Empresa sostenible ¿Es posible?

Empresa sostenible ¿Es posible?
OPINIÓN 

Dicen que la sostenibilidad es la revolución que viene en el mundo empresarial. Una corriente humanizadora se extiende entre los analistas más prestigiosos. Definir la finalidad de la empresa es la primera de las premisas y, parece lógico que convertir las necesidades de los accionistas en el fin de la empresa tomando una condición necesaria por suficiente, sea un error. La empresa sostenible integra en su quehacer la satisfacción de los intereses de todos los colectivos afectados, procurando el máximo beneficio al capital invertido al tiempo que atiende los intereses de sus trabajadores, contribuye al bienestar de la comunidad, satisface a sus colaboradores externos y proveedores, y preserva el medioambiente en sus decisiones.
Dicen que la sostenibilidad es la revolución que viene en el mundo empresarial. Una corriente humanizadora se extiende entre los analistas más prestigiosos. Definir la finalidad de la empresa es la primera de las premisas y, parece lógico que convertir las necesidades de los accionistas en el fin de la empresa tomando una condición necesaria por suficiente, sea un error. La empresa sostenible integra en su quehacer la satisfacción de los intereses de todos los colectivos afectados, procurando el máximo beneficio al capital invertido al tiempo que atiende los intereses de sus trabajadores, contribuye al bienestar de la comunidad, satisface a sus colaboradores externos y proveedores, y preserva el medioambiente en sus decisiones.
De manera que hemos pasado de una visión empresarial cuyo único objetivo era rentabilizar la inversión, a un modelo en el que tiene cabida un código ético elemental. Sin embargo, en los últimos años los grupos a los que la empresa debe satisfacer han aumentado, y han aparecido actores imprevistos que deciden su éxito o fracaso: los condicionantes del mercado, saturado de oferta; los culturales, con sensibilidades hacia las causas solidarias y hacia los peligros de un desarrollo no sostenible; o los de un consumidor consciente de su inmenso poder. Hoy, son muchas las empresas que coquetean con la estrategia de buscar el aprecio de la comunidad. En este sentido, y según los resultados de un estudio de Accenture, los distribuidores modernos deberían pasar a adquirir un protagonismo activo entre la población a la que sirven y convertirse en referentes para la comunidad. Sin duda, atender a más requerimientos tiene un coste adicional, de manera que la empresa deberá elegir entre un coste cierto y un beneficio potencial.
El caso es que, tanto la empresa que produce como el individuo que consume están llamados a tener en cuenta el impacto que supone la fabricación de bienes de consumo y el respeto a la comunidad humana y al entorno medioambiental implicado en cada proceso productivo, al objeto de no agotar los recursos naturales ni violar los derechos humanos.
Como casi todo, la sostenibilidad ya tiene sus siglas: RSC, o sea, Responsabilidad Social Corporativa; de hecho ya existe en España el primer observatorio de la RSC. La RSC es una nueva pero urgente medida, de entre las muchas que aún hemos de ver, que colocará un punto de cordura en el mundo globalizado, por una simple cuestión de supervivencia. Parece que en esta vorágine de intereses contrapuestos y más allá de la industrialización descontrolada de una era que, en contra de toda previsión, ha visto cómo la rapidez y profundidad de sus cambios tecnológicos no han supuesto en realidad el fin de la era industrial sino su aceleración y extensión, se abre paso una nueva visión empresarial. Mónica Daluz /
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Mónica Daluz
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