¿Imagina que un medio de comunicación de masas como la televisión se convirtiera en el más importante agente democratizador de la historia?
Aunque a algunos les parezca que no se puede vivir sin computadoras, son muchos los hogares que carecen de PC, de modo que la visión de una sociedad accediendo alegremente a todo el conocimiento del pasado y presente de la humanidad, de paseo permanente por el ciberespacio, es, en realidad, un espejismo, por lo que llevar la Sociedad del Conocimiento hasta el último de los rincones deviene imperativo de las democracias y, de paso, los estados contrarrestarían las consecuencias del proceso de concentración del poder económico -en lugar de aliarse a él-. (Sólo una idea: no estaría de más, por ejemplo, que el Gobierno considerase la instalación de redes Wi Fi que posibilitaran el acceso gratuito a Internet, como una infraestructura urbanística más, cual red de alcantarillado o alumbrado).
En efecto, el arribo de Internet supuso la irrupción de una fuerza desestabilizadora, una sacudida para el poder, que perdía el monopolio como emisor. Y sí, desde entonces los mensajes fluyen en horizontal, es más, con la proliferación de los cuadernos de bitácora la pirámide se invierte y aquellos circulan también de abajo a arriba. Además, con la digitalización también llegó la reducción de intermediarios y, por tanto, el acortamiento de las distancias entre consumidor y producto; un producto cuyo almacenamiento, difusión y transporte se ha simplificado de un modo espectacular con respecto a épocas anteriores. Asimismo, las nuevas tecnologías han traído consigo una nueva forma de evolución cultural en la que prevalece el principio de compartir productos y conocimiento, lo que ha suscitado el debate en torno al concepto de propiedad de la creación. En este sentido, parece difícil justificar el veto al intercambio de cultura entre particulares; más bien todo lo contrario: el establecimiento de mecanismos que permitan la realimentación cultural de los individuos debería constituir, precisamente, una de las aspiraciones de toda sociedad.
Pero hoy, además de ser todos emisores, también podemos ser productores; el sector audiovisual ha entrado en una fase indeterminada e impredecible de cambio, y la industria de electrónica de consumo coloca continuamente en el mercado productos de uso profesional adaptados al ámbito doméstico. Grabar en alta definición, editar fácilmente en un PC y distribuir a través de la banda ancha está al alcance del ciudadano de a pie. Y, lo más importante, en un futuro próximo, producción cultural de toda procedencia, ocio audiovisual, voz IP, información inmediata mundial y local, contenidos generalistas y especializados, comunicación entre ciudadanos y entre éstos y la Administración, y un largo etcétera, se darán cita en nuestro salón, en el aparato de televisión.
Pero si es cierto que el poder ha experimentado movimientos de traslación y cambios en la forma y en el fondo, -para empezar éste se ha instalado en la sala de juntas de multinacionales y entidades financieras-, también lo es el hecho de que hoy, la lucha por el poder es más encarnizada que lo fue jamás, porque él, el poder, está ahí, más accesible que nunca y a merced de cualquiera que logre conquistarlo, y proliferan las alianzas -que en otro tiempo fueron políticas y hoy lo son económicas-, para atraparlo o mantenerlo. De manera que asistimos a continuos movimientos de concentración a gran escala: operadores de comunicación, productores, distribución; cada día son menos y más grandes…
Pero todos ellos, no son nadie sin nosotros, los consumidores, porque, a fin de cuentas, de eso se trata, de que gastemos nuestro dinero en sus productos y servicios. Y resulta que las mismas tecnologías que han globalizado la economía han permitido que el ciudadano también haya entrado en un proceso de concentración, y las crecientes posibilidades de comunicación de todos con todos incrementa el capital social que ha de otorgar a la ciudadanía el mayor poder que jamás haya detentado. Mareas humanas se citan a través de las nuevas redes de comunicación para acudir a una manifestación por la paz o para cometer actos vandálicos, y las utilizan para aliarse en el boicot a empresas, para protegerse de la globalización o para castigar a los políticos. Pero mantener esa posición de fuerza implica un compromiso con la defensa de la libertad de flujo de saberes, frente a la brecha digital que pueden provocar los monopolios de software, las patentes sobre el desarrollo tecnológico, y las tecnologías y leyes de control digitales.
Y es que todos quieren el poder de la red y la guerra cibernética se ha desatado desde que un puñado de gobiernos, que se han revelado contra el control de Internet de EE.UU., amenazan con crear una segunda red si éste no cede la propiedad de Internet a un organismo internacional. La red corre el peligro de desmembrarse y, de ocurrir, sería su sentencia de muerte, tal como la conocemos, porque ello implicaría la existencia de dos redes que, probablemente, no podrán interoperar entre ellas. En esta ocasión, hasta los usuarios del ciberespacio coinciden en que lo mejor es dejar las cosas como están: fragmentar Internet también fragmentaría el poder del ciudadano.
En este número de En Línea les ofrecemos un reportaje especial sobre la televisión digital terrestre, con motivo de su inminente puesta en marcha. Ciudadanos, consumidores o audiencias que, para el caso, es lo mismo, parece que saldremos ganando -además de por la cuestión técnica-: tendremos más contenidos, lo cual no significa “mejores”. ¿Más de lo mismo? En cualquier caso, la llegada de la tecnología digital a la televisión otorga al ciudadano más oferta, luego más poder.
“La audiencia ha decidido que…” La frase parece una frivolidad, pero, créanme, es la frase de la nueva era; la era del poder de las audiencias. Mónica Daluz / pdf
Editorial. Últimos cartuchos
Las previsiones macroeconómicas incitan a agotar los últimos cartuchos. La curva de plazos de tipos de interés en EE.UU. sugiere la posibilidad de una recesión, ya que, por mandato de la Fed (Reserva Federal), los tipos a corto plazo siguen subiendo mientras que los de largo plazo se mantienen alrededor del cuatro y medio. Cabe pues esperar una ralentización del crecimiento a medio plazo, de momento, en el país norteamericano. Al menos esa ha sido la reacción del mercado durante los últimos 40 años cada vez que ha venido a darse esta inversión de la curva de plazos de tipos de interés.
Hace algunas semanas los telediarios nos ofrecían aparatosas imágenes de gentes alocadas precipitándose a tortazo limpio hacia el interior de los almacenes neoyorquinos, que abrían sus puertas con ofertas increíbles para celebrar el inicio de la campaña navideña. Por lo visto las ofertas superaban con creces los ya golosos precios de años anteriores, y es que todos sospechan que la desaceleración se aproxima.
En España, el gasto en consumo final en el tercer trimestre ha registrado una ligera moderación frente al segundo trimestre, y fuentes de Deutsche Bank acaban de anunciar que se espera una desaceleración de la demanda interior en 2006 y 2007, en consumo y construcción. Por otra parte, y según la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU), la actitud del consumidor durante la campaña navideña estará marcada por la contención. A pesar de todo, la asociación en cuestión cifra el gasto medio por español para estas fiestas en 832 euros, un 4% más que el año pasado.
En fin, como a nadie le gusta que le llamen aguafiestas, ahí estaremos todos, consumiendo a destajo. Y más le vale al comerciante aprovechar con intensidad las ventas que se avecinan. Por lo que pudiera deparar el futuro…
De momento, puede estar tranquilo, la tecnología es a jóvenes y adultos lo que los juguetes a los niños. Así que los caprichos tecnológicos van a ser los grandes deseados de las navidades.
Los fabricantes ya se han movilizado para convencernos de lo mucho que vamos a disfrutar si nos hacemos con los productos más punteros, como las pantallas preparadas para la recepción de señal en alta definición, asunto sobre el cual les ofrecemos en este número un extenso reportaje. Por cierto ¿han pensado a quién interesa que se vendan muchos televisores preparados para la HDTV?, además de a los fabricantes, por supuesto. Pues a los operadores de satélite. ¿Que por qué? Ante la oferta gratuita de canales que nos trae la TDT, ¿quién pagará por tener más canales todavía? Con la HD, y en previsión de que este sistema de emisión llegue antes por satélite que por la plataforma digital terrestre, las operadoras de satélite podrán disponer de una oferta diferenciada con la que salvar el negocio y evolucionar hacia una reconversión forzosa. Eso, siempre y cuando la oferta de contenidos de los canales de TDT suponga una verdadera competencia para el satélite, claro.
Otro gran protagonista del escenario navideño será el CD de audio. Y sí, lo de la piratería es francamente pernicioso para las cuentas de las grandes compañías discográficas (que pretenden, según han manifestado recientemente, usar datos de teléfonos e Internet para combatir la piratería en la UE), pero no caigamos en el error de poner puertas al campo. No se puede. El temor a los cambios denota inseguridad con respecto a la capacidad para adaptarse a ellos, pero el mundo de la música no tendrá más remedio que aprender a gestionar una nueva situación, porque que en el sector audiovisual los contenidos discurren de nuevos modos es un hecho consumado; los archivos de audio y vídeo deambulan por la red; el fenómeno podcasting ha creado una nueva versión de radio en Internet al alcance de cualquiera; y, sí, muchos inmigrantes ganan algunos euros vendiendo CDs piratas… ¿Y qué? La libertad de expresión se abre paso de un modo casi natural a través de los caminos trazados por las nuevas tecnologías, y hoy más que nunca -en época de inverosímiles vetos radiofónicos…- cobra plena vigencia la célebre frase de Voltaire que convendría no olvidar nunca: “No estoy de acuerdo con lo que dices pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”.
Por cierto, entre el entramado de cifras un tanto desalentadoras con las que abríamos este editorial, he estado a punto de olvidar un dato que puede marcar la diferencia: mientras el consumidor se aprieta el cinturón en la cesta de la compra y en la adquisición de bienes de consumo, el gasto en lotería experimenta un crecimiento significativo. Y eso le da una pista acerca de lo que la gente, verdaderamente, necesita… Así que, ya sabe, disfrace sus productos de algo infalible, algo a lo que nadie se puede resistir; junto al producto, aprenda a vender, también, ilusión.
Tenga usted unas felices y, por supuesto, suculentas ventas. Mónica Daluz / pdf
Tecnología a trancas y barrancas …Y el viajero se trocó en mundano turista
Para empezar, un sinfín de operadoras te atiborran a mensajes de bienvenida con el propósito de satisfacer el afán consumista con el que todo viajero de nuestros días, para serlo, debe dar el pistoletazo de salida a sus vacaciones.
A simple vista, todo resulta familiar, -¡demasiado…!-. Bermudas, zapatillas deportivas y pequeña mochila a conjunto; ese es el uniforme, seas hombre, mujer o niño.
Ya en el auto, desde el Este y en dirección Norte el símbolo hamburguesero infiltrado en todos los rincones del planeta parecía anunciar con una enorme sonrisa: –“no hay escapatoria para la globalización” (al menos eso es lo que yo leo cuando veo el “I’m lovin it”). A los más pequeños, sin embargo, les producía cierta sensación de protección el avistamiento de aquel emblema custodiado por la versión happy del muñeco diabólico. Por si esto no fuera suficiente, la imagen de un hipermercado al paso de una zona industrial, reconforta a los retoños, que vuelven a dormirse plácidamente al ver aquel establecimiento, porque, aunque se llame Auchan, algo les dice que se trata de un supermercado “amigo”… Es esa sensación de seguridad que dan los símbolos que nos acompañan en el vivir y cuya visión activa los recuerdos que de ellos penden en nuestro entramado neuronal, inundándonos los sesos de dopamina y serotonina, en fin, de placer y bienestar…
Pero si existe un elemento globalizador por excelencia, éste es el factor tecnológico.
Mi compañero de viaje y yo, a estas alturas hechos ya a las vicisitudes de la improvisación y habituales amantes de la aventura, decidimos, por esta vez, rendirnos a la curiosidad y dejarnos asombrar por lo que Google podía hacer por nosotros en materia de itinerario.
A través del buscador en cuestión, la red nos trazó una ruta personalizada con todo lujo de detalles, rematada con indicaciones del estilo “en la próxima calle gire a la derecha”, que me hacían tener que esforzarme para dejar de pensar en Google como si fuera una persona. Me resultaba grotesco observarme a mí misma construyendo de manera inconsciente, y llevada por mi indomable imaginación, el rostro de ese nuevo ente inmaterial que todo lo sabe y al que de todo pedimos, que se cuela en nuestras vidas con el ánimo de poseernos para lucrarse con ello. Mónica Daluz / pdf
Empresa sostenible ¿Es posible?
Dicen que la sostenibilidad es la revolución que viene en el mundo empresarial. Una corriente humanizadora se extiende entre los analistas más prestigiosos. Definir la finalidad de la empresa es la primera de las premisas y, parece lógico que convertir las necesidades de los accionistas en el fin de la empresa tomando una condición necesaria por suficiente, sea un error. La empresa sostenible integra en su quehacer la satisfacción de los intereses de todos los colectivos afectados, procurando el máximo beneficio al capital invertido al tiempo que atiende los intereses de sus trabajadores, contribuye al bienestar de la comunidad, satisface a sus colaboradores externos y proveedores, y preserva el medioambiente en sus decisiones.
Dicen que la sostenibilidad es la revolución que viene en el mundo empresarial. Una corriente humanizadora se extiende entre los analistas más prestigiosos. Definir la finalidad de la empresa es la primera de las premisas y, parece lógico que convertir las necesidades de los accionistas en el fin de la empresa tomando una condición necesaria por suficiente, sea un error. La empresa sostenible integra en su quehacer la satisfacción de los intereses de todos los colectivos afectados, procurando el máximo beneficio al capital invertido al tiempo que atiende los intereses de sus trabajadores, contribuye al bienestar de la comunidad, satisface a sus colaboradores externos y proveedores, y preserva el medioambiente en sus decisiones.
De manera que hemos pasado de una visión empresarial cuyo único objetivo era rentabilizar la inversión, a un modelo en el que tiene cabida un código ético elemental. Sin embargo, en los últimos años los grupos a los que la empresa debe satisfacer han aumentado, y han aparecido actores imprevistos que deciden su éxito o fracaso: los condicionantes del mercado, saturado de oferta; los culturales, con sensibilidades hacia las causas solidarias y hacia los peligros de un desarrollo no sostenible; o los de un consumidor consciente de su inmenso poder. Hoy, son muchas las empresas que coquetean con la estrategia de buscar el aprecio de la comunidad. En este sentido, y según los resultados de un estudio de Accenture, los distribuidores modernos deberían pasar a adquirir un protagonismo activo entre la población a la que sirven y convertirse en referentes para la comunidad. Sin duda, atender a más requerimientos tiene un coste adicional, de manera que la empresa deberá elegir entre un coste cierto y un beneficio potencial.
El caso es que, tanto la empresa que produce como el individuo que consume están llamados a tener en cuenta el impacto que supone la fabricación de bienes de consumo y el respeto a la comunidad humana y al entorno medioambiental implicado en cada proceso productivo, al objeto de no agotar los recursos naturales ni violar los derechos humanos.
Como casi todo, la sostenibilidad ya tiene sus siglas: RSC, o sea, Responsabilidad Social Corporativa; de hecho ya existe en España el primer observatorio de la RSC. La RSC es una nueva pero urgente medida, de entre las muchas que aún hemos de ver, que colocará un punto de cordura en el mundo globalizado, por una simple cuestión de supervivencia. Parece que en esta vorágine de intereses contrapuestos y más allá de la industrialización descontrolada de una era que, en contra de toda previsión, ha visto cómo la rapidez y profundidad de sus cambios tecnológicos no han supuesto en realidad el fin de la era industrial sino su aceleración y extensión, se abre paso una nueva visión empresarial. Mónica Daluz / pdf
La otra red ¿Al fin libres?
La euforia de aquellos que veían en la red de redes la llegada de un mundo sin fronteras y al alcance de cualquiera, se ha enturbiado a la vista y su sabor es algo amargo. Hoy, internet se nos antoja un manojo de promesas incumplidas; una virgen, por venerada, prostituida en su forma y en su esencia, donde todo se vende y poco se comparte; con contenidos al servicio de cualquier cosa menos a la difusión del conocimiento y sembrada de terrorismo publicitario incontrolable.
Nació para hacernos más libres, para conectarnos los unos con los otros, pero los usuarios de la red quedamos en manos de los proveedores de accesos. Ante ello, muchos son los ciudadanos que han reaccionado en todo el mundo y que se están uniendo para compartir intereses y ofrecer servicios y conocimiento de manera desinteresada. Se llaman comunidades Wi-Fi. Con ellas se anuncia la llegada de un mundo verdaderamente horizontal; la idea es crear otra red, o mejor dicho, muchas microrredes, libres y gratuitas, pero, esta vez, gestionadas por sus propios usuarios. Ello es posible gracias a que las conexiones inalámbricas a través de la frecuencia de radio de 2,4 Ghz son de libre acceso. Estas comunidades son espacio de encuentro e intercambio de ideas y experiencias. Su propagación conducirá a la construcción de redes de ámbito metropolitano mediante la instalación de puntos de acceso repartidos por las urbes y la interconexión de los mismos.
Con esta tecnología se consigue una conexión de banda ancha, mucho más veloz que la ADSL, con sus 256 kb/s. Pero las limitaciones de Wi-Fi impiden crear una red que dé servicio de calidad a millones de usuarios en cualquier área geográfica, ya que ésta no soporta más de 1.000 usuarios a la vez y el reuso de la frecuencia es limitado; en contrapartida sus ventajas permiten crear una red de ámbito local de manera rápida y barata. Mónica Daluz / pdf
Reflexiones sobre moda
Hay quien piensa que esto de la moda es algo así como un arte trascendental capaz de transmitir la esencia de aquello que somos y expresar la tormenta de sentimientos que el ser humano lleva dentro. Convicción alimentada por la poesía con la que nos sirven envueltas las tendencias, que nos hablan de orígenes, de recuerdos, de ilusiones, y nos dibujan en cuatro trazos un mundo fantástico, casi siempre onírico, lleno de luces y sombras o de pasiones a todo color.
Ellos, todavía creen en la inocencia de la creación, aunque Umberto Eco opine lo contrario. Eco es de los escépticos, como la gran mayoría. Lo cierto es que la moda ha venido a ser un fenómeno mediático desde la última década del siglo XX y hoy vivimos en el imperio de la imagen. Para echar más leña al fuego a una situación demasiado prostituida, vienen los grupos financieros, que son quienes marcan las modas de consumo y, por ende, el comportamiento, del primer mundo.
En nuestros días, la moda es más efímera que nunca. En la facultad me enseñaron que aquello que no entra en la “agenda setting” es como si no hubiera ocurrido; algo parecido para con la moda: si no hay foto no hay moda.
Hemos llegado a ver cómo la pasarela recrea la destrucción de las creaciones que, a tono con los más vanguardistas experimentos artísticos, desafían la condición de toda obra de arte, la perdurabilidad, como prueba irrefutable de su existencia; y el acto, por insólito, es noticiado con independencia del contenido.
Las voces más atrevidas cuestionan también la creatividad, y aseguran que hoy, no hay más novedad que la manera de fotografiarla y la forma de titularla. Platón vería materializado el más famoso de sus mitos. Solo los más lúcidos ven más allá de la realidad que nos es presentada en la televisión y en las páginas de las revistas, donde la creación se ha convertido en mera anécdota, en vulgar excusa para pregonar los escándalos más inverosímiles.
Pero no hay nada más fácil que criticar, y lo importante es qué piensan los otros, los que diseñan: ellos se obstinan en aunar el arte y la moda, es la moda-concepto, la esencia del diseño, es expresar con la creación un punto de vista cuya solidez esté más allá de las tendencia. Y aunque ellos son de los que piensan que aquello que existe es importante si lo es para un solo individuo, también son humanos, y concentran sus esfuerzos en que sus ideas sean posibles y lleguen al gran público.
Mientras tanto, los diseñadores albergan la esperanza de generar alguna idea que, aunque solo sea una vez, y aunque sea de manera marginal, cambie el modo en que nos vestimos, trabajando día a día por su contribución a la moda de verdad. Mónica Daluz / pdf
Aproximación socio-psicológica al futuro del sector

OPINIÓN
Futuro, diseño, naturaleza y espíritu
Caminamos hacia un futuro que parece ser muy agradable, muy placentero para el ser humano: la juventud se alarga, la vida también, la investigación en ciencias de la salud ha conseguido logros espectaculares y la tecnología que nos facilita la vida está a nuestro alcance.
Este futuro esperanzador unido al proceso de bonanza económica que vive Europa, explica las tendencias de la moda. Los colores claros se identifican, psicológicamente, con la alegría y por eso este año en todo el continente se está vendiendo y se seguirá vendiendo mucho el blanco, el celeste y toda la gama del blanco roto, además de otros más intensos y alegres, como el fucsia.
La moda no es tan distinta de la propia naturaleza; los diseños y los colores cambian en función del hábitat, se adaptan a él. Del mismo modo que se venden colores según el tono de piel, con las nuevas generaciones, que son mucho más fuertes, más altas y más robustas, habrá que buscar nuevas formas que cubran esa necesidad. Además, cada vez se vive más, y puede que en un futuro aparezca un cuarto segmento de prendas.
Otro factor que va a marcar la evolución de las prendas de baño es el gusto por el deporte al que se tiende en la sociedad del ocio, que hará que la estética se dirija, probablemente, hacia el look deportivo, muy descargado y de líneas juveniles.
Y no solo el deporte, sino el mayor nivel cultural se erige como elemento fundamental en la nueva estética. La mujer cuida su cuerpo y cada vez serán menos necesarios, por ejemplo, bañadores de extracontrol. Mónica Daluz / pdf
Mucho ruido y pocas nueces
Deseo fervientemente llenar mi despensa sin tener que perder las mejores horas de la semana deambulando por esos pasillos infinitos; pero no lo consigo. Quiero pagar sin tener que sufrir una cola que parece ser siempre la más lenta en avanzar; y no lo consigo. De la pesada fase final de ese inacabable proceso de compra, liberarme, tampoco he conseguido…
Confieso formar parte de lo que ya se ha bautizado como “generación X”, soy uno de esos compradores emergentes que no requieren tocar ni oler un producto para adquirirlo. Hoy, la Red ofrece escasas oportunidades para satisfacer la imperiosa necesidad de una generación que no desea la abolición del comercio tradicional, una generación que algunas mentes cartesianas ven como la nueva Inquisición, dispuesta a arrasar con las fórmulas tradicionales e implantar extraños e incomprensibles métodos futuristas Una generación, eso sí, que se siente a gusto con lo impersonal, características de los adictos a la Red, que concibe la decisión de compra como un acto individual y no desea la interferencia del prescriptor cuando no lo necesita. El consumidor de hoy, pero sobre todo el de mañana, tiene sus propios medios de adquisición del conocimiento previo necesario para una compra.
Tan solo reclamamos el derecho a tener una variedad en las formas y vías de ejercer nuestro acto de consumir y hoy por hoy, a través de la red, en productos de gran consumo, no solo la oferta es escasa, sino que las páginas tardan en descargarse y, en ocasiones, no aparecen todos los productos que se ofrecen en la tienda física. Pero la mayor incongruencia viene cuando el usuario es informado de la fecha de entrega, que para su sorpresa se efectuará “a lo largo del día”. Hoy, comprar en la Red, en la gran superficie o gran almacén, exige permanecer una jornada entera en el domicilio. Sin comentarios…
He llegado a pensar que tal vez la gran superficie no esté interesada en promover este canal; ciertamente la compra por impulso desaparece y consumidor racionaliza más su compra.
Qué duda cabe que el futuro es imparable y nos lanza irremediablemente hacia nuevas fórmulas que transformarán -pero no destruirán necesariamente- el canal de distribución tradicional. Éste deberá adaptarse, asimilar que su escaparate y también sus vendedores son la pantalla de un ordenador, que la gestión de una tienda virtual es diaria, que la logística es elemento fundamental, así como la atención al cliente, o transmitir confianza, esto es, aceptar devoluciones y ofrecer un site seguro. Mónica Daluz / pdf
Inteligencia emocional: invertir en capital humano
Cada vez es mayor el número de compañías que valoran las otras habilidades. Un expediente brillante o un C.I. -coeficiente intelectual- por encima de la media, ya no impresionan al empresario familiarizado con las diferentes capacidades del individuo que pertenecen más al ámbito de la organización de estructuras cerebrales que al conocimiento técnico.
No es ninguna novedad que excelentes alumnos en su etapa de formación, no llegaran nunca a ocupar puestos de responsabilidad y que otros, que lo fueron menos, estén hoy dirigiendo con éxito importantes empresas.
Por inteligencia emocional entendemos, la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con quienes nos rodean y con nosotros mismos. Podríamos resumir los talentos que influyen en el mundo laboral en las cinco habilidades emocionales y sociales básicas: conciencia de uno mismo, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales.
Un síntoma de inteligencia es, sin duda, la capacidad de adaptación a las nuevas situaciones y un equipo que no interiorice los cambios del entorno no aportará ni las ideas ni la disposición necesarias para contribuir a la evolución y adaptación de la empresa.
Asimismo, los ejecutivos que no han desarrollado la capacidad de escuchar y de aprender comparten rasgos como la rigidez, la incapacidad de adaptarse a los cambios y unas relaciones muy pobres, tendiendo a las críticas muy severas, la insensibilidad o las exigencias exageradas que terminan confundiendo al subordinado. Se trata de inadaptados emocionales con una percepción equívoca de la realidad.
El estudio de estas capacidades, que de unos años a esta parte estaban encaminadas al cultivo de lo que ha venido a llamarse crecimiento personal, es materia, ahora, de rabiosa actualidad en los departamentos de recursos humanos de las más importantes compañías. Ahora, se trata de establecer los métodos de identificar este tipo de capacidades e incorporarlos a los criterios de selección de personal de modo que el empresario se asegure rodearse de un equipo susceptible de ser estimulado, de identificarse con los objetivos de la empresa, capaz de trabajar en equipo, de comprender emocionalmente las diversas situaciones y las problemáticas del resto de los miembros de la comunidad laboral, -esto es, una percepción objetiva de la realidad-, entusiasta, y fácilmente adaptable a los cambios. Mónica Daluz / pdf
Editorial. DVD: Magia y caos…
Como toda revolución, la llegada del nuevo sistema de almacenamiento de datos digital, DVD, está generando grandes escepticismos, y aún más grandes adeptos, pero sobre todo genera desconcierto. La posibilidad de unificar el almacenamiento de datos, cualquiera que sea su naturaleza, en un único soporte, de gran capacidad y calidad, ha dejado de ser ciencia-ficción. Sin embargo, los intereses que se mueven detrás del DVD están convirtiendo una nueva tecnología en todo un embrollo, de modo que el destinatario último de todo este tinglado anda perdido.
Sobre la mesa, varios temas. La protección contra el pirateo es uno de ellos: curiosamente, aún no está en el mercado el grabador DVD video y no sólo se han comenzado a proteger los soportes contra copias, sino que existen ya numerosos mecanismos para eludir esta protección. Por otro lado, se ha acordado dividir el mundo en 8 regiones para la distribución del DVD al objeto de evitar que el consumidor compre su aparato antes de que éste se comercialice en su país, así que tendremos 8 tipos de lectores DVD-Video, incompatibles entre ellos.
Sobre las futuras grabadoras de video, dos cuestiones: las DVD-R sólo pueden grabar los discos una vez, solución nada atractiva, y la versión regrabable, las DVD-RAM, sólo permiten una hora de vídeo y sonido de alta calidad.
En audio, aún no está claro qué formato va a ser el elegido en Europa, y en informática, el DVD-ROM; el pez que se muerde la cola. Un soporte informático ideal por su gran capacidad, pero ¿cómo hacer que el consumidor renuncie a su reciente adquisición, el CD-ROM: invertir dinero, tiempo, y adaptarse mentalmente a una nueva tecnología? y, además, ¿cómo conseguir que se desarrollen productos para una plataforma minoritaria?
En fin, estos son los retos, y las soluciones, a la vuelta de la esquina: la apuesta es unánime, el DVD es el futuro… Mónica Daluz / pdf









