Alergias y adaptación al medio

Alergias y adaptación al medio
ALERGIAS 

La alergología personalizada de precisión impulsa el mercado farmacéutico 

Hace tan solo algunas décadas, la prevalencia de las alergias era residual, aunque las referencias sobre su existencia datan de hace siglos. Pero hoy, el medio nos está poniendo muy difícil mantener el equilibrio de nuestro organismo, comprometiendo a diario la salud humana. Especialmente en Occidente, donde los cambios epigenéticos suceden a todo ritmo.
Cientos de compuestos con los que entramos en contacto modifican nuestras ‘instrucciones’ originales -también las de los organismos que nos cohabitan- y el sistema inmunológico recibe extraños mensajes a los que responde situándose a la defensiva. Entonces inicia el ataque sobre alguna proteína de algo tan inofensivo como, por ejemplo, un melocotón… Pero también la excesiva asepsia, o el error en las recomendaciones pediátricas de retrasar la exposición del bebé a potenciales alérgenos alimentarios; hoy se recomienda adelantarla.
Y aunque en el ámbito de las alergias la genética también manda -y mucho-, la realidad es que nadie nace alérgico, y el alérgeno (aquello a lo que el sistema inmunológico reacciona, produciendo el anticuerpo inmunoglobulina E -IgE-) “siempre es un factor externo a nuestro organismo con el que entramos en contacto, y la reacción alérgica, una anomalía del sistema inmunológico”, apunta el Dr. Joan Bartra, jefe del servicio de Alergología del Hospital Clínic de Barcelona. La clave está en hallar, en cada caso, los factores desencadenantes.
La inmunoterapia con alérgenos (utilizada en patologías respiratorias), las llamadas ‘vacunas de la alergia’, ha venido demostrando e incrementando su eficacia, siendo hoy el único tratamiento que modifica el desarrollo de la enfermedad. Ahora vienen a añadirse nuevas y avanzadas técnicas de análisis molecular, que permiten determinar qué molécula produce la sintomatología a un paciente, y afinar así en la diana terapéutica. Nos dirigimos hacia una inmunoterapia a la carta.
La desensibilización -utilizada para la alergia a fármacos y alimentaria-, aunque más lenta, también está mejorando la calidad de vida de los pacientes. Las vacunas recombinantes, que utilizan alérgenos de síntesis para restablecer la regulación inmunológica; los biomarcadores; las técnicas de micromatrices, y las tecnologías ómicas están revolucionando el abordaje de las enfermedades alérgicas. En este contexto, las expectativas del mercado de vacunas y de nuevos fármacos biológicos son de altos crecimientos. Solo el mercado mundial de vacunas se estima que supere los 3.000 millones de dólares en 2031. Y la industria de inmunoterapia específica española ha venido a posicionarse como una de las más avanzadas a nivel internacional.
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ACTUALIDAD

La alergología personalizada de precisión impulsa el mercado farmacéutico

Alergias y adaptación al medio

Mónica Daluz
Periodista especializada
19/02/2025

Hace tan solo algunas décadas, la prevalencia de las alergias era residual, aunque las referencias sobre su existencia datan de hace siglos. Pero hoy, el medio nos está poniendo muy difícil mantener el equilibrio de nuestro organismo, comprometiendo a diario la salud humana. Especialmente en Occidente, donde los cambios epigenéticos suceden a todo ritmo. Cientos de compuestos con los que entramos en contacto modifican nuestras ‘instrucciones’ originales -también las de los organismos que nos cohabitan- y el sistema inmunológico recibe extraños mensajes a los que responde situándose a la defensiva. Entonces inicia el ataque sobre alguna proteína de algo tan inofensivo como, por ejemplo, un melocotón… Pero también la excesiva asepsia, o el error en las recomendaciones pediátricas de retrasar la exposición del bebé a potenciales alérgenos alimentarios; hoy se recomienda adelantarla. Y aunque en el ámbito de las alergias la genética también manda -y mucho-, la realidad es que nadie nace alérgico, y el alérgeno (aquello a lo que el sistema inmunológico reacciona, produciendo el anticuerpo inmunoglobulina E -IgE-) “siempre es un factor externo a nuestro organismo con el que entramos en contacto, y la reacción alérgica, una anomalía del sistema inmunológico”, apunta el Dr. Joan Bartra, jefe del servicio de Alergología del Hospital Clínic de Barcelona. La clave está en hallar, en cada caso, los factores desencadenantes. La inmunoterapia con alérgenos (utilizada en patologías respiratorias), las llamadas ‘vacunas de la alergia’, ha venido demostrando e incrementando su eficacia, siendo hoy el único tratamiento que modifica el desarrollo de la enfermedad. Ahora vienen a añadirse nuevas y avanzadas técnicas de análisis molecular, que permiten determinar qué molécula produce la sintomatología a un paciente, y afinar así en la diana terapéutica. Nos dirigimos hacia una inmunoterapia a la carta. La desensibilización -utilizada para la alergia a fármacos y alimentaria-, aunque más lenta, también está mejorando la calidad de vida de los pacientes. Las vacunas recombinantes, que utilizan alérgenos de síntesis para restablecer la regulación inmunológica; los biomarcadores; las técnicas de micromatrices, y las tecnologías ómicas están revolucionando el abordaje de las enfermedades alérgicas. En este contexto, las expectativas del mercado de vacunas y de nuevos fármacos biológicos son de altos crecimientos. Solo el mercado mundial de vacunas se estima que supere los 3.000 millones de dólares en 2031. Y la industria de inmunoterapia específica española ha venido a posicionarse como una de las más avanzadas a nivel internacional.

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En España alrededor del 30% de la población sufre algún problema de tipo alérgico, porcentaje que va en aumento en las sociedades occidentalizadas. Según la consultora Mordor Intelligence, en 2050 la mitad de la población mundial padecerá alguna alergia.

Las alteraciones de los factores climáticos, la contaminación, hábitos tóxicos, alimentos sometidos a tratamientos desde su cultivo o crianza hasta su envasado, alimentos procesados y ultraprocesados, o el uso excesivo de fármacos, nos sitúan cada día más, al filo del precipicio de la enfermedad y, particularmente, de las enfermedades alérgicas. Aunque el sistema inmunológico nos preserva de ellas, ‘fichando’ todo lo que entra en el organismo desde el útero materno, a veces falla. ¿Por qué? Los desencadenantes suelen ser multifactoriales y ahí radica la complejidad de la enfermedad alérgica.

La reacción alérgica -siempre mediada por un mecanismo inmunológico- “es una anomalía” -aclara Joan Bartra, jefe del servicio de Alergología del Hospital Clínic de Barcelona- “y todo cuanto incide en el sistema inmunológico puede favorecer que se produzca esta anomalía”. Definitivamente, “nadie nace alérgico -prosigue-, siempre es un agente externo el que causa la reacción.”

El conjunto de factores externos a los que estamos expuestos, el exposoma, modifica el epigenoma, que envía instrucciones erráticas a los genes sobre cuándo deben o no entrar en acción.

La mayor incidencia clínica de la alergia es la respiratoria y el tipo más frecuente, al polen, especialmente al de gramíneas; hay unos 7 millones de afectados. El cambio climático está haciendo que las polinizaciones sean más prolongadas y que los pólenes expresen más cantidad de proteína y con mayor potencial alérgico. En este sentido, los elementos contaminantes también son determinantes. Bartra nos pone el ejemplo de las emisiones diésel: “Estas partículas modifican las características del polen y hacen que el alérgeno se exprese más y sea más alergénico.”

También crece la sensibilización a fármacos. Esta constituye la primera causa de anafilaxia (y como nunca está de más repetirlo: las vacunas son los medicamentos que menos reacciones anafilácticas provocan). Los antibióticos, con las penicilinas (como la amoxicilina) a la cabeza, son los medicamentos implicados con mayor frecuencia en las reacciones alérgicas. Le siguen los fármacos antiinflamatorios, principalmente el ibuprofeno. En el futuro la mayor precisión de las técnicas y procedimientos evitará el sobrediagnóstico al que se ha llegado en alergias a medicamentos. El caso más llamativo es el de la penicilina: casi el 10% de la población refiere ser alérgica a ella, pero solo el 1% lo es.

Especialmente significativo es el incremento de la sensibilización alimentaria. La Organización Mundial de la Alergia (WAO) dedicó su foco en la última edición de la Semana Mundial de la Alergia, celebrada el pasado verano, a las alergias alimentarias: “Son cada vez más comunes en personas de todas las edades en todo el mundo, y esto es un problema de salud mundial; estas pueden poner en peligro la vida. Todo el mundo debería saber qué es la alergia alimentaria, ser capaz de reconocer los riesgos y estar preparado para ayudar”, cita el comunicado del evento.

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Con relación a las crecientes alergias e intolerancias alimentarias -en estas últimas no media el sistema inmunológico- y el lógico aumento del interés de la población y de la demanda de soluciones, el Dr. Bartra alerta, con especial énfasis, sobre “los oportunistas; donde no llega la ciencia, llegan los oportunistas… Se están dando dietas que no sólo no son adecuadas, sino que pueden acabar siendo perjudiciales.”

Por su parte, la doctora Alicia Armentia, investigadora responsable de la Unidad de Alergología del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid, especializada en hallar factores desencadenantes en casos de alergia, se refería en recientes declaraciones al incremento de la sensibilización a frutas: “Los biotecnólogos crean nuevos cultivares (variedades) de semillas que son más resistentes a la sequía, al frío, a los insecticidas…, pero esto estimula también las proteínas de defensa de la planta, y los alérgenos son más potentes.” Y cita el ejemplo del melocotón, que tiene naturalmente un antifúngico que se expresa cuando es agredido por hongos y demás microorganismos deteriorantes: “Los biotecnólogos -relata- hacen que estos antifúngicos naturales se expresen más para que los melocotones puedan ser conservados en las cámaras durante mucho tiempo. Esto es esencial porque si no, nos moriríamos de hambre, pero también crea nuevos alérgenos.” En cualquier caso, sobre las enfermedades alérgicas, Armentia aclara: “si se conoce la causa, en la mayoría de los casos, la alergia se cura”.

Reset

Como se le antojaban a Don Quijote los molinos, cual gigantes, así ve el sistema inmunológico del paciente alérgico a la inofensiva proteína sujeto de su locura. Es una exagerada reacción a una o varias proteínas, para lo cual hay que tener predisposición genética pero que solo se activará y manifestará a causa de factores externos. Sobre la influencia del ascendente genético hereditario en las probabilidades de ser alérgico, se estima que si ninguno de los progenitores lo es, la probabilidad de que la descendencia lo sea es de entre el 15 y el 20 por ciento. Este porcentaje se eleva al 66% si ambos son alérgicos. “Es alérgico aquel que puede serlo, pero además necesita tener una serie de factores ambientales que superen la ‘resistencia’, la inmunoregulación que realiza el organismo para no reaccionar a esos alérgenos; es un error en la interpretación del sistema inmunológico. En muchas de las enfermedades alérgicas lo que ha pasado es que se ha perdido la inmunoregulación que sujetaba todos esos factores genéticos y que impedía que estos se expresasen como enfermedad. Y se puede restaurar en algunos de los pacientes.” Así lo explicaba el presidente de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic), Dr. Ignacio Dávila, en declaraciones recientes.

La Asociación fue galardonada la pasada primavera por su proyecto Acredita: Acreditación de unidades de inmunoterapia específica con alérgenos en servicios de Alergología de España, del Comité de Inmunoterapia de la Seaic. La Dra. Eloína González, presidenta de este Comité, lo explicó así durante el acto de recogida del premio Avedis Donabedian a la Calidad, celebrado en Barcelona: “La inmunoterapia específica con alérgenos (ITA) es el único tratamiento que puede modificar el curso natural de las enfermedades alérgicas e incluso puede resultar curativo en muchas de ellas. El tratamiento de la mayoría de los procesos alérgicos se apoya en tres pilares básicos, la evitación del alérgeno responsable de los síntomas, el uso de farmacoterapia preventiva y sintomática, y el uso de inmunoterapia específica con alérgenos en los casos en que exista la indicación. La ITA consiste en la administración de dosis repetidas y crecientes del alérgeno al que el paciente está sensibilizado, con el objetivo de crear tolerancia en exposiciones posteriores. Para garantizar la seguridad y obtener la máxima efectividad terapéutica, es imprescindible el seguimiento de los pacientes en Unidades de ITA (UIT) que garanticen unos estándares de calidad”, resalta González.

Y es que, cuando la evitación del alérgeno no es posible, y más allá del abordaje sintomático, que, por otra parte, es uno de los segmentos que más crece en ventas y que supone un importante pilar del mix de la oficina de farmacia, hoy se cuenta con tratamientos de inmunoterapia con los que restaurar la inmunoregulación perdida. Ese es el objetivo de las vacunas recombinantes. Algunas incluso han demostrado efecto preventivo, en concreto contra el asma. Otra ventaja de la utilización de alérgenos recombinantes es que con ellos se evitan procesos de reactividad cruzada.

Los alérgenos recombinantes se utilizan en los ámbitos tanto de diagnóstico como de tratamiento. En el primero, permiten identificar la molécula del extracto alergénico a la que está sensibilizado el paciente (mediante biomarcadores), y como tratamiento, modular la respuesta del sistema inmune. Si tomamos el ejemplo del cacahuete, con la información que proporcionan estas técnicas, la recomendación dietética será distinta en función de si la sensibilización es a las proteínas llamadas de ‘almacenamiento’, a las de ‘transferencia de lípidos’, etc. Este matiz permite estratificar la gravedad de la enfermedad alérgica y constituye un factor pronóstico; hallarlo puede ser decisivo en la vida diaria del paciente.

Así define la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) los dos tipos de fármacos a base de alérgenos. Por un lado, los utilizados para inmunoterapia: “aquellos que se utilizan para modificar la respuesta anómala del sistema inmunitario induciendo una tolerancia al alérgeno en cuestión generando, por tanto, una menor reacción y síntomas de alergia”. Por otra parte, los medicamentos a base de alérgenos con finalidad diagnóstica in vivo: “aquellos que se utilizan para identificar las alergias por parte de profesionales sanitarios”.

Estos fármacos se están aplicando en el tratamiento de, por ejemplo, asma alérgica, rinitis alérgica estacional, alergia a la caspa de gato, al cacahuete, al polen de los árboles y al polen de las gramíneas.

Algunas de estas técnicas y tratamientos tienen costes muy elevados, particularmente los más complejos o personalizados, además, tanto la inmunoterapia subcutánea (SCIT) como la sublingual (SLIT) suelen requerir años de administración de dosis. Pero estas innovaciones ya se están implementando en los sistemas de salud. En este sentido, el Dr. Bartra nos explica que “estas nuevas técnicas están ya introducidas en el sistema de salud y es posible tener acceso a pruebas diagnósticas y tratamientos moleculares.”

Sin embargo, el avance en la precisión de la personalización de los tratamientos depende de la identificación de nuevos biomarcadores. También de la resolución de algunos problemas de seguridad relativos a reacciones alérgicas graves.

La investigación está centrada en estos y otros retos, avanzando en nuevos coadyuvantes o nuevas vías de administración adaptadas a los pacientes, lo que facilita la adherencia, como el uso de un antihistamínico en colirio o de tabletas sublinguales como alternativa a la inmunoterapia por vía subcutánea. Y nuevos focos de estudio, como el peptidoma, que nos puede llevar en un futuro a otro tipo de inmunoterapia, basada en estas pequeñas secuencias proteicas, los péptidos.

Calendario de medicamentos a base de alérgenos de uso humano

La Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AMPS) publicó este verano el calendario para solicitar la aprobación de medicamentos a base de alérgenos de uso humano. Estos productos requieren una regulación especial ya que suelen ir vinculados a una preparación individualizada, por lo que no cuentan con la autorización de comercialización de medicamentos propia de los medicamentos fabricados industrialmente.

Se establece un primer período (01/01/25 – 31/12/25) para: “controles positivo y negativo de diagnósticos; cualquier producto conteniendo albúmina humana en su composición; productos para diagnóstico por provocación; y productos para diagnóstico, graneles e inmunoterapia que contengan veneno de himenópteros y extracto o extractos de melocotón”.

El segundo periodo (01/01/26 – 30/06/26) contempla productos para diagnóstico, graneles e inmunoterapia que contengan extracto(s) de ácaros tanto individuales como formando parte de mezclas con otros extractos alergénicos. Un tercer periodo (01/07/26 – 31/12/27) para el o los extractos de pólenes de gramíneas, tanto individuales como formando parte de mezclas con otros extractos alergénicos. Y un cuarto periodo (01/01/28 – 30/06/29) para los que contengan extracto(s) de pólenes de olivo. Hay un quinto periodo (01/07/29 – 31/12/30) para los no incluidos en ninguno de los grupos anteriores.

El incremento de pacientes afectados por enfermedades alérgicas hace prever que también lo haga el valor del mercado. Un crecimiento no solo debido al número de casos, sino también a la inversión en la investigación y el desarrollo de nuevos tratamientos por parte de los laboratorios. Esta es la previsión de la consultora Mordor Intelligence en su estudio Análisis de participación y tamaño del mercado de tratamiento de alergias, que analiza las tendencias hasta 2029: “Se espera que el tamaño del mercado del tratamiento de alergias alcance los 31,07 millones de dólares en 2029, con una tasa compuesta anual del 8,10% durante el período 2024-2029.”

Según la misma fuente, las compañías que lideran el mercado son: Johnson & Johnson, Sanofi, GlaxoSmithKline, F. Hoffmann-La Roche y Leti Pharma. Esta última, por ejemplo, ofrece inmunoterapia para la alergia al polen, a ácaros y a animales.

Actualmente, están en investigación varios fármacos biológicos, pero se encuentran todavía en etapas preliminares. Alguna novedad sí ha habido; el pasado febrero se aprobó el Omalizumab, un medicamento biológico para uso en alergias alimentarias que bloquea la IgE. Utilizado desde hace años en asma y urticaria, la FDA lo aprobó para reducir las reacciones alérgicas a alimentos en pacientes con múltiples alergias alimentarias.

Las técnicas de micromatrices, o microarrays...

Las técnicas de micromatrices, o microarrays, permiten con una mínima muestra de sangre detectar la reactividad alérgica de un paciente ante más de 200 componentes moleculares presentes, fundamentalmente, en alimentos y pólenes. Ello afina el tratamiento en inmunoterapia y en un futuro se utilizará para predecir la predisposición alérgica. En la imagen una representación del ácaro del polvo.

Existen, sin embargo, algunos inconvenientes en el desarrollo de este mercado. A las dificultades regulatorias se añaden las complicaciones a la hora de realizar ensayos clínicos, ya que la mayoría de pacientes alérgicos lo son a varios alérgenos. La complejidad del diagnóstico hace que, en muchas ocasiones, la prueba definitiva sea la de provocación, con el consecuente riesgo que ello implica. Hay todavía muchas necesidades no cubiertas por falta de precisión diagnóstica, por lo que es necesario hallar nuevos identificadores, biomarcadores.

De la medicina de la enfermedad a la medicina de la salud

La inmunoterapia con fines de desensibilización se viene utilizando desde los años 20 del siglo pasado. La alergología es, sin duda, la especialidad sanitaria más representativa y pionera de la medicina personalizada. Hemos visto cómo hoy esta disciplina vuelve a situarse en la avanzadilla de la nueva medicina, personalizada y de precisión.

Las alergias se enmarcan en ese raro grupo de enfermedades en las que nuestro propio sistema inmunológico nos ataca: las enfermedades autoinmunes. Los investigadores se han preguntado a lo largo del tiempo por qué a una máquina tan perfecta le fallan los mecanismos que preservan la integridad de la unidad de la vida, la célula y, en consecuencia, de todo el organismo. Ya ha quedado claro que las alteraciones epigenéticas pueden desestabilizar todo el sistema, pero ¿y el componente genético? La mayoría de enfermedades tiene un origen genético. ¿Por qué nuestro genoma lleva instrucciones tan erráticas?

Si se observan estos hechos biológicos desde el punto de vista evolutivo (que lo explica casi todo) se revelan algunas interesantes aproximaciones. Recordemos que la naturaleza no favorece la supervivencia del individuo sino de la especie; los individuos, simplemente, sirven a ‘la causa’. La diversidad genética supone una reserva de variantes que incrementa nuestras posibilidades de supervivencia como especie, y lo que hoy es un defecto puede ser una ventaja evolutiva en un futuro ante un cambio en las condiciones ambientales.

Otra evidencia es que hemos convivido durante siglos con diversos parásitos, algunos de tamaño considerable, que hoy han desaparecido de nuestro entorno. Demasiado rápido para los timings de la evolución; un sistema inmunológico que, entre el exceso de higiene, de antibióticos, etc., casi se ha quedado sin trabajo…, el medio para el que está adaptado no requiere de sus servicios. Entonces, pierde el norte, y ataca -que es su cometido-, pero al enemigo equivocado. Diversos estudios sugieren que el uso terapéutico de helmintos -gusanos- y derivados (mediante la infección controlada al paciente) podría favorecer la mejoría de algunas enfermedades autoinmunes como la enfermedad de Crohn o la esclerosis múltiple. En el ámbito de las alergias estudios realizados en sociedades no occidentales, demuestran que la población infantil con parasitosis es menos reactiva a los alérgenos de los ácaros del polvo, o que la incidencia del asma es menos frecuente.

Desbordada por la enfermedad, la medicina ha curado y aliviado cuanto ha podido a lo largo de la historia. El dominio del mundo molecular y el conocimiento de los mecanismos de la enfermedad nos conducen hacia una medicina de prevención, una medicina focalizada en la preservación de la salud, que convivirá en paralelo con la que trata de atajar lo que ya se ha manifestado como enfermedad.

El parto (vaginal) es un momento crucial para nuestro sistema inmunológico...

El parto (vaginal) es un momento crucial para nuestro sistema inmunológico. En ese ‘rato’ de tránsito hacia la vida la madre transmite al neonato su microbiota, cuya composición participa en el desarrollo del sistema inmunitario. Como explica la Dra. Armentia: “Nacemos informados de nuestro entorno, por lo que la madre ha respirado, comido…, deberíamos tolerarlo”.

Los avances en biología molecular están arrojando luz sobre el engranaje que mantiene la armonía de las moléculas, un equilibrio que permite la vida y preserva la salud. Sobre las claves moleculares de la salud, Carlos López-Otín, científico experto en envejecimiento, cáncer y enfermedades raras, nos ilustra en su último libro La levedad de las libélulas. El reputado investigador destaca la importancia del equilibrio molecular, y subraya que son los procesos de desregulación y disbiosis los mayores desestabilizadores de la salud. Enumera así las ocho claves moleculares que determinan el funcionamiento del organismo: “Integridad de barreras, contención de perturbaciones, reciclado de material biológico, integración de circuitos, oscilaciones rítmicas, resiliencia homeostática, regulación hormética y reparación molecular y celular”.

Y hasta aquí, con lo que venimos ‘de serie’. Después, el medio manda.

A modo de conclusión, he aquí un párrafo del libro de Otín que condensa la idea de que vivimos a expensas del entorno, que hoy es especialmente hostil: “La mayoría de enfermedades metabólicas, inflamatorias, autoinmunes, cardiovasculares, degenerativas y emocionales surgen en buena medida por alteraciones en la continua conversación de nuestro genoma con el ambiente en el que se desarrolla nuestra vida. La alimentación excesiva, deficiente o insuficiente, la introducción de cambios drásticos absurdos en la nutrición, la falta de ejercicio físico adecuado, la pérdida de eficiencia del sistema inmune o, incluso, un insoportable naufragio emocional, pueden generar alteraciones epigenéticas, que actuando sobre un fondo genético de predisposición, consiguen modificar los patrones de expresión de los genes de nuestro genoma o pervertir su eficiente diálogo con los genomas de todos los organismos que nos cohabitan. Y así, poco a poco, vamos perdiendo el equilibrio consustancial a la salud y la vida.”

La medicina de la salud lo es por su enfoque holístico, que contempla la interconexión e interacción entre los mecanismos de la vida, que dialogan todos con todos y todos a la vez, y que, como cualquier sistema complejo, arroja propiedades emergentes, haciendo del todo, más que la suma de sus partes. Los hay que construyen barreras, otros que reparan, los que limpian, los que sincronizan, los que regulan, los que registran las visitas…, un entramado de elementos que debe funcionar con armónica precisión y que, en conjunto, tratará de sortear las perturbaciones que vayan aconteciendo. Y como telón de fondo, el metagenoma (la suma de los genes que nos conforman como unidad biológica: los genes humanos, los de las bacterias, los virus, parásitos, arqueas, hongos…) que nos recuerda que somos holobiontes, multiorganismos; con solo los genes humanos no sobreviviríamos. La complejidad es máxima. La farmacogenética y la farmacogenómica son disciplinas llamadas a abanderar este nuevo enfoque de la medicina de la salud, que persigue alcanzar una homeostasis que coloque todo en su sitio, otra vez.

Entrevista a la Dra. Victòria Cardona, especialista en Alergología en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona

Entrevista a la Dra. Victòria Cardona, Hospital Vall d’Hebron de Barcelona
A
LERGIAS 
“En las sociedades occidentales se está produciendo una ‘epidemia’ de alergia” 

La Dra. Cardona se ha especializado en áreas alérgicas específicas como la anafilaxia, en la que es experta, así como en la alergia a alimentos y medicamentos, la alergia molecular y el angioedema hereditario. En esta entrevista Cardona clarifica algunos conceptos básicos sobre las enfermedades alérgicas, y nos explica cómo se ha mejorado en la precisión de los diagnósticos gracias a las técnicas moleculares. Su consejo para frenar esta epidemia galopante se resume en: una mayor exposición a los microorganismos de la naturaleza y evitar los hábitos tóxicos que esté en nuestra mano.
¿Nadie nace alérgico? ¿Es siempre un factor externo el que inicia esta respuesta desproporcionada del sistema inmunológico? Incluso una predisposición genética, ¿no se activa sin un factor desencadenante?

No, no se nace alérgico, sino que las personas se vuelven alérgicas a una sustancia (alérgeno) con la cual han tenido contacto. Por ejemplo, un bebé puede desarrollar una alergia a las proteínas de la leche de vaca después de haberla consumido. Lo que sí existe es una “predisposición” en algunas personas y no en otras para desarrollar alergia. Esta predisposición está condicionada genéticamente. Por eso hay familias con varios miembros alérgicos.

Aunque las causas son multifactoriales, desde una infección hasta una disbiosis de la microbiota intestinal, pasando por un evento emocional… ¿podría enumerar los factores desencadenantes más frecuentes y explicar sus mecanismos?

Se desconoce cuál es el factor o circunstancia exacta que pone en marcha este proceso. Pero se sabe que factores del ambiente, la higiene, el uso de antibióticos, la contaminación o ciertas infecciones, favorecen la posibilidad de desarrollar una alergia. Por esa razón, las características de las sociedades del primer mundo favorecen la aparición de enfermedades alérgicas, mientras que en las “tradicionales”, las condiciones de menor higiene y más contacto con microorganismos constituyen factores protectores. Esto se ha relacionado con ciertos estímulos del sistema inmunitario, o la falta de los mismos, que desviarían la respuesta inmunitaria hacia el tipo alérgico. Los factores estresantes, como un evento emocional, suelen estar relacionados con el inicio de una reacción alérgica más que con el desarrollo de la alergia en sí. Mónica Daluz
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ACTUALIDAD

En las sociedades occidentales se está produciendo una “epidemia de alergia”

Entrevista a la Dra. Victòria Cardona, especialista en Alergología en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona

Mónica Daluz
Periodista especializada
19/02/2025

La Dra. Cardona se ha especializado en áreas alérgicas específicas como la anafilaxia, en la que es experta, así como en la alergia a alimentos y medicamentos, la alergia molecular y el angioedema hereditario. En esta entrevista Cardona clarifica algunos conceptos básicos sobre las enfermedades alérgicas, y nos explica cómo se ha mejorado en la precisión de los diagnósticos gracias a las técnicas moleculares. Su consejo para frenar esta epidemia galopante se resume en: una mayor exposición a los microorganismos de la naturaleza y evitar los hábitos tóxicos que esté en nuestra mano.

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¿Nadie nace alérgico? ¿Es siempre un factor externo el que inicia esta respuesta desproporcionada del sistema inmunológico? Incluso una predisposición genética, ¿no se activa sin un factor desencadenante?

No, no se nace alérgico, sino que las personas se vuelven alérgicas a una sustancia (alérgeno) con la cual han tenido contacto. Por ejemplo, un bebé puede desarrollar una alergia a las proteínas de la leche de vaca después de haberla consumido. Lo que sí existe es una “predisposición” en algunas personas y no en otras para desarrollar alergia. Esta predisposición está condicionada genéticamente. Por eso hay familias con varios miembros alérgicos.

Aunque las causas son multifactoriales, desde una infección hasta una disbiosis de la microbiota intestinal, pasando por un evento emocional… ¿podría enumerar los factores desencadenantes más frecuentes y explicar sus mecanismos?

Se desconoce cuál es el factor o circunstancia exacta que pone en marcha este proceso. Pero se sabe que factores del ambiente, la higiene, el uso de antibióticos, la contaminación o ciertas infecciones, favorecen la posibilidad de desarrollar una alergia. Por esa razón, las características de las sociedades del primer mundo favorecen la aparición de enfermedades alérgicas, mientras que en las “tradicionales”, las condiciones de menor higiene y más contacto con microorganismos constituyen factores protectores. Esto se ha relacionado con ciertos estímulos del sistema inmunitario, o la falta de los mismos, que desviarían la respuesta inmunitaria hacia el tipo alérgico. Los factores estresantes, como un evento emocional, suelen estar relacionados con el inicio de una reacción alérgica más que con el desarrollo de la alergia en sí.

¿Qué está pasando en Occidente? Se está produciendo un incremento de las alergias en número de afectados y tipos de alérgenos. ¿Cuáles son las alergias con mayor prevalencia? ¿Y los nuevos alérgenos? ¿Qué conclusiones se pueden extraer de esta evolución de cara a predecir escenarios futuros? ¿Estamos, con nuestros hábitos y entorno, modificando nuestro epigenoma?

Como decíamos, en las sociedades occidentales, con alto grado de higiene y poco contacto con una diversidad biológica de organismos o microorganismos, se está produciendo una “epidemia de alergia”. Se ha evidenciado en las últimas décadas un aumento de alergia respiratoria (rinitis y asma), alergias alimentarias (que hace 50 años prácticamente no existían) y de alergia cutánea (como dermatitis atópica). También existe un incremento en las reacciones alérgicas a medicamentos, probablemente relacionada con el aumento de su uso y con la mayor longevidad de la población que recibe estos medicamentos.

Aparentemente, aún estamos en una pendiente ascendente de ciertas enfermedades alérgicas, como la alergia a alimentos, mientras otras pueden estar alcanzando una fase de estabilización, como el asma alérgico.

Evidentemente, nuestros hábitos, como el tabaquismo, y las condiciones en que vivimos, con unos niveles de contaminación elevados, ejercen un fuerte impacto en el epigenoma, favoreciendo las enfermedades alérgicas. Por ejemplo, si tu abuela era fumadora es más probable que presentes una enfermedad alérgica, y esto se explica por la epigenómica.

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Hace unas semanas se celebraba en Bilbao el XXXV Simposio internacional de la Sociedad Española de Alergología, donde los expertos alertaban de que “las alergias alimentarias se han duplicado en los últimos 25 años”. ¿Qué lo está provocando y qué se puede hacer para prevenir esta afección al alza?

Existen múltiples factores que se asocian al aumento de la alergia a alimentos. Específicamente, sabemos que algunas recomendaciones que se aplicaban hasta hace pocos años, cómo el retraso en la introducción de ciertos alimentos considerados potencialmente alergénicos en la dieta de los lactantes, con la intención de disminuir la posible alergia, en realidad resultaba en un incremento en la incidencia de la misma. Por ello, actualmente se aboga por introducirlos todos entre los 4 y 6 meses. También se tienen datos de que los alimentos procesados pueden tener un efecto “pro-alergénico”.

La alergología ha sido una disciplina pionera en medicina personalizada, basada en inmunoterapia. Hemos saltado a un nivel en que nuevas tecnologías y herramientas, como los biomarcadores, están permitiendo conocer específicamente la proteína causante de cada alergia. Háblenos de la evolución en el tratamiento de las alergias y, en este sentido, ¿qué nuevos fármacos vamos a ver a corto y medio plazo?

Sin duda, la alergología siempre ha desarrollado tratamientos a medida de las alergias de sus pacientes. Diagnosticar específicamente a qué moléculas alergénicas está sensibilizado un paciente (mediante el diagnóstico molecular) ha permitido un enfoque aún más preciso y a mejorar el tratamiento, por ejemplo con la inmunoterapia con alérgenos. A pesar de que se han realizado estudios que demuestran de forma inequívoca la eficacia de la inmunoterapia con alérgenos, competir con otros tratamientos farmacológicos más generales es extremadamente complicado. Las grandes empresas farmacéuticas, como las que comercializan los fármacos biológicos, tienen unos mercados potenciales mucho más amplios que los de una alergia en concreto, y su inversión en el desarrollo de los mismos es infinitamente mayor. Estas empresas tienen la capacidad de realizar estudios mucho más extensos y obtener la indicación para un principio activo en múltiples enfermedades. La inmunoterapia específica para un alérgeno tiene los mismos requerimientos para comprobar su eficacia, sin embargo, estos ensayos pueden resultar más dificultosos. No obstante, se está trabajando para desarrollar inmunoterapia con alérgenos más eficaz mediante productos más específicos, nuevos adyuvantes que potencien su acción o novedosas formas basadas en otras vacunas, como por ejemplo, algunas de las aprobadas recientemente para enfermedades infecciosas.

En determinados casos, una alergia puede comprometer el diagnóstico o tratamiento de otras enfermedades, como los pacientes oncológicos alérgicos a la quimioterapia, que precisan de desensibilización durante el tratamiento. ¿En qué otros casos esta interferencia resulta determinante y cuáles han sido los avances en este campo?

En los últimos años se han hecho avances cruciales en la alergia a medicamentos, tanto en su uso diagnóstico como terapéutico. Cabe resaltar el papel decisivo que han adquirido los alergólogos en el diagnóstico y manejo de las reacciones de hipersensibilidad a quimioterápicos y fármacos biológicos. Estos se prescriben en enfermedades graves y hasta hace unos años, una reacción de hipersensibilidad a los mismos comportaba el cambio a estrategias terapéuticas de segunda línea. La instauración en los hospitales de programas de desensibilización ha modificado radicalmente estas situaciones. Los procedimientos de desensibilización a fármacos, mediante unos protocolos de administración a dosis progresivas, han conseguido muy altas tasas de éxito y han significado un cambio de paradigma en el abordaje terapéutico de estos pacientes. Se trata de procedimientos de alto riesgo, que deben ser realizados por equipos de alergología experimentados.

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La importancia de una adecuada adaptación al ambiente en los primeros años y meses de vida es una evidencia. ¿Qué consejos para la vida diaria daría a los futuros padres que se propongan proporcionar las mejores condiciones para un funcionamiento óptimo del sistema inmunológico del nuevo individuo o minimizar sus posibilidades de hipersensibilización?

Los datos aportados por los estudios epidemiológicos apuntan hacia la necesidad de mantener un delicado balance entre unas condiciones higiénicas adecuadas para no presentar enfermedades infecciosas y mantener un estímulo antigénico por microorganismos. Por lo tanto, parece que un contacto con la naturaleza, la tierra, las plantas o los animales podría ayudar a prevenir la aparición de alergias. También la dieta, natural, sin alimentos procesados, y con la introducción de los alimentos entre los 4 y 6 meses, se apuntaría como la opción óptima. Asimismo, parece que el adecuado cuidado de la piel de los bebés, mediante emolientes, podría ser un factor protector en algunos casos.

¿Cuál cree que debería ser el papel de las farmacias en la divulgación, seguimiento, preparaciones, etc., para contribuir a reducir la incidencia de las alergias? Un mensaje al sector farmacéutico.

Las farmacias suponen un actor clave en la atención a los pacientes con enfermedades alérgicas. Todos somos conscientes de que en muchos casos suponen la primera línea de atención sanitaria, sobre todo en cuadros iniciales y no graves. Deben ser capaces de ofrecer una primera orientación terapéutica. Por ejemplo, muchas rinoconjuntivitis alérgicas pueden ser tratadas al principio con fármacos sin receta. Pero también es importante que sean capaces de estratificar aquellos pacientes con afectaciones más graves, para indicarles la necesidad de que consulten a su médico de familia o incluso al especialista. Por ejemplo, los pacientes que han presentado una reacción anafiláctica (reacción alérgica aguda grave, rápida y generalizada, con afectación de varios sistemas) deberían ser remitidos de forma urgente al alergólogo.

Diseño de bienes a escala molecular

Metamateriales y sostenibilidad
MATERIALES Y SOSTENIBILIDAD 
Se aceleran las aportaciones de los metamateriales

Esta contrarreloj para detener la degradación del planeta tiene su primera etapa en abordar tecnológica, económica y socialmente el reciclaje y valoración de los millones de toneladas de residuos plásticos no bioderivados ni biodegradables que ya hay sobre el planeta, más los que se generarán en los próximos años. Paralelamente, se hace necesario preparar el escenario para que cuanto se diseñe a partir de ahora se haga contemplando su fase de recuperación. En ambos casos la estructura molecular de los materiales de fabricación de bienes y su manipulación a escala nanométrica se convierte en elemento determinante. Se acelera la investigación en metamateriales, que aprovecha los comportamientos de la materia que observa a tales tamaños para diseñar materiales con propiedades mejoradas disponiendo sus geometrías a voluntad.
La Unión Europea ha elaborado una ambiciosa hoja de ruta hacia el objetivo de llegar al reciclaje y reutilización del 100% de los residuos plásticos. Para poder alcanzar ese nivel de recuperación, y con ello tejer una economía circular, es necesario que la estructura molecular de los materiales a reciclar se pueda desensamblar y recomponer con facilidad. Las nuevas técnicas de reciclaje avanzado, o reciclaje químico, ya permiten despolimerizar residuos plásticos multimaterial y obtener monómeros vírgenes, como si nunca se hubieran utilizado, para ser reintroducidos en la cadena de valor. Ello nos conduce a un modelo de producción en el que se concebirá el producto contemplando las propiedades, también a escala nanométrica, de los componentes del residuo que aquel genere al final su vida útil. Mónica Daluz / pdf

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MATERIALES Y SOSTENIBILIDAD

Se aceleran las aportaciones de los metamateriales

Diseño de bienes a escala molecular

Mónica Daluz
Periodista especializada
28/08/2023

Esta contrarreloj para detener la degradación del planeta tiene su primera etapa en abordar tecnológica, económica y socialmente el reciclaje y valoración de los millones de toneladas de residuos plásticos no bioderivados ni biodegradables que ya hay sobre el planeta, más los que se generarán en los próximos años. Paralelamente, se hace necesario preparar el escenario para que cuanto se diseñe a partir de ahora se haga contemplando su fase de recuperación. En ambos casos la estructura molecular de los materiales de fabricación de bienes y su manipulación a escala nanométrica se convierte en elemento determinante. Se acelera la investigación en metamateriales, que aprovecha los comportamientos de la materia que observa a tales tamaños para diseñar materiales con propiedades mejoradas disponiendo sus geometrías a voluntad.

La Unión Europea ha elaborado una ambiciosa hoja de ruta hacia el objetivo de llegar al reciclaje y reutilización del 100% de los residuos plásticos. Para poder alcanzar ese nivel de recuperación, y con ello tejer una economía circular, es necesario que la estructura molecular de los materiales a reciclar se pueda desensamblar y recomponer con facilidad. Las nuevas técnicas de reciclaje avanzado, o reciclaje químico, ya permiten despolimerizar residuos plásticos multimaterial y obtener monómeros vírgenes, como si nunca se hubieran utilizado, para ser reintroducidos en la cadena de valor. Ello nos conduce a un modelo de producción en el que se concebirá el producto contemplando las propiedades, también a escala nanométrica, de los componentes del residuo que aquel genere al final su vida útil.

La ilustración representa la estructura molecular del grafeno, una capa de carbono de tan solo un átomo de espesor...

La ilustración representa la estructura molecular del grafeno, una capa de carbono de tan solo un átomo de espesor. Es tan fino que solo tiene dos dimensiones. Abrió la puerta al diseño de arquitecturas multicapa, que combinadas y dispuestas a conveniencia permiten generar estados y propiedades a la carta.

La capacidad de diseñar materiales estructurados atómicamente de manera artificial, gracias a los avances en nanotecnologías que nos permiten acceder a esas escalas, nos ha colocado ya en un nivel que describía así Elena Bascones, investigadora del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid durante su conferencia ‘Materiales cuánticos. Un universo de sorpresas y de posibilidades’, en la Universidad de Sevilla el pasado abril: “Tenemos una capacidad de tunear los materiales y las propiedades de los materiales, como nunca la ha habido”.

En la nanoescala se manifiestan numerosos efectos cuánticos que hoy ya podemos observar. Las nanotecnologías han alcanzado la capacidad, incluso, de desarrollar dispositivos que pueden generar propiedades medibles y crear así dimensiones sintéticas, 4D, desde donde obtener información sobre el sistema. Desde que en 2018 el físico español Pablo Jarrillo dispusiera, una sobre otra, dos láminas de grafeno y las rotara en un ángulo de tan solo 1,1 grados hallando en la nueva estructura una enorme y sorprendente cantidad de estados distintos (fases electrónicas, magnéticas, topológicas, con orden de carga, superconductividad…), los hallazgos y desarrollos no han dejado de sucederse.

Dominar el comportamiento de la materia

El pasado marzo la revista científica Nature Communicatios recogía la investigación de la Universidad de Alicante sobre el desarrollo de una nueva familia de materiales de estructura desordenada que permitirá mejorar la síntesis de moléculas. Observaron que la disposición amorfa de su estructura daba lugar a cavidades, aunque irregulares, de gran tamaño. Esta aportación abre la puerta a la posibilidad de crear infinidad de nuevos materiales para diversos sectores.

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Ya en el mercado, el Distinlinkt, una tinta de marcaje invisible basada en nanotecnología, desarrollada desde la UAB, el ICN2 y el CSIC, imposible de reproducir. El producto viene a cubrir la creciente demanda de tecnologías de marcaje que garanticen la evidencia de no apertura de envases y embalajes, especialmente en sectores como el farmacéutico y el cosmético.

El sector de la salud, junto con el energético, el militar, las comunicaciones o la ingeniería civil son los principales ámbitos de aplicación de estas innovaciones. Y por delante, el gran reto de las smart cities. Los metamateriales pueden manipular en su trayectoria ondas lumínicas, electromagnéticas y sonoras, modificando así las propiedades físicas del material, algunas tan espectaculares como la invisibilidad, que se manifiesta al modificar el índice de refracción de la luz. La construcción de las ciudades del futuro va a ser un terreno prolífico en aplicaciones de metamateriales, una vez estas tecnologías sean escalables. Hace unas semanas la revista científica Science Advances exponía un estudio de la Universidad de Missouri sobre un nuevo metamaterial con la capacidad de controlar las ondas de energía en la superficie de un material sólido; colocado bajo los edificios podría mitigar los efectos de los terremotos. Lo han logrado creando una dimensión sintética, para lo que han utilizado cálculos de matemática avanzada con los que producir el efecto llamado ‘bombeo topológico’.

Asimismo, se podrá mejorar la intervención sobre la contaminación acústica urbana con la aportación de los llamados materiales fonónicos. También en agosto, investigadores del MIT daban a conocer el desarrollo de un nanocompuesto conductor capaz de almacenar energía y obtenido, sencillamente, de la mezcla de cemento y negro de carbón; esta solución, colocada en carreteras y calzadas cargaría los coches eléctricos mientras circulan, y en los edificios permitiría almacenar de manera más eficiente la energía solar. Diseñar hormigón específico para la obra en la que se utilizará, monitorizar estructuras de manera más eficiente, o utilizar soportes cerámicos con funcionalidades añadidas, como capacidad bactericida o capacidad para descontaminar el aire, son otros ejemplos.

Algunas de las espectaculares propiedades de los metamateriales tienen entusiasmada a la comunidad científica. El último episodio de optimismo lo hemos visto en los últimos meses con el LK-99, que prometía superconductividad a temperatura ambiente, con desenlace decepcionante. El equipo de investigadores coreano que publicó el estudio ha mantenido en vilo a científicos de todo el mundo –aunque había escépticos–, pero el asunto ha quedado zanjado estos días: el LK-99 no es superconductor. Ni efecto Meissner, ni resistencia cero a temperatura y presión ambiente. Pero ya se ha abierto otro foco de interés para las ciencias físicas. A unas semanas del cierre de este número se anunciaba, nada menos, la posible existencia de una quinta fuerza fundamental en el universo…

Por el momento, ya podemos decidir cómo vivirán y como morirán los objetos que fabricamos, y diseñarlos para que tengan una larga vida y un discreto final. Sin duda, los metamateriales van a protagonizar la transición hacia la circularidad y, en el camino, estas innovaciones traerán significativos desarrollos para la civilización. Y por lo que al plástico respecta, cuyas propiedades nos han brindado los más importantes avances socioeconómicos y sanitarios de las últimas décadas, esto no es un adiós. Los plásticos se pueden recuperar, cada día más y mejor, y pueden dar, todavía, mucho de sí.

Entrevista a Antonio Dobón, gerente de Tecnologías de Reciclado y Valorización de Itene

Antonio Dobón, Itene
MATERIALES Y SOSTENIBILIDAD 
“Lo que menos se mezcla más posibilidades tiene de ser reciclado”

Prosiguen las innovaciones en el ámbito del reciclaje de residuos y su valorización con nuevas tecnologías y procesos, como el reciclado químico y el enzimático. Desde el centro tecnológico Itene, Antonio Dobón nos habla del reciclaje avanzado y de cómo estos procesos vienen a complementar al resto de técnicas que se vienen utilizando. En palabras de Dobón: “Todas las tecnologías de reciclado serán protagonistas y complementarias”.
Es innegable que la irrupción del plástico cambió nuestras vidas. El acceso masivo a innumerables bienes de consumo fue posible en su momento, y hasta hoy, gracias a su introducción en la industria. ¿Deberíamos partir de la base de que el plástico va a seguir siendo un material imprescindible en nuestras sociedades y que la alternativa es alargar su vida útil con tecnología para minimizar así su impacto ambiental? 
A pesar de que las iniciativas por parte de la UE y la legislación vigente en materia de plásticos (Real Decreto 1055/2022 de Envases y Residuos de Envases) establece objetivos en cuatro líneas de actuación (prevención, reutilización, reciclabilidad y contenido reciclado), priorizando la reducción de la cantidad de plásticos a través de iniciativas como el fomento del granel, no existe un completo sustituto de los mismos en muchos sectores y especialmente en el del envase y el embalaje, y más concretamente en aplicaciones como la alimentación.
Los nuevos requisitos legislativos requieren tanto del desarrollo de nuevos procesos avanzados de reciclado que, mediante la homogeneización de la calidad de las fracciones permitan aumentar el valor de los diferentes materiales, como de la valorización de residuos de envase de plástico que permitan su reintroducción en la cadena de valor y su utilización en aplicaciones de alto valor. Mónica Daluz /
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MATERIALES Y SOSTENIBILIDAD 

“Lo que menos se mezcla más posibilidades tiene de ser reciclado”

Entrevista a Antonio Dobón, gerente de Tecnologías de Reciclado y Valorización de Itene

Mónica Daluz
Periodista especializada
28/08/2023

Prosiguen las innovaciones en el ámbito del reciclaje de residuos y su valorización con nuevas tecnologías y procesos, como el reciclado químico y el enzimático. Desde el centro tecnológico Itene, Antonio Dobón nos habla del reciclaje avanzado y de cómo estos procesos vienen a complementar al resto de técnicas que se vienen utilizando. En palabras de Dobón: “Todas las tecnologías de reciclado serán protagonistas y complementarias”.

Antonio Dobón, gerente de Tecnologías de Reciclado y Valorización de Itene

Antonio Dobón, gerente de Tecnologías de Reciclado y Valorización de Itene.

Es innegable que la irrupción del plástico cambió nuestras vidas. El acceso masivo a innumerables bienes de consumo fue posible en su momento, y hasta hoy, gracias a su introducción en la industria. ¿Deberíamos partir de la base de que el plástico va a seguir siendo un material imprescindible en nuestras sociedades y que la alternativa es alargar su vida útil con tecnología para minimizar así su impacto ambiental?

A pesar de que las iniciativas por parte de la UE y la legislación vigente en materia de plásticos (Real Decreto 1055/2022 de Envases y Residuos de Envases) establece objetivos en cuatro líneas de actuación (prevención, reutilización, reciclabilidad y contenido reciclado), priorizando la reducción de la cantidad de plásticos a través de iniciativas como el fomento del granel, no existe un completo sustituto de los mismos en muchos sectores y especialmente en el del envase y el embalaje, y más concretamente en aplicaciones como la alimentación.

Los nuevos requisitos legislativos requieren tanto del desarrollo de nuevos procesos avanzados de reciclado que, mediante la homogeneización de la calidad de las fracciones permitan aumentar el valor de los diferentes materiales, como de la valorización de residuos de envase de plástico que permitan su reintroducción en la cadena de valor y su utilización en aplicaciones de alto valor.

Los bioplásticos ¿son un primer paso en esta transición?

Se espera, en efecto, un crecimiento sustancial de la presencia de bioplásticos (biobasados y/o biodegradables), que posiblemente se conviertan en una alternativa en determinados sectores. Estos materiales presentan propiedades similares a los procedentes de fuentes fósiles, pero provienen de materias primas renovables y naturales, como el maíz, la remolacha o la caña de azúcar.

En este sentido, ante la necesidad de mejorar las propiedades de los materiales de envase o buscar alternativas de materiales sostenibles sin perder prestaciones que sean aptas para aplicaciones de alto valor, como el packaging alimentario, en Itene trabajamos en el desarrollo de nuevos materiales con propiedades avanzadas para cumplir con los requerimientos del producto a envasar y la legislación aplicable. Asimismo, trabajamos en la mejora de los procesos de reciclado con el fin de reciclar aquellos materiales que no se valorizan actualmente.

Explique, por favor, en qué consiste el reciclaje avanzado, cuáles son sus objetivos últimos, en qué punto estamos, y cómo cree que será o debería ser el tránsito hacia la circularidad.

Podemos encontrar cuatro grandes bloques dentro del reciclaje, cada uno de ellos englobando una serie de procesos muy concretos, y destinados a la valorización de unos residuos frente a otros: reciclado primario (reciclado mecánico), secundario (reciclado físico), terciario (reciclado químico) y cuaternario (valorización energética). Cada uno de estos bloques es más adecuado para un tipo de residuos o para otro, y cada uno de ellos ataca el problema del reciclado y la valorización de residuos desde un enfoque muy concreto, de manera que se obtenga la solución de reciclaje óptima y más rentable.

El reciclaje avanzado lo comprenden los procesos de reciclado terciario (despolimerización química y termoquímica). El reciclado cuaternario consiste en la valorización energética de los residuos y se considera como una solución de contingencia previa al vertedero cuando ninguna otra solución resulta viable.

Los plásticos están compuestos de unidades de repetición llamadas monómeros que se encuentran unidas en forma de cadenas (polímeros). La despolimerización avanzada de residuos plásticos consiste en la obtención de los monómeros originales con una calidad igual al monómero de origen fósil (el término anglosajón es upcycling). Esto se puede realizar por vía química o termoquímica (en esta última se pueden obtener monómeros o bien building blocks para la industria química).

En cuanto a la transición hacia la economía circular, de cara al futuro resulta esencial mejorar las tecnologías de reciclado para reintroducir aquellos plásticos que actualmente no se recuperan y desarrollar nuevos materiales reciclables, compostables o reutilizables. Para ello, todas las tecnologías de reciclado serán protagonistas y complementarias. Estos nuevos materiales sostenibles deberán también contar con prestaciones avanzadas para garantizar su competitividad frente a los tradicionales, garantizando el mantenimiento de las funcionalidades del envase para preservar y proteger el producto, así como alargar su vida útil.

Al hilo de la pregunta anterior, ese “circuito” ¿pasaría por dotar de sistemas más eficientes a las plantas de reciclaje?, ¿qué innovaciones hay en este ámbito?, ¿cómo puede ayudar la inteligencia artificial en este propósito?

Cuanto mejor se lleve a cabo la separación en origen, mejores resultados se obtendrán a nivel de reciclado de cualquier tipo, tanto mecánico, físico, químico, como termoquímico. Por lo tanto, los esfuerzos a la hora de realizar una buena separación están justificados, pero siempre hay que equilibrar la intensidad de las actuaciones en el upstream con la potencial flexibilidad de los procesos de reciclado para no incurrir en soluciones demasiado intensivas tanto económica como medioambientalmente. Podríamos encajar el concepto en la idea de los daños colaterales asumibles.

Por supuesto, en la parte de separación y clasificación de los residuos, las nuevas tecnologías conectadas a la inteligencia artificial, el machine learning y la trazabilidad tienen mucho de decir. En Itene trabajamos activamente en el desarrollo de estas tecnologías, que, en el caso de las dos primeras están muy enfocadas en la mejora de los procesos de clasificación y separación de las fracciones residuales para el reciclado, así como en el desarrollo de herramientas de soporte de decisión (support decision tools) que permitan optimizar los parámetros clave en el ciclo de vida del residuo plástico, especialmente en su fin de vida.

Y en origen ¿diseñar contemplando la huella total, el ciclo de vida?

Se trata, en efecto, de otro aspecto a tener en cuenta y en el que trabajamos en Itene: los criterios de diseño de los envases y embalaje del futuro (SSbD principles) según los cuales, los nuevos envases y embalajes deben ser diseñados para tener optimas propiedades, siendo seguros, pero también se tiene en cuenta el final de su vida útil en el diseño de los mismos.

Proceso de reciclado enzimático realizado por Itene

Proceso de reciclado enzimático realizado por Itene.

Entremos en materia. ¿Cuáles son las principales técnicas que hasta ahora se venían empleando en reciclaje de residuos plásticos y cuáles son las innovaciones que hoy están demostrado un salto en efectividad? Y, en concreto, le pregunto por los procesos avanzados de despolimerización enzimática y química que habéis desarrollado.

Tradicionalmente, para corrientes de elevada pureza, siempre que ha sido posible, se ha llevado a cabo un reciclado mecánico consistente en la descontaminación, trituración y reintroducción en el circuito de materiales plásticos.

Las principales innovaciones están llegando ahora para las corrientes residuales no puras o que tienen un formato de presentación que no es el habitual en las operaciones de reciclado mecánico (material en polvo, mazacotas, materiales multicapa, fracciones muy contaminadas, etc.). En estos casos, los procesos de reciclado químico por solvólisis pueden ser de gran utilidad cuando se trata de polímeros de policondensación (por ejemplo, los poliésteres). Para fracciones de poliolefinas como el polietileno (PE) y el polipropileno (PP) que no sean aptas para reciclado mecánico (por su forma de presentación o por estar muy mezcladas con otros materiales) es más aconsejable el uso de la valorización termoquímica. Así, se imitan los procesos de la industria del petróleo y se logran productos químicos de base como el syngas (mezcla de CO y H2) o de aceites de pirólisis que pueden ser reformados posteriormente a combustibles sintéticos y otros productos de química de base.

El reciclado enzimático es otra prometedora opción que puede plantearse en el caso de polímeros como los poliésteres, entre los que se incluye el PET y muchos tipos de bioplásticos como por ejemplo el PLA o el PHB. Aunque es una tecnología que está en sus primeras etapas de desarrollo, el proceso es factible, aunque todavía requiere de un importante trabajo de escalado para conseguir que sea rentable y de aplicación industrial. A pesar de ello, tiene una importante ventaja respecto a la solvólisis y la valorización termoquímica, y es que las temperaturas de trabajo son mucho más bajas. Desde luego, el reciclado enzimático va a adquirir en el futuro un gran interés en determinados plásticos y sectores.

Tanto la despolimerización química como la enzimática de corrientes residuales con alto contenido en PET han sido desarrolladas en el ámbito del proyecto RecyPET. En el caso de la despolimerización química, se ha validado el proceso a escala piloto con un rendimiento de despolimerización superior al 95% del PET y se han obtenido monómeros y oligómeros con elevada pureza aptos para poder ser reutilizados para la producción de r-PET.

En el caso de la despolimerización por vía enzimática, basada en enzimas, también se ha validado a escala piloto alcanzando rendimientos del 80% y obteniendo monómeros con un alto grado de pureza (hasta 99%).

¿Cree que es factible la posibilidad de hallar un nuevo material que, como el plástico, permita fabricar en cualquier forma y color a precio módico, solo que, esta vez, no contamine tras su vida útil?

Cada material tiene su aplicación y su nicho de mercado. En mi opinión, la clave no está en encontrar un nuevo material que solucione todo, sino en el uso razonado y apropiado de cada material para cada aplicación. Y hay otro aspecto si cabe más importante: lo que menos se mezcla más posibilidades tiene de ser reciclado. Quizá la clave no esté tanto en el material sino en utilizar y recuperar los materiales de la forma más eficiente posible.

¿Cree que, a largo plazo, llegará a ser irrelevante el material del que un producto esté hecho y será su vida útil y su impacto ambiental lo que lo defina?

Cuando dispongamos de técnicas que permitan recuperar hasta el último pedazo de plástico o de cualquier otro material y darle una nueva vida, sin duda. Pero, si hay algo que manifiestamente puede mejorar las cosas, somos los propios consumidores y usuarios de los envases. Poner el residuo en el contenedor adecuado, evitar mezclas y contribuir a recuperar materiales es un aspecto clave para la recuperación no solo del plástico, sino de cualquier material.

Para ayudar a las empresas a cumplir con los distintos objetivos de sostenibilidad, entre ellos, el de aumentar el porcentaje y la calidad de los materiales de envase reciclados, en Itene desarrollamos nuevos procesos de reciclado de papel y cartón, así como procesos de reciclado mecánico, químico y enzimático para valorizar envases o fracciones de plástico. Del mismo modo, desarrollamos materiales para packaging sostenibles y avanzados, y evaluamos su reciclabilidad o compostabilidad, así como si son reutilizables.

Asimismo, trabajamos en procesos de valorización de residuos, un reto de importancia para ciudades, gestores de residuos y empresas en las que se generan, principalmente en el sector agroalimentario.

H2O, agua en estado puro

Reportaje estrés hídrico

ESTRÉS HÍDRICO Y SALUD 

Es siempre la misma. Sube, baja, discurre…, y vuelta a empezar. Es el ciclo del agua. Pero en su azarosa travesía en círculo, las aguas llevan 30 años topándose a su paso por la tierra y por la atmósfera con elementos contaminantes que la invalidan para su consumo, y con una extracción insostenible de fuentes, ríos y lagos, lo que, unido al incremento de las temperaturas, altera su ciclo natural. De modo que cada vez hay menos agua potable disponible al tiempo que la necesidad de abastecimiento mundial es cada vez mayor.
A bote pronto da cierto vértigo: vivimos en una esfera de fuego por dentro y cubierta de agua por fuera en un 70% de su superficie, es decir, que nos queda un 30% donde pisar tierra firme. Entretanto, la población creciendo y el nivel del mar subiendo. Y es que contaminación, geología y meteorología son los tres ingredientes principales de este peligroso cóctel que nos llevará a que, en 2050, según la OMS, dos mil millones de personas se vean afectadas por la escasez de agua, un escenario que hace prever, además, graves consecuencias para la salud humana. El reto: una gestión integral de los recursos hídricos del planeta que garantice el acceso a agua de calidad y en la cantidad suficiente, así como su distribución equitativa. La tarea compete a todos. El sector industrial, especialmente el farmacéutico, ya ‘está en ello’.
Dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno, y la vida se pone en marcha. El agua controla los climas y limpia la atmósfera de partículas contaminantes. Y, por supuesto, hace que el mundo vegetal que nos provee de oxígeno que respirar y cosechas con las que alimentarnos, sea posible. Sin agua no hay vida.
En las últimas décadas el consumo de agua dulce en el planeta ha experimentado un fuerte crecimiento a causa de la incesante urbanización (según el FMI dos terceras partes de la población mundial vivirá en ciudades en 2050); el extraordinario aumento de la población y del sector industrial, patrones de consumo que generan desequilibrio en la renovación del agua, la sobreexplotación de las fuentes de la agua dulce, y una distribución no equitativa de este recurso, han colocado a los ecosistemas en una situación de estrés hídrico extremo. Una circunstancia en la que concurren múltiples factores. El más importante es el incremento de la temperatura del planeta, que altera el ciclo de evaporación del agua y, como consecuencia, de los patrones de circulación del aire y de las precipitaciones. Sintéticamente: una atmósfera caliente absorbe mayor cantidad de agua que otra más fría, y este agua ‘de más’, cuando se enfría, cae abruptamente allá donde se encuentre en forma de nube en ese momento, seguramente en un lugar y una estación donde ‘no toca’. Comúnmente decimos que ‘el tiempo se ha vuelto loco’… Mónica Daluz / pdf

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ESTRÉS HÍDRICO Y SALUD 

La escasez de agua potable amenaza la salud de la humanidad

H2O, agua en estado puro

Mónica Daluz
05/05/2022

Es siempre la misma. Sube, baja, discurre…, y vuelta a empezar. Es el ciclo del agua. Pero en su azarosa travesía en círculo, las aguas llevan 30 años topándose a su paso por la tierra y por la atmósfera con elementos contaminantes que la invalidan para su consumo, y con una extracción insostenible de fuentes, ríos y lagos, lo que unido al incremento de las temperaturas, altera su ciclo natural. De modo que cada vez hay menos agua potable disponible al tiempo que la necesidad de abastecimiento mundial es cada vez mayor. A bote pronto da cierto vértigo: vivimos en una esfera de fuego por dentro y cubierta de agua por fuera en un 70% de su superficie, es decir, que nos queda un 30% donde pisar tierra firme. Entretanto, la población creciendo y el nivel del mar subiendo. Y es que contaminación, geología y meteorología son los tres ingredientes principales de este peligroso cóctel que nos llevará a que, en 2050, según la OMS, dos mil millones de personas se vean afectadas por la escasez de agua, un escenario que hace prever, además, graves consecuencias para la salud humana. El reto: una gestión integral de los recursos hídricos del planeta que garantice el acceso a agua de calidad y en la cantidad suficiente, así como su distribución equitativa. La tarea compete a todos. El sector industrial, especialmente el farmacéutico, ya ‘está en ello’.

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Dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno, y la vida se pone en marcha. El agua controla los climas y limpia la atmósfera de partículas contaminantes. Y, por supuesto, hace que el mundo vegetal que nos provee de oxígeno que respirar y cosechas con las que alimentarnos, sea posible. Sin agua no hay vida. En las últimas décadas el consumo de agua dulce en el planeta ha experimentado un fuerte crecimiento a causa la incesante urbanización (según el FMI dos terceras partes de la población mundial vivirá en ciudades en 2050); el extraordinario aumento de la población y del sector industrial, patrones de consumo que generan desequilibrio en la renovación del agua, la sobreexplotación de las fuentes de la agua dulce, y una distribución no equitativa de este recurso, han colocado a los ecosistemas en una situación de estrés hídrico extremo. Una circunstancia en la que concurren múltiples factores. El más importante es el incremento de la temperatura del planeta, que altera el ciclo de evaporación del agua y, como consecuencia, de los patrones de circulación del aire y de las precipitaciones. Sintéticamente: una atmósfera caliente absorbe mayor cantidad de agua que otra más fría, y este agua ‘de más’, cuando se enfría, cae abruptamente allá donde se encuentre en forma de nube en ese momento, seguramente en un lugar y una estación donde ‘no toca’. Comúnmente decimos que ‘el tiempo se ha vuelto loco’…

Los efectos del cambio climático sobre este recurso en nuestro país los recoge el Informe técnico del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Evaluación del impacto del cambio climático en los recursos hídricos y sequías en España. Estas son las previsiones para el año 2050: reducción de las precipitaciones en torno al 10%, aumento de la temperatura cercana a los 2 °C; aumento de la evapotranspiración en más del 10%; descenso en la recarga de acuíferos por encima del 20%, y descenso de la escorrentía total de casi un 30%.

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Urbanización = contaminación + desertización. Los residuos del mundo industrializado ya han llegado a todos los rincones del planeta...

Urbanización = contaminación + desertización. Los residuos del mundo industrializado ya han llegado a todos los rincones del planeta. El aumento de la temperatura global como consecuencia también de la industrialización, ha acelerado el ciclo del agua, y ello ha provocado la alteración de los climas. La desertización avanza imparable, los deficientes servicios de Wash en la mayor parte del planeta suponen una amenaza para la salud humana, y en tres décadas no habrá agua potable disponible para todos al mismo tiempo, si no actuamos ya.

Pero esperar a que el agua caiga para que vuelva a estar disponible, hoy no es una opción. Los servicios de Wash (agua, saneamiento e higiene, por sus siglas en inglés) son deficientes en la mayor parte del planeta, cuestión que constituye, según el informe publicado por la OMS con motivo del Día Mundial de la Salud (el 7 de abril) “una de las grandes problemáticas a nivel medioambiental e hídrica”. Valga un ejemplo: el 65% de la población mundial no tiene acceso a un retrete no compartido. El documento hace hincapié en hasta qué punto la salud humana está ligada al bienestar medioambiental, y aporta otro dato al respecto: “El 99% de la población mundial respira aire contaminado”.

Enfermedades como el dengue, el cólera, el zika, la fiebre tifoidea o el virus del Nilo están relacionadas con el consumo de agua no potable, proveniente, principalmente, de fuentes superficiales contaminadas. También la diarrea, que provoca deshidratación y desnutrición, es un problema de grandes dimensiones en buena parte del planeta; la OMS estima que el consumo de agua sin saneamiento provoca 829.000 muertes anuales por esta causa. Además, la prevención de enfermedades pasa indefectiblemente por el acceso al agua, y los datos arrojan datos tan sorprendentes desde nuestra óptica, como que “el agua para lavarse las manos no está disponible en dos de cada cinco centros de atención sanitaria en el mundo”. Por lo que respecta a las pérdidas económicas totales relacionadas con servicios Wash inadecuados, la misma Organización hace una estimación de 260.000 millones de dólares anuales en 136 países de rentas bajas y medias.

El análisis de las aguas residuales sirve para conocer el estado de salud de un grupo poblacional determinado...

El análisis de las aguas residuales sirve para conocer el estado de salud de un grupo poblacional determinado, como se puso de manifiesto durante la emergencia sanitaria de la COVID.

Agua purificada en la industria farmacéutica

Para la industria farmacéutica el agua constituye una materia prima fundamental, con necesidades de purificación en diversos grados, por lo que requiere de aguas especialmente tratadas: el ‘agua purificada’ se utiliza para la producción de fármacos orales y productos cosméticos o para la limpieza de equipos, por ejemplo, ya que no es apta como materia prima para la medicina parenteral; ‘el agua altamente purificada’, un tipo de agua que se utiliza en la elaboración de medicamentos (no inyectables) que requieren de una calidad biológica más elevada que el agua purificada y para su obtención suele combinarse la ósmosis inversa de doble paso y la ultrafiltración para la eliminación de las endotoxinas; en tercer lugar, el ‘agua para inyectables’, es la de mayor grado de pureza y para su obtención se utilizan tecnologías de doble paso de ósmosis inversa, o bien de destilación (por temperatura), ya sea de multiefecto o de termocompresión; y por último, el ‘vapor puro’, que se utiliza principalmente para la esterilización de procesos, de equipos o de líneas de producción.

Fármacos en el ciclo del agua

La prosperidad de los países del primer mundo en las últimas décadas ha traído de la mano un fácil acceso de sus ciudadanos a los productos farmacéuticos. Su consumo y diversidad crecen cada día, también la utilización de bienes de consumo que incorporan miles de productos químicos sintéticos, sustancias, muchas de ellas, que terminan en aguas residuales. Las plantas de tratamiento de estas aguas eliminan microbios y también residuos, pero no todos; no están preparadas para eliminar los compuestos farmacéuticos o los productos de su paso por nuestro cuerpo, que solo metaboliza los fármacos de manera parcial, los llamados metabolitos. Además, en ocasiones “se da el caso –según fuentes de la UAB– de determinados metabolitos que durante el proceso de depuración pueden revertir hacia la forma original del fármaco dentro de la misma planta, aumentando su concentración en el agua ‘depurada’, como es el caso de la carbamazepina”. Las mismas fuentes advierten de que se viene detectando la presencia en el agua potabilizada de sustancias farmacológicas a baja concentración cuyos efectos a largo plazo sobre la salud humana se desconocen. Investigadores de la universidad catalana trabajan en una herramienta que permite determinar la posibilidad de que los fármacos acaben en el medio ambiente y a qué concentración.

Otro frente abierto es dar con el modo de descomponer y eliminar por completo dichas sustancias. En la Universidad de la Rioja, la investigadora Marta Jiménez Salcedo ha desarrollado una técnica que sí lo logra, y lo ha hecho utilizando nanomateriales, en concreto el nitruro de carbono grafítico, que degradan el medicamento hasta transformarlo en dióxido de carbono y agua. “Hemos conseguido –ha declarado Jiménez– eliminar por completo medicamentos que se encontraban en aguas contaminadas, como el ibuprofeno, el paracetamol, el diclofenaco e incluso un antibiótico (el ciprofloxacino) y los productos intermedios que generan al descomponerse, que también son tóxicos”.

Por lo que respecta a la industria, la gestión integral del agua es un proceso que ya está en marcha. También las ciudades deberán diseñar un plan de acción incorporando tecnología, no solo para prevenir o resolver problemas acuciantes como el que aquí tratamos; si nos aguarda un futuro urbanizado, habrá que repensar la ciudad en su conjunto para hacer de ella un lugar acogedor, seguro y saludable.

¿Quién se ha bebido mi agua?

La atmósfera la cogió, cuando cayó se recogió un poquito, el resto se contaminó. Quien la bebió enfermó y la que penetró en la tierra mermó su fertilidad. Eso en ‘villaabajo’. Porque en ‘villaarriba’ un pequeño gesto da acceso a agua dulce de calidad, ¡sin límite de litros!, al tiempo que se generan residuos que abocan a ella.

Y así, sin más, la fuente de la vida desde hace 3.400 millones de años, hoy ve su abastecimiento universal seriamente comprometido.

Parece que no hay tiempo para preguntarnos cómo hemos llegado hasta aquí. Solo cabe abordar esta realidad desde ya, desde una perspectiva global, y con voluntad de acción. Las enfermedades, la contaminación y los temporales no entienden de fronteras.

Sí, a veces el planeta nos parece inmenso desde nuestra pequeñez, pero en realidad el nuestro es un pequeño astro con demasiadas amenazas naturales como para añadir las humanas. La situación nos aboca a confluir en el objetivo común de la supervivencia. No verlo, sí es una locura.

Entrevista a Pedro Soria, director de Soluciones y Servicios de Veolia Water Technologies Ibérica

Entrevista a Pedro Soria Director de Soluciones y Servicios de Veolia Water Techologies Ibérica
“Las futuras regulaciones sobre microcontaminantes constituirán uno de los principales focos de atención de la industria farmacéutica en los próximos años”

El sector industrial ha consolidado su ruta hacia la circularidad focalizándose en uno de los recursos básicos del planeta, no solo para la producción sino para la vida: el agua.
Hemos hablado con el director de Soluciones y Servicios de Veolia Water Technologies Ibérica,
Pedro Soria, para ponernos al día sobre los últimos avances tecnológicos en materia de purificación de agua para el suministro a la industria farmacéutica, y conocer, además, los proyectos de la compañía en materia de depuración de aguas residuales para empresas del sector, como el de la factoría de Tres Cantos, en Madrid, de Merck.
¿Puede explicar cuál ha sido la evolución en la última década de las necesidades de la industria farmacéutica en el tratamiento del agua que utiliza, tanto en la de procesos como en la de alta calidad para preparados farmacéuticos?, y ¿cuáles son los principales sistemas utilizados?
La industria farmacéutica siempre ha necesitado agua purificada en distintos grados de pureza, que varían en función de cuál es su aplicación final. En la terminología del sector hablamos de tres tipos: agua purificada, altamente purificada y agua para inyectables. La calidad de estas aguas viene marcada por los estándares de la Farmacopea Europea o la Farmacopea de EE UU y estos no han cambiado mucho en los últimos años.
Sin embargo, sí se han producido cambios significativos en cuanto a la forma de producir el agua.
Así, por ejemplo, hasta 2017 la Farmacopea Europea requería que el agua para inyectables se produjese por destilación, pero desde abril de ese año permite también la producción por procesos de purificación equivalentes, como la ósmosis inversa, ya sea de un paso o de doble paso, combinada con otras técnicas apropiadas tales como la electrodesionización, la ultrafiltración y la nanofiltración.
En Veolia, por ejemplo, contamos con el equipo denominado comercialmente Orion, que ha sido implantado en un significativo número de compañías farmacéuticas. A lo largo de los 40 años que llevamos en el mercado en España y Portugal, hemos realizado importantes mejoras en este sistema para reducir costes de operación e incrementar su eficiencia, lo que incluye el ahorro de agua, algo cada vez más crucial para la industria en un entorno marcado por la escasez de recursos.
Otro avance a destacar es la digitalización de las instalaciones, que permite ofrecer un servicio cada vez más seguro, más eficiente, flexible y adaptado a las necesidades, con capacidad de respuesta a los cambios casi en tiempo real, y optimizar el mantenimiento preventivo que redunda en alargar la vida de las instalaciones, programar adecuadamente las paradas técnicas e incluso anticiparnos a posibles incidencias. Mónica Daluz / pdf

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ACTUALIDAD

“Las futuras regulaciones sobre microcontaminantes constituirán uno de los principales focos de atención de la industria farmacéutica en los próximos años”

Entrevista a Pedro Soria, director de Soluciones y Servicios de Veolia Water Technologies Ibérica

Mónica Daluz
03/05/2022

El sector industrial ha consolidado su ruta hacia la circularidad focalizándose en uno de los recursos básicos del planeta, no solo para la producción sino para la vida: el agua. Hemos hablado con el director de Soluciones y Servicios de Veolia Water Technologies Ibérica, Pedro Soria, para ponernos al día sobre los últimos avances tecnológicos en materia de purificación de agua para el suministro a la industria farmacéutica, y conocer, además, los proyectos de la compañía en materia de depuración de aguas residuales para empresas del sector, como el de la factoría de Tres Cantos, en Madrid, de Merck.

Pedro Soria, director de Soluciones y Servicios de Veolia Water Technologies Ibérica

Pedro Soria, director de Soluciones y Servicios de Veolia Water Technologies Ibérica.

¿Puede explicar cuál ha sido la evolución en la última década de las necesidades de la industria farmacéutica en el tratamiento del agua que utiliza, tanto en la de procesos como en la de alta calidad para preparados farmacéuticos?, y ¿cuáles son los principales sistemas utilizados?

La industria farmacéutica siempre ha necesitado agua purificada en distintos grados de pureza, que varían en función de cuál es su aplicación final. En la terminología del sector hablamos de tres tipos: agua purificada, altamente purificada y agua para inyectables. La calidad de estas aguas viene marcada por los estándares de la Farmacopea Europea o la Farmacopea de EE.UU. y éstos no han cambiado mucho en los últimos años. Sin embargo, sí se han producido cambios significativos en cuanto a la forma de producir el agua. Así, por ejemplo, hasta 2017 la Farmacopea Europea requería que el agua para inyectables se produjese por destilación, pero desde abril de ese año permite también la producción por procesos de purificación equivalentes, como la ósmosis inversa, ya sea de un paso o de doble paso, combinada con otras técnicas apropiadas tales como la electrodesionización, la ultrafiltración y la nanofiltración.

En Veolia, por ejemplo, contamos con el equipo denominado comercialmente Orion, que ha sido implantado en un significativo número de compañías farmacéuticas. A lo largo de los 40 años que llevamos en el mercado en España y Portugal, hemos realizado importantes mejoras en este sistema para reducir costes de operación e incrementar su eficiencia, lo que incluye el ahorro de agua, algo cada vez más crucial para la industria en un entorno marcado por la escasez de recursos.

Otro avance a destacar es la digitalización de las instalaciones, que permite ofrecer un servicio cada vez más seguro, más eficiente, flexible y adaptado a las necesidades, con capacidad de respuesta a los cambios casi en tiempo real, y optimizar el mantenimiento preventivo que redunda en alargar la vida de las instalaciones, programar adecuadamente las paradas técnicas e incluso anticiparnos a posibles incidencias.

¿Hasta qué punto la industria farmacéutica está involucrada en la transición hacia la optimización de los recursos hídricos que emplea en sus distintos procesos?, ¿en qué ámbitos hay más demanda: reutilización de aguas residuales, producción y recuperación de energía, recuperación de subproductos, etc.?

Sin duda, la industria farmacéutica está volcada en la transición ecológica. La preocupación de nuestros clientes por el ahorro de agua ha ido creciendo en los últimos años. En el campo de las aguas residuales, también hay una creciente preocupación por los llamados microcontaminantes orgánicos. Se trata de un problema emergente que inquieta cada vez más a la industria en general, incluida la dedicada a la fabricación de productos farmacéuticos. Estos contaminantes llegan a las depuradoras de aguas residuales municipales y en la mayoría de los casos su depuración no es completa, por lo que una parte se devuelve a los medios receptores, produciéndose su difusión en el medio ambiente. Con ello se termina cerrando el ciclo y se van añadiendo nuevas cantidades a las ya existentes.

Sin ir más lejos, es muy ilustrativo el estudio publicado recientemente en la revista científica PNAS. Se trata del mayor estudio realizado hasta la fecha sobre los residuos de medicamentos en aguas fluviales. Y en él aparece el río Manzanares como el más contaminado con fármacos de toda Europa, por delante del Támesis, del Sena o del Danubio. Y eso no ocurre ni porque se consuman más medicamentos en Madrid ni porque los sistemas de tratamiento sean peores. Eso es debido a la reducción del volumen de agua del río, lo que hace que ese entorno sea especialmente vulnerable a los vertidos de aguas tratadas que aún contengan restos de determinados componentes.

Por lo tanto, a la vista de la evolución que está teniendo este problema, aunque las normas de vertido aún no están claramente fijadas para este tipo de compuestos orgánicos, está claro que pronto será imperativo asegurar la completa eliminación antes de su descarga en el medio ambiente. Eso probablemente se hará mediante un tratamiento terciario, pero habrá que plantearse afrontar este problema desde diversos frentes de forma simultánea. Como por ejemplo, con la eliminación complementaria directamente en las plantas de agua potable.

¿Puede destacar algún ejemplo de proyecto que hayan desarrollado para compañías del sector farmacéutico, que considere de especial interés para nuestros lectores?

Precisamente, uno de los proyectos más interesantes que hemos realizado ha sido el destinado a la depuración de las aguas residuales para la factoría de Tres Cantos, en Madrid, para Merck. La instalación ha consistido en una planta modular, basada en la tecnología de lecho móvil AnoxKaldnes MBBR, una tecnología específicamente desarrollada por Veolia Water Technologies para el tratamiento de los efluentes industriales con elevadas concentraciones de compuestos de alta biodegradabilidad y caudales relativamente pequeños.

Tanto en España como en Portugal, Veolia Water Technologies es responsable de un importante número de instalaciones para las principales compañías farmacéuticas. Entre nuestros clientes, contamos con la confianza de Pfizer, Merck, Rovi, Lilly, Basi, Labesfal, Novartis, Hipra, Esteve Quimica, o L’Oreal, entre otros muchos.

¿Cómo ir hacia una industria competitiva y a la vez preservadora de los recursos hídricos?, ¿es fácil?, ¿es caro?, ¿hay más agentes implicados, como los ayuntamientos por ejemplo?, ¿cómo debería desplegarse esta transformación de la gestión del agua?, en fin, ¿cómo avanzar hacia la circularidad?

Ese es el gran reto de la industria en general. Y la farmacéutica no es una excepción. El nuevo entorno nos exige, en efecto, ser más competitivos y eficientes, y hacerlo desde una perspectiva sostenible, que avance hacia la circularidad de la economía.

Para lograrlo, este cambio de paradigma se debe asentar en tres ejes de desarrollo: tecnología, digitalización y servicio. Ya hemos hablado de la importancia de la tecnología y la digitalización. Por lo que se refiere al servicio, nuestro enfoque busca la eficiencia a través de la flexibilidad, con un nuevo modelo que se adapta a las necesidades cambiantes de nuestros clientes, un modelo de “renting del agua”, donde ofrecemos un paquete completo, que incluye la tecnología, la instalación, el mantenimiento, el suministro de productos químicos, los repuestos y consumibles, a cambio de una contraprestación mensual.

De esta forma, podemos ofrecer una respuesta que se adapte a las condiciones fluctuantes de un mercado en continuo cambio y evolución, evitando tener que realizar importantes inversiones en capital que no siempre tienen un retorno claro.

Abordando la problemática del agua en su conjunto, nos hallamos ante una creciente escasez de agua potable, ¿puede hablarnos de alguno de los proyectos que tiene su compañía en el ámbito de la potabilización de las aguas en regiones de grave estrés hídrico?

Sin lugar a dudas, el mejor ejemplo que tenemos en Europa en cuanto a aprovechamiento de los recursos hídricos en una zona especialmente sensible al problema de la escasez de agua es la Estación Regeneradora de Agua del Camp de Tarragona. Se trata de un proyecto que regenera agua de dos estaciones depuradoras de aguas residuales, para su posterior reutilización en la industria química del Polo de Tarragona como agua de servicio. Esta instalación está dimensionada para una capacidad de producción de 6,9 hm3 de agua regenerada al año. Este volumen de agua deja de ser así captado del río Ebro, liberando de esta forma ese caudal para otros usos del territorio. Con ello, contribuimos a garantizar la estabilidad en el caudal de un río que ya ha sufrido en el pasado importantes cambios que han afectado sensiblemente a todo el entorno.

España es uno de los países donde el estrés hídrico es más evidente y notable, por lo que es necesaria la puesta en marcha de planes que nos permitan hacer frente a la escasez de agua para garantizar el bienestar de la población al mismo tiempo que la industria pueda continuar con su actividad productiva.

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Un mensaje a la industria farmacéutica…

Como otros muchos sectores industriales, la industria farmacéutica afronta importantes retos, como el incremento de la competencia en mercados emergentes, la digitalización, o la cada vez mayor exigencia en materia medioambiental y de economía circular. Y ante esos retos debe ser capaz de adaptarse de forma rápida.

A nivel medioambiental, la industria está cada vez más preocupada por la reducción de la huella hídrica, el incremento de la eficiencia energética y la reducción de los costes de operación de las plantas de tratamiento de agua. Y debemos hacer todo esto mientras afrontamos futuros cambios regulatorios como en el caso de los microcontaminantes emergentes, que va a ser uno de los principales focos de atención para la industria en los próximos años.

Su propuesta…

Precisamente por estas situaciones cambiantes, consideramos que un modelo de renting de agua puede ser la solución para nuestros clientes, adaptando sus necesidades a estas condiciones cambiantes y haciéndolo de manera rápida, flexible y teniendo control presupuestario en todo momento.

En Veolia Water Technologies, siempre hemos creído que la innovación promueve la sosteniblidad del agua y mejora la resiliencia. Y así, naturalmente, hemos alineado nuestro negocio para ayudar a nuestros clientes en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) cuando el agua está involucrada. Como parte del grupo Veolia, estamos contribuyendo a la transformación ecológica trabajando codo con codo con nuestros clientes. Y las decisiones estratégicas, como la fusión con Suez, nos permite tener mayor capacidad para dar respuestas y afrontar los nuevos retos medioambientales.

Entrevista a Rafael Sánchez, jefe de Proyectos en la Unidad de Transformación de Materiales de Envase de Itene

Entrevista a Rafael Sánchez
MATERIALES
BIODEGRADABLES 
“Debemos transitar hacia materiales biodegradables que sigan permitiendo la encapsulación de activos de alto valor sin comprometer el medio ambiente”

Encontrar el sustituto perfecto para el plástico no es fácil. Son muchos los científicos que están trabajando en ello en todo el mundo. El centro de investigación Itene participa en el proyecto Boocell, que tiene por objeto el desarrollo de materiales innovadores y sostenibles basados en las nanocelulosas a partir de la transformación de la celulosa, para su aplicación en los sectores de la cosmética, el embalaje y los biofertilizantes. En la lucha contra los microplásticos, este proyecto estudia el desarrollo de nanocápsulas de celulosa para contener compuestos activos o aromas, tan empleados en la industria cosmética. Uno de los procesos para su obtención es la utilización de microorganismos vivos: la nanocelulosa bacteriana. El responsable del proyecto en Itene, Rafael Sánchez, nos explica, entre otras cosas, las ventajas de convertir organismos microscópicos en pequeñas fábricas de huella ecológica cero.
Par
ece que la nanocelulosa es una alternativa factible al plástico en determinadas industrias. ¿Qué tiene este material que no tengan otros?
En primer lugar, hay que tomar conciencia de que la celulosa, material de partida de la nanocelulosa, es uno de los materiales renovables más abundantes en la tierra, formando parte de cualquier materia vegetal, y por ello se encuentra en disposición de ser empleada para la producción de diversos productos. Además, se trata de materiales con unas características muy atractivas para la industria de los polímeros. La nanocelulosa es ligera, fuerte y rígida, y con un alto coeficiente de resistencia respecto a su peso. También es estable frente a los cambios de temperatura, tiene interesantes propiedades ópticas (es transparente) y se dilata poco con el calor. Mónica Daluz /
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MATERIALES BIODEGRADABLES 

“Debemos transitar hacia materiales biodegradables que sigan permitiendo la encapsulación de activos de alto valor sin comprometer el medio ambiente”

Entrevista a Rafael Sánchez, jefe de Proyectos en la Unidad de Transformación de Materiales de Envase de Itene

Mónica Daluz
15/02/2022

Encontrar el sustituto perfecto para el plástico no es fácil. Son muchos los científicos que están trabajando en ello en todo el mundo. El centro de investigación Itene participa en el proyecto Boocell, que tiene por objeto el desarrollo de materiales innovadores y sostenibles basados en las nanocelusolas a partir de la transformación de la celulosa, para su aplicación en los sectores de la cosmética, el embalaje y los biofertilizantes. En la lucha contra los microplásticos, este proyecto estudia el desarrollo de nanocápsulas de celulosa para contener compuestos activos o aromas, tan empleados en la industria cosmética. Uno de los procesos para su obtención es la utilización de microorganismos vivos: la nanocelulosa bacteriana. El responsable del proyecto en Itene, Rafael Sánchez, nos explica, entre otras cosas, las ventajas de convertir organismos microscópicos en pequeñas fábricas de huella ecológica cero.

Rafael Sánchez, jefe de Proyectos en la Unidad de Transformación de Materiales de Envase de Itene

Rafael Sánchez, jefe de Proyectos en la Unidad de Transformación de Materiales de Envase de Itene.

Parece que la nanocelulosa es una alternativa factible al plástico en determinadas industrias. ¿Qué tiene este material que no tengan otros?

En primer lugar, hay que tomar conciencia de que la celulosa, material de partida de la nanocelulosa, es uno de los materiales renovables más abundantes en la tierra, formando parte de cualquier materia vegetal, y por ello se encuentra en disposición de ser empleada para la producción de diversos productos. Además, se trata de materiales con unas características muy atractivas para la industria de los polímeros. La nanocelulosa es ligera, fuerte y rígida, y con un alto coeficiente de resistencia respecto a su peso. También es estable frente a los cambios de temperatura, tiene interesantes propiedades ópticas (es transparente) y se dilata poco con el calor.

¿Qué materias primas son susceptibles de ser utilizadas para fabricar nanocelulosa y qué particularidades tiene cada una?

Para la producción de nanocelulosa se puede emplear cualquier materia prima rica en celulosa, como las distintas fuentes lignocelulósicas de origen vegetal (materias primas madereras, residuos agroindustriales, etc.). Estas materias primas de origen vegetal están compuestas principalmente por celulosa y lignina. Durante el proceso de extracción de la celulosa es necesario llevar a cabo un proceso de separación de los distintos componentes que forman este material vegetal con el objetivo de aislar la celulosa y emplearla en una posterior etapa de transformación en nanocelulosa.

En función del tipo de materia prima que se utilice y del proceso de extracción que se emplee, las características de la celulosa extraída serán muy diversas (contenido en lignina residual, longitud de fibra, diámetro de fibra, etc.) y esto repercutirá en las características finales y calidad de la nanocelulosa producida.

Háblenos de los procesos de transformación que se utilizan para producir este nanomaterial. Y cuéntenos cómo se produce la nanocelulosa bacteriana, lo están haciendo en el proyecto Boocell.

La transformación de celulosa en nanocelulosa se puede llevar a cabo por diferentes vías, siendo la vía mecánica la más rentable económicamente y la que será optimizada en el proyecto Boocell.

En efecto, otro proceso de producción de celulosa nanométrica, qué será optimizado dentro del proyecto Boocell, es la producción mediante procesos bacterianos, empleando bacterias productoras de celulosa. La nanocelulosa bacteriana presenta propiedades incluso mejores que la nanocelulosa vegetal, destacando su pureza, lo cual la hace enormemente atractiva en campos de aplicación como la biomedicina o la industria farmacéutica.

El proyecto Boocell estudia la producción de nanocelulosa a partir de residuos agrícolas, en concreto a partir de residuos de paja de trigo...

El proyecto Boocell estudia la producción de nanocelulosa a partir de residuos agrícolas, en concreto a partir de residuos de paja de trigo, para aplicaciones industriales.

Uno de los sectores en los que se prevé una más inmediata introducción de las nanocelulosas es el de la cosmética, ¿por qué esta industria es tan oportuna para la aplicación de estos compuestos a escala industrial?

Las microcápsulas y otros ingredientes poliméricos están ampliamente extendidos en una gran variedad de formulaciones cosméticas y de cuidado personal comercialmente disponibles como por ejemplo champús, geles de ducha, desodorantes, cremas de afeitado o protectores solares, aportando propiedades sensoriales, texturizantes, hidratantes, perlantes, opacificantes, espesantes o exfoliantes, entre otras. Todos estos atributos son objetivos potencialmente asequibles a través de análogos desarrollados con matrices de micro/nanocelulosa.

Otro sector con una alta potencialidad de aplicación inmediata como alternativa a los microplásticos es el del cuidado del hogar. En él, la microencapsulación de fragancias en detergentes o suavizantes textiles con objeto de preservar y potenciar la calidad olfativa y sensorial es un procedimiento comúnmente utilizado. Las cápsulas actuales contienen polímeros no degradables y están consideradas como generadoras de microplásticos. Debido al tipo de aplicación, aproximadamente la mitad de estos microplásticos se liberan finalmente al medio ambiente y, por tanto, resulta especialmente apropiado el tránsito hacia materiales biodegradables tanto en el sector cosmético como en el de cuidado del hogar, que sigan permitiendo la encapsulación de activos de alto valor sin comprometer el medio ambiente.

¿Qué supone la irrupción de la biotecnología en el ámbito industrial en la mejora de la salud humana y la del planeta?

La biotecnología, en los últimos años, ha irrumpido con fuerza en el campo de la economía circular y la sostenibilidad. De forma específica, en los procesos industriales los procesos biotecnológicos en muchas ocasiones significan una clara ventaja respecto a los procesos tradicionales de transformación y producción. El empleo de microorganismos y/o derivados de estos, como las enzimas, nos permiten llevar a cabo procesos de producción y biotransformación muy variados. En este campo los microorganismos pueden ser utilizados como micro factorías, ya que son capaces de aprovechar una amplia gama de sustratos para convertirlos en productos de interés industrial.

La principal ventaja que supone esta tipología de procesos es, por un lado, el menor coste energético, ya que al ser llevada a cabo por organismos vivos generalmente tienen lugar a temperatura y pH de rango biológico. Además, estos procesos se realizan en medios acuosos, limitando el uso de disolventes orgánicos y, además, raramente se generan compuestos secundarios tóxicos. Otro aspecto que se debe mencionar es la especificidad de las reacciones biológicas, capaces incluso de discriminar entre isómeros. Es una ciencia emergente que ya se está implantando en multitud de sectores industriales, desde agricultura y alimentación hasta la industria química y de materiales.

¿Qué recorrido tiene la biotecnología industrial y qué implica para los fabricantes adoptar este cambio en sus procesos a todos los niveles, costes, perfiles, dinámicas…?

Evidentemente la implantación de este tipo de tecnologías conlleva un cambio en la forma de operar, así como un cambio en las infraestructuras y en el personal que lleva a cabo estos procesos, sobre todo en sectores donde tradicionalmente se trabajan y desarrollan otras tipologías de procesos. En este sentido el hecho de trabajar con microorganismos vivos requiere una serie de precauciones y especificaciones de los equipos, como el mantenimiento de ambientes asépticos, el control de poblaciones microbianas y los equilibrios metabólicos.

Al respecto, cabe destacar el papel de las nuevas tecnologías basadas en la ingeniería genética; ésta nos permite el desarrollo de microorganismos cada vez más robustos y con mayores eficiencias y rendimientos. Dependiendo del sector industrial al que nos dirijamos, su contacto con la biotecnología puede ser más o menos lejano y tanto la implementación como la adquisición de estas nuevas tecnologías pueden llevarse a cabo a un corto, medio o largo plazo.

Por todo esto la migración a sistemas de producción basados en la biotecnología a priori puede suponer un coste de inversión medio-alto, pero se ha demostrado que tanto los retornos económicos como los costes de operación y los beneficios generados con la disminución de los impactos medioambientales, avalan esta migración y posicionan a la biotecnología a la vanguardia de la innovación y el desarrollo económico.

Troncos de eucaliptus preparados para ser transportados a una fábrica de celulosa, materia muy abundante en el planeta y que no genera residuos...

Troncos de eucaliptus preparados para ser transportados a una fábrica de celulosa, materia muy abundante en el planeta y que no genera residuos. Su transformación a escala nanométrica puede ser la alternativa definitiva al plástico en importantes sectores industriales. Foto: istockphoto.

Para terminar, ¿puede hablarnos del proyecto Boocell? ¿Cuáles son sus objetivos?

En el proyecto Boocell 2021-2024, Itene participa junto a otros cinco socios (la Universidad de Córdoba, Bionc, la Estación Experimental del Zaidín, Esencias Moles y el Grupo Fertiberia) gracias a la financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación a través de la Agencia Estatal de Investigación.

Sintéticamente, el objetivo principal del proyecto Boocell es el desarrollo de materiales innovadores y sostenibles basados en el empleo de nanocelulosas, que tengan capacidad de reemplazar a los materiales convencionales empleados en aplicaciones de embalaje, cosmética y biofertilizantes.

Para cumplir con este objetivo general, dentro del proyecto Boocell se han planteado una serie de investigaciones u objetivos más específicos, que son: producción de nanocelulosa a partir de residuos agrícolas, en concreto a partir de residuos de paja de trigo; producción de nanocelulosa de origen bacteriano a partir de hidrolizados de paja de trigo ricos en azúcares; desarrollo de nanocapsulas de nanocelulosa para contener compuestos activos o aromas para ser empleados en la producción de fragancias y productos de limpieza del hogar, con la finalidad de protegerlos de los factores ambientas y favorecer su emisión de modo controlado; desarrollo de nanocapsulas de nanocelulosa para contener e inmovilizar enzimas y/o microorganismos en la producción de biofertilizantes con el objetivo de mejorar su estabilidad y optimizar su efecto, y por último, el desarrollo de films flexibles de biopolímeros reforzados con nanocelulosa, biodegradables y compostables, para su aplicación en agricultura, con el fin de mejorar las propiedades mecánicas y barrera de estos biofilm.

Máquinas más inteligentes, ¿humanos más sabios?

Inteligencia artificial
I
NTELIGENCIA ARTIFICIAL 
Las inteligencias artificiales avanzadas ya están aquí

La gestión de los datos comienza a ser inabarcable para el cerebro humano, y pronto, incluso para las máquinas que hemos sido capaces de crear. Convertir datos en conocimiento y éste en bienestar para las sociedades ya no es posible sin el auxilio de la inteligencia artificial. Su implantación no es una opción, es un imperativo. Además, el tiempo apremia; hemos rehipotecado nuestro hogar, tomando prestados recursos de las generaciones futuras, y se acerca el momento del vencimiento. O saldamos la deuda a tiempo o nos quedamos sin planeta. Y el asunto es demasiado complejo para resolverlo nosotros solos. Necesitamos las sugerencias de estas inteligencias que simulen escenarios a la velocidad suficiente para actuar, y revertir a tiempo el proceso de la próxima extinción. Ello implica una conexión nunca vista que abarcará todos los ámbitos de nuestras vidas, pero, sobre todo, supone delegar procesos de decisión. Y bajo cada decisión subyace un componente ético. El tema de la responsabilidad de crear una IA que no se desvíe de los valores universales, ya está siendo abordado por los principales gobiernos del mundo. En su último estadio, la inteligencia artificial además de ser precisa, sin errores, incorruptible e inquebrantable a la pereza, también deberá ser justa, incluso compasiva y hasta condescendiente, todo lo cual, supuestamente, lo ha de aprender de su interacción con el ser humano…: se trabaja en que estos algoritmos tengan la capacidad, como los humanos, de basar sus decisiones en experiencias pasadas. En el horizonte, máquinas que crearán otras máquinas que las superen. Pero la llamada IA fuerte, generalista y ubicua, será el final de este camino. Entretanto la IA débil, basada en la resolución de problemas específicos, se ha colado en nuestras vidas y ya está haciendo mucho por nosotros. En el ámbito de la salud su impacto está siendo transversal: desde las ciencias de la vida hasta la atención asistencial, pasando por los avances diagnósticos o la medicina personalizada. Y esto es sólo el principio.
Co
rre el rumor de que este incierto y apasionante mundo futuro pueda evolucionar hacia una cesión a las máquinas de espacios intrínsecamente humanos. Los investigadores proponen ir ya trazando la ruta más adecuada para expandir nuestro potencial sin que perdamos en su tránsito las cualidades que nos han traído hasta aquí. Una ruta hecha a medida para que ellas, las máquinas, sean cada vez más inteligentes y nosotros, los humanos, cada vez más sabios. Mónica Daluz
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INTELIGENCIA ARTIFICIAL 

Las inteligencias artificiales avanzadas ya están aquí

Máquinas más inteligentes, ¿humanos más sabios?

Mónica Daluz
19/10/2021

La gestión de los datos comienza a ser inabarcable para el cerebro humano, y pronto, incluso para las máquinas que hemos sido capaces de crear. Convertir datos en conocimiento y éste en bienestar para las sociedades ya no es posible sin el auxilio de la inteligencia artificial. Su implantación no es una opción, es un imperativo. Además, el tiempo apremia; hemos rehipotecado nuestro hogar, tomando prestados recursos de las generaciones futuras, y se acerca el momento del vencimiento. O saldamos la deuda a tiempo o nos quedamos sin planeta. Y el asunto es demasiado complejo para resolverlo nosotros solos. Necesitamos las sugerencias de estas inteligencias que simulen escenarios a la velocidad suficiente para actuar, y revertir a tiempo el proceso de la próxima extinción. Ello implica una conexión nunca vista que abarcará todos los ámbitos de nuestras vidas, pero, sobre todo, supone delegar procesos de decisión. Y bajo cada decisión subyace un componente ético. El tema de la responsabilidad de crear una IA que no se desvíe de los valores universales, ya está siendo abordado por los principales gobiernos del mundo. En su último estadio, la inteligencia artificial además de ser precisa, sin errores, incorruptible e inquebrantable a la pereza, también deberá ser justa, incluso compasiva y hasta condescendiente, todo lo cual, supuestamente, lo ha de aprender de su interacción con el ser humano…: se trabaja en que estos algoritmos tengan la capacidad, como los humanos, de basar sus decisiones en experiencias pasadas. En el horizonte, máquinas que crearán otras máquinas que las superen. Pero la llamada IA fuete, generalista y ubicua, será el final de este camino. Entretanto la IA débil, basada en la resolución de problemas específicos, se ha colado en nuestras vidas y ya está haciendo mucho por nosotros. En el ámbito de la salud su impacto está siendo transversal: desde las ciencias de la vida hasta la atención asistencial, pasando por los avances diagnósticos o la medicina personalizada. Y esto es sólo el principio. Corre el rumor de que este incierto y apasionante mundo futuro pueda evolucionar hacia una cesión a las máquinas de espacios intrínsecamente humanos. Los investigadores proponen ir ya trazando la ruta más adecuada para expandir nuestro potencial sin que perdamos en su tránsito las cualidades que nos han traído hasta aquí. Una ruta hecha a medida para que ellas, las máquinas, sean cada vez más inteligentes y nosotros, los humanos, cada vez más sabios.

Algoritmos para la ética...

Algoritmos para la ética. Si, como decía Stuart Mill, la moral es un componente de la razón, entonces sería posible programar a las máquinas explícitamente con unos principios éticos o filosofía moral (estrategia top-down), por otra parte, difícil de consensuar a escala planetaria. No está claro que la ética y el sentido común se puedan descomponer en una secuencia lógica. La otra opción (bottom-up) es no ‘decirles’ nada y que aprendan a aplicar criterios éticos en sus decisiones observando el comportamiento humano a lo largo del tiempo.

Hubo un antes y un después de que un pulgar (humano, por cierto) accionara aquel botón sobre el cielo de Hiroshima y Nagasaki. Muchos de aquellos jóvenes e ilusionados científicos compresiblemente cegados por la oportunidad de desarrollar una nueva tecnología revolucionaria, en un particular contexto histórico, han declarado años después sus remordimientos por las consecuencias de su participación en el Proyecto Manhattan; algunos de ellos dedicaron su vida a la lucha antiarmamentística –no así el director científico del proyecto, que nunca admitió públicamente arrepentimiento aduciendo las muertes evitadas ‘gracias’ a la masacre–. La comunidad científica tiene muy clara su responsabilidad desde entonces (y otros precedentes en el ámbito de las armas químicas y bacteriológicas) sobre cómo y para qué va a ser utilizado un nuevo descubrimiento o desarrollo. Investigadores en IA de todo el mundo firmaron, ya en 2015, un documento en el que advertían: “no participaremos ni apoyaremos el desarrollo, la fabricación, el comercio o el uso de armas autónomas letales”. El universo de posibilidades y la impregnación a todos los niveles que va a suponer la expansión de la IA nos coloca ante nuevos retos y también ante nuevos dilemas que nos sumergen de lleno en cuestiones esenciales sobre la naturaleza humana.

Hoy es la ciencia, precisamente, la que aboga por una reflexión humanística, e interpela a la sociedad y a sus legisladores sobre la importancia de garantizar que en el proyecto de diseñar en su conjunto el mundo robotizado que está por llegar sea preservada y potenciada la esencia de nuestra humanidad. Y es que el último nivel de la IA es la llamada autoconciencia. Pero vayamos por partes, porque en la actualidad todos los sistemas de inteligencia artificial que existen están muy lejos de parecerse a ‘Skynet’, con acceso ilimitado a datos y sistemas, control absoluto de los mismos y libertad para tomar decisiones a su criterio. Lo cual podría ser peligroso para los humanos. O no. No olviden la sensata –y lógica– respuesta de aquella inteligencia artificial cinematográfica que allá por los ochenta concluía que, cuando se trata de ‘juegos de guerra’, “el único movimiento para ganar es… no jugar” (después de ser programada para jugar en bucle al tres en raya contra sí misma –ya en 1952 Arthur Samuel creó el primer software capaz de aprender, un programa que jugaba a las damas mejorando tras cada partida—).

Aunque el imaginario popular asocia la inteligencia artificial a la idea de robots humanoides deambulando en nuestros entornos, lo cierto es que esta tecnología, invisible y silenciosa, ya está entre nosotros y la usamos sin saberlo. Desde la revolución digital, y especialmente desde la irrupción de internet, la tecnología ha sido un chiquillo asalvajado, que campa a sus anchas, no obedece normas y carece de sentido de la responsabilidad. Pero los cambios socioeconómicos y en la vida de las personas que traerá la Cuarta Revolución Industrial, van a requerir una planificación de envergadura sin igual. El futuro no se puede dejar al azar. Hacerlo podría cambiar el curso de la evolución. Utilizar las nuevas y veloces herramientas predictivas que nos trae la IA también puede cambiar el curso de la evolución, solo que… a nuestro favor.

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El pasado mes de agosto se publicaba el último informe del órgano de Naciones Unidas ‘Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático’ (IPCC), donde se constata que “el cambio climático es generalizado, rápido y se está intensificando” –reza el comunicado de prensa– y se alerta sobre las consecuencias del calentamiento del planeta, que está cambiando los patrones de precipitación y causando el deshielo del Ártico, lo que provocará cada vez más fenómenos climatológicos extremos. El último informe Perspectivas de la Biodiversidad Global, de la misma organización, también arrojaba datos alarmantes; en palabras del principal autor del informe, David Cooper: “Solo con medidas de conservación y restauración no se podrá evitar que se produzca la sexta extinción masiva de especies que el planeta ha sufrido en su historia”. Este nivel de extinción supone la desaparición de tres cuartas partes de todas las especies; ha ocurrido cinco veces, pero esta es la primera cuya causa sería la acción humana; tres se produjeron por explosiones volcánicas extremas y dos por el impacto de asteroides. Precisamente en las próximas semanas la NASA lanzará una nave para realizar la primera prueba que tiene como finalidad desviar la trayectoria de un asteroide. Se trata de la misión DART (Double Asteroid Redirection Tests), que testeará este método de defensa planetaria contra objetos cercanos a la Tierra. El Falcon 9 impactará, cargado de explosivos, contra el asteroide Demorphos en octubre de 2022.

En La sexta extinción, de Elizabeth Kolbert, premio Pulitzer en 2015, se documentaban evidencias sobre cómo la velocidad de nuestros patrones de consumo está acabando con la diversidad biológica de todos los ecosistemas, lo que pronostica la extinción del periodo Holoceno en el que nos encontramos. Ahora, la misma autora recoge en su última obra, El cielo blanco, el trabajo de investigadores que desde distintos puntos del planeta tratan de aportar algunas soluciones que contrarresten esta degeneración. Relata, por ejemplo, cómo un grupo de ingenieros está convirtiendo las emisiones de carbono en piedra en Islandia, o cómo los físicos están estudiando la posibilidad de lanzar pequeños diamantes a la estratosfera para enfriar la tierra, lo que cambiaría el color del cielo de azul a blanco.

Por lo que respecta al CO2 al parecer no será suficiente con reducir las emisiones, además hay que retirar parte de las ya existentes. Almacenarlas o utilizarlas como materia prima de otras industrias, entre ellas la farmacéutica y cosmética –para la fabricación de aromas y esencias– o la alimentaria –en bebidas carbonatadas–, o en la producción de combustibles sintéticos, son algunas de las soluciones en las que se trabaja desde las tecnologías de captura, almacenamiento y uso del carbono (CCUS), en las que intervienen aplicaciones de IA. La implantación de los vehículos autónomos y de las smart cities constituirá otra de las grandes contribuciones de la IA a la reducción de emisiones. Los sistemas predictivos de IA resultan especialmente útiles en el campo del estudio de la evolución de las condiciones físicas y biológicas, ya que permiten prever escenarios futuros con los que predecir el riesgo de extinción de especies o de desastres naturales.

Ya tenemos las tecnologías. Ahora será la gestión de su despliegue lo que determinará que les saquemos partido a tiempo.

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Máquinas que aprenden solas

Conceptualmente, en inteligencia artificial se diferencia entre IA débil o específica e IA fuerte o general. A día de hoy, todos los productos o proyectos existentes en inteligencia artificial son ‘débiles’, es decir, diseñados para la realización de tareas específicas. En un futuro, la interconexión total de sistemas basados en algoritmos capaces de aprender de su entorno y tras la experiencia acumulada a lo largo del tiempo, podría hacer posible que el nivel de comprensión del mundo por parte del sistema sea tal, que este adquiera algún tipo o grado de conciencia sobre sí mismo. Momento en el que se alcanzaría la llamada ‘singularidad’ y podría hablarse de inteligencia artificial general.

Esta disciplina de las ciencias de la computación, la IA, persigue crear sistemas que reproduzcan artificialmente la inteligencia humana. Sin embargo, todavía no comprendemos qué es exactamente y cómo funciona la inteligencia. Piaget definió la cognición como “el proceso por el cual obtenemos información del mundo; abarca los procesos de percibir, pensar, aprender, recordar y comprender.” Gardner nos habló de las inteligencias múltiples, y con Goleman descubrimos las auténticas habilidades para el éxito, es decir para una vida plena: la inteligencia emocional. La cognición la conforman múltiples procesos extremadamente complejos, y comprender su funcionamiento es la colosal misión que tienen por delante los investigadores que desde distintos campos del conocimiento están implicados en el desarrollo de la IA general.

En un primer período de desarrollo, la inteligencia artificial se fundamentó en dotar a las máquinas de las capacidades de cálculo y memoria. En los últimos años, y tras los espectaculares avances en ambos ámbitos, se ha buscado emular una habilidad básica de los humanos, el aprendizaje, planteando modelos computacionales de aprendizaje basados en redes neuronales biológicas humanas. Es el llamado aprendizaje automático o machine learning. Las investigaciones están centradas en buscar algoritmos con los que reproducir en las máquinas el mismo proceso de aprendizaje que el de una persona: por sí sola, en tiempo real y a través de sus propias experiencias de interacción con el entorno. Aquí entra en escena un asunto sobre el que no hay consenso entre los investigadores: algunos consideran que para que ese tipo de aprendizaje tenga lugar y avanzar hacia una IA fuerte, la interacción debe ser lo más similar a las interacciones humanas, resultando imprescindible la corporalidad. Pero en la actualidad las diversas especialidades que comprenden el ámbito de la IA desarrollan aplicaciones específicas, y sus avances, unidos a los de la tecnología computacional y el análisis de datos masivos o Big Data, permiten procesar mayores cantidades de datos en menores tiempos. De momento, eso es todo. Parece poco, pero conlleva cambios drásticos en procesos y recursos, que están redundando ya en mejoras muy relevantes para la sociedad.

De igual modo que el ser humano aprende en base a la información que recibe a través de sus sentidos y a sus capacidades para la interacción con el entorno, las disciplinas y tecnologías involucradas en la IA se centran en la búsqueda de algoritmos que permitan reproducir en las máquinas estas habilidades sensoriales, con especialidades como el reconocimiento automático del habla, el procesamiento del lenguaje natural o el reconocimiento visual, a través del aprendizaje automático. Funcionan con aprendizaje automático las recomendaciones de compra en internet, el filtrado de spam, la detección de fraudes o la personalización de noticias. Se trata de un tipo de programación muy diferente al tradicional: en lugar de programar instrucciones específicas, se alimenta al algoritmo con ejemplos. La complejidad de algunos de los problemas a los que la ciencia trata de buscar solución con ayuda de la computación hace inviable programar manualmente cada paso a seguir para el análisis de volúmenes masivos de datos, pero puede realizarse a la inversa: programar a la máquina para que extraiga patrones, busque estructuras ocultas, clasifique, etc., a través de distintos tipos de algoritmos (los bayesianos, por ejemplo, están siendo muy utilizados). Con el machine learning hemos hallado el modo de expresar nuestras instrucciones a la máquina, de comunicarnos con ella, porque con la computación tradicional ya no es posible ir más allá en la relación hombre-máquina.

Existen varias maneras de enseñar a los sistemas a aprender por sí mismos. El aprendizaje supervisado es uno de los más extendidos. Se proporciona al sistema miles de datos etiquetados, es decir, se incluye en ellos la respuesta correcta o de destino, sobre aquella función en la que se le vaya a entrenar. Para entrenar una IA a solucionar, por ejemplo, la recepción de correo spam, se le proporcionan los datos –miles de correos electrónicos– y se etiqueta cada uno indicando si es o no spam, lo que unido a variables –llamadas características– como el remitente, el asunto, la hora de envío, etc., permitirá al sistema, una vez entrenado, identificar patrones que le llevarán a predecir correctamente la respuesta de destino cuando reciba nueva información. Progresivamente irá refinando los resultados, o sea, aprendiendo.

Existen otros tipos de aprendizaje, como el semi-supervisado, el no supervisado, o el aprendizaje por refuerzo, el más parecido al proceso de aprendizaje humano, basado en la obtención de recompensas. En el no supervisado, los datos no indican nada al sistema, no están etiquetados; el algoritmo trata de agrupar datos que son parecidos entre sí. Su misión es descifrar conexiones desconocidas para descubrir conocimientos relevantes. Este es también el cometido de la minería de datos, que se está utilizando para obtener agrupaciones en bruto con las que dar a la IA que vamos a entrenar información un poco más filtrada. La minería de datos, o data mining, se viene aplicando en múltiples sectores para segmentar mercados como la banca, el gran consumo, en turismo, seguros, industria minorista, telecomunicaciones o biotecnología. Si en el ejemplo del párrafo anterior, con la IA supervisada, sabíamos la respuesta –sabemos si un mail es spam o no–, en el aprendizaje no supervisado partimos de un problema del que no conocemos la respuesta; el objetivo es que el sistema ponga al descubierto conocimientos relevantes, por ejemplo, que un fármaco ya existente podría funcionar en una nueva enfermedad o en una enfermedad conocida sin tratamiento. El reposicionamiento de fármacos mediante IA ya se utilizó durante la pandemia de la COVID-19.

Mención especial requiere uno de los modelos utilizados para desarrollar el aprendizaje automático, el deep learning o aprendizaje profundo. Son las técnicas de machine learning que emplean redes neuronales artificiales (RNA); estos algoritmos jerarquizan la información mediante una segmentación de patrones categorizados por niveles y en cada capa se añade un nivel de complejidad mayor. Dentro del aprendizaje profundo, la apuesta más contundente son los algoritmos de redes neuronales adversarias, o antagónicas: el sistema cuenta con dos redes neuronales que ante un objetivo dado –como puede ser ‘ganar’ en un juego o discriminar entre imágenes reales de las creadas por un algoritmo– compiten entre sí indefinidamente mejorándose a sí mismas en cada partida; el generador se lo pone cada vez más difícil al discriminador que a su vez perfecciona su respuesta y sube el listón al generador en su siguiente reto, haciéndose más eficientes el uno al otro cuanto más juegan. Lo que una red gana lo pierde la otra, es lo que se conoce como ‘juego de suma cero’ según la teoría de juegos.

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La nueva ciencia, la nueva salud

En el ámbito de las ciencias de la vida y de la salud las tecnologías de inteligencia artificial se han revelado ya como herramientas de gran potencial transformador para las sociedades. El estallido de la última emergencia global, con la irrupción del virus SarsCov2, lo demostró, consiguiendo mediante la aplicación de técnicas de IA desarrollar múltiples vacunas en tiempo récord en diferentes lugares del mundo. Uno de los retos de la aplicación a gran escala de los sistemas de aprendizaje basados en la IA es la obtención de los datos masivos necesarios para entrenarlos, especialmente en materia de salud. El Big Data es capaz de leer miles de datos, clasificarlos y extraer conclusiones de carácter estadístico, pero primero es preciso reunir y compartir grandes volúmenes de datos sanitarios anónimos. Algunas herramientas de inteligencia artificial pueden ayudar en la labor, ya que son capaces de completar e interpretar miles de expedientes con el reconocimiento óptico de caracteres (OCR) o el dictado y el escaneo automatizado basado en el procesamiento del lenguaje natural, por ejemplo. Alimentar estos algoritmos con datos permitirá a los sistemas realizar simulaciones virtuales que aportarán mayor rapidez, precisión y personalización en los diagnósticos y tratamientos, y también transformarán radicalmente los procesos de desarrollo de fármacos, diseño de ensayos clínicos o gestión hospitalaria.

En el campo de la biotecnología, la inteligencia artificial está teniendo un enorme impacto. Y en el punto de mira, los robots biológicos. Los primeros biorrobots capaces de autopropulsarse y moverse de forma colectiva fueron logro de investigadores del Instituto de Bioingeniería de Catalunya (IBEC), liderados por el profesor Samuel Sánchez. Hoy este equipo está diseñando biorrobots personalizados para tratar tumores de vejiga. En el futuro los biorrobots se encargarán, por ejemplo, de transportar fármacos a la diana marcada, aumentando la efectividad de los mismos y reduciendo e incluso eliminando en algunos casos los efectos secundarios; viajar hasta el preciso lugar donde debe cortar y pegar una secuencia genética para acabar con una enfermedad rara; reparar tejidos dañados después de un infarto, o dirigirse a la caza y eliminación de toda célula sospechosa o cuerpo extraño. También veremos la evolución de la biología sintética, que permitirá personalizar los organismos mediante la configuración del ADN. Las posibilidades que abre el crecimiento exponencial de nuestros conocimientos sobre los mecanismos de funcionamiento del mundo y de la vida nos aboca a campos inexplorados y difícilmente imaginados hasta ahora; las líneas de investigación que combinan neuronas humanas y chips, son un ejemplo. El proyecto, en el que participa la Universidad de Barcelona, se llama Neu-ChiP y trata de determinar si es posible introducir una ‘parte humana’ en las computadoras. Todo hace pensar que veremos avances espectaculares en los próximos años. En palabras de José Ignacio Latorre en su libro Ética para máquinas: “La ciencia dura, la biología molecular y celular, avanza de forma imparable hacia una comprensión mayor de los mecanismos que nos mantienen vivos. Llevamos menos de un siglo desde que los humanos comprendieron los primeros detalles del ADN. Nos llevará un tiempo entender su minucioso funcionamiento. Pero no hay duda, comprenderemos, interferiremos, manipularemos la química de la vida”.

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Como vemos, el tradicional método de prueba-error está siendo desplazado por las simulaciones virtuales en todas las áreas, también en la industria, que cuenta con una tecnología al alza y que se ha desplegado especialmente en sector de la salud. Se trata de los llamados Digital Twins, réplicas virtuales que, por ejemplo, en instalaciones industriales, simulan los procesos productivos, manejando información en tiempo real. La versión analógica, y precedente de esta filosofía, fue el módulo gemelo del Apolo 13 en la Tierra, que sirvió para salvar la vida de los astronautas y completar con éxito una misión con margen cero para el error. Y si un ámbito de la robótica industrial se consolida por momentos es el de los robots colaborativos.

El uso de la IA en la atención sanitaria no sólo beneficiará a hospitales y médicos, también al ciudadano, que podrá acceder a múltiples herramientas de salud desde sus dispositivos portátiles. Existen numerosas investigaciones en marcha que permitirán a corto plazo, por ejemplo, detectar con la cámara del teléfono señales tempranas de un posible cáncer de piel; también mediante el teléfono móvil, detectar posibles signos de la enfermedad de Parkinson por los cambios en la voz, o por irregularidades en el movimiento al caminar. Pulseras y relojes inteligentes pueden ya realizar electrocardiogramas en tiempo real, y se estudian como soporte a la teleasistencia. Las etiquetas inteligentes, que incorporan tecnología IoT, colocadas en lugares que el usuario utilice cada día, como la nevera, el pastillero o la puerta del baño –se comercializan en kits de 5 etiquetas–, alertan a los familiares cuando dejan de detectar movimientos habituales, un sistema que salvaguarda la intimidad –y dignidad– del anciano, frente a la monitorización en vídeo. Para el segmento senior, además de los sensores de presencia, hay pastilleros inteligentes o robots sociales, como Misty, un pequeño robot, adaptado por Grupo Saltó dentro de su proyecto Somcare, que el Ayuntamiento de Barcelona ha distribuido en 20 hogares como parte de un programa piloto que se inició en enero de 2020, con el que busca valorar los beneficios de incorporar estos aparatos al día a día de las personas mayores que viven solas.

También veremos el despegue de la robótica social, con inteligencias artificiales entrenadas para interpretar nuestras expresiones no verbales y su correspondencia con emociones, que serán capaces de imitar las respuestas humanas. Hace algunos meses, el fabricante de la famosa robot humanoide Sophia, Hanson Robotics (Hong Kong), anunciaba su producción en masa. Al parecer también será Sophia quien atienda a los medios de comunicación en las próximas elecciones de la comunidad de Madrid. Y lo último, un sistema de IA en estudio en EE UU, para incorporar al inodoro: éste toma una imagen de las heces dentro de las tuberías y envía la información al facultativo.

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Rumbo al futuro

Primero hicieron el trabajo duro, y nuestros músculos lo agradecieron –aunque ya no son lo que eran–. Después lo calculaban todo en un plis plas, un verdadero alivio para nuestros circuitos neuronales encargados de asistirnos en las tareas de cálculo mental –existen evidencias de que se está reduciendo el llamado ‘efecto Flynn’: nombre que recibe el hecho de que el coeficiente intelectual aumente en cada generación–. Hoy pueden tomar algunas decisiones por nosotros lo cual, a veces, es francamente cómodo, pero ¿hasta qué punto la comodidad nos hará dejar de reflexionar sobre la responsabilidad de nuestras decisiones y, finalmente, abdicar de ellas, en una vuelta al ‘que inventen ellos’, en este caso los robots, ya que tanto saben? Los investigadores alertan sobre el peligro de delegar los factores éticos que intervienen en el proceso de toma de decisiones, lo que unido a los numerosos vacíos legales que se van a generar con la implantación de las tecnologías involucradas en la IA, está movilizando a los gobiernos en muchos puntos del planeta y algunos parlamentos ya están legislando al respecto.

En 2019 la Unión Europea publicó un primer documento, Directrices Éticas para una IA fiable, elaborado por un grupo independiente de expertos de alto nivel sobre inteligencia artificial, y este pasado mes de abril fue publicada la propuesta de Reglamento sobre el marco jurídico aplicable a estos sistemas. El documento establece cuatro niveles de riesgo, así como las obligaciones y sanciones a cumplir en cada caso. Se considerarán sistemas de IA prohibidos aquellos que conlleven un riesgo intolerable para la vida y los derechos fundamentales, por ejemplo, aquellos capaces de manipular el comportamiento humano. Los sistemas de alto riesgo, por su parte, atañen a sectores relacionados con infraestructuras críticas, salud, administraciones públicas, o con los sistemas de identificación y categorización de las personas por reconocimiento facial. El riesgo medio/bajo se refiere a aquellos sistemas que incorporen tecnologías poco intrusivas, como los asistentes virtuales o los chatbots.

EE UU o China también han elaborado sus documentos sobre los posibles efectos negativos de las decisiones autónomas que podrán tomar los sistemas de IA, pero sus textos son menos garantistas que los europeos. En cualquier caso, las legislaciones de cada país deberán adaptarse a nuevos supuestos. Por ejemplo, ante un mal funcionamiento de un sistema de IA que causa daños a terceros quién será responsable: ¿el usuario, el fabricante del producto, la compañía de software, el individuo creador del algoritmo?; si un transporte autónomo tiene que decidir entre dos o tres opciones, todas ellas con consecuencia de muerte de una persona, ¿qué hará?, ¿valorará lo que le cuesta al estado cada individuo?, ¿el tiempo estimado que le queda a cada uno por vivir?, ¿podremos programar a las máquinas para que ‘entiendan’ que todas las vidas valen lo mismo? También tenemos derecho a saber ‘qué ha hecho’ el algoritmo que deniega nuestra hipoteca, y si un asistente virtual nos reserva hora en la peluquería –el caso real en www.youtube.com/watch?v=l9BTMWOupGM–, el interlocutor tiene derecho a saber que está hablando con un sistema artificial (¡si Turing levantara la cabeza!).

En estos momentos, grandes potencias, algunas viejas y otras que despertaron y se crecieron, e incluso algunas hoy aún gestantes, se van a disputar, ya lo están haciendo, el liderazgo tecnológico, y no todas con el mismo estilo de gobernanza. China juega fuerte: su apuesta por la IA es contundente, su hegemonía en el despliegue de la tecnología 5G y su control mundial (80%) del procesamiento de las llamadas ‘tierras raras’, la colocan en una posición de lujo para sus objetivos. Las piezas se mueven rápido y los contrincantes son titanes. No va a ser fácil. Pero tal vez Europa pueda tener un papel singular en el nuevo mundo. Los que estamos a bordo de este pequeño y viejo bajel nos hemos ido dotando, por voluntad propia, de decálogos consensuados de derechos y deberes en cuyo marco, a lo largo de los años y de los innumerables hechos abominables acaecidos, hemos logrado vivir en paz y que la mayoría de nosotros tenga una vida digna. El reto, y la oportunidad, será velar por que la próxima revolución industrial, en la que ya estamos inmersos, nos conduzca hacia una sociedad que se siga sustentando sobre los valores de libertad e igualdad, sin que ello interfiera en el desarrollo y la expansión de estas tecnologías.

La adopción generalizada de la IA aumentará la productividad y conllevará ahorros de tiempo y mejoras en todas las industrias. Pero existe inquietud sobre cuáles son los cambios que nos esperan con la Cuarta Revolución Industrial en la distribución de la riqueza y en el mercado laboral. Las tres primeras revoluciones crearon mucho trabajo, de carácter especializado y repetitivo, y a su amparo la humanidad mejoró sus condiciones de manera muy significativa: en 1820, el 94% de la humanidad vivía en extrema pobreza, en 1960 este grupo lo constituía el 60% de la población mundial, hoy este porcentaje se ha reducido al 10%. Las cifras también han mejorado en educación, en población mundial vacunada o en mortalidad infantil. Entretanto, en los países desarrollados la riqueza se fue desplazando hacia el centro, dando origen a una clase media que se ensanchó progresivamente. En la década de los 70, en plena Tercera Revolución Industrial, tuvo lugar el boom del sector servicios, generando que la mayoría de puestos de trabajo se basen en datos desde entonces. Tareas especializadas y repetitivas para las que la Cuarta Revolución Industrial trae herramientas que hacen innecesarios a los humanos en esos puestos.

Nadie puede predecir cuántos trabajos desaparecerán y cuántos nuevos surgirán, lo que parece claro es que cualquier tarea que requiera especialización o repetición la hará mejor una máquina. La clase media –que ha sustentado el estado del bienestar con el sistema de impuestos– mengua su representatividad y la escalera social prácticamente ha desaparecido. Se atisba una polarización que devolvería a la sociedad a los dos extremos: se generarán puestos que requerirán estudios de alto nivel remunerados con salarios altos, y puestos que no requieren de estudios superiores y que las máquinas no pueden hacer, por salarios muy bajos y muy alta temporalidad. Se habla del ‘ascenso del precariado’. Según el Observatorio Económico BBVA ¿Cuán vulnerable es el empleo en España a la revolución digital?, en torno al 36% del empleo en nuestro país es automatizable. Ello implica una pérdida masiva de puestos de trabajo en la clase media, también en la clase alta, donde especialidades concretas, como la radiología, por ejemplo, también se pueden ver afectadas. Contables, consultores, personal de agencias de viajes, de restaurantes de comida rápida, traductores, actores de doblaje, conductores y transportistas a todas las escalas, también los riders que serán sustituidos por drones autónomos y veloces máquinas cuadrúpedas que entregarán los paquetes… Si su puesto de trabajo es específico y repetitivo, una máquina lo hará mejor. Si usted tiene que improvisar, aportar ideas y combinar conocimientos y habilidades distintas, sobre todo las relacionadas con las personas, entonces usted siempre lo hará mejor. Hasta que la ciencia y la tecnología demuestren lo contrario.

Todo ello plantea peguntas muy complejas que requieren de las habilidades que nos caracterizan como especie para ser respuestas, preguntas que no son muy distintas de las que ya nos hacíamos en la Grecia y la Roma antiguas. Tenemos mucho sobre lo que reflexionar antes de dar rienda suelta a los algoritmos que construirán nuestro mundo y diseñarán nuestra manera de vivir. En cualquier caso, y fieles al modus operandi que forma ya parte de nuestro ADN, el asunto deberá primero someterse al ágora, nuestra mejor herramienta con la que poner rumbo al futuro.

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Epílogo. MOD S3-E3 7G

Año: El que ustedes quieran imaginar.

Lleva un par de horas sin hablar, sin sugerirme algo con lo que halagarme, con lo que cuidar de mí. Hacemos ver que no lo sé, pero cuando me trae un yogurt, con su cucharilla y todo, es porque mi estómago no anda fino y él lo sabe mucho mejor que yo, de hecho, antes que yo, y algo debe notar en mi voz cuando, a veces, sin comerlo ni beberlo, decide ponerme un directo de Scorpions a todo trapo, no sin antes, por supuesto, preguntar. Me tiene controlada… Y yo encantada.

Desde que está en casa tiene su propio espacio, con sus herramientas y sus piezas de recambio para autorrepararse. ‘Piezas’. Deberían inventar otra palabra, se me hace raro hablar de él como de la lavadora, aunque sé que, en esencia, es exactamente lo mismo: una máquina que hace la vida más fácil a un humano. Ni siquiera le puse nombre.

Me dirijo a su habitáculo. La estancia parece más confortable de lo habitual, una cálida penumbra y, sonando, Sonidos de la naturaleza. Perecía placenteramente absorto en algo, aunque claro, un amasijo de chips no puede estar absorto en nada, y menos placenteramente.

—“¿Qué haces E3?—, pregunté.

—“Me apetecía releerme 100 años de soledad”—, fue su singular respuesta.

Vaya…, me dije, ahora sí que E3 ya es, podría decirse, uno de los nuestros.

Toca repensar el mundo

La Tierra se deshace
TENDENCIAS 
Biomímesis, una nueva mirada 

Esta empresa, de nombre Tierra, ha invertido todos sus recursos en I+D desde hace 4.000 millones de años; cada recurso de cada ser vivo ha sido utilizado para mejorar su relación con el medio, desarrollando un sistema de eficiencia perfecta en permanente adaptación. Pero una de las especies que la habitan, la humana, ideó un mundo a expensas de la lógica biológica, en su complacencia de saberse dotada, sin lugar a dudas, de grandes cualidades frente a otras especies de su entorno. En él, el mundo ideado, el hombre lo era todo para el hombre –con permiso de Hobbes–, y en ese arrogante proceso de desapego y desprendimiento de la natura, decidimos extraer, diseñar, fabricar, consumir y desechar en base a un modelo que hoy se revela errado para el que debiera ser su objeto: preservar la vida a largo plazo.
Nuevas aportaciones se abren paso ante la urgencia de rediseñar en su conjunto el sistema de generación y distribución del sustento humano, y en definitiva de la gestión global de los recursos, entre ellas la biomímesis o biomimética, una disciplina supuestamente disruptiva que no hace más que mirar hacia algo que siempre estuvo ahí: la naturaleza. Su objeto es resolver problemas actuales que la naturaleza ya ha resuelto, averiguando e imitando cómo lo hace. Si queremos virar hacia una economía circular, (que, como la biomimética, contempla ciclos productivos y económicos en los que la mayor parte de los desechos vuelve a convertirse en recurso), si el objetivo es pasar del residuo inmortal al residuo cero y de la sobreexplotación de los recursos a su optimización, cada sector deberá acometer su particular andadura desde la linealidad hacia sistemas cerrados, tránsito que introducirá una variable imprescindible: la cooperación. Luego, cosidas las piezas, habrá que esperar que el nuevo paradigma engrane como lo hizo en su momento el sistema capitalista, que ha contribuido a la prosperidad de una parte importante de las sociedades, y cuyas imperfecciones, algunas inadmisibles, ha llegado el momento de superar, con la mirada puesta en un nuevo capitalismo, consciente, colaborativo y circular. Mónica Daluz / pdf

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TENDENCIAS 

Biomímesis, una nueva mirada

Toca repensar el mundo

Mónica Daluz
12/02/2020

Esta empresa, de nombre Tierra, ha invertido todos sus recursos en I+D desde hace 4.000 millones de años; cada recurso de cada ser vivo ha sido utilizado para mejorar su relación con el medio, desarrollando un sistema de eficiencia perfecta en permanente adaptación. Pero una de las especies que la habitan, la humana, ideó un mundo a expensas de la lógica biológica, en su complacencia de saberse dotada, sin lugar a dudas, de grandes cualidades frente a otras especies de su entorno. En él, el mundo ideado, el hombre lo era todo para el hombre –con permiso de Hobbes–, y en ese arrogante proceso de desapego y desprendimiento de la natura, decidimos extraer, diseñar, fabricar, consumir y desechar en base a un modelo que hoy se revela errado para el que debiera ser su objeto: preservar la vida a largo plazo. Nuevas aportaciones se abren paso ante la urgencia de rediseñar en su conjunto el sistema de generación y distribución del sustento humano, y en definitiva de la gestión global de los recursos, entre ellas la biomímesis o biomimética, una disciplina supuestamente disruptiva que no hace más que mirar hacia algo que siempre estuvo ahí: la naturaleza. Su objeto es resolver problemas actuales que la naturaleza ya ha resuelto, averiguando e imitando cómo lo hace. Si queremos virar hacia una economía circular, (que, como la biomimética, contempla ciclos productivos y económicos en los que la mayor parte de los desechos vuelve a convertirse en recurso), si el objetivo es pasar del residuo inmortal al residuo cero y de la sobreexplotación de los recursos a su optimización, cada sector deberá acometer su particular andadura desde la linealidad hacia sistemas cerrados, tránsito que introducirá una variable imprescindible: la cooperación. Luego, cosidas las piezas, habrá que esperar que el nuevo paradigma engrane como lo hizo en su momento el sistema capitalista, que ha contribuido a la prosperidad de una parte importante de las sociedades, y cuyas imperfecciones, algunas inadmisibles, ha llegado el momento de superar, con la mirada puesta en un nuevo capitalismo, consciente, colaborativo y circular.

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Alarma, por tierra, mar y aire

Al principio, la vida era anaeróbica. Más tarde, un grupo de cianobacterias, en el medio marino, realizó su primera fotosíntesis –las algas adoptarían después este mecanismo– generando un desecho en forma gaseosa que lo cambiaría todo: el oxígeno. Entretanto, la colaboración entre organismos unió una mitocondria, –una auténtica fábrica de energía que por entonces vivía de forma independiente en los ‘recién’ formados océanos, deambulando sumergida en la ‘sopa primigenia’–, con una célula, que la alojó (en realidad la engulló sin digerirla, la fagocitó) y donde se aposentó para dedicase, ahora sí, al 100% a su función: generar energía. En su relación simbiótica, con la que ambas redujeron su inversión en recursos para ser más eficientes, el orgánulo hospedado obtenía nutrientes y un medio protector, y la célula, por su parte, contaría para siempre con una inagotable fuente de energía con la que acometer sus funciones, entre ellas la división celular, sobre la que se asienta la evolución.

Y la reacción del nuevo gas, el oxígeno, con otros liberados a la atmósfera durante una fase de violentas erupciones volcánicas dieron origen a la formación de otro gas, el ozono, que se acumuló en la capa más externa del planeta y que constituye una barrera que hace posible la vida tal y como la conocemos. Así que sin ozono, se acabó.

Hoy la alteración de los ecosistemas, con una preocupante situación de desoxigenación de los océanos y de erosión y pérdida de fertilidad del suelo, hace peligrar el abastecimiento de alimentos. Los desequilibrios se suceden y sus consecuencias en cadena ponen de manifiesto la necesidad de una intervención urgente (ya en 2011 el científico Spencer Weart sugirió que “el sistema climático es sensible a los cambios pequeños y puede cambiar fácilmente de un estado estable a uno distinto”). Este apremio es el que lleva a buscar el camino más corto hacia un cambio de modelo de gestión de los recursos que consume el ser humano, desde el alimento, las medicinas o la energía, hasta la ropa, los envases o las actividades de ocio. La prioridad es, llegados a este punto, librarnos de este excedente imparable de desechos no valorizables: que no servirán para nada nunca más y que ocuparán un espacio en el planeta para siempre. La solución pasa por integrar el flujo de desechos en el circuito; si nos fijamos en la naturaleza vemos que nada desecha, que no produce nada inservible: que no consume más recursos que los estrictamente necesarios. En los ecosistemas naturales los residuos de un organismo son los nutrientes de otra forma de vida, de modo que todo circula sin fin… La biomímesis se inspira en la naturaleza para crear tecnologías innovadoras y propone respuestas a la insostenibilidad que nos acucia, sugiriendo una economía que, como la naturaleza, cierre círculos con el objeto de minimizar la extracción de materias primas y la generación de residuos.

Esa nueva mirada en el abordaje de los retos de nuestra era, una mirada dirigida hacia el laboratorio más antiguo de la historia, trata de resolver problemas de distinta índole (ingeniería, medicina, ciencia de los materiales o electrónica, entre otras muchas) replicando sintéticamente diseños de la naturaleza; “en ella –como argumentan desde el Instituto de Ciencias Biomiméticas (BSI)– se han testado, evolucionado y desarrollado todo tipo de estructuras, nano-modelos, estrategias y configuraciones con un nivel de eficacia imbatible, fruto de un exigente e implacable proceso de selección”.

La naturaleza, donde la forma es función, inspiró a Da Vinci y a Gaudí, y a tantos otros desde los primeros tiempos hasta nuestros días, como al ingeniero suizo George De Mestral, que ideó el velcro tras un paseo campestre en el que acabó con decenas de semillas de bardana adheridas a su ropa. Otro de los ejemplos más conocidos de aplicación biomimética –aunque en ese momento no se le había dado nombre– son los trajes de baño que la marca Speedo fabricó imitando la piel del tiburón –que está cubierta por pequeñas escamas dentadas que reducen la fricción al paso del agua–, y que fueron utilizados por los nadadores del Campeonato Mundial de Natación en los años 2008 y 2009, rompiendo más de 130 marcas. En 2010 se prohibió su uso en competición por ser considerados ‘doping tecnológico’, pero ese diseño se está aplicando en los cascos de barco ya que su estructura, además, dificulta que se adhieran algas y moluscos. Otros ejemplos son menos conocidos, como las turbinas eólicas con aspas provistas de nódulos que permiten generar más energía que las aspas convencionales con menor velocidad de viento, y están inspiradas en los nódulos del cachalote, que le permiten generar fuerza y velocidad cuando hace giros cerrados.

Hoy ya existen múltiples soluciones que replican formas y funciones naturales de los organismos, pero las posibilidades son todavía mayores. Un importante reto lo constituye poder replicar el modo en que las plantas realizan la fotosíntesis, para avanzar en la definición de un nuevo modelo energético; es la llamada fotosíntesis artificial. En el CIC biomaGUNE de Guipúzcoa consiguieron el año pasado replicar la primera fase del proceso de fotosíntesis que realizan las plantas. La industria de la automoción viene mostrado interés por esta línea de innovación: Hyundai presentó, ya en 2015, su concepto de automóvil del futuro inspirado en el proceso de fotosíntesis, proponiendo un vehículo con toda su cubierta exterior revestida con celdas solares. Luz solar y agua, a través del proceso de electrólisis del agua, serían suficientes para generar el combustible: hidrógeno.

La necesidad de hallar nuevos materiales y nuevas moléculas ha suscitado un interés creciente por la biomimética, que tiene distintos niveles de abordaje y complejidad. Así lo explica el Dr. Francesco Sottile, responsable científico del BSI: “En su nivel más básico, la biomimética se limitaría a imitar las formas naturales en su aspecto externo; a un nivel más profundo, se estudiarían procesos naturales complejos para transferirlos a la solución de retos técnicos; y finalmente, en su expresión más profunda se desarrollarían procesos de diseño integrales, 100% ‘biocompatibles’ desde su inicio”. Las razones por las que la investigación se está focalizando en el estudio y desarrollo de materiales de origen biológico o inspirados en la biología se explican por el mayor conocimiento que hoy se tiene de los mecanismos biológicos y por la aparición de tecnologías que permiten la observación y manipulación de las estructuras atómicas y moleculares a escala nanométrica.

Corriente sin fricción. En la naturaleza encontramos con frecuencia un patrón de refrigeración en forma de espiral logarítmica...

Corriente sin fricción. En la naturaleza encontramos con frecuencia un patrón de refrigeración en forma de espiral logarítmica. Un diseño con aplicaciones en el desarrollo de dispositivos rotatorios que refrigeren, utilizando una cantidad de energía mínima.

Biomimética y nanotecnología: descubriendo un nuevo mundo

La irrupción, en los años 80, de tecnologías que permitieron observar y manipular las estructuras de la materia a nivel nanométrico desveló las posibilidades que abría, en numerosos campos, la capacidad de replicar principios y estructuras que ya existen en animales, plantas, bacterias u hongos. Las nanoestructuras tienen la particularidad de presentar unas propiedades físicas y químicas muy distintas a las que mostrarían los mismos materiales a otras escalas. Este control sobre el tamaño, la morfología y la distribución de sus componentes permite modificar o incorporar propiedades y establecer relaciones sinérgicas entre ellas en función del objeto de aplicación.

Si a lo largo de la historia nuestro progreso colectivo ha ido ligado a los tipos de materiales que hemos utilizado, y que han definido largas eras como la de piedra, del bronce…, ahora en la del plástico, y del silicio, se hace necesario hallar nuevos materiales y funciones que nos ayuden en la implementación del pretendido modelo circular, dotando a la industria de un nuevo arsenal de materiales que utilizar en su travesía. Todavía existen materiales en el planeta cuyas propiedades desconocemos. Es el caso del grafeno, que no fue hasta 2018 cuando se observó que este material, conocido y muy abundante en la Tierra, adquiría unas superpropiedades al disponerlo en dos capas rotadas en un ángulo determinado, de 1,1 grados –el ‘ángulo mágico’–, y que valió a sus descubridores, que lo aislaron por primera vez en 2004 con un trozo de cinta adhesiva, el Nobel de Física en 2010.

El grupo de investigación de materiales funcionales nanoestructurados del Centro de Investigación en Nanociencia y Nanotecnología del CSIC, es uno de los centros de investigación que trabajan en esta aproximación. El investigador Daniel Ruiz–Molina lo explicaba así en declaraciones recientes: “Nuestro objetivo, haciendo materiales funcionales nanoestructurados a estas escalas, es conseguir nuevas propiedades y nuevas aplicaciones que no se pueden conseguir con los materiales tradicionales; y decimos que son funcionales porque todo este proceso de integración a través de la nanoescala ha de tener unos objetivos específicos, ha de tener una aplicación, sea nanomedicina, materiales inteligentes, etc”. Otros proyectos del CSIC incluyen el diseño de materiales inteligentes que cambian sus propiedades ópticas en función del entorno: materiales fotocrómicos que cambian de color cuando les da la luz, por ejemplo, y que podrían implantarse en cerramientos en edificación, con ventanas inteligentes que regularían el paso de la luz, contribuyendo al ahorro energético.

En este viaje al centro del mundo nanométrico, donde nada es lo que parece, los científicos tratan de ‘deconstruir’ los mecanismos por los que, por ejemplo, “el revestimiento interior de la concha de una oreja de mar es el doble de duro que nuestras cerámicas de alta tecnología; la seda de araña es cinco veces más fuerte, gramo por gramo, que el acero; el adhesivo de los mejillones actúa bajo el agua y se pega a todo, incluso sin imprimación; y el cuerno de rinoceronte se autorepara, a pesar de no contener células vivas”, como cita la autora que divulgó el concepto de biomímesis Janine M Benyus, en su libro Biomímesis, cómo la ciencia innova inspirándose en la naturaleza.

Los ejemplos sobre aplicaciones son numerosos: materiales para amortiguar impactos que imitan el cartílago; el kevlar de los chalecos antibalas, que reproduce la estructura de una tela de araña; botellas que extraen agua de la humedad del aire, inspiradas en las estrategias del escarabajo de Namibia; tejidos y pinturas que imitan las estructuras de la hoja de loto, que repele el agua y se autolimpia, mediante sus microestructuras y nanoestructuras que por el ángulo de su contacto con el agua hace que ésta ruede sobre su superficie –este mecanismo, llamado ‘efecto loto’, se descubrió en 1982 y una de sus aplicaciones comerciales es la pintura biomimética de Lotusan–; ventiladores que mejoran su eficiencia replicando las espirales logarítmicas de la naturaleza; robots industriales que realizan un trabajo cooperativo a semejanza de las hormigas, –como las Bionic Ants, de Festo–; edificios que emulan los montículos de arena de las termitas para regular la temperatura –el Eastgate Centre Zimbabwe, del arquitecto Mick Pearce, es un ejemplo–; plásticos que se autorreparan imitando la cicatrización de la piel de los mamíferos; adhesivos para medios húmedos con moléculas como las de las proteínas con las que los mejillones se adhieren a las rocas; ropa transpirable que copia el movimiento de las escamas de la piña en presencia de humedad; sistemas de alerta oceánica basados en ultrasonidos como los que emiten los delfines; o el guante de silicona creado por científicos de la Universidad de Stanford capaz de permitir a una persona ascender por una pared de vidrio, a base de un material inspirado en una lagartija, el geco tokay, que se desplaza fácilmente por superficies verticales planas –el guante utiliza las mismas fuerzas de atracción y repulsión entre las moléculas (fuerzas de Van der Waals) que utilizan estos individuos–, y podría tener aplicaciones, por ejemplo, en la industria aeroespacial para utilizar en situaciones de ingravidez. Y esto es sólo la punta del iceberg.

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Nuevos instrumentos para la medicina que viene

El ámbito sanitario es uno de los más prolíficos en investigación sobre aplicaciones procedentes de inspiraciones biomiméticas; los investigadores tienen entre manos prometedores estudios focalizados en el desarrollo de nuevos fármacos, así como en sistemas para su transporte y liberación en el interior del organismo, y de tejidos biomiméticos, entre otros. En este sentido, el Dr. Sottile destaca el trabajo del grupo de investigación del IBEC, Institute for Bioengineering of Catalonia, “que está desarrollando tejidos in vitro –detalla– con el objetivo de recapitular la funcionalidad celular in vivo; por ejemplo, un nuevo modelo de epitelio intestinal creado imitando el intestino real, bioimprimido en 3D, tendrá como objetivo avanzar en el modelado de enfermedades, la detección preclínica de toxicidad de medicamentos, la comprensión del desarrollo de órganos y las aplicaciones de medicina regenerativa”. En el campo farmacéutico, el presidente y fundador del BSI Dr. Pere Monràs nos habla del caso de Bionure, “una empresa de biotecnología que actualmente se encuentra en fase de ensayos clínicos, y que ha desarrollado un principio activo para combatir enfermedades neurodegenerativas, como la neuritis óptica. A diferencia de otras aproximaciones de investigación, enfocadas a limitar el alcance de la lesión a la capa de mielina que protege a la neurona, se ha incidido sobre la capacidad de regeneración de la propia neurona”.

Los tratamientos inmunoterápicos también se enmarcarían dentro de este enfoque que observa los procesos biológicos naturales para, a modo de copiloto, ir eliminando los obstáculos que entorpezcan dichos procesos cuando son causantes de enfermedad, y potenciar las destrezas del propio organismo. El médico ayuda al piloto, el sistema inmunológico, a encontrar las células cancerígenas escapistas frente a las que ha quedado ‘ciego’. Inyectar un virus modificado en un tumor para llamar la atención de los leucocitos y guiarlos hasta él o inhibir determinadas proteínas que expresa la célula tumoral para hacerse invisible, son algunas de las estrategias de cooperación entre el científico y los mecanismos que utiliza la naturaleza, en este caso, nuestro sistema inmunológico. Los avances en epigenética, por su parte, igualmente evidencian que es posible curar enfermedades con fármacos basados en eliminar los ‘residuos’ acumulados en un determinado gen, que han hecho que éste se exprese o haya dejado de expresarse cuando no debe, causando la enfermedad; lo hacen ‘limpiando’ el gen de esos residuos procedentes de los procesos de metilación con la finalidad de que éste se exprese como tenía ‘programado’ originariamente en su fenotipo.

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Las aplicaciones de las nanopartículas que imitan o mimetizan componentes biológicos están permitiendo avanzar hacia la medicina personalizada; ya se está trabajando sobre nanopartículas con fármacos en su interior que activan su toxicidad al llegar al núcleo de la célula cancerígena, –liberación controlada de fármacos–, o soluciones como las del Grupo de Materiales Funcionales Nanoestructurados del ICN2 (NanosFun), que investiga en recubrimientos inspirados en mejillones para las nanopartículas que transportan fármacos al cerebro, con el objetivo de proteger químicamente el fármaco transportado.

El acceso al micromundo nanométrico hace observar la biología más allá del tradicional punto de vista de los procesos químicos, cobrando especial relevancia la aplicación de los conocimientos y herramientas procedentes de la física. La llamada ‘física biológica’ se centra en el papel de las fuerzas y la mecánica en biología. En este sentido, existe material quirúrgico y sanitario que, imitando la estructura en ‘V’ de las escamas de la piel del tiburón, inhibe el crecimiento de bacterias; dicha estructura requiere más energía por parte de las bacterias para permanecer adheridas, por lo que optarán por otras superficies. Su implantación en superficies críticas, podría ser una aliada para frenar la resistencia antibiótica.

Otro objeto de estudio en el ámbito del biomimetismo son las estrategias que utilizan los animales para garantizar su supervivencia a la hora de evitar o buscar, y en qué circunstancias, determinadas hojas; criba a partir de la cual tratar de descubrir nuevos fármacos. El reino animal nos brinda soluciones cada vez con más frecuencia: hace tan solo unas semanas, en el Instituto Hubrecht (KNAW, Países Bajos) creaban en laboratorio por primera vez, veneno de serpiente reproduciendo la estructura de sus proteínas. A partir de las toxinas de los venenos de serpiente, muchas de las cuales aún no han sido identificadas, los fármacos inspirados en ellas podrían incluir nuevos relajantes musculares, analgésicos o anticoagulantes, además de paliar el problema de la falta de antídotos. El mar, por su parte, dada su gran diversidad biológica, viene siendo también una fuente de principios activos. En la actualidad los investigadores tratan de encontrar en el medio que originó la vida, organismos que produzcan moléculas distintas a las que conocemos. La observación de las interacciones de estos organismos, que han desarrollado potentes sistemas de defensa debido a sus exigentes condicionantes ambientales, ya ha dado origen al descubrimiento de nuevas moléculas. Hay varios fármacos de procedencia marina que se están usando para el tratamiento del cáncer; la biotecnológica PharmaMar es una de las compañías que los desarrollan.

Por otra parte, la tendencia hacia la integración de la tecnología en organismos vivos hace preciso hallar fuentes de energía biocompatibles. Ya en 1799 las anguilas eléctricas inspiraron el diseño de la primera batería; en 2018, investigadores de la Universidad de Michigan han replicado los conceptos básicos del proceso por el que las anguilas eléctricas generan las descargas con las que aturden a sus presas. Ello abre la puerta al desarrollo de órganos eléctricos artificiales, que se podrán aplicar en robots blandos y en la activación de implantes, como los marcapasos. Y lo último en integración son los robots biológicos, organismos vivos programables, bautizados ‘xenobots’…

De vuelta a la simbiosis

La vida es larga, y en su transcurrir, en nuestro hogar entran decenas de objetos que con el tiempo ocupan un espacio que no tenemos. Aunque siempre podemos deshacernos de ellos cuando la situación resulta insostenible, y en cajones y armarios ya no cabe, literalmente, nada más. Pero ¿y si no hubiera dónde ni modo de sacárnoslos de encima? No tendríamos más remedio que convivir con nuestros desechos; y eso es lo que hacemos cuando diseñamos, fabricamos y consumimos productos inmortales. Si la superpoblación del planeta supone un problema de espacio, la superpoblación de basura indestructible, a este ritmo, es matemáticamente insostenible en el tiempo.

El paradigma lineal de la ‘era del clínex’ causa contaminación ambiental y desaprovecha recursos: “Reciclamos menos de la mitad de nuestros residuos –señalan los portavoces del BSI – y, puesto que el diseño del producto no ha contemplado el residuo en origen, no existen las infraestructuras necesarias para su reciclaje o reutilización. El reciclaje no debería ser el estadio final de un producto; el desecho en sí debería dejar de formar parte de la cadena de producción”.

La economía circular, donde todo es recurso, se basa en el estudio de sistemas no lineales, como el clima o los ecosistemas (lo aborda la bioeconomía), con el objetivo de mantener las materias primas el máximo tiempo en uso, convirtiendo los flujos de residuos en cadenas de valor. Resulta fundamental, pues, ecodiseñar. Por lo que respecta a los componentes durables –a diferencia de los consumibles, que vuelven a la biosfera tras varios ciclos de uso– éstos no son biodegradables, por lo que, bajo este modelo, deberán ser diseñados para facilitar su reparación, actualización, reutilización o, en su momento, refabricación –ya que sus piezas estarían pensadas para volver a transformarse en materiales con los que fabricar nuevas piezas–.

El modelo circular reduce la extracción de materias primas, el coste de fabricación, la emisión de CO2, el precio del producto, y el residuo. Pero el fabricante, que ahorraría en procesos y optimizaría los ciclos de reutilización y refabricación, tendría que asegurarse de recuperar los componentes de los productos expresamente desarrollados para tener nuevos ciclos de uso. La opción que se baraja –para productos como coches, móviles, electrodomésticos…– es que el fabricante mantuviera la propiedad del producto, lo que conllevará el paso de un modelo de consumidores a otro de usuarios. Al nuevo consumidor/usuario, que también podrá ser productor, se le requiere la toma de conciencia para un cambio de hábitos y valores, en la línea del uso compartido de bienes y servicios, la autoproducción de energía y alimentos, o el consumo y la movilidad responsables, entre otras cuestiones.

Desde que en 2015 la Comisión Europea adoptara un paquete de medidas destinadas a impulsar la transición hacia la economía circular, los avances se suceden en los sectores clave, como el energético o el agrícola y ganadero, y cada vez son más los ejemplos de simbiosis industrial. Este nuevo modelo económico en su natural dinámica genera alianzas locales, nuevas sinergias y nuevos modelos de negocio, también nuevas filosofías empresariales y nuevos estilos en las relaciones laborales, propios del llamado capitalismo consciente. Y como la innovación en biología, ciencia de los materiales, nanotecnología, robótica, etc. hay que colocarla, y lo antes posible, en el circuito de producción y consumo, la innovación en ciencias económicas y empresariales ha de ser también protagonista del tránsito hacia el nuevo paradigma. Estas disciplinas deberán buscar otros puntos de vista con los que hallar nuevas oportunidades que aún no habíamos visto, no porque no estuvieran ahí sino porque no habíamos mirado.

Todo el funcionamiento de nuestra economía está llamado a cambiar. Esta transformación a todos los niveles va a requerir talento, innovación –ergo inversión- y compromiso. ¿Disciplinas implicadas? Innumerables: desde la ética o la economía, hasta la biología o la robótica y, claro, la biomimética. ¿Cómo produciremos?, ¿cómo generaremos –y distribuiremos– energía?, ¿cómo consumiremos?, o ¿cómo serán nuestras ciudades, nuestros hogares, nuestras empresas, y nuestras escuelas y universidades?, ¿cómo viviremos nuestra salud y nuestra enfermedad?, ¿cómo nos comunicaremos? o ¿cómo moriremos? La respuesta a estas y otras muchas preguntas será aquella que entre todos decidamos dar. En cualquier caso, independizarnos de la naturaleza no parece haber sido una buena idea. Roto el equilibrio perfecto, las prospectivas apuntan hacia la insostenibilidad de nuestra forma de vida, e insostenible es algo que, antes o después, desaparecerá. Para la humanidad ha llegado la hora de enfocar el futuro con una nueva mirada, antes de que todos nuestros momentos se pierdan en el tiempo…

Por lo que respecta a ella, la Tierra, ahí seguirá, seguramente distinta, ocupando su lugar en el Universo. Aunque nosotros ya no estemos.

Gestión energética en la industria: cambio de ciclo

gestión energética
EFICIENCIA ENERGÉTICA

Ante el incremento de los precios de la energía, unido a la voluntad de avanzar en un sistema de fabricación y consumo más sostenible medioambientalmente, la industria farmacéutica aborda la gestión de la eficiencia energética incorporando cambios con los que afrontar la transición hacia un modelo enfocado a reducir la energía necesaria para desarrollar, fabricar y envasar sus productos. La apuesta de la industria farmacéutica por las energías renovables y las acciones de ecodiseño, en un contexto en el que el material más utilizado desde mediados del siglo pasado, el plástico, tiene los días contados, suponen los primeros pasos que nos han de conducir de la economía lineal a la economía circular, donde rentabilidad y responsabilidad convergen, al fin.
L
a industria está haciendo frente en los últimos tiempos a la escalada de precios de los combustibles y las energías, así como de los derechos de emisión de CO2. Las empresas del sector farmacéutico y cosmético, con un consumo intensivo en energía eléctrica, que supone en la actualidad un 2,6% de la producción, están llevando a cabo un esfuerzo por optimizar su gestión energética con el objetivo de reducir el impacto de las facturas de los combustibles y la energía sobre la competitividad, por su repercusión en los márgenes, buscando la optimización de los costes que no constituyen su núcleo de negocio. Ello pasa por reducir el consumo de los combustibles y energías utilizadas en los procesos productivos, así como la generación de CO2. Las acciones que el sector está acometiendo se centran en el desarrollo y ejecución de planes de gestión energética, la automatización y mejora de procesos en los sistemas de producción, la implantación de Sistemas de Gestión Energética (norma ISO 50001), o la integración de energías renovables en la modalidad de autoconsumo, básicamente a través de instalaciones fotovoltaicas en la cubierta de los edificios. Recientemente la compañía Almirall anunciaba la instalación de paneles solares en su planta de Sant Andreu con los que prevé reducir la dependencia de la red en más de 1.200 megavatios hora al año. Mónica Daluz /
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EFICIENCIA ENERGÉTICA

El sector farmacéutico busca reducir su huella ecológica

Gestión energética en la industria: cambio de ciclo

Mónica Daluz
11/03/2019

Ante el incremento de los precios de la energía, unido a la voluntad de avanzar en un sistema de fabricación y consumo más sostenible medioambientalmente, la industria farmacéutica aborda la gestión de la eficiencia energética incorporando cambios con los que afrontar la transición hacia un modelo enfocado a reducir la energía necesaria para desarrollar, fabricar y envasar sus productos. La apuesta de la industria farmacéutica por las energías renovables y las acciones de ecodiseño, en un contexto en el que el material más utilizado desde mediados del siglo pasado, el plástico, tiene los días contados, suponen los primeros pasos que nos han de conducir de la economía lineal a la economía circular, donde rentabilidad y responsabilidad convergen, al fin.

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La industria está haciendo frente en los últimos tiempos a la escalada de precios de los combustibles y las energías, así como de los derechos de emisión de CO2. Las empresas del sector farmacéutico y cosmético, con un consumo intensivo en energía eléctrica, que supone en la actualidad un 2,6% de la producción, están llevando a cabo un esfuerzo por optimizar su gestión energética con el objetivo de reducir el impacto de las facturas de los combustibles y la energía sobre la competitividad, por su repercusión en los márgenes, buscando la optimización de los costes que no constituyen su núcleo de negocio. Ello pasa por reducir el consumo de los combustibles y energías utilizadas en los procesos productivos, así como la generación de CO2. Las acciones que el sector está acometiendo se centran en el desarrollo y ejecución de planes de gestión energética, la automatización y mejora de procesos en los sistemas de producción, la implantación de Sistemas de Gestión Energética (norma ISO 50001), o la integración de energías renovables en la modalidad de autoconsumo, básicamente a través de instalaciones fotovoltaicas en la cubierta de los edificios. Recientemente la compañía Almirall anunciaba la instalación de paneles solares en su planta de Sant Andreu con los que prevé reducir la dependencia de la red en más de 1.200 megavatios hora al año.

El pasado octubre se convalidó el Real Decreto-Ley que introduce medidas favorecedoras para el sector fotovoltaico. En el documento se reconoce el derecho a consumir energía eléctrica sin cargos y al autoconsumo compartido por parte de uno o varios consumidores, e introduce el principio de simplificación administrativa y técnica, especialmente para las instalaciones de pequeña potencia, siendo posibles dos modalidades de autoconsumo: con o sin excedentes.

Por otra parte, en la andadura hacia la descarbonización, hace unas semanas el Gobierno aprobó un paquete normativo que prevé aumentar la generación eléctrica mediante renovables pasando del 40% actual al 74% en 2030 y al 100% en 2050, meta que permitirá cumplir los compromisos asignados por la UE y rubricados en el Acuerdo de París.

En cualquier caso, nos hallamos inmersos en un proceso de cambio de modelo energético, con la aparición de nuevas tecnologías, nuevos actores y nuevos modelos de negocio. El ciclo energético que se avecina tiende a la descentralización, pasa del fósil a las fuentes renovables y funcionará en digital y conectado. Un entorno que empuja a las empresas a adaptar sus instalaciones a un modelo energético más eficiente.

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Guerra al plástico

La Estrategia Europea de Plásticos, aprobada en enero de 2018, tiene por objetivo conseguir la transición hacia una economía más circular en su producción y consumo; se propone llegar al 100% de envases de plástico reciclables de manera rentable en 2030 y que 10 millones de toneladas de plástico reciclado puedan convertirse en nuevos productos en el mercado de la UE para el año 2025.

Para conseguirlo, el desarrollo de nuevos materiales de envasado se convierte en asunto acuciante. Empresas y centros tecnológicos están volcados en esta cuestión, que se ha revelado indispensable para preservar la salud del planeta y también de las personas. En este sentido, el centro tecnológico de referencia en investigación sobre nuevos materiales para envases, Itene, cuenta con una línea de trabajo para aplicaciones del plástico, dentro del proyecto Sinsost, centrada en polímeros biodegradables, que constituyen una alternativa al uso de polímeros basados en el petróleo; entre ellos, los polihidroxialcanoatos (PHAs) para aplicaciones de envase rígido y el polibutilensuccinato (PBS) para envase flexible, ambos con limitaciones tanto económicas como de prestaciones para su uso a gran escala. Para solventar este hándicap se desarrollará un proceso sintético para la obtención de refuerzos nanoestructurados biodegradables compatibles con matrices biodegradables, en concreto con las matrices de PHAs y PBS, para obtener materiales compuestos para la industria del envase y embalaje alimentario y cosmético.

Este es solo un ejemplo, la investigación no cesa, porque la estrategia europea para el plástico en una economía circular es, sin duda, un camino por el que estamos obligados a transitar.

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Ecodiseñar, innovación rentable

La incorporación de criterios ambientales en el la fase de diseño de envases, con la observación de su ciclo de vida, es uno de los ámbitos en los que la industria farmacéutica está realizando mayores esfuerzos, y ello comprende las materias primas y el procesado de los materiales, el diseño del envase y envasado del medicamento, su transporte y distribución, así como su uso y conservación, y la gestión final del residuo generado.

Los envases de medicamentos han venido reduciendo su impacto sobre nuestro entorno, siendo cada vez más ligeros, menos contaminantes y más fácilmente reciclables. Las iniciativas del sector farmacéutico en pro de la reducción de la huella ecológica de los envases de sus productos se centran, mayoritariamente, en utilizar tintas más ecológicas, aligerar el peso de los frascos, potenciar la composición monomaterial, eliminar elementos superfluos, minimizar los espacios vacíos o reducir la cantidad de material empleado por unidad de producto.

Reducir la huella de carbono también puede potenciar la imagen de marca y constituye una oportunidad para innovar. Ya sea por pérdida de competitividad o por rechazo del consumidor, el caso es que contaminar es una vía muerta, y quien circule en ese tren será actor descatalogado, sin papel, ni siquiera como secundario, en el nuevo escenario.

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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