No hay duda, la electrónica de consumo ha tomado los hogares españoles esta Navidad. Vayamos al grano: las ventas de televisores de pantalla plana han experimentado importantes subidas que, por ejemplo, en Cataluña, han sido de entre el 8 y el 10%, en comparación con las navidades anteriores, y las de reproductores de DVD y telefonía se han disparado, mientras los reproductores de mp3 y las videoconsolas, así como la fotografía digital han sido algunos de los productos estrella.
Todo hacía sospechar que la campaña pintaba bien. Ya el primer festivo previo al inicio de campaña, en que los comercios abrieron sus puertas, las mareas de gentes yendo y viniendo con o sin bolsas, comprando o mirando, fue el preludio de lo que días más tarde se constató: las ventas crecen y la electrónica de consumo se erige en el regalo favorito.
Grandes superficies (según la Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución, el conjunto de sus compañías asociadas reforzó su plantilla para la ocasión con unas 20.000 personas en toda España), centros comerciales, tiendas situadas en los ejes más céntricos de la ciudad, comercios de barrio…, todos han ganado. Ya lo dice el secretario general de la Confederación de Comercio de Cataluña, Miguel Ángel Fraile, con la contundencia que le caracteriza: «Quien no venda en Navidad debe hacérselo mirar», afirmó en declaraciones recientes a un periódico catalán. Y es que, en esta comunidad autónoma las ventas navideñas han aumentado entre el 5 y el 10 por ciento, según la CCC, lo que, descontando el aumento anual de los precios (3,8%) sitúa el incremento neto de los comerciantes entre el 1% y el 6%.
Y eso no es todo. Según la consultora Nielsen, las ventas online cada vez convencen más -no en vano las empresas han invertido grandes cantidades de dinero en mejorar la seguridad de sus tiendas virtuales-, y entre el 29 de octubre y el 23 de diciembre, éstas crecieron un 30%.
Por productos, los más vendidos han sido los relacionados con hardware y aplicaciones informáticas (+126%), seguidos de los artículos de electrónica de consumo (+109%). En tercer lugar se encuentran los libros (+66%), y destaca la debilidad del segmento de videojuegos y juguetes, que ha avanzado únicamente un 9%. En el caso de los videojuegos, viene siendo habitual que cada vez que irrumpe en el mercado una nueva videoconsola (en esta ocasión con la recién llegada Xbox 360, y con Play Station III y Revolution en la rampa de despegue), el consumidor dosifique sus compras, adquiriendo el aparato y posponiendo la adquisición de los videojuegos. En el caso de los juguetes, la explicación también debe hacerse en clave tecnológica, y es que los pequeños se están incorporando antes al consumo de productos de electrónica. ¿Es que los niños juegan cada vez menos o es que los productos «electro» son como un juego de niños, cada vez más fáciles de usar y cada vez más enfocados hacia el ocio y la diversión?
En cualquier caso, los fabricantes han hilado una avispada estrategia para buscar nuevos nichos de mercado. Algo estará haciendo bien el sector cuando a lo largo de los últimos años ha sabido atraer al consumidor y convertir sus productos en una de las partidas de mayor peso en el gasto en los hogares españoles. Seguramente es porque está dando respuesta a los deseos del consumidor con productos que satisfacen sus anhelos de experiencias lúdicas y, además, lo hace con propuestas para todos los bolsillos… En cuatro palabras: placer a buen precio. Mónica Daluz / pdf
Editorial ¿Quién merece ser comprado?
En las páginas de Opinión de este número les hablamos sobre los cambios que se están gestando en torno al concepto de propiedad -tanto física como intelectual- así como de la necesidad de idear nuevas estrategias para adaptar el funcionamiento de las empresas a la nueva realidad económica y social llegada de la mano del avance de las tecnologías de la información y la comunicación. La traslación de la sociedad de consumo al mundo del ocio y, por lo tanto, hacia los productos culturales, hace converger ambas cuestiones y otorga un peso muy significativo a la industria audiovisual que debe adaptar su modelo de negocio para la explotación de los contenidos digitales.
Disney estrena Bambi II directamente en DVD y a los 70 días lo retira de la venta; el director cinematográfico Steven Soderbergh lanza su nueva película en DVD cuatro días después de estrenarla en cine; la productora norteamericana IFC Entertainment simultaneará estrenos en cine y a través de servicios de vídeo bajo demanda de televisión por cable. Éstos y otros malabarismos, como la compra de Pixar por Disney, -y con ella el aterrizaje del presidente de Apple en la mítica productora-, abren interesantes expectativas de cambio. A propósito de Apple -¡un fabricante de software y hardware!-, ITunes vende millones de canciones a 99 céntimos, lo cual escuece a los agentes tradicionales, productoras y distribuidoras, que asisten impotentes al desmoronamiento de su hegemonía y ven cómo “su” negocio se les escapa de las manos por falta de inventiva…
Y es que no saben qué hacer con nosotros, los consumidores pirata. Porque hoy, piratas somos todos; la tecnología lo permite. La cuestión es ¿dejar de serlo por convicción, o por imposición?
Ante el crecimiento del mercado de la música digital considerada ilegal, en sus diversas formas, -copia de CD a CD o de ficheros mp3, descargas desde webs o mediante programas P2P, o en el top manta-, la industria contraataca con el DRM (Digital Rights Management, o Administración de Derechos Digitales). Se trata de un conjunto de tecnologías que permiten encriptar contenidos de tal modo que es necesario adquirir una licencia o cumplir determinadas condiciones para poder reproducirlos según las reglas de negocio especificadas (suscripción, streaming, pago por descarga, pay per view); el software necesario para poder descargar y disponer de los contenidos; y además, dispositivos específicos que sólo reproducirán contenidos protegidos. Este sistema combinado de software y hardware permite la restricción de la reproducción o copiado de los contenidos multimedia protegidos, y con él es posible controlar el número de reproducciones permitidas, el período de reproducción, así como el número de copias.
El debate está servido y las partes buscan el modo de no quedar en la cuneta. El Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicaciones ha elaborado un informe en el que se insta a retomar el discurso en términos de fomento de la creación y no de protección, sugiriendo el abandono de la actitud defensiva y criminalizadora del usuario-consumidor, al tiempo que se estimule convenientemente la creación y la innovación. El público ha entrado de lleno en esta nueva forma de consumir y reclama personalización en la oferta, movilidad y ubicuidad; se trata de crear un sistema que sea justo y satisfactorio para todos. Las cifras son rotundas; las recoge el último informe de la Federación Internacional de Productores de Música: en 2005 se vendieron 420 millones de canciones digitales legales, más del doble que en 2004. Las descargas de música legal se han multiplicado por 20 respecto a 2004, y las suscripciones mensuales y descargas a través de móviles, representan el 40% del total de los ingresos de las productoras. Las descargas ilegales han caído un 20% desde abril de 2003, la venta de CDs ha bajado menos de lo que se temía y, por si esto fuera poco, la misma fuente asegura que quienes compran música en internet también compran CDs. Sí, crear constituye una necesidad del intelecto y del espíritu, y el ser humano ha creado en condiciones de lo más adversas, pero, si el creador, además de alimentar su espíritu puede también alimentar su estómago, las posibilidades de una oferta de contenidos culturales plural, de calidad y en cantidad, crecen, por lo que parece lógico preservar los derechos del autor.
Pero la situación tiene otra lectura. La tendencia apunta hacia la desaparición de los intermediarios, -en muchos sectores hace años que se vivió el declive de esa figura-, y hoy, artista y consumidor acortan distancias. En efecto, el hombre tiene necesidad de dar rienda suelta a sus talentos, pero en la misma medida tiene sed de consumir creación. Así que, creación habrá y se consumirá. Los cambios se darán en la manera de circular de los contenidos, de producirlos y comercializarlos; en las nuevas motivaciones del consumidor; tal vez en una nueva relación autor-consumidor; y seguramente, en quién hará negocio… Algunos grupos musicales venden sus canciones en sus páginas web -el LP de toda la vida va a baja…- y otros graban sus conciertos en directo y ponen el CD a la venta a la salida del espectáculo con el fan en plena euforia. Mientras, otros optan por lanzar sus CDs con una interminable lista de restricciones de uso: “puede no funcionar en algunos reproductores de CD con capacidad de crear mp3, con opción CD-R o CD-RW, en CDs de coche con GPS, reproductores portátiles, consolas de videojuegos, etc.”; creo que eso les hará parecer un poco antipáticos…
El público quiere conocer a sus ídolos de cerca y los artistas del mañana tendrán que ganarse a su cliente, y no sólo haciendo un buen disco; el artista deberá demostrar que es uno de nosotros, que no apuesta por la restricción sino por la libre circulación de la cultura a precio módico; en fin, se trata de dar con una buena estrategia de marketing con la que crear una imagen de cercanía y accesibilidad, por ejemplo, con un blog personal -eso sí con webcam para asegurar al fan que no hay trampa ni cartón-; hasta los políticos se han puesto manos a la obra: el presidente de la Generalidad de Cataluña sin ir más lejos, Pascual Maragall, acaba de estrenar blog, aunque sin webcam…
Como siempre, el consumidor tiene la última palabra y sabe que con su elección -con su dinero o con su voto-, puede colocar productos, ideas, personas, hábitos o creencias, en la cima del mundo, o borrarlos del mapa de un plumazo. Así, el creador de productos culturales será sometido al juicio permanente de la opinión pública y según se porte, o sea, según su imagen, será tratado. Recompensado o castigado. Comprado o copiado. Mónica Daluz / pdf
Editorial ¿Quién venderá productos para el hogar digital?
El número que aquí les presentamos recoge un tema del que se viene hablando desde hace 20 años pero que no acaba de arrancar: la domótica. Un reportaje, un artículo de opinión y este editorial, analizan el asunto desde distintas ópticas. La domótica propiamente dicha se incorporará a las viviendas del futuro, según parece, cuando la construcción necesite dotar de valores añadidos su oferta si quiere comerse un rosco. Por otro lado, la búsqueda de la automatización y de las sinergias entre los diversos aparatos del mercado propiciada por la digitalización, ha traído consigo la aparición de toda una serie de propuestas domésticas para el advenimiento del llamado hogar digital. Pero ¿hacia dónde nos lleva este proceso? En una palabra, ¿quién venderá productos para el hogar digital?
Sin duda irán apareciendo electrodomésticos capaces de integrarse a los sistemas domóticos del futuro y, por otro lado, en entretenimiento digital, los fabricantes de línea marrón proponen numerosas soluciones para centralizar contenidos de ocio. Existe, sin embargo, un número creciente de empresas de tradición informática que se han lanzado a comercializar interesantes productos y servicios para el hogar digital y que sobre la base principal de las comunicaciones wifi construyen una amplia oferta de las áreas de entretenimiento, telefonía y seguridad, pero que, además, no tienen ningún problema en ponerse a fabricar reproductores de DVD, o lo que se les ponga por delante; y lo distribuirán a través de su canal natural: el establecimiento de informática. ¿Cómo cambiar el rumbo que está tomando el asunto? Sólo hay un modo: abrazar la fusión informáticoelectro con todas las consecuencias. Llevamos 10 años hablando de convergencia tecnológica, pero la informática sigue abandonada en la tienda de electrónica de consumo. Recordemos que hoy, los argumentos para la venta van más allá del enumerado de las características técnicas de los productos, extiendiéndose a sus aplicaciones prácticas, su conectividad, sus potencialidades en el uso y sus posibilidades de ser combinados con otros aparatos; para ello hay que entenderlos. Solamente si dotamos el establecimiento de personal especializado en informática y nuevas tecnologías lograremos plantar cara a un canal que puede arrancarnos de cuajo la cuota de mercado. El canal electro debe convencer al fabricante de que está preparado para vender esas nuevas aplicaciones y productos; responsables de algunas de las marcas a las que estamos aludiendo (que prefieren mantener el anonimato) han declarado a esta redacción que la mayoría de los establecimientos del canal de electrónica de consumo carecen de los conocimientos necesarios en materia tecnológica, para comercializar sus productos. Esta concepción deberá cambiar si el canal electro no quiere quedarse vendiendo sólo electrodomésticos, siempre y cuando, éstos no se “domoticen” demasiado…
…Aunque los más avispados le darán la vuelta al asunto e integrarán la domótica como una nueva línea de negocio que venir a añadir a la venta de electrodomésticos, dimensionando sus empresas con las correspondientes áreas de proyectos e instalación. Mónica Daluz / pdf



