‘Las ómicas’, oráculo de la salud


NUTRICIÓN DE PRECISIÓN 
Nuevas herramientas y oportunidades para el sector farmacéutico 

No hay dos iguales, ni siquiera los univitelinos. El ser humano se desarrolla biológicamente en función de las particularidades de su genotipo -y lo que a priori éste le pueda deparar- y del que da las órdenes, el fenotipo, modificable, para bien y para mal; los hábitos y factores ambientales interfieren en su funcionamiento, pero al mismo tiempo ello abre la puerta a intervenir sobre él. En ambos sistemas se ha evidenciado la importancia del proceso de nutrición en el mantenimiento de la homeostasis del organismo y, en consecuencia, en la preservación de la salud. Actualmente hay abiertas innumerables investigaciones centradas en la interacción gen-nutriente. Éstas tratan de determinar cómo la genética influye en la respuesta a la dieta (nutrigenética) y, al revés, cómo la dieta afecta a la expresión y actividad de los genes (nutrigenómica). 
Las disciplinas denominadas en su conjunto ‘ómicas’ han experimentado un avance sin precedentes gracias a nuevas tecnologías que permiten obtener un conocimiento integral del individuo a nivel molecular. El abordaje multiómico está haciendo posible una medicina personalizada, en la que se enmarca la denominada nutrición de precisión, que explora las posibilidades de intervenir, a través de la dieta, en la prevención y tratamiento de enfermedades. Desde este enfoque, los compuestos de los nutrientes se convierten en herramientas con las que conducir nuestra salud, física y psicológica.
Pero, ¿cómo se canalizarán estas recomendaciones?, ¿qué implicaciones tendrán estos nuevos conocimientos sobre los protocolos de los sistemas de salud?, ¿cómo afectará a la industria farmacéutica la irrupción de nuevos productos, tratamientos, test diagnósticos, etc., derivados de este enfoque?, y ¿a la industria alimentaria -con el previsible boom de nuevos suplementos alimenticios que cubrirán necesidades de grupos poblacionales específicos-?, ¿cómo se regularán estos nuevos productos?, ¿qué mitos y bulos está desmontando la ciencia sobre cómo comer mejor para preservar la salud, incluso la juventud? Este reportaje y las entrevistas que le siguen tratan de dar respuesta a estas preguntas. Sin más preámbulo: Bon appétit! Mónica Daluz / pdf

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NUTRICIÓN DE PRECISIÓN

Nuevas herramientas y oportunidades para el sector farmacéutico

‘Las ómicas’, oráculo de la salud

Mónica Daluz
Periodista especializada
08/02/2024

No hay dos iguales, ni siquiera los univitelinos. El ser humano se desarrolla biológicamente en función de las particularidades de su genotipo -y lo que a priori éste le pueda deparar- y del que da las órdenes, el fenotipo, modificable, para bien y para mal; los hábitos y factores ambientales interfieren en su funcionamiento, pero al mismo tiempo ello abre la puerta a intervenir sobre él. En ambos sistemas se ha evidenciado la importancia del proceso de nutrición en el mantenimiento de la homeostasis del organismo y, en consecuencia, en la preservación de la salud. Actualmente hay abiertas innumerables investigaciones centradas en la interacción gen-nutriente. Éstas tratan de determinar cómo la genética influye en la respuesta a la dieta (nutrigenética) y, al revés, cómo la dieta afecta a la expresión y actividad de los genes (nutrigenómica). Las disciplinas denominadas en su conjunto ‘ómicas’ han experimentado un avance sin precedentes gracias a nuevas tecnologías que permiten obtener un conocimiento integral del individuo a nivel molecular. El abordaje multiómico está haciendo posible una medicina personalizada, en la que se enmarca la denominada nutrición de precisión, que explora las posibilidades de intervenir, a través de la dieta, en la prevención y tratamiento de enfermedades. Desde este enfoque, los compuestos de los nutrientes se convierten en herramientas con las que conducir nuestra salud, física y psicológica. Pero, ¿cómo se canalizarán estas recomendaciones?, ¿qué implicaciones tendrán estos nuevos conocimientos sobre los protocolos de los sistemas de salud?, ¿cómo afectará a la industria farmacéutica la irrupción de nuevos productos, tratamientos, test diagnósticos, etc., derivados de este enfoque?, y ¿a la industria alimentaria -con el previsible boom de nuevos suplementos alimenticios que cubrirán necesidades de grupos poblacionales específicos-?, ¿cómo se regularán estos nuevos productos?, ¿qué mitos y bulos está desmontando la ciencia sobre cómo comer mejor para preservar la salud, incluso la juventud? Este reportaje y las entrevistas que le siguen tratan de dar respuesta a estas preguntas. Sin más preámbulo: Bon appétit!

Alimentos ricos en omega-3 y cápsulas de aceite de pescado; ilustra una dieta cardioprotectora...

El complejo proceso de nutrición (en el que intervienen no solo el sistema digestivo sino también el respiratorio, circulatorio y excretor) permite el crecimiento de nuestro organismo, así como su mantenimiento y reparación. Sin embargo, factores genéticos, metabólicos y de estilo de vida hacen que las necesidades nutricionales de cada persona y su respuesta a los compuestos de los alimentos -como ocurre con los fármacos u otros tratamientos- sean distintas.

La nutrición de precisión toma en consideración la variabilidad individual en la respuesta a los nutrientes y explora los posibles beneficios de adaptarlos, mediante la dieta, a los genes, el metabolismo o el microbioma, entre otras características individuales. El organismo, para realizar correctamente sus innumerables funciones, necesita tener disponibles nutrientes esenciales: macro y micronutrientes (además de fibra -presente en cereales integrales y legumbres- y agua).

Alimentos ricos en omega-3 y cápsulas de aceite de pescado; ilustra una dieta cardioprotectora. El omega 3 es un ácido graso que solo puede obtenerse a través de los alimentos. Con respecto a los suplementos de aceite de pescado existen numerosos indicios sobre sus beneficios, aunque los últimos estudios realizados no son concluyentes.

Los nutrientes que necesitamos en mayor cantidad, y que se encargan de aportar energía, son los macronutrientes: carbohidratos -que se descomponen en azúcares-, proteínas y grasas. Los micronutrientes, vitaminas y minerales, son requeridos por el organismo para realizar funciones esenciales, pero en cantidades menores. Estos se obtienen de fuentes como vegetales, lácteos y carnes. Además, muchos de estos alimentos contienen sustancias biológicamente activas, como antioxidantes y fitoquímicos que, aunque no son nutrientes, es decir, no son esenciales para la vida, aportan beneficios para la salud.

La identificación y caracterización de nuevos compuestos bioactivos en los alimentos no cesa de crecer. Y el mercado ya se ha hecho eco. Según datos de la consultora Mordor Intelligence “se espera que el tamaño del mercado de polifenoles crezca de los 1,02 mil millones de dólares alcanzados en 2023 hasta los 1,56 mil millones en 2028”, en particular en el segmento de colorantes alimentarios. Según la misma entidad, “en 2023 el mercado mundial de alimentos funcionales y productos naturales para la salud se situó en unos 23.500 millones de dólares y las previsiones apuntan a que 2032 cerrará con una cifra próxima a los 323.500 millones.

La industria alimentaria se reorienta para mitigar el impacto que están teniendo sobre las ventas de ultraprocesados los mensajes relativos a la importancia de adoptar hábitos saludables y el rechazo progresivo del consumidor a estos productos, aunque que sí se muestra dispuesto a sustituirlos por alimentos procesados más saludables. Esta tendencia también favorecerá las ventas en la oficina de farmacia, con nuevos productos nutracéuticos, además de innovadores fármacos que están por llegar. En este sentido destaca la irrupción de los medicamentos contra el sobrepeso y la obesidad (análogos de la proteína GLP-1), que van a suponer un suculento nicho de mercado para la industria farmacéutica. Con la aprobación de la liraglutida y la semaglutida para esta indicación, la obesidad, se espera reducir la incidencia de las múltiples enfermedades asociadas a esta patología crónica.

La alimentación es uno de los factores ambientales clave sobre los que intervenir en la preservación de la salud, teniendo en cuenta que el fenotipo es el resultado de la interacción entre la genética y el medio, y se va configurando a medida que vivimos (por eso los gemelos tienen fenotipos distintos, aunque sean genéticamente iguales).

Frente a las enfermedades, tal como explicaba Fermín Milagro, director de la línea de investigación en Nutrición de Precisión de la Universidad de Navarra, durante su ponencia en Congreso Futuro 2023, “la genética nos da unos riesgos y nosotros, con nuestro estilo de vida, podemos aumentar o disminuir esos riesgos”. Milagro destacó en su intervención la importancia del trinomio nutrición-microbioma-epigenoma; algunas bacterias, por ejemplo, hacen que se genere dopamina, neurotransmisor implicado en el estado de ánimo. El reto es hallar cómo modular el llamado eje microbiota-intestino-cerebro.

Según el experto, “la nutrición del futuro será una nutrición de precisión, basada en biomarcadores, en test, y cuanto antes hagamos estos test, por ejemplo, en niños, antes podremos actuar y mejorar la prevención”.

Los factores psicológicos y sociales también causan modificaciones químicas que se añaden al ADN. Un estudio publicado el pasado octubre en el Journal of Epidemiology and Community Health, basado en datos epigenéticos, ha revelado que vivir de alquiler acelera el envejecimiento, más incluso que estar desempleado. La última versión de la pirámide nutricional de la OMS añade en su base nuevos elementos, entre ellos el equilibrio emocional.

También incluye por primera vez en sus recomendaciones técnicas culinarias saludables, así como suplementos y complementos dietéticos o nutricionales como opción individualizada con consejo dietético profesional, y añade, como consumo opcional, moderado y responsable, las bebidas fermentadas.

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Por un lado, la prevención va a ser el epicentro de esta nueva era de la salud y por otro, las investigaciones se centran en cómo utilizar la nutrición de precisión como terapia complementaria en numerosas enfermedades. Aunque este es un ámbito aún incipiente ya existen clínicas privadas que realizan análisis y estudios completos del genoma y de otros parámetros de salud para recomendar dietas adaptadas y personalizadas en tratamientos contra el cáncer.

También destacan los ensayos sobre la que el reputado bioquímico y especialista en envejecimiento y longevidad, Valter Longo, llama ‘dieta que imita al ayuno’; aplicada en pacientes de cáncer unos días antes de su tratamiento (quimioterapia, inmunoterapia, etc.) debilita las células tumorales, no así las sanas, mejorando la efectividad de la terapia.

La visión de conjunto que arrojan las ómicas ha puesto de manifiesto que intervenir sobre los procesos de deterioro celular, es decir, sobre el envejecimiento, es lo que hará que no enfermemos. El papel de la dieta sobre la longevidad también es objeto de estudio; en particular, el ayuno intermitente y la restricción calórica, que el prestigioso investigador Manuel Serrano ha demostrado que alarga la vida en ratones. Al respecto, Salvador Macip y Manel Esteller señalan en su libro El secreto de la vida eterna, publicado el pasado octubre, que “los fármacos que simulan una restricción calórica son los que más están estudiándose y más prometedores parecen a la hora de conseguir un efecto antienvejecimiento.”

De Mendel a la sociedad centenaria

La secuenciación del genoma, hace ya dos décadas, abrió la puerta al desarrollo de las disciplinas ómicas -prefijo que indica ‘conjunto’-; la genómica, transcriptómica, proteómica, metabolómica y epigenómica han transformado la investigación y el desarrollo farmacéutico. Desde que el guisante hibridado de Mendel comenzara a dar algunas respuestas a la genética de la herencia, hasta que el año pasado se secuenció el genoma humano completo -tanto los genes como las secuencias no codificantes, reguladoras de la expresión génica- hemos pasado de tener información sobre un gen a tenerla sobre todos los genes de un organismo dado. Y lo mismo con las proteínas, los metabolitos, los factores de transcripción, las marcas epigenéticas o los microbios que nos habitan.

Las técnicas desarrolladas al amparo de estos campos de estudio y su combinación en estrategias multiómicas han hecho posible la identificación de dianas terapéuticas -con el descubrimiento de biomarcadores en distintos ámbitos de la salud-, el desarrollo de fármacos dirigidos y la optimización de tratamientos, así como nuevos usos de fármacos existentes. El año arrancó con la tan esperada aprobación del lecanemab, primer tratamiento que ha demostrado ralentizar la progresión del Alzheimer y sus síntomas en individuos en fase preclínica; actúa reactivando el sistema inmunitario para que elimine los acúmulos proteicos -y el donanemab, más eficaz, ya está en camino-. También ha recibido la luz verde de la FDA la terapia génica Casgevy, primer medicamento que utiliza la herramienta de edición genética CRISPR. En el ámbito diagnóstico, buena parte focalizado en la prevención, también se espera una revolución.

Hace unas semanas el British Medical Journal publicaba un estudio sobre una nueva prueba de detección de cánceres múltiples basada en proteomas. Y aquí, el Hospital de Sant Pau de Barcelona acaba de anunciar el exitoso resultado de un estudio, también basado en el análisis de las proteínas en sangre, que haría posible diagnosticar el Alzhéimer con una precisión del 90% con una analítica.

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Las posibilidades que han arrojado las aportaciones de estas disciplinas llevan a que tanto en ámbitos científicos como en la sociedad en su conjunto se hayan generado muchas expectativas. Detener o revertir el deterioro de los tejidos nos llevará a controlar numerosas enfermedades ligadas a la edad y, en consecuencia, se espera un salto significativo de los límites de la longevidad y la juventud. Este campo está suscitando el entusiasmo de muchos jóvenes científicos. La conferencia de Juan Carlos Izpisua -al frente del proyecto de Altos Lab en rejuvenecimiento celular- en Boston el pasado verano sobre tecnologías antienvejecimiento causó tal interés que requirió intervención policial por exceso de aforo. También el mensaje de que los alimentos y cualquier otra sustancia que ingerimos, así como los factores ambientales, determinarán en gran medida las enfermedades que desarrollaremos y los años que viviremos, está calando en la sociedad. No faltan personajes que llevan el asunto al extremo, como el multimillonario Bryan Jhonson, que trata de revertir su reloj biológico de los 45 a los 18 años transfundiéndose sangre de su hijo adolescente, entre otras prácticas, tratamientos y dietas. O el mismísimo David Sinclair, eminencia non grata entre la comunidad científica, aunque uno de los mayores expertos en antienvejecimiento y epigenética, que toma cada día resveratrol y metformina (antioxidante presente en el vino tinto, y antidiabético, respectivamente), y ciñe su dieta a plantas y frutos secos. El Dr. Sinclair, profesor de genética en la Universidad de Harvard, también colabora con la firma cosmética Caudalie en la formulación de una línea antiedad a base de resveratrol y de la enzima TET -implicada en la desmetilación del ADN- con el propósito de revertir el envejecimiento cutáneo. Se desgrana la dieta de las llamadas ‘zonas azules’; los ritmos circadianos parecen indicar que la hora sí importa; continúa el debate sobre las sirtuínas como diana; la rapamicina muestra un efecto similar a la restricción calórica -pero desconecta el sistema inmunitario-…

En este cóctel participan ingredientes nada recomendables, como el exceso de expectativas, de impaciencia, o la desinformación y frivolización. De ello dan cuenta los doctores Manel Esteller y Salvador Macip en El secreto de la vida eterna, donde, a pesar de su título, los autores dejan claro que los espectaculares hallazgos logrados no han sido probados en humanos y, además, sus efectos secundarios no los hacen viables en estos momentos: “Debemos ser conscientes -advierten- de que en el mercado no hay ninguna pastilla, tratamiento, intervención o manipulación que sepamos a ciencia cierta que ralentiza o frena el envejecimiento.” El libro repasa las 12 posibles estrategias antienvejecimiento (sobre las que informamos en el reportaje Sanos para siempre, publicado en el número de febrero del pasado año) y los posibles abordajes terapéuticos. Veremos fármacos que eliminen la acumulación de células senescentes, o las células con ADN dañado, o las marcas epigenéticas de las células envejecidas, otros que promuevan la autofagia, o tratamientos mitocondriales, por ejemplo. Aunque la idea no es administrarlos a personas sanas sino curar enfermedades.

Nuestros mecanismos de reparación se mantienen en condiciones óptimas durante la edad reproductiva y están optimizados también para asegurar el modo más eficiente de traspasar el ADN a la siguiente generación. Al parecer, la reproducción, y no la inmortalidad, garantiza una variedad genética suficiente para que, por azar, siempre haya alguna línea con una ventaja evolutiva frente a los cambios del medio. Un mejor estilo de vida nos dará algunos años más, que viviremos con mejor salud, pero el gran salto en longevidad se producirá cuando se desarrollen nuevos fármacos que modifiquen el curso de los procesos de envejecimiento. La máquina es perfecta en su ‘objetivo’ de perpetuar la especie -no de mejorarla necesariamente-. Conocerla mejor, y jaquearla en su justa medida, es, a grandes rasgos, el próximo objetivo de la ciencia.

Entrevista a Javier Campión, investigador en BCC Innovation, centro tecnológico en gastronomía de Basque Culinary Center

Entrevista a Javier Campión, investigador en BCC Innovation, centro tecnológico en gastronomía de Basque Culinary Center
NUTRICIÓN
DE PRECISIÓN 
“El paciente debe comprender que los resultados nutrigenéticos adversos no son una condena” 

Javier Campión, doctor en Ciencias Biológicas y experto en nutrición de precisión, es investigador en el área de Salud de BCC Innovation, centro tecnológico de Basque Culinary Center, institución académica y de investigación adscrita a la Universidad de Mondragón. El Centro lleva a cabo investigaciones sobre gastronomía terapéutica y gastronomía personalizada, y tiene en marcha numerosos proyectos de los que Campión nos habla en esta entrevista.
Establecer relaciones entre técnicas de cocinado y salud, programas de intervención nutricional culinaria para prevenir el Alzheimer, o proyectos para mejorar la calidad de vida de pacientes con enfermedades como la esclerosis múltiple, el síndrome de intestino irritable, o la diabetes tipo 2, son algunos de ellos. La aportación del enfoque gastronómico a la nutrición de precisión contribuye a mejorar la adherencia a las dietas terapéuticas y, sobre todo, permite al paciente mantener los momentos de gratificación que proporciona el acto de comer, mecanismo éste, la gratificación, también implicado en la preservación de la salud.
¿Qué sabemos hasta ahora de la interacción gen-nutriente y en qué ámbitos de la salud es hoy posible intervenir a través de la nutrición y la alimentación?
Los estudios nutrigenéticos de interacción a nivel de gen-nutriente y gen-dieta exploran por medio de la genómica nutricional el efecto de las variantes genéticas sobre la absorción y el metabolismo de los micronutrientes y macronutrientes, es decir sobre las respuestas nutricionales y la función de los nutrientes.
Las interacciones gen-dieta también intervienen en la respuesta a las intervenciones nutricionales cuando se limita la ingesta total de energía o se altera la proporción relativa de hidratos de carbono, proteínas y grasas.
En este sentido, se han realizado estudios en diferentes poblaciones para explorar más a fondo los efectos de las variantes genéticas localizados en los genes que regulan la ingesta de alimentos, el metabolismo de las lipoproteínas y los lípidos, la homeostasis de la glucosa, la señalización de la insulina, los ciclos circadianos, las respuestas inflamatorias y el metabolismo de los aminoácidos sobre la mejora metabólica, el aumento/pérdida de peso, la resistencia a la insulina, y los niveles séricos de lípidos.
La mayoría de las pruebas nutrigenéticas analizan el efecto de múltiples polimorfismos en los cambios del comportamiento alimentario. Estas pruebas siempre deben estar basadas en la evidencia científica y ser utilizadas como herramienta de apoyo en consulta de dietética y nutrición. Además, el paciente debe comprender que los resultados nutrigenéticos adversos no son una condena, sino que en la inmensa mayoría de los casos tus hábitos alimentarios y el estilo de vida pueden superarlos. Mónica Daluz /
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ACTUALIDAD

“El paciente debe comprender que los resultados nutrigenéticos adversos no son una condena”

Entrevista a Javier Campión, investigador en BCC Innovation, centro tecnológico en gastronomía de Basque Culinary Center

Mónica Daluz
Periodista especializada
08/02/2024

Javier Campión, doctor en Ciencias Biológicas y experto en nutrición de precisión, es investigador en el área de Salud de BCC Innovation, centro tecnológico de Basque Culinary Center, institución académica y de investigación adscrita a la Universidad de Mondragón. El Centro lleva a cabo investigaciones sobre gastronomía terapéutica y gastronomía personalizada, y tiene en marcha numerosos proyectos de los que Campión nos habla en esta entrevista. Establecer relaciones entre técnicas de cocinado y salud, programas de intervención nutricional culinaria para prevenir el Alzheimer, o proyectos para mejorar la calidad de vida de pacientes con enfermedades como la esclerosis múltiple, el síndrome de intestino irritable, o la diabetes tipo 2, son algunos de ellos. La aportación del enfoque gastronómico a la nutrición de precisión contribuye a mejorar la adherencia a las dietas terapéuticas y, sobre todo, permite al paciente mantener los momentos de gratificación que proporciona el acto de comer, mecanismo éste, la gratificación, también implicado en la preservación de la salud.

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¿Qué sabemos hasta ahora de la interacción gen-nutriente y en qué ámbitos de la salud es hoy posible intervenir a través de la nutrición y la alimentación?

Los estudios nutrigenéticos de interacción a nivel de gen-nutriente y gen-dieta exploran por medio de la genómica nutricional el efecto de las variantes genéticas sobre la absorción y el metabolismo de los micronutrientes y macronutrientes, es decir sobre las respuestas nutricionales y la función de los nutrientes. Las interacciones gen-dieta también intervienen en la respuesta a las intervenciones nutricionales cuando se limita la ingesta total de energía o se altera la proporción relativa de hidratos de carbono, proteínas y grasas. En este sentido, se han realizado estudios en diferentes poblaciones para explorar más a fondo los efectos de las variantes genéticas localizados en los genes que regulan la ingesta de alimentos, el metabolismo de las lipoproteínas y los lípidos, la homeostasis de la glucosa, la señalización de la insulina, los ciclos circadianos, las respuestas inflamatorias y el metabolismo de los aminoácidos sobre la mejora metabólica, el aumento/pérdida de peso, la resistencia a la insulina, y los niveles séricos de lípidos. La mayoría de las pruebas nutrigenéticas analizan el efecto de múltiples polimorfismos en los cambios del comportamiento alimentario. Estas pruebas siempre deben estar basadas en la evidencia científica y ser utilizadas como herramienta de apoyo en consulta de dietética y nutrición. Además, el paciente debe comprender que los resultados nutrigenéticos adversos no son una condena, sino que en la inmensa mayoría de los casos tus hábitos alimentarios y el estilo de vida pueden superarlos. Los ámbitos de la salud en los que hoy es posible intervenir son múltiples y van más allá de la clásica consulta dietético-nutricional dirigida a la pérdida de peso. Así, por ejemplo, también existen estudios de interacción que permiten identificar variantes genéticas relacionadas con la susceptibilidad a enfermedades a través de la interacción con dietas y nutrientes específicos. Este tipo de estudios puede utilizarse para predecir el riesgo de padecer diversas enfermedades crónicas que, con la ayuda de un tratamiento nutricional personalizado, podrían prevenirse o controlarse mejor. Más aún, estos estudios permiten reducir o mitigar, mediante una estrategia de nutrición personalizada, los efectos secundarios que presentan determinados tratamientos farmacológicos.

El despegue de la nutrición personalizada, con el desarrollo de las ómicas, está cambiando el paradigma del sector sanitario; cambios en los que están implicados campos como el de la tecnología alimentaria y el gastronómico, ¿cómo se están incorporando estos nuevos conocimientos al ámbito de la gastronomía?

Estoy de acuerdo en el cambio de paradigma a nivel de investigación, aunque las tecnologías ómicas son técnicas de alto rendimiento, muy caras y destinadas a estrategias no dirigidas. Estas técnicas nos permiten, a través de análisis de datos avanzados, el estudio de una gran cantidad de moléculas biológicas de un solo tipo (proteínas, ADN y sus modificaciones, ARN, etc.) y en una misma muestra. Y a esta revolución se une otra: la aplicación de análisis multiómicos en estudios de alimentación y salud empleando datos de diferentes tecnologías ómicas de un mismo sujeto. Existen diversas iniciativas a nivel nacional e internacional que están intentando aplicar estas tecnologías en el campo de la nutrición personalizada con relativo buen éxito, dirigidas por ejemplo al desarrollo de alimentos funcionales, o de dietas específicas para diferentes condiciones y enfermedades. Estos proyectos están intentando superar los diversos retos que supone la aplicación de estas tecnologías, como la enorme cantidad de datos que hay que almacenar y procesar, la capacidad de computación necesaria, o la formación de suficientes especialistas que manejen estos datos y sepan extraer las conclusiones necesarias.

¿Puede explicar cómo se aborda desde el BCC Innovation la gastronomía personalizada y qué desarrollos tienen en marcha en materia de nutrición de precisión?

En el Centro desarrollamos soluciones innovadoras en el ámbito de la gastronomía y alimentación. Trabajamos en estrecha colaboración con un ecosistema único de investigación, innovación y emprendimiento, contando con un equipo multidisciplinar compuesto por diferentes perfiles científicos, creativos, chefs y expertos con extensa trayectoria internacional. Nuestra misión es generar conocimiento para transferirlo a lo largo de la cadena de valor con una visión integral de la gastronomía, desde la producción hasta el consumo, abordando las demandas cambiantes y los grandes retos globales de la alimentación.

Dentro del Área de Salud, nuestro objetivo es mejorar la calidad de vida de las personas a través de la gastronomía, brindando soluciones basadas en la evidencia científica y sin perder la parte de socialización, placer y disfrute de la alimentación. Como he comentado antes, se están realizando muchos esfuerzos a nivel de potenciar la nutrición personalizada, pero nuestro enfoque va más allá de la nutrición, queremos avanzar en la personalización de la gastronomía desde un punto de vista integral y utilizando tecnologías ómicas que nos permitan analizar la relación entre las características internas del paciente, los hábitos alimentarios, los procesos culinarios y la salud. Para ello, apostamos por utilizar las comentadas ciencias ómicas, metabolómica, microbioma, nutrigenómica, etc., en el estudio de la respuesta a la dieta desde una perspectiva multiómica y gastronómica, así como también analizar, con técnicas de alto rendimiento, la formación de diferentes compuestos o metabolitos generados en los alimentos para así establecer relaciones entre técnicas de cocinado y dietas con la salud.

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¿Puede citar algún ejemplo de las acciones en gastronomía terapéutica llevadas a cabo por el BCC Innovation?

Dentro de nuestro centro tecnológico hemos desarrollado diferentes proyectos relacionados con la gastronomía terapéutica dirigida a mejorar la calidad de vida de pacientes con enfermedades como la esclerosis múltiple, el síndrome de intestino irritable, o la diabetes tipo 2. En la actualidad estamos llevando a cabo una intervención nutricional culinaria para prevenir el Alzheimer dentro del estudio Cita Go-on, con más de 1.000 participantes, y nos estamos posicionando con desarrollos relacionados con la nutrición personalizada en pacientes oncológicos y con enfermedades crónicas inflamatorias, a través de herramientas de salud digital.

El mensaje sobre la influencia que tienen los compuestos de los alimentos sobre la expresión de nuestros genes, y en consecuencia sobre el desarrollo de enfermedades, está suscitando gran interés en la sociedad, sobre todo la posibilidad de influir en el mantenimiento de la salud, con especial énfasis en la longevidad saludable. Se consume mucha información al respecto: dietas de todo tipo, ayunos, alimentos prohibidos… ¿Qué opina de este embrollo de prácticas nutricionales?

La influencia que tienen los compuestos de los alimentos sobre nuestros perfiles biológicos tiene un peso fundamental no solo en la prevención o en el desarrollo de enfermedades, sino sobre la gravedad con la que van a cursar o la facilidad con la que los tratamientos van a funcionar en los pacientes. Hay que remarcar también que esta influencia no es solo a nivel nutricional sino también a nivel gastronómico: cómo, cuándo y dónde obtener las materias primas, si se hace de una manera sostenible o no, qué elaboraciones culinarias se emplean o qué procesos de conservación e industriales han sufrido los alimentos. Todas estas variables y muchas más, modifican las propiedades saludables de los compuestos de los alimentos. Respecto al embrollo que comentas, que viene en parte por el exceso de información, creemos que lo más importante es enfatizar que la información consumida debería provenir siempre de la evidencia científica. En el terreno de la pedagogía y divulgación, desde BCC Innovation, junto con otros Centros, estamos promoviendo el uso de la medicina culinaria como una herramienta educativa del paciente asociado a diferentes enfermedades, por ejemplo, a través del proyecto europeo Cook2Diabeat, en el que participamos para desarrollar estrategias de empoderamiento en salud y herramientas de cocreación de contenido para personas con diabetes mellitus tipo 2.

¿Cree que el ámbito de la nutrición personalizada puede ser el detonante de una nueva oferta en el sector gastronómico, con modelos de negocio disruptivos que incorporen en alguna medida esta personalización?

Sin ninguna duda, creo que el ámbito de la nutrición y la gastronomía personalizada puede ser el detonante de una nueva oferta en el sector. Ahora bien, en mi opinión, todavía no existen los modelos de negocio que hagan rentable la utilización de la personalización más allá de su empleo industrial en el desarrollo de nuevas herramientas, como por ejemplo la creación de alimentos funcionales. Por otro lado, a nivel clínico y farmacéutico sí que veo a corto plazo la implementación de estrategias de nutrición personalizada para diferentes condiciones y enfermedades, sobre todo durante el período de tratamiento, acompañando a la medicina personalizada con estrategias provenientes de la nutrigenética y de estudios de tecnologías ómicas en alimentación. Sin embargo, el mayor reto lo veo en encontrar nuevos nichos y sistemas que hagan rentable la nutrición personalizada en el ámbito del negocio de la restauración tal como está planteado ahora, teniendo en cuenta todo el proceso de elaboración, proveedores, sostenibilidad, etc., ya que los actuales sistemas productivos no terminan de encajar en términos de rentabilidad económica con la aplicación de la nutrición personalizada. Lo veo totalmente posible, trabajamos por conseguirlo, pero hay que incidir en este aspecto disruptivo.

Una conclusión o reflexión final

La nutrición personalizada, gracias a las nuevas tecnologías y a los avances científicos, está avanzando hacia otro nivel, un nivel que debe impactar de forma directa y con más fuerza en la salud de las personas. Más allá de las palabras técnicas, como ‘interacción gen-nutriente’, ‘tecnologías ómicas’ o ‘algoritmos de personalización’, no debemos olvidar que estas nuevas soluciones están dirigidas a mejorar la calidad de vida de las personas a través de la educación para conseguir cambios en los hábitos alimentarios y el estilo de vida. En BCC Innovation trabajamos con el objetivo de crear soluciones innovadoras que logren, a través de la gastronomía personalizada, cambios duraderos en el tiempo sin olvidar el aspecto social y de disfrute de la alimentación.

Entrevista a Lidia Tomás Cobos, responsable de Estudios Preclínicos in vitro en Ainia

Lidia Tomás, Itene
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UTRICIÓN
DE PRECISIÓN 
“El consumidor busca alimentos que proporcionen beneficios adicionales más allá de la nutrición básica” 

Lidia Tomás, doctora en bioquímica y biología molecular, desde el centro tecnológico Ainia, nos habla, entre otras cosas, de los compuestos con los que modular la expresión génica a través de la nutrición, de los biomarcadores que se utilizan para establecer perfiles nutricionales y de la importancia de mantener en equilibrio la composición de nuestra microbiota intestinal. El Centro cuenta con un simulador del sistema digestivo al completo; Tomás nos da todos los detalles. 
¿Puede explicar los fundamentos de la nutrición de precisión y cómo se aprovecha la información que proporcionan las tecnologías ómicas para prevenir y tratar enfermedades a través de los nutrientes? ¿Cuáles son los biomarcadores más relevantes en la obtención de un perfil nutricional?

La nutrición de precisión es un concepto de nutrición personalizada que considera las características multidimensionales del individuo o de un grupo poblacional, tales como el estilo de vida, la genética, el microbioma, la respuesta metabólica a alimentos o patrones dietéticos específicos, para determinar las recomendaciones dietéticas más adecuadas para promocionar la salud.
Las tecnologías ómicas se refieren a un conjunto de técnicas utilizadas para el estudio integral de las moléculas biológicas en un organismo o sistema biológico. De forma que permiten obtener información detallada sobre la biología de una persona y, por tanto, de cómo la dieta, los alimentos y sus nutrientes, interaccionan en su estado fisiológico y con ello en su salud.
Así pues, en función de las moléculas que se utilicen para monitorizar el estado fisiológico se distinguen diferentes tecnologías ómicas: genómica, que estudia el genoma o genes; la transcriptómica que estudia las moléculas de ARN (expresión génica); la epigenómica (estudia el conjunto de marcas epigenéticas, es decir, aquellas modificaciones químicas que se producen en el entorno de la molécula de ADN sin modificar su secuencia y que regulan la expresión génica); la proteómica que estudia las proteínas; y la metabolómica, que estudia los metabolitos. Mónica Daluz / pdf

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ACTUALIDAD

“El consumidor busca alimentos que proporcionen beneficios adicionales más allá de la nutrición básica”

Entrevista a Lidia Tomás Cobos, responsable de Estudios Preclínicos in vitro en Ainia

Mónica Daluz, periodista especializada
08/02/2024

Lidia Tomás, doctora en bioquímica y biología molecular, desde el centro tecnológico Ainia, nos habla, entre otras cosas, de los compuestos con los que modular la expresión génica a través de la nutrición, de los biomarcadores que se utilizan para establecer perfiles nutricionales y de la importancia de mantener en equilibrio la composición de nuestra microbiota intestinal. El Centro cuenta con un simulador del sistema digestivo al completo; Tomás nos da todos los detalles.

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¿Puede explicar los fundamentos de la nutrición de precisión y cómo se aprovecha la información que proporcionan las tecnologías ómicas para prevenir y tratar enfermedades a través de los nutrientes? ¿Cuáles son los biomarcadores más relevantes en la obtención de un perfil nutricional?

La nutrición de precisión es un concepto de nutrición personalizada que considera las características multidimensionales del individuo o de un grupo poblacional, tales como el estilo de vida, la genética, el microbioma, la respuesta metabólica a alimentos o patrones dietéticos específicos, para determinar las recomendaciones dietéticas más adecuadas para promocionar la salud.

Las tecnologías ómicas se refieren a un conjunto de técnicas utilizadas para el estudio integral de las moléculas biológicas en un organismo o sistema biológico. De forma que permiten obtener información detallada sobre la biología de una persona y, por tanto, de cómo la dieta, los alimentos y sus nutrientes, interaccionan en su estado fisiológico y con ello en su salud. Así pues, en función de las moléculas que se utilicen para monitorizar el estado fisiológico se distinguen diferentes tecnologías ómicas: genómica, que estudia el genoma o genes; la transcriptómica que estudia las moléculas de ARN (expresión génica); la epigenómica (estudia el conjunto de marcas epigenéticas, es decir, aquellas modificaciones químicas que se producen en el entorno de la molécula de ADN sin modificar su secuencia y que regulan la expresión génica); la proteómica que estudia las proteínas; y la metabolómica, que estudia los metabolitos.

Los biomarcadores utilizados para obtener un perfil nutricional pueden incluir la medición de niveles sanguíneos de vitaminas, minerales, marcadores de inflamación, niveles de glucosa y lípidos, entre otros. Estos biomarcadores proporcionan información sobre el estado de salud y permiten adaptar la dieta y el estilo de vida de una persona en consecuencia.

Los nuevos conocimientos han demostrado cómo los componentes bioactivos de los alimentos influyen en la expresión génica, ¿cuáles son los que más modulan el comportamiento de nuestros genes? y ¿cómo se está materializando o aplicando esta información?

Son diferentes compuestos los que tienen potencial para modular la expresión génica. Los más estudiados y, por tanto, con mayor evidencia científica de su influencia en la expresión de los genes, son compuestos tales como los polifenoles (presentes en frutas, verduras, té, vino tinto y chocolate negro), que tienen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias y en los que se ha demostrado que pueden influir en la expresión génica, especialmente en genes relacionados con la inflamación y el estrés oxidativo. Los ácidos grasos omega-3, que se encuentran en pescados grasos, microalgas, aceite de linaza y nueces, pueden influir en la expresión de genes relacionados con la inflamación y la salud cardiovascular. Vitaminas como la D y minerales como el zinc y el selenio tienen un impacto significativo en la regulación de la expresión génica, especialmente en genes relacionados con el sistema inmunológico y la salud ósea. Los carotenoides, como el betacaroteno, presente en zanahorias y otros vegetales de color naranja, pueden afectar la expresión génica relacionada con la salud de la piel y la visión. La fibra dietética, que incluye polisacáridos, oligosacáridos y lignina, entre otros, presente en alimentos como granos enteros, legumbres y frutas, influye en la expresión de genes relacionados con el metabolismo y la regulación del apetito.

Uno de los elementos clave para una correcta biodisponibilidad y el óptimo funcionamiento del proceso de nutrición es la composición del microbioma, y muy en particular de la microbiota intestinal. En Ainia contáis con un sistema de simulación gastrointestinal, ¿puede explicar cómo funciona y qué desarrollos han implementado gracias a este recurso?, especialmente en lo concerniente a los probióticos.

Efectivamente, la microbiota intestinal juega un papel clave en la nutrición. Los tipos y la cantidad de microorganismos que tenemos son exclusivos de cada individuo. Nuestras dietas pueden determinar qué tipos de bacterias viven en nuestro tracto digestivo y, de acuerdo con la nutrición de precisión, los tipos de bacterias que albergamos pueden determinar cómo descomponemos ciertos alimentos y qué tipos de alimentos son más beneficiosos para nuestro cuerpo.

En AINIA llevamos más de 15 años investigando sobre la interacción entre el sistema gastrointestinal, la nutrición y la salud. Por ello disponemos de varias herramientas experimentales que reproducen el sistema gastrointestinal (estómago e intestino delgado) enfocado a estudiar la bioaccesibilidad y biodisponibilidad (en combinación con modelos celulares de la barrera intestinal) y sistemas que reproducen el tracto gastrointestinal completo (estómago, intestino delgado y colon). Estos sistemas permiten simular y estudiar la “vía de entrada” de los nutrientes, de forma que, en la formulación de ingredientes y productos, permiten conocer la biodisponibilidad de compuestos tanto a nivel de intestino delgado (proteínas, minerales o ciertas vitaminas, entre otros) como su interacción con la microbiota intestinal para aquellos compuestos que no se absorben a nivel de intestino delgado (polifenoles, o fibras, por ejemplo).

En el caso particular de los probióticos, mediante los sistemas que simulan el tracto gastrointestinal completo, así como en combinación con modelos celulares que mimetizan el órgano diana, es posible estudiar la resistencia gástrica, adherencia al epitelio intestinal e interacción con la microbiota, monitorizando la modulación de la microbiota intestinal y su metabolismo, y su efecto en diferentes procesos fisiológicos. De modo que se pueden aplicar estos sistemas para diseñar, formular e incorporar estos compuestos bioactivos a matrices alimentarias o en suplementos alimenticios, ajustando dosis, aplicando estrategias de protección si son necesarias y demostrando su potencial efecto a nivel in vitro, así como su mecanismo de acción antes de estudios de intervención nutricional.

Podríamos hablar de diversos ámbitos de aplicación de la nutrición de precisión: hospitalaria, individualizada a través de laboratorios privados, en el desarrollo de productos para grupos poblacionales con necesidades específicas… ¿qué papel juega cada uno?

La nutrición de precisión tiene como objetivo facilitar recomendaciones nutricionales adaptadas a las necesidades de una persona considerando tanto factores intrínsecos (propios, como su genética, metabolismo, microbiota…) como factores externos (estilo de vida, factores ambientales…), y estas pueden cambiar según las etapas de la vida o las situaciones en las que se encuentra.

El fundamento de este concepto ya se emplea cuando, por ejemplo, existen recomendaciones nutricionales específicas para niños lactantes, mujeres embarazadas, en la menopausia, deportistas… El concepto de nutrición en el sentido holístico y multidimensional es complejo, todavía se está investigando y casi no se aplica. No obstante, en diferentes ámbitos se hace uso del enfoque de la nutrición de precisión para realizar recomendaciones estratificadas o personalizadas. En el entorno hospitalario se utiliza para atender a pacientes con necesidades nutricionales específicas, como aquellos que padecen enfermedades crónicas, cáncer, trastornos metabólicos o situaciones de malnutrición. También se emplea en situaciones de cuidados intensivos o para adaptar las terapias nutricionales a las necesidades individuales de los pacientes. Los laboratorios privados, por su parte, ofrecen generalmente pruebas basadas en muestras de ADN para ofrecer recomendaciones dietéticas, que pueden incluir orientación sobre la elección de alimentos, la cantidad de nutrientes necesarios y la compatibilidad genética con ciertos alimentos.

Las empresas de alimentos y suplementos, para desarrollar productos adaptados a las necesidades específicas de grupos poblacionales (recomendación estratificada), como atletas, personas mayores, mujeres embarazadas y niños, realizan estudios de investigación durante las etapas del desarrollo, bien con estudios in vitro en las fases iniciales e intermedias, o con estudios con humanos con prototipos más finalistas, para disponer de datos experimentales sobre la biodisponibilidad de los productos así como de su efecto sobre biomarcadores específicos. De modo que, mediante evidencias científicas basadas en el enfoque de la nutrición de precisión se pueden diseñar y desarrollar productos que satisfagan las demandas nutricionales particulares de grupos específicos.

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El consumidor es cada vez más consciente de su responsabilidad directa sobre su propia salud, y existe un interés creciente sobre cómo cuidarse mejor. A ello se añaden las expectativas generadas por la posibilidad de ralentizar el proceso de envejecimiento celular. ¿Qué opina sobre este escenario?

Existe un creciente interés por la salud y el bienestar entre los consumidores, que cada vez son más conscientes del vínculo entre dieta y salud. De ahí que haya una mayor demanda de productos alimenticios más saludables. El consumidor busca alimentos que proporcionen beneficios adicionales para la salud, más allá de la nutrición básica. Este interés en la salud también se sustenta en que la esperanza de vida es mayor, y el interés es alargar la calidad de vida de las personas, tener un envejecimiento saludable en el que se puedan retrasar o paliar determinados procesos fisiológicos propios de la edad.

¿Se fragua un boom de los productos funcionales? ¿Hacia dónde se dirigen las investigaciones y qué es lo más interesante que podemos esperar a corto y medio plazo?

Los productos con declaraciones de propiedades saludables se rigen por el Reglamento (CE) nº 1924/2006. Siendo la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) la encargada de valorar científicamente los expedientes sobre propiedades saludables presentados por los solicitantes. Únicamente las declaraciones consideradas científicamente fundamentadas y autorizadas por la Comisión Europea (CE) podrán utilizarse en la UE. Se debe demostrar “causa-efecto” mediante evidencias científicas, es decir, la relación directa entre el consumo del producto y el beneficio para la salud.

Por lo que respecta a las investigaciones, éstas se dirigen a esclarecer el papel que ejerce la microbiota, ya que cada vez se obtienen más evidencias del efecto de una disbiosis o alteración del equilibro de la microbiota intestinal, sobre diferentes desórdenes metabólicos como la obesidad, la inflamación intestinal, o el cáncer de colon, entre otros. En base a la relación de la microbiota con la salud, se está empleando el término eje microbiota-órgano como: “eje microbiota-intestino-cerebro”, “eje microbiota-intestino-pulmón”, o “eje microbiota-intestino-piel”. Una microbiota intestinal saludable es diversa, lo que significa que contiene una amplia variedad de especies bacterianas. La dieta juega un papel fundamental en la promoción de esta diversidad. Por esta razón es creciente la búsqueda, el estudio y la aplicación de compuestos que modulen la microbiota intestinal y/o su metabolismo.

Objetivo: más salud, más placer

Objetivo: más salud, más placer
ANÁLISIS Y DISEÑO ALIMENTARIO

Regulaciones legislativas cada vez más exigentes; nuevos segmentos y nichos de mercado a cubrir: el ecológico, el infantil, el sénior, el de las intolerancias alimentarias, y uno nuevo: el escéptico…; el alargamiento de la cadena alimentaria; la salud; la experiencia sensorial; la sostenibilidad del sistema productivo-distributivo; los avances y tendencias en técnicas y tecnologías analíticas y de procesado; la gastronomía; el diseño alimentario; la seguridad alimentaria; los movimientos slow food, el realfooding…, o la genómica nutricional, forman parte de un mismo universo, un universo definitivo para lograr sociedades más sanas: la alimentación humana.
La industria, empujada por un consumidor segmentado pero, sobre todo, exigente e informado, y por los requerimientos o recomendaciones de las autoridades alimentarias, dirige sus innovaciones a cubrir las expectativas de ese consumidor global y heterogéneo focalizándose en la calidad. Las técnicas analíticas, cada vez más precisas, están contribuyendo a incrementar la calidad de los productos que comemos y las marcas están aumentando la certificación de sus pruebas alimentarias como elemento diferencial.
La consigna es unánime, lograr una alimentación más saludable. El consumidor demanda productos de mayor calidad nutricional, y también más cómodos y sabrosos. Buena parte de la industria alimentaria ya se ha adscrito al plan del Ministerio de Sanidad que propone una reducción del 10% en el contenido de azúcar, sal y grasas en los alimentos ultraprocesados. El recién clausurado salón Alimentaria ha sido una muestra de propuestas centradas en gamas de productos más sanos: ‘eco’, ‘bio’, ‘sin’, o precocinados tradicionalmente para freír, hoy se proponen para hornear. Hasta en uno de los concursos más populares de televisión dedicados a la cocina, el hilo conductor de la última edición es la alimentación saludable. En packaging y comunicación las marcas tratan de que sus productos sean percibidos como sanos. Y distribuidores que son a la vez productores, basan su estrategia en ofrecer un producto más cercano y fresco, dirigido a un target que busca productos mínimamente procesados; ahí está Casa Ametller, que ofrece visitas guiadas a sus campos a ver los cultivos de temporada. Mónica Daluz /
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ANÁLISIS Y DISEÑO ALIMENTARIO

Objetivo: más salud, más placer

Mónica Daluz
29/05/2018

Regulaciones legislativas cada vez más exigentes; nuevos segmentos y nichos de mercado a cubrir: el ecológico, el infantil, el sénior, el de las intolerancias alimentarias, y uno nuevo: el escéptico…; el alargamiento de la cadena alimentaria; la salud; la experiencia sensorial; la sostenibilidad del sistema productivo-distributivo; los avances y tendencias en técnicas y tecnologías analíticas y de procesado; la gastronomía; el diseño alimentario; la seguridad alimentaria; los movimientos slow food, el realfooding…, o la genómica nutricional, forman parte de un mismo universo, un universo definitivo para lograr sociedades más sanas: la alimentación humana. La industria, empujada por un consumidor segmentado pero, sobre todo, exigente e informado, y por los requerimientos o recomendaciones de las autoridades alimentarias, dirige sus innovaciones a cubrir las expectativas de ese consumidor global y heterogéneo focalizándose en la calidad. Las técnicas analíticas, cada vez más precisas, están contribuyendo a incrementar la calidad de los productos que comemos y las marcas están aumentando la certificación de sus pruebas alimentarias como elemento diferencial.

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La consigna es unánime, lograr una alimentación más saludable. El consumidor demanda productos de mayor calidad nutricional, y también más cómodos y sabrosos. Buena parte de la industria alimentaria ya se ha adscrito al plan del Ministerio de Sanidad que propone una reducción del 10% en el contenido de azúcar, sal y grasas en los alimentos ultraprocesados. El recién clausurado salón Alimentaria ha sido una muestra de propuestas centradas en gamas de productos más sanos: “eco”, “bio, “sin”, o precocinados tradicionalmente para freír, hoy se proponen para hornear. Hasta en uno de los concursos más populares de televisión dedicados a la cocina, el hilo conductor de la última edición es la alimentación saludable. En packaging y comunicación las marcas tratan de que sus productos sean percibidos como sanos. Y distribuidores que son a la vez productores, basan su estrategia en ofrecer un producto más cercano y fresco, dirigido a un target que busca productos mínimamente procesados; ahí está Casa Ametller, que ofrece visitas guiadas a sus campos a ver los cultivos de temporada. Acortar la distancia entre el origen del alimento y el alimento emplatado es también el objetivo de los restaurantes llamados ‘de kilómetro 0’, que trabajan con productores locales y producto de temporada, y que además añaden a la cadena valores éticos, sociales y medioambientales.

Rodeado de informaciones sobre grasas trans, acrilamidas, benzopirenos, también sobre alimentos milagro, que no lo son tanto…, el consumidor exige calidad y claridad, pero también desea productos de conveniencia, que satisfagan distintas necesidades y aspiraciones: productos personalizados, aptos para distintos tipos de dieta, vegetariana, para celíacos, para alérgicos a la lactosa; que aporten beneficios al organismo, los funcionales, los enriquecidos; y también productos cómodos, parar consumir fuera de casa; que sorprendan; que diviertan, o que simbolicen estilos de vida. La vorágine del mercado empuja a la industria a la innovación constante y a un trepidante ritmo de presentación de productos novedosos.

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Alimentar sensaciones

Sí, sería suficiente con eliminar el azúcar, los productos procesados, el alcohol, la sal y las carnes rojas, sustituir lo refinado por lo integral, y cocinar los alimentos adecuadamente. Pero, suficiente ¿para qué? Para mantener una alimentación saludable; y aunque ésta parece una razón de peso para modificar nuestra dieta, lo cierto es que hemos evolucionado de la necesidad al deseo y el consumidor parece querer siempre más: nuevos productos, nuevos sabores, más comodidad, nuevas experiencias. Nutrir nuestro universo sensorial se revela como prioritario, y es que “las sensaciones son más importantes que el sabor en sí mismo”, señala la psicóloga y escritora alemana Gisla Gniech, y añade: “en la percepción del sabor de un alimento todos los órganos están implicados”. Y todos los sentidos. En la misma línea se manifiesta el gastrofísico Charles Spence, dedicado al estudio de los estímulos sensoriales que intervienen en el placer gastronómico, quien afirmaba en recientes declaraciones que “los sentidos interactúan: modifican la percepción del sabor, textura y aroma; el cerebro procesa y combina percepciones, cuyas sensaciones conforman la integridad de la experiencia gastronómica”.

En el laboratorio sensorial se cuece todo lo concerniente a nuestros mecanismos de percepción y estimulación de nuestros sentidos. La industria alimentaria se basa en la psicología del color para diseñar sus productos (el rojo, por ejemplo, nos sugiere que algo es más dulce), y existe también equipamiento para diseñar aromas; el francés Marc Bretillot, diseñador culinario, afirma que hoy “se puede sintetizar prácticamente cualquier olor de manera artificial”. Y el diseño acústico: el sabor de una tostada puede ser percibido distinto según su sonido al masticarla, más crujiente nos sugiere más frescura; uno de los ingredientes con los que se consigue que se produzca un sonido más crujiente es el azúcar. Y la gran protagonista: la consistencia. El 60% del gusto que percibimos comiendo tiene que ver con la consistencia. Cuanta más variedad de consistencias se reúnan en nuestra boca al mismo tiempo mejor saben ciertos alimentos, y si un determinado alimento no cumple nuestras expectativas en términos de consistencia lo rechazamos. Esta propiedad puede ser optimizada con máquinas como el analizador de texturas o el farinógrafo.

El neurólogo y profesor de ciencia y tecnología de los alimentos, además de chef, Miguel Sánchez Romera, explica en su libro Alimenta bien tu cerebro, que “el tacto es el sentido más capacitado para detectar las más de cuarenta texturas diferentes que existen en la comida”. Los avances en neurogastronomía buscan poder manipular la percepción del gusto neurológicamente; en el ámbito clínico, este “engaño al cerebro” podría ayudar, por ejemplo, a que los alimentos nutritivos sean más atractivos para las personas cuyos receptores del gusto y el olfato se alteran a causa de la quimioterapia.

La validación sensorial por parte del consumidor resulta una prueba fundamental para asegurar la acogida del producto en el mercado. Desde el centro tecnológico Ainia explican que “aunque existen técnicas instrumentales para evaluar la textura o incluso el aroma, el empleo de los sentidos en las catas de alimentos es la herramienta más potente de que disponemos para dilucidar la aceptación y preferencia de un producto y conocer sus puntos fuertes y sus puntos débiles”. Todos estos elementos constituyen el ámbito de la gastronomía molecular, disciplina dedicada al estudio de las propiedades fisicoquímicas de los alimentos y los procesos tecnológicos a los que éstos se someten (como el batido, la gelificación, y el aumento de la viscosidad, por ejemplo), desarrollada por el químico francés Hervé This y aplicada por reconocidos chefs, como Ferran Adrià, en la llamada cocina molecular.

En las últimas décadas nuestros hábitos de compra y en consecuencia nuestros hábitos alimentarios nos han llevado a elevar nuestros umbrales en los sabores dulce y salado. Existen distintos movimientos que plantean a los diseñadores y técnicos alimentarios el reto de reeducar nuestro paladar para que volvamos a apreciar el sabor de, por ejemplo, un calabacín. El dietista-nutricionista y tecnólogo alimentario Aitor Sánchez aboga por huir del nutricionismo, “un paradigma –argumenta en su libro Mi dieta ya no cojea– que solo se centra en los nutrientes más significativos, y un alimento tiene unos efectos más complejos sobre el organismo que no están determinados solo por sus nutrientes sino también por nuestra interacción con ellos, por su matriz e incluso por compuestos bioactivos difíciles de caracterizar”. El slowfood o el realfooding constituyen algunas de las iniciativas en este sentido.

Ya lo dijo Hipócrates “que la comida sea vuestra medicina y la medicina sea vuestra comida”, consciente de la influencia de los alimentos sobre nuestra salud. De su estudio se encarga la genómica nutricional, a través de la nutrigenómica, que investiga cómo los alimentos afectan a nuestros genes, y de la nutrigenética, que estudia cómo las diferencias genéticas individuales pueden afectar a la forma en que respondemos a los nutrientes de los alimentos que comemos, con el objetivo de mejorar la salud y prevenir enfermedades en base a cambios en la nutrición. Un nuevo ámbito, pues, para la industria alimentaria.

No es fácil maridar factores técnicos y comerciales para lograr productos más saludables, al tiempo que organolépticamente cumplan las expectativas del consumidor. Todo un desafío para la industria.

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Análisis alimentarios: la baza de la industria

Una vez completada la fase de diseño de un nuevo producto o un producto existente reformulado, las marcas acuden a los laboratorios de análisis para comprobar, y en algunos casos certificar, su seguridad y calidad. Los cuatro grandes ámbitos del análisis alimentario son el análisis microbiológico, la composición y valor nutricional, la detección de impurezas y la detección de fraude en sus distintos grados: adulteración, falsificación, alimentos alterados, contaminados y, por último, nocivos.

Javier De Lamo, Business Unit Manager de Eurofins Group, laboratorio especializado en análisis alimentario, explica que, “afortunadamente para el consumidor, cada vez hay más reglamentación y más exigencias para lanzar un producto al mercado”, lo que ha comportado que “cada vez más, —prosigue De Lamo—, los productores soliciten ensayos acreditados”. Los ensayos acreditados por la norma ISO17025 constituyen una garantía para el consumidor; en ocasiones el fabricante encarga el ensayo como estrategia de posicionamiento de un producto en particular, para demostrar que cuanto comunica sobre él está certificado. La proliferación de productos personalizados también ha contribuido al impulso de certificaciones analíticas. Y el aumento de las alergias alimentarias, que se han duplicado en menos de una década, “también está promoviendo que se realicen más análisis para caracterizar los componentes potencialmente alergénicos en cada alimento”, afirma el representante de Eurofins. En cuanto al mercado, éste se está concentrando en laboratorios cada vez más grandes; “los pequeños —sentencia el responsable del laboratorio de Barcelona— lamentablemente, es muy difícil que puedan competir en número de ensayos acreditados, servicios complementarios y asesoramiento, junto a una mayor economía de escala y productividad”.

En materia tecnológica, la cromatografía liquida, especialmente con espectrometría de masas, ha contribuido a aumentar enormemente la precisión de los resultados. Algunos de los análisis más habituales solicitados por la industria son: nutricionales: proteínas, hidratos de carbono, grasa, fibra, azúcares, sodio, fibra, vitaminas; alérgenos: gluten, soja, proteínas de la elche, pescado, frutos secos, huevo, mostaza, cacahuete, crustáceos; metales pesados: plomo, cadmio, mercurio, arsénico, cobre, hierro, zinc; contaminantes: micotoxinas, acrilamida, 3-MCPD, melamina, aceites minerales, y pesticidas y dioxinas.

En una sociedad preocupada por los aditivos de los alimentos y los procesos a los que estos son sometidos, y su impacto sobre la salud, se observa un interés por parte de las marcas por buscar alternativas naturales a los conservantes y aditivos que utilizan en sus productos. La industria alimentaria trabaja en la línea de las recomendaciones de los centros tecnológicos sobre buscar el modo de preservar los principios activos de los alimentos: reducir procesados, buscar alternativas a los conservantes y colorantes sintéticos, identificar nuevas fuentes de proteínas, adoptar técnicas de conservación menos invasivas, o incorporar microorganismos conservantes, como los fagos.

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Procesos y nutrientes

El largo viaje de los alimentos, los mercados globalizados o los inagotables nuevos nichos y targets, desde el desembarco allá por los años 70 de nuevos modelos de distribución que nos invitaron a la gran fiesta del consumo, han sido factores que han contribuido al desarrollo y permanente innovación por parte de la industria alimentaria. Desde entonces, podría decirse que todo lo que comemos es producto de la tecnología. Cuando llega a nuestra mesa, el alimento ha sido sometido a una serie de procesos de manipulación o transformación con objetivos diversos como la obtención de alimentos seguros, nutricionalmente adecuados, o cubrir expectativas organolépticas; sin embargo, el tipo de procesado puede afectar a sus propiedades.

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Un alimento es una mezcla de compuestos que contiene cientos de nutrientes, y todos esos componentes, nutrientes y no nutrientes, y sus relaciones moleculares forman la matriz alimentaria, cuya integridad queda comprometida durante la aplicación de determinados procesos. Es claro que las propiedades de un compuesto no dependen de su origen, sino de su composición y de su estructura química, pero ¿podremos llegar a replicar el original, identificar el cien por cien de los componentes de un alimento y sus enlaces químicos? Por el momento, no parece nada sencillo, y la industria se centra en estudiar procesos que preserven al máximo la matriz del alimento.

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Alimentos de laboratorio

Un planeta. Más población. Menos alimentos. Ecuación insostenible en el tiempo a menos que la tecnología nos asista (y la voluntad de un reparto equitativo de los recursos; no olvidemos que la mitad de la población mundial no puede elegir lo que come). Se habla de un futuro donde los alimentos serán obtenidos en el laboratorio, con independencia de la tierra y del sol. Cultivar sin tierra para alimentar al planeta en el futuro es lo que se propone la hidroponía o agricultura hidropónica, un método utilizado para cultivar plantas usando disoluciones minerales en lugar de suelo agrícola.

La creciente demanda de productos cárnicos urge a encontrar nuevas fuentes alternativas y fiables de proteínas. Ya existen fuentes vegetales de proteínas como la quinoa o las semillas de chía, aprobada esta última como nuevo ingrediente ya en enero de 2013, o las algas, que contienen altas cantidades de proteínas. En el caso de la Chrorella, por ejemplo, ésta contiene aproximadamente un 60% de proteínas.

La entomofagia, comer insectos, es algo habitual para una gran parte de la población mundial. Los insectos son ricos en proteínas, bajos en grasas y baratos. En occidente, esta práctica se incorporará a través de la elaboración de productos derivados de harinas de insectos, tales como galletas, chocolates o pastas. Hay empresas que ya están comercializando productos utilizando como base la harina de grillo: magdalenas de plátano, de la empresa Chirp, o barritas energéticas de la empresa Exo, ambas firmas americanas. También se han desarrollado sustitutos vegetales del huevo, a partir de una base vegetal (una leguminosa llamada frijol mungo) para utilizar en productos horneados como galletas con chocolate. Y la carrera de posicionamiento en la producción de la llamada “carne limpia”, ya ha empezado. Hampton Creek quiere producir carne más saludable, sostenible y barata, pero sin la intervención de ningún animal. Se trata de carne proveniente de células que se produce en tanques de fermentación. La compañía quiere llevar productos de esta carne de nueva generación a los supermercados en los próximos meses, aunque antes tendrá que resolver un asunto que aún parece estar en el aire, la necesidad de hallar un medio de cultivo vegetal en el que las células puedan reproducirse; el mismo escollo encuentras otras dos empresas de “carne limpia”, Memphis Meats y SuperMeat. Además de la producción de carne in vitro, las técnicas de encapsulación, por ejemplo de fruta, o la impresión de comida con tecnologías de adición (3D) son algunas de las posibilidades que se atisban.

Cuál será la aceptación de estos alimentos de laboratorio es uno de los interrogantes que se abren. Entre tanto, la industria tiene ante sí el reto de hacer llegar al consumidor el mensaje de su apuesta por la salud, por la ética en definitiva de quién asume la responsabilidad que supone proporcionar alimentos a la población, y que apoyada en la tecnología y en los continuos avances científicos, puede lograr productos verdaderamente saludables. La transparencia y un enfoque pedagógico que transmita al consumidor la confianza que el marketing tradicional ha embarrancado son algunas opciones. Será relevante la comunicación directa empresa-consumidor; la marca puede ofrecer información sobre el origen de sus productos y las distintas formas de procesado que utiliza, argumentando y demostrando las ventajas de sus tecnologías y productos frente a los de la competencia. Nace un tipo de consumidor vacunado ante las letras grandes y en rojo, y que quiere un enlace a información, por ejemplo, de cómo afecta cada proceso a los nutrientes del alimento que está comprando, y ahí es donde la marca puede destacar y poner en valor sus productos y su modus operandi. Un consumidor escéptico frente a los productos a los que se les quitan o añaden ingredientes aún con la promesa de beneficios adicionales para la salud pero que, paradójicamente, son sometidos a procesos que pueden alterar la matriz del alimento. Habrá consumidores que busquen productos funcionales, con nuevos ingredientes añadidos; un consumidor que aprecie una elaboración para eliminar, por ejemplo, las grasas, y habrá un consumidor partidario de dejar el alimento tal como está; para él tal vez sea necesario un nuevo sello que anuncie: “Con todo”. ¿Está a punto la industria para satisfacer a este nuevo target?

Alianza contra el despilfarro

Despilfarro alimentario
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PORTADA

Corría el año 1996 cuando Manuel Castells, profesor de Sociología y Urbanismo en la Universidad de Berkeley, en California (EE UU), habló por primera vez sobre “la era del conocimiento”. Han pasado casi dos décadas desde los albores de la llamada nueva economía como cimiento de la globalización, un panorama que auguraba un mundo más eficiente y, por lo tanto, más justo. ¿Ha resultado así, en la práctica? El debate está sobre la mesa. La distribución equitativa y sostenible de los recursos ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en eje de la investigación tecnológica de las industrias abastecedoras de bienes de gran consumo.
Hoy en día la cadena de distribución coopera en busca de sinergias que optimicen sus resultados, logrando la pretendida reducción de los costes y, en consecuencia, contribuyendo al ahorro de las materias primas. La industria alimentaria y la del envase y el embalaje, los sectores de la logística y la distribución y la sociedad en su conjunto -en cuanto a que está formada por individuos consumidores- se están movilizando contra el despilfarro alimentario, un problema desde el punto de vista social -durante el periodo 2011-2013 842 millones de personas padecían hambre crónica, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO- y también medioambiental, por el consumo innecesario de materias primas.
Según datos publicados por la Unión Europea (UE), cerca de 90 millones de toneladas anuales de comida se desperdician cada año en Europa, así como aproximadamente un tercio de los alimentos destinados al consumo humano en el mundo, lo que se traduce en un total de 1.300 millones de toneladas al año.  Los costes medioambientales, por su parte, hacen referencia a su impacto sobre el carbono, el agua, el suelo y la biodiversidad. La huella de carbono del despilfarro de alimentos se estima en 3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera por año, mientras que el volumen total de agua que se utiliza cada año para producir los alimentos que se pierden o desperdician asciende a 250 km3. Mónica Daluz /
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EN PORTADA

Alianza contra el despilfarro

Corría el año 1996 cuando Manuel Castells, profesor de Sociología y Urbanismo en la Universidad de Berkeley, en California (EE UU), habló por primera vez sobre “la era del conocimiento”. Han pasado casi dos décadas desde los albores de la llamada nueva economía como cimiento de la globalización, un panorama que auguraba un mundo más eficiente y, por lo tanto, más justo. ¿Ha resultado así, en la práctica? El debate está sobre la mesa. La distribución equitativa y sostenible de los recursos ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en eje de la investigación tecnológica de las industrias abastecedoras de bienes de gran consumo.

Mónica Daluz

Hoy en día la cadena de distribución coopera en busca de sinergias que optimicen sus resultados, logrando la pretendida reducción de los costes y, en consecuencia, contribuyendo al ahorro de las materias primas. La industria alimentaria y la del envase y el embalaje, los sectores de la logística y la distribución y la sociedad en su conjunto —en cuanto a que está formada por individuos consumidores— se están movilizando contra el despilfarro alimentario, un problema desde el punto de vista social —durante el período 2011-2013 842 millones de personas padecían hambre crónica, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO— y también medioambiental, por el consumo innecesario de materias primas. Según datos publicados por la Unión Europea (UE), cerca de 90 millones de toneladas anuales de comida se desperdician cada año en Europa, así como aproximadamente un tercio de los alimentos destinados al consumo humano en el mundo, lo que se traduce en un total de 1.300 millones de toneladas al año. Los costes medioambientales, por su parte, hacen referencia a su impacto sobre el carbono, el agua, el suelo y la biodiversidad. La huella de carbono del despilfarro de alimentos se estima en 3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera por año, mientras que el volumen total de agua que se utiliza cada año para producir los alimentos que se pierden o desperdician asciende a 250 km³. Asimismo, 1.400 millones de hectáreas —el 28% de la superficie agrícola del mundo— se usan anualmente para producir alimentos que se pierden o se desperdician. Según la FAO, para el año 2050 la producción mundial de alimentos deberá incrementarse en un 70 por ciento para soportar el aumento previsto de la población del planeta de 7.000 a 9.000 millones de habitantes. No obstante, la Comisión Europea (CE) estima que cada año se desaprovechan más de 1.300 millones de toneladas de alimentos, es decir, un tercio de la producción mundial, de los que 89 millones de toneladas se despilfarran cada año en la UE y 8 millones en España.

La huella de carbono del despilfarro de alimentos se estima en 3.300 millones de toneladas anuales de gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera.

Preocupación comunitaria

La búsqueda de un modelo de gestión eficiente que permita minimizar el grave impacto económico y medioambiental asociado a la generación de residuos alimentarios se ha convertido en una de las principales preocupaciones europeas. Ahí está, por ejemplo, el proyecto Food Waste Treatment, coordinado por Biogas Fuel Cell y financiado por la UE, que propone una solución que permite la gestión y el tratamiento independiente de las fracciones orgánicas y envases contenidos en los residuos de alimentos. De este modo se posibilita el proceso de valorización más ventajoso en cada caso y se minimiza el impacto medioambiental y económico asociado a la gestión de dichos residuos. El proyecto se centrará en tres grandes colectivos, responsables del 60% de los residuos alimentarios generados en Europa: los productores de alimentos, el canal Horeca y el sector de la distribución.

Por su parte, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha elaborado la estrategia Más alimento, menos desperdicio: “Las pérdidas y el desperdicio de alimentos —cita la fuente ministerial— pueden producirse en todos los eslabones de la cadena alimentaria: en el campo, en las industrias de transformación, en la fase de distribución, en los comedores escolares y restaurantes y en las casas de los consumidores. Las causas no son siempre las mismas y varían según el tipo de producto, la producción, el almacenamiento, el transporte, el envasado y, por último, los malos hábitos o la falta de concienciación de los consumidores”. La comunicación de este mensaje incluye consejos para el consumidor en los distintos momentos del proceso de consumo, que van desde planificar la compra, ajustar las cantidades de los ingredientes a la hora de cocinar, ideas para reutilizar las sobras o la verificación de la fecha de caducidad de los alimentos, hasta consejos de almacenaje u de otro tipo, como llevarse una fiambrera vacía a los restaurantes.

Emmott: “Se consumen 3 l de agua en la fabricación de una botella de plástico que, al final, contendrá solo 1 l de líquido”.

Gestión colaborativa

Ante un futuro que parece comprometer la supervivencia de la especie, apremia la adopción de una nueva perspectiva en el sector económico y empresarial. La cooperación y la transferencia de conocimiento deberán ser los pilares sobre los que imaginar y construir el futuro.

El advenimiento de la globalización llevó ya a las grandes empresas a buscar alianzas y fusiones con las que contrarrestar el tsunami de la nueva economía, en la que los mercados se amplían y flexibilizan, la producción se deslocaliza y la información y el conocimiento devienen las bases de la producción, la productividad y la competitividad, en un contexto de creciente competencia a escala planetaria, que es afrontada con nuevos modos de entender los negocios. Pero hoy urgen algunas correcciones en la ordenación de ese mundo reticular. El director de ciencias informáticas de Microsoft Research, Stephen Emmott, alerta en su ensayo y manifiesto “Diez mil millones”, presentado en Barcelona el pasado octubre, de cómo “la globalización de la manera de vivir de los países ricos hace insostenible la supervivencia del ser humano; en este sentido, solo los chinos duplicarán en 2050 la demanda de alimento y para atenderla será necesario un 70% más de agua dulce para la agricultura.” Y refirió otro dato significativo: “se consumen tres litros de agua en la fabricación de una botella de plástico que, al final, contendrá un litro de ella”.

Si queremos evitar superar la línea de la insostenibilidad, la sobreexplotación y, en definitiva, el agotamiento de los recursos, debemos darle al concepto sostenibilidad una nueva dimensión. El sociólogo y doctor en biología, Ramón Folch, aporta una interesante definición: “La sostenibilidad —dice— consiste en obtener la mejor relación coste/beneficio posible en todas las actuaciones productivas siempre que ambas variables incorporen la totalidad de los elementos, estén o no incluidos en el mercado.” Y estos “otros elementos” no incluidos en el mercado serán los que marquen la diferencia.

Sistemas como la llamada colaboración horizontal pueden aportar importantes beneficios tanto para las empresas implicadas como para el medio ambiente y para toda la sociedad. Los sectores del transporte y la logística son un claro ejemplo de ello. En Europa, una cuarta parte de los camiones viaja vacía y el resto solo están cargados al 25% de su capacidad, una situación que podría mejorar con la combinación inteligente de flujos de mercancías entre diferentes empresas: la llamada colaboración horizontal. En este sentido, el proyecto “Conceptos de colaboración para la co-modalidad (CO3)”, financiado por el VII Programa Marco de la UE, tiene como finalidad precisamente estimular la colaboración horizontal entre diferentes cargadores, fomentando unas mayores competitividad y sostenibilidad en la logística Europea.

Y la innovación en gestión y en investigación van de la mano en este proceso de racionalización de los recursos. En este segmento, el de la logística, acaba de aterrizar el innovador sistema de reparto en pequeños vehículos aéreos no tripulados, los drones, originalmente creados para el ámbito militar, y que hoy están saltando al civil por sus múltiples aplicaciones: meteorología, agricultura, control del tráfico, ganadería, etcétera. Así, los operadores estudian la introducción de este sistema sobre la hipótesis de un ahorro de costes de transporte y distribución, así como la garantía de entregas más rápidas, eficientes y limpias. Y, a medida que los drones puedan transportar más carga y tengan más autonomía, se beneficiarán de ellos también otros eslabones en la cadena de suministro.

Packaging para reducir el despilfarro

En el punto de mira de las industrias generadoras de residuos se sitúa la de los envases y embalajes. Sin embargo, el sector juega un papel esencial en la minimización de residuos alimentarios a lo largo de la cadena de suministro: en la protección de los alimentos, así como durante su distribución o, después, durante su almacenamiento, en el punto de venta y en el hogar del consumidor. Ahí va un dato para la reflexión: los países en desarrollo sufren más pérdidas de alimentos durante la etapa de producción agrícola, mientras que en las regiones de ingresos medios y altos, el desperdicio tiende a ser mayor en el comercio al detalle y el consumo.

Los países en desarrollo pierden más alimentos durante su producción, mientras que en las regiones más avanzadas el desperdicio tiende a ser mayor en el comercio al detalle y el consumo.

El sector del envase y el embalaje, consciente de su responsabilidad en las consecuencias del modus vivendi de las sociedades desarrolladas, se está movilizando para aportar soluciones, no solamente más rentables, sino también más responsables; destaca, en este sentido, el papel imprescindible de los centros tecnológicos que transfieren el conocimiento a la sociedad, colaborando con los sectores industriales que han de convertir en producto la innovación científica y tecnológica.

El pasado noviembre, en el marco de la feria Empack, Packnet celebró una jornada sobre innovación en packaging para la minimización del despilfarro alimentario. Allí, la representante de la Asociación de Supermercados, María Segura, expuso las buenas prácticas que proponen estos establecimientos para la reducción del desperdicio alimentario, tales como la elaboración de listas de la compra y la elección, conservación y preparación de aquellos productos que mejor se adapten a las necesidades de cada familia.

Otro ejemplo del compromiso del sector lo encontramos en la conferencia que pronunció la directora de nuevos materiales y nanotech del Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística (Itene), Mercedes Hortal, en EmTech España, celebrada los días 5 y 6 de noviembre en Valencia. EmTech, evento de referencia sobre tecnologías emergentes, está organizada por la revista MIT Technology Review del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Hortal se refirió allí a la necesidad que tiene la sociedad de reducir el número de envases que desecha: “Lo ideal —apuntó— es que los envases y embalajes procedan de fuentes 100% renovables, como el maíz o la caña de azúcar, aunque muchos de ellos no ofrecen la resistencia y seguridad que el cliente demanda.”

La investigadora explicó cómo desde Itene se está trabajando para solventar esta cuestión. “Hemos desarrollado nano-arcillas —detalló— que, introducidas en el ácido poliláctico, que procede del maíz, permiten crear un material suficientemente resistente y seguro y con una menor cantidad de materia prima; con todo ello se obtiene un nuevo material 100% biodegradable, que permite al envase descomponerse de forma natural.”

Hortal habló también sobre el envase activo, aquel que interacciona con el producto, que “da respuesta al problema de los alimentos caducados como residuo y a la preocupación que tiene la UE por disminuir la cantidad de alimentos que se desperdician y acaban en la basura”. La experta destacó, asimismo, el envase inteligente y presentó unas etiquetas impresas con tintas que reaccionan con los compuestos volátiles del producto contenidos en el envase, lo que permite determinar la fase de conservación del producto.

Entre las investigaciones que Itene está llevando a cabo con el objetivo de optimizar los recursos cabe citar, además, el Plaguefree, un proyecto para el desarrollo de un nuevo envase activo que permita conseguir un mayor control sobre la aparición y propagación de las plagas que afectan a los productos alimenticios secos. El envase superará las barreras que tienen los actuales films flexibles empleados para el envasado de estos productos: además de la física, pasiva, que ofrecen, incorporará agentes activos que impidan el crecimiento de los insectos. Otro proyecto de interés es el Actiallium, que investiga sobre nuevas técnicas y procesos para la obtención de extractos de ajo morado de Cuenca, con propiedades antifúngicas y antioxidantes, que pueden ser utilizados para crear plásticos agrícolas con fungicidas naturales, así como envases activos que permitan alargar la vida útil de los alimentos. El centro de investigación Itene ha participado también en la última reunión de Save Food, celebrada en Roma durante los pasados días 26 al 28 de noviembre, uniéndose allí a la búsqueda de soluciones que reduzcan la pérdida de alimentos y residuos alimentarios. Uno de los principales objetivos de la iniciativa es que los alimentos se envasen adecuadamente desde el origen hasta que llegan al mercado, y es que, según la UE, el embalaje inadecuado se sitúa entre las principales causas del desperdicio de alimentos. La confusión entre las etiquetas “consumir preferentemente antes de” y “consumir antes de”, la falta de concienciación, una gestión ineficiente de los stocks, los excesos de producción y un almacenaje inapropiado constituyen otras de las causas de que el consumidor deseche alimentos de forma inadecuada.

Inteligencia y cooperación

Dos de las cualidades que han llevado al hombre, como especie, hasta aquí son la inteligencia y la cooperación. En el futuro no va a ser distinto: no podemos permitirnos el lujo de no compartir el conocimiento, de desaprovechar el talento o de prescindir en los negocios de enfoques y técnicas win-win (basadas, fundamentalmente, en negociar teniendo como objetivo que todas las partes salgan beneficiadas). Estamos en el buen camino: la industria ha realizado en las últimas décadas enormes esfuerzos en el desarrollo de sus departamentos de I+D, los centros tecnológicos y las universidades han dado a luz un buen número de spin-offs y los sistemas de código abierto multiplican exponencialmente la generación de nuevos conocimientos, colocándolos al alcance de cualquier persona en cualquier parte del mundo y promoviendo la investigación colaborativa. Pero no es suficiente. Los expertos apuntan a la concienciación ciudadana como factor clave para la solución de un problema que solo puede venir de la mano de un cambio de hábitos por parte del consumidor.

Comenzábamos este artículo hablando del nacimiento de la nueva economía basada en la sociedad de la información y el conocimiento; hoy llama a la puerta la llamada economía social en la que “la generación de ingresos es solo un medio que permite la supervivencia de la compañía y que esta sea sostenible para seguir desarrollándose”, define Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de Esade. El cooperativismo; optar por el consumo de productos locales, también llamados kilómetro cero; la participación en iniciativas como la que ha tenido lugar en Madrid y Barcelona el pasado mes de diciembre, la Disco Sopa, un movimiento nacido en Berlín en el que voluntarios recogen en los mercados frutas y verduras que se desechan por razones estéticas y se cocinan y comen en espacios abiertos a la ciudadanía donde, además, se baila y se disfruta de un ambiente festivo; apostar por fórmulas de aprendizaje colaborativo y multidisciplinar, o por los centros creativos abiertos a los ciudadanos, los fab labs, que veremos proliferar en los próximos años, constituyen opciones que responden a las nuevas inquietudes del ciudadano. Preocupaciones estas que, por otra parte, no están reñidas con las leyes actuales del mercado: las nuevas generaciones valorarán a las empresas que adopten modelos de negocio innovadores que mejoren la vida de las personas y que ayuden a hacer que el mundo funcione algo mejor.

Aditivos naturales: desafío total

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Una de las máximas de nuestra sociedad a la hora de fabricar productos de consumo, sobre todo en industrias como la alimentaria o la cosmética, es el camuflaje del artificio. El consumidor desea productos mínimamente procesados, y expresiones como “sin colorantes ni conservantes” o “natural” en el etiquetaje parecen ser recetas mágicas para vender más. ¿Cómo encajar esa aspiración con la realidad de las industrias y los mercados? El sector del envase de producto perecedero busca respuestas, y trata de hallar en la propia naturaleza sustancias que alarguen el tiempo de conservación del alimento para incorporarlas a la estructura del material del envase, aplicando sofisticadas y, por supuesto, invisibles, tecnologías. Pero el control sobre las sustancias procedentes de fuentes naturales supone un desafío nada fácil.
Alargar la vida útil de los alimentos constituye un objetivo prioritario para la industria alimentaria, y es en esa línea en la que vienen trabajando los centros tecnológicos y el propio sector fabril, y muy especialmente el sector del envase, en los últimos años. Un trío éste, cuya mutua colaboración va a verse incrementada por la imperiosa necesidad de personalizar el envasado en función de los múltiples y diversos requerimientos del producto en sí, de los mercados, de las nuevas fórmulas comerciales y de los segmentos de consumo.
La globalización de los mercados supone un reto para los distribuidores de producto perecedero (aquél que por sus características exige condiciones especiales de conservación en sus periodos de almacenamiento y transporte) y no solamente para colocar en cualquier parte del mundo un alimento en condiciones óptimas de frescura, esto es, sin degradación sensorial ni nutricional como el enranciamiento de grasas, la pérdida de textura, el pardeamiento, la reducción de vitaminas, la degradación del aroma, etc., sino también para optimizar costes de logística, o para preservar la reputación de marca minimizando las pérdidas o rechazos. La temperatura de almacenamiento, la composición y calidad inicial del producto, las técnicas de procesado empleadas, y los materiales y técnicas de envasado utilizadas definen la calidad de estos alimentos.
Por vida útil entendemos el periodo máximo de tiempo tras la producción o fabricación del alimento, durante el cual mantiene el nivel requerido de calidad organoléptica, nutritiva y seguridad sanitaria bajo las adecuadas condiciones de almacenamiento. Con el objetivo de extender este tiempo nacieron los envases activos, cuyo mecanismo de actuación es la cesión (migración positiva) o absorción (sorción, permeación) de sustancias para corregir los defectos del envase pasivo y mejorar así la calidad de los productos; se trata de nuevas tecnologías de conservación de alimentos basadas en potenciar o aprovechar las posibles interacciones del envase con el producto y/o el ambiente que lo rodea. Mónica Daluz / pdf

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Aditivos naturales: desafío total

Una de las máximas de nuestra sociedad a la hora de fabricar productos de consumo, sobre todo en industrias como la alimentaria o la cosmética, es el camuflaje del artificio. El consumidor desea productos mínimamente procesados, y expresiones como “sin colorantes ni conservantes” o “natural” en el etiquetaje parecen ser recetas mágicas para vender más. ¿Cómo encajar esa aspiración con la realidad de las industrias y los mercados? El sector del envase de producto perecedero busca respuestas, y trata de hallar en la propia naturaleza sustancias que alarguen el tiempo de conservación del alimento para incorporarlas a la estructura del material del envase, aplicando sofisticadas y, por supuesto, invisibles, tecnologías. Pero el control sobre las sustancias procedentes de fuentes naturales supone un desafío nada fácil.

Mónica Daluz

Los centros tecnológicos con actividad en el campo del envasado, trabajan en la incorporación a los envases alimentarios de sustancias activas procedentes de fuentes naturales como aceites esenciales, extractos de plantas o subproductos vegetales.

Alargar la vida útil de los alimentos constituye un objetivo prioritario para la industria alimentaria, y es en esa línea en la que vienen trabajando los centros tecnológicos y el propio sector fabril, y muy especialmente el sector del envase, en los últimos años. Un trío éste, cuya mutua colaboración va a verse incrementada por la imperiosa necesidad de personalizar el envasado en función de los múltiples y diversos requerimientos del producto en sí, de los mercados, de las nuevas fórmulas comerciales y de los segmentos de consumo.

La globalización de los mercados supone un reto para los distribuidores de producto perecedero (aquél que por sus características exige condiciones especiales de conservación en sus periodos de almacenamiento y trasporte) y no sólamente para colocar en cualquier parte del mundo un alimento en condiciones óptimas de frescura, esto es, sin degradación sensorial ni nutricional como el enranciamiento de grasas, la pérdida de textura, el pardeamiento, la reducción de vitaminas, la degradación del aroma, etc., sino también para optimizar costes de logística, o para preservar la reputación de marca minimizando las pérdidas o rechazos. La temperatura de almacenamiento, la composición y calidad inicial del producto, las técnicas de procesado empleadas, y los materiales y técnicas de envasado utilizadas definen la calidad de estos alimentos. Por vida útil entendemos el periodo máximo de tiempo tras la producción o fabricación del alimento, durante el cual mantiene el nivel requerido de calidad organoléptica, nutritiva y seguridad sanitaria bajo las adecuadas condiciones de almacenamiento. Con el objetivo de extender este tiempo nacieron los envases activos, cuyo mecanismo de actuación es la cesión (migración positiva) o absorción (sorción, permeación) de sustancias para corregir los defectos del envase pasivo y mejorar así la calidad de los productos; se trata de nuevas tecnologías de conservación de alimentos basadas en potenciar o aprovechar las posibles interacciones del envase con el producto y/o el ambiente que lo rodea.

Los centros tecnológicos con actividad en el campo del envasado, trabajan en la incorporación a los envases alimentarios de sustancias activas procedentes de fuentes naturales como aceites esenciales, extractos de plantas o subproductos vegetales. Este es el caso de Ainia. Uno de sus investigadores, José Ángel Garde, nos habla de las ventajas de extender la vida útil del producto por un procedimiento natural: “reduce costes de logística porque el aumento de vida útil permite ajustar el suministro de los productos a la plataforma de distribución; también puede reducir costes en materiales de envase, porque el envasado activo suplementa la disminución de barrera del material. Además, permite disponer de productos con valor añadido y reduce costes de devoluciones y reclamaciones, lo que tiene una repercusión, directa e indirecta, sobre la imagen de la marca.”

Pero, ¿de qué sustancias hablamos?, ¿cómo se obtienen?, ¿cuáles son sus efectos sobre el alimento?, ¿qué viabilidad tienen en el mercado? Veamos, a continuación, cuáles son las respuestas.

Reino vegetal

Según el trabajo de divulgación realizado por María José Sáiz y Noelia López, ambas del área de I+D+i del Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentacia (CNTA) en relación a los compuestos naturales antimicrobianos y antioxidantes (recordemos que el fin de la vida útil viene marcado por la acción de agentes biológicos y por la oxidación), “las plantas y subproductos agroalimentarios son una gran fuente de productos naturales biológicamente activos; muchos de sus beneficios son conocidos y utilizados desde la antigüedad como antimicrobianos, insecticidas, antioxidantes, etc.” Las investigadoras explican que estos efectos son debidos a “compuestos sintetizados por las células de las plantas que no son estrictamente necesarios para el crecimiento o reproducción, pero cuya presencia ha sido demostrada genéticamente, fisiológicamente o bioquímicamente. Se denominan metabolitos secundarios y las técnicas de extracción permiten obtenerlos y concentrarlos para su uso en diferentes aplicaciones como medicina, alimentación o perfumería.”

Los aceites esenciales con los que trabajan los distintos centros de investigación son mayoritariamente orégano, tomillo, canela, romero y eucalipto. En este sentido José Ángel Garde nos ofrece algunas conclusiones sobre sus investigaciones; nos habla, por ejemplo, de los efectos de la adición de eucalipto y canela en frutas y verduras: “los tomates –explica– mantienen su firmeza durante los días de exposición a canela y después la pierden. Las fresas expuestas a canela mantienen su firmeza durante todos los días de almacenamiento (6 días). Los tomates y fresas expuestos a eucalipto, mantienen su firmeza durante todos los días de almacenamiento (6 y 10 días)”. Garde hace hincapié en que “cada alimento exige su estudio específico porque cada alimento tiene su comportamiento peculiar” y propone como posible solución “abrir el espectro de las sustancias activas naturales con las que se está trabajando”.

Así también en el Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística (ITENE), a través del proyecto Nafispack, del que recientemente se presentaron las conclusiones después de tres años de investigación, se han realizado pruebas de efectividad de diferentes compuestos antimicrobianos de origen natural; pruebas de incorporación de estos agentes en materiales de envase mediante el uso de distintas tecnologías de procesado, y pruebas de evaluación para asegurar que no se han degradado al incorporarlos al material de sustrato, así como que los antimicrobianos se mantienen efectivos tras el proceso. De la extensa lista inicial de compuestos antimicrobianos naturales, y tras estudiar el potencial de inhibición, la concentración mínima para inhibir un crecimiento microbiano visible, los efectos logísticos, su aplicabilidad, etc., los aceites esenciales de orégano, clavo y canela se revelaron como los más efectivos sobre levaduras y mohos.

La mayor dificultad a la que se enfrentan los científicos es la variabilidad de la fuente natural, sometida a infinidad de condicionantes que dificultan la predicción de resultados.

Entre las diferentes estrategias para el depósito de los agentes antimicrobianos figura su adición a las soluciones poliméricas, incorporando el agente seleccionado al polímero fundido que luego se convertirá en film, usando tecnologías como la extrusión o bien untando el material activo a la película o sustrato mediante tecnologías de recubrimiento.

Los sustratos más adecuados son el polipropileno, los polímeros hidrofílicos y un biopolímero llamado PLA. La mayor dificultad –en palabras de Rafael Gavara, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas CESIC– la encontramos en el hecho de que los agentes activos son sensibles a los tratamientos químicos o térmicos. Por ejemplo, los péptidos antimicrobianos no se pueden usar con extrusión porque se degradan, y los agentes volátiles se pueden perder durante el secado del recubrimiento. La idoneidad y la compatibilidad entre el agente y la matriz polimérica a veces no es buena y se libera todo el agente de golpe al principio, o también puede ocurrir el caso contrario, que se adhiera tanto que quede inactivo.”

José Ángel Garde también nos explica algunos de los inconvenientes a los que se enfrenta la investigación con compuestos naturales: “los resultados in vitro, en las placas de petri, pueden ser satisfactorios pero cuando se aplican al alimento pueden no serlo ya que pueden darse interacciones que no se producen en laboratorio; también puede ocurrir que los nutrientes que se aportan a los microorganismos en la placa, no sean tan completos como los que tendrían sobre el producto real”. Además, nuestro interlocutor menciona los problemas de implantación: “hoy por hoy no hay mercado para estos sistemas: la sustancia activa duplica el coste del envase y la mayoría de productos no pueden soportar un aumento de precio, aunque añada valor al producto”.

¿Idealizamos lo natural?

Nunca antes en la historia del ser humano había poseído un poder tecnológico y un potencial transformador como el que detenta en la actualidad. Sin embargo parece haber un acuerdo tácito entre fabricante y consumidor para lo que podríamos llamar un ocultamiento tecnológico; encubrir el artificio es, en el sector alimentario, un imperativo para el fabricante ante un consumidor que está exigiendo productos naturales, de cultivo biológico, bajos en grasas o en sal, alimentos mínimamente procesados, o cuarta gama, envases transparentes para ver el aspecto del producto, etc. La reticencia ante la adición de conservantes u otro tipo de aditivos directamente sobre los alimentos, especialmente los sintéticos, ha provocado un interés especial en el desarrollo de los envases activos, cuyo uso puede reducir el conjunto de tratamientos a aplicar a los productos con una mínima o nula adición de sustancias químicas.

Sin embargo, las soluciones en las que el agente activo antimicrobiano o antioxidante se presenta en un dispositivo independiente, como bolsitas o etiquetas, tiene el inconveniente de quedar a la vista del consumidor, además de que supone una operación adicional en el proceso de envasado y, por supuesto, del peligro de toxicidad por rotura accidental del dispositivo. El rechazo que producen estos sistemas está dirigiendo la investigación hacia una nueva generación de envases activos caracterizados por incorporar los agentes en su propia estructura. El consumidor fuerza así una presencia invisible: la inteligencia escamoteable de los objetos.

El uso de envases activos puede reducir el conjunto de tratamientos a aplicar a los productos con una mínima o nula adición de sustancias químicas.

“Manipulación” es palabra proscrita cuando hablamos de alimentos, porque se entiende que manipular implica modificar lo que es natural. Así, alargar la vida de los alimentos se percibe como una artificialidad sospechosa de algún efecto secundario… El uso de sustancias procedentes de las plantas en este proceso constituye un argumento muy sólido para vencer las reticencias del consumidor.

Medir la huella ecológica de un envase va más allá de su reciclabilidad, extendiéndose a la función cumplida. Como dijo el filósofo Latour, “los dispositivos no son simplemente máquinas sino constitutivos del efecto que producen”. De manera que, aunque parezca una contradicción, nos dirigimos hacia un mundo más tecnificado para, precisamente, preservar lo que es natural.

Envases de crisis o el consumo fraccionado

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EN PORTADA

Los tiempos están cambiando. El acto de consumir, también. Cambios en la jerarquización de prioridades y una nueva percepción del proceso de consumo que generan nuevos comportamientos. Les explicamos cómo estas transformaciones, acaecidas por la necesidad de abaratar la cesta de la compra, están comportando nuevas propuestas de los fabricantes. La última novedad: el redimensionamiento de los envases.
Elegir el envase más grande “porque sale más a cuenta” ha dejado de ser, digamos, un argumento de compra, un razonamiento interno frente a la estantería del supermercado. El placer de llevarse más producto, proporcionalmente, por menos dinero ha venido reforzando un comportamiento aparentemente inteligente. Sin embargo, la realidad económica ha desbancado de un plumazo la mismísima lógica matemática, pues, como afirma Nuria Hernández, directora de Marketing de Unilever en España: “el problema es cuánto dinero llevas en el bolsillo cuando llegas a la tienda. No es tan importante que el precio del gramo o del mililitro sea muy competitivo, sino el hecho de que te lo puedas permitir.”
Ante la progresiva pérdida de poder adquisitivo, hoy el consumidor acude al supermercado con un presupuesto reducido, de manera que ya no llena el carro para todo el mes, no puede, y debe realizar sus compras con mayor frecuencia. Esta realidad está llevando al fabricante, para mantener sus ventas, a ofrecer menor cantidad de producto de una vez, bajando así el precio por unidad. Para ello presenta sus productos en envases más pequeños, como champú o detergente para cuatro o cinco lavados, abaratando significativamente el valor final de la compra. En este sentido, Jorge Sáiz responsable de Grandes Cuentas y Marketing de ITC Packaging, afirma que “la tendencia a la reducción de formatos es generalizada y no afecta solamente a los productos alimentarios”. Mónica Daluz /
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Envases de crisis o el consumo fraccionado

Los tiempos están cambiando. El acto de consumir, también. Cambios en la jerarquización de prioridades y una nueva percepción del proceso de consumo que generan nuevos comportamientos. Les explicamos cómo estas transformaciones, acaecidas por la necesidad de abaratar la cesta de la compra, están comportando nuevas propuestas de los fabricantes. La última novedad: el redimensionamiento de los envases.

Mónica Daluz

Elegir el envase más grande «porque sale más a cuenta» ha dejado de ser, digamos, un argumento de compra, un razonamiento interno frente a la estantería del supermercado. El placer de llevarse más producto, proporcionalmente, por menos dinero ha venido reforzando un comportamiento aparentemente inteligente. Sin embargo, la realidad económica ha desbancado de un plumazo la mismísima lógica matemática, pues, como afirma Nuria Hernández, directora de Marketing de Unilever en España: «el problema es cuánto dinero llevas en el bolsillo cuando llegas a la tienda. No es tan importante que el precio del gramo o del mililitro sea muy competitivo, sino el hecho de que te lo puedas permitir».

Ante la progresiva pérdida de poder adquisitivo, hoy el consumidor acude al supermercado con un presupuesto reducido, de manera que ya no llena el carro para todo el mes, no puede, y debe realizar sus compras con mayor frecuencia. Esta realidad está llevando al fabricante, para mantener sus ventas, a ofrecer menor cantidad de producto de una vez, bajando así el precio por unidad. Para ello presenta sus productos en envases más pequeños, como champú o detergente para cuatro o cinco lavados, abaratando significativamente el valor final de la compra.

En este sentido, Jorge Sáiz, responsable de Grandes Cuentas y Marketing de ITC Packaging, afirma que «la tendencia a la reducción de formatos es generalizada y no afecta solamente a los productos alimentarios». Se trata de una estrategia que empresas como Unilever (fabricante de marcas como Skip, Dove, Flora o Frigo, entre otras) ya venían aplicando en países en vías de desarrollo y que, en la actualidad, están introduciendo en una Europa cada vez más empobrecida; en el caso de Unilever, primero en Grecia y Portugal y, desde el pasado mes de agosto, en España.

Este redimensionamiento tiene también su razón de ser en la voluntad del fabricante de no repercutir el incremento de los costes sobre el precio final del producto. Así lo corrobora Sáiz: «con los costes de las materias primas y de manipulación al alza, la reducción del contenido de un envase es una de las medidas más adoptadas para no trasladar estos aumentos al consumidor. Popular o no, numerosos productores alimentarios optan por mantener precios disminuyendo el contenido o dimensiones del paquete».

Sin embargo, como nunca es todo blanco o todo negro, la estandarización o proliferación de nuevas dimensiones hace que el fenómeno se retroalimente, diversificándose así las categorías del producto. Como apunta el responsable de Marketing de ITC Packaging, «este ajuste no viene motivado únicamente por el afán de mantener precios; el cambio en los hábitos de consumo, con unidades familiares con cada vez menos miembros (singles, dinkies —del inglés double income no kids, salario doble sin hijos—, hogares monoparentales, etcétera), ha obligado a las firmas alimentarias a reinventar formulaciones, formatos y, por ende, envases. Así, la apuesta por fórmulas que ayuden al control calórico, con, por ejemplo, paquetes de 100 calorías, es otro de los aspectos que ha reforzado esta nueva realidad».

Para Jorge Sáiz, el downsizing es más que una tendencia, «es toda una realidad —afirma— ya implantada tanto en Europa como en EE.UU. Recientemente hemos visto cómo Kraft Foods y Wrigleys han adaptado sus envases de chicles a cinco unidades de producto cada uno para alcanzar en EE.UU. un PVP de 50 centavos, con el fin de ganar cuota de mercado en un momento en el que el consumidor es especialmente sensible al precio, o también iniciativas mucho más cercanas, como la de Unilever, que ha reducido el tamaño de sus envases de champú o de productos alimentarios como los cubos de caldo Knorr, con el fin de adaptarlos a la nueva realidad de nuestra cesta de la compra».

El consumidor de la nueva era

Tras la fiesta del consumo de algunos, que acabó en colapso financiero, el ciudadano se ha visto forzado a retomar el control del gasto. El crédito fácil y la sensación de riqueza promovieron muchas compras irreflexivas; diversos estudios afirman que alrededor de una tercera parte de los consumidores adultos europeos tiene problemas para controlar sus gastos. Y es que las crisis marcan un antes y un después en nuestras coordenadas vitales, en nuestros puntos de referencia. Nuestro sistema de valores y nuestras expectativas se han visto alterados y, en consecuencia, nuestros comportamientos han cambiado.

«La Gran Depresión modificó el comportamiento del consumidor estadounidense y sus actitudes durante toda una generación», observa Wesley Hutchinson, profesor de Marketing de Wharton (Universidad de Pensilvania, EE.UU.). ¿Dejará esta crisis una cicatriz psicológica en el ciudadano como consumidor? La reacción psicológica al derrumbe económico es distinta según la edad y la renta, pero, en general, el estado de ánimo del consumidor se ha visto claramente afectado. Entramos en una dinámica de aprendizaje, cuyo foco es una nueva sensación de control. El sentimiento de inutilidad y opulencia genera rechazo y desagrado. La jerarquía de las necesidades cambia y proliferan planteamientos de consumo alternativo, como vivir con menos, con los que el ciudadano busca una forma de gastar coherente con su sistema de valores.

Se está fraguando un nuevo modelo en la cultura de consumo: la de lo esencial, la del minimalismo conceptual, la del retorno a lo básico. Y por lo que respecta al packaging, el producto se despoja de sus abalorios y se centra en la función. La sobriedad, así, se impone sobre la superficialidad y lo innecesario. Así lo reconoce Sáiz: «se observa cierta decadencia en productos sobreenvasados, con elementos de envasado secundario y terciario, también promocional, que resultan innecesarios, ahora incluso obscenos, obteniendo como resultado un producto excesivo, con todas las connotaciones que ello puede sugerir; además de comportar desperdicios que afectan a nuestro medio ambiente de manera directa, o incomodidades en la apertura y manipulación del producto en cuestión. Vivimos actualmente en un momento de la racionalización.»

Según el informe del instituto de investigación de mercado GfK, Cambios en los hábitos de consumo en periodo de crisis. Perspectivas desde la investigación de mercados, «se incrementan los valores hedonistas y los relacionados con la autenticidad y la honestidad. Aumentan también los valores ligeramente conservadores y de protección, la necesidad de relaciones estables, la valoración del entorno más próximo: amigos, familia, etcétera. Los consumidores están racionalizando sus comportamientos: tienen que adaptar sus valores a su comportamiento para evitar el efecto de disonancia cognitiva».

Este concepto, en psicología, hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias, emociones y actitudes (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Al producirse esa incongruencia o disonancia de manera muy apreciable, la persona se ve automáticamente motivada para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas para reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes encajen entre sí, constituyendo una cierta coherencia interna.

El ser humano, en constante evolución social, ha iniciado un aprendizaje forzoso hacia una dinámica de vida más reflexiva; una nueva percepción del valor del dinero prestado está generando una actitud más exigente y más inteligente, volviendo al valor esencial del producto.

El sector del packaging se adapta a los nuevos requerimientos con aportaciones en línea con el imperativo del ahorro. «La necesidad de multiplicar la vida de los alimentos —expone Sáiz— es otra de las tendencias en packaging que se está reforzando actualmente. Innovaciones como LongLifeQ, el etiquetado IML barrera que logra multiplicar la vida del producto contenido en el envase, repercuten directamente en la reducción del despilfarro de alimentos. Solo España desperdicia más de 2,9 millones de toneladas de alimentos al año, 89 millones en Europa, y esta cifra podría haber crecido hasta en un 40% en 2020, según las estadísticas. Los envases con propiedades barrera para mantener la frescura del producto durante más tiempo, o los diseños que permiten la porcionabilidad son sólo algunas de las contribuciones que la industria del packaging ya está aportando a la industria alimentaria.»

En el punto de venta

¿Cómo queda en este castillo de naipes el sector de la distribución? ¿Qué panorama arroja el reequilibrio de los elementos, el ensamblaje de las piezas ante la transformación de los factores expuestos?

Para empezar, se está produciendo un claro incremento de la frecuencia de compra: más visitas a las tiendas pero comprando y, por lo tanto, gastando, menos. La consecuencia de esta dinámica de compra fragmentada es que el comercio de proximidad gana cuota en detrimento de los grandes hipermercados donde durante la época de bonanza el consumidor compraba para todo el mes y más, y ebrio de oferta, se dejaba llevar y deslumbrar por los productos-capricho.

Por otra parte, la situación de crisis económica ha llevado a que las ventas de productos de la marca del distribuidor hayan crecido de forma considerable: un 92% de los españoles compra productos de este tipo. Esto supone, según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, un 43,9% del mercado de alimentación en España, sin contar los productos frescos. El factor precio se convierte en una prioridad a la hora de comprar en períodos de escasez e incertidumbre económica como el actual. El 59% de los españoles considera que el precio es un factor decisivo, mientras que en 2007 tan sólo un 34% lo consideraba relevante. La gran distribución, por su parte, apuesta por las tarjetas de fidelización como herramientas de promoción, y parece que su uso se ha disparado con la crisis.

Las marcas, por su parte, están sugiriendo que la sobreoferta puede resultar contraproducente. En esta línea se manifiesta el profesor de Sociología de la Universidad de Alicante, Fernando Olivares: «demasiada variedad cansa y no compensa, y si bien la diversidad es positiva, su exceso puede resultar desmotivante; además —añade— reducir la complejidad y recortar la variedad puede aumentar los ingresos entre un 5% y un 40%, y recortar los costes entre un 10% y un 35%.»

Menos oferta, menos gasto. A menor variedad, mayor ahorro. Además, habrá que ver también dónde se posiciona en este tablero el factor calidad y otros valores añadidos. Un decepcionante regreso al pasado en el que la compra era puramente un medio para satisfacer necesidades. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial se ha venido consolidando una sociedad de consumo en la que las necesidades, los deseos y las ostentaciones se entrelazaron de modo complejo en la dinámica de los intercambios. Permaneceremos expectantes ante los derroteros que pueda tomar la evolución hacia lo esencial, que no tiene por qué ser, no debería, al menos, una ley de mínimos.

Trifásico ineludible

Diversos autores establecen una relación directa entre las crisis económicas y las motivaciones de los consumidores, una relación que se retroalimenta y en la que parecen repetirse ciertos patrones, en tres fases: una etapa de bonanza económica propicia el consumo, que genera un estado de aparente bienestar entre la ciudadanía, y un período de fuerte especulación, en el que participa la mayoría de la población, que acaba con un colapso que fuerza una tercera fase de reestructuración económica, en la que el ciudadano/consumidor entra en un proceso de adaptación o ajuste.

Y, ¿vuelta a empezar?

Envases y electrodomésticos: diálogo de futuro

Envases y electrodomésticos
ACTUALIDAD 

En los años venideros se espera que la gestión de los alimentos envasados y otros productos de uso doméstico la realicen de forma automática los distintos aparatos electrodomésticos y demás dispositivos electrónicos del hogar. La tecnología de identificación por radiofrecuencia es, por el momento, la base sobre la que trabajan los sectores del packaging y del electrodoméstico para propiciar un diálogo entre objetos que sofisticará nuestras vidas. El talón de Aquiles: los costes en el producto unitario. ¿Podrá la industria alimentaria permitirse un tag en un envase de yogurt? En la respuesta a esta pregunta está la clave, una pregunta a la que nadie quiere responder…
¿Se imagina que su nevera le informara de los productos caducados que contiene, que decidiera, por su cuenta, hacer la compra conectándose con el supermercado, vía internet, o que su horno microondas rechazara calentarle un plato precocinado porque éste no es adecuado para su dieta? Pues no es tan difícil: un código de barras con la información en cuestión en el envase y un lector en el aparato electrodoméstico son suficientes para establecer el diálogo. … Pero no todo aquello que es tecnológica o científicamente posible es económicamente viable, y algo así parece ocurrir con el asunto de los envases y los electrodomésticos capaces de comunicarse entre ellos. Además, algunos fabricantes de estos aparatos llevan sus investigaciones con suma cautela, y prefieren no desvelar los resultados de sus avances en materia de interacción entre envase y electrodoméstico. El nacimiento inminente de una nueva categoría de producto de la que nadie quiere hablar para no dar pistas a la competencia, augura una batalla por la cuota de mercado. Y es que todos quieren emular a marcas como Nespresso o Apple y buscan estrategias globales de penetración de mercado. Compañías como LG, Electrolux, Samsung o Panasonic esperan un pistoletazo de salida, que no acaba de llegar, aunque entretanto vengan lanzando algunos artilugios inteligentes que incorporan tecnología RFID, como el LG DIOS Smart Fridge, un frigorífico que utiliza una aplicación propia llamada Smart Access con la que envía mensajes sobre qué alimentos están a punto de agotarse o van a caducar; el Cocoon, de Electrolux, que emplea la tecnología de identificación por radiofrecuencia para cocinar alimentos según las características de cada uno, o el SR-SX2, que Panasonic acaba de lanzar en Japón, un aparato para cocinar arroz, equipado con un lector RFID, que le permitirá interactuar online. Mónica Daluz /
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Envases y electrodomésticos: diálogo de futuro

En los años venideros se espera que la gestión de los alimentos envasados y otros productos de uso doméstico la realicen de forma automática los distintos aparatos electrodomésticos y demás dispositivos electrónicos del hogar. La tecnología de identificación por radiofrecuencia es, por el momento, la base sobre la que trabajan los sectores del packaging y del electrodoméstico para propiciar un diálogo entre objetos que sofisticará nuestras vidas. El talón de Aquiles: los costes en el producto unitario. ¿Podrá la industria alimentaria permitirse un tag en un envase de yogurt? En la respuesta a esta pregunta está clave, una pregunta a la que nadie quiere responder…

Mónica Daluz

¿Se imagina que su nevera le informara de los productos caducados que contiene, que decidiera, por su cuenta, hacer la compra conectándose con el supermercado, vía internet, o que su horno microondas rechazara calentarle un plato precocinado porque éste no es adecuado para su dieta? Pues no es tan difícil: un código de barras con la información en cuestión en el envase y un lector en el aparato electrodoméstico son suficientes para establecer el diálogo.

… Pero no todo aquello que es tecnológica o científicamente posible es económicamente viable, y algo así parece ocurrir con el asunto de los envases y los electrodomésticos capaces de comunicarse entre ellos. Además, algunos fabricantes de estos aparatos llevan sus investigaciones con suma cautela, y prefieren no desvelar los resultados de sus avances en materia de interacción entre envase y electrodoméstico. El nacimiento inminente de una nueva categoría de producto de la que nadie quiere hablar para no dar pistas a la competencia, augura una batalla por la cuota de mercado. Y es que todos quieren emular a marcas como Nespresso o Apple y buscan estrategias globales de penetración de mercado. Compañías como LG, Electrolux, Samsung o Panasonic esperan un pistoletazo de salida, que no acaba de llegar, aunque entretanto vengan lanzando algunos artilugios inteligentes que incorporan tecnología RFID, como el LG DIOS Smart Fridge, un frigorífico que utiliza una aplicación propia llamada Smart Access con la que envía mensajes sobre qué alimentos están a punto de agotarse o van a caducar; el Cocoon, de Electrolux, que emplea la tecnología de identificación por radiofrecuencia para cocinar alimentos según las características de cada uno, o el SR-SX2, que Panasonic acaba de lanzar en Japón, un aparato para cocinar arroz, equipado con un lector RFID, que le permitirá interactuar online.

El desarrollo de la tecnología de identificación por radiofrecuencia en los últimos años se ha focalizado en la logística de los productos, pero ¿qué posibilidades brinda esta tecnología en el final de la cadena, es decir, en el hogar del consumidor? Le hemos preguntado a Javier Blanco, responsable de Desarrollo de EPC de AECOC. Blanco afirma que «en efecto, el planteamiento inicial de implementación del RFID en el panorama empresarial se centró en la mejora de los procesos logísticos; sin embargo, el potencial del “chip” EPC de identificación por radiofrecuencia es enorme, en gran medida aún por descubrir. A priori, se pueden enumerar múltiples aplicaciones en diferentes escenarios, entre ellos, efectivamente, el hogar. En nuestras casas los chips de radiofrecuencia podrían permitir convertir nuestras viviendas en hogares robotizados con electrodomésticos inteligentes que nos ‘informen’ de las fechas de caducidad de los productos, recetas que podemos preparar, etc.”

La irrupción de la tecnología de radiofrecuencia auguraba la proliferación de entornos inteligentes, incluso se acuñó el término “internet de objetos”. De hecho, existen ya nuevos objetos cotidianos que gracias a los estándares de conectividad inalámbrica y a las tecnologías de posicionamiento, como la RFID, que crean un enlace permanente a través del espacio hertziano entre el objeto y una base de datos online, permanecen localizados en todo momento en el espacio y en el tiempo dejando constancia de la particular historia de su paso por nuestras vidas.

Pero los imperativos del mercado dejan fuera de juego algunas posibilidades. Y es que los costes, más fácilmente asumibles en producto electrodoméstico, dificultan la implantación de estos dispositivos en envases alimentarios unitarios. Blanco es claro al respecto: “En el ámbito del RFID, nuestra experiencia nos dice que son tres los factores que determinan verdaderamente su implantación. El primero es que ofrezca respuesta a una necesidad real de la empresa. En segundo lugar, que los beneficios de la implantación superen a la inversión y sea un proyecto rentable con retorno a corto plazo y, finalmente, que la empresa esté convencida de que la implementación de un proyecto en este ámbito puede ser una ventaja competitiva y un elemento diferenciador que le permita destacar en términos de innovación, eficiencia, mejora de la experiencia de compra y/o consumo, etc.”

Más allá de la trazabilidad

El primer protagonista de este entramado de objetos dialogantes en gestación son los envases inteligentes, aquellos que aportan información al usuario sobre el producto, su trazabilidad, la evolución de sus parámetros de deterioro o la historia de las condiciones de distribución. Y ahí están también los fabricantes de electrodomésticos, que, en la actualidad están colaborando con las universidades e institutos de investigación para el desarrollo de nuevas referencias. Éste es el caso de Samsung y la Universidad Rutgers de New Jersey (EE.UU), que están llevando a cabo investigaciones que aúnan tecnología alimentaria, desarrollo del packaging y aplicaciones informáticas. En los centros de investigación se cuecen frigoríficos inteligentes, equipados para detectar qué productos se están introduciendo si el alimento envasado está equipado con etiqueta RFID. Por la misma regla de tres, registra lo que sale de ella, por lo que el usuario puede controlar qué y cuánto come… El horno microondas es otro de los aparatos que en el futuro conversará con los envases alimentarios gracias a un microprocesador integrado y un lector de código de barras; entre los datos que pueden incluir los tags de RFID encontramos recetas, temperaturas y tiempos de cocción y demás recomendaciones.

Se avecina pues, la smart kitchen, o cocina inteligente, que realizará inventarios de control de los alimentos, compras en línea, nos alertará del posible deterioro de los productos en función de su fecha de caducidad, proporcionará información de interés para alérgicos, etc. Un entorno domótico de prestaciones perceptibles pero no visibles, en el que la inteligencia ambiental inundará los espacios y los redefinirá. Son tendencias para una vida más cómoda, porque aunque hoy, en los difíciles días que vivimos, nos ruboricemos por desear algo que no sea estrictamente imprescindible, debemos, a pesar de la crisis, seguir soñando con un futuro mejor.

Gestión del frío

Gestión del frío
LOGÍSTICA

El transporte y almacenaje de productos frescos o congelados requiere una gran eficiencia y exhaustividad. La consigna fundamental a la hora de operar con cargas frescas o congeladas es clara: no interrumpir el suministro de frío en la cadena operativa.
L
a planificación de los procesos logísticos donde la temperatura debe ser mantenida desde la producción hasta la venta final del producto, pasa por el establecimiento de condiciones adecuadas y constantes en las distintas etapas por las que atraviesa la mercancía: producción, preenfriamiento, embalaje, almacenaje, transporte y distribución, carga, descarga y entrega en los distintos puntos de venta.
Recientes estudios revelan que un 30 por ciento de la producción primaria mundial y un 40 por ciento de las frutas y verduras se pierden por falta de una refrigeración adecuada en el ciclo de producción. La variedad de referencias, de pedidos, de destinos, la caducidad del producto y la necesaria rapidez en el aprovisionamiento del mismo hacen imprescindible una buena gestión de la cadena logística.
En los últimos años se ha puesto de manifiesto el esfuerzo en la mejora de la calidad logística, así como en la optimización de la gestión del frío, que está llevando a cabo tanto la industria alimentaria como la gran distribución.
Para Imanol Alberdi, director de Plataformas del Grupo Eroski, la fase crítica, en la que se pone en riesgo la cadena de frío, es el transporte: “Era el eslabón en el que se producían mayores incidencias; ahora tenemos transportes independientes por rangos de temperatura: para congelados; entre 0 y 2 grados, para pescados, carnes y cuarta gama; y entre 4 y 6 o 4 y 8 para verduras y hortalizas.”
Hace algún tiempo que el grupo asumió al cien por cien la operativa de transporte del pescado y progresivamente, ha incorporado estos nuevos flujos a la totalidad de su operativa. “Esta especialización implica una política de proveedores muy cerrada al tiempo que una política de colaboración abierta”, explica nuestro interlocutor, quien asegura que “la asunción de esta nueva gestión logística ha puesto de manifiesto dónde y por qué se producían las incidencias, de modo que ha servido para optimizar el proceso; por ejemplo, ver que hay un exceso de tiendas en la misma ruta nos llevó a una readecuación, o la obligatoriedad de apagar el motor de la refrigeración en algunos núcleos urbanos, por un tema de contaminación acústica, nos ha llevado a cambiar horarios de entrega de los productos.” Mónica Daluz / pdf

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Gestión del frío

El transporte y almacenaje de productos frescos o congelados requiere una gran eficiencia y exhaustividad. La consigna fundamental a la hora de operar con cargas frescas o congeladas es clara: no interrumpir el suministro de frío en la cadena operativa.

Mónica Daluz

La planificación de los procesos logísticos donde la temperatura debe ser mantenida desde la producción hasta la venta final del producto, pasa por el establecimiento de condiciones adecuadas y constantes en las distintas etapas por las que atraviesa la mercancía: producción, preenfriamiento, embalaje, almacenaje, transporte y distribución, carga, descarga y entrega en los distintos puntos de venta.

Recientes estudios revelan que un 30 por ciento de la producción primaria mundial y un 40 por ciento de las frutas y verduras se pierden por falta de una refrigeración adecuada en el ciclo de producción. La variedad de referencias, de pedidos, de destinos, la caducidad del producto y la necesaria rapidez en el aprovisionamiento del mismo hacen imprescindible una buena gestión de la cadena logística.

En los últimos años se ha puesto de manifiesto el esfuerzo en la mejora de la calidad logística, así como en la optimización de la gestión del frío, que está llevando a cabo tanto la industria alimentaria como la gran distribución.

Para Imanol Alberdi, director de Plataformas del Grupo Eroski, la fase crítica, en la que se pone en riesgo la cadena de frío, es el transporte: “Era el eslabón en el que se producían mayores incidencias; ahora tenemos transportes independientes por rangos de temperatura: para congelados; entre 0 y 2 grados, para pescados, carnes y cuarta gama; y entre 4 y 6 o 4 y 8 para verduras y hortalizas.”

La empresa ha llevado a cabo en los últimos años una transformación y optimización de su gestión logística para los productos que requieren un control de temperatura. Hace algún tiempo que el grupo asumió al cien por cien la operativa de transporte del pescado y progresivamente, ha incorporado estos nuevos flujos a la totalidad de su operativa. “Esta especialización implica una política de proveedores muy cerrada al tiempo que una política de colaboración…”.

abierta” explica nuestro interlocutor, quien asegura que “la asunción de esta nueva gestión logística ha puesto de manifiesto dónde y porqué se producían las incidencias, de modo que ha servido para optimizar el proceso; por ejemplo, ver que hay un exceso de tiendas en la misma ruta nos llevó a una readecuación, o la obligatoriedad de apagar el motor de la refrigeración en algunos núcleos urbanos, por un tema de contaminación acústica, nos ha llevado a cambiar horarios de entrega de los productos.”

La logística del frío, en cifras

Según el último informe de la consultora DBK en el que se analiza la estructura del sector de la logística del frío, éste, y en particular el transporte frigorífico, presenta una gran atomización, existiendo numerosas compañías de pequeño tamaño y autónomos dedicados a esta actividad. Del mismo estudio se desprende que la mayor parte de los operadores se dedican exclusivamente a la actividad de transporte y distribución (82 por ciento), mientras que un reducido grupo presta servicios de almacenaje (18 por ciento), combinándolos o no con servicios de transporte y distribución.

Hay contabilizadas, según la misma fuente, alrededor de 15.000 empresas, que dan empleo a unos 195.000 trabajadores, contando con una plantilla media en torno a 13 empleados por empresa. Únicamente el 1 por ciento del total de empresas dispone de más de 100 empleados.

Se contabiliza que las empresas de este sector disponen de un total de 95.000 vehículos frigoríficos, esto es, algo más de seis por empresa, cifra superior a los dos vehículos por empresa que, por término medio, se registran en el conjunto del sector de transporte de mercancías por carretera.

Por comunidades autónomas, las de Cataluña y Andalucía son las que concentran un mayor número de operadores: un 20 por ciento y un 17 por ciento del total, respectivamente. Les siguen las comunidades de Madrid, la Comunidad Valenciana y Castilla y León.

Envases para un largo viaje

Envases para un largo viaje
EN
PORTADA

Hoy no se concibe la distribución de productos alimentarios sin uno de sus componentes fundamentales, el envase. El control en cada etapa del suministro es básico para que los alimentos lleguen a la mesa del consumidor en estado óptimo, tras su cada vez más largo recorrido desde el origen. Los alimentos están expuestos a la acción de factores físico-químicos y microbiológicos externos que pueden influir negativamente sobre la calidad y seguridad del producto. En la actualidad, el envase va más allá de su tradicional función de barrera inerte para convertirse en un verdadero dispositivo tecnológico. El sector del packaging se alía con la industria alimentaria y propone envases activos, que liberan o absorben sustancias, y envases inteligentes, que informan sobre el estado de conservación del producto.  . 
Seguridad alimentaria y aditivos

En la actualidad, hablar de seguridad alimentaria es hablar de aditivos; hoy no es posible concebir el sector alimentario sin la aportación de la industria química, un sector con un alto nivel de innovación tecnológica y una reglamentación exhaustiva en seguridad alimentaria. Sin duda, los aditivos o complementos alimentarios no serían necesarios si el alimento, tras su obtención o preparación, pasara directamente al plato, pero la complejidad de la cadena de distribución es cada vez mayor y las exigencias del consumidor en cuanto a variedad, disponibilidad de todo tipo de producto en cualquier época del año y, sobre todo, la demanda de alimentos procesados, crecen a pasos de gigante. Mientras que una proporción cada vez menor de la población se dedica a la producción primaria de alimentos, los consumido res exigen que haya alimentos más variados y fáciles de preparar, y que sean más seguros, nutritivos y baratos. Sólo es posible satisfacer estas expectativas y exigencias del consumidor utilizando las nuevas tecnologías de transformación de alimentos, entre ellas, los aditivos.
La principal causa de deterioro de los alimentos es la presencia de diferentes tipos de microorganismos, como bacterias, levaduras y mohos. El deterioro microbiano de los alimentos produce pérdidas económicas sustanciales, tanto para los fabricantes (pérdida de materias primas y de productos elaborados antes de su comercialización, deterioro de la imagen de marca, etc.) como para distribuidores y consumidores. Se calcula que más del 20 por ciento de todos los alimentos producidos en el mundo se pierde por acción de los microorganismos. Mónica Daluz / pdf

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Envases para un largo viaje

Hoy no se concibe la distribución de productos alimentarios sin uno de sus componentes fundamentales, el envase. El control en cada etapa del suministro es básico para que los alimentos lleguen a la mesa del consumidor en estado óptimo, tras su cada vez más largo recorrido desde el origen. Los alimentos están expuestos a la acción de factores físico-químicos y microbiológicos externos que pueden influir negativamente sobre la calidad y seguridad del producto. En la actualidad, el envase va más allá de su tradicional función de barrera inerte para convertirse en un verdadero dispositivo tecnológico. El sector del packaging se alía con la industria alimentaria y propone envases activos, que liberan o absorben sustancias, y envases inteligentes, que informan sobre el estado de conservación del producto.

Mónica Daluz

Seguridad alimentaria y aditivos

En la actualidad, hablar de seguridad alimentaria es hablar de aditivos; hoy no es posible concebir el sector alimentario sin la aportación de la industria química, un sector con un alto nivel de innovación tecnológica y una reglamentación exhaustiva en seguridad alimentaria. Sin duda, los aditivos o complementos alimentarios no serían necesarios si el alimento, tras su obtención o preparación, pasara directamente al plato, pero la complejidad de la cadena de distribución es cada vez mayor y las exigencias del consumidor en cuanto a variedad, disponibilidad de todo tipo de producto en cualquier época del año y, sobre todo, la demanda de alimentos procesados, crecen a pasos de gigante. Mientras que una proporción cada vez menor de la población se dedica a la producción primaria de alimentos, los consumidores exigen que haya alimentos más variados y fáciles de preparar, y que sean más seguros, nutritivos y baratos. Sólo es posible satisfacer estas expectativas y exigencias del consumidor utilizando las nuevas tecnologías de transformación de alimentos, entre ellas, los aditivos.

La principal causa de deterioro de los alimentos es la presencia de diferentes tipos de microorganismos, como bacterias, levaduras y mohos. El deterioro microbiano de los alimentos produce pérdidas económicas sustanciales, tanto para los fabricantes (pérdida de materias primas y de productos elaborados antes de su comercialización, deterioro de la imagen de marca, etc.) como para distribuidores y consumidores. Se calcula que más del 20 por ciento de todos los alimentos producidos en el mundo se pierde por acción de los microorganismos.

Bacterias, hongos, insectos, roedores, los gases del aire, el exceso o la falta de humedad, el frío, el calor o la acción de la luz pueden alterar y descomponer el alimento, por lo que los aditivos resultan imprescindibles. Montserrat Agut, coordinadora del Master en Química e Ingeniería Alimentaria del Instituto Químico de Sarrià, nos habla de la necesidad de incorporar aditivos a los alimentos: “Los aditivos son necesarios cuando hablamos de productos industriales, para tener la certeza de que el producto llegará en condiciones a su destino. Si preparamos un suflé en casa, éste ‘sube’, y tal como sale del horno lo llevamos a la mesa, si compramos un. suflé industrial, para que aguante, son necesarios una serie de aditivos. Con los conservantes ocurre lo mismo; antes preparabas unos canelones y los comías al día siguiente, ahora hay que añadir conservantes porque deben durar lo suficiente como para tener tiempo de distribuirlos. Los alimentos deben tener una vida más o menos larga para que en el proceso de comercialización las grasas no se vuelvan rancias, los productos no se pongan oscuros, etc. Los conservantes y los aditivos son necesarios para tener productos industriales.”

Envases activos

Aunque parezca una contradicción, el caso es que el consumidor desea consumir alimentos lo más naturales posible; la industria alimentaria busca el modo de hacer compatible el “alargamiento” de la cadena y los productos innovadores con minimizar la adición de compuestos químicos directamente al alimento. Los nuevos envases permiten que sea precisamente el continente y no el contenido el que incorpore los elementos activos. Las distintas interacciones entre alimento, envase y entorno (esto es, migración, permeación y sorción) pueden utilizarse de forma beneficiosa en los productos, mediante los denominados “envases activos”. Se trata de materiales y objetos destinados a ampliar el tiempo de conservación o a mantener o mejorar el estado de los alimentos envasados.

Son sistemas diseñados para incorporar deliberadamente componentes que transmitan sustancias a los alimentos o a su entorno (migración positiva), o que absorban sustancias de los alimentos o de su entorno (sorción y permeación positivas). Los envases activos tradicionales son aquellos separados del alimento y del envase en forma de bolsitas o saquitos.

Actualmente, se presentan con gran número de diseños: integrados en el envase (en las paredes de un film, bandeja, botella, en la capa intermedia de estructuras multicapa) o en su tapa, en forma de etiquetas, hotmelt, cintas adhesivas, juntas, tapones, etc.

Cuando los sistemas activos liberan sustancias beneficiosas al alimento pueden encontrarse otras ventajas, como una migración controlada del aditivo, de forma que se vaya consumiendo a medida que se va liberando y sólo suministre la cantidad que se requiere, evitando excesos.

Consuelo Fernández, responsable de la Línea Tecnológica de Interacción Producto-Envase-Entorno, de Itene, explica que “las tecnologías de envase activo son muy diversas y llevan comercializándose desde los años ochenta en Japón y Australia. En Europa, algunas de estas tecnologías en su versión más simple también llevan utilizándose desde hace años, incluso sin saberlo, como es el caso de los sistemas que retiran el etileno producido por ciertas frutas y hortalizas como el plátano, el brócoli, el kiwi o el aguacate, cuya senescencia se ve acelerada por la presencia de esta sustancia. La pulverización de etanol también se utiliza ampliamente en productos de bollería y panadería ya que reduce el crecimiento de mohos.”

Secuestradores de oxígeno

Un ejemplo de envase activo lo encontramos en los sistemas absorbedores o secuestradores de oxígeno, que tienen como objetivo el secuestro del oxígeno que entra desde el exterior o que se encuentra presente en el espacio de cabeza del producto, consiguiendo una reducción de los niveles de oxígeno, hasta diez veces más que con el envasado al vacío. Su utilización permite por ejemplo: reducir la oxidación de componentes del producto, como grasas o aceites; limitar el crecimiento de microorganismos aerobios; limitar la respiración de productos frescos; evitar la degradación de nutrientes como la vitamina C; preservar el sabor y características propias del producto; evitar la decoloración, y alargar la vida útil.

“En ocasiones, –apunta Fernández– pueden combinarse varias tecnologías de sistemas activos para obtener un producto de mejor calidad y más seguro. Por ejemplo, una bolsita puede contener un secuestrador de oxígeno y un emisor de etanol, si se quiere potenciar la inhibición del crecimiento de mohos en el producto.”

Otros ejemplos de este tipo de envases dinámicos son los llamados envases activos antioxidantes, son aquellos que incorporan un agente antioxidante, como la vitamina E. Esta vitamina incorporada en el material del envase evita la oxidación lipídica (enranciamiento) de los alimentos grasos. Los envases activos antimicrobianos, por su parte, son aquellos que incorporan como agente antimicrobiano carvacrol, que es el principio activo del extracto de orégano. Este extracto natural incorporado en el material de envase evita el crecimiento microbiológico de microorganismos, mohos y levaduras.

Pero encontramos otras curiosidades, como los envases que se comen: con los recubrimientos comestibles, a base de polisacáridos, proteínas y lípidos, se consigue, por un lado, alargar la vida útil de los alimentos y, por otro, ayudar a controlar las condiciones superficiales del mismo. Puede actuar también como barrera para la transferencia de humedad, gases y difusión de oxígeno entre el alimento y el ambiente que le rodea, y participar en la retención de aromas.

El sector del envasado tiene aún muchas bazas por jugar, aunque la mayoría de las soluciones se encuentran aún en fase de investigación. En la rampa de salida, las nanotecnologías, la tecnología genética, que seguirá creando alimentos con nuevas propiedades, y la nutrigenómica, utilizada para satisfacer las necesidades personales de salud y preferencias de determinados grupos de consumidores. En materia de seguridad, a destacar, la biología molecular, que se aplicará al control e identificación de patógenos. En este apartado podemos añadir los sistemas de prevención de riesgos, como la microbiología predictiva o la trazabilidad, que constituyen campos de investigación que dan algunas pistas sobre las innovaciones futuras.

Pero aún hay más; los envases vegetales y los biopolímeros, por ejemplo. Los llamados envases vegetales se están elaborando, sobre todo, a partir de almidón de trigo. Por otro lado, cabe mencionar también la investigación sobre polímeros. Los bioplásticos de nueva generación retienen sus propiedades fisicoquímicas termoplásticas a lo largo del ciclo de vida del producto manufacturado pero, una vez depositados en condiciones de compostaje o metanización, se biodegradan completamente del mismo modo que los residuos orgánicos, es decir, son transformados por microorganismos en agua, dióxido de carbono y/o metano a un ritmo equivalente o superior al de la celulosa.

Los envases inteligentes, por su parte, se basan en la tecnología que usa la función de la comunicación para mejorar la calidad, seguridad o aportar información sobre los productos que contienen. Los envases inteligentes monitorizan las condiciones del alimento, proporcionando información sobre la calidad del mismo durante su transporte y almacenamiento. Para ello, incorporan sistemas que reaccionan ante cambios de temperatura producidos en el interior del envase, por ejemplo cambiando de color (son los indicadores de tiempo-temperatura o ITT); marcadores que indicarán la concentración y el nivel de vacío o de gas en su interior o el nivel de degradación del producto, por ejemplo. Pero las posibilidades que se abren con este tipo de dispositivos van mucho más allá. Los envases del futuro combinarán tecnología alimentaria con el desarrollo de envases y embalajes y aplicaciones informáticas; los envases emitirán mensajes inteligentes y se comunicarán con los electrodomésticos de nuestra cocina; entre ellos “hablarán” de fechas de caducidad, de cómo preparar el alimento o cuál es el modo óptimo de conservación…

La cadena de frío, el aliado imprescindible

En la preservación de las condiciones óptimas de conservación de los alimentos el envase necesita, casi siempre, un aliado ineludible: una correcta gestión de la cadena de frío. La cadena de distribución está compuesta por series ininterrumpidas de actividades de almacenaje y distribución que deben mantener una temperatura determinada.

La cadena de frío presenta debilidades, siendo su punto crítico el tiempo de carga y descarga que tiene lugar como promedio tres veces: a la salida de la fábrica, en la plataforma logística y en los puntos de venta. Unas siete u ocho horas, como mínimo, durante las cuales se somete forzosamente a los productos a aumentos de temperatura. A esto cabe añadir el tiempo transcurrido entre el lugar de almacenamiento en el punto de venta y la colocación en los estantes, y el tiempo entre el carrito de compra y el refrigerador del consumidor.

El RFID en la cadena de frío

La tecnología RFID ofrece un campo de soluciones que ayudan a confirmar la calidad y la seguridad de los productos proporcionando una mayor capacidad de reacción ante posibles fallos. Los sistemas de RFID proporcionan información en tiempo real que puede ser analizada en cualquiera de los puntos de la cadena. Gracias a ello, se puede mantener un control constante sobre los productos, con lo que se garantiza la calidad en todos los puntos de la cadena y se reduce el número de partidas en mal estado.

La monitorización del producto proporciona la continuidad de la información y el registro permanente, gracias a que los tags se colocan junto a la mercancía y pueden así determinar con mayor exactitud la temperatura a la que se encuentra. Este grado de control no puede obtenerse con los sistemas convencionales, en los que los termógrafos se colocan en el camión o no están en contacto directo con la carga. Sin embargo, los tags de RFID, pese a estar con la mercancía, pueden transmitir la información sin tener que desarmar las cajas, ya que la información se transmite a través de los embalajes. La toma de temperatura por parte de los sensores hace posible la trazabilidad completa de la cadena de frío de modo garantizado.

A pesar de la inversión inicial, a medio y largo plazo, la implantación de los sistemas de RFID en la cadena de suministro a temperatura controlada redunda en beneficios. Las ventajas son evidentes, sin embargo, en nuestro país, hoy todavía son minoría las empresas que optan por aplicar soluciones de RFID a sus procesos de suministro.

Tendencias de última generación

Todos los implicados en el sector de la alimentación parecen estar de acuerdo en que los alimentos de cuarta y quinta gama son parcelas de largo recorrido. Por cuarta gama se entiende el procesado de hortalizas y frutas frescas limpias, troceadas y envasadas en bolsas para su consumo. La quinta gama, por su parte, engloba los productos que ya han sido cocinados y luego congelados o envasados al vacío, antes de recibir el tratamiento térmico de pasteurización.

La vida comercial de estos productos es baja, pues el alimento no es estéril y, además, se pretende que mantengan sus propiedades nutritivas y organolépticas. Se trata de alimentos mantenidos en condiciones de refrigeración y sin oxígeno, y con especial riesgo de existencia de patógenos, por lo que resulta especialmente importante el mantenimiento de la cadena de frío.

Las nuevas exigencias del consumidor traen un nuevo panorama que va a requerir una sofisticación de los procesos en la cadena de frío, de modo que cualquier producto perecedero y sensible a las condiciones atmosféricas deberá ser gestionado cada vez con más rigor. En este sentido, además de los productos de cuarta y quinta gama, existe un nuevo ámbito sobre el que los expertos están debatiendo en los foros de alimentación. Se trata de los productos ecológicos. ¿Qué ocurrirá cuando este tipo de alimentos entre en la rueda del consumo masificado?, ¿cómo se incorporará a esta larga cadena de distribución para que al llegar a nuestra mesa, siga siendo ecológico? La respuesta a estas preguntas deberán proporcionarla todos los actores implicados en la cadena de frío; juntos deberán hallar el modo de optimizar las condiciones de viaje de los nuevos alimentos.

Hablemos de…

ATMÓSFERAS MODIFICADAS, con Juan Luis Mejías, responsable del Área de Alimentación de Abelló Linde

¿Puede describir a grandes rasgos las aplicaciones del gas en el envasado de alimentos en atmósferas protectoras, en la refrigeración y congelación de alimentos, o en la maduración y desverdizado acelerado de fruta?

El envasado en atmósfera modificada (MAP) se erige como la forma natural para preservar la calidad original de los alimentos, manteniendo la misma frescura como si fuesen recién preparados. La tecnología Mapax de Linde ofrece un profundo conocimiento de gases y mezclas para el envasado (línea de gases Biogón), creando sistemas que relacionan adecuadamente los gases, los materiales de envasado y las máquinas a utilizar, con los determinados productos a envasar.

La ultracongelación, por su parte, es el sistema idóneo para mantener inalterables las cualidades de los alimentos. Mediante la utilización de nitrógeno líquido -196 ºC, se consiguen grandes velocidades de congelación.

El nitrógeno también es aplicable en la refrigeración de productos con dificultades de tratamiento a temperatura ambiente como frutas, verduras y productos cárnicos. Con el fin de aprovechar el máximo rendimiento, Abelló Linde dispone de diferentes sistemas para la ultracongelación (túneles y armarios criogénicos, etc.).

En cuanto a los tratamientos postcosecha en cámaras, comercializamos una gama de gases que garantizan una óptima conservación y maduración de distintos tipos de fruta, permitiendo extender el periodo de la oferta fuera de temporada con el grado justo de maduración.

¿Cuáles son los retos más importantes a los que se enfrenta el sector?

La comercialización de productos diferenciadores en estado fresco se ve limitada por su perecibilidad, esto unido a la menor disponibilidad para cocinar en los hogares o las tediosas preparaciones en el canal Horeca, hace prever que productos que solucionen estos problemas sean una alternativa para los fabricantes y consumidores.

El uso de tecnologías como las atmósferas modificadas ayuda a prolongar el período de conservación, manteniendo las características organolépticas durante la comercialización. Poder ofrecer una gran variedad de productos con presentaciones espectaculares, permitir la diferenciación a los elaboradores ofreciendo marcas y productos de la tierra, reducir las devoluciones y por consiguiente ahorro de dinero en la gestión de stocks, son algunas de las ventajas de las nuevas gamas de alimentos.

En cuanto al consumidor, cabe destacar, comodidad en su uso y conveniencia para los formatos de ración.

¿Es el consumidor reticente a las “atmósferas protectoras”?

El uso de atmósferas modificadas está totalmente aceptado por parte del consumidor final, ya que su uso añade valor al producto que lo continente eliminando en muchos casos el uso de conservantes químicos.

¿Y las tendencias? ¿Hacia dónde nos dirigimos?

La creciente demanda de productos de alta calidad a precios competitivos, en estado natural, frescos, listos para comer y que ofrezcan una amplia información en todas las etapas de la cadena alimentaria, hace que se desarrollen nuevas técnicas de envasado donde los gases juegan un papel fundamental.

Con la implantación de estas tecnologías se optimizan los rendimientos de fabricación haciendo que los sistemas productivos tiendan al máximo aprovechamiento mediante soluciones integradas en el envasado que posibilitan la caracterización del envase ideal a cada proceso alimentario. Nuevas aplicaciones de gases y mezclas Linde (línea Biogon) unidas a envases activos, con permeabilidades selectivas, ecológicos, inteligentes, etc., atienden las necesidades higiénico sanitarias, de comodidad y bienestar solicitadas hoy día por los consumidores.

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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