LIBRO CONMEMORATIVO GRUPO BATLLE
Vidas anónimas han forjado la historia de la civilización. No todos los grandes hombres fueron ilustres. Valor, empuje, intuición, vocación e inteligencia son cualidades que, al margen de la formación, han aportado grandes beneficios a la humanidad.
Primeros pasos. La semilla de una gran empresa
LOS PIONEROS
Vidas anónimas han forjado la historia de la civilización. No todos los grandes hombres fueron ilustres. Valor, empuje, intuición, vocación e inteligencia son cualidades que, al margen de la formación, han aportado grandes beneficios a la humanidad.
Esta historia comienza en los verdes parajes irlandeses, que los O’Neil, ascendientes de los protagonistas de estas páginas, abandonaron en el siglo XVII, huyendo de la persecución religiosa, viniendo a parar a tierras del Maresme.
El primero de la saga, buena gente donde la haya, fue Joan Nonell i Vinyes (1769-1850), que por su talante bonachón se ganó el sobrenombre de El Hortelano Bonminyó (vocablo catalán que significa “buen chico”) y, claro está, cuando en 1802 comienza a comercializar semillas y plantas, la comercial Nonell fue conocida por los lugareños como la “Horta de Cal Bonminyó” (“horta” significa huerta y “cal” es una abreviación, todavía en uso, para referirse a “casa”).
Afincado desde finales de siglo en tierras hortícolas, propiedad de Rafel Mas, a las afueras de Mataró, Joan Nonell contrae matrimonio con María Rosa Cases Rovira, y ambos se instalan en una sencilla masía que, reformada por la siguiente generación, acogería a la saga Nonell durante dos siglos.
Fue en 1996 cuando Mn. Salvador Nonell i Brú, último heredero y propietario, vendió la masía. En su lugar se construyó un bloque de viviendas al que se llamó, en honor a la familia Nonell, Can Bonminyó, y en los bajos del edificio se levantó la Iglesia del Sagrado Corazón de Mataró, inaugurada en enero de 1997 por el Cardenal Arzobispo de Barcelona Mons. Ricard Maria Carles.
Pero sigamos con la historia de esta familia de emprendedores. El hijo del matrimonio se llamó Jaume y su actuación fue clave para el destino de la entonces recién nacida compañía. Jaume Nonell sembró, y hoy seguimos recogiendo los frutos de su labor. Mónica Daluz / pdf
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