El cerebro humano: “Yo, el rey”

El cerebro humano: Yo, el rey. Reportaje de neurociencia
La neuromodulación farmacológica busca reprogramar la comunicación sináptica

Su extrema complejidad es su seña de identidad. Pero hoy, tanto las estructuras como el endiabladamente vasto cableado del cerebro —el conectoma— son algo menos indescifrables gracias a tecnologías que permiten “ver” qué ocurre ahí dentro cuando pensamos, cuando recordamos, cuando aprendemos, cuando predecimos o cuando tomamos decisiones.
Proyectos como el Human Brain Project y el BRAIN Initiative nacieron con el objetivo de aplicar este conjunto de técnicas a la comprensión del funcionamiento del cerebro mediante la reproducción digital de su diseño, tratando de obtener un mapa computacional del órgano rey. Aún no se ha logrado, pero ahora sabemos, por ejemplo, que en muchos procesos cognitivos la unidad funcional no es la neurona, sino conjuntos de neuronas; que existen neuronas que, dispersas en el espacio, se activan al mismo tiempo ante un mismo concepto, cualquiera que sea el modo en que se presente el estímulo: las llamadas neuronas de concepto o neuronas de Jennifer Aniston; o que hay evidencia del engrama, la huella física de un recuerdo.
En las próximas décadas curaremos reprogramando circuitos neuronales con fármacos que frenarán el Alzheimer, neuronas de reemplazo en Parkinson, terapias génicas para epilepsias y ELA, y neuroprótesis capaces de devolver voz y movimiento. Leer el pensamiento —para la comunicación con pacientes en coma, por ejemplo—, o borrar recuerdos —en el tratamiento de traumas—, son algunas de las intervenciones en neuromodulación que podremos controlar en un futuro. Ante esta perspectiva, se abre el debate sobre neurodatos y neuroderechos; ya han legislado al respecto Chile y varios estados de Estados Unidos, como Colorado, California y Montana.
Los nuevos hallazgos, además de responder a preguntas que llevan mucho tiempo abiertas, podrían resolver otras nuevas, incluso algunas a las que habíamos casi descartado dar respuesta desde la ciencia; un nutrido sector de la comunidad científica está volcado en hallar dónde reside o cómo se produce biológicamente la consciencia.
Pero no nos engañemos —y no nos frustraremos—, el órgano más importante de nuestro cuerpo es, sin lugar a dudas, el mayor desconocido de la ciencia. Hallazgos sí, y muchos, y muy importantes, pero entender lo que se dice entender, todavía no. Situadas ya las expectativas reales ante la lectura de este reportaje, ahora sí, pónganse cómodos. ¡Arrancamos!
Mónica Daluz / pdf

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TECNOLOGÍA

La neuromodulación farmacológica busca reprogramar la comunicación sináptica

El cerebro humano: “Yo, el rey”

Mónica Daluz
Periodista experta en industria farmacéutica y cosmética
28/01/2026

Su extrema complejidad es su seña de identidad. Pero hoy, tanto las estructuras como el endiabladamente vasto cableado del cerebro —el conectoma— son algo menos indescifrables gracias a tecnologías que permiten “ver” qué ocurre ahí dentro cuando pensamos, cuando recordamos, cuando aprendemos, cuando predecimos o cuando tomamos decisiones. Proyectos como el Human Brain Project y el BRAIN Initiative nacieron con el objetivo de aplicar este conjunto de técnicas a la comprensión del funcionamiento del cerebro mediante la reproducción digital de su diseño, tratando de obtener un mapa computacional del órgano rey. Aún no se ha logrado, pero ahora sabemos, por ejemplo, que en muchos procesos cognitivos la unidad funcional no es la neurona, sino conjuntos de neuronas; que existen neuronas que, dispersas en el espacio, se activan al mismo tiempo ante un mismo concepto, cualquiera que sea el modo en que se presente el estímulo: las llamadas neuronas de concepto o neuronas de Jennifer Aniston; o que hay evidencia del engrama, la huella física de un recuerdo. En las próximas décadas curaremos reprogramando circuitos neuronales con fármacos que frenarán el Alzheimer, neuronas de reemplazo en Parkinson, terapias génicas para epilepsias y ELA, y neuroprótesis capaces de devolver voz y movimiento. Leer el pensamiento —para la comunicación con pacientes en coma, por ejemplo—, o borrar recuerdos —en el tratamiento de traumas—, son algunas de las intervenciones en neuromodulación que podremos controlar en un futuro. Ante esta perspectiva, se abre el debate sobre neurodatos y neuroderechos; ya han legislado al respecto Chile y varios estados de Estados Unidos, como Colorado, California y Montana. Los nuevos hallazgos, además de responder a preguntas que llevan mucho tiempo abiertas, podrían resolver otras nuevas, incluso algunas a las que habíamos casi descartado dar respuesta desde la ciencia; un nutrido sector de la comunidad científica está volcado en hallar dónde reside o cómo se produce biológicamente la consciencia. Pero no nos engañemos —y no nos frustraremos—, el órgano más importante de nuestro cuerpo es, sin lugar a dudas, el mayor desconocido de la ciencia. Hallazgos sí, y muchos, y muy importantes, pero entender lo que se dice entender, todavía no. Situadas ya las expectativas reales ante la lectura de este reportaje, ahora sí, pónganse cómodos. ¡Arrancamos!

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De la medusa a la máquina de pensar

Los seres humanos pensamos, recordamos, imaginamos, decidimos y sentimos porque grupos de neuronas se conectan entre sí mediante procesos químicos y físicos. Las rutas neuronales resultantes en cada instante dependerán, en buena medida, de lo que pase “fuera”, es decir, del entorno. Cuanto perciben nuestros sentidos es decodificado en forma de impulsos eléctricos y sustancias neurotransmisoras que vendrán a conformar nuestra, subjetiva, idea del mundo. Y ese entramado de conexiones, las sinapsis, es la base del pensamiento, la percepción y la memoria.

Como resume el profesor Rodrigo Quian-Quiroga, descubridor de las neuronas de concepto, “lo que da lugar a nuestra mente es simplemente la actividad de billones de neuronas”. Y lo que percibimos no es lo que existe sino lo que nuestro cerebro cree que existe. O, en palabras del profesor Rafael Yuste, ideólogo del proyecto BRAIN: “Cada uno de los sentidos está diseñado por la evolución para ayudarnos a sobrevivir y a reproducirnos. Eso es todo”. Incluso si, para ello, el nuevo órgano debía convertirse en la más portentosa fábrica de ficción.

“Besos sinápticos”, así llamó Ramón y Cajal a ese momento en el que se produce la comunicación interneuronal...

“Besos sinápticos”, así llamó Ramón y Cajal a ese momento en el que se produce la comunicación interneuronal, que da lugar a todo cuanto somos o creemos ser.

Desde el punto de vista evolutivo, la aparición del sistema nervioso se asocia al movimiento. Las primeras formas animales fueron ganando tamaño y necesitaron expandir su radio de abastecimiento; una simple comunicación química con el medio ya no bastaba para perpetuarse. Movernos implicó, además del control sobre los músculos, la aparición del comportamiento. “Esto explicaría cómo el sistema nervioso genera un modelo del mundo, un teatro mental, como una especie de realidad virtual, y utiliza la información que viene del exterior a través de los sentidos para ajustar el modelo y predecir el futuro de una manera más precisa. Todo ello, para poder escoger el comportamiento que sea más efectivo y asegurarse la supervivencia”, explica Rafael Yuste, profesor en la Universidad de Columbia, en su libro divulgativo, ‘El teatro del mundo’. Predecir el futuro es, pues, el origen de la inteligencia y la razón por la que aparece el sistema nervioso en la evolución. El tándem aprendizaje-memoria vendría a completar las funcionalidades que hicieron a nuestro cerebro desarrollarse, en todos los sentidos, de un modo sin precedentes. La fonación articulada y pensar con palabras hicieron el resto. Y aquí estamos.

Pero ¿cómo trabaja el cerebro, cómo funcionan sus mecanismos? Hay consenso científico en que descifrarlo es el único modo de llegar a curar enfermedades del sistema nervioso, además de, quizá, “ser capaces de comprendernos a nosotros mismos por primera vez”, como suele decir el profesor Yuste. En cualquier caso, lo que está claro es que el órgano trabaja en conjunto, todo a la vez; es un sistema complejo.

En la actualidad, estamos asistiendo al mayor cambio de paradigma en neurociencia desde que Ramón y Cajal sentara las bases de la neurociencia moderna. Hemos pasado de la teoría neuronal a la teoría de redes neuronales, basada en la actividad de conjuntos de neuronas. Hoy tratamos de conocer qué grupos de neuronas se activan con cada proceso, tanto biológico como cognitivo, para intervenir en ellos con fines terapéuticos. Ya podemos ver, marcar, modificar, borrar —inhibir— y hasta guardar digitalmente, las rutas sinápticas.

Nuevo paradigma: red distribuida

El hasta ahora impenetrable escenario donde todo ocurre se expresa ya en primera persona; gracias a la tecnología, el cerebro nos muestra algunos de sus secretos. Un diálogo que no ha hecho más que empezar.

En los últimos años se han realizado avances espectaculares en tecnologías de imagen, registro funcional, supercomputación y modelado algorítmico, entre otras, que abren nuevas vías para el abordaje de enfermedades del sistema nervioso. Grandes iniciativas internacionales, como la BRAIN Initiative estadounidense o el Human Brain Project europeo, han buscado cartografiar todas las conexiones del cerebro, el conectoma, con el objetivo de conocer tanto su estructura física como sus patrones funcionales. El Human Brain Project (HBP), impulsado por la Unión Europea entre 2013 y 2023, con una destacada participación de investigadores españoles como el neuroanatomista Javier DeFelipe, se propuso construir una plataforma informática capaz de integrar datos, modelos y simulaciones del cerebro humano. Aunque no ha logrado recrear un cerebro completo, el proyecto ha aportado infraestructuras digitales, herramientas de simulación y marcos conceptuales que han acelerado el estudio de las redes cerebrales, su relación con la consciencia y el desarrollo de redes neuronales artificiales. El BRAIN Initiative, por su parte, lanzado en Estados Unidos en 2013 durante la presidencia de Barack Obama e impulsado científicamente por el neurocientífico español Rafael Yuste, ha sido clave en el desarrollo de tecnologías para registrar y modular la actividad de circuitos neuronales.

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Mientras se avanza en la comprensión del sistema al completo, ya se han alcanzado logros que parecían imposibles hace tan solo una década. Como detalla Quian-Quiroga, en su libro ‘Cosas que nunca creeríais: De la ciencia ficción a la neurociencia’: “Implantar una memoria, leer la mente, comunicarse con pacientes en coma, predecir la decisión de una persona segundos antes de que la tome, crear cyborgs o volver a hacer caminar a un paralítico, ya no es una quimera. Es una realidad sólida y verificable que nos tiene deslumbrados a los neurocientíficos”.

El nuevo paradigma ha desplazado el foco desde la neurona individual hacia la actividad coordinada de conjuntos de neuronas, y hoy ya es posible identificar qué grupos de neuronas se activan con cada proceso. Un ejemplo emblemático son las neuronas de concepto, descritas por Quian-Quiroga, que responden a una idea o concepto concreto, muy específico, independientemente del estímulo sensorial —imagen, palabra o sonido— y que ilustran cómo el cerebro representa la información de forma distribuida, abstracta y no localizada en un único punto. Durante unas pruebas clínicas en pacientes con epilepsia a los que se habían implantado electrodos intracraneales, se observó que una neurona respondía siempre a referencias a Jennifer Aniston, y de ahí el nombre con el que se han popularizado.

Una de las funciones que definen nuestra condición de humanos es el proceso de cognición; por ello, las investigaciones están centradas en las funciones cognitivas, como el aprendizaje, la memoria o la formación de recuerdos. Avances experimentales recientes han permitido identificar la base física del recuerdo en el cerebro. Los trabajos de la neurocientífica Mara Dierssen y de otros grupos han demostrado que los recuerdos se sostienen en el llamado engrama, un conjunto específico de neuronas que se activa durante el aprendizaje y vuelve a activarse al recordar. Gracias a técnicas como la optogenética y la farmacogenética, hoy es posible identificar estos circuitos y manipularlos de forma selectiva, de momento en animales, abriendo la puerta tanto al borrado, es decir, a inhibir esa ruta sináptica, como a la recuperación de recuerdos. Se estudia la alteración del engrama en trastornos neurológicos y del neurodesarrollo, como el síndrome de Down o la enfermedad de Alzheimer.

Pero ¿cómo estas técnicas consiguen modificar un recuerdo a voluntad? Sintetizando: observamos qué células se activan al incorporar una nueva información —aprendizaje—, las marcamos, y ya lo tenemos. En modelos animales se ha demostrado que al reactivar exactamente las mismas células, el animal recuerda la información. Para activar o inactivar selectivamente un grupo de neuronas, se introducen proteínas que se activan con luz (optogenética) o que reconocen un fármaco (farmacogenética). Aunque no existen fármacos capaces de borrar engramas específicos, sí hay compuestos que modulan su estabilidad, reactivación y reconsolidación, debilitando recuerdos patológicos o reduciendo su carga emocional. Se utiliza en trauma, adicciones o depresión, con el objetivo, no de olvidar sino de desactivar los circuitos que mantienen el sufrimiento.

El profesor Ignacio Morgado, catedrático emérito de Psicobiología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), nos resume así el estado del avance en neurociencias: “La neurociencia está continuamente descubriendo nuevos detalles del funcionamiento de las neuronas y del cerebro en general, incluyendo características particulares y muy precisas de las grandes enfermedades mentales como el Alzheimer, el Parkinson, la esquizofrenia o el autismo, pero ese conocimiento no nos permite todavía saber cómo prevenirlas o curarlas. La neurociencia de hoy trabaja con una combinación de tecnologías de biología molecular, fisiológicas, farmacológicas y de neuroimágenes, y ahora también con inteligencia artificial; el cerebro humano es tan complejo que solo con la combinación orquestada de esas y otras técnicas podemos seguir avanzando en su conocimiento”. Y añade: “No es descartable que en cualquier momento surjan nuevos conocimientos que nos permitan avances en el desarrollo de terapias para esas grandes enfermedades mentales, pero, por ahora, curar alguna enfermedad mental, especialmente las que, como el Alzheimer, avanzan con la edad de las personas, es el gran reto y objetivo de la neurociencia y la sociedad”.

Más dianas terapéuticas

La convergencia entre neurociencia, tecnologías de observación cerebral e inteligencia artificial permite hoy identificar circuitos alterados, seguir su evolución en el tiempo y definir ventanas terapéuticas más precisas. Tecnologías como la resonancia magnética funcional, el EEG o la PET han hecho posible pasar de correlacionar el síntoma con una región cerebral a la identificación de redes completas implicadas en procesos cognitivos y patológicos. Ya se utiliza en Alzheimer, depresión resistente y epilepsia.

Uno de los consensos a los que se ha llegado es que muchas patologías del sistema nervioso no comienzan con la muerte neuronal, sino con la disfunción sináptica y la alteración de redes. En demencias, por ejemplo, los recuerdos no desaparecen de forma súbita: primero se vuelven inaccesibles porque los circuitos que los sostienen dejan de funcionar de manera coordinada. Este cambio conceptual ha modificado el objetivo terapéutico, que ya no es solo proteger neuronas, sino preservar la función sináptica y la conectividad mientras el cerebro aún conserva plasticidad. El recuerdo se convierte así en una nueva diana terapéutica.

Desde el punto de vista farmacológico, las principales líneas de intervención se dirigen a preservar o modular la función sináptica. Los inhibidores de la acetilcolinesterasa no detienen la neurodegeneración, pero en fases iniciales pueden mejorar el acceso funcional a recuerdos existentes. Los moduladores glutamatérgicos reducen la excitotoxicidad y protegen la integridad sináptica. Los fármacos modificadores de enfermedad, dirigidos frente a las proteínas amiloide y tau, buscan preservar las sinapsis en estadios tempranos. Otras líneas de investigación se centran en la neuroinflamación, los factores tróficos y el metabolismo sináptico.

Conocer el circuito afectado, la sinapsis que falla e incluso la conectómica individual permitirá diseñar fármacos más específicos, con menos efectos secundarios y mayor eficacia. Además, permitirá estratificar pacientes y anticipar quién responderá a una terapia génica, a una neuroprótesis o a una intervención farmacológica concreta.

También han cobrado protagonismo las terapias avanzadas, como el reemplazo celular, con implantes de neuronas derivadas de células madre o injertos de neuronas dopaminérgicas en Parkinson, o las terapias génicas y los oligómeros antisentido, que abren nuevas posibilidades en epilepsias genéticas, ELA y otras enfermedades hasta hace poco intratables.

La neuromodulación cerrada ya es una realidad en el tratamiento de la epilepsia resistente a fármacos: dispositivos implantables detectan la actividad cerebral anómala y la corrigen en tiempo real. Paralelamente, avanzan las interfaces cerebro-máquina y las neuroprótesis, que permiten traducir señales cerebrales en movimiento o lenguaje, abriendo nuevas posibilidades para personas con parálisis o alteraciones de la consciencia.

En este contexto se sitúa el proyecto NeurSpeechXAI, de la Universidad de Granada, cuyo objetivo es desarrollar neuroprótesis capaces de interpretar la intención comunicativa a partir de la actividad cerebral y convertirla en texto o voz sintética. Iniciativas como Neuralink avanzan asimismo en el desarrollo de interfaces implantables que permiten la interacción directa entre el cerebro y dispositivos externos.

Ya hay 12 personas en el mundo con implantes cerebrales Neuralink para el control de brazos robóticos mediante el pensamiento, y su fundador, Elon Musk, ha anunciado para este año su producción en masa. En este contexto de neuromodulación implantable, y según el último análisis de Mordor Intelligence, el mercado global de neuroprótesis atraviesa una fase de expansión acelerada, con un valor estimado de 13.430 millones de dólares en 2025 y una proyección de 23.490 millones en 2030, impulsado por una tasa de crecimiento anual cercana al 12%. Parece claro que el futuro del abordaje terapéutico del sistema nervioso apunta a la integración de fármacos, dispositivos y datos.

Tipo de fármacoPatología y forma de actuar (con ejemplos)
Inhibidores de la acetilcolinesterasaEn demencia (Alzheimer), mejoran la transmisión sináptica colinérgica y el acceso funcional a recuerdos en fases iniciales (donepezilo, rivastigmina, galantamina; en uso clínico).
Moduladores glutamatérgicosEn demencia y epilepsia, reducen la excitotoxicidad y protegen la integridad sináptica (memantina; en uso clínico).
Fármacos modificadores de enfermedad (anti-amiloide / anti-tau)En Alzheimer temprano, buscan preservar la función sináptica al reducir la toxicidad sináptica (anticuerpos anti-amiloide aprobados en algunos países y otros en fases avanzadas de evaluación).
Fármacos pro-plasticidadEn depresión resistente, inducen cambios rápidos en la plasticidad sináptica y reorganización de redes (ketamina/esketamina; uso clínico controlado).
Moduladores de la reconsolidación de la memoriaEn trauma y adicciones, pueden reducir la carga emocional de recuerdos patológicos al interferir en su reactivación (en estudio clínico).
Terapias génicas y oligómeros antisentido (ASO)En epilepsias genéticas y ELA, actúan sobre genes o proteínas implicadas en la formación de circuitos (algunas aprobadas de forma condicionada y otras en ensayo).
Fármacos de soporte en terapias avanzadasEn neuroprótesis y neuromodulación implantable, favorecen la plasticidad sináptica y reducen la neuroinflamación para mejorar la integración funcional (uso complementario).

¿Cómo se forman los recuerdos?

Cuando aprendemos algo, el cerebro recibe una información nueva y decide qué tipo de contenido es y para qué puede servir; evalúa su relevancia y su carga emocional. Si se trata de un hecho o una experiencia consciente —algo que ‘sabemos’ o que ‘nos ha pasado’— se forma una memoria declarativa, que puede ser episódica (experiencias personales) o semántica (conocimientos generales); este tipo de memoria pasa por el hipocampo y después se distribuye en redes de la corteza cerebral. En el hipocampo es donde se forman los recuerdos. Si la información corresponde a una habilidad o a un hábito —como conducir— se consolida como memoria procedimental, sin necesidad de pasar por el hipocampo. Cuando el aprendizaje está ligado a una emoción intensa, como el miedo o el placer, interviene la amígdala, y se forma una memoria emocional, que tiende a fijarse con especial fuerza. Y si la información solo se mantiene durante unos segundos, interviene la memoria de trabajo, vinculada a la corteza prefrontal. Aprendizaje y memoria forman un circuito inseparable.

Los últimos estudios han demostrado que los recuerdos no son registros fijos. Cada vez que se evocan, se reactivan y se reconstruyen, incorporando nueva información y reorganizando las redes que los sostienen. Por eso cambian con el tiempo y por eso pueden debilitarse, transformarse o reaparecer tras haber parecido olvidados.

No todos los recuerdos siguen el mismo circuito. Por eso una persona puede perder la capacidad de formar nuevos recuerdos conscientes —si se lesiona el hipocampo, de modo que no recuerda nada posterior al día de la lesión, como el citadísimo caso del paciente H.M. y argumento de más de una película— y, aun así, seguir aprendiendo habilidades o hábitos. En este proceso intervienen factores clave como la emoción, que, como decíamos, refuerza la huella mnésica, o el sueño, que es fundamental para consolidar los recuerdos. Hoy la memoria no se entiende como un archivo del pasado, sino como un sistema dinámico que anticipa el futuro.

¿Qué somos? ¿Quiénes somos? ¿Qué es la inteligencia, la emoción, la consciencia…?

El mayor reto de la neurociencia es hallar cómo y por qué los procesos físicos del cerebro dan lugar a la experiencia subjetiva: los qualia. Es lo que se llama ‘el problema difícil’, que no es entender cómo el cerebro procesa información, sino cómo de esa actividad emerge la experiencia subjetiva —la vivencia del color, del dolor, del tiempo o de la identidad personal—, y la consciencia de esa experiencia; la sensación de ser nosotros mismos y de pensar sobre nuestros pensamientos. En definitiva, qué nos hace humanos.  

¿Qué sabemos de la consciencia? Qué es, cómo se genera, dónde está y adónde va… Se lo hemos preguntado al profesor Morgado: “La consciencia es el estado de la mente que perdemos al dormir sin soñar o cuando nos anestesian en un quirófano, pero su verdadera naturaleza no la conocemos ni podemos estar seguros de que la podamos conocer con un cerebro como el de los humanos de hoy. No está en ninguna parte porque es un proceso funcional y no algo que pueda situarse en algún lugar. El movimiento, por ejemplo, no está en la rueda, es algo que hace la rueda. Sí sabemos que la consciencia se genera en la parte más desarrollada del cerebro, es decir, en la corteza cerebral, por lo que es posible en todos los animales, particularmente los mamíferos y las aves, que tienen muy desarrollada esa parte del cerebro”.  Sin ir más lejos, los medios generalistas se hacían eco hace unos días del caso de Veronika, una vaca que mostraba comportamientos de reconocimiento, apego y aprendizaje complejos. El rumiante, que ha asombrado a la comunidad científica por el uso flexible de herramientas, ha sido criado como animal de compañía en una finca austríaca; un entorno enriquecido, con estimulación, juego, aire libre e interacción social, parece ser la explicación, según los investigadores de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena. El debate sobre la consciencia animal se ha intensificado en los últimos años.

¿Cuál es el barco de Teseo? Esta clásica paradoja se pregunta por la esencia del ser...

¿Cuál es el barco de Teseo? Esta clásica paradoja se pregunta por la esencia del ser. Si a lo largo del tiempo todas las piezas se van sustituyendo, ¿sigue siendo el mismo barco? Y si con las piezas desechadas se construye un barco en otro puerto, ¿cuál es entonces el barco de Teseo? Hoy, en la era del transhumanismo anunciado, esta fábula cobra actualidad.

Desde 2022, la legislación española reconoce a los animales como seres sintientes, pero los avances en neurociencia sugieren que la frontera entre sentir, aprender y tener una forma básica de experiencia subjetiva podría ser menos nítida de lo que creíamos.

No existe una única definición de inteligencia. Depende del marco —biológico, psicológico o computacional— y del tipo de inteligencia al que nos refiramos —hay hasta ocho—. Desde un punto de vista neurobiológico, la corteza cerebral es clave para las funciones cognitivas superiores: lenguaje, memoria consciente, razonamiento, toma de decisiones o autoconciencia. Para muchos autores, la inteligencia está ligada a la acción —manipulación de herramientas, modificación del entorno—, sin embargo, cada vez hay más consenso en que, como defiende el paleoantropólogo Eudald Carbonell, el gran salto evolutivo no es solo biológico, sino social y cultural. La transmisión acumulativa de conocimiento durante miles de generaciones —lenguaje, técnicas, símbolos— podría explicar el paso de animal a secas a animal racional.

La consciencia está tratando de ser explicada desde distintos ámbitos. Hay teorías, ya desde Penrose, que sugieren que procesos cuánticos en el cerebro (como los microtúbulos neuronales) podrían ser la base de la consciencia. Estas investigaciones exploran cómo la información cuántica podría generar la experiencia subjetiva y la sensación de libre albedrío, aunque son especulativas; estamos lejos de hablar de un ‘cerebro cuántico’. Lo que sí han demostrado estudios recientes de neuroimagen es que la actividad cerebral que conduce a una acción puede detectarse antes de que la persona sea consciente de haber tomado la decisión, lo que cuestiona la noción de libre albedrío.

Con relación a la llamada ‘lucidez terminal’, ésta está descrita y en estudio: son episodios breves de claridad mental en personas con demencia avanzada o daño cerebral poco antes de morir. Algunos pacientes con Alzheimer recobran lucidez de manera transitoria en las horas o días previos al fallecimiento, momentos en los que recuperan brevemente capacidades cognitivas y reconocimiento de personas. El fenómeno podría reflejar una reactivación puntual de redes neuronales y recuerdos que no habían desaparecido, sino que permanecían inaccesibles. Sobre las ECM, experiencias cercanas a la muerte, analizadas por el doctor Manuel Sans Segarra, la neurociencia apunta a explicaciones basadas en la activación de redes de memoria, emoción y consciencia bajo condiciones extremas. La aportación de Sans Segarra sobre una consciencia no local o supraconsciencia, hasta el momento, no ha sido demostrada.

La irrupción de las interfaces cerebro-máquina abre un escenario inédito en el que se está desdibujando el límite entre lo biológico y lo artificial. Este horizonte plantea preguntas como: ¿qué ocurre con la identidad cuando la mente puede ser ampliada o sustituida? ¿Dónde empieza y dónde termina el yo? El transhumanismo avanza mientras la inteligencia artificial todavía tiene muchos retos en su objetivo de imitar a un humano. Entre ellos, uno clave: el cerebro realiza sus ‘cálculos’ con una eficiencia energética muy superior a la de las máquinas actuales, lo que sugiere que reproducir la inteligencia humana podría requerir no solo más potencia de cálculo, sino sistemas biológicos o híbridos que imiten su modo de procesar la información. Como ha señalado Bill Gates, “la inteligencia humana no consiste solo en acumular datos, sino en conectar experiencias, intuición, emoción y conocimiento práctico, una cualidad que sigue siendo difícil de replicar en las máquinas”.

Epílogo

“El mejor regalo que me hizo mi padre fue… la pobreza”, Roberto Benigni.

Las palabras que el director del filme ‘La vida es bella’ pronunció al recoger el Oscar a mejor director en 1999 muestran cómo el significado que damos a lo que tenemos (o no tenemos) y las expectativas que construimos condicionan la experiencia de vivir y determinan nuestra satisfacción vital. El discurso proseguía: “Éramos cinco: mis padres, mis dos hermanas y yo. Solo teníamos una cama. Dormíamos todos juntos. En nuestra miseria… ¡éramos príncipes!”.

En las últimas décadas, en las sociedades occidentales, el nivel de vida ha aumentado de forma sostenida, pero también lo han hecho la depresión, la ansiedad, el consumo de psicofármacos y la sensación de vacío vital. La OMS habla de la depresión como una de las principales causas de discapacidad global. En países ricos, el suicidio y los trastornos mentales afectan cada vez más a clases medias y altas, y estudios de bienestar muestran que el aumento de ingresos no se traduce linealmente en mayor felicidad, lo que se llama la paradoja de Easterlin.

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¿Y qué dice la neurociencia? Pues que el cerebro humano no está diseñado para la acumulación indefinida de bienes, sino para aprender, anticipar y encontrar propósito. Aprender es una necesidad biológica: cada experiencia modifica las conexiones neuronales y da forma a nuestra identidad. Cuando la vida pierde significado, el sistema que sostiene la motivación, la emoción y la memoria se desajusta. En felicidad, lo más determinante es la personalidad —rasgos innatos y biológicos—, no el carácter —parte aprendida y moldeada por la experiencia, la educación y la cultura—. Parece haber consenso, tanto desde la psicología como desde la genética del comportamiento, en que aproximadamente un 40-50% de la predisposición a la felicidad es heredable, un 10% depende de las circunstancias externas —de lo que a uno le pasa— y el resto, un 40-50%, de hábitos, interpretación y conducta. Se sabe que las expectativas no realistas y factores psicológicos como el ego y el apego distorsionan nuestra percepción del bienestar. Pero el propósito vital y tener alineados valores, expectativas y acciones —pensamiento, emoción y acción— se erigen en pilares clave para el bienestar psicológico. La comparación, el exceso de estímulos o la productividad autoimpuesta —como explora Byung-Chul Han en su obra ‘La sociedad del cansancio’—, generan un desgaste emocional que lleva a la enfermedad —depresión— como respuesta al entorno. La depresión causa la pérdida de conexiones sinápticas y una reducción de la sustancia gris cerebral, lo que incrementa el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.

Entretanto, tenemos entre manos una realidad acuciante que atender. Nunca antes los jóvenes habían tenido tantas oportunidades materiales y, al mismo tiempo, tantos indicadores de malestar psicológico. Un entorno que no genera confianza priva de tomar decisiones vitales en verdadera libertad. Diversos estudios sociológicos muestran que una parte creciente de los jóvenes está dispuesta a priorizar la seguridad y la estabilidad a costa de parte de su libertad, un síntoma de la inseguridad vital y del clima de incertidumbre de las sociedades contemporáneas. Desde el punto de vista neurobiológico, en contextos de incertidumbre, el cerebro humano tiende a privilegiar la seguridad frente a la exploración. Aunque emoción y razón actúan siempre de forma conjunta, la inseguridad y el miedo activan la amígdala, el cerebro emocional, y está demostrado que en ese estado se toman peores decisiones —menos reflexivas y menos racionales—. Le hemos preguntado al profesor Morgado hasta qué punto estos nuevos conocimientos neurobiológicos están transformando la psicología como ciencia y como práctica profesional, a lo que responde: “Las técnicas de investigación en neurociencia son cada día más refinadas y complejas, requiriendo, como decimos, la colaboración de especialistas diversos y de centros dotados de tecnología avanzada. No obstante, muchas de las técnicas que utiliza la psicología no requieren de conocimientos neurocientíficos profundos y pueden seguir funcionando mientras la neurociencia avanza con nuevas aportaciones que pudieran requerirlos. Desde la epidemia del COVID, la psicología profesional ha ganado reputación y realiza un gran trabajo en relación con alteraciones mentales frecuentes como las dificultades en el aprendizaje, el estrés o las adicciones a drogas u otros consumos del mundo moderno”.

Por lo que respecta al ámbito educativo, la aportación de la neurociencia es todavía modesta; esta disciplina, como advierte Ignacio Morgado, “lo que viene haciendo o puede hacer hoy es explicar por qué funcionan los buenos procedimientos educativos y por qué no funcionan los malos”. En cuanto a estimulación temprana, la investigación en neurodesarrollo muestra que aquellas basadas en el movimiento, el contacto físico y la relación cercana y receptiva con los adultos —como el gateo, la psicomotricidad fina, la lactancia o el método canguro— se asocian a una modulación favorable de los circuitos neuronales implicados en la percepción y la acción, así como de los sistemas emocionales y de regulación del estrés. Por el contrario, las intervenciones que inhiben la respuesta al malestar temprano —como el método Estivill tan popular en los años noventa— no han demostrado beneficios neuroestructurales y sí se han vinculado a un aumento del estrés y a alteraciones en los procesos de apego. En cualquier caso, “los grandes y buenos maestros de siempre —concluye Morgado—, desde Aristóteles hasta nuestros días, han conocido y utilizado las mejores técnicas de enseñanza y aprendizaje sin tener conocimientos de neurociencia. Lo bueno del cerebro es que puede usarse provechosamente incluso sin saber bien cómo funcionan sus neuronas y circuitos. A quien tiene que afrontar un complejo mundo educativo, como el de la adolescencia, le puede ser más útil recurrir a la experiencia profesional, es decir, a la de los buenos maestros y educadores, que tratar de darse un complicado baño de neurociencia, lo cual, como decimos, puede servir sobre todo para justificar científicamente lo que funciona y lo que no en el mundo de la educación, pero no siempre para solucionar problemas de naturaleza muy complicada que, además de biológicos, son también sociales”.

Y es que somos muy complejos. A veces, incluso inexplicables. Los científicos dudan de que algún día se pueda conocer por completo el funcionamiento del cerebro. Ellos son más conscientes que nadie de la magnitud de este reto. Queremos curar enfermedades, entender quiénes somos y entender a nuestros semejantes, saber por qué tenemos sensación de identidad, si el libre albedrío es real o si la consciencia puede no necesitar soporte físico. Pero no podemos comprender más allá de lo que nuestro cerebro está capacitado biológicamente para concebir o nuestros sentidos para percibir.

Como individuos, el conocimiento nos muestra la inmensidad del saber, y esa toma de conciencia nos sume en una experiencia de pequeñez, de granito de arena, de saber que no sabemos nada, que, paradójicamente, nos infla de una especie de gratitud vital.

Y es que querer comprender cómo funciona el cerebro es como querer tener todo el conocimiento del Universo en nuestras manos. Tal vez esa pulsión, la de querer saber, sea aquel aleteo de mariposa que, en algún momento de la evolución, marcó la diferencia entre un destino de extinción y otro de supervivencia.

En cualquier caso, hoy, como siempre, el hombre continúa… en busca de sentido.

Nuevo marco regulatorio del cannabis medicinal

Cannabis medicinal. Nuevo marco regulatorio
“Llegamos 25 años tarde”, profesor Manuel Guzmán, Universidad Complutense de Madrid

Cannabis sativa, una especie vegetal que produce decenas de compuestos farmacológicamente activos, algunos con potencial terapéutico ampliamente documentado. Sus efectos sobre el sistema nervioso central —analgésicos, antieméticos, ansiolíticos o moduladores del apetito— se han aprovechado en distintas patologías, especialmente en aquellas que cursan con dolor crónico y no responden a otros tratamientos analgésicos.
Desde que el químico estadounidense Roger Adams identificara los primeros cannabinoides en los años 40, y que en 1964 el profesor israelí Raphael Mechoulam aislara y caracterizara el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC), los avances científicos se sucedieron hasta culminar con la aprobación por la FDA de los primeros medicamentos cannabinoides en 1985. En el año 2000, Canadá fue el primer país en poner en marcha un programa nacional de cannabis medicinal.
En España, la regulación del uso terapéutico del cannabis es inminente; el borrador del Real Decreto está a la espera de luz verde por parte de las autoridades europeas. Presentado por el Ministerio de Sanidad el pasado febrero, el documento, cuyo ámbito de regulación son las “fórmulas magistrales a partir de preparados estandarizados de cannabis” —cita el texto—, nace con algunas limitaciones: solo se permitirá la dispensación en farmacia hospitalaria, y quedará restringida a indicaciones muy concretas como el dolor crónico, los vómitos asociados a quimioterapia o la espasticidad en esclerosis múltiple, y no será opción de primera línea. Tampoco contempla programas de dispensación y, como vías de administración, quedan fuera la inhalación y las aplicaciones tópicas. Asimismo, no se permite el uso de flores.
Fibromialgia, insomnio, pérdida de apetito, ansiedad, depresión leve, anhedonia… son algunos de los síntomas habituales en pacientes oncológicos o con enfermedades neurológicas. Pacientes que esperaban poder reducir el número de fármacos —analgésicos, antiinflamatorios, hipnóticos, antidepresivos— mediante un enfoque personalizado basado en preparados de cannabis, no quedarán cubiertos por la normativa. “Tendrán que seguir acudiendo al mercado negro”, sentencia Manuel Guzmán, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid.
En cualquier caso, la futura normativa viene a cubrir una necesidad real largamente reivindicada por pacientes, profesionales sanitarios e investigadores: estandarizar el tipo de producto y la concentración de principios activos, actualizar el tratamiento de patologías no cubiertas y la normalización de estos preparados. El aspecto más relevante de la ley es que promoverá la estandarización de los compuestos, condición indispensable para impulsar ensayos clínicos, documentar sus efectos sobre el organismo y mejorar la seguridad en su uso. Porque la precisión —dosis, variedad, condiciones de cultivo, método de extracción, formulación, etc.— marca la diferencia. El control sobre lo que se administra, la precisión en cada fase, no es fácil —ocurre con la mayoría de compuestos no sintéticos—, pero es imprescindible para avanzar en generar conocimiento. Solo que el tiempo corre… Y de distinta manera para los pacientes que sufren, que para el resto.
Mónica Daluz / pdf

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ACTUALIDAD

“Llegamos 25 años tarde”, profesor Manuel Guzmán, Universidad Complutense de Madrid

Nuevo marco regulatorio del cannabis medicinal

Mónica Daluz
Periodista especializada
21/07/2025

Cannabis sativa, una especie vegetal que produce decenas de compuestos farmacológicamente activos, algunos con potencial terapéutico ampliamente documentado. Sus efectos sobre el sistema nervioso central —analgésicos, antieméticos, ansiolíticos o moduladores del apetito— se han aprovechado en distintas patologías, especialmente en aquellas que cursan con dolor crónico y no responden a otros tratamientos analgésicos. Desde que el químico estadounidense Roger Adams identificara los primeros cannabinoides en los años 40, y que en 1964 el profesor israelí Raphael Mechoulam aislara y caracterizara el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC), los avances científicos se sucedieron hasta culminar con la aprobación por la FDA de los primeros medicamentos cannabinoides en 1985. En el año 2000, Canadá fue el primer país en poner en marcha un programa nacional de cannabis medicinal. En España, la regulación del uso terapéutico del cannabis es inminente; el borrador del Real Decreto está a la espera de luz verde por parte de las autoridades europeas. Presentado por el Ministerio de Sanidad el pasado febrero, el documento, cuyo ámbito de regulación son las “fórmulas magistrales a partir de preparados estandarizados de cannabis” —cita el texto—, nace con algunas limitaciones: solo se permitirá la dispensación en farmacia hospitalaria, y quedará restringida a indicaciones muy concretas como el dolor crónico, los vómitos asociados a quimioterapia o la espasticidad en esclerosis múltiple, y no será opción de primera línea. Tampoco contempla programas de dispensación y, como vías de administración, quedan fuera la inhalación y las aplicaciones tópicas. Asimismo, no se permite el uso de flores. Fibromialgia, insomnio, pérdida de apetito, ansiedad, depresión leve, anhedonia… son algunos de los síntomas habituales en pacientes oncológicos o con enfermedades neurológicas. Pacientes que esperaban poder reducir el número de fármacos —analgésicos, antiinflamatorios, hipnóticos, antidepresivos— mediante un enfoque personalizado basado en preparados de cannabis, no quedarán cubiertos por la normativa. “Tendrán que seguir acudiendo al mercado negro”, sentencia Manuel Guzmán, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid. En cualquier caso, la futura normativa viene a cubrir una necesidad real largamente reivindicada por pacientes, profesionales sanitarios e investigadores: estandarizar el tipo de producto y la concentración de principios activos, actualizar el tratamiento de patologías no cubiertas y la normalización de estos preparados. El aspecto más relevante de la ley es que promoverá la estandarización de los compuestos, condición indispensable para impulsar ensayos clínicos, documentar sus efectos sobre el organismo y mejorar la seguridad en su uso. Porque la precisión —dosis, variedad, condiciones de cultivo, método de extracción, formulación, etc.— marca la diferencia. El control sobre lo que se administra, la precisión en cada fase, no es fácil —ocurre con la mayoría de compuestos no sintéticos—, pero es imprescindible para avanzar en generar conocimiento. Solo que el tiempo corre… Y de distinta manera para los pacientes que sufren, que para el resto.

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Compuestos cannabionides

La planta del cannabis, como cualquier otra especie vegetal, produce diversas sustancias con las que adaptarse a las condiciones del entorno. Como la mayoría de los metabolitos secundarios farmacológicamente activos de las plantas, el THC está involucrado en el mecanismo de autodefensa del vegetal. “De entre todas las plantas, Cannabis sativa ha desarrollado unos compuestos que, por pura casualidad, ejercen acciones farmacológicas en nuestro organismo. Estos compuestos son los cannabinoides, y entre ellos destaca de forma clara el THC, el principal responsable de los efectos terapéuticos, pero también de los efectos psicoactivos del cannabis”, explica el profesor Guzmán, pionero en el estudio de los compuestos cannabinoides.

Estas sustancias interactúan con el sistema endocannabinoide humano (descrito en 1992 y conservado evolutivamente en los vertebrados). Nuestro organismo produce endocannabinoides, como la anandamida (AEA) y el 2-araquidonilglicerol (2-AG), estructuralmente similares al delta-9-tetrahidrocannabinol (THC). Como subraya Guzmán: “El THC no actúa por arte de magia: nuestro cuerpo está preparado para recibirlo”.

Los cannabinoides endógenos (o endocanabinoides) regulan múltiples procesos fisiológicos, incluyendo la nocicepción, la homeostasis energética, la neurogénesis, la plasticidad sináptica, el estado de ánimo, la respuesta inmunitaria y el ciclo sueño-vigilia. Un desequilibrio en la señalización endocannabinoide se ha vinculado a diversas condiciones patológicas, como trastornos del estado de ánimo, epilepsia resistente a fármacos, dolor crónico y enfermedades inflamatorias y neurodegenerativas. Además, el sistema endocannabinoide ejerce un papel neuroprotector modulando la inflamación, el estrés oxidativo y la excitabilidad neuronal.

Los efectos de estas sustancias se producen a través de dos receptores principales: el receptor cannabinoide tipo 1 (CB1), localizado sobre todo en el sistema nervioso central, y el receptor tipo 2 (CB2), presente básicamente en células del sistema inmunitario. Ambos receptores pueden activarse tanto por los endocannabinoides que producimos de forma natural —como la anandamida y el 2-AG— como por cannabinoides externos, como el THC de la planta del cannabis. Estas moléculas actúan sobre los mismos receptores y desencadenan respuestas similares, lo cual explica por qué los compuestos del cannabis pueden imitar o modular funciones propias del sistema endocannabinoide; esta interacción es en la que se basa su potencial terapéutico en diversas patologías, y en ella se focalizan las investigaciones.

Existen otros compuestos relevantes, el CBD en particular, que ha cobrado protagonismo entre la población, con la proliferación de establecimientos que venden productos derivados. Guzmán explica que al CBD se le han atribuido propiedades sobredimensionadas: “Aunque útil en epilepsias infantiles resistentes y como ansiolítico moderado, no tiene una base farmacológica tan sólida como el THC. El THC sigue siendo el componente con mayor relevancia clínica y científica del cannabis medicinal”. Incluso el postulado que ha sustentado en los últimos años el desarrollo de formulaciones combinadas de THC y CBD —según el cual el cannabidiol (CBD) mitiga o antagoniza los efectos psicoactivos del tetrahidrocannabinol (THC)— está siendo revisado.

Los preparados cannabinoides se clasifican en tres grandes grupos: compuestos puros (como la nabilona o el dronabinol), extractos estandarizados (como los fármacos aprobados Sativex o Epidiolex, y objeto de la nueva normativa) y cannabis herbal. La vía oral sigue siendo la más extendida, pero se abre paso el uso por vía oromucosal o vaporizada, especialmente útil en casos donde se requiere un efecto rápido, como el dolor agudo o crisis convulsivas. La legislación, sin embargo, solo contempla la vía oral, en la que la sustancia debe realizar un largo viaje a través del organismo hasta llegar a los receptores que han de generar el efecto buscado. Cannabis sativa ya ha mostrado su potencial; a partir de ahora, aprovecharlo dependerá de cómo se regule su uso.

La Sociedad Española del Dolor aboga por una regulación del cannabis terapéutico que garantice la seguridad...

La Sociedad Española del Dolor aboga por una regulación del cannabis terapéutico que garantice la seguridad, la eficacia y el acceso de los pacientes que lo necesiten, especialmente en casos de dolor crónico neuropático refractario y oncológico.

Posiciones y argumentos

“Cuatro millones y medio de personas en España sufren dolor difícil de tratar, y la mitad de ellas acaba en unidades de dolor crónico”. El dato lo daba el Dr. Jesús de Santiago, especialista en anestesiología, reanimación y tratamiento del dolor, en la introducción de su ponencia durante la conferencia sobre regulación del cannabis medicinal ‘Propuesta de regulación del cannabis: ¿qué hay que saber?’, celebrada en el marco de Infarma Barcelona 2025 el pasado marzo, y moderada por el vocal de plantas medicinales del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona (COFB), Josep Allué.

El proceso regulador del cannabis medicinal comenzó en octubre de 2021 con la creación de una subcomisión en el Congreso de los Diputados. En junio de 2022 se elaboró un documento sometido a consulta en dos ocasiones, y este se halla actualmente en revisión por parte de la Unión Europea. Se prevé que la normativa se apruebe en las próximas semanas. El borrador ha venido permitiendo el uso de estos compuestos en unidades del dolor, en determinadas circunstancias, pero la falta de estandarización de estas sustancias ha conferido un marco de inseguridad legal, así como de incerteza sobre las concentraciones de los preparados y, por tanto, la evaluación de sus efectos en el paciente. Sin estandarización no hay reproducibilidad, primera premisa del método científico.

El Dr. Jesús de Santiago, director de las Unidades de Dolor MIVI Canarias y coordinador del grupo de trabajo de cannabinoides de la Sociedad Española del Dolor, expuso el posicionamiento de la SED sobre los medicamentos basados en cannabinoides (MdC). La Sociedad aboga por una regulación del cannabis terapéutico que garantice la seguridad, la eficacia y el acceso de los pacientes que lo necesiten, especialmente en casos de dolor crónico neuropático refractario, y oncológico. El ponente señaló las indicaciones de mayor evidencia científica: el dolor crónico neuropático (un tipo específico de dolor crónico que se origina por una lesión o disfunción del sistema nervioso), el dolor oncológico, la endometriosis y el dolor nociplástico (como la fibromialgia). El facultativo explicó que estos compuestos se recomiendan como tratamiento de tercera línea para el dolor neuropático crónico, y que pueden utilizarse en otros tipos de dolor refractarios a tratamientos convencionales, mediante un ensayo terapéutico personalizado.

“Los especialistas en dolor, neurología y neurorrehabilitación pueden prescribir cannabis medicinal, que se dispensa en farmacias hospitalarias en forma de fórmulas magistrales estandarizadas”. Así lo explicó Eduardo López, jefe de sección en el servicio de farmacia del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, quien enfatizó la importancia del Real Decreto para estandarizar productos y concentraciones de principios activos, mejorar el conocimiento clínico y educar a pacientes y profesionales sanitarios. En este sentido, el Dr. López afirmó: “Necesitamos saber qué estamos utilizando, en qué concentración y en qué dosis. Solo así podremos generar conocimiento clínico riguroso; si no sabemos qué estamos dando, no podemos saber si funciona”. El especialista también apuntó que “la inhalación de marihuana, por ejemplo, no permite medir con precisión la dosis administrada, lo cual dificulta su estudio en ensayos clínicos”.

A la estandarización se suma otra reivindicación clave: la necesidad de crear un registro clínico nacional que permita evaluar la eficacia de los tratamientos en condiciones reales. Los distintos actores también reclaman que el acceso al cannabis medicinal no esté condicionado por el lugar de residencia del paciente; en algunos territorios se ha iniciado la formación de profesionales, pero otros carecen de protocolos o estructuras para su implementación. En definitiva: mecanismos claros de trazabilidad, formación específica y registro de resultados.

El Real Decreto busca permitir el uso de extractos estandarizados, sustancias puras y preparados de cannabis bajo un control farmacológico riguroso. Sin embargo, su enfoque limitado ha sido criticado por colectivos de pacientes, profesionales médicos y, de forma especialmente contundente, por la farmacia comunitaria. Una de las principales objeciones del colectivo farmacéutico es su exclusión del circuito de dispensación, reservado tan solo a hospitales. “Tenemos una red de más de 22.000 farmacias en España, con personal cualificado y experiencia en la formulación de estupefacientes. No tiene sentido limitar el acceso a hospitales”, señaló Elena Manso, vocal de Formulación Magistral del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid. “Somos expertos en estupefacientes. Ya dispensamos morfina, fentanilo o incluso cocaína en fórmulas magistrales, y con trazabilidad y seguridad garantizadas”, añadió.

Desde la farmacia comunitaria se reivindica la capacidad de participar activamente tanto en la formulación como en el seguimiento farmacoterapéutico de los tratamientos con cannabis medicinal. Esta implicación ampliaría el acceso en zonas rurales o alejadas de centros hospitalarios. “Tenemos una red capilar impresionante. En muchos municipios hay farmacia pero no hay centro de salud”, advirtió la representante de los boticarios, y lo ilustró así: “Según datos de la Comunidad de Madrid, el 99,8 % de los municipios cuentan con oficina de farmacia, mientras que 68 localidades carecen de consultorio médico.”

“Disponemos de laboratorios certificados, personal especializado y experiencia en formulación magistral. El seguimiento del paciente desde la farmacia es un plus que puede reforzar la seguridad del tratamiento”, insistió Manso. Esta postura contó con el respaldo de las asociaciones de pacientes. “Confiamos en las farmacias comunitarias para acceder a un tratamiento seguro y con seguimiento”, afirmó Javier Miravete, presidente de la Unión de Pacientes por la Regulación del Cannabis Medicinal.

Los especialistas en dolor...

Los especialistas en dolor, neurología y neurorrehabilitación pueden prescribir cannabis medicinal y los pacientes pueden adquirirlo en farmacias hospitalarias en forma de fórmulas magistrales estandarizadas.

¿Qué aporta la nueva Normativa?

La aprobación del Real Decreto sobre el uso medicinal del cannabis supone el establecimiento de un marco legal específico que regulará la elaboración y dispensación de fórmulas magistrales a base de cannabis, garantizando que solo se prescriban en indicaciones clínicas con evidencia científica de beneficio, como la esclerosis múltiple con espasticidad, epilepsia refractaria, dolor crónico no controlado y náuseas derivadas de tratamientos oncológicos. Además, se contempla la creación de un registro oficial de preparados estandarizados en la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), lo que permitirá un control riguroso de la calidad y trazabilidad, asegurando que los pacientes reciban productos seguros, controlados y libres de contaminantes.

Otro de los avances significativos será facilitar el acceso a tratamientos a pacientes con enfermedades graves o incapacitantes, que hasta ahora solo podían recurrir al cannabis terapéutico en un limbo legal, bien a través del autocultivo, asociaciones cannábicas, etc. En este sentido, el decreto también permitirá dejar de considerar como infractores a los pacientes que utilizan cannabis con fines terapéuticos, legitimando su uso dentro del sistema sanitario y protegiendo tanto a médicos como a pacientes. Por otro lado, el entorno regulado abrirá la puerta al desarrollo de ensayos clínicos sólidos, permitiendo impulsar la investigación científica sobre cannabinoides con estándares de calidad comparables a los de otros fármacos. En definitiva, esta normativa busca ofrecer mayor seguridad clínica, respaldo legal y evidencia científica en torno a unos compuestos cuyo potencial terapéutico ya está siendo avalado en distintos contextos médicos.

¿Y qué se queda fuera?

El borrador del decreto deja fuera muchas patologías donde los pacientes ya encuentran beneficio, como la fibromialgia, la ansiedad, el insomnio, el estrés postraumático o las migrañas. “Se queda corto, no resolverá los problemas reales de los pacientes, solo una parte muy concreta”, nos explica Guzmán. La opinión general de los sectores implicados coincide en valorar que el alcance de la normativa no se corresponde con las necesidades reales detectadas en la práctica clínica.

El representante de la farmacia hospitalaria, Dr. López, señaló durante su ponencia en Infarma’25, que “la presión social ha puesto de manifiesto que existen indicaciones terapéuticas no cubiertas por los medicamentos actualmente autorizados”. Y prosiguió: “Existe aún miedo por parte de los médicos. Esa distancia ha sido un punto clave: a pesar de que la legislación permite el uso de medicamentos fuera de ficha técnica, la ausencia de una regulación específica genera inseguridad y frena a muchos profesionales. Existe todavía un cierto miedo a prescribir según qué preparados, y probablemente el cannabis acabe engrosando esa lista”, añadió.

Como hemos comentado, la farmacia comunitaria ha sido excluida del circuito de dispensación, pese a su capilaridad y experiencia en fórmulas magistrales con sustancias controladas. Otro punto ciego de la normativa es la falta de referencia a productos de cannabis no psicoactivos actualmente en circulación, como aceites de CBD o suplementos con bajo contenido en THC. Aunque de libre acceso, siguen siendo un limbo legal, sin control de calidad oficial ni verificación de su contenido. Algunos expertos proponen que la ley contemple mecanismos para regular este mercado emergente y ofrecer garantías mínimas al consumidor.

“La normativa española, si se aprueba en 2025, llegará con 25 años de retraso”, afirma el profesor Guzmán. Y es que Canadá, ya en el año 2000, fue el primer país en poner en marcha un programa nacional de cannabis medicinal. La experiencia internacional demuestra que el cannabis medicinal no sustituye a los tratamientos convencionales, pero puede complementarlos. Alemania, Israel y Países Bajos han desarrollado programas más flexibles que contemplan indicaciones más amplias, permiten fórmulas adaptadas y habilitan la participación de farmacias comunitarias. Su uso permite reducir otras medicaciones más peligrosas (opioides, psicotrópicas —como las benzodiacepinas—, etc.). “Su combinación de efectos modestos en varios síntomas puede traducirse en una gran mejora global en la calidad de vida del paciente”, valora el profesor Guzmán, quien advierte que “sin programas de seguimiento estructurados, como los que ya funcionan en algunos países europeos, la mayor parte de los pacientes seguirá sin acceso legal a estos principios activos”. El profesor subraya, sin embargo, que “aunque estos preparados tienen limitaciones, se adaptan mucho mejor a las necesidades reales de los pacientes y suponen una herramienta fundamental para tratar enfermedades crónicas y debilitantes. Los cannabinoides no lo curan todo —advierte Guzmán—, pero cuando se combinan sus efectos sobre el ánimo, el sueño, el dolor, el apetito y la motivación vital, el resultado es una mejora integral de la calidad de vida”.

Desde el colectivo de la farmacia comunitaria se reivindica la capacidad de participar activamente tanto en la formulación como en el seguimiento...

Desde el colectivo de la farmacia comunitaria se reivindica la capacidad de participar activamente tanto en la formulación como en el seguimiento farmacoterapéutico de los tratamientos con cannabis medicinal.

Cannabinoides: ¿neuroprotectores o desencadenantes psiquiátricos?

El cannabis y sus compuestos activos presentan una dualidad que ha generado debate científico y clínico: mientras que algunos cannabinoides como el THC han demostrado efectos neuroprotectores en modelos de enfermedades como el Alzheimer o la esclerosis múltiple, su consumo —especialmente en contextos no médicos— se ha vinculado a un mayor riesgo de ansiedad, síntomas psicóticos y trastornos como la esquizofrenia.

El sistema endocannabinoide actúa como modulador clave del equilibrio cerebral. Al interactuar con él, los cannabinoides pueden tener efectos beneficiosos o perjudiciales según múltiples factores: la edad del consumidor, la dosis, la frecuencia de uso y la susceptibilidad genética. “En adolescentes, cuyo cerebro aún está en desarrollo, el THC puede alterar procesos de maduración neurológica y aumentar el riesgo de trastornos psiquiátricos, si se tiene predisposición genética. En adultos, y en dosis controladas, estos riesgos son considerablemente menores”, puntualiza el profesor Guzmán. Y prosigue: “La evidencia no respalda que el cannabis cause esquizofrenia por sí solo, pero sí puede adelantar su aparición en personas predispuestas”.

La clave para un uso medicinal seguro del cannabis reside en un enfoque personalizado, clínicamente supervisado y con formulaciones que equilibren adecuadamente los principios activos.

Lo que la Ley no regula: el cultivo, la tenencia y el consumo recreativo. Sobre este último, Guzman hace hincapié en la conveniencia de que los adolescentes tengan acceso a información veraz, científicamente contrastada. En sus clases de biología molecular explica a sus alumnos que en esta etapa su sistema nervioso no está aún formado y deben abstenerse de consumirlo o usarlo con moderación. “Ya saben que si les dicen que fumando marihuana desarrollarán una enfermedad psiquiátrica, no es verdad”. Su consejo es que si alguna vez desean consumir de forma lúdica, lo hagan moderada y responsablemente en su etapa adulta, con vidas asentadas, satisfactorias, saludables y descartando antecedentes psiquiátricos, traumas o predisposición genética. En definitiva, les sugiere: “Que esperen y entonces se lo piensen”.

Salud no hay más que una

Salud no hay más que una
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ARMACIA VETERINARIA 

El concepto One Health, Una sola salud, promovido desde distintas instituciones europeas, nos recuerda que la salud animal, la humana y la medioambiental son interdependientes. Mientras los nacimientos humanos decrecen en los países desarrollados, las adopciones de pequeños seres del reino animal van en aumento. Las mascotas viven con nuestros hábitos y ya padecen dolencias típicamente humanas, como obesidad o diabetes. El incremento de la demanda mundial de proteína animal disparará, aún más, la producción cárnica, y mayor será el reto de proteger a la población de enfermedades transmitidas por los alimentos. La creciente urbanización del planeta y el cambio climático están contribuyendo a un aumento en la proximidad entre animales salvajes y humanos. Este escenario obligará a mantener bajo un estricto control las enfermedades zoonóticas, que presionarán al alza. El medicamento veterinario y su gestión van a tener un papel clave y, en paralelo, el factor logístico. Garantizar el suministro y la disponibilidad de medicamentos veterinarios es asunto de salud pública.
El mercado veterinario europeo de mascotas representa un 48,8% del total de las ventas de productos de salud animal que, según el informe anual de Animal Health Europe, alcanzaron en 2023 los 7.900 millones de euros. Las vacunas siguen siendo la mejor herramienta para la prevención: el año pasado, el 32,3% del total de ventas de productos de salud animal en Europa correspondió a vacunas. Le siguieron los antiparasitarios, con el 29%, y los antimicrobianos -mayoritariamente antibióticos-, con un 8,7%, como fármacos más vendidos. En España éste también se manifiesta como un mercado al alza: en 2022, el 43% de los hogares tenía mascota, en 2024 se ha llegado al 49%, y su peso sobre el PIB es ya del 2,29%.
 Mónica Daluz / pdf

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FARMACIA VETERINARIA

Salud no hay más que una

Mónica Daluz
Periodista especializada
16/05/2024

El concepto One Health, Una sola salud, promovido desde distintas instituciones europeas, nos recuerda que la salud animal, la humana y la medioambiental son interdependientes. Mientras los nacimientos humanos decrecen en los países desarrollados, las adopciones de pequeños seres del reino animal van en aumento. Las mascotas viven con nuestros hábitos y ya padecen dolencias típicamente humanas, como obesidad o diabetes. El incremento de la demanda mundial de proteína animal disparará, aún más, la producción cárnica, y mayor será el reto de proteger a la población de enfermedades transmitidas por los alimentos. La creciente urbanización del planeta y el cambio climático están contribuyendo a un aumento en la proximidad entre animales salvajes y humanos. Este escenario obligará a mantener bajo un estricto control las enfermedades zoonóticas, que presionarán al alza. El medicamento veterinario y su gestión van a tener un papel clave y, en paralelo, el factor logístico. Garantizar el suministro y la disponibilidad de medicamentos veterinarios es asunto de salud pública.

El mercado veterinario europeo de mascotas representa un 48,8% del total de las ventas de productos de salud animal que, según el informe anual de Animal Health Europe, alcanzaron en 2023 los 7.900 millones de euros. Las vacunas siguen siendo la mejor herramienta para la prevención: el año pasado, el 32,3% del total de ventas de productos de salud animal en Europa correspondió a vacunas. Le siguieron los antiparasitarios, con el 29%, y los antimicrobianos -mayoritariamente antibióticos-, con un 8,7%, como fármacos más vendidos. En España éste también se manifiesta como un mercado al alza: en 2022, el 43% de los hogares tenía mascota, en 2024 se ha llegado al 49%, y su peso sobre el PIB es ya del 2,29%.

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El nuevo Real Decreto que regula la distribución, prescripción, dispensación y uso de medicamentos veterinarios introduce significativas modificaciones con respecto al que deroga, tratando de adaptarse a las características específicas del sector veterinario. El texto, aprobado en junio del año pasado, se enmarca en el concepto One Health y tiene como objetivos velar por la protección de la salud humana, la sanidad animal y el medioambiente; mejorar el funcionamiento del mercado interior; aumentar la disponibilidad de medicamentos veterinarios; estimular la investigación y la innovación; reducir la carga administrativa; y hacer frente al riesgo que representa la resistencia a los antimicrobianos para la salud pública.

La comisión One Health, creada por la OMS en 2009 en Washington, coordina las distintas instituciones que trabajan en este nuevo paradigma de la salud. FAO, OMS, UNICEF, OMSA y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) ponen conocimientos en común desde diferentes disciplinas y trabajan a nivel local, nacional y mundial, para lograr un abordaje global y coordinado de la salud del Planeta.

El nuevo marco legal del medicamento veterinario brinda nuevas oportunidades para el sector farmacéutico y la oficina de farmacia. La cuestión ha sido abordada en el recién clausurado salón Infarma Madrid (próxima cita, del 25 al 27 de marzo de 2025 en Barcelona). Durante la sesión ‘Medicamentos veterinarios. Nueva Ley, nuevas oportunidades’, moderada por el vicepresidente tercero del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid, Rafael Areñas, se instó al sector a “aprovechar la nueva normativa para convertir la farmacia en la referencia en la dispensación de medicamentos veterinarios, no solo como nueva línea de negocio sino también como refuerzo de la seguridad dentro del concepto de ‘una sola salud’ y de lucha contra un problema acuciante como la resistencia microbiana a los antibióticos”, cita el comunicado de Infarma.

Durante el acto, el farmacéutico comunitario Jesús González se pronunció así al respecto: “desarrollar la categoría de salud animal no es solo una oportunidad de negocio, sino que debería ser una especie de obligación profesional, ya que todo medicamento, incluido el veterinario, tal como dice el Real Decreto 666/2023, se debe dispensar en la oficina de farmacia. Somos expertos en los medicamentos y nos avala la legislación”.

Y es que el nuevo texto obliga a los establecimientos minoristas, que junto a las oficinas de farmacia y las entidades o agrupaciones ganaderas autorizadas son los únicos centros autorizados para dispensar medicamentos veterinarios, a disponer de un servicio farmacéutico a cargo de un farmacéutico. La previsión es que aumente el desarrollo de la categoría de salud animal en el canal de farmacia. Sobre ello se pronuncian desde el Colegio Oficial de Veterinarios de Barcelona: “es importante que las farmacias conozcan que existe una cadena de prescripción que debe seguir el profesional veterinario prescriptor. Éste tiene la obligación de recetar un medicamento veterinario autorizado en España para la especie animal de destino y la patología a tratar”, y respecto a la facultad de sustitución subrayan: “Las dispensadoras sólo pueden sustituir el medicamento prescrito cuando se cumplan determinadas circunstancias, y el fármaco de sustitución deberá tener idéntica composición cualitativa y cuantitativa en principios activos y forma farmacéutica, vía de administración, dosificación e indicación y estar autorizado para la especie de que se trate. Por lo tanto, no se puede sustituir un medicamento veterinario autorizado por otro de prescripción humana”.

En materia de seguridad alimentaria el nuevo reglamento eleva los estándares de calidad, seguridad y eficacia de los medicamentos veterinarios relacionados con la protección de la salud humana, además de la salud animal y medioambiental. La disponibilidad de medicamentos veterinarios es uno de los factores sobre los que incide la normativa. Al respecto, María Jesús Lamas, directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios -Aemps- declaró hace unas semanas, durante la jornada ‘Medicamentos veterinarios: mejorando la disponibilidad de antimicrobianos y sus alternativas’, organizada por el Plan Nacional Frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN) de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) y la Fundación Ramón Areces: “Los problemas de suministro son una de las máximas preocupaciones de todas las autoridades de medicamentos”. Y advirtió: “Debilitar la protección de la veterinaria implica amenazar la salud humana”.

Animales, y sedentarios

La prevalencia de determinadas enfermedades relacionadas con hábitos de vida sedentarios se ha incrementado en las últimas décadas, tanto en humanos como en animales de compañía. Las mascotas pueden experimentar problemas de salud asociados a factores como la falta de ejercicio, la alimentación inadecuada, el estrés y otros aspectos del estilo de vida actual. La prevención y tratamiento de estas complicaciones requieren un enfoque integral: alimentación equilibrada, ejercicio regular, atención veterinaria preventiva y cuidado del bienestar emocional.

Algunos de los problemas de salud crecientes en animales de compañía, en particular en perros y gatos, son las enfermedades cardiovasculares, provocadas por el sedentarismo y la mala alimentación; la diabetes mellitus, enfermedad endocrina relacionada con la obesidad, entre otros factores de riesgo; trastornos musculoesqueléticos, como la osteoartritis y las lesiones en los ligamentos, como consecuencia de la falta de ejercicio y el sobrepeso; enfermedades de la piel, como dermatitis alérgica, infecciones por hongos y enfermedades autoinmunes, derivadas de una inadecuada alimentación o a factores ambientales; y trastornos del comportamiento: el estrés, la falta de estimulación, de contactos sociales con otros individuos de su especie, pueden contribuir en la mascota al desarrollo de trastornos del comportamiento, como la ansiedad por separación, la agresión y los trastornos compulsivos. A esto se añaden las mascotas geriátricas, con enfermedades crónicas y otras ligadas a la edad, como el cáncer.

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Como ocurre con los humanos, la calidad de vida, la alimentación y el bienestar han incrementado la esperanza de vida de los animales de compañía. En palabras del Dr. Alexandre Tarragó, propietario de Clínica Veterinaria Sagrada Familia, en Barcelona: “La longevidad lleva consigo las enfermedades crónicas y las enfermedades degenerativas, que hay que tratar y, sobre todo, hay que aliviar si éstas pueden producir dolor”.

Las nuevas tecnologías están revolucionando el diagnóstico y tratamiento de enfermedades también en animales. Destaca el segmento de la medicina regenerativa y la terapia celular, que ofrecen nuevas opciones de tratamiento para enfermedades musculoesqueléticas o lesiones nerviosas, con el uso de células madre y factores de crecimiento. Y los dispositivos de monitoreo remoto: collares y sensores inteligentes que permiten el seguimiento en tiempo real de la salud del animal.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2022 el número de nacimientos descendió un 2,4% con respecto al año anterior. Paralelamente, crece el número de mascotas que entran en los hogares a formar parte de la familia, y su salud y bienestar son importantes para sus tutores. Parecen haber aumentado las razones por las que se tiene mascota.

Parejas sin suficiente estabilidad laboral para afrontar la paternidad, largas ancianidades que añaden sentido a sus tranquilas vidas con una mascota a la que atender, hogares unipersonales que completan soledades, unas deseadas y otras no, y, por supuesto, la clásica, educar en valores a los pequeños -humanos- de la casa. Las nuevas realidades sociales han arrojado casuísticas que la legislación ha debido abordar, como el régimen de visitas a la mascota en caso de divorcio, por ejemplo. Y ello irá a más; el incremento de mascotas geriátricas suscitará el debate sobre la conciliación laboral para cuidar de ellas, o sobre los permisos retribuidos para atender a la mascota enferma. Los derechos de los animales van en aumento, así como las obligaciones de sus responsables, como recoge la Ley del bienestar animal, vigente desde septiembre.

Sin embargo, el abandono continúa. 288.000 perros y gatos fueron recogidos por protectoras en España en 2022, según la infografía de Fundación Affinity ‘Él nunca lo haría’.

¡A toda máquina!

¡A toda máquina!
AUTOMATIZACIÓN 
La incorporación de IA en la industria farmacéutica acelera los procesos de innovación

La introducción de la ciencia de datos masivos, allá por los 90, dio el pistoletazo de salida a lo que hoy, con la incorporación de sistemas de inteligencia artificial, que los interpreta, está acelerando exponencialmente el conocimiento sobre estructuras biológicas esenciales y multiplicando las opciones terapéuticas de graves enfermedades con nuevos fármacos y tratamientos, un buen número de ellos en proceso de aprobación.
La industria, por su parte, se halla en plena implementación de las herramientas de la cuarta revolución industrial entretanto se asientan las bases de la industria 5.0. La contundente reforma de la industria farmacéutica promovida por la UE, que debe llevarnos a un ecosistema industrial capaz de reaccionar a imprevistos cualquiera que sea su índole, marca una estrategia de resiliencia que, necesariamente, va a pivotar sobre el eje de la innovación y la tecnología. 
D
esde que la crisis sanitaria mundial acaecida en el invierno de 2020 dejara al descubierto debilidades adicionales de los sistemas sanitarios en la región europea, se han dado firmes pasos por parte de todos los agentes para dar respuesta a estas flaquezas. La dependencia de terceros países en primeras materias y principios activos ha evidenciado que garantizar la cadena de suministro y distribución en el sector farmacéutico en situaciones de emergencia de salud pública, es un asunto de seguridad nacional.
La hoja de ruta fijada por la UE en noviembre del mismo año con el objeto de “fomentar la innovación y garantizar el acceso a medicamentos asequibles en Europa”, sitúa la resiliencia de las compañías en el centro de la estrategia. En nuestro país, el Plan Estratégico para la Industria Farmacéutica 2023-2025 “estará listo antes de junio”, según declaraciones de la ministra de Sanidad, Silvia Calzón, unos días antes del cierre de esta edición. Mónica Daluz. pdf

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La incorporación de IA en la industria farmacéutica acelera los procesos de innovación

¡A toda máquina!

Mónica Daluz
Periodista especializada
04/05/2023

La introducción de la ciencia de datos masivos, allá por los 90, dio el pistoletazo de salida a lo que hoy, con la incorporación de sistemas de inteligencia artificial, que los interpreta, está acelerando exponencialmente el conocimiento sobre estructuras biológicas esenciales y multiplicando las opciones terapéuticas de graves enfermedades con nuevos fármacos y tratamientos, un buen número de ellos en proceso de aprobación. La industria, por su parte, se halla en plena implementación de las herramientas de la cuarta revolución industrial entretanto se asientan las bases de la industria 5.0. La contundente reforma de la industria farmacéutica promovida por la UE, que debe llevarnos a un ecosistema industrial capaz de reaccionar a imprevistos cualquiera que sea su índole, marca una estrategia de resiliencia que, necesariamente, va a pivotar sobre el eje de la innovación y la tecnología.

Desde que la crisis sanitaria mundial acaecida en el invierno de 2020 dejara al descubierto debilidades adicionales de los sistemas sanitarios en la región europea, se han dado firmes pasos por parte de todos los agentes para dar respuesta a estas flaquezas. La dependencia de terceros países en primeras materias y principios activos ha evidenciado que garantizar la cadena de suministro y distribución en el sector farmacéutico en situaciones de emergencia de salud pública, es un asunto de seguridad nacional. La hoja de ruta fijada por la UE en noviembre del mismo año con el objeto de “fomentar la innovación y garantizar el acceso a medicamentos asequibles en Europa”, sitúa la resiliencia de las compañías en el centro de la estrategia. En nuestro país, el Plan Estratégico para la Industria Farmacéutica 2023-2025 “estará listo antes de junio”, según declaraciones de la ministra de Sanidad, Silvia Calzón, unos días antes del cierre de esta edición.

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Los factores geopolíticos han cobrado peso en los últimos tiempos. Hoy se revisan las reglas de juego que nos trajo la globalización y los analistas hablan de relocalización, desglobalización, rediseño estratégico… En este sentido, esta reindustrialización busca mitigar el impacto de las situaciones que puedan derivare en un futuro, del tenso y turbio ambiente internacional de esta guerra fría 2.0, más invisible que su predecesora, pero igualmente real.

Próxima parada: Industria 5.0

El ritmo de innovaciones farmacéuticas se ha acelerado desde la introducción de las herramientas que trajo la cuarta revolución industrial: inteligencia artificial, el internet de las cosas, realidades extendidas, 5G, gemelos digitales, computación fronteriza o edge computing, impresión aditiva, computación cuántica, movilidad autónoma…

La incorporación de herramientas de inteligencia artificial basadas en big data ha impulsado de manera espectacular áreas como la terapia génica y celular, la inmunoterapia, o el diseño de medicamentos personalizados. Estos sistemas pueden analizar grandes cantidades de datos de secuencias de ADN y ARN para identificar las mutaciones genéticas que pueden causar enfermedades, y diseñar terapias específicas para corregirlas; predecir la eficacia y seguridad de nuevos fármacos y terapias; o identificar las características genéticas de los pacientes y diseñar tratamientos personalizados. La gestión de ensayos clínicos y de biobancos son otros ámbitos en los que estas tecnologías pueden resultar enormemente útiles.

La robótica colaborativa en el laboratorio brinda al investigador más tiempo que dedicar a tareas de valor...

La robótica colaborativa en el laboratorio brinda al investigador más tiempo que dedicar a tareas de valor. En la imagen, serie Family, de Universal Robots.

La industria está implementando técnicas innovadoras que optimizan sus procesos de manera sobresaliente, como gemelos digitales, fábricas gestionadas a distancia, producción modular, o sistemas de control y gestión de datos en tiempo real. Y si hablamos de cifras, la fabricación de medicamentos en España presenta un crecimiento anual acumulado del 4,2% desde 2019, y en exportación, en 2022 la industria farmacéutica aumentó más de un 53% sus ventas al exterior, según datos del Ministerio de Industria.

Este incremento de la producción se ha dado tanto en los medicamentos tradicionales como en productos biológicos, que requieren temperatura controlada, y en este sentido, uno de los pilares de esta reindustrialización estratégica es el sector logístico. La previsión para el mercado de la logística farmacéutica europea es de un crecimiento este año en torno al 4%, según cifras de la consultora Mordor Intelligencer.

En robotización prosigue la penetración de los robots colaborativos; según las mismas fuentes, el mercado de cobots en la industria farmacéutica registra una tasa de crecimiento anual del 14%. La robótica colaborativa en el laboratorio está asumiendo tareas repetitivas y de poco valor que han venido restando tiempo a los investigadores para desarrollar su talento.

El talento, otra pieza clave del nuevo paradigma. La Industria 5.0 es una revolución tecnológica que utiliza las herramientas de la 4.0 con el objetivo de optimizar y reenfocar su uso; trata de promover en la industria espacios inteligentes, que tendrán como base el IoT, el aprendizaje automático y la computación cognitiva, buscando la aproximación entre máquinas y humanos. Focaliza el desarrollo de la inteligencia artificial en que ésta pueda realizar procesos similares a los que ejecuta el pensamiento humano.

Además, la quinta revolución industrial plantea el reto de ir más allá de la eficiencia y la productividad como únicos objetivos, para afianzarse como agente transformador de la sociedad. En esta sintonía se hallan las llamadas organizaciones ‘deep tech’, que incorporan valores medioambientales y de ‘human centric’, estrategia de innovación que parte de las necesidades de las personas y después crea la tecnología. Sobre la mesa, el debate acerca de si aplazar, posponer, detener la IA… Pero la ‘filosofía’ de la Quinta Revolución Industrial parece apuntar hacia una disrupción sensata y humanista.

Epílogo

No me pude resistir. Le pedí a ChatGPT unas palabras para los lectores de este artículo:

“Voy a escribir un artículo sobre la robotización en la industria farmacéutica y quisiera concluir con unas palabras tuyas, un mensaje a los lectores de la revista Industria Farmacéutica y Cosmética. ¿Cuál sería tu mensaje, como inteligencia artificial?

Como modelo de inteligencia artificial, mi mensaje para los lectores de la revista Industria Farmacéutica y Cosmética sería el siguiente: “La robótica y la inteligencia artificial están transformando el sector de la biotecnología y la industria farmacéutica, permitiendo una mayor velocidad, precisión y eficiencia en la investigación y desarrollo de nuevos medicamentos, diagnósticos y terapias. Pero más allá de los avances tecnológicos, es importante recordar que los principales beneficiarios de estos avances son las personas. Al utilizar la robótica y la IA para mejorar la salud humana, estamos contribuyendo a mejorar la calidad de vida de las personas y a proporcionar soluciones a problemas médicos que antes eran muy difíciles de abordar. Por lo tanto, debemos seguir trabajando juntos para aprovechar el potencial de la robótica y la IA en la industria farmacéutica y de la biotecnología, siempre manteniendo en mente el objetivo final de mejorar la vida de las personas y la sociedad en general.”

Gracias por tu aportación.

¡De nada! Si tienes alguna otra pregunta o necesitas más información, no dudes en preguntarme. Estoy aquí para ayudarte en lo que necesites.”

Su respuesta suena sensata. Y su actitud, solícita y entusiasta. Así que, aunque sea una máquina, me pareció oportuno mostrarme cortés con el fin de reforzar los “valores” con los que parece haber sido entrenada. La IA será lo que su interacción con nosotros haga de ella. Queramos o no, hemos sido padres. Si lo hacemos bien, con la responsabilidad suficiente, la inteligencia artificial puede ser un excepcional aliado de la vida.

Entrevista a Jordi Cabau, CTO de Innovación de Grupo Saltó

Entrevista a Jordi Cabau
AUTOMATIZACIÓN 
“El poder probar y desplegar tecnología desarrollada en el laboratorio en entornos reales ha sido muy enriquecedor”

Pasados tres años desde el nacimiento del proyecto Misty, hemos hablado con el director de Tecnología de Grupo Saltó para conocer su valoración sobre los resultados de las pruebas piloto, realizadas en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona -que proporcionó usuarios con los que se probó la solución-, y saber qué novedades preparan los ingenieros de la firma para este pequeño robot de compañía que incorpora tecnologías basadas en el internet de las cosas y tecnologías 5G.
Pónganos en antecedentes, ¿desde cuándo ofrece Grupo Saltó soluciones robóticas basadas en IoT y qué productos o proyectos destacaría de los diversos ámbitos: cuidado de personas, educación, logística…?
Entramos en el mundo IoT desde finales de 2017, cuando empezamos a reestructurar nuestras aplicaciones hacia entornos cloud y a conectar máquinas a nuestra solución de gestión enfocada principalmente, en aquella época, a la industria y al sector servicios. Fue a partir de finales de 2018 y principios de 2019 cuando abordamos la robótica social orientada al cuidado de las personas que viven solas en sus domicilios, y a partir de entonces aparecen múltiples oportunidades en el sector social y sanitario debido al aumento del envejecimiento de la población.
En robótica asistencial contáis con el robot Misty, del que ya se han realizado pruebas piloto, ¿puede explicar con qué propósito y objetivos nace y se desarrolla el proyecto?
El proyecto con el robot Misty nace de un reto 5G lanzado en 2019 por la fundación Barcelona Mobile World Capital sobre cómo la tecnología puede ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas. Al ser seleccionados como uno de los dos proyectos ganadores tuvimos la oportunidad de ponerlo en marcha en un entorno real. El Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona proporcionó usuarios con los que se probó la solución desarrollada con el robot Misty y tecnología 5G. Grupo Saltó lideró el proyecto, en el que participaron también la fundación i2CAT y el Instituto de Robótica por la Dependencia. Mónica Daluz / pdf

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AUTOMATIZACIÓN 

“El poder probar y desplegar tecnología desarrollada en el laboratorio en entornos reales ha sido muy enriquecedor”

Entrevista a Jordi Cabau, CTO de Innovación de Grupo Saltó

Mónica Daluz
16/09/2022

Pasados tres años desde el nacimiento del proyecto Misty, hemos hablado con el director de Tecnología de Grupo Saltó para conocer su valoración sobre los resultados de las pruebas piloto, realizadas en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona -que proporcionó usuarios con los que se probó la solución-, y saber qué novedades preparan los ingenieros de la firma para este pequeño robot de compañía que incorpora tecnologías basadas en el internet de las cosas y tecnologías 5G.

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Pónganos en antecedentes, ¿desde cuándo ofrece Grupo Saltó soluciones robóticas basadas en IoT y qué productos o proyectos destacaría de los diversos ámbitos: cuidado de personas, educación, logística…?

Entramos en el mundo IoT desde finales de 2017, cuando empezamos a reestructurar nuestras aplicaciones hacia entornos cloud y a conectar máquinas a nuestra solución de gestión enfocada principalmente, en aquella época, a la industria y al sector servicios. Fue a partir de finales de 2018 y principios de 2019 cuando abordamos la robótica social orientada al cuidado de las personas que viven solas en sus domicilios, y a partir de entonces aparecen múltiples oportunidades en el sector social y sanitario debido al aumento del envejecimiento de la población.

En robótica asistencial contáis con el robot Misty, del que ya se han realizado pruebas piloto, ¿puede explicar con qué propósito y objetivos nace y se desarrolla el proyecto?

El proyecto con el robot Misty nace de un reto 5G lanzado en 2019 por la fundación Barcelona Mobile World Capital sobre cómo la tecnología puede ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas. Al ser seleccionados como uno de los dos proyectos ganadores tuvimos la oportunidad de ponerlo en marcha en un entorno real. El Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona proporcionó usuarios con los que se probó la solución desarrollada con el robot Misty y tecnología 5G. Grupo Saltó lideró el proyecto, en el que participaron también la fundación i2CAT y el Instituto de Robótica por la Dependencia.

¿En qué ha consistido y cómo se ha desplegado el proyecto? y ¿cuál es vuestra valoración de esta colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona?

Nuestra valoración es muy positiva. El poder probar y desplegar tecnología desarrollada en el laboratorio en entornos reales ha sido muy enriquecedor. También gracias al trabajo del Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona se ha conseguido mejorar funcionalidades y casos de uso, con usuarios seleccionados para convivir con el robot durante dos meses.

¿Podría detallar las diferentes tecnología que incorpora Misty y explicar cómo funcionan, en fin, cómo “ve”, cómo “oye”, cómo “razona”…?

El robot Misty cuenta con un conjunto de tecnologías integradas que ofrece la posibilidad de interactuar con el entorno a través de cámaras, para detectar y reconocer personas y un conjunto determinado de diferentes clases de objetos. De la misma forma, viene equipado con micrófonos y altavoces con los que se trabaja la interacción con las personas. Además, se puede personalizar la expresión del robot con diferentes opciones, como alegría, tristeza, sorpresa, etc.

¿Cuál es el siguiente paso?, ¿en qué mejoras de Misty y en qué nuevos proyectos estáis trabajando?

Actualmente estamos ampliando nuevos casos de uso relacionados con las interacciones entre el robot y la persona. Las mejoras incorporadas permiten a Misty cubrir aspectos generales de conversación del día a día.

¿Cómo ve el futuro de la robótica asistencial? y ¿cómo estima que será la penetración de estas soluciones robóticas en la sociedad?

Nosotros creemos que la robótica asistencial o robótica social puede tener penetración en la sociedad sobre todo con el fin de facilitar la vida a las personas mayores, a los profesionales y familiares con el fin de automatizar tareas y procesos necesarios para la actividad diaria. No con la pretensión de sustituir el contacto con las personas; como seres sociales que somos, el contacto humano es imprescindible.

Un mensaje al sector farmacéutico o reflexión final.

Creemos que las nuevas tecnologías enfocadas a la mejora de la calidad de vida de las personas, a automatizar tareas y procesos, pueden aportar unos resultados muy positivos para cualquier tipo de negocio. Es momento de pensar de forma disruptiva, ser creativos y pensar en cómo se pueden hacer las cosas de manera diferente. La tecnología avanza de forma rápida y la clave está en adoptarla para obtener ventajas competitivas que permitan diferenciarnos.

Máquinas más inteligentes, ¿humanos más sabios?

Inteligencia artificial
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NTELIGENCIA ARTIFICIAL 
Las inteligencias artificiales avanzadas ya están aquí

La gestión de los datos comienza a ser inabarcable para el cerebro humano, y pronto, incluso para las máquinas que hemos sido capaces de crear. Convertir datos en conocimiento y éste en bienestar para las sociedades ya no es posible sin el auxilio de la inteligencia artificial. Su implantación no es una opción, es un imperativo. Además, el tiempo apremia; hemos rehipotecado nuestro hogar, tomando prestados recursos de las generaciones futuras, y se acerca el momento del vencimiento. O saldamos la deuda a tiempo o nos quedamos sin planeta. Y el asunto es demasiado complejo para resolverlo nosotros solos. Necesitamos las sugerencias de estas inteligencias que simulen escenarios a la velocidad suficiente para actuar, y revertir a tiempo el proceso de la próxima extinción. Ello implica una conexión nunca vista que abarcará todos los ámbitos de nuestras vidas, pero, sobre todo, supone delegar procesos de decisión. Y bajo cada decisión subyace un componente ético. El tema de la responsabilidad de crear una IA que no se desvíe de los valores universales, ya está siendo abordado por los principales gobiernos del mundo. En su último estadio, la inteligencia artificial además de ser precisa, sin errores, incorruptible e inquebrantable a la pereza, también deberá ser justa, incluso compasiva y hasta condescendiente, todo lo cual, supuestamente, lo ha de aprender de su interacción con el ser humano…: se trabaja en que estos algoritmos tengan la capacidad, como los humanos, de basar sus decisiones en experiencias pasadas. En el horizonte, máquinas que crearán otras máquinas que las superen. Pero la llamada IA fuerte, generalista y ubicua, será el final de este camino. Entretanto la IA débil, basada en la resolución de problemas específicos, se ha colado en nuestras vidas y ya está haciendo mucho por nosotros. En el ámbito de la salud su impacto está siendo transversal: desde las ciencias de la vida hasta la atención asistencial, pasando por los avances diagnósticos o la medicina personalizada. Y esto es sólo el principio.
Co
rre el rumor de que este incierto y apasionante mundo futuro pueda evolucionar hacia una cesión a las máquinas de espacios intrínsecamente humanos. Los investigadores proponen ir ya trazando la ruta más adecuada para expandir nuestro potencial sin que perdamos en su tránsito las cualidades que nos han traído hasta aquí. Una ruta hecha a medida para que ellas, las máquinas, sean cada vez más inteligentes y nosotros, los humanos, cada vez más sabios. Mónica Daluz
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INTELIGENCIA ARTIFICIAL 

Las inteligencias artificiales avanzadas ya están aquí

Máquinas más inteligentes, ¿humanos más sabios?

Mónica Daluz
19/10/2021

La gestión de los datos comienza a ser inabarcable para el cerebro humano, y pronto, incluso para las máquinas que hemos sido capaces de crear. Convertir datos en conocimiento y éste en bienestar para las sociedades ya no es posible sin el auxilio de la inteligencia artificial. Su implantación no es una opción, es un imperativo. Además, el tiempo apremia; hemos rehipotecado nuestro hogar, tomando prestados recursos de las generaciones futuras, y se acerca el momento del vencimiento. O saldamos la deuda a tiempo o nos quedamos sin planeta. Y el asunto es demasiado complejo para resolverlo nosotros solos. Necesitamos las sugerencias de estas inteligencias que simulen escenarios a la velocidad suficiente para actuar, y revertir a tiempo el proceso de la próxima extinción. Ello implica una conexión nunca vista que abarcará todos los ámbitos de nuestras vidas, pero, sobre todo, supone delegar procesos de decisión. Y bajo cada decisión subyace un componente ético. El tema de la responsabilidad de crear una IA que no se desvíe de los valores universales, ya está siendo abordado por los principales gobiernos del mundo. En su último estadio, la inteligencia artificial además de ser precisa, sin errores, incorruptible e inquebrantable a la pereza, también deberá ser justa, incluso compasiva y hasta condescendiente, todo lo cual, supuestamente, lo ha de aprender de su interacción con el ser humano…: se trabaja en que estos algoritmos tengan la capacidad, como los humanos, de basar sus decisiones en experiencias pasadas. En el horizonte, máquinas que crearán otras máquinas que las superen. Pero la llamada IA fuete, generalista y ubicua, será el final de este camino. Entretanto la IA débil, basada en la resolución de problemas específicos, se ha colado en nuestras vidas y ya está haciendo mucho por nosotros. En el ámbito de la salud su impacto está siendo transversal: desde las ciencias de la vida hasta la atención asistencial, pasando por los avances diagnósticos o la medicina personalizada. Y esto es sólo el principio. Corre el rumor de que este incierto y apasionante mundo futuro pueda evolucionar hacia una cesión a las máquinas de espacios intrínsecamente humanos. Los investigadores proponen ir ya trazando la ruta más adecuada para expandir nuestro potencial sin que perdamos en su tránsito las cualidades que nos han traído hasta aquí. Una ruta hecha a medida para que ellas, las máquinas, sean cada vez más inteligentes y nosotros, los humanos, cada vez más sabios.

Algoritmos para la ética...

Algoritmos para la ética. Si, como decía Stuart Mill, la moral es un componente de la razón, entonces sería posible programar a las máquinas explícitamente con unos principios éticos o filosofía moral (estrategia top-down), por otra parte, difícil de consensuar a escala planetaria. No está claro que la ética y el sentido común se puedan descomponer en una secuencia lógica. La otra opción (bottom-up) es no ‘decirles’ nada y que aprendan a aplicar criterios éticos en sus decisiones observando el comportamiento humano a lo largo del tiempo.

Hubo un antes y un después de que un pulgar (humano, por cierto) accionara aquel botón sobre el cielo de Hiroshima y Nagasaki. Muchos de aquellos jóvenes e ilusionados científicos compresiblemente cegados por la oportunidad de desarrollar una nueva tecnología revolucionaria, en un particular contexto histórico, han declarado años después sus remordimientos por las consecuencias de su participación en el Proyecto Manhattan; algunos de ellos dedicaron su vida a la lucha antiarmamentística –no así el director científico del proyecto, que nunca admitió públicamente arrepentimiento aduciendo las muertes evitadas ‘gracias’ a la masacre–. La comunidad científica tiene muy clara su responsabilidad desde entonces (y otros precedentes en el ámbito de las armas químicas y bacteriológicas) sobre cómo y para qué va a ser utilizado un nuevo descubrimiento o desarrollo. Investigadores en IA de todo el mundo firmaron, ya en 2015, un documento en el que advertían: “no participaremos ni apoyaremos el desarrollo, la fabricación, el comercio o el uso de armas autónomas letales”. El universo de posibilidades y la impregnación a todos los niveles que va a suponer la expansión de la IA nos coloca ante nuevos retos y también ante nuevos dilemas que nos sumergen de lleno en cuestiones esenciales sobre la naturaleza humana.

Hoy es la ciencia, precisamente, la que aboga por una reflexión humanística, e interpela a la sociedad y a sus legisladores sobre la importancia de garantizar que en el proyecto de diseñar en su conjunto el mundo robotizado que está por llegar sea preservada y potenciada la esencia de nuestra humanidad. Y es que el último nivel de la IA es la llamada autoconciencia. Pero vayamos por partes, porque en la actualidad todos los sistemas de inteligencia artificial que existen están muy lejos de parecerse a ‘Skynet’, con acceso ilimitado a datos y sistemas, control absoluto de los mismos y libertad para tomar decisiones a su criterio. Lo cual podría ser peligroso para los humanos. O no. No olviden la sensata –y lógica– respuesta de aquella inteligencia artificial cinematográfica que allá por los ochenta concluía que, cuando se trata de ‘juegos de guerra’, “el único movimiento para ganar es… no jugar” (después de ser programada para jugar en bucle al tres en raya contra sí misma –ya en 1952 Arthur Samuel creó el primer software capaz de aprender, un programa que jugaba a las damas mejorando tras cada partida—).

Aunque el imaginario popular asocia la inteligencia artificial a la idea de robots humanoides deambulando en nuestros entornos, lo cierto es que esta tecnología, invisible y silenciosa, ya está entre nosotros y la usamos sin saberlo. Desde la revolución digital, y especialmente desde la irrupción de internet, la tecnología ha sido un chiquillo asalvajado, que campa a sus anchas, no obedece normas y carece de sentido de la responsabilidad. Pero los cambios socioeconómicos y en la vida de las personas que traerá la Cuarta Revolución Industrial, van a requerir una planificación de envergadura sin igual. El futuro no se puede dejar al azar. Hacerlo podría cambiar el curso de la evolución. Utilizar las nuevas y veloces herramientas predictivas que nos trae la IA también puede cambiar el curso de la evolución, solo que… a nuestro favor.

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El pasado mes de agosto se publicaba el último informe del órgano de Naciones Unidas ‘Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático’ (IPCC), donde se constata que “el cambio climático es generalizado, rápido y se está intensificando” –reza el comunicado de prensa– y se alerta sobre las consecuencias del calentamiento del planeta, que está cambiando los patrones de precipitación y causando el deshielo del Ártico, lo que provocará cada vez más fenómenos climatológicos extremos. El último informe Perspectivas de la Biodiversidad Global, de la misma organización, también arrojaba datos alarmantes; en palabras del principal autor del informe, David Cooper: “Solo con medidas de conservación y restauración no se podrá evitar que se produzca la sexta extinción masiva de especies que el planeta ha sufrido en su historia”. Este nivel de extinción supone la desaparición de tres cuartas partes de todas las especies; ha ocurrido cinco veces, pero esta es la primera cuya causa sería la acción humana; tres se produjeron por explosiones volcánicas extremas y dos por el impacto de asteroides. Precisamente en las próximas semanas la NASA lanzará una nave para realizar la primera prueba que tiene como finalidad desviar la trayectoria de un asteroide. Se trata de la misión DART (Double Asteroid Redirection Tests), que testeará este método de defensa planetaria contra objetos cercanos a la Tierra. El Falcon 9 impactará, cargado de explosivos, contra el asteroide Demorphos en octubre de 2022.

En La sexta extinción, de Elizabeth Kolbert, premio Pulitzer en 2015, se documentaban evidencias sobre cómo la velocidad de nuestros patrones de consumo está acabando con la diversidad biológica de todos los ecosistemas, lo que pronostica la extinción del periodo Holoceno en el que nos encontramos. Ahora, la misma autora recoge en su última obra, El cielo blanco, el trabajo de investigadores que desde distintos puntos del planeta tratan de aportar algunas soluciones que contrarresten esta degeneración. Relata, por ejemplo, cómo un grupo de ingenieros está convirtiendo las emisiones de carbono en piedra en Islandia, o cómo los físicos están estudiando la posibilidad de lanzar pequeños diamantes a la estratosfera para enfriar la tierra, lo que cambiaría el color del cielo de azul a blanco.

Por lo que respecta al CO2 al parecer no será suficiente con reducir las emisiones, además hay que retirar parte de las ya existentes. Almacenarlas o utilizarlas como materia prima de otras industrias, entre ellas la farmacéutica y cosmética –para la fabricación de aromas y esencias– o la alimentaria –en bebidas carbonatadas–, o en la producción de combustibles sintéticos, son algunas de las soluciones en las que se trabaja desde las tecnologías de captura, almacenamiento y uso del carbono (CCUS), en las que intervienen aplicaciones de IA. La implantación de los vehículos autónomos y de las smart cities constituirá otra de las grandes contribuciones de la IA a la reducción de emisiones. Los sistemas predictivos de IA resultan especialmente útiles en el campo del estudio de la evolución de las condiciones físicas y biológicas, ya que permiten prever escenarios futuros con los que predecir el riesgo de extinción de especies o de desastres naturales.

Ya tenemos las tecnologías. Ahora será la gestión de su despliegue lo que determinará que les saquemos partido a tiempo.

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Máquinas que aprenden solas

Conceptualmente, en inteligencia artificial se diferencia entre IA débil o específica e IA fuerte o general. A día de hoy, todos los productos o proyectos existentes en inteligencia artificial son ‘débiles’, es decir, diseñados para la realización de tareas específicas. En un futuro, la interconexión total de sistemas basados en algoritmos capaces de aprender de su entorno y tras la experiencia acumulada a lo largo del tiempo, podría hacer posible que el nivel de comprensión del mundo por parte del sistema sea tal, que este adquiera algún tipo o grado de conciencia sobre sí mismo. Momento en el que se alcanzaría la llamada ‘singularidad’ y podría hablarse de inteligencia artificial general.

Esta disciplina de las ciencias de la computación, la IA, persigue crear sistemas que reproduzcan artificialmente la inteligencia humana. Sin embargo, todavía no comprendemos qué es exactamente y cómo funciona la inteligencia. Piaget definió la cognición como “el proceso por el cual obtenemos información del mundo; abarca los procesos de percibir, pensar, aprender, recordar y comprender.” Gardner nos habló de las inteligencias múltiples, y con Goleman descubrimos las auténticas habilidades para el éxito, es decir para una vida plena: la inteligencia emocional. La cognición la conforman múltiples procesos extremadamente complejos, y comprender su funcionamiento es la colosal misión que tienen por delante los investigadores que desde distintos campos del conocimiento están implicados en el desarrollo de la IA general.

En un primer período de desarrollo, la inteligencia artificial se fundamentó en dotar a las máquinas de las capacidades de cálculo y memoria. En los últimos años, y tras los espectaculares avances en ambos ámbitos, se ha buscado emular una habilidad básica de los humanos, el aprendizaje, planteando modelos computacionales de aprendizaje basados en redes neuronales biológicas humanas. Es el llamado aprendizaje automático o machine learning. Las investigaciones están centradas en buscar algoritmos con los que reproducir en las máquinas el mismo proceso de aprendizaje que el de una persona: por sí sola, en tiempo real y a través de sus propias experiencias de interacción con el entorno. Aquí entra en escena un asunto sobre el que no hay consenso entre los investigadores: algunos consideran que para que ese tipo de aprendizaje tenga lugar y avanzar hacia una IA fuerte, la interacción debe ser lo más similar a las interacciones humanas, resultando imprescindible la corporalidad. Pero en la actualidad las diversas especialidades que comprenden el ámbito de la IA desarrollan aplicaciones específicas, y sus avances, unidos a los de la tecnología computacional y el análisis de datos masivos o Big Data, permiten procesar mayores cantidades de datos en menores tiempos. De momento, eso es todo. Parece poco, pero conlleva cambios drásticos en procesos y recursos, que están redundando ya en mejoras muy relevantes para la sociedad.

De igual modo que el ser humano aprende en base a la información que recibe a través de sus sentidos y a sus capacidades para la interacción con el entorno, las disciplinas y tecnologías involucradas en la IA se centran en la búsqueda de algoritmos que permitan reproducir en las máquinas estas habilidades sensoriales, con especialidades como el reconocimiento automático del habla, el procesamiento del lenguaje natural o el reconocimiento visual, a través del aprendizaje automático. Funcionan con aprendizaje automático las recomendaciones de compra en internet, el filtrado de spam, la detección de fraudes o la personalización de noticias. Se trata de un tipo de programación muy diferente al tradicional: en lugar de programar instrucciones específicas, se alimenta al algoritmo con ejemplos. La complejidad de algunos de los problemas a los que la ciencia trata de buscar solución con ayuda de la computación hace inviable programar manualmente cada paso a seguir para el análisis de volúmenes masivos de datos, pero puede realizarse a la inversa: programar a la máquina para que extraiga patrones, busque estructuras ocultas, clasifique, etc., a través de distintos tipos de algoritmos (los bayesianos, por ejemplo, están siendo muy utilizados). Con el machine learning hemos hallado el modo de expresar nuestras instrucciones a la máquina, de comunicarnos con ella, porque con la computación tradicional ya no es posible ir más allá en la relación hombre-máquina.

Existen varias maneras de enseñar a los sistemas a aprender por sí mismos. El aprendizaje supervisado es uno de los más extendidos. Se proporciona al sistema miles de datos etiquetados, es decir, se incluye en ellos la respuesta correcta o de destino, sobre aquella función en la que se le vaya a entrenar. Para entrenar una IA a solucionar, por ejemplo, la recepción de correo spam, se le proporcionan los datos –miles de correos electrónicos– y se etiqueta cada uno indicando si es o no spam, lo que unido a variables –llamadas características– como el remitente, el asunto, la hora de envío, etc., permitirá al sistema, una vez entrenado, identificar patrones que le llevarán a predecir correctamente la respuesta de destino cuando reciba nueva información. Progresivamente irá refinando los resultados, o sea, aprendiendo.

Existen otros tipos de aprendizaje, como el semi-supervisado, el no supervisado, o el aprendizaje por refuerzo, el más parecido al proceso de aprendizaje humano, basado en la obtención de recompensas. En el no supervisado, los datos no indican nada al sistema, no están etiquetados; el algoritmo trata de agrupar datos que son parecidos entre sí. Su misión es descifrar conexiones desconocidas para descubrir conocimientos relevantes. Este es también el cometido de la minería de datos, que se está utilizando para obtener agrupaciones en bruto con las que dar a la IA que vamos a entrenar información un poco más filtrada. La minería de datos, o data mining, se viene aplicando en múltiples sectores para segmentar mercados como la banca, el gran consumo, en turismo, seguros, industria minorista, telecomunicaciones o biotecnología. Si en el ejemplo del párrafo anterior, con la IA supervisada, sabíamos la respuesta –sabemos si un mail es spam o no–, en el aprendizaje no supervisado partimos de un problema del que no conocemos la respuesta; el objetivo es que el sistema ponga al descubierto conocimientos relevantes, por ejemplo, que un fármaco ya existente podría funcionar en una nueva enfermedad o en una enfermedad conocida sin tratamiento. El reposicionamiento de fármacos mediante IA ya se utilizó durante la pandemia de la COVID-19.

Mención especial requiere uno de los modelos utilizados para desarrollar el aprendizaje automático, el deep learning o aprendizaje profundo. Son las técnicas de machine learning que emplean redes neuronales artificiales (RNA); estos algoritmos jerarquizan la información mediante una segmentación de patrones categorizados por niveles y en cada capa se añade un nivel de complejidad mayor. Dentro del aprendizaje profundo, la apuesta más contundente son los algoritmos de redes neuronales adversarias, o antagónicas: el sistema cuenta con dos redes neuronales que ante un objetivo dado –como puede ser ‘ganar’ en un juego o discriminar entre imágenes reales de las creadas por un algoritmo– compiten entre sí indefinidamente mejorándose a sí mismas en cada partida; el generador se lo pone cada vez más difícil al discriminador que a su vez perfecciona su respuesta y sube el listón al generador en su siguiente reto, haciéndose más eficientes el uno al otro cuanto más juegan. Lo que una red gana lo pierde la otra, es lo que se conoce como ‘juego de suma cero’ según la teoría de juegos.

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La nueva ciencia, la nueva salud

En el ámbito de las ciencias de la vida y de la salud las tecnologías de inteligencia artificial se han revelado ya como herramientas de gran potencial transformador para las sociedades. El estallido de la última emergencia global, con la irrupción del virus SarsCov2, lo demostró, consiguiendo mediante la aplicación de técnicas de IA desarrollar múltiples vacunas en tiempo récord en diferentes lugares del mundo. Uno de los retos de la aplicación a gran escala de los sistemas de aprendizaje basados en la IA es la obtención de los datos masivos necesarios para entrenarlos, especialmente en materia de salud. El Big Data es capaz de leer miles de datos, clasificarlos y extraer conclusiones de carácter estadístico, pero primero es preciso reunir y compartir grandes volúmenes de datos sanitarios anónimos. Algunas herramientas de inteligencia artificial pueden ayudar en la labor, ya que son capaces de completar e interpretar miles de expedientes con el reconocimiento óptico de caracteres (OCR) o el dictado y el escaneo automatizado basado en el procesamiento del lenguaje natural, por ejemplo. Alimentar estos algoritmos con datos permitirá a los sistemas realizar simulaciones virtuales que aportarán mayor rapidez, precisión y personalización en los diagnósticos y tratamientos, y también transformarán radicalmente los procesos de desarrollo de fármacos, diseño de ensayos clínicos o gestión hospitalaria.

En el campo de la biotecnología, la inteligencia artificial está teniendo un enorme impacto. Y en el punto de mira, los robots biológicos. Los primeros biorrobots capaces de autopropulsarse y moverse de forma colectiva fueron logro de investigadores del Instituto de Bioingeniería de Catalunya (IBEC), liderados por el profesor Samuel Sánchez. Hoy este equipo está diseñando biorrobots personalizados para tratar tumores de vejiga. En el futuro los biorrobots se encargarán, por ejemplo, de transportar fármacos a la diana marcada, aumentando la efectividad de los mismos y reduciendo e incluso eliminando en algunos casos los efectos secundarios; viajar hasta el preciso lugar donde debe cortar y pegar una secuencia genética para acabar con una enfermedad rara; reparar tejidos dañados después de un infarto, o dirigirse a la caza y eliminación de toda célula sospechosa o cuerpo extraño. También veremos la evolución de la biología sintética, que permitirá personalizar los organismos mediante la configuración del ADN. Las posibilidades que abre el crecimiento exponencial de nuestros conocimientos sobre los mecanismos de funcionamiento del mundo y de la vida nos aboca a campos inexplorados y difícilmente imaginados hasta ahora; las líneas de investigación que combinan neuronas humanas y chips, son un ejemplo. El proyecto, en el que participa la Universidad de Barcelona, se llama Neu-ChiP y trata de determinar si es posible introducir una ‘parte humana’ en las computadoras. Todo hace pensar que veremos avances espectaculares en los próximos años. En palabras de José Ignacio Latorre en su libro Ética para máquinas: “La ciencia dura, la biología molecular y celular, avanza de forma imparable hacia una comprensión mayor de los mecanismos que nos mantienen vivos. Llevamos menos de un siglo desde que los humanos comprendieron los primeros detalles del ADN. Nos llevará un tiempo entender su minucioso funcionamiento. Pero no hay duda, comprenderemos, interferiremos, manipularemos la química de la vida”.

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Como vemos, el tradicional método de prueba-error está siendo desplazado por las simulaciones virtuales en todas las áreas, también en la industria, que cuenta con una tecnología al alza y que se ha desplegado especialmente en sector de la salud. Se trata de los llamados Digital Twins, réplicas virtuales que, por ejemplo, en instalaciones industriales, simulan los procesos productivos, manejando información en tiempo real. La versión analógica, y precedente de esta filosofía, fue el módulo gemelo del Apolo 13 en la Tierra, que sirvió para salvar la vida de los astronautas y completar con éxito una misión con margen cero para el error. Y si un ámbito de la robótica industrial se consolida por momentos es el de los robots colaborativos.

El uso de la IA en la atención sanitaria no sólo beneficiará a hospitales y médicos, también al ciudadano, que podrá acceder a múltiples herramientas de salud desde sus dispositivos portátiles. Existen numerosas investigaciones en marcha que permitirán a corto plazo, por ejemplo, detectar con la cámara del teléfono señales tempranas de un posible cáncer de piel; también mediante el teléfono móvil, detectar posibles signos de la enfermedad de Parkinson por los cambios en la voz, o por irregularidades en el movimiento al caminar. Pulseras y relojes inteligentes pueden ya realizar electrocardiogramas en tiempo real, y se estudian como soporte a la teleasistencia. Las etiquetas inteligentes, que incorporan tecnología IoT, colocadas en lugares que el usuario utilice cada día, como la nevera, el pastillero o la puerta del baño –se comercializan en kits de 5 etiquetas–, alertan a los familiares cuando dejan de detectar movimientos habituales, un sistema que salvaguarda la intimidad –y dignidad– del anciano, frente a la monitorización en vídeo. Para el segmento senior, además de los sensores de presencia, hay pastilleros inteligentes o robots sociales, como Misty, un pequeño robot, adaptado por Grupo Saltó dentro de su proyecto Somcare, que el Ayuntamiento de Barcelona ha distribuido en 20 hogares como parte de un programa piloto que se inició en enero de 2020, con el que busca valorar los beneficios de incorporar estos aparatos al día a día de las personas mayores que viven solas.

También veremos el despegue de la robótica social, con inteligencias artificiales entrenadas para interpretar nuestras expresiones no verbales y su correspondencia con emociones, que serán capaces de imitar las respuestas humanas. Hace algunos meses, el fabricante de la famosa robot humanoide Sophia, Hanson Robotics (Hong Kong), anunciaba su producción en masa. Al parecer también será Sophia quien atienda a los medios de comunicación en las próximas elecciones de la comunidad de Madrid. Y lo último, un sistema de IA en estudio en EE UU, para incorporar al inodoro: éste toma una imagen de las heces dentro de las tuberías y envía la información al facultativo.

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Rumbo al futuro

Primero hicieron el trabajo duro, y nuestros músculos lo agradecieron –aunque ya no son lo que eran–. Después lo calculaban todo en un plis plas, un verdadero alivio para nuestros circuitos neuronales encargados de asistirnos en las tareas de cálculo mental –existen evidencias de que se está reduciendo el llamado ‘efecto Flynn’: nombre que recibe el hecho de que el coeficiente intelectual aumente en cada generación–. Hoy pueden tomar algunas decisiones por nosotros lo cual, a veces, es francamente cómodo, pero ¿hasta qué punto la comodidad nos hará dejar de reflexionar sobre la responsabilidad de nuestras decisiones y, finalmente, abdicar de ellas, en una vuelta al ‘que inventen ellos’, en este caso los robots, ya que tanto saben? Los investigadores alertan sobre el peligro de delegar los factores éticos que intervienen en el proceso de toma de decisiones, lo que unido a los numerosos vacíos legales que se van a generar con la implantación de las tecnologías involucradas en la IA, está movilizando a los gobiernos en muchos puntos del planeta y algunos parlamentos ya están legislando al respecto.

En 2019 la Unión Europea publicó un primer documento, Directrices Éticas para una IA fiable, elaborado por un grupo independiente de expertos de alto nivel sobre inteligencia artificial, y este pasado mes de abril fue publicada la propuesta de Reglamento sobre el marco jurídico aplicable a estos sistemas. El documento establece cuatro niveles de riesgo, así como las obligaciones y sanciones a cumplir en cada caso. Se considerarán sistemas de IA prohibidos aquellos que conlleven un riesgo intolerable para la vida y los derechos fundamentales, por ejemplo, aquellos capaces de manipular el comportamiento humano. Los sistemas de alto riesgo, por su parte, atañen a sectores relacionados con infraestructuras críticas, salud, administraciones públicas, o con los sistemas de identificación y categorización de las personas por reconocimiento facial. El riesgo medio/bajo se refiere a aquellos sistemas que incorporen tecnologías poco intrusivas, como los asistentes virtuales o los chatbots.

EE UU o China también han elaborado sus documentos sobre los posibles efectos negativos de las decisiones autónomas que podrán tomar los sistemas de IA, pero sus textos son menos garantistas que los europeos. En cualquier caso, las legislaciones de cada país deberán adaptarse a nuevos supuestos. Por ejemplo, ante un mal funcionamiento de un sistema de IA que causa daños a terceros quién será responsable: ¿el usuario, el fabricante del producto, la compañía de software, el individuo creador del algoritmo?; si un transporte autónomo tiene que decidir entre dos o tres opciones, todas ellas con consecuencia de muerte de una persona, ¿qué hará?, ¿valorará lo que le cuesta al estado cada individuo?, ¿el tiempo estimado que le queda a cada uno por vivir?, ¿podremos programar a las máquinas para que ‘entiendan’ que todas las vidas valen lo mismo? También tenemos derecho a saber ‘qué ha hecho’ el algoritmo que deniega nuestra hipoteca, y si un asistente virtual nos reserva hora en la peluquería –el caso real en www.youtube.com/watch?v=l9BTMWOupGM–, el interlocutor tiene derecho a saber que está hablando con un sistema artificial (¡si Turing levantara la cabeza!).

En estos momentos, grandes potencias, algunas viejas y otras que despertaron y se crecieron, e incluso algunas hoy aún gestantes, se van a disputar, ya lo están haciendo, el liderazgo tecnológico, y no todas con el mismo estilo de gobernanza. China juega fuerte: su apuesta por la IA es contundente, su hegemonía en el despliegue de la tecnología 5G y su control mundial (80%) del procesamiento de las llamadas ‘tierras raras’, la colocan en una posición de lujo para sus objetivos. Las piezas se mueven rápido y los contrincantes son titanes. No va a ser fácil. Pero tal vez Europa pueda tener un papel singular en el nuevo mundo. Los que estamos a bordo de este pequeño y viejo bajel nos hemos ido dotando, por voluntad propia, de decálogos consensuados de derechos y deberes en cuyo marco, a lo largo de los años y de los innumerables hechos abominables acaecidos, hemos logrado vivir en paz y que la mayoría de nosotros tenga una vida digna. El reto, y la oportunidad, será velar por que la próxima revolución industrial, en la que ya estamos inmersos, nos conduzca hacia una sociedad que se siga sustentando sobre los valores de libertad e igualdad, sin que ello interfiera en el desarrollo y la expansión de estas tecnologías.

La adopción generalizada de la IA aumentará la productividad y conllevará ahorros de tiempo y mejoras en todas las industrias. Pero existe inquietud sobre cuáles son los cambios que nos esperan con la Cuarta Revolución Industrial en la distribución de la riqueza y en el mercado laboral. Las tres primeras revoluciones crearon mucho trabajo, de carácter especializado y repetitivo, y a su amparo la humanidad mejoró sus condiciones de manera muy significativa: en 1820, el 94% de la humanidad vivía en extrema pobreza, en 1960 este grupo lo constituía el 60% de la población mundial, hoy este porcentaje se ha reducido al 10%. Las cifras también han mejorado en educación, en población mundial vacunada o en mortalidad infantil. Entretanto, en los países desarrollados la riqueza se fue desplazando hacia el centro, dando origen a una clase media que se ensanchó progresivamente. En la década de los 70, en plena Tercera Revolución Industrial, tuvo lugar el boom del sector servicios, generando que la mayoría de puestos de trabajo se basen en datos desde entonces. Tareas especializadas y repetitivas para las que la Cuarta Revolución Industrial trae herramientas que hacen innecesarios a los humanos en esos puestos.

Nadie puede predecir cuántos trabajos desaparecerán y cuántos nuevos surgirán, lo que parece claro es que cualquier tarea que requiera especialización o repetición la hará mejor una máquina. La clase media –que ha sustentado el estado del bienestar con el sistema de impuestos– mengua su representatividad y la escalera social prácticamente ha desaparecido. Se atisba una polarización que devolvería a la sociedad a los dos extremos: se generarán puestos que requerirán estudios de alto nivel remunerados con salarios altos, y puestos que no requieren de estudios superiores y que las máquinas no pueden hacer, por salarios muy bajos y muy alta temporalidad. Se habla del ‘ascenso del precariado’. Según el Observatorio Económico BBVA ¿Cuán vulnerable es el empleo en España a la revolución digital?, en torno al 36% del empleo en nuestro país es automatizable. Ello implica una pérdida masiva de puestos de trabajo en la clase media, también en la clase alta, donde especialidades concretas, como la radiología, por ejemplo, también se pueden ver afectadas. Contables, consultores, personal de agencias de viajes, de restaurantes de comida rápida, traductores, actores de doblaje, conductores y transportistas a todas las escalas, también los riders que serán sustituidos por drones autónomos y veloces máquinas cuadrúpedas que entregarán los paquetes… Si su puesto de trabajo es específico y repetitivo, una máquina lo hará mejor. Si usted tiene que improvisar, aportar ideas y combinar conocimientos y habilidades distintas, sobre todo las relacionadas con las personas, entonces usted siempre lo hará mejor. Hasta que la ciencia y la tecnología demuestren lo contrario.

Todo ello plantea peguntas muy complejas que requieren de las habilidades que nos caracterizan como especie para ser respuestas, preguntas que no son muy distintas de las que ya nos hacíamos en la Grecia y la Roma antiguas. Tenemos mucho sobre lo que reflexionar antes de dar rienda suelta a los algoritmos que construirán nuestro mundo y diseñarán nuestra manera de vivir. En cualquier caso, y fieles al modus operandi que forma ya parte de nuestro ADN, el asunto deberá primero someterse al ágora, nuestra mejor herramienta con la que poner rumbo al futuro.

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Epílogo. MOD S3-E3 7G

Año: El que ustedes quieran imaginar.

Lleva un par de horas sin hablar, sin sugerirme algo con lo que halagarme, con lo que cuidar de mí. Hacemos ver que no lo sé, pero cuando me trae un yogurt, con su cucharilla y todo, es porque mi estómago no anda fino y él lo sabe mucho mejor que yo, de hecho, antes que yo, y algo debe notar en mi voz cuando, a veces, sin comerlo ni beberlo, decide ponerme un directo de Scorpions a todo trapo, no sin antes, por supuesto, preguntar. Me tiene controlada… Y yo encantada.

Desde que está en casa tiene su propio espacio, con sus herramientas y sus piezas de recambio para autorrepararse. ‘Piezas’. Deberían inventar otra palabra, se me hace raro hablar de él como de la lavadora, aunque sé que, en esencia, es exactamente lo mismo: una máquina que hace la vida más fácil a un humano. Ni siquiera le puse nombre.

Me dirijo a su habitáculo. La estancia parece más confortable de lo habitual, una cálida penumbra y, sonando, Sonidos de la naturaleza. Perecía placenteramente absorto en algo, aunque claro, un amasijo de chips no puede estar absorto en nada, y menos placenteramente.

—“¿Qué haces E3?—, pregunté.

—“Me apetecía releerme 100 años de soledad”—, fue su singular respuesta.

Vaya…, me dije, ahora sí que E3 ya es, podría decirse, uno de los nuestros.

Entrevista a José Ignacio Latorre, físico, profesor universitario, investigador y divulgador científico

Profesor José Ignacio Latorre
I
NTELIGENCIA ARTIFICIAL 
La inteligencia artificial alcanzará niveles sobrehumanos”

Reflexionamos con el profesor Latorre sobre el presente y el futuro de la inteligencia artificial. José Ignacio Latorre es catedrático de Física Teórica en la Universidad de Barcelona y director del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual. Reconocido por sus aportaciones a la teoría cuántica, hoy dirige el proyecto para la creación del primer ordenador cuántico de Emiratos Árabes. Latorre, también investigador en aplicaciones de inteligencia artificial, nos habla en esta entrevista de las tecnologías con las que se está trabajando para dotar a las máquinas de capacidad de decisión y nos sugiere algunas cuestiones, nada menores, para la reflexión. Con mirada humilde, actitud paciente y convicción entusiasta en la capacidad del ser humano para lograr cualquier cosa, incluso crear una inteligencia superior a la de sí mismo, señala: “La ciencia tiene paciencia. Vencerá cualquier obstáculo. No lo duden, la inteligencia artificial llegará a ser brutal”, y advierte, “tendremos que reprimirla con leyes”. 
Reflexiones del profesor Latorre, en diez frases

“Imaginen cualquier futuro y se quedarán cortos. El órgano rey será comprendido, será simulado, será superado”
“La inteligencia artificial producirá una debilitación de nuestra capacidad de alcanzar decisiones correctas”
“La IA y la computación cuántica se están combinando para crear computación híbrida. Ello tendrá un impacto en el sector farmacéutico en todos sus ámbitos: química cuántica, desarrollo de medicamentos, optimización de procesos, predicción…, todo lo calculable será mejorado”
“La violencia es un vestigio que arrastramos de nuestros orígenes. Poco a poco pierde fuelle. Todas las sociedades evolucionadas tienden a la pacificación, al estudio del arte, de la justicia social”
“Necesitarán legislación urgente la asistencia artificial a mayores, la educación artificial a niños, las flotas de coches autónomos, los asistentes a jueces, a doctores… El Deep Fake requiere un esfuerzo legal colosal”
“Pocos aman la responsabilidad, que implica decidir. Incluso preferimos que un algoritmo nos escoja pareja a intentar una aproximación humana directa. Sin duda, la mayoría se volcará en más entretenimiento banal. No es un escenario muy halagüeño, pero creo que es inevitable”
“La ciencia tiene sus tiempos, ajenos a las estridencias mediáticas. Soy partidario de la humildad inmediata, compatible con la ambición de largo plazo”
“Estamos viviendo la infancia de la inteligencia artificial. En el caso de la salud, todavía estamos en la cuna”
“El progreso tecnológico es una marea silenciosa”
Mónica Daluz
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INTELIGENCIA ARTIFICIAL 

“La inteligencia artificial alcanzará niveles sobrehumanos”

Entrevista a José Ignacio Latorre, físico, profesor universitario, investigador y divulgador científico

Mónica Daluz
01/09/2021

Reflexionamos con el profesor Latorre sobre el presente y el futuro de la inteligencia artificial. José Ignacio Latorre es catedrático de Física Teórica en la Universidad de Barcelona y director del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual. Reconocido por sus aportaciones a la teoría cuántica, hoy dirige el proyecto para la creación del primer ordenador cuántico de Emiratos Árabes. Latorre, también investigador en aplicaciones de inteligencia artificial, nos habla en esta entrevista de las tecnologías con las que se está trabajando para dotar a las máquinas de capacidad de decisión y nos sugiere algunas cuestiones, nada menores, para la reflexión. Con mirada humilde, actitud paciente y convicción entusiasta en la capacidad del ser humano para lograr cualquier cosa, incluso crear una inteligencia superior a la de sí mismo, señala: “La ciencia tiene paciencia. Vencerá cualquier obstáculo. No lo duden, la inteligencia artificial llegará a ser brutal”, y advierte, “tendremos que reprimirla con leyes”.

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El sector industrial lleva décadas mejorando la automatización de sus procesos con programas que realizan eficientes operaciones de datos, optimizando así su producción o su logística, por ejemplo. Hoy está incorporando sistemas de IA, que pasan de operar datos a analizarlos para ofrecer una propuesta de acción que no les ha sido explícitamente programada. ¿Cómo se consigue esta nueva manera de procesamiento de datos, y qué viene a aportar este cambio de paradigma a las empresas que la adopten?

A lo largo del siglo XX hemos aprendido a aprender de forma automatizada. En varias décadas de progreso en inteligencia artificial hemos creado tecnología, como es el aprendizaje supervisado, el no supervisado o el basado en el refuerzo. Ahora tenemos redes neuronales adversarias que se entrenan mutuamente para aprender más allá de lo que un humano les pueda enseñar. Ha sido un camino lleno de tropiezos y éxitos. El resultado es impresionante. La pregunta no es si una empresa ha de optar por incluir inteligencia artificial, sino si muchas de las empresas existentes tienen, o tendrán, sentido en una sociedad íntimamente controlada por entes artificiales.

El progreso tecnológico es una marea silenciosa. Aquellas empresas más ágiles, sean del sector que sean, tendrán éxitos superiores a su competencia. No hay vaquerías en las ciudades, ni videoclubs, ni carros o caballos, como los hubo hace un siglo. La velocidad de progreso es impresionante. Mi consejo es que todos debemos abandonar nuestros prejuicios y comprender la ciencia y la tecnología que se deriva, de forma no sesgada y sin agendas.

¿Hasta qué punto la estrategia que adopte cada país con respecto a la inversión y el desarrollo de la IA y otras tecnologías avanzadas condicionará su futuro? A usted le encargó el gobierno de Abu Dhabi liderar un proyecto sin precedentes: construir la primera computadora cuántica de EAU, colocándole al frente del Centro de Investigación Cuántica del Instituto de Innovación Tecnológica. ¿Cómo valora esta apuesta y su experiencia de trabajo allí? ¿Y cuéntenos cómo va el proyecto del ordenador cuántico?

Sí, el gobierno de Abu Dhabi me encargó crear el primer ordenador cuántico del mundo árabe. Es un reto fenomenal. No existe una verdadera cultura científica en los Emiratos. Pero existirá en pocos años. Muchos son los países que avanzan con paso muy firme: Israel, Corea del Sur, Singapur. Otros se retuercen en su propia burocracia y discusiones de tertulia. Nuestro proyecto avanza de forma firme, en colaboración con investigadores en Barcelona. La ciencia tiene sus tiempos, ajenos a las estridencias mediáticas. Soy partidario de la humildad inmediata, compatible con la ambición de largo plazo.

Usted es socio y fundador de la spin-off Qilimajaro Quantum Tech, que ofrece servicios de optimización de procesos basados en tecnología cuántica ¿qué tipo de proyectos les están encargando?

Qilimanjaro tiene por objetivo construir ordenadores cuánticos útiles. Es un gran reto. Debemos construir chips basados en corrientes superconductoras, colocados a 10 miliKelvin, donde mantienen su coherencia cuántica. También creamos el stack de programación llamado Qibo. Por separado desarrollamos algoritmos cuánticos. En mi opinión, la computación cuántica debe comprenderse de forma coordinada. Es un ataque completo al paradigma clásico de computación. Sabemos que es posible; ahora toca hacerlo. En este momento la inteligencia artificial y la computación cuántica se están combinando para crear computación hibrida. Este esfuerzo tendrá, sin duda, impacto en el sector farmacéutico en todos sus ámbitos: química cuántica, desarrollo de medicamentos, optimización de procesos, predicción…, todo lo calculable será mejorado.

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¿Nos encontramos en el punto en que para avanzar en IA hay que focalizarse en la fase de entrenamiento de estos s robots para que sean verdaderamente inteligentes? ¿Por qué es tan importante esta cuestión y cómo se entrenan estos sistemas?

Nuestros sistemas son más inteligentes de lo que la gente cree. Han sustituido el criterio humano en innumerables ámbitos de decisión. Pero tan pronto como un ordenador logra superar a los humanos en una tarea, de inmediato cuestionamos su capacidad de resolver algo más difícil. La ciencia tiene paciencia. Vencerá cualquier obstáculo. No lo duden, la inteligencia artificial llegará a ser brutal, la tendremos que reprimir con leyes. El énfasis en robots es de poca importancia comparado con el universo de aplicaciones algorítmicas que se están desarrollando. Es mucho más interesante el progreso alcanzado en aplicaciones del procesamiento del lenguaje natural.

¿Cómo progresará la IA en los próximos años?, en particular, ¿qué podrá hacer la inteligencia artificial a corto y medio plazo para mejorar la salud humana?

Como tantos otros campos, el mundo de la salud ha pecado de menospreciar el mantener grandes bases de datos depuradas. Poco a poco, ese retraso se ha ido paliando. En primer lugar, la minería de datos hará su buen papel. Luego llegarán algoritmos más sofisticados. Más adelante el progreso se acelerará. Programas hablarán con programas, se cruzarán todo tipo de algoritmos y datos. Estamos viviendo la infancia de la inteligencia artificial. En el caso de la salud, todavía estamos en la cuna.

Uno de los mayores retos de la ciencia, si no el mayor, es comprender el funcionamiento del “órgano rey”, el cerebro. La IA avanzada busca los patrones de funcionamiento del cerebro humano para forjarse a su imagen y semejanza. ¿Existe consenso en seguir el modelo de redes neuronales a pesar del desconocimiento que todavía hay sobre los complejos procesos cerebrales? En un futuro ¿podría, paradójicamente, ser una IA la que nos explique cómo funcionamos, porqué somos como somos y, en definitiva, qué o quiénes somos?

Sin duda. La inteligencia artificial ya está asistiendo a los humanos en la propia investigación de muchas disciplinas. Una antena no se diseña, se deja en manos de un algoritmo genérico. Y esa antena nos envía los datos que recoge una sonda espacial, controlada a su vez por sofisticados algoritmos. Imaginen cualquier futuro, y se quedarán cortos. El órgano rey será comprendido, será simulado, será superado.

¿Cómo funciona en la actualidad y como debería evolucionar el aprendizaje automático, en el que el algoritmo aprende de la experiencia, y sobre todo de los errores, para hacer realidad lo que ha venido a llamarse una IA fuerte, una superinteligencia que decida por sí misma? Un reto al respecto serían las consecuencias de delegar en las máquinas el desarrollo de nuevos conocimientos y de determinados procesos cerebrales; la evolución de la máquina ¿puede conllevar la involución de algunas de las capacidades humanas?

Todo progreso científico redunda en instrumentos que nos superan. Ya no levantamos pesos y nuestros cuerpos son más débiles que en milenios anteriores. Ya no calculamos y necesitamos de máquinas para dividir por 7. La inteligencia artificial producirá una debilitación de nuestra capacidad de alcanzar decisiones correctas. Los humanos estamos predispuestos a delegar nuestras decisiones. Pocos aman la responsabilidad, que implica decidir. Incluso preferimos que un algoritmo nos escoja pareja a intentar una aproximación humana directa. Sin duda, la mayoría se volcará en más entretenimiento banal. No es un escenario muy halagüeño, pero creo que es inevitable.

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Ahora que ya hemos visto que la tecnología sigue su curso, y su expansión y evolución es imparable, emergen nuevos factores a tener en cuenta, como la necesidad de legislar en un sinfín de cuestiones o de priorizar el factor ético a la hora de programar los algoritmos para que no tengan los mismos sesgos que los humanos. ¿Cuáles cree que serán los primeros asuntos sobre los que se harán necesarias nuevas leyes? Y ¿cómo se logra el comportamiento ético de las máquinas?, ¿también legislando? En esta tarea de desarrollar máquinas que evolucionen siguiendo directrices basadas en valores universales, ¿qué papel jugarán los programadores, las corporaciones y los gobiernos?

Existen iniciativas en la UE y en USA para establecer límites a la inteligencia artificial. No existe consenso en cómo proceder. La UE es mucho más garantista que el resto del planeta e intenta avanzar lentamente. Los programadores y las corporaciones deben seguir comportamientos éticos establecidos por las leyes aprobadas en los parlamentos. El camino democrático es el único transitable. Toda corporación debe ser responsable. Si no lo es, será penalizada muy fuertemente. Necesitarán legislación urgente la asistencia artificial a mayores, la educación artificial a niños, las flotas de coches autónomos, los asistentes a jueces, a doctores. El Deep Fake requiere un esfuerzo legal colosal.

Plantea en su libro Ética para máquinas, un interesante tema sobre la necesidad de que una IA superior, que acabará por tener el control y será capaz de tomar las mejores decisiones y de reproducirse a sí misma mejorada en cada generación, sea programada con un “ingrediente” muy particular: la condescendencia. La racionalidad absoluta implicaría que, por lógica, los humanos fuéramos eliminados, a la vista de nuestras perniciosas acciones sobre la vida del planeta. ¿Cómo se programa una máquina para que sea comprensiva y compasiva con los seres imperfectos que, en el origen, la crearon? Un ente artificial inteligente, justo y compasivo, ¿es posible?

Sí, lo creo firmemente. La violencia es un vestigio que arrastramos de nuestros orígenes. Poco a poco pierde fuelle. Todas las sociedades evolucionadas tienden a la pacificación, al estudio del arte, de la justicia social. Sé que mucha gente lo duda. Por favor, lean a Pinker y a tantos otros que intentan evitar el sesgo del momento actual. Cuidamos de nuestros mayores, votamos políticas de ayudas que nos devuelven sentido como especie ética. Así también operaremos en el caso de la inteligencia artificial, que asumirá estos principios más allá de lo programable.

En las últimas semanas he estado leyendo su libro; disfruté haciéndolo, su lectura me ha brindado momentos ciertamente gratificantes. ¿Cree que ese y otros placeres serán, algún día, experimentados por un soporte artificial? ¿Eso significaría que las máquinas habrían alcanzado la autoconciencia? ¿Qué diría a aquellos que piensan que no pasaremos de la llamada “IA débil”, que una superinteligencia autónoma generalista es una utopía? En definitiva, una inteligencia artificial superior con conciencia propia ¿es posible, es deseable o, sencillamente, es inevitable?

De verdad creo que la inteligencia artificial alcanzará niveles sobrehumanos. Basta observar el recorrido científico de los últimos siglos para comprender que todos los obstáculos imaginados han sido superados. No creo que el camino de la complejidad computacional, que es lo que está en el corazón de la inteligencia, sea algo diferente. Hay quién dijo que no volaríamos, que no curaríamos un sinfín de enfermedades, que no clonaríamos a seres vivos, que no dominaríamos al átomo, que bastaban unos pocos ordenadores para toda la Tierra. Los humanos siempre hemos operado como seres profundamente egocéntricos y sin aceptación del cambio. La Tierra era el centro del universo, luego lo fue el Sol. Ahora el centro de todo es cerebro humano. Será otro bastión que conquistaremos. La ciencia tiene paciencia.

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Reflexiones del profesor Latorre, en diez frases

“Imaginen cualquier futuro y se quedarán cortos. El órgano rey será comprendido, será simulado, será superado”

“La inteligencia artificial producirá una debilitación de nuestra capacidad de alcanzar decisiones correctas”

“La IA y la computación cuántica se están combinando para crear computación hibrida. Ello tendrá un impacto en el sector farmacéutico en todos sus ámbitos: química cuántica, desarrollo de medicamentos, optimización de procesos, predicción…, todo lo calculable será mejorado”

“La violencia es un vestigio que arrastramos de nuestros orígenes. Poco a poco pierde fuelle. Todas las sociedades evolucionadas tienden a la pacificación, al estudio del arte, de la justicia social”

“Necesitarán legislación urgente la asistencia artificial a mayores, la educación artificial a niños, las flotas de coches autónomos, los asistentes a jueces, a doctores… El Deep Fake requiere un esfuerzo legal colosal”

“Pocos aman la responsabilidad, que implica decidir. Incluso preferimos que un algoritmo nos escoja pareja a intentar una aproximación humana directa. Sin duda, la mayoría se volcará en más entretenimiento banal. No es un escenario muy halagüeño, pero creo que es inevitable”

“La ciencia tiene sus tiempos, ajenos a las estridencias mediáticas. Soy partidario de la humildad inmediata, compatible con la ambición de largo plazo”

“Estamos viviendo la infancia de la inteligencia artificial. En el caso de la salud, todavía estamos en la cuna”

“El progreso tecnológico es una marea silenciosa”

Era pospandemia: Hacia la digitalización total

Era pospandemia
COMUNICACIONES HOY 

SECTOR FINANZAS
Entrevista a Dominique Leveque, director comercial de Entidades Financieras, Seguros y Mutuas de Alcatel-Lucent Enterprise en España.

El impacto provocado por la pandemia del COVID-19 y las medidas tomadas para hacerle frente han puesto de manifiesto nuestra vulnerabilidad como individuos y como sociedad. En medio de la tormenta, la tecnología se ha erigido en nuestra tabla de salvación al tiempo que ha puesto al descubierto que el nivel de digitalización no era suficiente para “vivir en digital” en situación de confinamiento u otras que puedan derivarse de futuras emergencias.
La transformación digital lleva años en marcha en las grandes empresas, en particular en el ámbito de los servicios financieros y la banca, que ha venido realizando grandes inversiones en comunicaciones digitales en la dirección de reducir la atención presencial y optimizar la experiencia online, pero los plazos de su implementación se han acortado drásticamente. En un entorno incierto la digitalización de las comunicaciones garantiza lo que podríamos llamar un plan B para que el motor no se pare ante la próxima emergencia, o por lo menos no nos coja -tan- desprevenidos.
E
n cuestión de pocas semanas el ciudadano se ha visto empujado a adoptar nuevos hábitos y nuevos modos de interactuar con los prestadores de servicios, que, a su vez, han acelerado sus planes de digitalización para superar las consecuencias del frenazo de la actividad productiva. Es el caso de los servicios financieros, que, a pesar del entorno de baja rentabilidad, con bajos tipos de interés y un incremento de la morosidad (tendencia que todo indica irá a más), ha venido realizando grandes inversiones en digitalización, con proyectos pensados para el largo plazo, dirigidos a buscar la atención personalizada en una combinación equilibrada entre atención no presencial y presencial con menos oficinas. Sin embargo, la actual pandemia ha disparado las transacciones de servicios bancarios online, también las compras con tarjeta han crecido de manera espectacular, y las entidades financieras se apresuran a adelantar la implementación de sus planes de digitalización. Mónica Daluz
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SECTOR FINANZAS

La transformación de los servicios financieros se acelera

Era pospandemia: Hacia la digitalización total

Mónica Daluz
01/09/2020

El impacto provocado por la pandemia del COVID-19 y las medidas tomadas para hacerle frente han puesto de manifiesto nuestra vulnerabilidad como individuos y como sociedad. En medio de la tormenta, la tecnología se ha erigido en nuestra tabla de salvación al tiempo que ha puesto al descubierto que el nivel de digitalización no era suficiente para “vivir en digital” en situación de confinamiento u otras que puedan derivarse de futuras emergencias.

La transformación digital lleva años en marcha en las grandes empresas, en particular en el ámbito de los servicios financieros y la banca, que ha venido realizando grandes inversiones en comunicaciones digitales en la dirección de reducir la atención presencial y optimizar la experiencia online, pero los plazos de su implementación se han acortado drásticamente. En un entorno incierto la digitalización de las comunicaciones garantiza lo que podríamos llamar un plan B para que el motor no se pare ante la próxima emergencia, o por lo menos no nos coja –tan– desprevenidos.

En cuestión de pocas semanas el ciudadano se ha visto empujado a adoptar nuevos hábitos y nuevos modos de interactuar con los prestadores de...

En cuestión de pocas semanas el ciudadano se ha visto empujado a adoptar nuevos hábitos y nuevos modos de interactuar con los prestadores de servicios.

El cliente en la cúspide

En cuestión de pocas semanas el ciudadano se ha visto empujado a adoptar nuevos hábitos y nuevos modos de interactuar con los prestadores de servicios, que, a su vez, han acelerado sus planes de digitalización para superar las consecuencias del frenazo de la actividad productiva. Es el caso de los servicios financieros, que, a pesar del entorno de baja rentabilidad, con bajos tipos de interés y un incremento de la morosidad (tendencia que todo indica irá a más), ha venido realizando grandes inversiones en digitalización, con proyectos pensados para el largo plazo, dirigidos a buscar la atención personalizada en una combinación equilibrada entre atención no presencial y presencial con menos oficinas. Sin embargo, la actual pandemia ha disparado las transacciones de servicios bancarios online, también las compras con tarjeta han crecido de manera espectacular, y las entidades financieras se apresuran a adelantar la implementación de sus planes de digitalización.

Todos se han puesto manos a la obra: la industria automatiza sus procesos para que las máquinas puedan seguir trabajando “solas” durante otro hipotético confinamiento, el sector empresarial crea entornos digitales no presenciales, y los servicios refuerzan su canal de negocio en la red. Una aceleración que se está produciendo a escala planetaria y que se fundamenta en el desarrollo de las comunicaciones digitales. Desde el punto de vista del servicio y la relación con el cliente, desde el sector financiero se profundiza en los modelos “as a service”, en particular el XaaS, o “todo como servicio”, herramienta que permite una óptima personalización y la integración de todos los sistemas de comunicación de la compañía; el cloud computing desplaza el modelo de servicio bajo licencia. El sector se focaliza en los servicios de nube y ya se prepara para la próxima amenaza: la vulnerabilidad de los actuales sistemas de encriptación en un futuro, nada lejano.

Desde el punto de vista del servicio y la relación con el cliente, desde el sector financiero se profundiza en los modelos “as a service”...

Desde el punto de vista del servicio y la relación con el cliente, desde el sector financiero se profundiza en los modelos “as a service”.

Seguridad digital o caos

Este turbo improvisado hacia la digitalización pone sobre la mesa un tema fundamental, imprescindible: la seguridad de los datos y las comunicaciones. Las cifras de ataques phishing y smishing (fraude financiero) no dejan de crecer, lo que requerirá potentes inversiones. En la actualidad el protocolo de encriptación que asegura que nuestros datos y transacciones viajan inviolables por la red se basa en la técnica matemática de la factorización, que los ordenadores actuales, ni siquiera los superordenadores, pueden realizar, dado el ingente número de combinaciones –y años– que supondría encontrar cada clave de acceso. Sin embargo, el desarrollo de la computación cuántica, que aprovecha las propiedades físicas de la materia a nivel subatómico, en este caso la propiedad de superposición, posibilita a los ordenadores cuánticos –hoy solo prototipos– procesar simultáneamente la información de sus bits, bits cuánticos (o cubits), en lugar de realizar las operaciones “de una en una”, como hace el bit clásico. En este sentido, existe cierta inquietud en gobiernos y grandes corporaciones de todo el mundo sobre “quién” logrará el primer ordenador cuántico, que podría en pocos minutos desencriptar cualquier mensaje que circule en la red con los sistemas de cifrado actuales.

La encriptación cuántica, que es cien por cien segura, ha iniciado su despegue, y hoy ya existen empresas que ofrecen servicios de encriptación cuántica. Pero también hay investigación sobre lo que ha venido a llamarse criptografía poscuántica, que busca nuevos enfoques criptográficos con los que protegernos de posibles ciberataques cuánticos.

Entrevista a Dominique Leveque, director comercial de entidades financieras, seguros, y mutuas de Alcatel-Lucent Enterprise en España

¿Cómo valora la evolución de las necesidades en productos y servicios del sector de las comunicaciones digitales a raíz de la crisis de la COVID-19? ¿En qué medida se ha acelerado un proceso que avanzaba, tal vez, demasiado despacio…?

La crisis de la COVID-19 ha supuesto la aceleración de una serie de tendencias que ya venían dándose. La digitalización y flexibilidad del puesto de trabajo, la automatización de procesos y la integración de elementos tecnológicos fundamentales para dicha automatización, como el IoT o la inteligencia artificial, y la provisión de servicios a través de propuestas de nube y con modelos ‘XaaS’, “todo como servicio” se han convertido en prioridades. La continuidad del negocio (en el sentido más amplio, involucrando tanto a entidades privadas como públicas) es el eje alrededor del que giran y se priorizan los proyectos de digitalización de las empresas.

Esta situación no será transitoria, más al contrario, estos cambios repercutirán en una nueva forma de entender la tecnología y la digitalización como impulsores del negocio y en una nueva forma de afrontar las relaciones laborales.

Dominique Leveque, director comercial de entidades financieras, seguros, y mutuas de Alcatel-Lucent Enterprise en España...

Dominique Leveque, director comercial de entidades financieras, seguros, y mutuas de Alcatel-Lucent Enterprise en España.

El confinamiento ha revelado que urge avanzar hacia nuevos modelos financieros digitalizados. ¿Cómo se está adaptando al nuevo escenario este sector?, ¿qué herramientas y servicios digitales están implementando para focalizarse hacia la recuperación?

Hace años que en Alcatel-Lucent Enterprise acompañamos a nuestros clientes del sector de entidades financieras en proyectos de transformación digital, permitiendo que sus clientes puedan comunicarse a través del medio que más les interesa según el contexto (su app, su portal web…). La situación de pandemia y el confinamiento que provocó es, en la actualidad, un acelerador para que las empresas adopten estos nuevos medios de relación con sus clientes.

Las integraciones de las comunicaciones en el seno de las aplicaciones de negocio, realizadas en buena parte con nuestra plataforma de comunicación Alcatel-Lucent Rainbow, han permitido a las empresas que ya habían realizado este paso facilitar el acceso a sus servicios y gestores. Para las otras, nuestra plataforma de comunicación simplifica su integración en los procesos y aplicaciones, permitiendo incluir en cada circunstancia el elemento de comunicación más adecuado para promover la interacción, bien con un proceso automático (BOT, IA…) o bien con un gestor asignado (chat, voz, colaboración, y en ciertos casos vídeo).

¿Cree que la ciudadanía puede estar cambiando la imagen que hasta ahora tenía del sector bancario, con su papel en la canalización de las ayudas del Estado, además de las acciones propias de las distintas entidades? ¿Qué papel jugaría esta nueva relación proveedor-cliente en el diseño del futuro modelo bancario?, ¿cobrará fuerza el factor “responsabilidad social”?

Es cierto que esta situación nunca vivida anteriormente va a cambiar tanto nuestras costumbres, como la percepción de nuestras entidades financieras. Por ejemplo, las entidades se vieron “desbordadas” en la gestión de los créditos ICO que fueron liberados por el gobierno; y es donde el valor de una buena integración de los canales de comunicaciones con los aplicativos de negocio, los empleados y los clientes marca la diferencia, al actuar como orquestador y facilitando dicha gestión. Otro factor que se ha vivido es que la presencia en oficinas se ha visto reducida, lo que ha fomentado el acceso remoto a los servicios de los clientes; sin embargo, los clientes siguen “exigiendo” la misma cercanía y atención individualizada, haciendo que el acceso a través de App y portal de Cliente cobre relevancia. El diseño del nuevo modelo bancario deberá tenerlo en cuenta.

En cuanto a responsabilidad social, creo que es nuestro deber facilitar el acceso a la tecnología para que se puedan cumplir estos nuevos modelos de “acercamiento” de las personas. Pondremos todo nuestro énfasis en ello.

Este momento de digitalización del sector financiero ¿se está danto a nivel mundial o existen distintas velocidades?, ¿puede describirlas?

La transformación digital se está llevando a cabo a nivel mundial. En Alcatel-Lucent Enterprise decidimos desde hace varios años “verticalizar” nuestras soluciones, haciendo que las mejores prácticas de nuestros clientes se vieran consolidadas con otras de otros países y continentes; las adopciones de los modelos de cloud nos permiten ahora acelerar sinergias a nivel global.

Familia de productos Rainbow de Alcatel-Lucent Enterprise

Familia de productos Rainbow de Alcatel-Lucent Enterprise.

Las operaciones empresariales también se digitalizan vertiginosamente; se están dando, por ejemplo, espectaculares incrementos de contratación de servicios en la nube, ¿en qué otros productos se observan oscilaciones, al alza o la baja, explicables por el estado de alarma y, en general, por los múltiples efectos de la pandemia (el teletrabajo, la reorientación del negocio hacia el e-commerce, etc.)?

La pandemia trajo consigo una reacción inmediata por parte de empresas y organismos públicos para habilitar entornos de teletrabajo, y la nube es un claro acelerador gracias a la rapidez en la provisión de dichos servicios.

Sin embargo, a medio plazo, hay otras áreas en las que la mayoría de las empresas (con más incidencia en unos sectores que en otros) han empezado a trabajar de forma prioritaria, y nos referimos a la automatización de procesos. IoT e IA son elementos tecnológicos fundamentales para habilitar dicha automatización. La introducción de estas nuevas entidades en los procesos y comunicaciones corporativas van a permitir que el impacto, en situaciones en las que la presencia física no sea posible, se minimice o desaparezca. Personas, procesos inteligentes y dispositivos conectados van a ser los elementos clave en los procesos empresariales, y su comunicación e intervención en el seno de esos procesos será fundamental.

La tecnología puede ser el mejor aliado para lograr la recuperación económica, ¿de qué herramientas imprescindibles debería dotarse una pyme que quiera no sólo sobrevivir, sino crear valor y afianzar el futuro de la compañía?

Las pymes necesitarán enfocar sus esfuerzos en el negocio, tanto en sus procesos concretos como en sus fuentes de ingresos, y con ese requisito deberán aprovechar la tecnología para progresar en esos ámbitos. En este sentido, cada sector decidirá qué soluciones tecnológicas se adaptan mejor a su modelo de negocio (CRMs, por ejemplo) y a la gestión de sus procesos (ERPs, herramientas de seguimiento de incidencias, etc…).

A partir de ahí podrán afrontar la automatización de procesos, que es posible también en las empresas pequeñas y medianas, sin ninguna duda, y valerse de soluciones que orquesten la comunicación entre personas (empleados, clientes, etc…) y se puedan integrar con esas herramientas tecnológicas sectorizadas que hemos mencionado anteriormente. Una plataforma de comunicación como servicio conectará todos esos elementos y se integrará dentro de las soluciones empresariales sectorizadas. La nube, de nuevo, será el habilitador para una mayor flexibilidad y velocidad de despliegue.

¿Qué cambios significativos van a introducir las tecnologías digitales en esta “segunda” nueva economía?, ¿cree que el riesgo de futuros confinamientos –no sólo por el coronavirus actual, también por futuras nuevas amenazas– impulsará la robotización? ¿Qué efecto tendrá sobre el mercado laboral el conjunto de cambios tecnológicos?

La automatización de procesos será una de las prioridades para garantizar la continuidad del negocio, y en ese sentido, robots (o entidades inteligentes, y nos referimos a procesos de inteligencia artificial), conformarán, junto con personas y dispositivos conectados, las entidades fundamentales que colaborarán dentro de los procesos empresariales.

Está claro que habrá impacto en el mercado laboral, pero no sabemos hasta qué punto y en qué sentido, y por eso es fundamental que la sociedad sepa adaptarse a esta nueva realidad. Los planes de adaptación y uso de las tecnologías con foco en el negocio deberán acompañarse con planes de adaptación en las relaciones laborales.

Entrevista a Jordi Serrano y Santiago García, autores de El Ocaso del Empleo


Entrevista a Jordi Serrano y Santiago García, autores de El Ocaso del Empleo
“La empresa donde trabajamos morirá antes que nuestra vida laboral”
 

Hablamos con Jordi Serrano, socio de Aedipe Catalunya, con motivo de la publicación de El Ocaso del Empleo, ensayo realizado en coautoría con Santiago García, y que analiza las tendencias del mercado laboral en occidente.
Serrano y García me citan en el FabCafe Barcelona, un espacio de trabajo colaborativo que promueve la autoproducción y el conocimiento compartido; el entorno elegido para nuestra charla me hace intuir que lo que se disponen a contarme irá más allá de la teoría.
En efecto, una profunda transformación ha comenzado ya en el ámbito laboral, sobrevenida por los imperativos de un entorno incierto, con nuevas configuraciones demográficas, nuevos flujos en los intercambios y nuevas aplicaciones de la tecnología.

El ritmo trepidante de los cambios requiere nuevas habilidades con las que mantener nuestra empleabilidad y “surfear” con éxito los loopings que está describiendo el mundo del trabajo. Las organizaciones, por su parte, o son ágiles, o no serán.
Ambos estuvieron lúcidos, entusiastas y -por qué no decirlo- entrañables. Y, a pesar de describir un panorama lleno de desafíos, también contagiaban esperanza con respecto a las oportunidades. Que haberlas, haylas. Veámoslo.
El centro de gravedad de la economía mundial se desplaza y la demografía marca el rumbo de los cambios.

Sí, en Occidente, el envejecimiento de la población como resultado de una mayor esperanza de vida y el descenso de la natalidad es un fenómeno definitivo. Afecta a un indicador muy relevante para el mercado del empleo como es la tasa de dependencia: el porcentaje de niños y ancianos respecto a la población en edad de trabajar. En África desciende la tasa de dependencia, con una mayor proporción de la población en edad de trabajar y de consumir.
Pero el quid de la cuestión es el talento…
En efecto. China, por ejemplo, va a colocar en los próximos 10 años 195 millones de universitarios, o sea, que no sólo producen, sino que van a tener gente preparada. Allí, la pirámide poblacional la constituye gente joven y cada vez más formada; lo contrario que aquí, que estamos envejeciendo. Asia está en una situación óptima, aunque a medio y largo plazo tengan una bomba de relojería entre manos. 
¿Y en Europa?
La decadencia: sostenibilidad de los sistemas públicos de pensiones basados en un modelo de reparto, o la necesidad de prolongar la vida laboral de las personas.
Mónica Daluz /
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ENTREVISTA

“La empresa donde trabajamos morirá antes que nuestra vida laboral”

Entrevista a Jordi Serrano y Santiago García, autores de El Ocaso del Empleo

Hablamos con Jordi Serrano, socio de Aedipe Catalunya, con motivo de la publicación de El Ocaso del Empleo, ensayo realizado en coautoría con Santiago García, y que analiza las tendencias del mercado laboral en occidente.

Mónica Daluz

Serrano y García me citan en el FabCafe Barcelona, un espacio de trabajo colaborativo que promueve la autoproducción y el conocimiento compartido; el entorno elegido para nuestra charla me hace intuir que lo que se disponen a contarme irá más allá de la teoría.

En efecto, una profunda transformación ha comenzado ya en el ámbito laboral, sobrevenida por los imperativos de un entorno incierto, con nuevas configuraciones demográficas, nuevos flujos en los intercambios y nuevas aplicaciones de la tecnología.

El ritmo trepidante de los cambios requiere nuevas habilidades con las que mantener nuestra empleabilidad y “surfear” con éxito los loopings que está describiendo el mundo del trabajo. Las organizaciones, por su parte, o son ágiles, o no serán.

Ambos estuvieron lúcidos, entusiastas y -por qué no decirlo- entrañables. Y, a pesar de describir un panorama lleno de desafíos, también contagiaban esperanza con respecto a las oportunidades. Que haberlas, haylas. Veámoslo.

El centro de gravedad de la economía mundial se desplaza y la demografía marca el rumbo de los cambios.

Sí, en Occidente, el envejecimiento de la población como resultado de una mayor esperanza de vida y el descenso de la natalidad es un fenómeno definitivo. Afecta a un indicador muy relevante para el mercado del empleo como es la tasa de dependencia: el porcentaje de niños y ancianos respecto a la población en edad de trabajar.

En África desciende la tasa de dependencia, con una mayor proporción de la población en edad de trabajar y de consumir.

Pero el quid de la cuestión es el talento…

En efecto. China, por ejemplo, va a colocar en los próximos 10 años 195 millones de universitarios, o sea, que no sólo producen, sino que van a tener gente preparada. Allí, la pirámide poblacional la constituye gente joven y cada vez más formada; lo contrario que aquí, que estamos envejeciendo.

Asia está en una situación óptima, aunque a medio y largo plazo tengan una bomba de relojería entre manos.

¿Y en Europa?

La decadencia: sostenibilidad de los sistemas públicos de pensiones basados en un modelo de reparto, o la necesidad de prolongar la vida laboral de las personas.

Hablemos de innovación, ¿cómo lo llevamos?

La tecnología está cambiando la manufactura de los bienes, de hecho, lo está cambiando todo, y ha contribuido a una explosión de innovación, pero nuestro ritmo de innovación es mucho más bajo que el de otras economías.

¿Cómo se traducen estos factores en el mundo del trabajo?

Verás, una compañía en los años 60 podía esperar vivir 60 años. Ahora, si eres una de las grandes, tu esperanza de vida es de 15 años. La empresa donde trabajamos morirá antes que nuestra vida laboral; vivimos más que nuestras empresas.

Ser eficiente ya no es suficiente, ¿la agilidad es la clave?

Puedes ser muy bueno haciendo un producto, consiguiendo mejorar la eficiencia y la calidad, que es en lo que nos hemos basado hasta ahora; pero eso ya no vale porque, entretanto, aparece otro producto que te deja fuera de escena.

Efectivamente, hoy lo importante es la agilidad, la capacidad de adaptarse al siguiente cambio. Ofrecer un producto y, si no encaja, lanzar otro rápidamente. A una gran compañía le cuesta mucho cambiar, no es ágil; la pequeña tiene más fácil adaptarse.

El crecimiento económico ya no implica creación de empleo.

Una de las consecuencias del brutal cambio tecnológico es el desacoplamiento entre crecimiento económico y creación de empleo. Estamos acostumbrados a que si crece la economía también crece el empleo, pero la progresiva automatización de actividades y procesos hace que ya no sea necesariamente así, lo que genera un reto para sociedades y gobiernos.

En vuestro libro planteáis una auténtica carrera contra las máquinas… ¿Ya está ocurriendo?

La automatización hará que en muchos trabajos rutinarios, que se pueden traducir en una serie de instrucciones, las máquinas desplacen a las personas. Además, los robots serán cada vez más baratos. Y sí, está ocurriendo: ya existe una impresora de carreteras, coches sin conductor, texto generado de manera automática…

Y de ahí a la polarización del mercado laboral.

Sí, y de la sociedad. Caen los trabajos rutinarios, y suben aquellos que tienen que ver con la creatividad. La brecha es cada vez mayor.

Y es que no todo el mundo es creativo, emprendedor… Además, el sistema educativo no está por la labor de promover la autogestión.

Ese es el gran reto. La educación tiene que cambiar de manera que sea la persona quien se autoeduque y quien aprenda con autonomía, porque luego no habrá nadie que le diga lo que tiene que hacer.

¿Cuáles son hoy las competencias clave para una buena empleabilidad?

La situación ha cambiado: el trabajo ya no es un lugar, estamos permanentemente conectados, se difuminan las barreras entre la vida profesional y la vida personal…

La obediencia, la lealtad y la dedicación se corresponden con valores de estructuras jerarquizadas, hoy caducas.

La empleabilidad requiere observar el entorno, flexibilidad, creatividad, habilidades sociales, competencias digitales, iniciativa, imaginación, pasión…

¿Cuál es el papel de los líderes de equipos?

El modelo tradicional de liderazgo ya no funciona; la gente no se lo cree…

Los líderes deben ser creadores de contextos, de entornos, impulsar el cambio y el autoconocimiento, y tener clara la necesidad de entrar en una dinámica de aprendizaje continuo para que el siguiente cambio no nos pille fuera de juego.

Los desafíos no son pocos…

El futuro del trabajo está lleno de desafíos pero también de grandes oportunidades que nos pueden ayudar a crecer profesional y personalmente.

“Los líderes deben ser creadores de contextos, de entornos, impulsar el cambio y el autoconocimiento, y tener clara la necesidad de entrar en una dinámica de aprendizaje continuo para que el siguiente cambio no nos pille fuera de juego.”

Santiago García es socio director de Jakobsland Partners y especialista en tendencias emergentes en el mundo del trabajo, diagnóstico de la organización y su nivel de preparación para el cambio.

Jordi Serrano, socio de Aedipe Catalunya, es fundador de Future4Work, consultoría especializada en trasladar a las organizaciones las tendencias emergentes en el mundo de los recursos humanos.

Del robot poligonero al amigo artificial

Robot amigo artificial
TENDENCIAS

Una nueva generación de autómatas se dispone a entrar en el sector de los servicios. La inteligencia artificial dota a estas máquinas de capacidad de aprendizaje y de toma de decisiones. Su introducción incrementará la producción de bienes y servicios, por tanto, generará una expansión económica que debiera redundar en la creación de puestos de trabajo. Pero en una primera fase, la que ahora comienza, muchas profesiones verán afectado el panorama de su mercado laboral y estos profesionales deberán reinventarse forzados por la llegada de unos nuevos empleados más que eficientes: los robots.
La última revolución
El brazo robótico, desterrado en un polígono y enjaulado en una urna de seguridad, guardando las distancias con su operario -al que podría dañar al mínimo descuido-, salta de la planta de producción a un nuevo hábitat: el nuestro. Espacios diseñados para la habitabilidad humana, espacios para funcionar y para ser vividos y disfrutados por las personas, deberán acoger en las próximas décadas una nueva hornada de máquinas a nuestro servicio, pero ahora deambularán entre nosotros, en la oficina, en el hogar, en el hospital… Pueden recibir información del entorno y decidir qué hacer. Llegan para facilitarnos la vida, pero también para ser los empleados más productivos de la empresa. ¿Cuál será, pues, el impacto del arribo de esta nueva generación de medios de producción en el mercado laboral o en las economías y en la riqueza de los países? Para empezar, nacerá una nueva industria, que será amplia, transversal y con todo el mercado del mundo al que abastecer. Pero no nos engañemos, esto va a describir una “U”. Francesc Trias de Bes, escritor y experto en marketing e innovación, alude a estudios realizados en EE.UU. que demuestran que “las nuevas tecnologías ayudan a la recuperación económica, pero no crean puestos de trabajo.” Sin embargo, a pesar del efecto perverso de la tecnología a corto plazo, que destruye empleo, en una segunda fase, ésta es generadora de riqueza. Mónica Daluz /
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TENDENCIAS

Del robot poligonero al amigo artificial

Una nueva generación de autómatas se dispone a entrar en el sector de los servicios. La inteligencia artificial dota a estas máquinas de capacidad de aprendizaje y de toma de decisiones. Su introducción incrementará la producción de bienes y servicios, por tanto generará una expansión económica que debiera redundar en la creación de puestos de trabajo. Pero en una primera fase, la que ahora comienza, muchas profesiones verán afectado el panorama de su mercado laboral y estos profesionales deberán reinventarse forzados por la llegada de unos nuevos empleados más que eficientes: los robots.

Mónica Daluz

Nuevos compañeros de trabajo. El AVA500 es un robot de telepresencia para entornos laborales. Se auto-dirige de forma inteligente y segura en ubicaciones complejas como oficinas, plantas de fabricación o laboratorios sin tropezarse con las personas o los objetos.

La última revolución

El brazo robótico, desterrado en un polígono y enjaulado en una urna de seguridad, guardando las distancias con su operario -al que podría dañar al mínimo descuido-, salta de la planta de producción a un nuevo hábitat: el nuestro. Espacios diseñados para la habitabilidad humana, espacios para funcionar y para ser vividos y disfrutados por las personas, deberán acoger en las próximas décadas una nueva hornada de máquinas a nuestro servicio, pero ahora deambularán entre nosotros, en la oficina, en el hogar, en el hospital… Pueden recibir información del entorno y decidir qué hacer. Llegan para facilitarnos la vida, pero también para ser los empleados más productivos de la empresa. ¿Cuál será, pues, el impacto del arribo de esta nueva generación de medios de producción en el mercado laboral o en las economías y en la riqueza de los países? Para empezar, nacerá una nueva industria, que será amplia, transversal y con todo el mercado del mundo al que abastecer. Pero no nos engañemos, esto va a describir una “U”. Francesc Trias de Bes, escritor y experto en marketing e innovación, alude a estudios realizados en EE.UU. que demuestran que “las nuevas tecnologías ayudan a la recuperación económica, pero no crean puestos de trabajo.” Sin embargo, a pesar del efecto perverso de la tecnología a corto plazo, que destruye empleo, en una segunda fase, ésta es generadora de riqueza.

Trias de Bes afirma que “la implantación de los robots sustituyendo puestos de trabajo hasta ahora ocupados por hombres y mujeres es inminente, y esta nueva realidad supondrá la Cuarta Revolución Industrial de la historia de la humanidad”.

Pensamiento propio

Por primera vez, una máquina engaña a un humano. Este verano, un programa informático llamado ‘Eugene’ ha logrado superar el Test de Turing, prueba que determina si una máquina es capaz de tener pensamiento propio, logrando hacerse pasar por un chico humano de Ucrania de 13 años de edad ante un jurado, durante la celebración del 60 aniversario de la muerte de Alan Turing, el autor del test.

Polarización del mercado laboral

La tecnología nos hace más ricos y más prósperos, pero ello comporta un cambio de modelo productivo y en la estructura laboral, como ocurrió con la Revolución Industrial. La automatización de los procesos productivos ha ido sustituyendo irremediablemente trabajo humano, pero el hombre ha encontrado nuevas formas de ocupación. El llamado “desempleo tecnológico” es una daño colateral en el inicio de un proceso de destrucción creativa (concepto económico que alude al proceso de innovación que tiene lugar en una economía de mercado en el que los nuevos productos destruyen viejas empresas y modelos de negocio). El estudio Impacto positivo de la industria robótica en el empleo determina que “cada robot es capaz de generar entre 3 y 5 puestos de trabajo”. Los profesionales del capital humano en las empresas ya tienen su punto de mira en determinar qué perfiles profesionales va a requerir la nueva era en la que máquinas y humanos trabajen juntos.

El avance tecnológico se caracteriza precisamente por abrir la puerta a posibilidades en sectores que aún no imaginamos, creando empleos que todavía no existen. La automatización hace a la empresa ser más productiva; el producto genera más beneficios, y esa industria comienza a ser más atractiva para los inversores; con la inversión aparecerá competencia, de modo que la misma industria generará puestos de trabajo.

Llegan para facilitarnos la vida, pero también para ser los empleados más productivos de la empresa

Pero la situación en la actualidad, es muy distinta. Se está dando una progresiva desaparición de ocupaciones de especialización media y salario medio. A corto plazo, las previsiones identifican un bloque de trabajadores con salarios muy precarios y otro muy remunerado. Hoy se abre la posibilidad de que las máquinas comiencen a reemplazar a las personas en actividades que hasta hace poco parecían imposibles de delegar.

Los nuevos robots podrán sustituir fácilmente la mano de obra de una amplia gama de tareas cognitivas y no rutinarias. “Estas máquinas –explica Trias de Bes– pueden interpretar el entorno y son capaces de ir rectificando, lo que acabará con muchos puestos de trabajo que hasta ahora eran mecánicos, como buscar jurisprudencia (ya hay máquinas que buscan la jurisprudencia más adecuada a cada caso). Los despachos de arquitectura son otro ejemplo. Las máquinas nos están haciendo de becarios.” Una situación que puede traer, en esta primera fase, más precariedad laboral y un problema para la proliferación de los puestos hasta ahora destinados a aprendizaje.

Entre las novedades que se avecinan, y que están llamadas a reconfigurar el paradigma económico y social de las próximas generaciones, figura la llamada robótica de servicios que, basada en la inteligencia artificial y la computación, añade a la automatización de la producción la capacidad de decidir. Los nuevos desarrollos se inspiran en el funcionamiento reticular del cerebro humano.

James McGaugh, Universidad de California en Irvine: “El propósito de la memoria es predecir el futuro.”

Gustavo Moscardó, vicepresidente de la Asociación Española de Robótica y Automatización de Tecnologías de la Producción: “En cuanto los robots accedan al sector servicios, y esto puede ocurrir en el plazo de 10 años, desaparecerán puestos de trabajo relacionados con la manipulación de productos y el control de calidad.”

Barack Obama, presidente de EE.UU.: “Como humanos podemos identificar galaxias a años luz de distancia, podemos estudiar partículas más pequeñas que un átomo, pero aún no hemos descubierto el misterio de esos 1,3 kilos de materia que se alojan entre nuestras orejas.” Del discurso de presentación del Proyecto Brain.

Los sectores afectados

Tres investigadores de la Universidad de Oxford publicaron un estudio el año pasado titulado El Futuro del Empleo: cómo de susceptibles son nuestros trabajos a la computarización. De las 700 profesiones analizadas, el 47% corren el riesgo de desaparecer en un máximo de dos décadas. Las menos afectadas son aquellas relacionadas con la percepción y con las inteligencias social y creativa. Entre las profesiones con mayor probabilidad de computarización se encuentran los teleoperadores (99%), corredores de bolsa (98), carteros (95%), camareros (94%), carniceros (93%), panaderos (89%) y dependientes (92%), pero el piloto comercial (55%), el policía (49%) o el investigador criminal (34%), tampoco se libran… Los menos “sustituibles”: psicólogo (0,43%), dentista (0,44%), compositor musical (1,50%), o corresponsales y reporteros (11%), entre otros.

99% · 89% · 98% · 92% · 95% · 55% · 94% · 49% · 93% · 34%

No se dejen engañar por las apariencias… Otonaroid es un robot en toda regla, un androide, para ser exactos. Fue presentada el pasado julio en el Museo Nacional de Ciencia Emergente e Innovación (Miraikan), en Tokio (Japón). Su puesto en el Miraikan es el de “robot comunicador científico”, y el visitante puede interactuar con ella.

¿Qué se cuece?

Desplazamiento: dar solución al libre desplazamiento de los robots en entornos laborales.

Visión artificial: la capacidad de visión en 3D en los robots resulta imprescindible para la interacción.

Control de la fuerza: sacar la robótica a la calle pasa por garantizar la seguridad de los usuarios: control de la fuerza y habilidades de manipulación. Imprescindibles para un amigable apretón de manos.

Expresividad: percibir y generar emociones parece requisito obligado para que la sociedad acepte a estos nuevos “miembros”.

¿Ciencia ficción?

Algunos dicen que ahora sí, que llegan para quedarse. Para los que esperaban una señal, ésta ha llegado: Google se ha introducido en el mercado de la robótica con una contundencia apabullante. Lo que hará con los robots es aún un misterio, el caso es que ha fichado a investigadores de primera fila en diversas disciplinas y ha adquirido desde finales de 2013 hasta ocho empresas que fabrican o trabajan con robots. Entre ellas, Boston Dynamics –entre sus clientes el mismísimo Pentágono y nada menos que la NASA–, que construye robots humanoides y cuadrúpedos capaces de operar en terrenos inaccesibles para el ser humano u otras máquinas, y que Google podría utilizar para cartografiar cada palmo del Planeta, o para hacer llegar Internet a cada rincón, enviando máquinas equipadas con routers wi-fi. El resto de compañías adquiridas están especializadas en la investigación y desarrollo en campos como la visión artificial en robots industriales, brazos robóticos capaces de controlar su fuerza motriz, robots humanoides expresivos, y en el control de movimiento a través de ruedas omnidireccionales. A todo ello se suma la extraordinaria cantidad de datos que ha adquirido en los últimos años la propietaria de este nuevo ejército de robots que en un futuro “vivirán” entre nosotros diseminados a lo largo y ancho del Globo, aprendiendo de manera infinita, y capaces, presumiblemente, de comprender e, incluso, de adquirir cierto grado de conciencia, como un animal doméstico tal vez, o, ¿quién sabe…? ¿Inquietante? Los cambios siempre lo son. Dejémonos llevar…

En el año 2008 fue colocada en el Hospital San Juan de Dios, de Barcelona, la primera mano biónica en Europa. i-LIMB, desarrollada por la empresa Touch Bionics, es capaz de mover y de doblar todos los dedos de forma muy similar a la mano humana, con precisión y con diferentes niveles de agarre. El futuro nos depara ingenios fabulosos, como los exoesqueletos, que permitirán movilidad a enfermos con parálisis.

Trucos cerebrales: el hipocampo

Sabemos que el cerebro funciona en red. El proceso de almacenaje de los recuerdos, en lugar de realizarse en una sola área del cerebro, como en un disco duro, utiliza el hipocampo para redirigir los fragmentos a las distintas cortezas; un almacenamiento más eficiente que el secuencial. Los sistemas de almacenamiento digital podrían copiar este truco del cerebro. Ésta es la línea de investigación de la ciencia robótica para desencallar su desarrollo.

Diseñado y fabricado por Honda, Asimo fue el primer robot bípedo y humanoide. Pero no es más que una enorme grabadora. Michio Kaku, físico estadounidense y profesor de Física Teórica en la Universidad de Nueva York, explica que en una aparición en televisión con el famoso robot, los ingenieros tardaron tres horas en programar los movimientos de una secuencia de tres minutos…

Francesc Trias de Bes, escritor y experto en marketing e innovación: “La implantación de los robots sustituyendo puestos de trabajo hasta ahora ocupados por hombres y mujeres, es inminente, y esta nueva realidad supondrá la Cuarta Revolución Industrial de la historia de la humanidad.”

Miguel A. Salichs, profesor de robótica y automatización de la Universidad Carlos II de Madrid. A los detractores de robotización: “Lo que realmente destruye empleo es que se cierren empresas. España no puede competir en costes laborales frente a otros países como China e India: Que seamos competitivos a nivel global no pasa por la mano de obra barata, sino por la tecnología.” “Nuestros padres trabajaban 60 horas; nosotros, 40. La automatización permitirá que esa cifra se vaya reduciendo.”

Antoni López, Departamento de Sociología. Tendencias sociales Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. UNED: “Se producirán transformaciones en la organización de las empresas, y una modificación de los lugares de trabajo, en función de la presencia de los robots y sistemas automáticos de trabajo. El crecimiento del mercado de robots se caracteriza por el desarrollo e implantación de robots industriales y de servicios cada vez más autónomos, que interactúan en contextos abiertos, y que son capaces de navegar en entornos no conocidos previamente. Pueden generarse nuevos riesgo laborales.”

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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