN Y MOVILIZACIÓN

Casi siempre se da en las grandes ciudades, y eso debería darnos qué pensar. ¿Es la era del absurdo? ¿la de la soledad? o ¿nos hallamos ante un fenómeno incipiente de ciberactivismo? Tal vez es una mezcla de todo ello. Hablamos de las flash mobs (también llamadas smart mobs o inexplicable mobs) o movilizaciones instantáneas: un grupo de personas se da cita vía SMS, correo electrónico, foros, blogs, chats… en un lugar y hora determinados para realizar una breve acción, generalmente desconcertante, y a continuación se dispersa rápidamente.
Imaginen: cientos de personas acuden al mismo tiempo a una importante librería, piden con insistencia un libro que no existe, de repente y todos al unísono, aplauden con fervor y se esfuman; visto y no visto…. Esto es lo que ocurrió en Roma en la primera concentración europea de grupos efímeros con fines lúdicos.
Desde que Bill (seudónimo del convocante de la primera flash mob) citara a 50 personas para “tomar” la novena planta de Macy’s en 2002, estas reuniones fugaces han proliferado en Estados Unidos y en Europa.
La primera tuvo lugar en Nueva York; después vinieron San Francisco, Viena, Berlín, Londres, Roma… Y no tardó en llegar a España. En octubre de 2003 le tocó el turno a nuestro país. Los congregados se situaron en la base del monumento a Colón de la ciudad de Barcelona, con el brazo en alto señalando en la misma dirección que la estatua. Tras pasar un minuto dieron dos vueltas al monumento para, acto seguido, ponerse a gritar “¡qué vienen los indios!” A continuación se dispersaron en silencio. El fracaso fue rotundo. Cuentan que la presencia de los medios rompió el encanto: la gente se “cortó”, y nadie, excepto diez desinhibidos, emitió el disparatado grito de guerra… Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

Comunicación y movilización

¡Viva el sentido del humor!

Por Mónica Daluz

¿Es la era del absurdo? ¿la de la soledad? ¿o nos hallamos ante un fenómeno incipiente de civeractivismo? Tal vez es una mezcla de todo ello. Hablamos de las fash mobs o movilizaciones instantáneas.

Había una vez…. un circo

Casi siempre se da en las grandes ciudades, y eso debería darnos qué pensar. ¿Es la era del absurdo? ¿la de la soledad? o ¿nos hallamos ante un fenómeno incipiente de civeractivismo? Tal vez es una mezcla de todo ello. Hablamos de las fash mobs (también llamadas smart mobs o inexplicable mobs) o movilizaciones instantáneas: un grupo de personas se da cita vía SMS, correo electrónico, foros, blogs, chats… en un lugar y hora determinados para realizar una breve acción, generalmente desconcertante, y a continuación se dispersa rápidamente.

Imaginen: cientos de personas acuden al mismo tiempo a una importante librería, piden con insistencia un libro que no existe, de repente y todos al unísono, aplauden con fervor y se esfuman; visto y no visto…. Esto es lo que ocurrió en Roma en la primera concentración europea de grupos efímeros con fines lúdicos.

Desde que Bill (seudónimo del convocante de la primera flash mob) citara a 50 personas para “tomar” la novena planta de Macy’s en 2002, estas reuniones fugaces han proliferado en Estados Unidos y en Europa.

La primera tuvo lugar en Nueva York; después vinieron San Francisco, Viena, Berlín, Londres, Roma… Y no tardó en llegar a España. En octubre de 2003 le tocó el turno a nuestro país. Los congregados se situaron en la base del monumento a Colón de la ciudad de Barcelona, con el brazo en alto señalando en la misma dirección que la estatua. Tras pasar un minuto dieron dos vueltas al monumento para, acto seguido, ponerse a gritar “¡qué vienen los indios!” A continuación se dispersaron en silencio. El fracaso fue rotundo. Cuentan que la presencia de los medios rompió el encanto: la gente se “cortó”, y nadie, excepto diez desinhibidos, emitió el disparatado grito de guerra..

La necesidad de comunicarse es innata al ser humano y no lo es menos la de pertenencia a un grupo, de saberse y sentirse parte de algo pero, además, la juventud necesita mostrarse disconforme con aquello que le viene dado. Para ello, los jóvenes de la generación del baby boom, y de la Generación X después, se adscribían a algún movimiento estético-musical y utilizaban la marginalidad como seña de identidad y herramienta de reivindicación, de modo que se colocaban algún tipo de atuendo más o menos extravagante y con sus vinilos por bandera paseaban heavies, punks, siniestros, o grunges sus poco convencionales indumentarias y peinados. Hoy, los jóvenes también ansían sentirse fuera de todo canal oficial, pero su rebelión es menos visceral y, seguramente, más inteligente…

Hemos pasado de apocalípticos a integrados. Si los primeros desprecian la cultura de masas, considerándola “anticultura” y tomándola como signo de decadencia, condenando todo aquello que tiene que ver con tecnologías de nuevo cuño y su empleo en el arte, y rechazando la distribución de información en abundantes cantidades; los integrados, en cambio, se muestran convencidos de las bondades de las nuevas tecnologías, las consideran parte fundamental de un futuro más libre y prometedor, y se entregan a ellas en cuerpo y alma…

En la actualidad nuestra relación con las nuevas tecnologías de comunicación es más que una actitud; porque traspasa lo virtual y se viene a tocarnos. Lo que está ocurriendo es que las nuevas tecnologías conectan personas anónimas entre sí y esa conexión está siendo trasladada a la calle. Desde que en 2002 comenzaran a aparecer sitios web promocionando los círculos de amigos en línea y surgiera el término de “comunidades virtuales”, se han construido verdaderas redes sociales vía Internet, que combinan contactos en línea con otros, cara a cara. Se trata de un material de primera magnitud para los investigadores de las ciencias sociales que, veinte años atrás, comenzaron a utilizar el análisis de las redes sociales -del mundo físico- como una nueva herramienta para el estudio de la realidad social, centrada en las relaciones entre los individuos o grupos, en lugar de en las características de éstos, como edad, raza, ingresos…

Pero la red no bastó y surgieron estas manifestaciones absurdas que responden a un impulso de movilización ciudadana que surge de la propia gente y en cuya base subyace una motivación: el placer de manifestarse. Es el deseo de compartir con otras personas y expresarse públicamente; de percibir el calor de tus iguales y saberte rodeado de aquellos que sienten como tú o, por lo menos, se divierten como tú. En este sentido podría establecerse cierto paralelismo entre las flash mobs y la “cultura” del botellón. Aunque en realidad no son más que una diversificación de los procedimientos o “autoterapias” utilizados hasta ahora para mezclar nuestro “yo” con la multitud, a guisa de partido de fútbol, de concierto de música y hasta de sábado por la tarde en un centro comercial.

Estas convocatorias electrónicas constituyen un modo inofensivo de experimentar con una nueva forma de acción y expresión colectiva propiciada por la tecnología; manifestaciones espontáneas, breves, simples, enérgicas y lúdicas, hechas a imagen y semejanza de la sociedad en la que vivimos, una sociedad caracterizada por la instantaneidad, lo desechable, la rapidez y la fluidez.

La inevitable tendencia hacia la grandilocuencia de esta sociedad nuestra y, sobre todo, de los formadores de opinión, viciados en el etiquetado de casi todo y que por la misma regla de tres que a uno que ha ido un par de veces a una playa nudista le cuelgan el sambenito de “naturista” y le inscriben informativamente en un supuesto movimiento reivindicativo de “por una vida en taparrabos”, han calificado esta especie de juego colectivo o intervención artística todo lo más, de próxima revolución social. De algún modo, estas movilizaciones fugaces se convierten en un acto de rebeldía lúdica en el que tiene lugar un intercambio con el resto de la multitud a partir de un acto efímero de insurrección light. Es la reconfortante sensación de pertenecer a algún tipo de resistencia, con todo el grupo unido ante un enemigo común, como si de una invasión marciana se tratara. En cualquier caso, el potencial de los nuevos medios de expresión social va más allá del comunicacional, y de su poder de movilización sólo hemos visto muestras anecdóticas, pero es posible que estas representaciones de lo absurdo vayan dotándose de contenido.

De hecho, ya ha habido muestras del poder de la autoconvocatoria de ciudadanos anónimos. Los e-mails fueron claves en las protestas antiglobalización de Seattle, Washington y otras ciudades europeas. Recordemos que en noviembre de 1999, 50.000 manifestantes consiguieron frustrar la cumbre de la Organización Mundial del Comercio en Seattle coordinándose principalmente a través de, y paradójicamente, el símbolo de la globalización por excelencia, Internet.

La caída del régimen de Estrada en Filipinas o los actos convocados tras los atentados del 11 de marzo en Madrid, son otros dos ejemplos que dan fe del nacimiento de una alternativa comunicativa, y que pusieron fecha al momento en que las gentes descubrieron su poder de autoconvocatoria a través de Internet y de SMS, con el fulgurante surgimiento de una red social sin ninguna plataforma convocante. Las nuevas tecnologías de comunicación se revelaron como herramientas a tener en cuenta en el futuro para expresarse y para la construcción de un espacio público contrainformativo, sin filtros. Lo acontecido los días que siguieron a los atentados de Atocha pusieron de manifiesto la incidencia de estos procedimientos comunicativos en acontecimientos políticos, pero hizo algo más, puso en evidencia el prestigio de los medios de comunicación convencionales y demostró que hay vida después de los medios oficiales.

El carácter colaborativo de la red, casi siempre desvirtuado por la proliferación de una nueva estructura vertical formada, esta vez, por el ofertador de servicios, en la cúpula, y el usuario, en la base, facilita el activismo, pues mientras el activista a la antigua usanza invertía buena parte de su tiempo y recursos a la construcción de la red sobre la cual difundir su ideario, hoy, la red de difusión viene dada.

Pero la dificultad en la identificación del origen de los convocantes nos aboca a una discusión sin fin y sin resolución. En este sentido, algunas flash mobs convocadas simultáneamente en grades almacenes hace sospechar de la manipulación de los individuos de estas redes sociales que, sin saberlo, pueden estar acudiendo sumisamente a la llamada del departamento de comunicación de la empresa en cuestión, atraídos por una acción de marketing encubierta que, para colmo, no ha costado un “duro”.

De la incidencia de estos nuevos medios de expresión en el establecimiento de relaciones entre individuos, veamos dos ejemplos dispares: En Estados Unidos, el gobernador de Texas ha anunciado este mismo mes la instalación de miles de cámaras a lo largo de Río Grande, la frontera natural que separa Norteamérica y México, y la retransmisión en Internet de las imágenes captadas para que los internautas puedan patrullar virtualmente la frontera e informar de los movimientos que se produzzcan…; una escuela de un pueblo de Barcelona invita a través de la Red a participar este verano, desinteresadamente, en un campo de trabajo para ayudar en la construcción de una nueva sala para los niños (lo que demuestra que ya no hace falta ser un amish ni vivir en comunidad para ayudar a tu vecino en sus tareas de bricolaje y viceversa por que hoy, de algún modo, vecinos somos todos…)

Hablando en serio: En el primer caso, el Estado y una parte de la ciudadanía se alían contra lo que consideran una amenaza cultural, en el segundo, ciudadanos inconexos entre sí se dan cita en la vida real con fines altruistas. Vemos que las mismas herramientas son usadas para la formación de redes sociales con objetivos de lo más diverso.

Las manifestaciones culturales del absurdo no son nuevas. La cultura del anti-arte nos llegó de la mano del dadaísmo, que canalizó las vanguardias de aquellos que buscaban la rebelión contra lo establecido y lo hacían con posturas contra la belleza, contra la pureza de los conceptos abstractos y del humanismo en general, y defendiendo el caos, la imperfección, la espontaneidad, la libertad individual, lo inmediato, lo aleatorio… Hay quien asegura que el origen de la revolución digital está en los representantes del movimiento libertario de la contracultura. Y algo de underground hay en los primeros hackers, los verdaderos fundadores del civeractivismo.

Y si la vida es puro teatro, el hoy y el aquí es puro espectáculo. En un mundo en el que casi todo es una puesta en escena, y volviendo a las flash mobs, vemos cómo el sentido del humor está ganando la batalla y, aunque a veces asuste la frivolización y la reconversión a espectáculo de cuanto acontece, parece que no hay que ser un freaky para caer en el hechizo de estas inexplicables manifestaciones espontáneas. Los tiempos cambian y lo efímero está de moda, y sino visiten cualquier exposición de artes plásticas de esas cuyas obras fugaces, frágiles, breves, perecederas y temporales, embebidas de remakes, nacen y mueren cada día ante la mirada atónita y la sonrisa jocosa de visitantes y curiosos.

Por el momento, lo que sabemos es que en estas performances, fuente de novedad y originalidad, participan, sobre todo, jóvenes, se supone que con algo de tiempo libre y, sobre todo, con una buena dosis de sentido del humor. Mientras, observaremos de cerca lo que no sabemos si pasará a los anales de la historia como algo más que una pura anécdota. En cualquier caso, va a ser divertido. Así que, ¡qué siga el espectáculo!

Editorial. Adivina, adivinanza…

Editorial Adivina, adivinanza…
EDITORIAL

Todo el mundo se ha enterado de que la televisión ha cumplido medio siglo. El empacho de identidad generacional ha sido espectacular, y desde Lazarov hasta Alfonso Guerra, pasando por Chanquete y, cómo no, por el tipo del “busque, compare y…”, ya saben a quién me refiero, han desfilado hasta la saciedad en programa sí programa también de Televisión Española aunando en la nostalgia a un par o tres de generaciones de españoles; y todo ello conducido por ese otro icono para el recuerdo llamado Hermida. 
Ahora, los más jóvenes, aquellos que han sido capaces de aguantar en el sofá el desfile de imágenes con ruido y en escala de grises, nos conocen un poco mejor a través de ese extracto de nuestras vidas, que hemos visto resumidas en un puñado de imágenes y sintonías.
¿Y ellos? ¿Qué tendrán en común? ¿Les dará tiempo a que iconos del momento se aferren a sus identidades y se perpetúen en la memoria colectiva de su generación? Tanto si la respuesta es afirmativa como si la persistencia en el recuerdo de los variopintos impactos que colisionan en sus cerebros todos los días fuera de corta duración, todos los mercaderes quieren formar parte de ese mosaico de iconografías que han de construir su perfil como individuos y, por supuesto como consumidores, y condicionar sus comportamientos a la hora de elegir y pagar por productos o servicios.
Sin embargo, si ayer los creadores de la cultura de masas: diseñadores de moda, ingenieros industriales, compositores, directores de telediarios, etc., imponían desde arriba puntos de vista y dibujaban con sus propuestas los estilos de vida, los criterios estéticos y los productos y marcas con los que vivir, hoy, las empresas a la última se centran en las “búsquedas del mañana”. Me explico: fichan a un coolhunter, o buscador de tendencias que, libreta en mano, frecuenta lugares alternativos, observa cómo las gentes se visten, en qué lugares se divierten, de qué y cómo hablan…, cuando todavía esos conceptos e ideas son minoritarios. Detectar lo que es “cool” y trasladarlo, en forma de producto, al terreno de lo masivo a toda velocidad, es lo que algunos ya han calificado de nueva revolución industrial. Mónica Daluz / pdf

Esto se acaba. Llegó la hora de construir la utopía

Esto se acaba. Llegó la hora de construir la utopía
OPINIÓN

Una campaña de lo que podríamos llamar “publicidad social” nos ha penetrado hasta la médula en las últimas semanas. Especialmente al sector del electrodoméstico, que queda retratado en el spot televisivo. El muchacho protagonista dirige un amenazante mando a distancia hacia lo que no puede ser otra cosa que un aparato de aire acondicionado. La televisión, la lavadora, la nevera y el ordenador se erigen en actores principales de los instantes siguientes del minifilm. Las escaleras mecánicas de un centro comercial, un pequeño colmado, escuelas y oficinas… Todo está desierto. Y en la calle, escenas de lánguidos urbanitas desorientados deambulando en éxodo a no se sabe dónde… Es como en los 70; así me imaginaba yo el mundo en mis peores pesadillas cuando estalló la primera crisis del petróleo.
Aquella dependencia nos angustió, pero los mensajes de optimismo de la España del cambio hicieron que nos acomodáramos a la situación, y hoy parece que nada ocurra excepto en los escasamente mediáticos ámbitos científicos y, cómo no, entre “blogueros”, voz de la conciencia de nuestra era. El asunto no es tema menor; tal vez incluso sea más grave de lo que nos dicen, habida cuenta de que en los últimos tiempos Bush se deja caer con inusitada frecuencia por los laboratorios de energías alternativas… “Tenemos un serio problema: somos adictos al petróleo”; lo dijo el presidente norteamericano en su último discurso sobre el estado de la Unión a primeros de este año, en el que se comprometió a incrementar en un 22% la inversión en investigación de energías limpias, y aunque su objetivo es despojarse de dependencias de lo que él llama “regiones inestables del mundo’’, es una buena noticia. Durante su parlamento, Bush advirtió a los estadounidenses de que deberán cambiar el combustible de sus automóviles, y anunció que las investigaciones se centrarán, sobre todo, en la mejora de las baterías de los vehículos híbridos y eléctricos, así como en los vehículos de hidrógeno. “El objetivo -dijo Bush- es sustituir para 2025 más del 75% de las importaciones de petróleo de Oriente Medio.”
Volvamos a las máquinas de aire acondicionado. Ahí va un dato: Según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE), en España, tres millones de hogares tienen aire acondicionado, y al parecer enchufan sus aparatos, todos a la vez, entre las tres y las seis de la tarde, franja horaria en la que se dispara la demanda diaria de electricidad en verano (ya se alerta de que los apagones van a ser cada vez más habituales, en las próximas semanas). Más cifras: sólo la refrigeración supone en España el 11,1% del consumo de electricidad total, el equivalente a la producción de tres centrales nucleares. Por cierto, el ayuntamiento de Barcelona y el gremio de comerciantes han instado a los 10.000 comercios de la ciudad Condal a no conectar sus equipos de aire acondicionado por debajo de los 24º y recomiendan un mínimo de 25º en los hogares. La segunda semana del mes de julio (coincidiendo con el cierre de esta edición), se registraron en España records de consumo eléctrico -cerca de los 8.300 megawatts de potencia el día 13 a las 13,16 horas-. Recordemos que España es uno de los países más alejados de su compromiso con el protocolo de Kyoto, y la multa por ello puede alcanzar los 6.000 millones de euros… Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

ESTO SE ACABA

Llegó la hora de construir la utopía

Por Mónica Daluz

Una campaña de lo que podríamos llamar “publicidad social” nos ha penetrado hasta la médula en las últimas semanas. Especialmente al sector del electrodoméstico, que queda retratado en el spot televisivo. El muchacho protagonista dirige un amenazante mando a distancia hacia lo que no puede ser otra cosa que un aparato de aire acondicionado. La televisión, la lavadora, la nevera y el ordenador se erigen en actores principales de los instantes siguientes del minifilm. Las escaleras mecánicas de un centro comercial, un pequeño colmado, escuelas y oficinas… Todo está desierto. Y en la calle, escenas de lánguidos urbanitas desorientados deambulando en éxodo a no se sabe dónde… Es como en los 70; así me imaginaba yo el mundo en mis peores pesadillas cuando estalló la primera crisis del petróleo. Aquella dependencia nos angustió, pero los mensajes de optimismo de la España del cambio hicieron que nos acomodáramos a la situación, y hoy parece que nada ocurra excepto en los escasamente mediáticos ámbitos científicos y, cómo no, entre “blogueros”, voz de la conciencia de nuestra era. El asunto no es tema menor; tal vez incluso sea más grave de lo que nos dicen, habida cuenta de que en los últimos tiempos Bush se deja caer con inusitada frecuencia por los laboratorios de energías alternativas… “Tenemos un serio problema: somos adictos al petróleo”; lo dijo el presidente norteamericano en su último discurso sobre el estado de la Unión a primeros de este año, en el que se comprometió a incrementar en un 22% la inversión en investigación de energías limpias, y aunque su objetivo es despojarse de dependencias de lo que él llama “regiones inestables del mundo”, es una buena noticia. Durante su parlamento, Bush advirtió a los estadounidenses de que deberán cambiar el combustible de sus automóviles, y anunció que las investigaciones se centrarán, sobre todo, en la mejora de las baterías de los vehículos híbridos y eléctricos, así como en los vehículos de hidrógeno. “El objetivo -dijo Bush- es sustituir para 2025 más del 75% de las importaciones de petróleo de Oriente Medio.”

Volvamos a las máquinas de aire acondicionado. Ahí va un dato: Según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (EDAE), en España, tres millones de hogares tienen aire acondicionado, y al parecer enchufan sus aparatos, todos a la vez, entre las tres y las seis de la tarde, franja horaria en la que se dispara la demanda diaria de electricidad en verano (ya se alerta de que los apagones van a ser cada vez más habituales, en las próximas semanas). Más cifras: sólo la refrigeración supone en España el 11,1% del consumo de electricidad total, el equivalente a la producción de tres centrales nucleares. Por cierto, el ayuntamiento de Barcelona y el gremio de comerciantes han instado a los 10.000 comercios de la ciudad Condal a no conectar sus equipos de aire acondicionado por debajo de los 24º y recomiendan un mínimo de 25º en los hogares. La segunda semana del mes de julio (coincidiendo con el cierre de esta edición), se registraron en España records de consumo eléctrico -cerca de los 8.300 megawatts de potencia el día 13 a las 13,16 horas-. Recordemos que España es uno de los países más alejados de su compromiso con el protocolo de Kyoto, y la multa por ello puede alcanzar los 6.000 millones de euros…

Sí, nuestra dependencia de los recursos fósiles es total, y las reservas se están agotando. China y la India despiertan y el sistema actual mundial de gestión de los recursos es insostenible. Va de datos: Según el informe anual de Worldwatch Institute, La Situación del Mundo 2006, si el nivel de consumo de recursos y de emisiones contaminantes por habitante de China y la India fuese similar al actual en Estados Unidos, se necesitarían dos planetas Tierra sólo para mantener estas dos economías. Y es que crece por momentos la demanda de energía, alimentos y materias primas de 2.500 millones de chinos e hindúes, por lo que es de prever que se aproxima un profundo cambio en la geopolítica mundial y sin duda, nuestro modelo de crecimiento económico intensivo en recursos no será viable en el siglo XXI. Si el carbón fue la fuente de energía que propició la Revolución Industrial, y con ella un nuevo panorama económico, político y social, y el petróleo se erigió en dueño y señor del sistema en el siglo XX, una nueva fuente de energía está esperando en algún lugar liderar el cambio en la naturaleza de los mercados.

A la vista del reciente compromiso que India y China han asumido para el desarrollo de una gran industria de energía eólica y solar, además de otros que desde 2004 se han venido produciendo, y teniendo en cuenta que China es ya el segundo país del mundo con mayores emisiones de dióxido de carbono, cabe la posibilidad de que de que ambos países lideren el cambio, el cambio hacia un nuevo sistema económico y social mundial, si planifican su crecimiento sobre la base de una producción energética y una agricultura sostenibles. Tal vez, y ojalá, estos países nos den una lección de sabiduría y apuesten por acometer el desarrollo de sus ciudadanos por la vía de la sostenibilidad, lo que supondría un salto cualitativo que les situaría por delante de las actuales potencias industriales.

Hoy por hoy, los modelos energéticos están diseñados en función del sistema económico más que partiendo de las necesidades de la población, además no toman en consideración el posible agotamiento de los recursos, sino su progresivo encarecimiento, y tampoco tienen en cuenta sus efectos secundarios sobre el medio ambiente. A esto se añaden las relaciones de dependencias regionales que de la situación se derivan; la mayor parte de las reservas se encuentran en Oriente Medio y tarde o temprano el mundo dependerá del golfo Pérsico para satisfacer sus cada vez mayores necesidades energéticas.

La crisis del mercado petrolífero obliga a tomar un nuevo rumbo, a reinventar la trayectoria del desarrollo de la humanidad. Estamos asistiendo al renacimiento de la energía nuclear, cuyos desechos aún no se han logrado tratar con eficiencia. Las energías renovables, como la solar, la eólica, la mareomotriz, la geotérmica o la de biomasa, son difíciles de transportar y de almacenar, y su cantidad varía en función de agentes externos.

La fusión nuclear es una de las grandes apuestas a nivel teórico pero las dificultades técnicas que comprende su implantación, la hacen, de momento, inviable, pues se necesitan temperaturas superiores a cien millones de grados para que se produzca la reacción de fusión; así como materiales que resistan las altas temperaturas y la radiación; lograr que la energía liberada sea mayor que la necesaria para calentar y mantener aislado el combustible, y finalmente, desarrollar dispositivos que capturen la energía generada y la conviertan en electricidad, de tal manera que de todo el proceso se obtenga un balance energético suficientemente positivo. Los biocombustibles tienen el inconveniente de que para incrementar significativamente su producción, habría que dedicar una gran cantidad de tierras fértiles a su cultivo, lo cual resulta incompatible con la hambruna y la desertización que asola nuestro planeta. Los experimentos con bioenergía, obtenida por mutaciones genéticas, por tanto no contaminante, se suceden en todos los puntos del planeta, pero aún estamos muy lejos de una implantación masiva. En materia de investigación al respecto encontramos algunos titulares curiosos: Hallan una bacteria que consume polución y genera electricidad; Producen hidrógeno a partir del girasol; Científicos ven el aceite de jojoba como alternativa al diesel; la NASA intenta crear combustible a base de una bacteria presente en los excrementos humanos; Como en Mad Max, usan heces de cerdo para generar energía; Investigadores españoles convierten paja en combustible; y podríamos seguir…

El hidrógeno también se perfila como una alternativa válida, por lo menos sobre el papel. Se trata de un combustible extraído del agua, recurso abundante en el planeta y su combustión con el aire es limpia. Sus desventajas: Como no es un combustible primario se incurre en un gasto para su obtención que, además, se produce a partir de otros combustibles fósiles (según un informe del World Watch Institute, en la actualidad el 99% del hidrógeno que se produce en el mundo se obtiene mediante el consumo de petróleo o gas natural); requiere de sistemas de almacenamiento costosos y aún poco desarrollados; el elevado gasto de energía en su licuefacción, y el elevado precio del hidrógeno puro.

Sin embargo, ya existen en el mercado algunos teléfonos móviles con batería de hidrógeno y también hay autobuses en Madrid y Barcelona, que funcionan por este sistema.

Pero el modelo energético que hoy nos gobierna tiene otra particularidad: otorga el control de la energía global a un reducido número de empresas (que por regla general tienen, a su vez, intereses en otras áreas económicas) y éstas, además, están en permanente proceso de fusiones; de modo que el bienestar de buena parte de la humanidad depende de ellas. No cabe duda de que el modelo energético no es sólo determinante en materia medioambiental, sino también en seguridad y políticas internacionales y, además, en el ámbito social.

Jeremy Rifkin (autor de 14 libros sobre el impacto de la ciencia y la tecnología en la economía, en la sociedad y el medio ambiente) sostiene al respecto una interesante teoría según la cual, la adopción del hidrógeno como alternativa energética nos llevaría a la construcción de una sociedad más justa. El hidrógeno es prácticamente inagotable y se encuentra igualmente distribuido en el planeta lo cual garantizaría una gestión democrática; una economía fundamentada en el hidrógeno recompondría la organización mundial posibilitando una redistribución más equitativa del poder, en tanto que su producción podría tener lugar a partir de recursos domésticos, de forma económica y medioambientalmente aceptable. Rifkin describe una red de distribución de la energía en la que cada ser humano podría convertirse en productor además de consumidor de su propia energía; una red hecha a imagen y semejanza de la World Wide Web, en la que millones de usuarios finales conectarían sus pilas de combustible a Redes de Energía de Hidrógeno locales, regionales y nacionales, para compartir la energía.

A las nuevas generaciones del mundo rico, con escalas de valores y planteamientos viales muy distintos a los de sus progenitores, que se saben y se sienten más libres e instruidas que cualquier otra generación del pasado, les azota en la conciencia la certeza de formar parte de esa sexta parte del planeta que consume el 80 por ciento de los recursos mundiales, y están asumiendo la responsabilidad. Además, la situación de conexión total con el mundo, advenida con la digitalización, enfatiza esa toma de conciencia generacional ante los desafíos sociales y medioambientales. En los próximos tiempos el mundo debe prepararse para enfrentar crisis distintas a las conocidas y más complejas, y algo hace pensar a la generación que empuja desde abajo, que la acción de los estados ya no es suficiente para hacerles frente. Ha llegado la era de la acción individual. Porque está visto que en esto de cambiar el mundo, es el individuo quien tiene la última palabra. El reciclaje y el uso racional de los recursos deberá partir de la conciencia individual.

Es posible hallar soluciones eficaces y rentables como las actuales, pero más sostenibles y respetuosas con el hombre y su entorno. Existen modelos de empresa alternativos que buscan la rentabilidad anteponiendo criterios éticos. La cooperación entre empresas comprometidas con el entorno ya ha dado origen a interesantes experiencias, como el caso de los polígonos industriales en los que se ha logrado reducir su impacto medioambiental optimizando recursos, de modo que, por ejemplo, los residuos de una industria son aprovechados como materia prima o como recurso por otras fábricas de polígono.

En materia de transporte personal, en España existe una empresa que explota el carsharing; esa otra manera de tener coche. El carsharing, que logra una reducción del consumo energético y de las emisiones de CO2, consiste en que una empresa gestiona una flota de vehículos que pone a disposición de sus clientes previa reserva, de manera ágil, flexible y cómoda, y de forma que los usuarios puedan utilizar un vehículo cada vez que lo necesiten sin necesidad de tenerlo en propiedad.

Desde que el primer emprendedor solidario decidió comprar café a un precio más caro al pequeño productor para ayudarlo a tener una vida decente y tratar de convencer al consumidor de que su compra podría ser un gasto solidario, el marketing de la honradez se está convirtiendo en el que mejor funciona. Así nació el comercio justo, esa gota en el océano de los intercambios que aún deberá recorrer un largo camino, aunque su filosofía ha inspirado campañas de comunicación de cientos de empresas.

Cada sector tendrá que actuar en conciencia y el del electrodoméstico y la electrónica de consumo tiene mucho que decir y hacer al respecto (se estima que cada ciudadano de la Unión Europea genera anualmente 14 kilos de basura tecnológica), integrando criterios ecológicos en el ciclo de vida de los productos, desde la elección de los materiales que lo componen hasta los costes energéticos para fabricarlo, y desde las consecuencias ecológicas de su utilización hasta las de sus desechos finales.

En el sector de la construcción, que representa en España el 20% del consumo final de energía, el nuevo Código Técnico de la Edificación ya obliga a arquitectos y constructores a introducir sistemas de energía solar, térmica y fotovoltaica, y a utilizar materiales y técnicas de construcción que permitan el ahorro energético tanto en edificios de nueva construcción como en los que se rehabiliten.

El comercio también puede adoptar medidas al respecto, especialmente las grandes cadenas de distribución que, curiosamente, en otros países han puesto en práctica medidas de protección medioambiental pero no aquí, que seguimos con deficientes conexiones de trasporte público y de accesos, con los consiguientes atascos; excesivo consumo de luz; neveras con las puertas permanentemente abiertas; escasez de puntos de recogida de residuos; mínima presencia de productos ecológicos… El sector de la gran distribución puede influir tanto sobre los fabricantes, instándoles a elaborar productos más ecológicos, como sobre los consumidores que acuden a estos establecimientos, contribuyendo a crear una mayor conciencia sobre el uso de los recursos.

No podemos ignorar la evidencia. Debemos comenzar a prepararnos para los tiempos en los que nos veamos obligados a aminorar el ritmo de agotamiento del petróleo y de otros recursos.

Porque la extinción de los recursos significaría nuestra propia extinción, y ante la gravedad de los desajustes ambientales y sociales, al mundo le urge crear economías sostenibles no sólo para asegurar el futuro estable y pacífico del planeta, sino para asegurar su mismísima supervivencia. Un planeta sostenible es posible, pero el tiempo corre en nuestra contra. ¿Hallaremos el modo de satisfacer nuestras necesidades sin disminuir el potencial de las generaciones futuras de satisfacer las suyas? ¿Sabremos construir un nuevo mundo?, ¿un mundo sin fin? Porque, de lo contrario, ¿cuál habría sido el sentido de lo que hemos construido a lo largo de toda nuestra historia? Debemos cerrar el círculo y colocar el broche final de nuestra obra: crear un mundo sostenible para dar sentido a eso que ha movido el mundo a lo largo de la historia de la humanidad: el progreso.

Sin sostenibilidad no hay futuro y sin futuro, el progreso carece de todo sentido.

La era del “yo”. …Y la tecnología nos hizo libres

La era del "yo" Opinión
OPINIÓN

Ahora que todos se arremeten en terreno ajeno; ahora que el terreno ajeno ya no existe porque todo converge y se mixtura en el centro de este impetuoso tornado que arroja su papilla a un mundo con apariencia de planta de fundición; incluso ahora que todo parece pasar por el Big Five (Google, Yahoo, eBay, MSN y AOL), es precisamente ahora cuando las capacidades individuales cobran un valor sin precedentes. La subjetividad y la intuición se erigen en competencias inigualables. Es el momento para la aportación única e irrepetible.
Las idas y venidas de publicistas, políticos, biotecnólogos, informáticos y productores cinematográficos intercambiándose cargos en empresas de ámbitos dispares, es un claro síntoma de esta búsqueda de cierta virginidad como base para la generación de ideas frescas. La transversalidad y la mezcla de lo dispar parecen ser el caldo de cultivo insustituible de la innovación, y así proliferan las mezcolanzas y la búsqueda de lo multidisciplinar.
Veamos… Tenemos a Murdoch metido a comprador de webs; a Disney, tras tomar el control de Pixar, otorgando al fundador de Apple la categoría de primer accionista; y al consejero delegado de Google, Eric Schmidt, sentado en el consejo de administración del fabricante de computadoras Apple, donde compartirá mesa con el presidente de la compañía, Steve Jobs, el exvicepresidente de EE.UU., Al Gore, y el presidente de la firma de biotecnología Genentech, Arthur Levinson, entre otros importantes y, por supuesto, dispares, ejecutivos estadounidenses.
Los movimientos de intercambio se producen también entre compañías, de modo que asistimos a una nueva relación en el mundo empresarial, que pasa de la competencia a la cooperación, en esta economía de las buenas maneras, en la que Pepsi da el chivatazo a Coca Cola de que una de sus empleadas, finalmente detenida junto a dos cómplices, le ha ofrecido la fórmula secreta de un nuevo refresco por un puñado de dólares, y ambos colaboran con el FBI, para preparar una trampa a la “desertora” y sus secuaces. Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

La era del “yo”

… Y la tecnología nos hizo libres

Por Mónica Daluz

Ahora que todos se arremeten en terreno ajeno; ahora que el terreno ajeno ya no existe porque todo converge y se mixtura en el centro de este impetuoso tornado que arroja su papilla a un mundo con apariencia de planta de fundición; incluso ahora que todo parece pasar por el Big Five (Google, Yahoo, eBay, MSN y AOL), es precisamente ahora cuando las capacidades individuales cobran un valor sin precedentes. La subjetividad y la intuición se erigen en competencias inigualables. Es el momento para la aportación única e irrepetible.

Las idas y venidas de publicistas, políticos, biotecnólogos, informáticos y productores cinematográficos intercambiándose cargos en empresas de ámbitos dispares, es un claro síntoma de esta búsqueda de cierta virginidad como base para la generación de ideas frescas. La transversalidad y la mezcla de lo dispar parecen ser el caldo de cultivo insustituible de la innovación, y así proliferan las mezcolanzas y la búsqueda de lo multidisciplinar. Veamos… Tenemos a Murdoch metido a comprador de webs; a Disney, tras tomar el control de Pixar, otorgando al fundador de Apple la categoría de primer accionista; y al consejero delegado de Google, Eric Schmidt, sentado en el consejo de administración del fabricante de computadoras Apple, donde compartirá mesa con el presidente de la compañía, Steve Jobs, el exvicepresidente de EE.UU., Al Gore, y el presidente de la firma de biotecnología Genentech, Arthur Levinson, entre otros importantes y, por supuesto, dispares, ejecutivos estadounidenses.

Los movimientos de intercambio se producen también entre compañías, de modo que asistimos a una nueva relación en el mundo empresarial, que pasa de la competencia a la cooperación, en esta economía de las buenas maneras, en la que Pepsi da el chivatazo a Coca Cola de que una de sus empleadas, finalmente detenida junto a dos cómplices, le ha ofrecido la fórmula secreta de un nuevo refresco por un puñado de dólares, y ambos colaboran con el FBI, para preparar una trampa a la “desertora” y sus secuaces. Anécdotas aparte, la búsqueda de oportunidades de negocio pone sobre el tapete todo tipo de paradojas, y asistimos al unísono a batallas campales entre compañías por abrirse camino en nuevos mercados en esta era de redefinición de modelos de negocio, y a alianzas de todas clases, que a su vez generan otras competencias, con el objeto de aunar, sobre todo, activos intangibles, ya sea para sumar clientes o para defenderse y reposicionarse en un mercado en el que los roles tradicionales de los distintos sectores se superponen y se transfieren en un constante e imprevisible fluir. Ahí tenemos a un trío en plena pugna: buscadores, productores de contenidos multimedia y compañías de telecomunicaciones. Los gigantes de Internet se están posicionando en competencia directa con sectores con los que tradicionalmente no han tenido intereses colisionantes, -como con el vídeo bajo demanda-, o convirtiéndose en destructores de valor -como ocurre con la telefonía gratuita PC a PC-. Y ante el impacto negativo que sobre los modelos de negocio de las empresas de telecomunicaciones tienen los amos de Internet, la solución para las primeras pasa por las alianzas: Yahoo!-SBC; MSN-Vodafone; iTunes-Cinguar; Google-T-Mobile; Skype-Aplus…

Los operadores de telefonía están sufriendo, y lo harán aún más, las consecuencias de un panorama en el que los mercados de telefonía móvil se saturan mientras la telefonía IP sube como la espuma. A ello se añade la apertura de redes, que restringe los feudos de clientela de los operadores históricos (ver sección En la Calle, pág. 52). Todo ello está llevando a las empresas de telecomunicaciones a definir un nuevo régimen de competencia y cooperación con los grandes portales. En tándem o a tres bandas. Como la web de subastas eBay, que en mayo se alía con Yahoo y en agosto con Google. El acuerdo entre eBay y Yahoo, que tiene por objeto reforzar la posición de ambos frente a Microsoft y al buscador líder, Google, establece que Yahoo será el proveedor exclusivo externo de todos los anuncios gráficos a través de la web de subastas de eBay, para sus páginas estadounidenses; a cambio, Yahoo escogía el sistema de pago online de eBay, PayPal, para que sus clientes abonen sus servicios. Un acuerdo similar se acaba de producir entre eBay y Google, a través del cual el buscador se convierte en proveedor exclusivo de anuncios de texto para las páginas de la casa de subastas situadas fuera de Estados Unidos. El documento incluye el intercambio entre ambas compañías de una nueva forma de publicidad en Internet: el click to call, que permite a los anunciantes comunicarse directamente con sus potenciales clientes mediante sistemas de telefonía por Internet.

Portales y operadores de acceso pugnan por la oferta de servicios triple play; los Big Five libran una incesante batalla por convertirse en el proveedor multiservicios de los internautas en la nueva fase web2.0 de la red; AOL acaba de anunciar que renueva su servicio de descargas de música online, AOL Music Now, ofreciendo cerca de dos millones y medio de pistas de audio y miles de videoclips; y Universal Music, un gigante de la industria discográfica, autoriza la descarga gratuita en Estados Unidos y Canadá de su catálogo en Internet, financiándose por la publicidad, con el objetivo de competir con Apple y su iTunes (que, por cierto, pronto permitirá la descarga, también, de películas). Ya hace algunos meses que los grandes portales japoneses se lanzaron al asalto de las grandes cadenas de televisión.

Todos quieren ser el proveedor de contenidos del futuro. Todos quieren ser el supermercado del ocio y todos tratan de hallar la estrategia ganadora en el ecosistema digital. Las productoras de música, vídeo y, pronto, de televisión aún no saben si deben alegrarse por contar con un canal más, o la distribución IP desvalorizará el producto hasta el punto de dejar de ser rentable. A su vez, los portales que han invertido en servicios de vídeo temen que los operadores busquen defender su oferta triple play, y sobre la mesa se sirve el debate en torno a la neutralidad en Internet.

Sí, todos entran en el terreno de todos, y en particular en el nuestro… Y es que ahora, en la era del “yo”, en la que todo se centra en la satisfacción de los deseos, en la obtención de placer, en la facilidad, en el confort y en la diversión, la electrónica de consumo vive su reinado. Aunque la dinámica alcista del sector, curiosamente, no está resultando ventajosa para los fabricantes tradicionales, que deben enfrentarse cada día a más competidores o, según se mire, a potenciales aliados… Todos refocalizan sus objetivos hacia el consumo doméstico: desde los grandes portales y motores de búsqueda, que adquieren nuevas pretensiones en el terreno de la electrónica de consumo, hasta fabricantes de software tradicionalmente alejados de los mercados dirigidos al gran público, como Microsoft, y que están restando protagonismo mediático a los actores históricos de la electrónica de consumo, pasando por otros ejemplos, como la reorientación estratégica de Intel a la que estamos asistiendo en los últimos tiempos, que también responde al objetivo de obtener el mejor partido a la dinámica de la nueva electrónica de consumo, o la maniobra de Apple, que revelaba sus aspiraciones en el mercado de ordenadores de consumo eligiendo equipar sus ordenadores con procesadores Intel. Ahí están

también los llamados subcontratistas de los fabricantes tradicionales de equipos, que hoy adoptan una estrategia de marca, como Acer.

La sociedad del «yo», con un consumidor concebido en primera persona, sujeto que ejerce y sobre el que recae su propia acción, nos aboca a una economía de servicios personales. Un consumidor convertido en protagonista absoluto del mercado, y que se halla inmerso en un gran escenario caracterizado por la sobrecomunicación, en el que las empresas buscan el modo de anticiparse a sus deseos, escudriñando las claves de sus valores aspiracionales y estilos de vida. Este imperio de la individualidad, en el que todo parece aproximarse al público, a la audiencia, al consumidor…, sin siquiera ir a buscarlo y que se le viene encima de un modo personalizado hasta la saciedad, fomenta el fenómeno del negocio del aire. Llegó con el desarrollo de las TIC y hay mucha gente metida en él. Publicistas, empresas de Internet, servicios empresariales… En esta nueva economía ingrávida, la capacidad para el análisis y la interpretación del procesamiento de los conocimientos se desarrolla al alza. A medida que el coste de las TIC se hunde, esta nueva economía valora los conocimientos subjetivos e intuitivos. Hoy se buscan personas con capacidad para crear marca, estilos, ambiente, moda, servicios y productos cuyo valor esté más allá del objeto, y su uso o tenencia genere experiencias ligadas al placer. En este sentido, es un hecho que en el mundo rico, cada vez más gente desea gastar su dinero en calidad aparente en lugar de en cantidad de bienes, viniéndose a dar un hartazgo relativo de bienes materiales al tiempo que una demanda casi ilimitada de servicios. Estamos metidos en una economía de servicios personales; es la economía del “todo cerca” y del “todo rápido”. Si el consumidor paga más por objetos y servicios que aporten experiencias placenteras también pagará por perder de vista toda actividad cotidiana fastidiosa. Hoy proliferan empresas de servicio de «toderos» (venezolanismo que designa a personas que hacen de todo; en otros países centroamericanos también los llaman “maridos de alquiler”…), que lo mismo pasean al perro, que hacen cola en Hacienda; arreglan una tubería, o se disfrazan de Santa Claus por Navidad…

La tecnología crea nuevos productos y servicios, nuevas categorías de demanda del consumidor, y también traerá «McTrabajos» o trabajos efímeros de servicios, en una economía que tiende a no producir cosas y que se vuelca en las actividades de ocio y en los servicios personales.

Si en los 80, la ingeniería financiera y los mercados de futuros fueron conceptos que nos hicieron sospechar que tras el mundo físico existía otro, más ligero, casi etéreo, que venía empujando con verdadero ímpetu, ahora que ya no está de moda ser un yupie, que los masters ya no lo son todo, y que se ha resquebrajado la verticalidad, ahora que Goleman nos ha dicho por activa y por pasiva que la inteligencia, para serlo debe ser emocional; ahora, de algún modo, nos encallamos en buscar la salida en el interior de los episodios pasados y retornamos a todas esas décadas del ayer para revisarlas y asegurarnos de que no nos dejamos nada en ellas antes de cerrar la puerta y reinventar la nueva era, una era que nos deja al desnudo con nosotros mismos y nuestra capacidad de mixturar, tamizar y percibir el mundo, para aportar un nuevo valor a una sociedad sedienta de aquello que todavía no existe. En ella, los informes de mercado y los cuadros de Excel pierden fuelle frente a las percepciones, sensaciones, interpretaciones y hasta presagios…, que forman hoy parte de la observación de los mercados. En la sociedad de la información el individuo deja de formar parte de una estructura inmutable, deja de constituir una variable de valor fijo, y se desgaja de ella con renovado caché, para ser un poco más feliz y un poco más libre…

Editorial …Y ¿por qué no?

Editorial. Abundancia, eficiencia y sorpresa
EDITORIAL

Sí, nos hallamos en un mundo distinto. Es el mundo de la abundancia, ese en el que los folletos de las grandes superficies anuncian sus ofertas de jamón de york junto a las de LCDs; un mundo en el que la automatización de los procesos de la industria hace que ser eficiente ya no sea suficiente. Un mundo que reivindica la sorpresa y que nos exige ser diferentes, ser únicos.
Introducir una innovación diferencial en cualquiera de los procesos de la cadena de valor, (DOC), bien en la fase de diseño del producto, en la de operaciones o en la de relación con el cliente, no es fácil. Los speakers, que así está de moda llamar a los conferenciantes profesionales, nos machacan con eso de que es imprescindible transformar las ideas en valor, la creatividad en dinero, pero casi nunca nos dicen cómo hacerlo. Tan sólo algún concepto vago con apariencia empírica, como que un negocio rentable es igual a imaginación más tecnología, o se nos recomienda una profunda reflexión sobre qué podemos hacer con el conocimiento acumulado, en fin, el know how o el savoir faire de toda la vida, y la observación de lo que los expertos llaman las orillas de nuestro negocio, vaya, la diversificación en grado sumo… Los protagonistas de las charlas, conferencias y disertaciones que se suceden, uno tras otro, en auditorios y salas de congresos, ilustran tales sugerencias con casos más o menos anecdóticos como para darnos una pista de qué hacer y, de paso, caer simpáticos con sus curiosidades y chascarrillos. Buscan ejemplos entre las sutilezas del mercado digital, como las páginas web que pudiendo ofrecer un extenso abanico de productos venden sólo un artículo al día a un precio de lo más tentador y cuando se acaban las existencias no colocan un nuevo producto, sino el cartel de «agotado», logrando que todos quieran ser los primeros en conectarse cada día para saciar su ansia de ser sorprendidos por una ganga.
Es el truco de no vender ahora para vender más otro día. En esa misma línea se hallan también algunas tiendas físicas, como la tienda de Apple en Nueva York, una maravilla arquitectónica, un escenario cibernético que recrea lo que podría llamarse «los mundos de Apple». Unos acuden a ver el estreno de Star Trek ataviados con orejas en punta, y otros se dejan caer por la 5ª Avenida buscando ser deslumbrados por ese misterioso halo de seducción que aseguran sentir los discípulos incondicionales de la marca. Son tiendas ideadas para enamorar, para crear o reforzar el vínculo emocional de la marca con el consumidor de un modo amable. No se trata de una demostración de poder per se, sino de un poderío servido bajo apariencia casi de ofrenda; algo así como “…ves este imperio; pues es todo para ti”. La cuestión es que el consumidor está encantado con que los gigantes del mercado utilicen su poder para proporcionarle placeres lúdicos.
Anécdotas aparte, lo más parecido que he encontrado a una receta para el éxito fueron las sugerencias de un ilustre asesor de empresas y escritor al mismo tiempo: ganan los flexibles y los que se especializan; los que aportan más valor; los que gestionan su polaridad, no los que son buenos en una dimensión a costa de las otras; los que entienden los deseos que mueven el mundo; los que crean buenos recuerdos; los que discrepan desde la lealtad; los que gestionan las dificultades y su talento; ganan, en fin, los que ponen el alma en lo que hacen y los que sueñan… Buen broche final del orador -concluir con un toque a la fibra sensible siempre es efectivo-. Pero seguían siendo fórmulas, soluciones de manual…
El caso es que en mi peregrinar hacia la receta para el éxito de un negocio he dado con una afirmación sorprendentemente certera: “el futuro consiste en preguntarse ¿por qué no?”. Sí, me pareció genial. Se trata de tirar por la borda aquello que nadie se ha atrevido a poner en duda; a no dar por descontado aquello que todos dan por supuesto. En una palabra, el secreto está en hacer cosas atrevidas…; la idea es ir por la vida rompiendo moldes, mojándose -hablando en plata-. Así que ya sabe, quítese el corsé, déjese llevar y a transgredir sin complejos. Atrévase. Mónica Daluz /
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¡Que fluya la música! El medio ya no es el mensaje

Que fluya la música
OPINIÓN
TECNORRELATO

Atardecía. Abrí el grifo. Me quedé observando aquel poderoso chorro de agua y vi en él algo que no había visto antes. Aquella mañana entrevisté a un experto en gestión de empresas de la industria musical que me introdujo en las teorías de un fulano que va proclamando por ahí que la música debiera ser como el agua…: el grifo se abre y siempre hay agua a nuestra disposición; agua que tras refrescar nuestra piel o limpiar nuestros alimentos se esfuma a través del desagüe… y, por supuesto, no se nos pasa por la cabeza irla almacenando en bidones indefinidamente. Hay agua en la cocina, en el lavabo, en la galería y hasta en el jardín. No era nada descabellado; en realidad, tenía sentido…
En eso iba yo pensando cuando de manera inconsciente deslicé la mirada por el salón viniendo ésta a caer sobre mi mueble preferido, y no porque su estética, a base de líneas puras describiendo volúmenes simplificados me conecten con las tendencias actuales y me hagan sentir que así soy una mujer a la última. No; el impulso que condujo mi atención hasta la cómoda fue lo que ésta alberga en su interior. Y es que ahí descansan en paz todos mis vinilos. ¿Desprenderme de ellos? ¡Ni hablar! Reconozco que su situación es de lo más triste, allí, muertos de asco en una estantería…, pero cada uno de ellos está vinculado a un recuerdo, a un sentimiento, a un afecto, o a alguna vivencia relevante o irrelevante, y cada portada desgastada es un pedazo de mi vida. No es sólo música; es lo que me costó ahorrar para comprar cada LP, aquellas salidas en pandilla para adquirirlos y, por supuesto, las largas horas contemplando el dócil vaivén de la aguja avanzando entre el surco cual velero sobre aguas mecidas por un incipiente mar de fondo, mientras, en simbiosis con cada nota mis pensamientos volaban lejos, muy lejos de aquella habitación de adolescente… Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

¡Que fluya la música!

El medio ya no es el mensaje

Por Mónica Daluz

Atardecía. Abrí el grifo. Me quedé observando aquel poderoso chorro de agua y vi en él algo que no había visto antes. Aquella mañana entrevisté a un experto en gestión de empresas de la industria musical que me introdujo en las teorías de un fulano que va proclamando por ahí que la música debiera ser como el agua…: el grifo se abre y siempre hay agua a nuestra disposición; agua que tras refrescar nuestra piel o limpiar nuestros alimentos se esfuma a través del desagüe… y, por supuesto, no se nos pasa por la cabeza irla almacenando en bidones indefinidamente. Hay agua en la cocina, en el lavabo, en la galería y hasta en el jardín. No era nada descabellado; en realidad, tenía sentido… En eso iba yo pensando cuando de manera inconsciente deslicé la mirada por el salón viniendo ésta a caer sobre mi mueble preferido, y no porque su estética, a base de líneas puras describiendo volúmenes simplificados me conecten con las tendencias actuales y me hagan sentir que así soy una mujer a la última. No; el impulso que condujo mi atención hasta la cómoda fue lo que ésta alberga en su interior. Y es que ahí descansan en paz todos mis vinilos. ¿Desprenderme de ellos? ¡Ni hablar! Reconozco que su situación es de lo más triste, allí, muertos de asco en una estantería…, pero cada uno de ellos está vinculado a un recuerdo, a un sentimiento, a un afecto, o a alguna vivencia relevante o irrelevante, y cada portada desgastada es un pedazo de mi vida. No es sólo música; es lo que me costó ahorrar para comprar cada LP, aquellas salidas en pandilla para adquirirlos y, por supuesto, las largas horas contemplando el dócil vaivén de la aguja avanzando entre el surco cual velero sobre aguas mecidas por un incipiente mar de fondo, mientras, en simbiosis con cada nota mis pensamientos volaban lejos, muy lejos de aquella habitación de adolescente…

Para amenizar mi soledad, porque a pesar de la marea de recuerdos que se me abalanzó al abrir aquel armario estaba esa noche más sola que la una, me metí en un blog sobre el asunto en cuestión, con el objetivo de averiguar si aquel sentimentalismo para con los susodichos polímeros era algo que me ocurría exclusivamente a mí. El caso es que me lié a conversar con un joven que parecía tener las ideas muy claras al respecto. Al principio se me antojó un ser un tanto frío e insensible, demasiado racional para mi gusto. El tipo decía cosas como “lo que quiero es oír la música, no acariciar la tapa de los discos” o “mi colección de CDs es pasto del olvido desde hace años, no sé qué hacer con ella, ocupa sitio y no sirve para nada”. A medida que íbamos entrando en materia aquel chaval me convencía con sus dolorosos pero certeros argumentos. Le dije que la industria de la música está tratando de ingeniárselas para aportar valor al soporte y su respuesta fue tan contundente como ilustrativa: “seguro -dijo- que los vendedores de hielo también hicieron cosas parecidas, y también bajaron los precios, pero la nevera seguía siendo mejor”. Por un momento vi claro que aquella estrategia de revalorización de intangibles para vender tangibles era, en realidad, la prueba definitiva de la agonía del modelo de distribución de “música física”.

Aunque seguía sin entender porqué alguien paga 1 euro por canción para encarcelarla en un pequeño aparato del que nunca podrá sacarla…; o más descabellado todavía, porqué alguien suelta 2 euros para descargarse una melodía en el móvil… Por lo menos, aquello demostraba que las nuevas generaciones estaban dispuestas a seguir pagando, aunque fuese de otro modo, por acceder a la música. Sí, acceder, pero cómo; ahí está la clave. ¿Disfrutarla sin poseerla? Primero deberemos preguntarnos si es la música un producto o un servicio. ¿Y si aquel teórico tenía razón? De hecho, si puedes oír cuanta música quieras, allá donde quieras, en el momento en que quieras ¿para qué poseerla físicamente? Aunque, por otro lado, es posible que todo el mundo ande pendiente de cómo la música digital pierde valor económico cuando, quizá, lo que esté perdiendo sea su valor emocional…

Una cosa es clara: la absoluta transformación de todo aquello que guarda relación con la música es imparable. Muchos frentes se abren para el debate, y el mayor de ellos es reflexionar sobre cómo combinar de un modo justo las tres variables de este embrollo: lo que es posible, lo que es ético y lo que es legal.

En algo todas las partes implicadas en la industria musical están de acuerdo, y es en que el modelo de negocio se está quedando obsoleto y que el futuro de la distribución de la música ya ha comenzado a escribirse. Los millones de canciones vendidas en iTunes nos indican qué está pidiendo el consumidor: la canción suelta prima sobre el disco. La industria debe evolucionar hacia una visión global del negocio y pasar de vender discos a vender música.

Todo comenzó a principios de los 80, cuando, con la decisión de adoptar el formato CD, la industria de la música inició su transformación de analógico a digital. Con la digitalización de la música y su distribución en formato CD era posible hacer infinitas y perfectas copias, exactamente iguales al original. Fue entonces cuando se precipitó la transformación de la música, que pasó de ser un producto a ser un servicio de entretenimiento.

En los tempranos 90’ los fabricantes de equipos informáticos (Dell, Hewlett-Packard, Apple, Compaq, Gateway) vieron el potencial de las aplicaciones de audio y comenzaron a desarrollar equipos domésticos con CD-ROM y, en ese momento, los altavoces devinieron parte integral de los ordenadores personales.

La combinación del formato CD, los ordenadores personales e Internet, propició la convergencia de tecnologías, que hizo posible que los consumidores “ripeasen” (1) música de sus CDs y obtuvieran archivos digitales de mp3 vía World Wide Web, mensajería instantánea o e-mail, y llevó a que la industria de la música comenzase a perder el control sobre sus productos.

La juventud se lanzó de manera espontánea a “postear” (2) sus extensas colecciones de mp3 en servidores y páginas donde las canciones podían ser descargadas por cualquiera. Nació Napster, el primero de una serie de sistemas par a par, como Kazaa, Morpheus, Grokster, Mies o Limewire que, de algún modo, repartieron fortuna entre compañías de electrónica de consumo y creadores de videojuegos, DVDs, tonos para móviles y tecnologías que permiten a los usuarios ripear y grabar sus propios CDs en sus PCs.

En la actualidad, según el informe Digital Music Report 2006, las ventas de música a través de Internet y de los teléfonos móviles durante 2005 generaron ventas de 1.100 millones de dólares, unos 380 millones de dólares más que el año anterior. Los usuarios descargaron 420 millones de canciones a través de la Red, 20 veces más que dos años antes.

(1) Ripear: procedimiento para transformar el formato de música de un CD (únicamente de audio) en un formato que pueda ser procesado por programas de música en el ordenador; en especial, convertirlo de trak a MP3.

¿Qué está ocurriendo en España? Si el mercado español de música grabada ha decrecido desde 2001 (año en el que se facturaron 685 millones de euros, mientras en 2004 la facturación fue de 462 millones de euros), en 2005 el merado repuntó, con un crecimiento del 3,9%, gracias a las ventas de logos, melodías y canciones en teléfonos móviles, y a la distribución digital legal. Durante 2005 el móvil se afianzó como dispositivo portátil para escuchar música; la música a través del celular ya representa aproximadamente un 40 por ciento de las ventas del mercado digital global.

(2) Un post es una porción de texto que se publica como entidad unitaria dentro de una bitácora. Es una anotación o un mensaje.

El mercado discográfico español está dominado por cuatro grandes sellos que controlan más del 80% del mercado: Sony-BMG, Warner, Universal y EMI. Les sigue Vale Music, que situado en un 9% de cuota ha llegado puntualmente al 20% coincidiendo con la emisión del programa televisivo Operación Triunfo.

El esquema de venta de música tradicional basaba el control del negocio en el control de la distribución, lo cual ha sido posible por tratarse de un soporte físico. Pero el panorama ha virado 180 grados. Hoy existen más de 335 sitios de descargas de música legales en todo el mundo, respaldados por empresas de electrónica, informática, distribución, telecomunicaciones o medios de comunicación. En España operan también algunos servicios de descarga con amplios catálogos de música en castellano, como Los 40, de la cadena SER, o Terra Música, de Telefónica.

La distribución on line también tiene ventajas para la industria de la música, pues supone un incremento del mercado y no una sustitución del canal de distribución: la música on line puede ampliar el catálogo y ofrecer productos de un gran número de compañías independientes, de modo que el nuevo canal se perfila como el más adecuado para los nichos de mercado, optimizando la long tail, concepto que hace referencia a cómo Internet está cambiando las leyes de la distribución y las reglas del mercado. La reducción en los costes de almacenamiento y distribución que permiten las tecnologías, hace que no sea ya necesario focalizar el negocio en unos pocos productos de éxito, de manera que se está dando una traslación del mercado de masas -centrado en el alto rendimiento de pocos productos- a otro de nichos de mercados -basado en la suma de todas las pequeñas ventas de muchos productos-. Las nuevas herramientas, como blogs, tags, RSS, wikis, podcasting, etc. permiten publicitar y dar a conocer el gran número de productos existentes en la long tail.

Con el nuevo canal aparecen también nuevas fórmulas de comercialización, pues éste permite obtener información acerca de qué música escuchar, no sólo a través de las recomendaciones del propio servicio de música on line o de las listas de éxito, sino mediante nuevos mecanismos como las playlists (listas de reproducción) o las opiniones y comentarios de otros usuarios enviados a través de correos electrónicos a los amigos.

En este sentido, la distribución on line tiene un valor añadido incuestionable, pues da acceso a intérpretes desconocidos; hasta la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores), a través de su división digital, SDAE, ha anunciado que admitirá como socios a los autores noveles que quieran dar a conocer gratuitamente su música vía Internet. La nueva música on line, en su fluir por doquier logra que cada día más gente se aficione a la música y que el ciudadano tenga más oportunidades de conocer intérpretes, y, de este modo, acudir a más conciertos (en 2005 el número de conciertos de música popular creció un 10,5%.)

Los dos modelos de negocio que se perfilan para la distribución de música digital son: el pago por descarga y la suscripción mensual a servicios de música on line.

En la modalidad de pago por descarga, las canciones descargadas suelen tener asociadas algunas limitaciones en su uso -es el modelo de iTunes, MSN Music, WalMart (EE.UU.) Tesco (Reino Unido) y los españoles Terra Música, Vitaminic, Los 40-.

El caso de iTunes ha marcado un antes y un después en los modos de consumo y distribución de la música digital y ha demostrado al mundo que otro modelo de negocio es posible. Su servicio de pago por descarga representa el 70% del mercado de descarga de música según la consultora NPD -otras sitúan esta cuota en el 83%-. Apple fundamenta su modelo de negocio (iPod+tienda iTunes) en la venta de dispositivos; el inconveniente de este modelo es que la música descargada en iTunes sólo se puede transferir a un iPod y la música descargada con otros servicios distintos de iTunes no se puede escuchar en un iPod, al utilizar una tecnología DRM propia para la que no se conceden licencias. Sony, por su parte, está desarrollando una estrategia en este sentido, con reproductores propios y un servicio de música específico para sus reproductores Sony Connect, que emplea un formato de codificación propietario (ATRAC) así como un sistema DRM propio (OpenMG) que impide la reproducción sobre dispositivos portátiles que no sean de Sony.

Este modo de distribución musical de pago por descarga se halla actualmente en una fase de replanteamiento de la política de precios fijos que ha venido manteniendo desde que fue establecida, en su día, pensando en una cifra fácil de comunicar al cliente final, sin tener en cuenta el éxito o antigüedad de la canción, a diferencia de lo que ocurre en la distribución física.

Por lo que respecta a la suscripción mensual, en la que los derechos de uso de las canciones descargadas están limitados al tiempo que dura la suscripción, ésta tiene diversas modalidades. La más común es el acceso a todo el catálogo musical del proveedor y la selección de los temas a través de streaming de audio (recepción instantánea), como el servicio Rhapsody Unlimited, que permite escuchar música de un catálogo de 1.300.000 canciones. También han surgido modelos de negocio complementarios, como ofrecer servicios de escucha de una canción una sola vez por un precio de 0,01 euros; interesante para aquellos usuarios que en lugar de escuchar siempre la misma música, prefieren escuchar de manera continua listas de éxitos, recomendaciones y playlists.

Otra variante de la suscripción es aquella en la que el usuario puede descargar archivos musicales transferibles a sus dispositivos portátiles; la propiedad de esta música se cancela si el consumidor no paga su cuota mensual: es una forma de alquiler de música.

Como último ejemplo, valga el de Pixbox (Terra), un portal que ofrece contenidos de ocio para comprar y también para compartir con otros usuarios que estén inscritos al servicio. Por 9,99 euros mensuales, el usuario puede descargarse todas las canciones que desee de entre el millón que constituyen el catálogo, con derecho a copiarlas en tres ordenadores diferentes, grabarlas hasta en tres Cd’s y escucharlas en tres reproductores. Además, si el cliente comparte la música con otros usuarios del servicio, puede obtener rebajas en su suscripción.

También existe la fórmula “radio en streaming”, en la que los clientes tienen acceso a un amplio abanico de estaciones de un género musical específico a cambio de una cuota mensual.

Las discográficas, por su parte, han intentado en algunos casos la vía de la tienda on line, pero el usuario desea encontrar en un servicio de música a todos los intérpretes, y las limitaciones de estas empresas, al respecto, les han llevado al fracaso.

Los operadores móviles también han buscado participar y explotar las nuevas posibilidades de este negocio y para ello han alcanzado acuerdos con las discográficas, que hoy, sin duda, apuestan por el móvil como un nuevo canal de distribución.

Al hilo de este extremo, cabe mencionar el reciente aterrizaje en España de Real Networks, con RealMusic, un servicio de venta de melodías para el móvil, que lo que pretende es crear un espacio propicio para el lanzamiento y la promoción de futuras promesas; es la estrategia conocida como marketplace. La idea, evidentemente, procede del fenómeno MySpace.

El nuevo panorama ha arrojado al mercado musical también nuevos actores: compañías discográficas que producen sólo música on line, distribuidores de compañías independientes, agregadores de música a tiendas on line, agentes licenciadores, etc.

Tecnología, modelos de negocio, leyes de protección…, muchas son las cuestiones que circunvalan esta evolución, no sólo del negocio musical sino del concepto de música en sí mismo, y una de ellas es la que se desarrolla en el plano de la ética.

La industria se descolocó cuando la música comenzó a circular gratis en la red, y hoy, la generación del mp3 ve con normalidad obtener música a precio cero. Lo cierto es que no es posible ponerle puertas al campo; ahí están los sistemas anticopia DRM, según sus detractores, el último intento por parte de la industria discográfica de aislarse de la realidad del mundo tras fracasar en su intención de ilegalizar las redes P2P.

Pero la corriente que aboga por el uso libre de materiales también se extiende entre algunos artistas, que optan por el copy left, acogiéndose a licencias de Creative Commons que, en sus diferentes modalidades, contemplan pequeñas o grandes renuncias a la propiedad intelectual en favor de la libre circulación de ideas y saberes. La más abierta es la «licencia de atribución», en la que el creador permite el uso y distribución de su obra sin restricciones; la variante «no comercial» contempla el libre fluir de los contenidos siempre que no se actúe con ánimo de lucro; y la «licencia no directiva», que permite que circule una obra, pero íntegra, sin que pueda ser retocada.

Creative Commons busca maneras de esquivar el copyright pero sin caer en posturas anarquistas de abolición completa de la propiedad intelectual. Lo cierto es que resulta muy difícil competir con algo tan barato como una red P2P y el hecho innegable es que las leyes sobre patentes y sobre propiedad intelectual deberán adaptarse a estos modelos de distribución y otros que seguro están por llegar.

En un futuro, es posible que junto a nuestros recibos mensuales de agua o luz, paguemos también el de servicios multimedia de entretenimiento, que incluirá una tarifa mensual por el consumo de música, vídeo y comunicaciones. Serán la ubicuidad, la posibilidad de estar en todas partes, y la movilidad, los elementos que marcarán el consumo del entretenimiento en esta nueva era, en este nuevo estilo de vida: el estilo de vida digital.

No suelo hacerlo pero, sólo por esta vez, me cité con el individuo del blog, para seguir hablando de música cara a cara y, como ocurre en un directo, no hay color… Quedamos en las Ramblas de Barcelona; sí, ese lugar de afloración espontánea de expresiones culturales que el ayuntamiento de la ciudad se ha propuesto regular ¿Regular la expresión cultural? se preguntarán ustedes; pues sí. Los pintores y caricaturistas que asaltan la vía para vestirla de color y colmarla de encanto deberán aprobar un examen, y pronto mimos y estatuas humanas también deberán pasar por el control de calidad…

El caso es que al principio creí que no era mi tipo. Después charlamos un rato y paseamos hasta una tienda de discos de toda la vida; habían pasado años desde la última vez que entré. Ahora, además de vender, compran cualquier cosa curiosa que les lleves. Él encontró un par de rarezas discográficas; una de ellas con tapa sesentera a lo Warhol, que no tenía desperdicio. Se las quedó.

Tras una, digamos que, interesante velada, nos despedimos. Llegué a casa, y de nuevo mi mirada se topó con aquel mueble, omnipresente a pesar de su minimalismo formal y su discreto tamaño, lleno de recuerdos, y sonreí; algo había cambiado, y es que nuevos recuerdos recién vividos se instalaban en mi interior para formar parte de mi pasado en un futuro. Corrí al PC, y allí estaba su e-mail cargado de música comprimida. Música, al fin y al cabo.

Editorial. De la contradicción a la locura…

Editorial. De la contradicción a la locura...
EDITORIAL

Como en la vida misma, en este número les ofrecemos un puñado de sueños evocadores de mil y una historias y, al mismo tiempo un mazazo de esos que martillean quisquillosos durante algún tiempo nuestras conciencias.
Y es que les hablamos de esos ingenios de cocina que nos ayudan a sorprender, a divertir y hasta a enamorar con una rica vianda que, además, les proponemos preparar en compañía. Pero también hemos arrojado a nuestras páginas un asunto para el desvelo, una llamada de urgencia que alerta sobre la ya insostenibilidad de los actuales modelos de crecimiento de la humanidad. Una invitación en toda regla a cultivar el arte de estimular los sentidos, de expresar y provocar estados de ánimo, y, al mismo tiempo, un ruego al compromiso, al sacrificio, ante una evidencia estos días tristemente convertida en actualidad a causa de la escalada de violencia en Oriente Medio.
Ahora que todo está ligado en la trama de lo global, y los estados, desorientados, se amilanan ante las dimensiones cobradas por el imperio de los mercados, éstos, algo desbaratados, se redefinen. En el textil, los fabricantes que quedan sólo tienen una vía para sobrevivir: las tiendas propias. A las productoras se les rebelan los artistas, que se lanzan en plancha a las licencias de Creative Commons. Una empresa italiana se hace con nuestro caramelo más internacional, el “chupa chups”, y la más grande empresa de infraestructuras de capital español compra las autopistas italianas.
Pero esto no es nada. ¿Recuerdan los multiusos de bolsillo; esos que llevaban desde un abrelatas hasta una lima de uñas? Ahora incorporan también memoria flash… Así que cuchillerías, tiendas de souvenirs y establecimientos de “todo a un euro” no tardarán en incorporarse al arsenal de competidores que le crecen, día sí, día también, al sector.
A todas estas, mientras el canal “electro” se apesadumbra con el inevitable aterrizaje de Wal Mart, unos amigos me cuentan que ¡están buscando! una cámara de vídeo doméstica de alta gama, de esas que graban directamente en disco, y que además hace unas magníficas fotos y las almacena por centenas; tienen todos los datos: la marca, el nombre del modelo… la búsqueda en los comercios de su céntrico barrio de capital de provincia, ha sido infructífera.
Acaban de encargarla a una tienda virtual; en 48 horas la tendrán en casa. Pero aún hay más. Resulta que los amigos de mis amigos, en su peregrinar por ese camino obligado hacia la pantalla plana que a todos ha de llegar, se me quejan a mí, por eso de andar metida en el mundo “electro”, de los pocos modelos con sintonizador de TDT integrado que ofrece el mercado. En ambas anécdotas sobran comentarios.
En cualquier caso, el mercado está de lo más interesante, también y en especial, el de nuestro sector: el formato de los soportes de almacenamiento de contenidos digitales cambia; el apagón analógico se avecina; el entretenimiento y la cultura están adoptando nuevos modos de fluir, y la alta definición está cada vez más próxima. En estos días, atiborrados de entretenimiento, de información, en fin, de todo, cualquier excusa es buena para tirar la casa por la ventana, pero lo que se nos avecina es el no va más: las ansiadas vacaciones estivales.
Así que, resígnense a permanecer tras su entrañable mostrador y dispóngase a vender mientras puedan…, porque el precio del barril del crudo continúa su ascenso imparable, el Euribor lleva subiendo nueve meses consecutivos, el endeudamiento de las empresas y las familias va a más, y mientras, la producción se debilita, la industria pierde competitividad y el déficit externo se incrementa.
De algún modo, hemos sobrepasado la era de las contradicciones y entramos en otra, más desconcertante, si cabe. Las razones que nos han tenido sumidos en un mundo dual eran mesurables y, por tanto, en alguna medida evitables. Pero hoy vivimos tiempos de incertezas, reconfiguraciones y movimientos en cadena, y en ese proceso demasiadas variables se nos escapan de las manos, por lo que debemos hallar nuevas herramientas con las que volver a tener el control de los acontecimientos.
Entre tanto, algo está zarandeando nuestras conciencias, y se suceden las acciones que tienen por objetivo hallar el equilibrio, alcanzar cierto sosiego. Y, quién sabe si, al final, será la sostenibilidad el lugar donde venir a converger empresas, individuos, mercados, políticos, estados…?
Después de todo, ¿será de veras el interés general el punto de encuentro de la humanidad en este loco mundo global?  Mónica Daluz / pdf

Tiempos confortables, ¿tiempos mejores?

Opinión. Tecnología, adolescencia, educación
OPINIÓN
…Y el capitalismo creó al adolescente

Hace tan solo un par de décadas, el mismísimo director de la escuela se aliaba con los padres en la maquinación de un riguroso castigo cuando el alumno firmaba en nombre de sus padres, o sea, falsificaba, un justificante de asistencia para irse al bar de enfrente a preparar ese siempre espinoso examen de latín, o sea, hacía campana; y es que entonces, el fin, en modo alguno justificaba los medios… Hoy los hijos, de vez en cuando, nos piden que, ante la inminencia de un examen, les preparemos uno de esos papeles para quedarse en casa estudiando, o sea, que engañemos a sus profesores por una supuesta “buena causa”…
Y es que en nuestro afán de protección les empujamos a transgredir la norma, lo cual no es malo en sí mismo ya que fomenta el criterio propio, pero complica la percepción de la relación entre el acto y sus consecuencias; en cualquier caso, constituye uno de los numerosos ejemplos de cómo han evolucionado las relaciones paternofiliales en los últimos tiempos; tiempos de confort material aderezados con una amalgama de sentimientos de culpabilidad por parte de los padres, como consecuencia de la escasez de tiempo dedicado a los hijos; tiempos en los que la autoridad del progenitor se diluye y las relaciones entre padres e hijos entran en un permanente estado de negociación (1).
Estos mismos tiempos confortables propiciaron el surgimiento del segmento teen, o adolescente, una especie de estado de amnistía del joven adulto al que parece que no se le requiere sino formarse hasta el delirio.
Entre las causas de esta transformación figura la irrupción de las llamadas nuevas tecnologías y su incorporación a la vida diaria de las personas, advenida como consecuencia de la sociedad de la opulencia. Pero, ¿en qué medida las tecnologías de la información y la comunicación están condicionando el desarrollo de niños y adolescentes? y ¿cómo estas mismas tecnologías son utilizadas por las marcas para establecer nuevos y diversos canales de comunicación directa entre ellas y ese nuevo y rentabilísimo público objetivo?
Había antaño secretos sobre el mundo, que los adultos custodiaban erigiéndose en una especie de guardianes del conocimiento que, a dosis, y a su debido tiempo, iban concediendo a los pequeños. Hoy, los niños posmodernos adquieren conocimientos ilimitados sobre todos esos asuntos y muchos más, algunos de los cuales sus progenitores ni siquiera han oído hablar. ¿Qué hay de bueno y qué hay de malo en ello?
Unos creen que los medios de comunicación actuales, en tanto que democráticos, diversos y participativos, engendran nuevas formas de conciencia entre los jóvenes, a quienes se atribuye una especie de conexión virtual; una generación electrónica a la que, incluso, se le reconocen atributos psicológicos comunes. En esa postura de determinismo tecnológico, la tecnología es equiparada a una forma de biología y entendida como un proceso de evolución natural. Mientras, otros aseguran que los nuevos medios de comunicación y la abrumadora cantidad de aparatos electrónicos que nos rodean, son perjudiciales para la vida social y destructores de la interacción humana natural.
Sin embargo, el análisis sobre la influencia de las TIC en cualquier grupo poblacional debe situarse en los contextos y procesos sociales en que esas tecnologías se producen y se usan. El ejemplo más extremo de esta combinación de apego de los jóvenes por los artículos de consumo como tranquilizadores ante la ansiedad generada por la vida moderna, esto es, la presión social, y las nuevas tecnologías de la comunicación, lo hallamos en Japón: el hikikomori (2) o tribu de los que se quedan en casa, son jóvenes que llegan a preferir la distancia y el anonimato de la comunicación virtual a la realidad de la interacción cara a cara; se trata de una forma de fobia social caracterizada por encontrar, quien la padece, refugio en las nuevas tecnologías y los productos electrónicos.
En este sentido, los factores tecnológicos se combinan con los sociológicos y el primer ámbito a observar a la hora de abordar cuestiones comportamentales es, sin duda, la familia. ¿Qué ha ocurrido en los últimos años con esta institución? Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

Por Mónica Daluz

LA NUEVA GENERACIÓN. TIEMPOS CONFORTABLES ¿TIEMPOS MEJORES?

… Y el capitalismo creó al adolescente

Hace tan solo un par de décadas, el mismísimo director de la escuela se aliaba con los padres en la maquinación de un riguroso castigo cuando el alumno firmaba en nombre de sus padres, o sea, falsificaba, un justificante de asistencia para irse al bar de enfrente a preparar ese siempre espinoso examen de latín, o sea, hacía campana; y es que entonces, el fin, en modo alguno justificaba los medios… Hoy los hijos, de vez en cuando, nos piden que, ante la inminencia de un examen, les preparemos uno de esos papeles para quedarse en casa estudiando, o sea, que engañemos a sus profesores por una supuesta “buena causa”… Y es que en nuestro afán de protección les empujamos a transgredir la norma, lo cual no es malo en sí mismo ya que fomenta el criterio propio, pero complica la percepción de la relación entre el acto y sus consecuencias; en cualquier caso, constituye uno de los numerosos ejemplos de cómo han evolucionado las relaciones paternofiliales en los últimos tiempos; tiempos de confort material aderezados con una amalgama de sentimientos de culpabilidad por parte de los padres, como consecuencia de la escasez de tiempo dedicado a los hijos; tiempos en los que la autoridad del progenitor se diluye y las relaciones entre padres e hijos entran en un permanente estado de negociación (1). Estos mismos tiempos confortables propiciaron el surgimiento del segmento teen, o adolescente, una especie de estado de amnistía del joven adulto al que parece que no se le requiere sino formarse hasta el delirio.

Entre las causas de esta transformación figura la irrupción de las llamadas nuevas tecnologías y su incorporación a la vida diaria de las personas, advenida como una especie de conexión virtual; una generación electrónica a la que, incluso, se le reconocen atributos psicológicos comunes. En esa postura de determinismo tecnológico, la tecnología es equiparada a una forma de biología y entendida como un proceso de evolución natural. Mientras, otros aseguran que los nuevos medios de comunicación y la abrumadora cantidad de aparatos electrónicos que nos rodean, son perjudiciales para la vida social y destructores de la interacción humana natural.

Sin embargo, el análisis sobre la influencia de las TIC en cualquier grupo poblacional debe situarse en los contextos y procesos sociales en que esas tecnologías se producen y se usan. El ejemplo más extremo de esta combinación de apego de los jóvenes por los artículos de consumo como tranquilizadores ante la ansiedad generada por la vida moderna, esto es, la presión social, y las nuevas tecnologías de la comunicación, lo hallamos en Japón: el hikikomori (2) o tribu de los que se quedan en casa, son jóvenes que llegan a preferir la distancia y el anonimato de la comunicación virtual a la realidad de la interacción cara a cara; se trata de una forma de fobia consecuencia de la sociedad de la opulencia. Pero, ¿en qué medida las tecnologías de la información y la comunicación están condicionando el desarrollo de niños y adolescentes? y ¿cómo estas mismas tecnologías son utilizadas por las marcas para establecer nuevos y diversos canales de comunicación directa entre ellas y ese nuevo y rentabilísimo público objetivo?

Había antaño secretos sobre el mundo, que los adultos custodiaban erigiéndose en una especie de guardianes del conocimiento que, a dosis, y a su debido tiempo, iban concediendo a los pequeños. Hoy, los niños posmodernos adquieren conocimientos ilimitados sobre todos esos asuntos y muchos más, algunos de los cuales sus progenitores ni siquiera han oído hablar. ¿Qué hay de bueno y qué hay de malo en ello?

Unos creen que los medios de comunicación actuales, en tanto que democráticos, diversos y participativos, engendran nuevas formas de conciencia entre los jóvenes, a quienes se atribuye una especie de conexión virtual; una generación electrónica a la que, incluso, se le reconocen atributos psicológicos comunes. En esa postura de determinismo tecnológico, la tecnología es equiparada a una forma de biología y entendida como un proceso de evolución natural. Mientras, otros aseguran que los nuevos medios de comunicación y la abrumadora cantidad de aparatos electrónicos que nos rodean, son perjudiciales para la vida social y destructores de la interacción humana natural.

Sin embargo, el análisis sobre la influencia de las TIC en cualquier grupo poblacional debe situarse en los contextos y procesos sociales en que esas tecnologías se producen y se usan. El ejemplo más extremo de esta combinación de apego de los jóvenes por los artículos de consumo como tranquilizadores ante la ansiedad generada por la vida moderna, esto es, la presión social, y las nuevas tecnologías de la comunicación, lo hallamos en Japón: el hikikomori (2) o tribu de los que se quedan en casa, son jóvenes que llegan a preferir la distancia y el anonimato de la comunicación virtual a la realidad de la interacción cara a cara; se trata de una forma de fobia consecuencia de la sociedad de la opulencia.

Pero, ¿en qué medida las tecnologías de la información y la comunicación están condicionando el desarrollo de niños y adolescentes? y ¿cómo estas mismas tecnologías son utilizadas por las marcas para establecer nuevos y diversos canales de comunicación directa entre ellas y ese nuevo y rentabilísimo público objetivo?

(1) La Universidad Autónoma de Barcelona acaba de publicar un estudio en el que se demuestra que entre 67.000 y 87.000 niños catalanes de entre tres y cinco años (del 33 al 47% del total) presentan síntomas de padecer algún tipo de problema psicopatológico. El documento explica que las causas que provocan estas alteraciones tienen su raíz en el entorno familiar y educativo, y cita la sobreprotección y tolerancia excesiva, así como la rigidez en exceso. Algunas de las patologías halladas son: diversos grados de trastornos de conducta, ansiedad, depresión, hiperactividad, fobias o comportamientos compulsivos.

(2) Los hikikomori son adolescentes y adultos jóvenes que se ven abrumados por la sociedad japonesa y se sienten incapaces de cumplir los roles sociales que se esperan de ellos, reaccionando con un aislamiento social. Normalmente no tienen ningún amigo, y en su mayoría duermen a lo largo del día y ven la televisión o juegan al ordenador durante la noche. Los hikikomori a menudo rehúsan abandonar la casa de sus padres y puede que se encierren en una habitación durante meses o incluso años. Según algunas estimaciones, puede que haya un millón de hikikomoris en Japón (uno de cada diez jóvenes). La mayoría de ellos son varones, y muchos son también primogénitos.

Social caracterizada por encontrar, quien la padece, refugio en las nuevas tecnologías y los productos electrónicos. En este sentido, los factores tecnológicos se combinan con los sociológicos y el primer ámbito a observar a la hora de abordar cuestiones comportamentales es, sin duda, la familia. ¿Qué ha ocurrido en los últimos años con esta institución? La familia ha reducido su tamaño, y su estructura ha evolucionado hacia formas menos cooperativas, pasando de lo que en sociología se denomina “familia extendida” (que incluye además de los padres e hijos a parientes consanguíneos que viven en proximidad), una forma de organización estable y de apoyo mutuo, a la familia nuclear integrada por padres e hijos. En los últimos años se ha dado también un incremento de estructuras familiares “no tradicionales”, básicamente monoparentales. Resulta paradójico que ante esta tendencia al “encogimiento” de las redes personales tenga lugar una ampliación de nuestras redes virtuales.

Más factores incidentes en los nuevos roles de los distintos miembros de la familia es la llegada de los hijos más tardíamente, además, con pocos basta y, de ahí, que el lugar que éstos ocupan dentro de la familia haya adquirido más importancia: se concede mayor valor al tiempo que se les dedica y se busca un “tiempo de calidad”, aunque, en ocasiones, éste se convierte en una especie de mercancía. Todo ello ha derivado en que el porcentaje de la renta dedicada a los hijos haya aumentado extraordinariamente. Hoy, su poder de negociación es mayor y su poder prescriptor, también.

Hoy los niños se están convirtiendo en uno de los objetivos más perseguidos del marketing de nichos, son los “niños clientes”, y considerados un mercado potencial, se les trata directamente como consumidores más que como medio para llegar a sus padres. Estamos asistiendo a una revolución sin precedentes en las pautas de consumo infantil: los pequeños tienen una participación cada vez mayor en las decisiones sobre las compras familiares. En EEUU, los minoristas han ido orientando progresivamente sus técnicas de venta hacia los niños (que tome buena nota la distribución española…), los gastos en publicidad dirigida a los pequeños han aumentado de forma exponencial y se ha dado un incremento de las actividades de promoción dirigidas a los niños.

Las cifras que arroja el último estudio realizado por el Instituto de la Infancia francés revelan que en torno al 45% del consumo familiar se orienta en función de los deseos de este colectivo. El informe Minterl International asegura que el 20% de las ventas en el mercado del lujo tiene como destino final a los hijos. En las estadísticas de compra que manejan las grandes superficies encontramos un dato revelador: nada menos que en el 70% de los yogures y galletas que venden, marca y sabor han sido elegidos por los chavales.

El incremento del poder adquisitivo, la baja natalidad y cierta austeridad en la infancia de los progenitores alientan esta propensión a la tolerancia hacia lo que podría denominarse el niño-rey.

Pero ¿cuándo tienen los niños edad para comprender los objetivos ocultos de la publicidad? ¿Acaso han desarrollado algún tipo de “defensas cognitivas” contra el influjo de la misma? Algunos autores aseguran que a los 7 u 8 años son plenamente conscientes de las motivaciones de los anunciantes y las más de las veces desconfían de ellos. Los niños conocen los dispositivos que la publicidad emplea para convencer, sus intenciones persuasivas y su potencial engañoso. Algunos estudios realizados (entre ellos, los de David Buckingham, director del Centro para el Estudio de la Infancia, la Juventud y los Medios de Comunicación Social del Instituto de Educación de la Universidad de Londres, y autor de numerosos libros sobre psicología cognitiva y educación) demuestran que a los niños les cuesta muy poco parodiar determinados anuncios o burlarse de ellos; y aluden a los “trucos de cámara”, antes, “trucos de ordenador”, en la actualidad. Aunque esto no les hace inmunes a resistir el atractivo de ciertos anuncios, y no cabe duda de que la masiva publicidad del mercado crea falsas necesidades y fomenta valores consumistas y materialistas que favorecen la creencia de que nuestras identidades dependen de lo que poseemos y consumimos.

Contrarrestar esta influencia está en manos de padres y educadores y es perfectamente posible lograrlo; lograr, en fin, que los más pequeños disfruten de estos tiempos de abundancia material y de acceso fácil e inmediato a la información, al conocimiento y a las interacciones sociales virtuales, manteniendo una visión crítica para con el exceso y el hiperconsumismo, y utilizando las tecnologías en los tiempos y contextos adecuados. De este modo serán adultos con criterio para la construcción de los valores que conformarán la sociedad del mañana (3).

Esta nueva generación se caracteriza por su extraordinaria experiencia en la interpretación y discriminación de los mensajes en un mundo en el que cualquier cosa será susceptible de ser fuente de entrada y a la vez de salida de los mismos y en el que vivirán con normalidad ser emisores y receptores al mismo tiempo. En este contexto las marcas, que hoy buscan fidelizar al niño creando un vínculo que perdure en el tiempo, deberán observar de cerca la evolución de las nuevas habilidades y pautas de comportamiento para aproximarse con eficacia a su público objetivo y adaptar el fondo y la forma de sus mensajes, y lo mismo deberán hacer los fabricantes, que ya han comenzado a trabajar con coolhunters, o buscadores de tendencias, que, inmiscuidos en ambientes innovadores trabajan más por intuición que con metodología. De ello les hablamos en nuestro editorial.

Ya en los 80, en pleno auge del mercado de masas, la industria del ocio inició su “ofensiva” para hacerse con este segmento que, al principio, fue contemplado y abordado desde la perspectiva del corto plazo, y en EEUU irrumpió una ola de series de animación relacionadas con juguetes y gadgets varios, que han llevado a una intertextualidad transmediática que cada vez estrecha más la reciprocidad entre televisión, películas, cómics, libros, discos y juegos de ordenador. En muchas de estas series las decisiones sobre la forma, los contenidos o los personajes y las situaciones de la narración se toman principalmente teniendo en cuenta su potencial para el lanzamiento de nuevos productos. Algunos autores atribuyen a esta comercialización de la cultura infantil, unida al impacto de los medios de comunicación electrónicos, el fin de actividades y experiencias tradicionales de la infancia, como el juego en la calle o la conversación entre iguales. Lo que es claro es que constituye el principio de una nueva faceta del entretenimiento, que ha pasado de tener un carácter social, primero, a familiar, después, para devenir, finalmente, en un acto individual.

(3) Del estudio “Jóvenes y valores, la clave para la sociedad del futuro”, presentado este mismo mes en Santiago de Compostela y editado por la Obra Social “La Caixa”, se desprende que en más del cuarenta por ciento de las familias existe poca o nula comunicación entre sus miembros. Sus autores destacan la “obligación de los padres para encontrar espacios de comunicación familiar, buscando momentos de tranquilidad que se puedan repetir con asiduidad, en los que se debe huir de la banalidad y profundizar en temas u opiniones personales”. El trabajo describe cuatro modelos de familia: sobreproteccionista, que mima a los hijos en exceso; conflictiva, alcanza un 15% de las familias y donde aparecen las tasas más altas de fracaso escolar; nominal, donde se da poca o nula comunicación, y de convivencia, que supone el 20% del total y en la que se revisan las responsabilidades de sus miembros adaptándose a las necesidades de autonomía de los hijos.

El caso es que la consagración del sistema capitalista ha traído consigo que hoy, cualquier cosa imaginable sea “mercantilizable”. La actividad consumista se ha incrementado en el último medio siglo e ir de compras se ha convertido en una ocupación de ocio popular, sólo superada por la de ver la televisión, y se ha erigido en una especie de terapia con la que superar los “tiempos muertos”, que hoy se han convertido en insoportables. La variedad y disponibilidad de oportunidades de comprar han aumentado sistemáticamente y según algunos teóricos las actitudes consumistas crecen con la insatisfacción; Gilles Lipovetsky, uno de los mayores estudiosos de la sociedad de consumo, afirma que “está demostrado que cuando tenemos pasiones, el consumo disminuye”.

… Y el capitalismo creó al adolescente allá por los años 50 en Estados Unidos, cuando tras la Segunda Guerra Mundial a los jóvenes veteranos, mimados por la sociedad, se les otorga una especie de licencia para la diversión que compense las penosas experiencias vividas en el frente. Entonces, la producción y el consumo de masas en aquella sociedad que andaba en época de bonanza económica, estaban centrados en la familia: una televisión, un teléfono y un coche para toda la familia. Después, en los 80, pasamos a la hiperindividualización del consumo, donde cada miembro de la familia reivindicaba desde su Walkman hasta su coche propio. Por supuesto, los supletorios arrasaron y los jóvenes podían ya pasar largos ratos al habla con sus amigos en la intimidad de su habitación…

Lo cierto es que a medida que los países prosperan aparece la figura del adolescente. No nos engañemos; la adolescencia existe porque hay jóvenes desocupados pero que disponen de recursos. Y si no, ¡pregúntenle a los comerciantes! Hace tiempo que tienen serias dificultades para contratar dependientes y ya han anunciado que para esta campaña navideña el asunto está “peor imposible”: se calcula que actualmente existen entre 2.000 y 3.000 puestos de trabajo vacantes en el comercio. El sector achaca este hecho a la poca predisposición de los jóvenes a realizar sacrificios que mermen sus tiempos de ocio, aunque, por otra parte, la falta de recursos del comercio tradicional conlleva, en ocasiones, ofertas que implican largas jornadas laborales a las que pocos jóvenes están dispuestos.

Otro tema objeto de debate cuando se habla de la materialización de los valores en la sociedad actual y del papel que en dicha evolución están jugando las tecnologías es hasta qué punto las herramientas de que las sociedades modernas se han dotado para mejorar la comunicación entre sus miembros, cumplen dicho fin. Para muchos teóricos, el mercado de las relaciones personales cotiza a la baja y el delirio individualista en el que nuestra cultura se encuentra inmersa, dilapida los vínculos interpersonales. En la sociedad de la reposición, la del usar y tirar, algunos teóricos hablan de una sustitución de la amistad verdadera, por una “de circunstancias”, debido a la transformación que están experimentando los patrones de sociabilidad. Ya coincidiendo con la popularización de la televisión se produjo un declive progresivo en todos los indicadores de actividad cívica. La pérdida de capital social se ha relacionado estadísticamente con el incremento de las tasas de delincuencia, suicidios, malos resultados educativos, etc.

Seguramente el asunto no es tan grave (a pesar de la alarma que suscitan hechos como los ocurridos recientemente en Alemania en el que un joven de 18 años, aficionado a los videojuegos, perpetró una matanza en la escuela de la que era exalumno; o de la contundencia de las medidas anunciadas por el primer ministro británico, Tony Blair, para mejorar las técnicas de crianza a través de un programa de lucha contra el comportamiento considerado antisocial, con la participación de profesionales de la psicopedagogía) y lo que ocurra sea que en tanto que las herramientas y contextos de la comunicación han cambiado, las relaciones también lo están haciendo.

La diferencia fundamental es que las relaciones ya no dependen de una sola comunidad esencialmente geográfica y las personas nos vinculamos, cada vez más, a una variedad de redes menos densas y más dispersas; es lo que el sociólogo Barry Wellman llama “individualismo en red”. Según el estudio The Strength of Internet Ties (La fuerza de los lazos en Internet) elaborado por The Pew Internet & American Life Project y la facultad de sociología de la Universidad de Toronto, el uso de Internet y sus utilidades asociadas (chat, correo electrónico, VoIP, salas de discusión, etc.), ayudan a fomentar las relaciones sociales entre individuos. El documento señala que las interrelaciones virtuales contribuyen significativamente al uso de otras formas de comunicación como el teléfono y el contacto personal, y sus autores afirman que “Internet ayuda a mantener en contacto a gente que por razones de tiempo, de distancia e incluso de conveniencia (por su aspecto físico, estatus social o actividad laboral) no puede o no quiere establecer una relación más comprometida”. A pesar de esto, el estudio también aclara que el correo electrónico no es una forma “recomendable” de reemplazar formas más elaboradas de contacto personal y que las relaciones interpersonales siguen siendo la base de la sociedad.

La soledad y la competitividad son otros dos elementos determinantes que abocan a nuestros jóvenes a basar su desarrollo en el individualismo y la autosatisfacción. La cuestión es descubrir qué es lo que realmente nos aporta satisfacción y, desde luego no es el consumo sin fin, aunque el mercado trate de convencernos de lo contrario. Solidaridad y cooperación no son precisamente las señas de identidad de estos tiempos aunque es un valor explotado por el marketing, un valor, en definitiva, políticamente correcto, pero de aplicación escasa en nuestro día a día y eso es lo que transmitimos a la generación que nos sucede. La esencia de la cuestión la recoge uno de los últimos spots publicitarios lanzados por el Ministerio de Cultura que trata de sensibilizar a los padres sobre la responsabilidad en la transmisión de buenos hábitos, y en el que padre e hija sentados a la mesa, uno junto a otro, realizan al unísono movimientos calcados durante el desayuno mientras leen. El eslogan lo dice todo: “si tú lees, ellos leen”.

Sí, ahí está la sociedad arrojando pautas de comportamiento…, pero la sociedad no es una deidad mágica que imponga su voluntad a golpe de varita; sociedad somos todos, y los valores del futuro serán aquellos que transmitamos a la generación que nos ha de suceder, y familia y escuela resultan claves en la socialización y en la construcción de los mismos. Para empezar, ahí va una fórmula tan simple como obvia: dejar que se aburran un poco de vez en cuando y anden detrás y delante de nosotros, en fin, dejarnos incordiar…; esos ratos son ideales para que nos expliquen sus cosas. A cambio se instaurarán un par de decretazos como los horarios y lugares de uso de los aparatos electrónicos, lo cual puede rematarse con exigir comportamientos más que resultados y, de paso, tratar de educar en la austeridad, que seguramente, sea lo más difícil…

Como siempre, el sentido común se impone. Y aunque los padres, sin comerlo ni beberlo se encuentren inmersos de lleno en la rueda de las circunstancias, que exige colmar a los hijos de objetos inútiles más allá del exceso o encadenar actividades hasta el éxtasis, en el fondo ¿quién no sabe que la mejor actividad para un niño es pasar más tiempo con él? De sentimientos entendemos todos; cualquiera sabe de sobras que nada, absolutamente nada, puede sustituir el calor de un abrazo o la ternura de un beso.

… Pero si los abuelos se encuentran a kilómetros de distancia lo mejor será organizar una sesión de videoconferencia, porque aquella solícita cámara que cuelga de la parte superior del PC se aliará con la red de redes para brindarnos, nada menos que emociones… Y es que la tecnología, bien usada es, casi, un milagro… ¿no creen?

Editorial. Nada es para siempre

Editorial. Oportunidad o crisis
EDITORIAL

Recolocar las fichas en el nuevo tablero de juego. De eso se trata. El advenimiento del libre movimiento de capitales, bienes y mercancías que se nos instaló con la globalización lleva implícito lo que para unos es un reajuste de las fuerzas del mercado que nos abre la puerta a nuevas oportunidades y para otros, una crisis en toda regla.
Tendremos que hacernos a la idea de que hoy, España ya no tiene el atractivo que tuviere en el pasado para las inversiones industriales multinacionales, lo cual no tiene por qué ser necesariamente malo. Malo sería que se frenara el ritmo de implantación de parques tecnológicos, esas ciudades del conocimiento donde conviven investigadores y empresarios y que tienen por misión convertir la I+D+i en dinero. Y parece que no es el caso, más bien al contrario: Los parques tecnológicos de España acumulan más de 2.000 empresas, que facturaron 7.494 millones de euros en 2005, lo que supone un aumento del 23 por ciento con respecto al año anterior.
En la era de la economía posindustrial, los procesos de deslocalización y multilocalización son irreversibles y, por lo que se refiere a estos últimos, no deben ser considerados como negativos, sino como una prueba de madurez de la empresa industrial española, que está en situación de plantearse estrategias de internacionalización superiores a las de exportación, por lo que se deben ver como oportunidades de crecimiento. Muchas son las empresas del sector que hace tiempo comenzaron la multilocalización de su producción en aquellas zonas donde ésta resulta más competitiva.
Pero entre los movimientos elegidos por el tejido empresarial mundial para adaptarse al nuevo escenario, el preferido es la “megalización”. Los grandes se alían entre ellos para aprovechar sinergias. Apple y Nike sacan una zapatilla deportiva interconectada al iPod, y Yahoo y eBay han alcanzado una alianza estratégica en el mercado comercial y publicitario, para hacer frente a Google.
En la recién celebrada convención del Grupo Idea, su presidente abogó por alejarse de independencias empobrecedoras y habló de “consolidar un magno grupo de distribución, manifiestamente hegemónico en el mercado minorista especializado en el segmento de los electrodomésticos”, por la vía de las alianzas. Y es que hoy los competidores se buscan y se cortejan entre sí, trocándose en una suerte de aliados sinérgicos a la fuerza…
Y es que todo cambia. Una dinámica más fuerte que los individuos, las empresas y los mismísimos estados, nos empuja en una dirección y nos marca el ritmo; y es preciso seguir su compás. Miren Televisión Española, sin ir más lejos; la misma tecnología “diabólica” P2P (peer to peer, par a par) de intercambio de archivos on line, que ha traído de cabeza a todos por las descargas ilegales, hoy es adoptada por TVE para emitir sus programas en la Red.
El mundo del entretenimiento también está viviendo su propia catarsis. La distribución de los contenidos está mutando por momentos, y los que se llevan las manos a la cabeza con el tema del “pirateo”; que no pierdan la calma. Todo llegará. Si poder bajarnos música gratis de Internet hasta ahora nos parecía el no va más, para muchos ya no compensa estar 48 horas esperando completar una descarga, y que además, entre tanto, los troyanos campen a sus anchas por las entrañas de nuestro PC. El consumidor está acostumbrado a pagar por cualquier cosa así que ¿por qué no va a pagar por descargas rápidas y seguras?
No, nada es para siempre, pero hoy lo es menos que nunca y en este nuevo universo que hemos construido, no es posible sobrevivir sin flexibilidad. Mónica Daluz / pdf

Editorial. El reencuentro

Editorial. El reencuentro
EDITORIAL

De vuelta a la mal llamada, “rutina”, pues los quehaceres diarios pueden ser -casi…- tan excitantes como las jornadas de holganza, disponemos todo en nuestro hogar para acoger la llegada del otoño. Los protagonistas absolutos de la temporada tienen de 3 a 20 años y pico…, así que primero desfilaremos por librerías, papelerías y, por supuesto, tiendas de electrónica, para ponérselo fácil; que por material, herramientas y acceso a información, no quede…
Después de servidos los reyes de la casa, el primer asunto doméstico de interés general en todo el territorio domiciliario será acondicionar la temperatura del espacio donde esperamos vivir nuevas o reencontradas experiencias. En el número que aquí les presentamos encontrarán una completa monografía sobre calefacción.
También es época de renovar ropajes y vestimentas. Más gasto… Y hablando de moda, no se pierdan el reportaje El sector con… la moda, que demuestra que nada hay de frívolo en eso de contratar famosos para promocionar una marca. La moda y el diseño están presentes en nuestras indumentarias, nuestros hábitos y estilos de vida, y también en nuestros objetos. Incluso el diseño industrial está cada vez más cerca del diseño artístico; en el reportaje Cómo se hizo, les relatamos la gestación y el nacimiento de un producto.
Sí, es tiempo de gastos, y el fabricante calienta motores para la recta final del año, pero parece que el optimismo empedernido del consumidor español se desmorona: según el último estudio global de Índice de Confianza ACNielsen, mientras la confianza global de los consumidores se ha mantenido firme en la primera mitad de 2006, sus expectativas laborales y de su economía personal para los próximos doce meses son bastante peores. Los consumidores indios -que ya comienzan a percibir el despegue de su economía-, se muestran como los más optimistas, seguidos de noruegos y daneses. Y, en conjunto, los norteamericanos aparecen como la región con una visión más positiva.
Y entre tanto gasto, que no tristeza, una alegría, por lo menos para el consumidor… Pronto veremos aumentar el número de operadores de telefonía móvil, por tanto de la sana competencia y, además, se legislará (aunque el tema «intervencionismo» requeriría capítulo aparte…) para que las tres compañías de telefonía que operan actualmente en España, apliquen una drástica reducción de sus tarifas de terminación. Tratamos el asunto en la sección En la calle.
Lo cierto es que el mercado de las telecomunicaciones ha entrado en un proceso de profunda reestructuración. Hace tan solo unos días Telefónica hacía públicas sus previsiones para la telefonía fija que, si hoy supone el 55% de sus ingresos, en tan solo tres años el operador ha asumido que este porcentaje será del 15%. La posibilidad de hacer llamadas de manera gratuita a través de Internet está hundiendo el mercado de la telefonía fija y las compañías se lanzan de lleno al quadruple play, o sea, a la oferta conjunta de móvil, fijo, ADSL y televisión.
Pero si no le llama nada eso de reencontrarse con la rutina, siempre le queda nuestra recién estrenada sección Lugares del mundo. Dese un paseo en imágenes por Costa Rica, entérese de algunas curiosidades tecnológicas y disfrute del paisaje… Mónica Daluz / pdf

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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