El cerebro reptiliano toma el mando

El cerebro reptiliano toma el mando
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El entorno recesivo en el que nos hallamos inmersos está alterando los procesos de decisión de compra del consumidor. Las empresas comienzan a plantearse una reformulación de los productos y servicios que ofrecen, así como de los códigos del marketing que los acompaña. Parece haber calado la idea de que la irresponsabilidad no es sostenible y los analistas detectan una reconfiguración de la escala de valores de la sociedad.
El consumidor siente la necesidad psicológica de consumir de un modo responsable y exige a las empresas también mayor responsabilidad. En la nueva escala de valores cobran relevancia aspectos como la austeridad, la responsabilidad, la solidaridad, el compromiso y la no ostentación. Así pues, el contexto de contracción económica está alumbrando un nuevo consumidor que resitúa sus necesidades y sus expectativas, y que está trasladando estos cambios a sus conductas de compra. Las claves de este nuevo escenario: la satisfacción de las necesidades básicas se impone, la ostentación queda fuera de juego, y el “reuso” gana terreno al “usar y tirar”. Dejamos atrás la era de la abundancia, del exceso y hasta del despilfarro, para entrar en la era de lo necesario.
Veamos cómo hemos llegado hasta aquí, cómo explica la psicología los cambios en el comportamiento del individuo-consumidor en épocas de crisis y cuáles son las estrategias que las empresas están  adoptando a la hora de influir sobre este nuevo consumidor: cómo se repensará el producto y cómo se comunicará. El sector del envase y el embalaje está directamente implicado y afectado por estos cambios, ya que hablamos de un producto que constituye en sí mismo un soporte comunicativo y es transmisor de la imagen de marca, además, y a pesar de tratarse de un producto de demanda derivada, el consumidor exige al envase parámetros similares al producto de gran consumo, por lo que también deberá emplearse a fondo en innovación, pues nuevos criterios en diseños, tamaños, dosis y formatos serán requeridos.
Pero como ocurre siempre, hay luz al final del túnel, por lo menos, para aquellos que elijan el camino adecuado, el camino de la verdadera eficiencia y la verdadera innovación; además, para ellos, para los mejor adaptados, la competencia será menor en un futuro nada lejano, así que tienen asegurada la supervivencia. Mónica Daluz / pdf

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El cerebro reptiliano toma el mando

El entorno recesivo en el que nos hallamos inmersos está alterando los procesos de decisión de compra del consumidor. Las empresas comienzan a plantearse una reformulación de los productos y servicios que ofrecen, así como de los códigos del marketing que los acompaña. Parece haber calado la idea de que la irresponsabilidad no es sostenible y los analistas detectan una reconfiguración de la escala de valores de la sociedad.

Mónica Daluz

El consumidor siente la necesidad psicológica de consumir de un modo responsable y exige a las empresas también mayor responsabilidad. En la nueva escala de valores cobran relevancia aspectos como la austeridad, la responsabilidad, la solidaridad, el compromiso y la no ostentación. Así pues, el contexto de contracción económica está alumbrando un nuevo consumidor que resitúa sus necesidades y sus expectativas, y que está trasladando estos cambios a sus conductas de compra. Las claves de este nuevo escenario: la satisfacción de las necesidades básicas se impone, la ostentación queda fuera de juego, y el “reuso” gana terreno al “usar y tirar”. Dejamos atrás la era de la abundancia, del exceso y hasta del despilfarro, para entrar en la era de lo necesario.

Veamos cómo hemos llegado hasta aquí, cómo explica la psicología los cambios en el comportamiento del individuo-consumidor en épocas de crisis y cuáles son las estrategias que las empresas están adoptando a la hora de influir sobre este nuevo consumidor: cómo se repensará el producto y cómo se comunicará. El sector del envase y el embalaje está directamente implicado y afectado por estos cambios, ya que hablamos de un producto que constituye en sí mismo un soporte comunicativo y es transmisor de la imagen de marca, además, y a pesar de tratarse de un producto de demanda derivada, el consumidor exige al envase parámetros similares al producto de gran consumo, por lo que también deberá emplearse a fondo en innovación, pues nuevos criterios en diseños, tamaños, dosis y formatos serán requeridos. Pero como ocurre siempre, hay luz al final del túnel, por lo menos, para aquellos que elijan el camino adecuado, el camino de la verdadera eficiencia y la verdadera innovación; además, para ellos, para los mejor adaptados, la competencia será menor en un futuro nada lejano, así que tienen asegurada la supervivencia.

Mentiras arriesgadas o el poder del humo

Corría el final de los ochenta cuando los diseñadores del modelo económico mundial –léase FMI– nos dieron carta blanca para gastar y nos regalaron un mundo de ficción. Fue la solución –un aplazamiento– más cómoda a una crisis que abrió la puerta a una nueva era: la era de la abundancia. Y la demanda se desbocó. El afán del ser humano por demostrar su capacidad para generar progreso se ha visto satisfecho en las últimas décadas a base de sobreendeudamiento, un progreso que nos instaló en el mundo de lo intangible, de lo gaseoso…

El estado del bienestar nos procuró seguridad y abastecimiento sin fin y, sí, vivir a crédito nos permitió crecer, hiperconsumir, segmentar mercados… Pero como en un culebrón de tres al cuarto, el argumento se fue enredando hasta que la trama dejó de sostenerse, cayó en el absurdo y se desmoronó.

Pero, ¿cómo reaccionamos ante esta coyuntura de incertidumbre? Parece que cuando el entorno se nos antoja amenazador dejamos a un lado las aspiraciones de crecimiento y realización personal y activamos nuestro lado más instintivo, el responsable de las actitudes de protección y supervivencia. En fin, la crisis nos devuelve a la base de la pirámide de Maslow en la jerarquía de las necesidades humanas… Sin embargo nuestro cerebro nuevo, evolutivamente hablando, la corteza cerebral, ha recogido el mensaje de alerta y lo reelabora con nuevos valores y nuevas razones, por tanto también nuevas necesidades y motivaciones.

Llega la compra eficiente

A medida que los mercados fueron incrementando su nivel de complejidad se han venido aplicando los principios del comportamiento del consumidor a la mercadotecnia estratégica para influir sobre él. El interés por conocer y aplicar las disciplinas que estudian la conducta humana ha ido creciendo y éstas han sido utilizadas como aliadas del marketing para fragmentar y subfragmentar el mercado en pequeñas porciones, aportando a este último infinitos argumentos y estrategias para seducir al consumidor.

Los contextos de crisis provocan inseguridad y turbación en la sociedad de modo que incluso en el segmento poblacional que dispone de poder adquisitivo alto, los comportamientos y preferencias están influenciados a la hora de comprar. La psicología clasifica las necesidades del individuo en biogénicas, psicogénicas y de orden superior. Entre las primeras se hallan las necesidades fisiológicas y de seguridad, que son precisamente las que afloran con contundencia en momentos de crisis, incertidumbre y pérdida del control como el actual y que estimulan nuestro cerebro reptiliano; la consecuencia sobre el consumidor se traduce en “la propensión a priorizar el ahorro para asegurar mejores posibilidades de abastecimiento futuro”, según Nestor Braidot, investigador y escritor de numerosos libros sobre neuromarketing. Con respecto al tipo de producto se tiende a los relacionados con la protección, y en relación al canal se prefiere la compra de proximidad con el objeto de comprar en menor cantidad. Se da la paradoja de que una respuesta instintiva nos acaba conduciendo hacia un acto de compra más meditado, más racional… Y es que la economía de los recursos es un principio básico en la naturaleza, nuestro propio organismo se rige por él, y ahora que la situación apremia, parece que nuestro instinto nos lleva a tomar decisiones en base a la eficiencia.

En el segundo nivel de necesidades del ser humano encontramos las del llamado cerebro límbico, algo así como un regulador de nuestras emociones. Hablamos de las necesidades psicogénicas o secundarias, de un nivel de urgencia menor en cualquier caso, y a las que el marketing apela continuamente. En este punto parece que los especialistas tendrán que buscar nuevos contenidos para contrarrestar la autoprotección, autocontrol en definitiva, del consumidor frente a la compra por impulso, que se sitúa, precisamente, en este ámbito decisional. Nuevos contenidos, nuevos mensajes, para un consumidor que aplaza toda compra que en este momento no sea necesaria.

Otro aspecto que el marketing deberá considerar es el hecho de que en épocas de incertidumbre el sentido de pertenencia constituye una de las necesidades que el individuo-consumidor desea satisfacer; afloran sentimientos de solidaridad, de compromiso, de “vuelta a la manada”, como diría Eduardo Punset.

Por lo que respecta a las necesidades del tercer nivel, las correspondientes a nuestro cerebro pensante, el neocortex, y que tienen que ver con la autorrealización, pierden fuelle en estos momentos; lo último que conviene a una sociedad a la que urge reinventarse y explorar nuevos caminos, y que precisa de personas proactivas, imaginativas y dispuestas a correr riesgos.

Modelo low cost, el nuevo target

Todo apunta hacia una tendencia que algunos ya han bautizado como “modelo low cost”, una sociedad en la que la clase media se estrecha y aparece una nueva clase social, “una microburguesía low cost formada por mileuristas que viven al día creyendo ser ricos porque pueden acceder, a través de créditos, a una vivienda en propiedad, viajes, etc.”, en palabras de Marc Vidal, economista, experto en trading corporativo y en estrategias de inversión, director general de CINK, conferenciante y gurú de las redes sociales. En el mismo sentido se manifiesta Josep Lluís del Olmo, coordinador de grado de Marketing y Dirección Comercial de la Universidad Abat Oliba CEU: “nos dirigimos hacia un modelo de cliente low cost, un consumidor que busca un mayor equilibrio entre precio y calidad”. Para dar respuesta a este fenómeno, “los fabricantes –prosigue nuestro interlocutor– deberán adaptar sus gamas más bajas y optimizar con mayor precisión.” En idénticos términos califica el informe anual de Banco Cetelem, El Observador de la Distribución 2010, al consumidor que emerge del contexto de crisis: “La crisis –explica el director del documento, Salvador Maldonado– confirma la necesidad de utilizar valores tradicionalmente estables: el precio justo y la calidad son fundamentales. Si los modelos económicos low-cost o de bajo coste consiguen aunar precios bajos con calidad, tienen por delante un futuro muy prometedor”.

Los analistas apuntan hacia el diseño de productos con prestaciones menos sofisticadas, reducción del tamaño del envase; en definitiva, las firmas comienzan a recurrir a versiones más básicas de la gama de productos. También proliferarán los “packs” o “combos” de productos con un diferencial de precio percibido importante, en una búsqueda por satisfacer las mismas necesidades, de un modo más austero e inteligente. Veremos que segundas marcas cobran protagonismo en este contexto, con el objeto de no erosionar el capital simbólico de las marcas insignia, construido a lo largo de los años. Una involución, entendida como un volver a la esencia más que como un reversionar a la baja.

Se habla de una posible reducción en el número de referencias de productos de gran consumo, produciéndose un fenómeno inverso al que venía dándose hasta el momento, algo así como una “des-segmentación” del target. En mercadotecnia este hecho se llama contrasegmentación. En este sentido, Josep Lluís del Olmo nos explica que “el consumidor está dejando de adquirir productos especializados, que tienen un precio más elevado, y prefiere aquellos que satisfacen sus necesidades a un precio razonable. Se tenderá a la eficiencia y no serán necesarios tantos modelos de cada producto.” Toca pues, agrupar categorías; la incesante fragmentación, la especialización y la customización ha terminado, por lo menos de momento.

Los diseños, sin duda alguna, buscarán ser funcionales y de cero impacto ambiental, para un consumidor austero, responsable, inteligente y solidario que no pretende tanto consumir menos como consumir mejor. Los productos orgánicos y los de comercio justo constituyen sectores al alza, así como los de segunda mano; esta práctica ya no se restringe a determinadas categorías de producto y, además, cuenta con Internet como herramienta para su expansión.

A nuevo consumidor, nuevo distribuidor; éste deberá revisar sus estrategias: renovar los puntos de venta, prescindir de todo lo superfluo y de cualquier fuente de gastos que, a ojos del consumidor, sea prescindible, cuidar su reputación de marca y asociarla a los nuevos valores imperantes, etc.

En cualquier caso, el entorno recesivo en el que nos hallamos plantea la necesidad de cambios estructurales a escala mundial; el nuevo escenario puede traer consigo otros modelos en la circulación y distribución de productos, lo que incidiría plenamente en el sector del envase y embalaje. Y es que, con demasiada frecuencia el trasiego de mercancías contraviene la lógica económica; resulta paradójico y absurdo que los agricultores de una región exporten la mayor parte de los alimentos que producen hacia el mercado global de materias primas, mientras que sus propias comunidades vuelven a comprar muchos de los mismos productos a través de una red internacional de intermediarios. Se trata de comida más costosa de comprar, que pierde parte de su frescura, reduce su calidad nutricional e incrementa la probabilidad de transmitir enfermedades. La necesidad de racionalizar los recursos nos puede llevar a un retorno a formas de producción y distribución locales.

Y hasta aquí, las tendencias sobre las que las marcas de gran consumo comienzan a focalizar sus estrategias con el fin de hallar su particular ventaja competitiva. Porque, no nos engañemos, a pesar de que el miedo a la escasez esté modificando la conducta adquisitiva de los consumidores en los países occidentales, al consumidor, por optimismo o por ingenuidad, aún le quedan esperanzas… A fin de cuentas, todo, hasta los vaivenes de los mercados, acaban dependiendo de estados emocionales.

Si queremos, podemos.

Envases “made in USA”, para todos los gustos

Envases "made un USA"
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En este artículo reflexionamos acerca del mundo del envase en los Estados Unidos desde una perspectiva histórico-social. Analizamos la influencia de la idiosincrasia y el modo de vida estadounidense sobre la industria del envase en productos de gran consumo. Hoy se impone la funcionalidad, las soluciones que hacen la vida más fácil; pero nuevos valores están emergiendo en el seno de esta sociedad y, por ende, en la industria del envase. En el país del hiperconsumismo, la racionalidad se impone.
Para las familias, para los solteros, para los gourmets, para las mascotas, para ecologistas… No es el spot de Coca Cola, aunque tal vez el creativo de la campaña en cuestión se inspiró en el lineal de un supermercado, pongamos, de la costa californiana.
¿Que si el american way of life influye sobre los envases de los productos que consume el ciudadano? Pues parece que sí. La configuración urbanística, las largas distancias, la dependencia del automóvil, el tipo de vivienda, en fin, el estilo de vida, determinan las necesidades del consumidor y, por lo tanto, la oferta en el cómo dispensar el producto.
A pesar de habitar en un mundo globalizado que ve diluirse las particularidades y mimetiza culturas y mercados, los usos y costumbres se aferran a las sociedades a las que pertenecen. A pesar también del tambaleo de los pilares de occidente, instalado éste en un seísmo constante, se aproximan impresiones, temores e incertidumbres, desplegando “indignados” desde la Puerta del Sol hasta Wall Street. Además de compartir nuevos héroes, que lo son por enseñarnos el significado de la palabra innovación y por cambiar el modo de relacionarnos. A pesar de todo, las sociedades siguen arrojando peculiaridades que el sector fabril recoge y aplica en la elaboración de sus productos. El diseño de envases fáciles de transportar y fáciles de apilar y almacenar en casa, que se puedan usar para cocinar, rellenables, que se puedan volver a utilizar como recipientes, o autocalentables, son algunas de las tendencias del sector en EE.UU. Mónica Daluz / pdf

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Envases ‘made in USA’, para todos los gustos

En este artículo reflexionamos acerca del mundo del envase en los Estados Unidos desde una perspectiva histórico-social. Analizamos la influencia de la idiosincrasia y el modo de vida estadounidense sobre la industria del envase en productos de gran consumo. Hoy se impone la funcionalidad, las soluciones que hacen la vida más fácil; pero nuevos valores están emergiendo en el seno de esta sociedad y, por ende, en la industria del envase. En el país del hiperconsumismo, la racionalidad se impone.

Mónica Daluz

Envases y estilo de vida

Para las familias, para los solteros, para los gourmets, para las mascotas, para ecologistas… No es el spot de Coca-Cola, aunque tal vez el creativo de la campaña en cuestión se inspiró en el lineal de un supermercado, pongamos, de la costa californiana.

¿Que si el american way of life influye sobre los envases de los productos que consume el ciudadano? Pues parece que sí. La configuración urbanística, las largas distancias, la dependencia del automóvil, el tipo de vivienda, en fin, el estilo de vida, determinan las necesidades del consumidor y, por lo tanto, la oferta en el cómo dispensar el producto.

A pesar de habitar en un mundo globalizado que ve diluirse las particularidades y mimetiza culturas y mercados, los usos y costumbres se aferran a las sociedades a las que pertenecen. A pesar también del tambaleo de los pilares de occidente, instalado éste en un seísmo constante, se aproximan impresiones, temores e incertidumbres, desplegando “indignados” desde la Puerta del Sol hasta Wall Street. Además de compartir nuevos héroes, que lo son por enseñarnos el significado de la palabra innovación y por cambiar el modo de relacionarnos. A pesar de todo, las sociedades siguen arrojando peculiaridades que el sector fabril recoge y aplica en la elaboración de sus productos. El diseño de envases fáciles de transportar y fáciles de apilar y almacenar en casa, que se puedan usar para cocinar, rellenables, que se puedan volver a utilizar como recipientes, o autocalentables, son algunas de las tendencias del sector en EE.UU.

Pero ¿qué elementos distinguen a la sociedad americana que determinan sus hábitos de consumo? La extensión del país y su baja densidad de población, unido al bajo precio del combustible, o al modus vivendi que, en la búsqueda de una vida placentera y amigable desplazó las zonas residenciales hacia las afueras de las ciudades quedando, de este modo, alejadas de los servicios de abastecimiento urbano tradicional, constituyen circunstancias determinantes. De hecho, fue la invención del automóvil lo que marcó un antes y un después en la configuración urbanística de Estados Unidos, desencadenando el alejamiento de las clases medias del centro de la ciudad y la expansión de las zonas suburbiales o suburbanas (en el sentido que se le da a estos términos en el urbanismo estadounidense).

Como en cualquier sociedad, la ordenación del espacio físico condiciona la vida cotidiana, los procesos de socialización, la producción, los códigos del consumo, del tiempo libre, la generación de memoria e imaginarios colectivos, en definitiva, el habitus, la experiencia individual y colectiva.

El individualismo, la decadencia industrial y un rechazo histórico a la ciudad (ya la sociedad ideal imaginada por Thomas Jefferson estaba constituida por ciudadanos autoempleados en un contexto agrario y una producción autosuficiente de bienes) llevó a que a partir de los años 50 los suburbios se extendieran, también gracias a la red de autopistas. La terciarización de la economía acentúa el proceso, así como la llegada de los malls, que a lo largo de los años 70 proliferaron en paralelo a esa peculiar configuración de la geografía urbana y que vinieron a establecer los hábitos de abastecimiento del consumidor americano de las últimas décadas: los grandes centros comerciales se convierten en el modelo de distribución por excelencia.

La era de lo esencial

La investigación y la innovación en el ámbito industrial han venido situando su punto de mira en facilitar la vida al ciudadano. Se han sucedido, sin embargo, ciclos de alternancia entre el primar de la funcionalidad y el de la estética; lo hemos visto en otros campos, como el de la arquitectura, que ha salpicado ciudades de edificios de gran originalidad formal y discutible usabilidad, además de nula eficiencia. Hoy, el sector del gran consumo, adecuándose a los nuevos hábitos, está variando sus estrategias; el producto es el mismo en muchos casos, pero éste es presentado en envases adaptados a nuevos valores. El pragmatismo se impone y la industria del envase se concentra en facilitar la experiencia de consumo dentro de unos parámetros de sostenibilidad y racionalidad económica.

El consumidor americano valora en el envase, por encima de todo, la comodidad y la funcionalidad. Entre los atributos que éste asigna a un “envase práctico” destaca la facilidad para servir, almacenar, abrir, transportar y vaciar. En los lineales de los supermercados norteamericanos llaman la atención los envases en formato de gran tamaño para productos básicos que en Europa se suelen comercializar en tamaños más pequeños.

En cuanto al marketing del envase, tradicionalmente la comunicación visual ha sido una de las grandes bazas de las marcas americanas, que juegan con llamativos recursos en su etiquetaje, de algún modo empujadas por el exacerbado bombardeo de estímulos visuales que genera la supersegmentación de la oferta, a lo que se añade una mayor laxitud en materia de normativa de etiquetaje; vemos, por ejemplo, envases de lociones de protección solar con una extensísima gama de factores de protección (SPF), que llegan hasta el 150, o incluso más. Sin embargo, éstos se refieren sólo a la protección contra los rayos UVB, no a los rayos UVA, causantes del cáncer de piel, mientras que en Europa la normativa incluye también los rayos UVA.

En el otro extremo de la tendencia, lejos de esta descarada batalla de persuasión al consumidor, se sitúan los envases de alimentos frescos y a punto para consumir, como frutas y verduras, donde el producto habla por sí mismo; aquí, el envase da un paso atrás en su papel de protagonista cediéndolo al producto. Son envases mínimos, transparentes, que buscan la invisibilidad al tiempo que aportan alta tecnología.

El envasado de comida para llevar y lista para comer tendrá largo recorrido en los próximos años; se trata de un fenómeno que se ha extendido rápidamente entre el consumidor americano. El éxito de esta oferta de la gran distribución se explica por la estructura del perfil laboral del país. Algunos aspectos esenciales de la fuerza laboral de Estados Unidos son, además del alto grado de productividad (según el informe de los Indicadores Clave del Mercado de Trabajo (ICMT) de 2007, de la Organización Internacional del Trabajo –OIT–, los Estados Unidos son líderes mundiales en cuanto a productividad, medida por producción por persona empleada al año), la flexibilidad y la movilidad. Una menor rigidez que se traduce en un día a día con horarios menos estandarizados y más “a medida”, de ahí la proliferación de envases de alimentos preparados para consumir en cualquier momento.

En este grupo de alimentos-envases triunfadores se sitúan también los envases autocalentables. Ahí está uno de los diez finalistas del Proyecto 2020, convocado en el marco del salón Pack Expo’11 celebrado en Las Vegas del 26 al 28 de septiembre, en el Centro de Convenciones de la ciudad; nos referimos a Fresh Can, un concepto de Crown Packaging Technology. Los alimentos perecederos como verduras, pastas, sopas y alimentos listos para comer se podrán calentar en segundos gracias a la tecnología de vapor. Se trata de pequeños discos de autocalentamiento en la base o de calentamiento por inducción sobre “superficies inteligentes”.

Sin embargo algo está cambiando. La crítica situación económica que acucia a occidente y, por ende, a Estados Unidos, replantea hábitos y necesidades.

Según los últimos estudios del PMMI (asociación de más de 540 fabricantes de maquinaria para envase, maquinaria de conversión, componentes de maquinaria y envases, de Estados Unidos y Canadá), la decisión de compra ha pasado de tomarse en el establecimiento en un porcentaje del 40% en 2007 al 17% en 2010, debido a la recesión económica. Sólo hay que observar el dato del Index Worry, el barómetro que mide los temas que más preocupan al ciudadano: de los siete primeros puestos, en 2011, la economía ocupa el primero, mientras que en 2004, no aparecía en la lista. En este sentido, a nivel conceptual, en el certamen de Las Vegas pudimos ver también una propuesta que reimagina la experiencia de compra del consumidor en el año 2020: para entonces, y según esta idea, las decisiones de compra no se tomarán en la tienda sino que los consumidores realizarán un pedido que les esperará empaquetado y preparado en el almacén. En este escenario, el embalaje cambiará drásticamente, ya que no habrá necesidad de diferenciación; éste será uniforme, primando en su diseño la funcionalidad y el espacio de almacenamiento y reciclaje. En materia de reuso en el certamen de Las Vegas se presentó el concepto Infinity, basado en la idea de que la mayoría de los productos comestibles se entregarán en el futuro directamente en los hogares de los consumidores.

Infinity es un recipiente de acero inoxidable retornable y reutilizable; el consumidor puede dejarlo en la acera junto a la puerta de su casa para que sea rellenado, cuenta con cierre fácil, panel de sellado transparente y recubrimientos antimicrobianos para garantizar la seguridad y frescura de las recargas.

La industria, siempre atenta a las necesidades e inquietudes de las sociedades, parece haber entrado en un segundo abordaje de la innovación. Innovar sin ton ni son ya no vale. Se busca la esencialidad y se huye de lo superfluo. El concepto del reuso en el mundo del envase ha llegado para quedarse, además de la innovación en nuevos materiales que supongan una mejora real para la sociedad, como el EcoCradle, de Ecovative Design, una solución natural, innovadora y rentable, a base de champiñón. El EcoCradle se fabrica con micelio (tallo de hongos) y subproductos de origen agrícola. Es un posible sustituto de la espuma de poliestireno y otros materiales utilizados como envases de protección secundarios.

Lo que hasta ahora han venido siendo marcadas características de la sociedad estadounidense, como la vertiginosa carrera en la obsolescencia de los productos —sea obsolescencia programada u obsolescencia “deseada”, en cualquier caso ambas se han retroalimentado exponencialmente— o la enorme demanda de materias primas, puede haber tocado techo.

Economía, salud, seguridad, sostenibilidad e innovación

Desde que Truman acuñó en 1949 el término “desarrollo” para referirse al crecimiento económico, como metáfora del desarrollo biológico, esto es, como proceso natural, progresivo y beneficioso, ha llovido mucho. Que el crecimiento no es algo ilimitado es un hecho hoy reconocido. La población mundial superará los 10.000 millones de personas a principios del próximo siglo, y dentro de 40 años el mundo necesitará un 100% más de la comida que produce hoy. La gestión de esta circunstancia y la urgencia del crecimiento sostenible se extienden a todos los ámbitos. La sostenibilidad está impulsando la innovación en el sector del packaging, desde el uso de materias primas ecológicas o de fuentes renovables hasta la tendencia imparable hacia la reducción tanto de los residuos como del peso. Los profesionales de la industria del envase identifican esta tendencia como un reto que, además, aporta una solución en materia de disminución de costes. El diseño inteligente de envases y el aprovechamiento responsable de los recursos es la dirección de la innovación en el sector. Los grandes distribuidores, como Walmart, también están implicados en este proceso de innovación responsable, asentando de este modo las directrices del diseño de envases para los próximos años. Estas empresas están desarrollando sistemas de evaluación de la sostenibilidad de los envases, lo que ha dado lugar al llamado Proyecto de Envasado Global, que trata de fijar un conjunto básico de indicadores con el objetivo de crear un lenguaje común a toda la industria del envase.

Otros asuntos, como la salud o la seguridad alimentaria cobran ahora mayor relevancia. La lucha contra la obesidad infantil también constituye un objetivo en el que está implicado el sector del packaging, de la mano de la industria alimentaria.

La mismísima Michelle Obama lanzó la campaña Let’s Move (A Moverse), con el objetivo de “resolver –explicó en su día la Primera Dama de Estados Unidos– el problema de obesidad infantil que aqueja a esta nación”. Así, en el etiquetaje de los productos alimentarios proliferan las Nutrition Keys, distintivos que informan de los contenidos en calorías, grasas saturadas, sodio, azúcares, potasio y fibra.

Otro de los condicionantes sociales que ya están incidiendo en la manera de presentar los productos en los lineales de los supermercados americanos es el rápido crecimiento de la población de más de 80 años; este segmento demanda más atención, un tipo de letra más grande para información como fechas límite para consumir, y mecanismos más fáciles para abrir y volver a cerrar.

Pero la innovación tiene dos caras, por un lado, y ahora que la pirámide poblacional se ha invertido en occidente, urge un sistema de producción más eficiente. Si antes 100 producían para mantener a 50, en los próximos años 50 deberán mantener a 100; no es imposible, se trata de buscar el modo de extraer mayor partido de los 50 en cuestión. Y sólo hay un camino: la innovación, lo que implica poner el foco, primero, en el sistema educativo. Si comparásemos el sistema educativo con un exprimidor de cítricos, el talento sería el zumo, y urge un exprimidor más eficiente; vamos a necesitar mucho talento para afrontar los retos que se avecinan. En EE.UU. nos llevan alguna ventaja en materia de “extracción del talento”. El sector empresarial se ha implicado, tradicionalmente, en los proyectos de investigación, desarrollo e innovación, no sólo del sector fabril sino también de las universidades. Como argumentó el filósofo John Dewey, “el carácter progresivo e inestable de la vida y la civilización americana ha facilitado el nacimiento de una filosofía que considera que el mundo está en continua formación, donde todavía hay lugar para el indeterminismo, para lo nuevo y futuro.”

Entre tanto, y de manera natural, se está produciendo lo que podríamos llamar una innovación inversa; inversa porque supone una vuelta a sistemas de producción ya conocidos y sofocados por la vorágine del desarrollismo. El consumo local retorna en los Estados Unidos, específicamente en el ámbito de la alimentación. El término “consumo local” hace referencia a la producción, distribución y consumo integrados para mejorar la economía, el medio ambiente, la salud y las relaciones sociales de un lugar en particular y se considera parte de un movimiento más amplio, el movimiento sostenible, corriente ligada también a la producción de alimentos ecológicos, una inquietud del consumidor estadounidense que se refleja en los lineales de los supermercados, que disponen de extensas secciones dedicadas a este tipo de productos.

Pero éste no es un fenómeno nuevo. A principios del siglo XX comienza el declive de la granja familiar y el crecimiento de las granjas corporativas; será durante los años 60 y 70, cuando el número de miembros de pequeñas granjas que vendían sus productos a comunidades locales se incrementa. Desde finales de los años 70, paralelamente a la multiplicación del número de empresas multinacionales en el sector alimentario, un movimiento constante de granjeros y consumidores reconstruyen relaciones y hábitos de consumo abogando por un consumo basado en la producción local.

Es, de algún modo, la vuelta a ese espíritu pionero, que, seguramente, siempre estuvo ahí…

¿Qué pasa con el marketing?

Si la compra por impulso decrece. Si se impone la racionalidad. Si el reuso deja de ser una mera anécdota. Si la agónica carrera en la obsolescencia de los productos se ralentiza. Si la necesidad de abaratar costes uniforma el embalaje, si nuevos materiales de origen orgánico se imponen sobre los plásticos, si la fórmula de los mercados locales prolifera, entonces, ese intermediario ineludible, prescriptor por excelencia, el envase, ¿perderá su papel de comunicador?

Todo lo contrario, el marketing deberá explorar los nuevos referentes, los nuevos valores, y expresar lo esencial, sin superficialidades ni frivolidades. Deberá revisar sus recursos y adaptarlos a las sensibilidades que se revelarán en los próximos tiempos. El marketing será también la forma, el material… (además del largo camino que tiene por delante en materia de intangibles, fundamentalmente en la reputación de marca); la innovación en sí misma será el epicentro del marketing que viene. Será la comunicación al desnudo.

Algunos ya se han puesto manos a la obra. El ejemplo lo encontramos en la marca de vinos de producción ecológica Bonterra, uno de los vinos californianos más vendidos en EE.UU.: también usa material reciclable en su embalaje y vidrio reciclado, así como papel reciclado en sus etiquetas y tinta de soja. Por supuesto las formas y colores responden a la perfección a los ecovalores del producto.

Entrevista a NICHOLAS J. GRECO, gerente de desarrollo de Avery Dennison Designed and Engineered Solutions

Avery Dennison, empresa desarrolladora de soluciones para la industria, ha creado un nuevo sistema de válvula de vapor, llamado Flexis, que la industria estadounidense del envase alimentario ya ha comenzado a incorporar. Desde Springfield, EE.UU., el Gerente de Desarrollo de Avery Dennison Designed and Engineered Solutions, Nicholas J. Greco, nos habla del nuevo ingenio de la marca.

¿Cómo nació la idea de Flexis?

La válvula de vapor Avery Dennison Flexis fue desarrollada después de múltiples reuniones con los propietarios de marcas, que no estaban satisfechos con las soluciones existentes en tecnología de vapor porque ninguna de ellas aunaba la cocción completa de los alimentos y un cierre hermético. Después de analizar estas necesidades del cliente, Avery Dennison Diseño y Soluciones de Ingeniería ha desarrollado una solución muy diferente a otras tecnologías.

¿Cómo funciona?

La válvula de vapor Flexis es activada por el calor, en lugar de por la presión, característica que lo diferencia de otras tecnologías como la microperforación, por ejemplo. Se trata de un sistema que se coloca sobre una zona precortada del envase flexible, de manera que proporciona un sellado hermético. Durante el calentamiento del envase, la válvula se abre cuando se alcanza una determinada temperatura, liberando el vapor generado en el interior del envase. Este sistema puede utilizarse tanto en envases que se calientan en horno convencional como en microondas. A diferencia de un simple precorte del envase flexible, este sistema proporciona un sellado hermético hasta el momento en el que se cocina el alimento envasado.

¿Qué necesidades cubre?

La válvula de vapor Flexis ofrece una cocción consistente y completa al tiempo que protege el contenido del paquete con un sello hermético. Además, los envasadores de alimentos estarán interesados en saber que la válvula de vapor Flexis puede ser preaplicada a la parte exterior de la película de envasado. Esta flexibilidad permite a los envasadores seguir utilizando la estructura de la película que mejor trabaja con su equipo y mantener sus operaciones de llenado.

¿Cómo se han planteado la distribución de Flexis? ¿Cuándo podremos ver este sistema en los envases de los supermercados europeos?

Ya hemos tenido varios éxitos en los EE.UU. mediante el trabajo directo con los usuarios finales y sus proveedores de envases. Europa es sin duda un mercado objetivo, y Japón, por su parte, ya ha mostrado interés en la válvula de vapor Flexis, lo cual es alentador ya que se trata de un país siempre a la vanguardia en materia de envases.

¿Cuáles son los elementos más valorados por el consumidor estadounidense en materia alimentaria?

Desde mi perspectiva, la mayoría de los consumidores estadounidenses buscan valor y calidad, y en el caso de los alimentos, quieren que éstos no pierdan propiedades organolépticas y que los productos estén disponibles a un precio justo. Curiosamente, con la propuesta de la válvula de vapor Flexis el valor coincide con estos hábitos de compra ya que con ella se disminuyen los tiempos de cocción, contribuyendo a mejorar la calidad y la textura de los alimentos.

Reciclado de envases: la convicción sosegada

Reciclado de envases: la convicción sosegada
TENDENCIAS

La industria del envase y embalaje ha hecho un esfuerzo considerable por la mejora de la reciclabilidad. Los datos revelan que los objetivos de la Ley de Envases se están cumpliendo. Sin embargo, diversas voces apelan en los últimos tiempos a la responsabilidad de la industria de envases plásticos, que deberá hacer equilibrios para desarrollar envases diseñados pensando en la fase de reciclaje, tender hacia la reutilización y apostar por el material reciclado.
Reciclar ya no es una excentricidad. También ha dejado de ser una moda transitoria, una pose efímera. El ciudadano percibe cierta urgencia en la necesidad de preservar el medioambiente y, sobre todo, ha tomado conciencia de la finitud de los recursos.
Al consumidor se le viene pidiendo en los últimos años que asuma el papel de gestor de residuos. Y no lo hace mal: sólo en Cataluña (según datos de la Agencia de Residuos de Cataluña), el tonelaje de basura seleccionada en los hogares con el objetivo de reciclaje se ha multiplicado por veinte en quince años, situándose el porcentaje de recogida selectiva en dicha comunidad, en el 37,6% de los residuos producidos.
Sin embargo, la naturaleza del residuo nos indica dos velocidades en el avance en la recuperación del residuo. Y la peor parte se la lleva el envase de plástico: en el ámbito doméstico sólo se recicla uno de cada cuatro, según la misma fuente. Otro dato revelador sobre el porcentaje de residuo reciclado por material es el proporcionado por Ecoembes: el 84,2% del papel y cartón gestionado fue reciclado en 2009, el 71,3% en el caso de los metales y el dato baja hasta el 41,9% en el caso de los plásticos.
Esta sociedad anónima sin ánimo de lucro, con una cifra de empresas adheridas que representan el 90% de los envases puestos en el mercado en toda España, viene desarrollando planes de prevención que tienen por objetivo minimizar el impacto ambiental de los envases y ahorrar materia prima y energía.
Las medidas propuestas por Ecoembes se centran en la reducción del peso de los envases, favorecer la reutilización, minimizar el impacto ambiental y utilizar material reciclado. El uso de material reciclado en contacto con alimentos permite la disminución de uso de materias primas, disminuye el depósito en vertedero y reduce las emisiones de CO2 . Y ese es el nuevo reto que se plantea al consumidor: cerrar el círculo del reciclaje, porque tras separar y depositar sus envases plásticos en el correspondiente contenedor, deberá estar dispuesto a adquirir alimentos comercializados en envases procedentes de material reciclado. Mónica Daluz /
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Reciclado de envases: la convicción sosegada

La industria del envase y embalaje ha hecho un esfuerzo considerable por la mejora de la reciclabilidad. Los datos revelan que los objetivos de la Ley de Envases se están cumpliendo. Sin embargo, diversas voces apelan en los últimos tiempos a la responsabilidad de la industria de envases plásticos, que deberá hacer equilibrios para desarrollar envases diseñados pensando en la fase de reciclaje, tender hacia la reutilización y apostar por el material reciclado.

Mònica Daluz

Reciclar ya no es una excentricidad. También ha dejado de ser una moda transitoria, una pose efímera. El ciudadano percibe cierta urgencia en la necesidad de preservar el medioambiente y, sobre todo, ha tomado conciencia de la finitud de los recursos.

Al consumidor se le viene pidiendo en los últimos años que asuma el papel de gestor de residuos. Y no lo hace mal: sólo en Cataluña (según datos de la Agencia de Residuos de Cataluña), el tonelaje de basura seleccionada en los hogares con el objetivo de reciclaje se ha multiplicado por veinte en quince años, situándose el porcentaje de recogida selectiva en dicha comunidad, en el 37,6% de los residuos producidos. Sin embargo, la naturaleza del residuo nos indica dos velocidades en el avance en la recuperación del residuo. Y la peor parte se la lleva el envase de plástico: en el ámbito doméstico sólo se recicla uno de cada cuatro, según la misma fuente. Otro dato revelador sobre el porcentaje de residuo reciclado por material es el proporcionado por Ecoembes: el 84,2% del papel y cartón gestionado fue reciclado en 2009, el 71,3% en el caso de los metales y el dato baja hasta el 41,9% en el caso de los plásticos.

Esta sociedad anónima sin ánimo de lucro, con una cifra de empresas adheridas que representan el 90% de los envases puestos en el mercado en toda España, viene desarrollando planes de prevención que tienen por objetivo minimizar el impacto ambiental de los envases y ahorrar materia prima y energía. Las medidas propuestas por Ecoembes se centran en la reducción del peso de los envases, favorecer la reutilización, minimizar el impacto ambiental y utilizar material reciclado. El uso de material reciclado en contacto con alimentos permite la disminución de uso de materias primas, disminuye el depósito en vertedero y reduce las emisiones de CO₂. Y ese es el nuevo reto que se plantea al consumidor: cerrar el círculo del reciclaje, porque tras separar y depositar sus envases plásticos en el correspondiente contenedor, deberá estar dispuesto a adquirir alimentos comercializados en envases procedentes de material reciclado.

Para la industria, la aportación del material reciclado es indiscutible: su precio es más bajo y más estable que el precio de las materias vírgenes y su utilización supone para las empresas una ventaja medioambiental. Para el consumidor el beneficio percibido es menos evidente. Así lo expone Paloma Cruz, responsable de Calidad de Torrepet: “El PET reciclado es más barato que el PET virgen, y por tanto, utilizar RPET disminuye el coste del envase, algo importante, sobre todo en el envasado de aguas minerales, donde el envase cuesta más caro que el contenido. Con respecto a la aceptación que tendrá por parte del consumidor, habrá de todo, desde el consumidor concienciado con el medioambiente que recibirá el nuevo envase con los brazos abiertos, hasta el ‘desconfiado’, que no llevará a su casa un producto procedente ‘de la basura’, aunque con el tiempo, y una vez demostrada la salubridad del nuevo material, la sociedad en general, aceptará los plásticos reciclados como algo normal, habitual y necesario.”

A debate

Son todavía cuestiones de peso las que están por resolver; de hecho, el debate no ha hecho más que empezar. Reciclar, reutilizar o ecodiseñar son las diversas caras de esta poliédrica cuestión, a la que viene a añadirse otra: comunicar. El marketing y la necesidad de diferenciación producen envases-excusa en los que priman formas y tamaños frente a la selección ecológica de los materiales, mientras el consumidor se pregunta porqué no existen limitaciones a la producción de productos de un solo uso, o porqué se encuentran entre las manos envases con distintos tipos de plástico y composiciones mixtas que dificultan la tarea de selección.

Uno de los casos más polémicos entre los puristas de la ecología es el del brick. Se trata del envase alimentario que mayores problemas presenta a la hora de tratarlo en la planta de reciclaje por la disposición por capas de los diversos materiales que lo forman: un 75% de cartón, un 20% de polietileno y un 5% de aluminio. La naturaleza de su composición no permite que estos sean utilizados para fabricar nuevos bricks, como sí es posible en cambio con el vidrio de las botellas. Mientras que separar las fibras de cartón de las otras dos capas es relativamente sencillo, la separación del polipropileno y el aluminio requiere un complejo proceso de pirólisis que transforma en energía el polietileno.

Conflicto de intereses o contradicción, el caso es que el consumidor desea percibir innovación al tiempo que demanda envases simples y racionales, que no incrementen el precio del producto y que generen el mínimo residuo, por razones medioambientales. Además, reconfigura sus prioridades y quiere apartarse de un estilo de vida de consumismo desmedido. Las marcas, por su parte, necesitan hoy más que nunca servirse del envase para explicarse frente al consumidor, demostrarle que está en sintonía con su nueva sensibilidad y sus nuevas demandas, y reconducirle al placer del acto de compra. Sea como sea, las administraciones deben valorar el esfuerzo del ciudadano, que se está responsabilizando de su propio consumo de recursos, pero sería un error dejar caer todo el peso sobre él; si el esfuerzo no es compartido por la industria (a través de la legislación), podría mandar a freír espárragos su convicción.

Paloma Cruz Guerrero, responsable Departamento Calidad de Extremadura TorrePet

Cruz nos explica con detalle las cuatro fases que utiliza la compañía en el tratamiento del plástico:

“Una primera fase de selección y molienda, donde los envases recibidos pasan por una serie de selectores ópticos y magnéticos, apoyados por un control manual, mediante el cual se eliminan todos los impropios que puedan venir con el material. Los envases de PET son al final de esta etapa triturados, obteniendo escamas de PET.

En la siguiente etapa, decantación y lavado, las escamas obtenidas se separan de las etiquetas y los tapones mediante flotación y se lavan en agua caliente con un detergente especialmente desarrollado para retirar todo el resto orgánico y la cola de adhesión de las etiquetas.

Una vez limpias y secas, las escamas pasan a la etapa de extrusión, donde son fundidas en un reactor en el que, gracias a la temperatura, el vacío y el tiempo de residencia, se eliminan posibles compuestos susceptibles de migrar. Además se homogeniza la masa, y se pasa por una matriz donde se forman hilos, que son enfriados rápidamente y cortados, obteniendo así granza de RPET amorfa.

En la última etapa, la post-polimerización en estado sólido, las granzas amorfas, que previamente se han cristalizado en un silo cristalizador, son sometidas nuevamente a temperatura, vacío y tiempos de residencia, consiguiendo aumentar la longitud de las cadenas poliméricas, y por tanto su resistencia mecánica. En esta última fase se eliminan también compuestos susceptibles de migrar. Se obtiene así un polímero de alta calidad, con la viscosidad adecuada para la fabricación de nuevos envases.”

Robótica industrial. El recurso imprescindible

Robótica industrial. El recurso imprescindible
EN PORTADA

La competitividad de occidente está en jaque. La robótica industrial de última generación puede ser una vía para optimizar la capacidad productiva en todos los sectores industriales. Por lo que respecta al envasado, las exigencias del mercado impulsan el desarrollo de robots antropomórficos para atender las necesidades de flexibilidad.
Se gesta una robótica avanzada que sale de las plantas fabriles para llegar al hogar por imperativo de fenómenos sociológicos, como el envejecimiento de la población, entre otros. La deambulación de robots humanoides, que deberán enfrentarse al reto de responder en ambientes dinámicos, con lo que ello implica en materia de investigación, está a la vuelta de la esquina.
S
eamos realistas. Hoy, cuando los mercados occidentales se nutren de bienes de bajo coste procedentes de economías emergentes que sustentan sus planteamientos comerciales sobre una mano de obra barata y “disciplinada”, el panorama no deja lugar a dudas: la competitividad de occidente pasa por la robotización de la industria.
La robótica debe ser entendida como una herramienta con la que hacer frente a la crisis; su implantación significa una optimización en el modo de utilizar la capacidad productiva. Incremento de la productividad; reducción de costes, sobre todo laborales, de materiales, energéticos y de almacenamiento; eliminación de paros, y mayores niveles de calidad y seguridad, son algunos de los beneficios de la robótica en el contexto industrial.
Además, la flexibilidad de estas máquinas para realizar distintos tipos de tarea permite que todos los sectores productivos encuentren en la robótica un valor añadido con el que marcar la diferencia. La flexibilidad es, sin duda, un elemento clave en nuestro sector, con envases cada vez más técnicos y más personalizados, a lo que cabe añadir la cada vez mayor relevancia del branding.
Al respecto, los fabricantes de sistemas de automatización industrial detectan una tendencia en el sector del envase hacia lo que podríamos llamar el “marketing a toda costa”, con envases tan atractivos como difíciles de manipular y automatizar, resultando fundamental que los diseñadores tengan en cuenta el nivel de automatización del producto para evitar sobrecostes.
Así pues, no deberíamos dejar pasar este tren, sobre todo en estos momentos en los que el debate sobre cómo reinventar la gestión de los recursos y su circulación, en aras de una mayor eficiencia y productividad, al tiempo que de mayores beneficios en lo social y del mínimo impacto medioambiental, está más presente que nunca. Mó
nica Daluz / pdf

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Robótica industrial, el recurso imprescindible

La competitividad de occidente está en jaque. La robótica industrial de última generación puede ser una vía para optimizar la capacidad productiva en todos los sectores industriales. Por lo que respecta al envasado, las exigencias del mercado impulsan el desarrollo de robots antropomórficos para atender las necesidades de flexibilidad. Se gesta una robótica avanzada que sale de las plantas fabriles para llegar al hogar por imperativo de fenómenos sociológicos, como el envejecimiento de la población, entre otros. La deambulación de robots humanoides, que deberán enfrentarse al reto de responder en ambientes dinámicos, con lo que ello implica en materia de investigación, está a la vuelta de la esquina.

Mónica Daluz

Seamos realistas. Hoy, cuando los mercados occidentales se nutren de bienes de bajo coste procedentes de economías emergentes que sustentan sus planteamientos comerciales sobre una mano de obra barata y “disciplinada”, el panorama no deja lugar a dudas: la competitividad de occidente pasa por la robotización de la industria. La robótica debe ser entendida como una herramienta con la que hacer frente a la crisis; su implantación significa una optimización en el modo de utilizar la capacidad productiva. Incremento de la productividad; reducción de costes, sobre todo laborales, de materiales, energéticos y de almacenamiento; eliminación de paros, y mayores niveles de calidad y seguridad, son algunos de los beneficios de la robótica en el contexto industrial.

Además, la flexibilidad de estas máquinas para realizar distintos tipos de tarea permite que todos los sectores productivos encuentren en la robótica un valor añadido con el que marcar la diferencia. La flexibilidad es, sin duda, un elemento clave en nuestro sector, con envases cada vez más técnicos y más personalizados, a lo que cabe añadir la cada vez mayor relevancia del branding. Al respecto, los fabricantes de sistemas de automatización industrial detectan una tendencia en el sector del envase hacia lo que podríamos llamar el “marketing a toda costa”, con envases tan atractivos como difíciles de manipular y automatizar, resultando fundamental que los diseñadores tengan en cuenta el nivel de automatización del producto para evitar sobrecostes.

Así pues, no deberíamos dejar pasar este tren, sobre todo en estos momentos en los que el debate sobre cómo reinventar la gestión de los recursos y su circulación, en aras de una mayor eficiencia y productividad, al tiempo que de mayores beneficios en lo social y del mínimo impacto medioambiental, está más presente que nunca. La robotización industrial aumenta los niveles de confort de las sociedades sin incrementar necesariamente el desempleo, aunque sí cambia las necesidades de mano de obra industrial, de modo que el asunto abre también un debate social, un debate transversal que zarandea las políticas educativas y laborales, el sistema de valores y los planteamientos éticos, etc.

El futuro nos depara nuevos escenarios industriales, en los que la máquina se desplazará en ambientes no estructurados, y para ello debe ser capaz de interactuar y relacionarse con su entorno, ya sean operarios humanos u otras máquinas. Percibir el entorno va a requerir sofisticados sistemas, especialmente en el desarrollo de visión por computador, tecnología todavía lejos de conseguir una capacidad de interpretación de escenas suficiente para dotar al robot de la información adecuada para actuar inteligentemente en ambientes no específicamente preparados para la operación robotizada. El objetivo de la robótica industrial tradicional ha sido la repetición de una misma tarea; ahora el reto está en incrementar lo que los expertos llaman, el nivel de autonomía, y que se refiere a la capacidad, aunque sea mínima, de reacción ante la incertidumbre de situaciones no programadas, de “tomar decisiones”, de aprender con la experiencia…

En este sentido, desde el departamento Comercial de FANUC Robotics Ibérica, Francesc Segarra explica que “la compañía está trabajando para darle al robot industrial la capacidad de tomar decisiones diferentes ante la misma problemática, avanzando así hacia una robótica de nivel superior.”

Según fuentes de la Asociación Española de Robótica, nuestro país ocupa el cuarto lugar de Europa y el séptimo del mundo por parque instalado, con 29.000 unidades de robots industriales. Pero además de consumir, España cuenta con prestigiosos centros de investigación y reputados investigadores y equipos de programación de autómatas industriales. Sin embargo, las expectativas de crecimiento del sector robótico apuntan hacia el campo de los robots de servicios, y muchos son los investigadores volcados en hallar el modo de incrementar la autonomía de los que serán nuestros futuros compañeros de trabajo, niñeras o mayordomos. Sistemas de posicionamiento para una navegación segura, nuevos sistemas de visión, sistemas cognitivos basados en la función del objeto en lugar de en sus dimensiones, dotación de capacidad de aprendizaje, autonomía en la toma de decisiones… Todo para hacer realidad ese ciberfuturo que nunca llegó.

En cualquier caso, se atisban nuevas oportunidades de negocio para las empresas del sector, con el nacimiento de lo que ha venido a llamarse ‘robótica avanzada’, de aplicación tanto industrial como en servicios, asistencia personal, incluso ocio; una industria de, y con futuro.

Las compañías punteras ya han diversificado sus desarrollos, creando dos líneas de investigación: una industrial y otra de servicio. Entrar en el mercado de consumo supone para las empresas de robótica una excepcional oportunidad de negocio y la posibilidad de satisfacer un nuevo nicho de mercado, de atender una necesidad emergente, en fin, lanzar una nueva categoría de producto en un mercado en el que parece que ya todo está inventado y en el que todos los targets parecen estar servidos.

Después de tanto film de ciencia ficción, y cuando ya habíamos perdido la esperanza, parece que el robot humanoide está en el horno… La razón de dotar de apariencia humana a estos asistentes del futuro es, además de psicológica, de índole práctica, y es que las máquinas en cuestión deberán moverse en un entorno diseñado para humanos, de modo que cuanto más se parezca a un humano, mejor se adaptará a dicho entorno.

Así, un mundo más justo, más limpio, más eficiente y hasta más humano, será posible gracias a la automática. Y no es el argumento de una película. O no debería serlo, ¿para qué si no, la ciencia y la investigación? ¿Se imaginan volver a pronunciar sin sonrojarnos esa palabra en cuyo nombre se ha contaminado, explotado y abocado al planeta y a la raza humana a un futuro insostenible, o sea, a un no-futuro, esa palabra que, para bien o para mal, nos ha traído hasta aquí: “progreso”?

Mercado de largo recorrido

Las ventas en el mercado de la automatización y la robótica se han resentido en el último ejercicio como consecuencia de la crisis generalizada. Y aunque el sector del envasado es veterano en lo que a implantación de sistemas robóticos se refiere, hablar de madurez en robotización es casi contradictorio. Como nos cuenta, desde el Departamento Comercial de FANUC Robotics Ibérica, Francesc Segarra, “si bien el envasado de productos alimentarios está creciendo desde hace años, hablar de madurez es difícil, ya que cada día nos encontramos aplicaciones que hace tan solo dos o tres años eran impensables”. “En líneas generales –prosigue Segarra– sí se puede considerar maduro, pero no está todo resuelto; el ejemplo más claro lo tenemos cuando comparamos la industria del refresco, que está muy automatizada desde los años 90, con la industria agroalimentaria, que está empezando a incorporar instalaciones de envasado automático; en definitiva, nos queda camino por andar y retos por resolver.”

El reto inmediato es, sin duda, la situación de crisis que nos azota, una crisis que “ha cambiado –detalla nuestro interlocutor– el panorama de automatización industrial a nivel general y en particular en el sector del envasado; las inversiones se han visto frenadas en la mayoría de los casos y reducidas en el resto. Los proyectos que se han realizado durante 2010 han sido inversiones que se tenían que hacer por exigencias de la producción, no con el objetivo de generar una idea nueva o una mejora de algo existente”.

En el mismo sentido se manifiesta Fernando Sánchez, Director de Ventas para la Industria General de KUKA Robots Ibérica, “aunque –matiza– la crisis ha afectado al sector del envasado en menor medida que en otros sectores; la alimentación y la bebida son más estables que sectores ligados al automóvil o la construcción, y la gran revolución ha sido la marca blanca, con nuevos proyectos, nuevas fábricas… Pero sin duda, aún queda un largo recorrido; los sistemas robotizados, junto a la visión artificial, están mucho más desarrollados para el final de la línea que para el envasado.”

Sánchez se refiere a algunos de los retos a los que han tenido que hacer frente los fabricantes de robots para dar respuesta a las necesidades del sector del envasado: “El principal problema con el que se encontraron fue la alta cadencia de estos procesos, demasiado para los típicos robots de soldadura y manipulación. Actualmente existen robots de KUKA y otras firmas capaces de atender estas exigencias. Otro requisito fue la condición especial del robot al tratar con alimento fresco: los cambios rápidos de formato en las cajas, con un packaging que se adapta a las nuevas exigencias del consumidor… La maquinaria convencional no es tan flexible como un robot antropomórfico, y ese es un reto para la mayoría de las empresas.”

David Rivera, Delegado de Ventas Aplicaciones de Packaging de Yaskawa, por su parte opina que “el reto en robótica en la industria del envasado es poder llegar a empresas mucho más pequeñas ya que el nivel de inversión es muy asequible y la flexibilidad de los robots hace que con los años podamos reutilizarlos para diferentes productos y aplicaciones. Debido a esto podemos observar un crecimiento desde 2006 hasta ahora, aún con el freno de la crisis.”

El sector opina

Tres fabricantes de productos robóticos para la industria del envase y el embalaje, responden a las preguntas: ¿Qué tipos de robots son los más utilizados en el sector del envasado de productos de gran consumo? y ¿en qué está basada su tecnología en cada caso?

David Rivera, Delegado de Ventas Aplicaciones de Packaging de Yaskawa

“Habría que diferenciar tres grandes grupos de robots dentro del sector del envasado: los ‘robots picking’, de pequeño tamaño y de poca carga (entre 1 y 10 kg.), se caracterizan por su alta velocidad en colocar un producto en cajas, bandejas, etc., y suelen ir acompañados de visión artificial, sincronismo con la cinta transportadora y rápidos sistemas para coger y dejar los productos; los ‘robots packaging’, de tamaño medio (entre 10 y 80 kg. de carga), se caracterizan por el encajado de varios productos a la vez en el envase correspondiente; y los ‘robots paletizado’, que son máquinas de gran tamaño (desde 80 a 800kg. de carga) que se colocan en el final de línea para realizar el paletizado completo de producto finalizado. Dependiendo del tiempo de ciclo, elegiremos un robot más o menos ligero para poder coger varios productos, medias capas o incluso capas completas. Este tipo de robots, también se puede usar al inicio de la línea si necesitamos despaletizar producto antes de empezar a trabajar con él.”

Fernando Sánchez, Director de Ventas para la Industria General de KUKA Robots Ibérica, S.A.

“Los robots más utilizados son los tipo scara o de cinemática paralela para el picking, robots de 2 y 4 ejes para el encajado y grandes robots de 100 a 700 kg. para el paletizado. El software de paletizado ha facilitado integraciones más rápidas y más económicas. Los robots de 4 ejes y fibra de carbono han aportado una velocidad que hasta ahora era inalcanzable.”

Francesc Segarra, Departamento Comercial de FANUC Robotics Ibérica

“Si hablamos de robots, la primera pregunta que nos tenemos que hacer es la carga a manipular; un ejemplo claro lo tenemos en el sector bebidas y, en concreto, en paquetes retractilados de botellas de agua. Hace 20 años se manipulaban los paquetes de uno en uno, con lo que las cargas a mover eran inferiores a 20 kg. Luego, para aumentar la eficiencia de las instalaciones, se manipulaban agrupaciones de paquetes, 3-4 unidades en cada ciclo, con lo que nos íbamos a 40 kg. y actualmente se están manipulando capas enteras donde el peso a manipular está en torno a 100 kg. (estos ejemplos están considerados sin tener en cuenta el peso de la pinza y/o garra).

Pero algo muy diferente nos encontramos si hablamos de alimentos o cosmética, donde tenemos unas producciones muy altas, lo que significa alta velocidad y pesos muy pequeños. Para cada instalación automática, siempre hay que tener de antemano los datos de producción, carga a manipular y área de trabajo muy bien definidos; es entonces cuando podremos elegir el tipo de robot más adecuado.

Por lo que respecta a la tecnología, hace unos años entraron dos conceptos nuevos en las aplicaciones de envasado; sistemas de visión y seguimiento del producto en el transporte. Hoy en día es habitual plantear la recogida aleatoria y caótica de productos que viajan encima de un transporte y dejarlos posicionados dentro de su envase, ya sea bandeja, blister, etc. Todo esto reduce de forma drástica los sistemas mecánicos personalizados que existían hace unos años. Hoy, la industria plantea una automatización abierta, con líneas de envasado en las que se puedan procesar todos los productos que se están fabricando y los que se van a fabricar en un futuro cercano, y es aquí donde la visión y el tracking entran en juego. El principio de funcionamiento es muy fácil: el sistema de visión identifica el producto (da la posición en X e Y respecto a un patrón) y el tracking le asigna una posición (la posición la da un encoder que tiene montado el sistema de transporte) y a partir de aquí, el robot ya puede sincronizarse y recoger el producto de un transporte en movimiento.”

Gestión del frío

Gestión del frío
LOGÍSTICA

El transporte y almacenaje de productos frescos o congelados requiere una gran eficiencia y exhaustividad. La consigna fundamental a la hora de operar con cargas frescas o congeladas es clara: no interrumpir el suministro de frío en la cadena operativa.
L
a planificación de los procesos logísticos donde la temperatura debe ser mantenida desde la producción hasta la venta final del producto, pasa por el establecimiento de condiciones adecuadas y constantes en las distintas etapas por las que atraviesa la mercancía: producción, preenfriamiento, embalaje, almacenaje, transporte y distribución, carga, descarga y entrega en los distintos puntos de venta.
Recientes estudios revelan que un 30 por ciento de la producción primaria mundial y un 40 por ciento de las frutas y verduras se pierden por falta de una refrigeración adecuada en el ciclo de producción. La variedad de referencias, de pedidos, de destinos, la caducidad del producto y la necesaria rapidez en el aprovisionamiento del mismo hacen imprescindible una buena gestión de la cadena logística.
En los últimos años se ha puesto de manifiesto el esfuerzo en la mejora de la calidad logística, así como en la optimización de la gestión del frío, que está llevando a cabo tanto la industria alimentaria como la gran distribución.
Para Imanol Alberdi, director de Plataformas del Grupo Eroski, la fase crítica, en la que se pone en riesgo la cadena de frío, es el transporte: “Era el eslabón en el que se producían mayores incidencias; ahora tenemos transportes independientes por rangos de temperatura: para congelados; entre 0 y 2 grados, para pescados, carnes y cuarta gama; y entre 4 y 6 o 4 y 8 para verduras y hortalizas.”
Hace algún tiempo que el grupo asumió al cien por cien la operativa de transporte del pescado y progresivamente, ha incorporado estos nuevos flujos a la totalidad de su operativa. “Esta especialización implica una política de proveedores muy cerrada al tiempo que una política de colaboración abierta”, explica nuestro interlocutor, quien asegura que “la asunción de esta nueva gestión logística ha puesto de manifiesto dónde y por qué se producían las incidencias, de modo que ha servido para optimizar el proceso; por ejemplo, ver que hay un exceso de tiendas en la misma ruta nos llevó a una readecuación, o la obligatoriedad de apagar el motor de la refrigeración en algunos núcleos urbanos, por un tema de contaminación acústica, nos ha llevado a cambiar horarios de entrega de los productos.” Mónica Daluz / pdf

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Gestión del frío

El transporte y almacenaje de productos frescos o congelados requiere una gran eficiencia y exhaustividad. La consigna fundamental a la hora de operar con cargas frescas o congeladas es clara: no interrumpir el suministro de frío en la cadena operativa.

Mónica Daluz

La planificación de los procesos logísticos donde la temperatura debe ser mantenida desde la producción hasta la venta final del producto, pasa por el establecimiento de condiciones adecuadas y constantes en las distintas etapas por las que atraviesa la mercancía: producción, preenfriamiento, embalaje, almacenaje, transporte y distribución, carga, descarga y entrega en los distintos puntos de venta.

Recientes estudios revelan que un 30 por ciento de la producción primaria mundial y un 40 por ciento de las frutas y verduras se pierden por falta de una refrigeración adecuada en el ciclo de producción. La variedad de referencias, de pedidos, de destinos, la caducidad del producto y la necesaria rapidez en el aprovisionamiento del mismo hacen imprescindible una buena gestión de la cadena logística.

En los últimos años se ha puesto de manifiesto el esfuerzo en la mejora de la calidad logística, así como en la optimización de la gestión del frío, que está llevando a cabo tanto la industria alimentaria como la gran distribución.

Para Imanol Alberdi, director de Plataformas del Grupo Eroski, la fase crítica, en la que se pone en riesgo la cadena de frío, es el transporte: “Era el eslabón en el que se producían mayores incidencias; ahora tenemos transportes independientes por rangos de temperatura: para congelados; entre 0 y 2 grados, para pescados, carnes y cuarta gama; y entre 4 y 6 o 4 y 8 para verduras y hortalizas.”

La empresa ha llevado a cabo en los últimos años una transformación y optimización de su gestión logística para los productos que requieren un control de temperatura. Hace algún tiempo que el grupo asumió al cien por cien la operativa de transporte del pescado y progresivamente, ha incorporado estos nuevos flujos a la totalidad de su operativa. “Esta especialización implica una política de proveedores muy cerrada al tiempo que una política de colaboración…”.

abierta” explica nuestro interlocutor, quien asegura que “la asunción de esta nueva gestión logística ha puesto de manifiesto dónde y porqué se producían las incidencias, de modo que ha servido para optimizar el proceso; por ejemplo, ver que hay un exceso de tiendas en la misma ruta nos llevó a una readecuación, o la obligatoriedad de apagar el motor de la refrigeración en algunos núcleos urbanos, por un tema de contaminación acústica, nos ha llevado a cambiar horarios de entrega de los productos.”

La logística del frío, en cifras

Según el último informe de la consultora DBK en el que se analiza la estructura del sector de la logística del frío, éste, y en particular el transporte frigorífico, presenta una gran atomización, existiendo numerosas compañías de pequeño tamaño y autónomos dedicados a esta actividad. Del mismo estudio se desprende que la mayor parte de los operadores se dedican exclusivamente a la actividad de transporte y distribución (82 por ciento), mientras que un reducido grupo presta servicios de almacenaje (18 por ciento), combinándolos o no con servicios de transporte y distribución.

Hay contabilizadas, según la misma fuente, alrededor de 15.000 empresas, que dan empleo a unos 195.000 trabajadores, contando con una plantilla media en torno a 13 empleados por empresa. Únicamente el 1 por ciento del total de empresas dispone de más de 100 empleados.

Se contabiliza que las empresas de este sector disponen de un total de 95.000 vehículos frigoríficos, esto es, algo más de seis por empresa, cifra superior a los dos vehículos por empresa que, por término medio, se registran en el conjunto del sector de transporte de mercancías por carretera.

Por comunidades autónomas, las de Cataluña y Andalucía son las que concentran un mayor número de operadores: un 20 por ciento y un 17 por ciento del total, respectivamente. Les siguen las comunidades de Madrid, la Comunidad Valenciana y Castilla y León.

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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