El sector con la moda

El sector con la moda
Entrevista a Mireia Verdú, Primera Dama de Honor de Miss España 2005

Hoy, la moda inunda el panorama comunicativo del mundo empresarial. Las tendencias estéticas impregnan los estilos de vida y, sin duda, desde los gadgets tecnológicos hasta los grandes electrodomésticos buscan con sus diseños recoger los iconos del momento. Las marcas utilizan la comunicación para transmitir ese halo de glamour que el consumidor de nuestros días desea percibir, de modo que es frecuente que aquellas recurran a la contratación de personajes del papel cuché para la promoción de sus productos. Aquí les presentamos dos ejemplos de empresas que han elegido el mundo de la pasarela para apoyar su comunicación, a través de dos entrevistas que nos ofrecen las dos caras de una misma moneda. Mireia Verdú, imagen de Princess, nos cuenta qué significa para ella representar a una marca, y los responsables de la agencia LB Press, encargados de la comunicación de Braun, nos cuentan cómo va esto de contratar modelos… 
…A propósito de la moda

Los tiempos nos arrastran hacia la modernidad mientras nosotros nos resistimos a perder la memoria; pareja de contrarios que da origen a la intemporalidad, a la licencia para casi todo.
En la pasarela, y no sólo en ella, las tendencias respiran libertad y se impregnan de nostalgia al mismo tiempo. Desfilan estéticas y estilos diversos, en una síntesis imprescindible para superar el síndrome del tercer milenio, como clausura del segundo y en respuesta a la necesidad de establecer el legado a la posteridad de lo que ha sido la historia de nuestra especie.
Nunca antes vimos convivir insignias yanquies con casacas a lo ruso, como divertimento. A falta de doctrinas, buenas son modas. No es necesario profesar ninguna creencia política o religiosa, ni pertenecer a ninguna tribu urbana para llevar banderas, pinchos, gorras, o flecos… Piezas de inspiración victoriana; cruces y encajes negros que escenifican ambientes góticos al tiempo que evocan los looks siniestros de los 80; botas de mosquetero; o jirones de ante al estilo troglodita… Y los de mi generación observamos atónitos cómo el cuero y los pinchos desfilan majestuosos y cobran un aire sofisticado sobre siluetas de aspecto angelical. Y es que la moda en que vivimos pone en nuestras manos todas las iconografías y nos permite combinarlas al gusto…
La historia, vista a través de los ojos de los diseñadores, que se recrean en lo vivido, quedará inmortalizada en iconos que la sintetizarán para adaptar la magnitud de los últimos siglos a las limitadas dimensiones de nuestra memoria. Ahora, sólo queda esperar el fin de los remakes. Mónica Daluz / pdf

La vida es juego. De Pac Man a Prince of Persia

La vida es juego. De Pac Man a Prince of Persia
OPINIÓN
TECNORRELATO

72 horas de descanso tras un frenético año de trabajo, me permitieron detenerme a observar… y no sé si será deformación profesional o se tratará de alguna patología esquizoide con manía persecutoria -¡y eso que no le doy a los videojuegos!-, pero el caso es que todo a mi alrededor durante esas tres extrañas jornadas estuvo bañado por lo ciber-virtual, y cuanto vi, toqué y escuché tenía por telón de fondo inacabables secuencias de ceros y unos.
El padre de mi amiga, sesentón ejecutivo para más señas, me explica con excitación que lleva su PSP siempre consigo y a punto para jugar online en plena calle. Aunque, particularmente, creo que piensa que la tecnología va a redimirle de algún modo, a sacudirle usos y costumbres de sus tiempos, y a través de ella reivindica su lugar en una época que también es la suya, en la vana creencia de que su pose de activista tecnológico va a esfumar de un soplo la distancia que le separa de la generación que le sucede. O tal vez sea porque algo le hace pensar que en la sociedad de hoy lo que toca es ser tecnológico, y por lo que sé de él, nunca fue precisamente lo que se dice un revolucionario…
La hija adolescente de mi amiga, que al parecer no tenía suficiente con su flamante “play”, pidió a los Magos, como si tal cosa, una cámara de fotos, un móvil y un reproductor de mp3, lo cual no tendría nada de particular en los tiempos que corren si no fuese porque “la carta” fue idéntica a la del año pasado; y es que los doce meses transcurridos han dejado fuera de juego los gadgets de la Navidad precedente. ¿Cómo iba la chiquilla a apañarse con una capacidad de almacenamiento y un diseño de la colección 2004-2005, hallándose como se halla en el punto álgido de su episodio más severo de “marquitis”, e inmersa como está en la sociedad de la obsolescencia fulminante de bienes? Mónica Daluz / pdf

Vivir en suspensión y otras teorías de ficción

Vivir en suspensión y otras teorías de ficción
OPINIÓN

En mi época nos independizábamos con lo puesto. Si teníamos dos duros nos los fundíamos en un concierto, y si eran cuatro en una escapada de fin de semana, pero ni hablar de comprar un sofá; los cojines en el suelo eran perfectos para leer un buen libro o escuchar un unplugged con sonido “caja acústica”…, bebiéndonos la vida.
Y ahora vienen los tecno-teóricos diciendo que estamos entrando en la era de los intangibles e incluso auguran el fin del concepto de propiedad tal como lo conocemos hasta ahora. Que si acumular bienes materiales está “demodé”, que si lo que busca hoy el individuo es satisfacer su “yo” psicológico y alimentarse de ideas, que si un nuevo ser relacional y altruista está naciendo, que si está al caer una transformación radical de la conciencia humana y de nuestra propia esencia… ¡Ah! y, por supuesto, todo ello como consecuencia de la revolución tecnológica.
Pues a mí me parece que el imperio del “yo” está más vivo que nunca y lo que veo es que las nuevas generaciones no son nada sin todos esos productos y bienes materiales que les aferran a un vivir cada vez más cómodo que no deja espacio para la improvisación ni para la aventura. Controlar hasta el último detalle -lo que algunos teóricos llaman el “yo terapéutico”, y que emerge a golpe de sesiones de autoayuda y de todo tipo de literatura al respecto, que va desde el psicoanálisis a lo esotérico- tiene el riesgo de crear vidas descafeinadas y aburridamente asépticas.
Invisible, incorpóreo, impalpable, etéreo, inmaterial, intangible… Dicen que ése es el mundo que viene. Por supuesto, sólo para la quinta parte del planeta, que es la rica y que, encima, va camino de conectarse entre ella de tal modo que se aísle del resto de los mortales o, lo que es lo mismo, que todos los demás queden excluidos.
Si hasta ahora nos preguntábamos por nuestra existencia con cuestiones del tipo “quiénes somos” o “a dónde vamos”, la pregunta del hombre de la posmodernidad será: “¿soy individuo o soy nodo?”. Un asfixiante vivir enmallado nos inmovilizará, aunque nos lo vendan, irónicamente, como la liberación del espacio físico en el imperio de la movilidad.
Resulta fácil dejarse llevar por los augurios, bien mirado, descabellados, de los futurólogos tecnológicos, empeñados en pronosticar una huida hacia arriba…; unos románticos, a fin de cuentas, porque su historia siempre tiene final feliz, y en él todos somos pura inteligencia y pura bondad… Yo les cuento:
Mónica Daluz / pdf

De falacia en falacia ¿Quién es ahora el rey?

De falacia en falacia ¿Quién es ahora el rey?
OPINIÓN 

¿Quién propone y quién dispone en este mundo de mercadeo sin fin? El poder pende de un equilibrio de fuerzas repartidas que van y vienen, y hoy el consumidor, con su peregrinaje a las grandes cadenas de distribución deposita cada día su voto por un modelo de vida, supuestamente moderno y, sin querer, con su elección sentencia su propia libertad.
Casi nos lo habíamos creído. Nos contaron que el consumidor estaba al mando, que el mercado se movía tras de él; pero eso no es exactamente así.
El poder de negociación de las grandes cadenas de distribución frente a los fabricantes ha aumentado drásticamente y éstas presionan a los más pequeños, que han adoptado, por fuerza, una posición de dependencia.
Ni siquiera los grandes fabricantes se libran de los dictados de la gran distribución, que en más ocasiones de las que quisieran, les “sugieren” qué productos fabricar, cómo fijar sus precios, cómo hacer la promoción de sus productos, cuándo y dónde expedir la mercancía, e incluso cómo reorganizar y mejorar la producción y la gestión.
Veamos algún ejemplo. El sector librero se asfixia por momentos, mientras la gran distribución decide por nosotros qué leer: el 51% de los ejemplares vendidos en 2005 se han comprado en las grandes cadenas de librerías (El Corte Inglés -que acapara el 15% del mercado total-, FNAC…) y en hipermercados y supermercados, destacando Carrefour, cuyo departamento de libros registra crecimientos anuales del 20%.
Miren las agencias de viajes; lo último es que Lidl vende, en Baleares, vales canjeables por billetes de avión de la aerolínea alemana de bajo coste Air Berlín (el pasado marzo la Asociación de Agencias de Viajes de Baleares denunció esta situación ante la Consejería de Turismo de esta comunidad).
El sector agrario ya no sabe qué hacer ante las exigencias de las grandes cadenas. «La gran distribución es hoy hegemónica en la cadena agroalimentaria; es la que marca la pauta y la que impone las condiciones», declaró hace algunos meses el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, en el acto de inauguración del II Congreso de la Federación Andaluza de Empresas Cooperativas Agrarias (Faeca), en Almería.
Y si hablamos del sector textil, que se desmorona por momentos, vemos claramente quién se está beneficiando del abaratamiento de los productos importados, que desde luego no es el consumidor. Mónica Daluz / pdf

Editorial. Y hasta aquí…, puedo leer

Editorial Y hasta aquí…, puedo leer
EDITORIAL

Cerramos el año con un número especial dedicado íntegramente a la información sobre producto (que incluye, además, la sección Actualidad), a través de un extenso escaparate a modo de catálogo. Un número con un contenido especialmente visual, en sintonía con los días que vivimos, días a todo color, días bañados por las luces de neón que hoy comparten el paisaje urbano con largas ristras de bombillas al más puro estilo tradicional.
En estas últimas semanas del año, siempre solemnes, más por los nuevos proyectos que nos autoasignamos, indefectiblemente y sin que la experiencia de compromisos incumplidos sirva de escarmiento, que por los que se clausuran con la expiración del año; y siempre excitantes, ya sea por pasar algún día más de vacaciones o por el contagio generalizado de ese nerviosismo que fluye en el ambiente en los momentos de máximo apogeo de delirio consumista; en estas últimas semanas, decía, he oído a los fabricantes decir de todo sobre ustedes, los distribuidores. Les cuento.
Algunos parecen haber tirado la toalla. ¿Derrotistas o realistas? En cualquier caso son aquellos que aseguran que el punto de venta es el eslabón de la cadena en el que más sinergias -y, por ende, oportunidades de negocio- se pierden, y que falta ánimo para explotar las posibilidades que ofrece ese espacio privilegiado en el que se desarrolla la última transacción comercial, la venta al consumidor final. En resumen, y por poner un ejemplo, ¿cómo se pueden vender televisores preparados para la alta definición si no se atiborran los lineales de aparatos emitiendo contenidos en dicho estándar?, ¿cómo prescribir un home cinema si no se brinda en el punto de venta la posibilidad de tener una experiencia auditiva 5.1?
Después están los optimistas, que creen fervientemente en que otro modelo de distribución es posible frente al que parece imponerse en el resto del mundo, y predican, para quien quiera escuchar, que el compromiso debe primar sobre la oportunidad, y no por cuestiones éticas, que también, sino por pragmatismo y como estrategia de garantía de rentabilidad con la que atajar la progresiva tendencia a cero del valor del mercado.
También los hay relativistas. Éstos hacen de la selección natural su bandera y aducen que la distribución que no se adapte completa e inmediatamente al consumidor, entrará, si no lo ha hecho ya, en un coma irreversible.
Pero aún hay otro perfil. Hablar con ellos resulta francamente conmovedor. Son aquellos que, si lo que venden son frigoríficos, te hablan, con los ojos chispeantes y el semblante jubiloso, de la vivencia irrepetible que el usuario experimentará al abrir un magnífico dos puertas, y del momento de inspiración culinaria que le embargará y que dará como resultado platos muy distintos unos de otros según sea la disposición de las bandejas contenedoras de los alimentos, o la incidencia de la luz sobre los mismos, por no hablar del tacto, texturado y cálido, del tirador… Es precioso…, pero ¿se imagina, amigo comerciante, vendiéndole a su cliente, inspiración…?
Entre tanto, ustedes se alían entre sí. Bien hecho. Pero alíense también con quienes son, al fin y al cabo, sus compañeros de viaje, los fabricantes, y no descuiden observar muy pero que muy de cerca al consumidor. Y, por si acaso, vayan formándose, además de en tecnología, en un nuevo terreno por explotar, el emocional…. Ah, y no dejen nunca que se les muera la ilusión. Para unos y para otros, ahí estaremos nosotros, dándoles todos los detalles…
Nuestro próximo número, el primero del año y, como es habitual, conjunto para los dos primeros meses, viene colmado de novedades y sorpresas. Nuevo diseño y nuevas secciones hilarán un producto hecho, como reza nuestro eslogan, con rigor y a su servicio. Tenemos una cita a primeros de febrero. Hasta entonces, en nombre de todo el equipo de En Línea 2000 y en el mío propio, les deseamos que disfruten de unas felices fiestas y unas mejores ventas.  Mónica Daluz / pdf

Calor de hogar. Cuestión semántica

Calor de hogar. Cuestión semántica
OPINIÓN
TECNORRELATO

Ahora se llama “inteligencia ambiental”. Lo de domótica no suena lo suficientemente emocional para el lenguaje publicitario-comunicativo que gastamos en los tiempos que corren, y no digamos, “automatización”, que es, a fin de cuentas, el origen del concepto.
“Nombres abstractos” y “nombres concretos”. Así clasificábamos en el colegio los sustantivos. Entonces se llevaba ser pragmático; lo abstracto, y hasta lo surrealista, quedaba para bohemios y otros rebeldes. Hoy, sin embargo, nos movemos en el plano de lo retórico y buscamos conmover con la palabra, en un mundo de sensibilidades y susceptibilidades en el que se dice “línea de expresión”, para no decir “arruga…
Los lingüistas y psicólogos, y viceversa, aseguran que las palabras condicionan las ideas, y viceversa. Todos jugamos a disfrazar los conceptos, lo cual requiere un interesante ejercicio de discernir las apariencias de las realidades. El arte del eufemismo, esa “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”, como lo define la Real Academia, se ha convertido en un ingenioso entretenimiento hasta para aquellos que nunca habían entrado en el juego dialéctico. Ustedes ya saben a qué me refiero.
Es época, pues, de descifrar mensajes y adivinar qué intención se esconde tras cada término, porque, aunque cada cosa es lo que es y cada palabra designa un concepto preciso, el contexto y el hablante son, a veces-unas más que otras-, determinantes. Hoy, en el tablero de juego nos toca escudriñar la diferencia entre, por ejemplo, “indefinido” y “permanente”, o entre “voluntad popular” y autodeterminación”. Pero dejemos el asunto, de momento, para los políticos…
No sé si permanente, pero desde luego bastante indefinida e imprecisa fue la conclusión que obtuve tras vivir la historia de encubrimientos y disimulos que les cuento a continuación; una historia de ficción, basada, para colmo de la apariencia, en un hecho real… Me cito en su propia casa, con un experto -al que llamaremos “Z”- en esta nueva disciplina que busca entrar a fuerza de irle renovando el nombre, pero que al final entrará, como todo lo demás, sólo por dictado de los mercados: la domótica. Mónica Daluz / pdf

¡Viva el sentido del humor! Había una vez, un circo

Opinión. Tecnología, sociedad, comunicación, movilización
OPINIÓN
COMUNICACIÓN Y MOVILIZACIÓN

Casi siempre se da en las grandes ciudades, y eso debería darnos qué pensar. ¿Es la era del absurdo? ¿la de la soledad? o ¿nos hallamos ante un fenómeno incipiente de ciberactivismo? Tal vez es una mezcla de todo ello. Hablamos de las flash mobs (también llamadas smart mobs o inexplicable mobs) o movilizaciones instantáneas: un grupo de personas se da cita vía SMS, correo electrónico, foros, blogs, chats… en un lugar y hora determinados para realizar una breve acción, generalmente desconcertante, y a continuación se dispersa rápidamente.
Imaginen: cientos de personas acuden al mismo tiempo a una importante librería, piden con insistencia un libro que no existe, de repente y todos al unísono, aplauden con fervor y se esfuman; visto y no visto…. Esto es lo que ocurrió en Roma en la primera concentración europea de grupos efímeros con fines lúdicos.
Desde que Bill (seudónimo del convocante de la primera flash mob) citara a 50 personas para “tomar” la novena planta de Macy’s en 2002, estas reuniones fugaces han proliferado en Estados Unidos y en Europa.
La primera tuvo lugar en Nueva York; después vinieron San Francisco, Viena, Berlín, Londres, Roma… Y no tardó en llegar a España. En octubre de 2003 le tocó el turno a nuestro país. Los congregados se situaron en la base del monumento a Colón de la ciudad de Barcelona, con el brazo en alto señalando en la misma dirección que la estatua. Tras pasar un minuto dieron dos vueltas al monumento para, acto seguido, ponerse a gritar “¡qué vienen los indios!” A continuación se dispersaron en silencio. El fracaso fue rotundo. Cuentan que la presencia de los medios rompió el encanto: la gente se “cortó”, y nadie, excepto diez desinhibidos, emitió el disparatado grito de guerra… Mónica Daluz / pdf

Editorial. Adivina, adivinanza…

Editorial Adivina, adivinanza…
EDITORIAL

Todo el mundo se ha enterado de que la televisión ha cumplido medio siglo. El empacho de identidad generacional ha sido espectacular, y desde Lazarov hasta Alfonso Guerra, pasando por Chanquete y, cómo no, por el tipo del “busque, compare y…”, ya saben a quién me refiero, han desfilado hasta la saciedad en programa sí programa también de Televisión Española aunando en la nostalgia a un par o tres de generaciones de españoles; y todo ello conducido por ese otro icono para el recuerdo llamado Hermida. 
Ahora, los más jóvenes, aquellos que han sido capaces de aguantar en el sofá el desfile de imágenes con ruido y en escala de grises, nos conocen un poco mejor a través de ese extracto de nuestras vidas, que hemos visto resumidas en un puñado de imágenes y sintonías.
¿Y ellos? ¿Qué tendrán en común? ¿Les dará tiempo a que iconos del momento se aferren a sus identidades y se perpetúen en la memoria colectiva de su generación? Tanto si la respuesta es afirmativa como si la persistencia en el recuerdo de los variopintos impactos que colisionan en sus cerebros todos los días fuera de corta duración, todos los mercaderes quieren formar parte de ese mosaico de iconografías que han de construir su perfil como individuos y, por supuesto como consumidores, y condicionar sus comportamientos a la hora de elegir y pagar por productos o servicios.
Sin embargo, si ayer los creadores de la cultura de masas: diseñadores de moda, ingenieros industriales, compositores, directores de telediarios, etc., imponían desde arriba puntos de vista y dibujaban con sus propuestas los estilos de vida, los criterios estéticos y los productos y marcas con los que vivir, hoy, las empresas a la última se centran en las “búsquedas del mañana”. Me explico: fichan a un coolhunter, o buscador de tendencias que, libreta en mano, frecuenta lugares alternativos, observa cómo las gentes se visten, en qué lugares se divierten, de qué y cómo hablan…, cuando todavía esos conceptos e ideas son minoritarios. Detectar lo que es “cool” y trasladarlo, en forma de producto, al terreno de lo masivo a toda velocidad, es lo que algunos ya han calificado de nueva revolución industrial. Mónica Daluz / pdf

Esto se acaba. Llegó la hora de construir la utopía

Esto se acaba. Llegó la hora de construir la utopía
OPINIÓN

Una campaña de lo que podríamos llamar “publicidad social” nos ha penetrado hasta la médula en las últimas semanas. Especialmente al sector del electrodoméstico, que queda retratado en el spot televisivo. El muchacho protagonista dirige un amenazante mando a distancia hacia lo que no puede ser otra cosa que un aparato de aire acondicionado. La televisión, la lavadora, la nevera y el ordenador se erigen en actores principales de los instantes siguientes del minifilm. Las escaleras mecánicas de un centro comercial, un pequeño colmado, escuelas y oficinas… Todo está desierto. Y en la calle, escenas de lánguidos urbanitas desorientados deambulando en éxodo a no se sabe dónde… Es como en los 70; así me imaginaba yo el mundo en mis peores pesadillas cuando estalló la primera crisis del petróleo.
Aquella dependencia nos angustió, pero los mensajes de optimismo de la España del cambio hicieron que nos acomodáramos a la situación, y hoy parece que nada ocurra excepto en los escasamente mediáticos ámbitos científicos y, cómo no, entre “blogueros”, voz de la conciencia de nuestra era. El asunto no es tema menor; tal vez incluso sea más grave de lo que nos dicen, habida cuenta de que en los últimos tiempos Bush se deja caer con inusitada frecuencia por los laboratorios de energías alternativas… “Tenemos un serio problema: somos adictos al petróleo”; lo dijo el presidente norteamericano en su último discurso sobre el estado de la Unión a primeros de este año, en el que se comprometió a incrementar en un 22% la inversión en investigación de energías limpias, y aunque su objetivo es despojarse de dependencias de lo que él llama “regiones inestables del mundo’’, es una buena noticia. Durante su parlamento, Bush advirtió a los estadounidenses de que deberán cambiar el combustible de sus automóviles, y anunció que las investigaciones se centrarán, sobre todo, en la mejora de las baterías de los vehículos híbridos y eléctricos, así como en los vehículos de hidrógeno. “El objetivo -dijo Bush- es sustituir para 2025 más del 75% de las importaciones de petróleo de Oriente Medio.”
Volvamos a las máquinas de aire acondicionado. Ahí va un dato: Según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE), en España, tres millones de hogares tienen aire acondicionado, y al parecer enchufan sus aparatos, todos a la vez, entre las tres y las seis de la tarde, franja horaria en la que se dispara la demanda diaria de electricidad en verano (ya se alerta de que los apagones van a ser cada vez más habituales, en las próximas semanas). Más cifras: sólo la refrigeración supone en España el 11,1% del consumo de electricidad total, el equivalente a la producción de tres centrales nucleares. Por cierto, el ayuntamiento de Barcelona y el gremio de comerciantes han instado a los 10.000 comercios de la ciudad Condal a no conectar sus equipos de aire acondicionado por debajo de los 24º y recomiendan un mínimo de 25º en los hogares. La segunda semana del mes de julio (coincidiendo con el cierre de esta edición), se registraron en España records de consumo eléctrico -cerca de los 8.300 megawatts de potencia el día 13 a las 13,16 horas-. Recordemos que España es uno de los países más alejados de su compromiso con el protocolo de Kyoto, y la multa por ello puede alcanzar los 6.000 millones de euros… Mónica Daluz / pdf

La era del “yo”. …Y la tecnología nos hizo libres

La era del "yo" Opinión
OPINIÓN

Ahora que todos se arremeten en terreno ajeno; ahora que el terreno ajeno ya no existe porque todo converge y se mixtura en el centro de este impetuoso tornado que arroja su papilla a un mundo con apariencia de planta de fundición; incluso ahora que todo parece pasar por el Big Five (Google, Yahoo, eBay, MSN y AOL), es precisamente ahora cuando las capacidades individuales cobran un valor sin precedentes. La subjetividad y la intuición se erigen en competencias inigualables. Es el momento para la aportación única e irrepetible.
Las idas y venidas de publicistas, políticos, biotecnólogos, informáticos y productores cinematográficos intercambiándose cargos en empresas de ámbitos dispares, es un claro síntoma de esta búsqueda de cierta virginidad como base para la generación de ideas frescas. La transversalidad y la mezcla de lo dispar parecen ser el caldo de cultivo insustituible de la innovación, y así proliferan las mezcolanzas y la búsqueda de lo multidisciplinar.
Veamos… Tenemos a Murdoch metido a comprador de webs; a Disney, tras tomar el control de Pixar, otorgando al fundador de Apple la categoría de primer accionista; y al consejero delegado de Google, Eric Schmidt, sentado en el consejo de administración del fabricante de computadoras Apple, donde compartirá mesa con el presidente de la compañía, Steve Jobs, el exvicepresidente de EE.UU., Al Gore, y el presidente de la firma de biotecnología Genentech, Arthur Levinson, entre otros importantes y, por supuesto, dispares, ejecutivos estadounidenses.
Los movimientos de intercambio se producen también entre compañías, de modo que asistimos a una nueva relación en el mundo empresarial, que pasa de la competencia a la cooperación, en esta economía de las buenas maneras, en la que Pepsi da el chivatazo a Coca Cola de que una de sus empleadas, finalmente detenida junto a dos cómplices, le ha ofrecido la fórmula secreta de un nuevo refresco por un puñado de dólares, y ambos colaboran con el FBI, para preparar una trampa a la “desertora” y sus secuaces. Mónica Daluz / pdf

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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