Nuevo marco regulatorio del cannabis medicinal

Cannabis medicinal. Nuevo marco regulatorio
“Llegamos 25 años tarde”, profesor Manuel Guzmán, Universidad Complutense de Madrid

Cannabis sativa, una especie vegetal que produce decenas de compuestos farmacológicamente activos, algunos con potencial terapéutico ampliamente documentado. Sus efectos sobre el sistema nervioso central —analgésicos, antieméticos, ansiolíticos o moduladores del apetito— se han aprovechado en distintas patologías, especialmente en aquellas que cursan con dolor crónico y no responden a otros tratamientos analgésicos.
Desde que el químico estadounidense Roger Adams identificara los primeros cannabinoides en los años 40, y que en 1964 el profesor israelí Raphael Mechoulam aislara y caracterizara el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC), los avances científicos se sucedieron hasta culminar con la aprobación por la FDA de los primeros medicamentos cannabinoides en 1985. En el año 2000, Canadá fue el primer país en poner en marcha un programa nacional de cannabis medicinal.
En España, la regulación del uso terapéutico del cannabis es inminente; el borrador del Real Decreto está a la espera de luz verde por parte de las autoridades europeas. Presentado por el Ministerio de Sanidad el pasado febrero, el documento, cuyo ámbito de regulación son las “fórmulas magistrales a partir de preparados estandarizados de cannabis” —cita el texto—, nace con algunas limitaciones: solo se permitirá la dispensación en farmacia hospitalaria, y quedará restringida a indicaciones muy concretas como el dolor crónico, los vómitos asociados a quimioterapia o la espasticidad en esclerosis múltiple, y no será opción de primera línea. Tampoco contempla programas de dispensación y, como vías de administración, quedan fuera la inhalación y las aplicaciones tópicas. Asimismo, no se permite el uso de flores.
Fibromialgia, insomnio, pérdida de apetito, ansiedad, depresión leve, anhedonia… son algunos de los síntomas habituales en pacientes oncológicos o con enfermedades neurológicas. Pacientes que esperaban poder reducir el número de fármacos —analgésicos, antiinflamatorios, hipnóticos, antidepresivos— mediante un enfoque personalizado basado en preparados de cannabis, no quedarán cubiertos por la normativa. “Tendrán que seguir acudiendo al mercado negro”, sentencia Manuel Guzmán, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid.
En cualquier caso, la futura normativa viene a cubrir una necesidad real largamente reivindicada por pacientes, profesionales sanitarios e investigadores: estandarizar el tipo de producto y la concentración de principios activos, actualizar el tratamiento de patologías no cubiertas y la normalización de estos preparados. El aspecto más relevante de la ley es que promoverá la estandarización de los compuestos, condición indispensable para impulsar ensayos clínicos, documentar sus efectos sobre el organismo y mejorar la seguridad en su uso. Porque la precisión —dosis, variedad, condiciones de cultivo, método de extracción, formulación, etc.— marca la diferencia. El control sobre lo que se administra, la precisión en cada fase, no es fácil —ocurre con la mayoría de compuestos no sintéticos—, pero es imprescindible para avanzar en generar conocimiento. Solo que el tiempo corre… Y de distinta manera para los pacientes que sufren, que para el resto.
Mónica Daluz / pdf

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ACTUALIDAD

“Llegamos 25 años tarde”, profesor Manuel Guzmán, Universidad Complutense de Madrid

Nuevo marco regulatorio del cannabis medicinal

Mónica Daluz
Periodista especializada
21/07/2025

Cannabis sativa, una especie vegetal que produce decenas de compuestos farmacológicamente activos, algunos con potencial terapéutico ampliamente documentado. Sus efectos sobre el sistema nervioso central —analgésicos, antieméticos, ansiolíticos o moduladores del apetito— se han aprovechado en distintas patologías, especialmente en aquellas que cursan con dolor crónico y no responden a otros tratamientos analgésicos. Desde que el químico estadounidense Roger Adams identificara los primeros cannabinoides en los años 40, y que en 1964 el profesor israelí Raphael Mechoulam aislara y caracterizara el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC), los avances científicos se sucedieron hasta culminar con la aprobación por la FDA de los primeros medicamentos cannabinoides en 1985. En el año 2000, Canadá fue el primer país en poner en marcha un programa nacional de cannabis medicinal. En España, la regulación del uso terapéutico del cannabis es inminente; el borrador del Real Decreto está a la espera de luz verde por parte de las autoridades europeas. Presentado por el Ministerio de Sanidad el pasado febrero, el documento, cuyo ámbito de regulación son las “fórmulas magistrales a partir de preparados estandarizados de cannabis” —cita el texto—, nace con algunas limitaciones: solo se permitirá la dispensación en farmacia hospitalaria, y quedará restringida a indicaciones muy concretas como el dolor crónico, los vómitos asociados a quimioterapia o la espasticidad en esclerosis múltiple, y no será opción de primera línea. Tampoco contempla programas de dispensación y, como vías de administración, quedan fuera la inhalación y las aplicaciones tópicas. Asimismo, no se permite el uso de flores. Fibromialgia, insomnio, pérdida de apetito, ansiedad, depresión leve, anhedonia… son algunos de los síntomas habituales en pacientes oncológicos o con enfermedades neurológicas. Pacientes que esperaban poder reducir el número de fármacos —analgésicos, antiinflamatorios, hipnóticos, antidepresivos— mediante un enfoque personalizado basado en preparados de cannabis, no quedarán cubiertos por la normativa. “Tendrán que seguir acudiendo al mercado negro”, sentencia Manuel Guzmán, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid. En cualquier caso, la futura normativa viene a cubrir una necesidad real largamente reivindicada por pacientes, profesionales sanitarios e investigadores: estandarizar el tipo de producto y la concentración de principios activos, actualizar el tratamiento de patologías no cubiertas y la normalización de estos preparados. El aspecto más relevante de la ley es que promoverá la estandarización de los compuestos, condición indispensable para impulsar ensayos clínicos, documentar sus efectos sobre el organismo y mejorar la seguridad en su uso. Porque la precisión —dosis, variedad, condiciones de cultivo, método de extracción, formulación, etc.— marca la diferencia. El control sobre lo que se administra, la precisión en cada fase, no es fácil —ocurre con la mayoría de compuestos no sintéticos—, pero es imprescindible para avanzar en generar conocimiento. Solo que el tiempo corre… Y de distinta manera para los pacientes que sufren, que para el resto.

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Compuestos cannabionides

La planta del cannabis, como cualquier otra especie vegetal, produce diversas sustancias con las que adaptarse a las condiciones del entorno. Como la mayoría de los metabolitos secundarios farmacológicamente activos de las plantas, el THC está involucrado en el mecanismo de autodefensa del vegetal. “De entre todas las plantas, Cannabis sativa ha desarrollado unos compuestos que, por pura casualidad, ejercen acciones farmacológicas en nuestro organismo. Estos compuestos son los cannabinoides, y entre ellos destaca de forma clara el THC, el principal responsable de los efectos terapéuticos, pero también de los efectos psicoactivos del cannabis”, explica el profesor Guzmán, pionero en el estudio de los compuestos cannabinoides.

Estas sustancias interactúan con el sistema endocannabinoide humano (descrito en 1992 y conservado evolutivamente en los vertebrados). Nuestro organismo produce endocannabinoides, como la anandamida (AEA) y el 2-araquidonilglicerol (2-AG), estructuralmente similares al delta-9-tetrahidrocannabinol (THC). Como subraya Guzmán: “El THC no actúa por arte de magia: nuestro cuerpo está preparado para recibirlo”.

Los cannabinoides endógenos (o endocanabinoides) regulan múltiples procesos fisiológicos, incluyendo la nocicepción, la homeostasis energética, la neurogénesis, la plasticidad sináptica, el estado de ánimo, la respuesta inmunitaria y el ciclo sueño-vigilia. Un desequilibrio en la señalización endocannabinoide se ha vinculado a diversas condiciones patológicas, como trastornos del estado de ánimo, epilepsia resistente a fármacos, dolor crónico y enfermedades inflamatorias y neurodegenerativas. Además, el sistema endocannabinoide ejerce un papel neuroprotector modulando la inflamación, el estrés oxidativo y la excitabilidad neuronal.

Los efectos de estas sustancias se producen a través de dos receptores principales: el receptor cannabinoide tipo 1 (CB1), localizado sobre todo en el sistema nervioso central, y el receptor tipo 2 (CB2), presente básicamente en células del sistema inmunitario. Ambos receptores pueden activarse tanto por los endocannabinoides que producimos de forma natural —como la anandamida y el 2-AG— como por cannabinoides externos, como el THC de la planta del cannabis. Estas moléculas actúan sobre los mismos receptores y desencadenan respuestas similares, lo cual explica por qué los compuestos del cannabis pueden imitar o modular funciones propias del sistema endocannabinoide; esta interacción es en la que se basa su potencial terapéutico en diversas patologías, y en ella se focalizan las investigaciones.

Existen otros compuestos relevantes, el CBD en particular, que ha cobrado protagonismo entre la población, con la proliferación de establecimientos que venden productos derivados. Guzmán explica que al CBD se le han atribuido propiedades sobredimensionadas: “Aunque útil en epilepsias infantiles resistentes y como ansiolítico moderado, no tiene una base farmacológica tan sólida como el THC. El THC sigue siendo el componente con mayor relevancia clínica y científica del cannabis medicinal”. Incluso el postulado que ha sustentado en los últimos años el desarrollo de formulaciones combinadas de THC y CBD —según el cual el cannabidiol (CBD) mitiga o antagoniza los efectos psicoactivos del tetrahidrocannabinol (THC)— está siendo revisado.

Los preparados cannabinoides se clasifican en tres grandes grupos: compuestos puros (como la nabilona o el dronabinol), extractos estandarizados (como los fármacos aprobados Sativex o Epidiolex, y objeto de la nueva normativa) y cannabis herbal. La vía oral sigue siendo la más extendida, pero se abre paso el uso por vía oromucosal o vaporizada, especialmente útil en casos donde se requiere un efecto rápido, como el dolor agudo o crisis convulsivas. La legislación, sin embargo, solo contempla la vía oral, en la que la sustancia debe realizar un largo viaje a través del organismo hasta llegar a los receptores que han de generar el efecto buscado. Cannabis sativa ya ha mostrado su potencial; a partir de ahora, aprovecharlo dependerá de cómo se regule su uso.

La Sociedad Española del Dolor aboga por una regulación del cannabis terapéutico que garantice la seguridad...

La Sociedad Española del Dolor aboga por una regulación del cannabis terapéutico que garantice la seguridad, la eficacia y el acceso de los pacientes que lo necesiten, especialmente en casos de dolor crónico neuropático refractario y oncológico.

Posiciones y argumentos

“Cuatro millones y medio de personas en España sufren dolor difícil de tratar, y la mitad de ellas acaba en unidades de dolor crónico”. El dato lo daba el Dr. Jesús de Santiago, especialista en anestesiología, reanimación y tratamiento del dolor, en la introducción de su ponencia durante la conferencia sobre regulación del cannabis medicinal ‘Propuesta de regulación del cannabis: ¿qué hay que saber?’, celebrada en el marco de Infarma Barcelona 2025 el pasado marzo, y moderada por el vocal de plantas medicinales del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona (COFB), Josep Allué.

El proceso regulador del cannabis medicinal comenzó en octubre de 2021 con la creación de una subcomisión en el Congreso de los Diputados. En junio de 2022 se elaboró un documento sometido a consulta en dos ocasiones, y este se halla actualmente en revisión por parte de la Unión Europea. Se prevé que la normativa se apruebe en las próximas semanas. El borrador ha venido permitiendo el uso de estos compuestos en unidades del dolor, en determinadas circunstancias, pero la falta de estandarización de estas sustancias ha conferido un marco de inseguridad legal, así como de incerteza sobre las concentraciones de los preparados y, por tanto, la evaluación de sus efectos en el paciente. Sin estandarización no hay reproducibilidad, primera premisa del método científico.

El Dr. Jesús de Santiago, director de las Unidades de Dolor MIVI Canarias y coordinador del grupo de trabajo de cannabinoides de la Sociedad Española del Dolor, expuso el posicionamiento de la SED sobre los medicamentos basados en cannabinoides (MdC). La Sociedad aboga por una regulación del cannabis terapéutico que garantice la seguridad, la eficacia y el acceso de los pacientes que lo necesiten, especialmente en casos de dolor crónico neuropático refractario, y oncológico. El ponente señaló las indicaciones de mayor evidencia científica: el dolor crónico neuropático (un tipo específico de dolor crónico que se origina por una lesión o disfunción del sistema nervioso), el dolor oncológico, la endometriosis y el dolor nociplástico (como la fibromialgia). El facultativo explicó que estos compuestos se recomiendan como tratamiento de tercera línea para el dolor neuropático crónico, y que pueden utilizarse en otros tipos de dolor refractarios a tratamientos convencionales, mediante un ensayo terapéutico personalizado.

“Los especialistas en dolor, neurología y neurorrehabilitación pueden prescribir cannabis medicinal, que se dispensa en farmacias hospitalarias en forma de fórmulas magistrales estandarizadas”. Así lo explicó Eduardo López, jefe de sección en el servicio de farmacia del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, quien enfatizó la importancia del Real Decreto para estandarizar productos y concentraciones de principios activos, mejorar el conocimiento clínico y educar a pacientes y profesionales sanitarios. En este sentido, el Dr. López afirmó: “Necesitamos saber qué estamos utilizando, en qué concentración y en qué dosis. Solo así podremos generar conocimiento clínico riguroso; si no sabemos qué estamos dando, no podemos saber si funciona”. El especialista también apuntó que “la inhalación de marihuana, por ejemplo, no permite medir con precisión la dosis administrada, lo cual dificulta su estudio en ensayos clínicos”.

A la estandarización se suma otra reivindicación clave: la necesidad de crear un registro clínico nacional que permita evaluar la eficacia de los tratamientos en condiciones reales. Los distintos actores también reclaman que el acceso al cannabis medicinal no esté condicionado por el lugar de residencia del paciente; en algunos territorios se ha iniciado la formación de profesionales, pero otros carecen de protocolos o estructuras para su implementación. En definitiva: mecanismos claros de trazabilidad, formación específica y registro de resultados.

El Real Decreto busca permitir el uso de extractos estandarizados, sustancias puras y preparados de cannabis bajo un control farmacológico riguroso. Sin embargo, su enfoque limitado ha sido criticado por colectivos de pacientes, profesionales médicos y, de forma especialmente contundente, por la farmacia comunitaria. Una de las principales objeciones del colectivo farmacéutico es su exclusión del circuito de dispensación, reservado tan solo a hospitales. “Tenemos una red de más de 22.000 farmacias en España, con personal cualificado y experiencia en la formulación de estupefacientes. No tiene sentido limitar el acceso a hospitales”, señaló Elena Manso, vocal de Formulación Magistral del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid. “Somos expertos en estupefacientes. Ya dispensamos morfina, fentanilo o incluso cocaína en fórmulas magistrales, y con trazabilidad y seguridad garantizadas”, añadió.

Desde la farmacia comunitaria se reivindica la capacidad de participar activamente tanto en la formulación como en el seguimiento farmacoterapéutico de los tratamientos con cannabis medicinal. Esta implicación ampliaría el acceso en zonas rurales o alejadas de centros hospitalarios. “Tenemos una red capilar impresionante. En muchos municipios hay farmacia pero no hay centro de salud”, advirtió la representante de los boticarios, y lo ilustró así: “Según datos de la Comunidad de Madrid, el 99,8 % de los municipios cuentan con oficina de farmacia, mientras que 68 localidades carecen de consultorio médico.”

“Disponemos de laboratorios certificados, personal especializado y experiencia en formulación magistral. El seguimiento del paciente desde la farmacia es un plus que puede reforzar la seguridad del tratamiento”, insistió Manso. Esta postura contó con el respaldo de las asociaciones de pacientes. “Confiamos en las farmacias comunitarias para acceder a un tratamiento seguro y con seguimiento”, afirmó Javier Miravete, presidente de la Unión de Pacientes por la Regulación del Cannabis Medicinal.

Los especialistas en dolor...

Los especialistas en dolor, neurología y neurorrehabilitación pueden prescribir cannabis medicinal y los pacientes pueden adquirirlo en farmacias hospitalarias en forma de fórmulas magistrales estandarizadas.

¿Qué aporta la nueva Normativa?

La aprobación del Real Decreto sobre el uso medicinal del cannabis supone el establecimiento de un marco legal específico que regulará la elaboración y dispensación de fórmulas magistrales a base de cannabis, garantizando que solo se prescriban en indicaciones clínicas con evidencia científica de beneficio, como la esclerosis múltiple con espasticidad, epilepsia refractaria, dolor crónico no controlado y náuseas derivadas de tratamientos oncológicos. Además, se contempla la creación de un registro oficial de preparados estandarizados en la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), lo que permitirá un control riguroso de la calidad y trazabilidad, asegurando que los pacientes reciban productos seguros, controlados y libres de contaminantes.

Otro de los avances significativos será facilitar el acceso a tratamientos a pacientes con enfermedades graves o incapacitantes, que hasta ahora solo podían recurrir al cannabis terapéutico en un limbo legal, bien a través del autocultivo, asociaciones cannábicas, etc. En este sentido, el decreto también permitirá dejar de considerar como infractores a los pacientes que utilizan cannabis con fines terapéuticos, legitimando su uso dentro del sistema sanitario y protegiendo tanto a médicos como a pacientes. Por otro lado, el entorno regulado abrirá la puerta al desarrollo de ensayos clínicos sólidos, permitiendo impulsar la investigación científica sobre cannabinoides con estándares de calidad comparables a los de otros fármacos. En definitiva, esta normativa busca ofrecer mayor seguridad clínica, respaldo legal y evidencia científica en torno a unos compuestos cuyo potencial terapéutico ya está siendo avalado en distintos contextos médicos.

¿Y qué se queda fuera?

El borrador del decreto deja fuera muchas patologías donde los pacientes ya encuentran beneficio, como la fibromialgia, la ansiedad, el insomnio, el estrés postraumático o las migrañas. “Se queda corto, no resolverá los problemas reales de los pacientes, solo una parte muy concreta”, nos explica Guzmán. La opinión general de los sectores implicados coincide en valorar que el alcance de la normativa no se corresponde con las necesidades reales detectadas en la práctica clínica.

El representante de la farmacia hospitalaria, Dr. López, señaló durante su ponencia en Infarma’25, que “la presión social ha puesto de manifiesto que existen indicaciones terapéuticas no cubiertas por los medicamentos actualmente autorizados”. Y prosiguió: “Existe aún miedo por parte de los médicos. Esa distancia ha sido un punto clave: a pesar de que la legislación permite el uso de medicamentos fuera de ficha técnica, la ausencia de una regulación específica genera inseguridad y frena a muchos profesionales. Existe todavía un cierto miedo a prescribir según qué preparados, y probablemente el cannabis acabe engrosando esa lista”, añadió.

Como hemos comentado, la farmacia comunitaria ha sido excluida del circuito de dispensación, pese a su capilaridad y experiencia en fórmulas magistrales con sustancias controladas. Otro punto ciego de la normativa es la falta de referencia a productos de cannabis no psicoactivos actualmente en circulación, como aceites de CBD o suplementos con bajo contenido en THC. Aunque de libre acceso, siguen siendo un limbo legal, sin control de calidad oficial ni verificación de su contenido. Algunos expertos proponen que la ley contemple mecanismos para regular este mercado emergente y ofrecer garantías mínimas al consumidor.

“La normativa española, si se aprueba en 2025, llegará con 25 años de retraso”, afirma el profesor Guzmán. Y es que Canadá, ya en el año 2000, fue el primer país en poner en marcha un programa nacional de cannabis medicinal. La experiencia internacional demuestra que el cannabis medicinal no sustituye a los tratamientos convencionales, pero puede complementarlos. Alemania, Israel y Países Bajos han desarrollado programas más flexibles que contemplan indicaciones más amplias, permiten fórmulas adaptadas y habilitan la participación de farmacias comunitarias. Su uso permite reducir otras medicaciones más peligrosas (opioides, psicotrópicas —como las benzodiacepinas—, etc.). “Su combinación de efectos modestos en varios síntomas puede traducirse en una gran mejora global en la calidad de vida del paciente”, valora el profesor Guzmán, quien advierte que “sin programas de seguimiento estructurados, como los que ya funcionan en algunos países europeos, la mayor parte de los pacientes seguirá sin acceso legal a estos principios activos”. El profesor subraya, sin embargo, que “aunque estos preparados tienen limitaciones, se adaptan mucho mejor a las necesidades reales de los pacientes y suponen una herramienta fundamental para tratar enfermedades crónicas y debilitantes. Los cannabinoides no lo curan todo —advierte Guzmán—, pero cuando se combinan sus efectos sobre el ánimo, el sueño, el dolor, el apetito y la motivación vital, el resultado es una mejora integral de la calidad de vida”.

Desde el colectivo de la farmacia comunitaria se reivindica la capacidad de participar activamente tanto en la formulación como en el seguimiento...

Desde el colectivo de la farmacia comunitaria se reivindica la capacidad de participar activamente tanto en la formulación como en el seguimiento farmacoterapéutico de los tratamientos con cannabis medicinal.

Cannabinoides: ¿neuroprotectores o desencadenantes psiquiátricos?

El cannabis y sus compuestos activos presentan una dualidad que ha generado debate científico y clínico: mientras que algunos cannabinoides como el THC han demostrado efectos neuroprotectores en modelos de enfermedades como el Alzheimer o la esclerosis múltiple, su consumo —especialmente en contextos no médicos— se ha vinculado a un mayor riesgo de ansiedad, síntomas psicóticos y trastornos como la esquizofrenia.

El sistema endocannabinoide actúa como modulador clave del equilibrio cerebral. Al interactuar con él, los cannabinoides pueden tener efectos beneficiosos o perjudiciales según múltiples factores: la edad del consumidor, la dosis, la frecuencia de uso y la susceptibilidad genética. “En adolescentes, cuyo cerebro aún está en desarrollo, el THC puede alterar procesos de maduración neurológica y aumentar el riesgo de trastornos psiquiátricos, si se tiene predisposición genética. En adultos, y en dosis controladas, estos riesgos son considerablemente menores”, puntualiza el profesor Guzmán. Y prosigue: “La evidencia no respalda que el cannabis cause esquizofrenia por sí solo, pero sí puede adelantar su aparición en personas predispuestas”.

La clave para un uso medicinal seguro del cannabis reside en un enfoque personalizado, clínicamente supervisado y con formulaciones que equilibren adecuadamente los principios activos.

Lo que la Ley no regula: el cultivo, la tenencia y el consumo recreativo. Sobre este último, Guzman hace hincapié en la conveniencia de que los adolescentes tengan acceso a información veraz, científicamente contrastada. En sus clases de biología molecular explica a sus alumnos que en esta etapa su sistema nervioso no está aún formado y deben abstenerse de consumirlo o usarlo con moderación. “Ya saben que si les dicen que fumando marihuana desarrollarán una enfermedad psiquiátrica, no es verdad”. Su consejo es que si alguna vez desean consumir de forma lúdica, lo hagan moderada y responsablemente en su etapa adulta, con vidas asentadas, satisfactorias, saludables y descartando antecedentes psiquiátricos, traumas o predisposición genética. En definitiva, les sugiere: “Que esperen y entonces se lo piensen”.

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Hace tan solo algunas décadas, la prevalencia de las alergias era residual, aunque las referencias sobre su existencia datan de hace siglos. Pero hoy, el medio nos está poniendo muy difícil mantener el equilibrio de nuestro organismo, comprometiendo a diario la salud humana. Especialmente en Occidente, donde los cambios epigenéticos suceden a todo ritmo.
Cientos de compuestos con los que entramos en contacto modifican nuestras ‘instrucciones’ originales -también las de los organismos que nos cohabitan- y el sistema inmunológico recibe extraños mensajes a los que responde situándose a la defensiva. Entonces inicia el ataque sobre alguna proteína de algo tan inofensivo como, por ejemplo, un melocotón… Pero también la excesiva asepsia, o el error en las recomendaciones pediátricas de retrasar la exposición del bebé a potenciales alérgenos alimentarios; hoy se recomienda adelantarla.
Y aunque en el ámbito de las alergias la genética también manda -y mucho-, la realidad es que nadie nace alérgico, y el alérgeno (aquello a lo que el sistema inmunológico reacciona, produciendo el anticuerpo inmunoglobulina E -IgE-) “siempre es un factor externo a nuestro organismo con el que entramos en contacto, y la reacción alérgica, una anomalía del sistema inmunológico”, apunta el Dr. Joan Bartra, jefe del servicio de Alergología del Hospital Clínic de Barcelona. La clave está en hallar, en cada caso, los factores desencadenantes.
La inmunoterapia con alérgenos (utilizada en patologías respiratorias), las llamadas ‘vacunas de la alergia’, ha venido demostrando e incrementando su eficacia, siendo hoy el único tratamiento que modifica el desarrollo de la enfermedad. Ahora vienen a añadirse nuevas y avanzadas técnicas de análisis molecular, que permiten determinar qué molécula produce la sintomatología a un paciente, y afinar así en la diana terapéutica. Nos dirigimos hacia una inmunoterapia a la carta.
La desensibilización -utilizada para la alergia a fármacos y alimentaria-, aunque más lenta, también está mejorando la calidad de vida de los pacientes. Las vacunas recombinantes, que utilizan alérgenos de síntesis para restablecer la regulación inmunológica; los biomarcadores; las técnicas de micromatrices, y las tecnologías ómicas están revolucionando el abordaje de las enfermedades alérgicas. En este contexto, las expectativas del mercado de vacunas y de nuevos fármacos biológicos son de altos crecimientos. Solo el mercado mundial de vacunas se estima que supere los 3.000 millones de dólares en 2031. Y la industria de inmunoterapia específica española ha venido a posicionarse como una de las más avanzadas a nivel internacional.
 Mónica Daluz / pdf

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Mónica Daluz
Periodista especializada
19/02/2025

Hace tan solo algunas décadas, la prevalencia de las alergias era residual, aunque las referencias sobre su existencia datan de hace siglos. Pero hoy, el medio nos está poniendo muy difícil mantener el equilibrio de nuestro organismo, comprometiendo a diario la salud humana. Especialmente en Occidente, donde los cambios epigenéticos suceden a todo ritmo. Cientos de compuestos con los que entramos en contacto modifican nuestras ‘instrucciones’ originales -también las de los organismos que nos cohabitan- y el sistema inmunológico recibe extraños mensajes a los que responde situándose a la defensiva. Entonces inicia el ataque sobre alguna proteína de algo tan inofensivo como, por ejemplo, un melocotón… Pero también la excesiva asepsia, o el error en las recomendaciones pediátricas de retrasar la exposición del bebé a potenciales alérgenos alimentarios; hoy se recomienda adelantarla. Y aunque en el ámbito de las alergias la genética también manda -y mucho-, la realidad es que nadie nace alérgico, y el alérgeno (aquello a lo que el sistema inmunológico reacciona, produciendo el anticuerpo inmunoglobulina E -IgE-) “siempre es un factor externo a nuestro organismo con el que entramos en contacto, y la reacción alérgica, una anomalía del sistema inmunológico”, apunta el Dr. Joan Bartra, jefe del servicio de Alergología del Hospital Clínic de Barcelona. La clave está en hallar, en cada caso, los factores desencadenantes. La inmunoterapia con alérgenos (utilizada en patologías respiratorias), las llamadas ‘vacunas de la alergia’, ha venido demostrando e incrementando su eficacia, siendo hoy el único tratamiento que modifica el desarrollo de la enfermedad. Ahora vienen a añadirse nuevas y avanzadas técnicas de análisis molecular, que permiten determinar qué molécula produce la sintomatología a un paciente, y afinar así en la diana terapéutica. Nos dirigimos hacia una inmunoterapia a la carta. La desensibilización -utilizada para la alergia a fármacos y alimentaria-, aunque más lenta, también está mejorando la calidad de vida de los pacientes. Las vacunas recombinantes, que utilizan alérgenos de síntesis para restablecer la regulación inmunológica; los biomarcadores; las técnicas de micromatrices, y las tecnologías ómicas están revolucionando el abordaje de las enfermedades alérgicas. En este contexto, las expectativas del mercado de vacunas y de nuevos fármacos biológicos son de altos crecimientos. Solo el mercado mundial de vacunas se estima que supere los 3.000 millones de dólares en 2031. Y la industria de inmunoterapia específica española ha venido a posicionarse como una de las más avanzadas a nivel internacional.

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En España alrededor del 30% de la población sufre algún problema de tipo alérgico, porcentaje que va en aumento en las sociedades occidentalizadas. Según la consultora Mordor Intelligence, en 2050 la mitad de la población mundial padecerá alguna alergia.

Las alteraciones de los factores climáticos, la contaminación, hábitos tóxicos, alimentos sometidos a tratamientos desde su cultivo o crianza hasta su envasado, alimentos procesados y ultraprocesados, o el uso excesivo de fármacos, nos sitúan cada día más, al filo del precipicio de la enfermedad y, particularmente, de las enfermedades alérgicas. Aunque el sistema inmunológico nos preserva de ellas, ‘fichando’ todo lo que entra en el organismo desde el útero materno, a veces falla. ¿Por qué? Los desencadenantes suelen ser multifactoriales y ahí radica la complejidad de la enfermedad alérgica.

La reacción alérgica -siempre mediada por un mecanismo inmunológico- “es una anomalía” -aclara Joan Bartra, jefe del servicio de Alergología del Hospital Clínic de Barcelona- “y todo cuanto incide en el sistema inmunológico puede favorecer que se produzca esta anomalía”. Definitivamente, “nadie nace alérgico -prosigue-, siempre es un agente externo el que causa la reacción.”

El conjunto de factores externos a los que estamos expuestos, el exposoma, modifica el epigenoma, que envía instrucciones erráticas a los genes sobre cuándo deben o no entrar en acción.

La mayor incidencia clínica de la alergia es la respiratoria y el tipo más frecuente, al polen, especialmente al de gramíneas; hay unos 7 millones de afectados. El cambio climático está haciendo que las polinizaciones sean más prolongadas y que los pólenes expresen más cantidad de proteína y con mayor potencial alérgico. En este sentido, los elementos contaminantes también son determinantes. Bartra nos pone el ejemplo de las emisiones diésel: “Estas partículas modifican las características del polen y hacen que el alérgeno se exprese más y sea más alergénico.”

También crece la sensibilización a fármacos. Esta constituye la primera causa de anafilaxia (y como nunca está de más repetirlo: las vacunas son los medicamentos que menos reacciones anafilácticas provocan). Los antibióticos, con las penicilinas (como la amoxicilina) a la cabeza, son los medicamentos implicados con mayor frecuencia en las reacciones alérgicas. Le siguen los fármacos antiinflamatorios, principalmente el ibuprofeno. En el futuro la mayor precisión de las técnicas y procedimientos evitará el sobrediagnóstico al que se ha llegado en alergias a medicamentos. El caso más llamativo es el de la penicilina: casi el 10% de la población refiere ser alérgica a ella, pero solo el 1% lo es.

Especialmente significativo es el incremento de la sensibilización alimentaria. La Organización Mundial de la Alergia (WAO) dedicó su foco en la última edición de la Semana Mundial de la Alergia, celebrada el pasado verano, a las alergias alimentarias: “Son cada vez más comunes en personas de todas las edades en todo el mundo, y esto es un problema de salud mundial; estas pueden poner en peligro la vida. Todo el mundo debería saber qué es la alergia alimentaria, ser capaz de reconocer los riesgos y estar preparado para ayudar”, cita el comunicado del evento.

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Con relación a las crecientes alergias e intolerancias alimentarias -en estas últimas no media el sistema inmunológico- y el lógico aumento del interés de la población y de la demanda de soluciones, el Dr. Bartra alerta, con especial énfasis, sobre “los oportunistas; donde no llega la ciencia, llegan los oportunistas… Se están dando dietas que no sólo no son adecuadas, sino que pueden acabar siendo perjudiciales.”

Por su parte, la doctora Alicia Armentia, investigadora responsable de la Unidad de Alergología del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid, especializada en hallar factores desencadenantes en casos de alergia, se refería en recientes declaraciones al incremento de la sensibilización a frutas: “Los biotecnólogos crean nuevos cultivares (variedades) de semillas que son más resistentes a la sequía, al frío, a los insecticidas…, pero esto estimula también las proteínas de defensa de la planta, y los alérgenos son más potentes.” Y cita el ejemplo del melocotón, que tiene naturalmente un antifúngico que se expresa cuando es agredido por hongos y demás microorganismos deteriorantes: “Los biotecnólogos -relata- hacen que estos antifúngicos naturales se expresen más para que los melocotones puedan ser conservados en las cámaras durante mucho tiempo. Esto es esencial porque si no, nos moriríamos de hambre, pero también crea nuevos alérgenos.” En cualquier caso, sobre las enfermedades alérgicas, Armentia aclara: “si se conoce la causa, en la mayoría de los casos, la alergia se cura”.

Reset

Como se le antojaban a Don Quijote los molinos, cual gigantes, así ve el sistema inmunológico del paciente alérgico a la inofensiva proteína sujeto de su locura. Es una exagerada reacción a una o varias proteínas, para lo cual hay que tener predisposición genética pero que solo se activará y manifestará a causa de factores externos. Sobre la influencia del ascendente genético hereditario en las probabilidades de ser alérgico, se estima que si ninguno de los progenitores lo es, la probabilidad de que la descendencia lo sea es de entre el 15 y el 20 por ciento. Este porcentaje se eleva al 66% si ambos son alérgicos. “Es alérgico aquel que puede serlo, pero además necesita tener una serie de factores ambientales que superen la ‘resistencia’, la inmunoregulación que realiza el organismo para no reaccionar a esos alérgenos; es un error en la interpretación del sistema inmunológico. En muchas de las enfermedades alérgicas lo que ha pasado es que se ha perdido la inmunoregulación que sujetaba todos esos factores genéticos y que impedía que estos se expresasen como enfermedad. Y se puede restaurar en algunos de los pacientes.” Así lo explicaba el presidente de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic), Dr. Ignacio Dávila, en declaraciones recientes.

La Asociación fue galardonada la pasada primavera por su proyecto Acredita: Acreditación de unidades de inmunoterapia específica con alérgenos en servicios de Alergología de España, del Comité de Inmunoterapia de la Seaic. La Dra. Eloína González, presidenta de este Comité, lo explicó así durante el acto de recogida del premio Avedis Donabedian a la Calidad, celebrado en Barcelona: “La inmunoterapia específica con alérgenos (ITA) es el único tratamiento que puede modificar el curso natural de las enfermedades alérgicas e incluso puede resultar curativo en muchas de ellas. El tratamiento de la mayoría de los procesos alérgicos se apoya en tres pilares básicos, la evitación del alérgeno responsable de los síntomas, el uso de farmacoterapia preventiva y sintomática, y el uso de inmunoterapia específica con alérgenos en los casos en que exista la indicación. La ITA consiste en la administración de dosis repetidas y crecientes del alérgeno al que el paciente está sensibilizado, con el objetivo de crear tolerancia en exposiciones posteriores. Para garantizar la seguridad y obtener la máxima efectividad terapéutica, es imprescindible el seguimiento de los pacientes en Unidades de ITA (UIT) que garanticen unos estándares de calidad”, resalta González.

Y es que, cuando la evitación del alérgeno no es posible, y más allá del abordaje sintomático, que, por otra parte, es uno de los segmentos que más crece en ventas y que supone un importante pilar del mix de la oficina de farmacia, hoy se cuenta con tratamientos de inmunoterapia con los que restaurar la inmunoregulación perdida. Ese es el objetivo de las vacunas recombinantes. Algunas incluso han demostrado efecto preventivo, en concreto contra el asma. Otra ventaja de la utilización de alérgenos recombinantes es que con ellos se evitan procesos de reactividad cruzada.

Los alérgenos recombinantes se utilizan en los ámbitos tanto de diagnóstico como de tratamiento. En el primero, permiten identificar la molécula del extracto alergénico a la que está sensibilizado el paciente (mediante biomarcadores), y como tratamiento, modular la respuesta del sistema inmune. Si tomamos el ejemplo del cacahuete, con la información que proporcionan estas técnicas, la recomendación dietética será distinta en función de si la sensibilización es a las proteínas llamadas de ‘almacenamiento’, a las de ‘transferencia de lípidos’, etc. Este matiz permite estratificar la gravedad de la enfermedad alérgica y constituye un factor pronóstico; hallarlo puede ser decisivo en la vida diaria del paciente.

Así define la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) los dos tipos de fármacos a base de alérgenos. Por un lado, los utilizados para inmunoterapia: “aquellos que se utilizan para modificar la respuesta anómala del sistema inmunitario induciendo una tolerancia al alérgeno en cuestión generando, por tanto, una menor reacción y síntomas de alergia”. Por otra parte, los medicamentos a base de alérgenos con finalidad diagnóstica in vivo: “aquellos que se utilizan para identificar las alergias por parte de profesionales sanitarios”.

Estos fármacos se están aplicando en el tratamiento de, por ejemplo, asma alérgica, rinitis alérgica estacional, alergia a la caspa de gato, al cacahuete, al polen de los árboles y al polen de las gramíneas.

Algunas de estas técnicas y tratamientos tienen costes muy elevados, particularmente los más complejos o personalizados, además, tanto la inmunoterapia subcutánea (SCIT) como la sublingual (SLIT) suelen requerir años de administración de dosis. Pero estas innovaciones ya se están implementando en los sistemas de salud. En este sentido, el Dr. Bartra nos explica que “estas nuevas técnicas están ya introducidas en el sistema de salud y es posible tener acceso a pruebas diagnósticas y tratamientos moleculares.”

Sin embargo, el avance en la precisión de la personalización de los tratamientos depende de la identificación de nuevos biomarcadores. También de la resolución de algunos problemas de seguridad relativos a reacciones alérgicas graves.

La investigación está centrada en estos y otros retos, avanzando en nuevos coadyuvantes o nuevas vías de administración adaptadas a los pacientes, lo que facilita la adherencia, como el uso de un antihistamínico en colirio o de tabletas sublinguales como alternativa a la inmunoterapia por vía subcutánea. Y nuevos focos de estudio, como el peptidoma, que nos puede llevar en un futuro a otro tipo de inmunoterapia, basada en estas pequeñas secuencias proteicas, los péptidos.

Calendario de medicamentos a base de alérgenos de uso humano

La Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AMPS) publicó este verano el calendario para solicitar la aprobación de medicamentos a base de alérgenos de uso humano. Estos productos requieren una regulación especial ya que suelen ir vinculados a una preparación individualizada, por lo que no cuentan con la autorización de comercialización de medicamentos propia de los medicamentos fabricados industrialmente.

Se establece un primer período (01/01/25 – 31/12/25) para: “controles positivo y negativo de diagnósticos; cualquier producto conteniendo albúmina humana en su composición; productos para diagnóstico por provocación; y productos para diagnóstico, graneles e inmunoterapia que contengan veneno de himenópteros y extracto o extractos de melocotón”.

El segundo periodo (01/01/26 – 30/06/26) contempla productos para diagnóstico, graneles e inmunoterapia que contengan extracto(s) de ácaros tanto individuales como formando parte de mezclas con otros extractos alergénicos. Un tercer periodo (01/07/26 – 31/12/27) para el o los extractos de pólenes de gramíneas, tanto individuales como formando parte de mezclas con otros extractos alergénicos. Y un cuarto periodo (01/01/28 – 30/06/29) para los que contengan extracto(s) de pólenes de olivo. Hay un quinto periodo (01/07/29 – 31/12/30) para los no incluidos en ninguno de los grupos anteriores.

El incremento de pacientes afectados por enfermedades alérgicas hace prever que también lo haga el valor del mercado. Un crecimiento no solo debido al número de casos, sino también a la inversión en la investigación y el desarrollo de nuevos tratamientos por parte de los laboratorios. Esta es la previsión de la consultora Mordor Intelligence en su estudio Análisis de participación y tamaño del mercado de tratamiento de alergias, que analiza las tendencias hasta 2029: “Se espera que el tamaño del mercado del tratamiento de alergias alcance los 31,07 millones de dólares en 2029, con una tasa compuesta anual del 8,10% durante el período 2024-2029.”

Según la misma fuente, las compañías que lideran el mercado son: Johnson & Johnson, Sanofi, GlaxoSmithKline, F. Hoffmann-La Roche y Leti Pharma. Esta última, por ejemplo, ofrece inmunoterapia para la alergia al polen, a ácaros y a animales.

Actualmente, están en investigación varios fármacos biológicos, pero se encuentran todavía en etapas preliminares. Alguna novedad sí ha habido; el pasado febrero se aprobó el Omalizumab, un medicamento biológico para uso en alergias alimentarias que bloquea la IgE. Utilizado desde hace años en asma y urticaria, la FDA lo aprobó para reducir las reacciones alérgicas a alimentos en pacientes con múltiples alergias alimentarias.

Las técnicas de micromatrices, o microarrays...

Las técnicas de micromatrices, o microarrays, permiten con una mínima muestra de sangre detectar la reactividad alérgica de un paciente ante más de 200 componentes moleculares presentes, fundamentalmente, en alimentos y pólenes. Ello afina el tratamiento en inmunoterapia y en un futuro se utilizará para predecir la predisposición alérgica. En la imagen una representación del ácaro del polvo.

Existen, sin embargo, algunos inconvenientes en el desarrollo de este mercado. A las dificultades regulatorias se añaden las complicaciones a la hora de realizar ensayos clínicos, ya que la mayoría de pacientes alérgicos lo son a varios alérgenos. La complejidad del diagnóstico hace que, en muchas ocasiones, la prueba definitiva sea la de provocación, con el consecuente riesgo que ello implica. Hay todavía muchas necesidades no cubiertas por falta de precisión diagnóstica, por lo que es necesario hallar nuevos identificadores, biomarcadores.

De la medicina de la enfermedad a la medicina de la salud

La inmunoterapia con fines de desensibilización se viene utilizando desde los años 20 del siglo pasado. La alergología es, sin duda, la especialidad sanitaria más representativa y pionera de la medicina personalizada. Hemos visto cómo hoy esta disciplina vuelve a situarse en la avanzadilla de la nueva medicina, personalizada y de precisión.

Las alergias se enmarcan en ese raro grupo de enfermedades en las que nuestro propio sistema inmunológico nos ataca: las enfermedades autoinmunes. Los investigadores se han preguntado a lo largo del tiempo por qué a una máquina tan perfecta le fallan los mecanismos que preservan la integridad de la unidad de la vida, la célula y, en consecuencia, de todo el organismo. Ya ha quedado claro que las alteraciones epigenéticas pueden desestabilizar todo el sistema, pero ¿y el componente genético? La mayoría de enfermedades tiene un origen genético. ¿Por qué nuestro genoma lleva instrucciones tan erráticas?

Si se observan estos hechos biológicos desde el punto de vista evolutivo (que lo explica casi todo) se revelan algunas interesantes aproximaciones. Recordemos que la naturaleza no favorece la supervivencia del individuo sino de la especie; los individuos, simplemente, sirven a ‘la causa’. La diversidad genética supone una reserva de variantes que incrementa nuestras posibilidades de supervivencia como especie, y lo que hoy es un defecto puede ser una ventaja evolutiva en un futuro ante un cambio en las condiciones ambientales.

Otra evidencia es que hemos convivido durante siglos con diversos parásitos, algunos de tamaño considerable, que hoy han desaparecido de nuestro entorno. Demasiado rápido para los timings de la evolución; un sistema inmunológico que, entre el exceso de higiene, de antibióticos, etc., casi se ha quedado sin trabajo…, el medio para el que está adaptado no requiere de sus servicios. Entonces, pierde el norte, y ataca -que es su cometido-, pero al enemigo equivocado. Diversos estudios sugieren que el uso terapéutico de helmintos -gusanos- y derivados (mediante la infección controlada al paciente) podría favorecer la mejoría de algunas enfermedades autoinmunes como la enfermedad de Crohn o la esclerosis múltiple. En el ámbito de las alergias estudios realizados en sociedades no occidentales, demuestran que la población infantil con parasitosis es menos reactiva a los alérgenos de los ácaros del polvo, o que la incidencia del asma es menos frecuente.

Desbordada por la enfermedad, la medicina ha curado y aliviado cuanto ha podido a lo largo de la historia. El dominio del mundo molecular y el conocimiento de los mecanismos de la enfermedad nos conducen hacia una medicina de prevención, una medicina focalizada en la preservación de la salud, que convivirá en paralelo con la que trata de atajar lo que ya se ha manifestado como enfermedad.

El parto (vaginal) es un momento crucial para nuestro sistema inmunológico...

El parto (vaginal) es un momento crucial para nuestro sistema inmunológico. En ese ‘rato’ de tránsito hacia la vida la madre transmite al neonato su microbiota, cuya composición participa en el desarrollo del sistema inmunitario. Como explica la Dra. Armentia: “Nacemos informados de nuestro entorno, por lo que la madre ha respirado, comido…, deberíamos tolerarlo”.

Los avances en biología molecular están arrojando luz sobre el engranaje que mantiene la armonía de las moléculas, un equilibrio que permite la vida y preserva la salud. Sobre las claves moleculares de la salud, Carlos López-Otín, científico experto en envejecimiento, cáncer y enfermedades raras, nos ilustra en su último libro La levedad de las libélulas. El reputado investigador destaca la importancia del equilibrio molecular, y subraya que son los procesos de desregulación y disbiosis los mayores desestabilizadores de la salud. Enumera así las ocho claves moleculares que determinan el funcionamiento del organismo: “Integridad de barreras, contención de perturbaciones, reciclado de material biológico, integración de circuitos, oscilaciones rítmicas, resiliencia homeostática, regulación hormética y reparación molecular y celular”.

Y hasta aquí, con lo que venimos ‘de serie’. Después, el medio manda.

A modo de conclusión, he aquí un párrafo del libro de Otín que condensa la idea de que vivimos a expensas del entorno, que hoy es especialmente hostil: “La mayoría de enfermedades metabólicas, inflamatorias, autoinmunes, cardiovasculares, degenerativas y emocionales surgen en buena medida por alteraciones en la continua conversación de nuestro genoma con el ambiente en el que se desarrolla nuestra vida. La alimentación excesiva, deficiente o insuficiente, la introducción de cambios drásticos absurdos en la nutrición, la falta de ejercicio físico adecuado, la pérdida de eficiencia del sistema inmune o, incluso, un insoportable naufragio emocional, pueden generar alteraciones epigenéticas, que actuando sobre un fondo genético de predisposición, consiguen modificar los patrones de expresión de los genes de nuestro genoma o pervertir su eficiente diálogo con los genomas de todos los organismos que nos cohabitan. Y así, poco a poco, vamos perdiendo el equilibrio consustancial a la salud y la vida.”

La medicina de la salud lo es por su enfoque holístico, que contempla la interconexión e interacción entre los mecanismos de la vida, que dialogan todos con todos y todos a la vez, y que, como cualquier sistema complejo, arroja propiedades emergentes, haciendo del todo, más que la suma de sus partes. Los hay que construyen barreras, otros que reparan, los que limpian, los que sincronizan, los que regulan, los que registran las visitas…, un entramado de elementos que debe funcionar con armónica precisión y que, en conjunto, tratará de sortear las perturbaciones que vayan aconteciendo. Y como telón de fondo, el metagenoma (la suma de los genes que nos conforman como unidad biológica: los genes humanos, los de las bacterias, los virus, parásitos, arqueas, hongos…) que nos recuerda que somos holobiontes, multiorganismos; con solo los genes humanos no sobreviviríamos. La complejidad es máxima. La farmacogenética y la farmacogenómica son disciplinas llamadas a abanderar este nuevo enfoque de la medicina de la salud, que persigue alcanzar una homeostasis que coloque todo en su sitio, otra vez.

Entrevista a la Dra. Victòria Cardona, especialista en Alergología en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona

Entrevista a la Dra. Victòria Cardona, Hospital Vall d’Hebron de Barcelona
A
LERGIAS 
“En las sociedades occidentales se está produciendo una ‘epidemia’ de alergia” 

La Dra. Cardona se ha especializado en áreas alérgicas específicas como la anafilaxia, en la que es experta, así como en la alergia a alimentos y medicamentos, la alergia molecular y el angioedema hereditario. En esta entrevista Cardona clarifica algunos conceptos básicos sobre las enfermedades alérgicas, y nos explica cómo se ha mejorado en la precisión de los diagnósticos gracias a las técnicas moleculares. Su consejo para frenar esta epidemia galopante se resume en: una mayor exposición a los microorganismos de la naturaleza y evitar los hábitos tóxicos que esté en nuestra mano.
¿Nadie nace alérgico? ¿Es siempre un factor externo el que inicia esta respuesta desproporcionada del sistema inmunológico? Incluso una predisposición genética, ¿no se activa sin un factor desencadenante?

No, no se nace alérgico, sino que las personas se vuelven alérgicas a una sustancia (alérgeno) con la cual han tenido contacto. Por ejemplo, un bebé puede desarrollar una alergia a las proteínas de la leche de vaca después de haberla consumido. Lo que sí existe es una “predisposición” en algunas personas y no en otras para desarrollar alergia. Esta predisposición está condicionada genéticamente. Por eso hay familias con varios miembros alérgicos.

Aunque las causas son multifactoriales, desde una infección hasta una disbiosis de la microbiota intestinal, pasando por un evento emocional… ¿podría enumerar los factores desencadenantes más frecuentes y explicar sus mecanismos?

Se desconoce cuál es el factor o circunstancia exacta que pone en marcha este proceso. Pero se sabe que factores del ambiente, la higiene, el uso de antibióticos, la contaminación o ciertas infecciones, favorecen la posibilidad de desarrollar una alergia. Por esa razón, las características de las sociedades del primer mundo favorecen la aparición de enfermedades alérgicas, mientras que en las “tradicionales”, las condiciones de menor higiene y más contacto con microorganismos constituyen factores protectores. Esto se ha relacionado con ciertos estímulos del sistema inmunitario, o la falta de los mismos, que desviarían la respuesta inmunitaria hacia el tipo alérgico. Los factores estresantes, como un evento emocional, suelen estar relacionados con el inicio de una reacción alérgica más que con el desarrollo de la alergia en sí. Mónica Daluz
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ACTUALIDAD

En las sociedades occidentales se está produciendo una “epidemia de alergia”

Entrevista a la Dra. Victòria Cardona, especialista en Alergología en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona

Mónica Daluz
Periodista especializada
19/02/2025

La Dra. Cardona se ha especializado en áreas alérgicas específicas como la anafilaxia, en la que es experta, así como en la alergia a alimentos y medicamentos, la alergia molecular y el angioedema hereditario. En esta entrevista Cardona clarifica algunos conceptos básicos sobre las enfermedades alérgicas, y nos explica cómo se ha mejorado en la precisión de los diagnósticos gracias a las técnicas moleculares. Su consejo para frenar esta epidemia galopante se resume en: una mayor exposición a los microorganismos de la naturaleza y evitar los hábitos tóxicos que esté en nuestra mano.

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¿Nadie nace alérgico? ¿Es siempre un factor externo el que inicia esta respuesta desproporcionada del sistema inmunológico? Incluso una predisposición genética, ¿no se activa sin un factor desencadenante?

No, no se nace alérgico, sino que las personas se vuelven alérgicas a una sustancia (alérgeno) con la cual han tenido contacto. Por ejemplo, un bebé puede desarrollar una alergia a las proteínas de la leche de vaca después de haberla consumido. Lo que sí existe es una “predisposición” en algunas personas y no en otras para desarrollar alergia. Esta predisposición está condicionada genéticamente. Por eso hay familias con varios miembros alérgicos.

Aunque las causas son multifactoriales, desde una infección hasta una disbiosis de la microbiota intestinal, pasando por un evento emocional… ¿podría enumerar los factores desencadenantes más frecuentes y explicar sus mecanismos?

Se desconoce cuál es el factor o circunstancia exacta que pone en marcha este proceso. Pero se sabe que factores del ambiente, la higiene, el uso de antibióticos, la contaminación o ciertas infecciones, favorecen la posibilidad de desarrollar una alergia. Por esa razón, las características de las sociedades del primer mundo favorecen la aparición de enfermedades alérgicas, mientras que en las “tradicionales”, las condiciones de menor higiene y más contacto con microorganismos constituyen factores protectores. Esto se ha relacionado con ciertos estímulos del sistema inmunitario, o la falta de los mismos, que desviarían la respuesta inmunitaria hacia el tipo alérgico. Los factores estresantes, como un evento emocional, suelen estar relacionados con el inicio de una reacción alérgica más que con el desarrollo de la alergia en sí.

¿Qué está pasando en Occidente? Se está produciendo un incremento de las alergias en número de afectados y tipos de alérgenos. ¿Cuáles son las alergias con mayor prevalencia? ¿Y los nuevos alérgenos? ¿Qué conclusiones se pueden extraer de esta evolución de cara a predecir escenarios futuros? ¿Estamos, con nuestros hábitos y entorno, modificando nuestro epigenoma?

Como decíamos, en las sociedades occidentales, con alto grado de higiene y poco contacto con una diversidad biológica de organismos o microorganismos, se está produciendo una “epidemia de alergia”. Se ha evidenciado en las últimas décadas un aumento de alergia respiratoria (rinitis y asma), alergias alimentarias (que hace 50 años prácticamente no existían) y de alergia cutánea (como dermatitis atópica). También existe un incremento en las reacciones alérgicas a medicamentos, probablemente relacionada con el aumento de su uso y con la mayor longevidad de la población que recibe estos medicamentos.

Aparentemente, aún estamos en una pendiente ascendente de ciertas enfermedades alérgicas, como la alergia a alimentos, mientras otras pueden estar alcanzando una fase de estabilización, como el asma alérgico.

Evidentemente, nuestros hábitos, como el tabaquismo, y las condiciones en que vivimos, con unos niveles de contaminación elevados, ejercen un fuerte impacto en el epigenoma, favoreciendo las enfermedades alérgicas. Por ejemplo, si tu abuela era fumadora es más probable que presentes una enfermedad alérgica, y esto se explica por la epigenómica.

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Hace unas semanas se celebraba en Bilbao el XXXV Simposio internacional de la Sociedad Española de Alergología, donde los expertos alertaban de que “las alergias alimentarias se han duplicado en los últimos 25 años”. ¿Qué lo está provocando y qué se puede hacer para prevenir esta afección al alza?

Existen múltiples factores que se asocian al aumento de la alergia a alimentos. Específicamente, sabemos que algunas recomendaciones que se aplicaban hasta hace pocos años, cómo el retraso en la introducción de ciertos alimentos considerados potencialmente alergénicos en la dieta de los lactantes, con la intención de disminuir la posible alergia, en realidad resultaba en un incremento en la incidencia de la misma. Por ello, actualmente se aboga por introducirlos todos entre los 4 y 6 meses. También se tienen datos de que los alimentos procesados pueden tener un efecto “pro-alergénico”.

La alergología ha sido una disciplina pionera en medicina personalizada, basada en inmunoterapia. Hemos saltado a un nivel en que nuevas tecnologías y herramientas, como los biomarcadores, están permitiendo conocer específicamente la proteína causante de cada alergia. Háblenos de la evolución en el tratamiento de las alergias y, en este sentido, ¿qué nuevos fármacos vamos a ver a corto y medio plazo?

Sin duda, la alergología siempre ha desarrollado tratamientos a medida de las alergias de sus pacientes. Diagnosticar específicamente a qué moléculas alergénicas está sensibilizado un paciente (mediante el diagnóstico molecular) ha permitido un enfoque aún más preciso y a mejorar el tratamiento, por ejemplo con la inmunoterapia con alérgenos. A pesar de que se han realizado estudios que demuestran de forma inequívoca la eficacia de la inmunoterapia con alérgenos, competir con otros tratamientos farmacológicos más generales es extremadamente complicado. Las grandes empresas farmacéuticas, como las que comercializan los fármacos biológicos, tienen unos mercados potenciales mucho más amplios que los de una alergia en concreto, y su inversión en el desarrollo de los mismos es infinitamente mayor. Estas empresas tienen la capacidad de realizar estudios mucho más extensos y obtener la indicación para un principio activo en múltiples enfermedades. La inmunoterapia específica para un alérgeno tiene los mismos requerimientos para comprobar su eficacia, sin embargo, estos ensayos pueden resultar más dificultosos. No obstante, se está trabajando para desarrollar inmunoterapia con alérgenos más eficaz mediante productos más específicos, nuevos adyuvantes que potencien su acción o novedosas formas basadas en otras vacunas, como por ejemplo, algunas de las aprobadas recientemente para enfermedades infecciosas.

En determinados casos, una alergia puede comprometer el diagnóstico o tratamiento de otras enfermedades, como los pacientes oncológicos alérgicos a la quimioterapia, que precisan de desensibilización durante el tratamiento. ¿En qué otros casos esta interferencia resulta determinante y cuáles han sido los avances en este campo?

En los últimos años se han hecho avances cruciales en la alergia a medicamentos, tanto en su uso diagnóstico como terapéutico. Cabe resaltar el papel decisivo que han adquirido los alergólogos en el diagnóstico y manejo de las reacciones de hipersensibilidad a quimioterápicos y fármacos biológicos. Estos se prescriben en enfermedades graves y hasta hace unos años, una reacción de hipersensibilidad a los mismos comportaba el cambio a estrategias terapéuticas de segunda línea. La instauración en los hospitales de programas de desensibilización ha modificado radicalmente estas situaciones. Los procedimientos de desensibilización a fármacos, mediante unos protocolos de administración a dosis progresivas, han conseguido muy altas tasas de éxito y han significado un cambio de paradigma en el abordaje terapéutico de estos pacientes. Se trata de procedimientos de alto riesgo, que deben ser realizados por equipos de alergología experimentados.

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La importancia de una adecuada adaptación al ambiente en los primeros años y meses de vida es una evidencia. ¿Qué consejos para la vida diaria daría a los futuros padres que se propongan proporcionar las mejores condiciones para un funcionamiento óptimo del sistema inmunológico del nuevo individuo o minimizar sus posibilidades de hipersensibilización?

Los datos aportados por los estudios epidemiológicos apuntan hacia la necesidad de mantener un delicado balance entre unas condiciones higiénicas adecuadas para no presentar enfermedades infecciosas y mantener un estímulo antigénico por microorganismos. Por lo tanto, parece que un contacto con la naturaleza, la tierra, las plantas o los animales podría ayudar a prevenir la aparición de alergias. También la dieta, natural, sin alimentos procesados, y con la introducción de los alimentos entre los 4 y 6 meses, se apuntaría como la opción óptima. Asimismo, parece que el adecuado cuidado de la piel de los bebés, mediante emolientes, podría ser un factor protector en algunos casos.

¿Cuál cree que debería ser el papel de las farmacias en la divulgación, seguimiento, preparaciones, etc., para contribuir a reducir la incidencia de las alergias? Un mensaje al sector farmacéutico.

Las farmacias suponen un actor clave en la atención a los pacientes con enfermedades alérgicas. Todos somos conscientes de que en muchos casos suponen la primera línea de atención sanitaria, sobre todo en cuadros iniciales y no graves. Deben ser capaces de ofrecer una primera orientación terapéutica. Por ejemplo, muchas rinoconjuntivitis alérgicas pueden ser tratadas al principio con fármacos sin receta. Pero también es importante que sean capaces de estratificar aquellos pacientes con afectaciones más graves, para indicarles la necesidad de que consulten a su médico de familia o incluso al especialista. Por ejemplo, los pacientes que han presentado una reacción anafiláctica (reacción alérgica aguda grave, rápida y generalizada, con afectación de varios sistemas) deberían ser remitidos de forma urgente al alergólogo.

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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