Industria 4.0: el tren no espera

Industria 4.0: el tren no espera
AUTOMATIZACIÓN
EN LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA
La inteligencia artificial despega, al fin

La cuarta revolución industrial ya ha comenzado, pero las compañías deberán transformar sus modelos de negocio para migrar al universo del bit. Solo desde allí se tiene todo el control. Las nuevas tecnologías como la robótica, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, el big data o la fabricación aditiva son herramientas que marcarán la diferencia entre las empresas que las integren y las que mantengan una gestión tradicional, que perderán progresivamente competitividad.
Fábricas digitales conectadas a la nube, con máquinas y productos inteligentes recolectando datos permanentemente, que logran optimizar los procesos y adaptarse a la demanda en tiempo real, ya son una realidad. Estos equipos, dotados de capacidad para tomar decisiones y para aprender e interconectados entre sí, hacen de la robótica un potente elemento de transformación de la sociedad en los próximos años, con especial atención al desarrollo de la robótica social. Los proyectos de IA para lograr emulaciones tecnológicas del cerebro humano han proliferado en los últimos tiempos con el objeto de potenciar este ámbito, entre otros. El debate sobre las implicaciones que la robotización de la sociedad tendrá sobre la vida de las personas, no ha hecho más que empezar.
Y
a en los años 50 se hacía soñar a la sociedad con la llegada en un par de décadas, de robots inteligentes que lo harían todo por nosotros, y ese mismo plazo, 20 años, se mantuvo durante las décadas siguientes. Se especuló con el fin del trabajo y la ciencia ficción nos proporcionó escenarios de futuro (casi siempre con consecuencias aterradoras) con los que hacer volar nuestra imaginación. Al parecer, en la actualidad, existe consenso sobre el hecho de que ahora sí viviremos la implantación de la inteligencia artificial a todos los niveles en apenas un puñado de lustros. Países como EE UU y China han lanzado programas estatales de impulso a la inteligencia artificial en una pugna por liderar el sector, posición, hasta el momento, detentada por EE UU.
¿Por qué ahora? Dos hechos, la digitalización y la globalización, marcaron en su momento el nuevo rumbo del mundo, y todos nos hemos ido adaptando a las nuevas reglas del juego. Las últimas décadas de digitalización han mejorado las economías de escala y la internacionalización de las empresas. Las compañías de todos los sectores han incorporado diversos grados de digitalización y entre tanto, los ciudadanos hemos aprendido a utilizar hojas de cálculo, a comprimir archivos, a hacernos una página web, a retocar imágenes, a tener reuniones por videoconferencia y a manejarnos con servidores y configuraciones cuando el término “nativos digitales” no estaba aún acuñado. La siguiente ola de digitalización llegó con la aparición de las grandes empresas tecnológicas, que ha dado lugar a nuevos mercados, a nuevos modelos de negocio y a nuevos enfoques económicos que tienen que ver con renovados valores sociales, como la economía colaborativa o el capitalismo consciente. 
Llegados a este punto, la digitalización empuja, aún más. Ahora toca llevar la revolución digital a la fabricación. La industria española está obligada a afrontar un proceso de transformación digital imprescindible para sumarse a esta cuarta revolución que conecta máquinas, productos e infraestructuras, compartiendo datos e información. Otros ya lo están haciendo. Alemania y Corea son dos de los países con mayor penetración de robotización en sus procesos productivos, y en los que, por otra parte, se observa que el sistema genera empleo de alta cualificación. Mónica Daluz /
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AUTOMATIZACIÓN EN LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA

La inteligencia artificial despega, al fin

Industria 4.0: el tren no espera

Mónica Daluz
28/09/2018

La cuarta revolución industrial ya ha comenzado, pero las compañías deberán transformar sus modelos de negocio para migrar al universo del bit. Solo desde allí se tiene todo el control. Las nuevas tecnologías como la robótica, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, el big data o la fabricación aditiva son herramientas que marcarán la diferencia entre las empresas que las integren y las que mantengan una gestión tradicional, que perderán progresivamente competitividad. Fábricas digitales conectadas a la nube, con máquinas y productos inteligentes recolectando datos permanentemente, que logran optimizar los procesos y adaptarse a la demanda en tiempo real, ya son una realidad. Estos equipos, dotados de capacidad para tomar decisiones y para aprender e interconectados entre sí, hacen de la robótica un potente elemento en la transformación de la sociedad en los próximos años, con especial atención al desarrollo de la robótica social. Los proyectos de IA para lograr emulaciones tecnológicas del cerebro humano han proliferado en los últimos tiempos con el objeto de potenciar este ámbito, entre otros. El debate sobre las implicaciones que la robotización de la sociedad tendrá sobre la vida de las personas, no ha hecho más que empezar.

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Ya en los años 50 se hacía soñar a la sociedad con la llegada en un par de décadas, de robots inteligentes que lo harían todo por nosotros, y ese mismo plazo, 20 años, se mantuvo durante las décadas siguientes. Se especuló con el fin del trabajo y la ciencia ficción nos proporcionó escenarios de futuro (casi siempre con consecuencias aterradoras) con los que hacer volar nuestra imaginación. Al parecer, en la actualidad, existe consenso sobre el hecho de que ahora sí viviremos la implantación de la inteligencia artificial a todos los niveles en apenas un puñado de lustros. Países como EE UU y China han lanzado programas estatales de impulso a la inteligencia artificial en una pugna por liderar el sector, posición, hasta el momento, detentada por EE UU.

¿Por qué ahora? Dos hechos, la digitalización y la globalización, marcaron en su momento el nuevo rumbo del mundo, y todos nos hemos ido adaptando a las nuevas reglas del juego. Las últimas décadas de digitalización han mejorado las economías de escala y la internacionalización de las empresas. Las compañías de todos los sectores han incorporado diversos grados de digitalización y entre tanto, los ciudadanos hemos aprendido a utilizar hojas de cálculo, a comprimir archivos, a hacernos una página web, a retocar imágenes, a tener reuniones por videoconferencia y a manejarnos con servidores y configuraciones cuando el término “nativos digitales” no estaba aún acuñado. La siguiente ola de digitalización llegó con la aparición de las grandes empresas tecnológicas, que ha dado lugar a nuevos mercados, a nuevos modelos de negocio y a nuevos enfoques económicos que tienen que ver con renovados valores sociales, como la economía colaborativa o el capitalismo consciente.

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Llegados a este punto, la digitalización empuja, aún más. Ahora toca llevar la revolución digital a la fabricación. La industria española está obligada a afrontar un proceso de transformación digital imprescindible para sumarse a esta cuarta revolución que conecta máquinas, productos e infraestructuras, compartiendo datos e información. Otros ya lo están haciendo. Alemania y Corea son dos de los países con mayor penetración de robotización en sus procesos productivos, y en los que, por otra parte, se observa que el sistema genera empleo de alta cualificación.

Hoy, las nuevas herramientas que nos brinda la tecnología, como la robótica, el internet de las cosas (IoT), la inteligencia artificial, el big data o la fabricación aditiva (3D), han abierto la puerta a la industria 4.0, que reduce costes operacionales, aporta flexibilidad en la producción, maximiza la personalización de los productos y posibilita el desarrollo de nuevos canales de venta y nuevos modelos de negocio. Pero el tránsito de nuestras empresas hacia la economía 4.0 está siendo lento y las inversiones en I+D adelgazan peligrosamente. Más difícil todavía resulta para las microempresas, que representan más del 90% del tejido empresarial. Más allá de nuestras fronteras, Alemania es líder en industria 4.0 (no en vano fue allí donde se lanzó esta estrategia 4.0, ya en 2012, como iniciativa gubernamental para el mantenimiento de la competitividad en la industria y la manufactura) y la clave ha sido la contundente inversión en I+D, tanto pública como privada. Es necesaria una infraestructura sobre la que construir la industria 4.0 y en nuestro país existen carencias endémicas en ámbitos como, por ejemplo, los polígonos industriales: a muchos de ellos aún no llega fibra óptica (en el área metropolitana de Barcelona, un 40% de los polígonos no tiene acceso a fibra).

El orden mundial se reconfigura y Europa pierde fuelle ante las nuevas potencias. Habrá que apresurarse si queremos coger el que parece ser el último tren hacia el nuevo mundo donde, dicen, se vive en clave de bit y el algoritmo es el rey.

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Robótica para la eficiencia

La robotización se impone en la industria y se extiende a nuevos sectores productivos. El coste de fabricar estas máquinas es cada vez más reducido y su rendimiento cada vez mayor. David Rivera, Manager Robot Business Division de Yaskawa Ibérica explica que “gracias a la conectividad y la información que recibimos de los equipos instalados, podemos mejorar su eficiencia y durabilidad. Con el sistema Cockpit, podemos recibir y analizar en tiempo real datos actuales y procesarlos para mejorar el futuro de los equipos”. David Trabal, General Manager de Fanuc Iberia por su parte, nos habla de los elementos que han ido incorporando en los últimos años a sus robots inteligentes: “El ir adaptando y dotando al robot de equipos adicionales más sofisticados tecnológicamente, como son sistemas de visión, sensores de esfuerzo, sistemas de autoaprendizaje, etc., ha ido abriendo una serie de posibilidades al usuario final, difícil de imaginar hace unos años. Los sistemas de visión, que hasta hace poco tiempo tenían una alta complejidad que dificultaba la adaptación en una solución industrial, hoy se han convertido en un elemento estándar y fácil de configurar y mantener.”

La nueva robótica permite a la industria acceder a nuevos mercados y a clientes más pequeños. Los cobots o robots colaborativos son uno de los ámbitos en expansión ya que permiten una producción flexible y han abierto la puerta al acercamiento hombre-máquina, facilitando la automatización de tareas que antes no era posible.

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David Trabal destaca el papel que la robótica colaborativa tendrá en los próximos años y nos da algunos detalles sobre este tipo de máquinas: “Entendemos como robótica colaborativa, brazos robóticos que pueden trabajar con total seguridad cerca de personas y ayudar en distintas tareas al usuario. Esta robótica colaborativa dispone adicionalmente de sistemas de programación mucho más intuitivos, que les acercan a un público no necesariamente especializado, principalmente en soluciones simples. Fanuc ha desarrollado un total de 5 modelos de robots colaborativos que van desde los 4 kg de carga hasta los 35 kg.”

En cuanto a robótica social, un ámbito donde la industria robótica tiene un importante mercado potencial, David Rivera argumenta: “Existen múltiples avances en robótica social a nivel mundial, sobre todo en Japón, donde ya están poniendo en práctica numerosos robots en situaciones que ayudan, dan soporte, o facilitan la vida de las personas. Yaskawa participa en este segmento social a través de su colaboración con ReWalk Robotics, especialista en la tecnología de exoesqueletos robóticos para personas con discapacidades de las extremidades inferiores como paraplejia, lesiones de médula espinal, esclerosis múltiple y parálisis cerebral. Utilizando este dispositivo, las personas son capaces de caminar, aunque su parte inferior del cuerpo esté completamente paralizada.”

Desde el IRI –Instituto de Robótica e Informática Industrial, centro de investigación dependiente de la UPC, Universidad Politécnica de Cataluña, y del CSIC–, por su parte, se está llevando a cabo un proyecto robótico muy particular dirigido por la investigadora Carme Torras, matemática y escritora especialista en inteligencia artificial y robótica. Su particularidad es el tipo de material a manipular por el robot: ropa. La manipulación de objetos deformables es precisamente uno de los retos que el sector debe superar antes de sacar los robots a la calle. “La manipulación de objetos rígidos –nos explica Torras– involucra solamente seis grados de libertad, tres de posición y tres de orientación, mientras que la ropa tiene infinitas configuraciones posibles . El robot de manipulación de ropa está concebido para tres aplicaciones, que así nos detalla la responsable de la investigación: “ayudar a vestir a personas con movilidad reducida; la logística hospitalaria, como recoger toallas, etc., y en el ámbito de la distribución industrial, por ejemplo, en los retornos en la logística, útil para empresas que venden ropa por internet y atienden devoluciones de producto”.

Las nuevas tecnologías 4.0 pueden dar respuesta a nuevas exigencias y necesidades del mercado al tiempo que están permitiendo a las empresas transformar sus modelos de negocio. La presión del consumidor, que demanda productos y servicios a medida y que da por supuesta la inmediatez, está llevando a la industria manufacturera a una estrecha colaboración con proveedores de servicios digitales. Un ejemplo es la industria automovilística, que colabora con empresas de servicios de tecnología para atender a un consumidor con nuevos hábitos y habilidades. Un consumidor cada vez más acostumbrado a pagar cuotas por servicios o por el uso de productos que no son suyos, en una nueva filosofía de compartir, cooperar, reusar y reciclar, en la que la necesidad de posesión física parece diluirse.

La implementación de las nuevas herramientas tecnológicas van a permitir la ‘personalización masiva’ del producto, con especial protagonismo de las tecnologías de impresión por adición, con sus granjas de impresoras. Otra consecuencia de este nuevo paso en la automatización industrial será la progresiva relocalización de las fábricas, en algunos casos veremos centros de producción urbanos en zonas de la ciudad ligadas a la innovación, la tecnología y el diseño, con producciones cercanas al cliente, lo cual además, reduce los costes de transporte y con ello la huella ecológica del producto. El big data y el internet de las cosas traerán nuevas formas de producción y distribución, y también cambiarán nuestras ciudades, haciéndolas más inteligentes: más eficientes y más amigables.

Modelo de Fanuc

Modelo de Fanuc.

Trascendencia exponencial

¿Se imaginan a los matemáticos profundizando en la comprensión de la psique humana? ¿Se imaginan a los ingenieros estudiando a conciencia las reflexiones de los clásicos griegos?, ¿a programadores informáticos enfrascados en estudios sociológicos sobre movimientos migratorios?, ¿y a neurólogos licenciándose en literatura?… Y viceversa, por supuesto. La era de los datos, lo será en la medida en que éstos puedan ser transformados en conocimiento. El dato, por sí solo tiene un valor relativo y no tiene finalidad última en sí mismo. Materializar esos datos en acciones de manera rápida y eficiente y atendiendo al bien común tanto en el presente como contemplando a las generaciones futuras, hace imprescindible la intervención de diversas disciplinas para diseñar, desde todos los puntos de vista, la sociedad que queremos y decidir hacia dónde conducimos el conocimiento.

En los momentos de hipercompetitividad en que vivimos, el consumidor es invitado/incitado continuamente a pronunciarse sobre temas dispares, en una incesante recogida de datos con los que crear un perfil de sus preferencias. A este respecto Carme Torras, experta en roboética o ética de la robótica, disciplina que estudia los factores éticos que rodean el desarrollo de la robótica, alerta sobre la cuestión de la privacidad: “llevamos 10 años regalando nuestros datos; para la investigación médica, por ejemplo, es bueno compartir datos, pero hay que garantizar la privacidad”. Torras valora así la vorágine de datos que vienen y van, un tanto descontroladamente…: “Estamos haciendo un experimento en tiempo real, y a nivel mundial…. Antes creabas una tecnología, y cuando el producto estaba muy experimentado lo ponías en el mercado, ahora eso ha cambiado.”

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Ante la incertidumbre sobre hacia dónde nos conduce una tecnología con la que muchas de las decisiones de nuestro día a día las tomarán las máquinas, se abren interrogantes de tipo ético. ¿Cómo evitar los sesgos intrínsecos del programador? Para Carme Torras, la clave está en la educación, “cada vez habrá más objetos a nuestro alrededor –advierte– programados con inteligencia artificial y es muy importante que las personas que estén programando sepan que existen problemas éticos.”

Desde los inicios de la IA un objetivo de parte de la comunidad científica ha sido crear una especie autónoma, “argumentan que debe serlo –puntualiza Torras– para que sea una inteligencia artificial real, si es subordinada no es completamente inteligente”, pero desde hace algunos años la robótica pone el foco en los aspectos éticos de una tecnología en construcción, a la que se le atribuye la capacidad futura de adquirir inteligencia de manera exponencial, y que avanza imparable. La sociedad también está implicada en la toma de conciencia del uso y la finalidad de las posibilidades tecnológicas que tiene a su alcance. La implantación de las máquinas debe servir para que los ciudadanos desarrollen la creatividad y el pensamiento crítico, cultiven sus relaciones interpersonales y disfruten de un ocio tecnológico enriquecedor. A este respecto, Torras señala que “se está abriendo una brecha entre aquellos que aprovechan la tecnología para cultivarse y tener relaciones más plenas” y aquellos que la utilizan para consumir un tiempo de ocio de escasa relevancia o aportación al crecimiento personal. Por otra parte habrá que estar alerta sobre qué capacidades delegamos en los instrumentos tecnológicos, como la memorización, la interpretación de mapas o la orientación, y hallar las herramientas que compensen los posibles déficits. Como consumidores somos perfiles en miles de datos, aun así, no son suficientes para determinar la variedad de nuestros intereses e inquietudes, mientras la red se obstina en abocarnos a un bucle reduccionista.

En cualquier caso, hemos perdido el miedo a las máquinas, hoy son complementarias, colaborativas, fáciles de programar por no expertos, y la robótica social ya nos ha mostrado robots humanoides haciendo de guías en museos u ofreciendo información en aeropuertos; además serán nuestros cuidadores en el futuro. Pero ¿puede un robot tomar decisiones inteligentes? y, ¿es eso suficiente? Cuando nuestro neocortex se plegó y nuestro lóbulo frontal creció para alojarlo, su superficie se multiplicó de manera asombrosa, adquiriendo mayores niveles de abstracción. Y ahí empezó todo. Hoy, la máquina más compleja que se conoce, el cerebro humano, es objeto de investigación en múltiples proyectos que buscan su deconstrucción. Viene a ser como utilizar ingeniería inversa para lograr emulaciones tecnológicas del cerebro. Estas investigaciones tratan de conocer los mecanismos que utiliza el cerebro para archivar y recuperar la información, y emularlos en un ordenador. El proyecto Brain es uno de los más populares. Estas fueron las palabras del expresidente Obama cuando anuncio la iniciativa en 2013: “Es preciso obtener una fotografía dinámica del funcionamiento de nuestro cerebro para entender mejor cómo pensamos, cómo aprendemos y cómo recordamos.” La investigadora Carme Torras se muestra escéptica con la posibilidad de mapear el cerebro de un modo tan detallado, neurona a neurona, conexión a conexión…, “no lo veo abordable”, afirma.

Reproducir el neocórtex biológico para lograr crear máquinas no sólo inteligentes sino conscientes es el objetivo de Ray Kurzweil, científico especializado en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, desde 2012 director de Ingeniería en Google y autor de numerosos libros, quien utiliza como método computacional la teoría de reconocimiento de patrones, entendiendo que la información se organiza en el cerebro de manera jerárquica en base a la repetición de modelos simples y la redundancia de todos los procesos. Sin embargo, por el momento, la IA es especializada; estas máquinas se caracterizan por ser muy buenas en cosas concretas pero no se ha llegado a la inteligencia artificial general. Los robots, en su funcionamiento secuencial (el cerebro funciona de manera simultánea) con sus millones de datos y gran velocidad de procesamiento, son asombrosamente eficientes en, por ejemplo, predicciones, por lo que resultan útiles en el ámbito de la prevención.

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Sí, nuestro cerebro, ante una situación dada, también acude a los datos que tiene archivados con todos los imputs acumulados con sus vivencias, desde el útero materno, para convertirlos en respuestas, como el robot, que acude a todos los imputs colocados en sus circuitos por su programador. Además, el hecho de que en caso de lesión de una parte del cerebro otras regiones asuman las funciones perdidas, debido a la plasticidad cerebral, ha hecho pensar que puede existir un algoritmo general del cerebro. Pero en las decisiones humanas intervienen factores biológicos así como las experiencias vividas, que hacen que nuestro particular mapa neuronal esté en permanente cambio. ¿Qué grupos de neuronas se activan o qué sinapsis se generan en el momento de una vivencia?, una decisión, tomada tan solo un instante después, puede ya no ser la misma. Todo en nosotros se traduce en una reacción química, así que nuestra configuración cerebral se encuentra en permanente cambio, y no parece probable que el ser humano logre hallar el algoritmo de las emociones.

En cualquier caso, el crecimiento exponencial del progreso tecnológico, a lo que Kurzweil llama ‘ley de los rendimientos acelerados’ parece llevarnos hacia la fusión entre biología y tecnología. Implantes cibernéticos permitirán al ser humano interactuar directamente con las máquinas y le dotarán de nuevas habilidades físicas y cognitivas.

Este autor afirma que aunque hoy el cerebro es el sustrato biológico de la mente humana, éste puede ser mejorado gracias a sustratos no biológicos. Según estos parámetros existiría la posibilidad de realizar copias de seguridad de nosotros mismos.

“Cuando los humanos trascendamos la tecnología –pronostica Kurzweil– alcanzaremos la singularidad”; en ese momento tendrá lugar un aumento de la inteligencia humana “y luego posthumana –como explica José Luis Cordeiro en el prólogo de Cómo crear una mente–, pasando de nuestros cerebros biológicos no mejorados a cerebros post-biológicos aumentados”.

Por cierto, ya se ha propuesto la creación de un botón rojo de emergencia que apague toda la inteligencia artificial del planeta, lo cual puede parecer, de entrada, tranquilizador pero pensemos que, llegado el momento, es muy probable que una gran parte de la población tenga incorporados en sus cuerpos dispositivos inteligentes. Así que tal vez no sea tan buena idea… Son especulaciones pero, como dijo Arthur C. Clarke en la tercera de sus leyes: “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.

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Objetivo: más salud, más placer

Objetivo: más salud, más placer
ANÁLISIS Y DISEÑO ALIMENTARIO

Regulaciones legislativas cada vez más exigentes; nuevos segmentos y nichos de mercado a cubrir: el ecológico, el infantil, el sénior, el de las intolerancias alimentarias, y uno nuevo: el escéptico…; el alargamiento de la cadena alimentaria; la salud; la experiencia sensorial; la sostenibilidad del sistema productivo-distributivo; los avances y tendencias en técnicas y tecnologías analíticas y de procesado; la gastronomía; el diseño alimentario; la seguridad alimentaria; los movimientos slow food, el realfooding…, o la genómica nutricional, forman parte de un mismo universo, un universo definitivo para lograr sociedades más sanas: la alimentación humana.
La industria, empujada por un consumidor segmentado pero, sobre todo, exigente e informado, y por los requerimientos o recomendaciones de las autoridades alimentarias, dirige sus innovaciones a cubrir las expectativas de ese consumidor global y heterogéneo focalizándose en la calidad. Las técnicas analíticas, cada vez más precisas, están contribuyendo a incrementar la calidad de los productos que comemos y las marcas están aumentando la certificación de sus pruebas alimentarias como elemento diferencial.
La consigna es unánime, lograr una alimentación más saludable. El consumidor demanda productos de mayor calidad nutricional, y también más cómodos y sabrosos. Buena parte de la industria alimentaria ya se ha adscrito al plan del Ministerio de Sanidad que propone una reducción del 10% en el contenido de azúcar, sal y grasas en los alimentos ultraprocesados. El recién clausurado salón Alimentaria ha sido una muestra de propuestas centradas en gamas de productos más sanos: ‘eco’, ‘bio’, ‘sin’, o precocinados tradicionalmente para freír, hoy se proponen para hornear. Hasta en uno de los concursos más populares de televisión dedicados a la cocina, el hilo conductor de la última edición es la alimentación saludable. En packaging y comunicación las marcas tratan de que sus productos sean percibidos como sanos. Y distribuidores que son a la vez productores, basan su estrategia en ofrecer un producto más cercano y fresco, dirigido a un target que busca productos mínimamente procesados; ahí está Casa Ametller, que ofrece visitas guiadas a sus campos a ver los cultivos de temporada. Mónica Daluz /
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ANÁLISIS Y DISEÑO ALIMENTARIO

Objetivo: más salud, más placer

Mónica Daluz
29/05/2018

Regulaciones legislativas cada vez más exigentes; nuevos segmentos y nichos de mercado a cubrir: el ecológico, el infantil, el sénior, el de las intolerancias alimentarias, y uno nuevo: el escéptico…; el alargamiento de la cadena alimentaria; la salud; la experiencia sensorial; la sostenibilidad del sistema productivo-distributivo; los avances y tendencias en técnicas y tecnologías analíticas y de procesado; la gastronomía; el diseño alimentario; la seguridad alimentaria; los movimientos slow food, el realfooding…, o la genómica nutricional, forman parte de un mismo universo, un universo definitivo para lograr sociedades más sanas: la alimentación humana. La industria, empujada por un consumidor segmentado pero, sobre todo, exigente e informado, y por los requerimientos o recomendaciones de las autoridades alimentarias, dirige sus innovaciones a cubrir las expectativas de ese consumidor global y heterogéneo focalizándose en la calidad. Las técnicas analíticas, cada vez más precisas, están contribuyendo a incrementar la calidad de los productos que comemos y las marcas están aumentando la certificación de sus pruebas alimentarias como elemento diferencial.

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La consigna es unánime, lograr una alimentación más saludable. El consumidor demanda productos de mayor calidad nutricional, y también más cómodos y sabrosos. Buena parte de la industria alimentaria ya se ha adscrito al plan del Ministerio de Sanidad que propone una reducción del 10% en el contenido de azúcar, sal y grasas en los alimentos ultraprocesados. El recién clausurado salón Alimentaria ha sido una muestra de propuestas centradas en gamas de productos más sanos: “eco”, “bio, “sin”, o precocinados tradicionalmente para freír, hoy se proponen para hornear. Hasta en uno de los concursos más populares de televisión dedicados a la cocina, el hilo conductor de la última edición es la alimentación saludable. En packaging y comunicación las marcas tratan de que sus productos sean percibidos como sanos. Y distribuidores que son a la vez productores, basan su estrategia en ofrecer un producto más cercano y fresco, dirigido a un target que busca productos mínimamente procesados; ahí está Casa Ametller, que ofrece visitas guiadas a sus campos a ver los cultivos de temporada. Acortar la distancia entre el origen del alimento y el alimento emplatado es también el objetivo de los restaurantes llamados ‘de kilómetro 0’, que trabajan con productores locales y producto de temporada, y que además añaden a la cadena valores éticos, sociales y medioambientales.

Rodeado de informaciones sobre grasas trans, acrilamidas, benzopirenos, también sobre alimentos milagro, que no lo son tanto…, el consumidor exige calidad y claridad, pero también desea productos de conveniencia, que satisfagan distintas necesidades y aspiraciones: productos personalizados, aptos para distintos tipos de dieta, vegetariana, para celíacos, para alérgicos a la lactosa; que aporten beneficios al organismo, los funcionales, los enriquecidos; y también productos cómodos, parar consumir fuera de casa; que sorprendan; que diviertan, o que simbolicen estilos de vida. La vorágine del mercado empuja a la industria a la innovación constante y a un trepidante ritmo de presentación de productos novedosos.

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Alimentar sensaciones

Sí, sería suficiente con eliminar el azúcar, los productos procesados, el alcohol, la sal y las carnes rojas, sustituir lo refinado por lo integral, y cocinar los alimentos adecuadamente. Pero, suficiente ¿para qué? Para mantener una alimentación saludable; y aunque ésta parece una razón de peso para modificar nuestra dieta, lo cierto es que hemos evolucionado de la necesidad al deseo y el consumidor parece querer siempre más: nuevos productos, nuevos sabores, más comodidad, nuevas experiencias. Nutrir nuestro universo sensorial se revela como prioritario, y es que “las sensaciones son más importantes que el sabor en sí mismo”, señala la psicóloga y escritora alemana Gisla Gniech, y añade: “en la percepción del sabor de un alimento todos los órganos están implicados”. Y todos los sentidos. En la misma línea se manifiesta el gastrofísico Charles Spence, dedicado al estudio de los estímulos sensoriales que intervienen en el placer gastronómico, quien afirmaba en recientes declaraciones que “los sentidos interactúan: modifican la percepción del sabor, textura y aroma; el cerebro procesa y combina percepciones, cuyas sensaciones conforman la integridad de la experiencia gastronómica”.

En el laboratorio sensorial se cuece todo lo concerniente a nuestros mecanismos de percepción y estimulación de nuestros sentidos. La industria alimentaria se basa en la psicología del color para diseñar sus productos (el rojo, por ejemplo, nos sugiere que algo es más dulce), y existe también equipamiento para diseñar aromas; el francés Marc Bretillot, diseñador culinario, afirma que hoy “se puede sintetizar prácticamente cualquier olor de manera artificial”. Y el diseño acústico: el sabor de una tostada puede ser percibido distinto según su sonido al masticarla, más crujiente nos sugiere más frescura; uno de los ingredientes con los que se consigue que se produzca un sonido más crujiente es el azúcar. Y la gran protagonista: la consistencia. El 60% del gusto que percibimos comiendo tiene que ver con la consistencia. Cuanta más variedad de consistencias se reúnan en nuestra boca al mismo tiempo mejor saben ciertos alimentos, y si un determinado alimento no cumple nuestras expectativas en términos de consistencia lo rechazamos. Esta propiedad puede ser optimizada con máquinas como el analizador de texturas o el farinógrafo.

El neurólogo y profesor de ciencia y tecnología de los alimentos, además de chef, Miguel Sánchez Romera, explica en su libro Alimenta bien tu cerebro, que “el tacto es el sentido más capacitado para detectar las más de cuarenta texturas diferentes que existen en la comida”. Los avances en neurogastronomía buscan poder manipular la percepción del gusto neurológicamente; en el ámbito clínico, este “engaño al cerebro” podría ayudar, por ejemplo, a que los alimentos nutritivos sean más atractivos para las personas cuyos receptores del gusto y el olfato se alteran a causa de la quimioterapia.

La validación sensorial por parte del consumidor resulta una prueba fundamental para asegurar la acogida del producto en el mercado. Desde el centro tecnológico Ainia explican que “aunque existen técnicas instrumentales para evaluar la textura o incluso el aroma, el empleo de los sentidos en las catas de alimentos es la herramienta más potente de que disponemos para dilucidar la aceptación y preferencia de un producto y conocer sus puntos fuertes y sus puntos débiles”. Todos estos elementos constituyen el ámbito de la gastronomía molecular, disciplina dedicada al estudio de las propiedades fisicoquímicas de los alimentos y los procesos tecnológicos a los que éstos se someten (como el batido, la gelificación, y el aumento de la viscosidad, por ejemplo), desarrollada por el químico francés Hervé This y aplicada por reconocidos chefs, como Ferran Adrià, en la llamada cocina molecular.

En las últimas décadas nuestros hábitos de compra y en consecuencia nuestros hábitos alimentarios nos han llevado a elevar nuestros umbrales en los sabores dulce y salado. Existen distintos movimientos que plantean a los diseñadores y técnicos alimentarios el reto de reeducar nuestro paladar para que volvamos a apreciar el sabor de, por ejemplo, un calabacín. El dietista-nutricionista y tecnólogo alimentario Aitor Sánchez aboga por huir del nutricionismo, “un paradigma –argumenta en su libro Mi dieta ya no cojea– que solo se centra en los nutrientes más significativos, y un alimento tiene unos efectos más complejos sobre el organismo que no están determinados solo por sus nutrientes sino también por nuestra interacción con ellos, por su matriz e incluso por compuestos bioactivos difíciles de caracterizar”. El slowfood o el realfooding constituyen algunas de las iniciativas en este sentido.

Ya lo dijo Hipócrates “que la comida sea vuestra medicina y la medicina sea vuestra comida”, consciente de la influencia de los alimentos sobre nuestra salud. De su estudio se encarga la genómica nutricional, a través de la nutrigenómica, que investiga cómo los alimentos afectan a nuestros genes, y de la nutrigenética, que estudia cómo las diferencias genéticas individuales pueden afectar a la forma en que respondemos a los nutrientes de los alimentos que comemos, con el objetivo de mejorar la salud y prevenir enfermedades en base a cambios en la nutrición. Un nuevo ámbito, pues, para la industria alimentaria.

No es fácil maridar factores técnicos y comerciales para lograr productos más saludables, al tiempo que organolépticamente cumplan las expectativas del consumidor. Todo un desafío para la industria.

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Análisis alimentarios: la baza de la industria

Una vez completada la fase de diseño de un nuevo producto o un producto existente reformulado, las marcas acuden a los laboratorios de análisis para comprobar, y en algunos casos certificar, su seguridad y calidad. Los cuatro grandes ámbitos del análisis alimentario son el análisis microbiológico, la composición y valor nutricional, la detección de impurezas y la detección de fraude en sus distintos grados: adulteración, falsificación, alimentos alterados, contaminados y, por último, nocivos.

Javier De Lamo, Business Unit Manager de Eurofins Group, laboratorio especializado en análisis alimentario, explica que, “afortunadamente para el consumidor, cada vez hay más reglamentación y más exigencias para lanzar un producto al mercado”, lo que ha comportado que “cada vez más, —prosigue De Lamo—, los productores soliciten ensayos acreditados”. Los ensayos acreditados por la norma ISO17025 constituyen una garantía para el consumidor; en ocasiones el fabricante encarga el ensayo como estrategia de posicionamiento de un producto en particular, para demostrar que cuanto comunica sobre él está certificado. La proliferación de productos personalizados también ha contribuido al impulso de certificaciones analíticas. Y el aumento de las alergias alimentarias, que se han duplicado en menos de una década, “también está promoviendo que se realicen más análisis para caracterizar los componentes potencialmente alergénicos en cada alimento”, afirma el representante de Eurofins. En cuanto al mercado, éste se está concentrando en laboratorios cada vez más grandes; “los pequeños —sentencia el responsable del laboratorio de Barcelona— lamentablemente, es muy difícil que puedan competir en número de ensayos acreditados, servicios complementarios y asesoramiento, junto a una mayor economía de escala y productividad”.

En materia tecnológica, la cromatografía liquida, especialmente con espectrometría de masas, ha contribuido a aumentar enormemente la precisión de los resultados. Algunos de los análisis más habituales solicitados por la industria son: nutricionales: proteínas, hidratos de carbono, grasa, fibra, azúcares, sodio, fibra, vitaminas; alérgenos: gluten, soja, proteínas de la elche, pescado, frutos secos, huevo, mostaza, cacahuete, crustáceos; metales pesados: plomo, cadmio, mercurio, arsénico, cobre, hierro, zinc; contaminantes: micotoxinas, acrilamida, 3-MCPD, melamina, aceites minerales, y pesticidas y dioxinas.

En una sociedad preocupada por los aditivos de los alimentos y los procesos a los que estos son sometidos, y su impacto sobre la salud, se observa un interés por parte de las marcas por buscar alternativas naturales a los conservantes y aditivos que utilizan en sus productos. La industria alimentaria trabaja en la línea de las recomendaciones de los centros tecnológicos sobre buscar el modo de preservar los principios activos de los alimentos: reducir procesados, buscar alternativas a los conservantes y colorantes sintéticos, identificar nuevas fuentes de proteínas, adoptar técnicas de conservación menos invasivas, o incorporar microorganismos conservantes, como los fagos.

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Procesos y nutrientes

El largo viaje de los alimentos, los mercados globalizados o los inagotables nuevos nichos y targets, desde el desembarco allá por los años 70 de nuevos modelos de distribución que nos invitaron a la gran fiesta del consumo, han sido factores que han contribuido al desarrollo y permanente innovación por parte de la industria alimentaria. Desde entonces, podría decirse que todo lo que comemos es producto de la tecnología. Cuando llega a nuestra mesa, el alimento ha sido sometido a una serie de procesos de manipulación o transformación con objetivos diversos como la obtención de alimentos seguros, nutricionalmente adecuados, o cubrir expectativas organolépticas; sin embargo, el tipo de procesado puede afectar a sus propiedades.

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Un alimento es una mezcla de compuestos que contiene cientos de nutrientes, y todos esos componentes, nutrientes y no nutrientes, y sus relaciones moleculares forman la matriz alimentaria, cuya integridad queda comprometida durante la aplicación de determinados procesos. Es claro que las propiedades de un compuesto no dependen de su origen, sino de su composición y de su estructura química, pero ¿podremos llegar a replicar el original, identificar el cien por cien de los componentes de un alimento y sus enlaces químicos? Por el momento, no parece nada sencillo, y la industria se centra en estudiar procesos que preserven al máximo la matriz del alimento.

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Alimentos de laboratorio

Un planeta. Más población. Menos alimentos. Ecuación insostenible en el tiempo a menos que la tecnología nos asista (y la voluntad de un reparto equitativo de los recursos; no olvidemos que la mitad de la población mundial no puede elegir lo que come). Se habla de un futuro donde los alimentos serán obtenidos en el laboratorio, con independencia de la tierra y del sol. Cultivar sin tierra para alimentar al planeta en el futuro es lo que se propone la hidroponía o agricultura hidropónica, un método utilizado para cultivar plantas usando disoluciones minerales en lugar de suelo agrícola.

La creciente demanda de productos cárnicos urge a encontrar nuevas fuentes alternativas y fiables de proteínas. Ya existen fuentes vegetales de proteínas como la quinoa o las semillas de chía, aprobada esta última como nuevo ingrediente ya en enero de 2013, o las algas, que contienen altas cantidades de proteínas. En el caso de la Chrorella, por ejemplo, ésta contiene aproximadamente un 60% de proteínas.

La entomofagia, comer insectos, es algo habitual para una gran parte de la población mundial. Los insectos son ricos en proteínas, bajos en grasas y baratos. En occidente, esta práctica se incorporará a través de la elaboración de productos derivados de harinas de insectos, tales como galletas, chocolates o pastas. Hay empresas que ya están comercializando productos utilizando como base la harina de grillo: magdalenas de plátano, de la empresa Chirp, o barritas energéticas de la empresa Exo, ambas firmas americanas. También se han desarrollado sustitutos vegetales del huevo, a partir de una base vegetal (una leguminosa llamada frijol mungo) para utilizar en productos horneados como galletas con chocolate. Y la carrera de posicionamiento en la producción de la llamada “carne limpia”, ya ha empezado. Hampton Creek quiere producir carne más saludable, sostenible y barata, pero sin la intervención de ningún animal. Se trata de carne proveniente de células que se produce en tanques de fermentación. La compañía quiere llevar productos de esta carne de nueva generación a los supermercados en los próximos meses, aunque antes tendrá que resolver un asunto que aún parece estar en el aire, la necesidad de hallar un medio de cultivo vegetal en el que las células puedan reproducirse; el mismo escollo encuentras otras dos empresas de “carne limpia”, Memphis Meats y SuperMeat. Además de la producción de carne in vitro, las técnicas de encapsulación, por ejemplo de fruta, o la impresión de comida con tecnologías de adición (3D) son algunas de las posibilidades que se atisban.

Cuál será la aceptación de estos alimentos de laboratorio es uno de los interrogantes que se abren. Entre tanto, la industria tiene ante sí el reto de hacer llegar al consumidor el mensaje de su apuesta por la salud, por la ética en definitiva de quién asume la responsabilidad que supone proporcionar alimentos a la población, y que apoyada en la tecnología y en los continuos avances científicos, puede lograr productos verdaderamente saludables. La transparencia y un enfoque pedagógico que transmita al consumidor la confianza que el marketing tradicional ha embarrancado son algunas opciones. Será relevante la comunicación directa empresa-consumidor; la marca puede ofrecer información sobre el origen de sus productos y las distintas formas de procesado que utiliza, argumentando y demostrando las ventajas de sus tecnologías y productos frente a los de la competencia. Nace un tipo de consumidor vacunado ante las letras grandes y en rojo, y que quiere un enlace a información, por ejemplo, de cómo afecta cada proceso a los nutrientes del alimento que está comprando, y ahí es donde la marca puede destacar y poner en valor sus productos y su modus operandi. Un consumidor escéptico frente a los productos a los que se les quitan o añaden ingredientes aún con la promesa de beneficios adicionales para la salud pero que, paradójicamente, son sometidos a procesos que pueden alterar la matriz del alimento. Habrá consumidores que busquen productos funcionales, con nuevos ingredientes añadidos; un consumidor que aprecie una elaboración para eliminar, por ejemplo, las grasas, y habrá un consumidor partidario de dejar el alimento tal como está; para él tal vez sea necesario un nuevo sello que anuncie: “Con todo”. ¿Está a punto la industria para satisfacer a este nuevo target?

Urge combatir la resistencia antibiótica

Urge combatir la resistencia antibiótica
ANTIBIÓTICOS 
La acción humana está acelerando la mutación de las bacterias y hoy apremia descubrir nuevas soluciones para hacer frente a las enfermedades infecciosas

Se anuncia el regreso a una era preantibiótica. La industria farmacéutica tiene sobre sí el peso de una responsabilidad de máxima relevancia: si no hay nuevos desarrollos se incrementará el número de bacterias multirresistentes a los antibióticos en los próximos años y se estima que la cifra de mortalidad por esta causa alcance los 10 millones de muertes en el año 2050. Sin antibióticos la medicina actual no sería posible, pero hoy estos tratamientos están dejando de ser efectivos. A mantener el poder terapéutico de este grupo de fármacos toda la sociedad está llamada: el individuo en su libertad/responsabilidad de automedicarse, el médico al prescribir, los sistemas sanitarios, las autoridades gubernamentales, las instituciones internacionales y, por supuesto, la industria. Racionalizar la prescripción con la incorporación de métodos diagnósticos en los centros de asistencia primaria que prueben la presencia de bacterias, restringir el uso antibiótico en la industria ganadera, seguir investigando en nuevas maneras de “desactivar” los sofisticados y eficientes mecanismos de adaptación de estos microorganismos, programas de prevención y control de las infecciones, nuevas vacunas o un sistema de comercialización alternativo, forman parte de las posibles soluciones.
La resistencia a los antibióticos supone ya un problema de salud pública mundial. La OMS y el FMI alertan de las consecuencias de no tener a tiempo nuevos tratamientos antimicrobianos. Sólo en la Unión Europea se diagnostican cada año 400.000 nuevos casos de infecciones por bacterias multirresistentes, que causan 25.000 muertes al año y generan un gasto sanitario adicional de 1.500 millones de euros anuales. La generación de resistencia a los antibióticos constituye un proceso natural de selección, pero la acción humana ha incrementado la presión selectiva de estos microorganismos, que se han visto obligados a adaptarse constantemente a nuevas condiciones ambientales, y esto ha acelerado el proceso. Un cúmulo de factores hace que en la actualidad nuestra capacidad para luchar contra las infecciones esté decreciendo, y en el futuro se prevé que volvamos a una era en la que infecciones comunes sean difíciles de tratar. En este sentido, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) cita en el Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos: “Nos enfrentamos a infecciones por bacterias con riesgo de convertirse en clínicamente incontrolables, retornando a la era preantibiótica tanto en medicina humana como veterinaria”.
Fuera de control
Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? “Lo que no nos mata nos hace más fuertes”, dijo Nietzsche; pues algo así ocurre también con las bacterias: si el antibacteriano no elimina por completo la cepa patógena, las bacterias que sobreviven transmiten la inmunidad, con la nueva información genética, a otros individuos, haciéndolos farmacorresistentes. Fue el mismísimo Fleming quien alertó del peligro de la subdosificación. En su discurso de recepción del premio Nobel en 1945, hizo una advertencia: “La penicilina aparece como no-tóxica, de modo que no hay preocupación con sobredosis e intoxicar al paciente. Sin embargo, puede existir el peligro de sub-dosificación. No es difícil conseguir microorganismos resistentes a la penicilina en el laboratorio exponiéndolos a concentraciones no letales y lo mismo puede pasar en el organismo”.
Aunque son muchas las veces que hemos sido informados sobre la importancia de concluir los tratamientos antibióticos, en la práctica, la población no percibe los riesgos que comporta el mal uso de este medicamento y la amenaza que supone el aumento de la resistencia antibiótica. Es más, ante la ausencia de métodos diagnósticos rápidos y baratos en los centros de asistencia primaria, la prescripción de antibióticos en las últimas décadas se ha basado en los síntomas, sin evidencia de la presencia de cepas patógenas; el resultado es que se han estado utilizando antibióticos para tratar infecciones víricas.
Además del mal uso y de la innecesaria prescripción de este fármaco, o de la dispersión de microbios y los genes de resistencia que transportan, que ha traído el espectacular incremento de los desplazamientos, con microorganismos patógenos viajando por todo el planeta a través de las heces, el factor de mayor incidencia en la generación de resistencias a antimicrobianos es su uso preventivo en la industria ganadera. El pasado 7 de noviembre la OMS emitió un comunicado en el que recomienda “que las industrias agropecuaria, piscicultora y alimentaria dejen de utilizar sistemáticamente antibióticos para estimular el crecimiento y prevenir enfermedades en animales sanos”. Mónica Daluz /
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ANTIBIÓTICOS 

La acción humana está acelerando la mutación de las bacterias y hoy apremia descubrir nuevas soluciones para hacer frente a las enfermedades infecciosas

Urge combatir la resistencia antibiótica

Mónica Daluz
16/02/2018

Se anuncia el regreso a una era preantibiótica. La industria farmacéutica tiene sobre sí el peso de una responsabilidad de máxima relevancia: si no hay nuevos desarrollos se incrementará el número de bacterias multirresistentes a los antibióticos en los próximos años y se estima que la cifra de mortalidad por esta causa alcance los 10 millones de muertes en el año 2050. Sin antibióticos la medicina actual no sería posible, pero hoy estos tratamientos están dejando de ser efectivos. Pero a mantener el poder terapéutico de este grupo de fármacos toda la sociedad está llamada: el individuo en su libertad/responsabilidad de automedicarse, el médico al prescribir, los sistemas sanitarios, las autoridades gubernamentales, las instituciones internacionales y, por supuesto, la industria. Racionalizar la prescripción con la incorporación de métodos diagnósticos en los centros de asistencia primaria que prueben la presencia de bacterias, restringir el uso antibiótico en la industria ganadera, seguir investigando en nuevas maneras de ‘desactivar’ los sofisticados y eficientes mecanismos de adaptación de estos microorganismos, programas de prevención y control de las infecciones, nuevas vacunas o un sistema de comercialización alternativo, forman parte de las posibles soluciones.

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La resistencia a los antibióticos supone ya un problema de salud pública mundial. La OMS y el FMI alertan de las consecuencias de no tener a tiempo nuevos tratamientos antimicrobianos. Sólo en la Unión Europea se diagnostican cada año 400.000 nuevos casos de infecciones por bacterias multirresistentes, que causan 25.000 muertes al año y generan un gasto sanitario adicional de 1.500 millones de euros anuales. La generación de resistencia a los antibióticos constituye un proceso natural de selección, pero la acción humana ha incrementado la presión selectiva de estos microorganismos, que se han visto obligados a adaptarse constantemente a nuevas condiciones ambientales, y esto ha acelerado el proceso. Un cúmulo de factores hace que en la actualidad nuestra capacidad para luchar contra las infecciones esté decreciendo, y en el futuro se prevé que volvamos a una era en la que infecciones comunes sean difíciles de tratar. En este sentido, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) cita en el Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos: “Nos enfrentamos a infecciones por bacterias con riesgo de convertirse en clínicamente incontrolables, retornando a la era preantibiótica tanto en medicina humana como veterinaria”.

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Fuera de control

Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? “Lo que no nos mata nos hace más fuertes”, dijo Nietzsche; pues algo así ocurre también con las bacterias: si el antibacteriano no elimina por completo la cepa patógena, las bacterias que sobreviven transmiten la inmunidad, con la nueva información genética, a otros individuos, haciéndolos farmacorresistentes. Fue el mismísimo Fleming quien alertó del peligro de la subdosificación. En su discurso de recepción del premio Nobel en 1945, hizo una advertencia: “La penicilina aparece como no-tóxica, de modo que no hay preocupación con sobredosis e intoxicar al paciente. Sin embargo, puede existir el peligro de sub-dosificación. No es difícil conseguir microorganismos resistentes a la penicilina en el laboratorio exponiéndolos a concentraciones no letales y lo mismo puede pasar en el organismo”.

Aunque son muchas las veces que hemos sido informados sobre la importancia de concluir los tratamientos antibióticos, en la práctica, la población no percibe los riesgos que comporta el mal uso de este medicamento y de la amenaza que supone el aumento de la resistencia antibiótica. Es más, ante la ausencia de métodos diagnósticos rápidos y baratos en los centros de asistencia primaria, la prescripción de antibióticos en las últimas décadas se ha basado en los síntomas, sin evidencia de la presencia de cepas patógenas; el resultado es que se han estado utilizando antibióticos para tratar infecciones víricas.

Además del mal uso y de la innecesaria prescripción de este fármaco, o de la dispersión de microbios y los genes de resistencia que transportan, que ha traído el espectacular incremento de los desplazamientos, con microorganismos patógenos viajando por todo el planeta a través de las heces, el factor de mayor incidencia en la generación de resistencias a antimicrobianos es su uso preventivo en la industria ganadera. El pasado 7 de noviembre la OMS emitió un comunicado en el que recomienda “que las industrias agropecuaria, piscicultora y alimentaria dejen de utilizar sistemáticamente antibióticos para estimular el crecimiento y prevenir enfermedades en animales sanos”.

En la primavera de 2016 fue hallada por primera vez en Estados Unidos una superbacteria resistente a todo tipo de medicación existente. Se trataba de una cepa de la bacteria E. coli resistente al antibiótico de último recurso, la colistina, en desuso desde los 80 debido a su alta toxicidad. En octubre del año pasado la bacteria MRSA, hasta entonces endémica sólo en hospitales, se hizo endémica fuera de los centros hospitalarios. Las autoridades sanitarias de diferentes países están advirtiendo sobre el grave riesgo de que los tratamientos actuales, incluso los de reserva, se vuelvan inútiles, situándonos en un panorama como el de antes del descubrimiento de la penicilina.

Adaptación exprés

“Los microorganismos estaban en la Tierra muchos miles de años antes de que nosotros apareciéramos como especie y, probablemente, cuando hayamos desaparecido, muchos de ellos continuarán aquí”. Así nos responde Antoni Trilla, médico jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, cuando le preguntamos si debemos resignarnos a la imparable mutación de las bacterias. Y es que estos microorganismos tienen la suficiente versatilidad evolutiva para responder con diversos mecanismos de resistencia que van haciendo ineficaz la acción del antibacteriano. Cuando las condiciones del medio son desfavorables, por disminución de nutrientes o cambios en la temperatura (heladas, sequía…), determinadas bacterias forman endosporas como mecanismo de defensa; éstas se caracterizan por presentar una eficiente capa protectora resistente al calor, a la desecación, a la radiación y a la trituración mecánica.

“Ya en los años 50/60 —nos cuenta Trilla, que también ejerce como profesor de Salud Pública de la Universidad de Barcelona— llamó la atención que algunos microorganismos sensibles al antibiótico más sencillo, se hacían resistentes. Hoy, prácticamente todas las especies bacterianas han desarrollado algún grado de resistencia antibiótica”. “Durante esas décadas —prosigue Trilla— se sintetizaron nuevos antibióticos, y aunque parecía que los microorganismos iban permanentemente un paso por delante de nosotros, siempre teníamos una respuesta de manera relativamente rápida. Pero en los últimos años, los hallazgos de nuevos antibióticos se han vuelto bastante más excepcionales”. Un dato prueba esta crisis de innovación: en los últimos 30 años sólo se han aprobado dos nuevas clases de antibióticos. Y no podemos permitirnos el lujo de prescindir de ellos: se estima que la actual esperanza de vida en los países desarrollados disminuiría 20 años sin estos tratamientos, una situación que haría de la cirugía más sencilla una intervención de alto riesgo, y prótesis, trasplantes o tratamientos contra el cáncer no serían posibles.

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La industria es interpelada

En febrero del año pasado la OMS publicó una “lista de bacterias para las que se necesitan urgentemente nuevos antibióticos”, cita el comunicado. En el documento, la subdirectora general de la organización, Marie-Paule Kieny, señala que “la resistencia a los antibióticos va en aumento y estamos agotando muy deprisa las opciones terapéuticas; si dejamos el problema a merced de las fuerzas de mercado exclusivamente, no estarán listos a tiempo”. Por otra parte, en septiembre pasado se crearon los premios de la AEMPS con el objeto de galardonar a las personas físicas o jurídicas que se hayan distinguido en la promoción o en la ejecución de actividades que se enmarquen en alguna de las líneas estratégicas del Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos.

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Algunos laboratorios ya se han puesto manos a la obra. David Payne, doctor jefe de la Unidad de Descubrimientos Antibacterianos de GSK, nos habla de las investigaciones de la compañía: “Estamos progresando activamente con antibióticos novedosos para tratar infecciones por bacterias Gram negativas y tuberculosis resistentes a múltiples fármacos, incluida la gepotidacina (fase II), un antibiótico primero de su clase con el potencial de tratar la E. coli MDR y la gonorrea resistente a medicamentos”.

Por su parte, Abac Therapeutic cuenta con el Programa de Desarrollo Anti-Acinetobacter baumannii; la empresa, que focaliza sus investigaciones en bacterias específicas con las que lograr fármacos más eficientes, ha generado una serie de moléculas “prometedoras, que muestran una buena actividad antibacteriana contra un panel de insectos resistentes a múltiples fármacos”, explica la compañía.

La cuestión es que se pide a la industria que investigue en un fármaco que será utilizado como último recurso y con moderación. ¿Qué viabilidad tiene este planteamiento en una sociedad de mercado? El funcionamiento actual del sistema no proporciona incentivos económicos para que las farmacéuticas investiguen en nuevos antibióticos. Así valoran la situación desde el Instituto de Salud Global, que en su último informe, Resistencia a los antibióticos: cuando el problema va más allá de las patentes, concluye: “la resistencia antimicrobiana demuestra la necesidad de reformar un modelo de innovación farmacéutica agotado”.

Para la industria farmacéutica el retorno de la inversión en la investigación de productos antibióticos es incierto y, en todo caso, a muy largo plazo, ya que se trata de tratamientos de corta duración, al contrario que ocurre con los fármacos para enfermedades crónicas. En este sentido, Antoni Trilla, comenta que “para la industria farmacéutica los antibióticos no son un producto ideal desde un punto de vista de retorno de la inversión. No es la mejor inversión”. Además, la complejidad de la estructura de muchas bacterias hace excepcionalmente difícil desarrollar nuevos medicamentos capaces de penetrarlas y eliminarlas.

Hemos preguntado al doctor Payne, qué se puede hacer al respecto: “A la dificultad que entraña este tipo de desarrollos, se añade el hecho de que el modelo comercial utilizado por la mayoría de las compañías farmacéuticas implica generar un rendimiento financiero de la inversión, que aumenta a medida que aumenta el uso del medicamento. Cuanto más se prescribe un medicamento, a más pacientes ayuda y mayor es el retorno de la inversión. Esto funciona bien para la mayoría de los medicamentos, pero no para los antibióticos: los nuevos antibióticos deben usarse con moderación y mantenerse en reserva para evitar la resistencia, lo que dificulta que las empresas recuperen su inversión”. “Creemos —prosigue— que se necesita un nuevo modelo comercial para el desarrollo de antibióticos y respaldamos la existencia de un ‘modelo desvinculado’, que separe el retorno de la inversión del número de recetas que se venden”.

Revertir la situación es posible

Posible es, pero sólo si se toman medidas. Apremia abordar un problema para el cual el tiempo juega en nuestra contra, ya que las resistencias bacterianas se están consolidando con más rapidez que la capacidad de generar nuevos medicamentos. He aquí algunas soluciones: implantar sistemas de detección rápida en los centros hospitalarios y de asistencia primaria con los que identificar el microbio responsable de los síntomas, y no sólo para asegurar que se prescriban antibióticos únicamente a personas con infecciones bacterianas, sino para poder administrar el antimicrobiano adecuado desde el primer momento; medidas de vigilancia y control de infecciones en centros sanitarios y en las granjas; incorporar la secuenciación de genomas a los estudios epidemiológicos, o tal como apunta el doctor Trilla, “hacer una investigación potente en descubrir vacunas”.

Trilla, que recomienda a la industria mantener y fortalecer sus alianzas con los centros de investigación para conseguir sinergias, recoge una sugerencia a modo de símil: “Tendríamos que tener un ‘proyecto Manhattan’ para descubrir nuevos antibióticos. Encontrar la ‘bomba antibiótica’…”, aludiendo al proyecto científico que unió a los investigadores más brillantes durante la Segunda Guerra Mundial para descubrir la bomba atómica antes que los alemanes.

Pero los esfuerzos para ganar esta batalla deben ser compartidos y hoy más que nunca, con los nuevos descubrimientos acerca de la influencia del medio sobre el comportamiento de nuestros genes y sobre nuestra salud así como la de nuestra descendencia, la prevención, con el individuo sano como objeto, se erige en la vía sobre la que asentar los sistemas de salud, hasta ahora centrados en la curación. El individuo puede adquirir mayores cotas de responsabilidad sobre su propia salud, ya que está en su mano mejorarla con sus hábitos. Y para arrancar esa cadena de salud el primer paso es la divulgación del conocimiento y la información, no sólo en los centros de salud o en las oficinas de farmacia, también en las escuelas, los centros de trabajo y, por supuesto en los medios de comunicación, poniendo al alcance de los ciudadanos saberes sobre cómo ‘funcionamos’ y sobre nuevos descubrimientos científicos, que nos ayuden a entender qué podemos hacer para prevenir problemas de salud hoy al alza como las infecciones, la diabetes, el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas, las alergias o la obesidad. Qué comemos o cuál es la calidad del aire que respiramos, serán preguntas a la que este ciudadano/consumidor más formado e informado exigirá respuesta.

Como sociedad deberemos replantearnos el modo de producir alimentos, corresponsable con otros sectores de problemas como los gases de efecto invernadero, responsable directo del exceso de superficie destinada agricultura y ganadería, o de la contaminación por nitratos y abonos tóxicos de suelo y aguas, además de otras consideraciones de tipo ético. Josep Peñuelas, doctor en Ecología, investigador del CSIC, lo deja claro: “Estamos cambiando los microorganismos que dominaban el mundo y eso nos lleva a una Tierra distinta, porque esos microorganismos son los protagonistas de muchos ciclos naturales básicos como el del nitrógeno y el del carbono”.

Urge ralentizar la presión sobre estos microorganismos y que la investigación coja velocidad para alcanzar el ritmo imparable y exponencial al que avanza la diseminación en la atmósfera, la tierra y los océanos de cepas multirresistentes que pueden reconfigurar la bioquímica terrestre. Si nos toman demasiada ventaja, puede que volvamos a quedarnos a solas con nuestro sistema inmunológico, que, por cierto, lleva décadas un poco ‘adormecido’, precisamente porque le hemos hecho parte del trabajo… A los cambios que vendrán, la mayoría de microorganismos, sobre todo los patógenos, encontrarán la manera de adaptarse. Nosotros no.

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Los patógenos prioritarios para la I+D de nuevos antibióticos

Prioridad crítica

1. Acinetobacter baumannii, resistente a los carbapenémicos
2. Pseudomonas aeruginosa, resistente a los carbapenémicos
3. Enterobacteriaceae, resistentes a los carbapenémicos, productoras de betalactamasas de espectro extendido (ESBL).

Prioridad alta

4. Enterococcus faecium, resistente a la vancomicina
5. Staphylococcus aureus, resistente a la meticilina, con sensibilidad intermedia y resistencia a la vancomicina
6. Helicobacter pylori, resistente a la claritromicina
7. Campylobacter spp., resistente a las fluoroquinolonas
8. Salmonellae, resistentes a las fluoroquinolonas
9. Neisseria gonorrhoeae, resistente a la cefalosporina, resistente a las fluoroquinolonas.

Prioridad media

10. Streptococcus pneumoniae, sin sensibilidad a la penicilina
11. Haemophilus influenzae, resistente a la ampicilina
12. Shigella spp., resistente a las fluoroquinolonas.

Entrevista a Ana Rocamora, presidenta de la Sociedad Española de Químicos Cosméticos (SEQC)

Ana Rocamora SEQC
COSMÉTICA
“Los productos cosméticos serán cada vez de mejor calidad, sofisticados, convenientes y verdes”

Los nuevos descubrimientos científicos, así como la irrupción de la tecnología en el mundo de la cosmética, están colocando en el mercado productos verdaderamente novedosos, como cremas con probióticos y prebióticos en su composición que regulan la microbiota de la piel, aparatos en los que un algoritmo prepara una mezcla de fondo de maquillaje personalizado o cepillos de pelo con sensores, son solo algunos ejemplos.
Por otra parte, la presión de los mercados está forzando a la industria a cambiar sus procesos incorporando tecnologías que permitan trabajar en las plantas en tiempo real en función de las ventas y modificar la cadena de producción en cualquier momento, focalizándose en la eficiencia de la gestión de la demanda. Con estos y otros asuntos nos adentramos en el mundo de la cosmética, de la mano de la presidenta de la Sociedad Española de Químicos Cosméticos (SEQC), Ana Rocamora.
¿Qué ha significado para el sector la combinación de tecnología y cosmética? y ¿qué nos depara el futuro en este segmento?
La entrada y desarrollo de las nuevas tecnologías ha dado un giro al sector cosmético. Destacaría cuatro aspectos clave: la posibilidad de obtener nuevos activos más adecuados y efectivos; la capacidad para diversificar texturas, soportes y envases que nos permiten obtener nuevos formatos de cosméticos más eficaces, divertidos o innovadores; la tecnología de impresión digital, que ha revolucionado el mundo del envase, y la 3D, que está comenzando también una nueva revolución (por ejemplo, impresión de piel); y el acceso del consumidor a muchos productos diferentes, desde cualquier parte del mundo, con la posibilidad de acceder a información, demos, consejos y compra.
La combinación de todos estos factores nos hace vislumbrar para la cosmética, un futuro prometedor, cada vez más efectivo, bonito, variado y divertido. Al mismo tiempo, como contrapunto a un mundo tecnológico tan acelerado, el consumidor de cosmética también vuelve al gusto por lo auténtico, por los orígenes, lo antiguo o lo natural. Mónica Daluz
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COSMÉTICA. ENTREVISTA

“Los productos cosméticos serán cada vez de mejor calidad, sofisticados, convenientes y verdes”

Entrevista a Ana Rocamora, presidenta de la Sociedad Española de Químicos Cosméticos (SEQC)

Mónica Daluz
16/02/2018

Los nuevos descubrimientos científicos, así como la irrupción de la tecnología en el mundo de la cosmética, están colocando en el mercado productos verdaderamente novedosos, como cremas con probióticos y prebióticos en su composición que regulan la microbiota de la piel, aparatos en los que un algoritmo prepara una mezcla de fondo de maquillaje personalizado o cepillos de pelo con sensores, son solo algunos ejemplos. Por otra parte la presión de los mercados está forzando a la industria a cambiar sus procesos incorporando tecnologías que permitan trabajar en las plantas en tiempo real en función de las ventas y modificar la cadena de producción en cualquier momento, focalizándose en la eficiencia de la gestión de la demanda. Con éstos y otros asuntos nos adentramos en el mundo de la cosmética, de la mano de la presidenta de la Sociedad Española de Químicos Cosméticos (SEQC), Ana Rocamora.

Ana Rocamora, presidenta de la Sociedad Española de Químicos Cosméticos (SEQC)

Ana Rocamora, presidenta de la Sociedad Española de Químicos Cosméticos (SEQC).

¿Qué ha significado para el sector la combinación de tecnología y cosmética? y ¿qué nos depara el futuro en este segmento?

La entrada y desarrollo de las nuevas tecnologías ha dado un giro al sector cosmético. Destacaría cuatro aspectos clave: la posibilidad de obtener nuevos activos más adecuados y efectivos; la capacidad para diversificar texturas, soportes y envases que nos permiten obtener nuevos formatos de cosméticos más eficaces, divertidos o innovadores; la tecnología de impresión digital, que ha revolucionado el mundo del envase, y la 3D, que está comenzando también una nueva revolución (por ejemplo, impresión de piel); y el acceso del consumidor a muchos productos diferentes, desde cualquier parte del mundo, con la posibilidad de acceder a información, demos, consejos y compra.

La combinación de todos estos factores nos hacen vislumbrar para la cosmética, un futuro prometedor, cada vez más efectivo, bonito, variado y divertido. Al mismo tiempo, como contrapunto a un mundo tecnológico tan acelerado, el consumidor de cosmética también vuelve al gusto por lo auténtico, por los orígenes, lo antiguo o lo natural.

¿Qué productos novedosos están aportando los avances en medicina y en biotecnología, como la incorporación de probióticos, por ejemplo?

Los avances en medicina y biotecnología son la base para los avances de ingredientes activos para los cosméticos. Los probióticos son un ejemplo, también los cultivos de células vegetales son uno de los pilares para la nueva obtención de ingredientes. Otros avances destacables son el desarrollo de la investigación epigenética y su aplicación al cuidado de la piel o los estudios relativos a los efectos de las radiaciones de la luz azul y el infrarrojo, a las que estamos más expuestos hoy en día. Todas estas investigaciones están impactando en el desarrollo de nuevos productos cosméticos.

Junto al desarrollo de ingredientes, en ciencia también vemos interesantes avances aplicables al campo cosmético en los sistemas de extracción, polimerización, la química verde, etc.

¿En qué ámbito de la cosmética se están logrando los resultados más efectivos?

Es difícil definirse por un campo. Como el de los ingredientes activos ya lo hemos citado en el punto anterior, yo me centraría en todo lo que significa obtener nuevos ingredientes de origen natural y orgánicos que puedan servir para hacer fórmulas más naturales, con unas características similares a ingredientes sintéticos clásicos. Nuevos emulsionantes, emolientes, espesantes, conservantes, etc., que permiten formular nuevos productos más naturales, conservando una cosmeticidad del siglo XXI.

Parece que la personalización es una de las tendencias por las que apuesta el mercado, ¿está cambiando la manera de consumir y producir productos?, ¿se ha adaptado adecuadamente la industria española a los cambios que implica la continua y rápida respuesta que exigen los distintos mercados?

La personalización es una más de las opciones que el consumidor puede tener hoy en día. Sí, efectivamente, está cambiando la manera de consumir y producir. Con el fácil acceso a la información sobre cada producto del mercado al alcance de la mano y la amplia oferta de productos similares entre sí, el consumidor se vuelve más exigente y espera una máxima satisfacción. Tiene sentido que hayan empresas que respondan a estas necesidades si el consumidor está dispuesto a pagar un poco más. Pero todavía hay mucho camino que recorrer. Estos productos han de encajar en el marco legal de la cosmética, con precisión y seriedad.

En materia legislativa, ¿cuáles son las que más afectan o condicionan al sector, por ejemplo, parece que, a largo plazo, si seguimos la estela de EE UU, podría llegar la prohibición de las microesferas de plástico, tan utilizadas en, por ejemplo, los exfoliantes.

En Europa la legislación cosmética es muy activa y evoluciona constantemente, en función de los avances de la ciencia. En EE UU la legislación es más antigua, pero se está estudiando un cambio, ya que hay muchos conceptos que se han quedado anticuados.

El tema de las microesferas ya es un hecho. Son múltiples los países que se han sumado a liderar la prohibición de las micropartículas en productos cosméticos, entre ellos Estados Unidos, Canadá, Francia o el Reino Unido. Esta lista aumentará con el paso del tiempo, con crecientes movimientos de apoyo a legislaciones similares en otros países como Australia e incluso España. El sector cosmético tiene como característica y fortaleza su adaptabilidad e innovación. Está tomando la causa con la importancia necesaria y ha reaccionado correctamente antes incluso de que existiesen obligaciones legales. No está en la lista de las industrias más contaminantes en cuanto a microplásticos, pero liderará el movimiento por la protección medioambiental.

Una conclusión sobre el presente y el futuro del sector.

El presente del sector requiere mucha innovación y mucha inversión para conseguir, en un futuro, una cosmética digital sostenible que nos aporte bienestar y satisfaga nuestro ego. Los productos cosméticos serán cada vez de mejor calidad, sofisticados, convenientes (smart) y verdes. También más caros, pero formaran parte de nosotros mismos.

Entrevista a Carlos Monerris, Key Account Manager nacional de Itene

Carlos Monerris, Itene
Para
los envases multicapa, no será sencillo hallar alternativas 100% biodegradables”

Almacenar, transportar y proteger, fue solo el principio. La industria farmacéutica y las innovaciones en el sector del envase y embalaje han dado lugar a que hoy dispongamos de fármacos cuyos envases son capaces de realizar algunas tareas, tanto informativas, acerca de cuanto le ocurre al producto durante toda la cadena de suministro, como de mejora del mismo, con envases activos que optimizan la conservación del producto y sus características. Veremos también materiales con propiedades excepcionales, como el grafeno, con los que se conseguirán funcionalidades “a medida”.
Entre tanto, el gran reto es avanzar en la obtención de envases cada vez más biodegradables. Carlos Monerris, Key Account Manager nacional del Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística (Itene), nos explica cómo funcionan los envases inteligentes y los envases activos y nos pone al día de hacia dónde se dirigen las investigaciones.
¿Qué características deben tener los envases destinados específicamente a contener medicamentos?
Es muy importante cuidar, sobre todo, los envases de acondicionamiento primario, que están en contacto directo con el producto. Los envases tienen que preservar las características del medicamento, por lo que se llevan a cabo ensayos, denominados pruebas de acondicionamiento, a fin de testear sus habilidades para no alterar el fármaco y protegerlo de factores externos, como los ambientales, los químicos o los riesgos físicos.
Además, es preciso que el envase aporte al usuario la información necesaria para su uso correcto. Por lo que respecta a formas y materiales, estos tienen que ajustarse a las características del medicamento para garantizar su seguridad. Vidrio, plásticos, metales e incluso papel y cartón son los materiales más comunes.
Finalmente, los envases tienen que respetar el marco legislativo previsto para la protección del medio ambiente, por lo que las administraciones han establecido un proceso de autorización del medicamento en el que se incluye la evaluación del envase. Mónica Daluz / pdf

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ENTREVISTA

“Para los envases multicapa, no será sencillo hallar alternativas 100% biodegradables”

Entrevista a Carlos Monerris, Key Account Manager nacional de Itene

Mónica Daluz
23/04/2018

Almacenar, transportar y proteger, fue solo el principio. La industria farmacéutica y las innovaciones en el sector del envase y embalaje han dado lugar a que hoy dispongamos de fármacos cuyos envases son capaces de realizar algunas tareas, tanto informativas, acerca de cuanto le ocurre al producto durante toda la cadena de suministro, como de mejora del mismo, con envases activos que optimizan la conservación del producto y sus características. Veremos también materiales con propiedades excepcionales, como el grafeno, con los que se conseguirán funcionalidades “a medida”. Entre tanto, el gran reto es avanzar en la obtención de envases cada vez más biodegradables. Carlos Monerris, Key Account Manager nacional del Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística (Itene), nos explica cómo funcionan los envases inteligentes y los envases activos y nos pone al día de hacia dónde se dirigen las investigaciones.

Carlos Monerris, Key Account Manager nacional de Itene

Carlos Monerris, Key Account Manager nacional de Itene.

¿Qué características deben tener los envases destinados específicamente a contener medicamentos?

Es muy importante cuidar, sobre todo, los envases de acondicionamiento primario, que están en contacto directo con el producto. Los envases tienen que preservar las características del medicamento, por lo que se llevan a cabo ensayos, denominados pruebas de acondicionamiento, a fin de testear sus habilidades para no alterar el fármaco y protegerlo de factores externos, como los ambientales, los químicos o los riesgos físicos. Además, es preciso que el envase aporte al usuario la información necesaria para su uso correcto. Por lo que respecta a formas y materiales, estos tienen que ajustarse a las características del medicamento para garantizar su seguridad. Vidrio, plásticos, metales e incluso papel y cartón son los materiales más comunes.

Finalmente, los envases tienen que respetar el marco legislativo previsto para la protección del medio ambiente, por lo que las administraciones han establecido un proceso de autorización del medicamento en el que se incluye la evaluación del envase.

Y ¿en el caso de los envases para cosméticos?

Estos responden a las mismas necesidades que los envases de medicamentos, debido a que los productos que contienen entran en contacto con el organismo humano de forma más o menos permanente. Por esta razón, es imprescindible envasar los cosméticos en condiciones tales que permitan asegurar su estabilidad a lo largo del tiempo, impidiendo así su alteración química, física o biológica.

Como en el caso de envases para medicamentos, es posible encontrar en el mercado una gran variedad de formas y materiales de acondicionamiento, tanto primario como secundario. Algunos de ellos son el vidrio en sus distintos tipos, los plásticos (PVC, por ejemplo) y los metales (estaño y aluminio, entre otros), elegidos conforme a las propiedades del producto contenido.

¿Dispone de datos sobre el consumo de los distintos materiales en estos sectores?

El material principal para este tipo de aplicaciones, como en la mayoría de los sectores, es el plástico, que supone en torno al 60% del total. Este material es habitual en blísteres, botellas y sobres. El papel y el cartón también se usan en cajas o estuches, prospectos y etiquetas, y representan alrededor del 20% de la cuota total. También se utilizan otros materiales como el vidrio (10%), en formatos de ampollas o viales, y el aluminio (7%).

Itene ha trabajado en varios proyectos europeos en los que se han desarrollado envases biodegradables para cremas naturales para piel a través de la...

Itene ha trabajado en varios proyectos europeos en los que se han desarrollado envases biodegradables para cremas naturales para piel a través de la combinación de nanotecnología y envases activos antioxidantes (proyecto Biobeauty), así como nuevos envases con propiedades activas antimicrobianas que permiten reducir los niveles de conservantes químicos directamente añadidos en productos cosméticos sin perder seguridad y vida útil (proyecto Acticospack).

En las últimas décadas se ha buscado revalorizar el envase a través del desarrollo de materiales y tecnologías que le dotan de nuevas funcionalidades, ¿puede explicar cuáles son los desarrollos en este campo?

Actualmente, la innovación en los envases farmacéuticos es constante. Además de almacenar, transportar y proteger de agentes externos, cada vez más se apuesta por nuevas funcionalidades que aporten al producto un valor añadido. Uno de los desarrollos más importantes del sector es la paliación del problema de adherencia a los tratamientos farmacológicos, es decir, la falta de constancia a la hora de tomar un medicamento, con la incorporación de envases inteligentes que informan al paciente de los momentos del día en los que debe realizar la toma.

Otro de los desarrollos importantes del sector farmacéutico es la solución a los problemas de falsificación existentes, a través de dispositivos ópticos y sistemas de trazabilidad.

Los nuevos envases buscan garantizar también la seguridad del producto dando información sobre si han sido o no manipulados anteriormente y presentando dificultades para ser abiertos por niños y evitar así accidentes o intoxicaciones.

Los envases inteligentes son capaces de monitorizar lo que le está sucediendo al producto envasado durante toda su cadena de suministro. Estos envases engloban dispositivos y/o etiquetas que ya mediante respuesta visual o bien mediante la lectura a través de un lector o Smartphone, nos dan información de valor sobre el producto envasado. En el caso de los indicadores visuales, estos permiten saber si se ha roto la cadena de frío, si el producto se está deteriorando, o notificar si se ha producido alguna fuga de gases con los productos que se envasan en atmósfera protectora; Itene trabaja en este tipo de desarrollos.

Por último, otra de las innovaciones llevadas a cabo es la inclusión de envases activos que permitan mantener la calidad del producto o alargar su vida útil.

Al hilo de la pregunta anterior, por lo que respecta, concretamente, a los envases activos, ¿puede detallar su funcionamiento en los ámbitos farmacéutico y cosmético?

El envase activo es una de las tecnologías de envasado que ha experimentado un mayor impulso en los últimos años en el sector farmacéutico y cosmético en respuesta a los continuos cambios en las demandas de los consumidores. Esta tecnología se basa en la incorporación de ciertos componentes al propio envase de manera que puedan absorber o liberar sustancias desde o hacia el producto envasado, para así prolongar la vida útil asegurando la calidad y las características del producto.

Los sistemas absorbentes son aquellos que eliminan compuestos no deseados, como pueda ser el oxígeno, el exceso de agua o humedad, algunos contaminantes y otros compuestos específicos. Por otro lado, los sistemas de liberación incorporan de una forma controlada compuestos a los productos envasados como dióxido de carbono, antioxidantes o conservantes, entre otros, de manera que se prolonga el efecto beneficioso de los sistemas conservantes.

¿Puede mencionar ejemplos de desarrollos que ya estén en el mercado?

Entre los desarrollos que ya están en el mercado destaca la tecnología OxyVanish, de la empresa Mitsubishi Gas Chemical Company, Inc. OxyVanish es un material de envase activo absorbedor de oxígeno recientemente desarrollado que puede funcionar sin humedad. Dado que OxyVanish absorbe la humedad y el oxígeno, es capaz de extender la vida útil de productos farmacéuticos e instrumentos médicos que son sensibles al oxígeno y la humedad.

¿Qué innovaciones se han producido en el sector del envase para dar respuesta a las nuevas necesidades de la industria farmacéutica, como los tratamientos biotecnológicos, por ejemplo?, ¿puede explicar cuáles son los requerimientos para este tipo de envases?

La industria farmacéutica está focalizada en la identificación de las necesidades del cliente final, y ello ha dado lugar a, por ejemplo, los formatos de blísteres de bolsillo en forma de trébol, que aportan facilidad de uso. Además, esta industria tiene como objetivo la reducción del coste por envase teniendo siempre el foco en la seguridad sanitaria.

En este marco de innovación se encuentran los nuevos productos biotecnológicos, terapias producidas a partir de proteínas y sistemas vivos, que representan ya casi un tercio de los nuevos medicamentos aprobados, según Farmaindustria. Este tipo de producto requiere una adecuación de los procesos de fabricación. Algunos productos pueden ser sensibles al oxígeno y a la humedad presentes en el aire atmosférico, por lo que a menudo tienen que protegerse con gases inertes para evitar la degradación del producto y mantener la eficacia del medicamento.

El 1 de enero de 2018 entró en vigor un reglamento europeo para prevenir la presencia de la bacteria Campylobacter en la carne de pollo...

El 1 de enero de 2018 entró en vigor un reglamento europeo para prevenir la presencia de la bacteria Campylobacter en la carne de pollo. Itene ha creado un envase generador de atmósfera modificada. Chickenpack es un sistema que además de inhibir y eliminar dicha bacteria, permite una mejor conservación del producto con un sistema auto-generador de CO2, sin necesidad de incorporar una mezcla de gases en el envasado; el envase genera su propia atmósfera protectora una vez está cerrado.

¿Qué nuevos materiales veremos en el futuro aplicados al envase?, cada vez se habla más del grafeno, ¿puede ser uno de estos materiales?

La tendencia apunta hacia superficies funcionales y materiales ‘tailor-made’, que crean “funcionalidades a la carta”. Estos materiales pueden surgir incorporando funcionalidades en la matriz del material o porque se depositan sobre el mismo a través de métodos de deposición y/o tecnologías de impresión, etc. En el futuro vamos a encontrarnos con materiales que cambian de color ante un estímulo en concreto, con materiales más conductores o por el contrario más aislantes o bien que puedan apantallar las ondas, materiales más barrera a determinadas sustancias, etc.

El grafeno puede añadir muchas funcionalidades a los materiales y a auxiliares como las tintas o recubrimientos. Por sus potencialidades y propiedades se le estiman múltiples aplicaciones como el desarrollo de materiales barrera y conductivos, entre otros. Desde Itene trabajamos en múltiples proyectos que dotan de valor añadido a los materiales como, por ejemplo, el proyecto de desarrollo de un indicador de frescura para productos de pollo envasados (Freshcode) o el desarrollo de tintas de grafeno conductoras en el proyecto Nanointech.

A todo ello se añade el reto medioambiental, ¿se podrán conseguir envases 100% biodegradables, manteniendo las prestaciones?

Las prestaciones necesarias en los envases dependen de la aplicación. Ya se pueden hacer envases biodegradables 100% para aplicaciones donde la exigencia de sus prestaciones sea menor. Pero la biodegradabilidad es especialmente interesante en envases compuestos por una variedad de materiales, los denominados multicapa, porque su reciclaje es altamente complejo. Cada material que compone este tipo de envases cumple una función y tiene sus propias exigencias técnicas y, por tanto, encontrar alternativas biodegradables a todos ellos no es sencillo. Aun así, iremos viendo cada vez más envases 100% biodegradables a medida que el desarrollo de los materiales biodegradables continúe mejorando y que también se diseñe el envase pensando en el fin de vida del producto.

¿Cómo está resolviendo la industria los “retos del envase”, tales como la aplicación del ecodiseño, el ajuste de las dosis a los distintos tratamientos, la seguridad, la usabilidad –envases a prueba de niños y al mismo tiempo fáciles de manipular por ancianos–, los tratamientos personalizados…)?

Los desarrollos que en su diseño tienen en cuenta el punto de vista ambiental están en auge debido a que la sostenibilidad es una tendencia creciente. También se está apostando por innovaciones que permitan hacer la dosificación del producto o su apertura más cómoda y/o accesible a un determinado usuario frente a otro.

Por otro lado, adaptar los envases a las personas mayores e invidentes tiene cada vez más importancia. Además, la localización y monitorización de estos grupos de población es clave para el control de enfermos con capacidades disminuidas o que requieran un control de ciertos parámetros.

También se está trabajando en ámbitos como protección de la marca, autenticidad del producto, hacer la cadena de distribución más eficiente mediante las tecnologías de trazabilidad, generar productos cada vez más personalizados, facilitar la interacción usuario-producto, automatizar procesos y actividades; en definitiva, adelantarse a las necesidades de los usuarios.

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Mónica Daluz
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