Inteligencia emocional: invertir en capital humano

Inteligencia emocional: invertir en capital humano
OPINIÓN

Cada vez es mayor el número de compañías que valoran las otras habilidades. Un expediente brillante o un C.I. -coeficiente intelectual- por encima de la media, ya no impresionan al empresario familiarizado con las diferentes capacidades del individuo que pertenecen más al ámbito de la organización de estructuras cerebrales que al conocimiento técnico.
N
o es ninguna novedad que excelentes alumnos en su etapa de formación, no llegaran nunca a ocupar puestos de responsabilidad y que otros, que lo fueron menos, estén hoy dirigiendo con éxito importantes empresas.
Por inteligencia emocional entendemos, la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con quienes nos rodean y con nosotros mismos. Podríamos resumir los talentos que influyen en el mundo laboral en las cinco habilidades emocionales y sociales básicas: conciencia de uno mismo, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales.
Un síntoma de inteligencia es, sin duda, la capacidad de adaptación a las nuevas situaciones y un equipo que no interiorice los cambios del entorno no aportará ni las ideas ni la disposición necesarias para contribuir a la evolución y adaptación de la empresa.
Asimismo, los ejecutivos que no han desarrollado la capacidad de escuchar y de aprender comparten rasgos como la rigidez, la incapacidad de adaptarse a los cambios y unas relaciones muy pobres, tendiendo a las críticas muy severas, la insensibilidad o las exigencias exageradas que terminan confundiendo al subordinado. Se trata de inadaptados emocionales con una percepción equívoca de la realidad.
El estudio de estas capacidades, que de unos años a esta parte estaban encaminadas al cultivo de lo que ha venido a llamarse crecimiento personal, es materia, ahora, de rabiosa actualidad en los departamentos de recursos  humanos de las más importantes compañías. Ahora, se trata de establecer los métodos de identificar este tipo de capacidades e incorporarlos a los criterios de selección de personal de modo que el empresario se asegure rodearse de un equipo susceptible de ser estimulado, de identificarse con los objetivos de la empresa, capaz de trabajar en equipo, de comprender emocionalmente las diversas situaciones y las problemáticas del resto de los miembros de la comunidad laboral, -esto es, una percepción objetiva de la realidad-, entusiasta, y fácilmente adaptable a los cambios. Mónica Daluz /
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© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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