Del neuromarketing a la “neurochorrada”

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Del neuromarketing a la “neurochorrada”
TRIBUNA DE OPINIÓN

El avance de las neurociencias ha hecho que diversos sectores, como la economía o el marketing, busquen desarrollar estrategias y herramientas en base a los hallazgos que se suceden en este campo. Las marcas y los establecimientos tratan de estimular los sentidos del consumidor para provocar reacciones neurológicas, físicas y químicas, con las que inducir en él un determinado comportamiento a la vista de las prometedoras expectativas de las neurociencias, o utilizar estos nuevos conocimientos como argumento de venta. La industria alimentaria ya ha colocado en los lineales “neurobebidas”… Pero lo cierto es que se trata de estudios que solo pueden arrojar parcialidades, evidencias importantes pero pequeñas, porque todavía no sabemos qué ocurre simultáneamente en todo el cerebro ante un estímulo. Lo que sí está claro es que la tecnología es, cada vez más, un sólido apoyo para conocer al consumidor y estudiar su comportamiento, con el fin de segmentar y personalizar con mayor precisión; lo último, los sistemas de detección facial, que además de aportar información demográfica, analizan las expresiones –en busca de emociones– o el itinerario de la mirada del comprador –para determinar qué es relevante para él–. Porque no todo es verdad, pero no todo es mentira. La clave es el rigor. Y por lo que respecta a intervenir a conveniencia en el comportamiento o en las emociones humanas desde la neurociencia, tal vez lleguemos, pero ahora toca una larga estancia preparando lo que ha de ser el campamento base, para que próximas generaciones de científicos inicien, y ojalá completen, esta épica ascensión, en cuya cúspide se halla, nada menos que, el mapa del cerebro. Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

La mercadotecnia y la comunicación han buscado generar asociaciones mentales y han explorado múltiples estrategias procedentes de la psicología

Del neuromarketing a la “neurochorrada”

Mónica Daluz
28/05/2019

El avance de las neurociencias ha hecho que diversos sectores, como la economía o el marketing, busquen desarrollar estrategias y herramientas en base a los hallazgos que se suceden en este campo. Las marcas y los establecimientos tratan de estimular los sentidos del consumidor para provocar reacciones neurológicas, físicas y químicas, con las que inducir en él un determinado comportamiento a la vista de las prometedoras expectativas de las neurociencias, o utilizar estos nuevos conocimientos como argumento de venta. La industria alimentaria ya ha colocado en los lineales “neurobebidas”… Pero lo cierto es que se trata de estudios que solo pueden arrojar parcialidades, evidencias importantes pero pequeñas, porque todavía no sabemos qué ocurre simultáneamente en todo el cerebro ante un estímulo. Lo que sí está claro es que la tecnología es, cada vez más, un sólido apoyo para conocer al consumidor y estudiar su comportamiento, con el fin de segmentar y personalizar con mayor precisión; lo último, los sistemas de detección facial, que además de aportar información demográfica, analizan las expresiones –en busca de emociones– o el itinerario de la mirada del comprador –para determinar qué es relevante para él–. Porque no todo es verdad, pero no todo es mentira. La clave es el rigor. Y por lo que respecta a intervenir a conveniencia en el comportamiento o en las emociones humanas desde la neurociencia, tal vez lleguemos, pero ahora toca una larga estancia preparando lo que ha de ser el campamento base, para que próximas generaciones de científicos inicien, y ojalá completen, esta épica ascensión, en cuya cúspide se halla, nada menos que, el mapa del cerebro.

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El “living coral”, a caballo entre el fucsia y el rosa palo, y cierto aire retro, ha sido elegido color del año por Pantone, una propuesta anual que marca tendencia desde hace dos décadas. En esta ocasión, la idea es evocar, dicen, los arrecifes de coral y la energía, vitalidad e intimidad que produce el color rosa. “El color penetra en la psique del consumidor y puede convertirse en un estímulo directo para la venta”, leemos en 1.001 trucos publicitarios, del publicista Luc Dupont, y sobre el rosa, Jean-Gabriel Causse, escritor y diseñador, especializado en la influencia que los colores tienen sobre nuestros comportamientos (su libro El día que amaneció sin colores, recopila los principales descubrimientos científicos sobre las influencias del color en nuestra actividad cerebral) afirma que al contemplar este color, el rosa, se activan las mismas zonas del cerebro que cuando se contemplan imágenes de felicidad.

Ninguna marca, por ejemplo, presentaría un fármaco para el tratamiento de un cáncer en una caja de color negro, que está ligado en nuestra cultura a la muerte y al luto. Pero sí es un color valorado en packaging y etiquetaje de productos para la industria cosmética o alimentaria que tratan de evocar elegancia y lujo. Los colores, los olores, los sonidos…, adquieren valor de signo, ocurre así desde que el ser humano desarrolla la destreza del pensamiento simbólico, desde que pasa de una memoria que recuerda a una memoria que anticipa, en definitiva, del mundo real al mundo interpretado (este revestimiento cultural de la realidad fue estudiado por el psicólogo y filósofo estadounidense Mark Baldwin en 1896, bajo la hipótesis de que éste constituía un mecanismo para cambiar el genoma humano, de que el comportamiento sostenido de un grupo puede modelar la evolución de las especies; se le llama efecto Baldwin).

El cantante Antonio Orozco durante el primer concierto de música en directo para embriones organizado por el centro de reproducción asistida Institut...

El cantante Antonio Orozco durante el primer concierto de música en directo para embriones organizado por el centro de reproducción asistida Institut Marquès, de Barcelona. Las vibraciones que produce la música incrementan la tasa de éxito de la fecundación y mejoran el desarrollo embrionario.

La mercadotecnia y la comunicación han buscado generar asociaciones mentales y han explorado múltiples estrategias procedentes de la psicología, con las que acercarse a nuestro subconsciente al objeto de tratar de orientar el comportamiento del consumidor. Para ello se han servido de las teorías de la percepción, fundamentalmente de las leyes de la Gestal, basadas en algunas particularidades de nuestra percepción de la realidad, como que un círculo negro sobre fondo blanco nos parezca más pequeño que otro blanco del mismo tamaño sobre fondo negro. O que tendamos a completar las figuras; de ahí que seamos capaces de reconocer una figura, por ejemplo en un logotipo, dibujada en cuatro trazos. O el famoso experimento sobre el funcionamiento de nuestra atención, en el que se pide a los sujetos voluntarios que cuenten el número de jugadores de uno de los equipos en unas imágenes de un partido de baloncesto; todos contaron correctamente el número de jugadores pero…, no se percataron de que una persona disfrazada de gorila se había estado paseando por el terreno de juego.

Con el producto en la tienda, el packaging y sus colores llamarán nuestra atención (para no ser el “gorila invisible” de la estantería), además de expresar y comunicar, de explicarse a sí mismo en definitiva, pero el consumidor interpreta el producto en función de su contexto, por eso es clave su organización en el lineal teniendo en cuenta los elementos circundantes. La cercanía de un producto que provoca repulsión genera un efecto de contagio a nivel inconsciente; las bolsas de basura, los pañales o la comida para perros figuran entre los productos que, según algunos estudios, causan mayor rechazo. Del mismo modo, el establecimiento juega con las asociaciones en el lineal para incentivar las ventas, por ejemplo colocando junto a los quesos, una góndola de vinos tintos. Y para fijar la marca en nuestra memoria, el punto de venta puede contribuir mejorando la experiencia de compra, ya que se sabe que cuanto mayor es la intensidad del momento que estamos viviendo, mayor es el recuerdo.

El olfato, por su parte, es uno de los sentidos que más huella deja en nuestro subconsciente. Vincular la experiencia de marca o de establecimiento a un olor ha sido una estrategia que se ha convertido en tendencia, y cada vez más compañías crean su odotipo como elemento de reconocimiento. Y, cómo no, la música. Que la música puede modificar nuestro ánimo y despertar nuestras emociones, es una obviedad. Pero la neurociencia quiere saber de qué modo influyen las melodías sobre nuestro cerebro. En la Universidad Autónoma de Berlín ya están estudiando, con técnicas de neuroimagen (escáneres), qué sucede en el cerebro cuando con las melodías provocan diversas emociones, como alegría o tristeza, en los sujetos. En 2015, el centro de reproducción asistida Institut Marquès, de Barcelona, organizó el primer concierto de música en directo para embriones; el centro incorpora música en todas sus incubadoras de embriones. La razón: las conclusiones del estudio “Impact of exposure to music during in Vitro culture on embryo development”, según las cuales, las vibraciones musicales aumentan un 5% la tasa de éxito de la fecundación in vitro y mejoran el desarrollo embrionario. El tenue movimiento que producen las vibraciones, a modo de masaje, estimula los procesos implicados. También se está haciendo con el vino; algunos enólogos afirman que la vibración y frecuencia característica del sonido de la música clásica mejora la calidad del vino especialmente en su proceso de crianza, y más de un bodeguero pone música a sus caldos aunque, en este caso, no existan estudios exhaustivos que demuestren la efectividad de esta técnica.

Una imagen, un olor, una melodía o una textura, evocan en cada individuo sensaciones colectivas...

Una imagen, un olor, una melodía o una textura, evocan en cada individuo sensaciones colectivas, que el mundo del marketing y la publicidad manejan con soltura, pero también sensaciones personales condicionadas por vivencias individuales, por nuestros recuerdos, nuestros sesgos, nuestras certezas, nuestras respuestas automáticas, y ello arroja un dibujo cerebral distinto en cada instante, irrepetible.

Todos ellos, los sentidos, juntos o por separado, nos transportan en el tiempo y en el espacio, nos hacen recordar e imaginar. Los publicistas, con el objeto de suscitar afectos y asociaciones positivas, buscan la evocación, o lo que psicología se llama efecto primado, que se da cuando la forma de procesar un estimulo se ve influida porque un estímulo anterior activa la memoria implícita, que contiene vivencias que producen asociaciones específicas. Olores, música, iconos culturales o storytellings buscan esa activación. Los psicolingüistas explican que una sola palabra puede activar un concepto global, un tesoro para una marca conseguirlo. De ahí la importancia de elegir el nombre de la marca (naming). También es tradición servirse del efecto “halo”; en sociopsicología consiste en un sesgo cognitivo que concluye propiedades desconocidas de una persona, marca o producto, a partir de propiedades conocidas. O el herding (efecto rebaño), por el que la opinión del grupo prima con respecto a la individual. Ser el primero, y en su defecto, crear una categoría de producto o apropiarse de un concepto o palabra son otras de las estrategias empleadas por las marcas para condicionar nuestra percepción, puesto que ésta determina nuestro concepto de realidad. Sin duda, la percepción de un producto es más importante que el producto en sí mismo.

Los investigadores buscan acceder a la imagen del proceso de decisión de compra. El neuromarketing trata de optimizar las estrategias de marketing poniendo su foco en lo que ocurre en el cerebro del consumidor a nivel biofísico. Nuestros procesos mentales se traducen en procesos físicos y bioquímicos que la neurociencia trata de descifrar, centrándose en cómo interactúan razón y emoción en la toma de decisiones. Existe consenso en que las emociones influyen en la forma en que percibimos y evaluamos nuestro entorno y que el cerebro emocional está más implicado que el racional en la toma de decisiones. Parece que solo somos plenamente conscientes de la existencia nuestro cerebro pensante, el neocórtex, mientras que el cerebro emocional y el cerebro reptiliano (que rige los impulsos) son en buena parte inconscientes. El marketing, con el packaging y el etiquetaje, los colores o el contraste, aprovecha esa evaluación automática para lanzar un estímulo primario con el que atraer la atención.

Sector farmacéutico y marketing, compleja pareja

Las lógicas exigencias regulatorias de la industria farmacéutica han venido suponiendo una limitación para el sector en materia de comunicación. Según las bases legales que rigen la información y publicidad de los medicamentos, los laboratorios pueden anunciar libremente al consumidor los productos de venta libre; una de las estrategias que han venido utilizando los laboratorios para ampliar sus posibilidades de comunicación ha sido, precisamente, transformar medicamentos de prescripción en productos OTC. Sin embargo, la publicidad en productos de prescripción solo puede dirigirse a los profesionales de la salud. Hoy el médico ha dejado de ser el target más potente de las acciones de marketing en el sector farmacéutico. La implantación de los genéricos ha llevado a que hoy el médico prescriba la molécula y sea el farmacéutico quien oriente la venta hacia una u otra marca, lo que, además, facilita la venta cruzada, complementando con productos OTC el tratamiento de prescripción.

Los colores, los olores, los sonidos....

Los colores, los olores, los sonidos…, adquieren valor de signo, ocurre así desde que el ser humano desarrolla la destreza del pensamiento simbólico, desde que pasa de una memoria que recuerda a una memoria que anticipa, en definitiva, del mundo real al mundo interpretado.

Con respecto a los genéricos, tradicionalmente, estos han sido vistos con menos confianza por los consumidores que los medicamentos de marca, pero en los últimos años los laboratorios han apostado por trabajar la comunicación corporativa y la reputación e imagen de marca, y como consecuencia, esta visión se está diluyendo.

Los expertos en marketing especializado en el sector sanitario señalan que la farmacia tiene recorrido en la mejora de la experiencia de compra, que complemente y refuerce la indiscutible calidad de servicio, creando ambientes con los que transportar al cliente dónde nos propongamos. El recuerdo de marca se va modificando con la experiencia de compra, que, no olvidemos, puede ser offline. Algunas sugerencias son incorporar servicios adicionales relacionados, por ejemplo, con la salud y la belleza, ofreciendo un servicio de nutrición, con planes personalizados para el sobrepeso, que además nos permite apoyar con productos OTC relacionados, desde infusiones drenantes hasta cremas reafirmantes.

Todavía no ha llegado, pero lo hará. Y es que hoy la segmentación es poder. La cadena australiana Westfield ha instalado carteleras digitales con cámaras ocultas que identifican la edad, el sexo, registran el movimiento de los ojos y la duración de la atención a un determinado estímulo y, lo más novedoso, el estado de ánimo de las personas ante un anuncio a través de sus expresiones faciales. La tecnología de detección facial utilizada en este caso identifica algunos rasgos de la persona pero no su identidad, como sí lo hacen las utilizadas por la policía y por algunos gobiernos, como el chino, que ha instalado este tipo de tecnología en sus calles, escuelas… En sentido contrario, hace unos días el consistorio de San Francisco (EE UU) ha prohibido a la policía la utilización de la tecnología de reconocimiento facial alegando sesgos de raza en su programación.

El instante irrepetible

Para desenvolvernos, los seres humanos contamos con los recursos que nos permiten nuestras conexiones neuronales, forjadas con nuestras experiencias, y serán ellas las que nos conducirán en nuestras conductas y nuestras decisiones. Al nacer, de hecho antes, en el momento en que los sentidos están suficientemente desarrollados para realizar su función, percibir un estímulo, comienza la transmisión de información al cerebro sobre lo que está ocurriendo ahí fuera, y su recepción se convierte en un ir y venir de impulsos eléctricos, en un baile de axones y dendritas uniéndose entre sí; y entre la pirotecnia, si el estímulo es placentero irrumpe, además, un tsunami de endorfinas. A medida que se multiplican las sinapsis, conocimientos empíricos y emocionales, tanto conscientes como inconscientes, positivos y negativos, van nutriendo nuestro entendimiento del mundo y de nosotros mismos, y nos conducen a nuestra particular realidad, una realidad interpretada, una realidad percibida.

El neuromarketing busca conocer cómo el sistema nervioso traduce la enorme cantidad de estímulos a los que está expuesto un individuo, con el objeto de predecir la conducta del consumidor para seleccionar el formato y el desarrollo de la comunicación que éste recuerde mejor. Una imagen, un olor, una melodía o una textura, evocan en cada individuo sensaciones colectivas, que el mundo del marketing y la publicidad manejan con soltura, pero también sensaciones personales condicionadas por vivencias individuales, por nuestros recuerdos, nuestros sesgos, nuestras certezas, nuestras respuestas automáticas, y ello arroja un dibujo cerebral distinto en cada instante, irrepetible.

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Pero esto no impide que la ciencia esté determinada a descifrar esta “piedra rosetta” que permitirá entender el particular idioma de las neuronas y saber qué aspecto tiene bioquímicamente cada proceso mental, también el de las emociones. En cualquier caso, cada instante es único en la foto. Y de ella solo podemos ver algunos píxeles, a veces logramos ver incluso un grupo de píxeles, pero nunca vemos la imagen completa.

Los científicos alertan de que esas parcialidades se diseminan a su vez de modo sesgado, incluso reinterpretado. La neurocientífica Molly Crockett, explicó en una interesante y elocuente conferencia TED cómo unas conclusiones de su experimento que demostraban que reduciendo el componente básico de la serotonina, el aminoácido triptófano, las personas eran más proclives a la venganza cuando eran tratadas injustamente, generó, ante su sorpresa, el siguiente temerario, impreciso e incompleto titular: “Un sándwich de queso es todo lo que necesitas para tomar decisiones”, ¿qué tenía que ver el queso con la investigación?… ¡que el queso contiene triptófano! Una caprichosa extrapolación de datos. Existe mucha información confusa y sobredimensionada sobre los nuevos datos que se obtienen desde esta disciplina. Serotonina, dopamina, endorfinas, adrenalina… el neuromarketing ha popularizado algunos neurotransmisores de los que, por supuesto se tienen amplios conocimientos científicos, pero algunas marcas están ofreciendo productos que supuestamente ejercen determinados efectos sobre nuestro cerebro, como neurobebidas que prometen reducir el estrés sin abalarlo con ningún estudio científico. Los neurotransmisores están implicados en múltiples procesos; está demostrado que niveles altos de oxitocina aumentan la empatía y la cooperación, pero otros estudios, igualmente válidos, demuestran que aumenta la envidia y la presunción. “No hemos encontrado un botón que diga ‘comprar’ en el cerebro, ni podemos decir si alguien miente o está enamorado solo mirando sus encefalogramas, y no podemos convertir pecadores en santos con hormonas”, sentencia Crockett.

Cuando Barack Obama anunció en 2013 que financiaría un ambicioso proyecto llamado Brain (que luego se supo que competía con otros, como el de la Nasa para enviar un hombre a Marte) cogió por sorpresa al equipo de científicos (entre ellos el ideólogo y director del proyecto, el español Rafael Yuste) que acudieron en su momento a la Casa Blanca a presentarle al entonces presidente un proyecto que consistía en llegar a registrar la actividad de todas y cada una de las neuronas de un sistema nervioso en animales. El presidente Obama amplió el proyecto e incluyó a los humanos en su anuncio. El proyecto Brain, financiado por el contribuyente americano y en el que participan instituciones científicas de todo el mundo, prevé registrar la actividad completa del cerebro de un animal en 15 años.

Yuste, neurobiólogo y profesor en la Universidad de Columbia, en Nueva York, la misma que ha arrojado un total de 96 premios nobel, 29 jefes estado, 3 presidentes de Estados Unidos y 26 ganadores de un Oscar, y que, paradójicamente, también fue cuna del Proyecto Manhattan (que daría origen a las primeras armas nucleares), lanzó por primera vez en 2011 entre la comunidad científica la propuesta de mapear el cerebro.

En una de sus múltiples entrevistas para la televisión, hasta en cuatro ocasiones respondió Yuste ante preguntas tan interesantes como ¿qué es el pensamiento?, ¿qué es la conciencia? o ¿qué es la inteligencia?, científicamente hablando, a nivel bioquímico, con un decepcionante pero realista “no lo sabemos”.

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El mayor reto de este proyecto es superar la dificultad que supone entender un órgano que, a diferencia del resto, hace cosas abstractas y que, a día de hoy, no existen herramientas técnicas que permitan entender el idioma en el que las neuronas se comunican. Brain tiene por objetivo desarrollar nuevas técnicas que permitan sentar las bases con las que poder registrar toda la actividad cerebral de circuitos neuronales completos en animales o en pacientes. Hasta la fecha se ha podido medir la actividad de una neurona concreta, pero todo apunta a que hay una actividad conjunta de miles de neuronas, distribuidas de manera dispersa en el cerebro, y para avanzar en esta cartografía es necesario registrar la actividad de todas a la vez.

Así que, sí, podemos producir algunas endorfinas creando ambientes y experiencias, con olores, colores, sonidos, música, sabores, iconos culturales, podemos lograr que un color o una palabra, incluso una entonación y un gesto, o las primeras palabras de un eslogan hagan al consumidor pensar en una marca (para varias generaciones estas dos palabras resultan evocadoras: “…busque, compare…”, les suena ¿verdad?). En cualquier caso los conocimientos que aportan las neurociencias al marketing vienen a complementar las técnicas tradicionales, que siguen vigentes y se sofistican a medida que el sector ahonda en nuestra psique. Porque la mente es todo lo que somos. Aunque la era del cerebro cartografiado nos puede llevar del cerebro que se inventa el mundo (decía Kant que el mundo que vemos fuera lo tenemos dentro en realidad) a un nuevo estado del ser racional que decida cómo quiere ser y qué quiere sentir, como quiere que sea, en definitiva, su realidad, en un paso más de esta mediadora entre el impulso y la acción: la razón.

Para los escépticos (y “teóricos” de las conspiraciones) con respecto al sentido y objetivo de las investigaciones neurocientíficas, encabezadas por el proyecto Brain, una reflexión de Yuste eliminará todas sus reticencias: “Entendernos mejor a nosotros hará que nos tratemos mejor entre nosotros; el conocimiento siempre libera, tendrá lugar un nuevo Renacimiento y seremos, por fin, humanistas.”

Y es que cuanto más aprendemos, más conscientes somos de la inmensidad de lo que nos queda por aprender. La conclusión es matemáticamente obvia… ¡Qué sabio Sócrates! Ya saben…: “Solo sé que no sé nada”.

Pero mientas esperamos la foto completa, como consumidores debemos exigir rigor y transparencia cada vez que nos publiciten un producto asociado a efectos sobre nuestro cerebro y asegurarnos de que lo comunicado esté documentado científicamente. Ejerzamos un acto de compra reivindicativo. La elección es suya; ¿recuerda?, si encuentra algo mejor…: ¡Cómprelo!

La primera pregunta

La primera pregunta
OPINIÓN

El arqueólogo halla, y luego estudia su hallazgo asistido por múltiples disciplinas. El científico difícilmente se da de bruces con un nuevo eslabón de la cadena de la ciencia; para encontrar, debe tener una buena hipótesis al respecto. En fin, lo que se llama hacer la pregunta correcta.
“La calidad de nuestras vidas la determina la calidad de nuestro pensamiento. La calidad de nuestro pensamiento, a su vez, la determina la calidad de nuestras preguntas, ya que las preguntas son la maquinaria, la fuerza que impulsa el pensamiento. Sin las preguntas, no tenemos sobre qué pensar”, se cita en El arte de formular preguntas esenciales, editado por Foundation for Critical Thinking. Pues como en ciencia, la sociedad debería hacerse algunas preguntas correctas. El primero de nosotros, los humanos, se preguntó porqué: porqué había noche y día, porqué llovía o porqué tenía dolor de barriga. La curiosidad y la imaginación en un mundo donde todo estaba por inventar y descubrir, hicieron el resto. Las reacciones bioquímicas que se producen al aprender algo nuevo dan lugar a sustancias (neurotransmisores) generadoras de placer. Así que dimos rienda suelta a nuestro entusiasmo creativo, seguramente sin preguntarnos hacia dónde.
Dotados a estas alturas de extraordinarias tecnologías a las que vamos traspasando algunas de nuestras tareas cerebrales habituales en virtud de una mayor comodidad y efectividad, algunos estudios nos ponen sobre alerta. Esta ‘externalización’ de tareas, y dada la economía de recursos que rige nuestro funcionamiento biológico, puede comprometer la capacidad cerebral de aprender, en tanto que disminuye algunas capacidades como la atención, la concentración, la memoria o el pensamiento profundo, la reflexión. La mismísima y aparentemente infinita red de redes, nos propone paradójicamente un mundo menguado y menguante; pequeños universos hechos a medida de nuestros supuestos intereses según los cálculos de un algoritmo claramente imperfecto y para el cual no somos más que un target al que persuadir. En este contexto, también se establecerán nuevas conexiones neuronales que modificarán la estructura cerebral a través de los nuevos requerimientos que conlleva el uso de las tecnologías. La cuestión es que podemos intervenir en la evolución de nuestras funciones cerebrales y, de algún modo, elegir cómo queremos ser. ¿Qué hábitos compensatorios introducimos para mantener intactas nuestras conexiones neuronales mientras desarrollamos otras nuevas?, podría ser la pregunta. Urge una nueva escuela que aplique los avances de las neurociencias y dote al sistema educativo de un componente científico del aprendizaje; éste podría ser un punto de partida. Mónica Daluz /
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OPINIÓN

La primera pregunta

Mónica Daluz
25/04/2017

Imagen de la portada de la novela La mutación sentimental, de Carme Torras

Imagen de la portada de la novela La mutación sentimental, de Carme Torras.

Un arqueólogo halla, y luego estudia su hallazgo asistido por múltiples disciplinas. El científico difícilmente se da de bruces con un nuevo eslabón en la cadena de la ciencia; para encontrar, debe tener una buena hipótesis al respecto. En fin, lo que se llama hacer la pregunta correcta.

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“La calidad de nuestras vidas la determina la calidad de nuestro pensamiento. La calidad de nuestro pensamiento, a su vez, la determina la calidad de nuestras preguntas, ya que las preguntas son la maquinaria, la fuerza que impulsa el pensamiento. Sin las preguntas, no tenemos sobre qué pensar”, se cita en El Arte de Formular Preguntas Esenciales, editado por Foundation for Critical Thinking. Pues como en ciencia, la sociedad debería hacerse algunas preguntas correctas. El primero de nosotros, los humanos, se preguntó porqué: porqué había noche y día, porqué llovía o porqué tenía dolor de barriga. La curiosidad y la imaginación en un mundo donde todo estaba por inventar y descubrir, hicieron el resto. Las reacciones bioquímicas que se producen al aprender algo nuevo dan lugar a sustancias (neurotransmisores) generadoras de placer. Así que dimos rienda suelta a nuestro entusiasmo creativo, seguramente sin preguntarnos hacia dónde.

El Hospital Sant Joan de Déu utiliza este robot-dinosaurio, de nombre PLEO...

El Hospital Sant Joan de Déu utiliza este robot-dinosaurio, de nombre PLEO, como elemento de apoyo psicológico durante la estancia de los niños ingresados; éstos mejoran su estado anímico gracias a la interacción con la mascota, que es capaz de corresponder al niño a través de sonidos, movimientos y juegos.

Dotados a estas alturas de extraordinarias tecnologías a las que vamos traspasando algunas de nuestras tareas cerebrales habituales en virtud de una mayor comodidad y efectividad, algunos estudios nos ponen sobre alerta. Esta ‘externalización’ de tareas, y dada la economía de recursos que rige nuestro funcionamiento biológico, puede comprometer la capacidad cerebral de aprender, en tanto que disminuye algunas capacidades como la atención, la concentración, la memoria o el pensamiento profundo, la reflexión. La mismísima y aparentemente infinita red de redes, nos propone paradójicamente un mundo menguado y menguante; pequeños universos hechos a medida de nuestros supuestos intereses según los cálculos de un algoritmo claramente imperfecto y para el cual no somos más que un target al que persuadir. En este contexto, también se establecerán nuevas conexiones neuronales que modificarán la estructura cerebral a través de los nuevos requerimientos que conlleva el uso de las tecnologías. La cuestión es que podemos intervenir en la evolución de nuestras funciones cerebrales y, de algún modo, elegir cómo queremos ser. ¿Qué hábitos compensatorios introducimos para mantener intactas nuestras conexiones neuronales mientras desarrollamos otras nuevas?, podría ser la pregunta. Urge una nueva escuela que aplique los avances de las neurociencias y dote al sistema educativo de un componente científico del aprendizaje; éste podría ser un punto de partida.

Robot humanoide bípedo, dotado de 25 grados de libertad y capacidad de reconocimiento facial y de objetos...

Robot humanoide bípedo, dotado de 25 grados de libertad y capacidad de reconocimiento facial y de objetos. Este modelo, creado por el Instituto de Robótica para la Dependencia, es utilizado para interactuar con los usuarios en talleres y actividades.

¿Nueva era?

Si les hablo de alguien que soñaba desde niño con entregarse algún día a su pasión por el estudio del sistema reproductor de las hormigas de cabeza roja, muchos de ustedes habrán adivinado que me refiero a TC (Tipo Corriente) el personaje del best seller El vendedor de tiempo, de Fernando Trías de Bes. Se hizo la pregunta correcta acerca de quién era en realidad el dueño de su tiempo y, claro, de sus sueños. Así que pasó a la acción: le dio la vuelta al sistema vendiendo tiempo envasado, tiempo libre, por supuesto. Pronto SA (Sitio Aleatorio) se viene abajo por el colapso del sistema productivo. La conclusión es, una vez más, inyectar un poco de sentido común… Hoy, la idea ya tiene nombre, es el capitalismo consciente, que viene para humanizar el sistema, promulgando un win-win que se extiende más allá de las paredes de la empresa. Nuevas corrientes abogan por aprovechar la transformación socioeconómica que se avecina y que va a implicar cambios en los procesos productivos, en los flujos de los bienes, en el mercado de trabajo y en los sistemas de salud, entre otros, para introducir una mejora cualitativa en el sistema.

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Se anuncia el advenimiento de una cuarta revolución industrial y la sociedad se pregunta por la destrucción de puestos de trabajo; se habla de la posibilidad de asegurar una renta mínima universal, o de hacer pagar impuestos a los robots —Bill Gates es uno de los precursores de la idea, algo absurda si tenemos en cuenta que la robotización llega para reducir costes—. Investigadores de la Universidad de Oxford estiman que el 57% del volumen de los empleos existentes en los países de la OCDE pueden desaparecer a causa de los avances de la robótica. Y es que la robótica avanzada no es un producto más en el mercado, es el centro sobre el que se asentará la transformación de la producción industrial, y lo hará a través de la conexión de los mundos digital y real, envuelta en un torrente de tecnologías que, en sí mismas, suponen un punto de inflexión en sus ámbitos: el internet de las cosas (IoT), las tecnologías aditivas (destacando la impresión 3D), el Big Data, los drones, la realidad virtual, la realidad aumentada o la inteligencia artificial. La automatización y la digitalización constituyen la base sobre la que se asentarán las llamadas fábricas inteligentes, ó 4.0, donde lo físico y lo digital hablan ya el mismo idioma.

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Las empresas están obligadas a la robotización para mantener su competitividad. Viviremos vaivenes geotecnológicos, con China aspirando a liderar el mercado tecnológico mundial en 2050, la relocalización de las factorías a los países desarrollados o los países en desarrollo perdiendo su tradicional ventaja competitiva en costes laborales. En materia demográfica, la pirámide se invierte insosteniblemente y la necesidad de cuidados geriátricos crece al unísono. El envejecimiento de la población constituye un reto para el sector sanitario de los países desarrollados, que deberán afrontar el coste de una alta tasa de atención crónica. En Japón, la crisis demográfica ha llevado al gobierno a proporcionar ayudas económicas a empresas que desarrollen robots para cuidados geriátricos, como levantar y trasladar pacientes, por ejemplo.

En cualquier caso, los robots han saltado las vallas de seguridad que les separaban del hábitat de los humanos y corren a ocupar sus puestos en nuevos ámbitos, y lo hacen con vocación colaborativa. Trabajando junto a los humanos, la nueva generación de robots, pequeños, precisos y fácilmente reprogramables, permiten producciones cortas y personalizadas y sobre todo, permiten automatizar procesos imposibles de automatizar con la robótica tradicional. En cuanto a los robots deambulantes, por ejemplo en el sector logístico, el próximo paso es que encuentren sus destinos de manera autónoma, perfeccionando los sistemas de visión artificial. Los médicos se apoyarán en nuevas soluciones informáticas y robóticas para sus diagnósticos y cirugías. La telemedicina y los robots asistenciales, con modelos humanoides, se encargarán del cuidado de enfermos y ancianos. Y, una pregunta: ¿cómo preparamos a las nuevas generaciones para el mundo que habrán de gestionar? La revolución educativa no puede demorarse. Debemos dotarnos de nuevos conocimientos y habilidades en consonancia con la automatización, no sólo en el ámbito de las aptitudes y la empleabilidad, también en otros. La investigadora en robótica e informática industrial, Carme Torras, también novelista y recientemente galardonada con el Advanced Grant del Consejo Europeo de Investigación, elabora material pedagógico por encargo de MIT Press (editorial universitaria afiliada al Instituto Tecnológico de Massachusetts) para ser utilizado en la asignatura ‘ética de la robótica’. Torras pone el foco sobre la cuestión ética y sobre quién crea la tecnología: “¿Cómo formamos a las personas que programan los robots para que tomen las decisiones adecuadas?”. He aquí una pregunta irrefutablemente correcta.

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No caigamos en el error de utilizar la tecnología para no pensar, y deleguemos en los robots las tareas rutinarias que nada aporten al crecimiento de la persona, para que nosotros, los humanos, sigamos buscando nuevos porqués con los que avanzar en el bien común. ¿Nos haremos las preguntas adecuadas?

Generación 3.0 Nuevas prácticas, nuevos líderes

Generación 3.0 Nuevas prácticas, nuevos líderes
OPINIÓN

Abordamos aquí la irrupción de las nuevas generaciones en las organizaciones desde el punto de vista de la psicología social, que nos revela que nuevos líderes son requeridos y que se gesta una nueva arquitectura organizativa en la que los responsables del capital humano se erigirán en protagonistas de una transición imprescindible: de la organización jerárquica a la democratización de un modelo reticular. Porque urge gestionar óptimamente la nueva moneda de cambio: el talento.
A
terrizan en la organización impetuosos y desacomplejados. La naturalidad es su talante y, por supuesto, esperan encontrar tras la puerta del despacho del jefe a un tipo en vaqueros y deportivas a lo Zuckerberg a quien tratar de igual a igual. Son nativos digitales, individualistas e impacientes, nacieron en la década de los 80 y los llaman “generación Y”. Estos jóvenes, menos familiarizados con las estructuras jerárquicas que sus predecesores, demandan autonomía en sus opiniones y en sus formas de actuar y dan prioridad a su esfera personal. 
El caso es que en el despacho del jefe les espera un cuarentón trajeado que se muestra sorprendido e irritado por lo que se le antojan actitudes irreverentes e indisciplinadas, aunque es probable que ambos coincidan esa misma noche en un concierto de rock. La “generación X”, constituida por los nacidos entre 1965 y finales de los 70, ocupa hoy los puestos de mando de las empresas, y en sus miembros están focalizadas las estrategias de fidelización. Pero es precisamente a esa generación de líderes a quien corresponde gestionar adecuadamente los nuevos talentos y formar a los líderes del mañana. Los Xs están abocados a lidiar con una generación con la que tienen mucho en común, como la capacidad de polivalencia, o la búsqueda de equilibrio entre trabajo y vida personal. Pero el choque generacional es un hecho; son distintos en su visión de la vida, en su actitud ante la autoridad, en el concepto de liderazgo o en el espíritu con el que trabajan. Las organizaciones deberán adaptar sus políticas y prácticas de RRHH a los valores y motivaciones particulares de estos recién llegados con el objetivo de retener su talento, alineando estructuras, procedimientos y comportamientos directivos a las necesidades y expectativas de sus empleados pertenecientes a esta generación. Mónica Daluz /
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Generación 3.0 Nuevas prácticas, nuevos líderes

Abordamos aquí la irrupción de las nuevas generaciones en las organizaciones desde el punto de vista de la psicología social, que nos revela que nuevos líderes son requeridos y que se gesta una nueva arquitectura organizativa en la que los responsables del capital humano se erigirán en protagonistas de una transición imprescindible: de la organización jerárquica a la democratización de un modelo reticular. Porque urge gestionar óptimamente la nueva moneda de cambio: el talento.

Mónica Daluz
Periodista y directora de Comunicación y RRHH de Arla

Aterrizan en la organización impetuosos y desacomplejados. La naturalidad es su talante y, por supuesto, esperan encontrar tras la puerta del despacho del jefe a un tipo en vaqueros y deportivas a lo Zuckerberg a quien tratar de igual a igual. Son nativos digitales, individualistas e impacientes, nacieron en la década de los 80 y los llaman “generación Y”. Estos jóvenes, menos familiarizados con las estructuras jerárquicas que sus predecesores, demandan autonomía en sus opiniones y en sus formas de actuar y dan prioridad a su esfera personal.

El caso es que en el despacho del jefe les espera un cuarentón trajeado que se muestra sorprendido e irritado por lo que se le antojan actitudes irreverentes e indisciplinadas, aunque es probable que ambos coincidan esa misma noche en un concierto de rock.

La “generación X”, constituida por los nacidos entre 1965 y finales de los 70, ocupa hoy los puestos de mando de las empresas, y en sus miembros están focalizadas las estrategias de fidelización. Pero es precisamente a esa generación de líderes a quien corresponde gestionar adecuadamente los nuevos talentos y formar a los líderes del mañana.

Los Xs están abocados a lidiar con una generación con la que tienen mucho en común, como la capacidad de polivalencia, o la búsqueda de equilibrio entre trabajo y vida personal. Pero el choque generacional es un hecho; son distintos en su visión de la vida, en su actitud ante la autoridad, en el concepto de liderazgo o en el espíritu con el que trabajan.

Las organizaciones deberán adaptar sus políticas y prácticas de RRHH a los valores y motivaciones particulares de estos recién llegados con el objetivo de retener su talento, alineando estructuras, procedimientos y comportamientos directivos a las necesidades y expectativas de sus empleados pertenecientes a esta generación.

Y es que nunca antes habían convivido en los entornos laborales tantas generaciones y tan heterogéneas en cuanto a valores, preparación y vivencias, elementos todos ellos que determinan los patrones de preferencias profesionales de cada colectivo.

Los procesos de selección (la cifra de búsqueda de candidatos a través de las redes sociales no deja de crecer), los planes de formación y promoción, las herramientas de trabajo y hasta los entornos arquitectónicos (neuroarquitectura) deberán adaptarse a la gestión multigeneracional.

La generación “tradicional”, nacida durante la guerra y la posguerra y criada en entornos de escasez, primó valores como la austeridad, la lealtad y el respeto por la autoridad. En las empresas, los integrantes de este grupo generacional diseñaron estrategias y estructuras a su medida, en las que el paternalismo y la jerarquía constituyeron la base de las relaciones entre jefes y empleados.

Y trajeron al mundo a los populares baby boomers entre 1946 y 1964, una generación que vivió el arribo de un artilugio que se instalaría en sus vidas para siempre, la televisión, y con él un acceso inusitado a la información; en su imaginario, Vietnam y la muerte en directo de un presidente.

Unos buscaron la ruptura, y hasta se hicieron hippies, otros cargaron con los valores tradicionales depositados en el subconsciente y reprodujeron actitudes y prejuicios inculcados por la generación anterior. Pero luego, unos y otros, descubrieron el consumismo y se entregaron a él; un ejército de adictos al trabajo y ostentosos de su estatus se instaló en una praxis empresarial en la que la entrega se medía en tiempo, y la seguridad y la lealtad cotizaban al alza.

Así que renunciaron a la familia por la empresa y se perdieron un poco de vida mientras esperaban pacientemente ser honrados con un despacho más grande y un cargo más rimbombante…

Hoy, algunos de ellos todavía ocupan puestos de responsabilidad, pero nos hallamos en pleno proceso de salida de esta generación del mercado laboral.

A sus hijos, los Xs, o baby busters, no les faltó de nada y fueron los primeros en ir a la universidad. Personas polivalentes, impacientes y relativistas, han vivido el paso de la era analógica a la era digital y han tenido que adaptarse a cambios vertiginosos; “desilusionados ante los valores de sus padres, independientes, creativos e individualistas –define Zemke– son los seguidores de las primeras bandas de rock y heavy metal; una generación que tiene miedo al compromiso, ha contraído matrimonio más tarde que la generación anterior y han sido padres en torno a los 30 años.”

Los integrantes de la también llamada “generación Nocilla”, pasaron de las canicas al walkman, vivieron la caída del muro de Berlín, el fin de la guerra fría y el nacimiento de Internet. Crecieron en un entorno económico afianzado y practicaron una especie de rebeldía-conformista que traería de la mano el fin de las ideologías.

Su entorno les animó a disfrutar de la vida y son más emprendedores; recordemos que ellos protagonizaron la burbuja tecnológica de finales de los 90.

En lo laboral, demandan independencia en la toma de decisiones y no ven con buenos ojos la jerarquía organizacional, pero no tienen necesidad de retroalimentación continua de su rendimiento, y entienden la retribución por la constancia en el trabajo diario, focalizándose en los procesos por encima de los resultados.

Los Ys, por su parte, que vieron desmoronarse las Torres Gemelas, se acomodaron al copy-paste y entienden la cultura en clave P2P, se sienten “globales”, sienten que tienen el mundo en sus manos, perciben el poder que les da el acceso inmediato al conocimiento, y apenas llegan a la empresa ya preguntan por qué las cosas se hacen así. Y tal vez esa sea, precisamente, la pregunta del millón.

Las empresas deben decidir qué generación es la más adecuada para sintonizar con los valores de la organización. Pero, ¿y si lo que está necesitando la compañía es dar entrada a una nueva manera de hacer?

Si se deciden, deberán personalizar. Buscar el interés del Y, y satisfacerlo, conocer sus metas personales e integrarlas con las de la organización; ofrecer incentivos personalizados, fórmulas contractuales o de colaboración a medida; mantenerse cercano y accesible; darle acceso a las redes sociales; ofrecerle libertad en la toma de decisiones; oportunidades de aprendizaje y crecimiento, establecer programas de mentoring, de coaching, concursos de ideas…; entornos de trabajo informales (muchas empresas ya practican los ‘casual Fridays’, o ‘viernes informales’) “que fomenten las relaciones sociales –añade Dytchwald–; feedback continuo y revisiones de su rendimiento; comunicación abierta; respeto a su estilo de vida y trabajo; retribución por resultados, y flexibilidad temporal y espacial” (algunas compañías combinan distintas modalidades espacio-temporales: trabajo remoto, puestos flotantes, espacios con distintos ambientes –para concentrarse, para trabajar en equipo, para tarea individual estando en compañía…–; los Ys desean crecer profesionalmente y divertirse en el trabajo, y no quieren que les cuiden, sino que les dejen hacer.

Urgen líderes que practiquen la desobediencia inteligente, que desafíen las rutinas, que propicien la innovación disruptiva y que impulsen sistemas de red social corporativa que multipliquen el capital intelectual de la empresa para hacer de ésta más que la suma de sus partes.

Deberá diseñarse una nueva disposición del flujo del conocimiento y de los procesos de toma de decisión, y los departamentos de RRHH serán clave en la distribución de los talentos que habrán de llevar a cabo esta revolución cualitativa, facilitando una dinámica de interacciones que se despliegue en numerosas direcciones, democratizando la difusión del conocimiento.

La enlazabilidad de la era 3.0, basada en la llamada web semántica, busca el razonamiento lógico entre conceptos y datos. La cantidad ya no cuenta, sino la precisión.

El líder que viene deberá apostar por el aprendizaje social, que se nutre de la inteligencia colectiva en ambientes colaborativos, y deberá conducir el cambio en el estilo de gestión del conocimiento, así como ser capaz de manejarse con proyectos que incorporen colaboradores dispersos en múltiples geografías, de diferentes culturas y perfiles, bajo diferentes modalidades de trabajo y con diversas relaciones contractuales.

Esta gestión global y reticular no podrá asumirla un jefe al uso, sino un líder con empatía, com habilidades para influir en los demás, que conozca los fundamentos de la inteligencia emocional y la psicología positiva, un líder que sea capaz de incrementar la reputación corporativa, factor clave para atraer al talento y sumar intangibles a la compañía.

Hoy no sólo debemos utilizar todas las plataformas que incrementan nuestra relevancia para atraer al cliente, sino para atraer también el talento, mostrando y, sobre todo, demostrando, que la nuestra es una empresa atractiva.

Se trata de buscar generar una ventaja competitiva sostenible, desde que competir por costes ha dejado de ser criterio suficiente.

Ahora que la crisis parece que empieza a escampar, los talentos se pondrán de nuevo en circulación; el temor y la inseguridad se disipan, de manera que ha llegado la hora de fidelizar a aquellos que queremos en nuestro equipo.

Y como no todos somos Google, deberemos ingeniárnoslas para extraer lo mejor de nuestro capital humano y lograr cosas extraordinarias con personas ordinarias.

Ha llegado la hora de fidelizar a aquellos que queremos en nuestro equipo. Y como no todos somos Google, deberemos ingeniárnoslas para extraer lo mejor de nuestro capital humano y lograr cosas extraordinarias con personas ordinarias.

Y, haciendo cola, la generación Z, nacidos a mediados de los 90; sobreprotegidos, necesitados de aprobación constante, muchos de ellos hijos únicos, acostumbrados a actividades programadas, temen al fracaso y tienen pocas habilidades de oratoria, pero son los auténticos “nativos digitales” y de ellos dice la psicóloga social Dolors Reig, que “son realistas, saben que dominan herramientas capaces de cambiar el mundo, son más inteligentes, más libres (menos leales a las marcas y a sus futuros empleadores), maduros, divertidos y apasionados.”

En cualquier caso, la mayoría de estas recetas, no nos engañemos, son aplicables en segmentos profesionales cualificados; modelos de dirección soft, horizontalizados y basados en la responsabilidad, el compromiso mutuo y la confianza, donde el empleado es considerado un recurso valioso y fuente de ventajas competitivas (Teoría Y, de Mc Gregor), que no son extrapolables a los segmentos de escasa cualificación, donde los modelos de gestión hard, basados en la jerarquía (en la línea de la Teoría X de MacGregor, que contempla a los empleados como un medio de producción y un coste a soportar, y se fundamenta en una estrategia de control), pueden ser adecuados.

El futuro, marcado por el desarrollo tecnológico, también plantea nuevos retos para este segmento de trabajadores. La automatización de los procesos está a punto de dar un paso más en su camino: la robotización. Y serán muchas las profesiones afectadas. También ahí, en la gestión de la transformación que se avecina, deberá estar la dirección de recursos humanos, aportando su know-how en el proceso. Pero esa es otra historia. Próximamente, les cuento…

Volviendo a las generaciones, permítanme un apunte final, y es que el concepto “generación” es más una cuestión de vivencias comunes y de educación que de edad. Así que sitúense ustedes, con ese aceptable margen de error, donde mejor les parezca.

Doble identidad

Opinión. Tecnología
OPINIÓN
TECNORRELATO

CAPÍTULO I. DURMIENDO CON TU ENEMIGO 
Ronda los sesenta, pero conserva todo el cabello y parte de su atractivo de otro tiempo. Su voz, profunda y algo desgarrada, desentona con la dulce expresión de su semblante y su pose franca y tranquila. El doctor Mut estudiaba un expediente a través de la pantalla de su PC ultraportátil, queriendo la casualidad, y la perseverancia del hombre para con cada uno de sus casos -antes se les llamaba pacientes-, que examinara de nuevo el documento horas más tarde. Mut, jefe de planta de un prestigioso hospital de su ciudad natal, Filadelfia, en el estado de Pensilvania, recuerda perfectamente que en la primera revisión aquel informe contenía más antecedentes y referencias, así que derivó el misterio al equipo informático de la empresa para que solventara lo antes posible un incidente, aparentemente, anecdótico. 
Después se supo que un ex empleado, en vista de los hechos, cuando menos, descontento, dejó antes de marcharse un regalo en forma de programa informático que eliminaba información a pequeñas dosis y de manera aleatoria en el tiempo y en los distintos campos de la base de datos general. Aquello fue más que una fastidiosa pataleta y vino a causar tratamientos inadecuados, algunos de ellos con fatal desenlace. No contento con el salpicado de supresiones, el quejoso ex empleado se hizo con toda suerte de bases de datos sobre pacientes y trabajadores del hospital en su minúscula memoria USB, para después colgarlas en un programa P2P. Un par de décadas atrás hubiera sido impensable que alguien se llevara a casa toda esa información; imposible imprimir aquellos listados infinitos y cargarlos a lo largo de los pasillos y ascensores hasta la salida sin levantar sospechas. Y, mucho menos, sacarlos a la luz pública en un plis plas. 
Sin ir más lejos, aquí, en nuestro país, hace tan sólo unas semanas se ha producido la primera sanción a una empresa por filtración de datos de sus trabajadores a través de Emule. La Agencia de Protección de Datos ha condenado al sindicato Comisiones Obreras a pagar una multa de 6.000 euros por revelar datos de unos 60.000 asistentes a diversos cursos de formación porque un trabajador instaló en un ordenador del centro el programa para compartir archivos a través de internet, Emule. Los ficheros expuestos eran dos bases de datos sobre los funcionarios que habían recibido del sindicato cursos de formación a distancia, y en ellos constaban datos personales como DNI, domicilio, puesto de trabajo, centro, teléfono, formación académica, antigüedad en el puesto y departamento, además de otras anotaciones sobre la situación personal de los trabajadores. Mónica Daluz / pdf 

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DOBLE DOBLE identidad

Por Mónica Daluz

CAPÍTULO I

Durmiendo con tu enemigo

Ronda los sesenta, pero conserva todo el cabello y parte de su atractivo de otro tiempo. Su voz, profunda y algo desgarrada, desentona con la dulce expresión de su semblante y su pose franca y tranquila. El doctor Mut estudiaba un expediente a través de la pantalla de su PC ultraportátil, queriendo la casualidad, y la perseverancia del hombre para con cada uno de sus casos -antes se les llamaba pacientes-, que examinara de nuevo el documento horas más tarde. Mut, jefe de planta de un prestigioso hospital de su ciudad natal, Filadelfia, en el estado de Pensilvania, recuerda perfectamente que en la primera revisión aquel informe contenía más antecedentes y referencias, así que derivó el misterio al equipo informático de la empresa para que solventara lo antes posible un incidente, aparentemente, anecdótico. Después se supo que un ex empleado, en vista de los hechos, cuando menos, descontento, dejó antes de marcharse un regalo en forma de programa informático que eliminaba información a pequeñas dosis y de manera aleatoria en el tiempo y en los distintos campos de la base de datos general. Aquello fue más que una fastidiosa pataleta y vino a causar tratamientos inadecuados, algunos de ellos con fatal desenlace. No contento con el salpicado de supresiones, el quejoso ex empleado se hizo con toda suerte de bases de datos sobre pacientes y trabajadores del hospital en su minúscula memoria USB, para después colgarlas en un programa P2P. Un par de décadas atrás hubiera sido impensable que alguien se llevara a casa toda esa información; imposible imprimir aquellos listados infinitos y cargarlos a lo largo de los pasillos y ascensores hasta la salida sin levantar sospechas. Y, mucho menos, sacarlos a la luz pública en un plis plas

Sin ir más lejos, aquí, en nuestro país, hace tan sólo unas semanas se ha producido la primera sanción a una empresa por filtración de datos de sus trabajadores a través de Emule. La Agencia de Protección de Datos ha condenado al sindicato Comisiones Obreras a pagar una multa de 6.000 euros por revelar datos de unos 60.000 asistentes a diversos cursos de formación porque un trabajador instaló en un ordenador del centro el programa para compartir archivos a través de internet, Emule. Los ficheros expuestos eran dos bases de datos sobre los funcionarios que habían recibido del sindicato cursos de formación a distancia, y en ellos constaban datos personales como DNI, domicilio, puesto de trabajo, centro, teléfono, formación académica, antigüedad en el puesto y departamento, además de otras anotaciones sobre la situación personal de los trabajadores.

El debate sobre la seguridad es creciente en el mundo empresarial. Y es que el nuevo entorno virtual aumenta exponencialmente los riesgos para la empresa, que deberá plantearse qué activos digitales proteger, cómo hacerlo y frente a quién. Hoy la inseguridad también está dentro de la propia compañía, a lo que debe sumarse la posibilidad de los ataques externos llegados desde la red. Es el lado oscuro de internet. El dinero está migrando a internet y allí es donde se están estableciendo, como en la vida real, redes de crimen organizado que colocan a la empresa -y al particular- en la tesitura de tener que hacer frente a versiones nuevas y mejoradas de estafas, chantajes, usurpaciones, etc.

Las empresas se ven implicadas en algunas de estas, digamos, transgresiones digitales, por desconocimiento de los procedimientos y, por tanto, de los riesgos; por los vacíos legales, o por la falta de previsión con respecto a dichos riesgos, en la medida en que no se adoptan soluciones para minimizarlos.

Un estudio reciente llevado a cabo por Network Appliance, proveedor de servicios de almacenamiento en red, demuestra que los aspectos que representan mayor preocupación para las empresas en materia de seguridad son el llamado Desastre Recovery, el cumplimiento de normativas como la Ley Orgánica de Protección de Datos, los sistemas de control de acceso de personas no autorizadas a información confidencial de la compañía, la optimización del acceso a la información mediante el cifrado de datos en el almacenamiento de discos o cintas, el tiempo de recuperación de un dato o un buzón de correo y la inversión en gestión de datos no estructurados.

CAPÍTULO II

Fuga hacia el océano

El doctor Mut se dirige ahora a su consulta privada de tardes, que ha instalado en su propio domicilio, a la antigua usanza, aunque no lo ha hecho por nostalgia, ni por ninguna convicción especial; lo que ocurre es que él también quiere conciliar su vida laboral con la familiar. Tiene algo de trabajo atrasado en la clínica, pero se va de vacío: entrará en la base de datos on line ubicada en un potente prestador de servicios de almacenamiento en red, y listo. Desde que trabajan de ese modo se pueden olvidar de las copias de seguridad, el servidor tiene un sistema que las hace automáticamente cada cinco minutos, y además los médicos se ahorran andar con el maletín arriba y abajo. Mut, que se siente especialmente relajado y cómodo en su despacho doméstico, más personal, más íntimo y más privado, saca algún tiempo todos los días para actualizar su blog sobre uno de sus hobbies, la robótica, que creó el año pasado sin ninguna pretensión y a través del cual ha ampliado considerablemente su red de contactos. Antes de postear se paseó por uno de sus foros de medicina favoritos en los que casi siempre participan estudiantes que, además de comentar el capítulo de turno de las series de hospitales y médicos que alimentan sus fantasías laborales, arrojan temas frescos e interesantes sobre los que debatir. Mut dejó su comentario, aquel día más subversivo que de costumbre, en fin, que arremetió sin contemplaciones contra algunos de los procedimientos de su hospital, a pesar de que su trabajo allí le llenaba de satisfacción. Aquello le valdría un despido y una querella por injurias. Alguien se había propuesto seguir su rastro virtual hasta dar con algún material aprovechable… y ese día lo encontró. ¿Era el comentario de Mut una opinión privada o un posicionamiento público? ¿Cuál era su responsabilidad? ¿Dónde se halla la frontera entre la esfera privada y la pública cuando toda nuestra actividad y nuestras construcciones sociales son on line?

Sus enemigos no necesitaban tirar del allanamiento para acceder a Mut al desnudo, metafórica e informáticamente hablando; eso queda, paradójicamente, para los médicos, esos médicos aprendices de ceseís de las series de moda. Su perseguidor sólo tuvo que conectarse a internet desde el salón de su propia casa para encontrar la prueba de “traición” que andaba buscando. Además, ¿para qué habría querido espiar el PC de Mut si su disco duro, como el de todos nosotros, está vacío?

Ya no somos internautas navegando desde nuestro puerto, llamado A, hasta otro, de nombre B, en busca de contenidos con los que volver a A para depositar allí nuestro botín digital. E-mails, agendas, fotos y escritos se hallan en la máquina de otro. Toda nuestra información y documentación, nuestra actividad y productividad, y hasta nuestro ocio, viajan por ahí, con independencia de nosotros, a bordo de un barco capitaneado por otro, navegando incansable a través del más grande de los océanos conocidos, internet. Estemos donde estemos, vamos a buscar nuestros archivos, los trasteamos y los dejamos allí… Definitivamente, internet está sustituyendo al disco duro y los servidores se han convertido en los depositarios de nuestra vida on line, a fin de cuentas ellos son especialistas en tener y proteger el espacio virtual.

Hoy es posible prescindir de nuestro disco duro para trabajar sobre todo tipo de documentos. Muchas empresas han presentado desarrollos web 2.0 que acercan al usuario prestaciones de programas habituales sin necesidad de usar el PC: podemos editar textos, hojas de cálculo, imágenes o vídeos dede cualquier parte con acceso a internet.

Como consecuencia de este nuevo panorama, el SQL ha tomado el testigo del HTML; las bases de datos con información personal de los internautas crecen a pasos de gigante y las empresas tecnológicas tienen una extraordinaria capacidad para conocer cada vez más cosas sobre los usuarios de sus servicios. Los espacios privados desaparecen y el debate sobre la titularidad de los datos cobra fuerza, de modo que resulta cada vez menos claro si los datos que almacenamos en internet son nuestros o pertenecen a estos sites… Se pone de manifiesto una imperiosa necesidad de redefinir el concepto de espacio privado y de reformar las obligaciones de los prestadores de servicios en internet y las normas que rigen la titularidad de los datos. Es evidente que los parámetros tradicionales aplicados al mundo de la propiedad intelectual resultan poco operativos en el mundo digital.

Hace unas semanas un tribunal de Bruselas dictó una sentencia que condenaba a Google News por violación de la normativa sobre derechos de autor y es que el buscador ofrece información -habiendo lucro de por medio, pues cobra de sus anunciantes- basada, a su vez, en la información previamente elaborada por otros profesionales, por lo que estaría utilizando un trabajo ajeno en beneficio propio. Éste es tan solo un ejemplo de las innumerables muestras de este caos en el uso y la distribución de contenidos.

CAPÍTULO III

Nunca digas, nunca jamás

El caso es que, tras el incidente del despido de Mut, los chavales del foro estudiantil (y los del blog de robótica, que a raíz del asunto entraron en contacto con los futuros médicos) se movilizaron, tal vez con el ánimo de que las filosofías y las prácticas empresariales fueran distintas cuando llegara su momento, así que lanzaron una campaña de desprestigio contra el hospital que corrió como la pólvora en la red. Su alcance, sin precedentes, dañó seriamente la reputación del hospital, y el motivo no fueron los procedimientos que Mut criticó en su post y que salieron a la luz a raíz del suceso pero sobre los que nadie reparó; lo que perjudicó la imagen del hospital fue su intolerancia para con la autocrítica y la discrepancia de uno de sus mandos intermedios, y la vulneración del principio de libertad de expresión.

Y es que los movimientos de las redes sociales tienen la posibilidad, y la ejercen, de atacar públicamente a las empresas e incidir enormemente en su reputación corporativa, por su efecto viral o dominó. Las empresas deben prever los daños colaterales que producen los comportamientos inflexibles e incorporar una conducta ética que no sólo evite el desprestigio, sino que incremente su reputación.

Con nuestra nueva entidad e identidad virtual, empresas y particulares hemos sido colocados en la palestra de la opinión pública. De todo hay en la blogosfera, también amenazas e insultos, a razón de 16 millones cada segundo. Hace algunos días tuvo lugar un sonado caso de ciberbullying sobre una escritora estadounidense, Kathy Sierra, que denunció el acoso y las amenazas de muerte que venía sufriendo a través de su blog; el caso fue recogido por el New York Times y la CNN. El fundador de Wikipedia, Jimmy Wales, y Tim O’Reilly, teórico de la web 2.0, amigos de Sierra, han impulsado, como consecuencia de este hecho, un código de conducta para los bloggers, que, como cabía esperar, ya han puesto el grito en el cielo…

Mut estaba furioso, indignado… y maldiciendo el momento en que se le ocurrió dejar por escrito aquel dichoso comentario que, aunque se apresuró en eliminar, continuaría localizable indefinidamente, atrapado para siempre en las bases de datos de los nuevos dueños del universo, los buscadores, que, casi treinta años después, han arrebatado el testigo de la hegemonía del poder a los yuppies de Wall Street.

–La maldad no está en quien actúa, sino en quien mira– repetía Mut una y otra vez para sus adentros. Aunque lo cierto es que él también se había aprovechado en alguna ocasión de las facilidades del “rastreo digital”. Sabía que su hija la mayor, de jovencita escribía un diario pero lo cierto es que nunca llegó a verlo. En aquella casa, la primera que compró la familia y de la que guarda un recuerdo imperecedero, la chiquilla siempre encontraba un escondite secreto para salvaguardar sus pensamientos. Pero es que el segundo se lo pone en bandeja; siempre con el fotoblog en marcha, el correo a toda máquina y el Messenger a destajo… No quiere mirar, pero se le van los ojos. Además, ¡que carajo!, ¡los secretos del púber eran públicos! Ahí andaban sus pensamientos cuando, en uno de esos pases involuntarios de pupilas por la pantalla del PC del hijo, se quedó a cuadros al ver un vídeo de sí mismo en calzoncillos colgado de un fotoblog. ¡Eso era más de lo que cabía esperar!, ¡tal acontecimiento excedía todo límite de lo admisible! Clavó sus ojos en aquella imagen al tiempo que con un golpe seco de voz pronunció el nombre de su hijo. Aquel tono rotundo causó la aparición inmediata del chaval en la estancia, cuya boca se entreabrió de manera inequívoca dibujando una expresión que no dejó lugar a dudas desde el primer momento: no tenía ni la menor idea de qué hacía allí su padre en calzoncillos. Ambos miraron detenida y calladamente aquella imagen. Después, y tan sólo durante unos instantes, el hijo no pudo más que estallar en carcajadas. Al final, resultó que el minifilm había sido obtenido por casualidad (¡aquella webcam siempre conectada…!), por un compañero de instituto que tras encontrarse con tal suculento material en las manos, ahora sí, intencionadamente, lo colgó en el flog.

El precedente, y hecho real, en el que se inspira este relato acabó con una sentencia de culpabilidad a un adolescente que chantajeó a un compañero a cambio de no colgar en internet imágenes obtenidas a través de la webcam de la víctima sin que ésta supiera que el supuesto “amigo” grababa escenas de su vida cotidiana en su habitación.

CAPÍTULO IV

Cambio radical

Mut no supo nunca si fue aquella sucesión de hechos la que le llevó a dar un giro a su vida, el caso es que deseó ser arrastrado por lo que parecía ser su destino final; todo le conducía a asumir y a vivir su identidad virtual.

Había seguido de cerca la trayectoria de las empresas y los negocios en la red, y decidió que se haría prestador de servicios. El doctor reconvertido a mercader dispuesto a surcar los océanos virtuales en busca de profundidades inexploradas sabía que no tenía sentido tratar de montar un site enciclopédico; hacerse con contenidos especializados y depositarlos allí esperando visitas… Él es cliente habitual de Amazon y sabe que lo más valioso de esa página son los comentarios de los usuarios, así que puso su foco en las posibilidades de negocio que brinda la inteligencia colectiva, la sabiduría de las masas, y buscó el modo de crear un servicio en el que los usuarios colaboraran en la creación de los contenidos.

Mut estaba dispuesto a aprovechar el “efecto” de las comunidades para obtener rentabilidades, aunque aún no tenía muy claro cuál sería el modelo de su negocio; pero pensaba que si Google está donde está sin ofrecer absolutamente ningún servicio, tan solo vendiendo su espacio virtual a las marcas, algo podría obtener él, pero ¿cómo?

Así, a bote pronto, pensó en crear una comunidad basada en lo que llaman eduteinment, para satisfacer intereses a caballo entre lo educativo y el entretenimiento. Decidido, crearía una red de personas que tuvieran en común su pasión por todo aquello que llevara chips o cables: robótica, domótica, modding… Le parecía asombroso, qué digo, maravilloso, que personas que no se conocen se pongan a crear contenidos de manera altruista y a dar cuerpo a una comunidad. ¡Sí, aquella comunidad suya iba a ser una cuna de talentos sociales emergentes! Conocía el truco para el éxito: no controlaría a su comunidad, confiaría en ella, y se implicaría, después buscaría el modo de monetizar el asunto, aunque no le convencía el modelo publicitario…

Un día antes de su “revelación”, el doctor tuvo una conversación con su amigo el editor; el suyo es el segundo diario en tirada nacional. Mientras charlaban, Mut notó a su amigo algo distinto, como si él no fuera él, ya saben como aquella película de las vainas… Sí, definitivamente, el editor había sufrido, igual que Mut, una mutación de los pies a la cabeza, un cambio, ¿cómo diría yo…? radical.

El hombre ya no despotricaba de Google ni de Yahoo; de pronto opinaba que los buscadores no eran un competidor para su compañía, “sencillamente –argumentaba– nuestro sector ha dejado de controlar la fase final, la distribución, la entrega de los contenidos al consumidor, el formato, el horario…”. Y eso no fue todo. El editor, a su vez, le contó a Mut que un colega suyo, un pez gordo de una importante cadena de televisión privada le explicó cómo su empresa, desconcertada como el resto de radiodifusores, estaba experimentando un cambio de mentalidad y que nuevas estrategias se gestaban en los desarrollos de los operadores de televisión para adaptarse al nuevo entorno y aprovechar sus ventajas. Y es que el hombre estaba metido en ese mundo de los negocios en el que hay una palabra prohibida: riesgo. En ese tipo de empresas, todo, absolutamente todo, es -¡debe ser!- una oportunidad.

Eso dio a Mut que pensar.

Nuestros tres protagonistas buscaban nuevos modos de afrontar negocios en el contexto digital; una búsqueda incierta, sin rumbo, pero eso no es ninguna novedad. MTV lanzó hace cuatro meses un proyecto similar a Second Life llamado Virtual Laguna Beach. Hoy cuenta con más de 350.000 personas registradas que emplean una media de 36 minutos en cada visita. MTV todavía no tiene un modelo de negocio para el proyecto, pero algunas empresas ya lo han utilizado como soporte publicitario. La empresa de telecomunicaciones Cingular, por ejemplo, regaló minutos de voz IP y politonos a cambio de asistir a una fiesta virtual donde los usuarios estaban expuestos a la marca durante algunos minutos.

Las grandes comunidades virtuales -Sony también se dispone a crear la suya- van a ser una de las herramientas de marketing de referencia para las grandes marcas de consumo durante los próximos años. Su crecimiento, de momento es imparable, como lo es el auge de las redes sociales.

En el mundo empresarial no deben descuidarse estas grandes redes de individuos conectados entre sí, ya que pueden ser utilizadas para la cocreación de productos. Con la vida en red, la gestión del talento de las organizaciones se extiende fuera de los límites de la compañía; en este sentido los buscadores ya trabajan con la premisa de tener en el usuario a su mejor programador. Es un error buscar el éxito en lo endógeno, hoy el negocio está en sacar provecho de la inteligencia colectiva.

La cuestión es que el usuario ha pasado de ser consumidor de contenidos a generarlos. Las redes sociales utilizarán tecnología web 2.0 y están basadas en una cultura de participación e intercambio. En definitiva, hemos evolucionado de un modelo de “publicación” a otro de “participación”. Crear, compartir, mejorar, esa es la filosofía de esa enorme enciclopedia viva que es internet y existe una capacidad latente creativa, como existió en su momento, antes de la aparición de los móviles, una capacidad latente comunicativa.

Por otra parte se ha cuestionado la cantidad -por exceso-, la calidad o la relevancia -por defecto- de la información que circula en internet; sin embargo lo importante es si podemos encontrar la información que es relevante para nosotros con relativa facilidad. En este sentido, ha venido a darse un refinamiento de los instrumentos de búsqueda, especialmente en el contenido textual; la mejora de estos instrumentos de búsqueda para el contenido audiovisual comienza ahora a abordarse.

Volviendo a cómo se están adaptando a la marea de cambios los distintos sectores implicados en la generación y distribución de contenidos, no cabe duda de que las televisiones están experimentando un cambio estructural en su modelo de negocio para compensar la pérdida de audiencia, y han tomado una posición proactiva buscando la manera de extender el consumo audiovisual al universo espontáneo de generación de contenidos por el usuario. La programación se está orientando hacia el evento en vivo y hacia la participación, en cierto modo persiguiendo crear comunidad. El cine, que tradicionalmente constituía uno de los contenidos más importantes de la parrilla, hoy pierde fuelle; se trata de un contenido sin fecha de consumo. Pero el asunto va mucho más allá. La televisión se plantea el P2P, que hasta ahora ha tenido muy mala prensa y se ha asociado a la piratería, como sistema de distribución. En la red de distribución P2P cada usuario recibe y transmite segmentos a otros y, en este sentido, se establece una red social de gente que desea compartir archivos. No hay coste de distribución para el proveedor de los servicios, no se requiere ancho de banda, si se apaga un ordenador no pasa nada -hay muchos más- y se consigue escalabilidad (el servidor está descargado aunque se incremente progresivamente el número de usuarios conectados).

Sin duda el P2P modificará los modelos comerciales y evolucionará desde un concepto download (bajar completamente un archivo para poder reproducirlo, lo que implica dejar el ordenador encendido durante horas) a un sistema de streaming directo.

Las leyes, siempre a remolque de la realidad social, se han ido modelando y adaptando, mejor o peor, a los nuevos desafíos que la evolución de las relaciones personales y comerciales ha planteado. Pero llevamos ya unos años viviendo a caballo entre el mundo real y el virtual y, sin embargo, existen demasiadas lagunas y vacíos legales. Con la migración de nuestras actividades a la red, por un lado tiende a desaparecer la noción de espacio privado y, por otro, los riesgos aumentan, de manera que se hace imprescindible una negociación contractual, además de una discusión sobre la titularidad y la gestión de datos.

¿De dónde vienen los datos?, ¿de quién es la información?, ¿quién tiene el control? Atribuir la titularidad de la propiedad intelectual en el ámbito digital no es algo claro. Cuando accedemos a Google Maps tenemos una imagen que pertenece a la compañía propietaria del satélite en el espacio, otra que elabora los mapas, etc.

Lo cierto es que la red, depositaria de nuestra identidad digital, pero abierta a ser manejada al antojo del usuario ha cambiado las reglas del juego en lo que a propiedad intelectual y derechos de autor se refiere. Los sites P2P son los más exitosos; los espacios en los que los usuarios colocan música, películas y programas gratuitamente han cambiado el panorama por completo. Hasta iTunes está claudicando: ya tiene música sin DRM, archivos alternativos, más caros y, dicen, que de mejor calidad.

Ahora que YouTube, el más conocido de los sitios donde es posible encontrar gratuitamente programas de televisión protegidos por las leyes de propiedad intelectual, ya tiene dueño “real”, Google, una compañía solvente a la que reclamar o incluso a la que demandar, se está produciendo un efecto dominó: el contenido protegido se disemina en infinidad de webs. YouTube ha establecido un diálogo con los radiodifusores, detentadores legales de la propiedad de los vídeos, facilitándoles herramientas para sacar material de su propiedad a cambio de proveer de otros contenidos (en realidad, en YouTube hay una enorme cantidad de contenido colgado por el usuario pero creado profesionalmente). Lo que ocurre es que cuando se ordena a los administradores de estos sites eliminar un vídeo, los usuarios pueden subirlo nuevamente en cuestión de minutos.

En cualquier caso, fíjense si se ha dado la vuelta a la tortilla que, de algún modo contraviniendo el concepto de “comunidad”, Google combinará AdSense (su sistema de publicidad contextual) y YouTube para recompensar la “creatividad” de los usuarios que suban vídeos que generen ingresos publicitarios. Recordemos cómo funciona AdSense: cualquiera que tenga un sitio web puede solicitar a Google su ID de AdSense para meter en una o todas sus páginas un cuadro en el que Google haga aparecer anuncios textuales relacionados con la temática y contenidos del site. Si los visitantes del site hacen clic en los anuncios, Google lo controla a través de AdSense y asigna parte del beneficio al site que alberga el anuncio. Lo difícil en el caso de los vídeos es cómo van a colocar la publicidad y cómo van a vincular los anuncios con las temáticas de los vídeos (Google deberá aplicarse en dar un paso más en el desarrollo de algoritmos contextuales), qué ocurrirá con los vídeos que tienen copyright, qué porcentaje de ingresos van a dar al usuario… El sistema elegido, con toda probabilidad será de pre-roll, con dos o tres segundos de vídeo publicitario antes de ver el vídeo. El modelo de retribución parece apuntar hacia cuatro actores: el anunciante, que paga por cada clic hacia su página desde el vídeo; Google-AdSense + YouTube, que cobraría el 50% de lo pagado por el anunciante; quien sube el vídeo, que cobra el otro 50%, y quien visiona el vídeo, que cobraría hasta un 20% si lo reenvía a un amigo.

Google tratará de combinar tres variables en esta nueva andadura de YouTube: que esté lo que la gente busca (el último gol de Messi, la pareja de moda de turno pillada in fraganti, o el edredoning de la noche anterior en Gran Hermano), que las demandas no acaben con el negocio, y crear un modelo comercial. En cualquier caso la tendencia se dirige a mezclar contenidos editados por el editor y publicados por el usuario, el problema reside en que muchos anunciantes temen asociar su imagen a contenidos de usuarios a quienes no conoce.

EPÍLOGO

Hoy internet ha dejado de ser un lugar donde ir a buscar información y se ha convertido en una herramienta de comunicación; un espacio donde habita la sabiduría de las multitudes y las voluntades colaborativas fuera del círculo comercial y de lucro, viniendo a constituir un reto tecnológico y comercial que nadie puede diseñar.

En cualquier caso ahí está la pugna de los usuarios que desean comunicarse en libertad, reacios a la publicidad y, sobre todo, al control, y los que deben desarrollar esas herramientas para la comunicación y que focalizan sus investigaciones, como es lógico y lícito, en la rentabilidad de las mismas. ¿Será posible combinar la filosofía de libertad que mueve los intereses personales de la red, con modelos comerciales? ¿Interesará investigar sobre herramientas que no impliquen necesariamente el control de los usuarios y de la circulación de los contenidos?, porque cierta dosis de anarquía, no lo neguemos, forma parte del encanto de la red.

ÚLTIMO CAPÍTULO

Regreso al futuro

Con el paso del tiempo, aquella peculiar comunidad de adictos a la robótica y derivados creció y creció… Mut ganó algún dinero con experimentos publicitarios que no le dejaron precisamente un buen sabor de boca, y tras mucho pensar, le sobrevino una nueva revelación. Así, de sopetón, se percató de algo que había estado ahí todo el tiempo, delante de sus ojos: aquella comunicación en red, aquellos cibernegocios, esas relaciones on line, en fin, la vida virtual era, en efecto, una oportunidad; una oportunidad ¡para la vida real! Sí, ahora lo veía todo mucho más claro, su período virtual había sido un medio, un tránsito hacia la recuperación de su identidad real, de su vivir material. Entonces fue cuando tomó la segunda decisión más disparatada y satisfactoria de su vida, después de la de abandonar la medicina: convocó a aquella enorme red social a un encuentro físico: sólo tuvo que ofrecerles un ¡espacio para crear! durante tres intensos días. Aquellos locos por los chips, que difícilmente encontraban como vecino a alguien con quien poder hablar de aplicaciones domóticas, automatismos o inteligencia ambiental, cargaron con sus robots y sus pequeños inventos, excitados ante la idea de verse las caras con esos colegas con quienes habían compartido largas noches de conversación, y acudieron a la llamada. Lo que hasta entonces era una red de conexiones más o menos abstracta estaba a punto de convertirse en individuos de carne y hueso.

Por entonces, las empresas ya habían apostado de veras por la innovación y a Mut no le fue difícil que las compañías cedieran todo tipo de maquinaria y artilugios para aquella sugestiva experiencia. Allí, a disposición de los muchachos, unos con más potencial, otros con menos, pero todos con algo en común: su pasión por la robótica, todo tipo de herramientas y materiales con los que dar rienda suelta a su creatividad… No, aquello no era un simple intercambio de información; lo que allí se vivió fue un éxtasis de creación colaborativa. Los chicos intercambiaban sus proyectos, los mejoraban entre sí…: un entusiasta de la electrónica que trae un pequeño dispositivo con un led que se enciende y se apaga a distancia…; otro que pasa por allí, lo ve y le añade una aplicación para manejarlo desde el teléfono móvil; otro que coloca una cámara frente a aquella especie de linterna y cuelga el vídeo on line para que todos vean las andanzas del led, otro que crea un botón en la página web para que cualquier internauta apague y encienda el piloto y lo vea en directo… La suma de talentos, la adición de conocimiento, en el terreno de la praxis da como resultado innovación. Además, resulta que para esos jóvenes, aquella creación colectiva tuvo más gracia que haber registrado su propia patente…

Desde entonces se convocan encuentros multitudinarios de toda clase para la transferencia de conocimientos, organizados por comunidades virtuales y también por empresas, que antes acudían a unas extrañas citas, casi siempre anuales, llamadas ferias o también salones, que al final dejaron de servir, incluso para vender… Las compañías se hicieron transparentes y abiertas, la transferencia de conocimiento se convirtió en un flujo habitual de innovación incluso entre competidores, los usuarios hablan directamente con los responsables de diseño de los productos y los niños estudian más de la mitad del tiempo fuera de las aulas. En fin, la experiencia creó un modelo distinto de trabajar, de relacionarse, de crear, de estudiar, en una palabra, de vivir. Cambió la filosofía del copyright, las empresas dejaron espacio a la espontaneidad de sus empleados, la innovación se convirtió en una realidad rentable… Aquello supuso la superación de la era de la web 2.0, pero Mut resolvió no abandonar su vida virtual, pensó que aquello podía seguir dando frutos, imprevistos eso sí, porque nadie, y hoy menos nunca, puede diseñar el futuro.

Y así fue como Mut decidió mantener, por mucho tiempo, su doble identidad.

Editorial. La cultura del snack. Una noche en Nueva York

Editorial. La cultura del snack. Una noche en Nueva York
EDITORIAL

Allí, frente al televisor de mi habitación de hotel, tras perder el cara o cruz que decidía si esa noche hacía de canguro de mi propia hija o me arrellanaba en una butaca de un teatro de Broadway, me dispuse, con resignación, a disfrutar de una noche televisiva. Nada del otro mundo: Noticias; concursos; pressing-catch -sobre todo pressing-catch-; series de policías; tertulias rosas; películas -más bien pocas-; realities; telenovelas sudamericanas, y una india; emisoras árabes; más realities, Bush bromeando en una conferencia de prensa…, y así hasta casi cuarenta canales. Dos horas largas pasé cara a cara con aquel aparato que disparaba sin cesar contenidos que se entrecortaban con asombrosa frecuencia para las cuñas publicitarias.
La puerta se abrió. Daba gusto ver las caras de satisfacción de los afortunados que habían disfrutado de una noche en la ópera… de principio a fin, tan sólo interrumpida por un escueto entreacto. Padre e hija, la primogénita, me contaron emocionados el argumento de cabo a rabo, sobre un fantasma enamorado que habitaba en un teatro mientras amaba en secreto a la primera figura. Yo, sin embargo, no conseguí explicar nada con exactitud; aún ahora recuerdo aquella noche como un puzle de imágenes inconexas.
Más allá de mi incapacidad para controlar el frenético ataque de zapeo que me sobrevino, convendrán ustedes conmigo en que el estrepitoso fracaso de la noche en cuestión tuvo mucho que ver con el exceso de oferta audiovisual y el proceso de fragmentación del discurso cultural, que no invitan, precisamente, a la calma y a la reflexión.
En EE.UU. ya lo han bautizado; lo llaman cultura del snack, y con tal expresión se hace referencia a ese picoteo permanente de cultura en pequeños trozos, al consumo de ocio digital por piezas en cualquier momento y lugar. Un vídeo de YouTube en la oficina, una canción comprimida en el autobús, un post desde la PDA en la cola de Hacienda…
El hipertexto cambió el panorama por completo; con él llegó la avalancha, con él nos hemos acostumbrado a perdernos saltando de site en site hasta el infinito y más allá. Las herramientas de la nueva red, de nombre 2.0, indexan, organizan y relacionan el territorio virtual tratando de optimizar la gestión de la información, pero el cibermundo sigue siendo tan grande, y cada vez lo será más -que así sea-, que estamos abocados inexorablemente a la parcelación, al retal, a la flash-información.
Los formatos mini y micro se apoderan del escenario del ocio y la cultura. Los telediarios han cambiado su estructura, yendo poco más allá del titular, y periódicos y revistas -también la nuestra- se encogen para adaptarse a la movilidad y participar de ese universo de pequeños bocados de consumo instantáneo. Lo último en píldoras de entretenimiento son los capítulos de series de los 70, como Los Ángeles de Charlie o Starsky y Hutch, comprimidos en cinco minutos de duración; la idea de los miniepisodios es de Sony Pictures Television con el site The Minisode Network, que ha articulado a través de la plataforma MySpace.
A este panorama se añade la cultura de la remezcla llegada con la web 2.0, un universo a base de patchwork al que debemos adaptarnos y del que debemos extraer lo mejor. Podemos hacer de la era del tentempié, la era de lo esencial; de lo bueno y breve al mismo tiempo. Y aunque parezca lógico pensar que esta tendencia acelerada hacia la fragmentación del mensaje, así como la progresiva dificultad para atender al discurso articulado puede conducirnos a la superficialidad y a la dispersión, no debemos obviar que en la era del post y del alfabeto SMS, los bloggers, y bloggers somos todos, también se reúnen para reflexionar en torno a infinidad de temas diversos, lo que demuestra la compatibilidad de ambos modos de conocimiento.
En cualquier caso se acabó el discurso unidireccional y monodireccional. Hoy el discurso es de todos y para todos, y el consumidor de contenidos ha pasado a ser también generador de los mismos; cualquiera puede tener su propia audiencia y el discurso oficial debe convivir con el marginal, que cada vez tiene más credibilidad.
Cultura a relámpagos y reflexión serena forman parte de un mismo universo. Y es por eso que en nuestro medio hemos optado por combinar ambos ingredientes: mitad snack, porque cualquier información puede darse, con brevedad y concisión, en unas pocas líneas; y mitad reflexión, porque hay que adaptarse a las tendencias pero no a costa de convertirse en una patata frita… Mónica Daluz / pdf

Editorial. El imperio del bit. Efecto sinérgico

Editorial El imperio del bit
EDITORIAL

¿Se acuerdan de cuando a los comerciantes de los 80 se les ocurrió que en lugar de abrir su tienda donde no tuvieran competencia en kilómetros a la redonda, lo mejor sería colocarse junto a ella generándose así un “efecto llamada” que dio lugar al nacimiento de las zonas comerciales, bien urbanas o extrarradiales? ¿O de aquel dicho: “dinero llama a dinero”? Algo parecido está ocurriendo en la era digital. Parece ser que “bit llama a bit”.
El vídeo no acaba con la estrella de la radio, sino que la reinventa y le saca el mayor partido.
Lo hemos visto en Sonimagfoto. Teóricos de la comunicación audiovisual y puristas reaccionarios se lamentan de que la digitalización de la fotografía hace que ésta pierda su valor testimonial como documento porque en cualquier catástrofe o momento noticiable hay alguien que saca su cámara, o simplemente su móvil, del bolsillo. ¿Y eso es malo?, me pregunto. En algunos de estos sectores se afirma que la participación masiva de aficionados en la producción de contenidos causará un empobrecimiento de los mismos que amenaza con llegar a los medios de comunicación.
¿Desde cuándo la democratización en el uso de las tecnologías y la participación ciudadana en la construcción social son perniciosas? Como mucho, tal vez la imagen ha perdido cierta credibilidad, pues siempre te asalta lo que yo llamo “la duda del Photoshop”. Pero los vaivenes son para la industria: el negocio del revelado se ha ido a pique, los canales de distribución han variado y el precio medio de las cámaras fotográficas ha descendido considerablemente. En cualquier caso, lo cierto es que hoy tomamos más imágenes que nunca y tienen cámara más personas que nunca. Conclusión: gana la fotografía.
Tomemos otro ejemplo: la música digital. Que las notas en código binario transformarán el negocio de la música es una opinión unánime, pero contrariamente a lo que aseguran los distintos actores de la industria musical, no acabarán con la música. Los nuevos sistemas de distribución, de fácil acceso y bajo coste, están provocando una caída de las ventas de CD pero han conseguido que más personas escuchen música y que éstas escuchen más música de lo que lo hacían cuando para ello debían comprar un CD original. Conclusión: gana la música.
En el cine ocurre lo mismo desde hace tiempo; la llegada del vídeo, analógico primero y en DVD después, y más recientemente de las pantallas planas cada vez de mayores pulgadas, así como de los sofisticados sistemas de home cinema, han ido socavando el negocio de las salas de cine. Con la irrupción del P2P y el progresivo incremento del ancho de banda, además del crecimiento que han experimentado los canales de televisión de pago, el negocio de los videoclubs también ha venido a menos; hasta la programación televisiva ha relegado el film de la parrilla: ¿para qué si podemos elegir la película, además de cuándo verla? Pero el cine no está en crisis. La premisa se cumple de nuevo: gana el cine.
Y es que ninguna industria es inmune al “síndrome del bit”, en fin a la realidad tecnológica que vive el mundo. Podríamos hablar también de la televisión. Pero es que la tele y el asunto de las frecuencias, del apagón analógico y, sobre todo, de la alta definición y sucedáneos, es punto y aparte y merece capítulo especial. Próximamente… Mónica Daluz / pdf

Editorial. Reivindico lo simple

Editorial Reivindico lo simple
EDITORIAL 

Imagínese. Es sábado por la tarde y se encuentra paseando tranquilamente –es un decir– por un centro comercial. Como lleva usted el bluetooth de su móvil conectado, los establecimientos circundantes le envían todo tipo de información sobre las ofertas que va a encontrar en el interior de cada uno de ellos, le ofrecen también la posibilidad de descargarse la sintonía corporativa de la marca más cool del lineal y además, como quieren que usted sea un “elemento activo”, tal vez para asegurarse de que hay alguien al otro lado después del dineral que han invertido en la implementación de tan novedosa tecnología, le invitan a contestar un par de preguntas a cambio de entrar en un sorteo. ¿Qué haría usted ante tal bombardeo de información, sugerencias, descargas e invitaciones…? Supongo que lo mismo que yo: desconectar su terminal.
Acaba de celebrarse en Barcelona la cuarta edición del Internet Global Congress. Allí se da cita todos los años un tupido racimo de enamorados de las nuevas tecnologías, tecnooptimistas a los que les encanta fabular sobre el futuro. Están tan entusiasmados con sus investigaciones y/o negocios, que con cada tecnología que despunta vaticinan un antes y un después en la sociedad y entran en un verdadero estado de éxtasis al describir toda suerte de situaciones y posibilidades de uso, la mayoría francamente curiosas, insólitas y hasta extravagantes, para demostrar la trascendencia de cada una de ellas, juntas o por separado, para el progreso de la humanidad…
Les pondré un par de ejemplos: el grupo de los que venían con la televisión móvil bajo el brazo explicaba con fervor cómo en poco tiempo la imagen de usuarios sentados cómodamente en el aeropuerto esperando su vuelo mientras ven una película en su móvil será algo habitual. Pero, ¿de veras alguien piensa que el común de los mortales se tirará dos horas mirando una pantalla de dos pulgadas y pico para ver una película de la que puede disfrutar en cualquier otro momento en el home cinema de su salón?
También oí decir que el móvil evolucionaría hacia un concepto de “mando a distancia integral”, erigiéndose en gestor de contenidos del PC y a través del cual podremos mover nuestros archivos de aquí para allá. “Por ejemplo –decían–, mientras esperas el autobús, te conectarás a través del móvil con el PC de tu casa, al que previamente habrás instalado la correspondiente tarjeta de comunicación, y le ordenarás que mande las fotos de tu último viaje a la máquina de tu cuñado con el que has quedado esa noche para cenar…” ¿No les parece demasiado rebuscado? Seamos realistas, quienes están en ese estadio de utilización de la tecnología tienen sus fotos colgadas en un álbum de internet. Por cierto, dado que la originalidad de los ejemplos de momentos de uso de la comunicación móvil brilla por su ausencia y éstos hacen exclusiva y reiterada referencia a los tiempos de espera de transportes públicos y privados, se me ocurre una pregunta tonta: ¿debemos deducir que la optimización de la puntualidad de los transportes acabará con la televisión móvil o con ese supuesto mando a distancia integral de nuestra vida digital?
Hablando en serio, se trata de aprender a separar el trigo de la paja y de desechar sin contemplaciones aquello que no aporte verdadero valor, esto es, que facilite y simplifique la comunicación entre las personas –o entre las personas y las máquinas, o de las máquinas entre ellas…– porque la gama de posibilidades que se abre en el horizonte es prácticamente infinita, y que algo sea posible no quiere decir que llevado a la práctica sea útil. Así que, en la era de la elección permanente, no sólo es un reto para el consumidor escoger el aparato y la tecnología adecuados o para el prescriptor conseguir comunicar todas las posibilidades de uso –más que prestaciones– del producto, también supone un desafío para los desarrolladores de tecnología, que deben coordinar sus criterios con los creadores de servicios, contenidos y estrategia comercial para encontrar el equilibrio entre los usos útiles e interesantes para el consumidor y la rentabilidad de fabricar y suministrar estas tecnologías y servicios.
Afortunadamente, a las sesiones del IGC también acudieron voces pragmáticas, que no pesimistas, que equilibraron la explosión de cibereuforia que suele vivirse en este tipo de convocatorias. Ellos explicaron lo mucho que queda todavía por hacer y las dificultades, hasta el día de hoy insuperables, que entrañan algunos proyectos. Hablaron de la necesidad de trabajar sobre el desarrollo de una nueva red con otros protocolos, pues el acceso a internet desde dispositivos móviles plantea un problema para la identificación digital, por las lagunas de conexión que surgen cuando el dispositivo conectado a la red se desplaza, de modo que, cada vez que hay una pérdida de conexión, el usuario debe volver a identificarse. En materia de buscadores, elemento clave de la red, se ha puesto de manifiesto la necesidad de mejorar en la organización de la información en categorías que sean gestionables. Y el gran reto, desarrollar herramientas que combinen un suministro de contenidos en función del perfil del usuario y la correspondiente oferta publicitaria contextual, con el respeto a la privacidad, a través de sistemas que aprendan a reaccionar en función de las preferencias del consumidor, desarrollando el podcast inteligente, los sistemas de sindicación, etc.
Por cierto, fueron ellos, los pragmáticos, quienes explicaron también que a pesar de la multitud de estrategias y tecnologías que ya se han probado en marketing móvil, se ha demostrado que el SMS es lo más efectivo. Así de simple.
Todos quieren tener y proponer ese elemento tecnológico revolucionario que vire el curso de la historia, pero desengañémonos, son muy pocas las cosas que han cambiado el mundo y éstas casi siempre han llegado a nuestras manos por casualidad. Y es que, las más de las veces, lo sencillo es la mejor elección. Mónica Daluz
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Comunicarse o morir… …localmente

Comunicarse o morir... ...localmente
OPINIÓN
SOCIORREFLEXIONES 

Las habilidades comunicativas del ser humano en todas sus formas, oral, escrita, gestual, postural, olfativa… constituyen un elemento de importancia vital para desarrollarnos como seres sociales. El hombre es un ser multisensorial y utiliza toda esa capacidad múltiple para relacionarse con su entorno; su cuerpo es, en una palabra, el mensaje. Comunicarse es un acto imprescindible, y ello hace que la interacción humana sea insustituible.
Esto le viene muy bien al comercio, ya que el aprovisionamiento, tanto el de necesidad como, y muy especialmente, el de aspiración, es una actividad en la que empleamos buena parte de nuestro tiempo y el ciudadano- consumidor debe decidir qué tipo de formato comercial le aporta mayor satisfacción comunicacional y relacional. Un estudio llevado a cabo en los Estados Unidos, imperio de los malls, ha demostrado que comprar en lo que ellos llaman “mercados de granjeros” tiene un efecto psicológico positivo debido al incremento del número de interacciones humanas que arrastra. No es ninguna novedad que la vida en las grandes urbes reduce nuestros contactos interpersonales a pesar de habitar entre multitudes.
Y es que la interacción cara a cara constituye una necesidad comunicativa, y los sustitutos no siempre convencen. En muchas ocasiones los medios virtuales nos transmiten incertidumbre con respecto a la interpretación -o sea, eficacia- del mensaje. Y no hay para menos. ¿Nunca le ha ocurrido lanzar a la red un correo electrónico y sentir ipso facto haber tecleado con demasiada ligereza el “enter”? ¿Tono inapropiado?, ¿palabras mal escogidas?… Demasiado tarde para la revisión, la reelaboración, la rectificación, el arrepentimiento en definitiva; el texto salió disparado instantáneamente hacia su destino. Sin embargo nos hemos entregado a las relaciones virtuales y buscamos el modo de suplir con la palabra la otra información, la que proporcionan la mirada, los labios, la posición de las manos o el grado de tensión en los hombros. No es posible, porque la comunicación no verbal es inconsciente, por tanto, verdadera. Mónica Daluz / pdf

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COMUNICARSE O MORIR…

…localmente

Por Mónica Daluz

Las habilidades comunicativas del ser humano en todas sus formas, oral, escrita, gestual, postural, olfativa… constituyen un elemento de importancia vital para desarrollarnos como seres sociales. El hombre es un ser multisensorial y utiliza toda esa capacidad múltiple para relacionarse con su entorno; su cuerpo es, en una palabra, el mensaje. Comunicarse es un acto imprescindible, y ello hace que la interacción humana sea insustituible. Esto le viene muy bien al comercio, ya que el aprovisionamiento, tanto el de necesidad como, y muy especialmente, el de aspiración, es una actividad en la que empleamos buena parte de nuestro tiempo y el ciudadano-consumidor debe decidir qué tipo de formato comercial le aporta mayor satisfacción comunicacional y relacional. Un estudio llevado a cabo en los Estados Unidos, imperio de los malls, ha demostrado que comprar en lo que ellos llaman “mercados de granjeros” tiene un efecto psicológico positivo debido al incremento del número de interacciones humanas que arrastra. No es ninguna novedad que la vida en las grandes urbes reduce nuestros contactos interpersonales a pesar de habitar entre multitudes.

Y es que la interacción cara a cara constituye una necesidad comunicativa, y los sustitutos no siempre convencen. En muchas ocasiones los medios virtuales nos transmiten incertidumbre con respecto a la interpretación -o sea, eficacia- del mensaje. Y no hay para menos. ¿Nunca le ha ocurrido lanzar a la red un correo electrónico y sentir ipso facto haber tecleado con demasiada ligereza el “enter”? ¿Tono inapropiado?, ¿palabras mal escogidas?… Demasiado tarde para la revisión, la reelaboración, la rectificación, el arrepentimiento en definitiva; el texto salió disparado instantáneamente hacia su destino. Sin embargo nos hemos entregado a las relaciones virtuales y buscamos el modo de suplir con la palabra la otra información, la que proporcionan la mirada, los labios, la posición de las manos o el grado de tensión en los hombros. No es posible, porque la comunicación no verbal es inconsciente, por tanto, verdadera.

Será por eso que a la hora de comprar nos mostramos reticentes a hacerlo por la vía telemática. Confiamos en quien se nos acerca virtualmente para compartir lo que sea: fotos, sentimientos, música, sexo, soledad…, pero ¡hay de aquel que se nos acerque para vender! Según los últimos estudios, el comercio electrónico, a pesar de haber crecido un 60% en 2006, su volumen sigue siendo muy reducido; no acabamos de fiarnos del canal y hasta los protecnológicos utilizan la red, en un 81,6%, para comparar productos y servicios pero los adquieren en una tienda física. No hay como ver y tocar. Pero ahí estamos, debatiéndonos entre nuestro deambular por las redes, que nos conducen a cualquier rincón del mundo y más allá, y el pincho de tortilla en el bar de la esquina, intentando engranar lo global y lo local. Lo cierto es que a la gestión de lo “glocal” aún le queda largo recorrido; no es tan fácil “pensar global y actuar local”.

Volvamos a los mercados de granjeros. Hay un verdadero boom de ellos en la comarca del Grand Canyon, en Arizona. Allí se intercambian recetas, se suceden acaloradas discusiones políticas y los niños corretean entre los puestos de hortalizas y las jaulas de pollos, pero, sobre todo, está siendo cuna de una tendencia en alza: el consumo de producto local. Además de estos mercados al aire libre, los habitantes de la zona están viendo proliferar redes de tiendas de distribución para alimentos locales. Los beneficios de esta nueva economía son numerosos. De entrada, el dinero gastado localmente permanece en la comunidad. Con demasiada frecuencia el trasiego de mercancías contraviene la lógica económica; resulta paradójico y absurdo que los granjeros de una región exporten la mayor parte de sus alimentos hacia el mercado global de materias primas, mientras que sus propias comunidades vuelven a comprar muchos de los mismos productos a través de una red internacional de intermediarios. Se trata de comida más costosa de comprar, que pierde parte de su frescura, reduce su calidad nutricional e incrementa la probabilidad de trasmitir enfermedades.

Los proyectos alimentarios locales están experimentando un rápido crecimiento en toda Norteamérica y se constata cada día que pasa que éstos están contribuyendo a la mejora de la salud y la riqueza de la comunidad. Estos cambios se están dando en sistemas alimentarios tanto rurales como urbanos. Prueba del auge de esta corriente es que chefs y restaurantes se han apuntado a la tendencia “compre fresco, compre local” abasteciéndose de productos de la zona. La cuestión es que en la sociedad norteamericana cada vez son más las voces que están promoviendo una reflexión a cerca de la comida y su recorrer.

Y es que parece como si las sociedades ricas hubieran olvidado que la naturaleza forma parte de la cadena de producción. En fin, que los niños de hoy día piensen que el dinero, simplemente, sale de esas expendedoras inagotables, siempre a mano en cada calle, en cada centro comercial, tiene su lógica, de la misma manera que creen que las patatas las fabrican en la trastienda del “super”, pero que los adultos tengamos del planeta una visión “cajero automático”, es una barbaridad. La necesidad de racionalizar los recursos nos llevará a un retorno a formas de producción y distribución locales, lo cual no quiere decir que nos hagamos todos amish o que se esté fraguando una regresión colectiva a un estilo de vida “casa de la pradera”. El destino es siempre la urbe. La ciudad es inevitable. De hecho, en Nueva York existen ya 44 mercados de granjeros, la cifra más alta registrada hasta el momento. Y es que si hace algunas décadas la comida masificada y científicamente reconstruida se consideraba más segura y más higiénica que los productos locales, hoy los residentes de los apartamentos de lujo del sur de Manhattan frecuentan el mercado de granjeros Greenmarket, con 122 puestos de productos cultivados a menos de un día de coche de la gran manzana, y apuestan por “comer local” tras los numerosos casos de intoxicaciones alimentarias que no dejan de acaecer en el país. Según un informe de la revista Consumer Reports, el 83% de los pollos vendidos en supermercados están contaminados con bacterias peligrosas y seis millones de estadounidenses enferman cada año a causa de algo que comen; de ellos, 5.000 mueren. El hecho de que en EE.UU. no se obligue al vendedor a informar sobre el origen del producto, está llevando a que el consumidor se sienta más seguro tratando directamente con granjeros y rancheros.

Esta vinculación del comercio a la zona de producción es, además de mejor para la salud y para el planeta, que se ahorra la contaminación procedente del transporte, supone además, una oportunidad de negocio para el sector turístico, que puede ofertar nuevas y atractivas propuestas, lo que, a su vez, reactiva el comercio local. En España ahí están las “rutas del vino”, que conducen al viajero a conocer las tierras del país a través de sus caldos, además de otras propuestas imaginativas ligadas a la producción (no sólo gastronómica) autóctona.

Urbanismo, comercio y turismo concurren de la mano -o debieran hacerlo- en este escenario, formando un trío muchas veces desacompasado.

Sí, la ciudad, que nunca reposa, es a veces aristada, punzante, pero también poliédrica, múltiple y variopinta, y a pesar de la proliferación de urbes miméticas, calcadas las unas a las otras, “macdonalizadas”, hay algo que las hace siempre distintas; todas tienen lugares irrepetibles. En la urbe, la fisonomía del tejido comercial configura su paisaje e impregna sus calles de carácter propio, creando una atmósfera de la que se empapará el visitante y en la que vivirá inmerso el habitante. Así pues, una ciudad son también sus tiendas. En realidad, hoy la función comercial es la razón de ser de todas las ciudades -por encima de otras como la residencial, administrativa o cultural-. Además, el comercio forma parte de la cultura de una ciudad, ¿no pasa el turista urbano más horas viendo escaparates que visitando museos? Para bien o para mal, el comercio no sólo se ha incorporado a nuestro ocio, sino que ha devenido un elemento más de nuestra construcción social. Miren si no dónde se reúnen los adolescentes en sus primeras salidas: en los centros comerciales; ¡allí es donde los jóvenes desarrollan sus relaciones y adquieren sus competencias sociales! Las razones para “acabar” en el centro comercial son obvias: ciudades sin oferta de lugares de reunión variados y adecuados, y con calles poco seguras para que deambulen nuestros muchachos; y la solución pasa por una actualización urbanística.

Comercio, calle, casa, plaza…, la ciudad nació compacta, la suma de sus elementos formaba un todo y el comercio constituía su esencia, su corazón indiscutible. Pero hoy se ha desgranado, se ha separado en gajos en una fractura que afecta al paisaje, a los hábitos y a la interacción y comunicación entre sus habitantes. Se viene dando un progresivo divorcio entre comercio y ciudad o comercio y vivienda, de modo que la dicotomía no es tanto entre comercio tradicional y gran distribución sino entre ciudad tradicional y ciudad periférica. El comercio se fue a las periferias, ¿o las creó?; en cualquier caso, lo que hicieron en su día los centros comerciales fue reproducir el modelo del comercio tradicional, disponiendo su oferta en pasillos a modo de calles. Pero hizo algo más: cuidó sus calles, las iluminó y las hizo limpias y seguras.

El diseño de un urbanismo comercial sostenible es un reto aún sin resolver y son muchos los factores a valorar: ¿debe la dinámica comercial responder exclusivamente a las demandas de los consumidores? ¿Convendría implicar a arquitectos, urbanistas o geógrafos en la reflexión sobre el impacto de los grandes equipamientos comerciales sobre el territorio? ¿Responde la legislación de urbanismo comercial a objetivos de equilibrio social y urbano, de equilibrio territorial, de competencia leal, y de desarrollo sostenible dentro de un urbanismo de calidad, con la integración paisajística y medioambiental, satisfaciendo las necesidades de los consumidores? Cuestiones todas ellas que atañen verdaderamente al fondo más que a la forma, que es en lo que se suelen perder las normativas urbanísticas, cuyo número es directamente proporcional a la despersonalización de la ciudad. ¿Cómo puede instarse al comercio a diferenciarse mientras se imponen criterios urbanísticos estandarizadores? No pocos arquitectos renombrados de nuestro país son de la opinión, y no dudan en hacerla pública, de que la normativa (tanto la de edificación como la urbanística) coarta la libertad de creación y estandariza las edificaciones, y por tanto, menoscaba la idiosincrasia de las ciudades. Porque ¿quién puede negar la belleza del caos, la fascinación por ciudades a las que es precisamente cierto desorden lo que las hace únicas? Las administraciones deberían contemplar la cesión de mayores márgenes de maniobra para que la ciudad se haga a sí misma. El habitante de la urbe debe poder construir un espacio amigable, con cabida para el establecimiento de vínculos entre sus miembros, y tanto el urbanismo general como, y muy especialmente, el urbanismo comercial tienen un papel clave en la consecución de esos objetivos. Aún podemos ver un cambio en las relaciones personales de los urbanitas. ¿Logrará la “gente de ciudad” romper el mito de la sordera urbana, de la dictadura de la incomunicación, del imperio de la soledad?

Partimos de lo local y hemos llegado hasta aquí. Del intercambio “de a dos” al mercado global. Pero parece que comienza a cerrarse el círculo. Y es que, como dice Hawking, los problemas que el desarrollo tecnológico han causado al planeta y al ser humano, no se arreglan con más tecnología. Tal vez, sólo tal vez, estemos hallando el camino hacia ese ensamblado, ese equilibrio entre el avance científico y tecnológico y la simplicidad de lo natural. Puede que las piezas hayan comenzado a encajar.

Si hasta ahora el desarrollo de las sociedades (esto es, el incremento del conocimiento) ha sido lineal, hoy el transitar del conocimiento es en red y eso lo cambia todo. Conocimiento viajando a velocidad endiablada pero, sobre todo, mezcladamente, de manera interdisciplinar, intercultural y transversal. Y con este nuevo fluir de los elementos que conforman nuestro mundo estamos entrando en la “wikieconomía”, un modelo, de base colaborativa, cuyo mayor interés es su capacidad para sumar talento. Permítanme un ejemplo: La mina de oro de Red Lake se agotaba; el cierre era inminente. Entonces, el dueño pensó que si los geólogos de la empresa no podían encontrar más oro en Red Lake, quizá alguien, en alguna parte del mundo, podría hacerlo. El hombre se inspiró en la iniciativa de Linus Torvalds, creador de Linux, que abrió el código de su programa; él recopilaría toda la información geológica de su empresa (el secreto mejor guardado de la industria minera) y la compartiría con el mundo entero, ofreciendo un premio de 75.000 dólares a quienes aportaran los mejores métodos y estimaciones. Y así lo hizo. Un millar de buscadores de oro virtuales de más de 50 países se pusieron a trabajar. El 80% de los nuevos objetivos identificados gracias a las respuestas (venidas desde la matemática, la física, la informática, etc.), produjeron considerables cantidades de oro, y la explotación paso de una situación de atraso y decrepitud a constituir uno de los terrenos más innovadores y rentables del sector. He aquí una muestra de cómo hallar en lo global soluciones para lo local. Pero también es posible el paso inverso; es hora de indagar en sistemas de producción y distribución locales para dar respuesta a problemas que afectan a escala planetaria.

El consumidor se ha puesto al mando. Los mismos ciudadanos que, unidos en la red, tienen capacidad para crear más valor que cualquier multinacional, son los que desean mejorar su calidad de vida, la calidad de su ocio, de su salud y, sobre todo, de sus relaciones personales. Sigamos, pues, adentrándonos en las experiencias que nos esperan en nuestra vida 2.0 sin olvidar seguir dando goce a los sentidos, dejándonos embriagar por ese pequeño mundo real que nos rodea y que da sentido a nuestra existencia.

Editorial. BCN desconexión

Editorial BCN desconexión
EDITORIAL

Días de estío y bochorno, vacaciones a la vuelta de la esquina…, casi todos mis colegas, entrevistados, vecinos, familiares, conocidos y, por supuesto, yo misma, llevamos semanas despotricando de nuestros aparatos tecnológicos y disertando acerca de nuestra imperiosa necesidad de perderlos de vista por una temporada, seguramente más corta de lo deseable, para dedicarnos a pasear, tumbarnos al sol o “fraternizar” con la pareja; en fin, esos asuntos a los que ya nos dedicábamos antes incluso de caminar sobre dos piernas…
Y he aquí que en Barcelona, donde esta editorial tiene su sede, y como por arte de magia, nuestros deseos se han hecho realidad. Queríamos, eso que llaman “desconectar”, y vaya si hemos desconectado. 350.000 personas hemos sido devueltas a la noche de los tiempos, como abducidas en nuestras propias casas, oficinas, calles… y en los mismos escenarios en los que ni reparamos durante la vorágine diaria, pero que hoy se nos antojan extraños, distintos, así como están, sumidos en una sorprendente, indignante e inquietante oscuridad. Sorprendente porque esto ha sido un golpe bajo, nos ha pillado desprevenidos, y ¡a una semana del éxodo estival! Indignante porque a pesar de estar viendo y viviendo a la lumbre de velas y candiles no damos crédito: si una eventualidad de este tipo era más que previsible ¿cómo es posible que no hubiera un plan de emergencia para solventarla con rapidez y eficacia? E inquietante porque puede volver, y volverá, a ocurrir…
Ha llovido mucho desde aquel 9 de noviembre de 1965 en el que un gigantesco apagón eléctrico paralizó la actividad en ocho estados de la costa este de los Estados Unidos causando pérdidas millonarias; y eso que sólo duró 14 horas… Pero la historia se repite. Hace unos meses, en noviembre del año pasado, una sobrecarga en la red eléctrica alemana causó un apagón generalizado que afectó a más de 10 millones de europeos, llegando incluso a afectar a la red eléctrica marroquí. Gajes de la evolución del sistema, o sea, de la globalización.
El fallo en el suministro de la savia que alimenta el mundo que hemos construido no nos ha hecho descubrir nuestra absoluta dependencia tecnológica; eso ya lo sabíamos antes de quedarnos a oscuras, de sobrevenir el caos en comercios y empresas de todos los tamaños. Lo novedoso del asunto es el clima subversivo que aquí se respira. Les cuento: tras las primeras caceroladas espontáneas, las gentes abogan por organizarse y aliarse para devolver, en masa, el recibo de la luz… ¿Ante la indefensión, insurrección? Y es que aquí se nos caen edificios a causa de las obras de infraestructura urbana, los trenes se retrasan, el AVE que no llega, y hasta la Sagrada Familia anda en la cuerda floja -en internet circula una simulación espeluznante de su desplome- y, simplemente, no pasa nada…
Se supone que, tras la primera fase “de parche”, con la ciudad tomada por enormes generadores y todo tipo de máquinas “abrezanjas” se buscará el modo de mejorar la capacidad de las redes de distribución eléctrica para satisfacer la creciente demanda energética, un debate que, por otra parte, ha de abordarse a escala europea. Pero ¿el objetivo no era reducir el gasto energético? Tal vez debamos aprender a convivir con esa incertidumbre de aprovisionamiento energético, pues nuestra dependencia no tiene vuelta atrás… aunque, vaya usted a saber si el personal le coge gusto a eso de los paseos estivales y a la vuelta de vacaciones envía la tecnología a freír espárragos. Pero no se apure, la temporada arranca con un plan Renove a gran escala (con subvenciones a la industria, el transporte, la edificación…) promovido por el Gobierno con el objetivo de cumplir con el protocolo de Kioto; el presupuesto para el plan de renovación de electrodomésticos viejos por otros de clase A o superior será de 532 millones de euros. Y la guinda del pastel: la previsión -permítanme dudarlo- de que en 2008 se inicie -en Cataluña- el otro apagón, el digital. ¿Comenzará la renovación masiva del parque de televisores?
Entretanto, sea curioseando los nuevos vídeos de YouTube o echando la siesta bajo la sombra de un pino, le deseo que disfrute del verano y que si decide optar por la desconexión sea ésta deseada y no forzada… Pero ahora ¡apaga y vámonos! Que mis vacaciones acaban de empezar… Mónica Daluz   / pdf

Xpresarse, libertad, cultura, identidad y tecnología

Xpresarse, libertad, cultura, identidad y tecnología
OPINIÓN
SOCIORREFLEXIONES

También tiene internet en su habitación, y como cualquier chica de su edad, necesita expresarse. Pero su caso es especial, como lo es el de millones de mujeres en su situación. Las conversaciones entre ellas son distintas a las que mantienen nuestras jóvenes. Las primeras dan gracias a Alá por disponer de la tecnología que les está cambiando la vida. Para las segundas, la tecnología es una obviedad.
Ella es antisistema o antiinjusticia, o como quiera decirse. Y sí, antes de salir a la calle elige su pañuelo. Tiene un verdadero arsenal de hiyabs, de todos los colores, y aunque prefiere los lisos también ha comprado algunos estampados, a juego con sus vestidos favoritos; los pañuelos para el pelo son su debilidad…
A nuestras chicas, la tecnología les hace la vida más fácil y divertida y a la joven árabe le regala la sensación de respirar aire fresco, de sentirse libre. Sin embargo, no deja de ser una libertad aparente, virtual, pues cada vez que se zambulle en la red lo hace escondida tras el anonimato. Nuestras jóvenes también echan mano del anonimato, pero lo hacen para jugar, la protagonista de esta pequeña historia se oculta tras un alias por puro miedo… Y ese, el anonimato, sí es el verdadero velo de su vida.
Pero algo está cambiando. Parece que ha llegado el momento de que la mujer árabe rompa su silencio. Sólo en Arabia Saudí, las mujeres suponen un tercio de todos los usuarios de la red, lo cual representa un 15% de la población, y la irrupción de los blogs hace tan solo dos años, ha significado una vía de escape a través de la cual hacer oír su voz. Sus palabras rebosan irreverencia e indignación. Se quejan de falta de diversiones para ellas, de los matrimonios pactados, de necesitar el permiso del tutor incluso para operarse, de no poderse reír a carcajada limpia en plena calle, y de la obligación de ser acompañadas hasta para ir al supermercado.
Los medios de comunicación en los países con regímenes autocráticos no abordan los temas con rigor y los weblogs causan furor entre la juventud en Arabia Saudí, Egipto, Irán, Irak o Siria erigiéndose en un espacio de libertad en un mundo atmósfera asfixiante, irrespirable. Sólo hay que ver los esfuerzos que los gobiernos de estos países están realizando para acallar este imparable canal para la libertad de expresión. El caso más reciente es la condena al joven blogger Abdel Karim Nabil Suleiman, por parte de un tribunal egipcio, por publicar en su página web imágenes y artículos considerados ofensivos por el gobierno del país; de nada sirvieron las peticiones de las asociaciones Reporteros Sin Fronteras(1) y Arabic Network of Human Rights a través de una carta al Ministerio de Justicia de Egipto reivindicando la inmediata liberación del joven webmaster. Mónica Daluz / pdf

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sociorreflexiones

Libertad, cultura,

identidad y tecnología

XPRESARSE

Por Mónica Daluz

También tiene internet en su habitación, y como cualquier chica de su edad, necesita expresarse. Pero su caso es especial, como lo es el de millones de mujeres en su situación. Las conversaciones entre ellas son distintas a las que mantienen nuestras jóvenes. Las primeras dan gracias a Alá por disponer de la tecnología que les está cambiando la vida. Para las segundas, la tecnología es una obviedad.

Ella es antisistema o antiinjusticia, o como quiera decirse. Y sí, antes de salir a la calle elige su pañuelo. Tiene un verdadero arsenal de hiyabs, de todos los colores, y aunque prefiere los lisos también ha comprado algunos estampados, a juego con sus vestidos favoritos; los pañuelos para el pelo son su debilidad…

A nuestras chicas, la tecnología les hace la vida más fácil y divertida y a la joven árabe le regala la sensación de respirar aire fresco, de sentirse libre. Sin embargo, no deja de ser una libertad aparente, virtual, pues cada vez que se zambulle en la red lo hace escondida tras el anonimato. Nuestras jóvenes también echan mano del anonimato, pero lo hacen para jugar, la protagonista de esta pequeña historia se oculta tras un alias por puro miedo… Y ese, el anonimato, sí es el verdadero velo de su vida.

Pero algo está cambiando. Parece que ha llegado el momento de que la mujer árabe rompa su silencio. Sólo en Arabia Saudí, las mujeres suponen un tercio de todos los usuarios de la red, lo cual representa un 15% de la población, y la irrupción de los blogs hace tan solo dos años, ha significado una vía de escape a través de la cual hacer oír su voz. Sus palabras rebosan irreverencia e indignación. Se quejan de falta de diversiones para ellas, de los matrimonios pactados, de necesitar el permiso del tutor incluso para operarse, de no poderse reír a carcajada limpia en plena calle, y de la obligación de ser acompañadas hasta para ir al supermercado.

Los medios de comunicación en los países con regímenes autocráticos no abordan los temas con rigor y los weblogs causan furor entre la juventud en Arabia Saudí, Egipto, Irán, Irak o Siria erigiéndose en un espacio de libertad en un mundo de atmósfera asfixiante, irrespirable. Sólo hay que ver los esfuerzos que los gobiernos de estos países están realizando para acallar este imparable canal para la libertad de expresión. El caso más reciente es la condena al joven blogger Abdel Karim Nabil Suleiman, por parte de un tribunal egipcio, por publicar en su página web imágenes y artículos considerados ofensivos por el gobierno del país; de nada sirvieron las peticiones de las asociaciones Reporteros Sin Fronteras(1) y Arabic Network of Human Rights a través de una carta al Ministerio de Justicia de Egipto reivindicando la inmediata liberación del joven webmaster.

En algunos de estos países, además, y según el Comité de Protección de los Bloggers, los gobiernos restringen el acceso a la red limitando los lugares de conexión, bloqueando las webs políticas o de contenido sexual o poniéndolo muy caro.

(1) Arabia Saudita, Bielorrusia, Birmania, China, Corea del Norte, Cuba, Egipto, Irán, Siria, Túnez, Turkmenistán, Uzbekistán y Vietnam son los países que integran la lista de “enemigos de internet”, que el grupo de derechos humanos Reporteros Sin Fronteras elabora periódicamente y en la que aparecen aquellos países que RSF considera que suprimen la libertad de expresión en internet. Por primera vez, Egipto aparece señalado, mientras que Nepal, Libia y Maldivas fueron retirados.

Reporteros Sin Fronteras, organización de periodistas dedicada a la defensa de la libertad de expresión en todo el mundo, ha publicado una Guía del blogger y del ciberdisidente para ayudar a los ciudadanos de los países sin libertades a ejercer el ciberactivismo, preservando su anonimato y evitando la censura. El manual muestra la técnica más adecuada para cada situación, y entre las estrategias que propone, se encuentra la publicación de blogs. La guía enseña a crear un blog en buenas condiciones, darlo a conocer y garantizar su credibilidad.

El desarrollo de la blogosfera árabe es imparable –en Egipto, por ejemplo, el número de bitácoras se duplica cada seis meses– y destaca el uso de los blogs en los ámbitos del derecho, el activismo y el periodismo ciudadano. Aunque el acento recae sobre los contenidos políticos, abordándose cuestiones de política nacional como la corrupción, la sanidad o la educación, el abanico temático de los blogs árabes es muy amplio y los bloggers también escriben sobre cultura; médicos que hablan de medicina o de la situación de la sanidad en el mundo árabe… Sin embargo, las altas tasas de analfabetismo y el bajo índice de conexiones hace que la red sea todavía una herramienta accesible primordialmente a los jóvenes de clase media y educada.

Pero, además de disidencia o información alternativa, el uso de la red y los blogs se está convirtiendo en una herramienta de construcción de la identidad personal y colectiva. De alguna manera la red hace emerger a los invisibles y con ello probablemente será la propia ciudadanía quien contribuya a romper con los estereotipos que de ellos se tiene en el extranjero con respecto a la uniformidad de pensamiento. Ahí está la reacción de la blogosfera musulmana ante el asunto de las caricaturas de Mohamed publicadas en un diario danés, con la creación del sitio web We are sorry, donde se puede leer: “Pedimos sinceramente disculpas al pueblo de Dinamarca, Noruega y toda la Unión Europea por las acciones de unos pocos, y condenamos completamente todas las formas de vandalismo e incitación a la violencia que ha visto el mundo árabe y musulmán. Esperamos que este triste episodio no perjudique la gran amistad que nuestros pueblos han cultivado durante décadas.”

Y si internet está siendo utilizado por la ciudadanía de países sin libertades para expresar ideas, desahogar frustraciones o debatir temas tabú, el verdadero libertador de la mujer árabe está siendo el teléfono móvil, que deviene en esas sociedades un cómplice al servicio de la amistad y del amor. Al parecer, el móvil es el único modo para que hombres y mujeres hablen libremente, en situaciones en las que, de otro modo, las estrictas normas sociales lo impedirían.

Lo cierto es que el mundo se está rediseñando y en la nueva configuración de los pueblos del planeta, de sus relaciones, de sus transacciones y hasta de su autoconcepto, la presencia de la tecnología juega un papel determinante.

En el llamado Primer Mundo, el paso de las sociedades jerárquicas, disciplinarias, con fuertes mecanismos de control, y en las que religiones y tradiciones producían creencias colectivas y homogéneas y pautaban comportamientos, a la modernidad, vino de la mano de la combinación de la técnica y el liberalismo económico, con la Revolución Industrial como telón de fondo. La Revolución Industrial supuso el mayor cambio tecnológico, socioeconómico y cultural de la historia, y sus efectos, cimentados sobre los drásticos incrementos en la capacidad de producción como consecuencia de la irrupción de la máquina de vapor, se esparcieron por toda Europa occidental y América del Norte durante el siglo XIX. Así llegó la modernidad, que vino a ser la materialización de los ideales ilustrados(2), que aspiraban a la autonomía y soberanía del individuo. La modernidad supone la emancipación de las tradiciones, las doctrinas y las ideologías heredadas, y la posibilidad política de cambiar las reglas del juego de la vida social(3). La superación de la sociedad industrial por la sociedad posindustrial, que tuvo lugar a lo largo del tercio central del siglo XX, se ha llamado posmodernidad. En este tránsito, las grandes estructuras socializadoras perdieron su autoridad y las grandes ideologías y los proyectos históricos dejaron de movilizar. En ese hervidero de aspiraciones individuales y de búsqueda de la felicidad privada que supuso el advenimiento de la llamada posmodernidad, habitaba un elemento que fue condicionante de la transformación: la moda, las modas. Sobrevino una hipervaloración de lo nuevo y se instaló el reinado de lo efímero en contraposición al pasado, que entra en una fase de permanente descalificación; el presente prima sobre el futuro. Las grandes certezas ideológicas se diluyen y emergen las singularidades subjetivas dando lugar a sociedades más elásticas… La cultura popular producida industrialmente pasa a un primer plano frente a la cultura tradicional y el arte clasicista y académico. Por primera vez, el arte recogía las tendencias que circulaban por las calles y los elementos de consumo son convertidos en obra artística, con imágenes y temas tomados del mundo de la comunicación de masas. Y es que nuestra particular revolución cultural llegó con la irrupción de los medios de comunicación de masas; buena parte de la identidad cultural occidental ha sido definida por los mass media.

Más tarde, en los 80 y los 90, la globalización neoliberal y la revolución de las tecnologías de la información culminaron la entronización del presente. La circulación acelerada de los capitales a escala global y el apremio de rentabilidad rápida, unido a la presencia de los medios electrónicos e informáticos, que posibilitan las informaciones en tiempo real (simultaneidad e inmediatez), nos ha abocado a la cronocompetencia.

La afirmación de lo individual sobre lo colectivo por la vía de la subjetivación del gusto nos condujo hacia el imperio de la apariencia, que hoy reversionamos entrando en un consumo por placer, por satisfacción propia; algún teórico lo ha definido como “lujo emocional”, experiencial, psicologizado, en fin, se ha pasado de un consumo de teatralidad social a otro de sensaciones íntimas.

La observación de los matices también nos cuenta que el predominio de lo frívolo ha sido reemplazado por un tiempo de incertidumbre. La preocupación por la inseguridad, la salud, el terrorismo, las catástrofes y las epidemias, son algunos de los síntomas. Las inquietudes ciudadanas se refieren hoy, no a grandes ideologías teorico-filosóficas, sino a realidades que atender con cierto carácter de urgencia, como la seguridad, la defensa de las conquistas sociales, las causas humanitarias y la custodia del planeta. Nuestra relación con el progreso se ha vuelto algo insegura y las expectativas de prosperidad conviven con la idea de posibles amenazas y catástrofes. Atrás quedó la euforia tecnológica y cientificista de la era Newton, primero, cuyas leyes parecían explicarlo todo sobre los fenómenos físicos, o de la conquista de la Luna después, una carrera cuyo desenlace fue, de algún modo, el preludio de lo que ocurriría 20 años después en Berlín. El capitalismo llegó para quedarse, así que el reto está en buscar mecanismos dentro de las estructuras de este sistema económico, para incorporar los nuevos y apremiantes valores sociales. Y es en ese punto de la evolución social en el que nosotros nos hallamos.

(2) Se denomina Ilustración o Siglo de las Luces a la corriente intelectual de pensamiento que dominó Europa y en especial Francia e Inglaterra durante casi todo el siglo XVIII y que abarca desde el Racionalismo y el Empirismo del siglo XVII hasta la Revolución Industrial, la Revolución Francesa y el Liberalismo. La confianza en el poder de la razón y la utilización del método lógico-matemático para explicar los razonamientos, y del empírico para confirmarlos cuando ello es posible, son algunas de sus principales características.

(3) En términos sociales e históricos, a la modernidad se llega tras la transformación de la sociedad preindustrial rural tradicional a la sociedad industrial y urbana moderna que se produce con la Revolución Industrial y el triunfo del capitalismo. Hay que distinguir, por tanto, la Edad Moderna que comienza en el siglo XV, del concepto de modernidad.

Pero ¿cómo lo harán ellos? A los países emergentes les ha llegado la hora de dar su particular salto hacia la sociedad del bienestar y para ello cuentan con elementos y panoramas distintos a los existentes durante nuestro proceso de transformación social y económica. La digitalización y la globalización son su materia prima, sus herramientas, y al mismo tiempo sus condicionantes. Se habla de choque de civilizaciones, pero el verdadero conflicto se está produciendo en dichas sociedades, que en estos días se juegan su futuro sentando las bases de lo que serán, a golpe de globalización. La tradición cultural y el impacto de la globalización de la ciencia y la tecnología ha provocado una tensión entre la tradición y la modernidad. Muchos países asiáticos conservan sistemas feudales enmascarados por estructuras democráticas, mientras en otras regiones la población venera las tecnologías y nace una hasta ahora desconocida avidez por consumir. El desarrollo de occidente no tuvo referentes, pero hoy, la globalización de los medios de comunicación, además de hacer a los pobres conscientes de su posición marginal, transmite modelos sociales ajenos a estas sociedades.

Mientras en India y en los países árabes se camina hacia el desarrollo con modelos y convicciones que persiguen cierta armonía, evitando rupturismos, y que tratan de encajar las novedades dentro de su propia idiosincrasia, China (tras tres décadas creciendo a un ritmo superior al 9% anual) se occidentaliza compulsivamente, dando lugar, además de a nuevos hábitos e iconos culturales importados, a grandes desequilibrios económicos y sociales. La desigualdad, la contaminación, la corrupción o la dependencia exterior colocan a la que se ha convertido en cuarta potencia mundial, en una situación de preocupante inestabilidad y pone en cuestión su modelo de desarrollo, que fue y sigue siendo el nuestro. Occidente llegó antes y explotamos el planeta a nuestras anchas, pero ahora les pedimos que se controlen y que busquen nuevos caminos para llegar al bienestar, porque ellos son muchos, y los recursos no dan para más…

Muchas son pues las diferencias entre uno y otro panorama en la línea de salida hacia el bienestar. Para empezar, estos países que acaban de poner el turbo a su desarrollo, tienen unos espectadores de excepción, los países -las empresas- que ya instalados en la riqueza, toman posiciones para sacar tajada de los recién llegados al progreso. La India es -junto con China- uno de los países con más posibilidades (su economía crecerá el 9,2% durante el presente año fiscal 2006-2007), sobre todo en la industria tecnológica. Lo estamos viendo estos días. El grupo británico de telefonía móvil Vodafone acaba de hacerse con el cuarto proveedor indio Hutchison Essar que ha adquirido por 11.000 millones de dólares. Y es que se espera que India crezca de los 150 millones de clientes actuales de telefonía móvil a 500 en 2010, añadiendo de cinco a seis millones de usuarios al mes. Otro dato en este sentido es que casi un 90% de los nuevos usuarios de telefonía móvil durante los próximos cuatro años se captarán en los mercados emergentes. 65 millones de chinos se estrenaron en el uso del móvil en 2006, y en África, los usuarios han crecido un 1.000% en los últimos cinco años.

De hecho, la corriente de toma de posiciones de empresas norteamericanas y europeas en Asía se inició hace unos años; sin embargo, el recién clausurado congreso mundial de telefonía 3GSM en Barcelona ha puesto de manifiesto que operadores y fabricantes asiáticos han tomado ventaja en la oferta de servicios. Empresas chinas, coreanas, japonesas o taiwanesas son las mejor posicionadas en el segmento de contenidos para móviles. Como curiosidad, y no por casualidad, la primera película india realizada para el móvil, Bollywood goes Mobile, se presentó en el 3GSM. Y es que India es el primer productor de cine del mundo por número de filmes (con una media anual de producción de 900 largometrajes) y en telefonía móvil es el mercado emergente más importante de Asia, después de China. Lo cierto es que el cine en India es un fenómeno social; hay carteles en la calle, en los taxis se escucha música de las películas y en la televisión se transmiten danzas que se ven en las salas de exhibición. Recordemos que la India es un país donde el 90% de la población está rozando el umbral de la miseria; no hay dinero para tener televisores, ordenadores…, así que el cine se convirtió desde hace años en la mejor manera de entretenerse toda una tarde de forma muy barata. Vemos pues, que también las sociedades emergentes están utilizando los medios de comunicación para construir sus propios iconos culturales de la nueva era.

La evolución social y cultural discurre paralela al devenir tecnológico y hoy este acontecer nos lleva al mundo de lo unipersonal, con el teléfono móvil como estandarte. Esta herramienta se está convirtiendo en un centro conectivo personal portátil, que centraliza los intereses de sus usuarios: interconexión personal por razones de trabajo, amistad y sociabilidad; intercambio de imágenes; ver fotografías; escuchar música; ver televisión a la carta y sin exigencias espaciotemporales; obtener recursos, localizar y ser localizado, verse con el interlocutor mientras se habla, acceder a distintas opciones de entretenimiento. Y además, todas estas prestaciones, usos y gratificaciones adoptarán una forma personalizada, de modo que tanto el objeto como el uso serán indicadores de la propia personalidad.

Entre los nuevos derroteros de la industria de la telefonía móvil, cabe una observación: como fuente de ingresos, la voz no da para más, deja de ser negocio, así que la industria se tira a la red. Menos voz y más red parece ser la consigna.

Si hasta ahora los operadores de telefonía móvil se centraban en proporcionar juegos y música, ahora es la velocidad de conexión para la transferencia de datos el eje de la oferta. Además, los operadores de redes de telefonía móvil no serán los únicos a quienes paguemos nuestra cuota. Suministradores de tecnologías, de servicios y de contenidos serán otros tipos de empresas de las que nos proveeremos para el uso del aparato.

Las tendencias en el sector de la telefonía ponen sobre la mesa elementos como la convergencia (móviles que puedan pasar de una red de telefonía móvil a una red WiFi sin que caiga la llamada en curso), los contenidos generados por consumidores (cómo encajan en el ecosistema móvil páginas web populares, como MySpace o YouTube), la tecnología de redes (las redes UMTS ahora ofrecen velocidades de banda ancha para descargas/downlink, el reto está en potenciar las velocidades de uplink, para que los usuarios puedan cargar sus contenidos de forma más rápida -HSUPA-), la televisión en el móvil (los primeros lanzamientos comerciales nos hablarán del potencial de este negocio), el protocolo de internet (los operadores móviles implantan IP en sus redes, para lanzar nuevas combinaciones de servicios y reducir costes operativos), la publicidad vía móvil (un campo virgen sobre el que investigar), las Near Field Communications (las tecnologías de comunicaciones de proximidad permiten que los móviles se utilicen como monederos, billetes electrónicos, llaves, lectores de códigos de barra, etc.) y los mercados emergentes (algunas innovaciones que se están viendo en los países en desarrollo podrían ser modelos a seguir por los países desarrollados, como los micropagos en Filipinas). El Congreso Mundial 3GSM ha dejado claro que las firmas orientales se han colocado por delante de sus competidores europeos y ofrecen servicios que convierten la pantalla del móvil en otro escenario para el ocio.

Este año, la telefonía móvil alcanzará los 2.200 millones de usuarios en todo el mundo y según declaraciones de Olli-Pekka Kallasvuo, presidente de Nokia, en 2010 se llegará a los 4.000 millones. Nadie queda excluido de esta “fiesta”. Operadores y fabricantes van a por todas, o mejor dicho, a por todos…, los segmentos. En España, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, más de un millón de niños de entre 10 y 14 años tenían móvil en 2005, un 55% de este segmento poblacional. Vodafone y Disney contraatacan con una propuesta de móvil para niños, tras el acuerdo alcanzado entre Movistar y la cadena de juguetes Imaginarium para el lanzamiento del MO1 el pasado octubre. El éxito de estos “juguetes” ha llevado a Imaginarium a crear un aparato de segunda generación, que incluye cámara fotográfica y reproductor MP3. Mientras, la Federación de Consumidores en Acción (Facua) considera estas iniciativas comerciales “una gran irresponsabilidad sanitaria y educativa”. Hasta el Parlamento Europeo se ha pronunciado, alertando de que “el uso de móviles entre los niños es perjudicial para la salud”.

Pero ahí va un dato para la reflexión: el 80% del parque de móviles tiene función de correo electrónico, sólo el 10% de los abonados lo usa… A esto se añade que el 81% de los usuarios no está dispuesto a pagar más de ocho euros para disponer de contenidos adicionales. Además, un 85% de los españoles no vería televisión en el móvil si no se reducen las tarifas. Este es el panorama que revelan las conclusiones de un estudio realizado por la consultora Dnx entre más de un millar de usuarios de móviles en España, y que pone de manifiesto que el actual modelo basado en cuotas por navegación y precio por descarga es una barrera para el crecimiento del consumo de servicios móviles de valor añadido como la televisión. El informe refleja también que los formatos más adecuados serán aquellos que mejor se adapten a los momentos de espera: contenidos de corta duración para ser consumidos en estaciones o paradas de autobús y tren, o tiempos muertos en el aeropuerto o en el coche.

La industria se empeña en conceder al ordenador el honor de ser el centro de entretenimiento del hogar, la herramienta de conexión universal. Pero el ordenador nació en un contexto business y parece una herramienta de producción, mientras el móvil procede de la cultura del ocio. La popularización masiva de un recurso comunicacional pasa por su adaptación a la privacidad doméstica. Formamos nuestros referentes, hoy más que nunca, a través de la información visual, y el diseño se erige en elemento clave en la elaboración de nuestros procesos de percepción. Para acertar en que el consumidor acepte o no un producto, el diseñador deberá también tener muy en cuenta los modelos ya instalados. Así, el ordenador es difícilmente disgregable de la idea de máquina para trabajar, y es por eso que el móvil se perfila como el aparato que centralizará nuestro ocio digital.

La radio se hizo omnipresente con la aparición del transistor; la portabilidad fue la clave de su éxito. La televisión tenía pendiente miniaturizarse, y con el móvil le ha llegado la hora, la hora de la portabilidad, aunque el tema parece que está encallado en la adaptación de la programación televisiva a dicha miniaturización…. Primero fue el cine, después la televisión y más tarde el ordenador. Hoy el teléfono se convierte en la cuarta pantalla, en el punto de convergencia de la suma total del acceso, dando origen al sustituto del PC como puerta de entrada a internet.

En cualquier caso, unos y otros; los posmodernos con economías ricas, y los gigantes que recién despiertan y que no están más que calentando motores para tomar su turno y su porción, estamos ligados y condicionados por los desarrollos tecnológicos. Las nuevas generaciones de los países asiáticos y africanos, como la joven árabe de nuestra fábula, ven en las actuales herramientas de comunicación una vía para construir el futuro de sus sociedades y construirse a sí mismos.

Y si la red está sirviendo a la cimentación de identidades personales, otro fenómeno ha llegado de la mano de las nuevas tecnologías: el de la transformación de las identidades nacionales. Sí, hemos de pagar el precio de la homogeneización y, por supuesto, corremos el riesgo del tópico, del estereotipo. La joven que abre este artículo se subleva ante la idea de que el resto del mundo piense que los árabes viven todos en jaimas o asocie el término “árabe” a la imagen espeluznante de los aviones impactando contra los rascacielos gemelos…, del mismo modo que se tiende a meter a “los americanos” en el mismo saco, como si todos fueran paseándose por ahí con sombrero de cowboy, o guardaran un revólver del 45 en la mesita de noche… Pero ese tipo de reduccionismo ha existido siempre y aunque nos hallamos en plena era “fusión” -musical, gastronómica, estética…- y estemos aprendiendo a saborear culturas no propias y cada vez más se eduque en una alfabetización visual crítica y en el conocimiento de los orígenes del estereotipo, parece difícil librarse algún día de él.

Por otro lado, la capacidad de transmitir y fijar símbolos de identificación de culturas y sociedades está deslizándose hacia la ciudadanía, gracias al acceso a los canales de comunicación y a la globalización de los mercados. Si durante la guerra fría la reputación de los países dependía de los programas propagandísticos, hoy la imagen de un país en el extranjero está ligada también a la percepción de sus empresas y productos. Ello ha sido consecuencia del incremento del flujo de bienes y servicios, que ha hecho que los países sean cada vez más conocidos por sus productos culturales y comerciales. Y es que la fuerza de los mercados ha ganado la partida a los estados. Si un día hicimos simbólica entrega de nuestra parte de soberanía a través de un contrato “universal” con el que nos pusimos en manos de un estado protector, hoy parece que la historia pone de nuevo en nuestras manos la responsabilidad sobre un incierto futuro.

La joven árabe sueña con abrir un centro de acogida para mujeres maltratadas. Ha estudiado inglés, así que se maneja a la perfección en la red. Ya ha contactado con dos asociaciones de ese tipo, una en Oregon, en el estado de Ohio, y otra en la localidad francesa de Montfermeil. A diferencia del centro francés, en el americano no hay ninguna mujer de procedencia árabe, pero las historias de unas y otras son tan parecidas que ese es un detalle irrelevante. Enfrascada en su charla on line a tres bandas, una señal acústica le avisa de que alguien acaba de conectarse a su línea de mensajería instantánea. Es el compañero de facultad que le tiene robado el corazón; hace meses que hablan de sus aspiraciones, de sus sentimientos, de política, de religión, de arte… Para él, hablar de todas esas cosas con una mujer ya no es nada del otro mundo. Al verle aparecer en su PC la muchacha ha tenido un impulso irrefrenable, ha decidido hacer algo muy poco convencional: se va a declarar.

Hombres y mujeres como ellos abrirán el camino hacia un futuro en libertad. Y es que hoy las ideas fluyen en la red y el conocimiento mutuo entre las culturas también. Las distancias se acortan y las diferencias se diluyen. Los nuevos canales de comunicación y la globalización de los mercados, que propician la posibilidad de bienestar económico para todos, y el panorama de unos recursos limitados, nos colocan a ellos y a nosotros en un mismo navío y en idéntico rumbo. Así pues, el ser humano tiene la última palabra.

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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