El cerebro humano: “Yo, el rey”

El cerebro humano: Yo, el rey. Reportaje de neurociencia
La neuromodulación farmacológica busca reprogramar la comunicación sináptica

Su extrema complejidad es su seña de identidad. Pero hoy, tanto las estructuras como el endiabladamente vasto cableado del cerebro —el conectoma— son algo menos indescifrables gracias a tecnologías que permiten “ver” qué ocurre ahí dentro cuando pensamos, cuando recordamos, cuando aprendemos, cuando predecimos o cuando tomamos decisiones.
Proyectos como el Human Brain Project y el BRAIN Initiative nacieron con el objetivo de aplicar este conjunto de técnicas a la comprensión del funcionamiento del cerebro mediante la reproducción digital de su diseño, tratando de obtener un mapa computacional del órgano rey. Aún no se ha logrado, pero ahora sabemos, por ejemplo, que en muchos procesos cognitivos la unidad funcional no es la neurona, sino conjuntos de neuronas; que existen neuronas que, dispersas en el espacio, se activan al mismo tiempo ante un mismo concepto, cualquiera que sea el modo en que se presente el estímulo: las llamadas neuronas de concepto o neuronas de Jennifer Aniston; o que hay evidencia del engrama, la huella física de un recuerdo.
En las próximas décadas curaremos reprogramando circuitos neuronales con fármacos que frenarán el Alzheimer, neuronas de reemplazo en Parkinson, terapias génicas para epilepsias y ELA, y neuroprótesis capaces de devolver voz y movimiento. Leer el pensamiento —para la comunicación con pacientes en coma, por ejemplo—, o borrar recuerdos —en el tratamiento de traumas—, son algunas de las intervenciones en neuromodulación que podremos controlar en un futuro. Ante esta perspectiva, se abre el debate sobre neurodatos y neuroderechos; ya han legislado al respecto Chile y varios estados de Estados Unidos, como Colorado, California y Montana.
Los nuevos hallazgos, además de responder a preguntas que llevan mucho tiempo abiertas, podrían resolver otras nuevas, incluso algunas a las que habíamos casi descartado dar respuesta desde la ciencia; un nutrido sector de la comunidad científica está volcado en hallar dónde reside o cómo se produce biológicamente la consciencia.
Pero no nos engañemos —y no nos frustraremos—, el órgano más importante de nuestro cuerpo es, sin lugar a dudas, el mayor desconocido de la ciencia. Hallazgos sí, y muchos, y muy importantes, pero entender lo que se dice entender, todavía no. Situadas ya las expectativas reales ante la lectura de este reportaje, ahora sí, pónganse cómodos. ¡Arrancamos!
Mónica Daluz / pdf

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Mónica Daluz
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