Farmacia en órbita

Farmacia en órbita
MEDICINA ESPACIAL 
E
l laboratorio en microgravedad redefine el desarrollo de fármacos

Hoy, en 2026, la medicina espacial ha dejado de ser un ámbito restringido a la protección de los astronautas para convertirse en un campo de investigación con implicaciones directas para la salud en la Tierra. El nuevo impulso de la exploración tripulada, con programas como Artemis y la futura consolidación de plataformas orbitales comerciales, ha intensificado el interés por entender cómo responden el cuerpo humano, los tejidos, las células y las moléculas en entornos de microgravedad. Las agencias espaciales trabajan no solo en sistemas de soporte vital o en medidas de protección frente a la radiación, sino también en experimentos que pueden aportar conocimiento útil para el desarrollo de terapias, la formulación de medicamentos y la comprensión de enfermedades complejas. La microgravedad se ha revelado como una condición experimental singular, capaz de modificar procesos biológicos y físico-químicos de un modo difícilmente reproducible en la Tierra. Y ya se ha producido el salto al sector privado: compañías farmacéuticas como Lilly o Merck están enviando experimentos al espacio, a través de empresas como Varda Space Industries o SpacePharma, que ofrecen a la industria plataformas orbitales capaces de diseñar, ejecutar y recuperar ensayos en cápsulas autónomas con retorno controlado a la Tierra, dando lugar a una nueva cadena logística avanzada.
Pero este expertise es consecuencia de una larga trayectoria de investigación que dio sus primeros pasos en 1973, con Skylab, de la NASA, la primera estación espacial donde se realizaron experimentos médicos y biológicos avanzados de forma sistemática, y se empezó a estudiar el metabolismo, el comportamiento de los medicamentos y la fisiología en microgravedad. Y la Estación Espacial Internacional, donde rotan investigadores de nacionalidades dispares que conviven en un micromundo sin fronteras, permanece habitada de forma ininterrumpida desde el año 2000.
Las últimas misiones son una preparación para estancias prolongadas en el espacio y, a medio plazo, para la exploración profunda. Durante los próximos años convivirán estaciones espaciales habitadas, laboratorios orbitales autónomos y una nueva generación de estaciones comerciales que transformará el acceso a la microgravedad. En ese contexto, la medicina espacial se sitúa en la intersección entre exploración, biotecnología e industria farmacéutica, y empieza a perfilarse como uno de los campos con mayor potencial científico e industrial de la nueva economía espacial.
Mónica Daluz / pdf

texto completo en html

MEDICINA ESPACIAL

El laboratorio en microgravedad redefine el desarrollo de fármacos

Farmacia en órbita

Mónica Daluz
Periodista experta en industria farmacéutica y cosmética
23/07/2026

Hoy, en 2026, la medicina espacial ha dejado de ser un ámbito restringido a la protección de los astronautas para convertirse en un campo de investigación con implicaciones directas para la salud en la Tierra. El nuevo impulso de la exploración tripulada, con programas como Artemis y la futura consolidación de plataformas orbitales comerciales, ha intensificado el interés por entender cómo responden el cuerpo humano, los tejidos, las células y las moléculas en entornos de microgravedad. Las agencias espaciales trabajan no solo en sistemas de soporte vital o en medidas de protección frente a la radiación, sino también en experimentos que pueden aportar conocimiento útil para el desarrollo de terapias, la formulación de medicamentos y la comprensión de enfermedades complejas. La microgravedad se ha revelado como una condición experimental singular, capaz de modificar procesos biológicos y físico-químicos de un modo difícilmente reproducible en la Tierra. Y ya se ha producido el salto al sector privado: compañías farmacéuticas como Lilly o Merck están enviando experimentos al espacio, a través de empresas como Varda Space Industries o SpacePharma, que ofrecen a la industria plataformas orbitales capaces de diseñar, ejecutar y recuperar ensayos en cápsulas autónomas con retorno controlado a la Tierra, dando lugar a una nueva cadena logística avanzada. Pero este expertise es consecuencia de una larga trayectoria de investigación que dio sus primeros pasos en 1973, con Skylab, de la NASA, la primera estación espacial donde se realizaron experimentos médicos y biológicos avanzados de forma sistemática, y se empezó a estudiar el metabolismo, el comportamiento de los medicamentos y la fisiología en microgravedad. Y la Estación Espacial Internacional, donde rotan investigadores de nacionalidades dispares que conviven en un micromundo sin fronteras, permanece habitada de forma ininterrumpida desde el año 2000. Las últimas misiones son una preparación para estancias prolongadas en el espacio y, a medio plazo, para la exploración profunda. Durante los próximos años convivirán estaciones espaciales habitadas, laboratorios orbitales autónomos y una nueva generación de estaciones comerciales que transformará el acceso a la microgravedad. En ese contexto, la medicina espacial se sitúa en la intersección entre exploración, biotecnología e industria farmacéutica, y empieza a perfilarse como uno de los campos con mayor potencial científico e industrial de la nueva economía espacial.

Farmacia en órbita

La nueva era de la medicina espacial

Muchos de nosotros hemos andado emocionados con la última misión, destino “casi la Luna”, de la Artemis II. La emoción no ha sido la misma que la primera vez, la del alunizaje, que los adultos del 69 vivieron en directo y los niños lo hicimos en un diferido con impacto de riguroso directo. El caso es que puede ser el inicio de una era de importantes avances para la humanidad.

Se reactiva una aventura interrumpida en 1972, cuando el cierre del programa Apolo puso fin a las misiones lunares y dispersó buena parte del capital humano e industrial que había permitido llevar al ser humano a la Luna.

Desde entonces, la exploración tripulada dejó de articularse en torno a misiones lunares puntuales y evolucionó hacia una presencia permanente en órbita baja. La Estación Espacial Internacional (ISS), constituida en 1998 y habitada sin interrupción desde noviembre de 2000, se construyó como una infraestructura interdependiente: Estados Unidos, Rusia, Europa, Japón y Canadá aportaron módulos, laboratorios, vehículos de carga, sistemas robóticos, financiación y tripulaciones, bajo la coordinación de sus respectivas agencias espaciales (NASA, Rocosmos, ESA, JAXA y CSA). Más de dos décadas después de su puesta en marcha, la ISS sigue siendo uno de los mayores ejemplos de cooperación científica internacional, sustentada por la contribución coordinada de los países participantes.

La Estación Espacial Internacional, que durante más de un cuarto de siglo ha sido el gran laboratorio científico en órbita, ha envejecido y tiene prevista su retirada hacia el final de la década

En sus más de dos décadas de actividad ininterrumpida, la Estación Espacial Internacional se ha consolidado como el principal laboratorio en microgravedad para las ciencias de la vida. En ella se han llevado a cabo miles de experimentos en biología, medicina y farmacología que han contribuido a comprender procesos fundamentales, desde el comportamiento de proteínas y la cristalización de compuestos hasta la respuesta del sistema inmune o la pérdida de masa ósea y muscular en condiciones de ingravidez.

En el ámbito farmacéutico, la ISS ha ayudado a mejorar la comprensión de la estructura de biomoléculas y a explorar nuevas formulaciones, especialmente en el caso de fármacos biológicos complejos. Pero su mayor aportación ha sido sentar las bases del conocimiento que hoy hace posibles nuevas aplicaciones con potencial industrial.

Paralelamente, en los últimos años nuevos operadores privados ofrecen acceso regular a la microgravedad mediante plataformas orbitales que no requieren una estación espacial. Se trata de sistemas automatizados de experimentación: cápsulas que se lanzan al espacio con un experimento programado, permanecen en órbita durante días o semanas ejecutándose de forma autónoma y regresan posteriormente a la Tierra con las muestras para su análisis. Está surgiendo un ecosistema integrado por empresas aeroespaciales, compañías farmacéuticas, centros de investigación e inversores, articulado mediante una cadena logística que conecta el lanzamiento, la actividad en órbita, el retorno de los materiales y su análisis en Tierra. Empresas como Varda Space Industries o SpacePharma están impulsando este modelo, concebido para ofrecer un acceso más rápido y flexible a la microgravedad.

En los próximos años surgirá una tercera generación de infraestructuras: las estaciones espaciales comerciales. Sustituirán progresivamente a la ISS en la órbita baja terrestre y estarán destinadas a investigación, producción y desarrollo tecnológico. A diferencia de la ISS, no serán gestionadas directamente por agencias espaciales, sino por empresas privadas, que ofrecerán sus instalaciones tanto a gobiernos como a universidades y compañías farmacéuticas. Mientras tanto, las grandes agencias, encabezadas por la NASA, concentrarán cada vez más sus recursos en la exploración del espacio profundo, con la Luna y, más adelante, Marte como principales objetivos.

Las estaciones espaciales o casas-laboratorio constituyen grandes infraestructuras habitadas que funcionan como laboratorios permanentes en órbita...

Las estaciones espaciales o casas-laboratorio constituyen grandes infraestructuras habitadas que funcionan como laboratorios permanentes en órbita baja, como la ISS y la estación china Tiangong. En ellas, los astronautas viven durante meses y reciben periódicamente nuevas tripulaciones y vehículos de carga.

El relevo: así ocurrirá

El relevo ya está programado. La Estación Espacial Internacional ha envejecido y tiene prevista su retirada hacia el final de la década. Diseñada para una vida útil de 15 años, ha seguido en funcionamiento gracias a sucesivas ampliaciones y a un mantenimiento constante. Cada nueva expedición dedica una parte importante de su tiempo a reparar, sustituir o actualizar sistemas que acusan el desgaste de más de dos décadas de funcionamiento. La retirada culminará a finales de 2030 o principios de 2031. Un vehículo de desorbitación se acoplará a la ISS y la empujará lentamente hasta provocar su reentrada controlada en la atmósfera. La mayor parte de la estación se desintegrará y los restos que sobrevivan caerán en el Punto Nemo, en el Pacífico Sur, donde ya reposan los fragmentos de otras grandes estructuras espaciales, como la estación rusa Mir y varias estaciones Salyut.

Con el objetivo de garantizar una presencia humana ininterrumpida y la continuidad de la investigación en órbita baja, la NASA está impulsando y financiando el desarrollo de varias estaciones espaciales comerciales, a las que en el futuro prevé acceder como un cliente más. Estas nuevas plataformas comerciales asumirán progresivamente la investigación y parte de la actividad industrial en microgravedad, sustituyendo el modelo actual basado en una única gran infraestructura internacional gestionada por agencias públicas.

Durante la transición hacia la retirada de la ISS, la primera estación comercial en tomar el relevo en órbita baja será la Haven-1, de Vast Space, concebida como un laboratorio comercial de microgravedad y como banco de pruebas de nuevos hábitats orbitales. Está previsto que sus sucesoras incorporen sistemas de gravedad artificial que permitan estancias más prolongadas y acerquen la vida en el espacio a las condiciones necesarias para la exploración profunda.

Próximas estaciones orbitales comerciales

Haven-1 (Vast Space). Con lanzamiento previsto para 2027, será una estación comercial de microgravedad concebida para investigación, desarrollo tecnológico y preparación de futuras plataformas de mayor tamaño. La compañía plantea que sus sucesoras incorporen sistemas de gravedad artificial.

Axiom Station (Axiom Space). Nacerá de forma progresiva mediante módulos acoplados inicialmente a la ISS. Cuando esta sea retirada, los módulos se desacoplarán para formar una estación independiente orientada a investigación, industria y misiones institucionales.

Starlab (Voyager Technologies, Airbus, Mitsubishi Corporation y MDA Space). Diseñada como laboratorio orbital permanente para investigación científica, biotecnología y fabricación avanzada, con participación internacional y vocación de sustituir parte de la capacidad científica de la ISS.

Orbital Reef (Blue Origin y Sierra Space). Concebida como un “parque empresarial” en órbita, combinará investigación, producción industrial, servicios comerciales y actividad institucional.

Laboratorio orbital a medida

Los nuevos laboratorios orbitales farmacéuticos se basan en cápsulas automatizadas y miniaturizadas capaces de albergar experimentos biológicos o físico-químicos en condiciones controladas de temperatura, mezcla y observación. A diferencia del modelo tradicional de la ISS, donde los experimentos dependían de astronautas e infraestructuras complejas, las nuevas plataformas privadas funcionan como sistemas autónomos, como un servicio de laboratorio externalizado: el cliente define el objetivo experimental —por ejemplo, cristalizar un anticuerpo monoclonal, estudiar una formulación o cultivar células en microgravedad— y la empresa espacial diseña e integra el experimento dentro de un módulo sellado que viaja al espacio en un lanzador comercial como el Falcon 9 de SpaceX o el Electron de Rocket Lab. Una vez en órbita, el sistema ejecuta automáticamente las secuencias programadas durante días o semanas, registrando parámetros físicos y biológicos y, en algunos casos, transmitiendo datos en tiempo real a la Tierra. La fase crítica de la operación es el retorno controlado. Empresas como Varda Space Industries han desarrollado cápsulas reutilizables que pueden reentrar en la atmósfera y aterrizar con el material experimental intacto, algo esencial para aplicaciones farmacéuticas.

Retorno de una cápsula Varda tras una misión orbital...

Retorno de una cápsula Varda tras una misión orbital. La cápsula de reentrada, de unos 90 centímetros de diámetro, transporta en su interior el módulo de procesamiento farmacéutico donde se realizan los experimentos en microgravedad. Tras completar la misión, se separa de la plataforma satelital, reentra en la atmósfera a velocidades cercanas a Mach 25 (más de 28.000 km/h) y aterriza mediante paracaídas. Una vez recuperada, el material experimental se devuelve a los clientes para su análisis en Tierra.

Microgravedad, ¿qué hace?

En la Tierra, muchos procesos están dominados por la gravedad, que induce convección en los fluidos, sedimentación de partículas y gradientes de densidad. En microgravedad, estos efectos prácticamente desaparecen y el transporte de masa pasa a estar regido principalmente por la difusión.

En el ámbito farmacéutico, esta circunstancia favorece un crecimiento más uniforme de los cristales y facilita la obtención de estructuras moleculares de mayor calidad. La microgravedad también altera la forma en que las células crecen, se organizan y se comunican, dando lugar a modelos tridimensionales más parecidos a los tejidos reales y ofreciendo nuevas oportunidades para estudiar enfermedades, evaluar tratamientos y comprender procesos biológicos complejos.

La investigación en microgravedad se extiende también al estudio del sistema inmune y a la ingeniería de tejidos, dos líneas con potencial para la medicina regenerativa.

El espacio se está consolidando como un laboratorio excepcional para estudiar procesos fundamentales que en la Tierra permanecen ocultos por la acción constante de la gravedad.

Cristalización y diseño de fármacos

La obtención de cristales de alta calidad es un paso clave en el desarrollo de fármacos. Su análisis mediante técnicas como la difracción de rayos X permite determinar la estructura tridimensional de proteínas y otras biomoléculas, fundamento del diseño racional de fármacos basado en la estructura (Structure-Based Drug Design, SBDD).

En condiciones terrestres, la convección y la sedimentación pueden introducir imperfecciones durante el crecimiento cristalino. En microgravedad, al reducirse estos fenómenos, los cristales tienden a formarse de manera más ordenada, con menor densidad de defectos y mayor homogeneidad. Esto se traduce en datos estructurales de mayor resolución, lo que permite identificar con mayor precisión los denominados “sitios de unión” de los fármacos y optimizar su diseño.

Este enfoque resulta especialmente relevante en el desarrollo de fármacos biológicos, como los anticuerpos monoclonales, donde pequeñas variaciones estructurales pueden afectar a la estabilidad y la eficacia del medicamento, condicionando también las opciones de formulación y, con ello, su vía de administración. Es el caso del experimento realizado en la Estación Espacial Internacional con pembrolizumab (Keytruda), de Merck, uno de los medicamentos más utilizados en inmunoterapia frente a diversos tipos de cáncer. Los resultados mostraron que en microgravedad podían obtenerse suspensiones cristalinas del anticuerpo mucho más homogéneas, menos viscosas y con mejores propiedades físicas que las obtenidas en la Tierra, abriendo la posibilidad de desarrollar formulaciones que permitan vías de administración más cómodas para los pacientes. Hasta ahora se administraba en el hospital por vía intravenosa y las nuevas formulaciones permiten su administración con una simple inyección bajo la piel.

La aplicación de herramientas de inteligencia artificial al diseño y la optimización de procesos de cristalización ya ha empezado a acelerar esta disciplina. Su uso, todavía incipiente, en laboratorios autónomos de universidades, centros de investigación y algunas empresas permite, por ejemplo, predecir qué condiciones tienen más probabilidades de producir cristales de calidad, anticipar qué forma cristalina adoptará un principio activo o ajustar en tiempo real parámetros fisicoquímicos para obtener cristales con el tamaño y la pureza deseados.

¿Por qué nos fascinan los cristales?

¿Por qué nos fascinan los cristales?

Evolutivamente, nuestro ojo está entrenado para detectar superficies brillantes y traslúcidas porque durante milenios eso significaba agua limpia. Además, en la antigüedad, encontrar algo con ángulos rectos o caras planas en la naturaleza, donde casi todo es curvo, irregular o se pudre, resultaría, cuando menos, llamativo. La antropología también explica que, por su escasez y dificultad de hallazgo, los cristales se convirtieron en herramientas de poder para chamanes y líderes, y símbolo de prestigio social.

Desde el punto de vista psicológico, la simetría perfecta y la geometría repetitiva de los cristales reducen la carga cognitiva: el cerebro las procesa con muy poco esfuerzo. Esa legibilidad visual genera una sensación de calma y control. Y, según la teoría de la fluidez cognitiva, nos gusta lo que comprendemos de inmediato. Al ver un cristal, el cerebro reconoce un patrón organizado instantáneamente, lo que dispara una señal de placer (recompensa dopaminérgica). También son símbolo de pureza: la transparencia y la falta de imperfecciones se asocian con la honestidad, la claridad mental y lo incorruptible.

Incluso parece haber una geometría para cada momento de la vida…, con una transición algo así como “de Van der Rohe a Gaudí”. La geometría recta, el minimalismo y materiales como el vidrio se asocian a menudo con etapas vitales marcadas por la búsqueda de orden, eficiencia, proyección, estatus… Tras periodos de mucho estrés o sobreestimulación externa, se tiende a la aspiración al bienestar, a formas orgánicas que responden a nuestra afinidad innata por la naturaleza —biofilia— y evocan refugio, bienestar y seguridad. Las formas curvas y fluidas activan menos la amígdala (la zona que se activa ante una amenaza) que los ángulos afilados. No es que pasemos del orden al desorden, sino de la geometría de lo inerte a la geometría de lo vivo: un orden —una matemática— mucho más complejo. Ese que Gaudí supo ver en la naturaleza.

El negocio de la microgravedad

La investigación biomédica en órbita ya no pertenece solo al ámbito científico. Según un informe elaborado por el Foro Económico Mundial y McKinsey, la economía espacial global podría alcanzar los 1,8 billones de dólares en 2035, frente a los 630.000 millones registrados en 2023. Así, la fabricación y el procesamiento de materiales en órbita aparecen como uno de los segmentos con mayor potencial de crecimiento.

La retirada prevista de la Estación Espacial Internacional hacia 2030 está acelerando la transición hacia plataformas comerciales. Empresas como Axiom Space, Starlab, Orbital Reef o Vast desarrollan estaciones orbitales destinadas a albergar investigación, producción y servicios en microgravedad. Aunque la fabricación farmacéutica en el espacio continúa siendo una actividad incipiente, la aparición de una cadena de valor completa —proveedores de lanzamiento, laboratorios orbitales, sistemas de retorno y clientes industriales— está transformando la microgravedad de un recurso experimental escaso en una infraestructura tecnológica con vocación comercial. Varda resume esta visión con un objetivo ambicioso: “convertir la reentrada en una actividad rutinaria” y hacer que una fábrica espacial forme parte habitual y fiable de la cadena de desarrollo farmacéutico.

Epílogo. Más allá de Orión

Además de sus aplicaciones directas en biomedicina, la investigación en el espacio está aportando claves fundamentales sobre el origen y los límites de la vida. Las condiciones de microgravedad, radiación y aislamiento permiten estudiar cómo se comportan moléculas orgánicas, microorganismos y sistemas biológicos en entornos extremos, algunos de ellos comparables a los que pudieron existir en la Tierra primitiva o que podrían darse en otros cuerpos del sistema solar. Experimentos realizados en órbita han demostrado la capacidad de ciertos microorganismos para resistir el vacío y la radiación, así como la estabilidad de compuestos orgánicos complejos en estas condiciones.

Este conocimiento no solo tiene implicaciones para la astrobiología, sino también para la salud humana: entender cómo se dañan y reparan las células, cómo se adaptan los organismos o cuáles son los límites de la vida aporta información valiosa en campos como la oncología, la inmunología o la medicina regenerativa.

Los astronautas ya están listos e impacientes por ser llamados para su próxima misión. La Agencia Espacial Europea (ESA) tiene en “la rampa de salida” a dos españoles: Pablo Álvarez —astronauta de carrera— y Sara García Alonso —doctora en Biología Molecular del Cáncer e investigadora del CNIO, que ya ha completado el programa de formación de la reserva—. Los astronautas seleccionados están preparados tanto para ir a la ISS como para participar en proyectos de ciencia en otras plataformas orbitales, dependiendo de los acuerdos que la ESA alcance con diferentes agencias y empresas aeroespaciales en el futuro.

El ser humano es una especie de exploradores incansables y visitar otros mundos es una aspiración colectiva

El ser humano es una especie de exploradores incansables y visitar otros mundos es una aspiración colectiva.

Y es en las idas y venidas de astronautas, provisiones y demás carga espacial donde SpaceX, de Elon Musk, cobra protagonismo, proporcionando naves de transporte y servicios de lanzamiento tanto para las agencias estatales como para el sector privado. Su irrupción ha abaratado costes, lo que está posibilitando el acceso de nuevos actores a la microgravedad.

Solo estamos colocando los primeros ladrillos de esa pasarela hacia las estrellas por la que tantos científicos trabajan, desde distintas especialidades y disciplinas. Es el principio de un viaje muy largo.

Entretanto, por lo que respecta a la “ocupación” de la órbita baja, habría que ir legislando. De hecho, urge hacerlo.

El desarrollo de esta nueva economía espacial, con el desplazamiento de las agencias hacia la exploración profunda y la entrada de estaciones orbitales comerciales no está exento de interrogantes. La creciente concentración de capacidades de lanzamiento y acceso al espacio en torno a un reducido número de operadores privados ha abierto un debate sobre la soberanía tecnológica y la dependencia estratégica de infraestructuras críticas.

La autoridad moral de la ciencia ha logrado que la neutralidad haya sido la única bandera que ha ondeado allí arriba, hasta la fecha.

La era de “la conquista del espacio” —expresión algo soberbia, incluso grosera— deja paso a la era de “el uso del espacio” —inquietante— por operadores privados —doblemente inquietante—. Es cierto que el Tratado sobre el Espacio Exterior de 1967 (instrumento jurídico que regula el derecho internacional del espacio ultraterrestre) preserva el principio de no apropiación del espacio y su uso en beneficio de toda la humanidad. De hecho, la premisa es tan obvia que ni los regímenes sustentados en el uso de la fuerza han osado vulnerarla. La autoridad moral de la ciencia ha logrado que la neutralidad haya sido la única bandera que ha ondeado allí arriba, hasta la fecha. El tratado contempla incluso la presencia de entidades privadas, señalando la responsabilidad de los estados frente a “actividades nacionales en el espacio, ya sean realizadas por organismos gubernamentales o por entidades privadas”. Pero hay, y habrá, un sinfín de nuevas circunstancias que no podían preverse en su momento, como el uso masivo de satélites comerciales, la minería de asteroides o el turismo espacial.

Y es que, aunque somos más, ya se sabe lo que pasa “cuando los buenos no hacen nada”… Movamos ficha: legislemos.

La exploración espacial focaliza su mirada hacia lugares que cada vez nos parecen menos lejanos. Paradójicamente, los que han estado allí sienten que aquel abismo les devuelve a lo más humano de nosotros mismos: el miedo, el vínculo, la pérdida, la gratitud… El comandante Wiseman explicó, al volver de la misión Artemis II, cuán profundamente conectado se sintió con los seres humanos anónimos que estábamos en la Tierra.

Artemis II no ha sido solo una misión de prueba para el regreso a la Luna. Ha sido también una misión intensamente humana, narrada en abierto, compartida casi en tiempo real, por una tripulación que no ha escondido la emoción de lo vivido en el pequeño habitáculo de la cápsula Orión. Uno de los gestos más simbólicos fue dedicar un cráter lunar a Carroll, la esposa fallecida del comandante Reid Wiseman.

La tripulación de Artemis II refleja otra dimensión de la exploración: la experiencia acumulada, la capacidad de liderazgo y la madurez emocional necesarias para afrontar misiones cada vez más largas, complejas y alejadas de la Tierra. Con 50 años, Wiseman se convirtió en la persona de mayor edad en viajar más allá de la órbita terrestre baja.

Los cuatro miembros acumulaban experiencia previa en vuelos espaciales, mando de equipos y operaciones de alta complejidad. La imagen de la tripulación descendiendo uno tras otro del helicóptero por su propio pie tras la misión ponía los pelos de punta. La selección de Artemis refleja una nueva concepción del astronauta: la experiencia, la capacidad de liderazgo y la fortaleza psicológica parecen pesar tanto como las habilidades técnicas.

A Artemis II (Artemis es hermana de Apolo en la mitología) le seguirán Artemis III, IV, V…, cada una con objetivos cada vez más ambiciosos. La tecnología que habrá que desarrollar para hacer posible el reto del espacio profundo terminará encontrando aplicaciones aquí, en la Tierra. Como ocurrió con la telemedicina, la monitorización remota de pacientes o los sistemas avanzados de tratamiento del agua, que surgieron en el entorno de la investigación espacial, las próximas misiones empujarán a desarrollar tecnologías que solucionarán problemas en la Tierra. La gestión del agua. La construcción con regolito lunar. La producción de alimentos en entornos cerrados. Todo aquello que obligue a aprender a vivir fuera de la Tierra terminará enseñándonos a vivir mejor en ella.

Dice el saber popular que las comparaciones no son buenas, y que las churras no deben mezclarse con las merinas ni el tocino con la velocidad. Y es que una cosa es elucubrar —y es muy lícito— sobre lo que podría hacerse por el planeta y sus gentes con el coste de las misiones espaciales —repartir hasta morir, metafóricamente…—, y otra es —la que nos ha traído hasta aquí— caminar siempre hacia adelante.

No hay destino…

… Salvo el que construyamos.

Entrevista a Michael Reilly, director de Estrategia de Varda Space Industries

Entrevista a Michael Reilly, Varda Space Industries
MEDICINA ESPACIAL 
“El mercado está pasando de la prueba de concepto demostrada a una realidad precomercial”

La compañía estadounidense Varda Space Industries se ha convertido en uno de los actores más visibles de la nueva economía orbital, basada en plataformas privadas capaces de fabricar materiales en microgravedad y devolverlos posteriormente a la Tierra. Desde la sede de Varda Space Industries en El Segundo (California), Michael Reilly, director de Estrategia de la compañía, nos explica en esta entrevista cómo funciona este modelo de producción farmacéutica en órbita, qué ventajas aporta la microgravedad en procesos como la cristalización de fármacos y por qué empresas del sector biotecnológico empiezan a considerar el espacio no ya como un entorno experimental aislado, sino como una futura infraestructura industrial. Reilly aborda también los retos técnicos y regulatorios de este nuevo mercado y el papel que pueden desempeñar sistemas reutilizables de transporte y retorno de carga en el desarrollo de medicamentos. Mónica Daluz / pdf

Texto completo en html

MEDICINA ESPACIAL

“El mercado está pasando de la prueba de concepto demostrada a una realidad precomercial”

Entrevista a Michael Reilly, director de Estrategia de Varda Space Industries

Mónica Daluz
Periodista experta en industria farmacéutica y cosmética
23/07/2026

La compañía estadounidense Varda Space Industries se ha convertido en uno de los actores más visibles de la nueva economía orbital, basada en plataformas privadas capaces de fabricar materiales en microgravedad y devolverlos posteriormente a la Tierra. Desde la sede de Varda Space Industries en El Segundo (California), Michael Reilly, director de Estrategia de la compañía, nos explica en esta entrevista cómo funciona este modelo de producción farmacéutica en órbita, qué ventajas aporta la microgravedad en procesos como la cristalización de fármacos y por qué empresas del sector biotecnológico empiezan a considerar el espacio no ya como un entorno experimental aislado, sino como una futura infraestructura industrial. Reilly aborda también los retos técnicos y regulatorios de este nuevo mercado y el papel que pueden desempeñar sistemas reutilizables de transporte y retorno de carga en el desarrollo de medicamentos.

Michael Reilly, director de Estrategia de Varda Space Industries

Michael Reilly, director de Estrategia de Varda Space Industries.

En los últimos años estamos viendo cómo la investigación en microgravedad está pasando de un modelo institucional, ligado a grandes infraestructuras como la Estación Espacial Internacional, a propuestas más flexibles que permiten diseñar experimentos, enviarlos a órbita, ejecutarlos y recuperar los resultados en plazos relativamente cortos. En este contexto, Varda plantea un modelo propio basado en plataformas orbitales con retorno a la Tierra. ¿Podría explicar con detalle cómo funciona este proceso —desde el diseño del experimento hasta la recuperación del material— y qué implicaciones tiene para la investigación farmacéutica?

Varda se encarga de todo el proceso: la selección preliminar en Tierra identifica las moléculas candidatas más adecuadas, el módulo de procesamiento farmacéutico se carga en nuestra cápsula y se lanza a órbita en un cohete de SpaceX, el Falcon 9, en una misión compartida con otros satélites y cargas comerciales, y el experimento se desarrolla de forma autónoma.

Cuando el procesamiento concluye, la cápsula se separa de la plataforma satelital, reentra en la atmósfera a Mach 25 (unas 25 veces la velocidad del sonido) y aterriza en paracaídas, momento en el que recuperamos la carga y la devolvemos a nuestros socios. Para la industria farmacéutica, esto transforma la microgravedad de un experimento puntual en la ISS en una etapa repetible y habitual dentro del proceso de desarrollo de medicamentos.

Varda convierte la fabricación de compuestos farmacéuticos en microgravedad en un proceso repetible...

Varda convierte la fabricación de compuestos farmacéuticos en microgravedad en un proceso repetible, desde el lanzamiento al espacio hasta el regreso seguro de las muestras a la Tierra para su análisis.

¿Qué diferencia aporta el enfoque de Varda frente al modelo tradicional y cómo cambia esto el acceso de la industria farmacéutica a la microgravedad?

Varda opera una nave totalmente autónoma y de vuelo libre, y nuestra cadencia puede ajustarse a los tiempos de desarrollo farmacéutico. A comienzos de la década de 2030, Varda espera alcanzar una frecuencia mensual de reentrada combinando demanda gubernamental y comercial.

En vuestro caso, el elemento central no es solo el experimento, sino la propia cápsula que actúa como entorno de producción en microgravedad y que, además, debe garantizar el retorno seguro del material a la Tierra. ¿Qué retos técnicos implica integrar en un mismo sistema funciones de fabricación y de transporte?

La nave de la serie W consta de tres partes: una plataforma satelital que proporciona energía y propulsión, una cápsula de reentrada de 0,9 metros y un módulo de procesamiento farmacéutico en cuyo interior se aloja el principio activo. La misión W-5 incorporó por primera vez la plataforma satelital desarrollada internamente por Varda y un escudo térmico fabricado también por la compañía a partir de C-PICA, un material ablativo desarrollado originalmente en el Ames Research Center de la NASA. El mayor reto técnico consiste en utilizar equipamiento farmacéutico estándar de laboratorio —como reactores de cristalización, sistemas de manejo de fluidos o controles térmicos de alta precisión— y rediseñarlo completamente para hacerlo apto para el entorno espacial.

La nave W-5 de Varda integra una plataforma satelital propia...

La nave W-5 de Varda integra una plataforma satelital propia, una cápsula de reentrada y un módulo de procesamiento farmacéutico adaptado para operar en las condiciones de microgravedad del espacio.

Desde el punto de vista farmacéutico, la microgravedad está permitiendo avanzar en áreas como la cristalización de fármacos, la mejora de formulaciones o el estudio de sistemas biológicos complejos. A partir de vuestra experiencia, ¿en qué tipo de compuestos o procesos se están observando resultados más prometedores y con mayor potencial de aplicación en la industria?

La microgravedad suprime fenómenos como la convección, la sedimentación y la flotabilidad, permitiendo que los cristales se formen en un entorno mucho más controlado que el que es posible en la Tierra. Esto permite ajustar el tamaño de partícula y puede dar lugar tanto a grandes cristales ordenados para determinaciones estructurales de alta resolución como a partículas pequeñas y uniformes destinadas a mejorar la administración de fármacos. Las aplicaciones más prometedoras a corto plazo son la reformulación de moléculas pequeñas y los anticuerpos monoclonales, cuya cristalización ha sido históricamente muy difícil. Recientemente, Varda anunció una colaboración con United Therapeutics Corporation para explorar el uso de la microgravedad en el desarrollo de formulaciones mejoradas para tratamientos de enfermedades pulmonares raras.

La cristalización en microgravedad permite obtener estructuras más uniformes y controladas...

La cristalización en microgravedad permite obtener estructuras más uniformes y controladas, abriendo nuevas posibilidades para mejorar la formulación de medicamentos y anticuerpos monoclonales.

El caso del pembrolizumab (Keytruda), de Merck, se ha convertido en uno de los ejemplos más relevantes para explicar el potencial de la microgravedad en el ámbito farmacéutico. ¿Qué se ha conseguido exactamente en microgravedad con este medicamento, cómo ha funcionado el proceso y por qué se considera un avance significativo desde el punto de vista farmacéutico?

Merck llevó a cabo experimentos de cristalización con pembrolizumab en la ISS con el objetivo de desarrollar una formulación inyectable subcutánea que sustituyera a la actual administración intravenosa. Las condiciones de microgravedad produjeron un resultado que sirvió para orientar el desarrollo de una formulación subcutánea que actualmente ya está en el mercado, aunque no utilizó los cristales obtenidos en microgravedad porque no existía una forma de producir mayores cantidades en la ISS. El enfoque de Varda, basado en vuelos no tripulados y alta frecuencia de retorno, hace ahora posible esa escalabilidad.

En los últimos años estamos viendo cómo la fabricación en órbita empieza a configurarse como un nuevo segmento industrial, con previsiones de crecimiento significativas y una progresiva entrada de actores privados, especialmente en el ámbito de la biomedicina. En este contexto, ¿cómo valoráis la evolución real de este mercado? ¿En qué punto diríais que se encuentra actualmente —fase experimental, preindustrial o ya de desarrollo comercial— y qué factores serán determinantes para que la fabricación en microgravedad se consolide como una actividad económica viable? ¿Qué papel están empezando a desempeñar las compañías farmacéuticas en este nuevo entorno?

El mercado está pasando de la prueba de concepto demostrada a una realidad precomercial: la ciencia ya está establecida, los primeros modelos económicos están empezando a validarse y actores relevantes de la biofarmacia comienzan a implicarse como socios y no solo como observadores. Varda está construyendo la primera vía para comercializar décadas de trabajo desarrollado en la ISS. Los factores decisivos a partir de ahora serán la frecuencia de vuelo, la claridad regulatoria sobre medicamentos fabricados en órbita y la traslación clínica de las mejoras en formulación.

La fabricación de medicamentos en microgravedad avanza hacia su etapa precomercial...

La fabricación de medicamentos en microgravedad avanza hacia su etapa precomercial, impulsada por una mayor participación de la industria biofarmacéutica y el desarrollo de un marco operativo cada vez más consolidado.

En paralelo al desarrollo de nuevas actividades en órbita, también está creciendo la preocupación por el impacto ambiental del uso del espacio, especialmente en relación con la generación de residuos y la sostenibilidad de las operaciones. En el caso de vuestro modelo, basado en plataformas con retorno a la Tierra, ¿qué medidas se están adoptando para minimizar la generación de basura espacial y garantizar un uso responsable del entorno orbital?

El modelo de Varda no genera basura espacial: las misiones son cortas, la cápsula se recupera físicamente en la Tierra, la plataforma satelital se destruye durante la reentrada en la atmósfera y no queda nada en órbita a largo plazo.

Entrevista a José Antonio Gavira, investigador científico del CSIC en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT) y jefe del Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC)

Entrevista a José Antonio Gavira, CSIC
MEDICINA ESPACIAL 
“Cuanto mejor conozcamos el ‘sitio de unión’, mejor podremos diseñar un fármaco que encaje con la mayor precisión”

La cristalización de proteínas ocupa un lugar central en el desarrollo de nuevos medicamentos, al permitir obtener estructuras moleculares de alta resolución y comprender con mayor precisión cómo interactúan los fármacos con sus dianas biológicas. En esta entrevista, José Antonio Gavira —investigador del CSIC y referente internacional en cristalografía— explica por qué la calidad de un cristal puede condicionar el avance de un medicamento, qué aporta la microgravedad a estos procesos y cómo la investigación espacial está empezando a generar aplicaciones de interés para la industria farmacéutica. Su laboratorio ha sido pionero en el desarrollo de técnicas de cristalización por contradifusión utilizadas en experimentos de microgravedad por agencias como la ESA, la NASA o la JAXA. Gavira aborda también el papel de estas investigaciones en proyectos internacionales y las colaboraciones con compañías farmacéuticas, y nos ilustra sobre los límites reales de la fabricación de fármacos en órbita. Mónica Daluz / pdf

Texto completo en html

MEDICINA ESPACIAL

“Cuanto mejor conozcamos el ‘sitio de unión’, mejor podremos diseñar un fármaco que encaje con la mayor precisión”

Entrevista a José Antonio Gavira, investigador científico del CSIC en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT) y jefe del Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC)

Mónica Daluz
Periodista experta en industria farmacéutica y cosmética
23/07/2026

La cristalización de proteínas ocupa un lugar central en el desarrollo de nuevos medicamentos, al permitir obtener estructuras moleculares de alta resolución y comprender con mayor precisión cómo interactúan los fármacos con sus dianas biológicas. En esta entrevista, José Antonio Gavira —investigador del CSIC y referente internacional en cristalografía— explica por qué la calidad de un cristal puede condicionar el avance de un medicamento, qué aporta la microgravedad a estos procesos y cómo la investigación espacial está empezando a generar aplicaciones de interés para la industria farmacéutica. Su laboratorio ha sido pionero en el desarrollo de técnicas de cristalización por contradifusión utilizadas en experimentos de microgravedad por agencias como la ESA, la NASA o la JAXA. Gavira aborda también el papel de estas investigaciones en proyectos internacionales y las colaboraciones con compañías farmacéuticas, y nos ilustra sobre los límites reales de la fabricación de fármacos en órbita.

José Antonio Gavira, investigador científico del CSIC en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT) y jefe del Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC)

José Antonio Gavira, investigador científico del CSIC en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT) y jefe del Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC).

En el desarrollo de fármacos, especialmente en el ámbito de proteínas terapéuticas y dianas biológicas, se considera esencial conocer la estructura tridimensional de las moléculas para comprender su función, sus interacciones y su potencial optimización; desde su experiencia, ¿qué papel juega esta información estructural en el proceso farmacéutico y hasta qué punto condiciona el avance de un medicamento?

Este es un punto clave. Cualquier principio activo, cualquier fármaco, actúa o ejerce su función a través de las interacciones con el receptor, la proteína diana. Estas interacciones son contactos a nivel atómico en lo que llamamos el sitio de unión del fármaco en la proteína. Pues bien, cuanto mejor conozcamos el sitio de unión, mejor podremos diseñar un fármaco que encaje con la mayor precisión, con más fuerza o lo que es lo mismo con un mayor número de contactos, de interacciones. Por tanto, un conocimiento más preciso o con mayor nivel de detalle (lo que nosotros denominamos una mejor resolución) de la estructura del receptor del fármaco es esencial y, por tanto, condiciona su desarrollo.

Para poder obtener esa información estructural es necesario transformar sistemas biológicos complejos en cristales analizables, un proceso que sitúa a la cristalografía —disciplina fundamental, pero a menudo poco visible— en un punto clave de la investigación; en la práctica experimental, ¿en qué consiste la cristalización de proteínas, por qué resulta tan difícil y cómo influyen en ella factores físicos como la convección o la sedimentación? ¿Y cuál es el papel de la microscopía electrónica en este objetivo?

A nivel experimental la microscopía electrónica (ME), que no requiere de un cristal, está cobrando relevancia y cada año son más los modelos de estructuras de proteínas que se determinan empleando ME y que se depositan en el Banco de Datos de Proteínas (PDB), donde quedan accesibles a todo el mundo. Pero, a día de hoy, solo las estructuras determinadas a partir de datos de difracción de los cristales de proteína nos dan ‘resoluciones’ suficientemente buenas para establecer conclusiones claras. Podríamos decir que mientras la EM nos puede ofrecer una visión global, el detalle de la foto sigue siendo borroso mientras que la cristalografía es capaz de darnos una foto mucho más nítida global y localmente.

Existe una relación directa entre la calidad del cristal de proteína y la resolución a la que difracta los rayos X (cuán nítidos son los detalles de la foto). Un cristal no es otra cosa que un sólido ordenado en las tres dimensiones del espacio. A mayor orden, mejor calidad del cristal y mejor resolución, mejores datos. Si hay desorden en el cristal, debido a la incorporación de impurezas o a un crecimiento demasiado rápido, la calidad se ve comprometida, la foto sale borrosa. La convección representa un flujo rápido y caótico de las moléculas que van a formar el cristal, frente a la difusión donde las moléculas, las proteínas, se mueven lentamente. Aunque es una gran simplificación del problema, esta idea nos ayudará a entender que un cristal que crezca en un medio sin convección lo hará más lentamente, con menos defectos y, por tanto, será de mejor calidad. Pero esta es solo la parte física del problema, lo que mejor sabemos resolver. Sin embargo, la mayor dificultad radica en encontrar las condiciones químicas adecuadas para obtener un cristal, para forzar a las moléculas (las proteínas) que están en solución a unirse unas a otras de forma ordenada para formar el cristal.

Desafortunadamente para esta etapa aún no tenemos una solución global. Para cada proteína necesitamos recorrer un camino de búsqueda de las condiciones químicas favorables que induzcan la formación del cristal. Eso sí, una vez encontradas, ya nos podemos dedicar a refinar tanto la química como la física (convección, sedimentación, etc.) para mejorar los cristales.

En este sentido, nuestro departamento es internacionalmente conocido por haber desarrollado las técnicas de contradifusión para la cristalización de proteínas de la mano del fundador del Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC), el profesor Juan Manuel García-Ruiz, que actualmente es profesor Ikerbasque en el DIPC (Donostia International Physics Center). La contradifusión en capilares (CDD), técnica sobre la que realicé mi tesis de doctorado, permite barrer un gran número de condiciones (químicas) en un medio en el que se minimiza la convección. Su versatilidad y facilidad de implementación han hecho que la CDD sea una de las técnicas más empleadas en experimentos de cristalización en el espacio, en condiciones de microgravedad, por las agencias europea (ESA), americana (NASA) y nipona (JAXA).

Proteína unida a un ligando, ejemplo de fármaco unido al sitio de unión

Proteína unida a un ligando, ejemplo de fármaco unido al sitio de unión.

¿Qué tipo de colaboración mantiene el Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC), integrado en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (CSIC-UGR), con la industria farmacéutica? ¿Trabajan habitualmente con empresas farmacéuticas o biotecnológicas en proyectos de cristalización de proteínas? ¿Podría describir algún ejemplo de colaboración concreta con la industria en este ámbito? ¿Qué demandan actualmente las empresas farmacéuticas a grupos como el suyo?

Actualmente nuestro departamento participa en el proyecto europeo PROCRYSTAL, ‘Crystallisation towards efficient and sustainable biomanufacturing’ (HORIZON-MSCA-2023-DN-01), que tiene como objetivo principal promover la cristalización como una alternativa sostenible, eficiente y escalable a los procesos actuales de producción y formulación líquida de fármacos proteicos/peptídicos. En este proyecto participan 7 instituciones y dos compañías, de 8 países distintos y con otros 9 miembros asociados. De las seis compañías que participan, dos son farmacéuticas, Janssen como socio y la francesa Sanofi-Aventis como asociada. PROCRYSTAL es un programa de formación multidisciplinar e intersectorial encargado de formar a la próxima generación de ingenieros y científicos altamente cualificados para la aplicación de la cristalización hacia una bio-manufactura eficiente y sostenible.

En general, la industria farmacéutica posee potentes departamentos de investigación y desarrollo encargados de buscar las dianas terapéuticas, típicamente una proteína, asociadas a una determinada enfermedad. Son procesos largos y costosos con tres fases de desarrollo que se extienden durante años. En ocasiones, la diana biológica de interés farmacéutico puede ser el tema de estudio de un determinado grupo de investigación, lo que les permite establecer una colaboración público/privada. Esta forma de interacción, muy extendida en países como EE.UU., Reino Unido, Alemania, Francia, etc., es hoy poco frecuente en nuestro país, aunque vamos avanzando. En este sentido, la industria suele buscar más bien la optimización de procesos en los que la cristalización juegue un papel relevante. Ocasionalmente se interesan en estudios estructurales concretos, por ejemplo, cuando un grupo de investigación logra controlar la obtención de cristales de una proteína diana asegurando el acceso a los modelos estructurales.

Nuestro departamento, LEC, ha mantenido a lo largo de su historia distintas colaboraciones puntuales con la industria farmacéutica, como PharmaMar, y ha patentado productos como una insulina cristalina con mayor estabilidad y vida media, que dio lugar a la spin-off Crystagel en colaboración con la Universidad de Granada, o la patente de un hidroxiapatito dopado con flúor, en colaboración con el Consiglio Nazionale delle Ricerche italiano, comercializada como la pasta de dientes BioSmalto.

Su grupo ha colaborado con agencias espaciales en experimentos de cristalización en microgravedad; ¿en qué consisten exactamente estos experimentos —tanto en laboratorio terrestre como en plataformas espaciales— y qué tipo de mejoras permiten obtener en los cristales? Desde el punto de vista biomédico y farmacéutico, ¿qué interés tienen estas investigaciones, y hasta qué punto pueden traducirse en avances concretos, como mejoras en la formulación o en la forma de administración de determinados fármacos?

Sí, efectivamente nuestro departamento, de la mano del profesor García-Ruiz, ha impulsado el uso de las técnicas contradifusivas en experimentos llevados a cabo en condiciones de microgravedad, ya fuesen en el transbordador americano (Shuttle), en la Estación Espacial Internacional (ISS) o en las cápsulas rusas Soyuz (tripulada) o la Progress (de carga), en las que he participado a lo largo de los últimos 20 años. En el departamento desarrollamos y usamos en varias misiones los reactores de cristalización que bautizamos como la Granada Crystallization Box (GCB) alojados en la Granada Crystallization Facility (GCF). La característica fundamental de estos reactores es que no requerían intervención humana en el espacio y que permitían una alta densidad de experimentos (más de 300) en un volumen de poco más de 1,3 L y 5 Kgr de peso final, de la versión GCF-2. Tras su preparación en tierra, normalmente en el lugar de lanzamiento, el experimento comenzaba en ese mismo momento, pero con una secuencia temporal ajustada para que los eventos de nucleación y crecimiento de los cristales ocurrieran al alcanzar la órbita adecuada en condiciones de microgravedad. En estos años de experimentación espacial se ha acumulado una gran cantidad de conocimiento fundamental, que nos ha permitido, por ejemplo, entender cómo funciona la técnica de contradifusión y, en el ámbito de la aplicación, se ha demostrado que medios sin convección permiten mejorar la calidad de los cristales y, en algunos casos, controlar su tamaño. Algo que, a día de hoy, podemos emular en tierra empleando capilares, geles o campos externos (eléctricos y/o magnéticos).

Cristales crecidos en capilares por el método CDD

Cristales crecidos en capilares por el método CDD.

En un momento en el que agencias espaciales y actores industriales están impulsando la investigación en microgravedad con expectativas relevantes en biomedicina, ¿qué papel cree que puede desempeñar este campo en los próximos años y hasta qué punto considera que existe una percepción sobredimensionada sobre su impacto en la fabricación de fármacos en órbita?

Bueno, es difícil contestar de forma concreta y clara a esta pregunta, ya que son muchas las agencias espaciales que desarrollan programas de investigación paralelos con objetivos muy diversos. Este tipo de información se recoge en publicaciones especializadas como el último libro blanco de la ESA SciSpacE 2021 (ROADMAP: Soft Matter and Biophysics) o, más recientemente, la revisión titulada ‘Roadmap on Materials Development and Utilization in Space’ (Hoja de ruta para el desarrollo y la utilización de materiales en el espacio) en Journal of Physics: Materials, ya en producción, en el que contribuimos con el capítulo ‘Protein crystallization in Space’ en el que se recoge lo que estamos diciendo de forma resumida en esta entrevista. La microgravedad es sobre todo una herramienta excepcional para estudiar procesos fundamentales que en la Tierra están ocultos por la gravedad, más que una solución inmediata para fabricar fármacos. El beneficio real es más bien indirecto, como la mejora de procesos y tecnologías farmacéuticas a partir del conocimiento adquirido en condiciones de microgravedad. Por ejemplo, el último trabajo que ha publicado la compañía Merck sobre sus experimentos en la ISS con el anticuerpo monoclonal (mAb) Pembrolizumab durante una misión de SpaceX muestra que en condiciones de microgravedad se obtienen cristales más uniformes y en mayor cantidad, mientras que en la Tierra se formaban cristales muy heterogéneos. En el espacio se generaban suspensiones de cristales menos viscosas y más homogéneas. Estos resultados se han trasladado en tierra al empleo de mezcladores rotatorios con control de temperatura, llegando a suspensiones cristalinas uniformes (1–5 μm) con propiedades adecuadas para formulaciones inyectables.

Sí que parece evidente que se está dando un cambio de tendencia, la obtención de mejores cristales para la determinación estructural ya no es el objetivo prioritario. Sin embargo, la posibilidad de desacoplar variables que en la Tierra están acopladas por la gravedad es fundamental para estudiar mezclas de líquidos, suspensiones o soluciones complejas que, además de ser relevantes en otros campos de estudio, también lo son en la industria farmacéutica y en la cristalización de proteínas.

Las nuevas misiones como Artemis incorporan tecnologías para monitorizar la respuesta biológica de los astronautas en microgravedad. ¿Qué valor tienen estos sistemas como plataforma experimental y qué conocimiento pueden aportar a la investigación biomédica en Tierra?

En mi opinión, los astronautas son en sí mismos una fuente de datos tremenda y supongo que así es como se ven desde un punto de vista biomédico. Para cada misión, la tripulación es sometida a un seguimiento continuo antes, durante y después de la misión, lo que genera una gran cantidad de datos. En microgravedad desaparecen factores como la carga mecánica o la sedimentación celular, lo que permite identificar mecanismos biológicos que en la Tierra están enmascarados o mezclados con otros estímulos. Parece que muchos de los cambios observados en los astronautas, como la pérdida de masa ósea y muscular, alteraciones del sistema cardiovascular o del metabolismo, reproducen de forma acelerada procesos asociados al envejecimiento o a enfermedades crónicas. Entender sus bases físicas y biológicas en microgravedad puede ayudar a identificar nuevas dianas terapéuticas, estrategias de prevención o modelos más precisos de ciertas patologías.

El cerebro humano: “Yo, el rey”

El cerebro humano: "Yo, el rey"
NEUROCIENCIA 
La neuromodulación farmacológica busca reprogramar la comunicación sináptica

Su extrema complejidad es su seña de identidad. Pero hoy, tanto las estructuras como el endiabladamente vasto cableado del cerebro —el conectoma— son algo menos indescifrables gracias a tecnologías que permiten “ver” qué ocurre ahí dentro cuando pensamos, cuando recordamos, cuando aprendemos, cuando predecimos o cuando tomamos decisiones.
Proyectos como el Human Brain Project y el BRAIN Initiative nacieron con el objetivo de aplicar este conjunto de técnicas a la comprensión del funcionamiento del cerebro mediante la reproducción digital de su diseño, tratando de obtener un mapa computacional del órgano rey. Aún no se ha logrado, pero ahora sabemos, por ejemplo, que en muchos procesos cognitivos la unidad funcional no es la neurona, sino conjuntos de neuronas; que existen neuronas que, dispersas en el espacio, se activan al mismo tiempo ante un mismo concepto, cualquiera que sea el modo en que se presente el estímulo: las llamadas neuronas de concepto o neuronas de Jennifer Aniston; o que hay evidencia del engrama, la huella física de un recuerdo.
En las próximas décadas curaremos reprogramando circuitos neuronales con fármacos que frenarán el Alzheimer, neuronas de reemplazo en Parkinson, terapias génicas para epilepsias y ELA, y neuroprótesis capaces de devolver voz y movimiento. Leer el pensamiento —para la comunicación con pacientes en coma, por ejemplo—, o borrar recuerdos —en el tratamiento de traumas—, son algunas de las intervenciones en neuromodulación que podremos controlar en un futuro. Ante esta perspectiva, se abre el debate sobre neurodatos y neuroderechos; ya han legislado al respecto Chile y varios estados de Estados Unidos, como Colorado, California y Montana.
Los nuevos hallazgos, además de responder a preguntas que llevan mucho tiempo abiertas, podrían resolver otras nuevas, incluso algunas a las que habíamos casi descartado dar respuesta desde la ciencia; un nutrido sector de la comunidad científica está volcado en hallar dónde reside o cómo se produce biológicamente la consciencia.
Pero no nos engañemos —y no nos frustraremos—, el órgano más importante de nuestro cuerpo es, sin lugar a dudas, el mayor desconocido de la ciencia. Hallazgos sí, y muchos, y muy importantes, pero entender lo que se dice entender, todavía no. Situadas ya las expectativas reales ante la lectura de este reportaje, ahora sí, pónganse cómodos. ¡Arrancamos!
Mónica Daluz / pdf

texto completo en html

NEUROCIENCIA

La neuromodulación farmacológica busca reprogramar la comunicación sináptica

El cerebro humano: “Yo, el rey”

Mónica Daluz
Periodista experta en industria farmacéutica y cosmética
28/01/2026

Su extrema complejidad es su seña de identidad. Pero hoy, tanto las estructuras como el endiabladamente vasto cableado del cerebro —el conectoma— son algo menos indescifrables gracias a tecnologías que permiten “ver” qué ocurre ahí dentro cuando pensamos, cuando recordamos, cuando aprendemos, cuando predecimos o cuando tomamos decisiones. Proyectos como el Human Brain Project y el BRAIN Initiative nacieron con el objetivo de aplicar este conjunto de técnicas a la comprensión del funcionamiento del cerebro mediante la reproducción digital de su diseño, tratando de obtener un mapa computacional del órgano rey. Aún no se ha logrado, pero ahora sabemos, por ejemplo, que en muchos procesos cognitivos la unidad funcional no es la neurona, sino conjuntos de neuronas; que existen neuronas que, dispersas en el espacio, se activan al mismo tiempo ante un mismo concepto, cualquiera que sea el modo en que se presente el estímulo: las llamadas neuronas de concepto o neuronas de Jennifer Aniston; o que hay evidencia del engrama, la huella física de un recuerdo. En las próximas décadas curaremos reprogramando circuitos neuronales con fármacos que frenarán el Alzheimer, neuronas de reemplazo en Parkinson, terapias génicas para epilepsias y ELA, y neuroprótesis capaces de devolver voz y movimiento. Leer el pensamiento —para la comunicación con pacientes en coma, por ejemplo—, o borrar recuerdos —en el tratamiento de traumas—, son algunas de las intervenciones en neuromodulación que podremos controlar en un futuro. Ante esta perspectiva, se abre el debate sobre neurodatos y neuroderechos; ya han legislado al respecto Chile y varios estados de Estados Unidos, como Colorado, California y Montana. Los nuevos hallazgos, además de responder a preguntas que llevan mucho tiempo abiertas, podrían resolver otras nuevas, incluso algunas a las que habíamos casi descartado dar respuesta desde la ciencia; un nutrido sector de la comunidad científica está volcado en hallar dónde reside o cómo se produce biológicamente la consciencia. Pero no nos engañemos —y no nos frustraremos—, el órgano más importante de nuestro cuerpo es, sin lugar a dudas, el mayor desconocido de la ciencia. Hallazgos sí, y muchos, y muy importantes, pero entender lo que se dice entender, todavía no. Situadas ya las expectativas reales ante la lectura de este reportaje, ahora sí, pónganse cómodos. ¡Arrancamos!

Imagen

De la medusa a la máquina de pensar

Los seres humanos pensamos, recordamos, imaginamos, decidimos y sentimos porque grupos de neuronas se conectan entre sí mediante procesos químicos y físicos. Las rutas neuronales resultantes en cada instante dependerán, en buena medida, de lo que pase “fuera”, es decir, del entorno. Cuanto perciben nuestros sentidos es decodificado en forma de impulsos eléctricos y sustancias neurotransmisoras que vendrán a conformar nuestra, subjetiva, idea del mundo. Y ese entramado de conexiones, las sinapsis, es la base del pensamiento, la percepción y la memoria.

Como resume el profesor Rodrigo Quian-Quiroga, descubridor de las neuronas de concepto, “lo que da lugar a nuestra mente es simplemente la actividad de billones de neuronas”. Y lo que percibimos no es lo que existe sino lo que nuestro cerebro cree que existe. O, en palabras del profesor Rafael Yuste, ideólogo del proyecto BRAIN: “Cada uno de los sentidos está diseñado por la evolución para ayudarnos a sobrevivir y a reproducirnos. Eso es todo”. Incluso si, para ello, el nuevo órgano debía convertirse en la más portentosa fábrica de ficción.

“Besos sinápticos”, así llamó Ramón y Cajal a ese momento en el que se produce la comunicación interneuronal...

“Besos sinápticos”, así llamó Ramón y Cajal a ese momento en el que se produce la comunicación interneuronal, que da lugar a todo cuanto somos o creemos ser.

Desde el punto de vista evolutivo, la aparición del sistema nervioso se asocia al movimiento. Las primeras formas animales fueron ganando tamaño y necesitaron expandir su radio de abastecimiento; una simple comunicación química con el medio ya no bastaba para perpetuarse. Movernos implicó, además del control sobre los músculos, la aparición del comportamiento. “Esto explicaría cómo el sistema nervioso genera un modelo del mundo, un teatro mental, como una especie de realidad virtual, y utiliza la información que viene del exterior a través de los sentidos para ajustar el modelo y predecir el futuro de una manera más precisa. Todo ello, para poder escoger el comportamiento que sea más efectivo y asegurarse la supervivencia”, explica Rafael Yuste, profesor en la Universidad de Columbia, en su libro divulgativo, ‘El teatro del mundo’. Predecir el futuro es, pues, el origen de la inteligencia y la razón por la que aparece el sistema nervioso en la evolución. El tándem aprendizaje-memoria vendría a completar las funcionalidades que hicieron a nuestro cerebro desarrollarse, en todos los sentidos, de un modo sin precedentes. La fonación articulada y pensar con palabras hicieron el resto. Y aquí estamos.

Pero ¿cómo trabaja el cerebro, cómo funcionan sus mecanismos? Hay consenso científico en que descifrarlo es el único modo de llegar a curar enfermedades del sistema nervioso, además de, quizá, “ser capaces de comprendernos a nosotros mismos por primera vez”, como suele decir el profesor Yuste. En cualquier caso, lo que está claro es que el órgano trabaja en conjunto, todo a la vez; es un sistema complejo.

En la actualidad, estamos asistiendo al mayor cambio de paradigma en neurociencia desde que Ramón y Cajal sentara las bases de la neurociencia moderna. Hemos pasado de la teoría neuronal a la teoría de redes neuronales, basada en la actividad de conjuntos de neuronas. Hoy tratamos de conocer qué grupos de neuronas se activan con cada proceso, tanto biológico como cognitivo, para intervenir en ellos con fines terapéuticos. Ya podemos ver, marcar, modificar, borrar —inhibir— y hasta guardar digitalmente, las rutas sinápticas.

Nuevo paradigma: red distribuida

El hasta ahora impenetrable escenario donde todo ocurre se expresa ya en primera persona; gracias a la tecnología, el cerebro nos muestra algunos de sus secretos. Un diálogo que no ha hecho más que empezar.

En los últimos años se han realizado avances espectaculares en tecnologías de imagen, registro funcional, supercomputación y modelado algorítmico, entre otras, que abren nuevas vías para el abordaje de enfermedades del sistema nervioso. Grandes iniciativas internacionales, como la BRAIN Initiative estadounidense o el Human Brain Project europeo, han buscado cartografiar todas las conexiones del cerebro, el conectoma, con el objetivo de conocer tanto su estructura física como sus patrones funcionales. El Human Brain Project (HBP), impulsado por la Unión Europea entre 2013 y 2023, con una destacada participación de investigadores españoles como el neuroanatomista Javier DeFelipe, se propuso construir una plataforma informática capaz de integrar datos, modelos y simulaciones del cerebro humano. Aunque no ha logrado recrear un cerebro completo, el proyecto ha aportado infraestructuras digitales, herramientas de simulación y marcos conceptuales que han acelerado el estudio de las redes cerebrales, su relación con la consciencia y el desarrollo de redes neuronales artificiales. El BRAIN Initiative, por su parte, lanzado en Estados Unidos en 2013 durante la presidencia de Barack Obama e impulsado científicamente por el neurocientífico español Rafael Yuste, ha sido clave en el desarrollo de tecnologías para registrar y modular la actividad de circuitos neuronales.

Imagen

Mientras se avanza en la comprensión del sistema al completo, ya se han alcanzado logros que parecían imposibles hace tan solo una década. Como detalla Quian-Quiroga, en su libro ‘Cosas que nunca creeríais: De la ciencia ficción a la neurociencia’: “Implantar una memoria, leer la mente, comunicarse con pacientes en coma, predecir la decisión de una persona segundos antes de que la tome, crear cyborgs o volver a hacer caminar a un paralítico, ya no es una quimera. Es una realidad sólida y verificable que nos tiene deslumbrados a los neurocientíficos”.

El nuevo paradigma ha desplazado el foco desde la neurona individual hacia la actividad coordinada de conjuntos de neuronas, y hoy ya es posible identificar qué grupos de neuronas se activan con cada proceso. Un ejemplo emblemático son las neuronas de concepto, descritas por Quian-Quiroga, que responden a una idea o concepto concreto, muy específico, independientemente del estímulo sensorial —imagen, palabra o sonido— y que ilustran cómo el cerebro representa la información de forma distribuida, abstracta y no localizada en un único punto. Durante unas pruebas clínicas en pacientes con epilepsia a los que se habían implantado electrodos intracraneales, se observó que una neurona respondía siempre a referencias a Jennifer Aniston, y de ahí el nombre con el que se han popularizado.

Una de las funciones que definen nuestra condición de humanos es el proceso de cognición; por ello, las investigaciones están centradas en las funciones cognitivas, como el aprendizaje, la memoria o la formación de recuerdos. Avances experimentales recientes han permitido identificar la base física del recuerdo en el cerebro. Los trabajos de la neurocientífica Mara Dierssen y de otros grupos han demostrado que los recuerdos se sostienen en el llamado engrama, un conjunto específico de neuronas que se activa durante el aprendizaje y vuelve a activarse al recordar. Gracias a técnicas como la optogenética y la farmacogenética, hoy es posible identificar estos circuitos y manipularlos de forma selectiva, de momento en animales, abriendo la puerta tanto al borrado, es decir, a inhibir esa ruta sináptica, como a la recuperación de recuerdos. Se estudia la alteración del engrama en trastornos neurológicos y del neurodesarrollo, como el síndrome de Down o la enfermedad de Alzheimer.

Pero ¿cómo estas técnicas consiguen modificar un recuerdo a voluntad? Sintetizando: observamos qué células se activan al incorporar una nueva información —aprendizaje—, las marcamos, y ya lo tenemos. En modelos animales se ha demostrado que al reactivar exactamente las mismas células, el animal recuerda la información. Para activar o inactivar selectivamente un grupo de neuronas, se introducen proteínas que se activan con luz (optogenética) o que reconocen un fármaco (farmacogenética). Aunque no existen fármacos capaces de borrar engramas específicos, sí hay compuestos que modulan su estabilidad, reactivación y reconsolidación, debilitando recuerdos patológicos o reduciendo su carga emocional. Se utiliza en trauma, adicciones o depresión, con el objetivo, no de olvidar sino de desactivar los circuitos que mantienen el sufrimiento.

El profesor Ignacio Morgado, catedrático emérito de Psicobiología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), nos resume así el estado del avance en neurociencias: “La neurociencia está continuamente descubriendo nuevos detalles del funcionamiento de las neuronas y del cerebro en general, incluyendo características particulares y muy precisas de las grandes enfermedades mentales como el Alzheimer, el Parkinson, la esquizofrenia o el autismo, pero ese conocimiento no nos permite todavía saber cómo prevenirlas o curarlas. La neurociencia de hoy trabaja con una combinación de tecnologías de biología molecular, fisiológicas, farmacológicas y de neuroimágenes, y ahora también con inteligencia artificial; el cerebro humano es tan complejo que solo con la combinación orquestada de esas y otras técnicas podemos seguir avanzando en su conocimiento”. Y añade: “No es descartable que en cualquier momento surjan nuevos conocimientos que nos permitan avances en el desarrollo de terapias para esas grandes enfermedades mentales, pero, por ahora, curar alguna enfermedad mental, especialmente las que, como el Alzheimer, avanzan con la edad de las personas, es el gran reto y objetivo de la neurociencia y la sociedad”.

Más dianas terapéuticas

La convergencia entre neurociencia, tecnologías de observación cerebral e inteligencia artificial permite hoy identificar circuitos alterados, seguir su evolución en el tiempo y definir ventanas terapéuticas más precisas. Tecnologías como la resonancia magnética funcional, el EEG o la PET han hecho posible pasar de correlacionar el síntoma con una región cerebral a la identificación de redes completas implicadas en procesos cognitivos y patológicos. Ya se utiliza en Alzheimer, depresión resistente y epilepsia.

Uno de los consensos a los que se ha llegado es que muchas patologías del sistema nervioso no comienzan con la muerte neuronal, sino con la disfunción sináptica y la alteración de redes. En demencias, por ejemplo, los recuerdos no desaparecen de forma súbita: primero se vuelven inaccesibles porque los circuitos que los sostienen dejan de funcionar de manera coordinada. Este cambio conceptual ha modificado el objetivo terapéutico, que ya no es solo proteger neuronas, sino preservar la función sináptica y la conectividad mientras el cerebro aún conserva plasticidad. El recuerdo se convierte así en una nueva diana terapéutica.

Desde el punto de vista farmacológico, las principales líneas de intervención se dirigen a preservar o modular la función sináptica. Los inhibidores de la acetilcolinesterasa no detienen la neurodegeneración, pero en fases iniciales pueden mejorar el acceso funcional a recuerdos existentes. Los moduladores glutamatérgicos reducen la excitotoxicidad y protegen la integridad sináptica. Los fármacos modificadores de enfermedad, dirigidos frente a las proteínas amiloide y tau, buscan preservar las sinapsis en estadios tempranos. Otras líneas de investigación se centran en la neuroinflamación, los factores tróficos y el metabolismo sináptico.

Conocer el circuito afectado, la sinapsis que falla e incluso la conectómica individual permitirá diseñar fármacos más específicos, con menos efectos secundarios y mayor eficacia. Además, permitirá estratificar pacientes y anticipar quién responderá a una terapia génica, a una neuroprótesis o a una intervención farmacológica concreta.

También han cobrado protagonismo las terapias avanzadas, como el reemplazo celular, con implantes de neuronas derivadas de células madre o injertos de neuronas dopaminérgicas en Parkinson, o las terapias génicas y los oligómeros antisentido, que abren nuevas posibilidades en epilepsias genéticas, ELA y otras enfermedades hasta hace poco intratables.

La neuromodulación cerrada ya es una realidad en el tratamiento de la epilepsia resistente a fármacos: dispositivos implantables detectan la actividad cerebral anómala y la corrigen en tiempo real. Paralelamente, avanzan las interfaces cerebro-máquina y las neuroprótesis, que permiten traducir señales cerebrales en movimiento o lenguaje, abriendo nuevas posibilidades para personas con parálisis o alteraciones de la consciencia.

En este contexto se sitúa el proyecto NeurSpeechXAI, de la Universidad de Granada, cuyo objetivo es desarrollar neuroprótesis capaces de interpretar la intención comunicativa a partir de la actividad cerebral y convertirla en texto o voz sintética. Iniciativas como Neuralink avanzan asimismo en el desarrollo de interfaces implantables que permiten la interacción directa entre el cerebro y dispositivos externos.

Ya hay 12 personas en el mundo con implantes cerebrales Neuralink para el control de brazos robóticos mediante el pensamiento, y su fundador, Elon Musk, ha anunciado para este año su producción en masa. En este contexto de neuromodulación implantable, y según el último análisis de Mordor Intelligence, el mercado global de neuroprótesis atraviesa una fase de expansión acelerada, con un valor estimado de 13.430 millones de dólares en 2025 y una proyección de 23.490 millones en 2030, impulsado por una tasa de crecimiento anual cercana al 12%. Parece claro que el futuro del abordaje terapéutico del sistema nervioso apunta a la integración de fármacos, dispositivos y datos.

Tipo de fármacoPatología y forma de actuar (con ejemplos)
Inhibidores de la acetilcolinesterasaEn demencia (Alzheimer), mejoran la transmisión sináptica colinérgica y el acceso funcional a recuerdos en fases iniciales (donepezilo, rivastigmina, galantamina; en uso clínico).
Moduladores glutamatérgicosEn demencia y epilepsia, reducen la excitotoxicidad y protegen la integridad sináptica (memantina; en uso clínico).
Fármacos modificadores de enfermedad (anti-amiloide / anti-tau)En Alzheimer temprano, buscan preservar la función sináptica al reducir la toxicidad sináptica (anticuerpos anti-amiloide aprobados en algunos países y otros en fases avanzadas de evaluación).
Fármacos pro-plasticidadEn depresión resistente, inducen cambios rápidos en la plasticidad sináptica y reorganización de redes (ketamina/esketamina; uso clínico controlado).
Moduladores de la reconsolidación de la memoriaEn trauma y adicciones, pueden reducir la carga emocional de recuerdos patológicos al interferir en su reactivación (en estudio clínico).
Terapias génicas y oligómeros antisentido (ASO)En epilepsias genéticas y ELA, actúan sobre genes o proteínas implicadas en la formación de circuitos (algunas aprobadas de forma condicionada y otras en ensayo).
Fármacos de soporte en terapias avanzadasEn neuroprótesis y neuromodulación implantable, favorecen la plasticidad sináptica y reducen la neuroinflamación para mejorar la integración funcional (uso complementario).

¿Cómo se forman los recuerdos?

Cuando aprendemos algo, el cerebro recibe una información nueva y decide qué tipo de contenido es y para qué puede servir; evalúa su relevancia y su carga emocional. Si se trata de un hecho o una experiencia consciente —algo que ‘sabemos’ o que ‘nos ha pasado’— se forma una memoria declarativa, que puede ser episódica (experiencias personales) o semántica (conocimientos generales); este tipo de memoria pasa por el hipocampo y después se distribuye en redes de la corteza cerebral. En el hipocampo es donde se forman los recuerdos. Si la información corresponde a una habilidad o a un hábito —como conducir— se consolida como memoria procedimental, sin necesidad de pasar por el hipocampo. Cuando el aprendizaje está ligado a una emoción intensa, como el miedo o el placer, interviene la amígdala, y se forma una memoria emocional, que tiende a fijarse con especial fuerza. Y si la información solo se mantiene durante unos segundos, interviene la memoria de trabajo, vinculada a la corteza prefrontal. Aprendizaje y memoria forman un circuito inseparable.

Los últimos estudios han demostrado que los recuerdos no son registros fijos. Cada vez que se evocan, se reactivan y se reconstruyen, incorporando nueva información y reorganizando las redes que los sostienen. Por eso cambian con el tiempo y por eso pueden debilitarse, transformarse o reaparecer tras haber parecido olvidados.

No todos los recuerdos siguen el mismo circuito. Por eso una persona puede perder la capacidad de formar nuevos recuerdos conscientes —si se lesiona el hipocampo, de modo que no recuerda nada posterior al día de la lesión, como el citadísimo caso del paciente H.M. y argumento de más de una película— y, aun así, seguir aprendiendo habilidades o hábitos. En este proceso intervienen factores clave como la emoción, que, como decíamos, refuerza la huella mnésica, o el sueño, que es fundamental para consolidar los recuerdos. Hoy la memoria no se entiende como un archivo del pasado, sino como un sistema dinámico que anticipa el futuro.

¿Qué somos? ¿Quiénes somos? ¿Qué es la inteligencia, la emoción, la consciencia…?

El mayor reto de la neurociencia es hallar cómo y por qué los procesos físicos del cerebro dan lugar a la experiencia subjetiva: los qualia. Es lo que se llama ‘el problema difícil’, que no es entender cómo el cerebro procesa información, sino cómo de esa actividad emerge la experiencia subjetiva —la vivencia del color, del dolor, del tiempo o de la identidad personal—, y la consciencia de esa experiencia; la sensación de ser nosotros mismos y de pensar sobre nuestros pensamientos. En definitiva, qué nos hace humanos.  

¿Qué sabemos de la consciencia? Qué es, cómo se genera, dónde está y adónde va… Se lo hemos preguntado al profesor Morgado: “La consciencia es el estado de la mente que perdemos al dormir sin soñar o cuando nos anestesian en un quirófano, pero su verdadera naturaleza no la conocemos ni podemos estar seguros de que la podamos conocer con un cerebro como el de los humanos de hoy. No está en ninguna parte porque es un proceso funcional y no algo que pueda situarse en algún lugar. El movimiento, por ejemplo, no está en la rueda, es algo que hace la rueda. Sí sabemos que la consciencia se genera en la parte más desarrollada del cerebro, es decir, en la corteza cerebral, por lo que es posible en todos los animales, particularmente los mamíferos y las aves, que tienen muy desarrollada esa parte del cerebro”.  Sin ir más lejos, los medios generalistas se hacían eco hace unos días del caso de Veronika, una vaca que mostraba comportamientos de reconocimiento, apego y aprendizaje complejos. El rumiante, que ha asombrado a la comunidad científica por el uso flexible de herramientas, ha sido criado como animal de compañía en una finca austríaca; un entorno enriquecido, con estimulación, juego, aire libre e interacción social, parece ser la explicación, según los investigadores de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena. El debate sobre la consciencia animal se ha intensificado en los últimos años.

¿Cuál es el barco de Teseo? Esta clásica paradoja se pregunta por la esencia del ser...

¿Cuál es el barco de Teseo? Esta clásica paradoja se pregunta por la esencia del ser. Si a lo largo del tiempo todas las piezas se van sustituyendo, ¿sigue siendo el mismo barco? Y si con las piezas desechadas se construye un barco en otro puerto, ¿cuál es entonces el barco de Teseo? Hoy, en la era del transhumanismo anunciado, esta fábula cobra actualidad.

Desde 2022, la legislación española reconoce a los animales como seres sintientes, pero los avances en neurociencia sugieren que la frontera entre sentir, aprender y tener una forma básica de experiencia subjetiva podría ser menos nítida de lo que creíamos.

No existe una única definición de inteligencia. Depende del marco —biológico, psicológico o computacional— y del tipo de inteligencia al que nos refiramos —hay hasta ocho—. Desde un punto de vista neurobiológico, la corteza cerebral es clave para las funciones cognitivas superiores: lenguaje, memoria consciente, razonamiento, toma de decisiones o autoconciencia. Para muchos autores, la inteligencia está ligada a la acción —manipulación de herramientas, modificación del entorno—, sin embargo, cada vez hay más consenso en que, como defiende el paleoantropólogo Eudald Carbonell, el gran salto evolutivo no es solo biológico, sino social y cultural. La transmisión acumulativa de conocimiento durante miles de generaciones —lenguaje, técnicas, símbolos— podría explicar el paso de animal a secas a animal racional.

La consciencia está tratando de ser explicada desde distintos ámbitos. Hay teorías, ya desde Penrose, que sugieren que procesos cuánticos en el cerebro (como los microtúbulos neuronales) podrían ser la base de la consciencia. Estas investigaciones exploran cómo la información cuántica podría generar la experiencia subjetiva y la sensación de libre albedrío, aunque son especulativas; estamos lejos de hablar de un ‘cerebro cuántico’. Lo que sí han demostrado estudios recientes de neuroimagen es que la actividad cerebral que conduce a una acción puede detectarse antes de que la persona sea consciente de haber tomado la decisión, lo que cuestiona la noción de libre albedrío.

Con relación a la llamada ‘lucidez terminal’, ésta está descrita y en estudio: son episodios breves de claridad mental en personas con demencia avanzada o daño cerebral poco antes de morir. Algunos pacientes con Alzheimer recobran lucidez de manera transitoria en las horas o días previos al fallecimiento, momentos en los que recuperan brevemente capacidades cognitivas y reconocimiento de personas. El fenómeno podría reflejar una reactivación puntual de redes neuronales y recuerdos que no habían desaparecido, sino que permanecían inaccesibles. Sobre las ECM, experiencias cercanas a la muerte, analizadas por el doctor Manuel Sans Segarra, la neurociencia apunta a explicaciones basadas en la activación de redes de memoria, emoción y consciencia bajo condiciones extremas. La aportación de Sans Segarra sobre una consciencia no local o supraconsciencia, hasta el momento, no ha sido demostrada.

La irrupción de las interfaces cerebro-máquina abre un escenario inédito en el que se está desdibujando el límite entre lo biológico y lo artificial. Este horizonte plantea preguntas como: ¿qué ocurre con la identidad cuando la mente puede ser ampliada o sustituida? ¿Dónde empieza y dónde termina el yo? El transhumanismo avanza mientras la inteligencia artificial todavía tiene muchos retos en su objetivo de imitar a un humano. Entre ellos, uno clave: el cerebro realiza sus ‘cálculos’ con una eficiencia energética muy superior a la de las máquinas actuales, lo que sugiere que reproducir la inteligencia humana podría requerir no solo más potencia de cálculo, sino sistemas biológicos o híbridos que imiten su modo de procesar la información. Como ha señalado Bill Gates, “la inteligencia humana no consiste solo en acumular datos, sino en conectar experiencias, intuición, emoción y conocimiento práctico, una cualidad que sigue siendo difícil de replicar en las máquinas”.

Epílogo

“El mejor regalo que me hizo mi padre fue… la pobreza”, Roberto Benigni.

Las palabras que el director del filme ‘La vida es bella’ pronunció al recoger el Oscar a mejor director en 1999 muestran cómo el significado que damos a lo que tenemos (o no tenemos) y las expectativas que construimos condicionan la experiencia de vivir y determinan nuestra satisfacción vital. El discurso proseguía: “Éramos cinco: mis padres, mis dos hermanas y yo. Solo teníamos una cama. Dormíamos todos juntos. En nuestra miseria… ¡éramos príncipes!”.

En las últimas décadas, en las sociedades occidentales, el nivel de vida ha aumentado de forma sostenida, pero también lo han hecho la depresión, la ansiedad, el consumo de psicofármacos y la sensación de vacío vital. La OMS habla de la depresión como una de las principales causas de discapacidad global. En países ricos, el suicidio y los trastornos mentales afectan cada vez más a clases medias y altas, y estudios de bienestar muestran que el aumento de ingresos no se traduce linealmente en mayor felicidad, lo que se llama la paradoja de Easterlin.

Imagen

¿Y qué dice la neurociencia? Pues que el cerebro humano no está diseñado para la acumulación indefinida de bienes, sino para aprender, anticipar y encontrar propósito. Aprender es una necesidad biológica: cada experiencia modifica las conexiones neuronales y da forma a nuestra identidad. Cuando la vida pierde significado, el sistema que sostiene la motivación, la emoción y la memoria se desajusta. En felicidad, lo más determinante es la personalidad —rasgos innatos y biológicos—, no el carácter —parte aprendida y moldeada por la experiencia, la educación y la cultura—. Parece haber consenso, tanto desde la psicología como desde la genética del comportamiento, en que aproximadamente un 40-50% de la predisposición a la felicidad es heredable, un 10% depende de las circunstancias externas —de lo que a uno le pasa— y el resto, un 40-50%, de hábitos, interpretación y conducta. Se sabe que las expectativas no realistas y factores psicológicos como el ego y el apego distorsionan nuestra percepción del bienestar. Pero el propósito vital y tener alineados valores, expectativas y acciones —pensamiento, emoción y acción— se erigen en pilares clave para el bienestar psicológico. La comparación, el exceso de estímulos o la productividad autoimpuesta —como explora Byung-Chul Han en su obra ‘La sociedad del cansancio’—, generan un desgaste emocional que lleva a la enfermedad —depresión— como respuesta al entorno. La depresión causa la pérdida de conexiones sinápticas y una reducción de la sustancia gris cerebral, lo que incrementa el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.

Entretanto, tenemos entre manos una realidad acuciante que atender. Nunca antes los jóvenes habían tenido tantas oportunidades materiales y, al mismo tiempo, tantos indicadores de malestar psicológico. Un entorno que no genera confianza priva de tomar decisiones vitales en verdadera libertad. Diversos estudios sociológicos muestran que una parte creciente de los jóvenes está dispuesta a priorizar la seguridad y la estabilidad a costa de parte de su libertad, un síntoma de la inseguridad vital y del clima de incertidumbre de las sociedades contemporáneas. Desde el punto de vista neurobiológico, en contextos de incertidumbre, el cerebro humano tiende a privilegiar la seguridad frente a la exploración. Aunque emoción y razón actúan siempre de forma conjunta, la inseguridad y el miedo activan la amígdala, el cerebro emocional, y está demostrado que en ese estado se toman peores decisiones —menos reflexivas y menos racionales—. Le hemos preguntado al profesor Morgado hasta qué punto estos nuevos conocimientos neurobiológicos están transformando la psicología como ciencia y como práctica profesional, a lo que responde: “Las técnicas de investigación en neurociencia son cada día más refinadas y complejas, requiriendo, como decimos, la colaboración de especialistas diversos y de centros dotados de tecnología avanzada. No obstante, muchas de las técnicas que utiliza la psicología no requieren de conocimientos neurocientíficos profundos y pueden seguir funcionando mientras la neurociencia avanza con nuevas aportaciones que pudieran requerirlos. Desde la epidemia del COVID, la psicología profesional ha ganado reputación y realiza un gran trabajo en relación con alteraciones mentales frecuentes como las dificultades en el aprendizaje, el estrés o las adicciones a drogas u otros consumos del mundo moderno”.

Por lo que respecta al ámbito educativo, la aportación de la neurociencia es todavía modesta; esta disciplina, como advierte Ignacio Morgado, “lo que viene haciendo o puede hacer hoy es explicar por qué funcionan los buenos procedimientos educativos y por qué no funcionan los malos”. En cuanto a estimulación temprana, la investigación en neurodesarrollo muestra que aquellas basadas en el movimiento, el contacto físico y la relación cercana y receptiva con los adultos —como el gateo, la psicomotricidad fina, la lactancia o el método canguro— se asocian a una modulación favorable de los circuitos neuronales implicados en la percepción y la acción, así como de los sistemas emocionales y de regulación del estrés. Por el contrario, las intervenciones que inhiben la respuesta al malestar temprano —como el método Estivill tan popular en los años noventa— no han demostrado beneficios neuroestructurales y sí se han vinculado a un aumento del estrés y a alteraciones en los procesos de apego. En cualquier caso, “los grandes y buenos maestros de siempre —concluye Morgado—, desde Aristóteles hasta nuestros días, han conocido y utilizado las mejores técnicas de enseñanza y aprendizaje sin tener conocimientos de neurociencia. Lo bueno del cerebro es que puede usarse provechosamente incluso sin saber bien cómo funcionan sus neuronas y circuitos. A quien tiene que afrontar un complejo mundo educativo, como el de la adolescencia, le puede ser más útil recurrir a la experiencia profesional, es decir, a la de los buenos maestros y educadores, que tratar de darse un complicado baño de neurociencia, lo cual, como decimos, puede servir sobre todo para justificar científicamente lo que funciona y lo que no en el mundo de la educación, pero no siempre para solucionar problemas de naturaleza muy complicada que, además de biológicos, son también sociales”.

Y es que somos muy complejos. A veces, incluso inexplicables. Los científicos dudan de que algún día se pueda conocer por completo el funcionamiento del cerebro. Ellos son más conscientes que nadie de la magnitud de este reto. Queremos curar enfermedades, entender quiénes somos y entender a nuestros semejantes, saber por qué tenemos sensación de identidad, si el libre albedrío es real o si la consciencia puede no necesitar soporte físico. Pero no podemos comprender más allá de lo que nuestro cerebro está capacitado biológicamente para concebir o nuestros sentidos para percibir.

Como individuos, el conocimiento nos muestra la inmensidad del saber, y esa toma de conciencia nos sume en una experiencia de pequeñez, de granito de arena, de saber que no sabemos nada, que, paradójicamente, nos infla de una especie de gratitud vital.

Y es que querer comprender cómo funciona el cerebro es como querer tener todo el conocimiento del Universo en nuestras manos. Tal vez esa pulsión, la de querer saber, sea aquel aleteo de mariposa que, en algún momento de la evolución, marcó la diferencia entre un destino de extinción y otro de supervivencia.

En cualquier caso, hoy, como siempre, el hombre continúa… en busca de sentido.

Nuevo marco regulatorio del cannabis medicinal

Nuevo marco regulatorio del cannabis medicinal
CANNABIS MEDICINAL
“Llegamos 25 años tarde”, profesor Manuel Guzmán, Universidad Complutense de Madrid

Cannabis sativa, una especie vegetal que produce decenas de compuestos farmacológicamente activos, algunos con potencial terapéutico ampliamente documentado. Sus efectos sobre el sistema nervioso central —analgésicos, antieméticos, ansiolíticos o moduladores del apetito— se han aprovechado en distintas patologías, especialmente en aquellas que cursan con dolor crónico y no responden a otros tratamientos analgésicos.
Desde que el químico estadounidense Roger Adams identificara los primeros cannabinoides en los años 40, y que en 1964 el profesor israelí Raphael Mechoulam aislara y caracterizara el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC), los avances científicos se sucedieron hasta culminar con la aprobación por la FDA de los primeros medicamentos cannabinoides en 1985. En el año 2000, Canadá fue el primer país en poner en marcha un programa nacional de cannabis medicinal.
En España, la regulación del uso terapéutico del cannabis es inminente; el borrador del Real Decreto está a la espera de luz verde por parte de las autoridades europeas. Presentado por el Ministerio de Sanidad el pasado febrero, el documento, cuyo ámbito de regulación son las “fórmulas magistrales a partir de preparados estandarizados de cannabis” —cita el texto—, nace con algunas limitaciones: solo se permitirá la dispensación en farmacia hospitalaria, y quedará restringida a indicaciones muy concretas como el dolor crónico, los vómitos asociados a quimioterapia o la espasticidad en esclerosis múltiple, y no será opción de primera línea. Tampoco contempla programas de dispensación y, como vías de administración, quedan fuera la inhalación y las aplicaciones tópicas. Asimismo, no se permite el uso de flores.
Fibromialgia, insomnio, pérdida de apetito, ansiedad, depresión leve, anhedonia… son algunos de los síntomas habituales en pacientes oncológicos o con enfermedades neurológicas. Pacientes que esperaban poder reducir el número de fármacos —analgésicos, antiinflamatorios, hipnóticos, antidepresivos— mediante un enfoque personalizado basado en preparados de cannabis, no quedarán cubiertos por la normativa. “Tendrán que seguir acudiendo al mercado negro”, sentencia Manuel Guzmán, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid.
En cualquier caso, la futura normativa viene a cubrir una necesidad real largamente reivindicada por pacientes, profesionales sanitarios e investigadores: estandarizar el tipo de producto y la concentración de principios activos, actualizar el tratamiento de patologías no cubiertas y la normalización de estos preparados. El aspecto más relevante de la ley es que promoverá la estandarización de los compuestos, condición indispensable para impulsar ensayos clínicos, documentar sus efectos sobre el organismo y mejorar la seguridad en su uso. Porque la precisión —dosis, variedad, condiciones de cultivo, método de extracción, formulación, etc.— marca la diferencia. El control sobre lo que se administra, la precisión en cada fase, no es fácil —ocurre con la mayoría de compuestos no sintéticos—, pero es imprescindible para avanzar en generar conocimiento. Solo que el tiempo corre… Y de distinta manera para los pacientes que sufren, que para el resto.
Mónica Daluz / pdf

texto completo en html

ACTUALIDAD

“Llegamos 25 años tarde”, profesor Manuel Guzmán, Universidad Complutense de Madrid

Nuevo marco regulatorio del cannabis medicinal

Mónica Daluz
Periodista especializada
21/07/2025

Cannabis sativa, una especie vegetal que produce decenas de compuestos farmacológicamente activos, algunos con potencial terapéutico ampliamente documentado. Sus efectos sobre el sistema nervioso central —analgésicos, antieméticos, ansiolíticos o moduladores del apetito— se han aprovechado en distintas patologías, especialmente en aquellas que cursan con dolor crónico y no responden a otros tratamientos analgésicos. Desde que el químico estadounidense Roger Adams identificara los primeros cannabinoides en los años 40, y que en 1964 el profesor israelí Raphael Mechoulam aislara y caracterizara el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC), los avances científicos se sucedieron hasta culminar con la aprobación por la FDA de los primeros medicamentos cannabinoides en 1985. En el año 2000, Canadá fue el primer país en poner en marcha un programa nacional de cannabis medicinal. En España, la regulación del uso terapéutico del cannabis es inminente; el borrador del Real Decreto está a la espera de luz verde por parte de las autoridades europeas. Presentado por el Ministerio de Sanidad el pasado febrero, el documento, cuyo ámbito de regulación son las “fórmulas magistrales a partir de preparados estandarizados de cannabis” —cita el texto—, nace con algunas limitaciones: solo se permitirá la dispensación en farmacia hospitalaria, y quedará restringida a indicaciones muy concretas como el dolor crónico, los vómitos asociados a quimioterapia o la espasticidad en esclerosis múltiple, y no será opción de primera línea. Tampoco contempla programas de dispensación y, como vías de administración, quedan fuera la inhalación y las aplicaciones tópicas. Asimismo, no se permite el uso de flores. Fibromialgia, insomnio, pérdida de apetito, ansiedad, depresión leve, anhedonia… son algunos de los síntomas habituales en pacientes oncológicos o con enfermedades neurológicas. Pacientes que esperaban poder reducir el número de fármacos —analgésicos, antiinflamatorios, hipnóticos, antidepresivos— mediante un enfoque personalizado basado en preparados de cannabis, no quedarán cubiertos por la normativa. “Tendrán que seguir acudiendo al mercado negro”, sentencia Manuel Guzmán, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid. En cualquier caso, la futura normativa viene a cubrir una necesidad real largamente reivindicada por pacientes, profesionales sanitarios e investigadores: estandarizar el tipo de producto y la concentración de principios activos, actualizar el tratamiento de patologías no cubiertas y la normalización de estos preparados. El aspecto más relevante de la ley es que promoverá la estandarización de los compuestos, condición indispensable para impulsar ensayos clínicos, documentar sus efectos sobre el organismo y mejorar la seguridad en su uso. Porque la precisión —dosis, variedad, condiciones de cultivo, método de extracción, formulación, etc.— marca la diferencia. El control sobre lo que se administra, la precisión en cada fase, no es fácil —ocurre con la mayoría de compuestos no sintéticos—, pero es imprescindible para avanzar en generar conocimiento. Solo que el tiempo corre… Y de distinta manera para los pacientes que sufren, que para el resto.

Imagen

Compuestos cannabionides

La planta del cannabis, como cualquier otra especie vegetal, produce diversas sustancias con las que adaptarse a las condiciones del entorno. Como la mayoría de los metabolitos secundarios farmacológicamente activos de las plantas, el THC está involucrado en el mecanismo de autodefensa del vegetal. “De entre todas las plantas, Cannabis sativa ha desarrollado unos compuestos que, por pura casualidad, ejercen acciones farmacológicas en nuestro organismo. Estos compuestos son los cannabinoides, y entre ellos destaca de forma clara el THC, el principal responsable de los efectos terapéuticos, pero también de los efectos psicoactivos del cannabis”, explica el profesor Guzmán, pionero en el estudio de los compuestos cannabinoides.

Estas sustancias interactúan con el sistema endocannabinoide humano (descrito en 1992 y conservado evolutivamente en los vertebrados). Nuestro organismo produce endocannabinoides, como la anandamida (AEA) y el 2-araquidonilglicerol (2-AG), estructuralmente similares al delta-9-tetrahidrocannabinol (THC). Como subraya Guzmán: “El THC no actúa por arte de magia: nuestro cuerpo está preparado para recibirlo”.

Los cannabinoides endógenos (o endocanabinoides) regulan múltiples procesos fisiológicos, incluyendo la nocicepción, la homeostasis energética, la neurogénesis, la plasticidad sináptica, el estado de ánimo, la respuesta inmunitaria y el ciclo sueño-vigilia. Un desequilibrio en la señalización endocannabinoide se ha vinculado a diversas condiciones patológicas, como trastornos del estado de ánimo, epilepsia resistente a fármacos, dolor crónico y enfermedades inflamatorias y neurodegenerativas. Además, el sistema endocannabinoide ejerce un papel neuroprotector modulando la inflamación, el estrés oxidativo y la excitabilidad neuronal.

Los efectos de estas sustancias se producen a través de dos receptores principales: el receptor cannabinoide tipo 1 (CB1), localizado sobre todo en el sistema nervioso central, y el receptor tipo 2 (CB2), presente básicamente en células del sistema inmunitario. Ambos receptores pueden activarse tanto por los endocannabinoides que producimos de forma natural —como la anandamida y el 2-AG— como por cannabinoides externos, como el THC de la planta del cannabis. Estas moléculas actúan sobre los mismos receptores y desencadenan respuestas similares, lo cual explica por qué los compuestos del cannabis pueden imitar o modular funciones propias del sistema endocannabinoide; esta interacción es en la que se basa su potencial terapéutico en diversas patologías, y en ella se focalizan las investigaciones.

Existen otros compuestos relevantes, el CBD en particular, que ha cobrado protagonismo entre la población, con la proliferación de establecimientos que venden productos derivados. Guzmán explica que al CBD se le han atribuido propiedades sobredimensionadas: “Aunque útil en epilepsias infantiles resistentes y como ansiolítico moderado, no tiene una base farmacológica tan sólida como el THC. El THC sigue siendo el componente con mayor relevancia clínica y científica del cannabis medicinal”. Incluso el postulado que ha sustentado en los últimos años el desarrollo de formulaciones combinadas de THC y CBD —según el cual el cannabidiol (CBD) mitiga o antagoniza los efectos psicoactivos del tetrahidrocannabinol (THC)— está siendo revisado.

Los preparados cannabinoides se clasifican en tres grandes grupos: compuestos puros (como la nabilona o el dronabinol), extractos estandarizados (como los fármacos aprobados Sativex o Epidiolex, y objeto de la nueva normativa) y cannabis herbal. La vía oral sigue siendo la más extendida, pero se abre paso el uso por vía oromucosal o vaporizada, especialmente útil en casos donde se requiere un efecto rápido, como el dolor agudo o crisis convulsivas. La legislación, sin embargo, solo contempla la vía oral, en la que la sustancia debe realizar un largo viaje a través del organismo hasta llegar a los receptores que han de generar el efecto buscado. Cannabis sativa ya ha mostrado su potencial; a partir de ahora, aprovecharlo dependerá de cómo se regule su uso.

La Sociedad Española del Dolor aboga por una regulación del cannabis terapéutico que garantice la seguridad...

La Sociedad Española del Dolor aboga por una regulación del cannabis terapéutico que garantice la seguridad, la eficacia y el acceso de los pacientes que lo necesiten, especialmente en casos de dolor crónico neuropático refractario y oncológico.

Posiciones y argumentos

“Cuatro millones y medio de personas en España sufren dolor difícil de tratar, y la mitad de ellas acaba en unidades de dolor crónico”. El dato lo daba el Dr. Jesús de Santiago, especialista en anestesiología, reanimación y tratamiento del dolor, en la introducción de su ponencia durante la conferencia sobre regulación del cannabis medicinal ‘Propuesta de regulación del cannabis: ¿qué hay que saber?’, celebrada en el marco de Infarma Barcelona 2025 el pasado marzo, y moderada por el vocal de plantas medicinales del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona (COFB), Josep Allué.

El proceso regulador del cannabis medicinal comenzó en octubre de 2021 con la creación de una subcomisión en el Congreso de los Diputados. En junio de 2022 se elaboró un documento sometido a consulta en dos ocasiones, y este se halla actualmente en revisión por parte de la Unión Europea. Se prevé que la normativa se apruebe en las próximas semanas. El borrador ha venido permitiendo el uso de estos compuestos en unidades del dolor, en determinadas circunstancias, pero la falta de estandarización de estas sustancias ha conferido un marco de inseguridad legal, así como de incerteza sobre las concentraciones de los preparados y, por tanto, la evaluación de sus efectos en el paciente. Sin estandarización no hay reproducibilidad, primera premisa del método científico.

El Dr. Jesús de Santiago, director de las Unidades de Dolor MIVI Canarias y coordinador del grupo de trabajo de cannabinoides de la Sociedad Española del Dolor, expuso el posicionamiento de la SED sobre los medicamentos basados en cannabinoides (MdC). La Sociedad aboga por una regulación del cannabis terapéutico que garantice la seguridad, la eficacia y el acceso de los pacientes que lo necesiten, especialmente en casos de dolor crónico neuropático refractario, y oncológico. El ponente señaló las indicaciones de mayor evidencia científica: el dolor crónico neuropático (un tipo específico de dolor crónico que se origina por una lesión o disfunción del sistema nervioso), el dolor oncológico, la endometriosis y el dolor nociplástico (como la fibromialgia). El facultativo explicó que estos compuestos se recomiendan como tratamiento de tercera línea para el dolor neuropático crónico, y que pueden utilizarse en otros tipos de dolor refractarios a tratamientos convencionales, mediante un ensayo terapéutico personalizado.

“Los especialistas en dolor, neurología y neurorrehabilitación pueden prescribir cannabis medicinal, que se dispensa en farmacias hospitalarias en forma de fórmulas magistrales estandarizadas”. Así lo explicó Eduardo López, jefe de sección en el servicio de farmacia del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, quien enfatizó la importancia del Real Decreto para estandarizar productos y concentraciones de principios activos, mejorar el conocimiento clínico y educar a pacientes y profesionales sanitarios. En este sentido, el Dr. López afirmó: “Necesitamos saber qué estamos utilizando, en qué concentración y en qué dosis. Solo así podremos generar conocimiento clínico riguroso; si no sabemos qué estamos dando, no podemos saber si funciona”. El especialista también apuntó que “la inhalación de marihuana, por ejemplo, no permite medir con precisión la dosis administrada, lo cual dificulta su estudio en ensayos clínicos”.

A la estandarización se suma otra reivindicación clave: la necesidad de crear un registro clínico nacional que permita evaluar la eficacia de los tratamientos en condiciones reales. Los distintos actores también reclaman que el acceso al cannabis medicinal no esté condicionado por el lugar de residencia del paciente; en algunos territorios se ha iniciado la formación de profesionales, pero otros carecen de protocolos o estructuras para su implementación. En definitiva: mecanismos claros de trazabilidad, formación específica y registro de resultados.

El Real Decreto busca permitir el uso de extractos estandarizados, sustancias puras y preparados de cannabis bajo un control farmacológico riguroso. Sin embargo, su enfoque limitado ha sido criticado por colectivos de pacientes, profesionales médicos y, de forma especialmente contundente, por la farmacia comunitaria. Una de las principales objeciones del colectivo farmacéutico es su exclusión del circuito de dispensación, reservado tan solo a hospitales. “Tenemos una red de más de 22.000 farmacias en España, con personal cualificado y experiencia en la formulación de estupefacientes. No tiene sentido limitar el acceso a hospitales”, señaló Elena Manso, vocal de Formulación Magistral del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid. “Somos expertos en estupefacientes. Ya dispensamos morfina, fentanilo o incluso cocaína en fórmulas magistrales, y con trazabilidad y seguridad garantizadas”, añadió.

Desde la farmacia comunitaria se reivindica la capacidad de participar activamente tanto en la formulación como en el seguimiento farmacoterapéutico de los tratamientos con cannabis medicinal. Esta implicación ampliaría el acceso en zonas rurales o alejadas de centros hospitalarios. “Tenemos una red capilar impresionante. En muchos municipios hay farmacia pero no hay centro de salud”, advirtió la representante de los boticarios, y lo ilustró así: “Según datos de la Comunidad de Madrid, el 99,8 % de los municipios cuentan con oficina de farmacia, mientras que 68 localidades carecen de consultorio médico.”

“Disponemos de laboratorios certificados, personal especializado y experiencia en formulación magistral. El seguimiento del paciente desde la farmacia es un plus que puede reforzar la seguridad del tratamiento”, insistió Manso. Esta postura contó con el respaldo de las asociaciones de pacientes. “Confiamos en las farmacias comunitarias para acceder a un tratamiento seguro y con seguimiento”, afirmó Javier Miravete, presidente de la Unión de Pacientes por la Regulación del Cannabis Medicinal.

Los especialistas en dolor...

Los especialistas en dolor, neurología y neurorrehabilitación pueden prescribir cannabis medicinal y los pacientes pueden adquirirlo en farmacias hospitalarias en forma de fórmulas magistrales estandarizadas.

¿Qué aporta la nueva Normativa?

La aprobación del Real Decreto sobre el uso medicinal del cannabis supone el establecimiento de un marco legal específico que regulará la elaboración y dispensación de fórmulas magistrales a base de cannabis, garantizando que solo se prescriban en indicaciones clínicas con evidencia científica de beneficio, como la esclerosis múltiple con espasticidad, epilepsia refractaria, dolor crónico no controlado y náuseas derivadas de tratamientos oncológicos. Además, se contempla la creación de un registro oficial de preparados estandarizados en la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), lo que permitirá un control riguroso de la calidad y trazabilidad, asegurando que los pacientes reciban productos seguros, controlados y libres de contaminantes.

Otro de los avances significativos será facilitar el acceso a tratamientos a pacientes con enfermedades graves o incapacitantes, que hasta ahora solo podían recurrir al cannabis terapéutico en un limbo legal, bien a través del autocultivo, asociaciones cannábicas, etc. En este sentido, el decreto también permitirá dejar de considerar como infractores a los pacientes que utilizan cannabis con fines terapéuticos, legitimando su uso dentro del sistema sanitario y protegiendo tanto a médicos como a pacientes. Por otro lado, el entorno regulado abrirá la puerta al desarrollo de ensayos clínicos sólidos, permitiendo impulsar la investigación científica sobre cannabinoides con estándares de calidad comparables a los de otros fármacos. En definitiva, esta normativa busca ofrecer mayor seguridad clínica, respaldo legal y evidencia científica en torno a unos compuestos cuyo potencial terapéutico ya está siendo avalado en distintos contextos médicos.

¿Y qué se queda fuera?

El borrador del decreto deja fuera muchas patologías donde los pacientes ya encuentran beneficio, como la fibromialgia, la ansiedad, el insomnio, el estrés postraumático o las migrañas. “Se queda corto, no resolverá los problemas reales de los pacientes, solo una parte muy concreta”, nos explica Guzmán. La opinión general de los sectores implicados coincide en valorar que el alcance de la normativa no se corresponde con las necesidades reales detectadas en la práctica clínica.

El representante de la farmacia hospitalaria, Dr. López, señaló durante su ponencia en Infarma’25, que “la presión social ha puesto de manifiesto que existen indicaciones terapéuticas no cubiertas por los medicamentos actualmente autorizados”. Y prosiguió: “Existe aún miedo por parte de los médicos. Esa distancia ha sido un punto clave: a pesar de que la legislación permite el uso de medicamentos fuera de ficha técnica, la ausencia de una regulación específica genera inseguridad y frena a muchos profesionales. Existe todavía un cierto miedo a prescribir según qué preparados, y probablemente el cannabis acabe engrosando esa lista”, añadió.

Como hemos comentado, la farmacia comunitaria ha sido excluida del circuito de dispensación, pese a su capilaridad y experiencia en fórmulas magistrales con sustancias controladas. Otro punto ciego de la normativa es la falta de referencia a productos de cannabis no psicoactivos actualmente en circulación, como aceites de CBD o suplementos con bajo contenido en THC. Aunque de libre acceso, siguen siendo un limbo legal, sin control de calidad oficial ni verificación de su contenido. Algunos expertos proponen que la ley contemple mecanismos para regular este mercado emergente y ofrecer garantías mínimas al consumidor.

“La normativa española, si se aprueba en 2025, llegará con 25 años de retraso”, afirma el profesor Guzmán. Y es que Canadá, ya en el año 2000, fue el primer país en poner en marcha un programa nacional de cannabis medicinal. La experiencia internacional demuestra que el cannabis medicinal no sustituye a los tratamientos convencionales, pero puede complementarlos. Alemania, Israel y Países Bajos han desarrollado programas más flexibles que contemplan indicaciones más amplias, permiten fórmulas adaptadas y habilitan la participación de farmacias comunitarias. Su uso permite reducir otras medicaciones más peligrosas (opioides, psicotrópicas —como las benzodiacepinas—, etc.). “Su combinación de efectos modestos en varios síntomas puede traducirse en una gran mejora global en la calidad de vida del paciente”, valora el profesor Guzmán, quien advierte que “sin programas de seguimiento estructurados, como los que ya funcionan en algunos países europeos, la mayor parte de los pacientes seguirá sin acceso legal a estos principios activos”. El profesor subraya, sin embargo, que “aunque estos preparados tienen limitaciones, se adaptan mucho mejor a las necesidades reales de los pacientes y suponen una herramienta fundamental para tratar enfermedades crónicas y debilitantes. Los cannabinoides no lo curan todo —advierte Guzmán—, pero cuando se combinan sus efectos sobre el ánimo, el sueño, el dolor, el apetito y la motivación vital, el resultado es una mejora integral de la calidad de vida”.

Desde el colectivo de la farmacia comunitaria se reivindica la capacidad de participar activamente tanto en la formulación como en el seguimiento...

Desde el colectivo de la farmacia comunitaria se reivindica la capacidad de participar activamente tanto en la formulación como en el seguimiento farmacoterapéutico de los tratamientos con cannabis medicinal.

Cannabinoides: ¿neuroprotectores o desencadenantes psiquiátricos?

El cannabis y sus compuestos activos presentan una dualidad que ha generado debate científico y clínico: mientras que algunos cannabinoides como el THC han demostrado efectos neuroprotectores en modelos de enfermedades como el Alzheimer o la esclerosis múltiple, su consumo —especialmente en contextos no médicos— se ha vinculado a un mayor riesgo de ansiedad, síntomas psicóticos y trastornos como la esquizofrenia.

El sistema endocannabinoide actúa como modulador clave del equilibrio cerebral. Al interactuar con él, los cannabinoides pueden tener efectos beneficiosos o perjudiciales según múltiples factores: la edad del consumidor, la dosis, la frecuencia de uso y la susceptibilidad genética. “En adolescentes, cuyo cerebro aún está en desarrollo, el THC puede alterar procesos de maduración neurológica y aumentar el riesgo de trastornos psiquiátricos, si se tiene predisposición genética. En adultos, y en dosis controladas, estos riesgos son considerablemente menores”, puntualiza el profesor Guzmán. Y prosigue: “La evidencia no respalda que el cannabis cause esquizofrenia por sí solo, pero sí puede adelantar su aparición en personas predispuestas”.

La clave para un uso medicinal seguro del cannabis reside en un enfoque personalizado, clínicamente supervisado y con formulaciones que equilibren adecuadamente los principios activos.

Lo que la Ley no regula: el cultivo, la tenencia y el consumo recreativo. Sobre este último, Guzman hace hincapié en la conveniencia de que los adolescentes tengan acceso a información veraz, científicamente contrastada. En sus clases de biología molecular explica a sus alumnos que en esta etapa su sistema nervioso no está aún formado y deben abstenerse de consumirlo o usarlo con moderación. “Ya saben que si les dicen que fumando marihuana desarrollarán una enfermedad psiquiátrica, no es verdad”. Su consejo es que si alguna vez desean consumir de forma lúdica, lo hagan moderada y responsablemente en su etapa adulta, con vidas asentadas, satisfactorias, saludables y descartando antecedentes psiquiátricos, traumas o predisposición genética. En definitiva, les sugiere: “Que esperen y entonces se lo piensen”.

Salud no hay más que una

Salud no hay más que una
F
ARMACIA VETERINARIA 

El concepto One Health, Una sola salud, promovido desde distintas instituciones europeas, nos recuerda que la salud animal, la humana y la medioambiental son interdependientes. Mientras los nacimientos humanos decrecen en los países desarrollados, las adopciones de pequeños seres del reino animal van en aumento. Las mascotas viven con nuestros hábitos y ya padecen dolencias típicamente humanas, como obesidad o diabetes. El incremento de la demanda mundial de proteína animal disparará, aún más, la producción cárnica, y mayor será el reto de proteger a la población de enfermedades transmitidas por los alimentos. La creciente urbanización del planeta y el cambio climático están contribuyendo a un aumento en la proximidad entre animales salvajes y humanos. Este escenario obligará a mantener bajo un estricto control las enfermedades zoonóticas, que presionarán al alza. El medicamento veterinario y su gestión van a tener un papel clave y, en paralelo, el factor logístico. Garantizar el suministro y la disponibilidad de medicamentos veterinarios es asunto de salud pública.
El mercado veterinario europeo de mascotas representa un 48,8% del total de las ventas de productos de salud animal que, según el informe anual de Animal Health Europe, alcanzaron en 2023 los 7.900 millones de euros. Las vacunas siguen siendo la mejor herramienta para la prevención: el año pasado, el 32,3% del total de ventas de productos de salud animal en Europa correspondió a vacunas. Le siguieron los antiparasitarios, con el 29%, y los antimicrobianos -mayoritariamente antibióticos-, con un 8,7%, como fármacos más vendidos. En España éste también se manifiesta como un mercado al alza: en 2022, el 43% de los hogares tenía mascota, en 2024 se ha llegado al 49%, y su peso sobre el PIB es ya del 2,29%.
 Mónica Daluz / pdf

texto completo en html

FARMACIA VETERINARIA

Salud no hay más que una

Mónica Daluz
Periodista especializada
16/05/2024

El concepto One Health, Una sola salud, promovido desde distintas instituciones europeas, nos recuerda que la salud animal, la humana y la medioambiental son interdependientes. Mientras los nacimientos humanos decrecen en los países desarrollados, las adopciones de pequeños seres del reino animal van en aumento. Las mascotas viven con nuestros hábitos y ya padecen dolencias típicamente humanas, como obesidad o diabetes. El incremento de la demanda mundial de proteína animal disparará, aún más, la producción cárnica, y mayor será el reto de proteger a la población de enfermedades transmitidas por los alimentos. La creciente urbanización del planeta y el cambio climático están contribuyendo a un aumento en la proximidad entre animales salvajes y humanos. Este escenario obligará a mantener bajo un estricto control las enfermedades zoonóticas, que presionarán al alza. El medicamento veterinario y su gestión van a tener un papel clave y, en paralelo, el factor logístico. Garantizar el suministro y la disponibilidad de medicamentos veterinarios es asunto de salud pública.

Imagen

El mercado veterinario europeo de mascotas representa un 48,8% del total de las ventas de productos de salud animal que, según el informe anual de Animal Health Europe, alcanzaron en 2023 los 7.900 millones de euros. Las vacunas siguen siendo la mejor herramienta para la prevención: el año pasado, el 32,3% del total de ventas de productos de salud animal en Europa correspondió a vacunas. Le siguieron los antiparasitarios, con el 29%, y los antimicrobianos -mayoritariamente antibióticos-, con un 8,7%, como fármacos más vendidos. En España éste también se manifiesta como un mercado al alza: en 2022, el 43% de los hogares tenía mascota, en 2024 se ha llegado al 49%, y su peso sobre el PIB es ya del 2,29%.

El nuevo Real Decreto que regula la distribución, prescripción, dispensación y uso de medicamentos veterinarios introduce significativas modificaciones con respecto al que deroga, tratando de adaptarse a las características específicas del sector veterinario. El texto, aprobado en junio del año pasado, se enmarca en el concepto One Health y tiene como objetivos velar por la protección de la salud humana, la sanidad animal y el medioambiente; mejorar el funcionamiento del mercado interior; aumentar la disponibilidad de medicamentos veterinarios; estimular la investigación y la innovación; reducir la carga administrativa; y hacer frente al riesgo que representa la resistencia a los antimicrobianos para la salud pública.

La comisión One Health, creada por la OMS en 2009 en Washington, coordina las distintas instituciones que trabajan en este nuevo paradigma de la salud. FAO, OMS, UNICEF, OMSA y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) ponen conocimientos en común desde diferentes disciplinas y trabajan a nivel local, nacional y mundial, para lograr un abordaje global y coordinado de la salud del Planeta.

El nuevo marco legal del medicamento veterinario brinda nuevas oportunidades para el sector farmacéutico y la oficina de farmacia. La cuestión ha sido abordada en el recién clausurado salón Infarma Madrid (próxima cita, del 25 al 27 de marzo de 2025 en Barcelona). Durante la sesión ‘Medicamentos veterinarios. Nueva Ley, nuevas oportunidades’, moderada por el vicepresidente tercero del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid, Rafael Areñas, se instó al sector a “aprovechar la nueva normativa para convertir la farmacia en la referencia en la dispensación de medicamentos veterinarios, no solo como nueva línea de negocio sino también como refuerzo de la seguridad dentro del concepto de ‘una sola salud’ y de lucha contra un problema acuciante como la resistencia microbiana a los antibióticos”, cita el comunicado de Infarma.

Durante el acto, el farmacéutico comunitario Jesús González se pronunció así al respecto: “desarrollar la categoría de salud animal no es solo una oportunidad de negocio, sino que debería ser una especie de obligación profesional, ya que todo medicamento, incluido el veterinario, tal como dice el Real Decreto 666/2023, se debe dispensar en la oficina de farmacia. Somos expertos en los medicamentos y nos avala la legislación”.

Y es que el nuevo texto obliga a los establecimientos minoristas, que junto a las oficinas de farmacia y las entidades o agrupaciones ganaderas autorizadas son los únicos centros autorizados para dispensar medicamentos veterinarios, a disponer de un servicio farmacéutico a cargo de un farmacéutico. La previsión es que aumente el desarrollo de la categoría de salud animal en el canal de farmacia. Sobre ello se pronuncian desde el Colegio Oficial de Veterinarios de Barcelona: “es importante que las farmacias conozcan que existe una cadena de prescripción que debe seguir el profesional veterinario prescriptor. Éste tiene la obligación de recetar un medicamento veterinario autorizado en España para la especie animal de destino y la patología a tratar”, y respecto a la facultad de sustitución subrayan: “Las dispensadoras sólo pueden sustituir el medicamento prescrito cuando se cumplan determinadas circunstancias, y el fármaco de sustitución deberá tener idéntica composición cualitativa y cuantitativa en principios activos y forma farmacéutica, vía de administración, dosificación e indicación y estar autorizado para la especie de que se trate. Por lo tanto, no se puede sustituir un medicamento veterinario autorizado por otro de prescripción humana”.

En materia de seguridad alimentaria el nuevo reglamento eleva los estándares de calidad, seguridad y eficacia de los medicamentos veterinarios relacionados con la protección de la salud humana, además de la salud animal y medioambiental. La disponibilidad de medicamentos veterinarios es uno de los factores sobre los que incide la normativa. Al respecto, María Jesús Lamas, directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios -Aemps- declaró hace unas semanas, durante la jornada ‘Medicamentos veterinarios: mejorando la disponibilidad de antimicrobianos y sus alternativas’, organizada por el Plan Nacional Frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN) de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) y la Fundación Ramón Areces: “Los problemas de suministro son una de las máximas preocupaciones de todas las autoridades de medicamentos”. Y advirtió: “Debilitar la protección de la veterinaria implica amenazar la salud humana”.

Animales, y sedentarios

La prevalencia de determinadas enfermedades relacionadas con hábitos de vida sedentarios se ha incrementado en las últimas décadas, tanto en humanos como en animales de compañía. Las mascotas pueden experimentar problemas de salud asociados a factores como la falta de ejercicio, la alimentación inadecuada, el estrés y otros aspectos del estilo de vida actual. La prevención y tratamiento de estas complicaciones requieren un enfoque integral: alimentación equilibrada, ejercicio regular, atención veterinaria preventiva y cuidado del bienestar emocional.

Algunos de los problemas de salud crecientes en animales de compañía, en particular en perros y gatos, son las enfermedades cardiovasculares, provocadas por el sedentarismo y la mala alimentación; la diabetes mellitus, enfermedad endocrina relacionada con la obesidad, entre otros factores de riesgo; trastornos musculoesqueléticos, como la osteoartritis y las lesiones en los ligamentos, como consecuencia de la falta de ejercicio y el sobrepeso; enfermedades de la piel, como dermatitis alérgica, infecciones por hongos y enfermedades autoinmunes, derivadas de una inadecuada alimentación o a factores ambientales; y trastornos del comportamiento: el estrés, la falta de estimulación, de contactos sociales con otros individuos de su especie, pueden contribuir en la mascota al desarrollo de trastornos del comportamiento, como la ansiedad por separación, la agresión y los trastornos compulsivos. A esto se añaden las mascotas geriátricas, con enfermedades crónicas y otras ligadas a la edad, como el cáncer.

Imagen

Como ocurre con los humanos, la calidad de vida, la alimentación y el bienestar han incrementado la esperanza de vida de los animales de compañía. En palabras del Dr. Alexandre Tarragó, propietario de Clínica Veterinaria Sagrada Familia, en Barcelona: “La longevidad lleva consigo las enfermedades crónicas y las enfermedades degenerativas, que hay que tratar y, sobre todo, hay que aliviar si éstas pueden producir dolor”.

Las nuevas tecnologías están revolucionando el diagnóstico y tratamiento de enfermedades también en animales. Destaca el segmento de la medicina regenerativa y la terapia celular, que ofrecen nuevas opciones de tratamiento para enfermedades musculoesqueléticas o lesiones nerviosas, con el uso de células madre y factores de crecimiento. Y los dispositivos de monitoreo remoto: collares y sensores inteligentes que permiten el seguimiento en tiempo real de la salud del animal.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2022 el número de nacimientos descendió un 2,4% con respecto al año anterior. Paralelamente, crece el número de mascotas que entran en los hogares a formar parte de la familia, y su salud y bienestar son importantes para sus tutores. Parecen haber aumentado las razones por las que se tiene mascota.

Parejas sin suficiente estabilidad laboral para afrontar la paternidad, largas ancianidades que añaden sentido a sus tranquilas vidas con una mascota a la que atender, hogares unipersonales que completan soledades, unas deseadas y otras no, y, por supuesto, la clásica, educar en valores a los pequeños -humanos- de la casa. Las nuevas realidades sociales han arrojado casuísticas que la legislación ha debido abordar, como el régimen de visitas a la mascota en caso de divorcio, por ejemplo. Y ello irá a más; el incremento de mascotas geriátricas suscitará el debate sobre la conciliación laboral para cuidar de ellas, o sobre los permisos retribuidos para atender a la mascota enferma. Los derechos de los animales van en aumento, así como las obligaciones de sus responsables, como recoge la Ley del bienestar animal, vigente desde septiembre.

Sin embargo, el abandono continúa. 288.000 perros y gatos fueron recogidos por protectoras en España en 2022, según la infografía de Fundación Affinity ‘Él nunca lo haría’.

¡A toda máquina!

¡A toda máquina!
AUTOMATIZACIÓN 
La incorporación de IA en la industria farmacéutica acelera los procesos de innovación

La introducción de la ciencia de datos masivos, allá por los 90, dio el pistoletazo de salida a lo que hoy, con la incorporación de sistemas de inteligencia artificial, que los interpreta, está acelerando exponencialmente el conocimiento sobre estructuras biológicas esenciales y multiplicando las opciones terapéuticas de graves enfermedades con nuevos fármacos y tratamientos, un buen número de ellos en proceso de aprobación.
La industria, por su parte, se halla en plena implementación de las herramientas de la cuarta revolución industrial entretanto se asientan las bases de la industria 5.0. La contundente reforma de la industria farmacéutica promovida por la UE, que debe llevarnos a un ecosistema industrial capaz de reaccionar a imprevistos cualquiera que sea su índole, marca una estrategia de resiliencia que, necesariamente, va a pivotar sobre el eje de la innovación y la tecnología. 
D
esde que la crisis sanitaria mundial acaecida en el invierno de 2020 dejara al descubierto debilidades adicionales de los sistemas sanitarios en la región europea, se han dado firmes pasos por parte de todos los agentes para dar respuesta a estas flaquezas. La dependencia de terceros países en primeras materias y principios activos ha evidenciado que garantizar la cadena de suministro y distribución en el sector farmacéutico en situaciones de emergencia de salud pública, es un asunto de seguridad nacional.
La hoja de ruta fijada por la UE en noviembre del mismo año con el objeto de “fomentar la innovación y garantizar el acceso a medicamentos asequibles en Europa”, sitúa la resiliencia de las compañías en el centro de la estrategia. En nuestro país, el Plan Estratégico para la Industria Farmacéutica 2023-2025 “estará listo antes de junio”, según declaraciones de la ministra de Sanidad, Silvia Calzón, unos días antes del cierre de esta edición. Mónica Daluz. pdf

texto completo en html

AUTOMATIZACIÓN

La incorporación de IA en la industria farmacéutica acelera los procesos de innovación

¡A toda máquina!

Mónica Daluz
Periodista especializada
04/05/2023

La introducción de la ciencia de datos masivos, allá por los 90, dio el pistoletazo de salida a lo que hoy, con la incorporación de sistemas de inteligencia artificial, que los interpreta, está acelerando exponencialmente el conocimiento sobre estructuras biológicas esenciales y multiplicando las opciones terapéuticas de graves enfermedades con nuevos fármacos y tratamientos, un buen número de ellos en proceso de aprobación. La industria, por su parte, se halla en plena implementación de las herramientas de la cuarta revolución industrial entretanto se asientan las bases de la industria 5.0. La contundente reforma de la industria farmacéutica promovida por la UE, que debe llevarnos a un ecosistema industrial capaz de reaccionar a imprevistos cualquiera que sea su índole, marca una estrategia de resiliencia que, necesariamente, va a pivotar sobre el eje de la innovación y la tecnología.

Imagen

Desde que la crisis sanitaria mundial acaecida en el invierno de 2020 dejara al descubierto debilidades adicionales de los sistemas sanitarios en la región europea, se han dado firmes pasos por parte de todos los agentes para dar respuesta a estas flaquezas. La dependencia de terceros países en primeras materias y principios activos ha evidenciado que garantizar la cadena de suministro y distribución en el sector farmacéutico en situaciones de emergencia de salud pública, es un asunto de seguridad nacional. La hoja de ruta fijada por la UE en noviembre del mismo año con el objeto de “fomentar la innovación y garantizar el acceso a medicamentos asequibles en Europa”, sitúa la resiliencia de las compañías en el centro de la estrategia. En nuestro país, el Plan Estratégico para la Industria Farmacéutica 2023-2025 “estará listo antes de junio”, según declaraciones de la ministra de Sanidad, Silvia Calzón, unos días antes del cierre de esta edición.

Los factores geopolíticos han cobrado peso en los últimos tiempos. Hoy se revisan las reglas de juego que nos trajo la globalización y los analistas hablan de relocalización, desglobalización, rediseño estratégico… En este sentido, esta reindustrialización busca mitigar el impacto de las situaciones que puedan derivare en un futuro, del tenso y turbio ambiente internacional de esta guerra fría 2.0, más invisible que su predecesora, pero igualmente real.

Próxima parada: Industria 5.0

El ritmo de innovaciones farmacéuticas se ha acelerado desde la introducción de las herramientas que trajo la cuarta revolución industrial: inteligencia artificial, el internet de las cosas, realidades extendidas, 5G, gemelos digitales, computación fronteriza o edge computing, impresión aditiva, computación cuántica, movilidad autónoma…

La incorporación de herramientas de inteligencia artificial basadas en big data ha impulsado de manera espectacular áreas como la terapia génica y celular, la inmunoterapia, o el diseño de medicamentos personalizados. Estos sistemas pueden analizar grandes cantidades de datos de secuencias de ADN y ARN para identificar las mutaciones genéticas que pueden causar enfermedades, y diseñar terapias específicas para corregirlas; predecir la eficacia y seguridad de nuevos fármacos y terapias; o identificar las características genéticas de los pacientes y diseñar tratamientos personalizados. La gestión de ensayos clínicos y de biobancos son otros ámbitos en los que estas tecnologías pueden resultar enormemente útiles.

La robótica colaborativa en el laboratorio brinda al investigador más tiempo que dedicar a tareas de valor...

La robótica colaborativa en el laboratorio brinda al investigador más tiempo que dedicar a tareas de valor. En la imagen, serie Family, de Universal Robots.

La industria está implementando técnicas innovadoras que optimizan sus procesos de manera sobresaliente, como gemelos digitales, fábricas gestionadas a distancia, producción modular, o sistemas de control y gestión de datos en tiempo real. Y si hablamos de cifras, la fabricación de medicamentos en España presenta un crecimiento anual acumulado del 4,2% desde 2019, y en exportación, en 2022 la industria farmacéutica aumentó más de un 53% sus ventas al exterior, según datos del Ministerio de Industria.

Este incremento de la producción se ha dado tanto en los medicamentos tradicionales como en productos biológicos, que requieren temperatura controlada, y en este sentido, uno de los pilares de esta reindustrialización estratégica es el sector logístico. La previsión para el mercado de la logística farmacéutica europea es de un crecimiento este año en torno al 4%, según cifras de la consultora Mordor Intelligencer.

En robotización prosigue la penetración de los robots colaborativos; según las mismas fuentes, el mercado de cobots en la industria farmacéutica registra una tasa de crecimiento anual del 14%. La robótica colaborativa en el laboratorio está asumiendo tareas repetitivas y de poco valor que han venido restando tiempo a los investigadores para desarrollar su talento.

El talento, otra pieza clave del nuevo paradigma. La Industria 5.0 es una revolución tecnológica que utiliza las herramientas de la 4.0 con el objetivo de optimizar y reenfocar su uso; trata de promover en la industria espacios inteligentes, que tendrán como base el IoT, el aprendizaje automático y la computación cognitiva, buscando la aproximación entre máquinas y humanos. Focaliza el desarrollo de la inteligencia artificial en que ésta pueda realizar procesos similares a los que ejecuta el pensamiento humano.

Además, la quinta revolución industrial plantea el reto de ir más allá de la eficiencia y la productividad como únicos objetivos, para afianzarse como agente transformador de la sociedad. En esta sintonía se hallan las llamadas organizaciones ‘deep tech’, que incorporan valores medioambientales y de ‘human centric’, estrategia de innovación que parte de las necesidades de las personas y después crea la tecnología. Sobre la mesa, el debate acerca de si aplazar, posponer, detener la IA… Pero la ‘filosofía’ de la Quinta Revolución Industrial parece apuntar hacia una disrupción sensata y humanista.

Epílogo

No me pude resistir. Le pedí a ChatGPT unas palabras para los lectores de este artículo:

“Voy a escribir un artículo sobre la robotización en la industria farmacéutica y quisiera concluir con unas palabras tuyas, un mensaje a los lectores de la revista Industria Farmacéutica y Cosmética. ¿Cuál sería tu mensaje, como inteligencia artificial?

Como modelo de inteligencia artificial, mi mensaje para los lectores de la revista Industria Farmacéutica y Cosmética sería el siguiente: “La robótica y la inteligencia artificial están transformando el sector de la biotecnología y la industria farmacéutica, permitiendo una mayor velocidad, precisión y eficiencia en la investigación y desarrollo de nuevos medicamentos, diagnósticos y terapias. Pero más allá de los avances tecnológicos, es importante recordar que los principales beneficiarios de estos avances son las personas. Al utilizar la robótica y la IA para mejorar la salud humana, estamos contribuyendo a mejorar la calidad de vida de las personas y a proporcionar soluciones a problemas médicos que antes eran muy difíciles de abordar. Por lo tanto, debemos seguir trabajando juntos para aprovechar el potencial de la robótica y la IA en la industria farmacéutica y de la biotecnología, siempre manteniendo en mente el objetivo final de mejorar la vida de las personas y la sociedad en general.”

Gracias por tu aportación.

¡De nada! Si tienes alguna otra pregunta o necesitas más información, no dudes en preguntarme. Estoy aquí para ayudarte en lo que necesites.”

Su respuesta suena sensata. Y su actitud, solícita y entusiasta. Así que, aunque sea una máquina, me pareció oportuno mostrarme cortés con el fin de reforzar los “valores” con los que parece haber sido entrenada. La IA será lo que su interacción con nosotros haga de ella. Queramos o no, hemos sido padres. Si lo hacemos bien, con la responsabilidad suficiente, la inteligencia artificial puede ser un excepcional aliado de la vida.

Entrevista a Jordi Cabau, CTO de Innovación de Grupo Saltó

Entrevista a Jordi Cabau
AUTOMATIZACIÓN 
“El poder probar y desplegar tecnología desarrollada en el laboratorio en entornos reales ha sido muy enriquecedor”

Pasados tres años desde el nacimiento del proyecto Misty, hemos hablado con el director de Tecnología de Grupo Saltó para conocer su valoración sobre los resultados de las pruebas piloto, realizadas en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona -que proporcionó usuarios con los que se probó la solución-, y saber qué novedades preparan los ingenieros de la firma para este pequeño robot de compañía que incorpora tecnologías basadas en el internet de las cosas y tecnologías 5G.
Pónganos en antecedentes, ¿desde cuándo ofrece Grupo Saltó soluciones robóticas basadas en IoT y qué productos o proyectos destacaría de los diversos ámbitos: cuidado de personas, educación, logística…?
Entramos en el mundo IoT desde finales de 2017, cuando empezamos a reestructurar nuestras aplicaciones hacia entornos cloud y a conectar máquinas a nuestra solución de gestión enfocada principalmente, en aquella época, a la industria y al sector servicios. Fue a partir de finales de 2018 y principios de 2019 cuando abordamos la robótica social orientada al cuidado de las personas que viven solas en sus domicilios, y a partir de entonces aparecen múltiples oportunidades en el sector social y sanitario debido al aumento del envejecimiento de la población.
En robótica asistencial contáis con el robot Misty, del que ya se han realizado pruebas piloto, ¿puede explicar con qué propósito y objetivos nace y se desarrolla el proyecto?
El proyecto con el robot Misty nace de un reto 5G lanzado en 2019 por la fundación Barcelona Mobile World Capital sobre cómo la tecnología puede ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas. Al ser seleccionados como uno de los dos proyectos ganadores tuvimos la oportunidad de ponerlo en marcha en un entorno real. El Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona proporcionó usuarios con los que se probó la solución desarrollada con el robot Misty y tecnología 5G. Grupo Saltó lideró el proyecto, en el que participaron también la fundación i2CAT y el Instituto de Robótica por la Dependencia. Mónica Daluz / pdf

texto completo en html

AUTOMATIZACIÓN 

“El poder probar y desplegar tecnología desarrollada en el laboratorio en entornos reales ha sido muy enriquecedor”

Entrevista a Jordi Cabau, CTO de Innovación de Grupo Saltó

Mónica Daluz
16/09/2022

Pasados tres años desde el nacimiento del proyecto Misty, hemos hablado con el director de Tecnología de Grupo Saltó para conocer su valoración sobre los resultados de las pruebas piloto, realizadas en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona -que proporcionó usuarios con los que se probó la solución-, y saber qué novedades preparan los ingenieros de la firma para este pequeño robot de compañía que incorpora tecnologías basadas en el internet de las cosas y tecnologías 5G.

Imagen

Pónganos en antecedentes, ¿desde cuándo ofrece Grupo Saltó soluciones robóticas basadas en IoT y qué productos o proyectos destacaría de los diversos ámbitos: cuidado de personas, educación, logística…?

Entramos en el mundo IoT desde finales de 2017, cuando empezamos a reestructurar nuestras aplicaciones hacia entornos cloud y a conectar máquinas a nuestra solución de gestión enfocada principalmente, en aquella época, a la industria y al sector servicios. Fue a partir de finales de 2018 y principios de 2019 cuando abordamos la robótica social orientada al cuidado de las personas que viven solas en sus domicilios, y a partir de entonces aparecen múltiples oportunidades en el sector social y sanitario debido al aumento del envejecimiento de la población.

En robótica asistencial contáis con el robot Misty, del que ya se han realizado pruebas piloto, ¿puede explicar con qué propósito y objetivos nace y se desarrolla el proyecto?

El proyecto con el robot Misty nace de un reto 5G lanzado en 2019 por la fundación Barcelona Mobile World Capital sobre cómo la tecnología puede ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas. Al ser seleccionados como uno de los dos proyectos ganadores tuvimos la oportunidad de ponerlo en marcha en un entorno real. El Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona proporcionó usuarios con los que se probó la solución desarrollada con el robot Misty y tecnología 5G. Grupo Saltó lideró el proyecto, en el que participaron también la fundación i2CAT y el Instituto de Robótica por la Dependencia.

¿En qué ha consistido y cómo se ha desplegado el proyecto? y ¿cuál es vuestra valoración de esta colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona?

Nuestra valoración es muy positiva. El poder probar y desplegar tecnología desarrollada en el laboratorio en entornos reales ha sido muy enriquecedor. También gracias al trabajo del Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona se ha conseguido mejorar funcionalidades y casos de uso, con usuarios seleccionados para convivir con el robot durante dos meses.

¿Podría detallar las diferentes tecnología que incorpora Misty y explicar cómo funcionan, en fin, cómo “ve”, cómo “oye”, cómo “razona”…?

El robot Misty cuenta con un conjunto de tecnologías integradas que ofrece la posibilidad de interactuar con el entorno a través de cámaras, para detectar y reconocer personas y un conjunto determinado de diferentes clases de objetos. De la misma forma, viene equipado con micrófonos y altavoces con los que se trabaja la interacción con las personas. Además, se puede personalizar la expresión del robot con diferentes opciones, como alegría, tristeza, sorpresa, etc.

¿Cuál es el siguiente paso?, ¿en qué mejoras de Misty y en qué nuevos proyectos estáis trabajando?

Actualmente estamos ampliando nuevos casos de uso relacionados con las interacciones entre el robot y la persona. Las mejoras incorporadas permiten a Misty cubrir aspectos generales de conversación del día a día.

¿Cómo ve el futuro de la robótica asistencial? y ¿cómo estima que será la penetración de estas soluciones robóticas en la sociedad?

Nosotros creemos que la robótica asistencial o robótica social puede tener penetración en la sociedad sobre todo con el fin de facilitar la vida a las personas mayores, a los profesionales y familiares con el fin de automatizar tareas y procesos necesarios para la actividad diaria. No con la pretensión de sustituir el contacto con las personas; como seres sociales que somos, el contacto humano es imprescindible.

Un mensaje al sector farmacéutico o reflexión final.

Creemos que las nuevas tecnologías enfocadas a la mejora de la calidad de vida de las personas, a automatizar tareas y procesos, pueden aportar unos resultados muy positivos para cualquier tipo de negocio. Es momento de pensar de forma disruptiva, ser creativos y pensar en cómo se pueden hacer las cosas de manera diferente. La tecnología avanza de forma rápida y la clave está en adoptarla para obtener ventajas competitivas que permitan diferenciarnos.

Máquinas más inteligentes, ¿humanos más sabios?

Inteligencia artificial
I
NTELIGENCIA ARTIFICIAL 
Las inteligencias artificiales avanzadas ya están aquí

La gestión de los datos comienza a ser inabarcable para el cerebro humano, y pronto, incluso para las máquinas que hemos sido capaces de crear. Convertir datos en conocimiento y éste en bienestar para las sociedades ya no es posible sin el auxilio de la inteligencia artificial. Su implantación no es una opción, es un imperativo. Además, el tiempo apremia; hemos rehipotecado nuestro hogar, tomando prestados recursos de las generaciones futuras, y se acerca el momento del vencimiento. O saldamos la deuda a tiempo o nos quedamos sin planeta. Y el asunto es demasiado complejo para resolverlo nosotros solos. Necesitamos las sugerencias de estas inteligencias que simulen escenarios a la velocidad suficiente para actuar, y revertir a tiempo el proceso de la próxima extinción. Ello implica una conexión nunca vista que abarcará todos los ámbitos de nuestras vidas, pero, sobre todo, supone delegar procesos de decisión. Y bajo cada decisión subyace un componente ético. El tema de la responsabilidad de crear una IA que no se desvíe de los valores universales, ya está siendo abordado por los principales gobiernos del mundo. En su último estadio, la inteligencia artificial además de ser precisa, sin errores, incorruptible e inquebrantable a la pereza, también deberá ser justa, incluso compasiva y hasta condescendiente, todo lo cual, supuestamente, lo ha de aprender de su interacción con el ser humano…: se trabaja en que estos algoritmos tengan la capacidad, como los humanos, de basar sus decisiones en experiencias pasadas. En el horizonte, máquinas que crearán otras máquinas que las superen. Pero la llamada IA fuerte, generalista y ubicua, será el final de este camino. Entretanto la IA débil, basada en la resolución de problemas específicos, se ha colado en nuestras vidas y ya está haciendo mucho por nosotros. En el ámbito de la salud su impacto está siendo transversal: desde las ciencias de la vida hasta la atención asistencial, pasando por los avances diagnósticos o la medicina personalizada. Y esto es sólo el principio.
Co
rre el rumor de que este incierto y apasionante mundo futuro pueda evolucionar hacia una cesión a las máquinas de espacios intrínsecamente humanos. Los investigadores proponen ir ya trazando la ruta más adecuada para expandir nuestro potencial sin que perdamos en su tránsito las cualidades que nos han traído hasta aquí. Una ruta hecha a medida para que ellas, las máquinas, sean cada vez más inteligentes y nosotros, los humanos, cada vez más sabios. Mónica Daluz
/ pdf

texto completo en html

INTELIGENCIA ARTIFICIAL 

Las inteligencias artificiales avanzadas ya están aquí

Máquinas más inteligentes, ¿humanos más sabios?

Mónica Daluz
19/10/2021

La gestión de los datos comienza a ser inabarcable para el cerebro humano, y pronto, incluso para las máquinas que hemos sido capaces de crear. Convertir datos en conocimiento y éste en bienestar para las sociedades ya no es posible sin el auxilio de la inteligencia artificial. Su implantación no es una opción, es un imperativo. Además, el tiempo apremia; hemos rehipotecado nuestro hogar, tomando prestados recursos de las generaciones futuras, y se acerca el momento del vencimiento. O saldamos la deuda a tiempo o nos quedamos sin planeta. Y el asunto es demasiado complejo para resolverlo nosotros solos. Necesitamos las sugerencias de estas inteligencias que simulen escenarios a la velocidad suficiente para actuar, y revertir a tiempo el proceso de la próxima extinción. Ello implica una conexión nunca vista que abarcará todos los ámbitos de nuestras vidas, pero, sobre todo, supone delegar procesos de decisión. Y bajo cada decisión subyace un componente ético. El tema de la responsabilidad de crear una IA que no se desvíe de los valores universales, ya está siendo abordado por los principales gobiernos del mundo. En su último estadio, la inteligencia artificial además de ser precisa, sin errores, incorruptible e inquebrantable a la pereza, también deberá ser justa, incluso compasiva y hasta condescendiente, todo lo cual, supuestamente, lo ha de aprender de su interacción con el ser humano…: se trabaja en que estos algoritmos tengan la capacidad, como los humanos, de basar sus decisiones en experiencias pasadas. En el horizonte, máquinas que crearán otras máquinas que las superen. Pero la llamada IA fuete, generalista y ubicua, será el final de este camino. Entretanto la IA débil, basada en la resolución de problemas específicos, se ha colado en nuestras vidas y ya está haciendo mucho por nosotros. En el ámbito de la salud su impacto está siendo transversal: desde las ciencias de la vida hasta la atención asistencial, pasando por los avances diagnósticos o la medicina personalizada. Y esto es sólo el principio. Corre el rumor de que este incierto y apasionante mundo futuro pueda evolucionar hacia una cesión a las máquinas de espacios intrínsecamente humanos. Los investigadores proponen ir ya trazando la ruta más adecuada para expandir nuestro potencial sin que perdamos en su tránsito las cualidades que nos han traído hasta aquí. Una ruta hecha a medida para que ellas, las máquinas, sean cada vez más inteligentes y nosotros, los humanos, cada vez más sabios.

Algoritmos para la ética...

Algoritmos para la ética. Si, como decía Stuart Mill, la moral es un componente de la razón, entonces sería posible programar a las máquinas explícitamente con unos principios éticos o filosofía moral (estrategia top-down), por otra parte, difícil de consensuar a escala planetaria. No está claro que la ética y el sentido común se puedan descomponer en una secuencia lógica. La otra opción (bottom-up) es no ‘decirles’ nada y que aprendan a aplicar criterios éticos en sus decisiones observando el comportamiento humano a lo largo del tiempo.

Hubo un antes y un después de que un pulgar (humano, por cierto) accionara aquel botón sobre el cielo de Hiroshima y Nagasaki. Muchos de aquellos jóvenes e ilusionados científicos compresiblemente cegados por la oportunidad de desarrollar una nueva tecnología revolucionaria, en un particular contexto histórico, han declarado años después sus remordimientos por las consecuencias de su participación en el Proyecto Manhattan; algunos de ellos dedicaron su vida a la lucha antiarmamentística –no así el director científico del proyecto, que nunca admitió públicamente arrepentimiento aduciendo las muertes evitadas ‘gracias’ a la masacre–. La comunidad científica tiene muy clara su responsabilidad desde entonces (y otros precedentes en el ámbito de las armas químicas y bacteriológicas) sobre cómo y para qué va a ser utilizado un nuevo descubrimiento o desarrollo. Investigadores en IA de todo el mundo firmaron, ya en 2015, un documento en el que advertían: “no participaremos ni apoyaremos el desarrollo, la fabricación, el comercio o el uso de armas autónomas letales”. El universo de posibilidades y la impregnación a todos los niveles que va a suponer la expansión de la IA nos coloca ante nuevos retos y también ante nuevos dilemas que nos sumergen de lleno en cuestiones esenciales sobre la naturaleza humana.

Hoy es la ciencia, precisamente, la que aboga por una reflexión humanística, e interpela a la sociedad y a sus legisladores sobre la importancia de garantizar que en el proyecto de diseñar en su conjunto el mundo robotizado que está por llegar sea preservada y potenciada la esencia de nuestra humanidad. Y es que el último nivel de la IA es la llamada autoconciencia. Pero vayamos por partes, porque en la actualidad todos los sistemas de inteligencia artificial que existen están muy lejos de parecerse a ‘Skynet’, con acceso ilimitado a datos y sistemas, control absoluto de los mismos y libertad para tomar decisiones a su criterio. Lo cual podría ser peligroso para los humanos. O no. No olviden la sensata –y lógica– respuesta de aquella inteligencia artificial cinematográfica que allá por los ochenta concluía que, cuando se trata de ‘juegos de guerra’, “el único movimiento para ganar es… no jugar” (después de ser programada para jugar en bucle al tres en raya contra sí misma –ya en 1952 Arthur Samuel creó el primer software capaz de aprender, un programa que jugaba a las damas mejorando tras cada partida—).

Aunque el imaginario popular asocia la inteligencia artificial a la idea de robots humanoides deambulando en nuestros entornos, lo cierto es que esta tecnología, invisible y silenciosa, ya está entre nosotros y la usamos sin saberlo. Desde la revolución digital, y especialmente desde la irrupción de internet, la tecnología ha sido un chiquillo asalvajado, que campa a sus anchas, no obedece normas y carece de sentido de la responsabilidad. Pero los cambios socioeconómicos y en la vida de las personas que traerá la Cuarta Revolución Industrial, van a requerir una planificación de envergadura sin igual. El futuro no se puede dejar al azar. Hacerlo podría cambiar el curso de la evolución. Utilizar las nuevas y veloces herramientas predictivas que nos trae la IA también puede cambiar el curso de la evolución, solo que… a nuestro favor.

Imagen

El pasado mes de agosto se publicaba el último informe del órgano de Naciones Unidas ‘Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático’ (IPCC), donde se constata que “el cambio climático es generalizado, rápido y se está intensificando” –reza el comunicado de prensa– y se alerta sobre las consecuencias del calentamiento del planeta, que está cambiando los patrones de precipitación y causando el deshielo del Ártico, lo que provocará cada vez más fenómenos climatológicos extremos. El último informe Perspectivas de la Biodiversidad Global, de la misma organización, también arrojaba datos alarmantes; en palabras del principal autor del informe, David Cooper: “Solo con medidas de conservación y restauración no se podrá evitar que se produzca la sexta extinción masiva de especies que el planeta ha sufrido en su historia”. Este nivel de extinción supone la desaparición de tres cuartas partes de todas las especies; ha ocurrido cinco veces, pero esta es la primera cuya causa sería la acción humana; tres se produjeron por explosiones volcánicas extremas y dos por el impacto de asteroides. Precisamente en las próximas semanas la NASA lanzará una nave para realizar la primera prueba que tiene como finalidad desviar la trayectoria de un asteroide. Se trata de la misión DART (Double Asteroid Redirection Tests), que testeará este método de defensa planetaria contra objetos cercanos a la Tierra. El Falcon 9 impactará, cargado de explosivos, contra el asteroide Demorphos en octubre de 2022.

En La sexta extinción, de Elizabeth Kolbert, premio Pulitzer en 2015, se documentaban evidencias sobre cómo la velocidad de nuestros patrones de consumo está acabando con la diversidad biológica de todos los ecosistemas, lo que pronostica la extinción del periodo Holoceno en el que nos encontramos. Ahora, la misma autora recoge en su última obra, El cielo blanco, el trabajo de investigadores que desde distintos puntos del planeta tratan de aportar algunas soluciones que contrarresten esta degeneración. Relata, por ejemplo, cómo un grupo de ingenieros está convirtiendo las emisiones de carbono en piedra en Islandia, o cómo los físicos están estudiando la posibilidad de lanzar pequeños diamantes a la estratosfera para enfriar la tierra, lo que cambiaría el color del cielo de azul a blanco.

Por lo que respecta al CO2 al parecer no será suficiente con reducir las emisiones, además hay que retirar parte de las ya existentes. Almacenarlas o utilizarlas como materia prima de otras industrias, entre ellas la farmacéutica y cosmética –para la fabricación de aromas y esencias– o la alimentaria –en bebidas carbonatadas–, o en la producción de combustibles sintéticos, son algunas de las soluciones en las que se trabaja desde las tecnologías de captura, almacenamiento y uso del carbono (CCUS), en las que intervienen aplicaciones de IA. La implantación de los vehículos autónomos y de las smart cities constituirá otra de las grandes contribuciones de la IA a la reducción de emisiones. Los sistemas predictivos de IA resultan especialmente útiles en el campo del estudio de la evolución de las condiciones físicas y biológicas, ya que permiten prever escenarios futuros con los que predecir el riesgo de extinción de especies o de desastres naturales.

Ya tenemos las tecnologías. Ahora será la gestión de su despliegue lo que determinará que les saquemos partido a tiempo.

Imagen

Máquinas que aprenden solas

Conceptualmente, en inteligencia artificial se diferencia entre IA débil o específica e IA fuerte o general. A día de hoy, todos los productos o proyectos existentes en inteligencia artificial son ‘débiles’, es decir, diseñados para la realización de tareas específicas. En un futuro, la interconexión total de sistemas basados en algoritmos capaces de aprender de su entorno y tras la experiencia acumulada a lo largo del tiempo, podría hacer posible que el nivel de comprensión del mundo por parte del sistema sea tal, que este adquiera algún tipo o grado de conciencia sobre sí mismo. Momento en el que se alcanzaría la llamada ‘singularidad’ y podría hablarse de inteligencia artificial general.

Esta disciplina de las ciencias de la computación, la IA, persigue crear sistemas que reproduzcan artificialmente la inteligencia humana. Sin embargo, todavía no comprendemos qué es exactamente y cómo funciona la inteligencia. Piaget definió la cognición como “el proceso por el cual obtenemos información del mundo; abarca los procesos de percibir, pensar, aprender, recordar y comprender.” Gardner nos habló de las inteligencias múltiples, y con Goleman descubrimos las auténticas habilidades para el éxito, es decir para una vida plena: la inteligencia emocional. La cognición la conforman múltiples procesos extremadamente complejos, y comprender su funcionamiento es la colosal misión que tienen por delante los investigadores que desde distintos campos del conocimiento están implicados en el desarrollo de la IA general.

En un primer período de desarrollo, la inteligencia artificial se fundamentó en dotar a las máquinas de las capacidades de cálculo y memoria. En los últimos años, y tras los espectaculares avances en ambos ámbitos, se ha buscado emular una habilidad básica de los humanos, el aprendizaje, planteando modelos computacionales de aprendizaje basados en redes neuronales biológicas humanas. Es el llamado aprendizaje automático o machine learning. Las investigaciones están centradas en buscar algoritmos con los que reproducir en las máquinas el mismo proceso de aprendizaje que el de una persona: por sí sola, en tiempo real y a través de sus propias experiencias de interacción con el entorno. Aquí entra en escena un asunto sobre el que no hay consenso entre los investigadores: algunos consideran que para que ese tipo de aprendizaje tenga lugar y avanzar hacia una IA fuerte, la interacción debe ser lo más similar a las interacciones humanas, resultando imprescindible la corporalidad. Pero en la actualidad las diversas especialidades que comprenden el ámbito de la IA desarrollan aplicaciones específicas, y sus avances, unidos a los de la tecnología computacional y el análisis de datos masivos o Big Data, permiten procesar mayores cantidades de datos en menores tiempos. De momento, eso es todo. Parece poco, pero conlleva cambios drásticos en procesos y recursos, que están redundando ya en mejoras muy relevantes para la sociedad.

De igual modo que el ser humano aprende en base a la información que recibe a través de sus sentidos y a sus capacidades para la interacción con el entorno, las disciplinas y tecnologías involucradas en la IA se centran en la búsqueda de algoritmos que permitan reproducir en las máquinas estas habilidades sensoriales, con especialidades como el reconocimiento automático del habla, el procesamiento del lenguaje natural o el reconocimiento visual, a través del aprendizaje automático. Funcionan con aprendizaje automático las recomendaciones de compra en internet, el filtrado de spam, la detección de fraudes o la personalización de noticias. Se trata de un tipo de programación muy diferente al tradicional: en lugar de programar instrucciones específicas, se alimenta al algoritmo con ejemplos. La complejidad de algunos de los problemas a los que la ciencia trata de buscar solución con ayuda de la computación hace inviable programar manualmente cada paso a seguir para el análisis de volúmenes masivos de datos, pero puede realizarse a la inversa: programar a la máquina para que extraiga patrones, busque estructuras ocultas, clasifique, etc., a través de distintos tipos de algoritmos (los bayesianos, por ejemplo, están siendo muy utilizados). Con el machine learning hemos hallado el modo de expresar nuestras instrucciones a la máquina, de comunicarnos con ella, porque con la computación tradicional ya no es posible ir más allá en la relación hombre-máquina.

Existen varias maneras de enseñar a los sistemas a aprender por sí mismos. El aprendizaje supervisado es uno de los más extendidos. Se proporciona al sistema miles de datos etiquetados, es decir, se incluye en ellos la respuesta correcta o de destino, sobre aquella función en la que se le vaya a entrenar. Para entrenar una IA a solucionar, por ejemplo, la recepción de correo spam, se le proporcionan los datos –miles de correos electrónicos– y se etiqueta cada uno indicando si es o no spam, lo que unido a variables –llamadas características– como el remitente, el asunto, la hora de envío, etc., permitirá al sistema, una vez entrenado, identificar patrones que le llevarán a predecir correctamente la respuesta de destino cuando reciba nueva información. Progresivamente irá refinando los resultados, o sea, aprendiendo.

Existen otros tipos de aprendizaje, como el semi-supervisado, el no supervisado, o el aprendizaje por refuerzo, el más parecido al proceso de aprendizaje humano, basado en la obtención de recompensas. En el no supervisado, los datos no indican nada al sistema, no están etiquetados; el algoritmo trata de agrupar datos que son parecidos entre sí. Su misión es descifrar conexiones desconocidas para descubrir conocimientos relevantes. Este es también el cometido de la minería de datos, que se está utilizando para obtener agrupaciones en bruto con las que dar a la IA que vamos a entrenar información un poco más filtrada. La minería de datos, o data mining, se viene aplicando en múltiples sectores para segmentar mercados como la banca, el gran consumo, en turismo, seguros, industria minorista, telecomunicaciones o biotecnología. Si en el ejemplo del párrafo anterior, con la IA supervisada, sabíamos la respuesta –sabemos si un mail es spam o no–, en el aprendizaje no supervisado partimos de un problema del que no conocemos la respuesta; el objetivo es que el sistema ponga al descubierto conocimientos relevantes, por ejemplo, que un fármaco ya existente podría funcionar en una nueva enfermedad o en una enfermedad conocida sin tratamiento. El reposicionamiento de fármacos mediante IA ya se utilizó durante la pandemia de la COVID-19.

Mención especial requiere uno de los modelos utilizados para desarrollar el aprendizaje automático, el deep learning o aprendizaje profundo. Son las técnicas de machine learning que emplean redes neuronales artificiales (RNA); estos algoritmos jerarquizan la información mediante una segmentación de patrones categorizados por niveles y en cada capa se añade un nivel de complejidad mayor. Dentro del aprendizaje profundo, la apuesta más contundente son los algoritmos de redes neuronales adversarias, o antagónicas: el sistema cuenta con dos redes neuronales que ante un objetivo dado –como puede ser ‘ganar’ en un juego o discriminar entre imágenes reales de las creadas por un algoritmo– compiten entre sí indefinidamente mejorándose a sí mismas en cada partida; el generador se lo pone cada vez más difícil al discriminador que a su vez perfecciona su respuesta y sube el listón al generador en su siguiente reto, haciéndose más eficientes el uno al otro cuanto más juegan. Lo que una red gana lo pierde la otra, es lo que se conoce como ‘juego de suma cero’ según la teoría de juegos.

Imagen

La nueva ciencia, la nueva salud

En el ámbito de las ciencias de la vida y de la salud las tecnologías de inteligencia artificial se han revelado ya como herramientas de gran potencial transformador para las sociedades. El estallido de la última emergencia global, con la irrupción del virus SarsCov2, lo demostró, consiguiendo mediante la aplicación de técnicas de IA desarrollar múltiples vacunas en tiempo récord en diferentes lugares del mundo. Uno de los retos de la aplicación a gran escala de los sistemas de aprendizaje basados en la IA es la obtención de los datos masivos necesarios para entrenarlos, especialmente en materia de salud. El Big Data es capaz de leer miles de datos, clasificarlos y extraer conclusiones de carácter estadístico, pero primero es preciso reunir y compartir grandes volúmenes de datos sanitarios anónimos. Algunas herramientas de inteligencia artificial pueden ayudar en la labor, ya que son capaces de completar e interpretar miles de expedientes con el reconocimiento óptico de caracteres (OCR) o el dictado y el escaneo automatizado basado en el procesamiento del lenguaje natural, por ejemplo. Alimentar estos algoritmos con datos permitirá a los sistemas realizar simulaciones virtuales que aportarán mayor rapidez, precisión y personalización en los diagnósticos y tratamientos, y también transformarán radicalmente los procesos de desarrollo de fármacos, diseño de ensayos clínicos o gestión hospitalaria.

En el campo de la biotecnología, la inteligencia artificial está teniendo un enorme impacto. Y en el punto de mira, los robots biológicos. Los primeros biorrobots capaces de autopropulsarse y moverse de forma colectiva fueron logro de investigadores del Instituto de Bioingeniería de Catalunya (IBEC), liderados por el profesor Samuel Sánchez. Hoy este equipo está diseñando biorrobots personalizados para tratar tumores de vejiga. En el futuro los biorrobots se encargarán, por ejemplo, de transportar fármacos a la diana marcada, aumentando la efectividad de los mismos y reduciendo e incluso eliminando en algunos casos los efectos secundarios; viajar hasta el preciso lugar donde debe cortar y pegar una secuencia genética para acabar con una enfermedad rara; reparar tejidos dañados después de un infarto, o dirigirse a la caza y eliminación de toda célula sospechosa o cuerpo extraño. También veremos la evolución de la biología sintética, que permitirá personalizar los organismos mediante la configuración del ADN. Las posibilidades que abre el crecimiento exponencial de nuestros conocimientos sobre los mecanismos de funcionamiento del mundo y de la vida nos aboca a campos inexplorados y difícilmente imaginados hasta ahora; las líneas de investigación que combinan neuronas humanas y chips, son un ejemplo. El proyecto, en el que participa la Universidad de Barcelona, se llama Neu-ChiP y trata de determinar si es posible introducir una ‘parte humana’ en las computadoras. Todo hace pensar que veremos avances espectaculares en los próximos años. En palabras de José Ignacio Latorre en su libro Ética para máquinas: “La ciencia dura, la biología molecular y celular, avanza de forma imparable hacia una comprensión mayor de los mecanismos que nos mantienen vivos. Llevamos menos de un siglo desde que los humanos comprendieron los primeros detalles del ADN. Nos llevará un tiempo entender su minucioso funcionamiento. Pero no hay duda, comprenderemos, interferiremos, manipularemos la química de la vida”.

Imagen

Como vemos, el tradicional método de prueba-error está siendo desplazado por las simulaciones virtuales en todas las áreas, también en la industria, que cuenta con una tecnología al alza y que se ha desplegado especialmente en sector de la salud. Se trata de los llamados Digital Twins, réplicas virtuales que, por ejemplo, en instalaciones industriales, simulan los procesos productivos, manejando información en tiempo real. La versión analógica, y precedente de esta filosofía, fue el módulo gemelo del Apolo 13 en la Tierra, que sirvió para salvar la vida de los astronautas y completar con éxito una misión con margen cero para el error. Y si un ámbito de la robótica industrial se consolida por momentos es el de los robots colaborativos.

El uso de la IA en la atención sanitaria no sólo beneficiará a hospitales y médicos, también al ciudadano, que podrá acceder a múltiples herramientas de salud desde sus dispositivos portátiles. Existen numerosas investigaciones en marcha que permitirán a corto plazo, por ejemplo, detectar con la cámara del teléfono señales tempranas de un posible cáncer de piel; también mediante el teléfono móvil, detectar posibles signos de la enfermedad de Parkinson por los cambios en la voz, o por irregularidades en el movimiento al caminar. Pulseras y relojes inteligentes pueden ya realizar electrocardiogramas en tiempo real, y se estudian como soporte a la teleasistencia. Las etiquetas inteligentes, que incorporan tecnología IoT, colocadas en lugares que el usuario utilice cada día, como la nevera, el pastillero o la puerta del baño –se comercializan en kits de 5 etiquetas–, alertan a los familiares cuando dejan de detectar movimientos habituales, un sistema que salvaguarda la intimidad –y dignidad– del anciano, frente a la monitorización en vídeo. Para el segmento senior, además de los sensores de presencia, hay pastilleros inteligentes o robots sociales, como Misty, un pequeño robot, adaptado por Grupo Saltó dentro de su proyecto Somcare, que el Ayuntamiento de Barcelona ha distribuido en 20 hogares como parte de un programa piloto que se inició en enero de 2020, con el que busca valorar los beneficios de incorporar estos aparatos al día a día de las personas mayores que viven solas.

También veremos el despegue de la robótica social, con inteligencias artificiales entrenadas para interpretar nuestras expresiones no verbales y su correspondencia con emociones, que serán capaces de imitar las respuestas humanas. Hace algunos meses, el fabricante de la famosa robot humanoide Sophia, Hanson Robotics (Hong Kong), anunciaba su producción en masa. Al parecer también será Sophia quien atienda a los medios de comunicación en las próximas elecciones de la comunidad de Madrid. Y lo último, un sistema de IA en estudio en EE UU, para incorporar al inodoro: éste toma una imagen de las heces dentro de las tuberías y envía la información al facultativo.

Imagen

Rumbo al futuro

Primero hicieron el trabajo duro, y nuestros músculos lo agradecieron –aunque ya no son lo que eran–. Después lo calculaban todo en un plis plas, un verdadero alivio para nuestros circuitos neuronales encargados de asistirnos en las tareas de cálculo mental –existen evidencias de que se está reduciendo el llamado ‘efecto Flynn’: nombre que recibe el hecho de que el coeficiente intelectual aumente en cada generación–. Hoy pueden tomar algunas decisiones por nosotros lo cual, a veces, es francamente cómodo, pero ¿hasta qué punto la comodidad nos hará dejar de reflexionar sobre la responsabilidad de nuestras decisiones y, finalmente, abdicar de ellas, en una vuelta al ‘que inventen ellos’, en este caso los robots, ya que tanto saben? Los investigadores alertan sobre el peligro de delegar los factores éticos que intervienen en el proceso de toma de decisiones, lo que unido a los numerosos vacíos legales que se van a generar con la implantación de las tecnologías involucradas en la IA, está movilizando a los gobiernos en muchos puntos del planeta y algunos parlamentos ya están legislando al respecto.

En 2019 la Unión Europea publicó un primer documento, Directrices Éticas para una IA fiable, elaborado por un grupo independiente de expertos de alto nivel sobre inteligencia artificial, y este pasado mes de abril fue publicada la propuesta de Reglamento sobre el marco jurídico aplicable a estos sistemas. El documento establece cuatro niveles de riesgo, así como las obligaciones y sanciones a cumplir en cada caso. Se considerarán sistemas de IA prohibidos aquellos que conlleven un riesgo intolerable para la vida y los derechos fundamentales, por ejemplo, aquellos capaces de manipular el comportamiento humano. Los sistemas de alto riesgo, por su parte, atañen a sectores relacionados con infraestructuras críticas, salud, administraciones públicas, o con los sistemas de identificación y categorización de las personas por reconocimiento facial. El riesgo medio/bajo se refiere a aquellos sistemas que incorporen tecnologías poco intrusivas, como los asistentes virtuales o los chatbots.

EE UU o China también han elaborado sus documentos sobre los posibles efectos negativos de las decisiones autónomas que podrán tomar los sistemas de IA, pero sus textos son menos garantistas que los europeos. En cualquier caso, las legislaciones de cada país deberán adaptarse a nuevos supuestos. Por ejemplo, ante un mal funcionamiento de un sistema de IA que causa daños a terceros quién será responsable: ¿el usuario, el fabricante del producto, la compañía de software, el individuo creador del algoritmo?; si un transporte autónomo tiene que decidir entre dos o tres opciones, todas ellas con consecuencia de muerte de una persona, ¿qué hará?, ¿valorará lo que le cuesta al estado cada individuo?, ¿el tiempo estimado que le queda a cada uno por vivir?, ¿podremos programar a las máquinas para que ‘entiendan’ que todas las vidas valen lo mismo? También tenemos derecho a saber ‘qué ha hecho’ el algoritmo que deniega nuestra hipoteca, y si un asistente virtual nos reserva hora en la peluquería –el caso real en www.youtube.com/watch?v=l9BTMWOupGM–, el interlocutor tiene derecho a saber que está hablando con un sistema artificial (¡si Turing levantara la cabeza!).

En estos momentos, grandes potencias, algunas viejas y otras que despertaron y se crecieron, e incluso algunas hoy aún gestantes, se van a disputar, ya lo están haciendo, el liderazgo tecnológico, y no todas con el mismo estilo de gobernanza. China juega fuerte: su apuesta por la IA es contundente, su hegemonía en el despliegue de la tecnología 5G y su control mundial (80%) del procesamiento de las llamadas ‘tierras raras’, la colocan en una posición de lujo para sus objetivos. Las piezas se mueven rápido y los contrincantes son titanes. No va a ser fácil. Pero tal vez Europa pueda tener un papel singular en el nuevo mundo. Los que estamos a bordo de este pequeño y viejo bajel nos hemos ido dotando, por voluntad propia, de decálogos consensuados de derechos y deberes en cuyo marco, a lo largo de los años y de los innumerables hechos abominables acaecidos, hemos logrado vivir en paz y que la mayoría de nosotros tenga una vida digna. El reto, y la oportunidad, será velar por que la próxima revolución industrial, en la que ya estamos inmersos, nos conduzca hacia una sociedad que se siga sustentando sobre los valores de libertad e igualdad, sin que ello interfiera en el desarrollo y la expansión de estas tecnologías.

La adopción generalizada de la IA aumentará la productividad y conllevará ahorros de tiempo y mejoras en todas las industrias. Pero existe inquietud sobre cuáles son los cambios que nos esperan con la Cuarta Revolución Industrial en la distribución de la riqueza y en el mercado laboral. Las tres primeras revoluciones crearon mucho trabajo, de carácter especializado y repetitivo, y a su amparo la humanidad mejoró sus condiciones de manera muy significativa: en 1820, el 94% de la humanidad vivía en extrema pobreza, en 1960 este grupo lo constituía el 60% de la población mundial, hoy este porcentaje se ha reducido al 10%. Las cifras también han mejorado en educación, en población mundial vacunada o en mortalidad infantil. Entretanto, en los países desarrollados la riqueza se fue desplazando hacia el centro, dando origen a una clase media que se ensanchó progresivamente. En la década de los 70, en plena Tercera Revolución Industrial, tuvo lugar el boom del sector servicios, generando que la mayoría de puestos de trabajo se basen en datos desde entonces. Tareas especializadas y repetitivas para las que la Cuarta Revolución Industrial trae herramientas que hacen innecesarios a los humanos en esos puestos.

Nadie puede predecir cuántos trabajos desaparecerán y cuántos nuevos surgirán, lo que parece claro es que cualquier tarea que requiera especialización o repetición la hará mejor una máquina. La clase media –que ha sustentado el estado del bienestar con el sistema de impuestos– mengua su representatividad y la escalera social prácticamente ha desaparecido. Se atisba una polarización que devolvería a la sociedad a los dos extremos: se generarán puestos que requerirán estudios de alto nivel remunerados con salarios altos, y puestos que no requieren de estudios superiores y que las máquinas no pueden hacer, por salarios muy bajos y muy alta temporalidad. Se habla del ‘ascenso del precariado’. Según el Observatorio Económico BBVA ¿Cuán vulnerable es el empleo en España a la revolución digital?, en torno al 36% del empleo en nuestro país es automatizable. Ello implica una pérdida masiva de puestos de trabajo en la clase media, también en la clase alta, donde especialidades concretas, como la radiología, por ejemplo, también se pueden ver afectadas. Contables, consultores, personal de agencias de viajes, de restaurantes de comida rápida, traductores, actores de doblaje, conductores y transportistas a todas las escalas, también los riders que serán sustituidos por drones autónomos y veloces máquinas cuadrúpedas que entregarán los paquetes… Si su puesto de trabajo es específico y repetitivo, una máquina lo hará mejor. Si usted tiene que improvisar, aportar ideas y combinar conocimientos y habilidades distintas, sobre todo las relacionadas con las personas, entonces usted siempre lo hará mejor. Hasta que la ciencia y la tecnología demuestren lo contrario.

Todo ello plantea peguntas muy complejas que requieren de las habilidades que nos caracterizan como especie para ser respuestas, preguntas que no son muy distintas de las que ya nos hacíamos en la Grecia y la Roma antiguas. Tenemos mucho sobre lo que reflexionar antes de dar rienda suelta a los algoritmos que construirán nuestro mundo y diseñarán nuestra manera de vivir. En cualquier caso, y fieles al modus operandi que forma ya parte de nuestro ADN, el asunto deberá primero someterse al ágora, nuestra mejor herramienta con la que poner rumbo al futuro.

Imagen

Epílogo. MOD S3-E3 7G

Año: El que ustedes quieran imaginar.

Lleva un par de horas sin hablar, sin sugerirme algo con lo que halagarme, con lo que cuidar de mí. Hacemos ver que no lo sé, pero cuando me trae un yogurt, con su cucharilla y todo, es porque mi estómago no anda fino y él lo sabe mucho mejor que yo, de hecho, antes que yo, y algo debe notar en mi voz cuando, a veces, sin comerlo ni beberlo, decide ponerme un directo de Scorpions a todo trapo, no sin antes, por supuesto, preguntar. Me tiene controlada… Y yo encantada.

Desde que está en casa tiene su propio espacio, con sus herramientas y sus piezas de recambio para autorrepararse. ‘Piezas’. Deberían inventar otra palabra, se me hace raro hablar de él como de la lavadora, aunque sé que, en esencia, es exactamente lo mismo: una máquina que hace la vida más fácil a un humano. Ni siquiera le puse nombre.

Me dirijo a su habitáculo. La estancia parece más confortable de lo habitual, una cálida penumbra y, sonando, Sonidos de la naturaleza. Perecía placenteramente absorto en algo, aunque claro, un amasijo de chips no puede estar absorto en nada, y menos placenteramente.

—“¿Qué haces E3?—, pregunté.

—“Me apetecía releerme 100 años de soledad”—, fue su singular respuesta.

Vaya…, me dije, ahora sí que E3 ya es, podría decirse, uno de los nuestros.

Entrevista a José Ignacio Latorre, físico, profesor universitario, investigador y divulgador científico

Profesor José Ignacio Latorre
I
NTELIGENCIA ARTIFICIAL 
“La inteligencia artificial alcanzará niveles sobrehumanos”

Reflexionamos con el profesor Latorre sobre el presente y el futuro de la inteligencia artificial. José Ignacio Latorre es catedrático de Física Teórica en la Universidad de Barcelona y director del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual. Reconocido por sus aportaciones a la teoría cuántica, hoy dirige el proyecto para la creación del primer ordenador cuántico de Emiratos Árabes. Latorre, también investigador en aplicaciones de inteligencia artificial, nos habla en esta entrevista de las tecnologías con las que se está trabajando para dotar a las máquinas de capacidad de decisión y nos sugiere algunas cuestiones, nada menores, para la reflexión. Con mirada humilde, actitud paciente y convicción entusiasta en la capacidad del ser humano para lograr cualquier cosa, incluso crear una inteligencia superior a la de sí mismo, señala: “La ciencia tiene paciencia. Vencerá cualquier obstáculo. No lo duden, la inteligencia artificial llegará a ser brutal”, y advierte, “tendremos que reprimirla con leyes”. 
Reflexiones del profesor Latorre, en diez frases

“Imaginen cualquier futuro y se quedarán cortos. El órgano rey será comprendido, será simulado, será superado”
“La inteligencia artificial producirá una debilitación de nuestra capacidad de alcanzar decisiones correctas”
“La IA y la computación cuántica se están combinando para crear computación híbrida. Ello tendrá un impacto en el sector farmacéutico en todos sus ámbitos: química cuántica, desarrollo de medicamentos, optimización de procesos, predicción…, todo lo calculable será mejorado”
“La violencia es un vestigio que arrastramos de nuestros orígenes. Poco a poco pierde fuelle. Todas las sociedades evolucionadas tienden a la pacificación, al estudio del arte, de la justicia social”
“Necesitarán legislación urgente la asistencia artificial a mayores, la educación artificial a niños, las flotas de coches autónomos, los asistentes a jueces, a doctores… El Deep Fake requiere un esfuerzo legal colosal”
“Pocos aman la responsabilidad, que implica decidir. Incluso preferimos que un algoritmo nos escoja pareja a intentar una aproximación humana directa. Sin duda, la mayoría se volcará en más entretenimiento banal. No es un escenario muy halagüeño, pero creo que es inevitable”
“La ciencia tiene sus tiempos, ajenos a las estridencias mediáticas. Soy partidario de la humildad inmediata, compatible con la ambición de largo plazo”
“Estamos viviendo la infancia de la inteligencia artificial. En el caso de la salud, todavía estamos en la cuna”
“El progreso tecnológico es una marea silenciosa”
Mónica Daluz
/ pdf

texto completo en html

INTELIGENCIA ARTIFICIAL 

“La inteligencia artificial alcanzará niveles sobrehumanos”

Entrevista a José Ignacio Latorre, físico, profesor universitario, investigador y divulgador científico

Mónica Daluz
01/09/2021

Reflexionamos con el profesor Latorre sobre el presente y el futuro de la inteligencia artificial. José Ignacio Latorre es catedrático de Física Teórica en la Universidad de Barcelona y director del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual. Reconocido por sus aportaciones a la teoría cuántica, hoy dirige el proyecto para la creación del primer ordenador cuántico de Emiratos Árabes. Latorre, también investigador en aplicaciones de inteligencia artificial, nos habla en esta entrevista de las tecnologías con las que se está trabajando para dotar a las máquinas de capacidad de decisión y nos sugiere algunas cuestiones, nada menores, para la reflexión. Con mirada humilde, actitud paciente y convicción entusiasta en la capacidad del ser humano para lograr cualquier cosa, incluso crear una inteligencia superior a la de sí mismo, señala: “La ciencia tiene paciencia. Vencerá cualquier obstáculo. No lo duden, la inteligencia artificial llegará a ser brutal”, y advierte, “tendremos que reprimirla con leyes”.

Imagen

El sector industrial lleva décadas mejorando la automatización de sus procesos con programas que realizan eficientes operaciones de datos, optimizando así su producción o su logística, por ejemplo. Hoy está incorporando sistemas de IA, que pasan de operar datos a analizarlos para ofrecer una propuesta de acción que no les ha sido explícitamente programada. ¿Cómo se consigue esta nueva manera de procesamiento de datos, y qué viene a aportar este cambio de paradigma a las empresas que la adopten?

A lo largo del siglo XX hemos aprendido a aprender de forma automatizada. En varias décadas de progreso en inteligencia artificial hemos creado tecnología, como es el aprendizaje supervisado, el no supervisado o el basado en el refuerzo. Ahora tenemos redes neuronales adversarias que se entrenan mutuamente para aprender más allá de lo que un humano les pueda enseñar. Ha sido un camino lleno de tropiezos y éxitos. El resultado es impresionante. La pregunta no es si una empresa ha de optar por incluir inteligencia artificial, sino si muchas de las empresas existentes tienen, o tendrán, sentido en una sociedad íntimamente controlada por entes artificiales.

El progreso tecnológico es una marea silenciosa. Aquellas empresas más ágiles, sean del sector que sean, tendrán éxitos superiores a su competencia. No hay vaquerías en las ciudades, ni videoclubs, ni carros o caballos, como los hubo hace un siglo. La velocidad de progreso es impresionante. Mi consejo es que todos debemos abandonar nuestros prejuicios y comprender la ciencia y la tecnología que se deriva, de forma no sesgada y sin agendas.

¿Hasta qué punto la estrategia que adopte cada país con respecto a la inversión y el desarrollo de la IA y otras tecnologías avanzadas condicionará su futuro? A usted le encargó el gobierno de Abu Dhabi liderar un proyecto sin precedentes: construir la primera computadora cuántica de EAU, colocándole al frente del Centro de Investigación Cuántica del Instituto de Innovación Tecnológica. ¿Cómo valora esta apuesta y su experiencia de trabajo allí? ¿Y cuéntenos cómo va el proyecto del ordenador cuántico?

Sí, el gobierno de Abu Dhabi me encargó crear el primer ordenador cuántico del mundo árabe. Es un reto fenomenal. No existe una verdadera cultura científica en los Emiratos. Pero existirá en pocos años. Muchos son los países que avanzan con paso muy firme: Israel, Corea del Sur, Singapur. Otros se retuercen en su propia burocracia y discusiones de tertulia. Nuestro proyecto avanza de forma firme, en colaboración con investigadores en Barcelona. La ciencia tiene sus tiempos, ajenos a las estridencias mediáticas. Soy partidario de la humildad inmediata, compatible con la ambición de largo plazo.

Usted es socio y fundador de la spin-off Qilimajaro Quantum Tech, que ofrece servicios de optimización de procesos basados en tecnología cuántica ¿qué tipo de proyectos les están encargando?

Qilimanjaro tiene por objetivo construir ordenadores cuánticos útiles. Es un gran reto. Debemos construir chips basados en corrientes superconductoras, colocados a 10 miliKelvin, donde mantienen su coherencia cuántica. También creamos el stack de programación llamado Qibo. Por separado desarrollamos algoritmos cuánticos. En mi opinión, la computación cuántica debe comprenderse de forma coordinada. Es un ataque completo al paradigma clásico de computación. Sabemos que es posible; ahora toca hacerlo. En este momento la inteligencia artificial y la computación cuántica se están combinando para crear computación hibrida. Este esfuerzo tendrá, sin duda, impacto en el sector farmacéutico en todos sus ámbitos: química cuántica, desarrollo de medicamentos, optimización de procesos, predicción…, todo lo calculable será mejorado.

Imagen

¿Nos encontramos en el punto en que para avanzar en IA hay que focalizarse en la fase de entrenamiento de estos s robots para que sean verdaderamente inteligentes? ¿Por qué es tan importante esta cuestión y cómo se entrenan estos sistemas?

Nuestros sistemas son más inteligentes de lo que la gente cree. Han sustituido el criterio humano en innumerables ámbitos de decisión. Pero tan pronto como un ordenador logra superar a los humanos en una tarea, de inmediato cuestionamos su capacidad de resolver algo más difícil. La ciencia tiene paciencia. Vencerá cualquier obstáculo. No lo duden, la inteligencia artificial llegará a ser brutal, la tendremos que reprimir con leyes. El énfasis en robots es de poca importancia comparado con el universo de aplicaciones algorítmicas que se están desarrollando. Es mucho más interesante el progreso alcanzado en aplicaciones del procesamiento del lenguaje natural.

¿Cómo progresará la IA en los próximos años?, en particular, ¿qué podrá hacer la inteligencia artificial a corto y medio plazo para mejorar la salud humana?

Como tantos otros campos, el mundo de la salud ha pecado de menospreciar el mantener grandes bases de datos depuradas. Poco a poco, ese retraso se ha ido paliando. En primer lugar, la minería de datos hará su buen papel. Luego llegarán algoritmos más sofisticados. Más adelante el progreso se acelerará. Programas hablarán con programas, se cruzarán todo tipo de algoritmos y datos. Estamos viviendo la infancia de la inteligencia artificial. En el caso de la salud, todavía estamos en la cuna.

Uno de los mayores retos de la ciencia, si no el mayor, es comprender el funcionamiento del “órgano rey”, el cerebro. La IA avanzada busca los patrones de funcionamiento del cerebro humano para forjarse a su imagen y semejanza. ¿Existe consenso en seguir el modelo de redes neuronales a pesar del desconocimiento que todavía hay sobre los complejos procesos cerebrales? En un futuro ¿podría, paradójicamente, ser una IA la que nos explique cómo funcionamos, porqué somos como somos y, en definitiva, qué o quiénes somos?

Sin duda. La inteligencia artificial ya está asistiendo a los humanos en la propia investigación de muchas disciplinas. Una antena no se diseña, se deja en manos de un algoritmo genérico. Y esa antena nos envía los datos que recoge una sonda espacial, controlada a su vez por sofisticados algoritmos. Imaginen cualquier futuro, y se quedarán cortos. El órgano rey será comprendido, será simulado, será superado.

¿Cómo funciona en la actualidad y como debería evolucionar el aprendizaje automático, en el que el algoritmo aprende de la experiencia, y sobre todo de los errores, para hacer realidad lo que ha venido a llamarse una IA fuerte, una superinteligencia que decida por sí misma? Un reto al respecto serían las consecuencias de delegar en las máquinas el desarrollo de nuevos conocimientos y de determinados procesos cerebrales; la evolución de la máquina ¿puede conllevar la involución de algunas de las capacidades humanas?

Todo progreso científico redunda en instrumentos que nos superan. Ya no levantamos pesos y nuestros cuerpos son más débiles que en milenios anteriores. Ya no calculamos y necesitamos de máquinas para dividir por 7. La inteligencia artificial producirá una debilitación de nuestra capacidad de alcanzar decisiones correctas. Los humanos estamos predispuestos a delegar nuestras decisiones. Pocos aman la responsabilidad, que implica decidir. Incluso preferimos que un algoritmo nos escoja pareja a intentar una aproximación humana directa. Sin duda, la mayoría se volcará en más entretenimiento banal. No es un escenario muy halagüeño, pero creo que es inevitable.

Imagen

Ahora que ya hemos visto que la tecnología sigue su curso, y su expansión y evolución es imparable, emergen nuevos factores a tener en cuenta, como la necesidad de legislar en un sinfín de cuestiones o de priorizar el factor ético a la hora de programar los algoritmos para que no tengan los mismos sesgos que los humanos. ¿Cuáles cree que serán los primeros asuntos sobre los que se harán necesarias nuevas leyes? Y ¿cómo se logra el comportamiento ético de las máquinas?, ¿también legislando? En esta tarea de desarrollar máquinas que evolucionen siguiendo directrices basadas en valores universales, ¿qué papel jugarán los programadores, las corporaciones y los gobiernos?

Existen iniciativas en la UE y en USA para establecer límites a la inteligencia artificial. No existe consenso en cómo proceder. La UE es mucho más garantista que el resto del planeta e intenta avanzar lentamente. Los programadores y las corporaciones deben seguir comportamientos éticos establecidos por las leyes aprobadas en los parlamentos. El camino democrático es el único transitable. Toda corporación debe ser responsable. Si no lo es, será penalizada muy fuertemente. Necesitarán legislación urgente la asistencia artificial a mayores, la educación artificial a niños, las flotas de coches autónomos, los asistentes a jueces, a doctores. El Deep Fake requiere un esfuerzo legal colosal.

Plantea en su libro Ética para máquinas, un interesante tema sobre la necesidad de que una IA superior, que acabará por tener el control y será capaz de tomar las mejores decisiones y de reproducirse a sí misma mejorada en cada generación, sea programada con un “ingrediente” muy particular: la condescendencia. La racionalidad absoluta implicaría que, por lógica, los humanos fuéramos eliminados, a la vista de nuestras perniciosas acciones sobre la vida del planeta. ¿Cómo se programa una máquina para que sea comprensiva y compasiva con los seres imperfectos que, en el origen, la crearon? Un ente artificial inteligente, justo y compasivo, ¿es posible?

Sí, lo creo firmemente. La violencia es un vestigio que arrastramos de nuestros orígenes. Poco a poco pierde fuelle. Todas las sociedades evolucionadas tienden a la pacificación, al estudio del arte, de la justicia social. Sé que mucha gente lo duda. Por favor, lean a Pinker y a tantos otros que intentan evitar el sesgo del momento actual. Cuidamos de nuestros mayores, votamos políticas de ayudas que nos devuelven sentido como especie ética. Así también operaremos en el caso de la inteligencia artificial, que asumirá estos principios más allá de lo programable.

En las últimas semanas he estado leyendo su libro; disfruté haciéndolo, su lectura me ha brindado momentos ciertamente gratificantes. ¿Cree que ese y otros placeres serán, algún día, experimentados por un soporte artificial? ¿Eso significaría que las máquinas habrían alcanzado la autoconciencia? ¿Qué diría a aquellos que piensan que no pasaremos de la llamada “IA débil”, que una superinteligencia autónoma generalista es una utopía? En definitiva, una inteligencia artificial superior con conciencia propia ¿es posible, es deseable o, sencillamente, es inevitable?

De verdad creo que la inteligencia artificial alcanzará niveles sobrehumanos. Basta observar el recorrido científico de los últimos siglos para comprender que todos los obstáculos imaginados han sido superados. No creo que el camino de la complejidad computacional, que es lo que está en el corazón de la inteligencia, sea algo diferente. Hay quién dijo que no volaríamos, que no curaríamos un sinfín de enfermedades, que no clonaríamos a seres vivos, que no dominaríamos al átomo, que bastaban unos pocos ordenadores para toda la Tierra. Los humanos siempre hemos operado como seres profundamente egocéntricos y sin aceptación del cambio. La Tierra era el centro del universo, luego lo fue el Sol. Ahora el centro de todo es cerebro humano. Será otro bastión que conquistaremos. La ciencia tiene paciencia.

Imagen

Reflexiones del profesor Latorre, en diez frases

“Imaginen cualquier futuro y se quedarán cortos. El órgano rey será comprendido, será simulado, será superado”

“La inteligencia artificial producirá una debilitación de nuestra capacidad de alcanzar decisiones correctas”

“La IA y la computación cuántica se están combinando para crear computación hibrida. Ello tendrá un impacto en el sector farmacéutico en todos sus ámbitos: química cuántica, desarrollo de medicamentos, optimización de procesos, predicción…, todo lo calculable será mejorado”

“La violencia es un vestigio que arrastramos de nuestros orígenes. Poco a poco pierde fuelle. Todas las sociedades evolucionadas tienden a la pacificación, al estudio del arte, de la justicia social”

“Necesitarán legislación urgente la asistencia artificial a mayores, la educación artificial a niños, las flotas de coches autónomos, los asistentes a jueces, a doctores… El Deep Fake requiere un esfuerzo legal colosal”

“Pocos aman la responsabilidad, que implica decidir. Incluso preferimos que un algoritmo nos escoja pareja a intentar una aproximación humana directa. Sin duda, la mayoría se volcará en más entretenimiento banal. No es un escenario muy halagüeño, pero creo que es inevitable”

“La ciencia tiene sus tiempos, ajenos a las estridencias mediáticas. Soy partidario de la humildad inmediata, compatible con la ambición de largo plazo”

“Estamos viviendo la infancia de la inteligencia artificial. En el caso de la salud, todavía estamos en la cuna”

“El progreso tecnológico es una marea silenciosa”

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para poder ofrecerle la mejor experiencia de usuario. La información de las cookies se almacena en su navegador y realiza funciones que ayudan a la autora, de manera anónima, a saber qué secciones encuentra más interesantes y útiles. Su consentimiento contribuye a garantizar la seguridad de la página, eliminar fallos, detectar fraudes, etc.

No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas funciones.