La era del “yo”. …Y la tecnología nos hizo libres

La era del "yo" Opinión
OPINIÓN

Ahora que todos se arremeten en terreno ajeno; ahora que el terreno ajeno ya no existe porque todo converge y se mixtura en el centro de este impetuoso tornado que arroja su papilla a un mundo con apariencia de planta de fundición; incluso ahora que todo parece pasar por el Big Five (Google, Yahoo, eBay, MSN y AOL), es precisamente ahora cuando las capacidades individuales cobran un valor sin precedentes. La subjetividad y la intuición se erigen en competencias inigualables. Es el momento para la aportación única e irrepetible.
Las idas y venidas de publicistas, políticos, biotecnólogos, informáticos y productores cinematográficos intercambiándose cargos en empresas de ámbitos dispares, es un claro síntoma de esta búsqueda de cierta virginidad como base para la generación de ideas frescas. La transversalidad y la mezcla de lo dispar parecen ser el caldo de cultivo insustituible de la innovación, y así proliferan las mezcolanzas y la búsqueda de lo multidisciplinar.
Veamos… Tenemos a Murdoch metido a comprador de webs; a Disney, tras tomar el control de Pixar, otorgando al fundador de Apple la categoría de primer accionista; y al consejero delegado de Google, Eric Schmidt, sentado en el consejo de administración del fabricante de computadoras Apple, donde compartirá mesa con el presidente de la compañía, Steve Jobs, el exvicepresidente de EE.UU., Al Gore, y el presidente de la firma de biotecnología Genentech, Arthur Levinson, entre otros importantes y, por supuesto, dispares, ejecutivos estadounidenses.
Los movimientos de intercambio se producen también entre compañías, de modo que asistimos a una nueva relación en el mundo empresarial, que pasa de la competencia a la cooperación, en esta economía de las buenas maneras, en la que Pepsi da el chivatazo a Coca Cola de que una de sus empleadas, finalmente detenida junto a dos cómplices, le ha ofrecido la fórmula secreta de un nuevo refresco por un puñado de dólares, y ambos colaboran con el FBI, para preparar una trampa a la “desertora” y sus secuaces. Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

La era del “yo”

… Y la tecnología nos hizo libres

Por Mónica Daluz

Ahora que todos se arremeten en terreno ajeno; ahora que el terreno ajeno ya no existe porque todo converge y se mixtura en el centro de este impetuoso tornado que arroja su papilla a un mundo con apariencia de planta de fundición; incluso ahora que todo parece pasar por el Big Five (Google, Yahoo, eBay, MSN y AOL), es precisamente ahora cuando las capacidades individuales cobran un valor sin precedentes. La subjetividad y la intuición se erigen en competencias inigualables. Es el momento para la aportación única e irrepetible.

Las idas y venidas de publicistas, políticos, biotecnólogos, informáticos y productores cinematográficos intercambiándose cargos en empresas de ámbitos dispares, es un claro síntoma de esta búsqueda de cierta virginidad como base para la generación de ideas frescas. La transversalidad y la mezcla de lo dispar parecen ser el caldo de cultivo insustituible de la innovación, y así proliferan las mezcolanzas y la búsqueda de lo multidisciplinar. Veamos… Tenemos a Murdoch metido a comprador de webs; a Disney, tras tomar el control de Pixar, otorgando al fundador de Apple la categoría de primer accionista; y al consejero delegado de Google, Eric Schmidt, sentado en el consejo de administración del fabricante de computadoras Apple, donde compartirá mesa con el presidente de la compañía, Steve Jobs, el exvicepresidente de EE.UU., Al Gore, y el presidente de la firma de biotecnología Genentech, Arthur Levinson, entre otros importantes y, por supuesto, dispares, ejecutivos estadounidenses.

Los movimientos de intercambio se producen también entre compañías, de modo que asistimos a una nueva relación en el mundo empresarial, que pasa de la competencia a la cooperación, en esta economía de las buenas maneras, en la que Pepsi da el chivatazo a Coca Cola de que una de sus empleadas, finalmente detenida junto a dos cómplices, le ha ofrecido la fórmula secreta de un nuevo refresco por un puñado de dólares, y ambos colaboran con el FBI, para preparar una trampa a la “desertora” y sus secuaces. Anécdotas aparte, la búsqueda de oportunidades de negocio pone sobre el tapete todo tipo de paradojas, y asistimos al unísono a batallas campales entre compañías por abrirse camino en nuevos mercados en esta era de redefinición de modelos de negocio, y a alianzas de todas clases, que a su vez generan otras competencias, con el objeto de aunar, sobre todo, activos intangibles, ya sea para sumar clientes o para defenderse y reposicionarse en un mercado en el que los roles tradicionales de los distintos sectores se superponen y se transfieren en un constante e imprevisible fluir. Ahí tenemos a un trío en plena pugna: buscadores, productores de contenidos multimedia y compañías de telecomunicaciones. Los gigantes de Internet se están posicionando en competencia directa con sectores con los que tradicionalmente no han tenido intereses colisionantes, -como con el vídeo bajo demanda-, o convirtiéndose en destructores de valor -como ocurre con la telefonía gratuita PC a PC-. Y ante el impacto negativo que sobre los modelos de negocio de las empresas de telecomunicaciones tienen los amos de Internet, la solución para las primeras pasa por las alianzas: Yahoo!-SBC; MSN-Vodafone; iTunes-Cinguar; Google-T-Mobile; Skype-Aplus…

Los operadores de telefonía están sufriendo, y lo harán aún más, las consecuencias de un panorama en el que los mercados de telefonía móvil se saturan mientras la telefonía IP sube como la espuma. A ello se añade la apertura de redes, que restringe los feudos de clientela de los operadores históricos (ver sección En la Calle, pág. 52). Todo ello está llevando a las empresas de telecomunicaciones a definir un nuevo régimen de competencia y cooperación con los grandes portales. En tándem o a tres bandas. Como la web de subastas eBay, que en mayo se alía con Yahoo y en agosto con Google. El acuerdo entre eBay y Yahoo, que tiene por objeto reforzar la posición de ambos frente a Microsoft y al buscador líder, Google, establece que Yahoo será el proveedor exclusivo externo de todos los anuncios gráficos a través de la web de subastas de eBay, para sus páginas estadounidenses; a cambio, Yahoo escogía el sistema de pago online de eBay, PayPal, para que sus clientes abonen sus servicios. Un acuerdo similar se acaba de producir entre eBay y Google, a través del cual el buscador se convierte en proveedor exclusivo de anuncios de texto para las páginas de la casa de subastas situadas fuera de Estados Unidos. El documento incluye el intercambio entre ambas compañías de una nueva forma de publicidad en Internet: el click to call, que permite a los anunciantes comunicarse directamente con sus potenciales clientes mediante sistemas de telefonía por Internet.

Portales y operadores de acceso pugnan por la oferta de servicios triple play; los Big Five libran una incesante batalla por convertirse en el proveedor multiservicios de los internautas en la nueva fase web2.0 de la red; AOL acaba de anunciar que renueva su servicio de descargas de música online, AOL Music Now, ofreciendo cerca de dos millones y medio de pistas de audio y miles de videoclips; y Universal Music, un gigante de la industria discográfica, autoriza la descarga gratuita en Estados Unidos y Canadá de su catálogo en Internet, financiándose por la publicidad, con el objetivo de competir con Apple y su iTunes (que, por cierto, pronto permitirá la descarga, también, de películas). Ya hace algunos meses que los grandes portales japoneses se lanzaron al asalto de las grandes cadenas de televisión.

Todos quieren ser el proveedor de contenidos del futuro. Todos quieren ser el supermercado del ocio y todos tratan de hallar la estrategia ganadora en el ecosistema digital. Las productoras de música, vídeo y, pronto, de televisión aún no saben si deben alegrarse por contar con un canal más, o la distribución IP desvalorizará el producto hasta el punto de dejar de ser rentable. A su vez, los portales que han invertido en servicios de vídeo temen que los operadores busquen defender su oferta triple play, y sobre la mesa se sirve el debate en torno a la neutralidad en Internet.

Sí, todos entran en el terreno de todos, y en particular en el nuestro… Y es que ahora, en la era del “yo”, en la que todo se centra en la satisfacción de los deseos, en la obtención de placer, en la facilidad, en el confort y en la diversión, la electrónica de consumo vive su reinado. Aunque la dinámica alcista del sector, curiosamente, no está resultando ventajosa para los fabricantes tradicionales, que deben enfrentarse cada día a más competidores o, según se mire, a potenciales aliados… Todos refocalizan sus objetivos hacia el consumo doméstico: desde los grandes portales y motores de búsqueda, que adquieren nuevas pretensiones en el terreno de la electrónica de consumo, hasta fabricantes de software tradicionalmente alejados de los mercados dirigidos al gran público, como Microsoft, y que están restando protagonismo mediático a los actores históricos de la electrónica de consumo, pasando por otros ejemplos, como la reorientación estratégica de Intel a la que estamos asistiendo en los últimos tiempos, que también responde al objetivo de obtener el mejor partido a la dinámica de la nueva electrónica de consumo, o la maniobra de Apple, que revelaba sus aspiraciones en el mercado de ordenadores de consumo eligiendo equipar sus ordenadores con procesadores Intel. Ahí están

también los llamados subcontratistas de los fabricantes tradicionales de equipos, que hoy adoptan una estrategia de marca, como Acer.

La sociedad del «yo», con un consumidor concebido en primera persona, sujeto que ejerce y sobre el que recae su propia acción, nos aboca a una economía de servicios personales. Un consumidor convertido en protagonista absoluto del mercado, y que se halla inmerso en un gran escenario caracterizado por la sobrecomunicación, en el que las empresas buscan el modo de anticiparse a sus deseos, escudriñando las claves de sus valores aspiracionales y estilos de vida. Este imperio de la individualidad, en el que todo parece aproximarse al público, a la audiencia, al consumidor…, sin siquiera ir a buscarlo y que se le viene encima de un modo personalizado hasta la saciedad, fomenta el fenómeno del negocio del aire. Llegó con el desarrollo de las TIC y hay mucha gente metida en él. Publicistas, empresas de Internet, servicios empresariales… En esta nueva economía ingrávida, la capacidad para el análisis y la interpretación del procesamiento de los conocimientos se desarrolla al alza. A medida que el coste de las TIC se hunde, esta nueva economía valora los conocimientos subjetivos e intuitivos. Hoy se buscan personas con capacidad para crear marca, estilos, ambiente, moda, servicios y productos cuyo valor esté más allá del objeto, y su uso o tenencia genere experiencias ligadas al placer. En este sentido, es un hecho que en el mundo rico, cada vez más gente desea gastar su dinero en calidad aparente en lugar de en cantidad de bienes, viniéndose a dar un hartazgo relativo de bienes materiales al tiempo que una demanda casi ilimitada de servicios. Estamos metidos en una economía de servicios personales; es la economía del “todo cerca” y del “todo rápido”. Si el consumidor paga más por objetos y servicios que aporten experiencias placenteras también pagará por perder de vista toda actividad cotidiana fastidiosa. Hoy proliferan empresas de servicio de «toderos» (venezolanismo que designa a personas que hacen de todo; en otros países centroamericanos también los llaman “maridos de alquiler”…), que lo mismo pasean al perro, que hacen cola en Hacienda; arreglan una tubería, o se disfrazan de Santa Claus por Navidad…

La tecnología crea nuevos productos y servicios, nuevas categorías de demanda del consumidor, y también traerá «McTrabajos» o trabajos efímeros de servicios, en una economía que tiende a no producir cosas y que se vuelca en las actividades de ocio y en los servicios personales.

Si en los 80, la ingeniería financiera y los mercados de futuros fueron conceptos que nos hicieron sospechar que tras el mundo físico existía otro, más ligero, casi etéreo, que venía empujando con verdadero ímpetu, ahora que ya no está de moda ser un yupie, que los masters ya no lo son todo, y que se ha resquebrajado la verticalidad, ahora que Goleman nos ha dicho por activa y por pasiva que la inteligencia, para serlo debe ser emocional; ahora, de algún modo, nos encallamos en buscar la salida en el interior de los episodios pasados y retornamos a todas esas décadas del ayer para revisarlas y asegurarnos de que no nos dejamos nada en ellas antes de cerrar la puerta y reinventar la nueva era, una era que nos deja al desnudo con nosotros mismos y nuestra capacidad de mixturar, tamizar y percibir el mundo, para aportar un nuevo valor a una sociedad sedienta de aquello que todavía no existe. En ella, los informes de mercado y los cuadros de Excel pierden fuelle frente a las percepciones, sensaciones, interpretaciones y hasta presagios…, que forman hoy parte de la observación de los mercados. En la sociedad de la información el individuo deja de formar parte de una estructura inmutable, deja de constituir una variable de valor fijo, y se desgaja de ella con renovado caché, para ser un poco más feliz y un poco más libre…

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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