Comunicarse o morir… …localmente

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OPINIÓN
SOCIORREFLEXIONES 

Las habilidades comunicativas del ser humano en todas sus formas, oral, escrita, gestual, postural, olfativa… constituyen un elemento de importancia vital para desarrollarnos como seres sociales. El hombre es un ser multisensorial y utiliza toda esa capacidad múltiple para relacionarse con su entorno; su cuerpo es, en una palabra, el mensaje. Comunicarse es un acto imprescindible, y ello hace que la interacción humana sea insustituible.
Esto le viene muy bien al comercio, ya que el aprovisionamiento, tanto el de necesidad como, y muy especialmente, el de aspiración, es una actividad en la que empleamos buena parte de nuestro tiempo y el ciudadano- consumidor debe decidir qué tipo de formato comercial le aporta mayor satisfacción comunicacional y relacional. Un estudio llevado a cabo en los Estados Unidos, imperio de los malls, ha demostrado que comprar en lo que ellos llaman “mercados de granjeros” tiene un efecto psicológico positivo debido al incremento del número de interacciones humanas que arrastra. No es ninguna novedad que la vida en las grandes urbes reduce nuestros contactos interpersonales a pesar de habitar entre multitudes.
Y es que la interacción cara a cara constituye una necesidad comunicativa, y los sustitutos no siempre convencen. En muchas ocasiones los medios virtuales nos transmiten incertidumbre con respecto a la interpretación -o sea, eficacia- del mensaje. Y no hay para menos. ¿Nunca le ha ocurrido lanzar a la red un correo electrónico y sentir ipso facto haber tecleado con demasiada ligereza el “enter”? ¿Tono inapropiado?, ¿palabras mal escogidas?… Demasiado tarde para la revisión, la reelaboración, la rectificación, el arrepentimiento en definitiva; el texto salió disparado instantáneamente hacia su destino. Sin embargo nos hemos entregado a las relaciones virtuales y buscamos el modo de suplir con la palabra la otra información, la que proporcionan la mirada, los labios, la posición de las manos o el grado de tensión en los hombros. No es posible, porque la comunicación no verbal es inconsciente, por tanto, verdadera. Mónica Daluz / pdf

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COMUNICARSE O MORIR…

…localmente

Por Mónica Daluz

Las habilidades comunicativas del ser humano en todas sus formas, oral, escrita, gestual, postural, olfativa… constituyen un elemento de importancia vital para desarrollarnos como seres sociales. El hombre es un ser multisensorial y utiliza toda esa capacidad múltiple para relacionarse con su entorno; su cuerpo es, en una palabra, el mensaje. Comunicarse es un acto imprescindible, y ello hace que la interacción humana sea insustituible. Esto le viene muy bien al comercio, ya que el aprovisionamiento, tanto el de necesidad como, y muy especialmente, el de aspiración, es una actividad en la que empleamos buena parte de nuestro tiempo y el ciudadano-consumidor debe decidir qué tipo de formato comercial le aporta mayor satisfacción comunicacional y relacional. Un estudio llevado a cabo en los Estados Unidos, imperio de los malls, ha demostrado que comprar en lo que ellos llaman “mercados de granjeros” tiene un efecto psicológico positivo debido al incremento del número de interacciones humanas que arrastra. No es ninguna novedad que la vida en las grandes urbes reduce nuestros contactos interpersonales a pesar de habitar entre multitudes.

Y es que la interacción cara a cara constituye una necesidad comunicativa, y los sustitutos no siempre convencen. En muchas ocasiones los medios virtuales nos transmiten incertidumbre con respecto a la interpretación -o sea, eficacia- del mensaje. Y no hay para menos. ¿Nunca le ha ocurrido lanzar a la red un correo electrónico y sentir ipso facto haber tecleado con demasiada ligereza el “enter”? ¿Tono inapropiado?, ¿palabras mal escogidas?… Demasiado tarde para la revisión, la reelaboración, la rectificación, el arrepentimiento en definitiva; el texto salió disparado instantáneamente hacia su destino. Sin embargo nos hemos entregado a las relaciones virtuales y buscamos el modo de suplir con la palabra la otra información, la que proporcionan la mirada, los labios, la posición de las manos o el grado de tensión en los hombros. No es posible, porque la comunicación no verbal es inconsciente, por tanto, verdadera.

Será por eso que a la hora de comprar nos mostramos reticentes a hacerlo por la vía telemática. Confiamos en quien se nos acerca virtualmente para compartir lo que sea: fotos, sentimientos, música, sexo, soledad…, pero ¡hay de aquel que se nos acerque para vender! Según los últimos estudios, el comercio electrónico, a pesar de haber crecido un 60% en 2006, su volumen sigue siendo muy reducido; no acabamos de fiarnos del canal y hasta los protecnológicos utilizan la red, en un 81,6%, para comparar productos y servicios pero los adquieren en una tienda física. No hay como ver y tocar. Pero ahí estamos, debatiéndonos entre nuestro deambular por las redes, que nos conducen a cualquier rincón del mundo y más allá, y el pincho de tortilla en el bar de la esquina, intentando engranar lo global y lo local. Lo cierto es que a la gestión de lo “glocal” aún le queda largo recorrido; no es tan fácil “pensar global y actuar local”.

Volvamos a los mercados de granjeros. Hay un verdadero boom de ellos en la comarca del Grand Canyon, en Arizona. Allí se intercambian recetas, se suceden acaloradas discusiones políticas y los niños corretean entre los puestos de hortalizas y las jaulas de pollos, pero, sobre todo, está siendo cuna de una tendencia en alza: el consumo de producto local. Además de estos mercados al aire libre, los habitantes de la zona están viendo proliferar redes de tiendas de distribución para alimentos locales. Los beneficios de esta nueva economía son numerosos. De entrada, el dinero gastado localmente permanece en la comunidad. Con demasiada frecuencia el trasiego de mercancías contraviene la lógica económica; resulta paradójico y absurdo que los granjeros de una región exporten la mayor parte de sus alimentos hacia el mercado global de materias primas, mientras que sus propias comunidades vuelven a comprar muchos de los mismos productos a través de una red internacional de intermediarios. Se trata de comida más costosa de comprar, que pierde parte de su frescura, reduce su calidad nutricional e incrementa la probabilidad de trasmitir enfermedades.

Los proyectos alimentarios locales están experimentando un rápido crecimiento en toda Norteamérica y se constata cada día que pasa que éstos están contribuyendo a la mejora de la salud y la riqueza de la comunidad. Estos cambios se están dando en sistemas alimentarios tanto rurales como urbanos. Prueba del auge de esta corriente es que chefs y restaurantes se han apuntado a la tendencia “compre fresco, compre local” abasteciéndose de productos de la zona. La cuestión es que en la sociedad norteamericana cada vez son más las voces que están promoviendo una reflexión a cerca de la comida y su recorrer.

Y es que parece como si las sociedades ricas hubieran olvidado que la naturaleza forma parte de la cadena de producción. En fin, que los niños de hoy día piensen que el dinero, simplemente, sale de esas expendedoras inagotables, siempre a mano en cada calle, en cada centro comercial, tiene su lógica, de la misma manera que creen que las patatas las fabrican en la trastienda del “super”, pero que los adultos tengamos del planeta una visión “cajero automático”, es una barbaridad. La necesidad de racionalizar los recursos nos llevará a un retorno a formas de producción y distribución locales, lo cual no quiere decir que nos hagamos todos amish o que se esté fraguando una regresión colectiva a un estilo de vida “casa de la pradera”. El destino es siempre la urbe. La ciudad es inevitable. De hecho, en Nueva York existen ya 44 mercados de granjeros, la cifra más alta registrada hasta el momento. Y es que si hace algunas décadas la comida masificada y científicamente reconstruida se consideraba más segura y más higiénica que los productos locales, hoy los residentes de los apartamentos de lujo del sur de Manhattan frecuentan el mercado de granjeros Greenmarket, con 122 puestos de productos cultivados a menos de un día de coche de la gran manzana, y apuestan por “comer local” tras los numerosos casos de intoxicaciones alimentarias que no dejan de acaecer en el país. Según un informe de la revista Consumer Reports, el 83% de los pollos vendidos en supermercados están contaminados con bacterias peligrosas y seis millones de estadounidenses enferman cada año a causa de algo que comen; de ellos, 5.000 mueren. El hecho de que en EE.UU. no se obligue al vendedor a informar sobre el origen del producto, está llevando a que el consumidor se sienta más seguro tratando directamente con granjeros y rancheros.

Esta vinculación del comercio a la zona de producción es, además de mejor para la salud y para el planeta, que se ahorra la contaminación procedente del transporte, supone además, una oportunidad de negocio para el sector turístico, que puede ofertar nuevas y atractivas propuestas, lo que, a su vez, reactiva el comercio local. En España ahí están las “rutas del vino”, que conducen al viajero a conocer las tierras del país a través de sus caldos, además de otras propuestas imaginativas ligadas a la producción (no sólo gastronómica) autóctona.

Urbanismo, comercio y turismo concurren de la mano -o debieran hacerlo- en este escenario, formando un trío muchas veces desacompasado.

Sí, la ciudad, que nunca reposa, es a veces aristada, punzante, pero también poliédrica, múltiple y variopinta, y a pesar de la proliferación de urbes miméticas, calcadas las unas a las otras, “macdonalizadas”, hay algo que las hace siempre distintas; todas tienen lugares irrepetibles. En la urbe, la fisonomía del tejido comercial configura su paisaje e impregna sus calles de carácter propio, creando una atmósfera de la que se empapará el visitante y en la que vivirá inmerso el habitante. Así pues, una ciudad son también sus tiendas. En realidad, hoy la función comercial es la razón de ser de todas las ciudades -por encima de otras como la residencial, administrativa o cultural-. Además, el comercio forma parte de la cultura de una ciudad, ¿no pasa el turista urbano más horas viendo escaparates que visitando museos? Para bien o para mal, el comercio no sólo se ha incorporado a nuestro ocio, sino que ha devenido un elemento más de nuestra construcción social. Miren si no dónde se reúnen los adolescentes en sus primeras salidas: en los centros comerciales; ¡allí es donde los jóvenes desarrollan sus relaciones y adquieren sus competencias sociales! Las razones para “acabar” en el centro comercial son obvias: ciudades sin oferta de lugares de reunión variados y adecuados, y con calles poco seguras para que deambulen nuestros muchachos; y la solución pasa por una actualización urbanística.

Comercio, calle, casa, plaza…, la ciudad nació compacta, la suma de sus elementos formaba un todo y el comercio constituía su esencia, su corazón indiscutible. Pero hoy se ha desgranado, se ha separado en gajos en una fractura que afecta al paisaje, a los hábitos y a la interacción y comunicación entre sus habitantes. Se viene dando un progresivo divorcio entre comercio y ciudad o comercio y vivienda, de modo que la dicotomía no es tanto entre comercio tradicional y gran distribución sino entre ciudad tradicional y ciudad periférica. El comercio se fue a las periferias, ¿o las creó?; en cualquier caso, lo que hicieron en su día los centros comerciales fue reproducir el modelo del comercio tradicional, disponiendo su oferta en pasillos a modo de calles. Pero hizo algo más: cuidó sus calles, las iluminó y las hizo limpias y seguras.

El diseño de un urbanismo comercial sostenible es un reto aún sin resolver y son muchos los factores a valorar: ¿debe la dinámica comercial responder exclusivamente a las demandas de los consumidores? ¿Convendría implicar a arquitectos, urbanistas o geógrafos en la reflexión sobre el impacto de los grandes equipamientos comerciales sobre el territorio? ¿Responde la legislación de urbanismo comercial a objetivos de equilibrio social y urbano, de equilibrio territorial, de competencia leal, y de desarrollo sostenible dentro de un urbanismo de calidad, con la integración paisajística y medioambiental, satisfaciendo las necesidades de los consumidores? Cuestiones todas ellas que atañen verdaderamente al fondo más que a la forma, que es en lo que se suelen perder las normativas urbanísticas, cuyo número es directamente proporcional a la despersonalización de la ciudad. ¿Cómo puede instarse al comercio a diferenciarse mientras se imponen criterios urbanísticos estandarizadores? No pocos arquitectos renombrados de nuestro país son de la opinión, y no dudan en hacerla pública, de que la normativa (tanto la de edificación como la urbanística) coarta la libertad de creación y estandariza las edificaciones, y por tanto, menoscaba la idiosincrasia de las ciudades. Porque ¿quién puede negar la belleza del caos, la fascinación por ciudades a las que es precisamente cierto desorden lo que las hace únicas? Las administraciones deberían contemplar la cesión de mayores márgenes de maniobra para que la ciudad se haga a sí misma. El habitante de la urbe debe poder construir un espacio amigable, con cabida para el establecimiento de vínculos entre sus miembros, y tanto el urbanismo general como, y muy especialmente, el urbanismo comercial tienen un papel clave en la consecución de esos objetivos. Aún podemos ver un cambio en las relaciones personales de los urbanitas. ¿Logrará la “gente de ciudad” romper el mito de la sordera urbana, de la dictadura de la incomunicación, del imperio de la soledad?

Partimos de lo local y hemos llegado hasta aquí. Del intercambio “de a dos” al mercado global. Pero parece que comienza a cerrarse el círculo. Y es que, como dice Hawking, los problemas que el desarrollo tecnológico han causado al planeta y al ser humano, no se arreglan con más tecnología. Tal vez, sólo tal vez, estemos hallando el camino hacia ese ensamblado, ese equilibrio entre el avance científico y tecnológico y la simplicidad de lo natural. Puede que las piezas hayan comenzado a encajar.

Si hasta ahora el desarrollo de las sociedades (esto es, el incremento del conocimiento) ha sido lineal, hoy el transitar del conocimiento es en red y eso lo cambia todo. Conocimiento viajando a velocidad endiablada pero, sobre todo, mezcladamente, de manera interdisciplinar, intercultural y transversal. Y con este nuevo fluir de los elementos que conforman nuestro mundo estamos entrando en la “wikieconomía”, un modelo, de base colaborativa, cuyo mayor interés es su capacidad para sumar talento. Permítanme un ejemplo: La mina de oro de Red Lake se agotaba; el cierre era inminente. Entonces, el dueño pensó que si los geólogos de la empresa no podían encontrar más oro en Red Lake, quizá alguien, en alguna parte del mundo, podría hacerlo. El hombre se inspiró en la iniciativa de Linus Torvalds, creador de Linux, que abrió el código de su programa; él recopilaría toda la información geológica de su empresa (el secreto mejor guardado de la industria minera) y la compartiría con el mundo entero, ofreciendo un premio de 75.000 dólares a quienes aportaran los mejores métodos y estimaciones. Y así lo hizo. Un millar de buscadores de oro virtuales de más de 50 países se pusieron a trabajar. El 80% de los nuevos objetivos identificados gracias a las respuestas (venidas desde la matemática, la física, la informática, etc.), produjeron considerables cantidades de oro, y la explotación paso de una situación de atraso y decrepitud a constituir uno de los terrenos más innovadores y rentables del sector. He aquí una muestra de cómo hallar en lo global soluciones para lo local. Pero también es posible el paso inverso; es hora de indagar en sistemas de producción y distribución locales para dar respuesta a problemas que afectan a escala planetaria.

El consumidor se ha puesto al mando. Los mismos ciudadanos que, unidos en la red, tienen capacidad para crear más valor que cualquier multinacional, son los que desean mejorar su calidad de vida, la calidad de su ocio, de su salud y, sobre todo, de sus relaciones personales. Sigamos, pues, adentrándonos en las experiencias que nos esperan en nuestra vida 2.0 sin olvidar seguir dando goce a los sentidos, dejándonos embriagar por ese pequeño mundo real que nos rodea y que da sentido a nuestra existencia.

Xpresarse, libertad, cultura, identidad y tecnología

Xpresarse, libertad, cultura, identidad y tecnología
OPINIÓN
SOCIORREFLEXIONES

También tiene internet en su habitación, y como cualquier chica de su edad, necesita expresarse. Pero su caso es especial, como lo es el de millones de mujeres en su situación. Las conversaciones entre ellas son distintas a las que mantienen nuestras jóvenes. Las primeras dan gracias a Alá por disponer de la tecnología que les está cambiando la vida. Para las segundas, la tecnología es una obviedad.
Ella es antisistema o antiinjusticia, o como quiera decirse. Y sí, antes de salir a la calle elige su pañuelo. Tiene un verdadero arsenal de hiyabs, de todos los colores, y aunque prefiere los lisos también ha comprado algunos estampados, a juego con sus vestidos favoritos; los pañuelos para el pelo son su debilidad…
A nuestras chicas, la tecnología les hace la vida más fácil y divertida y a la joven árabe le regala la sensación de respirar aire fresco, de sentirse libre. Sin embargo, no deja de ser una libertad aparente, virtual, pues cada vez que se zambulle en la red lo hace escondida tras el anonimato. Nuestras jóvenes también echan mano del anonimato, pero lo hacen para jugar, la protagonista de esta pequeña historia se oculta tras un alias por puro miedo… Y ese, el anonimato, sí es el verdadero velo de su vida.
Pero algo está cambiando. Parece que ha llegado el momento de que la mujer árabe rompa su silencio. Sólo en Arabia Saudí, las mujeres suponen un tercio de todos los usuarios de la red, lo cual representa un 15% de la población, y la irrupción de los blogs hace tan solo dos años, ha significado una vía de escape a través de la cual hacer oír su voz. Sus palabras rebosan irreverencia e indignación. Se quejan de falta de diversiones para ellas, de los matrimonios pactados, de necesitar el permiso del tutor incluso para operarse, de no poderse reír a carcajada limpia en plena calle, y de la obligación de ser acompañadas hasta para ir al supermercado.
Los medios de comunicación en los países con regímenes autocráticos no abordan los temas con rigor y los weblogs causan furor entre la juventud en Arabia Saudí, Egipto, Irán, Irak o Siria erigiéndose en un espacio de libertad en un mundo atmósfera asfixiante, irrespirable. Sólo hay que ver los esfuerzos que los gobiernos de estos países están realizando para acallar este imparable canal para la libertad de expresión. El caso más reciente es la condena al joven blogger Abdel Karim Nabil Suleiman, por parte de un tribunal egipcio, por publicar en su página web imágenes y artículos considerados ofensivos por el gobierno del país; de nada sirvieron las peticiones de las asociaciones Reporteros Sin Fronteras(1) y Arabic Network of Human Rights a través de una carta al Ministerio de Justicia de Egipto reivindicando la inmediata liberación del joven webmaster. Mónica Daluz / pdf

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Libertad, cultura,

identidad y tecnología

XPRESARSE

Por Mónica Daluz

También tiene internet en su habitación, y como cualquier chica de su edad, necesita expresarse. Pero su caso es especial, como lo es el de millones de mujeres en su situación. Las conversaciones entre ellas son distintas a las que mantienen nuestras jóvenes. Las primeras dan gracias a Alá por disponer de la tecnología que les está cambiando la vida. Para las segundas, la tecnología es una obviedad.

Ella es antisistema o antiinjusticia, o como quiera decirse. Y sí, antes de salir a la calle elige su pañuelo. Tiene un verdadero arsenal de hiyabs, de todos los colores, y aunque prefiere los lisos también ha comprado algunos estampados, a juego con sus vestidos favoritos; los pañuelos para el pelo son su debilidad…

A nuestras chicas, la tecnología les hace la vida más fácil y divertida y a la joven árabe le regala la sensación de respirar aire fresco, de sentirse libre. Sin embargo, no deja de ser una libertad aparente, virtual, pues cada vez que se zambulle en la red lo hace escondida tras el anonimato. Nuestras jóvenes también echan mano del anonimato, pero lo hacen para jugar, la protagonista de esta pequeña historia se oculta tras un alias por puro miedo… Y ese, el anonimato, sí es el verdadero velo de su vida.

Pero algo está cambiando. Parece que ha llegado el momento de que la mujer árabe rompa su silencio. Sólo en Arabia Saudí, las mujeres suponen un tercio de todos los usuarios de la red, lo cual representa un 15% de la población, y la irrupción de los blogs hace tan solo dos años, ha significado una vía de escape a través de la cual hacer oír su voz. Sus palabras rebosan irreverencia e indignación. Se quejan de falta de diversiones para ellas, de los matrimonios pactados, de necesitar el permiso del tutor incluso para operarse, de no poderse reír a carcajada limpia en plena calle, y de la obligación de ser acompañadas hasta para ir al supermercado.

Los medios de comunicación en los países con regímenes autocráticos no abordan los temas con rigor y los weblogs causan furor entre la juventud en Arabia Saudí, Egipto, Irán, Irak o Siria erigiéndose en un espacio de libertad en un mundo de atmósfera asfixiante, irrespirable. Sólo hay que ver los esfuerzos que los gobiernos de estos países están realizando para acallar este imparable canal para la libertad de expresión. El caso más reciente es la condena al joven blogger Abdel Karim Nabil Suleiman, por parte de un tribunal egipcio, por publicar en su página web imágenes y artículos considerados ofensivos por el gobierno del país; de nada sirvieron las peticiones de las asociaciones Reporteros Sin Fronteras(1) y Arabic Network of Human Rights a través de una carta al Ministerio de Justicia de Egipto reivindicando la inmediata liberación del joven webmaster.

En algunos de estos países, además, y según el Comité de Protección de los Bloggers, los gobiernos restringen el acceso a la red limitando los lugares de conexión, bloqueando las webs políticas o de contenido sexual o poniéndolo muy caro.

(1) Arabia Saudita, Bielorrusia, Birmania, China, Corea del Norte, Cuba, Egipto, Irán, Siria, Túnez, Turkmenistán, Uzbekistán y Vietnam son los países que integran la lista de “enemigos de internet”, que el grupo de derechos humanos Reporteros Sin Fronteras elabora periódicamente y en la que aparecen aquellos países que RSF considera que suprimen la libertad de expresión en internet. Por primera vez, Egipto aparece señalado, mientras que Nepal, Libia y Maldivas fueron retirados.

Reporteros Sin Fronteras, organización de periodistas dedicada a la defensa de la libertad de expresión en todo el mundo, ha publicado una Guía del blogger y del ciberdisidente para ayudar a los ciudadanos de los países sin libertades a ejercer el ciberactivismo, preservando su anonimato y evitando la censura. El manual muestra la técnica más adecuada para cada situación, y entre las estrategias que propone, se encuentra la publicación de blogs. La guía enseña a crear un blog en buenas condiciones, darlo a conocer y garantizar su credibilidad.

El desarrollo de la blogosfera árabe es imparable –en Egipto, por ejemplo, el número de bitácoras se duplica cada seis meses– y destaca el uso de los blogs en los ámbitos del derecho, el activismo y el periodismo ciudadano. Aunque el acento recae sobre los contenidos políticos, abordándose cuestiones de política nacional como la corrupción, la sanidad o la educación, el abanico temático de los blogs árabes es muy amplio y los bloggers también escriben sobre cultura; médicos que hablan de medicina o de la situación de la sanidad en el mundo árabe… Sin embargo, las altas tasas de analfabetismo y el bajo índice de conexiones hace que la red sea todavía una herramienta accesible primordialmente a los jóvenes de clase media y educada.

Pero, además de disidencia o información alternativa, el uso de la red y los blogs se está convirtiendo en una herramienta de construcción de la identidad personal y colectiva. De alguna manera la red hace emerger a los invisibles y con ello probablemente será la propia ciudadanía quien contribuya a romper con los estereotipos que de ellos se tiene en el extranjero con respecto a la uniformidad de pensamiento. Ahí está la reacción de la blogosfera musulmana ante el asunto de las caricaturas de Mohamed publicadas en un diario danés, con la creación del sitio web We are sorry, donde se puede leer: “Pedimos sinceramente disculpas al pueblo de Dinamarca, Noruega y toda la Unión Europea por las acciones de unos pocos, y condenamos completamente todas las formas de vandalismo e incitación a la violencia que ha visto el mundo árabe y musulmán. Esperamos que este triste episodio no perjudique la gran amistad que nuestros pueblos han cultivado durante décadas.”

Y si internet está siendo utilizado por la ciudadanía de países sin libertades para expresar ideas, desahogar frustraciones o debatir temas tabú, el verdadero libertador de la mujer árabe está siendo el teléfono móvil, que deviene en esas sociedades un cómplice al servicio de la amistad y del amor. Al parecer, el móvil es el único modo para que hombres y mujeres hablen libremente, en situaciones en las que, de otro modo, las estrictas normas sociales lo impedirían.

Lo cierto es que el mundo se está rediseñando y en la nueva configuración de los pueblos del planeta, de sus relaciones, de sus transacciones y hasta de su autoconcepto, la presencia de la tecnología juega un papel determinante.

En el llamado Primer Mundo, el paso de las sociedades jerárquicas, disciplinarias, con fuertes mecanismos de control, y en las que religiones y tradiciones producían creencias colectivas y homogéneas y pautaban comportamientos, a la modernidad, vino de la mano de la combinación de la técnica y el liberalismo económico, con la Revolución Industrial como telón de fondo. La Revolución Industrial supuso el mayor cambio tecnológico, socioeconómico y cultural de la historia, y sus efectos, cimentados sobre los drásticos incrementos en la capacidad de producción como consecuencia de la irrupción de la máquina de vapor, se esparcieron por toda Europa occidental y América del Norte durante el siglo XIX. Así llegó la modernidad, que vino a ser la materialización de los ideales ilustrados(2), que aspiraban a la autonomía y soberanía del individuo. La modernidad supone la emancipación de las tradiciones, las doctrinas y las ideologías heredadas, y la posibilidad política de cambiar las reglas del juego de la vida social(3). La superación de la sociedad industrial por la sociedad posindustrial, que tuvo lugar a lo largo del tercio central del siglo XX, se ha llamado posmodernidad. En este tránsito, las grandes estructuras socializadoras perdieron su autoridad y las grandes ideologías y los proyectos históricos dejaron de movilizar. En ese hervidero de aspiraciones individuales y de búsqueda de la felicidad privada que supuso el advenimiento de la llamada posmodernidad, habitaba un elemento que fue condicionante de la transformación: la moda, las modas. Sobrevino una hipervaloración de lo nuevo y se instaló el reinado de lo efímero en contraposición al pasado, que entra en una fase de permanente descalificación; el presente prima sobre el futuro. Las grandes certezas ideológicas se diluyen y emergen las singularidades subjetivas dando lugar a sociedades más elásticas… La cultura popular producida industrialmente pasa a un primer plano frente a la cultura tradicional y el arte clasicista y académico. Por primera vez, el arte recogía las tendencias que circulaban por las calles y los elementos de consumo son convertidos en obra artística, con imágenes y temas tomados del mundo de la comunicación de masas. Y es que nuestra particular revolución cultural llegó con la irrupción de los medios de comunicación de masas; buena parte de la identidad cultural occidental ha sido definida por los mass media.

Más tarde, en los 80 y los 90, la globalización neoliberal y la revolución de las tecnologías de la información culminaron la entronización del presente. La circulación acelerada de los capitales a escala global y el apremio de rentabilidad rápida, unido a la presencia de los medios electrónicos e informáticos, que posibilitan las informaciones en tiempo real (simultaneidad e inmediatez), nos ha abocado a la cronocompetencia.

La afirmación de lo individual sobre lo colectivo por la vía de la subjetivación del gusto nos condujo hacia el imperio de la apariencia, que hoy reversionamos entrando en un consumo por placer, por satisfacción propia; algún teórico lo ha definido como “lujo emocional”, experiencial, psicologizado, en fin, se ha pasado de un consumo de teatralidad social a otro de sensaciones íntimas.

La observación de los matices también nos cuenta que el predominio de lo frívolo ha sido reemplazado por un tiempo de incertidumbre. La preocupación por la inseguridad, la salud, el terrorismo, las catástrofes y las epidemias, son algunos de los síntomas. Las inquietudes ciudadanas se refieren hoy, no a grandes ideologías teorico-filosóficas, sino a realidades que atender con cierto carácter de urgencia, como la seguridad, la defensa de las conquistas sociales, las causas humanitarias y la custodia del planeta. Nuestra relación con el progreso se ha vuelto algo insegura y las expectativas de prosperidad conviven con la idea de posibles amenazas y catástrofes. Atrás quedó la euforia tecnológica y cientificista de la era Newton, primero, cuyas leyes parecían explicarlo todo sobre los fenómenos físicos, o de la conquista de la Luna después, una carrera cuyo desenlace fue, de algún modo, el preludio de lo que ocurriría 20 años después en Berlín. El capitalismo llegó para quedarse, así que el reto está en buscar mecanismos dentro de las estructuras de este sistema económico, para incorporar los nuevos y apremiantes valores sociales. Y es en ese punto de la evolución social en el que nosotros nos hallamos.

(2) Se denomina Ilustración o Siglo de las Luces a la corriente intelectual de pensamiento que dominó Europa y en especial Francia e Inglaterra durante casi todo el siglo XVIII y que abarca desde el Racionalismo y el Empirismo del siglo XVII hasta la Revolución Industrial, la Revolución Francesa y el Liberalismo. La confianza en el poder de la razón y la utilización del método lógico-matemático para explicar los razonamientos, y del empírico para confirmarlos cuando ello es posible, son algunas de sus principales características.

(3) En términos sociales e históricos, a la modernidad se llega tras la transformación de la sociedad preindustrial rural tradicional a la sociedad industrial y urbana moderna que se produce con la Revolución Industrial y el triunfo del capitalismo. Hay que distinguir, por tanto, la Edad Moderna que comienza en el siglo XV, del concepto de modernidad.

Pero ¿cómo lo harán ellos? A los países emergentes les ha llegado la hora de dar su particular salto hacia la sociedad del bienestar y para ello cuentan con elementos y panoramas distintos a los existentes durante nuestro proceso de transformación social y económica. La digitalización y la globalización son su materia prima, sus herramientas, y al mismo tiempo sus condicionantes. Se habla de choque de civilizaciones, pero el verdadero conflicto se está produciendo en dichas sociedades, que en estos días se juegan su futuro sentando las bases de lo que serán, a golpe de globalización. La tradición cultural y el impacto de la globalización de la ciencia y la tecnología ha provocado una tensión entre la tradición y la modernidad. Muchos países asiáticos conservan sistemas feudales enmascarados por estructuras democráticas, mientras en otras regiones la población venera las tecnologías y nace una hasta ahora desconocida avidez por consumir. El desarrollo de occidente no tuvo referentes, pero hoy, la globalización de los medios de comunicación, además de hacer a los pobres conscientes de su posición marginal, transmite modelos sociales ajenos a estas sociedades.

Mientras en India y en los países árabes se camina hacia el desarrollo con modelos y convicciones que persiguen cierta armonía, evitando rupturismos, y que tratan de encajar las novedades dentro de su propia idiosincrasia, China (tras tres décadas creciendo a un ritmo superior al 9% anual) se occidentaliza compulsivamente, dando lugar, además de a nuevos hábitos e iconos culturales importados, a grandes desequilibrios económicos y sociales. La desigualdad, la contaminación, la corrupción o la dependencia exterior colocan a la que se ha convertido en cuarta potencia mundial, en una situación de preocupante inestabilidad y pone en cuestión su modelo de desarrollo, que fue y sigue siendo el nuestro. Occidente llegó antes y explotamos el planeta a nuestras anchas, pero ahora les pedimos que se controlen y que busquen nuevos caminos para llegar al bienestar, porque ellos son muchos, y los recursos no dan para más…

Muchas son pues las diferencias entre uno y otro panorama en la línea de salida hacia el bienestar. Para empezar, estos países que acaban de poner el turbo a su desarrollo, tienen unos espectadores de excepción, los países -las empresas- que ya instalados en la riqueza, toman posiciones para sacar tajada de los recién llegados al progreso. La India es -junto con China- uno de los países con más posibilidades (su economía crecerá el 9,2% durante el presente año fiscal 2006-2007), sobre todo en la industria tecnológica. Lo estamos viendo estos días. El grupo británico de telefonía móvil Vodafone acaba de hacerse con el cuarto proveedor indio Hutchison Essar que ha adquirido por 11.000 millones de dólares. Y es que se espera que India crezca de los 150 millones de clientes actuales de telefonía móvil a 500 en 2010, añadiendo de cinco a seis millones de usuarios al mes. Otro dato en este sentido es que casi un 90% de los nuevos usuarios de telefonía móvil durante los próximos cuatro años se captarán en los mercados emergentes. 65 millones de chinos se estrenaron en el uso del móvil en 2006, y en África, los usuarios han crecido un 1.000% en los últimos cinco años.

De hecho, la corriente de toma de posiciones de empresas norteamericanas y europeas en Asía se inició hace unos años; sin embargo, el recién clausurado congreso mundial de telefonía 3GSM en Barcelona ha puesto de manifiesto que operadores y fabricantes asiáticos han tomado ventaja en la oferta de servicios. Empresas chinas, coreanas, japonesas o taiwanesas son las mejor posicionadas en el segmento de contenidos para móviles. Como curiosidad, y no por casualidad, la primera película india realizada para el móvil, Bollywood goes Mobile, se presentó en el 3GSM. Y es que India es el primer productor de cine del mundo por número de filmes (con una media anual de producción de 900 largometrajes) y en telefonía móvil es el mercado emergente más importante de Asia, después de China. Lo cierto es que el cine en India es un fenómeno social; hay carteles en la calle, en los taxis se escucha música de las películas y en la televisión se transmiten danzas que se ven en las salas de exhibición. Recordemos que la India es un país donde el 90% de la población está rozando el umbral de la miseria; no hay dinero para tener televisores, ordenadores…, así que el cine se convirtió desde hace años en la mejor manera de entretenerse toda una tarde de forma muy barata. Vemos pues, que también las sociedades emergentes están utilizando los medios de comunicación para construir sus propios iconos culturales de la nueva era.

La evolución social y cultural discurre paralela al devenir tecnológico y hoy este acontecer nos lleva al mundo de lo unipersonal, con el teléfono móvil como estandarte. Esta herramienta se está convirtiendo en un centro conectivo personal portátil, que centraliza los intereses de sus usuarios: interconexión personal por razones de trabajo, amistad y sociabilidad; intercambio de imágenes; ver fotografías; escuchar música; ver televisión a la carta y sin exigencias espaciotemporales; obtener recursos, localizar y ser localizado, verse con el interlocutor mientras se habla, acceder a distintas opciones de entretenimiento. Y además, todas estas prestaciones, usos y gratificaciones adoptarán una forma personalizada, de modo que tanto el objeto como el uso serán indicadores de la propia personalidad.

Entre los nuevos derroteros de la industria de la telefonía móvil, cabe una observación: como fuente de ingresos, la voz no da para más, deja de ser negocio, así que la industria se tira a la red. Menos voz y más red parece ser la consigna.

Si hasta ahora los operadores de telefonía móvil se centraban en proporcionar juegos y música, ahora es la velocidad de conexión para la transferencia de datos el eje de la oferta. Además, los operadores de redes de telefonía móvil no serán los únicos a quienes paguemos nuestra cuota. Suministradores de tecnologías, de servicios y de contenidos serán otros tipos de empresas de las que nos proveeremos para el uso del aparato.

Las tendencias en el sector de la telefonía ponen sobre la mesa elementos como la convergencia (móviles que puedan pasar de una red de telefonía móvil a una red WiFi sin que caiga la llamada en curso), los contenidos generados por consumidores (cómo encajan en el ecosistema móvil páginas web populares, como MySpace o YouTube), la tecnología de redes (las redes UMTS ahora ofrecen velocidades de banda ancha para descargas/downlink, el reto está en potenciar las velocidades de uplink, para que los usuarios puedan cargar sus contenidos de forma más rápida -HSUPA-), la televisión en el móvil (los primeros lanzamientos comerciales nos hablarán del potencial de este negocio), el protocolo de internet (los operadores móviles implantan IP en sus redes, para lanzar nuevas combinaciones de servicios y reducir costes operativos), la publicidad vía móvil (un campo virgen sobre el que investigar), las Near Field Communications (las tecnologías de comunicaciones de proximidad permiten que los móviles se utilicen como monederos, billetes electrónicos, llaves, lectores de códigos de barra, etc.) y los mercados emergentes (algunas innovaciones que se están viendo en los países en desarrollo podrían ser modelos a seguir por los países desarrollados, como los micropagos en Filipinas). El Congreso Mundial 3GSM ha dejado claro que las firmas orientales se han colocado por delante de sus competidores europeos y ofrecen servicios que convierten la pantalla del móvil en otro escenario para el ocio.

Este año, la telefonía móvil alcanzará los 2.200 millones de usuarios en todo el mundo y según declaraciones de Olli-Pekka Kallasvuo, presidente de Nokia, en 2010 se llegará a los 4.000 millones. Nadie queda excluido de esta “fiesta”. Operadores y fabricantes van a por todas, o mejor dicho, a por todos…, los segmentos. En España, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, más de un millón de niños de entre 10 y 14 años tenían móvil en 2005, un 55% de este segmento poblacional. Vodafone y Disney contraatacan con una propuesta de móvil para niños, tras el acuerdo alcanzado entre Movistar y la cadena de juguetes Imaginarium para el lanzamiento del MO1 el pasado octubre. El éxito de estos “juguetes” ha llevado a Imaginarium a crear un aparato de segunda generación, que incluye cámara fotográfica y reproductor MP3. Mientras, la Federación de Consumidores en Acción (Facua) considera estas iniciativas comerciales “una gran irresponsabilidad sanitaria y educativa”. Hasta el Parlamento Europeo se ha pronunciado, alertando de que “el uso de móviles entre los niños es perjudicial para la salud”.

Pero ahí va un dato para la reflexión: el 80% del parque de móviles tiene función de correo electrónico, sólo el 10% de los abonados lo usa… A esto se añade que el 81% de los usuarios no está dispuesto a pagar más de ocho euros para disponer de contenidos adicionales. Además, un 85% de los españoles no vería televisión en el móvil si no se reducen las tarifas. Este es el panorama que revelan las conclusiones de un estudio realizado por la consultora Dnx entre más de un millar de usuarios de móviles en España, y que pone de manifiesto que el actual modelo basado en cuotas por navegación y precio por descarga es una barrera para el crecimiento del consumo de servicios móviles de valor añadido como la televisión. El informe refleja también que los formatos más adecuados serán aquellos que mejor se adapten a los momentos de espera: contenidos de corta duración para ser consumidos en estaciones o paradas de autobús y tren, o tiempos muertos en el aeropuerto o en el coche.

La industria se empeña en conceder al ordenador el honor de ser el centro de entretenimiento del hogar, la herramienta de conexión universal. Pero el ordenador nació en un contexto business y parece una herramienta de producción, mientras el móvil procede de la cultura del ocio. La popularización masiva de un recurso comunicacional pasa por su adaptación a la privacidad doméstica. Formamos nuestros referentes, hoy más que nunca, a través de la información visual, y el diseño se erige en elemento clave en la elaboración de nuestros procesos de percepción. Para acertar en que el consumidor acepte o no un producto, el diseñador deberá también tener muy en cuenta los modelos ya instalados. Así, el ordenador es difícilmente disgregable de la idea de máquina para trabajar, y es por eso que el móvil se perfila como el aparato que centralizará nuestro ocio digital.

La radio se hizo omnipresente con la aparición del transistor; la portabilidad fue la clave de su éxito. La televisión tenía pendiente miniaturizarse, y con el móvil le ha llegado la hora, la hora de la portabilidad, aunque el tema parece que está encallado en la adaptación de la programación televisiva a dicha miniaturización…. Primero fue el cine, después la televisión y más tarde el ordenador. Hoy el teléfono se convierte en la cuarta pantalla, en el punto de convergencia de la suma total del acceso, dando origen al sustituto del PC como puerta de entrada a internet.

En cualquier caso, unos y otros; los posmodernos con economías ricas, y los gigantes que recién despiertan y que no están más que calentando motores para tomar su turno y su porción, estamos ligados y condicionados por los desarrollos tecnológicos. Las nuevas generaciones de los países asiáticos y africanos, como la joven árabe de nuestra fábula, ven en las actuales herramientas de comunicación una vía para construir el futuro de sus sociedades y construirse a sí mismos.

Y si la red está sirviendo a la cimentación de identidades personales, otro fenómeno ha llegado de la mano de las nuevas tecnologías: el de la transformación de las identidades nacionales. Sí, hemos de pagar el precio de la homogeneización y, por supuesto, corremos el riesgo del tópico, del estereotipo. La joven que abre este artículo se subleva ante la idea de que el resto del mundo piense que los árabes viven todos en jaimas o asocie el término “árabe” a la imagen espeluznante de los aviones impactando contra los rascacielos gemelos…, del mismo modo que se tiende a meter a “los americanos” en el mismo saco, como si todos fueran paseándose por ahí con sombrero de cowboy, o guardaran un revólver del 45 en la mesita de noche… Pero ese tipo de reduccionismo ha existido siempre y aunque nos hallamos en plena era “fusión” -musical, gastronómica, estética…- y estemos aprendiendo a saborear culturas no propias y cada vez más se eduque en una alfabetización visual crítica y en el conocimiento de los orígenes del estereotipo, parece difícil librarse algún día de él.

Por otro lado, la capacidad de transmitir y fijar símbolos de identificación de culturas y sociedades está deslizándose hacia la ciudadanía, gracias al acceso a los canales de comunicación y a la globalización de los mercados. Si durante la guerra fría la reputación de los países dependía de los programas propagandísticos, hoy la imagen de un país en el extranjero está ligada también a la percepción de sus empresas y productos. Ello ha sido consecuencia del incremento del flujo de bienes y servicios, que ha hecho que los países sean cada vez más conocidos por sus productos culturales y comerciales. Y es que la fuerza de los mercados ha ganado la partida a los estados. Si un día hicimos simbólica entrega de nuestra parte de soberanía a través de un contrato “universal” con el que nos pusimos en manos de un estado protector, hoy parece que la historia pone de nuevo en nuestras manos la responsabilidad sobre un incierto futuro.

La joven árabe sueña con abrir un centro de acogida para mujeres maltratadas. Ha estudiado inglés, así que se maneja a la perfección en la red. Ya ha contactado con dos asociaciones de ese tipo, una en Oregon, en el estado de Ohio, y otra en la localidad francesa de Montfermeil. A diferencia del centro francés, en el americano no hay ninguna mujer de procedencia árabe, pero las historias de unas y otras son tan parecidas que ese es un detalle irrelevante. Enfrascada en su charla on line a tres bandas, una señal acústica le avisa de que alguien acaba de conectarse a su línea de mensajería instantánea. Es el compañero de facultad que le tiene robado el corazón; hace meses que hablan de sus aspiraciones, de sus sentimientos, de política, de religión, de arte… Para él, hablar de todas esas cosas con una mujer ya no es nada del otro mundo. Al verle aparecer en su PC la muchacha ha tenido un impulso irrefrenable, ha decidido hacer algo muy poco convencional: se va a declarar.

Hombres y mujeres como ellos abrirán el camino hacia un futuro en libertad. Y es que hoy las ideas fluyen en la red y el conocimiento mutuo entre las culturas también. Las distancias se acortan y las diferencias se diluyen. Los nuevos canales de comunicación y la globalización de los mercados, que propician la posibilidad de bienestar económico para todos, y el panorama de unos recursos limitados, nos colocan a ellos y a nosotros en un mismo navío y en idéntico rumbo. Así pues, el ser humano tiene la última palabra.

“De tranqui”… Hacia una economía de subsistencia o cómo pasar de la insatisfacción al gozo

"De tranqui"... Hacia una economía de subsistencia o cómo pasar de la insatisfacción gozo
OPINIÓN
SOCIORREFLEXIONES

Dicen los antropólogos y la psicología evolutiva que el ser humano está preparado para la escasez, y que cada respuesta de nuestro cuerpo y cada matiz de nuestro comportamiento responden, en buena medida, a un objetivo programado en la memoria genética de cada uno de nosotros: la supervivencia. El caso es que nuestra especie se enfrenta a una situación no prevista por la naturaleza: la abundancia.
Aquí, en el mundo industrializado, llevamos varias décadas de crecimiento, suficiente para valorar hasta qué punto el desarrollo económico nos ha traído, como individuos, satisfacción, dicha, plenitud, paz, equilibrio, en fin, eso que llaman felicidad.
De hecho, un reciente estudio de la Organización Mundial de la Salud desvela que la depresión se ha convertido en la enfermedad que tiene un mayor impacto social en los países ricos, y cifra en una de cada veinte las personas que la sufren. Al parecer, las patologías de tipo psicosocial, como el estrés, la depresión o la ansiedad, que generalmente arrancan de la persecución de la abundancia, son seña de identidad de las sociedades ricas que, a pesar de gozar de más placeres y comodidades, son más vulnerables al abatimiento interior.
La primera globalización, la de las fusiones y adquisiciones entre empresas, la de la lucha por la eficiencia en costes y la competitividad, la que convirtió la economía en el motor de nuestras vidas; en fin, la globalización de los mercados, de la pobreza, de los gustos, de la cultura, de los valores y de los comportamientos, puede pasar a la historia en cuestión de un par de décadas. Hoy se está produciendo un cambio en los depositarios del poder económico: a Occidente le cuesta cada vez más imponer su modelo, y las reglas de la economía las están poniendo otros; los manufactureros han pasado el testigo de su primacía a los distribuidores y la tecnología ha entregado al ciudadano nuevas formas de poder. Es la segunda globalización.
Pero, ¿qué sucedería si los ciudadanos decidieran que ya tienen, producto arriba producto abajo, lo que necesitan? ¿si redujeran su margen de insatisfacción, o sea, el que hay entre lo que se posee y lo que se desea, y que es lo que mantiene en pie el sistema y sustenta el crecimiento económico?
Nuevos valores se gestan, nuevas inquietudes están despuntando en esta primera década del milenio que hacen pronosticar la llegada de una fase caracterizada por la revolución del ciudadano, o sea, del consumidor.
¿Ocurrirá que, tras adquirir compulsivamente objetos con funciones duplicadas y solapadas, e infrautilizadas -al estilo del nuevo iPhone de Apple-, saciados de haber consumido de todo, descartaremos aquello que no se ajuste a nuestra necesidad?
¿Nos abocará la experiencia acumulada en los años de la primera revolución de lo global a una dinámica de vida más responsable, consumo incluido?
¿Nos rebelaremos contra la tiranía del reloj, contra la presión del sistema hacia las falsas necesidades, contra las empresas que contaminen, contra la publicidad engañosa o contra la muerte del comercio en los núcleos urbanos…?
Mónica Daluz / pdf

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“DE TRANQUI”… Hacia un CONSUMO DE SUBSISTENCIA o cómo pasar de la insatisfacción al gozo

“La vida es aquello que se nos escapa mientras estamos ocupados en otras cosas.” John Lennon

Por Mónica Daluz

Dicen los antropólogos y la psicología evolutiva que el ser humano está preparado para la escasez, y que cada respuesta de nuestro cuerpo y cada matiz de nuestro comportamiento responden, en buena medida, a un objetivo programado en la memoria genética de cada uno de nosotros: la supervivencia. El caso es que nuestra especie se enfrenta a una situación no prevista por la naturaleza: la abundancia.

Aquí, en el mundo industrializado, llevamos varias décadas de crecimiento, suficiente para valorar hasta qué punto el desarrollo económico nos ha traído, como individuos, satisfacción, dicha, plenitud, paz, equilibrio, en fin, eso que llaman felicidad. De hecho, un reciente estudio de la Organización Mundial de la Salud desvela que la depresión se ha convertido en la enfermedad que tiene un mayor impacto social en los países ricos, y cifra en una de cada veinte las personas que la sufren. Al parecer, las patologías de tipo psicosocial, como el estrés, la depresión o la ansiedad, que generalmente arrancan de la persecución de la abundancia, son seña de identidad de las sociedades ricas que, a pesar de gozar de más placeres y comodidades, son más vulnerables al abatimiento interior.

La primera globalización, la de las fusiones y adquisiciones entre empresas, la de la lucha por la eficiencia en costes y la competitividad, la que convirtió la economía en el motor de nuestras vidas; en fin, la globalización de los mercados, de la pobreza, de los gustos, de la cultura, de los valores y de los comportamientos, puede pasar a la historia en cuestión de un par de décadas. Hoy se está produciendo un cambio en los depositarios del poder económico: a Occidente le cuesta cada vez más imponer su modelo, y las reglas de la economía las están poniendo otros; los manufactureros han pasado el testigo de su primacía a los distribuidores y la tecnología ha entregado al ciudadano nuevas formas de poder. Es la segunda globalización.

Pero, ¿qué sucedería si los ciudadanos decidieran que ya tienen, producto arriba producto abajo, lo que necesitan? ¿si redujeran su margen de insatisfacción, o sea, el que hay entre lo que se posee y lo que se desea, y que es lo que mantiene en pie el sistema y sustenta el crecimiento económico?

Nuevos valores se gestan, nuevas inquietudes están despuntando en esta primera década del milenio que hacen pronosticar la llegada de una fase caracterizada por la revolución del ciudadano, o sea, del consumidor. ¿Ocurrirá que, tras adquirir compulsivamente objetos con funciones duplicadas y solapadas, e infrautilizadas -al estilo del nuevo iPhone de Apple-, saciados de haber consumido de todo, descartaremos aquello que no se ajuste a nuestra necesidad? ¿Nos abocará la experiencia acumulada en los años de la primera revolución de lo global a una dinámica de vida más responsable, consumo incluido?¿Nos rebelaremos contra la tiranía del reloj, contra la presión del sistema hacia las falsas necesidades, contra las empresas que contaminen, contra la publicidad engañosa o contra la muerte del comercio en los núcleos urbanos…?

Anticonsumistas convencidos, jubilados y prejubilados -el envejecimiento poblacional va en ascenso-, seguidores de los movimientos pro calidad de vida, ecologistas, jóvenes antisistema nacidos en la era “eMule” que cuestionan la propiedad privada y se adscriben a movimientos okupas…, el caso es que se estima que en 2010 muchos ciudadanos habrán reducido sus niveles de gasto, perfilándose un panorama de consumo de subsistencia.

El ritmo trepidante que impone la llamada “vida moderna” será otro asunto que se pondrá en cuestión en las próximas décadas, de modo que el mayor interés por el disfrute del tiempo libre constituirá una de las prioridades que se disputará los primeros puestos en la nueva escala de valores.

Y es que la rápida obsolescencia de los productos nos tiene estresados y nos ha convertido en adictos a lo nuevo. Recientemente se ha alertado acerca de la adicción a las compras tecnológicas. La inseguridad que genera la abundancia de información y los continuos cambios de la sociedad, unido a la menor tolerancia a la frustración de nuestros días, hace que comprar tecnología proporcione una satisfacción inmediata y una falsa sensación de control. Este hecho se acentúa en el segmento adolescente en el que hay una necesidad forzada de estar al día para no quedar excluido del grupo.

En la era del “todo rápido” y del síndrome de la felicidad aplazada -la angustia por la falta de tiempo para hacer frente a las obligaciones posponiendo de manera casi perpetua el ocio y el descanso-, del que se estima que el 40% de las personas en el mundo desarrollado lo padece, los movimientos antiprisa se suceden desde que en Roma se inventó el slow food para protestar por la apertura de un restaurante de comida rápida. Lo llaman slow life; es la cultura de una vida lenta, apacible y más humana. Desde el nacimiento de esta filosofía de saborear la vida han proliferado las denominadas slow cities, que proponen un nuevo modelo urbano con más áreas para pasear, más zonas verdes, donde se eliminen las grandes vallas publicitarias y los letreros de neón y se prohíba circular a más de 20km/h. En Italia, más de 30 ciudades han implantado este modelo. Estas ciudades de vida tranquila tienen como logotipo un caracol conduciendo un automóvil y son revisadas periódicamente por inspectores que certifican que mantienen sus características slow… La idea está en sintonía con la concepción de una oferta comercial de tipo tradicional y de servicio. Este es un tema de plena actualidad en nuestros días, en los que se tiende a los macrocentros comerciales alejados de los núcleos urbanos, directriz sobre la cual hemos visto en los últimos tiempos cómo el gobierno francés rectificaba, en favor de una revitalización del comercio urbano, con el objetivo de devolver a las ciudades su idiosincrasia y su palpitar de antaño. La reinterpretación del comercio de proximidad se traduciría en un concepto de establecimiento amigable, profesional y de servicio integral.

En la misma línea, las slow school, son escuelas que defienden una educación sin competitividad y sin masificar. El ideólogo del movimiento, George Ritzer, lo llama “combatir la MacDonalización del sistema educativo”. Ya existe una en Berkeley, California, la Martin Luther King School, que cuenta con mil alumnos.

Y ¿cómo no?… la corriente de lo lento también aboga por el slow sex.

En el extremo de la tendencia se sitúa el fenómeno downshifting, nacido hace 10 años en EE.UU. de la iniciativa de dos yuppies de Wall Street -que, por cierto, se han hecho millonarios con su propuesta- que sugieren dejarlo todo por una vida alejada de las grandes ciudades y basada en una economía de autosubsistencia.

Según datos del economista Juliet Schor, autor de The Overspent American, un 19% de los estadounidenses ha confesado que en los últimos cinco años había decidido voluntariamente “introducir algún cambio en su vida que le había hecho ganar menos dinero en aras de una mayor calidad de vida”.

Así que frente a vidas enganchadas a las tecnologías, a las rebajas, al usar y tirar, al consumo irreflexivo o al marquismo, llega la filosofía de la vida minimalista, reducida a lo esencial. Frente a la cultura del “clic” -acceso inmediato a cualquier cosa a golpe de índice- y del ocio forzado y compulsivo, toma cuerpo la corriente de los que abandonan el consumismo excesivo y prefieren más tiempo libre, un ritmo de vida más lento, más tiempo para dedicar a los hijos, más trabajo cargado de sentido y una vida cotidiana que cuadre con sus valores más profundos. El cambio de mentalidad pasaría de “tener” a “disfrutar de lo que se tiene”.

El capitalismo posindustrial nos vende que el consumo, en especial el de tecnología, nos proporcionará más tiempo libre, cuando, en realidad, hoy disponemos de menos tiempo libre que nunca, y el que tenemos, no es precisamente de primera calidad… Y es que nos hallamos inmersos en la sociedad de la multitarea, que nos seduce con la posibilidad de hacer muchas cosas a la vez, de verlo todo a un tiempo, de no desaprovechar el segundo, pero esta hiperactividad, esta adicción a la prisa, ¿nos lleva al aprovechamiento real de nuestras actividades tanto lúdicas como intelectuales?

Queremos ver a la vez en nuestro televisor una película y un partido de fútbol y, además, con la interactividad que se nos avecina, entre tanto atendemos ese momento álgido del melodrama y al penalti que nuestro jugador favorito está a punto de chutar, y como nos morimos de curiosidad por conocer el signo zodiacal del delantero centro, corremos a desplazarnos entre flechas y números a lo largo y ancho de nuestro mando a distancia para acceder a la ficha de información del susodicho…

Lo cierto es que la calidad de la atención ha bajado. Los neuropsicólogos aseguran que tener varias vías sensoriales activadas supone recibir un conjunto de estímulos que interfieren entre ellos. Según la Asociación Europea de la Publicidad Interactiva, el 66% de los telespectadores europeos prestan atención a otro medio de comunicación a la vez que ven la televisión. El 21% de los españoles lee el periódico con el televisor en marcha, el 14% hojea una revista y el 9% navega en internet. Otro 5% afirma escuchar la radio mientras ve la televisión. El resultado de vivir multiconectados nos lleva a otro debate caliente: la saturación publicitaria y la necesidad de plantearse el grado de interferencias entre medios de comunicación y su impacto en la recepción del mensaje publicitario, urgiendo, también aquí, reinventar el modelo de negocio. La industria publicitaria está perdiendo su principal base de negocio, la televisión generalista en abierto, además de la incidencia negativa que tendrá la posibilidad que ofrecen los nuevos aparatos que permiten grabar programas de televisión suprimiendo los anuncios.

Ante esta situación, el marketing viral será una de las estrategias favoritas por su alta efectividad y bajo coste. Pero, de cualquier modo, las nuevas generaciones se perfilan reacias a la publicidad convencional. El sector deberá ser muy cuidadoso y apostar por una publicidad que no interfiera. Los más de 70 millones de usuarios de la página de You Tube permanecen alerta y expectantes desde su adquisición por Google, que les hace temer por la libre difusión de las imágenes. Ya en My Space, con 100 millones de usuarios registrados, los anunciantes deben cumplir la condición de no coartar a los bloggers en sus costumbres o en su autonomía.

Las nuevas generaciones se están acostumbrando al autoabastecimiento, a prescindir de intermediaciones; unidos por un vínculo de confianza se autogestionan como fuentes de información o como proveedores de contenidos, bajo la fórmula del P2P, que no es sino la versión actualizada del primitivo intercambio. Son jóvenes que abanderan la filosofía de hacer las cosas por el placer de disfrutar; en este sentido, las nuevas generaciones de músicos que reivindican el grabar un disco para disfrutar tocando y luego colgarlo en internet, en una filosofía de trabajo contraria a que sean las discográficas quienes decidan quién debe triunfar. Ellos demostrarán que el concepto de propiedad privada no es inmutable. En este sentido, apuntemos también las movilizaciones que se están produciendo en torno a temas como la vivienda o las causas que defienden a los sectores menos favorecidos, como las acciones llevadas a cabo por los Hijos de Don Quijote, en la ciudad Condal; o las que arremeten contra las patentes de la industria farmacéutica para salvaguardar el mercado de los medicamentos genéricos, cuya desaparición causaría miles de muertes en el Tercer Mundo.

Algunos teóricos atisban entre las tendencias del ciudadano que viene, una basada en el anticonsumismo, así que los fabricantes, publicistas y distribuidores deberán enfrentarse a la hostilidad del consumidor.

En Francia han aparecido ya comandos antipublicidad, un colectivo dedicado a sabotear anuncios pintando sobre ellos; estos grupos llevan a cabo acciones contra los reclamos publicitarios que consideran de tamaño excesivo. Sus siglas son RAP (Resistencia Anti Publicidad), y afirman que “esos reclamos pueblan el espacio urbano y, además, todo lo que dicen es mentira”. Se trata de una manera de rebelarse contra una forma impuesta de consumo. También hemos visto crecer en los últimos tiempos, grupos o individuos particulares que boicotean determinados productos; ecologistas que emprenden acciones contra la acumulación de desechos de envoltorios o lo que ellos llaman la “contaminación buzonera”, que es percibida como una agresión, argumentando que la producción de esa publicidad encarece los productos y degrada el medioambiente. En este sentido, la conciencia y responsabilidad ciudadana sobre la necesidad de reducir la producción de residuos, lo cual guarda relación directa con el consumo, está cobrando dimensiones más que relevantes. Los jóvenes saben que a más consumo más residuos; y en los días venideros los productores deberán garantizar que el consumo de sus productos tiene un impacto cero en el medioambiente. Éste será un argumento fundamental para los manufactureros. En este sentido, los supermercados ingleses Tesco, volcados en una estrategia de búsqueda de la fidelidad emocional de sus clientes, han aprovechado el “tirón” del asunto del calentamiento del planeta para lavar su imagen -bastante degradada por sus continuas absorciones de pequeños supermercados-, anunciando que todos los productos que vendan en sus tiendas llevarán una etiqueta que informará de las emisiones de CO2 que se han originado en su proceso de fabricación. Wal-Mart o Marks & Spencer también han entrado en esta nueva dinámica de los gigantes del comercio para exhibir sus credenciales ecológicas. El problema es que hasta ahora no existe una metodología rigurosa para realizar los cálculos que requeriría la llamada “huella de carbono”…

En cualquier caso, muchas son las voces que se rebelan ante las pocas expectativas de poder incidir en el curso de la sociedad, situación en la que nos ha sumido el actual sistema que, como para despistar, nos insta a la autogestión, nos insiste en el autocontrol, en la programación de nuestras vidas, en la continua mejora de nuestro intelecto, nuestra salud y nuestra apariencia física, y hace que cada una de nuestras decisiones responda a una elección racional hecha, claro está, a imagen y semejanza de lo que se espera del estereotipo del ciudadano de los albores del siglo XXI…

Leí el caso en una publicación de autoayuda; el ejemplo ilustra cómo hemos llegado a la absurda situación de creernos más libres que nunca cuando, en realidad, vivimos encarcelados en nosotros mismos. La paradoja es que la llave de nuestra libertad la tenemos en el bolsillo… Sólo hay que abrir la puerta, y salir…

Un vagón de metro. Un indigente tirado en el suelo. Está inmóvil. Es invisible, puesto que nadie le mira. Sube un tipo de mediana edad y ocupa un asiento frente al sintecho. Al momento se inclina sobre él: “¿se encuentra bien?” pregunta. Todo el vagón reacciona; los viajeros se acercan a la escena y comentan sobre la conveniencia de hacer algo… Más de una decena de personas se apea del vagón cargando al hombre sin hogar, y llaman al Samur. Ese día todos llegan tarde a sus quehaceres… Tarde…, y con el semblante sutilmente iluminado por la satisfacción…

¿Quién dará el primer paso para la rebelión que se avecina: la rebelión del individuo frente a la insatisfacción?

La vida es juego. De Pac Man a Prince of Persia

La vida es juego. De Pac Man a Prince of Persia
OPINIÓN
TECNORRELATO

72 horas de descanso tras un frenético año de trabajo, me permitieron detenerme a observar… y no sé si será deformación profesional o se tratará de alguna patología esquizoide con manía persecutoria -¡y eso que no le doy a los videojuegos!-, pero el caso es que todo a mi alrededor durante esas tres extrañas jornadas estuvo bañado por lo ciber-virtual, y cuanto vi, toqué y escuché tenía por telón de fondo inacabables secuencias de ceros y unos.
El padre de mi amiga, sesentón ejecutivo para más señas, me explica con excitación que lleva su PSP siempre consigo y a punto para jugar online en plena calle. Aunque, particularmente, creo que piensa que la tecnología va a redimirle de algún modo, a sacudirle usos y costumbres de sus tiempos, y a través de ella reivindica su lugar en una época que también es la suya, en la vana creencia de que su pose de activista tecnológico va a esfumar de un soplo la distancia que le separa de la generación que le sucede. O tal vez sea porque algo le hace pensar que en la sociedad de hoy lo que toca es ser tecnológico, y por lo que sé de él, nunca fue precisamente lo que se dice un revolucionario…
La hija adolescente de mi amiga, que al parecer no tenía suficiente con su flamante “play”, pidió a los Magos, como si tal cosa, una cámara de fotos, un móvil y un reproductor de mp3, lo cual no tendría nada de particular en los tiempos que corren si no fuese porque “la carta” fue idéntica a la del año pasado; y es que los doce meses transcurridos han dejado fuera de juego los gadgets de la Navidad precedente. ¿Cómo iba la chiquilla a apañarse con una capacidad de almacenamiento y un diseño de la colección 2004-2005, hallándose como se halla en el punto álgido de su episodio más severo de “marquitis”, e inmersa como está en la sociedad de la obsolescencia fulminante de bienes? Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

Tecnorrelatos y más…

La vida es juego. De Pac Man a Prince of Persia

Por Mónica Daluz

72 horas de descanso tras un frenético año de trabajo, me permitieron detenerme a observar… y no sé si será deformación profesional o se tratará de alguna patología esquizoide con manía persecutoria -¡y eso que no le doy a los videojuegos!-, pero el caso es que todo a mi alrededor durante esas tres extrañas jornadas estuvo bañado por lo ciber-virtual, y cuanto vi, toqué y escuché tenía por telón de fondo inacabables secuencias de ceros y unos.

El padre de mi amiga, sesentón ejecutivo para más señas, me explica con excitación que lleva su PSP siempre consigo y a punto para jugar online en plena calle. Aunque, particularmente, creo que piensa que la tecnología va a redimirle de algún modo, a sacudirle usos y costumbres de sus tiempos, y a través de ella reivindica su lugar en una época que también es la suya, en la vana creencia de que su pose de activista tecnológico va a esfumar de un soplo la distancia que le separa de la generación que le sucede. O tal vez sea porque algo le hace pensar que en la sociedad de hoy lo que toca es ser tecnológico, y por lo que sé de él, nunca fue precisamente lo que se dice un revolucionario…

La hija adolescente de mi amiga, que al parecer no tenía suficiente con su flamante “play”, pidió a los Magos, como si tal cosa, una cámara de fotos, un móvil y un reproductor de mp3, lo cual no tendría nada de particular en los tiempos que corren si no fuese porque “la carta” fue idéntica a la del año pasado; y es que los doce meses transcurridos han dejado fuera de juego los gadgets de la Navidad precedente. ¿Cómo iba la chiquilla a apañarse con una capacidad de almacenamiento y un diseño de la colección 2004-2005, hallándose como se halla en el punto álgido de su episodio más severo de “marquitis”, e inmersa como está en la sociedad de la obsolescencia fulminante de bienes?

Unos minutos después del ineludible acto de engullimiento de las doce uvas en Noche Vieja, y como buena vecina, hice una brevísima incursión en el piso de al lado para felicitar el nuevo año y pude contemplar lo que, a priori, parecía una dulce escena infantil: cuatro o cinco diminutos sentaditos en el sofá, todos muy callados, ensimismados diría yo, en fin, ignorándose los unos a los otros, con la atención fija cada cual en su aparato electrónico hábilmente domi nado por aquellas pequeñas manos. Mas tarde, eso sí, les oí hablar de algo relacionado con aquellos juguetes, y lo hacían en una jerga especial que no entendí, y es que ellos, no levantan dos palmos del suelo y ya han entrado en el mundo de las comunidades virtuales que ha de ser seña de identidad de su generación.

Sí, vi cosas muy extrañas aquel día. Unos metros más allá de la escena del sofá, otra criatura movía compulsivamente sus brazos y piernas frente al televisor, como luchando con lo que parecía un enorme ser invisible… hasta que entendí que se trataba de un juego semivirtual en el que los inofensivos muñecos que aparecían inesperadamente por alguno de los márgenes de la pantalla eran hechos papilla por aquel pequeño energúmeno que parecía tener el baile de San Vito.

De buena mañana, en aquel primer y resacoso por excelencia, día del nuevo año, escuche a través del papel de fumar que me separa del primero quinta, cómo aquellos mocosos se levantaron voceando con exigencia que alguien les pusiera la televisión o les conectara la videoconsola, o lo que fuera…; querían su ración de entretenimiento ensimismante, reclamaban su dosis de estimulación visual. La negativa de los adultos, quienes tras armarles con tal arsenal electrónico fiscalizaban ahora su conducta, les irritaba por momentos, y las rabietas en cadena que estallaron en ese escenario de desmadre tecnológico, me hicieron huir despavorida de mi propia casa.

Bajé a airearme un poco y me acomodé al abrigo de un poderoso árbol junto a la Sagrada Familia. Mientras contemplaba aquel monumento centenario tratando de conducir mis pensamientos hacia algún tema de trascendencia universal y alejarme de aquella pesadilla digital que venía pisándome los talones, mis oídos fueron asaltados por la conversación de un grupo de ancianos que charlaban sobre sus teléfonos móviles. Uno de ellos, el que llevaba la voz cantante y el único que se salvaba de la decrepitud manifiesta que emanaban sus contertulios, presumía de haber descifrado con la ayuda de la novia de su hijo, el jeroglífico que para él suponía consumar con éxito -entre otras cosas- la lectura de un mensaje de texto. En esta tesitura y a juzgar por los visos que estaba tomando aquella plática, el corro de octogenarios, que en su día tuvo sus escarceos con los cajeros automáticos, probablemente había puesto ya punto final a su reciclaje tecnológico; no veo yo a los abueletes pillados con, por ejemplo, un videojuego… El mundo virtual de las videoconsolas que tanto seduce a mis adorables vecinos, está construido sobre la base de códigos que les son ajenos, conceptual, visual y narrativamente. Aunque no hace falta ir tan lejos en el tiempo. Al marido de mi amiga, que no pasó del Tetris de salón recreativo allá por los 80, y hoy en plena crisis de los cuarenta y ebrio del desparrame consumista propio de las fechas, le asaltó la necesidad de comprar un juego de los de ahora, para sentir que todavía es un ciudadano de primera clase, que el paso de las décadas no le ha dejado fuera de juego, vaya, que se mueve como pez en el agua también en el siglo XXI… Aquella sesión en la que descubrió que el asunto resultaba demasiado complicado para tratarse de un juego y que le sirvió para reafirmar su preferencia por arquitecturas, digamos, tradicionales, le salió por el módico precio de 50 euros. Memorizar las 144 posibilidades distintas de combinar la docena de botones del mando a distancia y adquirir habilidad con ellos debía requerir, por lo menos, dos meses de entrenamiento. ¿Dónde está la gracia? Para retos ya está la vida misma. El muchacho sólo quería jugar; y hacerlo desde el primer minuto.

Pero la última disyuntiva tecnológica me la contó el cuñado de mi vecina, que hace unos días se decidió a arrinconar definitivamente su PDA y volver a la agenda en papel, para a las 48 horas cambiar de opinión y resolver que se daría otra oportunidad de reconciliación con la tecnología -se encuentra en el mismo periodo existencial que el marido de mi amiga-, y volvió a echarse la PDA al bolsillo, empeñado en utilizar algo que, por lo menos hasta ahora, no le hace la vida más fácil. Creo que aún sigue deshojando la margarita…

Luego está el hermano de mi amiga, que supera a todos los tipos protecnológicos que yo haya conocido, y cuya casa constituye un escaparate de “hardwares” y “softwares” hechos a medida, con todo entre tuneado y pirateado, en fin, digamos que, haciendo un uso creativo y recreativo de la tecnología.

También los hay que se pasan la tecnología por el forro, como la cuñada de mi vecina, que tiene móvil desde hace cuatro días, y a regañadientes… Le envié un SMS. Ni siquiera contestó.

Y es que la tecnología está ahí para que tomemos de ella cuanto queramos y desechemos lo que a la luz de cada cual constituyan sus perversidades, inutilidades o excentricidades. Pero, la pregunta es, ¿hace falta ser un forofo de la tecnología para disfrutar de ella?¿Hay que dominar la materia para hacer de la tecnología un uso libre y placentero, y de bajo coste? Eso, o tener un buen asesor. Yo no tengo problema: se lo pregunto todo al hermano de mi amiga. Pero el consumidor tal vez le pregunte a usted. ¿Está preparado?

Pong fue el videojuego que tres décadas atrás inauguró esta nueva era del entretenimiento electrónico. Asteroids, Pac Man, Tetris o Street Fighter son sin duda algunos nombres que pasarán a la posteridad de la arqueología de una industria que hoy mueve 10.000 millones de dólares.

De la unión de dos mundos, el del televisor y el de la informática, nació el videojuego; era la primera vez que el usuario tomaba el control de lo que sucedía en su pantalla de televisión. Corrían entonces los 70.

Luego, en los 80, los salones recreativos catapultaron los videojuegos hacia el éxito. Se estaba gestando lo que hoy es una forma de ocio masiva y un negocio millonario -y en manos de muy pocas empresas-, motor de las ventas de los sistemas multimedia. El de los videojuegos no sólo constituye el sector de ocio que más crece, sino también el que más dinero genera, por encima del cine, la música o el DVD. En materia de videoconsolas de sobremesa, Sony acapara el mercado con su Play Station (por encima de cualquier previsión, de la PS II hay ya 90 millones de unidades vendidas), mientras Microsoft pasa por encima de la GameCube (próximamente aparecerá la tercera generación, Revolution) de Nintendo (la baza de Nintendo es el modelo portátil DS, que ha arrasado en esta campaña y que cuenta ya con la friolera de 10 millones de usuarios en todo el mundo), con su Xbox 360, concebida para ser el centro multimedia del hogar, con la clara intención de desbancar a Sony en el liderazgo del mercado; aunque de momento, va a ser que no… (las ventas navideñas no han ido como la compañía esperaba) y con la Play Station III al caer, menos (un estudio de Business Week augura unas ventas de 20 millones de PS3 para este año). El caso es que nos encontramos en un momento de recambio generacional que ha desatado una auténtica guerra de consolas.

Las ventas de consolas en España en 2005 han rondado la cifra de 1.800.000 unidades, y somos los cuartos en el ranking de consumo de videojuegos (más de 8,5 millones de usuarios), sin embargo, la producción nacional sólo representa el 0,5 por ciento de las ventas.

Hoy, las “máquinas para jugar” se han convertido en verdaderos dispositivos multimedia de gran capacidad, y los modelos portátiles constituyen auténticas plataformas móviles de contenidos, con interactividad a grandes dosis. Las posibilidades que ofrecen estos aparatos van a traer algunas novedades en el futuro, tanto en materia de publicidad como en contenidos; una de las últimas curiosidades es que la cadena de televisión belga VTM ha estrenado un informativo para la Play Station Portable.

Por otra parte, crece la afición de los usuarios a comprar juegos para los teléfonos móviles. Según la Asociación Española de Distribuidores de Software de Entretenimiento (ADESE), en 2005 esta modalidad ha aportado a la industria española del videojuego unas ventas cercanas a los cien millones de euros (casi una octava parte de su facturación total). Según la consultora GFK, en nuestro país ya hay 1,6 millones de usuarios de videojuegos para móviles. Además, la llegada de los terminales 3G genera optimistas expectativas.

Pero no sólo negocio es el juego. Largo y tendido se ha hablado de la influencia de los videojuegos en niños y jóvenes. Para empezar, jugar es una función vital en el ser humano. El juego es el modo principal a través del cual el niño aprende, favoreciendo, entre otros aspectos, el desarrollo del yo, el desarrollo lingüístico, el social, la capacidad intelectual y las estrategias de resolución de problemas. Pero ¿cómo encajan aquí los videojuegos?

El videojuego constituye en la actualidad, la puerta de entrada de los más pequeños en la cultura informática y de la simulación, pero la velocidad a la que cambian las tecnologías sólo deja margen para consumirlas; no hay tiempo para valorar sus implicaciones y efectos sobre la sociedad, incluso a sabiendas de que -ya lo explicó McLuhan- cada medio de comunicación (y los videojuegos pueden considerarse una forma de medio de comunicación en su modalidad MMOG) produce efectos sociales y psicológicos en su audiencia, así como relaciones sociales específicas y nuevas formas de pensar. Ya en los 70 se intuyó que la evolución de los videojuegos nos traería un nuevo lenguaje cinemático (relativo a movimiento) e interactivo que hoy está definiendo las formas de ficción presentes y futuras. A través de estos nuevos medios obtenemos experiencias vitales multiplicadas en un mundo virtual en el que experimentamos con la trasgresión y hacemos algo fundamental para el ser humano y que la sociedad actual nos niega porque nos lo da todo masticado y porque nos bombardea con mensajes cuya asimilación ocupa todo nuestro tiempo; nos permiten dejar volar nuestra imaginación. Aunque eso vale

sólo para los adultos; los niños no necesitan absolutamente nada para viajar a otros mundos.

Y es que la interactividad lo cambió todo. De igual modo que el cine o la literatura, los videojuegos son una propuesta para viajar a través de mundos imaginarios, sin embargo, sólo estos últimos interactúan con el usuario y ahí radica, para bien o para mal, su excepcionalidad.

En cualquier caso, los videojuegos son un fenómeno cultural imparable que se extiende entre todos los grupos de jóvenes y en su seno nace un fenómeno social todavía en construcción: las comunidades de jugadores. En este sentido, los juegos masivos multijugador online (MMOG) crean universos virtuales donde se reúnen millones de personas. En estos descendientes de los juegos de rol, la partida nunca acaba y tiene vida propia porque la historia continúa cuando el usuario apaga el ordenador, circunstancia que incita a incrementar más y más el tiempo de permanencia frente al mismo.

El caso es que todos los días aparecen estudios que arrojan conclusiones en contra y a favor de los videojuegos, por lo que es preciso mirar con lupa quién está detrás de cada uno de ellos. Pocos dudan de que jugar a videojuegos mejora las habilidades físicas y cognitivas, aunque debemos tener presente que la pretensión de un juego no es hacer más inteligentes o hábiles a los jugadores, sino divertir, sin más, entre otras cosas porque la industria del videojuego tiene su punto de mira en un público adulto: la edad promedio del videojugador está superando los 30 años.

¿Predisposición a la violencia? ¿Adicción? ¿Aislamiento? Ahí está el caballo de batalla de los detractores de esta nueva forma de ocio. Y es que, en efecto, alrededor de dos tercios de los videojuegos para consolas y para salones recreativos, además de un número creciente de juegos para ordenador, pertenecen a géneros cuyo tema se desarrolla en torno a la violencia y, a diferencia de lo que ocurre en el cine o la televisión, los videojuegos no sólo muestran la violencia sino que involucran en ella a quien juega.

Cuando vi a la hija de mi amiga, de mirada dulce y pose recatada, transformarse por completo porque alguien la interrumpió distraídamente, mientras interactuaba con su consola, me quedé estupefacta… aunque ahora recuerdo que a su madre le ocurría exactamente lo mismo cuando, enfundada en su vaquero pitillo se agarraba a los mandos de aquella máquina de salón recreativo como si estuviera pilotando un avión, y no podía evitar soltar una innombrable retahíla de tacos mientras jugaba a aquel inofensivo “comecocos” o coqueteaba con la violencia inocua de matar «marcianitos».

Probablemente la explicación no está en que aquel juego se estuviera adueñando de su voluntad ni nada por el estilo sino que el nivel de concentración requerido es tal que la menor distracción suscita una fuerte reacción de rechazo. Pero lo cierto es que un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Michigan demostró que los videojuegos violentos llevan a la misma actividad cerebral que es característica en los pensamientos violentos, (aunque, seguramente, muchas otras de nuestras acciones diarias desencadenan esa misma reacción).

El verdadero peligro de la contemplación y la implicación como jugador-protagonista, de imágenes violentas (que van desde decapitaciones extremadamente realistas y desmesuradamente ensangrentadas, hasta “hacerse puntos” a base de atropellar ancianas, pasando por limpiezas étnicas o ataques a población civil indefensa), que son, además, perpetradas por tipos guapos y fuertes, héroes en cualquier caso, con quienes deberemos identificarnos en primera persona -en una novela y en el cine somos observadores de algo que otro está haciendo-, reside en la aceptación de esos actos de brutalidad con indiferencia, en la predisposición a aceptar la violencia. Amnistía Internacional presentó en diciembre de 2004 un informe que arroja conclusiones contundentes al respecto: la mitad de los videojuegos (comercializados y disponibles en la red) supone algún abuso de los derechos humanos.

En esa misma dirección apuntan las conclusiones del estudio Jóvenes y Videojuegos: Espacio, Significación y Conflicto, realizado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción: “… los problemas de los videojuegos están en el establecimiento de un clima de permisividad en el que resulta normal mantener determinados niveles de actitudes violentas, sexistas, machistas, discriminadoras, intolerantes, etc.” En definitiva no se trata de una problema de inducción a la violencia sino más bien de la banalización y degradación del clima ético de los modos de divertirse y del peligro de tener una visión estereotipada y deshumanizada del mundo.

Al hilo de lo anterior, cabe apuntar que se está constando un alarmante incremento de episodios de violencia juvenil urbana contra viandantes, que tienen como finalidad exclusiva la diversión. Las escenas son grabadas con las cámaras del teléfono móvil y distribuidas entre el grupo como prueba de fuerza y poder. En algunos institutos los chicos captan con sus cámaras las desgracias (a veces provocadas) de otros compañeros y las intercambian para la mofa colectiva.

Otro asunto objeto de debate es el componente adictivo de estos productos para el ocio. Cierta adicción es precisamente una de las claves del éxito de un juego, pero éste debe ser trascendente mientras se juega e intrascendente una vez terminado. Generalmente, tras alcanzar el jugador el nivel de ejecución suficiente como para dominar el programa, la atracción disminuye y la afición entra dentro de la normalidad. Según el Departamento de Pedagogía Aplicada de la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona, dedicar un tiempo desproporcionado a esta actividad puede derivar en aislamiento, sedentarismo y provocar estrés, fatiga ocular, malas posiciones y dolores musculares.

Expertos en la materia estiman que el 50% de jugadores de MMOG presentan síntomas de adicción. Pero la adicción no se deriva sólo del hecho de que un juego resulte placentero; para que exista, debe sumarse una carencia de fuentes alternativas de satisfacción.

A estos peligros viene a sumarse el del aislamiento. En plena era de las comunicaciones, la incomunicación se erige en mal por excelencia de nuestra época. La nueva generación de juegos para ordenador y videoconsolas incorpora el uso de micrófonos, audífonos y webcams, y los usuarios pueden comunicarse con los otros jugadores que se encuentren en su misma aventura en línea. Los usuarios de videojuegos, en los casos en que dicha actividad viene a sumarse al uso del correo electrónico, acceso a Internet, comercio electrónico, comunidades virtuales, etc., están trasladando gran parte de su vida social a la red, y si tenemos en cuenta que la principal audiencia de los videojuegos está constituida por niños, varones, de ocho a 14 años, se corre el peligro de fomentar el aislamiento. Así se afirma desde la dirección del Free Standing Behavioural Center del Philhaven Hospital, en EE.UU. La merma de redes sociales hará a estos jóvenes más proclives a los trastornos emocionales, tendrán problemas para comprender y expresarse a través del lenguaje, y les será difícil vincularse a otras personas en el mundo real. Además, en los juegos todo es más fácil que en la vida real; los errores no conducen a consecuencias más allá del fastidio de tener que pulsar la opción “new game”.

La autorregulación del sector y la educación familiar son los puntos clave para minimizar los riesgos y potenciar los posibles usos positivos.

Otros estudios, como el elaborado por la Universidad Europea de Madrid (UEM) y el Observatorio del Videojuego y la Animación, realizado en diciembre pasado y basado en la opinión de 3.000 usuarios, aseguran que el uso de los videojuegos incrementa las habilidades sociales, de trabajo en equipo y de autosuperación.

Los niños entrenados en la cultura audiovisual tienen mayor agilidad oculo-manual que la generación precedente, son capaces de discriminar con más facilidad la información de escasa relevancia -lo cual va a ser muy necesario en las próximas décadas-; se ha observado también una reducción del parpadeo atencional (tiempo que se necesita para detectar un nuevo estímulo, aun cuando el anterior está entrando en escena) y un incremento de la resistencia atencional (tiempo que es posible dedicar a la incorporación de nueva información sin fatiga).

El Departamento de Pedagogía Aplicada de la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona destaca entre los elementos positivos del entretenimiento en cuestión, que los jóvenes jugadores deben asimilar y retener información, tomar decisiones y perseverar para lograr unos objetivos, lo que a su vez, aumenta la autoestima.

Juegos tipo arcade (máquina de salón recreativo), como Pac Man, Mario o Sonic, pueden contribuir al desarrollo psicomotor de la orientación espacial, importante en los más pequeños, aunque conviene limitar el tiempo dedicado a la actividad por sus riesgos de nerviosismo, estrés e incluso angustia. Los juegos de lógica, como el Tetris, desarrollan la percepción espacial, la lógica, la imaginación y la creatividad.

En el mundo de fusiones en que vivimos, la experimentación con mezcolanzas, y más para los artistas, que será porque dirigen una mirada global bajo el prisma del arte y no tienen prejuicios a la hora colocar todo en el mismo saco y combinarlo de los modos más inverosímiles e imaginativos, ha llevado a la confluencia de dos industrias que convergen en la recreación de escenarios que nunca existieron: la del videojuego y la cinematográfica. No hay más que ver las estanterías de los establecimientos, con una vastísima oferta en videojuegos basados en películas; incluso se han estrenado filmes basados en juegos, (adaptaciones que, hasta ahora, han resultado ser un fracaso).

El más famoso hijo de Cincinanati, Steven Spielberg, aconsejó a los creadores de videojuegos durante una de sus múltiples conferencias a lo largo y ancho de su país natal, mejorar el modo de contar historias, el desarrollo de sus personajes y su contenido emocional, elementos que (junto, incluso, a la «jugabilidad») han quedado relegados a favor de las mejoras gráficas y de la acción. El proceso culminará, según el cineasta, cuando llegar, por ejemplo, al nivel 12 nos haga llorar de emoción. Satisfacción, todo lo más, o incluso mejora de la autoestima, pero llorar de emoción por batir el récord en decapitaciones…

Llegados a este punto topamos con el debate sobre si los videojuegos pueden llegar a ser una forma de arte. La emoción que nos genera el arte radica en ser asaltados por sorpresa por estímulos que accionan sus mecanismos y que son distintos para cada uno, porque depende de las experiencias vividas, excitantes o traumáticas, pero a la par, vivencias individuales y, por ello, subjetivas. Un tercero, el artista, nos cuenta una historia en forma de imagen, sonido, olor o sabor, y entonces, el individuo es transportado a un mundo imaginario que es el resultado de la interpretación subjetiva de las sensaciones que el artista propone. Por el contrario, el papel activo del jugador de videojuegos, le otorga el control de la acción y no ha lugar a la sorpresa y, por ende, a la emoción.

Pero otra razón para poner en cuarentena la consideración de igualar el ciber-arte al arte contemporáneo es que éste ha devenido en actividad conceptual, desligándose progresivamente de los soportes o técnicas, mientras que el arte del software se centra con firmeza en su soporte. Si los artistas de los nuevos medios quieren contribuir a la evolución cultural, deberán generar algo más que imágenes y sonidos brillantes, deberán proponer discursos sólidos, esto es, relacionar sus trabajos con ideas.

La investigación de los diseñadores y el arte digital ha conllevado la concepción de nuevos métodos y técnicas figurativas y comunicativas y, sin duda, los contextos de interactividad suponen la superación de las formas lineales de la narración propias del soporte papel o cinematográfico. Pero no hay barrera que logre determinar con certeza qué es y qué no es artístico, porque el mundo de las ideas es un conglomerado de hiperinteracción, donde el arquitecto puede beber de los espacios imposibles creados por el arte digital, y el bailarín puede topar con un movimiento desconocido en esos personajes que desafían todas las leyes del mundo físico. Culturizar, entretener…, en cualquier caso, el arte es emoción. En fin, nacieron siendo un juego pero mañana, ¿quién sabe? ¿por qué negarles el derecho a evolucionar…?

Y hablando de macroconexión, aunque la estructura de red fue alumbrada en Internet, hoy ha traspasado los límites de la World Wide Web para tejerse más allá de lo cibernético; la interconexión de las disciplinas crece exponencialmente y hoy, realidad, cibernética, informática, arte, física cuántica, ocio, comercio, cine, incluso seres humanos…, de alguna manera, formamos parte de un todo que tiene como nexo común la cultura que nos trae la era de las comunicaciones. Sí, también las personas estamos hiladas en esa gigantesca red de conocimiento, y a pesar de que la dependencia de todos con todos es mayor, la acción individual es más eficaz, porque los canales de comunicación están más abiertos que nunca. (Les emplazo a un artículo que profundizará sobre esta cuestión en el próximo número, en esta sección de Opinión).

En cualquier caso, la tecnología nos facilita las tareas cotidianas para darnos el mejor de los regalos, el tiempo, pero a su vez nos acosa con propuestas de ocio con las que llenarlo de nuevo. Es como pagar por una liposucción con el objetivo de comer dobles raciones y de nuevo acudir a un vaciado con el que dejar espacio para poder seguir comiendo, esta vez, el triple, y obtener de ese modo placer por triplicado. Y así sucesivamente. En fin, ahí están las innumerables propuestas de mundos imaginarios y, además, interactivos, que engendran un sinnúmero de personajes inverosímiles, para vivir otras vidas y otros sueños, a veces absurdos, en estos días nuestros en los que para niños y mayores la vida es juego.

Vivir en suspensión y otras teorías de ficción

Vivir en suspensión y otras teorías de ficción
OPINIÓN

En mi época nos independizábamos con lo puesto. Si teníamos dos duros nos los fundíamos en un concierto, y si eran cuatro en una escapada de fin de semana, pero ni hablar de comprar un sofá; los cojines en el suelo eran perfectos para leer un buen libro o escuchar un unplugged con sonido “caja acústica”…, bebiéndonos la vida.
Y ahora vienen los tecno-teóricos diciendo que estamos entrando en la era de los intangibles e incluso auguran el fin del concepto de propiedad tal como lo conocemos hasta ahora. Que si acumular bienes materiales está “demodé”, que si lo que busca hoy el individuo es satisfacer su “yo” psicológico y alimentarse de ideas, que si un nuevo ser relacional y altruista está naciendo, que si está al caer una transformación radical de la conciencia humana y de nuestra propia esencia… ¡Ah! y, por supuesto, todo ello como consecuencia de la revolución tecnológica.
Pues a mí me parece que el imperio del “yo” está más vivo que nunca y lo que veo es que las nuevas generaciones no son nada sin todos esos productos y bienes materiales que les aferran a un vivir cada vez más cómodo que no deja espacio para la improvisación ni para la aventura. Controlar hasta el último detalle -lo que algunos teóricos llaman el “yo terapéutico”, y que emerge a golpe de sesiones de autoayuda y de todo tipo de literatura al respecto, que va desde el psicoanálisis a lo esotérico- tiene el riesgo de crear vidas descafeinadas y aburridamente asépticas.
Invisible, incorpóreo, impalpable, etéreo, inmaterial, intangible… Dicen que ése es el mundo que viene. Por supuesto, sólo para la quinta parte del planeta, que es la rica y que, encima, va camino de conectarse entre ella de tal modo que se aísle del resto de los mortales o, lo que es lo mismo, que todos los demás queden excluidos.
Si hasta ahora nos preguntábamos por nuestra existencia con cuestiones del tipo “quiénes somos” o “a dónde vamos”, la pregunta del hombre de la posmodernidad será: “¿soy individuo o soy nodo?”. Un asfixiante vivir enmallado nos inmovilizará, aunque nos lo vendan, irónicamente, como la liberación del espacio físico en el imperio de la movilidad.
Resulta fácil dejarse llevar por los augurios, bien mirado, descabellados, de los futurólogos tecnológicos, empeñados en pronosticar una huida hacia arriba…; unos románticos, a fin de cuentas, porque su historia siempre tiene final feliz, y en él todos somos pura inteligencia y pura bondad… Yo les cuento:
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OPINIÓN

Vivir en suspensión y otras teorías de ficción

Por Mónica Daluz

En mi época nos independizábamos con lo puesto. Si teníamos dos duros nos los fundíamos en un concierto, y si eran cuatro en una escapada de fin de semana, pero ni hablar de comprar un sofá; los cojines en el suelo eran perfectos para leer un buen libro o escuchar un unplugged con sonido “caja acústica”…, bebiéndonos la vida. Y ahora vienen los tecno-teóricos diciendo que estamos entrando en la era de los intangibles e incluso auguran el fin del concepto de propiedad tal como lo conocemos hasta ahora. Que si acumular bienes materiales está “demodé”, que si lo que busca hoy el individuo es satisfacer su “yo” psicológico y alimentarse de ideas, que si un nuevo ser relacional y altruista esta naciendo, que si está al caer una transformación radical de la conciencia humana y de nuestra propia esencia… ¡Ah! y, por supuesto, todo ello como consecuencia de la revolución tecnológica.

Pues a mí me parece que el imperio del “yo” está más vivo que nunca y lo que veo es que las nuevas generaciones no son nada sin todos esos productos y bienes materiales que les aferran a un vivir cada vez más cómodo que no deja espacio para la improvisación ni para la aventura. Controlar hasta el último detalle -lo que algunos teóricos llaman el “yo terapéutico”, y que emerge a golpe de sesiones de autoayuda y de todo tipo de literatura al respecto, que va desde el psicoanálisis a lo esotérico- tiene el riesgo de crear vidas descafeinadas y aburridamente asépticas.

Invisible, incorpóreo, impalpable, etéreo, inmaterial, intangible… Dicen que ése es el mundo que viene. Por supuesto, sólo para la quinta parte del planeta, que es la rica y que, encima, va camino de conectarse entre ella de tal modo que se aísle del resto de los mortales o, lo que es lo mismo, que todos los demás queden excluidos.

Si hasta ahora nos preguntábamos por nuestra existencia con cuestiones del tipo “quiénes somos” o “a dónde vamos”, la pregunta del hombre de la posmodernidad será: “¿soy individuo o soy nodo?”. Un asfixiante vivir enmallado nos inmovilizará, aunque nos lo vendan, irónicamente, como la liberación del espacio físico en el imperio de la movilidad.

Resulta fácil dejarse llevar por los augurios, bien mirado, descabellados, de los futurólogos tecnológicos, empeñados en pronosticar una huida hacia arriba…; unos románticos, a fin de cuentas, porque su historia siempre tiene final feliz, y en él todos somos pura inteligencia y pura bondad… Yo les cuento:

Afirman los teóricos de la cibersociedad, que “tener cosas” está dejando de ser importante -para quien las tenga, claro…- y que lo verdaderamente trascendente para la vida de las generaciones futuras será tener acceso a las ideas de los demás, pero no al estilo “de tú a tú frente a una taza de café”, sino en un espacio cibernético en el cual cada uno estará inmiscuido hasta tal punto que absorberá y generará conocimiento de manera permanente y devendrá ciudadano de un nuevo espacio social, algo totalizador y alienante para mi gusto, porque allí nos diluiremos los unos con los otros hasta que el individuo deje de serlo para convertirse en una especie de neurona al servicio de un inmenso, más que eso, infinito, cerebro que habita en ninguna parte, y al que ir cediendo todo lo que somos. Es el nuevo contrato social.

Pero, ¿está desapareciendo el mundo material? Sí que es verdad que hoy todo es más liviano… Primero el mercado fue físico, acotado, como acotada era la producción, marcada por el autoabastecimiento, y como acotado y encorsetado era también el comportamiento social, ceñido a las normas de cada época. Más tarde, cuando producción y producto se masificaron, el mercado vino a definirse como “el proceso abstracto de comprar y vender cosas”. Durante todo este tiempo la consigna fue “¡acumula!”, y eso hicimos. Para decepción -o alivio- de aquellos que han pasado su vida persiguiendo el “tener” para “ser”, éstos deben saber que la acumulación resulta incompatible con la velocidad de esta nueva economía en red, en la que incluso la propiedad se vuelve intangible e imprevisible, (desde las patentes sobre genes, hasta la música de usar y tirar: la página de Yahoo lo anuncia como “música portátil sin límite”, no se compra música, sino su disfrute mientras dura la suscripción). Suministradores de ideas y conocimiento, y usuarios que accederán a ellos alumbrarán una nueva forma de pensar sobre las relaciones comerciales, en un mundo en el que la imaginación y la creatividad serán -mejor dicho, son- la clave de la supervivencia.

supervivencia.

sigue

BLOQUE 3

No hay que buscar mucho para encontrar ejemplos de compañías que, como aquel que dice, regalan sus productos con el objetivo de establecer una relación de servicio a largo plazo con el cliente. La migración del producto hacia el servicio es, en muchos sectores, un hecho indiscutible, en una frenética búsqueda de la relación comercial -que sondea distintas fórmulas: suscripciones, leasing, cuotas…- con las que amarrar al cliente, porque la venta es un acto puntual y eso ha dejado de ser rentable.

La estructura en red también está llevando a que las compañías, en lugar de venderse cosas las unas a las otras, establezcan todo tipo de acuerdos y alianzas estratégicas para la cofrabricación, incluso la coactividad, poniendo en común sus recursos en un clima de cooperación antes nunca visto entre competidores, que comparten alegremente hasta, nada menos que sus cadenas de montaje… Y es que la cooperación y la libre circulación de la información, además de ser más rentable es el mejor camino hacia la innovación.

Además, las empresas aligeran su peso por múltiples vías. Según la Equipment Leasing Association, el sector fabril en EE.UU. arrienda más de la tercera parte de toda su maquinaria. La externalización o outsourcing constituye otro de los iconos de esta nueva economía en la que las empresas fabricantes no son unidades aisladas de producción sino una especie de nodo en una red de proveedores, clientes o usuarios, servicios técnicos, etc. Algunos países ya se están posicionando para liderar la externalización empresarial mundial, como India, China, Canadá o Rusia.

Algunas empresas dotan a sus empleados de todas las herramientas necesarias para trabajar en las oficinas de los clientes, en su propia casa o en las salas y despachos de la compañía, bajo reserva; oficina por un día en la que a su llegada todo estará dispuesto a su gusto, foto familiar incluida. Según un estudio de la Harvard Businee Review, IBM ahorró 1.400 millones de dólares en gastos inmobiliarios al cambiar a este sistema de hostelería. Se tiende, pues, a la empresa ligera, aquella cuyo principal activo es la imaginación humana.

Los nuevos mercados necesitan estructuras flexibles, espontaneidad, creatividad, procesamiento en paralelo de la información y retroalimentación; se impone la necesidad de la acción colectiva que, a su vez, generará nuevas conexiones con las que seguir trenzando la red.

En este sentido, ya se baraja un nuevo término que aúna el concepto, cuasi filosófico, de “inteligencia colectiva”, y un nuevo -e indeterminado- modelo de negocio. Es la web 2.0, nueva generación de aplicaciones informáticas, construidas sobre entornos y lenguajes abiertos de programación que, a su vez, actuarían como plataformas sobre las cuales otros desarrolladores e incluso usuarios finales, podrían crear contenidos y servicios.

La cooperación, y no el control, es el cimiento de la mentalidad de la web 2.0, que aboga por la reutilización; casi todos los softwares para web 2.0 trabajan con código abierto, dando lugar a lo que ha venido a llamarse, la innovación en ensamble, principio por el cual el usuario, con la abundante materia prima existe, puede crear valor montándola de nuevas maneras. ¿Constituirá esta concepción un estímulo a la creatividad y la innovación o, por el contrario, la impersonalidad de la creación matará la iniciativa?

Algunas empresas ya se autoproclaman “compañías web 2.0.”, pero la verdaderas compañías web 2.0. serán aquellas que usen una arquitectura de participación y, por lo tanto, deben ser habilitadoras de un contexto en el cual la actividad del usuario pueda tener lugar. Una red formada por web 2.0 se basa en los servicios, no en aplicaciones paquetizadas, siendo la gestión de los datos el centro de la oferta, que se retroalimentará y enriquecerá cuantas más personas la usen, y ello implica confiar en los usuarios como desarrolladores, de manera que la red de conexiones crece como un producto de la actividad colectiva de todos los usuarios de la red. El reto consiste en hallar un modelo de negocio que sostenga estas novedades: las opciones son, el pago por suscripción o confiar en el mercado publicitario -finito, por otra parte- como fuentes de financiación.

Nos encontramos en el principio de lo que algunos aseguran es la entrada de la humanidad en una nueva era de la participación gracias a las herramientas de edición participativas (o wikis) y las nuevas y sencillas técnicas de distribución de contenidos que han disparado el fenómeno blog. La nueva era alimenta nuestro ser espiritual, emocional y mental, y algunos se atreven a afirmar que ello acabará por transformar la conciencia humana. Del mismo modo que el individuo lineal devendrá en nodo, centro permanente de imputs y outputs, de entradas y salidas, de conectividad en definitiva, que le vierten a un vivir fragmentado, la cultura pasa de la linealidad del texto-imprenta a la infinidad del hipertexto, que nos aboca al acceso no secuencial a la información, y nos deja bloqueados por el exceso. La acción de los blogers puede ser un modo espontáneo de ordenar el caos documental que circula en la red y que, sin duda, irá a más. Y es que tener toda la información, sin más, es como no tener nada.

Lo llaman inteligencia colectiva, pero no lo es porque en la inteligencia participa la emoción; se trata de conocimiento transmitido en forma de información. No podemos caer en el error de ser simples abastecedores de la más colosal base de datos de la historia de la humanidad, porque la vida no es sólo información, la vida es, ante todo, emoción.

Pero al final, ni siquiera la tecnología, con todo su potencial embriagador, nos embaucará para dejar de ser lo que somos, para lo bueno y para lo malo, y tras la borrachera del poder de la World Wide Web, su uso sosegado y la participación comedida en la blogosfera será enriquecedora y constructiva y hasta, quién sabe, tal vez sea posible cambiar el mundo, no por otro en suspensión, sino haciendo que éste, sea mejor. Ejemplos hay infinitos en la red. El último, el de un joven realizador español que tuvo una idea, hizo un reportaje al respecto, lo colgó en su web, después se emitió por televisión y el feed back de su blog personal está generando toda una corriente de pensamiento. El reportaje denuncia temas como la pobreza, la injusticia y la insolidaridad, y propone cambiar nuestra actitud en cada detalle de nuestra vida. La paradoja está en el uso de la telaraña mundial como herramienta para llamar la atención sobre la acción individual como motor de cambio.

… Y nos hallamos debatiendo nuevamente sobre propiedad y sobre individuo. Eso me suena. Cada vez que la sociedad repiensa sobre estas dos cuestiones, algo se agita en sus cimientos. El mundo ha oscilado entre el principio igualitario nacido tras la Revolución Francesa, y el culto al individuo y su singularidad; mientras los románticos sentían fascinación por el individuo, el marxismo lo repudió.

Hoy, las relaciones -comerciales, laborales y personales- se entretejen por la vía de la tecnología, y el espacio privado se reduce para construir un entorno más (ciber-)social, aunque, paradójicamente, nos sintamos más solos cada día…; se trata del primer paso para dejar de ser como individuos y pasar a ser una parte del todo. No es fácil ser el individuo único que todos aseguran que se es, cuando se vive y se piensa como lo hace medio mundo. Mientras el universo de la publicidad afirma que sus productos -o sea todo lo que hay a nuestro alrededor, desde un coche hasta el servicio de canguro a domicilio, porque hoy todo nuestro tiempo es tiempo comercializable- están pensados sólo para nosotros, celebra la individualidad y nos regala la personalización, ese mismo entorno comercial que todo lo abarca nos homogeneiza por completo. Es más, se nos requiere para entregarnos a la red al objeto de organizar entre todos, algo que no se sabe muy bien que es, bajo la filosofía de “todos juntos, enriqueciéndonos al unísono”.

¿Un nuevo hombre no interesado en “tener” sino en “conocer”? ¿Consumir conocimiento como eje de la economía posindustrial? La experiencia nos demuestra que siempre hay y habrá para todos los gustos, que no necesidades, porque necesidades, lo que se dice necesidades, hay pocas; la mayoría nos las crea el sistema para vaciarnos el bolsillo.

Pero mientras nos diseñan la economía que viene -por cierto, no estaría mal que los economistas se formasen en la especialidad de Ecología y Medio Ambiente, no para explotarlo mejor, se entiende, sino para preservarlo mejor…-, la mayoría de los humanos muere o malvive, y el resto se da placeres pequeños y grandes… Y aquí, en occidente, el caballo del consumo continúa desbocado. La impaciencia del consumidor se incremente y éste ansía la llegada de la nueva generación de los productos; el período entre deseo y satisfacción se acorta y la rápida obsolescencia del producto conlleva su propia devaluación. Esta aceleración ejerce una presión absoluta hacia la innovación.

Y ese es el fondo de la cuestión. Mientras la producción de bienes tradicionales se desplaza hacia países con mano de obra barata, EE.UU. y Europa han apostado por la economía del conocimiento, basada no en el desarrollo de bienes sino de ideas. Pero, si bien algunos tienen la capacidad de adaptarse con rapidez a las nuevas exigencias de la también nueva economía, éste no parece ser el caso de España. Según el último panel de la innovación de la UE, nuestro país es el único de Europa occidental que ha perdido terreno en dicha materia en los últimos diez años, y Europa, a su vez, pierde fuelle ante EE.UU. Hasta China superará al viejo continente si no se hace algo al respecto.

En nuestro país, la inversión privada en I+D+i es mínima y el fondo del asunto parece ser una cuestión cultural, y es que los españoles somos sumamente reticentes a la novedad y la renovación, además, en el ámbito empresarial, los desarrollos ya existentes no se incorporan. Aunque a corto plazo crecemos el doble que la media europea, no son pocos los analistas que advierten del peligro de una economía basada en el ladrillo. Aquí, en comparación con otros países de nuestro entorno, se produce menos, se trabaja más horas, el nivel salarial es menor, la vivienda más cara, y el nivel educativo no se aguanta en pie. Eso sí, consumir, consumimos como descosidos, la cuestión es ¿hasta cuando? Ahí va un dato sobre nuestro insuperable optimismo: España es el país europeo y uno de los países de todo el mundo donde los consumidores piensan gastar más en ocio y entretenimiento fuera del hogar, vestidos y moda, y productos de nuevas tecnologías, según un reciente estudio de la consultora ACNielsen. Por otro lado, y como consecuencia de lo anterior, España es el decimoséptimo país más atractivo para los inversores extranjeros de la gran distribución, según un informe elaborado por At Kearney que pone de manifiesto que nuestro país ha perdido atractivo para las inversiones de empresas industriales, (ya que la ampliación de la Unión Europea ha generado la aparición de nuevos mercados más competitivos) y lo ha ganado para las empresas mayoristas y de distribución, hasta situarse como décimo país más valorado por este sector. Este hecho se debe al aumento de los ingresos per cápita y a los ratios de crecimiento que está obteniendo el mercado minorista. El sector de las telecomunicaciones también considera a España como uno de los países más atractivos para la inversión; el décimo.

Las grandes compañías contratan las ideas en Europa, sitúan sus fábricas en China, y sus oficinas comerciales y grandes centros de distribución en países como España -que aquí lo compramos todo-. Pero debemos trabajar para el futuro, (no tan lejano), y la innovación es la clave para la mejora de la productividad. Si la construcción se ralentiza más de lo previsto y entonces el consumo decae y, como consecuencia, el tejido empresarial (básicamente comercial), se hunde; y nuestras empresas no son innovadoras, y por tanto competitivas para ofrecer productos atractivos a mercados exteriores, el panorama es, cuando menos, desalentador.

Pero no podemos quedarnos en el terreno de las ideas. En efecto, no es fácil incorporar la cultura del conocimiento y sistematizar procesos de innovación de modo que sean generadores de riqueza y bienestar. Se trata de llevar la teoría al terreno de la praxis, porque si no lo conseguimos, la economía del conocimiento, por lo que a nuestro país respecta, no será más que una tecno-ilusión, como socio-ilusión fue el marxismo, o educa-ilusión ha sido la Logse.

Crear cosas que todavía no existen. Esa ya no es la necesidad de la sociedad que viene, es la urgente necesidad de nuestro país, ahora. Pero las grandes empresas españolas son financieras o constructoras y no necesitan investigar, con mayúsculas. Confiemos pues en las spin-off para sacarnos de este atolladero… Pero, claro, para eso deberíamos tener una generación formada para la ocasión. ¿Está el sistema educativo adaptado para formar para la innovación? ¿Se está preparando a las nuevas generaciones, las del “copy & paste,” para que fabriquen ideas de valor? Rotundamente, no. Y no lo digo yo, lo dice el famoso informe PISA.

En fin, cierto es que el mercado se transforma, que el conocimiento es nuestro valor más preciado, como lo ha sido siempre -sólo hemos de echar un vistazo a la historia de la humanidad: ciencia, arte, literatura…-, pero ahora discurre por nuevos canales, más accesibles y flexibles; y de que los intereses colaborativos y participativos constituirán importantes fuerzas que empujarán a hacer de ésta una sociedad mejor, no cabe duda. Pero que no nos vendan que la nueva economía en red nos eleva a una existencia mística que nos lleva a la superación de nuestra naturaleza material para liberarnos del mundo terrenal, fundiendo al individuo en una gran masa de conocimiento y participación que dé origen a un ser cien por cien social…, entre otras cosas porque, mientras nos embelesamos con la ciber-ficción, alguien habrá acechando para capitalizar todo ese conglomerado de ideas y buscará -o tal vez lo haya conseguido ya- monopolizar las infraestructuras físicas por las que nuestro nuevo alimento ha de discurrir.

Sentada en un vagón del metro barcelonés, escucho las inquietudes de las dos sudamericanas que viajan en mi misma hilera de asientos. Sus angustias y también sus ilusiones, son muy terrenales. Platican sobre sus respectivos “papeles” -y no me refiero a los que han traído de cabeza a todo el país, el tema no les interesa lo más mínimo-; planean un paseo por el centro comercial; e intercambian sus números de teléfono móvil. Por cierto, una de ellas le cuenta a la otra que este año sí viajará para ver a sus hijos. De pie, un grupo de estudiantes ríe sin parar, mientras hablan de sus cosas; lo hacen mezclando las lenguas de aquí, y entre frase y frase, a la rubia del Erasmus le chapurrean un escueto inglés. No dejan de enviar SMSs; prefiero no opinar con respecto al “lenguaje” que están utilizando… Un hombre, con apariencia árabe, que lleva en la mano un libro en francés, mira a los chavales. Yo le miro a él, y al hacerlo rememoro el indescriptible color de la luz del desierto africano donde anduve una vez. Mis ojos se humedecen. La puerta se abre. Me bajo.

Delante de mí caminan dos mujeres “nacionales” de parecida edad. Entre las dos deben sumar unos 120 años y sus preocupaciones versan sobre los bajos de los pantalones y otras costuras, y además están que trinan porque no les llega la señal de TDT. También hablan de hacer un viajecito a su tierra de meigas, su otra tierra, y también intercambian sus números de móvil. Por lo que a mí respecta, prefiero quedarme aquí, con todos ellos, y esperar con curiosidad la llegada de terceras y cuartas olas de gentes diversas; primero, porque el mundo está ahí para todos y, segundo, para seguir enriqueciendo mi espíritu con sensibilidades venidas de otros lados, y no a través del ciberespacio, sino de la expresión contundente y del gesto leve, de las palabras dichas y de las calladas, de nuevos aromas y de insólitas fábulas. ¿Emigrar al ciberespacio? Pues con billete de vuelta…, que lo bueno está aquí abajo. Cada cosa, a su tiempo. Les aseguro que entre un chat de mi tema preferido ante miles de cibernautas sin rostro y un par de huevos fritos en buena compañía, de carne y hueso, me quedo con los huevos… pero, sobre todo, con la compañía…

La era del “yo”. …Y la tecnología nos hizo libres

La era del "yo" Opinión
OPINIÓN

Ahora que todos se arremeten en terreno ajeno; ahora que el terreno ajeno ya no existe porque todo converge y se mixtura en el centro de este impetuoso tornado que arroja su papilla a un mundo con apariencia de planta de fundición; incluso ahora que todo parece pasar por el Big Five (Google, Yahoo, eBay, MSN y AOL), es precisamente ahora cuando las capacidades individuales cobran un valor sin precedentes. La subjetividad y la intuición se erigen en competencias inigualables. Es el momento para la aportación única e irrepetible.
Las idas y venidas de publicistas, políticos, biotecnólogos, informáticos y productores cinematográficos intercambiándose cargos en empresas de ámbitos dispares, es un claro síntoma de esta búsqueda de cierta virginidad como base para la generación de ideas frescas. La transversalidad y la mezcla de lo dispar parecen ser el caldo de cultivo insustituible de la innovación, y así proliferan las mezcolanzas y la búsqueda de lo multidisciplinar.
Veamos… Tenemos a Murdoch metido a comprador de webs; a Disney, tras tomar el control de Pixar, otorgando al fundador de Apple la categoría de primer accionista; y al consejero delegado de Google, Eric Schmidt, sentado en el consejo de administración del fabricante de computadoras Apple, donde compartirá mesa con el presidente de la compañía, Steve Jobs, el exvicepresidente de EE.UU., Al Gore, y el presidente de la firma de biotecnología Genentech, Arthur Levinson, entre otros importantes y, por supuesto, dispares, ejecutivos estadounidenses.
Los movimientos de intercambio se producen también entre compañías, de modo que asistimos a una nueva relación en el mundo empresarial, que pasa de la competencia a la cooperación, en esta economía de las buenas maneras, en la que Pepsi da el chivatazo a Coca Cola de que una de sus empleadas, finalmente detenida junto a dos cómplices, le ha ofrecido la fórmula secreta de un nuevo refresco por un puñado de dólares, y ambos colaboran con el FBI, para preparar una trampa a la “desertora” y sus secuaces. Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

La era del “yo”

… Y la tecnología nos hizo libres

Por Mónica Daluz

Ahora que todos se arremeten en terreno ajeno; ahora que el terreno ajeno ya no existe porque todo converge y se mixtura en el centro de este impetuoso tornado que arroja su papilla a un mundo con apariencia de planta de fundición; incluso ahora que todo parece pasar por el Big Five (Google, Yahoo, eBay, MSN y AOL), es precisamente ahora cuando las capacidades individuales cobran un valor sin precedentes. La subjetividad y la intuición se erigen en competencias inigualables. Es el momento para la aportación única e irrepetible.

Las idas y venidas de publicistas, políticos, biotecnólogos, informáticos y productores cinematográficos intercambiándose cargos en empresas de ámbitos dispares, es un claro síntoma de esta búsqueda de cierta virginidad como base para la generación de ideas frescas. La transversalidad y la mezcla de lo dispar parecen ser el caldo de cultivo insustituible de la innovación, y así proliferan las mezcolanzas y la búsqueda de lo multidisciplinar. Veamos… Tenemos a Murdoch metido a comprador de webs; a Disney, tras tomar el control de Pixar, otorgando al fundador de Apple la categoría de primer accionista; y al consejero delegado de Google, Eric Schmidt, sentado en el consejo de administración del fabricante de computadoras Apple, donde compartirá mesa con el presidente de la compañía, Steve Jobs, el exvicepresidente de EE.UU., Al Gore, y el presidente de la firma de biotecnología Genentech, Arthur Levinson, entre otros importantes y, por supuesto, dispares, ejecutivos estadounidenses.

Los movimientos de intercambio se producen también entre compañías, de modo que asistimos a una nueva relación en el mundo empresarial, que pasa de la competencia a la cooperación, en esta economía de las buenas maneras, en la que Pepsi da el chivatazo a Coca Cola de que una de sus empleadas, finalmente detenida junto a dos cómplices, le ha ofrecido la fórmula secreta de un nuevo refresco por un puñado de dólares, y ambos colaboran con el FBI, para preparar una trampa a la “desertora” y sus secuaces. Anécdotas aparte, la búsqueda de oportunidades de negocio pone sobre el tapete todo tipo de paradojas, y asistimos al unísono a batallas campales entre compañías por abrirse camino en nuevos mercados en esta era de redefinición de modelos de negocio, y a alianzas de todas clases, que a su vez generan otras competencias, con el objeto de aunar, sobre todo, activos intangibles, ya sea para sumar clientes o para defenderse y reposicionarse en un mercado en el que los roles tradicionales de los distintos sectores se superponen y se transfieren en un constante e imprevisible fluir. Ahí tenemos a un trío en plena pugna: buscadores, productores de contenidos multimedia y compañías de telecomunicaciones. Los gigantes de Internet se están posicionando en competencia directa con sectores con los que tradicionalmente no han tenido intereses colisionantes, -como con el vídeo bajo demanda-, o convirtiéndose en destructores de valor -como ocurre con la telefonía gratuita PC a PC-. Y ante el impacto negativo que sobre los modelos de negocio de las empresas de telecomunicaciones tienen los amos de Internet, la solución para las primeras pasa por las alianzas: Yahoo!-SBC; MSN-Vodafone; iTunes-Cinguar; Google-T-Mobile; Skype-Aplus…

Los operadores de telefonía están sufriendo, y lo harán aún más, las consecuencias de un panorama en el que los mercados de telefonía móvil se saturan mientras la telefonía IP sube como la espuma. A ello se añade la apertura de redes, que restringe los feudos de clientela de los operadores históricos (ver sección En la Calle, pág. 52). Todo ello está llevando a las empresas de telecomunicaciones a definir un nuevo régimen de competencia y cooperación con los grandes portales. En tándem o a tres bandas. Como la web de subastas eBay, que en mayo se alía con Yahoo y en agosto con Google. El acuerdo entre eBay y Yahoo, que tiene por objeto reforzar la posición de ambos frente a Microsoft y al buscador líder, Google, establece que Yahoo será el proveedor exclusivo externo de todos los anuncios gráficos a través de la web de subastas de eBay, para sus páginas estadounidenses; a cambio, Yahoo escogía el sistema de pago online de eBay, PayPal, para que sus clientes abonen sus servicios. Un acuerdo similar se acaba de producir entre eBay y Google, a través del cual el buscador se convierte en proveedor exclusivo de anuncios de texto para las páginas de la casa de subastas situadas fuera de Estados Unidos. El documento incluye el intercambio entre ambas compañías de una nueva forma de publicidad en Internet: el click to call, que permite a los anunciantes comunicarse directamente con sus potenciales clientes mediante sistemas de telefonía por Internet.

Portales y operadores de acceso pugnan por la oferta de servicios triple play; los Big Five libran una incesante batalla por convertirse en el proveedor multiservicios de los internautas en la nueva fase web2.0 de la red; AOL acaba de anunciar que renueva su servicio de descargas de música online, AOL Music Now, ofreciendo cerca de dos millones y medio de pistas de audio y miles de videoclips; y Universal Music, un gigante de la industria discográfica, autoriza la descarga gratuita en Estados Unidos y Canadá de su catálogo en Internet, financiándose por la publicidad, con el objetivo de competir con Apple y su iTunes (que, por cierto, pronto permitirá la descarga, también, de películas). Ya hace algunos meses que los grandes portales japoneses se lanzaron al asalto de las grandes cadenas de televisión.

Todos quieren ser el proveedor de contenidos del futuro. Todos quieren ser el supermercado del ocio y todos tratan de hallar la estrategia ganadora en el ecosistema digital. Las productoras de música, vídeo y, pronto, de televisión aún no saben si deben alegrarse por contar con un canal más, o la distribución IP desvalorizará el producto hasta el punto de dejar de ser rentable. A su vez, los portales que han invertido en servicios de vídeo temen que los operadores busquen defender su oferta triple play, y sobre la mesa se sirve el debate en torno a la neutralidad en Internet.

Sí, todos entran en el terreno de todos, y en particular en el nuestro… Y es que ahora, en la era del “yo”, en la que todo se centra en la satisfacción de los deseos, en la obtención de placer, en la facilidad, en el confort y en la diversión, la electrónica de consumo vive su reinado. Aunque la dinámica alcista del sector, curiosamente, no está resultando ventajosa para los fabricantes tradicionales, que deben enfrentarse cada día a más competidores o, según se mire, a potenciales aliados… Todos refocalizan sus objetivos hacia el consumo doméstico: desde los grandes portales y motores de búsqueda, que adquieren nuevas pretensiones en el terreno de la electrónica de consumo, hasta fabricantes de software tradicionalmente alejados de los mercados dirigidos al gran público, como Microsoft, y que están restando protagonismo mediático a los actores históricos de la electrónica de consumo, pasando por otros ejemplos, como la reorientación estratégica de Intel a la que estamos asistiendo en los últimos tiempos, que también responde al objetivo de obtener el mejor partido a la dinámica de la nueva electrónica de consumo, o la maniobra de Apple, que revelaba sus aspiraciones en el mercado de ordenadores de consumo eligiendo equipar sus ordenadores con procesadores Intel. Ahí están

también los llamados subcontratistas de los fabricantes tradicionales de equipos, que hoy adoptan una estrategia de marca, como Acer.

La sociedad del «yo», con un consumidor concebido en primera persona, sujeto que ejerce y sobre el que recae su propia acción, nos aboca a una economía de servicios personales. Un consumidor convertido en protagonista absoluto del mercado, y que se halla inmerso en un gran escenario caracterizado por la sobrecomunicación, en el que las empresas buscan el modo de anticiparse a sus deseos, escudriñando las claves de sus valores aspiracionales y estilos de vida. Este imperio de la individualidad, en el que todo parece aproximarse al público, a la audiencia, al consumidor…, sin siquiera ir a buscarlo y que se le viene encima de un modo personalizado hasta la saciedad, fomenta el fenómeno del negocio del aire. Llegó con el desarrollo de las TIC y hay mucha gente metida en él. Publicistas, empresas de Internet, servicios empresariales… En esta nueva economía ingrávida, la capacidad para el análisis y la interpretación del procesamiento de los conocimientos se desarrolla al alza. A medida que el coste de las TIC se hunde, esta nueva economía valora los conocimientos subjetivos e intuitivos. Hoy se buscan personas con capacidad para crear marca, estilos, ambiente, moda, servicios y productos cuyo valor esté más allá del objeto, y su uso o tenencia genere experiencias ligadas al placer. En este sentido, es un hecho que en el mundo rico, cada vez más gente desea gastar su dinero en calidad aparente en lugar de en cantidad de bienes, viniéndose a dar un hartazgo relativo de bienes materiales al tiempo que una demanda casi ilimitada de servicios. Estamos metidos en una economía de servicios personales; es la economía del “todo cerca” y del “todo rápido”. Si el consumidor paga más por objetos y servicios que aporten experiencias placenteras también pagará por perder de vista toda actividad cotidiana fastidiosa. Hoy proliferan empresas de servicio de «toderos» (venezolanismo que designa a personas que hacen de todo; en otros países centroamericanos también los llaman “maridos de alquiler”…), que lo mismo pasean al perro, que hacen cola en Hacienda; arreglan una tubería, o se disfrazan de Santa Claus por Navidad…

La tecnología crea nuevos productos y servicios, nuevas categorías de demanda del consumidor, y también traerá «McTrabajos» o trabajos efímeros de servicios, en una economía que tiende a no producir cosas y que se vuelca en las actividades de ocio y en los servicios personales.

Si en los 80, la ingeniería financiera y los mercados de futuros fueron conceptos que nos hicieron sospechar que tras el mundo físico existía otro, más ligero, casi etéreo, que venía empujando con verdadero ímpetu, ahora que ya no está de moda ser un yupie, que los masters ya no lo son todo, y que se ha resquebrajado la verticalidad, ahora que Goleman nos ha dicho por activa y por pasiva que la inteligencia, para serlo debe ser emocional; ahora, de algún modo, nos encallamos en buscar la salida en el interior de los episodios pasados y retornamos a todas esas décadas del ayer para revisarlas y asegurarnos de que no nos dejamos nada en ellas antes de cerrar la puerta y reinventar la nueva era, una era que nos deja al desnudo con nosotros mismos y nuestra capacidad de mixturar, tamizar y percibir el mundo, para aportar un nuevo valor a una sociedad sedienta de aquello que todavía no existe. En ella, los informes de mercado y los cuadros de Excel pierden fuelle frente a las percepciones, sensaciones, interpretaciones y hasta presagios…, que forman hoy parte de la observación de los mercados. En la sociedad de la información el individuo deja de formar parte de una estructura inmutable, deja de constituir una variable de valor fijo, y se desgaja de ella con renovado caché, para ser un poco más feliz y un poco más libre…

¡Que fluya la música! El medio ya no es el mensaje

Que fluya la música
OPINIÓN
TECNORRELATO

Atardecía. Abrí el grifo. Me quedé observando aquel poderoso chorro de agua y vi en él algo que no había visto antes. Aquella mañana entrevisté a un experto en gestión de empresas de la industria musical que me introdujo en las teorías de un fulano que va proclamando por ahí que la música debiera ser como el agua…: el grifo se abre y siempre hay agua a nuestra disposición; agua que tras refrescar nuestra piel o limpiar nuestros alimentos se esfuma a través del desagüe… y, por supuesto, no se nos pasa por la cabeza irla almacenando en bidones indefinidamente. Hay agua en la cocina, en el lavabo, en la galería y hasta en el jardín. No era nada descabellado; en realidad, tenía sentido…
En eso iba yo pensando cuando de manera inconsciente deslicé la mirada por el salón viniendo ésta a caer sobre mi mueble preferido, y no porque su estética, a base de líneas puras describiendo volúmenes simplificados me conecten con las tendencias actuales y me hagan sentir que así soy una mujer a la última. No; el impulso que condujo mi atención hasta la cómoda fue lo que ésta alberga en su interior. Y es que ahí descansan en paz todos mis vinilos. ¿Desprenderme de ellos? ¡Ni hablar! Reconozco que su situación es de lo más triste, allí, muertos de asco en una estantería…, pero cada uno de ellos está vinculado a un recuerdo, a un sentimiento, a un afecto, o a alguna vivencia relevante o irrelevante, y cada portada desgastada es un pedazo de mi vida. No es sólo música; es lo que me costó ahorrar para comprar cada LP, aquellas salidas en pandilla para adquirirlos y, por supuesto, las largas horas contemplando el dócil vaivén de la aguja avanzando entre el surco cual velero sobre aguas mecidas por un incipiente mar de fondo, mientras, en simbiosis con cada nota mis pensamientos volaban lejos, muy lejos de aquella habitación de adolescente… Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

¡Que fluya la música!

El medio ya no es el mensaje

Por Mónica Daluz

Atardecía. Abrí el grifo. Me quedé observando aquel poderoso chorro de agua y vi en él algo que no había visto antes. Aquella mañana entrevisté a un experto en gestión de empresas de la industria musical que me introdujo en las teorías de un fulano que va proclamando por ahí que la música debiera ser como el agua…: el grifo se abre y siempre hay agua a nuestra disposición; agua que tras refrescar nuestra piel o limpiar nuestros alimentos se esfuma a través del desagüe… y, por supuesto, no se nos pasa por la cabeza irla almacenando en bidones indefinidamente. Hay agua en la cocina, en el lavabo, en la galería y hasta en el jardín. No era nada descabellado; en realidad, tenía sentido… En eso iba yo pensando cuando de manera inconsciente deslicé la mirada por el salón viniendo ésta a caer sobre mi mueble preferido, y no porque su estética, a base de líneas puras describiendo volúmenes simplificados me conecten con las tendencias actuales y me hagan sentir que así soy una mujer a la última. No; el impulso que condujo mi atención hasta la cómoda fue lo que ésta alberga en su interior. Y es que ahí descansan en paz todos mis vinilos. ¿Desprenderme de ellos? ¡Ni hablar! Reconozco que su situación es de lo más triste, allí, muertos de asco en una estantería…, pero cada uno de ellos está vinculado a un recuerdo, a un sentimiento, a un afecto, o a alguna vivencia relevante o irrelevante, y cada portada desgastada es un pedazo de mi vida. No es sólo música; es lo que me costó ahorrar para comprar cada LP, aquellas salidas en pandilla para adquirirlos y, por supuesto, las largas horas contemplando el dócil vaivén de la aguja avanzando entre el surco cual velero sobre aguas mecidas por un incipiente mar de fondo, mientras, en simbiosis con cada nota mis pensamientos volaban lejos, muy lejos de aquella habitación de adolescente…

Para amenizar mi soledad, porque a pesar de la marea de recuerdos que se me abalanzó al abrir aquel armario estaba esa noche más sola que la una, me metí en un blog sobre el asunto en cuestión, con el objetivo de averiguar si aquel sentimentalismo para con los susodichos polímeros era algo que me ocurría exclusivamente a mí. El caso es que me lié a conversar con un joven que parecía tener las ideas muy claras al respecto. Al principio se me antojó un ser un tanto frío e insensible, demasiado racional para mi gusto. El tipo decía cosas como “lo que quiero es oír la música, no acariciar la tapa de los discos” o “mi colección de CDs es pasto del olvido desde hace años, no sé qué hacer con ella, ocupa sitio y no sirve para nada”. A medida que íbamos entrando en materia aquel chaval me convencía con sus dolorosos pero certeros argumentos. Le dije que la industria de la música está tratando de ingeniárselas para aportar valor al soporte y su respuesta fue tan contundente como ilustrativa: “seguro -dijo- que los vendedores de hielo también hicieron cosas parecidas, y también bajaron los precios, pero la nevera seguía siendo mejor”. Por un momento vi claro que aquella estrategia de revalorización de intangibles para vender tangibles era, en realidad, la prueba definitiva de la agonía del modelo de distribución de “música física”.

Aunque seguía sin entender porqué alguien paga 1 euro por canción para encarcelarla en un pequeño aparato del que nunca podrá sacarla…; o más descabellado todavía, porqué alguien suelta 2 euros para descargarse una melodía en el móvil… Por lo menos, aquello demostraba que las nuevas generaciones estaban dispuestas a seguir pagando, aunque fuese de otro modo, por acceder a la música. Sí, acceder, pero cómo; ahí está la clave. ¿Disfrutarla sin poseerla? Primero deberemos preguntarnos si es la música un producto o un servicio. ¿Y si aquel teórico tenía razón? De hecho, si puedes oír cuanta música quieras, allá donde quieras, en el momento en que quieras ¿para qué poseerla físicamente? Aunque, por otro lado, es posible que todo el mundo ande pendiente de cómo la música digital pierde valor económico cuando, quizá, lo que esté perdiendo sea su valor emocional…

Una cosa es clara: la absoluta transformación de todo aquello que guarda relación con la música es imparable. Muchos frentes se abren para el debate, y el mayor de ellos es reflexionar sobre cómo combinar de un modo justo las tres variables de este embrollo: lo que es posible, lo que es ético y lo que es legal.

En algo todas las partes implicadas en la industria musical están de acuerdo, y es en que el modelo de negocio se está quedando obsoleto y que el futuro de la distribución de la música ya ha comenzado a escribirse. Los millones de canciones vendidas en iTunes nos indican qué está pidiendo el consumidor: la canción suelta prima sobre el disco. La industria debe evolucionar hacia una visión global del negocio y pasar de vender discos a vender música.

Todo comenzó a principios de los 80, cuando, con la decisión de adoptar el formato CD, la industria de la música inició su transformación de analógico a digital. Con la digitalización de la música y su distribución en formato CD era posible hacer infinitas y perfectas copias, exactamente iguales al original. Fue entonces cuando se precipitó la transformación de la música, que pasó de ser un producto a ser un servicio de entretenimiento.

En los tempranos 90’ los fabricantes de equipos informáticos (Dell, Hewlett-Packard, Apple, Compaq, Gateway) vieron el potencial de las aplicaciones de audio y comenzaron a desarrollar equipos domésticos con CD-ROM y, en ese momento, los altavoces devinieron parte integral de los ordenadores personales.

La combinación del formato CD, los ordenadores personales e Internet, propició la convergencia de tecnologías, que hizo posible que los consumidores “ripeasen” (1) música de sus CDs y obtuvieran archivos digitales de mp3 vía World Wide Web, mensajería instantánea o e-mail, y llevó a que la industria de la música comenzase a perder el control sobre sus productos.

La juventud se lanzó de manera espontánea a “postear” (2) sus extensas colecciones de mp3 en servidores y páginas donde las canciones podían ser descargadas por cualquiera. Nació Napster, el primero de una serie de sistemas par a par, como Kazaa, Morpheus, Grokster, Mies o Limewire que, de algún modo, repartieron fortuna entre compañías de electrónica de consumo y creadores de videojuegos, DVDs, tonos para móviles y tecnologías que permiten a los usuarios ripear y grabar sus propios CDs en sus PCs.

En la actualidad, según el informe Digital Music Report 2006, las ventas de música a través de Internet y de los teléfonos móviles durante 2005 generaron ventas de 1.100 millones de dólares, unos 380 millones de dólares más que el año anterior. Los usuarios descargaron 420 millones de canciones a través de la Red, 20 veces más que dos años antes.

(1) Ripear: procedimiento para transformar el formato de música de un CD (únicamente de audio) en un formato que pueda ser procesado por programas de música en el ordenador; en especial, convertirlo de trak a MP3.

¿Qué está ocurriendo en España? Si el mercado español de música grabada ha decrecido desde 2001 (año en el que se facturaron 685 millones de euros, mientras en 2004 la facturación fue de 462 millones de euros), en 2005 el merado repuntó, con un crecimiento del 3,9%, gracias a las ventas de logos, melodías y canciones en teléfonos móviles, y a la distribución digital legal. Durante 2005 el móvil se afianzó como dispositivo portátil para escuchar música; la música a través del celular ya representa aproximadamente un 40 por ciento de las ventas del mercado digital global.

(2) Un post es una porción de texto que se publica como entidad unitaria dentro de una bitácora. Es una anotación o un mensaje.

El mercado discográfico español está dominado por cuatro grandes sellos que controlan más del 80% del mercado: Sony-BMG, Warner, Universal y EMI. Les sigue Vale Music, que situado en un 9% de cuota ha llegado puntualmente al 20% coincidiendo con la emisión del programa televisivo Operación Triunfo.

El esquema de venta de música tradicional basaba el control del negocio en el control de la distribución, lo cual ha sido posible por tratarse de un soporte físico. Pero el panorama ha virado 180 grados. Hoy existen más de 335 sitios de descargas de música legales en todo el mundo, respaldados por empresas de electrónica, informática, distribución, telecomunicaciones o medios de comunicación. En España operan también algunos servicios de descarga con amplios catálogos de música en castellano, como Los 40, de la cadena SER, o Terra Música, de Telefónica.

La distribución on line también tiene ventajas para la industria de la música, pues supone un incremento del mercado y no una sustitución del canal de distribución: la música on line puede ampliar el catálogo y ofrecer productos de un gran número de compañías independientes, de modo que el nuevo canal se perfila como el más adecuado para los nichos de mercado, optimizando la long tail, concepto que hace referencia a cómo Internet está cambiando las leyes de la distribución y las reglas del mercado. La reducción en los costes de almacenamiento y distribución que permiten las tecnologías, hace que no sea ya necesario focalizar el negocio en unos pocos productos de éxito, de manera que se está dando una traslación del mercado de masas -centrado en el alto rendimiento de pocos productos- a otro de nichos de mercados -basado en la suma de todas las pequeñas ventas de muchos productos-. Las nuevas herramientas, como blogs, tags, RSS, wikis, podcasting, etc. permiten publicitar y dar a conocer el gran número de productos existentes en la long tail.

Con el nuevo canal aparecen también nuevas fórmulas de comercialización, pues éste permite obtener información acerca de qué música escuchar, no sólo a través de las recomendaciones del propio servicio de música on line o de las listas de éxito, sino mediante nuevos mecanismos como las playlists (listas de reproducción) o las opiniones y comentarios de otros usuarios enviados a través de correos electrónicos a los amigos.

En este sentido, la distribución on line tiene un valor añadido incuestionable, pues da acceso a intérpretes desconocidos; hasta la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores), a través de su división digital, SDAE, ha anunciado que admitirá como socios a los autores noveles que quieran dar a conocer gratuitamente su música vía Internet. La nueva música on line, en su fluir por doquier logra que cada día más gente se aficione a la música y que el ciudadano tenga más oportunidades de conocer intérpretes, y, de este modo, acudir a más conciertos (en 2005 el número de conciertos de música popular creció un 10,5%.)

Los dos modelos de negocio que se perfilan para la distribución de música digital son: el pago por descarga y la suscripción mensual a servicios de música on line.

En la modalidad de pago por descarga, las canciones descargadas suelen tener asociadas algunas limitaciones en su uso -es el modelo de iTunes, MSN Music, WalMart (EE.UU.) Tesco (Reino Unido) y los españoles Terra Música, Vitaminic, Los 40-.

El caso de iTunes ha marcado un antes y un después en los modos de consumo y distribución de la música digital y ha demostrado al mundo que otro modelo de negocio es posible. Su servicio de pago por descarga representa el 70% del mercado de descarga de música según la consultora NPD -otras sitúan esta cuota en el 83%-. Apple fundamenta su modelo de negocio (iPod+tienda iTunes) en la venta de dispositivos; el inconveniente de este modelo es que la música descargada en iTunes sólo se puede transferir a un iPod y la música descargada con otros servicios distintos de iTunes no se puede escuchar en un iPod, al utilizar una tecnología DRM propia para la que no se conceden licencias. Sony, por su parte, está desarrollando una estrategia en este sentido, con reproductores propios y un servicio de música específico para sus reproductores Sony Connect, que emplea un formato de codificación propietario (ATRAC) así como un sistema DRM propio (OpenMG) que impide la reproducción sobre dispositivos portátiles que no sean de Sony.

Este modo de distribución musical de pago por descarga se halla actualmente en una fase de replanteamiento de la política de precios fijos que ha venido manteniendo desde que fue establecida, en su día, pensando en una cifra fácil de comunicar al cliente final, sin tener en cuenta el éxito o antigüedad de la canción, a diferencia de lo que ocurre en la distribución física.

Por lo que respecta a la suscripción mensual, en la que los derechos de uso de las canciones descargadas están limitados al tiempo que dura la suscripción, ésta tiene diversas modalidades. La más común es el acceso a todo el catálogo musical del proveedor y la selección de los temas a través de streaming de audio (recepción instantánea), como el servicio Rhapsody Unlimited, que permite escuchar música de un catálogo de 1.300.000 canciones. También han surgido modelos de negocio complementarios, como ofrecer servicios de escucha de una canción una sola vez por un precio de 0,01 euros; interesante para aquellos usuarios que en lugar de escuchar siempre la misma música, prefieren escuchar de manera continua listas de éxitos, recomendaciones y playlists.

Otra variante de la suscripción es aquella en la que el usuario puede descargar archivos musicales transferibles a sus dispositivos portátiles; la propiedad de esta música se cancela si el consumidor no paga su cuota mensual: es una forma de alquiler de música.

Como último ejemplo, valga el de Pixbox (Terra), un portal que ofrece contenidos de ocio para comprar y también para compartir con otros usuarios que estén inscritos al servicio. Por 9,99 euros mensuales, el usuario puede descargarse todas las canciones que desee de entre el millón que constituyen el catálogo, con derecho a copiarlas en tres ordenadores diferentes, grabarlas hasta en tres Cd’s y escucharlas en tres reproductores. Además, si el cliente comparte la música con otros usuarios del servicio, puede obtener rebajas en su suscripción.

También existe la fórmula “radio en streaming”, en la que los clientes tienen acceso a un amplio abanico de estaciones de un género musical específico a cambio de una cuota mensual.

Las discográficas, por su parte, han intentado en algunos casos la vía de la tienda on line, pero el usuario desea encontrar en un servicio de música a todos los intérpretes, y las limitaciones de estas empresas, al respecto, les han llevado al fracaso.

Los operadores móviles también han buscado participar y explotar las nuevas posibilidades de este negocio y para ello han alcanzado acuerdos con las discográficas, que hoy, sin duda, apuestan por el móvil como un nuevo canal de distribución.

Al hilo de este extremo, cabe mencionar el reciente aterrizaje en España de Real Networks, con RealMusic, un servicio de venta de melodías para el móvil, que lo que pretende es crear un espacio propicio para el lanzamiento y la promoción de futuras promesas; es la estrategia conocida como marketplace. La idea, evidentemente, procede del fenómeno MySpace.

El nuevo panorama ha arrojado al mercado musical también nuevos actores: compañías discográficas que producen sólo música on line, distribuidores de compañías independientes, agregadores de música a tiendas on line, agentes licenciadores, etc.

Tecnología, modelos de negocio, leyes de protección…, muchas son las cuestiones que circunvalan esta evolución, no sólo del negocio musical sino del concepto de música en sí mismo, y una de ellas es la que se desarrolla en el plano de la ética.

La industria se descolocó cuando la música comenzó a circular gratis en la red, y hoy, la generación del mp3 ve con normalidad obtener música a precio cero. Lo cierto es que no es posible ponerle puertas al campo; ahí están los sistemas anticopia DRM, según sus detractores, el último intento por parte de la industria discográfica de aislarse de la realidad del mundo tras fracasar en su intención de ilegalizar las redes P2P.

Pero la corriente que aboga por el uso libre de materiales también se extiende entre algunos artistas, que optan por el copy left, acogiéndose a licencias de Creative Commons que, en sus diferentes modalidades, contemplan pequeñas o grandes renuncias a la propiedad intelectual en favor de la libre circulación de ideas y saberes. La más abierta es la «licencia de atribución», en la que el creador permite el uso y distribución de su obra sin restricciones; la variante «no comercial» contempla el libre fluir de los contenidos siempre que no se actúe con ánimo de lucro; y la «licencia no directiva», que permite que circule una obra, pero íntegra, sin que pueda ser retocada.

Creative Commons busca maneras de esquivar el copyright pero sin caer en posturas anarquistas de abolición completa de la propiedad intelectual. Lo cierto es que resulta muy difícil competir con algo tan barato como una red P2P y el hecho innegable es que las leyes sobre patentes y sobre propiedad intelectual deberán adaptarse a estos modelos de distribución y otros que seguro están por llegar.

En un futuro, es posible que junto a nuestros recibos mensuales de agua o luz, paguemos también el de servicios multimedia de entretenimiento, que incluirá una tarifa mensual por el consumo de música, vídeo y comunicaciones. Serán la ubicuidad, la posibilidad de estar en todas partes, y la movilidad, los elementos que marcarán el consumo del entretenimiento en esta nueva era, en este nuevo estilo de vida: el estilo de vida digital.

No suelo hacerlo pero, sólo por esta vez, me cité con el individuo del blog, para seguir hablando de música cara a cara y, como ocurre en un directo, no hay color… Quedamos en las Ramblas de Barcelona; sí, ese lugar de afloración espontánea de expresiones culturales que el ayuntamiento de la ciudad se ha propuesto regular ¿Regular la expresión cultural? se preguntarán ustedes; pues sí. Los pintores y caricaturistas que asaltan la vía para vestirla de color y colmarla de encanto deberán aprobar un examen, y pronto mimos y estatuas humanas también deberán pasar por el control de calidad…

El caso es que al principio creí que no era mi tipo. Después charlamos un rato y paseamos hasta una tienda de discos de toda la vida; habían pasado años desde la última vez que entré. Ahora, además de vender, compran cualquier cosa curiosa que les lleves. Él encontró un par de rarezas discográficas; una de ellas con tapa sesentera a lo Warhol, que no tenía desperdicio. Se las quedó.

Tras una, digamos que, interesante velada, nos despedimos. Llegué a casa, y de nuevo mi mirada se topó con aquel mueble, omnipresente a pesar de su minimalismo formal y su discreto tamaño, lleno de recuerdos, y sonreí; algo había cambiado, y es que nuevos recuerdos recién vividos se instalaban en mi interior para formar parte de mi pasado en un futuro. Corrí al PC, y allí estaba su e-mail cargado de música comprimida. Música, al fin y al cabo.

Costa Rica. Del cafetal al chip

Costa Rica. Del cafetal al chip
LUGARES
DEL MUNDO

Este pequeño país se ha fijado un claro objetivo de crecimiento focalizado en el desarrollo de una sólida industria tecnológica. En 20 años ha pasado de una exportación basada en sus recursos naturales, banana y café, a otra de manufacturas de alta tecnología.
Sin embargo, ni la población ni el gobierno parecen dispuestos a un “abordaje” de la modernidad al estilo del que ha tenido lugar en China, y están decididos a, en su recorrido hacia unas mejores condiciones de vida, no sacrificar su mayor tesoro: la belleza paisajística del territorio y la vida de las innumerables especies animales que lo habitan, y así, explotar su otra gran fuente de ingresos, el «ecoturismo».
Y es que este sorprendente país, que de algún modo ha llegado al wifi sin pasar apenas por el fax, y a pesar de sus gentes deambulando descalzas por calles de “pura” tierra…, ha dado con su valor diferencial y se ha empeñado en apostar por él. Tanto es así que hasta tiene un lema:  “Costa Rica, pura vida”. La frase figura en carteles callejeros, camisetas y todo tipo de objetos, y es voceado con orgullo por los lugareños. Parece que en medio de esta explosión de flora y fauna se ha optado por acometer un desarrollo de lo más racional.
¿Serán los ciudadanos costarricenses capaces de mantener su “ruralidad” y su riqueza natural al tiempo que ven a su alrededor cómo acontece el, por otra parte, deseado, despegue del consumo? Lo veremos… Entre tanto, he aquí un flash informativo sobre un país poco conocido y más «tecnológico» de lo que pensamos, ilustrado con bellas imágenes que no dejan lugar a duda: Costa Rica es ¡pura vida! 
Bloc de notas
Costa Rica tiene una extensión de 51.000 Km cuadrados y una población de 3.500.000 habitantes. Desde 1949 no tiene ejército. El 33% de la población cuenta con conocimientos en informática. En el año 1985 el gobierno disminuyó drásticamente los impuestos sobre los equipos informáticos.
Todas las escuelas y colegios públicos del país han incorporado laboratorio de informática. Las empresas constructoras de software y hardware se están instalando en este país que atrae inversiones extranjeras cada día que pasa. Mónica Daluz / pdf

La consola ¿el mejor amigo del niño?

La consola ¿el mejor amigo del niño?
Entrevista a Marilén Barceló, Doctora en psicología.

Desde luego, el mejor amigo de un niño debería ser otro niño. Está claro que los pequeños no quieren jugar solos, pero si lo están y tienen a tiro una videoconsola, la máquina puede acabar convirtiéndose en su mejor amigo… Para evitar excesos y proponer un uso saludable, el Ayuntamiento de Barcelona ha editado 38.000 ejemplares de la guía ¿Quién pone las reglas del juego?, una herramienta para que padres y educadores dispongan de mayor información a la hora de escoger y utilizar los videojuegos. Y es que estamos metidos de lleno en campaña, momento crucial para los tres fabricantes de consolas que se han propuesto repartirse un mercado con unas expectativas de crecimiento espectaculares.
La guía, que cuenta con el apoyo de Amnistía Internacional, ha sido editada por el Ayuntamiento de Barcelona y la Agencia Catalana de Consumo de la Generalitat, y será distribuida en centros comerciales, librerías, bibliotecas, centros educativos, asociaciones de padres y asociaciones de consumidores. En los comunicados del Ayuntamiento no se cita a los comercios de electrónica de consumo, así que nos hemos puesto en contacto con los responsables de la edición de esta guía de consejos.
María José Pedragosa, del Ámbito de Medios de Comunicación del Proyecto Educativo de Ciudad de Barcelona, dependiente del Ayuntamiento, confirma que, por lo que respecta a puntos de venta, se ha iniciado la distribución de la guía en El Corte Inglés, FNAC y Abacus -una cooperativa especializada en la comercialización de material pedagógico-. La segunda fase se está desarrollando en puntos de venta del canal informático ubicados en calles comerciales donde se concentra este tipo de oferta, así como en algunos centros comerciales de la ciudad. Pedragosa desveló para nuestra revista que “la primera idea fue elaborar una evaluación de cada videojuego, incluso nos pusimos en contacto con instituciones expertas que hubieran podido llevar a cabo el informe con criterios pedagógicos, pero con la campaña pisándonos los talones y el volumen de trabajo y, por tanto, de inversión, que hubiera requerido tal tarea, descartamos esta posibilidad.”
A ¿Quién pone las reglas del juego? le seguirán otras acciones como “la creación -explica Pedragosa- de un espacio en internet en el que se realizará una valoración pedagógica de cada juego que salga al mercado”, para lo cual ya se han iniciado conversaciones con la Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento (ADESE). “Además-concluye nuestra interlocutora- el site contará con un área de comentarios para que la utilicen los padres.” Consejos prácticos La guía aconseja aprovechar la motivación y el interés que despiertan los juegos en los menores para compartir, socializar y promover los valores familiares (con alusión explícita a los estereotipos y a la carga sexista y violenta de algunos de estos juegos), así como ubicar el juego en lugares donde sea fácil compartirlo, pactar los ratos y lugares de juego, y priorizar la selección de videojuegos que permitan más de un jugador. Alerta sobre el peligro de que las habitaciones de los menores, equipadas con todo tipo de entretenimientos, se conviertan en pequeños espacios de reclusión y aislamiento, así como de que niños y adolescentes tengan siempre el videojuego a su alcance, dada la dificultad de controlar su deseo de jugar. El documento hace un llamamiento a vigilar las horas de sueño de los menores y a que durante el juego se realicen descansos. Mónica Daluz / pdf

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LA CONSOLA, ¿el mejor amigo del niño?

Desde luego, el mejor amigo de un niño debería ser otro niño. Está claro que los pequeños no quieren jugar solos, pero si lo están y tienen a tiro una videoconsola, la máquina puede acabar convirtiéndose en su mejor amigo… Para evitar excesos y proponer un uso saludable, el Ayuntamiento de Barcelona ha editado 38.000 ejemplares de la guía ¿Quién pone las reglas del juego?, una herramienta para que padres y educadores dispongan de mayor información a la hora de escoger y utilizar los videojuegos. Y es que estamos metidos de lleno en campaña, momento crucial para los tres fabricantes de consolas que se han propuesto repartirse un mercado con unas expectativas de crecimiento espectaculares.

Mónica Daluz

La guía, que cuenta con el apoyo de Amnistía Internacional, ha sido editada por el Ayuntamiento de Barcelona y la Agencia Catalana de Consumo de la Generalitat, y será distribuida en centros comerciales, librerías, bibliotecas, centros educativos, asociaciones de padres y asociaciones de consumidores. En los comunicados del Ayuntamiento no se cita a los comercios de electrónica de consumo, así que nos hemos puesto en contacto con los responsables de la edición de esta guía de consejos. Maria José Pedragosa, del Ámbito de Medios de Comunicación del Proyecto Educativo de Ciudad de Barcelona, dependiente del Ayuntamiento, confirma que, por lo que respecta a puntos de venta, se ha iniciado la distribución de la guía en El Corte Inglés, FNAC y Abacus -una cooperativa especializada en la comercialización de material pedagógico-. La segunda fase se está desarrollando en puntos de venta del canal informático ubicados en calles comerciales donde se concentra este tipo de oferta, así como en algunos centros comerciales de la ciudad. Pedragosa desveló para nuestra revista que “la primera idea fue elaborar una evaluación de cada videojuego, incluso nos pusimos en contacto con instituciones expertas que hubieran podido llevar a cabo el informe con criterios pedagógicos, pero con la campaña pisándonos los talones y el volumen de trabajo y, por tanto, de inversión, que hubiera requerido tal tarea, descartamos esta posibilidad.”

A ¿Quién pone las reglas del juego? le seguirán otras acciones como “la creación -explica Pedragosa- de un espacio en internet en el que se realizará una valoración pedagógica de cada juego que salga al mercado”, para lo cual ya se han iniciado conversaciones con la Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento (ADESE). “Además -concluye nuestra interlocutora- el site contará con un área de comentarios para que la utilicen los padres.”

Consejos prácticos

La guía aconseja aprovechar la motivación y el interés que despiertan los juegos en los menores para compartir, socializar y promover los valores familiares (con alusión explícita a los estereotipos y a la carga sexista y violenta de algunos de estos juegos), así como ubicar el juego en lugares donde sea fácil compartirlo, pactar los ratos y lugares de juego, y priorizar la selección de videojuegos que permitan más de un jugador. Alerta sobre el peligro de que las habitaciones de los menores, equipadas con todo tipo de entretenimientos, se conviertan en pequeños espacios de reclusión y aislamiento, así como de que niños y adolescentes tengan siempre el videojuego a su alcance, dada la dificultad de controlar su deseo de jugar. El documento hace un llamamiento a vigilar las horas de sueño de los menores y a que durante el juego se realicen descansos.

El rey del entretenimiento

Según un estudio de DFC Intelligence, el sector del videojuego experimentará un crecimiento, como mínimo, del 50% en el período 2005-2011, convirtiéndose en la principal industria mundial del ocio, por delante del cine y la música. Ante tales expectativas los fabricantes de videoconsolas se han lanzado a la conquista del mercado con su tercera generación de aparatos

Hace tan solo unos días Sony puso a la venta en Japón 100.000 unidades de su PS3 y miles de personas hicieron cola en las tiendas durante toda la noche para adquirirla. De su antecesora, la PS2, se vendieron en cinco años 100 millones de unidades. El aparato, preparado para la alta definición, incorpora Blu-ray así como un nuevo chip de computación. En España la tendremos el próximo mes de marzo.

Para la Xbox 360, de Microsoft, ésta será su segunda campaña. La reciente celebración en Barcelona del X06, acto internacional en el que la compañía presentó las novedades relativas a su consola, demostró la sólida estrategia de la marca, que dispone ya de un catálogo de más de cien juegos para empujar las ventas mundiales de la Xbox 360.

¿Qué consola de nueva generación cree que tendrá mayor éxito?

Resultados de la encuesta publicada en La Vanguardia en su edición digital, a 15 de noviembre.

  • Playstation 3 ………… 51,5%
  • Xbox 360 ……………. 12,1%
  • Nintendo Wii ………… 36,4%

TEST: ¿Está enganchado a los videojuegos?

Éstas son algunas preguntas que Griffith (reconocido especialista en psicología cognitiva) propone para distinguir entre uso y abuso del videojuego. Algunos de los aspectos negativos que pueden derivarse del abuso de esta forma de entretenimiento son: la adicción, el nerviosismo y ansiedad, la transmisión de valores no deseados, el aislamiento y retraso en la socialización, la estimulación excesiva de la concentración y la inducción a conductas compulsivas.

  • ¿Juega la mayoría de días?
  • ¿Juega prolongados períodos de tiempo?
  • ¿Juega con excitación?
  • ¿Tiene berrinches si no puede jugar?
  • ¿Ha intentado limitar sus horas de juego y no lo ha conseguido?
  • ¿Realiza sus tareas del hogar?
  • ¿Sacrifica su vida social por jugar al videojuego?

El 2 de diciembre Nintendo colocará en el mercado japonés alrededor de 400.000 unidades de su consola de videojuegos Wii, a un precio de 211 dólares. En EE.UU. el aparato ya se ha empezado a comercializar y los responsables de la compañía han declarado que esperan vender dos millones de unidades dentro de este año. Wii permite acceder a una memoria interna de 512 megabits, y conectarse a internet para obtener noticias, hacer compras o enviar mensajes.

Bien elegidos y bien usados…

  • Desarrollan el instinto de superación
  • Mejoran la rapidez de razonamiento
  • Estimulan la concentración
  • Desarrollan los reflejos y la agilidad mental
  • Mejoran la coordinación manual
  • Constituyen una herramienta útil para adquirir habilidades propias de la sociedad digital

Videojuegos, marketing y móviles

El sector del videojuego se convierte en una nueva golosina para el marketing, si tenemos en cuenta que, según un reciente estudio de la consultora Nielsen, el 87% de los jugadores recordaban marcas con las que habían tenido relación a través de los videojuegos. Se estima que en 2008 la inversión publicitaria en videojuegos puede alcanzar los 260 millones de dólares; en 2005 esta cifra se situó ya en 79 millones de dólares. La inserción de publicidad en videojuegos es un terreno virgen para los anunciantes, pues esta práctica apenas cuenta con cuatro años de vida.

Este tipo de video-ocio es consumido en España por el 20% de la población y el negocio factura 800 millones de euros anuales, por delante del de la música o el cine. Pero la cifra de videojugadores va a ir a más y va a hacerlo de la mano de la telefonía móvil pues, de los ocho millones y medio de consumidores de esta modalidad de entretenimiento, 3,3 millones lo practican a través del teléfono móvil, y la cifra se incrementa cada dia que pasa, según ha informado ADESE.

TIPOS DE VIDEOJUEGOS

Tipos de juegoCaracterísticasHabilidades que estimula
DE ACCIÓN Y PLATAFORMASSe tienen que realizar acciones de manera repetitiva. A medida que el juego avanza, aumentan las variables y su dificultad.• Atención y observación
• Habilidad manipulativa
• Organización espacial y temporal
DE AVENTURAEl jugador protagoniza una historia en la que deben superarse pruebas, adquirir nuevas habilidades y descubrir paso a paso nuevos elementos hasta llegar al final del argumento.• Atención y observación
• Creatividad e imaginación
• Memoria
DEPORTIVOS Y DE CONDUCCIÓNSe recrea la práctica virtual de un deporte con unas reglas establecidas o la conducción de un vehículo o nave, con simulaciones muy fieles a la realidad.• Concentración y reflexión
• Organización espacial y temporal
• Razonamiento estratégico
DE ESTRATEGIASe debe gestionar y combinar estratégicamente una serie de recursos para lograr los objetivos que marca el juego.• Atención y observación
• Organización espacial y temporal
• Precisión
DE SIMULACIÓNSe pueden construir espacios y elementos, y gestionar o intervenir en su evolución.• Concentración y reflexión
• Creatividad e imaginación
• Razonamiento lógico

Fuente: Guía ¿Quién pone las reglas del juego?

ENTREVISTA A MARILÉN BARCELÓ Doctora en psicología, de Mensalus

Eso de que los chavales hablen con gente que no conocen, por lo que al desarrollo de competencias sociales concierne, ¿suma o resta?

Internet permite el anonimato, crear una determinada identidad. El Messenger, por ejemplo, no es malo, es una forma de comunicarse; los chicos tienen una conversación con sus amigos a través de esta vía como la podrían tener por teléfono. El problema es cuando la única forma de relacionarse la tienen a través del ordenador. Además del anonimato, otros factores de riesgo son la facilidad de acceso a internet y algo que atrae especialmente a los adolescentes: en internet no hay normas; es un espacio donde todo el mundo habla de lo que quiere y donde es posible acceder a casi todo. Con internet se creó el instrumento pero no una manera de ver realmente la accesibilidad.

¿Cómo valora el hecho de que se acorten distancias entre personas anónimas al tiempo que se deteriora la comunicación de proximidad?

En efecto, hablamos de manera anónima con una persona que vive a mil kilómetros y no lo hacemos con familiares que viven al otro lado de la calle. Es una contradicción; la sociedad ha avanzado mucho con las nuevas tecnologías pero no ha avanzado nada en la comunicación del día a día, la comunicación con la gente más cercana.

¿A qué se debe: a los nuevos medios de comunicación, al ritmo de vida, a la transformación de la escala de valores…? ¿Qué deberíamos hacer para fomentar la comunicación más próxima?

Todos los factores que citas están muy relacionados; la influencia más importante la ejerce la familia: sus valores, la comunicación entre sus miembros, el ritmo de vida que llevamos… Hoy en día, los niños tienen agendas de ejecutivo, y no hay espacios donde los niños puedan hablar. La comunicación no empieza cuando tienen 15 o 16 años, comienza cuando nacen, cuando son bebés, incluso antes, durante la gestación. ¿Qué medio ejerce una influencia más negativa en los niños: internet o la televisión?

Muchas veces puede ser más atractivo internet o un videojuego que la televisión, porque la televisión, hasta ahora, no implicaba una actitud participativa, y en cambio, internet sí la conlleva. Todo depende de cómo se dosifique. Ahora hay tarifas planas, muy asequibles, que son necesarias porque internet tiene que estar al alcance de todo el mundo, pero también hay menos control. El control no consiste únicamente en regular, sino en prevenir, y se previene trabajando sobre factores que hacen a la persona menos vulnerable a las conductas de riesgo o a desarrollar una conducta adictiva. Desde nuestro centro trabajamos mucho en la prevención, en fomentar factores protectores, como autonomía, tolerancia a la frustración, habilidades sociales… Los medios están allí pero los padres han de saber regular estas nuevas formas de ocio.

¿Qué patologías han surgido que no existieran hace 20 años, y qué representatividad tienen en el conjunto de la población?

Se han incrementado las consultas de padres con hijos que tienen problemas de concentración y rendimiento escolar, así como problemas de comunicación entre padres e hijos; todo ello puede estar influenciado por la sobreexposición o mal uso de las nuevas tecnologías. Hay no pocos adolescentes que permanecen hasta altas horas de la madrugada conectados a internet, de modo que al día siguiente son incapaces de rendir.

¿Cuándo podemos hablar de adicción?

Uno de los requisitos estipulados para hablar de adicción es cuando se dejan de hacer actividades que eran habituales en la persona o no se cubren las necesidades básicas. Es decir, un niño es capaz de no querer levantarse a comer por estar enganchado al ordenador, o bien deja de practicar actividades de ocio o deporte que antes le gustaban, por el mismo motivo; en definitiva, cuando un niño basa sus intereses en utilizar un videojuego o una página web. Entre los síntomas destacan, irritabilidad, nerviosismo, apatía, absentismo…, aunque no hay que confundirlos con la sintomatología propia de la adolescencia.

Con los videojuegos puede ocurrir que el abuso o uso inadecuado derive, a la larga, en juego patológico: máquinas recreativas con premio, loterías… La excitación y la competitividad son elementos comunes a ambas actividades.

¿Se puede definir, a grandes rasgos, la personalidad más proclive a caer en estas adicciones?

En la estructura de la personalidad, se ha comprobado que las personas muy introvertidas (introvertidas sin habilidades sociales, pues hay personas introvertidas que tienen habilidades sociales para explicar lo que les preocupa, lo que necesitan o lo que realmente quieren; ser introvertido no significa patología mental), personas sin recursos, que viven “en su mundo” y se aíslan, sin capacidad para expresar sus problemas, sus inquietudes o sus alegrías, que suelen dar muchas vueltas a las cosas; o las personas con una impulsividad elevada, que buscan sensaciones y a las que no les gusta la rutina, son más propensas a desarrollar conductas adictivas. También personas sin actividades alternativas, que llevan un ritmo de vida o de horario diferente al de la sociedad, pueden caer en conductas adictivas. El mal manejo de la soledad puede hacer que una persona tenga más relación con las máquinas que con los seres humanos.

¿Qué pueden o deben hacer los padres para evitar estas problemáticas? ¿La clave está en la comunicación?

En efecto. Ser padres no es una tarea fácil. Cuando una persona quiere adoptar a un niño se le hacen mil preguntas, pero cuando un padre se encuentra con un niño entre los brazos, nadie le pregunta “¿Y usted cómo va a educarlo?”. No es fácil pero, a veces, se utilizan las nuevas tecnologías como una manera de tener al niño distraído. Es más fácil que el niño esté una o dos horas jugando con el ordenador para poder hacer las tareas del hogar que estar hablando o jugando con él. Si tú le das el medio y no le das alternativas, como se distrae y lo pasa bien, se puede terminar enganchando. Es como ponerle al niño una película de vídeo para que cene, a veces, incluso ¡varias veces la misma película!… La comida o la cena pueden ser momentos idóneos para hablar con los hijos.

Internet: Revolución a caballo entre dos siglos

Opinión. Internet, audiencias y datos
OPINIÓN

Su valor: democratiza la información; su poder: la audiencia. Poco a poco las empresas van perdiendo el miedo a ofrecer su información mejor guardada a esa puesta en común del conocimiento. Colocar en la Red lo mediocre, lo menos valioso, ni es rentable, ni solidario y, además, está demodé.
Lo cierto es que la tendencia a gozar de los infinitos servicios de Internet gratuitamente avanza por momentos. Enciclopedias carísimas en papel son hoy gratuitas en la Red, programas de todo tipo, servicios de conexión, de correo electrónico, suscripciones sin cargo a publicaciones… ¿Dónde está el truco?, se pregunta el ciudadano de a pie. No hay truco: aquello que resulta de auténtico interés para el ciudadano/usuario tiene asegurada la audiencia, por tanto, la rentabilidad vendrá dada por algo tan obvio como la publicidad. Pero el verdadero negocio de Internet va a ser la compra de datos.
Cuando navegamos, nuestro ordenador deja un rastro susceptible de ser almacenado por los servidores, quienes pueden conocer cuáles son nuestros intereses o aficiones, información de enorme valor para las empresas que comercialicen cualquier tipo de producto. Los asiduos a la Red hemos podido comprobar que en nuestros correos electrónicos recibimos “casualmente” ofertas de los productos más coincidentes con nuestros gustos e intereses. La máquina ya se ha puesto en marcha…
A esto se añade la información proporcionada por el internauta cuando una página la solicita a cambio de cualquier cosa gratis: un concurso, un software… Se trata generalmente de datos sobre el número de integrantes de la unidad familiar y su configuración, así como profesión, ingresos, y demás.
En este sentido, la personalización de la información es otra de las tendencias de la Red, en la línea de las teorías en las que se fundamenta el marketing relacional basadas en la comunicación one to one, donde cada cliente es concebido como único. Las páginas de internet
permiten que cada usuario las confeccione a su medida, ya que para éste, es un aliciente saber que no está recibiendo lo mismo que otros miles de personas. De este modo, proliferan publicaciones on line que incluyen un “self service” de información, vía conexión o vía e-mail.
Internet, que nació creando comunidades virtuales no geográficas, hoy refocaliza su filosofía introduciendo el concepto de portales, esto es, páginas con servicios integrales, con el objetivo de atraer nuevos usuarios ofreciendo la posibilidad de acceder a gran variedad de servicios sin esfuerzo: noticias, buscadores, horóscopo, el tiempo, fotos, chat’s, páginas amarillas, sorteos…
Durante los próximos 5 años asistiremos a la clarificación de los usos y filosofías hoy gestantes; mientras esperamos, y por lo que a servidores respecta, ante la avalancha de conexiones, es preferible acogerse a modalidades de pago. Mejor por autopista… Mónica Daluz /
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Mónica Daluz
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