Como toda revolución, la llegada del nuevo sistema de almacenamiento de datos digital, DVD, está generando grandes escepticismos, y aún más grandes adeptos, pero sobre todo genera desconcierto. La posibilidad de unificar el almacenamiento de datos, cualquiera que sea su naturaleza, en un único soporte, de gran capacidad y calidad, ha dejado de ser ciencia-ficción. Sin embargo, los intereses que se mueven detrás del DVD están convirtiendo una nueva tecnología en todo un embrollo, de modo que el destinatario último de todo este tinglado anda perdido.
Sobre la mesa, varios temas. La protección contra el pirateo es uno de ellos: curiosamente, aún no está en el mercado el grabador DVD video y no sólo se han comenzado a proteger los soportes contra copias, sino que existen ya numerosos mecanismos para eludir esta protección. Por otro lado, se ha acordado dividir el mundo en 8 regiones para la distribución del DVD al objeto de evitar que el consumidor compre su aparato antes de que éste se comercialice en su país, así que tendremos 8 tipos de lectores DVD-Video, incompatibles entre ellos.
Sobre las futuras grabadoras de video, dos cuestiones: las DVD-R sólo pueden grabar los discos una vez, solución nada atractiva, y la versión regrabable, las DVD-RAM, sólo permiten una hora de vídeo y sonido de alta calidad.
En audio, aún no está claro qué formato va a ser el elegido en Europa, y en informática, el DVD-ROM; el pez que se muerde la cola. Un soporte informático ideal por su gran capacidad, pero ¿cómo hacer que el consumidor renuncie a su reciente adquisición, el CD-ROM: invertir dinero, tiempo, y adaptarse mentalmente a una nueva tecnología? y, además, ¿cómo conseguir que se desarrollen productos para una plataforma minoritaria?
En fin, estos son los retos, y las soluciones, a la vuelta de la esquina: la apuesta es unánime, el DVD es el futuro… Mónica Daluz / pdf

