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Farmacia en órbita

Farmacia en órbita
MEDICINA ESPACIAL 
E
l laboratorio en microgravedad redefine el desarrollo de fármacos

Hoy, en 2026, la medicina espacial ha dejado de ser un ámbito restringido a la protección de los astronautas para convertirse en un campo de investigación con implicaciones directas para la salud en la Tierra. El nuevo impulso de la exploración tripulada, con programas como Artemis y la futura consolidación de plataformas orbitales comerciales, ha intensificado el interés por entender cómo responden el cuerpo humano, los tejidos, las células y las moléculas en entornos de microgravedad. Las agencias espaciales trabajan no solo en sistemas de soporte vital o en medidas de protección frente a la radiación, sino también en experimentos que pueden aportar conocimiento útil para el desarrollo de terapias, la formulación de medicamentos y la comprensión de enfermedades complejas. La microgravedad se ha revelado como una condición experimental singular, capaz de modificar procesos biológicos y físico-químicos de un modo difícilmente reproducible en la Tierra. Y ya se ha producido el salto al sector privado: compañías farmacéuticas como Lilly o Merck están enviando experimentos al espacio, a través de empresas como Varda Space Industries o SpacePharma, que ofrecen a la industria plataformas orbitales capaces de diseñar, ejecutar y recuperar ensayos en cápsulas autónomas con retorno controlado a la Tierra, dando lugar a una nueva cadena logística avanzada. Pero este expertise es consecuencia de una larga trayectoria de investigación que dio sus primeros pasos en 1973, con Skylab, de la NASA, la primera estación espacial donde se realizaron experimentos médicos y biológicos avanzados de forma sistemática, y se empezó a estudiar el metabolismo, el comportamiento de los medicamentos y la fisiología en microgravedad. Y la Estación Espacial Internacional, donde rotan investigadores de nacionalidades dispares que conviven en un micromundo sin fronteras, permanece habitada de forma ininterrumpida desde el año 2000. Las últimas misiones son una preparación para estancias prolongadas en el espacio y, a medio plazo, para la exploración profunda. Durante los próximos años convivirán estaciones espaciales habitadas, laboratorios orbitales autónomos y una nueva generación de estaciones comerciales que transformará el acceso a la microgravedad. En ese contexto, la medicina espacial se sitúa en la intersección entre exploración, biotecnología e industria farmacéutica, y empieza a perfilarse como uno de los campos con mayor potencial científico e industrial de la nueva economía espacial. Mónica Daluz / pdf

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MEDICINA ESPACIAL

Farmacia en órbita

Mónica Daluz
Periodista experta en industria farmacéutica y cosmética
23/07/2026

El laboratorio en microgravedad redefine el desarrollo de fármacos

Hoy, en 2026, la medicina espacial ha dejado de ser un ámbito restringido a la protección de los astronautas para convertirse en un campo de investigación con implicaciones directas para la salud en la Tierra. El nuevo impulso de la exploración tripulada, con programas como Artemis y la futura consolidación de plataformas orbitales comerciales, ha intensificado el interés por entender cómo responden el cuerpo humano, los tejidos, las células y las moléculas en entornos de microgravedad. Las agencias espaciales trabajan no solo en sistemas de soporte vital o en medidas de protección frente a la radiación, sino también en experimentos que pueden aportar conocimiento útil para el desarrollo de terapias, la formulación de medicamentos y la comprensión de enfermedades complejas. La microgravedad se ha revelado como una condición experimental singular, capaz de modificar procesos biológicos y físico-químicos de un modo difícilmente reproducible en la Tierra. Y ya se ha producido el salto al sector privado: compañías farmacéuticas como Lilly o Merck están enviando experimentos al espacio, a través de empresas como Varda Space Industries o SpacePharma, que ofrecen a la industria plataformas orbitales capaces de diseñar, ejecutar y recuperar ensayos en cápsulas autónomas con retorno controlado a la Tierra, dando lugar a una nueva cadena logística avanzada. Pero este expertise es consecuencia de una larga trayectoria de investigación que dio sus primeros pasos en 1973, con Skylab, de la NASA, la primera estación espacial donde se realizaron experimentos médicos y biológicos avanzados de forma sistemática, y se empezó a estudiar el metabolismo, el comportamiento de los medicamentos y la fisiología en microgravedad. Y la Estación Espacial Internacional, donde rotan investigadores de nacionalidades dispares que conviven en un micromundo sin fronteras, permanece habitada de forma ininterrumpida desde el año 2000. Las últimas misiones son una preparación para estancias prolongadas en el espacio y, a medio plazo, para la exploración profunda. Durante los próximos años convivirán estaciones espaciales habitadas, laboratorios orbitales autónomos y una nueva generación de estaciones comerciales que transformará el acceso a la microgravedad. En ese contexto, la medicina espacial se sitúa en la intersección entre exploración, biotecnología e industria farmacéutica, y empieza a perfilarse como uno de los campos con mayor potencial científico e industrial de la nueva economía espacial.

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La nueva era de la medicina espacial

Muchos de nosotros hemos andado emocionados con la última misión, destino “casi la Luna”, de la Artemis II. La emoción no ha sido la misma que la primera vez, la del alunizaje, que los adultos del 69 vivieron en directo y los niños lo hicimos en un diferido con impacto de riguroso directo. El caso es que puede ser el inicio de una era de importantes avances para la humanidad.

Se reactiva una aventura interrumpida en 1972, cuando el cierre del programa Apolo puso fin a las misiones lunares y dispersó buena parte del capital humano e industrial que había permitido llevar al ser humano a la Luna.

Desde entonces, la exploración tripulada dejó de articularse en torno a misiones lunares puntuales y evolucionó hacia una presencia permanente en órbita baja. La Estación Espacial Internacional (ISS), constituida en 1998 y habitada sin interrupción desde noviembre de 2000, se construyó como una infraestructura interdependiente: Estados Unidos, Rusia, Europa, Japón y Canadá aportaron módulos, laboratorios, vehículos de carga, sistemas robóticos, financiación y tripulaciones, bajo la coordinación de sus respectivas agencias espaciales (NASA, Rocosmos, ESA, JAXA y CSA). Más de dos décadas después de su puesta en marcha, la ISS sigue siendo uno de los mayores ejemplos de cooperación científica internacional, sustentada por la contribución coordinada de los países participantes.

La Estación Espacial Internacional, que durante más de un cuarto de siglo ha sido el gran laboratorio científico en órbita, ha envejecido y tiene prevista su retirada hacia el final de la década

En sus más de dos décadas de actividad ininterrumpida, la Estación Espacial Internacional se ha consolidado como el principal laboratorio en microgravedad para las ciencias de la vida. En ella se han llevado a cabo miles de experimentos en biología, medicina y farmacología que han contribuido a comprender procesos fundamentales, desde el comportamiento de proteínas y la cristalización de compuestos hasta la respuesta del sistema inmune o la pérdida de masa ósea y muscular en condiciones de ingravidez.

En el ámbito farmacéutico, la ISS ha ayudado a mejorar la comprensión de la estructura de biomoléculas y a explorar nuevas formulaciones, especialmente en el caso de fármacos biológicos complejos. Pero su mayor aportación ha sido sentar las bases del conocimiento que hoy hace posibles nuevas aplicaciones con potencial industrial.

Paralelamente, en los últimos años nuevos operadores privados ofrecen acceso regular a la microgravedad mediante plataformas orbitales que no requieren una estación espacial. Se trata de sistemas automatizados de experimentación: cápsulas que se lanzan al espacio con un experimento programado, permanecen en órbita durante días o semanas ejecutándose de forma autónoma y regresan posteriormente a la Tierra con las muestras para su análisis. Está surgiendo un ecosistema integrado por empresas aeroespaciales, compañías farmacéuticas, centros de investigación e inversores, articulado mediante una cadena logística que conecta el lanzamiento, la actividad en órbita, el retorno de los materiales y su análisis en Tierra. Empresas como Varda Space Industries o SpacePharma están impulsando este modelo, concebido para ofrecer un acceso más rápido y flexible a la microgravedad.

En los próximos años surgirá una tercera generación de infraestructuras: las estaciones espaciales comerciales. Sustituirán progresivamente a la ISS en la órbita baja terrestre y estarán destinadas a investigación, producción y desarrollo tecnológico. A diferencia de la ISS, no serán gestionadas directamente por agencias espaciales, sino por empresas privadas, que ofrecerán sus instalaciones tanto a gobiernos como a universidades y compañías farmacéuticas. Mientras tanto, las grandes agencias, encabezadas por la NASA, concentrarán cada vez más sus recursos en la exploración del espacio profundo, con la Luna y, más adelante, Marte como principales objetivos.

Las estaciones espaciales o casas-laboratorio constituyen grandes infraestructuras habitadas que funcionan como laboratorios permanentes en órbita...

Las estaciones espaciales o casas-laboratorio constituyen grandes infraestructuras habitadas que funcionan como laboratorios permanentes en órbita baja, como la ISS y la estación china Tiangong. En ellas, los astronautas viven durante meses y reciben periódicamente nuevas tripulaciones y vehículos de carga.

El relevo: así ocurrirá

El relevo ya está programado. La Estación Espacial Internacional ha envejecido y tiene prevista su retirada hacia el final de la década. Diseñada para una vida útil de 15 años, ha seguido en funcionamiento gracias a sucesivas ampliaciones y a un mantenimiento constante. Cada nueva expedición dedica una parte importante de su tiempo a reparar, sustituir o actualizar sistemas que acusan el desgaste de más de dos décadas de funcionamiento. La retirada culminará a finales de 2030 o principios de 2031. Un vehículo de desorbitación se acoplará a la ISS y la empujará lentamente hasta provocar su reentrada controlada en la atmósfera. La mayor parte de la estación se desintegrará y los restos que sobrevivan caerán en el Punto Nemo, en el Pacífico Sur, donde ya reposan los fragmentos de otras grandes estructuras espaciales, como la estación rusa Mir y varias estaciones Salyut.

Con el objetivo de garantizar una presencia humana ininterrumpida y la continuidad de la investigación en órbita baja, la NASA está impulsando y financiando el desarrollo de varias estaciones espaciales comerciales, a las que en el futuro prevé acceder como un cliente más. Estas nuevas plataformas comerciales asumirán progresivamente la investigación y parte de la actividad industrial en microgravedad, sustituyendo el modelo actual basado en una única gran infraestructura internacional gestionada por agencias públicas.

Durante la transición hacia la retirada de la ISS, la primera estación comercial en tomar el relevo en órbita baja será la Haven-1, de Vast Space, concebida como un laboratorio comercial de microgravedad y como banco de pruebas de nuevos hábitats orbitales. Está previsto que sus sucesoras incorporen sistemas de gravedad artificial que permitan estancias más prolongadas y acerquen la vida en el espacio a las condiciones necesarias para la exploración profunda.

Próximas estaciones orbitales comerciales

Haven-1 (Vast Space). Con lanzamiento previsto para 2027, será una estación comercial de microgravedad concebida para investigación, desarrollo tecnológico y preparación de futuras plataformas de mayor tamaño. La compañía plantea que sus sucesoras incorporen sistemas de gravedad artificial.

Axiom Station (Axiom Space). Nacerá de forma progresiva mediante módulos acoplados inicialmente a la ISS. Cuando esta sea retirada, los módulos se desacoplarán para formar una estación independiente orientada a investigación, industria y misiones institucionales.

Starlab (Voyager Technologies, Airbus, Mitsubishi Corporation y MDA Space). Diseñada como laboratorio orbital permanente para investigación científica, biotecnología y fabricación avanzada, con participación internacional y vocación de sustituir parte de la capacidad científica de la ISS.

Orbital Reef (Blue Origin y Sierra Space). Concebida como un “parque empresarial” en órbita, combinará investigación, producción industrial, servicios comerciales y actividad institucional.

Laboratorio orbital a medida

Los nuevos laboratorios orbitales farmacéuticos se basan en cápsulas automatizadas y miniaturizadas capaces de albergar experimentos biológicos o físico-químicos en condiciones controladas de temperatura, mezcla y observación. A diferencia del modelo tradicional de la ISS, donde los experimentos dependían de astronautas e infraestructuras complejas, las nuevas plataformas privadas funcionan como sistemas autónomos, como un servicio de laboratorio externalizado: el cliente define el objetivo experimental —por ejemplo, cristalizar un anticuerpo monoclonal, estudiar una formulación o cultivar células en microgravedad— y la empresa espacial diseña e integra el experimento dentro de un módulo sellado que viaja al espacio en un lanzador comercial como el Falcon 9 de SpaceX o el Electron de Rocket Lab. Una vez en órbita, el sistema ejecuta automáticamente las secuencias programadas durante días o semanas, registrando parámetros físicos y biológicos y, en algunos casos, transmitiendo datos en tiempo real a la Tierra. La fase crítica de la operación es el retorno controlado. Empresas como Varda Space Industries han desarrollado cápsulas reutilizables que pueden reentrar en la atmósfera y aterrizar con el material experimental intacto, algo esencial para aplicaciones farmacéuticas.

Retorno de una cápsula Varda tras una misión orbital...

Retorno de una cápsula Varda tras una misión orbital. La cápsula de reentrada, de unos 90 centímetros de diámetro, transporta en su interior el módulo de procesamiento farmacéutico donde se realizan los experimentos en microgravedad. Tras completar la misión, se separa de la plataforma satelital, reentra en la atmósfera a velocidades cercanas a Mach 25 (más de 28.000 km/h) y aterriza mediante paracaídas. Una vez recuperada, el material experimental se devuelve a los clientes para su análisis en Tierra.

Microgravedad, ¿qué hace?

En la Tierra, muchos procesos están dominados por la gravedad, que induce convección en los fluidos, sedimentación de partículas y gradientes de densidad. En microgravedad, estos efectos prácticamente desaparecen y el transporte de masa pasa a estar regido principalmente por la difusión.

En el ámbito farmacéutico, esta circunstancia favorece un crecimiento más uniforme de los cristales y facilita la obtención de estructuras moleculares de mayor calidad. La microgravedad también altera la forma en que las células crecen, se organizan y se comunican, dando lugar a modelos tridimensionales más parecidos a los tejidos reales y ofreciendo nuevas oportunidades para estudiar enfermedades, evaluar tratamientos y comprender procesos biológicos complejos.

La investigación en microgravedad se extiende también al estudio del sistema inmune y a la ingeniería de tejidos, dos líneas con potencial para la medicina regenerativa.

El espacio se está consolidando como un laboratorio excepcional para estudiar procesos fundamentales que en la Tierra permanecen ocultos por la acción constante de la gravedad.

Cristalización y diseño de fármacos

La obtención de cristales de alta calidad es un paso clave en el desarrollo de fármacos. Su análisis mediante técnicas como la difracción de rayos X permite determinar la estructura tridimensional de proteínas y otras biomoléculas, fundamento del diseño racional de fármacos basado en la estructura (Structure-Based Drug Design, SBDD).

En condiciones terrestres, la convección y la sedimentación pueden introducir imperfecciones durante el crecimiento cristalino. En microgravedad, al reducirse estos fenómenos, los cristales tienden a formarse de manera más ordenada, con menor densidad de defectos y mayor homogeneidad. Esto se traduce en datos estructurales de mayor resolución, lo que permite identificar con mayor precisión los denominados “sitios de unión” de los fármacos y optimizar su diseño.

Este enfoque resulta especialmente relevante en el desarrollo de fármacos biológicos, como los anticuerpos monoclonales, donde pequeñas variaciones estructurales pueden afectar a la estabilidad y la eficacia del medicamento, condicionando también las opciones de formulación y, con ello, su vía de administración. Es el caso del experimento realizado en la Estación Espacial Internacional con pembrolizumab (Keytruda), de Merck, uno de los medicamentos más utilizados en inmunoterapia frente a diversos tipos de cáncer. Los resultados mostraron que en microgravedad podían obtenerse suspensiones cristalinas del anticuerpo mucho más homogéneas, menos viscosas y con mejores propiedades físicas que las obtenidas en la Tierra, abriendo la posibilidad de desarrollar formulaciones que permitan vías de administración más cómodas para los pacientes. Hasta ahora se administraba en el hospital por vía intravenosa y las nuevas formulaciones permiten su administración con una simple inyección bajo la piel.

La aplicación de herramientas de inteligencia artificial al diseño y la optimización de procesos de cristalización ya ha empezado a acelerar esta disciplina. Su uso, todavía incipiente, en laboratorios autónomos de universidades, centros de investigación y algunas empresas permite, por ejemplo, predecir qué condiciones tienen más probabilidades de producir cristales de calidad, anticipar qué forma cristalina adoptará un principio activo o ajustar en tiempo real parámetros fisicoquímicos para obtener cristales con el tamaño y la pureza deseados.

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¿Por qué nos fascinan los cristales?

Evolutivamente, nuestro ojo está entrenado para detectar superficies brillantes y traslúcidas porque durante milenios eso significaba agua limpia. Además, en la antigüedad, encontrar algo con ángulos rectos o caras planas en la naturaleza, donde casi todo es curvo, irregular o se pudre, resultaría, cuando menos, llamativo. La antropología también explica que, por su escasez y dificultad de hallazgo, los cristales se convirtieron en herramientas de poder para chamanes y líderes, y símbolo de prestigio social.

Desde el punto de vista psicológico, la simetría perfecta y la geometría repetitiva de los cristales reducen la carga cognitiva: el cerebro las procesa con muy poco esfuerzo. Esa legibilidad visual genera una sensación de calma y control. Y, según la teoría de la fluidez cognitiva, nos gusta lo que comprendemos de inmediato. Al ver un cristal, el cerebro reconoce un patrón organizado instantáneamente, lo que dispara una señal de placer (recompensa dopaminérgica). También son símbolo de pureza: la transparencia y la falta de imperfecciones se asocian con la honestidad, la claridad mental y lo incorruptible.

Incluso parece haber una geometría para cada momento de la vida…, con una transición algo así como “de Van der Rohe a Gaudí”. La geometría recta, el minimalismo y materiales como el vidrio se asocian a menudo con etapas vitales marcadas por la búsqueda de orden, eficiencia, proyección, estatus… Tras periodos de mucho estrés o sobreestimulación externa, se tiende a la aspiración al bienestar, a formas orgánicas que responden a nuestra afinidad innata por la naturaleza —biofilia— y evocan refugio, bienestar y seguridad. Las formas curvas y fluidas activan menos la amígdala (la zona que se activa ante una amenaza) que los ángulos afilados. No es que pasemos del orden al desorden, sino de la geometría de lo inerte a la geometría de lo vivo: un orden —una matemática— mucho más complejo. Ese que Gaudí supo ver en la naturaleza.

El negocio de la microgravedad

La investigación biomédica en órbita ya no pertenece solo al ámbito científico. Según un informe elaborado por el Foro Económico Mundial y McKinsey, la economía espacial global podría alcanzar los 1,8 billones de dólares en 2035, frente a los 630.000 millones registrados en 2023. Así, la fabricación y el procesamiento de materiales en órbita aparecen como uno de los segmentos con mayor potencial de crecimiento.

La retirada prevista de la Estación Espacial Internacional hacia 2030 está acelerando la transición hacia plataformas comerciales. Empresas como Axiom Space, Starlab, Orbital Reef o Vast desarrollan estaciones orbitales destinadas a albergar investigación, producción y servicios en microgravedad. Aunque la fabricación farmacéutica en el espacio continúa siendo una actividad incipiente, la aparición de una cadena de valor completa —proveedores de lanzamiento, laboratorios orbitales, sistemas de retorno y clientes industriales— está transformando la microgravedad de un recurso experimental escaso en una infraestructura tecnológica con vocación comercial. Varda resume esta visión con un objetivo ambicioso: “convertir la reentrada en una actividad rutinaria” y hacer que una fábrica espacial forme parte habitual y fiable de la cadena de desarrollo farmacéutico.

Epílogo. Más allá de Orión

Además de sus aplicaciones directas en biomedicina, la investigación en el espacio está aportando claves fundamentales sobre el origen y los límites de la vida. Las condiciones de microgravedad, radiación y aislamiento permiten estudiar cómo se comportan moléculas orgánicas, microorganismos y sistemas biológicos en entornos extremos, algunos de ellos comparables a los que pudieron existir en la Tierra primitiva o que podrían darse en otros cuerpos del sistema solar. Experimentos realizados en órbita han demostrado la capacidad de ciertos microorganismos para resistir el vacío y la radiación, así como la estabilidad de compuestos orgánicos complejos en estas condiciones.

Este conocimiento no solo tiene implicaciones para la astrobiología, sino también para la salud humana: entender cómo se dañan y reparan las células, cómo se adaptan los organismos o cuáles son los límites de la vida aporta información valiosa en campos como la oncología, la inmunología o la medicina regenerativa.

Los astronautas ya están listos e impacientes por ser llamados para su próxima misión. La Agencia Espacial Europea (ESA) tiene en “la rampa de salida” a dos españoles: Pablo Álvarez —astronauta de carrera— y Sara García Alonso —doctora en Biología Molecular del Cáncer e investigadora del CNIO, que ya ha completado el programa de formación de la reserva—. Los astronautas seleccionados están preparados tanto para ir a la ISS como para participar en proyectos de ciencia en otras plataformas orbitales, dependiendo de los acuerdos que la ESA alcance con diferentes agencias y empresas aeroespaciales en el futuro.

El ser humano es una especie de exploradores incansables y visitar otros mundos es una aspiración colectiva

El ser humano es una especie de exploradores incansables y visitar otros mundos es una aspiración colectiva.

Y es en las idas y venidas de astronautas, provisiones y demás carga espacial donde SpaceX, de Elon Musk, cobra protagonismo, proporcionando naves de transporte y servicios de lanzamiento tanto para las agencias estatales como para el sector privado. Su irrupción ha abaratado costes, lo que está posibilitando el acceso de nuevos actores a la microgravedad.

Solo estamos colocando los primeros ladrillos de esa pasarela hacia las estrellas por la que tantos científicos trabajan, desde distintas especialidades y disciplinas. Es el principio de un viaje muy largo.

Entretanto, por lo que respecta a la “ocupación” de la órbita baja, habría que ir legislando. De hecho, urge hacerlo.

El desarrollo de esta nueva economía espacial, con el desplazamiento de las agencias hacia la exploración profunda y la entrada de estaciones orbitales comerciales no está exento de interrogantes. La creciente concentración de capacidades de lanzamiento y acceso al espacio en torno a un reducido número de operadores privados ha abierto un debate sobre la soberanía tecnológica y la dependencia estratégica de infraestructuras críticas.

La autoridad moral de la ciencia ha logrado que la neutralidad haya sido la única bandera que ha ondeado allí arriba, hasta la fecha.

La era de “la conquista del espacio” —expresión algo soberbia, incluso grosera— deja paso a la era de “el uso del espacio” —inquietante— por operadores privados —doblemente inquietante—. Es cierto que el Tratado sobre el Espacio Exterior de 1967 (instrumento jurídico que regula el derecho internacional del espacio ultraterrestre) preserva el principio de no apropiación del espacio y su uso en beneficio de toda la humanidad. De hecho, la premisa es tan obvia que ni los regímenes sustentados en el uso de la fuerza han osado vulnerarla. La autoridad moral de la ciencia ha logrado que la neutralidad haya sido la única bandera que ha ondeado allí arriba, hasta la fecha. El tratado contempla incluso la presencia de entidades privadas, señalando la responsabilidad de los estados frente a “actividades nacionales en el espacio, ya sean realizadas por organismos gubernamentales o por entidades privadas”. Pero hay, y habrá, un sinfín de nuevas circunstancias que no podían preverse en su momento, como el uso masivo de satélites comerciales, la minería de asteroides o el turismo espacial.

Y es que, aunque somos más, ya se sabe lo que pasa “cuando los buenos no hacen nada”… Movamos ficha: legislemos.

La exploración espacial focaliza su mirada hacia lugares que cada vez nos parecen menos lejanos. Paradójicamente, los que han estado allí sienten que aquel abismo les devuelve a lo más humano de nosotros mismos: el miedo, el vínculo, la pérdida, la gratitud… El comandante Wiseman explicó, al volver de la misión Artemis II, cuán profundamente conectado se sintió con los seres humanos anónimos que estábamos en la Tierra.

Artemis II no ha sido solo una misión de prueba para el regreso a la Luna. Ha sido también una misión intensamente humana, narrada en abierto, compartida casi en tiempo real, por una tripulación que no ha escondido la emoción de lo vivido en el pequeño habitáculo de la cápsula Orión. Uno de los gestos más simbólicos fue dedicar un cráter lunar a Carroll, la esposa fallecida del comandante Reid Wiseman.

La tripulación de Artemis II refleja otra dimensión de la exploración: la experiencia acumulada, la capacidad de liderazgo y la madurez emocional necesarias para afrontar misiones cada vez más largas, complejas y alejadas de la Tierra. Con 50 años, Wiseman se convirtió en la persona de mayor edad en viajar más allá de la órbita terrestre baja.

Los cuatro miembros acumulaban experiencia previa en vuelos espaciales, mando de equipos y operaciones de alta complejidad. La imagen de la tripulación descendiendo uno tras otro del helicóptero por su propio pie tras la misión ponía los pelos de punta. La selección de Artemis refleja una nueva concepción del astronauta: la experiencia, la capacidad de liderazgo y la fortaleza psicológica parecen pesar tanto como las habilidades técnicas.

Y aunque somos más, ya se sabe lo que pasa “cuando los buenos no hacen nada”… Movamos ficha: legislemos.

A Artemis II (Artemis es hermana de Apolo en la mitología) le seguirán Artemis III, IV, V…, cada una con objetivos cada vez más ambiciosos. La tecnología que habrá que desarrollar para hacer posible el reto del espacio profundo terminará encontrando aplicaciones aquí, en la Tierra. Como ocurrió con la telemedicina, la monitorización remota de pacientes o los sistemas avanzados de tratamiento del agua, que surgieron en el entorno de la investigación espacial, las próximas misiones empujarán a desarrollar tecnologías que solucionarán problemas en la Tierra. La gestión del agua. La construcción con regolito lunar. La producción de alimentos en entornos cerrados. Todo aquello que obligue a aprender a vivir fuera de la Tierra terminará enseñándonos a vivir mejor en ella.

Dice el saber popular que las comparaciones no son buenas, y que las churras no deben mezclarse con las merinas ni el tocino con la velocidad. Y es que una cosa es elucubrar —y es muy lícito— sobre lo que podría hacerse por el planeta y sus gentes con el coste de las misiones espaciales —repartir hasta morir, metafóricamente…—, y otra es —la que nos ha traído hasta aquí— caminar siempre hacia adelante.

No hay destino…

… Salvo el que construyamos.

Entrevista a Michael Reilly, director de Estrategia de Varda Space Industries

Michael Reilly, Varda Space Industries
MEDICINA ESPACIAL 
“El mercado está pasando de la prueba de concepto demostrada a una realidad precomercial”

La compañía estadounidense Varda Space Industries se ha convertido en uno de los actores más visibles de la nueva economía orbital, basada en plataformas privadas capaces de fabricar materiales en microgravedad y devolverlos posteriormente a la Tierra. Desde la sede de Varda Space Industries en El Segundo (California), Michael Reilly, director de Estrategia de la compañía, nos explica en esta entrevista cómo funciona este modelo de producción farmacéutica en órbita, qué ventajas aporta la microgravedad en procesos como la cristalización de fármacos y por qué empresas del sector biotecnológico empiezan a considerar el espacio no ya como un entorno experimental aislado, sino como una futura infraestructura industrial. Reilly aborda también los retos técnicos y regulatorios de este nuevo mercado y el papel que pueden desempeñar sistemas reutilizables de transporte y retorno de carga en el desarrollo de medicamentos. Mónica Daluz / pdf

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MEDICINA ESPACIAL

Entrevista a Michael Reilly, director de Estrategia de Varda Space Industries

“El mercado está pasando de la prueba de concepto demostrada a una realidad precomercial”

Mónica Daluz
Periodista experta en industria farmacéutica y cosmética
23/07/2026

La compañía estadounidense Varda Space Industries se ha convertido en uno de los actores más visibles de la nueva economía orbital, basada en plataformas privadas capaces de fabricar materiales en microgravedad y devolverlos posteriormente a la Tierra. Desde la sede de Varda Space Industries en El Segundo (California), Michael Reilly, director de Estrategia de la compañía, nos explica en esta entrevista cómo funciona este modelo de producción farmacéutica en órbita, qué ventajas aporta la microgravedad en procesos como la cristalización de fármacos y por qué empresas del sector biotecnológico empiezan a considerar el espacio no ya como un entorno experimental aislado, sino como una futura infraestructura industrial. Reilly aborda también los retos técnicos y regulatorios de este nuevo mercado y el papel que pueden desempeñar sistemas reutilizables de transporte y retorno de carga en el desarrollo de medicamentos.

Michael Reilly, director de Estrategia de Varda Space Industries

Michael Reilly, director de Estrategia de Varda Space Industries.

En los últimos años estamos viendo cómo la investigación en microgravedad está pasando de un modelo institucional, ligado a grandes infraestructuras como la Estación Espacial Internacional, a propuestas más flexibles que permiten diseñar experimentos, enviarlos a órbita, ejecutarlos y recuperar los resultados en plazos relativamente cortos. En este contexto, Varda plantea un modelo propio basado en plataformas orbitales con retorno a la Tierra. ¿Podría explicar con detalle cómo funciona este proceso —desde el diseño del experimento hasta la recuperación del material— y qué implicaciones tiene para la investigación farmacéutica?

Varda se encarga de todo el proceso: la selección preliminar en Tierra identifica las moléculas candidatas más adecuadas, el módulo de procesamiento farmacéutico se carga en nuestra cápsula y se lanza a órbita en un cohete de SpaceX, el Falcon 9, en una misión compartida con otros satélites y cargas comerciales, y el experimento se desarrolla de forma autónoma.

Cuando el procesamiento concluye, la cápsula se separa de la plataforma satelital, reentra en la atmósfera a Mach 25 (unas 25 veces la velocidad del sonido) y aterriza en paracaídas, momento en el que recuperamos la carga y la devolvemos a nuestros socios. Para la industria farmacéutica, esto transforma la microgravedad de un experimento puntual en la ISS en una etapa repetible y habitual dentro del proceso de desarrollo de medicamentos.

Varda convierte la fabricación de compuestos farmacéuticos en microgravedad en un proceso repetible...

Varda convierte la fabricación de compuestos farmacéuticos en microgravedad en un proceso repetible, desde el lanzamiento al espacio hasta el regreso seguro de las muestras a la Tierra para su análisis.

“A comienzos de la década de 2030, Varda espera alcanzar una frecuencia mensual de reentrada combinando demanda gubernamental y comercial”

¿Qué diferencia aporta el enfoque de Varda frente al modelo tradicional y cómo cambia esto el acceso de la industria farmacéutica a la microgravedad?

Varda opera una nave totalmente autónoma y de vuelo libre, y nuestra cadencia puede ajustarse a los tiempos de desarrollo farmacéutico. A comienzos de la década de 2030, Varda espera alcanzar una frecuencia mensual de reentrada combinando demanda gubernamental y comercial.

En vuestro caso, el elemento central no es solo el experimento, sino la propia cápsula que actúa como entorno de producción en microgravedad y que, además, debe garantizar el retorno seguro del material a la Tierra. ¿Qué retos técnicos implica integrar en un mismo sistema funciones de fabricación y de transporte?

La nave de la serie W consta de tres partes: una plataforma satelital que proporciona energía y propulsión, una cápsula de reentrada de 0,9 metros y un módulo de procesamiento farmacéutico en cuyo interior se aloja el principio activo. La misión W-5 incorporó por primera vez la plataforma satelital desarrollada internamente por Varda y un escudo térmico fabricado también por la compañía a partir de C-PICA, un material ablativo desarrollado originalmente en el Ames Research Center de la NASA. El mayor reto técnico consiste en utilizar equipamiento farmacéutico estándar de laboratorio —como reactores de cristalización, sistemas de manejo de fluidos o controles térmicos de alta precisión— y rediseñarlo completamente para hacerlo apto para el entorno espacial.

La nave W-5 de Varda integra una plataforma satelital propia...

La nave W-5 de Varda integra una plataforma satelital propia, una cápsula de reentrada y un módulo de procesamiento farmacéutico adaptado para operar en las condiciones de microgravedad del espacio.

“La ciencia ya está establecida, los primeros modelos económicos están empezando a validarse y actores relevantes de la biofarmacia comienzan a implicarse como socios y no solo como observadores”

Desde el punto de vista farmacéutico, la microgravedad está permitiendo avanzar en áreas como la cristalización de fármacos, la mejora de formulaciones o el estudio de sistemas biológicos complejos. A partir de vuestra experiencia, ¿en qué tipo de compuestos o procesos se están observando resultados más prometedores y con mayor potencial de aplicación en la industria?

La microgravedad suprime fenómenos como la convección, la sedimentación y la flotabilidad, permitiendo que los cristales se formen en un entorno mucho más controlado que el que es posible en la Tierra. Esto permite ajustar el tamaño de partícula y puede dar lugar tanto a grandes cristales ordenados para determinaciones estructurales de alta resolución como a partículas pequeñas y uniformes destinadas a mejorar la administración de fármacos. Las aplicaciones más prometedoras a corto plazo son la reformulación de moléculas pequeñas y los anticuerpos monoclonales, cuya cristalización ha sido históricamente muy difícil. Recientemente, Varda anunció una colaboración con United Therapeutics Corporation para explorar el uso de la microgravedad en el desarrollo de formulaciones mejoradas para tratamientos de enfermedades pulmonares raras.

La cristalización en microgravedad permite obtener estructuras más uniformes y controladas...

La cristalización en microgravedad permite obtener estructuras más uniformes y controladas, abriendo nuevas posibilidades para mejorar la formulación de medicamentos y anticuerpos monoclonales.

“El enfoque de Varda, basado en vuelos no tripulados y alta frecuencia de retorno, hace ahora posible esa escalabilidad”

El caso del pembrolizumab (Keytruda), de Merck, se ha convertido en uno de los ejemplos más relevantes para explicar el potencial de la microgravedad en el ámbito farmacéutico. ¿Qué se ha conseguido exactamente en microgravedad con este medicamento, cómo ha funcionado el proceso y por qué se considera un avance significativo desde el punto de vista farmacéutico?

Merck llevó a cabo experimentos de cristalización con pembrolizumab en la ISS con el objetivo de desarrollar una formulación inyectable subcutánea que sustituyera a la actual administración intravenosa. Las condiciones de microgravedad produjeron un resultado que sirvió para orientar el desarrollo de una formulación subcutánea que actualmente ya está en el mercado, aunque no utilizó los cristales obtenidos en microgravedad porque no existía una forma de producir mayores cantidades en la ISS. El enfoque de Varda, basado en vuelos no tripulados y alta frecuencia de retorno, hace ahora posible esa escalabilidad.

“Varda está construyendo la primera vía para comercializar décadas de trabajo desarrollado en la ISS”

“Los factores decisivos a partir de ahora serán la frecuencia de vuelo, la claridad regulatoria sobre medicamentos fabricados en órbita y la traslación clínica de las mejoras en formulación”

En los últimos años estamos viendo cómo la fabricación en órbita empieza a configurarse como un nuevo segmento industrial, con previsiones de crecimiento significativas y una progresiva entrada de actores privados, especialmente en el ámbito de la biomedicina. En este contexto, ¿cómo valoráis la evolución real de este mercado? ¿En qué punto diríais que se encuentra actualmente —fase experimental, preindustrial o ya de desarrollo comercial— y qué factores serán determinantes para que la fabricación en microgravedad se consolide como una actividad económica viable? ¿Qué papel están empezando a desempeñar las compañías farmacéuticas en este nuevo entorno?

El mercado está pasando de la prueba de concepto demostrada a una realidad precomercial: la ciencia ya está establecida, los primeros modelos económicos están empezando a validarse y actores relevantes de la biofarmacia comienzan a implicarse como socios y no solo como observadores. Varda está construyendo la primera vía para comercializar décadas de trabajo desarrollado en la ISS. Los factores decisivos a partir de ahora serán la frecuencia de vuelo, la claridad regulatoria sobre medicamentos fabricados en órbita y la traslación clínica de las mejoras en formulación.

La fabricación de medicamentos en microgravedad avanza hacia su etapa precomercial...

La fabricación de medicamentos en microgravedad avanza hacia su etapa precomercial, impulsada por una mayor participación de la industria biofarmacéutica y el desarrollo de un marco operativo cada vez más consolidado.

En paralelo al desarrollo de nuevas actividades en órbita, también está creciendo la preocupación por el impacto ambiental del uso del espacio, especialmente en relación con la generación de residuos y la sostenibilidad de las operaciones. En el caso de vuestro modelo, basado en plataformas con retorno a la Tierra, ¿qué medidas se están adoptando para minimizar la generación de basura espacial y garantizar un uso responsable del entorno orbital?

El modelo de Varda no genera basura espacial: las misiones son cortas, la cápsula se recupera físicamente en la Tierra, la plataforma satelital se destruye durante la reentrada en la atmósfera y no queda nada en órbita a largo plazo.

Entrevista a José Antonio Gavira, investigador científico del CSIC en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT) y jefe del Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC)

José Antonio Gavira, CSICMEDICINA ESPACIAL 
“Cuanto mejor conozcamos el ‘sitio de unión’, mejor podremos diseñar un fármaco que encaje con la mayor precisión”

La cristalización de proteínas ocupa un lugar central en el desarrollo de nuevos medicamentos, al permitir obtener estructuras moleculares de alta resolución y comprender con mayor precisión cómo interactúan los fármacos con sus dianas biológicas. En esta entrevista, José Antonio Gavira —investigador del CSIC y referente internacional en cristalografía— explica por qué la calidad de un cristal puede condicionar el avance de un medicamento, qué aporta la microgravedad a estos procesos y cómo la investigación espacial está empezando a generar aplicaciones de interés para la industria farmacéutica. Su laboratorio ha sido pionero en el desarrollo de técnicas de cristalización por contradifusión utilizadas en experimentos de microgravedad por agencias como la ESA, la NASA o la JAXA. Gavira aborda también el papel de estas investigaciones en proyectos internacionales y las colaboraciones con compañías farmacéuticas, y nos ilustra sobre los límites reales de la fabricación de fármacos en órbita. Mónica Daluz / pdf

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MEDICINA ESPACIAL

Entrevista a José Antonio Gavira, investigador científico del CSIC en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT) y jefe del Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC)

“Cuanto mejor conozcamos el ‘sitio de unión’, mejor podremos diseñar un fármaco que encaje con la mayor precisión”

Mónica Daluz
Periodista experta en industria farmacéutica y cosmética
23/07/2026

La cristalización de proteínas ocupa un lugar central en el desarrollo de nuevos medicamentos, al permitir obtener estructuras moleculares de alta resolución y comprender con mayor precisión cómo interactúan los fármacos con sus dianas biológicas. En esta entrevista, José Antonio Gavira —investigador del CSIC y referente internacional en cristalografía— explica por qué la calidad de un cristal puede condicionar el avance de un medicamento, qué aporta la microgravedad a estos procesos y cómo la investigación espacial está empezando a generar aplicaciones de interés para la industria farmacéutica. Su laboratorio ha sido pionero en el desarrollo de técnicas de cristalización por contradifusión utilizadas en experimentos de microgravedad por agencias como la ESA, la NASA o la JAXA. Gavira aborda también el papel de estas investigaciones en proyectos internacionales y las colaboraciones con compañías farmacéuticas, y nos ilustra sobre los límites reales de la fabricación de fármacos en órbita.

José Antonio Gavira...

José Antonio Gavira, investigador científico del CSIC en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT) y jefe del Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC).

En el desarrollo de fármacos, especialmente en el ámbito de proteínas terapéuticas y dianas biológicas, se considera esencial conocer la estructura tridimensional de las moléculas para comprender su función, sus interacciones y su potencial optimización; desde su experiencia, ¿qué papel juega esta información estructural en el proceso farmacéutico y hasta qué punto condiciona el avance de un medicamento?

Este es un punto clave. Cualquier principio activo, cualquier fármaco, actúa o ejerce su función a través de las interacciones con el receptor, la proteína diana. Estas interacciones son contactos a nivel atómico en lo que llamamos el sitio de unión del fármaco en la proteína. Pues bien, cuanto mejor conozcamos el sitio de unión, mejor podremos diseñar un fármaco que encaje con la mayor precisión, con más fuerza o lo que es lo mismo con un mayor número de contactos, de interacciones. Por tanto, un conocimiento más preciso o con mayor nivel de detalle (lo que nosotros denominamos una mejor resolución) de la estructura del receptor del fármaco es esencial y, por tanto, condiciona su desarrollo.

“A día de hoy, solo las estructuras determinadas a partir de datos de difracción de los cristales de proteína nos dan ‘resoluciones’ suficientemente buenas para establecer conclusiones claras”

“Su versatilidad y facilidad de implementación han hecho que la CDD -contradifusión en capilares- sea una de las técnicas más empleadas en experimentos de cristalización en el espacio, en condiciones de microgravedad, por las agencias europea (ESA), americana (NASA) y nipona (JAXA)”

Para poder obtener esa información estructural es necesario transformar sistemas biológicos complejos en cristales analizables, un proceso que sitúa a la cristalografía —disciplina fundamental, pero a menudo poco visible— en un punto clave de la investigación; en la práctica experimental, ¿en qué consiste la cristalización de proteínas, por qué resulta tan difícil y cómo influyen en ella factores físicos como la convección o la sedimentación? ¿Y cuál es el papel de la microscopía electrónica en este objetivo?

A nivel experimental la microscopía electrónica (ME), que no requiere de un cristal, está cobrando relevancia y cada año son más los modelos de estructuras de proteínas que se determinan empleando ME y que se depositan en el Banco de Datos de Proteínas (PDB), donde quedan accesibles a todo el mundo. Pero, a día de hoy, solo las estructuras determinadas a partir de datos de difracción de los cristales de proteína nos dan ‘resoluciones’ suficientemente buenas para establecer conclusiones claras. Podríamos decir que mientras la EM nos puede ofrecer una visión global, el detalle de la foto sigue siendo borroso mientras que la cristalografía es capaz de darnos una foto mucho más nítida global y localmente.

Existe una relación directa entre la calidad del cristal de proteína y la resolución a la que difracta los rayos X (cuán nítidos son los detalles de la foto). Un cristal no es otra cosa que un sólido ordenado en las tres dimensiones del espacio. A mayor orden, mejor calidad del cristal y mejor resolución, mejores datos. Si hay desorden en el cristal, debido a la incorporación de impurezas o a un crecimiento demasiado rápido, la calidad se ve comprometida, la foto sale borrosa. La convección representa un flujo rápido y caótico de las moléculas que van a formar el cristal, frente a la difusión donde las moléculas, las proteínas, se mueven lentamente. Aunque es una gran simplificación del problema, esta idea nos ayudará a entender que un cristal que crezca en un medio sin convección lo hará más lentamente, con menos defectos y, por tanto, será de mejor calidad. Pero esta es solo la parte física del problema, lo que mejor sabemos resolver. Sin embargo, la mayor dificultad radica en encontrar las condiciones químicas adecuadas para obtener un cristal, para forzar a las moléculas (las proteínas) que están en solución a unirse unas a otras de forma ordenada para formar el cristal.

Desafortunadamente para esta etapa aún no tenemos una solución global. Para cada proteína necesitamos recorrer un camino de búsqueda de las condiciones químicas favorables que induzcan la formación del cristal. Eso sí, una vez encontradas, ya nos podemos dedicar a refinar tanto la química como la física (convección, sedimentación, etc.) para mejorar los cristales.

En este sentido, nuestro departamento es internacionalmente conocido por haber desarrollado las técnicas de contradifusión para la cristalización de proteínas de la mano del fundador del Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC), el profesor Juan Manuel García-Ruiz, que actualmente es profesor Ikerbasque en el DIPC (Donostia International Physics Center). La contradifusión en capilares (CDD), técnica sobre la que realicé mi tesis de doctorado, permite barrer un gran número de condiciones (químicas) en un medio en el que se minimiza la convección. Su versatilidad y facilidad de implementación han hecho que la CDD sea una de las técnicas más empleadas en experimentos de cristalización en el espacio, en condiciones de microgravedad, por las agencias europea (ESA), americana (NASA) y nipona (JAXA).

Proteína unida a un ligando, ejemplo de fármaco unido al sitio de unión

Proteína unida a un ligando, ejemplo de fármaco unido al sitio de unión.

“La mayor dificultad radica en encontrar las condiciones químicas adecuadas para obtener un cristal, para forzar a las moléculas (las proteínas) que están en solución a unirse unas a otras de forma ordenada, para formar el cristal”

¿Qué tipo de colaboración mantiene el Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC), integrado en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (CSIC-UGR), con la industria farmacéutica? ¿Trabajan habitualmente con empresas farmacéuticas o biotecnológicas en proyectos de cristalización de proteínas? ¿Podría describir algún ejemplo de colaboración concreta con la industria en este ámbito? ¿Qué demandan actualmente las empresas farmacéuticas a grupos como el suyo?

Actualmente nuestro departamento participa en el proyecto europeo PROCRYSTAL, ‘Crystallisation towards efficient and sustainable biomanufacturing’ (HORIZON-MSCA-2023-DN-01), que tiene como objetivo principal promover la cristalización como una alternativa sostenible, eficiente y escalable a los procesos actuales de producción y formulación líquida de fármacos proteicos/peptídicos. En este proyecto participan 7 instituciones y dos compañías, de 8 países distintos y con otros 9 miembros asociados. De las seis compañías que participan, dos son farmacéuticas, Janssen como socio y la francesa Sanofi-Aventis como asociada. PROCRYSTAL es un programa de formación multidisciplinar e intersectorial encargado de formar a la próxima generación de ingenieros y científicos altamente cualificados para la aplicación de la cristalización hacia una bio-manufactura eficiente y sostenible.

En general, la industria farmacéutica posee potentes departamentos de investigación y desarrollo encargados de buscar las dianas terapéuticas, típicamente una proteína, asociadas a una determinada enfermedad. Son procesos largos y costosos con tres fases de desarrollo que se extienden durante años. En ocasiones, la diana biológica de interés farmacéutico puede ser el tema de estudio de un determinado grupo de investigación, lo que les permite establecer una colaboración público/privada. Esta forma de interacción, muy extendida en países como EE.UU., Reino Unido, Alemania, Francia, etc., es hoy poco frecuente en nuestro país, aunque vamos avanzando. En este sentido, la industria suele buscar más bien la optimización de procesos en los que la cristalización juegue un papel relevante. Ocasionalmente se interesan en estudios estructurales concretos, por ejemplo, cuando un grupo de investigación logra controlar la obtención de cristales de una proteína diana asegurando el acceso a los modelos estructurales.

Nuestro departamento, LEC, ha mantenido a lo largo de su historia distintas colaboraciones puntuales con la industria farmacéutica, como PharmaMar, y ha patentado productos como una insulina cristalina con mayor estabilidad y vida media, que dio lugar a la spin-off Crystagel en colaboración con la Universidad de Granada, o la patente de un hidroxiapatito dopado con flúor, en colaboración con el Consiglio Nazionale delle Ricerche italiano, comercializada como la pasta de dientes BioSmalto.

Su grupo ha colaborado con agencias espaciales en experimentos de cristalización en microgravedad; ¿en qué consisten exactamente estos experimentos —tanto en laboratorio terrestre como en plataformas espaciales— y qué tipo de mejoras permiten obtener en los cristales? Desde el punto de vista biomédico y farmacéutico, ¿qué interés tienen estas investigaciones, y hasta qué punto pueden traducirse en avances concretos, como mejoras en la formulación o en la forma de administración de determinados fármacos?

Sí, efectivamente nuestro departamento, de la mano del profesor García-Ruiz, ha impulsado el uso de las técnicas contradifusivas en experimentos llevados a cabo en condiciones de microgravedad, ya fuesen en el transbordador americano (Shuttle), en la Estación Espacial Internacional (ISS) o en las cápsulas rusas Soyuz (tripulada) o la Progress (de carga), en las que he participado a lo largo de los últimos 20 años. En el departamento desarrollamos y usamos en varias misiones los reactores de cristalización que bautizamos como la Granada Crystallization Box (GCB) alojados en la Granada Crystallization Facility (GCF). La característica fundamental de estos reactores es que no requerían intervención humana en el espacio y que permitían una alta densidad de experimentos (más de 300) en un volumen de poco más de 1,3 L y 5 Kgr de peso final, de la versión GCF-2. Tras su preparación en tierra, normalmente en el lugar de lanzamiento, el experimento comenzaba en ese mismo momento, pero con una secuencia temporal ajustada para que los eventos de nucleación y crecimiento de los cristales ocurrieran al alcanzar la órbita adecuada en condiciones de microgravedad. En estos años de experimentación espacial se ha acumulado una gran cantidad de conocimiento fundamental, que nos ha permitido, por ejemplo, entender cómo funciona la técnica de contradifusión y, en el ámbito de la aplicación, se ha demostrado que medios sin convección permiten mejorar la calidad de los cristales y, en algunos casos, controlar su tamaño. Algo que, a día de hoy, podemos emular en tierra empleando capilares, geles o campos externos (eléctricos y/o magnéticos).

Cristales crecidos en capilares por el método CDD

Cristales crecidos en capilares por el método CDD.

“La microgravedad es una herramienta excepcional para estudiar procesos fundamentales que en la Tierra están ocultos por la gravedad”

En un momento en el que agencias espaciales y actores industriales están impulsando la investigación en microgravedad con expectativas relevantes en biomedicina, ¿qué papel cree que puede desempeñar este campo en los próximos años y hasta qué punto considera que existe una percepción sobredimensionada sobre su impacto en la fabricación de fármacos en órbita?

Bueno, es difícil contestar de forma concreta y clara a esta pregunta, ya que son muchas las agencias espaciales que desarrollan programas de investigación paralelos con objetivos muy diversos. Este tipo de información se recoge en publicaciones especializadas como el último libro blanco de la ESA SciSpacE 2021 (ROADMAP: Soft Matter and Biophysics) o, más recientemente, la revisión titulada ‘Roadmap on Materials Development and Utilization in Space’ (Hoja de ruta para el desarrollo y la utilización de materiales en el espacio) en Journal of Physics: Materials, ya en producción, en el que contribuimos con el capítulo ‘Protein crystallization in Space’ en el que se recoge lo que estamos diciendo de forma resumida en esta entrevista. La microgravedad es sobre todo una herramienta excepcional para estudiar procesos fundamentales que en la Tierra están ocultos por la gravedad, más que una solución inmediata para fabricar fármacos. El beneficio real es más bien indirecto, como la mejora de procesos y tecnologías farmacéuticas a partir del conocimiento adquirido en condiciones de microgravedad. Por ejemplo, el último trabajo que ha publicado la compañía Merck sobre sus experimentos en la ISS con el anticuerpo monoclonal (mAb) Pembrolizumab durante una misión de SpaceX muestra que en condiciones de microgravedad se obtienen cristales más uniformes y en mayor cantidad, mientras que en la Tierra se formaban cristales muy heterogéneos. En el espacio se generaban suspensiones de cristales menos viscosas y más homogéneas. Estos resultados se han trasladado en tierra al empleo de mezcladores rotatorios con control de temperatura, llegando a suspensiones cristalinas uniformes (1–5 μm) con propiedades adecuadas para formulaciones inyectables.

Sí que parece evidente que se está dando un cambio de tendencia, la obtención de mejores cristales para la determinación estructural ya no es el objetivo prioritario. Sin embargo, la posibilidad de desacoplar variables que en la Tierra están acopladas por la gravedad es fundamental para estudiar mezclas de líquidos, suspensiones o soluciones complejas que, además de ser relevantes en otros campos de estudio, también lo son en la industria farmacéutica y en la cristalización de proteínas.

Las nuevas misiones como Artemis incorporan tecnologías para monitorizar la respuesta biológica de los astronautas en microgravedad. ¿Qué valor tienen estos sistemas como plataforma experimental y qué conocimiento pueden aportar a la investigación biomédica en Tierra?

En mi opinión, los astronautas son en sí mismos una fuente de datos tremenda y supongo que así es como se ven desde un punto de vista biomédico. Para cada misión, la tripulación es sometida a un seguimiento continuo antes, durante y después de la misión, lo que genera una gran cantidad de datos. En microgravedad desaparecen factores como la carga mecánica o la sedimentación celular, lo que permite identificar mecanismos biológicos que en la Tierra están enmascarados o mezclados con otros estímulos. Parece que muchos de los cambios observados en los astronautas, como la pérdida de masa ósea y muscular, alteraciones del sistema cardiovascular o del metabolismo, reproducen de forma acelerada procesos asociados al envejecimiento o a enfermedades crónicas. Entender sus bases físicas y biológicas en microgravedad puede ayudar a identificar nuevas dianas terapéuticas, estrategias de prevención o modelos más precisos de ciertas patologías.

El cerebro humano: “Yo, el rey”

El cerebro humano: Yo, el rey. Reportaje de neurociencia
NEUROCIENCIA
La neuromodulación farmacológica busca reprogramar la comunicación sináptica

Su extrema complejidad es su seña de identidad. Pero hoy, tanto las estructuras como el endiabladamente vasto cableado del cerebro —el conectoma— son algo menos indescifrables gracias a tecnologías que permiten “ver” qué ocurre ahí dentro cuando pensamos, cuando recordamos, cuando aprendemos, cuando predecimos o cuando tomamos decisiones.
Proyectos como el Human Brain Project y el BRAIN Initiative nacieron con el objetivo de aplicar este conjunto de técnicas a la comprensión del funcionamiento del cerebro mediante la reproducción digital de su diseño, tratando de obtener un mapa computacional del órgano rey. Aún no se ha logrado, pero ahora sabemos, por ejemplo, que en muchos procesos cognitivos la unidad funcional no es la neurona, sino conjuntos de neuronas; que existen neuronas que, dispersas en el espacio, se activan al mismo tiempo ante un mismo concepto, cualquiera que sea el modo en que se presente el estímulo: las llamadas neuronas de concepto o neuronas de Jennifer Aniston; o que hay evidencia del engrama, la huella física de un recuerdo.
En las próximas décadas curaremos reprogramando circuitos neuronales con fármacos que frenarán el Alzheimer, neuronas de reemplazo en Parkinson, terapias génicas para epilepsias y ELA, y neuroprótesis capaces de devolver voz y movimiento. Leer el pensamiento —para la comunicación con pacientes en coma, por ejemplo—, o borrar recuerdos —en el tratamiento de traumas—, son algunas de las intervenciones en neuromodulación que podremos controlar en un futuro. Ante esta perspectiva, se abre el debate sobre neurodatos y neuroderechos; ya han legislado al respecto Chile y varios estados de Estados Unidos, como Colorado, California y Montana.
Los nuevos hallazgos, además de responder a preguntas que llevan mucho tiempo abiertas, podrían resolver otras nuevas, incluso algunas a las que habíamos casi descartado dar respuesta desde la ciencia; un nutrido sector de la comunidad científica está volcado en hallar dónde reside o cómo se produce biológicamente la consciencia.
Pero no nos engañemos —y no nos frustraremos—, el órgano más importante de nuestro cuerpo es, sin lugar a dudas, el mayor desconocido de la ciencia. Hallazgos sí, y muchos, y muy importantes, pero entender lo que se dice entender, todavía no. Situadas ya las expectativas reales ante la lectura de este reportaje, ahora sí, pónganse cómodos. ¡Arrancamos!
Mónica Daluz / pdf

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TECNOLOGÍA

La neuromodulación farmacológica busca reprogramar la comunicación sináptica

El cerebro humano: “Yo, el rey”

Mónica Daluz
Periodista experta en industria farmacéutica y cosmética
28/01/2026

Su extrema complejidad es su seña de identidad. Pero hoy, tanto las estructuras como el endiabladamente vasto cableado del cerebro —el conectoma— son algo menos indescifrables gracias a tecnologías que permiten “ver” qué ocurre ahí dentro cuando pensamos, cuando recordamos, cuando aprendemos, cuando predecimos o cuando tomamos decisiones. Proyectos como el Human Brain Project y el BRAIN Initiative nacieron con el objetivo de aplicar este conjunto de técnicas a la comprensión del funcionamiento del cerebro mediante la reproducción digital de su diseño, tratando de obtener un mapa computacional del órgano rey. Aún no se ha logrado, pero ahora sabemos, por ejemplo, que en muchos procesos cognitivos la unidad funcional no es la neurona, sino conjuntos de neuronas; que existen neuronas que, dispersas en el espacio, se activan al mismo tiempo ante un mismo concepto, cualquiera que sea el modo en que se presente el estímulo: las llamadas neuronas de concepto o neuronas de Jennifer Aniston; o que hay evidencia del engrama, la huella física de un recuerdo. En las próximas décadas curaremos reprogramando circuitos neuronales con fármacos que frenarán el Alzheimer, neuronas de reemplazo en Parkinson, terapias génicas para epilepsias y ELA, y neuroprótesis capaces de devolver voz y movimiento. Leer el pensamiento —para la comunicación con pacientes en coma, por ejemplo—, o borrar recuerdos —en el tratamiento de traumas—, son algunas de las intervenciones en neuromodulación que podremos controlar en un futuro. Ante esta perspectiva, se abre el debate sobre neurodatos y neuroderechos; ya han legislado al respecto Chile y varios estados de Estados Unidos, como Colorado, California y Montana. Los nuevos hallazgos, además de responder a preguntas que llevan mucho tiempo abiertas, podrían resolver otras nuevas, incluso algunas a las que habíamos casi descartado dar respuesta desde la ciencia; un nutrido sector de la comunidad científica está volcado en hallar dónde reside o cómo se produce biológicamente la consciencia. Pero no nos engañemos —y no nos frustraremos—, el órgano más importante de nuestro cuerpo es, sin lugar a dudas, el mayor desconocido de la ciencia. Hallazgos sí, y muchos, y muy importantes, pero entender lo que se dice entender, todavía no. Situadas ya las expectativas reales ante la lectura de este reportaje, ahora sí, pónganse cómodos. ¡Arrancamos!

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De la medusa a la máquina de pensar

Los seres humanos pensamos, recordamos, imaginamos, decidimos y sentimos porque grupos de neuronas se conectan entre sí mediante procesos químicos y físicos. Las rutas neuronales resultantes en cada instante dependerán, en buena medida, de lo que pase “fuera”, es decir, del entorno. Cuanto perciben nuestros sentidos es decodificado en forma de impulsos eléctricos y sustancias neurotransmisoras que vendrán a conformar nuestra, subjetiva, idea del mundo. Y ese entramado de conexiones, las sinapsis, es la base del pensamiento, la percepción y la memoria.

Como resume el profesor Rodrigo Quian-Quiroga, descubridor de las neuronas de concepto, “lo que da lugar a nuestra mente es simplemente la actividad de billones de neuronas”. Y lo que percibimos no es lo que existe sino lo que nuestro cerebro cree que existe. O, en palabras del profesor Rafael Yuste, ideólogo del proyecto BRAIN: “Cada uno de los sentidos está diseñado por la evolución para ayudarnos a sobrevivir y a reproducirnos. Eso es todo”. Incluso si, para ello, el nuevo órgano debía convertirse en la más portentosa fábrica de ficción.

“Besos sinápticos”, así llamó Ramón y Cajal a ese momento en el que se produce la comunicación interneuronal...

“Besos sinápticos”, así llamó Ramón y Cajal a ese momento en el que se produce la comunicación interneuronal, que da lugar a todo cuanto somos o creemos ser.

Desde el punto de vista evolutivo, la aparición del sistema nervioso se asocia al movimiento. Las primeras formas animales fueron ganando tamaño y necesitaron expandir su radio de abastecimiento; una simple comunicación química con el medio ya no bastaba para perpetuarse. Movernos implicó, además del control sobre los músculos, la aparición del comportamiento. “Esto explicaría cómo el sistema nervioso genera un modelo del mundo, un teatro mental, como una especie de realidad virtual, y utiliza la información que viene del exterior a través de los sentidos para ajustar el modelo y predecir el futuro de una manera más precisa. Todo ello, para poder escoger el comportamiento que sea más efectivo y asegurarse la supervivencia”, explica Rafael Yuste, profesor en la Universidad de Columbia, en su libro divulgativo, ‘El teatro del mundo’. Predecir el futuro es, pues, el origen de la inteligencia y la razón por la que aparece el sistema nervioso en la evolución. El tándem aprendizaje-memoria vendría a completar las funcionalidades que hicieron a nuestro cerebro desarrollarse, en todos los sentidos, de un modo sin precedentes. La fonación articulada y pensar con palabras hicieron el resto. Y aquí estamos.

Pero ¿cómo trabaja el cerebro, cómo funcionan sus mecanismos? Hay consenso científico en que descifrarlo es el único modo de llegar a curar enfermedades del sistema nervioso, además de, quizá, “ser capaces de comprendernos a nosotros mismos por primera vez”, como suele decir el profesor Yuste. En cualquier caso, lo que está claro es que el órgano trabaja en conjunto, todo a la vez; es un sistema complejo.

En la actualidad, estamos asistiendo al mayor cambio de paradigma en neurociencia desde que Ramón y Cajal sentara las bases de la neurociencia moderna. Hemos pasado de la teoría neuronal a la teoría de redes neuronales, basada en la actividad de conjuntos de neuronas. Hoy tratamos de conocer qué grupos de neuronas se activan con cada proceso, tanto biológico como cognitivo, para intervenir en ellos con fines terapéuticos. Ya podemos ver, marcar, modificar, borrar —inhibir— y hasta guardar digitalmente, las rutas sinápticas.

Nuevo paradigma: red distribuida

El hasta ahora impenetrable escenario donde todo ocurre se expresa ya en primera persona; gracias a la tecnología, el cerebro nos muestra algunos de sus secretos. Un diálogo que no ha hecho más que empezar.

En los últimos años se han realizado avances espectaculares en tecnologías de imagen, registro funcional, supercomputación y modelado algorítmico, entre otras, que abren nuevas vías para el abordaje de enfermedades del sistema nervioso. Grandes iniciativas internacionales, como la BRAIN Initiative estadounidense o el Human Brain Project europeo, han buscado cartografiar todas las conexiones del cerebro, el conectoma, con el objetivo de conocer tanto su estructura física como sus patrones funcionales. El Human Brain Project (HBP), impulsado por la Unión Europea entre 2013 y 2023, con una destacada participación de investigadores españoles como el neuroanatomista Javier DeFelipe, se propuso construir una plataforma informática capaz de integrar datos, modelos y simulaciones del cerebro humano. Aunque no ha logrado recrear un cerebro completo, el proyecto ha aportado infraestructuras digitales, herramientas de simulación y marcos conceptuales que han acelerado el estudio de las redes cerebrales, su relación con la consciencia y el desarrollo de redes neuronales artificiales. El BRAIN Initiative, por su parte, lanzado en Estados Unidos en 2013 durante la presidencia de Barack Obama e impulsado científicamente por el neurocientífico español Rafael Yuste, ha sido clave en el desarrollo de tecnologías para registrar y modular la actividad de circuitos neuronales.

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Mientras se avanza en la comprensión del sistema al completo, ya se han alcanzado logros que parecían imposibles hace tan solo una década. Como detalla Quian-Quiroga, en su libro ‘Cosas que nunca creeríais: De la ciencia ficción a la neurociencia’: “Implantar una memoria, leer la mente, comunicarse con pacientes en coma, predecir la decisión de una persona segundos antes de que la tome, crear cyborgs o volver a hacer caminar a un paralítico, ya no es una quimera. Es una realidad sólida y verificable que nos tiene deslumbrados a los neurocientíficos”.

El nuevo paradigma ha desplazado el foco desde la neurona individual hacia la actividad coordinada de conjuntos de neuronas, y hoy ya es posible identificar qué grupos de neuronas se activan con cada proceso. Un ejemplo emblemático son las neuronas de concepto, descritas por Quian-Quiroga, que responden a una idea o concepto concreto, muy específico, independientemente del estímulo sensorial —imagen, palabra o sonido— y que ilustran cómo el cerebro representa la información de forma distribuida, abstracta y no localizada en un único punto. Durante unas pruebas clínicas en pacientes con epilepsia a los que se habían implantado electrodos intracraneales, se observó que una neurona respondía siempre a referencias a Jennifer Aniston, y de ahí el nombre con el que se han popularizado.

Una de las funciones que definen nuestra condición de humanos es el proceso de cognición; por ello, las investigaciones están centradas en las funciones cognitivas, como el aprendizaje, la memoria o la formación de recuerdos. Avances experimentales recientes han permitido identificar la base física del recuerdo en el cerebro. Los trabajos de la neurocientífica Mara Dierssen y de otros grupos han demostrado que los recuerdos se sostienen en el llamado engrama, un conjunto específico de neuronas que se activa durante el aprendizaje y vuelve a activarse al recordar. Gracias a técnicas como la optogenética y la farmacogenética, hoy es posible identificar estos circuitos y manipularlos de forma selectiva, de momento en animales, abriendo la puerta tanto al borrado, es decir, a inhibir esa ruta sináptica, como a la recuperación de recuerdos. Se estudia la alteración del engrama en trastornos neurológicos y del neurodesarrollo, como el síndrome de Down o la enfermedad de Alzheimer.

Pero ¿cómo estas técnicas consiguen modificar un recuerdo a voluntad? Sintetizando: observamos qué células se activan al incorporar una nueva información —aprendizaje—, las marcamos, y ya lo tenemos. En modelos animales se ha demostrado que al reactivar exactamente las mismas células, el animal recuerda la información. Para activar o inactivar selectivamente un grupo de neuronas, se introducen proteínas que se activan con luz (optogenética) o que reconocen un fármaco (farmacogenética). Aunque no existen fármacos capaces de borrar engramas específicos, sí hay compuestos que modulan su estabilidad, reactivación y reconsolidación, debilitando recuerdos patológicos o reduciendo su carga emocional. Se utiliza en trauma, adicciones o depresión, con el objetivo, no de olvidar sino de desactivar los circuitos que mantienen el sufrimiento.

El profesor Ignacio Morgado, catedrático emérito de Psicobiología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), nos resume así el estado del avance en neurociencias: “La neurociencia está continuamente descubriendo nuevos detalles del funcionamiento de las neuronas y del cerebro en general, incluyendo características particulares y muy precisas de las grandes enfermedades mentales como el Alzheimer, el Parkinson, la esquizofrenia o el autismo, pero ese conocimiento no nos permite todavía saber cómo prevenirlas o curarlas. La neurociencia de hoy trabaja con una combinación de tecnologías de biología molecular, fisiológicas, farmacológicas y de neuroimágenes, y ahora también con inteligencia artificial; el cerebro humano es tan complejo que solo con la combinación orquestada de esas y otras técnicas podemos seguir avanzando en su conocimiento”. Y añade: “No es descartable que en cualquier momento surjan nuevos conocimientos que nos permitan avances en el desarrollo de terapias para esas grandes enfermedades mentales, pero, por ahora, curar alguna enfermedad mental, especialmente las que, como el Alzheimer, avanzan con la edad de las personas, es el gran reto y objetivo de la neurociencia y la sociedad”.

Más dianas terapéuticas

La convergencia entre neurociencia, tecnologías de observación cerebral e inteligencia artificial permite hoy identificar circuitos alterados, seguir su evolución en el tiempo y definir ventanas terapéuticas más precisas. Tecnologías como la resonancia magnética funcional, el EEG o la PET han hecho posible pasar de correlacionar el síntoma con una región cerebral a la identificación de redes completas implicadas en procesos cognitivos y patológicos. Ya se utiliza en Alzheimer, depresión resistente y epilepsia.

Uno de los consensos a los que se ha llegado es que muchas patologías del sistema nervioso no comienzan con la muerte neuronal, sino con la disfunción sináptica y la alteración de redes. En demencias, por ejemplo, los recuerdos no desaparecen de forma súbita: primero se vuelven inaccesibles porque los circuitos que los sostienen dejan de funcionar de manera coordinada. Este cambio conceptual ha modificado el objetivo terapéutico, que ya no es solo proteger neuronas, sino preservar la función sináptica y la conectividad mientras el cerebro aún conserva plasticidad. El recuerdo se convierte así en una nueva diana terapéutica.

Desde el punto de vista farmacológico, las principales líneas de intervención se dirigen a preservar o modular la función sináptica. Los inhibidores de la acetilcolinesterasa no detienen la neurodegeneración, pero en fases iniciales pueden mejorar el acceso funcional a recuerdos existentes. Los moduladores glutamatérgicos reducen la excitotoxicidad y protegen la integridad sináptica. Los fármacos modificadores de enfermedad, dirigidos frente a las proteínas amiloide y tau, buscan preservar las sinapsis en estadios tempranos. Otras líneas de investigación se centran en la neuroinflamación, los factores tróficos y el metabolismo sináptico.

Conocer el circuito afectado, la sinapsis que falla e incluso la conectómica individual permitirá diseñar fármacos más específicos, con menos efectos secundarios y mayor eficacia. Además, permitirá estratificar pacientes y anticipar quién responderá a una terapia génica, a una neuroprótesis o a una intervención farmacológica concreta.

También han cobrado protagonismo las terapias avanzadas, como el reemplazo celular, con implantes de neuronas derivadas de células madre o injertos de neuronas dopaminérgicas en Parkinson, o las terapias génicas y los oligómeros antisentido, que abren nuevas posibilidades en epilepsias genéticas, ELA y otras enfermedades hasta hace poco intratables.

La neuromodulación cerrada ya es una realidad en el tratamiento de la epilepsia resistente a fármacos: dispositivos implantables detectan la actividad cerebral anómala y la corrigen en tiempo real. Paralelamente, avanzan las interfaces cerebro-máquina y las neuroprótesis, que permiten traducir señales cerebrales en movimiento o lenguaje, abriendo nuevas posibilidades para personas con parálisis o alteraciones de la consciencia.

En este contexto se sitúa el proyecto NeurSpeechXAI, de la Universidad de Granada, cuyo objetivo es desarrollar neuroprótesis capaces de interpretar la intención comunicativa a partir de la actividad cerebral y convertirla en texto o voz sintética. Iniciativas como Neuralink avanzan asimismo en el desarrollo de interfaces implantables que permiten la interacción directa entre el cerebro y dispositivos externos.

Ya hay 12 personas en el mundo con implantes cerebrales Neuralink para el control de brazos robóticos mediante el pensamiento, y su fundador, Elon Musk, ha anunciado para este año su producción en masa. En este contexto de neuromodulación implantable, y según el último análisis de Mordor Intelligence, el mercado global de neuroprótesis atraviesa una fase de expansión acelerada, con un valor estimado de 13.430 millones de dólares en 2025 y una proyección de 23.490 millones en 2030, impulsado por una tasa de crecimiento anual cercana al 12%. Parece claro que el futuro del abordaje terapéutico del sistema nervioso apunta a la integración de fármacos, dispositivos y datos.

Tipo de fármacoPatología y forma de actuar (con ejemplos)
Inhibidores de la acetilcolinesterasaEn demencia (Alzheimer), mejoran la transmisión sináptica colinérgica y el acceso funcional a recuerdos en fases iniciales (donepezilo, rivastigmina, galantamina; en uso clínico).
Moduladores glutamatérgicosEn demencia y epilepsia, reducen la excitotoxicidad y protegen la integridad sináptica (memantina; en uso clínico).
Fármacos modificadores de enfermedad (anti-amiloide / anti-tau)En Alzheimer temprano, buscan preservar la función sináptica al reducir la toxicidad sináptica (anticuerpos anti-amiloide aprobados en algunos países y otros en fases avanzadas de evaluación).
Fármacos pro-plasticidadEn depresión resistente, inducen cambios rápidos en la plasticidad sináptica y reorganización de redes (ketamina/esketamina; uso clínico controlado).
Moduladores de la reconsolidación de la memoriaEn trauma y adicciones, pueden reducir la carga emocional de recuerdos patológicos al interferir en su reactivación (en estudio clínico).
Terapias génicas y oligómeros antisentido (ASO)En epilepsias genéticas y ELA, actúan sobre genes o proteínas implicadas en la formación de circuitos (algunas aprobadas de forma condicionada y otras en ensayo).
Fármacos de soporte en terapias avanzadasEn neuroprótesis y neuromodulación implantable, favorecen la plasticidad sináptica y reducen la neuroinflamación para mejorar la integración funcional (uso complementario).

¿Cómo se forman los recuerdos?

Cuando aprendemos algo, el cerebro recibe una información nueva y decide qué tipo de contenido es y para qué puede servir; evalúa su relevancia y su carga emocional. Si se trata de un hecho o una experiencia consciente —algo que ‘sabemos’ o que ‘nos ha pasado’— se forma una memoria declarativa, que puede ser episódica (experiencias personales) o semántica (conocimientos generales); este tipo de memoria pasa por el hipocampo y después se distribuye en redes de la corteza cerebral. En el hipocampo es donde se forman los recuerdos. Si la información corresponde a una habilidad o a un hábito —como conducir— se consolida como memoria procedimental, sin necesidad de pasar por el hipocampo. Cuando el aprendizaje está ligado a una emoción intensa, como el miedo o el placer, interviene la amígdala, y se forma una memoria emocional, que tiende a fijarse con especial fuerza. Y si la información solo se mantiene durante unos segundos, interviene la memoria de trabajo, vinculada a la corteza prefrontal. Aprendizaje y memoria forman un circuito inseparable.

Los últimos estudios han demostrado que los recuerdos no son registros fijos. Cada vez que se evocan, se reactivan y se reconstruyen, incorporando nueva información y reorganizando las redes que los sostienen. Por eso cambian con el tiempo y por eso pueden debilitarse, transformarse o reaparecer tras haber parecido olvidados.

No todos los recuerdos siguen el mismo circuito. Por eso una persona puede perder la capacidad de formar nuevos recuerdos conscientes —si se lesiona el hipocampo, de modo que no recuerda nada posterior al día de la lesión, como el citadísimo caso del paciente H.M. y argumento de más de una película— y, aun así, seguir aprendiendo habilidades o hábitos. En este proceso intervienen factores clave como la emoción, que, como decíamos, refuerza la huella mnésica, o el sueño, que es fundamental para consolidar los recuerdos. Hoy la memoria no se entiende como un archivo del pasado, sino como un sistema dinámico que anticipa el futuro.

¿Qué somos? ¿Quiénes somos? ¿Qué es la inteligencia, la emoción, la consciencia…?

El mayor reto de la neurociencia es hallar cómo y por qué los procesos físicos del cerebro dan lugar a la experiencia subjetiva: los qualia. Es lo que se llama ‘el problema difícil’, que no es entender cómo el cerebro procesa información, sino cómo de esa actividad emerge la experiencia subjetiva —la vivencia del color, del dolor, del tiempo o de la identidad personal—, y la consciencia de esa experiencia; la sensación de ser nosotros mismos y de pensar sobre nuestros pensamientos. En definitiva, qué nos hace humanos.  

¿Qué sabemos de la consciencia? Qué es, cómo se genera, dónde está y adónde va… Se lo hemos preguntado al profesor Morgado: “La consciencia es el estado de la mente que perdemos al dormir sin soñar o cuando nos anestesian en un quirófano, pero su verdadera naturaleza no la conocemos ni podemos estar seguros de que la podamos conocer con un cerebro como el de los humanos de hoy. No está en ninguna parte porque es un proceso funcional y no algo que pueda situarse en algún lugar. El movimiento, por ejemplo, no está en la rueda, es algo que hace la rueda. Sí sabemos que la consciencia se genera en la parte más desarrollada del cerebro, es decir, en la corteza cerebral, por lo que es posible en todos los animales, particularmente los mamíferos y las aves, que tienen muy desarrollada esa parte del cerebro”.  Sin ir más lejos, los medios generalistas se hacían eco hace unos días del caso de Veronika, una vaca que mostraba comportamientos de reconocimiento, apego y aprendizaje complejos. El rumiante, que ha asombrado a la comunidad científica por el uso flexible de herramientas, ha sido criado como animal de compañía en una finca austríaca; un entorno enriquecido, con estimulación, juego, aire libre e interacción social, parece ser la explicación, según los investigadores de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena. El debate sobre la consciencia animal se ha intensificado en los últimos años.

¿Cuál es el barco de Teseo? Esta clásica paradoja se pregunta por la esencia del ser...

¿Cuál es el barco de Teseo? Esta clásica paradoja se pregunta por la esencia del ser. Si a lo largo del tiempo todas las piezas se van sustituyendo, ¿sigue siendo el mismo barco? Y si con las piezas desechadas se construye un barco en otro puerto, ¿cuál es entonces el barco de Teseo? Hoy, en la era del transhumanismo anunciado, esta fábula cobra actualidad.

Desde 2022, la legislación española reconoce a los animales como seres sintientes, pero los avances en neurociencia sugieren que la frontera entre sentir, aprender y tener una forma básica de experiencia subjetiva podría ser menos nítida de lo que creíamos.

No existe una única definición de inteligencia. Depende del marco —biológico, psicológico o computacional— y del tipo de inteligencia al que nos refiramos —hay hasta ocho—. Desde un punto de vista neurobiológico, la corteza cerebral es clave para las funciones cognitivas superiores: lenguaje, memoria consciente, razonamiento, toma de decisiones o autoconciencia. Para muchos autores, la inteligencia está ligada a la acción —manipulación de herramientas, modificación del entorno—, sin embargo, cada vez hay más consenso en que, como defiende el paleoantropólogo Eudald Carbonell, el gran salto evolutivo no es solo biológico, sino social y cultural. La transmisión acumulativa de conocimiento durante miles de generaciones —lenguaje, técnicas, símbolos— podría explicar el paso de animal a secas a animal racional.

La consciencia está tratando de ser explicada desde distintos ámbitos. Hay teorías, ya desde Penrose, que sugieren que procesos cuánticos en el cerebro (como los microtúbulos neuronales) podrían ser la base de la consciencia. Estas investigaciones exploran cómo la información cuántica podría generar la experiencia subjetiva y la sensación de libre albedrío, aunque son especulativas; estamos lejos de hablar de un ‘cerebro cuántico’. Lo que sí han demostrado estudios recientes de neuroimagen es que la actividad cerebral que conduce a una acción puede detectarse antes de que la persona sea consciente de haber tomado la decisión, lo que cuestiona la noción de libre albedrío.

Con relación a la llamada ‘lucidez terminal’, ésta está descrita y en estudio: son episodios breves de claridad mental en personas con demencia avanzada o daño cerebral poco antes de morir. Algunos pacientes con Alzheimer recobran lucidez de manera transitoria en las horas o días previos al fallecimiento, momentos en los que recuperan brevemente capacidades cognitivas y reconocimiento de personas. El fenómeno podría reflejar una reactivación puntual de redes neuronales y recuerdos que no habían desaparecido, sino que permanecían inaccesibles. Sobre las ECM, experiencias cercanas a la muerte, analizadas por el doctor Manuel Sans Segarra, la neurociencia apunta a explicaciones basadas en la activación de redes de memoria, emoción y consciencia bajo condiciones extremas. La aportación de Sans Segarra sobre una consciencia no local o supraconsciencia, hasta el momento, no ha sido demostrada.

La irrupción de las interfaces cerebro-máquina abre un escenario inédito en el que se está desdibujando el límite entre lo biológico y lo artificial. Este horizonte plantea preguntas como: ¿qué ocurre con la identidad cuando la mente puede ser ampliada o sustituida? ¿Dónde empieza y dónde termina el yo? El transhumanismo avanza mientras la inteligencia artificial todavía tiene muchos retos en su objetivo de imitar a un humano. Entre ellos, uno clave: el cerebro realiza sus ‘cálculos’ con una eficiencia energética muy superior a la de las máquinas actuales, lo que sugiere que reproducir la inteligencia humana podría requerir no solo más potencia de cálculo, sino sistemas biológicos o híbridos que imiten su modo de procesar la información. Como ha señalado Bill Gates, “la inteligencia humana no consiste solo en acumular datos, sino en conectar experiencias, intuición, emoción y conocimiento práctico, una cualidad que sigue siendo difícil de replicar en las máquinas”.

Epílogo

“El mejor regalo que me hizo mi padre fue… la pobreza”, Roberto Benigni.

Las palabras que el director del filme ‘La vida es bella’ pronunció al recoger el Oscar a mejor director en 1999 muestran cómo el significado que damos a lo que tenemos (o no tenemos) y las expectativas que construimos condicionan la experiencia de vivir y determinan nuestra satisfacción vital. El discurso proseguía: “Éramos cinco: mis padres, mis dos hermanas y yo. Solo teníamos una cama. Dormíamos todos juntos. En nuestra miseria… ¡éramos príncipes!”.

En las últimas décadas, en las sociedades occidentales, el nivel de vida ha aumentado de forma sostenida, pero también lo han hecho la depresión, la ansiedad, el consumo de psicofármacos y la sensación de vacío vital. La OMS habla de la depresión como una de las principales causas de discapacidad global. En países ricos, el suicidio y los trastornos mentales afectan cada vez más a clases medias y altas, y estudios de bienestar muestran que el aumento de ingresos no se traduce linealmente en mayor felicidad, lo que se llama la paradoja de Easterlin.

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¿Y qué dice la neurociencia? Pues que el cerebro humano no está diseñado para la acumulación indefinida de bienes, sino para aprender, anticipar y encontrar propósito. Aprender es una necesidad biológica: cada experiencia modifica las conexiones neuronales y da forma a nuestra identidad. Cuando la vida pierde significado, el sistema que sostiene la motivación, la emoción y la memoria se desajusta. En felicidad, lo más determinante es la personalidad —rasgos innatos y biológicos—, no el carácter —parte aprendida y moldeada por la experiencia, la educación y la cultura—. Parece haber consenso, tanto desde la psicología como desde la genética del comportamiento, en que aproximadamente un 40-50% de la predisposición a la felicidad es heredable, un 10% depende de las circunstancias externas —de lo que a uno le pasa— y el resto, un 40-50%, de hábitos, interpretación y conducta. Se sabe que las expectativas no realistas y factores psicológicos como el ego y el apego distorsionan nuestra percepción del bienestar. Pero el propósito vital y tener alineados valores, expectativas y acciones —pensamiento, emoción y acción— se erigen en pilares clave para el bienestar psicológico. La comparación, el exceso de estímulos o la productividad autoimpuesta —como explora Byung-Chul Han en su obra ‘La sociedad del cansancio’—, generan un desgaste emocional que lleva a la enfermedad —depresión— como respuesta al entorno. La depresión causa la pérdida de conexiones sinápticas y una reducción de la sustancia gris cerebral, lo que incrementa el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.

Entretanto, tenemos entre manos una realidad acuciante que atender. Nunca antes los jóvenes habían tenido tantas oportunidades materiales y, al mismo tiempo, tantos indicadores de malestar psicológico. Un entorno que no genera confianza priva de tomar decisiones vitales en verdadera libertad. Diversos estudios sociológicos muestran que una parte creciente de los jóvenes está dispuesta a priorizar la seguridad y la estabilidad a costa de parte de su libertad, un síntoma de la inseguridad vital y del clima de incertidumbre de las sociedades contemporáneas. Desde el punto de vista neurobiológico, en contextos de incertidumbre, el cerebro humano tiende a privilegiar la seguridad frente a la exploración. Aunque emoción y razón actúan siempre de forma conjunta, la inseguridad y el miedo activan la amígdala, el cerebro emocional, y está demostrado que en ese estado se toman peores decisiones —menos reflexivas y menos racionales—. Le hemos preguntado al profesor Morgado hasta qué punto estos nuevos conocimientos neurobiológicos están transformando la psicología como ciencia y como práctica profesional, a lo que responde: “Las técnicas de investigación en neurociencia son cada día más refinadas y complejas, requiriendo, como decimos, la colaboración de especialistas diversos y de centros dotados de tecnología avanzada. No obstante, muchas de las técnicas que utiliza la psicología no requieren de conocimientos neurocientíficos profundos y pueden seguir funcionando mientras la neurociencia avanza con nuevas aportaciones que pudieran requerirlos. Desde la epidemia del COVID, la psicología profesional ha ganado reputación y realiza un gran trabajo en relación con alteraciones mentales frecuentes como las dificultades en el aprendizaje, el estrés o las adicciones a drogas u otros consumos del mundo moderno”.

Por lo que respecta al ámbito educativo, la aportación de la neurociencia es todavía modesta; esta disciplina, como advierte Ignacio Morgado, “lo que viene haciendo o puede hacer hoy es explicar por qué funcionan los buenos procedimientos educativos y por qué no funcionan los malos”. En cuanto a estimulación temprana, la investigación en neurodesarrollo muestra que aquellas basadas en el movimiento, el contacto físico y la relación cercana y receptiva con los adultos —como el gateo, la psicomotricidad fina, la lactancia o el método canguro— se asocian a una modulación favorable de los circuitos neuronales implicados en la percepción y la acción, así como de los sistemas emocionales y de regulación del estrés. Por el contrario, las intervenciones que inhiben la respuesta al malestar temprano —como el método Estivill tan popular en los años noventa— no han demostrado beneficios neuroestructurales y sí se han vinculado a un aumento del estrés y a alteraciones en los procesos de apego. En cualquier caso, “los grandes y buenos maestros de siempre —concluye Morgado—, desde Aristóteles hasta nuestros días, han conocido y utilizado las mejores técnicas de enseñanza y aprendizaje sin tener conocimientos de neurociencia. Lo bueno del cerebro es que puede usarse provechosamente incluso sin saber bien cómo funcionan sus neuronas y circuitos. A quien tiene que afrontar un complejo mundo educativo, como el de la adolescencia, le puede ser más útil recurrir a la experiencia profesional, es decir, a la de los buenos maestros y educadores, que tratar de darse un complicado baño de neurociencia, lo cual, como decimos, puede servir sobre todo para justificar científicamente lo que funciona y lo que no en el mundo de la educación, pero no siempre para solucionar problemas de naturaleza muy complicada que, además de biológicos, son también sociales”.

Y es que somos muy complejos. A veces, incluso inexplicables. Los científicos dudan de que algún día se pueda conocer por completo el funcionamiento del cerebro. Ellos son más conscientes que nadie de la magnitud de este reto. Queremos curar enfermedades, entender quiénes somos y entender a nuestros semejantes, saber por qué tenemos sensación de identidad, si el libre albedrío es real o si la consciencia puede no necesitar soporte físico. Pero no podemos comprender más allá de lo que nuestro cerebro está capacitado biológicamente para concebir o nuestros sentidos para percibir.

Como individuos, el conocimiento nos muestra la inmensidad del saber, y esa toma de conciencia nos sume en una experiencia de pequeñez, de granito de arena, de saber que no sabemos nada, que, paradójicamente, nos infla de una especie de gratitud vital.

Y es que querer comprender cómo funciona el cerebro es como querer tener todo el conocimiento del Universo en nuestras manos. Tal vez esa pulsión, la de querer saber, sea aquel aleteo de mariposa que, en algún momento de la evolución, marcó la diferencia entre un destino de extinción y otro de supervivencia.

En cualquier caso, hoy, como siempre, el hombre continúa… en busca de sentido.

Nuevo marco regulatorio del cannabis medicinal

Cannabis medicinal. Nuevo marco regulatorio
CANNABIS MEDICINAL
“Llegamos 25 años tarde”, profesor Manuel Guzmán, Universidad Complutense de Madrid

Cannabis sativa, una especie vegetal que produce decenas de compuestos farmacológicamente activos, algunos con potencial terapéutico ampliamente documentado. Sus efectos sobre el sistema nervioso central —analgésicos, antieméticos, ansiolíticos o moduladores del apetito— se han aprovechado en distintas patologías, especialmente en aquellas que cursan con dolor crónico y no responden a otros tratamientos analgésicos.
Desde que el químico estadounidense Roger Adams identificara los primeros cannabinoides en los años 40, y que en 1964 el profesor israelí Raphael Mechoulam aislara y caracterizara el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC), los avances científicos se sucedieron hasta culminar con la aprobación por la FDA de los primeros medicamentos cannabinoides en 1985. En el año 2000, Canadá fue el primer país en poner en marcha un programa nacional de cannabis medicinal.
En España, la regulación del uso terapéutico del cannabis es inminente; el borrador del Real Decreto está a la espera de luz verde por parte de las autoridades europeas. Presentado por el Ministerio de Sanidad el pasado febrero, el documento, cuyo ámbito de regulación son las “fórmulas magistrales a partir de preparados estandarizados de cannabis” —cita el texto—, nace con algunas limitaciones: solo se permitirá la dispensación en farmacia hospitalaria, y quedará restringida a indicaciones muy concretas como el dolor crónico, los vómitos asociados a quimioterapia o la espasticidad en esclerosis múltiple, y no será opción de primera línea. Tampoco contempla programas de dispensación y, como vías de administración, quedan fuera la inhalación y las aplicaciones tópicas. Asimismo, no se permite el uso de flores.
Fibromialgia, insomnio, pérdida de apetito, ansiedad, depresión leve, anhedonia… son algunos de los síntomas habituales en pacientes oncológicos o con enfermedades neurológicas. Pacientes que esperaban poder reducir el número de fármacos —analgésicos, antiinflamatorios, hipnóticos, antidepresivos— mediante un enfoque personalizado basado en preparados de cannabis, no quedarán cubiertos por la normativa. “Tendrán que seguir acudiendo al mercado negro”, sentencia Manuel Guzmán, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid.
En cualquier caso, la futura normativa viene a cubrir una necesidad real largamente reivindicada por pacientes, profesionales sanitarios e investigadores: estandarizar el tipo de producto y la concentración de principios activos, actualizar el tratamiento de patologías no cubiertas y la normalización de estos preparados. El aspecto más relevante de la ley es que promoverá la estandarización de los compuestos, condición indispensable para impulsar ensayos clínicos, documentar sus efectos sobre el organismo y mejorar la seguridad en su uso. Porque la precisión —dosis, variedad, condiciones de cultivo, método de extracción, formulación, etc.— marca la diferencia. El control sobre lo que se administra, la precisión en cada fase, no es fácil —ocurre con la mayoría de compuestos no sintéticos—, pero es imprescindible para avanzar en generar conocimiento. Solo que el tiempo corre… Y de distinta manera para los pacientes que sufren, que para el resto.
Mónica Daluz / pdf

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ACTUALIDAD

“Llegamos 25 años tarde”, profesor Manuel Guzmán, Universidad Complutense de Madrid

Nuevo marco regulatorio del cannabis medicinal

Mónica Daluz
Periodista especializada
21/07/2025

Cannabis sativa, una especie vegetal que produce decenas de compuestos farmacológicamente activos, algunos con potencial terapéutico ampliamente documentado. Sus efectos sobre el sistema nervioso central —analgésicos, antieméticos, ansiolíticos o moduladores del apetito— se han aprovechado en distintas patologías, especialmente en aquellas que cursan con dolor crónico y no responden a otros tratamientos analgésicos. Desde que el químico estadounidense Roger Adams identificara los primeros cannabinoides en los años 40, y que en 1964 el profesor israelí Raphael Mechoulam aislara y caracterizara el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC), los avances científicos se sucedieron hasta culminar con la aprobación por la FDA de los primeros medicamentos cannabinoides en 1985. En el año 2000, Canadá fue el primer país en poner en marcha un programa nacional de cannabis medicinal. En España, la regulación del uso terapéutico del cannabis es inminente; el borrador del Real Decreto está a la espera de luz verde por parte de las autoridades europeas. Presentado por el Ministerio de Sanidad el pasado febrero, el documento, cuyo ámbito de regulación son las “fórmulas magistrales a partir de preparados estandarizados de cannabis” —cita el texto—, nace con algunas limitaciones: solo se permitirá la dispensación en farmacia hospitalaria, y quedará restringida a indicaciones muy concretas como el dolor crónico, los vómitos asociados a quimioterapia o la espasticidad en esclerosis múltiple, y no será opción de primera línea. Tampoco contempla programas de dispensación y, como vías de administración, quedan fuera la inhalación y las aplicaciones tópicas. Asimismo, no se permite el uso de flores. Fibromialgia, insomnio, pérdida de apetito, ansiedad, depresión leve, anhedonia… son algunos de los síntomas habituales en pacientes oncológicos o con enfermedades neurológicas. Pacientes que esperaban poder reducir el número de fármacos —analgésicos, antiinflamatorios, hipnóticos, antidepresivos— mediante un enfoque personalizado basado en preparados de cannabis, no quedarán cubiertos por la normativa. “Tendrán que seguir acudiendo al mercado negro”, sentencia Manuel Guzmán, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid. En cualquier caso, la futura normativa viene a cubrir una necesidad real largamente reivindicada por pacientes, profesionales sanitarios e investigadores: estandarizar el tipo de producto y la concentración de principios activos, actualizar el tratamiento de patologías no cubiertas y la normalización de estos preparados. El aspecto más relevante de la ley es que promoverá la estandarización de los compuestos, condición indispensable para impulsar ensayos clínicos, documentar sus efectos sobre el organismo y mejorar la seguridad en su uso. Porque la precisión —dosis, variedad, condiciones de cultivo, método de extracción, formulación, etc.— marca la diferencia. El control sobre lo que se administra, la precisión en cada fase, no es fácil —ocurre con la mayoría de compuestos no sintéticos—, pero es imprescindible para avanzar en generar conocimiento. Solo que el tiempo corre… Y de distinta manera para los pacientes que sufren, que para el resto.

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Compuestos cannabionides

La planta del cannabis, como cualquier otra especie vegetal, produce diversas sustancias con las que adaptarse a las condiciones del entorno. Como la mayoría de los metabolitos secundarios farmacológicamente activos de las plantas, el THC está involucrado en el mecanismo de autodefensa del vegetal. “De entre todas las plantas, Cannabis sativa ha desarrollado unos compuestos que, por pura casualidad, ejercen acciones farmacológicas en nuestro organismo. Estos compuestos son los cannabinoides, y entre ellos destaca de forma clara el THC, el principal responsable de los efectos terapéuticos, pero también de los efectos psicoactivos del cannabis”, explica el profesor Guzmán, pionero en el estudio de los compuestos cannabinoides.

Estas sustancias interactúan con el sistema endocannabinoide humano (descrito en 1992 y conservado evolutivamente en los vertebrados). Nuestro organismo produce endocannabinoides, como la anandamida (AEA) y el 2-araquidonilglicerol (2-AG), estructuralmente similares al delta-9-tetrahidrocannabinol (THC). Como subraya Guzmán: “El THC no actúa por arte de magia: nuestro cuerpo está preparado para recibirlo”.

Los cannabinoides endógenos (o endocanabinoides) regulan múltiples procesos fisiológicos, incluyendo la nocicepción, la homeostasis energética, la neurogénesis, la plasticidad sináptica, el estado de ánimo, la respuesta inmunitaria y el ciclo sueño-vigilia. Un desequilibrio en la señalización endocannabinoide se ha vinculado a diversas condiciones patológicas, como trastornos del estado de ánimo, epilepsia resistente a fármacos, dolor crónico y enfermedades inflamatorias y neurodegenerativas. Además, el sistema endocannabinoide ejerce un papel neuroprotector modulando la inflamación, el estrés oxidativo y la excitabilidad neuronal.

Los efectos de estas sustancias se producen a través de dos receptores principales: el receptor cannabinoide tipo 1 (CB1), localizado sobre todo en el sistema nervioso central, y el receptor tipo 2 (CB2), presente básicamente en células del sistema inmunitario. Ambos receptores pueden activarse tanto por los endocannabinoides que producimos de forma natural —como la anandamida y el 2-AG— como por cannabinoides externos, como el THC de la planta del cannabis. Estas moléculas actúan sobre los mismos receptores y desencadenan respuestas similares, lo cual explica por qué los compuestos del cannabis pueden imitar o modular funciones propias del sistema endocannabinoide; esta interacción es en la que se basa su potencial terapéutico en diversas patologías, y en ella se focalizan las investigaciones.

Existen otros compuestos relevantes, el CBD en particular, que ha cobrado protagonismo entre la población, con la proliferación de establecimientos que venden productos derivados. Guzmán explica que al CBD se le han atribuido propiedades sobredimensionadas: “Aunque útil en epilepsias infantiles resistentes y como ansiolítico moderado, no tiene una base farmacológica tan sólida como el THC. El THC sigue siendo el componente con mayor relevancia clínica y científica del cannabis medicinal”. Incluso el postulado que ha sustentado en los últimos años el desarrollo de formulaciones combinadas de THC y CBD —según el cual el cannabidiol (CBD) mitiga o antagoniza los efectos psicoactivos del tetrahidrocannabinol (THC)— está siendo revisado.

Los preparados cannabinoides se clasifican en tres grandes grupos: compuestos puros (como la nabilona o el dronabinol), extractos estandarizados (como los fármacos aprobados Sativex o Epidiolex, y objeto de la nueva normativa) y cannabis herbal. La vía oral sigue siendo la más extendida, pero se abre paso el uso por vía oromucosal o vaporizada, especialmente útil en casos donde se requiere un efecto rápido, como el dolor agudo o crisis convulsivas. La legislación, sin embargo, solo contempla la vía oral, en la que la sustancia debe realizar un largo viaje a través del organismo hasta llegar a los receptores que han de generar el efecto buscado. Cannabis sativa ya ha mostrado su potencial; a partir de ahora, aprovecharlo dependerá de cómo se regule su uso.

La Sociedad Española del Dolor aboga por una regulación del cannabis terapéutico que garantice la seguridad...

La Sociedad Española del Dolor aboga por una regulación del cannabis terapéutico que garantice la seguridad, la eficacia y el acceso de los pacientes que lo necesiten, especialmente en casos de dolor crónico neuropático refractario y oncológico.

Posiciones y argumentos

“Cuatro millones y medio de personas en España sufren dolor difícil de tratar, y la mitad de ellas acaba en unidades de dolor crónico”. El dato lo daba el Dr. Jesús de Santiago, especialista en anestesiología, reanimación y tratamiento del dolor, en la introducción de su ponencia durante la conferencia sobre regulación del cannabis medicinal ‘Propuesta de regulación del cannabis: ¿qué hay que saber?’, celebrada en el marco de Infarma Barcelona 2025 el pasado marzo, y moderada por el vocal de plantas medicinales del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona (COFB), Josep Allué.

El proceso regulador del cannabis medicinal comenzó en octubre de 2021 con la creación de una subcomisión en el Congreso de los Diputados. En junio de 2022 se elaboró un documento sometido a consulta en dos ocasiones, y este se halla actualmente en revisión por parte de la Unión Europea. Se prevé que la normativa se apruebe en las próximas semanas. El borrador ha venido permitiendo el uso de estos compuestos en unidades del dolor, en determinadas circunstancias, pero la falta de estandarización de estas sustancias ha conferido un marco de inseguridad legal, así como de incerteza sobre las concentraciones de los preparados y, por tanto, la evaluación de sus efectos en el paciente. Sin estandarización no hay reproducibilidad, primera premisa del método científico.

El Dr. Jesús de Santiago, director de las Unidades de Dolor MIVI Canarias y coordinador del grupo de trabajo de cannabinoides de la Sociedad Española del Dolor, expuso el posicionamiento de la SED sobre los medicamentos basados en cannabinoides (MdC). La Sociedad aboga por una regulación del cannabis terapéutico que garantice la seguridad, la eficacia y el acceso de los pacientes que lo necesiten, especialmente en casos de dolor crónico neuropático refractario, y oncológico. El ponente señaló las indicaciones de mayor evidencia científica: el dolor crónico neuropático (un tipo específico de dolor crónico que se origina por una lesión o disfunción del sistema nervioso), el dolor oncológico, la endometriosis y el dolor nociplástico (como la fibromialgia). El facultativo explicó que estos compuestos se recomiendan como tratamiento de tercera línea para el dolor neuropático crónico, y que pueden utilizarse en otros tipos de dolor refractarios a tratamientos convencionales, mediante un ensayo terapéutico personalizado.

“Los especialistas en dolor, neurología y neurorrehabilitación pueden prescribir cannabis medicinal, que se dispensa en farmacias hospitalarias en forma de fórmulas magistrales estandarizadas”. Así lo explicó Eduardo López, jefe de sección en el servicio de farmacia del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, quien enfatizó la importancia del Real Decreto para estandarizar productos y concentraciones de principios activos, mejorar el conocimiento clínico y educar a pacientes y profesionales sanitarios. En este sentido, el Dr. López afirmó: “Necesitamos saber qué estamos utilizando, en qué concentración y en qué dosis. Solo así podremos generar conocimiento clínico riguroso; si no sabemos qué estamos dando, no podemos saber si funciona”. El especialista también apuntó que “la inhalación de marihuana, por ejemplo, no permite medir con precisión la dosis administrada, lo cual dificulta su estudio en ensayos clínicos”.

A la estandarización se suma otra reivindicación clave: la necesidad de crear un registro clínico nacional que permita evaluar la eficacia de los tratamientos en condiciones reales. Los distintos actores también reclaman que el acceso al cannabis medicinal no esté condicionado por el lugar de residencia del paciente; en algunos territorios se ha iniciado la formación de profesionales, pero otros carecen de protocolos o estructuras para su implementación. En definitiva: mecanismos claros de trazabilidad, formación específica y registro de resultados.

El Real Decreto busca permitir el uso de extractos estandarizados, sustancias puras y preparados de cannabis bajo un control farmacológico riguroso. Sin embargo, su enfoque limitado ha sido criticado por colectivos de pacientes, profesionales médicos y, de forma especialmente contundente, por la farmacia comunitaria. Una de las principales objeciones del colectivo farmacéutico es su exclusión del circuito de dispensación, reservado tan solo a hospitales. “Tenemos una red de más de 22.000 farmacias en España, con personal cualificado y experiencia en la formulación de estupefacientes. No tiene sentido limitar el acceso a hospitales”, señaló Elena Manso, vocal de Formulación Magistral del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid. “Somos expertos en estupefacientes. Ya dispensamos morfina, fentanilo o incluso cocaína en fórmulas magistrales, y con trazabilidad y seguridad garantizadas”, añadió.

Desde la farmacia comunitaria se reivindica la capacidad de participar activamente tanto en la formulación como en el seguimiento farmacoterapéutico de los tratamientos con cannabis medicinal. Esta implicación ampliaría el acceso en zonas rurales o alejadas de centros hospitalarios. “Tenemos una red capilar impresionante. En muchos municipios hay farmacia pero no hay centro de salud”, advirtió la representante de los boticarios, y lo ilustró así: “Según datos de la Comunidad de Madrid, el 99,8 % de los municipios cuentan con oficina de farmacia, mientras que 68 localidades carecen de consultorio médico.”

“Disponemos de laboratorios certificados, personal especializado y experiencia en formulación magistral. El seguimiento del paciente desde la farmacia es un plus que puede reforzar la seguridad del tratamiento”, insistió Manso. Esta postura contó con el respaldo de las asociaciones de pacientes. “Confiamos en las farmacias comunitarias para acceder a un tratamiento seguro y con seguimiento”, afirmó Javier Miravete, presidente de la Unión de Pacientes por la Regulación del Cannabis Medicinal.

Los especialistas en dolor...

Los especialistas en dolor, neurología y neurorrehabilitación pueden prescribir cannabis medicinal y los pacientes pueden adquirirlo en farmacias hospitalarias en forma de fórmulas magistrales estandarizadas.

¿Qué aporta la nueva Normativa?

La aprobación del Real Decreto sobre el uso medicinal del cannabis supone el establecimiento de un marco legal específico que regulará la elaboración y dispensación de fórmulas magistrales a base de cannabis, garantizando que solo se prescriban en indicaciones clínicas con evidencia científica de beneficio, como la esclerosis múltiple con espasticidad, epilepsia refractaria, dolor crónico no controlado y náuseas derivadas de tratamientos oncológicos. Además, se contempla la creación de un registro oficial de preparados estandarizados en la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), lo que permitirá un control riguroso de la calidad y trazabilidad, asegurando que los pacientes reciban productos seguros, controlados y libres de contaminantes.

Otro de los avances significativos será facilitar el acceso a tratamientos a pacientes con enfermedades graves o incapacitantes, que hasta ahora solo podían recurrir al cannabis terapéutico en un limbo legal, bien a través del autocultivo, asociaciones cannábicas, etc. En este sentido, el decreto también permitirá dejar de considerar como infractores a los pacientes que utilizan cannabis con fines terapéuticos, legitimando su uso dentro del sistema sanitario y protegiendo tanto a médicos como a pacientes. Por otro lado, el entorno regulado abrirá la puerta al desarrollo de ensayos clínicos sólidos, permitiendo impulsar la investigación científica sobre cannabinoides con estándares de calidad comparables a los de otros fármacos. En definitiva, esta normativa busca ofrecer mayor seguridad clínica, respaldo legal y evidencia científica en torno a unos compuestos cuyo potencial terapéutico ya está siendo avalado en distintos contextos médicos.

¿Y qué se queda fuera?

El borrador del decreto deja fuera muchas patologías donde los pacientes ya encuentran beneficio, como la fibromialgia, la ansiedad, el insomnio, el estrés postraumático o las migrañas. “Se queda corto, no resolverá los problemas reales de los pacientes, solo una parte muy concreta”, nos explica Guzmán. La opinión general de los sectores implicados coincide en valorar que el alcance de la normativa no se corresponde con las necesidades reales detectadas en la práctica clínica.

El representante de la farmacia hospitalaria, Dr. López, señaló durante su ponencia en Infarma’25, que “la presión social ha puesto de manifiesto que existen indicaciones terapéuticas no cubiertas por los medicamentos actualmente autorizados”. Y prosiguió: “Existe aún miedo por parte de los médicos. Esa distancia ha sido un punto clave: a pesar de que la legislación permite el uso de medicamentos fuera de ficha técnica, la ausencia de una regulación específica genera inseguridad y frena a muchos profesionales. Existe todavía un cierto miedo a prescribir según qué preparados, y probablemente el cannabis acabe engrosando esa lista”, añadió.

Como hemos comentado, la farmacia comunitaria ha sido excluida del circuito de dispensación, pese a su capilaridad y experiencia en fórmulas magistrales con sustancias controladas. Otro punto ciego de la normativa es la falta de referencia a productos de cannabis no psicoactivos actualmente en circulación, como aceites de CBD o suplementos con bajo contenido en THC. Aunque de libre acceso, siguen siendo un limbo legal, sin control de calidad oficial ni verificación de su contenido. Algunos expertos proponen que la ley contemple mecanismos para regular este mercado emergente y ofrecer garantías mínimas al consumidor.

“La normativa española, si se aprueba en 2025, llegará con 25 años de retraso”, afirma el profesor Guzmán. Y es que Canadá, ya en el año 2000, fue el primer país en poner en marcha un programa nacional de cannabis medicinal. La experiencia internacional demuestra que el cannabis medicinal no sustituye a los tratamientos convencionales, pero puede complementarlos. Alemania, Israel y Países Bajos han desarrollado programas más flexibles que contemplan indicaciones más amplias, permiten fórmulas adaptadas y habilitan la participación de farmacias comunitarias. Su uso permite reducir otras medicaciones más peligrosas (opioides, psicotrópicas —como las benzodiacepinas—, etc.). “Su combinación de efectos modestos en varios síntomas puede traducirse en una gran mejora global en la calidad de vida del paciente”, valora el profesor Guzmán, quien advierte que “sin programas de seguimiento estructurados, como los que ya funcionan en algunos países europeos, la mayor parte de los pacientes seguirá sin acceso legal a estos principios activos”. El profesor subraya, sin embargo, que “aunque estos preparados tienen limitaciones, se adaptan mucho mejor a las necesidades reales de los pacientes y suponen una herramienta fundamental para tratar enfermedades crónicas y debilitantes. Los cannabinoides no lo curan todo —advierte Guzmán—, pero cuando se combinan sus efectos sobre el ánimo, el sueño, el dolor, el apetito y la motivación vital, el resultado es una mejora integral de la calidad de vida”.

Desde el colectivo de la farmacia comunitaria se reivindica la capacidad de participar activamente tanto en la formulación como en el seguimiento...

Desde el colectivo de la farmacia comunitaria se reivindica la capacidad de participar activamente tanto en la formulación como en el seguimiento farmacoterapéutico de los tratamientos con cannabis medicinal.

Cannabinoides: ¿neuroprotectores o desencadenantes psiquiátricos?

El cannabis y sus compuestos activos presentan una dualidad que ha generado debate científico y clínico: mientras que algunos cannabinoides como el THC han demostrado efectos neuroprotectores en modelos de enfermedades como el Alzheimer o la esclerosis múltiple, su consumo —especialmente en contextos no médicos— se ha vinculado a un mayor riesgo de ansiedad, síntomas psicóticos y trastornos como la esquizofrenia.

El sistema endocannabinoide actúa como modulador clave del equilibrio cerebral. Al interactuar con él, los cannabinoides pueden tener efectos beneficiosos o perjudiciales según múltiples factores: la edad del consumidor, la dosis, la frecuencia de uso y la susceptibilidad genética. “En adolescentes, cuyo cerebro aún está en desarrollo, el THC puede alterar procesos de maduración neurológica y aumentar el riesgo de trastornos psiquiátricos, si se tiene predisposición genética. En adultos, y en dosis controladas, estos riesgos son considerablemente menores”, puntualiza el profesor Guzmán. Y prosigue: “La evidencia no respalda que el cannabis cause esquizofrenia por sí solo, pero sí puede adelantar su aparición en personas predispuestas”.

La clave para un uso medicinal seguro del cannabis reside en un enfoque personalizado, clínicamente supervisado y con formulaciones que equilibren adecuadamente los principios activos.

Lo que la Ley no regula: el cultivo, la tenencia y el consumo recreativo. Sobre este último, Guzman hace hincapié en la conveniencia de que los adolescentes tengan acceso a información veraz, científicamente contrastada. En sus clases de biología molecular explica a sus alumnos que en esta etapa su sistema nervioso no está aún formado y deben abstenerse de consumirlo o usarlo con moderación. “Ya saben que si les dicen que fumando marihuana desarrollarán una enfermedad psiquiátrica, no es verdad”. Su consejo es que si alguna vez desean consumir de forma lúdica, lo hagan moderada y responsablemente en su etapa adulta, con vidas asentadas, satisfactorias, saludables y descartando antecedentes psiquiátricos, traumas o predisposición genética. En definitiva, les sugiere: “Que esperen y entonces se lo piensen”.

Alergias y adaptación al medio

Alergias y adaptación al medio
ALERGIAS 

La alergología personalizada de precisión impulsa el mercado farmacéutico 

Hace tan solo algunas décadas, la prevalencia de las alergias era residual, aunque las referencias sobre su existencia datan de hace siglos. Pero hoy, el medio nos está poniendo muy difícil mantener el equilibrio de nuestro organismo, comprometiendo a diario la salud humana. Especialmente en Occidente, donde los cambios epigenéticos suceden a todo ritmo.
Cientos de compuestos con los que entramos en contacto modifican nuestras ‘instrucciones’ originales -también las de los organismos que nos cohabitan- y el sistema inmunológico recibe extraños mensajes a los que responde situándose a la defensiva. Entonces inicia el ataque sobre alguna proteína de algo tan inofensivo como, por ejemplo, un melocotón… Pero también la excesiva asepsia, o el error en las recomendaciones pediátricas de retrasar la exposición del bebé a potenciales alérgenos alimentarios; hoy se recomienda adelantarla.
Y aunque en el ámbito de las alergias la genética también manda -y mucho-, la realidad es que nadie nace alérgico, y el alérgeno (aquello a lo que el sistema inmunológico reacciona, produciendo el anticuerpo inmunoglobulina E -IgE-) “siempre es un factor externo a nuestro organismo con el que entramos en contacto, y la reacción alérgica, una anomalía del sistema inmunológico”, apunta el Dr. Joan Bartra, jefe del servicio de Alergología del Hospital Clínic de Barcelona. La clave está en hallar, en cada caso, los factores desencadenantes.
La inmunoterapia con alérgenos (utilizada en patologías respiratorias), las llamadas ‘vacunas de la alergia’, ha venido demostrando e incrementando su eficacia, siendo hoy el único tratamiento que modifica el desarrollo de la enfermedad. Ahora vienen a añadirse nuevas y avanzadas técnicas de análisis molecular, que permiten determinar qué molécula produce la sintomatología a un paciente, y afinar así en la diana terapéutica. Nos dirigimos hacia una inmunoterapia a la carta.
La desensibilización -utilizada para la alergia a fármacos y alimentaria-, aunque más lenta, también está mejorando la calidad de vida de los pacientes. Las vacunas recombinantes, que utilizan alérgenos de síntesis para restablecer la regulación inmunológica; los biomarcadores; las técnicas de micromatrices, y las tecnologías ómicas están revolucionando el abordaje de las enfermedades alérgicas. En este contexto, las expectativas del mercado de vacunas y de nuevos fármacos biológicos son de altos crecimientos. Solo el mercado mundial de vacunas se estima que supere los 3.000 millones de dólares en 2031. Y la industria de inmunoterapia específica española ha venido a posicionarse como una de las más avanzadas a nivel internacional.
 Mónica Daluz / pdf

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ACTUALIDAD

La alergología personalizada de precisión impulsa el mercado farmacéutico

Alergias y adaptación al medio

Mónica Daluz
Periodista especializada
19/02/2025

Hace tan solo algunas décadas, la prevalencia de las alergias era residual, aunque las referencias sobre su existencia datan de hace siglos. Pero hoy, el medio nos está poniendo muy difícil mantener el equilibrio de nuestro organismo, comprometiendo a diario la salud humana. Especialmente en Occidente, donde los cambios epigenéticos suceden a todo ritmo. Cientos de compuestos con los que entramos en contacto modifican nuestras ‘instrucciones’ originales -también las de los organismos que nos cohabitan- y el sistema inmunológico recibe extraños mensajes a los que responde situándose a la defensiva. Entonces inicia el ataque sobre alguna proteína de algo tan inofensivo como, por ejemplo, un melocotón… Pero también la excesiva asepsia, o el error en las recomendaciones pediátricas de retrasar la exposición del bebé a potenciales alérgenos alimentarios; hoy se recomienda adelantarla. Y aunque en el ámbito de las alergias la genética también manda -y mucho-, la realidad es que nadie nace alérgico, y el alérgeno (aquello a lo que el sistema inmunológico reacciona, produciendo el anticuerpo inmunoglobulina E -IgE-) “siempre es un factor externo a nuestro organismo con el que entramos en contacto, y la reacción alérgica, una anomalía del sistema inmunológico”, apunta el Dr. Joan Bartra, jefe del servicio de Alergología del Hospital Clínic de Barcelona. La clave está en hallar, en cada caso, los factores desencadenantes. La inmunoterapia con alérgenos (utilizada en patologías respiratorias), las llamadas ‘vacunas de la alergia’, ha venido demostrando e incrementando su eficacia, siendo hoy el único tratamiento que modifica el desarrollo de la enfermedad. Ahora vienen a añadirse nuevas y avanzadas técnicas de análisis molecular, que permiten determinar qué molécula produce la sintomatología a un paciente, y afinar así en la diana terapéutica. Nos dirigimos hacia una inmunoterapia a la carta. La desensibilización -utilizada para la alergia a fármacos y alimentaria-, aunque más lenta, también está mejorando la calidad de vida de los pacientes. Las vacunas recombinantes, que utilizan alérgenos de síntesis para restablecer la regulación inmunológica; los biomarcadores; las técnicas de micromatrices, y las tecnologías ómicas están revolucionando el abordaje de las enfermedades alérgicas. En este contexto, las expectativas del mercado de vacunas y de nuevos fármacos biológicos son de altos crecimientos. Solo el mercado mundial de vacunas se estima que supere los 3.000 millones de dólares en 2031. Y la industria de inmunoterapia específica española ha venido a posicionarse como una de las más avanzadas a nivel internacional.

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En España alrededor del 30% de la población sufre algún problema de tipo alérgico, porcentaje que va en aumento en las sociedades occidentalizadas. Según la consultora Mordor Intelligence, en 2050 la mitad de la población mundial padecerá alguna alergia.

Las alteraciones de los factores climáticos, la contaminación, hábitos tóxicos, alimentos sometidos a tratamientos desde su cultivo o crianza hasta su envasado, alimentos procesados y ultraprocesados, o el uso excesivo de fármacos, nos sitúan cada día más, al filo del precipicio de la enfermedad y, particularmente, de las enfermedades alérgicas. Aunque el sistema inmunológico nos preserva de ellas, ‘fichando’ todo lo que entra en el organismo desde el útero materno, a veces falla. ¿Por qué? Los desencadenantes suelen ser multifactoriales y ahí radica la complejidad de la enfermedad alérgica.

La reacción alérgica -siempre mediada por un mecanismo inmunológico- “es una anomalía” -aclara Joan Bartra, jefe del servicio de Alergología del Hospital Clínic de Barcelona- “y todo cuanto incide en el sistema inmunológico puede favorecer que se produzca esta anomalía”. Definitivamente, “nadie nace alérgico -prosigue-, siempre es un agente externo el que causa la reacción.”

El conjunto de factores externos a los que estamos expuestos, el exposoma, modifica el epigenoma, que envía instrucciones erráticas a los genes sobre cuándo deben o no entrar en acción.

La mayor incidencia clínica de la alergia es la respiratoria y el tipo más frecuente, al polen, especialmente al de gramíneas; hay unos 7 millones de afectados. El cambio climático está haciendo que las polinizaciones sean más prolongadas y que los pólenes expresen más cantidad de proteína y con mayor potencial alérgico. En este sentido, los elementos contaminantes también son determinantes. Bartra nos pone el ejemplo de las emisiones diésel: “Estas partículas modifican las características del polen y hacen que el alérgeno se exprese más y sea más alergénico.”

También crece la sensibilización a fármacos. Esta constituye la primera causa de anafilaxia (y como nunca está de más repetirlo: las vacunas son los medicamentos que menos reacciones anafilácticas provocan). Los antibióticos, con las penicilinas (como la amoxicilina) a la cabeza, son los medicamentos implicados con mayor frecuencia en las reacciones alérgicas. Le siguen los fármacos antiinflamatorios, principalmente el ibuprofeno. En el futuro la mayor precisión de las técnicas y procedimientos evitará el sobrediagnóstico al que se ha llegado en alergias a medicamentos. El caso más llamativo es el de la penicilina: casi el 10% de la población refiere ser alérgica a ella, pero solo el 1% lo es.

Especialmente significativo es el incremento de la sensibilización alimentaria. La Organización Mundial de la Alergia (WAO) dedicó su foco en la última edición de la Semana Mundial de la Alergia, celebrada el pasado verano, a las alergias alimentarias: “Son cada vez más comunes en personas de todas las edades en todo el mundo, y esto es un problema de salud mundial; estas pueden poner en peligro la vida. Todo el mundo debería saber qué es la alergia alimentaria, ser capaz de reconocer los riesgos y estar preparado para ayudar”, cita el comunicado del evento.

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Con relación a las crecientes alergias e intolerancias alimentarias -en estas últimas no media el sistema inmunológico- y el lógico aumento del interés de la población y de la demanda de soluciones, el Dr. Bartra alerta, con especial énfasis, sobre “los oportunistas; donde no llega la ciencia, llegan los oportunistas… Se están dando dietas que no sólo no son adecuadas, sino que pueden acabar siendo perjudiciales.”

Por su parte, la doctora Alicia Armentia, investigadora responsable de la Unidad de Alergología del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid, especializada en hallar factores desencadenantes en casos de alergia, se refería en recientes declaraciones al incremento de la sensibilización a frutas: “Los biotecnólogos crean nuevos cultivares (variedades) de semillas que son más resistentes a la sequía, al frío, a los insecticidas…, pero esto estimula también las proteínas de defensa de la planta, y los alérgenos son más potentes.” Y cita el ejemplo del melocotón, que tiene naturalmente un antifúngico que se expresa cuando es agredido por hongos y demás microorganismos deteriorantes: “Los biotecnólogos -relata- hacen que estos antifúngicos naturales se expresen más para que los melocotones puedan ser conservados en las cámaras durante mucho tiempo. Esto es esencial porque si no, nos moriríamos de hambre, pero también crea nuevos alérgenos.” En cualquier caso, sobre las enfermedades alérgicas, Armentia aclara: “si se conoce la causa, en la mayoría de los casos, la alergia se cura”.

Reset

Como se le antojaban a Don Quijote los molinos, cual gigantes, así ve el sistema inmunológico del paciente alérgico a la inofensiva proteína sujeto de su locura. Es una exagerada reacción a una o varias proteínas, para lo cual hay que tener predisposición genética pero que solo se activará y manifestará a causa de factores externos. Sobre la influencia del ascendente genético hereditario en las probabilidades de ser alérgico, se estima que si ninguno de los progenitores lo es, la probabilidad de que la descendencia lo sea es de entre el 15 y el 20 por ciento. Este porcentaje se eleva al 66% si ambos son alérgicos. “Es alérgico aquel que puede serlo, pero además necesita tener una serie de factores ambientales que superen la ‘resistencia’, la inmunoregulación que realiza el organismo para no reaccionar a esos alérgenos; es un error en la interpretación del sistema inmunológico. En muchas de las enfermedades alérgicas lo que ha pasado es que se ha perdido la inmunoregulación que sujetaba todos esos factores genéticos y que impedía que estos se expresasen como enfermedad. Y se puede restaurar en algunos de los pacientes.” Así lo explicaba el presidente de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic), Dr. Ignacio Dávila, en declaraciones recientes.

La Asociación fue galardonada la pasada primavera por su proyecto Acredita: Acreditación de unidades de inmunoterapia específica con alérgenos en servicios de Alergología de España, del Comité de Inmunoterapia de la Seaic. La Dra. Eloína González, presidenta de este Comité, lo explicó así durante el acto de recogida del premio Avedis Donabedian a la Calidad, celebrado en Barcelona: “La inmunoterapia específica con alérgenos (ITA) es el único tratamiento que puede modificar el curso natural de las enfermedades alérgicas e incluso puede resultar curativo en muchas de ellas. El tratamiento de la mayoría de los procesos alérgicos se apoya en tres pilares básicos, la evitación del alérgeno responsable de los síntomas, el uso de farmacoterapia preventiva y sintomática, y el uso de inmunoterapia específica con alérgenos en los casos en que exista la indicación. La ITA consiste en la administración de dosis repetidas y crecientes del alérgeno al que el paciente está sensibilizado, con el objetivo de crear tolerancia en exposiciones posteriores. Para garantizar la seguridad y obtener la máxima efectividad terapéutica, es imprescindible el seguimiento de los pacientes en Unidades de ITA (UIT) que garanticen unos estándares de calidad”, resalta González.

Y es que, cuando la evitación del alérgeno no es posible, y más allá del abordaje sintomático, que, por otra parte, es uno de los segmentos que más crece en ventas y que supone un importante pilar del mix de la oficina de farmacia, hoy se cuenta con tratamientos de inmunoterapia con los que restaurar la inmunoregulación perdida. Ese es el objetivo de las vacunas recombinantes. Algunas incluso han demostrado efecto preventivo, en concreto contra el asma. Otra ventaja de la utilización de alérgenos recombinantes es que con ellos se evitan procesos de reactividad cruzada.

Los alérgenos recombinantes se utilizan en los ámbitos tanto de diagnóstico como de tratamiento. En el primero, permiten identificar la molécula del extracto alergénico a la que está sensibilizado el paciente (mediante biomarcadores), y como tratamiento, modular la respuesta del sistema inmune. Si tomamos el ejemplo del cacahuete, con la información que proporcionan estas técnicas, la recomendación dietética será distinta en función de si la sensibilización es a las proteínas llamadas de ‘almacenamiento’, a las de ‘transferencia de lípidos’, etc. Este matiz permite estratificar la gravedad de la enfermedad alérgica y constituye un factor pronóstico; hallarlo puede ser decisivo en la vida diaria del paciente.

Así define la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) los dos tipos de fármacos a base de alérgenos. Por un lado, los utilizados para inmunoterapia: “aquellos que se utilizan para modificar la respuesta anómala del sistema inmunitario induciendo una tolerancia al alérgeno en cuestión generando, por tanto, una menor reacción y síntomas de alergia”. Por otra parte, los medicamentos a base de alérgenos con finalidad diagnóstica in vivo: “aquellos que se utilizan para identificar las alergias por parte de profesionales sanitarios”.

Estos fármacos se están aplicando en el tratamiento de, por ejemplo, asma alérgica, rinitis alérgica estacional, alergia a la caspa de gato, al cacahuete, al polen de los árboles y al polen de las gramíneas.

Algunas de estas técnicas y tratamientos tienen costes muy elevados, particularmente los más complejos o personalizados, además, tanto la inmunoterapia subcutánea (SCIT) como la sublingual (SLIT) suelen requerir años de administración de dosis. Pero estas innovaciones ya se están implementando en los sistemas de salud. En este sentido, el Dr. Bartra nos explica que “estas nuevas técnicas están ya introducidas en el sistema de salud y es posible tener acceso a pruebas diagnósticas y tratamientos moleculares.”

Sin embargo, el avance en la precisión de la personalización de los tratamientos depende de la identificación de nuevos biomarcadores. También de la resolución de algunos problemas de seguridad relativos a reacciones alérgicas graves.

La investigación está centrada en estos y otros retos, avanzando en nuevos coadyuvantes o nuevas vías de administración adaptadas a los pacientes, lo que facilita la adherencia, como el uso de un antihistamínico en colirio o de tabletas sublinguales como alternativa a la inmunoterapia por vía subcutánea. Y nuevos focos de estudio, como el peptidoma, que nos puede llevar en un futuro a otro tipo de inmunoterapia, basada en estas pequeñas secuencias proteicas, los péptidos.

Calendario de medicamentos a base de alérgenos de uso humano

La Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AMPS) publicó este verano el calendario para solicitar la aprobación de medicamentos a base de alérgenos de uso humano. Estos productos requieren una regulación especial ya que suelen ir vinculados a una preparación individualizada, por lo que no cuentan con la autorización de comercialización de medicamentos propia de los medicamentos fabricados industrialmente.

Se establece un primer período (01/01/25 – 31/12/25) para: “controles positivo y negativo de diagnósticos; cualquier producto conteniendo albúmina humana en su composición; productos para diagnóstico por provocación; y productos para diagnóstico, graneles e inmunoterapia que contengan veneno de himenópteros y extracto o extractos de melocotón”.

El segundo periodo (01/01/26 – 30/06/26) contempla productos para diagnóstico, graneles e inmunoterapia que contengan extracto(s) de ácaros tanto individuales como formando parte de mezclas con otros extractos alergénicos. Un tercer periodo (01/07/26 – 31/12/27) para el o los extractos de pólenes de gramíneas, tanto individuales como formando parte de mezclas con otros extractos alergénicos. Y un cuarto periodo (01/01/28 – 30/06/29) para los que contengan extracto(s) de pólenes de olivo. Hay un quinto periodo (01/07/29 – 31/12/30) para los no incluidos en ninguno de los grupos anteriores.

El incremento de pacientes afectados por enfermedades alérgicas hace prever que también lo haga el valor del mercado. Un crecimiento no solo debido al número de casos, sino también a la inversión en la investigación y el desarrollo de nuevos tratamientos por parte de los laboratorios. Esta es la previsión de la consultora Mordor Intelligence en su estudio Análisis de participación y tamaño del mercado de tratamiento de alergias, que analiza las tendencias hasta 2029: “Se espera que el tamaño del mercado del tratamiento de alergias alcance los 31,07 millones de dólares en 2029, con una tasa compuesta anual del 8,10% durante el período 2024-2029.”

Según la misma fuente, las compañías que lideran el mercado son: Johnson & Johnson, Sanofi, GlaxoSmithKline, F. Hoffmann-La Roche y Leti Pharma. Esta última, por ejemplo, ofrece inmunoterapia para la alergia al polen, a ácaros y a animales.

Actualmente, están en investigación varios fármacos biológicos, pero se encuentran todavía en etapas preliminares. Alguna novedad sí ha habido; el pasado febrero se aprobó el Omalizumab, un medicamento biológico para uso en alergias alimentarias que bloquea la IgE. Utilizado desde hace años en asma y urticaria, la FDA lo aprobó para reducir las reacciones alérgicas a alimentos en pacientes con múltiples alergias alimentarias.

Las técnicas de micromatrices, o microarrays...

Las técnicas de micromatrices, o microarrays, permiten con una mínima muestra de sangre detectar la reactividad alérgica de un paciente ante más de 200 componentes moleculares presentes, fundamentalmente, en alimentos y pólenes. Ello afina el tratamiento en inmunoterapia y en un futuro se utilizará para predecir la predisposición alérgica. En la imagen una representación del ácaro del polvo.

Existen, sin embargo, algunos inconvenientes en el desarrollo de este mercado. A las dificultades regulatorias se añaden las complicaciones a la hora de realizar ensayos clínicos, ya que la mayoría de pacientes alérgicos lo son a varios alérgenos. La complejidad del diagnóstico hace que, en muchas ocasiones, la prueba definitiva sea la de provocación, con el consecuente riesgo que ello implica. Hay todavía muchas necesidades no cubiertas por falta de precisión diagnóstica, por lo que es necesario hallar nuevos identificadores, biomarcadores.

De la medicina de la enfermedad a la medicina de la salud

La inmunoterapia con fines de desensibilización se viene utilizando desde los años 20 del siglo pasado. La alergología es, sin duda, la especialidad sanitaria más representativa y pionera de la medicina personalizada. Hemos visto cómo hoy esta disciplina vuelve a situarse en la avanzadilla de la nueva medicina, personalizada y de precisión.

Las alergias se enmarcan en ese raro grupo de enfermedades en las que nuestro propio sistema inmunológico nos ataca: las enfermedades autoinmunes. Los investigadores se han preguntado a lo largo del tiempo por qué a una máquina tan perfecta le fallan los mecanismos que preservan la integridad de la unidad de la vida, la célula y, en consecuencia, de todo el organismo. Ya ha quedado claro que las alteraciones epigenéticas pueden desestabilizar todo el sistema, pero ¿y el componente genético? La mayoría de enfermedades tiene un origen genético. ¿Por qué nuestro genoma lleva instrucciones tan erráticas?

Si se observan estos hechos biológicos desde el punto de vista evolutivo (que lo explica casi todo) se revelan algunas interesantes aproximaciones. Recordemos que la naturaleza no favorece la supervivencia del individuo sino de la especie; los individuos, simplemente, sirven a ‘la causa’. La diversidad genética supone una reserva de variantes que incrementa nuestras posibilidades de supervivencia como especie, y lo que hoy es un defecto puede ser una ventaja evolutiva en un futuro ante un cambio en las condiciones ambientales.

Otra evidencia es que hemos convivido durante siglos con diversos parásitos, algunos de tamaño considerable, que hoy han desaparecido de nuestro entorno. Demasiado rápido para los timings de la evolución; un sistema inmunológico que, entre el exceso de higiene, de antibióticos, etc., casi se ha quedado sin trabajo…, el medio para el que está adaptado no requiere de sus servicios. Entonces, pierde el norte, y ataca -que es su cometido-, pero al enemigo equivocado. Diversos estudios sugieren que el uso terapéutico de helmintos -gusanos- y derivados (mediante la infección controlada al paciente) podría favorecer la mejoría de algunas enfermedades autoinmunes como la enfermedad de Crohn o la esclerosis múltiple. En el ámbito de las alergias estudios realizados en sociedades no occidentales, demuestran que la población infantil con parasitosis es menos reactiva a los alérgenos de los ácaros del polvo, o que la incidencia del asma es menos frecuente.

Desbordada por la enfermedad, la medicina ha curado y aliviado cuanto ha podido a lo largo de la historia. El dominio del mundo molecular y el conocimiento de los mecanismos de la enfermedad nos conducen hacia una medicina de prevención, una medicina focalizada en la preservación de la salud, que convivirá en paralelo con la que trata de atajar lo que ya se ha manifestado como enfermedad.

El parto (vaginal) es un momento crucial para nuestro sistema inmunológico...

El parto (vaginal) es un momento crucial para nuestro sistema inmunológico. En ese ‘rato’ de tránsito hacia la vida la madre transmite al neonato su microbiota, cuya composición participa en el desarrollo del sistema inmunitario. Como explica la Dra. Armentia: “Nacemos informados de nuestro entorno, por lo que la madre ha respirado, comido…, deberíamos tolerarlo”.

Los avances en biología molecular están arrojando luz sobre el engranaje que mantiene la armonía de las moléculas, un equilibrio que permite la vida y preserva la salud. Sobre las claves moleculares de la salud, Carlos López-Otín, científico experto en envejecimiento, cáncer y enfermedades raras, nos ilustra en su último libro La levedad de las libélulas. El reputado investigador destaca la importancia del equilibrio molecular, y subraya que son los procesos de desregulación y disbiosis los mayores desestabilizadores de la salud. Enumera así las ocho claves moleculares que determinan el funcionamiento del organismo: “Integridad de barreras, contención de perturbaciones, reciclado de material biológico, integración de circuitos, oscilaciones rítmicas, resiliencia homeostática, regulación hormética y reparación molecular y celular”.

Y hasta aquí, con lo que venimos ‘de serie’. Después, el medio manda.

A modo de conclusión, he aquí un párrafo del libro de Otín que condensa la idea de que vivimos a expensas del entorno, que hoy es especialmente hostil: “La mayoría de enfermedades metabólicas, inflamatorias, autoinmunes, cardiovasculares, degenerativas y emocionales surgen en buena medida por alteraciones en la continua conversación de nuestro genoma con el ambiente en el que se desarrolla nuestra vida. La alimentación excesiva, deficiente o insuficiente, la introducción de cambios drásticos absurdos en la nutrición, la falta de ejercicio físico adecuado, la pérdida de eficiencia del sistema inmune o, incluso, un insoportable naufragio emocional, pueden generar alteraciones epigenéticas, que actuando sobre un fondo genético de predisposición, consiguen modificar los patrones de expresión de los genes de nuestro genoma o pervertir su eficiente diálogo con los genomas de todos los organismos que nos cohabitan. Y así, poco a poco, vamos perdiendo el equilibrio consustancial a la salud y la vida.”

La medicina de la salud lo es por su enfoque holístico, que contempla la interconexión e interacción entre los mecanismos de la vida, que dialogan todos con todos y todos a la vez, y que, como cualquier sistema complejo, arroja propiedades emergentes, haciendo del todo, más que la suma de sus partes. Los hay que construyen barreras, otros que reparan, los que limpian, los que sincronizan, los que regulan, los que registran las visitas…, un entramado de elementos que debe funcionar con armónica precisión y que, en conjunto, tratará de sortear las perturbaciones que vayan aconteciendo. Y como telón de fondo, el metagenoma (la suma de los genes que nos conforman como unidad biológica: los genes humanos, los de las bacterias, los virus, parásitos, arqueas, hongos…) que nos recuerda que somos holobiontes, multiorganismos; con solo los genes humanos no sobreviviríamos. La complejidad es máxima. La farmacogenética y la farmacogenómica son disciplinas llamadas a abanderar este nuevo enfoque de la medicina de la salud, que persigue alcanzar una homeostasis que coloque todo en su sitio, otra vez.

Entrevista a la Dra. Victòria Cardona, especialista en Alergología en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona

Entrevista a la Dra. Victòria Cardona, Hospital Vall d’Hebron de Barcelona
A
LERGIAS 
“En las sociedades occidentales se está produciendo una ‘epidemia’ de alergia” 

La Dra. Cardona se ha especializado en áreas alérgicas específicas como la anafilaxia, en la que es experta, así como en la alergia a alimentos y medicamentos, la alergia molecular y el angioedema hereditario. En esta entrevista Cardona clarifica algunos conceptos básicos sobre las enfermedades alérgicas, y nos explica cómo se ha mejorado en la precisión de los diagnósticos gracias a las técnicas moleculares. Su consejo para frenar esta epidemia galopante se resume en: una mayor exposición a los microorganismos de la naturaleza y evitar los hábitos tóxicos que esté en nuestra mano.
¿Nadie nace alérgico? ¿Es siempre un factor externo el que inicia esta respuesta desproporcionada del sistema inmunológico? Incluso una predisposición genética, ¿no se activa sin un factor desencadenante?

No, no se nace alérgico, sino que las personas se vuelven alérgicas a una sustancia (alérgeno) con la cual han tenido contacto. Por ejemplo, un bebé puede desarrollar una alergia a las proteínas de la leche de vaca después de haberla consumido. Lo que sí existe es una “predisposición” en algunas personas y no en otras para desarrollar alergia. Esta predisposición está condicionada genéticamente. Por eso hay familias con varios miembros alérgicos.

Aunque las causas son multifactoriales, desde una infección hasta una disbiosis de la microbiota intestinal, pasando por un evento emocional… ¿podría enumerar los factores desencadenantes más frecuentes y explicar sus mecanismos?

Se desconoce cuál es el factor o circunstancia exacta que pone en marcha este proceso. Pero se sabe que factores del ambiente, la higiene, el uso de antibióticos, la contaminación o ciertas infecciones, favorecen la posibilidad de desarrollar una alergia. Por esa razón, las características de las sociedades del primer mundo favorecen la aparición de enfermedades alérgicas, mientras que en las “tradicionales”, las condiciones de menor higiene y más contacto con microorganismos constituyen factores protectores. Esto se ha relacionado con ciertos estímulos del sistema inmunitario, o la falta de los mismos, que desviarían la respuesta inmunitaria hacia el tipo alérgico. Los factores estresantes, como un evento emocional, suelen estar relacionados con el inicio de una reacción alérgica más que con el desarrollo de la alergia en sí. Mónica Daluz
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En las sociedades occidentales se está produciendo una “epidemia de alergia”

Entrevista a la Dra. Victòria Cardona, especialista en Alergología en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona

Mónica Daluz
Periodista especializada
19/02/2025

La Dra. Cardona se ha especializado en áreas alérgicas específicas como la anafilaxia, en la que es experta, así como en la alergia a alimentos y medicamentos, la alergia molecular y el angioedema hereditario. En esta entrevista Cardona clarifica algunos conceptos básicos sobre las enfermedades alérgicas, y nos explica cómo se ha mejorado en la precisión de los diagnósticos gracias a las técnicas moleculares. Su consejo para frenar esta epidemia galopante se resume en: una mayor exposición a los microorganismos de la naturaleza y evitar los hábitos tóxicos que esté en nuestra mano.

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¿Nadie nace alérgico? ¿Es siempre un factor externo el que inicia esta respuesta desproporcionada del sistema inmunológico? Incluso una predisposición genética, ¿no se activa sin un factor desencadenante?

No, no se nace alérgico, sino que las personas se vuelven alérgicas a una sustancia (alérgeno) con la cual han tenido contacto. Por ejemplo, un bebé puede desarrollar una alergia a las proteínas de la leche de vaca después de haberla consumido. Lo que sí existe es una “predisposición” en algunas personas y no en otras para desarrollar alergia. Esta predisposición está condicionada genéticamente. Por eso hay familias con varios miembros alérgicos.

Aunque las causas son multifactoriales, desde una infección hasta una disbiosis de la microbiota intestinal, pasando por un evento emocional… ¿podría enumerar los factores desencadenantes más frecuentes y explicar sus mecanismos?

Se desconoce cuál es el factor o circunstancia exacta que pone en marcha este proceso. Pero se sabe que factores del ambiente, la higiene, el uso de antibióticos, la contaminación o ciertas infecciones, favorecen la posibilidad de desarrollar una alergia. Por esa razón, las características de las sociedades del primer mundo favorecen la aparición de enfermedades alérgicas, mientras que en las “tradicionales”, las condiciones de menor higiene y más contacto con microorganismos constituyen factores protectores. Esto se ha relacionado con ciertos estímulos del sistema inmunitario, o la falta de los mismos, que desviarían la respuesta inmunitaria hacia el tipo alérgico. Los factores estresantes, como un evento emocional, suelen estar relacionados con el inicio de una reacción alérgica más que con el desarrollo de la alergia en sí.

¿Qué está pasando en Occidente? Se está produciendo un incremento de las alergias en número de afectados y tipos de alérgenos. ¿Cuáles son las alergias con mayor prevalencia? ¿Y los nuevos alérgenos? ¿Qué conclusiones se pueden extraer de esta evolución de cara a predecir escenarios futuros? ¿Estamos, con nuestros hábitos y entorno, modificando nuestro epigenoma?

Como decíamos, en las sociedades occidentales, con alto grado de higiene y poco contacto con una diversidad biológica de organismos o microorganismos, se está produciendo una “epidemia de alergia”. Se ha evidenciado en las últimas décadas un aumento de alergia respiratoria (rinitis y asma), alergias alimentarias (que hace 50 años prácticamente no existían) y de alergia cutánea (como dermatitis atópica). También existe un incremento en las reacciones alérgicas a medicamentos, probablemente relacionada con el aumento de su uso y con la mayor longevidad de la población que recibe estos medicamentos.

Aparentemente, aún estamos en una pendiente ascendente de ciertas enfermedades alérgicas, como la alergia a alimentos, mientras otras pueden estar alcanzando una fase de estabilización, como el asma alérgico.

Evidentemente, nuestros hábitos, como el tabaquismo, y las condiciones en que vivimos, con unos niveles de contaminación elevados, ejercen un fuerte impacto en el epigenoma, favoreciendo las enfermedades alérgicas. Por ejemplo, si tu abuela era fumadora es más probable que presentes una enfermedad alérgica, y esto se explica por la epigenómica.

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Hace unas semanas se celebraba en Bilbao el XXXV Simposio internacional de la Sociedad Española de Alergología, donde los expertos alertaban de que “las alergias alimentarias se han duplicado en los últimos 25 años”. ¿Qué lo está provocando y qué se puede hacer para prevenir esta afección al alza?

Existen múltiples factores que se asocian al aumento de la alergia a alimentos. Específicamente, sabemos que algunas recomendaciones que se aplicaban hasta hace pocos años, cómo el retraso en la introducción de ciertos alimentos considerados potencialmente alergénicos en la dieta de los lactantes, con la intención de disminuir la posible alergia, en realidad resultaba en un incremento en la incidencia de la misma. Por ello, actualmente se aboga por introducirlos todos entre los 4 y 6 meses. También se tienen datos de que los alimentos procesados pueden tener un efecto “pro-alergénico”.

La alergología ha sido una disciplina pionera en medicina personalizada, basada en inmunoterapia. Hemos saltado a un nivel en que nuevas tecnologías y herramientas, como los biomarcadores, están permitiendo conocer específicamente la proteína causante de cada alergia. Háblenos de la evolución en el tratamiento de las alergias y, en este sentido, ¿qué nuevos fármacos vamos a ver a corto y medio plazo?

Sin duda, la alergología siempre ha desarrollado tratamientos a medida de las alergias de sus pacientes. Diagnosticar específicamente a qué moléculas alergénicas está sensibilizado un paciente (mediante el diagnóstico molecular) ha permitido un enfoque aún más preciso y a mejorar el tratamiento, por ejemplo con la inmunoterapia con alérgenos. A pesar de que se han realizado estudios que demuestran de forma inequívoca la eficacia de la inmunoterapia con alérgenos, competir con otros tratamientos farmacológicos más generales es extremadamente complicado. Las grandes empresas farmacéuticas, como las que comercializan los fármacos biológicos, tienen unos mercados potenciales mucho más amplios que los de una alergia en concreto, y su inversión en el desarrollo de los mismos es infinitamente mayor. Estas empresas tienen la capacidad de realizar estudios mucho más extensos y obtener la indicación para un principio activo en múltiples enfermedades. La inmunoterapia específica para un alérgeno tiene los mismos requerimientos para comprobar su eficacia, sin embargo, estos ensayos pueden resultar más dificultosos. No obstante, se está trabajando para desarrollar inmunoterapia con alérgenos más eficaz mediante productos más específicos, nuevos adyuvantes que potencien su acción o novedosas formas basadas en otras vacunas, como por ejemplo, algunas de las aprobadas recientemente para enfermedades infecciosas.

En determinados casos, una alergia puede comprometer el diagnóstico o tratamiento de otras enfermedades, como los pacientes oncológicos alérgicos a la quimioterapia, que precisan de desensibilización durante el tratamiento. ¿En qué otros casos esta interferencia resulta determinante y cuáles han sido los avances en este campo?

En los últimos años se han hecho avances cruciales en la alergia a medicamentos, tanto en su uso diagnóstico como terapéutico. Cabe resaltar el papel decisivo que han adquirido los alergólogos en el diagnóstico y manejo de las reacciones de hipersensibilidad a quimioterápicos y fármacos biológicos. Estos se prescriben en enfermedades graves y hasta hace unos años, una reacción de hipersensibilidad a los mismos comportaba el cambio a estrategias terapéuticas de segunda línea. La instauración en los hospitales de programas de desensibilización ha modificado radicalmente estas situaciones. Los procedimientos de desensibilización a fármacos, mediante unos protocolos de administración a dosis progresivas, han conseguido muy altas tasas de éxito y han significado un cambio de paradigma en el abordaje terapéutico de estos pacientes. Se trata de procedimientos de alto riesgo, que deben ser realizados por equipos de alergología experimentados.

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La importancia de una adecuada adaptación al ambiente en los primeros años y meses de vida es una evidencia. ¿Qué consejos para la vida diaria daría a los futuros padres que se propongan proporcionar las mejores condiciones para un funcionamiento óptimo del sistema inmunológico del nuevo individuo o minimizar sus posibilidades de hipersensibilización?

Los datos aportados por los estudios epidemiológicos apuntan hacia la necesidad de mantener un delicado balance entre unas condiciones higiénicas adecuadas para no presentar enfermedades infecciosas y mantener un estímulo antigénico por microorganismos. Por lo tanto, parece que un contacto con la naturaleza, la tierra, las plantas o los animales podría ayudar a prevenir la aparición de alergias. También la dieta, natural, sin alimentos procesados, y con la introducción de los alimentos entre los 4 y 6 meses, se apuntaría como la opción óptima. Asimismo, parece que el adecuado cuidado de la piel de los bebés, mediante emolientes, podría ser un factor protector en algunos casos.

¿Cuál cree que debería ser el papel de las farmacias en la divulgación, seguimiento, preparaciones, etc., para contribuir a reducir la incidencia de las alergias? Un mensaje al sector farmacéutico.

Las farmacias suponen un actor clave en la atención a los pacientes con enfermedades alérgicas. Todos somos conscientes de que en muchos casos suponen la primera línea de atención sanitaria, sobre todo en cuadros iniciales y no graves. Deben ser capaces de ofrecer una primera orientación terapéutica. Por ejemplo, muchas rinoconjuntivitis alérgicas pueden ser tratadas al principio con fármacos sin receta. Pero también es importante que sean capaces de estratificar aquellos pacientes con afectaciones más graves, para indicarles la necesidad de que consulten a su médico de familia o incluso al especialista. Por ejemplo, los pacientes que han presentado una reacción anafiláctica (reacción alérgica aguda grave, rápida y generalizada, con afectación de varios sistemas) deberían ser remitidos de forma urgente al alergólogo.

Salud no hay más que una

Salud no hay más que una
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ARMACIA VETERINARIA 

El concepto One Health, Una sola salud, promovido desde distintas instituciones europeas, nos recuerda que la salud animal, la humana y la medioambiental son interdependientes. Mientras los nacimientos humanos decrecen en los países desarrollados, las adopciones de pequeños seres del reino animal van en aumento. Las mascotas viven con nuestros hábitos y ya padecen dolencias típicamente humanas, como obesidad o diabetes. El incremento de la demanda mundial de proteína animal disparará, aún más, la producción cárnica, y mayor será el reto de proteger a la población de enfermedades transmitidas por los alimentos. La creciente urbanización del planeta y el cambio climático están contribuyendo a un aumento en la proximidad entre animales salvajes y humanos. Este escenario obligará a mantener bajo un estricto control las enfermedades zoonóticas, que presionarán al alza. El medicamento veterinario y su gestión van a tener un papel clave y, en paralelo, el factor logístico. Garantizar el suministro y la disponibilidad de medicamentos veterinarios es asunto de salud pública.
El mercado veterinario europeo de mascotas representa un 48,8% del total de las ventas de productos de salud animal que, según el informe anual de Animal Health Europe, alcanzaron en 2023 los 7.900 millones de euros. Las vacunas siguen siendo la mejor herramienta para la prevención: el año pasado, el 32,3% del total de ventas de productos de salud animal en Europa correspondió a vacunas. Le siguieron los antiparasitarios, con el 29%, y los antimicrobianos -mayoritariamente antibióticos-, con un 8,7%, como fármacos más vendidos. En España éste también se manifiesta como un mercado al alza: en 2022, el 43% de los hogares tenía mascota, en 2024 se ha llegado al 49%, y su peso sobre el PIB es ya del 2,29%.
 Mónica Daluz / pdf

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FARMACIA VETERINARIA

Salud no hay más que una

Mónica Daluz
Periodista especializada
16/05/2024

El concepto One Health, Una sola salud, promovido desde distintas instituciones europeas, nos recuerda que la salud animal, la humana y la medioambiental son interdependientes. Mientras los nacimientos humanos decrecen en los países desarrollados, las adopciones de pequeños seres del reino animal van en aumento. Las mascotas viven con nuestros hábitos y ya padecen dolencias típicamente humanas, como obesidad o diabetes. El incremento de la demanda mundial de proteína animal disparará, aún más, la producción cárnica, y mayor será el reto de proteger a la población de enfermedades transmitidas por los alimentos. La creciente urbanización del planeta y el cambio climático están contribuyendo a un aumento en la proximidad entre animales salvajes y humanos. Este escenario obligará a mantener bajo un estricto control las enfermedades zoonóticas, que presionarán al alza. El medicamento veterinario y su gestión van a tener un papel clave y, en paralelo, el factor logístico. Garantizar el suministro y la disponibilidad de medicamentos veterinarios es asunto de salud pública.

El mercado veterinario europeo de mascotas representa un 48,8% del total de las ventas de productos de salud animal que, según el informe anual de Animal Health Europe, alcanzaron en 2023 los 7.900 millones de euros. Las vacunas siguen siendo la mejor herramienta para la prevención: el año pasado, el 32,3% del total de ventas de productos de salud animal en Europa correspondió a vacunas. Le siguieron los antiparasitarios, con el 29%, y los antimicrobianos -mayoritariamente antibióticos-, con un 8,7%, como fármacos más vendidos. En España éste también se manifiesta como un mercado al alza: en 2022, el 43% de los hogares tenía mascota, en 2024 se ha llegado al 49%, y su peso sobre el PIB es ya del 2,29%.

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El nuevo Real Decreto que regula la distribución, prescripción, dispensación y uso de medicamentos veterinarios introduce significativas modificaciones con respecto al que deroga, tratando de adaptarse a las características específicas del sector veterinario. El texto, aprobado en junio del año pasado, se enmarca en el concepto One Health y tiene como objetivos velar por la protección de la salud humana, la sanidad animal y el medioambiente; mejorar el funcionamiento del mercado interior; aumentar la disponibilidad de medicamentos veterinarios; estimular la investigación y la innovación; reducir la carga administrativa; y hacer frente al riesgo que representa la resistencia a los antimicrobianos para la salud pública.

La comisión One Health, creada por la OMS en 2009 en Washington, coordina las distintas instituciones que trabajan en este nuevo paradigma de la salud. FAO, OMS, UNICEF, OMSA y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) ponen conocimientos en común desde diferentes disciplinas y trabajan a nivel local, nacional y mundial, para lograr un abordaje global y coordinado de la salud del Planeta.

El nuevo marco legal del medicamento veterinario brinda nuevas oportunidades para el sector farmacéutico y la oficina de farmacia. La cuestión ha sido abordada en el recién clausurado salón Infarma Madrid (próxima cita, del 25 al 27 de marzo de 2025 en Barcelona). Durante la sesión ‘Medicamentos veterinarios. Nueva Ley, nuevas oportunidades’, moderada por el vicepresidente tercero del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid, Rafael Areñas, se instó al sector a “aprovechar la nueva normativa para convertir la farmacia en la referencia en la dispensación de medicamentos veterinarios, no solo como nueva línea de negocio sino también como refuerzo de la seguridad dentro del concepto de ‘una sola salud’ y de lucha contra un problema acuciante como la resistencia microbiana a los antibióticos”, cita el comunicado de Infarma.

Durante el acto, el farmacéutico comunitario Jesús González se pronunció así al respecto: “desarrollar la categoría de salud animal no es solo una oportunidad de negocio, sino que debería ser una especie de obligación profesional, ya que todo medicamento, incluido el veterinario, tal como dice el Real Decreto 666/2023, se debe dispensar en la oficina de farmacia. Somos expertos en los medicamentos y nos avala la legislación”.

Y es que el nuevo texto obliga a los establecimientos minoristas, que junto a las oficinas de farmacia y las entidades o agrupaciones ganaderas autorizadas son los únicos centros autorizados para dispensar medicamentos veterinarios, a disponer de un servicio farmacéutico a cargo de un farmacéutico. La previsión es que aumente el desarrollo de la categoría de salud animal en el canal de farmacia. Sobre ello se pronuncian desde el Colegio Oficial de Veterinarios de Barcelona: “es importante que las farmacias conozcan que existe una cadena de prescripción que debe seguir el profesional veterinario prescriptor. Éste tiene la obligación de recetar un medicamento veterinario autorizado en España para la especie animal de destino y la patología a tratar”, y respecto a la facultad de sustitución subrayan: “Las dispensadoras sólo pueden sustituir el medicamento prescrito cuando se cumplan determinadas circunstancias, y el fármaco de sustitución deberá tener idéntica composición cualitativa y cuantitativa en principios activos y forma farmacéutica, vía de administración, dosificación e indicación y estar autorizado para la especie de que se trate. Por lo tanto, no se puede sustituir un medicamento veterinario autorizado por otro de prescripción humana”.

En materia de seguridad alimentaria el nuevo reglamento eleva los estándares de calidad, seguridad y eficacia de los medicamentos veterinarios relacionados con la protección de la salud humana, además de la salud animal y medioambiental. La disponibilidad de medicamentos veterinarios es uno de los factores sobre los que incide la normativa. Al respecto, María Jesús Lamas, directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios -Aemps- declaró hace unas semanas, durante la jornada ‘Medicamentos veterinarios: mejorando la disponibilidad de antimicrobianos y sus alternativas’, organizada por el Plan Nacional Frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN) de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) y la Fundación Ramón Areces: “Los problemas de suministro son una de las máximas preocupaciones de todas las autoridades de medicamentos”. Y advirtió: “Debilitar la protección de la veterinaria implica amenazar la salud humana”.

Animales, y sedentarios

La prevalencia de determinadas enfermedades relacionadas con hábitos de vida sedentarios se ha incrementado en las últimas décadas, tanto en humanos como en animales de compañía. Las mascotas pueden experimentar problemas de salud asociados a factores como la falta de ejercicio, la alimentación inadecuada, el estrés y otros aspectos del estilo de vida actual. La prevención y tratamiento de estas complicaciones requieren un enfoque integral: alimentación equilibrada, ejercicio regular, atención veterinaria preventiva y cuidado del bienestar emocional.

Algunos de los problemas de salud crecientes en animales de compañía, en particular en perros y gatos, son las enfermedades cardiovasculares, provocadas por el sedentarismo y la mala alimentación; la diabetes mellitus, enfermedad endocrina relacionada con la obesidad, entre otros factores de riesgo; trastornos musculoesqueléticos, como la osteoartritis y las lesiones en los ligamentos, como consecuencia de la falta de ejercicio y el sobrepeso; enfermedades de la piel, como dermatitis alérgica, infecciones por hongos y enfermedades autoinmunes, derivadas de una inadecuada alimentación o a factores ambientales; y trastornos del comportamiento: el estrés, la falta de estimulación, de contactos sociales con otros individuos de su especie, pueden contribuir en la mascota al desarrollo de trastornos del comportamiento, como la ansiedad por separación, la agresión y los trastornos compulsivos. A esto se añaden las mascotas geriátricas, con enfermedades crónicas y otras ligadas a la edad, como el cáncer.

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Como ocurre con los humanos, la calidad de vida, la alimentación y el bienestar han incrementado la esperanza de vida de los animales de compañía. En palabras del Dr. Alexandre Tarragó, propietario de Clínica Veterinaria Sagrada Familia, en Barcelona: “La longevidad lleva consigo las enfermedades crónicas y las enfermedades degenerativas, que hay que tratar y, sobre todo, hay que aliviar si éstas pueden producir dolor”.

Las nuevas tecnologías están revolucionando el diagnóstico y tratamiento de enfermedades también en animales. Destaca el segmento de la medicina regenerativa y la terapia celular, que ofrecen nuevas opciones de tratamiento para enfermedades musculoesqueléticas o lesiones nerviosas, con el uso de células madre y factores de crecimiento. Y los dispositivos de monitoreo remoto: collares y sensores inteligentes que permiten el seguimiento en tiempo real de la salud del animal.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2022 el número de nacimientos descendió un 2,4% con respecto al año anterior. Paralelamente, crece el número de mascotas que entran en los hogares a formar parte de la familia, y su salud y bienestar son importantes para sus tutores. Parecen haber aumentado las razones por las que se tiene mascota.

Parejas sin suficiente estabilidad laboral para afrontar la paternidad, largas ancianidades que añaden sentido a sus tranquilas vidas con una mascota a la que atender, hogares unipersonales que completan soledades, unas deseadas y otras no, y, por supuesto, la clásica, educar en valores a los pequeños -humanos- de la casa. Las nuevas realidades sociales han arrojado casuísticas que la legislación ha debido abordar, como el régimen de visitas a la mascota en caso de divorcio, por ejemplo. Y ello irá a más; el incremento de mascotas geriátricas suscitará el debate sobre la conciliación laboral para cuidar de ellas, o sobre los permisos retribuidos para atender a la mascota enferma. Los derechos de los animales van en aumento, así como las obligaciones de sus responsables, como recoge la Ley del bienestar animal, vigente desde septiembre.

Sin embargo, el abandono continúa. 288.000 perros y gatos fueron recogidos por protectoras en España en 2022, según la infografía de Fundación Affinity ‘Él nunca lo haría’.

‘Las ómicas’, oráculo de la salud

Nutrición de precisión
NUTRICIÓN DE PRECISIÓN 
Nuevas herramientas y oportunidades para el sector farmacéutico 

No hay dos iguales, ni siquiera los univitelinos. El ser humano se desarrolla biológicamente en función de las particularidades de su genotipo -y lo que a priori éste le pueda deparar- y del que da las órdenes, el fenotipo, modificable, para bien y para mal; los hábitos y factores ambientales interfieren en su funcionamiento, pero al mismo tiempo ello abre la puerta a intervenir sobre él. En ambos sistemas se ha evidenciado la importancia del proceso de nutrición en el mantenimiento de la homeostasis del organismo y, en consecuencia, en la preservación de la salud. Actualmente hay abiertas innumerables investigaciones centradas en la interacción gen-nutriente. Éstas tratan de determinar cómo la genética influye en la respuesta a la dieta (nutrigenética) y, al revés, cómo la dieta afecta a la expresión y actividad de los genes (nutrigenómica). 
Las disciplinas denominadas en su conjunto ‘ómicas’ han experimentado un avance sin precedentes gracias a nuevas tecnologías que permiten obtener un conocimiento integral del individuo a nivel molecular. El abordaje multiómico está haciendo posible una medicina personalizada, en la que se enmarca la denominada nutrición de precisión, que explora las posibilidades de intervenir, a través de la dieta, en la prevención y tratamiento de enfermedades. Desde este enfoque, los compuestos de los nutrientes se convierten en herramientas con las que conducir nuestra salud, física y psicológica.
Pero, ¿cómo se canalizarán estas recomendaciones?, ¿qué implicaciones tendrán estos nuevos conocimientos sobre los protocolos de los sistemas de salud?, ¿cómo afectará a la industria farmacéutica la irrupción de nuevos productos, tratamientos, test diagnósticos, etc., derivados de este enfoque?, y ¿a la industria alimentaria -con el previsible boom de nuevos suplementos alimenticios que cubrirán necesidades de grupos poblacionales específicos-?, ¿cómo se regularán estos nuevos productos?, ¿qué mitos y bulos está desmontando la ciencia sobre cómo comer mejor para preservar la salud, incluso la juventud? Este reportaje y las entrevistas que le siguen tratan de dar respuesta a estas preguntas. Sin más preámbulo: Bon appétit! Mónica Daluz / pdf

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NUTRICIÓN DE PRECISIÓN

Nuevas herramientas y oportunidades para el sector farmacéutico

‘Las ómicas’, oráculo de la salud

Mónica Daluz
Periodista especializada
08/02/2024

No hay dos iguales, ni siquiera los univitelinos. El ser humano se desarrolla biológicamente en función de las particularidades de su genotipo -y lo que a priori éste le pueda deparar- y del que da las órdenes, el fenotipo, modificable, para bien y para mal; los hábitos y factores ambientales interfieren en su funcionamiento, pero al mismo tiempo ello abre la puerta a intervenir sobre él. En ambos sistemas se ha evidenciado la importancia del proceso de nutrición en el mantenimiento de la homeostasis del organismo y, en consecuencia, en la preservación de la salud. Actualmente hay abiertas innumerables investigaciones centradas en la interacción gen-nutriente. Éstas tratan de determinar cómo la genética influye en la respuesta a la dieta (nutrigenética) y, al revés, cómo la dieta afecta a la expresión y actividad de los genes (nutrigenómica). Las disciplinas denominadas en su conjunto ‘ómicas’ han experimentado un avance sin precedentes gracias a nuevas tecnologías que permiten obtener un conocimiento integral del individuo a nivel molecular. El abordaje multiómico está haciendo posible una medicina personalizada, en la que se enmarca la denominada nutrición de precisión, que explora las posibilidades de intervenir, a través de la dieta, en la prevención y tratamiento de enfermedades. Desde este enfoque, los compuestos de los nutrientes se convierten en herramientas con las que conducir nuestra salud, física y psicológica. Pero, ¿cómo se canalizarán estas recomendaciones?, ¿qué implicaciones tendrán estos nuevos conocimientos sobre los protocolos de los sistemas de salud?, ¿cómo afectará a la industria farmacéutica la irrupción de nuevos productos, tratamientos, test diagnósticos, etc., derivados de este enfoque?, y ¿a la industria alimentaria -con el previsible boom de nuevos suplementos alimenticios que cubrirán necesidades de grupos poblacionales específicos-?, ¿cómo se regularán estos nuevos productos?, ¿qué mitos y bulos está desmontando la ciencia sobre cómo comer mejor para preservar la salud, incluso la juventud? Este reportaje y las entrevistas que le siguen tratan de dar respuesta a estas preguntas. Sin más preámbulo: Bon appétit!

El complejo proceso de nutrición (en el que intervienen no solo el sistema digestivo sino también el respiratorio, circulatorio y excretor) permite el crecimiento de nuestro organismo, así como su mantenimiento y reparación. Sin embargo, factores genéticos, metabólicos y de estilo de vida hacen que las necesidades nutricionales de cada persona y su respuesta a los compuestos de los alimentos -como ocurre con los fármacos u otros tratamientos- sean distintas.

La nutrición de precisión toma en consideración la variabilidad individual en la respuesta a los nutrientes y explora los posibles beneficios de adaptarlos, mediante la dieta, a los genes, el metabolismo o el microbioma, entre otras características individuales. El organismo, para realizar correctamente sus innumerables funciones, necesita tener disponibles nutrientes esenciales: macro y micronutrientes (además de fibra -presente en cereales integrales y legumbres- y agua).

Alimentos ricos en omega-3 y cápsulas de aceite de pescado; ilustra una dieta cardioprotectora...

Alimentos ricos en omega-3 y cápsulas de aceite de pescado; ilustra una dieta cardioprotectora. El omega 3 es un ácido graso que solo puede obtenerse a través de los alimentos. Con respecto a los suplementos de aceite de pescado existen numerosos indicios sobre sus beneficios, aunque los últimos estudios realizados no son concluyentes.

Los nutrientes que necesitamos en mayor cantidad, y que se encargan de aportar energía, son los macronutrientes: carbohidratos -que se descomponen en azúcares-, proteínas y grasas. Los micronutrientes, vitaminas y minerales, son requeridos por el organismo para realizar funciones esenciales, pero en cantidades menores. Estos se obtienen de fuentes como vegetales, lácteos y carnes. Además, muchos de estos alimentos contienen sustancias biológicamente activas, como antioxidantes y fitoquímicos que, aunque no son nutrientes, es decir, no son esenciales para la vida, aportan beneficios para la salud.

La identificación y caracterización de nuevos compuestos bioactivos en los alimentos no cesa de crecer. Y el mercado ya se ha hecho eco. Según datos de la consultora Mordor Intelligence “se espera que el tamaño del mercado de polifenoles crezca de los 1,02 mil millones de dólares alcanzados en 2023 hasta los 1,56 mil millones en 2028”, en particular en el segmento de colorantes alimentarios. Según la misma entidad, “en 2023 el mercado mundial de alimentos funcionales y productos naturales para la salud se situó en unos 23.500 millones de dólares y las previsiones apuntan a que 2032 cerrará con una cifra próxima a los 323.500 millones.

La industria alimentaria se reorienta para mitigar el impacto que están teniendo sobre las ventas de ultraprocesados los mensajes relativos a la importancia de adoptar hábitos saludables y el rechazo progresivo del consumidor a estos productos, aunque que sí se muestra dispuesto a sustituirlos por alimentos procesados más saludables. Esta tendencia también favorecerá las ventas en la oficina de farmacia, con nuevos productos nutracéuticos, además de innovadores fármacos que están por llegar. En este sentido destaca la irrupción de los medicamentos contra el sobrepeso y la obesidad (análogos de la proteína GLP-1), que van a suponer un suculento nicho de mercado para la industria farmacéutica. Con la aprobación de la liraglutida y la semaglutida para esta indicación, la obesidad, se espera reducir la incidencia de las múltiples enfermedades asociadas a esta patología crónica.

La alimentación es uno de los factores ambientales clave sobre los que intervenir en la preservación de la salud, teniendo en cuenta que el fenotipo es el resultado de la interacción entre la genética y el medio, y se va configurando a medida que vivimos (por eso los gemelos tienen fenotipos distintos, aunque sean genéticamente iguales).

Frente a las enfermedades, tal como explicaba Fermín Milagro, director de la línea de investigación en Nutrición de Precisión de la Universidad de Navarra, durante su ponencia en Congreso Futuro 2023, “la genética nos da unos riesgos y nosotros, con nuestro estilo de vida, podemos aumentar o disminuir esos riesgos”. Milagro destacó en su intervención la importancia del trinomio nutrición-microbioma-epigenoma; algunas bacterias, por ejemplo, hacen que se genere dopamina, neurotransmisor implicado en el estado de ánimo. El reto es hallar cómo modular el llamado eje microbiota-intestino-cerebro.

Según el experto, “la nutrición del futuro será una nutrición de precisión, basada en biomarcadores, en test, y cuanto antes hagamos estos test, por ejemplo, en niños, antes podremos actuar y mejorar la prevención”.

Los factores psicológicos y sociales también causan modificaciones químicas que se añaden al ADN. Un estudio publicado el pasado octubre en el Journal of Epidemiology and Community Health, basado en datos epigenéticos, ha revelado que vivir de alquiler acelera el envejecimiento, más incluso que estar desempleado. La última versión de la pirámide nutricional de la OMS añade en su base nuevos elementos, entre ellos el equilibrio emocional.

También incluye por primera vez en sus recomendaciones técnicas culinarias saludables, así como suplementos y complementos dietéticos o nutricionales como opción individualizada con consejo dietético profesional, y añade, como consumo opcional, moderado y responsable, las bebidas fermentadas.

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Por un lado, la prevención va a ser el epicentro de esta nueva era de la salud y por otro, las investigaciones se centran en cómo utilizar la nutrición de precisión como terapia complementaria en numerosas enfermedades. Aunque este es un ámbito aún incipiente ya existen clínicas privadas que realizan análisis y estudios completos del genoma y de otros parámetros de salud para recomendar dietas adaptadas y personalizadas en tratamientos contra el cáncer.

También destacan los ensayos sobre la que el reputado bioquímico y especialista en envejecimiento y longevidad, Valter Longo, llama ‘dieta que imita al ayuno’; aplicada en pacientes de cáncer unos días antes de su tratamiento (quimioterapia, inmunoterapia, etc.) debilita las células tumorales, no así las sanas, mejorando la efectividad de la terapia.

La visión de conjunto que arrojan las ómicas ha puesto de manifiesto que intervenir sobre los procesos de deterioro celular, es decir, sobre el envejecimiento, es lo que hará que no enfermemos. El papel de la dieta sobre la longevidad también es objeto de estudio; en particular, el ayuno intermitente y la restricción calórica, que el prestigioso investigador Manuel Serrano ha demostrado que alarga la vida en ratones. Al respecto, Salvador Macip y Manel Esteller señalan en su libro El secreto de la vida eterna, publicado el pasado octubre, que “los fármacos que simulan una restricción calórica son los que más están estudiándose y más prometedores parecen a la hora de conseguir un efecto antienvejecimiento.”

De Mendel a la sociedad centenaria

La secuenciación del genoma, hace ya dos décadas, abrió la puerta al desarrollo de las disciplinas ómicas -prefijo que indica ‘conjunto’-; la genómica, transcriptómica, proteómica, metabolómica y epigenómica han transformado la investigación y el desarrollo farmacéutico. Desde que el guisante hibridado de Mendel comenzara a dar algunas respuestas a la genética de la herencia, hasta que el año pasado se secuenció el genoma humano completo -tanto los genes como las secuencias no codificantes, reguladoras de la expresión génica- hemos pasado de tener información sobre un gen a tenerla sobre todos los genes de un organismo dado. Y lo mismo con las proteínas, los metabolitos, los factores de transcripción, las marcas epigenéticas o los microbios que nos habitan.

Las técnicas desarrolladas al amparo de estos campos de estudio y su combinación en estrategias multiómicas han hecho posible la identificación de dianas terapéuticas -con el descubrimiento de biomarcadores en distintos ámbitos de la salud-, el desarrollo de fármacos dirigidos y la optimización de tratamientos, así como nuevos usos de fármacos existentes. El año arrancó con la tan esperada aprobación del lecanemab, primer tratamiento que ha demostrado ralentizar la progresión del Alzheimer y sus síntomas en individuos en fase preclínica; actúa reactivando el sistema inmunitario para que elimine los acúmulos proteicos -y el donanemab, más eficaz, ya está en camino-. También ha recibido la luz verde de la FDA la terapia génica Casgevy, primer medicamento que utiliza la herramienta de edición genética CRISPR. En el ámbito diagnóstico, buena parte focalizado en la prevención, también se espera una revolución.

Hace unas semanas el British Medical Journal publicaba un estudio sobre una nueva prueba de detección de cánceres múltiples basada en proteomas. Y aquí, el Hospital de Sant Pau de Barcelona acaba de anunciar el exitoso resultado de un estudio, también basado en el análisis de las proteínas en sangre, que haría posible diagnosticar el Alzhéimer con una precisión del 90% con una analítica.

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Las posibilidades que han arrojado las aportaciones de estas disciplinas llevan a que tanto en ámbitos científicos como en la sociedad en su conjunto se hayan generado muchas expectativas. Detener o revertir el deterioro de los tejidos nos llevará a controlar numerosas enfermedades ligadas a la edad y, en consecuencia, se espera un salto significativo de los límites de la longevidad y la juventud. Este campo está suscitando el entusiasmo de muchos jóvenes científicos. La conferencia de Juan Carlos Izpisua -al frente del proyecto de Altos Lab en rejuvenecimiento celular- en Boston el pasado verano sobre tecnologías antienvejecimiento causó tal interés que requirió intervención policial por exceso de aforo. También el mensaje de que los alimentos y cualquier otra sustancia que ingerimos, así como los factores ambientales, determinarán en gran medida las enfermedades que desarrollaremos y los años que viviremos, está calando en la sociedad. No faltan personajes que llevan el asunto al extremo, como el multimillonario Bryan Jhonson, que trata de revertir su reloj biológico de los 45 a los 18 años transfundiéndose sangre de su hijo adolescente, entre otras prácticas, tratamientos y dietas. O el mismísimo David Sinclair, eminencia non grata entre la comunidad científica, aunque uno de los mayores expertos en antienvejecimiento y epigenética, que toma cada día resveratrol y metformina (antioxidante presente en el vino tinto, y antidiabético, respectivamente), y ciñe su dieta a plantas y frutos secos. El Dr. Sinclair, profesor de genética en la Universidad de Harvard, también colabora con la firma cosmética Caudalie en la formulación de una línea antiedad a base de resveratrol y de la enzima TET -implicada en la desmetilación del ADN- con el propósito de revertir el envejecimiento cutáneo. Se desgrana la dieta de las llamadas ‘zonas azules’; los ritmos circadianos parecen indicar que la hora sí importa; continúa el debate sobre las sirtuínas como diana; la rapamicina muestra un efecto similar a la restricción calórica -pero desconecta el sistema inmunitario-…

En este cóctel participan ingredientes nada recomendables, como el exceso de expectativas, de impaciencia, o la desinformación y frivolización. De ello dan cuenta los doctores Manel Esteller y Salvador Macip en El secreto de la vida eterna, donde, a pesar de su título, los autores dejan claro que los espectaculares hallazgos logrados no han sido probados en humanos y, además, sus efectos secundarios no los hacen viables en estos momentos: “Debemos ser conscientes -advierten- de que en el mercado no hay ninguna pastilla, tratamiento, intervención o manipulación que sepamos a ciencia cierta que ralentiza o frena el envejecimiento.” El libro repasa las 12 posibles estrategias antienvejecimiento (sobre las que informamos en el reportaje Sanos para siempre, publicado en el número de febrero del pasado año) y los posibles abordajes terapéuticos. Veremos fármacos que eliminen la acumulación de células senescentes, o las células con ADN dañado, o las marcas epigenéticas de las células envejecidas, otros que promuevan la autofagia, o tratamientos mitocondriales, por ejemplo. Aunque la idea no es administrarlos a personas sanas sino curar enfermedades.

Nuestros mecanismos de reparación se mantienen en condiciones óptimas durante la edad reproductiva y están optimizados también para asegurar el modo más eficiente de traspasar el ADN a la siguiente generación. Al parecer, la reproducción, y no la inmortalidad, garantiza una variedad genética suficiente para que, por azar, siempre haya alguna línea con una ventaja evolutiva frente a los cambios del medio. Un mejor estilo de vida nos dará algunos años más, que viviremos con mejor salud, pero el gran salto en longevidad se producirá cuando se desarrollen nuevos fármacos que modifiquen el curso de los procesos de envejecimiento. La máquina es perfecta en su ‘objetivo’ de perpetuar la especie -no de mejorarla necesariamente-. Conocerla mejor, y jaquearla en su justa medida, es, a grandes rasgos, el próximo objetivo de la ciencia.

Entrevista a Javier Campión, investigador en BCC Innovation, centro tecnológico en gastronomía de Basque Culinary Center

Javier Campión, BCC
NUTRICIÓN
DE PRECISIÓN 
“El paciente debe comprender que los resultados nutrigenéticos adversos no son una condena” 

Javier Campión, doctor en Ciencias Biológicas y experto en nutrición de precisión, es investigador en el área de Salud de BCC Innovation, centro tecnológico de Basque Culinary Center, institución académica y de investigación adscrita a la Universidad de Mondragón. El Centro lleva a cabo investigaciones sobre gastronomía terapéutica y gastronomía personalizada, y tiene en marcha numerosos proyectos de los que Campión nos habla en esta entrevista.
Establecer relaciones entre técnicas de cocinado y salud, programas de intervención nutricional culinaria para prevenir el Alzheimer, o proyectos para mejorar la calidad de vida de pacientes con enfermedades como la esclerosis múltiple, el síndrome de intestino irritable, o la diabetes tipo 2, son algunos de ellos. La aportación del enfoque gastronómico a la nutrición de precisión contribuye a mejorar la adherencia a las dietas terapéuticas y, sobre todo, permite al paciente mantener los momentos de gratificación que proporciona el acto de comer, mecanismo éste, la gratificación, también implicado en la preservación de la salud.
¿Qué sabemos hasta ahora de la interacción gen-nutriente y en qué ámbitos de la salud es hoy posible intervenir a través de la nutrición y la alimentación?
Los estudios nutrigenéticos de interacción a nivel de gen-nutriente y gen-dieta exploran por medio de la genómica nutricional el efecto de las variantes genéticas sobre la absorción y el metabolismo de los micronutrientes y macronutrientes, es decir sobre las respuestas nutricionales y la función de los nutrientes.
Las interacciones gen-dieta también intervienen en la respuesta a las intervenciones nutricionales cuando se limita la ingesta total de energía o se altera la proporción relativa de hidratos de carbono, proteínas y grasas.
En este sentido, se han realizado estudios en diferentes poblaciones para explorar más a fondo los efectos de las variantes genéticas localizados en los genes que regulan la ingesta de alimentos, el metabolismo de las lipoproteínas y los lípidos, la homeostasis de la glucosa, la señalización de la insulina, los ciclos circadianos, las respuestas inflamatorias y el metabolismo de los aminoácidos sobre la mejora metabólica, el aumento/pérdida de peso, la resistencia a la insulina, y los niveles séricos de lípidos.
La mayoría de las pruebas nutrigenéticas analizan el efecto de múltiples polimorfismos en los cambios del comportamiento alimentario. Estas pruebas siempre deben estar basadas en la evidencia científica y ser utilizadas como herramienta de apoyo en consulta de dietética y nutrición. Además, el paciente debe comprender que los resultados nutrigenéticos adversos no son una condena, sino que en la inmensa mayoría de los casos tus hábitos alimentarios y el estilo de vida pueden superarlos. Mónica Daluz /
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ACTUALIDAD

Entrevista a Javier Campión, investigador en BCC Innovation, centro tecnológico en gastronomía de Basque Culinary Center

“El paciente debe comprender que los resultados nutrigenéticos adversos no son una condena”

Mónica Daluz
Periodista especializada
08/02/2024

Javier Campión, doctor en Ciencias Biológicas y experto en nutrición de precisión, es investigador en el área de Salud de BCC Innovation, centro tecnológico de Basque Culinary Center, institución académica y de investigación adscrita a la Universidad de Mondragón. El Centro lleva a cabo investigaciones sobre gastronomía terapéutica y gastronomía personalizada, y tiene en marcha numerosos proyectos de los que Campión nos habla en esta entrevista. Establecer relaciones entre técnicas de cocinado y salud, programas de intervención nutricional culinaria para prevenir el Alzheimer, o proyectos para mejorar la calidad de vida de pacientes con enfermedades como la esclerosis múltiple, el síndrome de intestino irritable, o la diabetes tipo 2, son algunos de ellos. La aportación del enfoque gastronómico a la nutrición de precisión contribuye a mejorar la adherencia a las dietas terapéuticas y, sobre todo, permite al paciente mantener los momentos de gratificación que proporciona el acto de comer, mecanismo éste, la gratificación, también implicado en la preservación de la salud.

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¿Qué sabemos hasta ahora de la interacción gen-nutriente y en qué ámbitos de la salud es hoy posible intervenir a través de la nutrición y la alimentación?

Los estudios nutrigenéticos de interacción a nivel de gen-nutriente y gen-dieta exploran por medio de la genómica nutricional el efecto de las variantes genéticas sobre la absorción y el metabolismo de los micronutrientes y macronutrientes, es decir sobre las respuestas nutricionales y la función de los nutrientes. Las interacciones gen-dieta también intervienen en la respuesta a las intervenciones nutricionales cuando se limita la ingesta total de energía o se altera la proporción relativa de hidratos de carbono, proteínas y grasas. En este sentido, se han realizado estudios en diferentes poblaciones para explorar más a fondo los efectos de las variantes genéticas localizados en los genes que regulan la ingesta de alimentos, el metabolismo de las lipoproteínas y los lípidos, la homeostasis de la glucosa, la señalización de la insulina, los ciclos circadianos, las respuestas inflamatorias y el metabolismo de los aminoácidos sobre la mejora metabólica, el aumento/pérdida de peso, la resistencia a la insulina, y los niveles séricos de lípidos. La mayoría de las pruebas nutrigenéticas analizan el efecto de múltiples polimorfismos en los cambios del comportamiento alimentario. Estas pruebas siempre deben estar basadas en la evidencia científica y ser utilizadas como herramienta de apoyo en consulta de dietética y nutrición. Además, el paciente debe comprender que los resultados nutrigenéticos adversos no son una condena, sino que en la inmensa mayoría de los casos tus hábitos alimentarios y el estilo de vida pueden superarlos. Los ámbitos de la salud en los que hoy es posible intervenir son múltiples y van más allá de la clásica consulta dietético-nutricional dirigida a la pérdida de peso. Así, por ejemplo, también existen estudios de interacción que permiten identificar variantes genéticas relacionadas con la susceptibilidad a enfermedades a través de la interacción con dietas y nutrientes específicos. Este tipo de estudios puede utilizarse para predecir el riesgo de padecer diversas enfermedades crónicas que, con la ayuda de un tratamiento nutricional personalizado, podrían prevenirse o controlarse mejor. Más aún, estos estudios permiten reducir o mitigar, mediante una estrategia de nutrición personalizada, los efectos secundarios que presentan determinados tratamientos farmacológicos.

El despegue de la nutrición personalizada, con el desarrollo de las ómicas, está cambiando el paradigma del sector sanitario; cambios en los que están implicados campos como el de la tecnología alimentaria y el gastronómico, ¿cómo se están incorporando estos nuevos conocimientos al ámbito de la gastronomía?

Estoy de acuerdo en el cambio de paradigma a nivel de investigación, aunque las tecnologías ómicas son técnicas de alto rendimiento, muy caras y destinadas a estrategias no dirigidas. Estas técnicas nos permiten, a través de análisis de datos avanzados, el estudio de una gran cantidad de moléculas biológicas de un solo tipo (proteínas, ADN y sus modificaciones, ARN, etc.) y en una misma muestra. Y a esta revolución se une otra: la aplicación de análisis multiómicos en estudios de alimentación y salud empleando datos de diferentes tecnologías ómicas de un mismo sujeto. Existen diversas iniciativas a nivel nacional e internacional que están intentando aplicar estas tecnologías en el campo de la nutrición personalizada con relativo buen éxito, dirigidas por ejemplo al desarrollo de alimentos funcionales, o de dietas específicas para diferentes condiciones y enfermedades. Estos proyectos están intentando superar los diversos retos que supone la aplicación de estas tecnologías, como la enorme cantidad de datos que hay que almacenar y procesar, la capacidad de computación necesaria, o la formación de suficientes especialistas que manejen estos datos y sepan extraer las conclusiones necesarias.

¿Puede explicar cómo se aborda desde el BCC Innovation la gastronomía personalizada y qué desarrollos tienen en marcha en materia de nutrición de precisión?

En el Centro desarrollamos soluciones innovadoras en el ámbito de la gastronomía y alimentación. Trabajamos en estrecha colaboración con un ecosistema único de investigación, innovación y emprendimiento, contando con un equipo multidisciplinar compuesto por diferentes perfiles científicos, creativos, chefs y expertos con extensa trayectoria internacional. Nuestra misión es generar conocimiento para transferirlo a lo largo de la cadena de valor con una visión integral de la gastronomía, desde la producción hasta el consumo, abordando las demandas cambiantes y los grandes retos globales de la alimentación.

Dentro del Área de Salud, nuestro objetivo es mejorar la calidad de vida de las personas a través de la gastronomía, brindando soluciones basadas en la evidencia científica y sin perder la parte de socialización, placer y disfrute de la alimentación. Como he comentado antes, se están realizando muchos esfuerzos a nivel de potenciar la nutrición personalizada, pero nuestro enfoque va más allá de la nutrición, queremos avanzar en la personalización de la gastronomía desde un punto de vista integral y utilizando tecnologías ómicas que nos permitan analizar la relación entre las características internas del paciente, los hábitos alimentarios, los procesos culinarios y la salud. Para ello, apostamos por utilizar las comentadas ciencias ómicas, metabolómica, microbioma, nutrigenómica, etc., en el estudio de la respuesta a la dieta desde una perspectiva multiómica y gastronómica, así como también analizar, con técnicas de alto rendimiento, la formación de diferentes compuestos o metabolitos generados en los alimentos para así establecer relaciones entre técnicas de cocinado y dietas con la salud.

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¿Puede citar algún ejemplo de las acciones en gastronomía terapéutica llevadas a cabo por el BCC Innovation?

Dentro de nuestro centro tecnológico hemos desarrollado diferentes proyectos relacionados con la gastronomía terapéutica dirigida a mejorar la calidad de vida de pacientes con enfermedades como la esclerosis múltiple, el síndrome de intestino irritable, o la diabetes tipo 2. En la actualidad estamos llevando a cabo una intervención nutricional culinaria para prevenir el Alzheimer dentro del estudio Cita Go-on, con más de 1.000 participantes, y nos estamos posicionando con desarrollos relacionados con la nutrición personalizada en pacientes oncológicos y con enfermedades crónicas inflamatorias, a través de herramientas de salud digital.

El mensaje sobre la influencia que tienen los compuestos de los alimentos sobre la expresión de nuestros genes, y en consecuencia sobre el desarrollo de enfermedades, está suscitando gran interés en la sociedad, sobre todo la posibilidad de influir en el mantenimiento de la salud, con especial énfasis en la longevidad saludable. Se consume mucha información al respecto: dietas de todo tipo, ayunos, alimentos prohibidos… ¿Qué opina de este embrollo de prácticas nutricionales?

La influencia que tienen los compuestos de los alimentos sobre nuestros perfiles biológicos tiene un peso fundamental no solo en la prevención o en el desarrollo de enfermedades, sino sobre la gravedad con la que van a cursar o la facilidad con la que los tratamientos van a funcionar en los pacientes. Hay que remarcar también que esta influencia no es solo a nivel nutricional sino también a nivel gastronómico: cómo, cuándo y dónde obtener las materias primas, si se hace de una manera sostenible o no, qué elaboraciones culinarias se emplean o qué procesos de conservación e industriales han sufrido los alimentos. Todas estas variables y muchas más, modifican las propiedades saludables de los compuestos de los alimentos. Respecto al embrollo que comentas, que viene en parte por el exceso de información, creemos que lo más importante es enfatizar que la información consumida debería provenir siempre de la evidencia científica. En el terreno de la pedagogía y divulgación, desde BCC Innovation, junto con otros Centros, estamos promoviendo el uso de la medicina culinaria como una herramienta educativa del paciente asociado a diferentes enfermedades, por ejemplo, a través del proyecto europeo Cook2Diabeat, en el que participamos para desarrollar estrategias de empoderamiento en salud y herramientas de cocreación de contenido para personas con diabetes mellitus tipo 2.

¿Cree que el ámbito de la nutrición personalizada puede ser el detonante de una nueva oferta en el sector gastronómico, con modelos de negocio disruptivos que incorporen en alguna medida esta personalización?

Sin ninguna duda, creo que el ámbito de la nutrición y la gastronomía personalizada puede ser el detonante de una nueva oferta en el sector. Ahora bien, en mi opinión, todavía no existen los modelos de negocio que hagan rentable la utilización de la personalización más allá de su empleo industrial en el desarrollo de nuevas herramientas, como por ejemplo la creación de alimentos funcionales. Por otro lado, a nivel clínico y farmacéutico sí que veo a corto plazo la implementación de estrategias de nutrición personalizada para diferentes condiciones y enfermedades, sobre todo durante el período de tratamiento, acompañando a la medicina personalizada con estrategias provenientes de la nutrigenética y de estudios de tecnologías ómicas en alimentación. Sin embargo, el mayor reto lo veo en encontrar nuevos nichos y sistemas que hagan rentable la nutrición personalizada en el ámbito del negocio de la restauración tal como está planteado ahora, teniendo en cuenta todo el proceso de elaboración, proveedores, sostenibilidad, etc., ya que los actuales sistemas productivos no terminan de encajar en términos de rentabilidad económica con la aplicación de la nutrición personalizada. Lo veo totalmente posible, trabajamos por conseguirlo, pero hay que incidir en este aspecto disruptivo.

Una conclusión o reflexión final

La nutrición personalizada, gracias a las nuevas tecnologías y a los avances científicos, está avanzando hacia otro nivel, un nivel que debe impactar de forma directa y con más fuerza en la salud de las personas. Más allá de las palabras técnicas, como ‘interacción gen-nutriente’, ‘tecnologías ómicas’ o ‘algoritmos de personalización’, no debemos olvidar que estas nuevas soluciones están dirigidas a mejorar la calidad de vida de las personas a través de la educación para conseguir cambios en los hábitos alimentarios y el estilo de vida. En BCC Innovation trabajamos con el objetivo de crear soluciones innovadoras que logren, a través de la gastronomía personalizada, cambios duraderos en el tiempo sin olvidar el aspecto social y de disfrute de la alimentación.

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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