¡A toda máquina!

¡A toda máquina!
AUTOMATIZACIÓN 
La incorporación de IA en la industria farmacéutica acelera los procesos de innovación

La introducción de la ciencia de datos masivos, allá por los 90, dio el pistoletazo de salida a lo que hoy, con la incorporación de sistemas de inteligencia artificial, que los interpreta, está acelerando exponencialmente el conocimiento sobre estructuras biológicas esenciales y multiplicando las opciones terapéuticas de graves enfermedades con nuevos fármacos y tratamientos, un buen número de ellos en proceso de aprobación.
La industria, por su parte, se halla en plena implementación de las herramientas de la cuarta revolución industrial entretanto se asientan las bases de la industria 5.0. La contundente reforma de la industria farmacéutica promovida por la UE, que debe llevarnos a un ecosistema industrial capaz de reaccionar a imprevistos cualquiera que sea su índole, marca una estrategia de resiliencia que, necesariamente, va a pivotar sobre el eje de la innovación y la tecnología. 
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esde que la crisis sanitaria mundial acaecida en el invierno de 2020 dejara al descubierto debilidades adicionales de los sistemas sanitarios en la región europea, se han dado firmes pasos por parte de todos los agentes para dar respuesta a estas flaquezas. La dependencia de terceros países en primeras materias y principios activos ha evidenciado que garantizar la cadena de suministro y distribución en el sector farmacéutico en situaciones de emergencia de salud pública, es un asunto de seguridad nacional.
La hoja de ruta fijada por la UE en noviembre del mismo año con el objeto de “fomentar la innovación y garantizar el acceso a medicamentos asequibles en Europa”, sitúa la resiliencia de las compañías en el centro de la estrategia. En nuestro país, el Plan Estratégico para la Industria Farmacéutica 2023-2025 “estará listo antes de junio”, según declaraciones de la ministra de Sanidad, Silvia Calzón, unos días antes del cierre de esta edición. Mónica Daluz. pdf

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AUTOMATIZACIÓN

La incorporación de IA en la industria farmacéutica acelera los procesos de innovación

¡A toda máquina!

Mónica Daluz
Periodista especializada
04/05/2023

La introducción de la ciencia de datos masivos, allá por los 90, dio el pistoletazo de salida a lo que hoy, con la incorporación de sistemas de inteligencia artificial, que los interpreta, está acelerando exponencialmente el conocimiento sobre estructuras biológicas esenciales y multiplicando las opciones terapéuticas de graves enfermedades con nuevos fármacos y tratamientos, un buen número de ellos en proceso de aprobación. La industria, por su parte, se halla en plena implementación de las herramientas de la cuarta revolución industrial entretanto se asientan las bases de la industria 5.0. La contundente reforma de la industria farmacéutica promovida por la UE, que debe llevarnos a un ecosistema industrial capaz de reaccionar a imprevistos cualquiera que sea su índole, marca una estrategia de resiliencia que, necesariamente, va a pivotar sobre el eje de la innovación y la tecnología.

Desde que la crisis sanitaria mundial acaecida en el invierno de 2020 dejara al descubierto debilidades adicionales de los sistemas sanitarios en la región europea, se han dado firmes pasos por parte de todos los agentes para dar respuesta a estas flaquezas. La dependencia de terceros países en primeras materias y principios activos ha evidenciado que garantizar la cadena de suministro y distribución en el sector farmacéutico en situaciones de emergencia de salud pública, es un asunto de seguridad nacional. La hoja de ruta fijada por la UE en noviembre del mismo año con el objeto de “fomentar la innovación y garantizar el acceso a medicamentos asequibles en Europa”, sitúa la resiliencia de las compañías en el centro de la estrategia. En nuestro país, el Plan Estratégico para la Industria Farmacéutica 2023-2025 “estará listo antes de junio”, según declaraciones de la ministra de Sanidad, Silvia Calzón, unos días antes del cierre de esta edición.

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Los factores geopolíticos han cobrado peso en los últimos tiempos. Hoy se revisan las reglas de juego que nos trajo la globalización y los analistas hablan de relocalización, desglobalización, rediseño estratégico… En este sentido, esta reindustrialización busca mitigar el impacto de las situaciones que puedan derivare en un futuro, del tenso y turbio ambiente internacional de esta guerra fría 2.0, más invisible que su predecesora, pero igualmente real.

Próxima parada: Industria 5.0

El ritmo de innovaciones farmacéuticas se ha acelerado desde la introducción de las herramientas que trajo la cuarta revolución industrial: inteligencia artificial, el internet de las cosas, realidades extendidas, 5G, gemelos digitales, computación fronteriza o edge computing, impresión aditiva, computación cuántica, movilidad autónoma…

La incorporación de herramientas de inteligencia artificial basadas en big data ha impulsado de manera espectacular áreas como la terapia génica y celular, la inmunoterapia, o el diseño de medicamentos personalizados. Estos sistemas pueden analizar grandes cantidades de datos de secuencias de ADN y ARN para identificar las mutaciones genéticas que pueden causar enfermedades, y diseñar terapias específicas para corregirlas; predecir la eficacia y seguridad de nuevos fármacos y terapias; o identificar las características genéticas de los pacientes y diseñar tratamientos personalizados. La gestión de ensayos clínicos y de biobancos son otros ámbitos en los que estas tecnologías pueden resultar enormemente útiles.

La robótica colaborativa en el laboratorio brinda al investigador más tiempo que dedicar a tareas de valor...

La robótica colaborativa en el laboratorio brinda al investigador más tiempo que dedicar a tareas de valor. En la imagen, serie Family, de Universal Robots.

La industria está implementando técnicas innovadoras que optimizan sus procesos de manera sobresaliente, como gemelos digitales, fábricas gestionadas a distancia, producción modular, o sistemas de control y gestión de datos en tiempo real. Y si hablamos de cifras, la fabricación de medicamentos en España presenta un crecimiento anual acumulado del 4,2% desde 2019, y en exportación, en 2022 la industria farmacéutica aumentó más de un 53% sus ventas al exterior, según datos del Ministerio de Industria.

Este incremento de la producción se ha dado tanto en los medicamentos tradicionales como en productos biológicos, que requieren temperatura controlada, y en este sentido, uno de los pilares de esta reindustrialización estratégica es el sector logístico. La previsión para el mercado de la logística farmacéutica europea es de un crecimiento este año en torno al 4%, según cifras de la consultora Mordor Intelligencer.

En robotización prosigue la penetración de los robots colaborativos; según las mismas fuentes, el mercado de cobots en la industria farmacéutica registra una tasa de crecimiento anual del 14%. La robótica colaborativa en el laboratorio está asumiendo tareas repetitivas y de poco valor que han venido restando tiempo a los investigadores para desarrollar su talento.

El talento, otra pieza clave del nuevo paradigma. La Industria 5.0 es una revolución tecnológica que utiliza las herramientas de la 4.0 con el objetivo de optimizar y reenfocar su uso; trata de promover en la industria espacios inteligentes, que tendrán como base el IoT, el aprendizaje automático y la computación cognitiva, buscando la aproximación entre máquinas y humanos. Focaliza el desarrollo de la inteligencia artificial en que ésta pueda realizar procesos similares a los que ejecuta el pensamiento humano.

Además, la quinta revolución industrial plantea el reto de ir más allá de la eficiencia y la productividad como únicos objetivos, para afianzarse como agente transformador de la sociedad. En esta sintonía se hallan las llamadas organizaciones ‘deep tech’, que incorporan valores medioambientales y de ‘human centric’, estrategia de innovación que parte de las necesidades de las personas y después crea la tecnología. Sobre la mesa, el debate acerca de si aplazar, posponer, detener la IA… Pero la ‘filosofía’ de la Quinta Revolución Industrial parece apuntar hacia una disrupción sensata y humanista.

Epílogo

No me pude resistir. Le pedí a ChatGPT unas palabras para los lectores de este artículo:

“Voy a escribir un artículo sobre la robotización en la industria farmacéutica y quisiera concluir con unas palabras tuyas, un mensaje a los lectores de la revista Industria Farmacéutica y Cosmética. ¿Cuál sería tu mensaje, como inteligencia artificial?

Como modelo de inteligencia artificial, mi mensaje para los lectores de la revista Industria Farmacéutica y Cosmética sería el siguiente: “La robótica y la inteligencia artificial están transformando el sector de la biotecnología y la industria farmacéutica, permitiendo una mayor velocidad, precisión y eficiencia en la investigación y desarrollo de nuevos medicamentos, diagnósticos y terapias. Pero más allá de los avances tecnológicos, es importante recordar que los principales beneficiarios de estos avances son las personas. Al utilizar la robótica y la IA para mejorar la salud humana, estamos contribuyendo a mejorar la calidad de vida de las personas y a proporcionar soluciones a problemas médicos que antes eran muy difíciles de abordar. Por lo tanto, debemos seguir trabajando juntos para aprovechar el potencial de la robótica y la IA en la industria farmacéutica y de la biotecnología, siempre manteniendo en mente el objetivo final de mejorar la vida de las personas y la sociedad en general.”

Gracias por tu aportación.

¡De nada! Si tienes alguna otra pregunta o necesitas más información, no dudes en preguntarme. Estoy aquí para ayudarte en lo que necesites.”

Su respuesta suena sensata. Y su actitud, solícita y entusiasta. Así que, aunque sea una máquina, me pareció oportuno mostrarme cortés con el fin de reforzar los “valores” con los que parece haber sido entrenada. La IA será lo que su interacción con nosotros haga de ella. Queramos o no, hemos sido padres. Si lo hacemos bien, con la responsabilidad suficiente, la inteligencia artificial puede ser un excepcional aliado de la vida.

Entrevista a Jordi Cabau, CTO de Innovación de Grupo Saltó

Entrevista a Jordi Cabau
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“El poder probar y desplegar tecnología desarrollada en el laboratorio en entornos reales ha sido muy enriquecedor”

Pasados tres años desde el nacimiento del proyecto Misty, hemos hablado con el director de Tecnología de Grupo Saltó para conocer su valoración sobre los resultados de las pruebas piloto, realizadas en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona -que proporcionó usuarios con los que se probó la solución-, y saber qué novedades preparan los ingenieros de la firma para este pequeño robot de compañía que incorpora tecnologías basadas en el internet de las cosas y tecnologías 5G.
Pónganos en antecedentes, ¿desde cuándo ofrece Grupo Saltó soluciones robóticas basadas en IoT y qué productos o proyectos destacaría de los diversos ámbitos: cuidado de personas, educación, logística…?
Entramos en el mundo IoT desde finales de 2017, cuando empezamos a reestructurar nuestras aplicaciones hacia entornos cloud y a conectar máquinas a nuestra solución de gestión enfocada principalmente, en aquella época, a la industria y al sector servicios. Fue a partir de finales de 2018 y principios de 2019 cuando abordamos la robótica social orientada al cuidado de las personas que viven solas en sus domicilios, y a partir de entonces aparecen múltiples oportunidades en el sector social y sanitario debido al aumento del envejecimiento de la población.
En robótica asistencial contáis con el robot Misty, del que ya se han realizado pruebas piloto, ¿puede explicar con qué propósito y objetivos nace y se desarrolla el proyecto?
El proyecto con el robot Misty nace de un reto 5G lanzado en 2019 por la fundación Barcelona Mobile World Capital sobre cómo la tecnología puede ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas. Al ser seleccionados como uno de los dos proyectos ganadores tuvimos la oportunidad de ponerlo en marcha en un entorno real. El Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona proporcionó usuarios con los que se probó la solución desarrollada con el robot Misty y tecnología 5G. Grupo Saltó lideró el proyecto, en el que participaron también la fundación i2CAT y el Instituto de Robótica por la Dependencia. Mónica Daluz / pdf

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“El poder probar y desplegar tecnología desarrollada en el laboratorio en entornos reales ha sido muy enriquecedor”

Entrevista a Jordi Cabau, CTO de Innovación de Grupo Saltó

Mónica Daluz
16/09/2022

Pasados tres años desde el nacimiento del proyecto Misty, hemos hablado con el director de Tecnología de Grupo Saltó para conocer su valoración sobre los resultados de las pruebas piloto, realizadas en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona -que proporcionó usuarios con los que se probó la solución-, y saber qué novedades preparan los ingenieros de la firma para este pequeño robot de compañía que incorpora tecnologías basadas en el internet de las cosas y tecnologías 5G.

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Pónganos en antecedentes, ¿desde cuándo ofrece Grupo Saltó soluciones robóticas basadas en IoT y qué productos o proyectos destacaría de los diversos ámbitos: cuidado de personas, educación, logística…?

Entramos en el mundo IoT desde finales de 2017, cuando empezamos a reestructurar nuestras aplicaciones hacia entornos cloud y a conectar máquinas a nuestra solución de gestión enfocada principalmente, en aquella época, a la industria y al sector servicios. Fue a partir de finales de 2018 y principios de 2019 cuando abordamos la robótica social orientada al cuidado de las personas que viven solas en sus domicilios, y a partir de entonces aparecen múltiples oportunidades en el sector social y sanitario debido al aumento del envejecimiento de la población.

En robótica asistencial contáis con el robot Misty, del que ya se han realizado pruebas piloto, ¿puede explicar con qué propósito y objetivos nace y se desarrolla el proyecto?

El proyecto con el robot Misty nace de un reto 5G lanzado en 2019 por la fundación Barcelona Mobile World Capital sobre cómo la tecnología puede ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas. Al ser seleccionados como uno de los dos proyectos ganadores tuvimos la oportunidad de ponerlo en marcha en un entorno real. El Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona proporcionó usuarios con los que se probó la solución desarrollada con el robot Misty y tecnología 5G. Grupo Saltó lideró el proyecto, en el que participaron también la fundación i2CAT y el Instituto de Robótica por la Dependencia.

¿En qué ha consistido y cómo se ha desplegado el proyecto? y ¿cuál es vuestra valoración de esta colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona?

Nuestra valoración es muy positiva. El poder probar y desplegar tecnología desarrollada en el laboratorio en entornos reales ha sido muy enriquecedor. También gracias al trabajo del Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona se ha conseguido mejorar funcionalidades y casos de uso, con usuarios seleccionados para convivir con el robot durante dos meses.

¿Podría detallar las diferentes tecnología que incorpora Misty y explicar cómo funcionan, en fin, cómo “ve”, cómo “oye”, cómo “razona”…?

El robot Misty cuenta con un conjunto de tecnologías integradas que ofrece la posibilidad de interactuar con el entorno a través de cámaras, para detectar y reconocer personas y un conjunto determinado de diferentes clases de objetos. De la misma forma, viene equipado con micrófonos y altavoces con los que se trabaja la interacción con las personas. Además, se puede personalizar la expresión del robot con diferentes opciones, como alegría, tristeza, sorpresa, etc.

¿Cuál es el siguiente paso?, ¿en qué mejoras de Misty y en qué nuevos proyectos estáis trabajando?

Actualmente estamos ampliando nuevos casos de uso relacionados con las interacciones entre el robot y la persona. Las mejoras incorporadas permiten a Misty cubrir aspectos generales de conversación del día a día.

¿Cómo ve el futuro de la robótica asistencial? y ¿cómo estima que será la penetración de estas soluciones robóticas en la sociedad?

Nosotros creemos que la robótica asistencial o robótica social puede tener penetración en la sociedad sobre todo con el fin de facilitar la vida a las personas mayores, a los profesionales y familiares con el fin de automatizar tareas y procesos necesarios para la actividad diaria. No con la pretensión de sustituir el contacto con las personas; como seres sociales que somos, el contacto humano es imprescindible.

Un mensaje al sector farmacéutico o reflexión final.

Creemos que las nuevas tecnologías enfocadas a la mejora de la calidad de vida de las personas, a automatizar tareas y procesos, pueden aportar unos resultados muy positivos para cualquier tipo de negocio. Es momento de pensar de forma disruptiva, ser creativos y pensar en cómo se pueden hacer las cosas de manera diferente. La tecnología avanza de forma rápida y la clave está en adoptarla para obtener ventajas competitivas que permitan diferenciarnos.

Máquinas más inteligentes, ¿humanos más sabios?

Inteligencia artificial
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NTELIGENCIA ARTIFICIAL 
Las inteligencias artificiales avanzadas ya están aquí

La gestión de los datos comienza a ser inabarcable para el cerebro humano, y pronto, incluso para las máquinas que hemos sido capaces de crear. Convertir datos en conocimiento y éste en bienestar para las sociedades ya no es posible sin el auxilio de la inteligencia artificial. Su implantación no es una opción, es un imperativo. Además, el tiempo apremia; hemos rehipotecado nuestro hogar, tomando prestados recursos de las generaciones futuras, y se acerca el momento del vencimiento. O saldamos la deuda a tiempo o nos quedamos sin planeta. Y el asunto es demasiado complejo para resolverlo nosotros solos. Necesitamos las sugerencias de estas inteligencias que simulen escenarios a la velocidad suficiente para actuar, y revertir a tiempo el proceso de la próxima extinción. Ello implica una conexión nunca vista que abarcará todos los ámbitos de nuestras vidas, pero, sobre todo, supone delegar procesos de decisión. Y bajo cada decisión subyace un componente ético. El tema de la responsabilidad de crear una IA que no se desvíe de los valores universales, ya está siendo abordado por los principales gobiernos del mundo. En su último estadio, la inteligencia artificial además de ser precisa, sin errores, incorruptible e inquebrantable a la pereza, también deberá ser justa, incluso compasiva y hasta condescendiente, todo lo cual, supuestamente, lo ha de aprender de su interacción con el ser humano…: se trabaja en que estos algoritmos tengan la capacidad, como los humanos, de basar sus decisiones en experiencias pasadas. En el horizonte, máquinas que crearán otras máquinas que las superen. Pero la llamada IA fuerte, generalista y ubicua, será el final de este camino. Entretanto la IA débil, basada en la resolución de problemas específicos, se ha colado en nuestras vidas y ya está haciendo mucho por nosotros. En el ámbito de la salud su impacto está siendo transversal: desde las ciencias de la vida hasta la atención asistencial, pasando por los avances diagnósticos o la medicina personalizada. Y esto es sólo el principio.
Co
rre el rumor de que este incierto y apasionante mundo futuro pueda evolucionar hacia una cesión a las máquinas de espacios intrínsecamente humanos. Los investigadores proponen ir ya trazando la ruta más adecuada para expandir nuestro potencial sin que perdamos en su tránsito las cualidades que nos han traído hasta aquí. Una ruta hecha a medida para que ellas, las máquinas, sean cada vez más inteligentes y nosotros, los humanos, cada vez más sabios. Mónica Daluz
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INTELIGENCIA ARTIFICIAL 

Las inteligencias artificiales avanzadas ya están aquí

Máquinas más inteligentes, ¿humanos más sabios?

Mónica Daluz
19/10/2021

La gestión de los datos comienza a ser inabarcable para el cerebro humano, y pronto, incluso para las máquinas que hemos sido capaces de crear. Convertir datos en conocimiento y éste en bienestar para las sociedades ya no es posible sin el auxilio de la inteligencia artificial. Su implantación no es una opción, es un imperativo. Además, el tiempo apremia; hemos rehipotecado nuestro hogar, tomando prestados recursos de las generaciones futuras, y se acerca el momento del vencimiento. O saldamos la deuda a tiempo o nos quedamos sin planeta. Y el asunto es demasiado complejo para resolverlo nosotros solos. Necesitamos las sugerencias de estas inteligencias que simulen escenarios a la velocidad suficiente para actuar, y revertir a tiempo el proceso de la próxima extinción. Ello implica una conexión nunca vista que abarcará todos los ámbitos de nuestras vidas, pero, sobre todo, supone delegar procesos de decisión. Y bajo cada decisión subyace un componente ético. El tema de la responsabilidad de crear una IA que no se desvíe de los valores universales, ya está siendo abordado por los principales gobiernos del mundo. En su último estadio, la inteligencia artificial además de ser precisa, sin errores, incorruptible e inquebrantable a la pereza, también deberá ser justa, incluso compasiva y hasta condescendiente, todo lo cual, supuestamente, lo ha de aprender de su interacción con el ser humano…: se trabaja en que estos algoritmos tengan la capacidad, como los humanos, de basar sus decisiones en experiencias pasadas. En el horizonte, máquinas que crearán otras máquinas que las superen. Pero la llamada IA fuete, generalista y ubicua, será el final de este camino. Entretanto la IA débil, basada en la resolución de problemas específicos, se ha colado en nuestras vidas y ya está haciendo mucho por nosotros. En el ámbito de la salud su impacto está siendo transversal: desde las ciencias de la vida hasta la atención asistencial, pasando por los avances diagnósticos o la medicina personalizada. Y esto es sólo el principio. Corre el rumor de que este incierto y apasionante mundo futuro pueda evolucionar hacia una cesión a las máquinas de espacios intrínsecamente humanos. Los investigadores proponen ir ya trazando la ruta más adecuada para expandir nuestro potencial sin que perdamos en su tránsito las cualidades que nos han traído hasta aquí. Una ruta hecha a medida para que ellas, las máquinas, sean cada vez más inteligentes y nosotros, los humanos, cada vez más sabios.

Algoritmos para la ética...

Algoritmos para la ética. Si, como decía Stuart Mill, la moral es un componente de la razón, entonces sería posible programar a las máquinas explícitamente con unos principios éticos o filosofía moral (estrategia top-down), por otra parte, difícil de consensuar a escala planetaria. No está claro que la ética y el sentido común se puedan descomponer en una secuencia lógica. La otra opción (bottom-up) es no ‘decirles’ nada y que aprendan a aplicar criterios éticos en sus decisiones observando el comportamiento humano a lo largo del tiempo.

Hubo un antes y un después de que un pulgar (humano, por cierto) accionara aquel botón sobre el cielo de Hiroshima y Nagasaki. Muchos de aquellos jóvenes e ilusionados científicos compresiblemente cegados por la oportunidad de desarrollar una nueva tecnología revolucionaria, en un particular contexto histórico, han declarado años después sus remordimientos por las consecuencias de su participación en el Proyecto Manhattan; algunos de ellos dedicaron su vida a la lucha antiarmamentística –no así el director científico del proyecto, que nunca admitió públicamente arrepentimiento aduciendo las muertes evitadas ‘gracias’ a la masacre–. La comunidad científica tiene muy clara su responsabilidad desde entonces (y otros precedentes en el ámbito de las armas químicas y bacteriológicas) sobre cómo y para qué va a ser utilizado un nuevo descubrimiento o desarrollo. Investigadores en IA de todo el mundo firmaron, ya en 2015, un documento en el que advertían: “no participaremos ni apoyaremos el desarrollo, la fabricación, el comercio o el uso de armas autónomas letales”. El universo de posibilidades y la impregnación a todos los niveles que va a suponer la expansión de la IA nos coloca ante nuevos retos y también ante nuevos dilemas que nos sumergen de lleno en cuestiones esenciales sobre la naturaleza humana.

Hoy es la ciencia, precisamente, la que aboga por una reflexión humanística, e interpela a la sociedad y a sus legisladores sobre la importancia de garantizar que en el proyecto de diseñar en su conjunto el mundo robotizado que está por llegar sea preservada y potenciada la esencia de nuestra humanidad. Y es que el último nivel de la IA es la llamada autoconciencia. Pero vayamos por partes, porque en la actualidad todos los sistemas de inteligencia artificial que existen están muy lejos de parecerse a ‘Skynet’, con acceso ilimitado a datos y sistemas, control absoluto de los mismos y libertad para tomar decisiones a su criterio. Lo cual podría ser peligroso para los humanos. O no. No olviden la sensata –y lógica– respuesta de aquella inteligencia artificial cinematográfica que allá por los ochenta concluía que, cuando se trata de ‘juegos de guerra’, “el único movimiento para ganar es… no jugar” (después de ser programada para jugar en bucle al tres en raya contra sí misma –ya en 1952 Arthur Samuel creó el primer software capaz de aprender, un programa que jugaba a las damas mejorando tras cada partida—).

Aunque el imaginario popular asocia la inteligencia artificial a la idea de robots humanoides deambulando en nuestros entornos, lo cierto es que esta tecnología, invisible y silenciosa, ya está entre nosotros y la usamos sin saberlo. Desde la revolución digital, y especialmente desde la irrupción de internet, la tecnología ha sido un chiquillo asalvajado, que campa a sus anchas, no obedece normas y carece de sentido de la responsabilidad. Pero los cambios socioeconómicos y en la vida de las personas que traerá la Cuarta Revolución Industrial, van a requerir una planificación de envergadura sin igual. El futuro no se puede dejar al azar. Hacerlo podría cambiar el curso de la evolución. Utilizar las nuevas y veloces herramientas predictivas que nos trae la IA también puede cambiar el curso de la evolución, solo que… a nuestro favor.

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El pasado mes de agosto se publicaba el último informe del órgano de Naciones Unidas ‘Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático’ (IPCC), donde se constata que “el cambio climático es generalizado, rápido y se está intensificando” –reza el comunicado de prensa– y se alerta sobre las consecuencias del calentamiento del planeta, que está cambiando los patrones de precipitación y causando el deshielo del Ártico, lo que provocará cada vez más fenómenos climatológicos extremos. El último informe Perspectivas de la Biodiversidad Global, de la misma organización, también arrojaba datos alarmantes; en palabras del principal autor del informe, David Cooper: “Solo con medidas de conservación y restauración no se podrá evitar que se produzca la sexta extinción masiva de especies que el planeta ha sufrido en su historia”. Este nivel de extinción supone la desaparición de tres cuartas partes de todas las especies; ha ocurrido cinco veces, pero esta es la primera cuya causa sería la acción humana; tres se produjeron por explosiones volcánicas extremas y dos por el impacto de asteroides. Precisamente en las próximas semanas la NASA lanzará una nave para realizar la primera prueba que tiene como finalidad desviar la trayectoria de un asteroide. Se trata de la misión DART (Double Asteroid Redirection Tests), que testeará este método de defensa planetaria contra objetos cercanos a la Tierra. El Falcon 9 impactará, cargado de explosivos, contra el asteroide Demorphos en octubre de 2022.

En La sexta extinción, de Elizabeth Kolbert, premio Pulitzer en 2015, se documentaban evidencias sobre cómo la velocidad de nuestros patrones de consumo está acabando con la diversidad biológica de todos los ecosistemas, lo que pronostica la extinción del periodo Holoceno en el que nos encontramos. Ahora, la misma autora recoge en su última obra, El cielo blanco, el trabajo de investigadores que desde distintos puntos del planeta tratan de aportar algunas soluciones que contrarresten esta degeneración. Relata, por ejemplo, cómo un grupo de ingenieros está convirtiendo las emisiones de carbono en piedra en Islandia, o cómo los físicos están estudiando la posibilidad de lanzar pequeños diamantes a la estratosfera para enfriar la tierra, lo que cambiaría el color del cielo de azul a blanco.

Por lo que respecta al CO2 al parecer no será suficiente con reducir las emisiones, además hay que retirar parte de las ya existentes. Almacenarlas o utilizarlas como materia prima de otras industrias, entre ellas la farmacéutica y cosmética –para la fabricación de aromas y esencias– o la alimentaria –en bebidas carbonatadas–, o en la producción de combustibles sintéticos, son algunas de las soluciones en las que se trabaja desde las tecnologías de captura, almacenamiento y uso del carbono (CCUS), en las que intervienen aplicaciones de IA. La implantación de los vehículos autónomos y de las smart cities constituirá otra de las grandes contribuciones de la IA a la reducción de emisiones. Los sistemas predictivos de IA resultan especialmente útiles en el campo del estudio de la evolución de las condiciones físicas y biológicas, ya que permiten prever escenarios futuros con los que predecir el riesgo de extinción de especies o de desastres naturales.

Ya tenemos las tecnologías. Ahora será la gestión de su despliegue lo que determinará que les saquemos partido a tiempo.

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Máquinas que aprenden solas

Conceptualmente, en inteligencia artificial se diferencia entre IA débil o específica e IA fuerte o general. A día de hoy, todos los productos o proyectos existentes en inteligencia artificial son ‘débiles’, es decir, diseñados para la realización de tareas específicas. En un futuro, la interconexión total de sistemas basados en algoritmos capaces de aprender de su entorno y tras la experiencia acumulada a lo largo del tiempo, podría hacer posible que el nivel de comprensión del mundo por parte del sistema sea tal, que este adquiera algún tipo o grado de conciencia sobre sí mismo. Momento en el que se alcanzaría la llamada ‘singularidad’ y podría hablarse de inteligencia artificial general.

Esta disciplina de las ciencias de la computación, la IA, persigue crear sistemas que reproduzcan artificialmente la inteligencia humana. Sin embargo, todavía no comprendemos qué es exactamente y cómo funciona la inteligencia. Piaget definió la cognición como “el proceso por el cual obtenemos información del mundo; abarca los procesos de percibir, pensar, aprender, recordar y comprender.” Gardner nos habló de las inteligencias múltiples, y con Goleman descubrimos las auténticas habilidades para el éxito, es decir para una vida plena: la inteligencia emocional. La cognición la conforman múltiples procesos extremadamente complejos, y comprender su funcionamiento es la colosal misión que tienen por delante los investigadores que desde distintos campos del conocimiento están implicados en el desarrollo de la IA general.

En un primer período de desarrollo, la inteligencia artificial se fundamentó en dotar a las máquinas de las capacidades de cálculo y memoria. En los últimos años, y tras los espectaculares avances en ambos ámbitos, se ha buscado emular una habilidad básica de los humanos, el aprendizaje, planteando modelos computacionales de aprendizaje basados en redes neuronales biológicas humanas. Es el llamado aprendizaje automático o machine learning. Las investigaciones están centradas en buscar algoritmos con los que reproducir en las máquinas el mismo proceso de aprendizaje que el de una persona: por sí sola, en tiempo real y a través de sus propias experiencias de interacción con el entorno. Aquí entra en escena un asunto sobre el que no hay consenso entre los investigadores: algunos consideran que para que ese tipo de aprendizaje tenga lugar y avanzar hacia una IA fuerte, la interacción debe ser lo más similar a las interacciones humanas, resultando imprescindible la corporalidad. Pero en la actualidad las diversas especialidades que comprenden el ámbito de la IA desarrollan aplicaciones específicas, y sus avances, unidos a los de la tecnología computacional y el análisis de datos masivos o Big Data, permiten procesar mayores cantidades de datos en menores tiempos. De momento, eso es todo. Parece poco, pero conlleva cambios drásticos en procesos y recursos, que están redundando ya en mejoras muy relevantes para la sociedad.

De igual modo que el ser humano aprende en base a la información que recibe a través de sus sentidos y a sus capacidades para la interacción con el entorno, las disciplinas y tecnologías involucradas en la IA se centran en la búsqueda de algoritmos que permitan reproducir en las máquinas estas habilidades sensoriales, con especialidades como el reconocimiento automático del habla, el procesamiento del lenguaje natural o el reconocimiento visual, a través del aprendizaje automático. Funcionan con aprendizaje automático las recomendaciones de compra en internet, el filtrado de spam, la detección de fraudes o la personalización de noticias. Se trata de un tipo de programación muy diferente al tradicional: en lugar de programar instrucciones específicas, se alimenta al algoritmo con ejemplos. La complejidad de algunos de los problemas a los que la ciencia trata de buscar solución con ayuda de la computación hace inviable programar manualmente cada paso a seguir para el análisis de volúmenes masivos de datos, pero puede realizarse a la inversa: programar a la máquina para que extraiga patrones, busque estructuras ocultas, clasifique, etc., a través de distintos tipos de algoritmos (los bayesianos, por ejemplo, están siendo muy utilizados). Con el machine learning hemos hallado el modo de expresar nuestras instrucciones a la máquina, de comunicarnos con ella, porque con la computación tradicional ya no es posible ir más allá en la relación hombre-máquina.

Existen varias maneras de enseñar a los sistemas a aprender por sí mismos. El aprendizaje supervisado es uno de los más extendidos. Se proporciona al sistema miles de datos etiquetados, es decir, se incluye en ellos la respuesta correcta o de destino, sobre aquella función en la que se le vaya a entrenar. Para entrenar una IA a solucionar, por ejemplo, la recepción de correo spam, se le proporcionan los datos –miles de correos electrónicos– y se etiqueta cada uno indicando si es o no spam, lo que unido a variables –llamadas características– como el remitente, el asunto, la hora de envío, etc., permitirá al sistema, una vez entrenado, identificar patrones que le llevarán a predecir correctamente la respuesta de destino cuando reciba nueva información. Progresivamente irá refinando los resultados, o sea, aprendiendo.

Existen otros tipos de aprendizaje, como el semi-supervisado, el no supervisado, o el aprendizaje por refuerzo, el más parecido al proceso de aprendizaje humano, basado en la obtención de recompensas. En el no supervisado, los datos no indican nada al sistema, no están etiquetados; el algoritmo trata de agrupar datos que son parecidos entre sí. Su misión es descifrar conexiones desconocidas para descubrir conocimientos relevantes. Este es también el cometido de la minería de datos, que se está utilizando para obtener agrupaciones en bruto con las que dar a la IA que vamos a entrenar información un poco más filtrada. La minería de datos, o data mining, se viene aplicando en múltiples sectores para segmentar mercados como la banca, el gran consumo, en turismo, seguros, industria minorista, telecomunicaciones o biotecnología. Si en el ejemplo del párrafo anterior, con la IA supervisada, sabíamos la respuesta –sabemos si un mail es spam o no–, en el aprendizaje no supervisado partimos de un problema del que no conocemos la respuesta; el objetivo es que el sistema ponga al descubierto conocimientos relevantes, por ejemplo, que un fármaco ya existente podría funcionar en una nueva enfermedad o en una enfermedad conocida sin tratamiento. El reposicionamiento de fármacos mediante IA ya se utilizó durante la pandemia de la COVID-19.

Mención especial requiere uno de los modelos utilizados para desarrollar el aprendizaje automático, el deep learning o aprendizaje profundo. Son las técnicas de machine learning que emplean redes neuronales artificiales (RNA); estos algoritmos jerarquizan la información mediante una segmentación de patrones categorizados por niveles y en cada capa se añade un nivel de complejidad mayor. Dentro del aprendizaje profundo, la apuesta más contundente son los algoritmos de redes neuronales adversarias, o antagónicas: el sistema cuenta con dos redes neuronales que ante un objetivo dado –como puede ser ‘ganar’ en un juego o discriminar entre imágenes reales de las creadas por un algoritmo– compiten entre sí indefinidamente mejorándose a sí mismas en cada partida; el generador se lo pone cada vez más difícil al discriminador que a su vez perfecciona su respuesta y sube el listón al generador en su siguiente reto, haciéndose más eficientes el uno al otro cuanto más juegan. Lo que una red gana lo pierde la otra, es lo que se conoce como ‘juego de suma cero’ según la teoría de juegos.

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La nueva ciencia, la nueva salud

En el ámbito de las ciencias de la vida y de la salud las tecnologías de inteligencia artificial se han revelado ya como herramientas de gran potencial transformador para las sociedades. El estallido de la última emergencia global, con la irrupción del virus SarsCov2, lo demostró, consiguiendo mediante la aplicación de técnicas de IA desarrollar múltiples vacunas en tiempo récord en diferentes lugares del mundo. Uno de los retos de la aplicación a gran escala de los sistemas de aprendizaje basados en la IA es la obtención de los datos masivos necesarios para entrenarlos, especialmente en materia de salud. El Big Data es capaz de leer miles de datos, clasificarlos y extraer conclusiones de carácter estadístico, pero primero es preciso reunir y compartir grandes volúmenes de datos sanitarios anónimos. Algunas herramientas de inteligencia artificial pueden ayudar en la labor, ya que son capaces de completar e interpretar miles de expedientes con el reconocimiento óptico de caracteres (OCR) o el dictado y el escaneo automatizado basado en el procesamiento del lenguaje natural, por ejemplo. Alimentar estos algoritmos con datos permitirá a los sistemas realizar simulaciones virtuales que aportarán mayor rapidez, precisión y personalización en los diagnósticos y tratamientos, y también transformarán radicalmente los procesos de desarrollo de fármacos, diseño de ensayos clínicos o gestión hospitalaria.

En el campo de la biotecnología, la inteligencia artificial está teniendo un enorme impacto. Y en el punto de mira, los robots biológicos. Los primeros biorrobots capaces de autopropulsarse y moverse de forma colectiva fueron logro de investigadores del Instituto de Bioingeniería de Catalunya (IBEC), liderados por el profesor Samuel Sánchez. Hoy este equipo está diseñando biorrobots personalizados para tratar tumores de vejiga. En el futuro los biorrobots se encargarán, por ejemplo, de transportar fármacos a la diana marcada, aumentando la efectividad de los mismos y reduciendo e incluso eliminando en algunos casos los efectos secundarios; viajar hasta el preciso lugar donde debe cortar y pegar una secuencia genética para acabar con una enfermedad rara; reparar tejidos dañados después de un infarto, o dirigirse a la caza y eliminación de toda célula sospechosa o cuerpo extraño. También veremos la evolución de la biología sintética, que permitirá personalizar los organismos mediante la configuración del ADN. Las posibilidades que abre el crecimiento exponencial de nuestros conocimientos sobre los mecanismos de funcionamiento del mundo y de la vida nos aboca a campos inexplorados y difícilmente imaginados hasta ahora; las líneas de investigación que combinan neuronas humanas y chips, son un ejemplo. El proyecto, en el que participa la Universidad de Barcelona, se llama Neu-ChiP y trata de determinar si es posible introducir una ‘parte humana’ en las computadoras. Todo hace pensar que veremos avances espectaculares en los próximos años. En palabras de José Ignacio Latorre en su libro Ética para máquinas: “La ciencia dura, la biología molecular y celular, avanza de forma imparable hacia una comprensión mayor de los mecanismos que nos mantienen vivos. Llevamos menos de un siglo desde que los humanos comprendieron los primeros detalles del ADN. Nos llevará un tiempo entender su minucioso funcionamiento. Pero no hay duda, comprenderemos, interferiremos, manipularemos la química de la vida”.

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Como vemos, el tradicional método de prueba-error está siendo desplazado por las simulaciones virtuales en todas las áreas, también en la industria, que cuenta con una tecnología al alza y que se ha desplegado especialmente en sector de la salud. Se trata de los llamados Digital Twins, réplicas virtuales que, por ejemplo, en instalaciones industriales, simulan los procesos productivos, manejando información en tiempo real. La versión analógica, y precedente de esta filosofía, fue el módulo gemelo del Apolo 13 en la Tierra, que sirvió para salvar la vida de los astronautas y completar con éxito una misión con margen cero para el error. Y si un ámbito de la robótica industrial se consolida por momentos es el de los robots colaborativos.

El uso de la IA en la atención sanitaria no sólo beneficiará a hospitales y médicos, también al ciudadano, que podrá acceder a múltiples herramientas de salud desde sus dispositivos portátiles. Existen numerosas investigaciones en marcha que permitirán a corto plazo, por ejemplo, detectar con la cámara del teléfono señales tempranas de un posible cáncer de piel; también mediante el teléfono móvil, detectar posibles signos de la enfermedad de Parkinson por los cambios en la voz, o por irregularidades en el movimiento al caminar. Pulseras y relojes inteligentes pueden ya realizar electrocardiogramas en tiempo real, y se estudian como soporte a la teleasistencia. Las etiquetas inteligentes, que incorporan tecnología IoT, colocadas en lugares que el usuario utilice cada día, como la nevera, el pastillero o la puerta del baño –se comercializan en kits de 5 etiquetas–, alertan a los familiares cuando dejan de detectar movimientos habituales, un sistema que salvaguarda la intimidad –y dignidad– del anciano, frente a la monitorización en vídeo. Para el segmento senior, además de los sensores de presencia, hay pastilleros inteligentes o robots sociales, como Misty, un pequeño robot, adaptado por Grupo Saltó dentro de su proyecto Somcare, que el Ayuntamiento de Barcelona ha distribuido en 20 hogares como parte de un programa piloto que se inició en enero de 2020, con el que busca valorar los beneficios de incorporar estos aparatos al día a día de las personas mayores que viven solas.

También veremos el despegue de la robótica social, con inteligencias artificiales entrenadas para interpretar nuestras expresiones no verbales y su correspondencia con emociones, que serán capaces de imitar las respuestas humanas. Hace algunos meses, el fabricante de la famosa robot humanoide Sophia, Hanson Robotics (Hong Kong), anunciaba su producción en masa. Al parecer también será Sophia quien atienda a los medios de comunicación en las próximas elecciones de la comunidad de Madrid. Y lo último, un sistema de IA en estudio en EE UU, para incorporar al inodoro: éste toma una imagen de las heces dentro de las tuberías y envía la información al facultativo.

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Rumbo al futuro

Primero hicieron el trabajo duro, y nuestros músculos lo agradecieron –aunque ya no son lo que eran–. Después lo calculaban todo en un plis plas, un verdadero alivio para nuestros circuitos neuronales encargados de asistirnos en las tareas de cálculo mental –existen evidencias de que se está reduciendo el llamado ‘efecto Flynn’: nombre que recibe el hecho de que el coeficiente intelectual aumente en cada generación–. Hoy pueden tomar algunas decisiones por nosotros lo cual, a veces, es francamente cómodo, pero ¿hasta qué punto la comodidad nos hará dejar de reflexionar sobre la responsabilidad de nuestras decisiones y, finalmente, abdicar de ellas, en una vuelta al ‘que inventen ellos’, en este caso los robots, ya que tanto saben? Los investigadores alertan sobre el peligro de delegar los factores éticos que intervienen en el proceso de toma de decisiones, lo que unido a los numerosos vacíos legales que se van a generar con la implantación de las tecnologías involucradas en la IA, está movilizando a los gobiernos en muchos puntos del planeta y algunos parlamentos ya están legislando al respecto.

En 2019 la Unión Europea publicó un primer documento, Directrices Éticas para una IA fiable, elaborado por un grupo independiente de expertos de alto nivel sobre inteligencia artificial, y este pasado mes de abril fue publicada la propuesta de Reglamento sobre el marco jurídico aplicable a estos sistemas. El documento establece cuatro niveles de riesgo, así como las obligaciones y sanciones a cumplir en cada caso. Se considerarán sistemas de IA prohibidos aquellos que conlleven un riesgo intolerable para la vida y los derechos fundamentales, por ejemplo, aquellos capaces de manipular el comportamiento humano. Los sistemas de alto riesgo, por su parte, atañen a sectores relacionados con infraestructuras críticas, salud, administraciones públicas, o con los sistemas de identificación y categorización de las personas por reconocimiento facial. El riesgo medio/bajo se refiere a aquellos sistemas que incorporen tecnologías poco intrusivas, como los asistentes virtuales o los chatbots.

EE UU o China también han elaborado sus documentos sobre los posibles efectos negativos de las decisiones autónomas que podrán tomar los sistemas de IA, pero sus textos son menos garantistas que los europeos. En cualquier caso, las legislaciones de cada país deberán adaptarse a nuevos supuestos. Por ejemplo, ante un mal funcionamiento de un sistema de IA que causa daños a terceros quién será responsable: ¿el usuario, el fabricante del producto, la compañía de software, el individuo creador del algoritmo?; si un transporte autónomo tiene que decidir entre dos o tres opciones, todas ellas con consecuencia de muerte de una persona, ¿qué hará?, ¿valorará lo que le cuesta al estado cada individuo?, ¿el tiempo estimado que le queda a cada uno por vivir?, ¿podremos programar a las máquinas para que ‘entiendan’ que todas las vidas valen lo mismo? También tenemos derecho a saber ‘qué ha hecho’ el algoritmo que deniega nuestra hipoteca, y si un asistente virtual nos reserva hora en la peluquería –el caso real en www.youtube.com/watch?v=l9BTMWOupGM–, el interlocutor tiene derecho a saber que está hablando con un sistema artificial (¡si Turing levantara la cabeza!).

En estos momentos, grandes potencias, algunas viejas y otras que despertaron y se crecieron, e incluso algunas hoy aún gestantes, se van a disputar, ya lo están haciendo, el liderazgo tecnológico, y no todas con el mismo estilo de gobernanza. China juega fuerte: su apuesta por la IA es contundente, su hegemonía en el despliegue de la tecnología 5G y su control mundial (80%) del procesamiento de las llamadas ‘tierras raras’, la colocan en una posición de lujo para sus objetivos. Las piezas se mueven rápido y los contrincantes son titanes. No va a ser fácil. Pero tal vez Europa pueda tener un papel singular en el nuevo mundo. Los que estamos a bordo de este pequeño y viejo bajel nos hemos ido dotando, por voluntad propia, de decálogos consensuados de derechos y deberes en cuyo marco, a lo largo de los años y de los innumerables hechos abominables acaecidos, hemos logrado vivir en paz y que la mayoría de nosotros tenga una vida digna. El reto, y la oportunidad, será velar por que la próxima revolución industrial, en la que ya estamos inmersos, nos conduzca hacia una sociedad que se siga sustentando sobre los valores de libertad e igualdad, sin que ello interfiera en el desarrollo y la expansión de estas tecnologías.

La adopción generalizada de la IA aumentará la productividad y conllevará ahorros de tiempo y mejoras en todas las industrias. Pero existe inquietud sobre cuáles son los cambios que nos esperan con la Cuarta Revolución Industrial en la distribución de la riqueza y en el mercado laboral. Las tres primeras revoluciones crearon mucho trabajo, de carácter especializado y repetitivo, y a su amparo la humanidad mejoró sus condiciones de manera muy significativa: en 1820, el 94% de la humanidad vivía en extrema pobreza, en 1960 este grupo lo constituía el 60% de la población mundial, hoy este porcentaje se ha reducido al 10%. Las cifras también han mejorado en educación, en población mundial vacunada o en mortalidad infantil. Entretanto, en los países desarrollados la riqueza se fue desplazando hacia el centro, dando origen a una clase media que se ensanchó progresivamente. En la década de los 70, en plena Tercera Revolución Industrial, tuvo lugar el boom del sector servicios, generando que la mayoría de puestos de trabajo se basen en datos desde entonces. Tareas especializadas y repetitivas para las que la Cuarta Revolución Industrial trae herramientas que hacen innecesarios a los humanos en esos puestos.

Nadie puede predecir cuántos trabajos desaparecerán y cuántos nuevos surgirán, lo que parece claro es que cualquier tarea que requiera especialización o repetición la hará mejor una máquina. La clase media –que ha sustentado el estado del bienestar con el sistema de impuestos– mengua su representatividad y la escalera social prácticamente ha desaparecido. Se atisba una polarización que devolvería a la sociedad a los dos extremos: se generarán puestos que requerirán estudios de alto nivel remunerados con salarios altos, y puestos que no requieren de estudios superiores y que las máquinas no pueden hacer, por salarios muy bajos y muy alta temporalidad. Se habla del ‘ascenso del precariado’. Según el Observatorio Económico BBVA ¿Cuán vulnerable es el empleo en España a la revolución digital?, en torno al 36% del empleo en nuestro país es automatizable. Ello implica una pérdida masiva de puestos de trabajo en la clase media, también en la clase alta, donde especialidades concretas, como la radiología, por ejemplo, también se pueden ver afectadas. Contables, consultores, personal de agencias de viajes, de restaurantes de comida rápida, traductores, actores de doblaje, conductores y transportistas a todas las escalas, también los riders que serán sustituidos por drones autónomos y veloces máquinas cuadrúpedas que entregarán los paquetes… Si su puesto de trabajo es específico y repetitivo, una máquina lo hará mejor. Si usted tiene que improvisar, aportar ideas y combinar conocimientos y habilidades distintas, sobre todo las relacionadas con las personas, entonces usted siempre lo hará mejor. Hasta que la ciencia y la tecnología demuestren lo contrario.

Todo ello plantea peguntas muy complejas que requieren de las habilidades que nos caracterizan como especie para ser respuestas, preguntas que no son muy distintas de las que ya nos hacíamos en la Grecia y la Roma antiguas. Tenemos mucho sobre lo que reflexionar antes de dar rienda suelta a los algoritmos que construirán nuestro mundo y diseñarán nuestra manera de vivir. En cualquier caso, y fieles al modus operandi que forma ya parte de nuestro ADN, el asunto deberá primero someterse al ágora, nuestra mejor herramienta con la que poner rumbo al futuro.

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Epílogo. MOD S3-E3 7G

Año: El que ustedes quieran imaginar.

Lleva un par de horas sin hablar, sin sugerirme algo con lo que halagarme, con lo que cuidar de mí. Hacemos ver que no lo sé, pero cuando me trae un yogurt, con su cucharilla y todo, es porque mi estómago no anda fino y él lo sabe mucho mejor que yo, de hecho, antes que yo, y algo debe notar en mi voz cuando, a veces, sin comerlo ni beberlo, decide ponerme un directo de Scorpions a todo trapo, no sin antes, por supuesto, preguntar. Me tiene controlada… Y yo encantada.

Desde que está en casa tiene su propio espacio, con sus herramientas y sus piezas de recambio para autorrepararse. ‘Piezas’. Deberían inventar otra palabra, se me hace raro hablar de él como de la lavadora, aunque sé que, en esencia, es exactamente lo mismo: una máquina que hace la vida más fácil a un humano. Ni siquiera le puse nombre.

Me dirijo a su habitáculo. La estancia parece más confortable de lo habitual, una cálida penumbra y, sonando, Sonidos de la naturaleza. Perecía placenteramente absorto en algo, aunque claro, un amasijo de chips no puede estar absorto en nada, y menos placenteramente.

—“¿Qué haces E3?—, pregunté.

—“Me apetecía releerme 100 años de soledad”—, fue su singular respuesta.

Vaya…, me dije, ahora sí que E3 ya es, podría decirse, uno de los nuestros.

Entrevista a José Ignacio Latorre, físico, profesor universitario, investigador y divulgador científico

Profesor José Ignacio Latorre
I
NTELIGENCIA ARTIFICIAL 
La inteligencia artificial alcanzará niveles sobrehumanos”

Reflexionamos con el profesor Latorre sobre el presente y el futuro de la inteligencia artificial. José Ignacio Latorre es catedrático de Física Teórica en la Universidad de Barcelona y director del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual. Reconocido por sus aportaciones a la teoría cuántica, hoy dirige el proyecto para la creación del primer ordenador cuántico de Emiratos Árabes. Latorre, también investigador en aplicaciones de inteligencia artificial, nos habla en esta entrevista de las tecnologías con las que se está trabajando para dotar a las máquinas de capacidad de decisión y nos sugiere algunas cuestiones, nada menores, para la reflexión. Con mirada humilde, actitud paciente y convicción entusiasta en la capacidad del ser humano para lograr cualquier cosa, incluso crear una inteligencia superior a la de sí mismo, señala: “La ciencia tiene paciencia. Vencerá cualquier obstáculo. No lo duden, la inteligencia artificial llegará a ser brutal”, y advierte, “tendremos que reprimirla con leyes”. 
Reflexiones del profesor Latorre, en diez frases

“Imaginen cualquier futuro y se quedarán cortos. El órgano rey será comprendido, será simulado, será superado”
“La inteligencia artificial producirá una debilitación de nuestra capacidad de alcanzar decisiones correctas”
“La IA y la computación cuántica se están combinando para crear computación híbrida. Ello tendrá un impacto en el sector farmacéutico en todos sus ámbitos: química cuántica, desarrollo de medicamentos, optimización de procesos, predicción…, todo lo calculable será mejorado”
“La violencia es un vestigio que arrastramos de nuestros orígenes. Poco a poco pierde fuelle. Todas las sociedades evolucionadas tienden a la pacificación, al estudio del arte, de la justicia social”
“Necesitarán legislación urgente la asistencia artificial a mayores, la educación artificial a niños, las flotas de coches autónomos, los asistentes a jueces, a doctores… El Deep Fake requiere un esfuerzo legal colosal”
“Pocos aman la responsabilidad, que implica decidir. Incluso preferimos que un algoritmo nos escoja pareja a intentar una aproximación humana directa. Sin duda, la mayoría se volcará en más entretenimiento banal. No es un escenario muy halagüeño, pero creo que es inevitable”
“La ciencia tiene sus tiempos, ajenos a las estridencias mediáticas. Soy partidario de la humildad inmediata, compatible con la ambición de largo plazo”
“Estamos viviendo la infancia de la inteligencia artificial. En el caso de la salud, todavía estamos en la cuna”
“El progreso tecnológico es una marea silenciosa”
Mónica Daluz
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INTELIGENCIA ARTIFICIAL 

“La inteligencia artificial alcanzará niveles sobrehumanos”

Entrevista a José Ignacio Latorre, físico, profesor universitario, investigador y divulgador científico

Mónica Daluz
01/09/2021

Reflexionamos con el profesor Latorre sobre el presente y el futuro de la inteligencia artificial. José Ignacio Latorre es catedrático de Física Teórica en la Universidad de Barcelona y director del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual. Reconocido por sus aportaciones a la teoría cuántica, hoy dirige el proyecto para la creación del primer ordenador cuántico de Emiratos Árabes. Latorre, también investigador en aplicaciones de inteligencia artificial, nos habla en esta entrevista de las tecnologías con las que se está trabajando para dotar a las máquinas de capacidad de decisión y nos sugiere algunas cuestiones, nada menores, para la reflexión. Con mirada humilde, actitud paciente y convicción entusiasta en la capacidad del ser humano para lograr cualquier cosa, incluso crear una inteligencia superior a la de sí mismo, señala: “La ciencia tiene paciencia. Vencerá cualquier obstáculo. No lo duden, la inteligencia artificial llegará a ser brutal”, y advierte, “tendremos que reprimirla con leyes”.

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El sector industrial lleva décadas mejorando la automatización de sus procesos con programas que realizan eficientes operaciones de datos, optimizando así su producción o su logística, por ejemplo. Hoy está incorporando sistemas de IA, que pasan de operar datos a analizarlos para ofrecer una propuesta de acción que no les ha sido explícitamente programada. ¿Cómo se consigue esta nueva manera de procesamiento de datos, y qué viene a aportar este cambio de paradigma a las empresas que la adopten?

A lo largo del siglo XX hemos aprendido a aprender de forma automatizada. En varias décadas de progreso en inteligencia artificial hemos creado tecnología, como es el aprendizaje supervisado, el no supervisado o el basado en el refuerzo. Ahora tenemos redes neuronales adversarias que se entrenan mutuamente para aprender más allá de lo que un humano les pueda enseñar. Ha sido un camino lleno de tropiezos y éxitos. El resultado es impresionante. La pregunta no es si una empresa ha de optar por incluir inteligencia artificial, sino si muchas de las empresas existentes tienen, o tendrán, sentido en una sociedad íntimamente controlada por entes artificiales.

El progreso tecnológico es una marea silenciosa. Aquellas empresas más ágiles, sean del sector que sean, tendrán éxitos superiores a su competencia. No hay vaquerías en las ciudades, ni videoclubs, ni carros o caballos, como los hubo hace un siglo. La velocidad de progreso es impresionante. Mi consejo es que todos debemos abandonar nuestros prejuicios y comprender la ciencia y la tecnología que se deriva, de forma no sesgada y sin agendas.

¿Hasta qué punto la estrategia que adopte cada país con respecto a la inversión y el desarrollo de la IA y otras tecnologías avanzadas condicionará su futuro? A usted le encargó el gobierno de Abu Dhabi liderar un proyecto sin precedentes: construir la primera computadora cuántica de EAU, colocándole al frente del Centro de Investigación Cuántica del Instituto de Innovación Tecnológica. ¿Cómo valora esta apuesta y su experiencia de trabajo allí? ¿Y cuéntenos cómo va el proyecto del ordenador cuántico?

Sí, el gobierno de Abu Dhabi me encargó crear el primer ordenador cuántico del mundo árabe. Es un reto fenomenal. No existe una verdadera cultura científica en los Emiratos. Pero existirá en pocos años. Muchos son los países que avanzan con paso muy firme: Israel, Corea del Sur, Singapur. Otros se retuercen en su propia burocracia y discusiones de tertulia. Nuestro proyecto avanza de forma firme, en colaboración con investigadores en Barcelona. La ciencia tiene sus tiempos, ajenos a las estridencias mediáticas. Soy partidario de la humildad inmediata, compatible con la ambición de largo plazo.

Usted es socio y fundador de la spin-off Qilimajaro Quantum Tech, que ofrece servicios de optimización de procesos basados en tecnología cuántica ¿qué tipo de proyectos les están encargando?

Qilimanjaro tiene por objetivo construir ordenadores cuánticos útiles. Es un gran reto. Debemos construir chips basados en corrientes superconductoras, colocados a 10 miliKelvin, donde mantienen su coherencia cuántica. También creamos el stack de programación llamado Qibo. Por separado desarrollamos algoritmos cuánticos. En mi opinión, la computación cuántica debe comprenderse de forma coordinada. Es un ataque completo al paradigma clásico de computación. Sabemos que es posible; ahora toca hacerlo. En este momento la inteligencia artificial y la computación cuántica se están combinando para crear computación hibrida. Este esfuerzo tendrá, sin duda, impacto en el sector farmacéutico en todos sus ámbitos: química cuántica, desarrollo de medicamentos, optimización de procesos, predicción…, todo lo calculable será mejorado.

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¿Nos encontramos en el punto en que para avanzar en IA hay que focalizarse en la fase de entrenamiento de estos s robots para que sean verdaderamente inteligentes? ¿Por qué es tan importante esta cuestión y cómo se entrenan estos sistemas?

Nuestros sistemas son más inteligentes de lo que la gente cree. Han sustituido el criterio humano en innumerables ámbitos de decisión. Pero tan pronto como un ordenador logra superar a los humanos en una tarea, de inmediato cuestionamos su capacidad de resolver algo más difícil. La ciencia tiene paciencia. Vencerá cualquier obstáculo. No lo duden, la inteligencia artificial llegará a ser brutal, la tendremos que reprimir con leyes. El énfasis en robots es de poca importancia comparado con el universo de aplicaciones algorítmicas que se están desarrollando. Es mucho más interesante el progreso alcanzado en aplicaciones del procesamiento del lenguaje natural.

¿Cómo progresará la IA en los próximos años?, en particular, ¿qué podrá hacer la inteligencia artificial a corto y medio plazo para mejorar la salud humana?

Como tantos otros campos, el mundo de la salud ha pecado de menospreciar el mantener grandes bases de datos depuradas. Poco a poco, ese retraso se ha ido paliando. En primer lugar, la minería de datos hará su buen papel. Luego llegarán algoritmos más sofisticados. Más adelante el progreso se acelerará. Programas hablarán con programas, se cruzarán todo tipo de algoritmos y datos. Estamos viviendo la infancia de la inteligencia artificial. En el caso de la salud, todavía estamos en la cuna.

Uno de los mayores retos de la ciencia, si no el mayor, es comprender el funcionamiento del “órgano rey”, el cerebro. La IA avanzada busca los patrones de funcionamiento del cerebro humano para forjarse a su imagen y semejanza. ¿Existe consenso en seguir el modelo de redes neuronales a pesar del desconocimiento que todavía hay sobre los complejos procesos cerebrales? En un futuro ¿podría, paradójicamente, ser una IA la que nos explique cómo funcionamos, porqué somos como somos y, en definitiva, qué o quiénes somos?

Sin duda. La inteligencia artificial ya está asistiendo a los humanos en la propia investigación de muchas disciplinas. Una antena no se diseña, se deja en manos de un algoritmo genérico. Y esa antena nos envía los datos que recoge una sonda espacial, controlada a su vez por sofisticados algoritmos. Imaginen cualquier futuro, y se quedarán cortos. El órgano rey será comprendido, será simulado, será superado.

¿Cómo funciona en la actualidad y como debería evolucionar el aprendizaje automático, en el que el algoritmo aprende de la experiencia, y sobre todo de los errores, para hacer realidad lo que ha venido a llamarse una IA fuerte, una superinteligencia que decida por sí misma? Un reto al respecto serían las consecuencias de delegar en las máquinas el desarrollo de nuevos conocimientos y de determinados procesos cerebrales; la evolución de la máquina ¿puede conllevar la involución de algunas de las capacidades humanas?

Todo progreso científico redunda en instrumentos que nos superan. Ya no levantamos pesos y nuestros cuerpos son más débiles que en milenios anteriores. Ya no calculamos y necesitamos de máquinas para dividir por 7. La inteligencia artificial producirá una debilitación de nuestra capacidad de alcanzar decisiones correctas. Los humanos estamos predispuestos a delegar nuestras decisiones. Pocos aman la responsabilidad, que implica decidir. Incluso preferimos que un algoritmo nos escoja pareja a intentar una aproximación humana directa. Sin duda, la mayoría se volcará en más entretenimiento banal. No es un escenario muy halagüeño, pero creo que es inevitable.

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Ahora que ya hemos visto que la tecnología sigue su curso, y su expansión y evolución es imparable, emergen nuevos factores a tener en cuenta, como la necesidad de legislar en un sinfín de cuestiones o de priorizar el factor ético a la hora de programar los algoritmos para que no tengan los mismos sesgos que los humanos. ¿Cuáles cree que serán los primeros asuntos sobre los que se harán necesarias nuevas leyes? Y ¿cómo se logra el comportamiento ético de las máquinas?, ¿también legislando? En esta tarea de desarrollar máquinas que evolucionen siguiendo directrices basadas en valores universales, ¿qué papel jugarán los programadores, las corporaciones y los gobiernos?

Existen iniciativas en la UE y en USA para establecer límites a la inteligencia artificial. No existe consenso en cómo proceder. La UE es mucho más garantista que el resto del planeta e intenta avanzar lentamente. Los programadores y las corporaciones deben seguir comportamientos éticos establecidos por las leyes aprobadas en los parlamentos. El camino democrático es el único transitable. Toda corporación debe ser responsable. Si no lo es, será penalizada muy fuertemente. Necesitarán legislación urgente la asistencia artificial a mayores, la educación artificial a niños, las flotas de coches autónomos, los asistentes a jueces, a doctores. El Deep Fake requiere un esfuerzo legal colosal.

Plantea en su libro Ética para máquinas, un interesante tema sobre la necesidad de que una IA superior, que acabará por tener el control y será capaz de tomar las mejores decisiones y de reproducirse a sí misma mejorada en cada generación, sea programada con un “ingrediente” muy particular: la condescendencia. La racionalidad absoluta implicaría que, por lógica, los humanos fuéramos eliminados, a la vista de nuestras perniciosas acciones sobre la vida del planeta. ¿Cómo se programa una máquina para que sea comprensiva y compasiva con los seres imperfectos que, en el origen, la crearon? Un ente artificial inteligente, justo y compasivo, ¿es posible?

Sí, lo creo firmemente. La violencia es un vestigio que arrastramos de nuestros orígenes. Poco a poco pierde fuelle. Todas las sociedades evolucionadas tienden a la pacificación, al estudio del arte, de la justicia social. Sé que mucha gente lo duda. Por favor, lean a Pinker y a tantos otros que intentan evitar el sesgo del momento actual. Cuidamos de nuestros mayores, votamos políticas de ayudas que nos devuelven sentido como especie ética. Así también operaremos en el caso de la inteligencia artificial, que asumirá estos principios más allá de lo programable.

En las últimas semanas he estado leyendo su libro; disfruté haciéndolo, su lectura me ha brindado momentos ciertamente gratificantes. ¿Cree que ese y otros placeres serán, algún día, experimentados por un soporte artificial? ¿Eso significaría que las máquinas habrían alcanzado la autoconciencia? ¿Qué diría a aquellos que piensan que no pasaremos de la llamada “IA débil”, que una superinteligencia autónoma generalista es una utopía? En definitiva, una inteligencia artificial superior con conciencia propia ¿es posible, es deseable o, sencillamente, es inevitable?

De verdad creo que la inteligencia artificial alcanzará niveles sobrehumanos. Basta observar el recorrido científico de los últimos siglos para comprender que todos los obstáculos imaginados han sido superados. No creo que el camino de la complejidad computacional, que es lo que está en el corazón de la inteligencia, sea algo diferente. Hay quién dijo que no volaríamos, que no curaríamos un sinfín de enfermedades, que no clonaríamos a seres vivos, que no dominaríamos al átomo, que bastaban unos pocos ordenadores para toda la Tierra. Los humanos siempre hemos operado como seres profundamente egocéntricos y sin aceptación del cambio. La Tierra era el centro del universo, luego lo fue el Sol. Ahora el centro de todo es cerebro humano. Será otro bastión que conquistaremos. La ciencia tiene paciencia.

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Reflexiones del profesor Latorre, en diez frases

“Imaginen cualquier futuro y se quedarán cortos. El órgano rey será comprendido, será simulado, será superado”

“La inteligencia artificial producirá una debilitación de nuestra capacidad de alcanzar decisiones correctas”

“La IA y la computación cuántica se están combinando para crear computación hibrida. Ello tendrá un impacto en el sector farmacéutico en todos sus ámbitos: química cuántica, desarrollo de medicamentos, optimización de procesos, predicción…, todo lo calculable será mejorado”

“La violencia es un vestigio que arrastramos de nuestros orígenes. Poco a poco pierde fuelle. Todas las sociedades evolucionadas tienden a la pacificación, al estudio del arte, de la justicia social”

“Necesitarán legislación urgente la asistencia artificial a mayores, la educación artificial a niños, las flotas de coches autónomos, los asistentes a jueces, a doctores… El Deep Fake requiere un esfuerzo legal colosal”

“Pocos aman la responsabilidad, que implica decidir. Incluso preferimos que un algoritmo nos escoja pareja a intentar una aproximación humana directa. Sin duda, la mayoría se volcará en más entretenimiento banal. No es un escenario muy halagüeño, pero creo que es inevitable”

“La ciencia tiene sus tiempos, ajenos a las estridencias mediáticas. Soy partidario de la humildad inmediata, compatible con la ambición de largo plazo”

“Estamos viviendo la infancia de la inteligencia artificial. En el caso de la salud, todavía estamos en la cuna”

“El progreso tecnológico es una marea silenciosa”

Entrevista a Alberto Hernando, director comercial de Wecobots, y Oscar Orcajo, ingeniero y responsable de unidad de Wecobots

Alberto Hernando y Oscar Orcajo de Wecobots
ROBÓTICA 
“La revolución está en marcha”

En esta charla con los responsables de las áreas técnica y comercial de Wecobots, ingeniería robótica colaborativa nacida en la localidad barcelonesa de Rubí en 2017, desgranamos el segmento de los cobots y las herramientas de inteligencia artificial que hoy ya están incorporadas a diversos procesos industriales como montaje, manipulación, alimentación de máquina, control de calidad…, en múltiples industrias. La robótica colaborativa está proporcionando a la industria farmacéutica y al sector de la salud la posibilidad de automatizar procesos de alta precisión a niveles impensables hace unos años. Así nos lo cuentan Alberto Hernando y Oscar Orcajo.
¿Podrían hacer una valoración de cómo ha evolucionado la automatización en la industria farmacéutica y cosmética con especial mención de los robots colaborativos, y explicar en qué punto estamos en la implementación de soluciones de inteligencia artificial en el sector?
La automatización aumenta en gran medida la eficiencia y precisión de los procesos, áreas clave para cualquier compañía farmacéutica. El endurecimiento a nivel legislativo de las medidas de serialización de los medicamentos y los cada vez más cortos lotes de producción obligan a que los procesos de fabricación sean cada vez más flexibles y fiables. La digitalización está transformando la cadena de suministro de la industria farmacéutica y cosmética. Por ello la automatización ha experimentado un gran auge en los últimos tiempos, tendencia que, sin duda, va a seguir creciendo gracias a la aparición de los robots colaborativos y de la inteligencia artificial. Por su menor coste y necesidad de menos espacio, los cobots permiten afinar el grado de automatización de los grupos industriales ya lanzados en la carrera tecnológica o bien constituir la primera plataforma de lanzamiento para los no iniciados. La inteligencia artificial, por su parte, permite tratar un mayor número de informaciones y mejora la capacidad de autonomía de los robots colaborativos. Mónica Daluz
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ROBÓTICA 

“La revolución está en marcha”

Entrevista a Alberto Hernando, director comercial de Wecobots, y Oscar Orcajo, ingeniero y responsable de unidad de Wecobots

Mónica Daluz
31/08/2021

En esta charla con los responsables de las áreas técnica y comercial de Wecobots, ingeniería robótica colaborativa nacida en la localidad barcelonesa de Rubí en 2017, desgranamos el segmento de los cobots y las herramientas de inteligencia artificial que hoy ya están incorporadas a diversos procesos industriales como montaje, manipulación, alimentación de máquina, control de calidad…, en múltiples industrias. La robótica colaborativa está proporcionando a la industria farmacéutica y al sector de la salud la posibilidad de automatizar procesos de alta precisión a niveles impensables hace unos años. Así nos lo cuentan Alberto Hernando y Oscar Orcajo.

Alberto Hernando, director comercial de Wecobots (izquierda), y Oscar Orcajo, ingeniero y responsable de unidad de Wecobots...

Alberto Hernando, director comercial de Wecobots (izquierda), y Oscar Orcajo, ingeniero y responsable de unidad de Wecobots.

¿Podrían hacer una valoración de cómo ha evolucionado la automatización en la industria farmacéutica y cosmética con especial mención de los robots colaborativos, y explicar en qué punto estamos en la implementación de soluciones de inteligencia artificial en el sector?

La automatización aumenta en gran medida la eficiencia y precisión de los procesos, áreas clave para cualquier compañía farmacéutica. El endurecimiento a nivel legislativo de las medidas de serialización de los medicamentos y los cada vez más cortos lotes de producción obligan a que los procesos de fabricación sean cada vez más flexibles y fiables.

La digitalización está transformando la cadena de suministro de la industria farmacéutica y cosmética. Por ello la automatización ha experimentado un gran auge en los últimos tiempos, tendencia que, sin duda, va a seguir creciendo gracias a la aparición de los robots colaborativos y de la inteligencia artificial. Por su menor coste y necesidad de menos espacio, los cobots permiten afinar el grado de automatización de los grupos industriales ya lanzados en la carrera tecnológica o bien constituir la primera plataforma de lanzamiento para los no iniciados. La inteligencia artificial, por su parte, permite tratar un mayor número de informaciones y mejora la capacidad de autonomía de los robots colaborativos.

En la robótica tradicional la automatización se traduce en la realización de múltiples funciones compuestas de varios pasos. Esto conlleva mucho tiempo de programación y escritura de código y requiere una formidable experiencia. Al mismo tiempo limita seriamente la capacidad de un robot de adaptarse rápidamente a nuevas situaciones.

Los cobots son muy diferentes. Aunque ellos también requieren programación, el proceso es mucho más simple. Hay una parte de código y una parte en que un humano guía al cobot a través de una serie de pasos usando un smartphone o una tableta para marcar puntos de referencia, y guarda los resultados. Armado con múltiples conjuntos de habilidades, el cobot recuerda la rutina marcada al pulsar un botón.

Por otra parte, a día de hoy, un cobot ya interactúa con el entorno e interpreta entradas de información y toma decisiones sobre el siguiente paso a dar, gracias a la acción combinada de la programación y de la inteligencia artificial. Por ejemplo, hemos instalado cobots que dialogan entre ellos y con otras máquinas, mediante los accesorios de visión artificial. Los cobots cargan y descargan material de forma autónoma durante un turno de noche o durante el fin de semana, sin que haya nadie físicamente en las instalaciones.

También gracias a los sistemas de visión artificial, hemos implementado cobots que realizan operaciones complejas de supervisión de calidad en una línea en movimiento, lo que tiene un impacto decisivo en la productividad, trazabilidad y calidad de los productos. Sin embargo, la integración de la IA en los cobots aún está en un estado embrionario.

Y sobre los robots autónomos móviles, los AMR, ¿cómo valora esta tecnología, que parece ir al alza?

Sí, se trata de una tecnología en clara expansión. Su flexibilidad y dinamismo permite a las empresas automatizar el transporte interno de una manera eficaz y rentable. Los transportes internos se realizan constantemente: las materias primas y productos semiacabados se mueven del almacén a las líneas de producción, los productos terminados desde las líneas de fabricación hasta el almacén, los movimientos entre distintas áreas son continuos incluso en condiciones de sala limpia. Los trabajadores cualificados pasan gran parte de su jornada realizando movimientos interrumpiendo incluso su trabajo real, con una gran pérdida de eficiencia. Con sensores integrados, cámaras y software sofisticado, los AMR identifican su entorno y toman la ruta más eficiente hacia sus destinos, evitando obstáculos y personas de manera segura. Esto permite que los robots trabajen de forma segura junto a los humanos al tiempo que aumentan la productividad ya que liberan recursos para actividades de mayor valor.

¿Qué tipo de características y funciones son las más demandadas según el cliente sea industria, pequeño laboratorio, etc.?

Las aplicaciones transversales a todas las industrias, como pueden ser las aplicaciones de final de línea -conformado de cajas, packaging, cierre, etiquetado, y paletización-, se están implementando rápidamente en la industria farmacéutica por su alto retorno de inversión. Evidentemente esta inversión está directamente relacionada con el tamaño y los márgenes de la industria ya que, como es lógico, el ROI mejora con el volumen y con el margen. Entre estas aplicaciones transversales también podemos citar las que conciernen al almacenamiento de los productos, como las de apilamiento y clasificación, que permiten que los suministros sean almacenados correctamente y de forma segura. Los cobots pueden ayudar con tareas como el apilamiento de bandejas y contenedores gracias a la calibración de la visión 3D.

Otra aplicación interesante, cuando se tiene el volumen suficiente, es la de automatizar las operaciones de pick and place (dispensado). Equipados con accesorios de visión artificial 2D o 3D y de mecanismos de agarre extremadamente sofisticados, los cobots pueden ser utilizados para reconocer la forma, tamaño, color o peso de las píldoras o comprimidos, al mismo tiempo que leen códigos de barras para asegurar la trazabilidad.

Las aplicaciones de montaje van desde montar piezas voluminosas hasta montar objetos en miniatura. El software puede ser desarrollado e instalado para programar cobots que montan artículos médicos como prótesis e implantes, realizando un trabajo de alta precisión, incluso en piezas de un milímetro. Las líneas de producción de productos con pequeños componentes (por ejemplo, audífonos), ganan mucho integrando los cobots.

También podemos citar las aplicaciones en relación a la preparación de productos (dosificación) y al control y supervisión de calidad. La precisión de las operaciones y su trazabilidad, es muy apreciada por la industria farmacéutica.

Podemos decir que las demandas que recibimos dependen sobre todo del tipo de aplicación que necesita el cliente, de su especificidad, más que de su tamaño. Un gran industrial que lanza un nuevo producto puede estar confrontado a un contexto de volumen similar al de un pequeño laboratorio, líder en un producto concreto. Un factor que puede marcar la diferencia es la capacidad de los equipos para asumir los cambios, la preparación que tengan para asumir las nuevas tecnologías.

Los grandes grupos industriales, que cuentan con un grado de automatización tradicional elevado, con equipos preparados, y que gestionan a la perfección la calidad y trazabilidad de sus procesos, buscan la mejora del ‘último kilómetro’. Están interesados en integrar los procesos desde el pedido hasta la entrega, en mejorar aún más la gestión de stocks o la logística, en ser más flexibles para poder lanzar nuevos productos o series cortas o bien aumentar la capacidad de producción en espacios reducidos.

Estos últimos aspectos interesan igualmente a los pequeños laboratorios, quienes son, no obstante, los que más pueden beneficiarse de la robótica colaborativa para dar un gran salto. Por ello hemos creado nuestro programa Wepymes cuya idea es facilitar a las pequeñas y medianas empresas la implantación sencilla, segura y económica de soluciones de robótica colaborativa.

Los robots colaborativos no necesitan un espacio cerrado para operar, son seguros y precisos...

Los robots colaborativos no necesitan un espacio cerrado para operar, son seguros y precisos, y sus múltiples aplicaciones y accesorios permiten adaptar la producción con facilidad y agilidad.

¿Qué tecnologías inteligentes utilizan los cobots para evaluar y responder a su entorno?

Un cobot es un brazo robótico articulado, su utilidad depende de los accesorios y de la programación. En el mercado hay un amplio abanico de accesorios pero las necesidades son tan diversas que a menudo necesitamos innovar, completando los accesorios existentes o creando uno nuevo.

Los accesorios con sistemas de visión artificial son tal vez los que abren posibilidades más impresionantes. Representan la vista o “los ojos” del robot. Pueden ser 2D monocromo o color, como, por ejemplo, la cámara de Cognex In-Sight Micro 8000, que es de las cámaras compactas de 5MP más pequeñas del mundo, o 3D, para aplicaciones más complejas como el “binpicking”. Pueden, además, llevar software con inteligencia artificial, permitiendo al robot el aprendizaje a partir de bibliotecas de imágenes buenas y malas. Con esta inteligencia artificial, comúnmente llamada ‘deeplearning’, el sistema de visión se va perfeccionado, mejorando su efectividad.

Además, abre la posibilidad de extraer todos sus datos y patrones para ser analizados posteriormente y utilizados para, por ejemplo, predecir fallos. Con este tipo de accesorios, la robótica colaborativa adquiere una nueva dimensión, acompañando el camino hacia la Industria 4.0.

Otro tipo de accesorios son los sensores de fuerza y par, que permiten que el robot amplíe su sensibilidad e interactúe con el entorno. De esta forma, no necesitan seguir un proceso totalmente secuencial sino que el robot es capaz de tomar decisiones basándose en lo que percibe en cada momento (fuerzas externas que recibe). La recopilación de datos mediante este tipo de sensores permite tener trazabilidad y garantizar la calidad de procesos en los que tradicionalmente no se podía.

La robótica colaborativa tiene multitud de sensores de fuerza y par de plug and play que vienen con el software integrado, de fácil uso. Las más comunes que se llevan a cabo pueden ser: ensamblajes complejos, inserción de componentes en piezas que cambian de posición, dosificado de líquidos o de material en piezas de forma compleja, pulido o presionado con fuerza constante a lo largo de superficies complejas, aplicaciones que requieren mucha sensibilidad.

Otro accesorio importante es el efector final o End Of ArmTool, una herramienta que va anclada al final de los brazos robóticos y lleva a cabo tareas como, por ejemplo, Pick and Place, atornillado, dosificación o ensamblado. Los robots colaborativos disponen de una amplia gama de efectores finales plug and play en el mercado. Sin embargo, en muchas ocasiones, hemos diseñado nosotros mismos los efectores finales para aplicaciones específicas, apoyándonos en nuestro conocimiento de la impresión 3D.

Por último, podemos citar los actuadores de séptimo eje, elementos externos que, generalmente, desplazan el robot hacia arriba o hacia los lados con el fin de aumentar su área de alcance. Por ejemplo, una columna vertical permite paletizar un pallet completo a dos metros de altura y una guía horizontal es capaz de trasladar el robot de una máquina control de numérico a otra, pudiendo, así, supervisar 2 o más máquinas a la vez. Gracias a los actuadores de séptimo eje.

¿Cómo valoráis y aconsejáis sobre el tipo de máquina que necesita cada cliente? ¿Cómo realizáis la instalación?

Nuestra filosofía consiste en realizar un trabajo meticuloso y bien pensado, para ofrecer un resultado final optimizado y simple para el cliente. Para ello, utilizamos nuestra metodología de gestión de proyectos complejos de automatización “llave en mano”, desarrollada durante más de 30 años. Como es lógico, antes de nada, escuchamos y analizamos rigurosamente las necesidades de nuestros clientes, desde un punto de vista humano, técnico y económico. Desde el primer intercambio, cuentan con nuestros servicios de asesoría global, acompañados por de un equipo experto en la robótica colaborativa. El análisis funcional, conjuntamente con el análisis de riesgo del entorno, da lugar a una proposición concreta. A veces, la solución se idea en colaboración con los equipos del cliente e incluso con la expertise específica de alguno de nuestros partners. Después desarrollamos la aplicación, la probamos en nuestros propios talleres y realizamos los ajustes necesarios antes de implementarla en casa del cliente.

Es importante señalar que la formación en casa del cliente, una vez realizada la instalación, es una etapa fundamental. El personal aprende a utilizar el cobot y a realizar ajustes y modificaciones de una forma práctica y teórica, adquiriendo así su total autonomía. Por último, proporcionamos una asistencia posventa para cualquier necesidad adicional.

Los cobots son guiados por el usuario a través de dispositivos convencionales, como un smartphone o una tableta

Los cobots son guiados por el usuario a través de dispositivos convencionales, como un smartphone o una tableta.

¿Qué nuevos avances veremos en los próximos años en soluciones de inteligencia artificial robótica para la industria farmacéutica?

La implementación progresiva de la IA en el mundo real significará un uso explosivo y más amplio de los cobots.

Las habilidades de los cobots aumentarán. A nivel de software, podrán tratar un mayor número de informaciones. Por ejemplo, podrán integrar mapas de geolocalización a 360°, lo que les permitirá desplazarse por sí mismos, interactuando aún más con su entorno. También tendrán una mayor capacidad de autoaprendizaje gracias a las técnicas de “machine learning” y podrán obedecer a la voz humana y tomar cada vez más sus propias decisiones. La programación será más sencilla. Los accesorios de visión artificial, sensórica y otros serán aún más diversos y sofisticados.

Sin embargo, todo ello llevara su tiempo, pero de momento ya se pueden implementar mejoras importantes con las aplicaciones disponibles actualmente.

Un mensaje o conclusión para el sector farmacéutico.

El mejor momento para invertir en la robótica colaborativa fue ayer, el segundo mejor momento es hoy. Cuanto antes se invierta antes se podrán aprovechar las oportunidades, recoger sus frutos, seguir mejorando para estar listos para las próximas etapas. La revolución está en marcha.

Industria 4.0: el tren no espera

Industria 4.0: el tren no espera
AUTOMATIZACIÓN
EN LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA
La inteligencia artificial despega, al fin

La cuarta revolución industrial ya ha comenzado, pero las compañías deberán transformar sus modelos de negocio para migrar al universo del bit. Solo desde allí se tiene todo el control. Las nuevas tecnologías como la robótica, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, el big data o la fabricación aditiva son herramientas que marcarán la diferencia entre las empresas que las integren y las que mantengan una gestión tradicional, que perderán progresivamente competitividad.
Fábricas digitales conectadas a la nube, con máquinas y productos inteligentes recolectando datos permanentemente, que logran optimizar los procesos y adaptarse a la demanda en tiempo real, ya son una realidad. Estos equipos, dotados de capacidad para tomar decisiones y para aprender e interconectados entre sí, hacen de la robótica un potente elemento de transformación de la sociedad en los próximos años, con especial atención al desarrollo de la robótica social. Los proyectos de IA para lograr emulaciones tecnológicas del cerebro humano han proliferado en los últimos tiempos con el objeto de potenciar este ámbito, entre otros. El debate sobre las implicaciones que la robotización de la sociedad tendrá sobre la vida de las personas, no ha hecho más que empezar.
Y
a en los años 50 se hacía soñar a la sociedad con la llegada en un par de décadas, de robots inteligentes que lo harían todo por nosotros, y ese mismo plazo, 20 años, se mantuvo durante las décadas siguientes. Se especuló con el fin del trabajo y la ciencia ficción nos proporcionó escenarios de futuro (casi siempre con consecuencias aterradoras) con los que hacer volar nuestra imaginación. Al parecer, en la actualidad, existe consenso sobre el hecho de que ahora sí viviremos la implantación de la inteligencia artificial a todos los niveles en apenas un puñado de lustros. Países como EE UU y China han lanzado programas estatales de impulso a la inteligencia artificial en una pugna por liderar el sector, posición, hasta el momento, detentada por EE UU.
¿Por qué ahora? Dos hechos, la digitalización y la globalización, marcaron en su momento el nuevo rumbo del mundo, y todos nos hemos ido adaptando a las nuevas reglas del juego. Las últimas décadas de digitalización han mejorado las economías de escala y la internacionalización de las empresas. Las compañías de todos los sectores han incorporado diversos grados de digitalización y entre tanto, los ciudadanos hemos aprendido a utilizar hojas de cálculo, a comprimir archivos, a hacernos una página web, a retocar imágenes, a tener reuniones por videoconferencia y a manejarnos con servidores y configuraciones cuando el término “nativos digitales” no estaba aún acuñado. La siguiente ola de digitalización llegó con la aparición de las grandes empresas tecnológicas, que ha dado lugar a nuevos mercados, a nuevos modelos de negocio y a nuevos enfoques económicos que tienen que ver con renovados valores sociales, como la economía colaborativa o el capitalismo consciente. 
Llegados a este punto, la digitalización empuja, aún más. Ahora toca llevar la revolución digital a la fabricación. La industria española está obligada a afrontar un proceso de transformación digital imprescindible para sumarse a esta cuarta revolución que conecta máquinas, productos e infraestructuras, compartiendo datos e información. Otros ya lo están haciendo. Alemania y Corea son dos de los países con mayor penetración de robotización en sus procesos productivos, y en los que, por otra parte, se observa que el sistema genera empleo de alta cualificación. Mónica Daluz /
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AUTOMATIZACIÓN EN LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA

La inteligencia artificial despega, al fin

Industria 4.0: el tren no espera

Mónica Daluz
28/09/2018

La cuarta revolución industrial ya ha comenzado, pero las compañías deberán transformar sus modelos de negocio para migrar al universo del bit. Solo desde allí se tiene todo el control. Las nuevas tecnologías como la robótica, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, el big data o la fabricación aditiva son herramientas que marcarán la diferencia entre las empresas que las integren y las que mantengan una gestión tradicional, que perderán progresivamente competitividad. Fábricas digitales conectadas a la nube, con máquinas y productos inteligentes recolectando datos permanentemente, que logran optimizar los procesos y adaptarse a la demanda en tiempo real, ya son una realidad. Estos equipos, dotados de capacidad para tomar decisiones y para aprender e interconectados entre sí, hacen de la robótica un potente elemento en la transformación de la sociedad en los próximos años, con especial atención al desarrollo de la robótica social. Los proyectos de IA para lograr emulaciones tecnológicas del cerebro humano han proliferado en los últimos tiempos con el objeto de potenciar este ámbito, entre otros. El debate sobre las implicaciones que la robotización de la sociedad tendrá sobre la vida de las personas, no ha hecho más que empezar.

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Ya en los años 50 se hacía soñar a la sociedad con la llegada en un par de décadas, de robots inteligentes que lo harían todo por nosotros, y ese mismo plazo, 20 años, se mantuvo durante las décadas siguientes. Se especuló con el fin del trabajo y la ciencia ficción nos proporcionó escenarios de futuro (casi siempre con consecuencias aterradoras) con los que hacer volar nuestra imaginación. Al parecer, en la actualidad, existe consenso sobre el hecho de que ahora sí viviremos la implantación de la inteligencia artificial a todos los niveles en apenas un puñado de lustros. Países como EE UU y China han lanzado programas estatales de impulso a la inteligencia artificial en una pugna por liderar el sector, posición, hasta el momento, detentada por EE UU.

¿Por qué ahora? Dos hechos, la digitalización y la globalización, marcaron en su momento el nuevo rumbo del mundo, y todos nos hemos ido adaptando a las nuevas reglas del juego. Las últimas décadas de digitalización han mejorado las economías de escala y la internacionalización de las empresas. Las compañías de todos los sectores han incorporado diversos grados de digitalización y entre tanto, los ciudadanos hemos aprendido a utilizar hojas de cálculo, a comprimir archivos, a hacernos una página web, a retocar imágenes, a tener reuniones por videoconferencia y a manejarnos con servidores y configuraciones cuando el término “nativos digitales” no estaba aún acuñado. La siguiente ola de digitalización llegó con la aparición de las grandes empresas tecnológicas, que ha dado lugar a nuevos mercados, a nuevos modelos de negocio y a nuevos enfoques económicos que tienen que ver con renovados valores sociales, como la economía colaborativa o el capitalismo consciente.

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Llegados a este punto, la digitalización empuja, aún más. Ahora toca llevar la revolución digital a la fabricación. La industria española está obligada a afrontar un proceso de transformación digital imprescindible para sumarse a esta cuarta revolución que conecta máquinas, productos e infraestructuras, compartiendo datos e información. Otros ya lo están haciendo. Alemania y Corea son dos de los países con mayor penetración de robotización en sus procesos productivos, y en los que, por otra parte, se observa que el sistema genera empleo de alta cualificación.

Hoy, las nuevas herramientas que nos brinda la tecnología, como la robótica, el internet de las cosas (IoT), la inteligencia artificial, el big data o la fabricación aditiva (3D), han abierto la puerta a la industria 4.0, que reduce costes operacionales, aporta flexibilidad en la producción, maximiza la personalización de los productos y posibilita el desarrollo de nuevos canales de venta y nuevos modelos de negocio. Pero el tránsito de nuestras empresas hacia la economía 4.0 está siendo lento y las inversiones en I+D adelgazan peligrosamente. Más difícil todavía resulta para las microempresas, que representan más del 90% del tejido empresarial. Más allá de nuestras fronteras, Alemania es líder en industria 4.0 (no en vano fue allí donde se lanzó esta estrategia 4.0, ya en 2012, como iniciativa gubernamental para el mantenimiento de la competitividad en la industria y la manufactura) y la clave ha sido la contundente inversión en I+D, tanto pública como privada. Es necesaria una infraestructura sobre la que construir la industria 4.0 y en nuestro país existen carencias endémicas en ámbitos como, por ejemplo, los polígonos industriales: a muchos de ellos aún no llega fibra óptica (en el área metropolitana de Barcelona, un 40% de los polígonos no tiene acceso a fibra).

El orden mundial se reconfigura y Europa pierde fuelle ante las nuevas potencias. Habrá que apresurarse si queremos coger el que parece ser el último tren hacia el nuevo mundo donde, dicen, se vive en clave de bit y el algoritmo es el rey.

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Robótica para la eficiencia

La robotización se impone en la industria y se extiende a nuevos sectores productivos. El coste de fabricar estas máquinas es cada vez más reducido y su rendimiento cada vez mayor. David Rivera, Manager Robot Business Division de Yaskawa Ibérica explica que “gracias a la conectividad y la información que recibimos de los equipos instalados, podemos mejorar su eficiencia y durabilidad. Con el sistema Cockpit, podemos recibir y analizar en tiempo real datos actuales y procesarlos para mejorar el futuro de los equipos”. David Trabal, General Manager de Fanuc Iberia por su parte, nos habla de los elementos que han ido incorporando en los últimos años a sus robots inteligentes: “El ir adaptando y dotando al robot de equipos adicionales más sofisticados tecnológicamente, como son sistemas de visión, sensores de esfuerzo, sistemas de autoaprendizaje, etc., ha ido abriendo una serie de posibilidades al usuario final, difícil de imaginar hace unos años. Los sistemas de visión, que hasta hace poco tiempo tenían una alta complejidad que dificultaba la adaptación en una solución industrial, hoy se han convertido en un elemento estándar y fácil de configurar y mantener.”

La nueva robótica permite a la industria acceder a nuevos mercados y a clientes más pequeños. Los cobots o robots colaborativos son uno de los ámbitos en expansión ya que permiten una producción flexible y han abierto la puerta al acercamiento hombre-máquina, facilitando la automatización de tareas que antes no era posible.

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David Trabal destaca el papel que la robótica colaborativa tendrá en los próximos años y nos da algunos detalles sobre este tipo de máquinas: “Entendemos como robótica colaborativa, brazos robóticos que pueden trabajar con total seguridad cerca de personas y ayudar en distintas tareas al usuario. Esta robótica colaborativa dispone adicionalmente de sistemas de programación mucho más intuitivos, que les acercan a un público no necesariamente especializado, principalmente en soluciones simples. Fanuc ha desarrollado un total de 5 modelos de robots colaborativos que van desde los 4 kg de carga hasta los 35 kg.”

En cuanto a robótica social, un ámbito donde la industria robótica tiene un importante mercado potencial, David Rivera argumenta: “Existen múltiples avances en robótica social a nivel mundial, sobre todo en Japón, donde ya están poniendo en práctica numerosos robots en situaciones que ayudan, dan soporte, o facilitan la vida de las personas. Yaskawa participa en este segmento social a través de su colaboración con ReWalk Robotics, especialista en la tecnología de exoesqueletos robóticos para personas con discapacidades de las extremidades inferiores como paraplejia, lesiones de médula espinal, esclerosis múltiple y parálisis cerebral. Utilizando este dispositivo, las personas son capaces de caminar, aunque su parte inferior del cuerpo esté completamente paralizada.”

Desde el IRI –Instituto de Robótica e Informática Industrial, centro de investigación dependiente de la UPC, Universidad Politécnica de Cataluña, y del CSIC–, por su parte, se está llevando a cabo un proyecto robótico muy particular dirigido por la investigadora Carme Torras, matemática y escritora especialista en inteligencia artificial y robótica. Su particularidad es el tipo de material a manipular por el robot: ropa. La manipulación de objetos deformables es precisamente uno de los retos que el sector debe superar antes de sacar los robots a la calle. “La manipulación de objetos rígidos –nos explica Torras– involucra solamente seis grados de libertad, tres de posición y tres de orientación, mientras que la ropa tiene infinitas configuraciones posibles . El robot de manipulación de ropa está concebido para tres aplicaciones, que así nos detalla la responsable de la investigación: “ayudar a vestir a personas con movilidad reducida; la logística hospitalaria, como recoger toallas, etc., y en el ámbito de la distribución industrial, por ejemplo, en los retornos en la logística, útil para empresas que venden ropa por internet y atienden devoluciones de producto”.

Las nuevas tecnologías 4.0 pueden dar respuesta a nuevas exigencias y necesidades del mercado al tiempo que están permitiendo a las empresas transformar sus modelos de negocio. La presión del consumidor, que demanda productos y servicios a medida y que da por supuesta la inmediatez, está llevando a la industria manufacturera a una estrecha colaboración con proveedores de servicios digitales. Un ejemplo es la industria automovilística, que colabora con empresas de servicios de tecnología para atender a un consumidor con nuevos hábitos y habilidades. Un consumidor cada vez más acostumbrado a pagar cuotas por servicios o por el uso de productos que no son suyos, en una nueva filosofía de compartir, cooperar, reusar y reciclar, en la que la necesidad de posesión física parece diluirse.

La implementación de las nuevas herramientas tecnológicas van a permitir la ‘personalización masiva’ del producto, con especial protagonismo de las tecnologías de impresión por adición, con sus granjas de impresoras. Otra consecuencia de este nuevo paso en la automatización industrial será la progresiva relocalización de las fábricas, en algunos casos veremos centros de producción urbanos en zonas de la ciudad ligadas a la innovación, la tecnología y el diseño, con producciones cercanas al cliente, lo cual además, reduce los costes de transporte y con ello la huella ecológica del producto. El big data y el internet de las cosas traerán nuevas formas de producción y distribución, y también cambiarán nuestras ciudades, haciéndolas más inteligentes: más eficientes y más amigables.

Modelo de Fanuc

Modelo de Fanuc.

Trascendencia exponencial

¿Se imaginan a los matemáticos profundizando en la comprensión de la psique humana? ¿Se imaginan a los ingenieros estudiando a conciencia las reflexiones de los clásicos griegos?, ¿a programadores informáticos enfrascados en estudios sociológicos sobre movimientos migratorios?, ¿y a neurólogos licenciándose en literatura?… Y viceversa, por supuesto. La era de los datos, lo será en la medida en que éstos puedan ser transformados en conocimiento. El dato, por sí solo tiene un valor relativo y no tiene finalidad última en sí mismo. Materializar esos datos en acciones de manera rápida y eficiente y atendiendo al bien común tanto en el presente como contemplando a las generaciones futuras, hace imprescindible la intervención de diversas disciplinas para diseñar, desde todos los puntos de vista, la sociedad que queremos y decidir hacia dónde conducimos el conocimiento.

En los momentos de hipercompetitividad en que vivimos, el consumidor es invitado/incitado continuamente a pronunciarse sobre temas dispares, en una incesante recogida de datos con los que crear un perfil de sus preferencias. A este respecto Carme Torras, experta en roboética o ética de la robótica, disciplina que estudia los factores éticos que rodean el desarrollo de la robótica, alerta sobre la cuestión de la privacidad: “llevamos 10 años regalando nuestros datos; para la investigación médica, por ejemplo, es bueno compartir datos, pero hay que garantizar la privacidad”. Torras valora así la vorágine de datos que vienen y van, un tanto descontroladamente…: “Estamos haciendo un experimento en tiempo real, y a nivel mundial…. Antes creabas una tecnología, y cuando el producto estaba muy experimentado lo ponías en el mercado, ahora eso ha cambiado.”

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Ante la incertidumbre sobre hacia dónde nos conduce una tecnología con la que muchas de las decisiones de nuestro día a día las tomarán las máquinas, se abren interrogantes de tipo ético. ¿Cómo evitar los sesgos intrínsecos del programador? Para Carme Torras, la clave está en la educación, “cada vez habrá más objetos a nuestro alrededor –advierte– programados con inteligencia artificial y es muy importante que las personas que estén programando sepan que existen problemas éticos.”

Desde los inicios de la IA un objetivo de parte de la comunidad científica ha sido crear una especie autónoma, “argumentan que debe serlo –puntualiza Torras– para que sea una inteligencia artificial real, si es subordinada no es completamente inteligente”, pero desde hace algunos años la robótica pone el foco en los aspectos éticos de una tecnología en construcción, a la que se le atribuye la capacidad futura de adquirir inteligencia de manera exponencial, y que avanza imparable. La sociedad también está implicada en la toma de conciencia del uso y la finalidad de las posibilidades tecnológicas que tiene a su alcance. La implantación de las máquinas debe servir para que los ciudadanos desarrollen la creatividad y el pensamiento crítico, cultiven sus relaciones interpersonales y disfruten de un ocio tecnológico enriquecedor. A este respecto, Torras señala que “se está abriendo una brecha entre aquellos que aprovechan la tecnología para cultivarse y tener relaciones más plenas” y aquellos que la utilizan para consumir un tiempo de ocio de escasa relevancia o aportación al crecimiento personal. Por otra parte habrá que estar alerta sobre qué capacidades delegamos en los instrumentos tecnológicos, como la memorización, la interpretación de mapas o la orientación, y hallar las herramientas que compensen los posibles déficits. Como consumidores somos perfiles en miles de datos, aun así, no son suficientes para determinar la variedad de nuestros intereses e inquietudes, mientras la red se obstina en abocarnos a un bucle reduccionista.

En cualquier caso, hemos perdido el miedo a las máquinas, hoy son complementarias, colaborativas, fáciles de programar por no expertos, y la robótica social ya nos ha mostrado robots humanoides haciendo de guías en museos u ofreciendo información en aeropuertos; además serán nuestros cuidadores en el futuro. Pero ¿puede un robot tomar decisiones inteligentes? y, ¿es eso suficiente? Cuando nuestro neocortex se plegó y nuestro lóbulo frontal creció para alojarlo, su superficie se multiplicó de manera asombrosa, adquiriendo mayores niveles de abstracción. Y ahí empezó todo. Hoy, la máquina más compleja que se conoce, el cerebro humano, es objeto de investigación en múltiples proyectos que buscan su deconstrucción. Viene a ser como utilizar ingeniería inversa para lograr emulaciones tecnológicas del cerebro. Estas investigaciones tratan de conocer los mecanismos que utiliza el cerebro para archivar y recuperar la información, y emularlos en un ordenador. El proyecto Brain es uno de los más populares. Estas fueron las palabras del expresidente Obama cuando anuncio la iniciativa en 2013: “Es preciso obtener una fotografía dinámica del funcionamiento de nuestro cerebro para entender mejor cómo pensamos, cómo aprendemos y cómo recordamos.” La investigadora Carme Torras se muestra escéptica con la posibilidad de mapear el cerebro de un modo tan detallado, neurona a neurona, conexión a conexión…, “no lo veo abordable”, afirma.

Reproducir el neocórtex biológico para lograr crear máquinas no sólo inteligentes sino conscientes es el objetivo de Ray Kurzweil, científico especializado en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, desde 2012 director de Ingeniería en Google y autor de numerosos libros, quien utiliza como método computacional la teoría de reconocimiento de patrones, entendiendo que la información se organiza en el cerebro de manera jerárquica en base a la repetición de modelos simples y la redundancia de todos los procesos. Sin embargo, por el momento, la IA es especializada; estas máquinas se caracterizan por ser muy buenas en cosas concretas pero no se ha llegado a la inteligencia artificial general. Los robots, en su funcionamiento secuencial (el cerebro funciona de manera simultánea) con sus millones de datos y gran velocidad de procesamiento, son asombrosamente eficientes en, por ejemplo, predicciones, por lo que resultan útiles en el ámbito de la prevención.

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Sí, nuestro cerebro, ante una situación dada, también acude a los datos que tiene archivados con todos los imputs acumulados con sus vivencias, desde el útero materno, para convertirlos en respuestas, como el robot, que acude a todos los imputs colocados en sus circuitos por su programador. Además, el hecho de que en caso de lesión de una parte del cerebro otras regiones asuman las funciones perdidas, debido a la plasticidad cerebral, ha hecho pensar que puede existir un algoritmo general del cerebro. Pero en las decisiones humanas intervienen factores biológicos así como las experiencias vividas, que hacen que nuestro particular mapa neuronal esté en permanente cambio. ¿Qué grupos de neuronas se activan o qué sinapsis se generan en el momento de una vivencia?, una decisión, tomada tan solo un instante después, puede ya no ser la misma. Todo en nosotros se traduce en una reacción química, así que nuestra configuración cerebral se encuentra en permanente cambio, y no parece probable que el ser humano logre hallar el algoritmo de las emociones.

En cualquier caso, el crecimiento exponencial del progreso tecnológico, a lo que Kurzweil llama ‘ley de los rendimientos acelerados’ parece llevarnos hacia la fusión entre biología y tecnología. Implantes cibernéticos permitirán al ser humano interactuar directamente con las máquinas y le dotarán de nuevas habilidades físicas y cognitivas.

Este autor afirma que aunque hoy el cerebro es el sustrato biológico de la mente humana, éste puede ser mejorado gracias a sustratos no biológicos. Según estos parámetros existiría la posibilidad de realizar copias de seguridad de nosotros mismos.

“Cuando los humanos trascendamos la tecnología –pronostica Kurzweil– alcanzaremos la singularidad”; en ese momento tendrá lugar un aumento de la inteligencia humana “y luego posthumana –como explica José Luis Cordeiro en el prólogo de Cómo crear una mente–, pasando de nuestros cerebros biológicos no mejorados a cerebros post-biológicos aumentados”.

Por cierto, ya se ha propuesto la creación de un botón rojo de emergencia que apague toda la inteligencia artificial del planeta, lo cual puede parecer, de entrada, tranquilizador pero pensemos que, llegado el momento, es muy probable que una gran parte de la población tenga incorporados en sus cuerpos dispositivos inteligentes. Así que tal vez no sea tan buena idea… Son especulaciones pero, como dijo Arthur C. Clarke en la tercera de sus leyes: “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.

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La primera pregunta

La primera pregunta
OPINIÓN

El arqueólogo halla, y luego estudia su hallazgo asistido por múltiples disciplinas. El científico difícilmente se da de bruces con un nuevo eslabón de la cadena de la ciencia; para encontrar, debe tener una buena hipótesis al respecto. En fin, lo que se llama hacer la pregunta correcta.
“La calidad de nuestras vidas la determina la calidad de nuestro pensamiento. La calidad de nuestro pensamiento, a su vez, la determina la calidad de nuestras preguntas, ya que las preguntas son la maquinaria, la fuerza que impulsa el pensamiento. Sin las preguntas, no tenemos sobre qué pensar”, se cita en El arte de formular preguntas esenciales, editado por Foundation for Critical Thinking. Pues como en ciencia, la sociedad debería hacerse algunas preguntas correctas. El primero de nosotros, los humanos, se preguntó porqué: porqué había noche y día, porqué llovía o porqué tenía dolor de barriga. La curiosidad y la imaginación en un mundo donde todo estaba por inventar y descubrir, hicieron el resto. Las reacciones bioquímicas que se producen al aprender algo nuevo dan lugar a sustancias (neurotransmisores) generadoras de placer. Así que dimos rienda suelta a nuestro entusiasmo creativo, seguramente sin preguntarnos hacia dónde.
Dotados a estas alturas de extraordinarias tecnologías a las que vamos traspasando algunas de nuestras tareas cerebrales habituales en virtud de una mayor comodidad y efectividad, algunos estudios nos ponen sobre alerta. Esta ‘externalización’ de tareas, y dada la economía de recursos que rige nuestro funcionamiento biológico, puede comprometer la capacidad cerebral de aprender, en tanto que disminuye algunas capacidades como la atención, la concentración, la memoria o el pensamiento profundo, la reflexión. La mismísima y aparentemente infinita red de redes, nos propone paradójicamente un mundo menguado y menguante; pequeños universos hechos a medida de nuestros supuestos intereses según los cálculos de un algoritmo claramente imperfecto y para el cual no somos más que un target al que persuadir. En este contexto, también se establecerán nuevas conexiones neuronales que modificarán la estructura cerebral a través de los nuevos requerimientos que conlleva el uso de las tecnologías. La cuestión es que podemos intervenir en la evolución de nuestras funciones cerebrales y, de algún modo, elegir cómo queremos ser. ¿Qué hábitos compensatorios introducimos para mantener intactas nuestras conexiones neuronales mientras desarrollamos otras nuevas?, podría ser la pregunta. Urge una nueva escuela que aplique los avances de las neurociencias y dote al sistema educativo de un componente científico del aprendizaje; éste podría ser un punto de partida. Mónica Daluz /
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OPINIÓN

La primera pregunta

Mónica Daluz
25/04/2017

Imagen de la portada de la novela La mutación sentimental, de Carme Torras

Imagen de la portada de la novela La mutación sentimental, de Carme Torras.

Un arqueólogo halla, y luego estudia su hallazgo asistido por múltiples disciplinas. El científico difícilmente se da de bruces con un nuevo eslabón en la cadena de la ciencia; para encontrar, debe tener una buena hipótesis al respecto. En fin, lo que se llama hacer la pregunta correcta.

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“La calidad de nuestras vidas la determina la calidad de nuestro pensamiento. La calidad de nuestro pensamiento, a su vez, la determina la calidad de nuestras preguntas, ya que las preguntas son la maquinaria, la fuerza que impulsa el pensamiento. Sin las preguntas, no tenemos sobre qué pensar”, se cita en El Arte de Formular Preguntas Esenciales, editado por Foundation for Critical Thinking. Pues como en ciencia, la sociedad debería hacerse algunas preguntas correctas. El primero de nosotros, los humanos, se preguntó porqué: porqué había noche y día, porqué llovía o porqué tenía dolor de barriga. La curiosidad y la imaginación en un mundo donde todo estaba por inventar y descubrir, hicieron el resto. Las reacciones bioquímicas que se producen al aprender algo nuevo dan lugar a sustancias (neurotransmisores) generadoras de placer. Así que dimos rienda suelta a nuestro entusiasmo creativo, seguramente sin preguntarnos hacia dónde.

El Hospital Sant Joan de Déu utiliza este robot-dinosaurio, de nombre PLEO...

El Hospital Sant Joan de Déu utiliza este robot-dinosaurio, de nombre PLEO, como elemento de apoyo psicológico durante la estancia de los niños ingresados; éstos mejoran su estado anímico gracias a la interacción con la mascota, que es capaz de corresponder al niño a través de sonidos, movimientos y juegos.

Dotados a estas alturas de extraordinarias tecnologías a las que vamos traspasando algunas de nuestras tareas cerebrales habituales en virtud de una mayor comodidad y efectividad, algunos estudios nos ponen sobre alerta. Esta ‘externalización’ de tareas, y dada la economía de recursos que rige nuestro funcionamiento biológico, puede comprometer la capacidad cerebral de aprender, en tanto que disminuye algunas capacidades como la atención, la concentración, la memoria o el pensamiento profundo, la reflexión. La mismísima y aparentemente infinita red de redes, nos propone paradójicamente un mundo menguado y menguante; pequeños universos hechos a medida de nuestros supuestos intereses según los cálculos de un algoritmo claramente imperfecto y para el cual no somos más que un target al que persuadir. En este contexto, también se establecerán nuevas conexiones neuronales que modificarán la estructura cerebral a través de los nuevos requerimientos que conlleva el uso de las tecnologías. La cuestión es que podemos intervenir en la evolución de nuestras funciones cerebrales y, de algún modo, elegir cómo queremos ser. ¿Qué hábitos compensatorios introducimos para mantener intactas nuestras conexiones neuronales mientras desarrollamos otras nuevas?, podría ser la pregunta. Urge una nueva escuela que aplique los avances de las neurociencias y dote al sistema educativo de un componente científico del aprendizaje; éste podría ser un punto de partida.

Robot humanoide bípedo, dotado de 25 grados de libertad y capacidad de reconocimiento facial y de objetos...

Robot humanoide bípedo, dotado de 25 grados de libertad y capacidad de reconocimiento facial y de objetos. Este modelo, creado por el Instituto de Robótica para la Dependencia, es utilizado para interactuar con los usuarios en talleres y actividades.

¿Nueva era?

Si les hablo de alguien que soñaba desde niño con entregarse algún día a su pasión por el estudio del sistema reproductor de las hormigas de cabeza roja, muchos de ustedes habrán adivinado que me refiero a TC (Tipo Corriente) el personaje del best seller El vendedor de tiempo, de Fernando Trías de Bes. Se hizo la pregunta correcta acerca de quién era en realidad el dueño de su tiempo y, claro, de sus sueños. Así que pasó a la acción: le dio la vuelta al sistema vendiendo tiempo envasado, tiempo libre, por supuesto. Pronto SA (Sitio Aleatorio) se viene abajo por el colapso del sistema productivo. La conclusión es, una vez más, inyectar un poco de sentido común… Hoy, la idea ya tiene nombre, es el capitalismo consciente, que viene para humanizar el sistema, promulgando un win-win que se extiende más allá de las paredes de la empresa. Nuevas corrientes abogan por aprovechar la transformación socioeconómica que se avecina y que va a implicar cambios en los procesos productivos, en los flujos de los bienes, en el mercado de trabajo y en los sistemas de salud, entre otros, para introducir una mejora cualitativa en el sistema.

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Se anuncia el advenimiento de una cuarta revolución industrial y la sociedad se pregunta por la destrucción de puestos de trabajo; se habla de la posibilidad de asegurar una renta mínima universal, o de hacer pagar impuestos a los robots —Bill Gates es uno de los precursores de la idea, algo absurda si tenemos en cuenta que la robotización llega para reducir costes—. Investigadores de la Universidad de Oxford estiman que el 57% del volumen de los empleos existentes en los países de la OCDE pueden desaparecer a causa de los avances de la robótica. Y es que la robótica avanzada no es un producto más en el mercado, es el centro sobre el que se asentará la transformación de la producción industrial, y lo hará a través de la conexión de los mundos digital y real, envuelta en un torrente de tecnologías que, en sí mismas, suponen un punto de inflexión en sus ámbitos: el internet de las cosas (IoT), las tecnologías aditivas (destacando la impresión 3D), el Big Data, los drones, la realidad virtual, la realidad aumentada o la inteligencia artificial. La automatización y la digitalización constituyen la base sobre la que se asentarán las llamadas fábricas inteligentes, ó 4.0, donde lo físico y lo digital hablan ya el mismo idioma.

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Las empresas están obligadas a la robotización para mantener su competitividad. Viviremos vaivenes geotecnológicos, con China aspirando a liderar el mercado tecnológico mundial en 2050, la relocalización de las factorías a los países desarrollados o los países en desarrollo perdiendo su tradicional ventaja competitiva en costes laborales. En materia demográfica, la pirámide se invierte insosteniblemente y la necesidad de cuidados geriátricos crece al unísono. El envejecimiento de la población constituye un reto para el sector sanitario de los países desarrollados, que deberán afrontar el coste de una alta tasa de atención crónica. En Japón, la crisis demográfica ha llevado al gobierno a proporcionar ayudas económicas a empresas que desarrollen robots para cuidados geriátricos, como levantar y trasladar pacientes, por ejemplo.

En cualquier caso, los robots han saltado las vallas de seguridad que les separaban del hábitat de los humanos y corren a ocupar sus puestos en nuevos ámbitos, y lo hacen con vocación colaborativa. Trabajando junto a los humanos, la nueva generación de robots, pequeños, precisos y fácilmente reprogramables, permiten producciones cortas y personalizadas y sobre todo, permiten automatizar procesos imposibles de automatizar con la robótica tradicional. En cuanto a los robots deambulantes, por ejemplo en el sector logístico, el próximo paso es que encuentren sus destinos de manera autónoma, perfeccionando los sistemas de visión artificial. Los médicos se apoyarán en nuevas soluciones informáticas y robóticas para sus diagnósticos y cirugías. La telemedicina y los robots asistenciales, con modelos humanoides, se encargarán del cuidado de enfermos y ancianos. Y, una pregunta: ¿cómo preparamos a las nuevas generaciones para el mundo que habrán de gestionar? La revolución educativa no puede demorarse. Debemos dotarnos de nuevos conocimientos y habilidades en consonancia con la automatización, no sólo en el ámbito de las aptitudes y la empleabilidad, también en otros. La investigadora en robótica e informática industrial, Carme Torras, también novelista y recientemente galardonada con el Advanced Grant del Consejo Europeo de Investigación, elabora material pedagógico por encargo de MIT Press (editorial universitaria afiliada al Instituto Tecnológico de Massachusetts) para ser utilizado en la asignatura ‘ética de la robótica’. Torras pone el foco sobre la cuestión ética y sobre quién crea la tecnología: “¿Cómo formamos a las personas que programan los robots para que tomen las decisiones adecuadas?”. He aquí una pregunta irrefutablemente correcta.

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No caigamos en el error de utilizar la tecnología para no pensar, y deleguemos en los robots las tareas rutinarias que nada aporten al crecimiento de la persona, para que nosotros, los humanos, sigamos buscando nuevos porqués con los que avanzar en el bien común. ¿Nos haremos las preguntas adecuadas?

Entrevista a Ignacio Sancho, director de Ventas de Kuka Robots

Ignacio Sancho, Kuka Robots
“Ahora
somos capaces de robotizar procesos que con la robótica tradicional resultaba imposible automatizar”

Ante la irrupción de un nuevo concepto de producción, la llamada Industria 4.0, hablamos con el responsable de Ventas de Kuka Robots sobre los cambios que advendrán y, sobre todo, de los que ya han comenzado. La robótica sensitiva permitirá automatizar procesos que hasta ahora no ha permitido la robótica tradicional, y el sector farmacéutico, en particular el segmento de laboratorio, puede beneficiarse de estas nuevas herramientas “colaborativas” que mejoran los entornos de trabajo y optimizan resultados.
¿Cuáles son las características más valoradas y demandadas por la industria farmacéutica en automatización?
Existen una serie de características muy valoradas en la industria en general incluyendo la farmacéutica como son: fiabilidad, alta disponibilidad, robustez, rapidez y sencillez de mantenimiento. A estas características en el caso concreto de la industria farmacéutica habría que añadir otras dos muy significativas: por un lado, ambientes limpios clasificados, lo que obliga a utilizar elementos no emisores de partículas que puedan convivir en estas atmósferas clasificadas sin necesidad de protecciones extras que hagan más complicada la instalación y el mantenimiento, y por otro, las dimensiones reducidas y compactas que permitan su uso en instalaciones ya existentes.
¿Cuáles son los cambios más significativos que ha experimentado esta categoría de producto?
La industria farmacéutica no es la industria con el índice de robotización más alto, pero sí que es una de las que tiene los niveles de exigencia más altos debido a la propia idiosincrasia de la misma. Esto ha hecho que se lleguen a desarrollar productos específicos para cumplir con normativas y características propias del sector. Factores como los ambientes de atmósfera controlada, el tipo de producción de alta cadencia y pequeño producto con duraciones medias de los productos muy altas, generan una casuística muy especial en el sector. Mónica Daluz /
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ENTREVISTA

“Ahora somos capaces de robotizar procesos que con la robótica tradicional resultaba imposible automatizar”

Entrevista a Ignacio Sancho, director de Ventas de Kuka Robots

Mónica Daluz
21/04/2017

Ante la irrupción de un nuevo concepto de producción, la llamada Industria 4.0, hablamos con el responsable de Ventas de Kuka Robots sobre los cambios que advendrán y, sobre todo, de los que ya han comenzado. La robótica sensitiva permitirá automatizar procesos que hasta ahora no ha permitido la robótica tradicional, y el sector farmacéutico, en particular el segmento de laboratorio, puede beneficiarse de estas nuevas herramientas “colaborativas” que mejoran los entornos de trabajo y optimizan resultados.

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¿Cuáles son las características más valoradas y demandadas por la industria farmacéutica en automatización?

Existen una serie de características muy valoradas en la industria en general incluyendo la farmacéutica como son: fiabilidad, alta disponibilidad, robustez, rapidez y sencillez de mantenimiento. A estas características en el caso concreto de la industria farmacéutica habría que añadir otras dos muy significativas: por un lado, ambientes limpios clasificados, lo que obliga a utilizar elementos no emisores de partículas que puedan convivir en estas atmósferas clasificadas sin necesidad de protecciones extras que hagan más complicada la instalación y el mantenimiento, y por otro, las dimensiones reducidas y compactas que permitan su uso en instalaciones ya existentes.

Robot colaborativo de Kuka

Robot colaborativo de Kuka.

¿Cuáles son los cambios más significativos que ha experimentado esta categoría de producto?

La industria farmacéutica no es la industria con el índice de robotización más alto, pero sí que es una de las que tiene los niveles de exigencia más altos debido a la propia idiosincrasia de la misma. Esto ha hecho que se lleguen a desarrollar productos específicos para cumplir con normativas y características propias del sector. Factores como los ambientes de atmósfera controlada, el tipo de producción de alta cadencia y pequeño producto con duraciones medias de los productos muy altas, generan una casuística muy especial en el sector.

Robots de Kuka

Robots de Kuka.

Por lo que respecta a los robots colaborativos, éstos están llamados a abastecer a nuevos sectores y mercados ¿puede aportar ejemplos de funciones que puedan realizarse con ellos en el sector farmacéutico, y explicar qué mejoras aportan a los distintos procesos?

El caso de los robots colaborativos, o sensitivos como nos gusta llamarlos en Kuka, no es diferente a lo que hemos comentado sobre la robótica convencional en este sector. La diferencia es que con este tipo de robots, ahora somos capaces de robotizar procesos que con la robótica tradicional resultaba imposible automatizar.

El ejemplo más claro sería un proceso de manipulado o inserción que requiera sensibilidad para poder ser llevado a cabo. Hasta ahora eran procesos muy pesados y tediosos que requerían la sensibilidad de la persona. Con la nueva robótica sensitiva ya somos capaces de automatizarlos. Gracias a la sensibilidad, añadimos la posibilidad de que el robot trabaje junto a las personas, esto permite procesos con productividades mucho más altas en espacios más reducidos.

Por otro lado, sin olvidar las necesidades del mercado farmacéutico, se han desarrollado este tipo de robots con ejecuciones especiales para trabajar en salas con ambiente controlado que comentábamos anteriormente, existiendo robots sensitivos colaborativos sin emisión de partículas ni espacios donde se pueda generar contaminación.

¿Qué impacto cree que tendrá la llamada cuarta revolución industrial, con la entrada de lleno de la robótica basada en inteligencia artificial?; se habla de una disminución masiva, aunque relativamente progresiva, de puestos de trabajo, ¿qué opina sobre ello?

Está claro que la cuarta revolución industrial, Industry 4.0 ó IoT está llegando cada vez a mayor velocidad y de forma imparable. Esto va a cambiar aspectos como entornos laborales, comunicaciones, tratamiento de la información, etc. y nuestra obligación es adelantarnos a los cambios. Por otro lado, en mi opinión, estos cambios no los tenemos que ver como una amenaza sino como una oportunidad de mejora en entornos de trabajo.

Esta revolución viene dada por una demanda de producciones más cortas y cercanas a los consumidores que están haciendo cambiar los modelos de producción tradicionales, lo cual no implica necesariamente una pérdida de puestos de trabajo. Lo que implica seguro es un cambio en las demandas de profesionales, tipo de formación, etc. para el que la sociedad se debe preparar.

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¿Cree que la industria robótica puede cambiar el panorama geotecnológico global?

El panorama geotecnológico global ya está cambiando y la industria robótica es uno de los factores que propicia este cambio, pero no el único; los cambios en los hábitos de consumo, la aparición de nuevas tecnologías y nuevos canales de comercialización también están influyendo. Todos debemos adaptarnos a este nuevo escenario.

Entrevista a Jaume Carbó, director general de Expofarm

Jaume Carbó, Expofarm
“Actualmente
las farmacias robotizadas representan aproximadamente un 5% del total de las oficinas de farmacia en España” 

La oficina de farmacia se robotiza, y lo que años atrás constituía una inversión solo al alcance de los negocios de mayor envergadura, hoy va penetrando también en el pequeño establecimiento gracias a la diversificación de las soluciones propuestas por el mercado. Sobre estos sistemas automáticos de almacenamiento y dispensación de medicamentos hablamos con el máximo responsable de la compañía Expofarm.
Puede hacer un poco de historia desde los primeros pasos de la implantación de los robots de farmacia y cómo han contribuido ustedes a aportar soluciones a este mercado?
La robotización de una farmacia es un proceso tecnológico en el cual se instala un complejo robot que realiza la dispensación de los medicamentos mediante su petición a través del sistema de gestión de la farmacia. Este proceso puede facilitar la labor del farmacéutico en su día a día. Expofarm lleva más de 35 años aportando soluciones a las oficinas de farmacia. Desde hace más de 28 años incorporó en su catálogo equipamiento farmacéutico y desde hace 12 años los robots de farmacia. Contamos con fabricación propia y representación de algunas de las mejores marcas europeas. Desde el año 2004 representamos en España y Portugal ApostoreGmH, empresa alemana pionera en la automatización de farmacias, una de las 100 empresas más innovadoras de Alemania y elegida como ‘Mejor Partner’ por las farmacias en 2013. En 1986 Apostore creó su primer robot con sistema de pinzas, diez años después automatizó el primer hospital. En el año 2000 lanzó al mercado el primer robot de farmacia con dos brazos. En 2007 sacó el primer sistema de limpieza automatizada del robot en el modo standby. En 2011 ya disponía de más de 30 patentes. En 2013 lanzó al mercado su robot de farmacia modular. Mónica Daluz /
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ENTREVISTA

“Actualmente las farmacias robotizadas representan aproximadamente un 5% del total de las oficinas de farmacia en España”

Entrevista a Jaume Carbó, director general de Expofarm

Mónica Daluz
28/04/2017

La oficina de farmacia se robotiza y, lo que años atrás constituía una inversión solo al alcance de los negocios de mayor envergadura, hoy va penetrando también en el pequeño establecimiento gracias a la diversificación de las soluciones propuestas por el mercado. Sobre estos sistemas automáticos de almacenamiento y dispensación de medicamentos hablamos con el máximo responsable de la compañía Expofarm.

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¿Puede hacer un poco de historia desde los primeros pasos de la implantación de los robots de farmacia y cómo han contribuido ustedes a aportar soluciones a este mercado?

La robotización de una farmacia es un proceso tecnológico en el cual se instala un complejo robot que realiza la dispensación de los medicamentos mediante su petición a través del sistema de gestión de la farmacia. Este proceso puede facilitar la labor del farmacéutico en su día a día.

Expofarm lleva más de 35 años aportando soluciones a las oficinas de farmacia. Desde hace más de 28 años incorporó en su catálogo equipamiento farmacéutico y desde hace 12 años los robots de farmacia. Contamos con fabricación propia y representación de algunas de las mejores marcas europeas. Desde el año 2004 representamos en España y Portugal ApostoreGmH, empresa alemana pionera en la automatización de farmacias, una de las 100 empresas más innovadoras de Alemania y elegida como ‘Mejor Partner’ por las farmacias en 2013.

En 1986 Apostore creó su primer robot con sistema de pinzas, diez años después automatizó el primer hospital. En el año 2000 lanzó al mercado el primer robot de farmacia con dos brazos. En 2007 sacó el primer sistema de limpieza automatizada del robot en el modo standby. En 2011 ya disponía de más de 30 patentes. En 2013 lanzó al mercado su robot de farmacia modular.

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¿Cuál es el nivel de implantación de este tipo de máquina en el sector farmacéutico?, ¿ha cambiado el perfil de la oficina de farmacia que se plantea la robotización de su establecimiento?

Actualmente las farmacias robotizadas representan aproximadamente un 5% del total de las oficinas de farmacia en España. El mercado de la robotización está creciendo a un ritmo constante después de unos años de descenso, en que el sector ha estado muy afectado por la crisis, los recortes de la Administración y la falta o el difícil acceso a la financiación. Sin embargo, si en los inicios eran únicamente las farmacias grandes las que se planteaban la automatización de su negocio, actualmente se están sumando a este proceso farmacias medianas y pequeñas, que deciden optimizar su espacio.

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¿Cuáles son los cambios más significativos que ha experimentado esta categoría de producto?

Desde sus inicios, y por lo que a nosotros respecta, los robots Apostore utilizan el sistema de pinzas y bandejas móviles de recepción que actúan como ‘’buffer’’ permitiendo la carga del robot sin intervención de los brazos de manipulación. De este modo, la farmacia tiene garantizada la máxima flexibilidad, permitiendo la entrada de pedidos en horario comercial sin necesidad de interrupción de la dispensación. Asimismo, estos robots disponen de distintos accesorios como la tecnología VidCap que permite controlar las caducidades, Apoclean, para la limpieza automatizada del robot o la tecnología Greenline que reduce el consumo eléctrico considerablemente, entre otros.

Otra ventaja son las funciones multipick y combipick que permiten entregar varios pedidos con un solo movimiento del brazo. Por otra parte, los robots de farmacia Apostore fueron los primeros en la automatización y aceptación de cualquier tipo de producto de la farmacia a pesar de la forma que tenga. Actualmente automatizan aproximadamente el 97,5% de todos los envases existentes en las farmacias. Sus brazos pueden manipular envases de 240 x 120 x 140 mm (Lxaxa) y un peso de hasta 5 kg. Cabe destacar que también pueden ser almacenados los envases de formas irregulares o redondas.

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¿Cuáles son las características más demandadas por las oficinas de farmacia en España?

Cuando una farmacia se interesa por este tipo de robots lo hace principalmente por facilitar el trabajo y éxito de su farmacia, mejorado su rendimiento y relación con el paciente. La robotización puede facilitar en gran medida la labor de un farmacéutico en muchos aspectos del día a día, pero deben darse una serie de condiciones para que esta inversión resulte satisfactoria. Por eso, Expofarm planifica y personaliza cada instalación de robot de farmacia asesorando al farmacéutico en la elección óptima del equipo y de las alternativas de la ubicación del sistema de transporte, considerando siempre las particularidades de su farmacia, individualizamos el número y las posiciones de las salidas y el acceso al interior del equipo, siempre optimizando el espacio disponible. Debemos tener en cuenta que no todas las farmacias tienen las mismas necesidades.

Cabe mencionar que en Expofarm hemos realizado varios estudios a lo largo de los años que avalan que cualquier farmacia que goce una facturación anual aproximada de 850.000 € o superior efectúa una buena inversión al adquirir un robot de farmacia Apostore. Éste ofrece un gran abanico de ventajas al farmacéutico, desde la reducción de costes, incremento de la eficiencia en el inventario capaz de reducir el stock de un 10 a un 15%, incremento de las ventas a través de un mayor número de clientes y aumento de los márgenes de ventas gracias a las ventas adicionales debidas a una mejor atención farmacéutica a su cliente.

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¿En qué se centra la innovación desarrollada en vuestros productos?, ¿puede hablarme de las novedades más significativas?

Este año Apostore ha desarrollado ApoVision, una pantalla táctil mediante la cual el farmacéutico podrá vender sus productos OTC. Esta pantalla sustituye a las tradicionales estanterías con productos, dando una sensación de modernidad y optimizando el espacio de la farmacia. ApoVision está conectada con el robot de farmacia Apostore quien dispensa el pedido al farmacéutico. Ésta permite al farmacéutico cambiar la presentación de los productos con un simple clic y de este modo poder dedicar más tiempo a sus pacientes.

Otras de las novedades del robot de farmacia Apostore serían: las cargas automáticas de nueva generación, los lectores preparados para la lectura de códigos Datamatrix y los terminales de servicio 24 horas.

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¿Cómo vaticina que será la oficina de farmacia del futuro, pongamos…, dentro de cincuenta años?

En el futuro el robot se convertirá en una herramienta más de la farmacia, es por este motivo que seguimos invirtiendo y mejorando este producto e intentando abaratar costes; antiguamente un robot de farmacia costaba 130.000 €, hoy en día hay robots desde 85.000 €.

Estimamos que en unos 10-15 años habrá pocas farmacias sin robotizar del mismo modo que hoy encontramos pocas farmacias sin cajoneras. Seguramente, en un futuro no muy lejano dispondremos de soluciones tecnológicas que permitirán un control de los blísteres desde su creación hasta la toma por parte del paciente, facilitando el trabajo al farmacéutico y ayudando al paciente a realizar sus tomas en el momento adecuado y de forma adecuada.

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Del robot poligonero al amigo artificial

Robot amigo artificial
TENDENCIAS

Una nueva generación de autómatas se dispone a entrar en el sector de los servicios. La inteligencia artificial dota a estas máquinas de capacidad de aprendizaje y de toma de decisiones. Su introducción incrementará la producción de bienes y servicios, por tanto, generará una expansión económica que debiera redundar en la creación de puestos de trabajo. Pero en una primera fase, la que ahora comienza, muchas profesiones verán afectado el panorama de su mercado laboral y estos profesionales deberán reinventarse forzados por la llegada de unos nuevos empleados más que eficientes: los robots.
La última revolución
El brazo robótico, desterrado en un polígono y enjaulado en una urna de seguridad, guardando las distancias con su operario -al que podría dañar al mínimo descuido-, salta de la planta de producción a un nuevo hábitat: el nuestro. Espacios diseñados para la habitabilidad humana, espacios para funcionar y para ser vividos y disfrutados por las personas, deberán acoger en las próximas décadas una nueva hornada de máquinas a nuestro servicio, pero ahora deambularán entre nosotros, en la oficina, en el hogar, en el hospital… Pueden recibir información del entorno y decidir qué hacer. Llegan para facilitarnos la vida, pero también para ser los empleados más productivos de la empresa. ¿Cuál será, pues, el impacto del arribo de esta nueva generación de medios de producción en el mercado laboral o en las economías y en la riqueza de los países? Para empezar, nacerá una nueva industria, que será amplia, transversal y con todo el mercado del mundo al que abastecer. Pero no nos engañemos, esto va a describir una “U”. Francesc Trias de Bes, escritor y experto en marketing e innovación, alude a estudios realizados en EE.UU. que demuestran que “las nuevas tecnologías ayudan a la recuperación económica, pero no crean puestos de trabajo.” Sin embargo, a pesar del efecto perverso de la tecnología a corto plazo, que destruye empleo, en una segunda fase, ésta es generadora de riqueza. Mónica Daluz /
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TENDENCIAS

Del robot poligonero al amigo artificial

Una nueva generación de autómatas se dispone a entrar en el sector de los servicios. La inteligencia artificial dota a estas máquinas de capacidad de aprendizaje y de toma de decisiones. Su introducción incrementará la producción de bienes y servicios, por tanto generará una expansión económica que debiera redundar en la creación de puestos de trabajo. Pero en una primera fase, la que ahora comienza, muchas profesiones verán afectado el panorama de su mercado laboral y estos profesionales deberán reinventarse forzados por la llegada de unos nuevos empleados más que eficientes: los robots.

Mónica Daluz

Nuevos compañeros de trabajo. El AVA500 es un robot de telepresencia para entornos laborales. Se auto-dirige de forma inteligente y segura en ubicaciones complejas como oficinas, plantas de fabricación o laboratorios sin tropezarse con las personas o los objetos.

La última revolución

El brazo robótico, desterrado en un polígono y enjaulado en una urna de seguridad, guardando las distancias con su operario -al que podría dañar al mínimo descuido-, salta de la planta de producción a un nuevo hábitat: el nuestro. Espacios diseñados para la habitabilidad humana, espacios para funcionar y para ser vividos y disfrutados por las personas, deberán acoger en las próximas décadas una nueva hornada de máquinas a nuestro servicio, pero ahora deambularán entre nosotros, en la oficina, en el hogar, en el hospital… Pueden recibir información del entorno y decidir qué hacer. Llegan para facilitarnos la vida, pero también para ser los empleados más productivos de la empresa. ¿Cuál será, pues, el impacto del arribo de esta nueva generación de medios de producción en el mercado laboral o en las economías y en la riqueza de los países? Para empezar, nacerá una nueva industria, que será amplia, transversal y con todo el mercado del mundo al que abastecer. Pero no nos engañemos, esto va a describir una “U”. Francesc Trias de Bes, escritor y experto en marketing e innovación, alude a estudios realizados en EE.UU. que demuestran que “las nuevas tecnologías ayudan a la recuperación económica, pero no crean puestos de trabajo.” Sin embargo, a pesar del efecto perverso de la tecnología a corto plazo, que destruye empleo, en una segunda fase, ésta es generadora de riqueza.

Trias de Bes afirma que “la implantación de los robots sustituyendo puestos de trabajo hasta ahora ocupados por hombres y mujeres es inminente, y esta nueva realidad supondrá la Cuarta Revolución Industrial de la historia de la humanidad”.

Pensamiento propio

Por primera vez, una máquina engaña a un humano. Este verano, un programa informático llamado ‘Eugene’ ha logrado superar el Test de Turing, prueba que determina si una máquina es capaz de tener pensamiento propio, logrando hacerse pasar por un chico humano de Ucrania de 13 años de edad ante un jurado, durante la celebración del 60 aniversario de la muerte de Alan Turing, el autor del test.

Polarización del mercado laboral

La tecnología nos hace más ricos y más prósperos, pero ello comporta un cambio de modelo productivo y en la estructura laboral, como ocurrió con la Revolución Industrial. La automatización de los procesos productivos ha ido sustituyendo irremediablemente trabajo humano, pero el hombre ha encontrado nuevas formas de ocupación. El llamado “desempleo tecnológico” es una daño colateral en el inicio de un proceso de destrucción creativa (concepto económico que alude al proceso de innovación que tiene lugar en una economía de mercado en el que los nuevos productos destruyen viejas empresas y modelos de negocio). El estudio Impacto positivo de la industria robótica en el empleo determina que “cada robot es capaz de generar entre 3 y 5 puestos de trabajo”. Los profesionales del capital humano en las empresas ya tienen su punto de mira en determinar qué perfiles profesionales va a requerir la nueva era en la que máquinas y humanos trabajen juntos.

El avance tecnológico se caracteriza precisamente por abrir la puerta a posibilidades en sectores que aún no imaginamos, creando empleos que todavía no existen. La automatización hace a la empresa ser más productiva; el producto genera más beneficios, y esa industria comienza a ser más atractiva para los inversores; con la inversión aparecerá competencia, de modo que la misma industria generará puestos de trabajo.

Llegan para facilitarnos la vida, pero también para ser los empleados más productivos de la empresa

Pero la situación en la actualidad, es muy distinta. Se está dando una progresiva desaparición de ocupaciones de especialización media y salario medio. A corto plazo, las previsiones identifican un bloque de trabajadores con salarios muy precarios y otro muy remunerado. Hoy se abre la posibilidad de que las máquinas comiencen a reemplazar a las personas en actividades que hasta hace poco parecían imposibles de delegar.

Los nuevos robots podrán sustituir fácilmente la mano de obra de una amplia gama de tareas cognitivas y no rutinarias. “Estas máquinas –explica Trias de Bes– pueden interpretar el entorno y son capaces de ir rectificando, lo que acabará con muchos puestos de trabajo que hasta ahora eran mecánicos, como buscar jurisprudencia (ya hay máquinas que buscan la jurisprudencia más adecuada a cada caso). Los despachos de arquitectura son otro ejemplo. Las máquinas nos están haciendo de becarios.” Una situación que puede traer, en esta primera fase, más precariedad laboral y un problema para la proliferación de los puestos hasta ahora destinados a aprendizaje.

Entre las novedades que se avecinan, y que están llamadas a reconfigurar el paradigma económico y social de las próximas generaciones, figura la llamada robótica de servicios que, basada en la inteligencia artificial y la computación, añade a la automatización de la producción la capacidad de decidir. Los nuevos desarrollos se inspiran en el funcionamiento reticular del cerebro humano.

James McGaugh, Universidad de California en Irvine: “El propósito de la memoria es predecir el futuro.”

Gustavo Moscardó, vicepresidente de la Asociación Española de Robótica y Automatización de Tecnologías de la Producción: “En cuanto los robots accedan al sector servicios, y esto puede ocurrir en el plazo de 10 años, desaparecerán puestos de trabajo relacionados con la manipulación de productos y el control de calidad.”

Barack Obama, presidente de EE.UU.: “Como humanos podemos identificar galaxias a años luz de distancia, podemos estudiar partículas más pequeñas que un átomo, pero aún no hemos descubierto el misterio de esos 1,3 kilos de materia que se alojan entre nuestras orejas.” Del discurso de presentación del Proyecto Brain.

Los sectores afectados

Tres investigadores de la Universidad de Oxford publicaron un estudio el año pasado titulado El Futuro del Empleo: cómo de susceptibles son nuestros trabajos a la computarización. De las 700 profesiones analizadas, el 47% corren el riesgo de desaparecer en un máximo de dos décadas. Las menos afectadas son aquellas relacionadas con la percepción y con las inteligencias social y creativa. Entre las profesiones con mayor probabilidad de computarización se encuentran los teleoperadores (99%), corredores de bolsa (98), carteros (95%), camareros (94%), carniceros (93%), panaderos (89%) y dependientes (92%), pero el piloto comercial (55%), el policía (49%) o el investigador criminal (34%), tampoco se libran… Los menos “sustituibles”: psicólogo (0,43%), dentista (0,44%), compositor musical (1,50%), o corresponsales y reporteros (11%), entre otros.

99% · 89% · 98% · 92% · 95% · 55% · 94% · 49% · 93% · 34%

No se dejen engañar por las apariencias… Otonaroid es un robot en toda regla, un androide, para ser exactos. Fue presentada el pasado julio en el Museo Nacional de Ciencia Emergente e Innovación (Miraikan), en Tokio (Japón). Su puesto en el Miraikan es el de “robot comunicador científico”, y el visitante puede interactuar con ella.

¿Qué se cuece?

Desplazamiento: dar solución al libre desplazamiento de los robots en entornos laborales.

Visión artificial: la capacidad de visión en 3D en los robots resulta imprescindible para la interacción.

Control de la fuerza: sacar la robótica a la calle pasa por garantizar la seguridad de los usuarios: control de la fuerza y habilidades de manipulación. Imprescindibles para un amigable apretón de manos.

Expresividad: percibir y generar emociones parece requisito obligado para que la sociedad acepte a estos nuevos “miembros”.

¿Ciencia ficción?

Algunos dicen que ahora sí, que llegan para quedarse. Para los que esperaban una señal, ésta ha llegado: Google se ha introducido en el mercado de la robótica con una contundencia apabullante. Lo que hará con los robots es aún un misterio, el caso es que ha fichado a investigadores de primera fila en diversas disciplinas y ha adquirido desde finales de 2013 hasta ocho empresas que fabrican o trabajan con robots. Entre ellas, Boston Dynamics –entre sus clientes el mismísimo Pentágono y nada menos que la NASA–, que construye robots humanoides y cuadrúpedos capaces de operar en terrenos inaccesibles para el ser humano u otras máquinas, y que Google podría utilizar para cartografiar cada palmo del Planeta, o para hacer llegar Internet a cada rincón, enviando máquinas equipadas con routers wi-fi. El resto de compañías adquiridas están especializadas en la investigación y desarrollo en campos como la visión artificial en robots industriales, brazos robóticos capaces de controlar su fuerza motriz, robots humanoides expresivos, y en el control de movimiento a través de ruedas omnidireccionales. A todo ello se suma la extraordinaria cantidad de datos que ha adquirido en los últimos años la propietaria de este nuevo ejército de robots que en un futuro “vivirán” entre nosotros diseminados a lo largo y ancho del Globo, aprendiendo de manera infinita, y capaces, presumiblemente, de comprender e, incluso, de adquirir cierto grado de conciencia, como un animal doméstico tal vez, o, ¿quién sabe…? ¿Inquietante? Los cambios siempre lo son. Dejémonos llevar…

En el año 2008 fue colocada en el Hospital San Juan de Dios, de Barcelona, la primera mano biónica en Europa. i-LIMB, desarrollada por la empresa Touch Bionics, es capaz de mover y de doblar todos los dedos de forma muy similar a la mano humana, con precisión y con diferentes niveles de agarre. El futuro nos depara ingenios fabulosos, como los exoesqueletos, que permitirán movilidad a enfermos con parálisis.

Trucos cerebrales: el hipocampo

Sabemos que el cerebro funciona en red. El proceso de almacenaje de los recuerdos, en lugar de realizarse en una sola área del cerebro, como en un disco duro, utiliza el hipocampo para redirigir los fragmentos a las distintas cortezas; un almacenamiento más eficiente que el secuencial. Los sistemas de almacenamiento digital podrían copiar este truco del cerebro. Ésta es la línea de investigación de la ciencia robótica para desencallar su desarrollo.

Diseñado y fabricado por Honda, Asimo fue el primer robot bípedo y humanoide. Pero no es más que una enorme grabadora. Michio Kaku, físico estadounidense y profesor de Física Teórica en la Universidad de Nueva York, explica que en una aparición en televisión con el famoso robot, los ingenieros tardaron tres horas en programar los movimientos de una secuencia de tres minutos…

Francesc Trias de Bes, escritor y experto en marketing e innovación: “La implantación de los robots sustituyendo puestos de trabajo hasta ahora ocupados por hombres y mujeres, es inminente, y esta nueva realidad supondrá la Cuarta Revolución Industrial de la historia de la humanidad.”

Miguel A. Salichs, profesor de robótica y automatización de la Universidad Carlos II de Madrid. A los detractores de robotización: “Lo que realmente destruye empleo es que se cierren empresas. España no puede competir en costes laborales frente a otros países como China e India: Que seamos competitivos a nivel global no pasa por la mano de obra barata, sino por la tecnología.” “Nuestros padres trabajaban 60 horas; nosotros, 40. La automatización permitirá que esa cifra se vaya reduciendo.”

Antoni López, Departamento de Sociología. Tendencias sociales Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. UNED: “Se producirán transformaciones en la organización de las empresas, y una modificación de los lugares de trabajo, en función de la presencia de los robots y sistemas automáticos de trabajo. El crecimiento del mercado de robots se caracteriza por el desarrollo e implantación de robots industriales y de servicios cada vez más autónomos, que interactúan en contextos abiertos, y que son capaces de navegar en entornos no conocidos previamente. Pueden generarse nuevos riesgo laborales.”

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Mónica Daluz
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