Editorial. Y hasta aquí…, puedo leer

Editorial Y hasta aquí…, puedo leer
EDITORIAL

Cerramos el año con un número especial dedicado íntegramente a la información sobre producto (que incluye, además, la sección Actualidad), a través de un extenso escaparate a modo de catálogo. Un número con un contenido especialmente visual, en sintonía con los días que vivimos, días a todo color, días bañados por las luces de neón que hoy comparten el paisaje urbano con largas ristras de bombillas al más puro estilo tradicional.
En estas últimas semanas del año, siempre solemnes, más por los nuevos proyectos que nos autoasignamos, indefectiblemente y sin que la experiencia de compromisos incumplidos sirva de escarmiento, que por los que se clausuran con la expiración del año; y siempre excitantes, ya sea por pasar algún día más de vacaciones o por el contagio generalizado de ese nerviosismo que fluye en el ambiente en los momentos de máximo apogeo de delirio consumista; en estas últimas semanas, decía, he oído a los fabricantes decir de todo sobre ustedes, los distribuidores. Les cuento.
Algunos parecen haber tirado la toalla. ¿Derrotistas o realistas? En cualquier caso son aquellos que aseguran que el punto de venta es el eslabón de la cadena en el que más sinergias -y, por ende, oportunidades de negocio- se pierden, y que falta ánimo para explotar las posibilidades que ofrece ese espacio privilegiado en el que se desarrolla la última transacción comercial, la venta al consumidor final. En resumen, y por poner un ejemplo, ¿cómo se pueden vender televisores preparados para la alta definición si no se atiborran los lineales de aparatos emitiendo contenidos en dicho estándar?, ¿cómo prescribir un home cinema si no se brinda en el punto de venta la posibilidad de tener una experiencia auditiva 5.1?
Después están los optimistas, que creen fervientemente en que otro modelo de distribución es posible frente al que parece imponerse en el resto del mundo, y predican, para quien quiera escuchar, que el compromiso debe primar sobre la oportunidad, y no por cuestiones éticas, que también, sino por pragmatismo y como estrategia de garantía de rentabilidad con la que atajar la progresiva tendencia a cero del valor del mercado.
También los hay relativistas. Éstos hacen de la selección natural su bandera y aducen que la distribución que no se adapte completa e inmediatamente al consumidor, entrará, si no lo ha hecho ya, en un coma irreversible.
Pero aún hay otro perfil. Hablar con ellos resulta francamente conmovedor. Son aquellos que, si lo que venden son frigoríficos, te hablan, con los ojos chispeantes y el semblante jubiloso, de la vivencia irrepetible que el usuario experimentará al abrir un magnífico dos puertas, y del momento de inspiración culinaria que le embargará y que dará como resultado platos muy distintos unos de otros según sea la disposición de las bandejas contenedoras de los alimentos, o la incidencia de la luz sobre los mismos, por no hablar del tacto, texturado y cálido, del tirador… Es precioso…, pero ¿se imagina, amigo comerciante, vendiéndole a su cliente, inspiración…?
Entre tanto, ustedes se alían entre sí. Bien hecho. Pero alíense también con quienes son, al fin y al cabo, sus compañeros de viaje, los fabricantes, y no descuiden observar muy pero que muy de cerca al consumidor. Y, por si acaso, vayan formándose, además de en tecnología, en un nuevo terreno por explotar, el emocional…. Ah, y no dejen nunca que se les muera la ilusión. Para unos y para otros, ahí estaremos nosotros, dándoles todos los detalles…
Nuestro próximo número, el primero del año y, como es habitual, conjunto para los dos primeros meses, viene colmado de novedades y sorpresas. Nuevo diseño y nuevas secciones hilarán un producto hecho, como reza nuestro eslogan, con rigor y a su servicio. Tenemos una cita a primeros de febrero. Hasta entonces, en nombre de todo el equipo de En Línea 2000 y en el mío propio, les deseamos que disfruten de unas felices fiestas y unas mejores ventas.  Mónica Daluz / pdf

Calor de hogar. Cuestión semántica

Calor de hogar. Cuestión semántica
OPINIÓN
TECNORRELATO

Ahora se llama “inteligencia ambiental”. Lo de domótica no suena lo suficientemente emocional para el lenguaje publicitario-comunicativo que gastamos en los tiempos que corren, y no digamos, “automatización”, que es, a fin de cuentas, el origen del concepto.
“Nombres abstractos” y “nombres concretos”. Así clasificábamos en el colegio los sustantivos. Entonces se llevaba ser pragmático; lo abstracto, y hasta lo surrealista, quedaba para bohemios y otros rebeldes. Hoy, sin embargo, nos movemos en el plano de lo retórico y buscamos conmover con la palabra, en un mundo de sensibilidades y susceptibilidades en el que se dice “línea de expresión”, para no decir “arruga…
Los lingüistas y psicólogos, y viceversa, aseguran que las palabras condicionan las ideas, y viceversa. Todos jugamos a disfrazar los conceptos, lo cual requiere un interesante ejercicio de discernir las apariencias de las realidades. El arte del eufemismo, esa “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”, como lo define la Real Academia, se ha convertido en un ingenioso entretenimiento hasta para aquellos que nunca habían entrado en el juego dialéctico. Ustedes ya saben a qué me refiero.
Es época, pues, de descifrar mensajes y adivinar qué intención se esconde tras cada término, porque, aunque cada cosa es lo que es y cada palabra designa un concepto preciso, el contexto y el hablante son, a veces-unas más que otras-, determinantes. Hoy, en el tablero de juego nos toca escudriñar la diferencia entre, por ejemplo, “indefinido” y “permanente”, o entre “voluntad popular” y autodeterminación”. Pero dejemos el asunto, de momento, para los políticos…
No sé si permanente, pero desde luego bastante indefinida e imprecisa fue la conclusión que obtuve tras vivir la historia de encubrimientos y disimulos que les cuento a continuación; una historia de ficción, basada, para colmo de la apariencia, en un hecho real… Me cito en su propia casa, con un experto -al que llamaremos “Z”- en esta nueva disciplina que busca entrar a fuerza de irle renovando el nombre, pero que al final entrará, como todo lo demás, sólo por dictado de los mercados: la domótica. Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

¿Calor de hogar? Cuestión semántica

Por Mónica Daluz

Ahora se llama “inteligencia ambiental”. Lo de domótica no suena lo suficientemente emocional para el lenguaje publicitario-comunicativo que gastamos en los tiempos que corren, y no digamos, “automatización”, que es, a fin de cuentas, el origen del concepto.

“Nombres abstractos” y “nombres concretos”. Así clasificábamos en el colegio los sustantivos. Entonces se llevaba ser pragmático; lo abstracto, y hasta lo surrealista, quedaba para bohemios y otros rebeldes. Hoy, sin embargo, nos movemos en el plano de lo retórico y buscamos conmover con la palabra, en un mundo de sensibilidades y susceptibilidades en el que se dice “línea de expresión”, para no decir “arruga”…

Los lingüistas y psicólogos, y viceversa, aseguran que las palabras condicionan las ideas, y viceversa. Todos jugamos a disfrazar los conceptos, lo cual requiere un interesante ejercicio de discernir las apariencias de las realidades. El arte del eufemismo, esa “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”, como lo define la Real Academia, se ha convertido en un ingenioso entretenimiento hasta para aquellos que nunca habían entrado en el juego dialéctico. Ustedes ya saben a qué me refiero. Es época, pues, de descifrar mensajes y adivinar qué intención se esconde tras cada término, porque, aunque cada cosa es lo que es y cada palabra designa un concepto preciso, el contexto y el hablante son, a veces -unas más que otras-, determinantes. Hoy, en el tablero de juego nos toca escudriñar la diferencia entre, por ejemplo, “indefinido” y “permanente”, o entre “voluntad popular” y “autodeterminación”. Pero dejemos el asunto, de momento, para los políticos…

No sé si permanente, pero desde luego bastante indefinida e imprecisa fue la conclusión que obtuve tras vivir la historia de encubrimientos y disimulos que les cuento a continuación; una historia de ficción, basada, para colmo de la apariencia, en un hecho real…

Me cito en su propia casa, con un experto -al que llamaremos “Z”- en esta nueva disciplina que busca entrar a fuerza de irle renovando el nombre, pero que al final entrará, como todo lo demás, sólo por dictado de los mercados: la domótica.

Tanta inteligencia me sobrecoge y, no sé por qué, me hace sentir escalofríos. Todo es invisible, aunque el entendido dice que todo es “natural”. Yo no veo nada, todo está escondido, pero a mi entrevistado le brillan los ojos y gesticula con grandilocuencia cuando asegura que aquello es tecnología humanizada. Me dice que así, camuflando el hardware e incrustándolo en los objetos cotidianos, los entornos se nos antojan más amables. Por supuesto, este concepto ya tiene nombre: utilización percibida. Éste puede ser el punto de partida para redefinir el diseño de los espacios… y por ahí andarán también los rasgos del diseño tecnológico del mañana en la era de lo que algunos expertos llaman “el homo digitalis”. La invisibilidad y la hibridación creciente de los aparatos vendrán acompañadas de la posibilidad de diseño participativo de código abierto; llega el tiempo del posdiseño y, con él, la fusión entre estética y tecnología.

Y es que hoy nada es porque sí, todo se sustenta (o se justifica) en algún concepto filosófico, más o menos pomposo, salpicado de términos de siempre pero usados sorprendentemente y combinados con perspicacia, incluso de otros nuevos, creados “licuando” viejas palabras y novedosamente “horneadas”.

Volvamos a la casa. En el amplísimo pasillo interactué con una baldosa. Era una gran pieza de cerámica que mi anfitrión definió como “integrada” en el ambiente. Tenía razón; un poco forzada, pero, ciertamente, integrada. La baldosa funcionaba como una interfaz entre el usuario y la instalación domótica de aquella extraña casa, y unos sencillos dibujos, como para niños, definían los distintos accionamientos eléctricos de la vivienda, como iluminación o calefacción, que entraban en acción con tan sólo una caricia. Los dibujos tenían su correspondencia con en lenguaje braille. Aquello sí me pareció verdaderamente interesante.

En el salón (antes “sala” o “salita de estar”, aunque ahora que las viviendas parecen encoger, curiosamente, recurrimos al “salón”; así, con la palabra acabada en “o”, parece que amplía su dimensión; por otra parte, la susodicha estancia ya no sirve sólo para “estar”, sino para tantas otras actividades de ocio y trabajo que, diminutivo y adjetivo han dejado de corresponderse con la realidad de sus funciones), la enorme pantalla que presidía el espacio -definido, por cierto, no por paredes sino a través de la iluminación que iba creando “escenas”, como sustituto de las estancias-, reproducía en tiempo real cuanto ocurría en la escalera, ascensores y pasillos comunitarios del inmueble, lo que me hizo comprender que aquel hombre había visto todos mis movimientos desde que puse mis pies en el edificio; tal vez también los grabó para luego observarlos con más detalle. De pronto, Z, sin desviar ni un ápice su mirada de la mía, dijo –¡apaga la tele!-, y lo hizo en un tono imperativo, muy poco respetuoso; era evidente que, aunque allí sólo estábamos él y yo, no estaba hablando conmigo. La tele se apagó.

Nos sentamos en una especie de sillones colgantes, de líneas puras y de aspecto sencillo; había una falsa modestia en aquellos asientos, que no eran, por si les interesa, demasiado cómodos; eso sí, uno de los lugares más originales en los que, por ahora, he acomodado mis posaderas. “Seguro que no son lo que parecen”, pensé. En efecto. A los cinco minutos de estar allí sentados, aquel mueble escupió un informe completo sobre nuestras constantes vitales con el que mi anfitrión solía obsequiar a las visitas, en este caso yo, para impresionarlas. Pero no acabaron aquí las sorpresas. Z volvió a acariciar su mobiliario; esta vez dirigió su atención hacia la mesa de centro. La superficie en cuestión se trocó en pantalla táctil. –Es un ordenador social-, puntualizó. De hecho, era un tablet PC en posición horizontal, con cuatro patas.

En la cocina, la pared dejaba su papel pasivo de superficie vertical de instalación, volviéndose activa y multifuncional, eliminando la tradicional dependencia de la planta. Allí, en aquella estancia, no sé por qué, Z y señora no optaron por la invisibilidad, sino por la evidencia, la contundencia y el descaro tecnológico: de la campana extractora emergía un televisor, y el horno dijo algo un par de veces, pero mi entrevistado lo ignoró por completo. Me ofreció un café y acepté. –Voy a hacerlo a mano-, me aclaró con benevolencia… Según me dijo más tarde, el primer café del día salía automáticamente del electrodoméstico, al cerrar el grifo de la ducha. Pues bien, acarició aquella cafetera exprés con una sensibilidad que todavía no sé si me causó risa o pavor, porque lo hizo como lo hago yo con mis dos mininos, y me explicó que cada vez que preparaba un café, la máquina enviaba un SMS a su mujer, que no tardó en devolverle el mensaje con el ruego de que fuera el último del día. Desde luego, de los vaivenes de su tensión arterial tomaba la casa buena nota de manera, -ahora sí- permanente, pero no estaba de más aquella llamada entre preocupada y amenazadora… A todas éstas, la barra de cocina fue tan amable de obsequiarnos, de improviso -lo fue para mí porque, por supuesto, allí nada era improvisado-, con una divertida proyección de vídeo.

En un momento dado de aquella charla indeterminada, tuve necesidad de ir al servicio. Alguien debió advertir, como yo, que aquel inquietante espacio de hipercontrol resultaba insípido, desangelado, así que en la parte posterior de la enorme bañera, tenía aquel excéntrico colocado un fuego artificial a través de una imagen digital, para engañar a los sentidos. Mientras, aquella casa parecía adivinar mis pensamientos, y se adelantaba a mis movimientos vaciando la cisterna por su cuenta, abriendo a mi paso grifos y puertas, y encendiendo y apagando luces.

Aquella presencia invisible estaba por todas partes. Otras, más manifiestas, también hicieron su aparición; lo recuerdo bien porque casi me muero del susto. Dos pequeños robots-escoba en forma de platillo me rodearon primero, y pasaron de largo después, para seguir aspirando el polvo, o abrillantando, o lo que fuera que estuvieran haciendo aquellas máquinas que se paseaban en fila por toda la casa y con las que volvería a tropezar aún dos veces más antes de irme de allí.

Mis sentidos captaron, francamente, una escasa información sobre la vida de los habitantes de aquella casa, que debía estar insonorizada porque un antinatural “no ruido” me provocaba cierta sensación de ingravidez, como de estar a miles de kilómetros de la Tierra. Aquel lugar tampoco tenía ningún olor característico; excepto cuando hicimos café, momento en que la estancia se inundó en un segundo de un, sospechosamente intenso, olor a café soluble…; mi entrevistado me aclaró que le chiflaba aquel olor, así que la red domótica (él simple la llamaba, “la casa”) estaba programada para, al contacto del café con el agua, activar lo que definió como “generadores de olor”, (pero eran ambientadores), establecidos, por supuesto, al gusto y criterio de señor Z y esposa.

Dicen los neurólogos que nos hacemos una idea del mundo (tanto físico como del funcionamiento de las relaciones humanas) en función de la información que recibimos a través de los sentidos, de modo que alguien a quien nunca acariciaron con ternura es posible que se maneje con torpeza en el plano del afecto y otros que de él se derivan; y que construimos nuestros recuerdos y a nosotros mismos en función de nuestras percepciones, porque éstas generan emociones. Sí, las emociones nos edifican como personas y son la causa de que, a pesar de que los instrumentos de la orquesta sean los mismos para todos, nuestra partitura, la partitura de lo que somos, sea siempre distinta, y siempre impredecible, porque vivimos e interactuamos con un mundo que también lo es. Pero Z estaba creando sus propias percepciones y, sin saberlo, sus propias emociones y recuerdos, su identidad, y su realidad misma, viviendo en un mundo hecho a su imagen y semejanza.

La visita continúa. El hombre que tenía ante mí, hablando de las excelencias de aquel, su hogar, se había montado un gimnasio en ese peculiar ambiente inteligente (capaz de reconocer, entender y servir en consecuencia a su… ¿amo?), tal vez para compensar aquella ley del mínimo esfuerzo que viene implícita, queramos o no, con la domotización y digitalización de nuestros espacios vitales. Allí, las máquinas también estaban totalmente automatizadas, tanto para el control de los programas de los ejercicios como para la obtención de información sobre los resultados de los mismos.

A cada rato, la luz se avioletaba súbitamente; aquel tono malva debía ser como un lenguaje en clave entre aquella casa y el señor Z, porque éste se disculpaba y se retiraba durante unos instantes. Una de las veces, y para amenizar la espera, la casa sugirió una actividad lúdica para mí: -¿Le pongo música?-, preguntó. -¿Tienes algo heavy?- ¡… Dios mío, acababa de dirigirme a aquellas paredes como lo hubiera hecho a un colega de mi pandilla! No entendió la estructura de la frase, así que dije con tono rotundo: -Sí-. “Que ponga lo que quiera”, pensé.

Z volvió; se notaba que le encantaba hacerse el misterioso. Las “rutinas” por llamarlo de algún modo, que tenía programadas en la casa, decían mucho acerca de su personalidad y definían a la perfección sus particulares modos de vida. El hombre estaba entusiasmado como un chiquillo con su luz violeta; más tarde supe que aquella señal lumínica no era más que un aviso de recepción de e-mail…

“Qué vulgar”, pensé. Y es que después de los primeros diez minutos en aquel lugar, esperabas que cada emoción fuese más fuerte que la anterior, como en una atracción de feria, o ante un número de piruetas circense. Justo al contrario que en la vida, que cuanto más se recorre mayor es el disfrute del detalle, y hasta de lo trivial…

No sé qué tipo de aplicaciones tecnológicas tendría el hombre en el dormitorio, pero el caso es que pasamos de largo, y no hizo la menor mención. “Mejor”, pensé.

Definitivamente, éramos tres en aquella casa hiperactiva que no dejaba un momento de respiro… Inmediatamente después de la escena de las luces, las persianas comenzaron a bajar. Mi cara interrogante hizo que Z exclamara -¡es por los cristales!-, para aclarar aquel súbito movimiento. -Ya veo…-, susurré. Había empezado a llover. Aquella casa que parecía tener vida propia, detectó el agua y actuó en consecuencia.

Sin que yo me diera cuenta, el entrañable amasijo de ladrillos que protagoniza esta narración, avisó al señor Z de que la visita había finalizado, y no porque ellos -Z y su casa- tuvieran otra cita: por lo visto “ella” escuchó -o el hombre así le informó en alguna de aquellas caricias que le propinaba de vez en cuando a la pared- la hora de mi siguiente cita, que por lo visto mencioné de pasada, y su reporte de vialidad señalaba que en mi trayecto había un embotellamiento del quince… Yo, por descontado, estuve de acuerdo en dar por concluida aquella peculiar demostración de inteligencia contextual. Antes de marcharme, Z me dijo que mientras me esperaba, y aprovechando que me retrasé tres minutos y medio, había dado un par de órdenes al sistema, y que ya estaba todo dispuesto para que el 15 de enero de 2007 a las 19,30 horas, luces, música y temperatura recrearan el ambiente ideal para una fiesta íntima con motivo de sus bodas de plata; me aseguró que su nevera se había comprometido a hacer la compra un par de días antes de acuerdo con la receta propuesta por el horno y que a él le pareció ideal para la ocasión.

Al pasar por una de las diversas pantallas que nos asediaron a lo largo del recorrido fuimos asaltados por unas durísimas imágenes de un barrio chabolero de Brasil, y Z chasqueó los dedos para desvanecer de inmediato aquella contradicción. Unos segundos de tenso silencio entre nosotros atravesó nuestras almas. Por lo menos la mía. Aunque lo cierto es que no alcancé a discernir si aquello era un informativo, un spot, o un videoclip… porque hoy, como dice Pérez Reverte, una imagen ya no vale más que mil palabras sino que necesita más de mil palabras para ser explicada… Para romper aquel instante de contacto con el mundo real, Z me contó que su vivienda también sabía simular presencia humana; me sentí abrumada, algo mareada y no quise preguntar cómo lo hacía pero imagino que esta especie de casa encantada se dedicaría a encender y a apagar luces, o poner música de vez en cuando; seguro que era incluso capaz de ladrar… Pero así explicado, como lo hacía Z, con aquel entusiasmo…, les aseguro que no parecía ninguna tontería.

Cuando nos despedimos, Z hizo un incomprensible gesto con el dedo índice, dibujando tres círculos en el aire y sobre nuestras cabezas. Inmediatamente se oyó una viril y seductora voz que me deseó con cortesía, un buen día. Parecía sincera -y lo digo así, en femenino, porque a pesar de su voz, aquello seguía siendo una casa…-

No, mi anfitrión no dejó de sorprenderme ni un momento, con esa particular relación que, a todas luces, se había establecido entre aquel ser humano, algo excéntrico, y aquella casa, ciertamente, encantadora…

Todos allí estaban divinamente compenetrados. El señor Z, su esposa y aquella casa formaban, sin duda, un trío perfecto…

Y no es ficción: la baldosa, la bañera con fuego y las máquinas del gimnasio pudieron verse en Casapasarela 2006 el pasado febrero. Lo de la casa parlante se fundamenta en los diversos proyectos existentes sobre Procesamiento del Lenguaje Natural (PLN), como el proyecto Julieta, llevado a cabo por la Universidad de Sevilla; se trata de un sistema de diálogo para un entorno domótico que permite dar órdenes orales a ciertos dispositivos del hogar y programar funciones verbalmente sin la mediación de comandos artificiales. (El del PLN es un campo problemático por cuanto las lenguas son entidades inmensas y mutantes, inundadas de irregularidades y ambigüedades, a lo que hay que añadir los problemas que surgen en el acto comunicativo, como la información implícita o errónea desde el punto de vista gramatical). La mesa-ordenador es un prototipo de Hewlett-Packard y fue mostrada en su convención anual en Tenerife en julio del año pasado. El proyecto se denomina HP Misto y la idea de sus creadores es reunir a las personas en torno a “experiencias”. Los ladridos para simular presencia humana es un dispositivo llamado Alarma Perro Electrónico, que se activa cuando el sensor de movimiento reconoce que hay alguien fuera de la casa: unos altavoces emiten el sonido de un feroz perro ladrando y, posteriormente, se encienden las luces de una estancia.

Los espacios definidos por la luz, los generan aparatos como el que recogió el pasado mes de marzo una exposición de domótica en El Corte Inglés de Barcelona -sistema Lutron-. La barra de cocina “proyecta-vídeos”, además, emite música relajante y muestra cómo elaborar recetas; es el proyecto CounterActive del Instituto de Tecnología de Massachusetts.

Pero, por lo visto, esto no es nada comparado con lo que vendrá. El móvil en el anillo o la cámara incorporada en el botón de la camisa se sumarán a la nevera que hace la compra con cargo automático a la cuenta o el lavavajillas que decide cuál es el mejor programa de autolimpieza.

La incorporación de las TIC a la vivienda no sólo incluye sistemas domóticos sino también innovaciones en el diseño, los materiales, etc.; desde estructuras giratorias al servicio de la bioclimática, de lo cual ya es posible encontrar algunos ejemplos, hasta nuevos materiales, actualmente en fase de desarrollo, que al ser expuestos a los rayos solares y a la lluvia son capaces de eliminar los gases tóxicos y contaminantes.

Hoy el hogar es el centro de nuestro mundo y en él conviven digitalización y domoterapias; enfermizos de la tecnología tienen también episodios de orientalitis e instalan un sofisticado artilugio para el control del hogar al tiempo que sitúan la cabecera de su cama en función de la estación del año. Sin duda, la vivienda está mutando, y nuestra relación con ella y los objetos se redefine por una combinación de circunstancias, no sólo tecnológicas, pues han acaecido transformaciones en la vida doméstica asociadas a factores como el cambio del papel de la mujer en el hogar, las modificaciones en la estructura y cantidad de personas que cohabitan, o alteraciones en los códigos de convivencia y los roles cotidianos, que han incidido en la dirección de las aplicaciones tecnológicas en el hogar.

Y es que la tecnología da mucho juego y hoy todo se reconvierte en busca de valor, objetivo que llevado al extremo corre el peligro del absurdo. Y no digo yo que una prenda con sensor de temperatura incorporada sea algo absurdo, en absoluto, o que levanten hoteles de lujo para perros con webcams en las ¿habitaciones?, para que los dueños ¿disfruten? de su mascota en la distancia…

Todos los sectores quieren aprovechar el tirón de las tecnologías de la comunicación y del entretenimiento. Hemos visto cómo a la construcción le depara una interesante aventura con la irrupción de la domótica. El sector textil está llamado a fusionarse con la tecnología de modos aún imprevisibles (así lo demuestran las últimas convocatorias feriales del ramo). Asimismo, el hogar digital ha generado una adaptación de los elementos decorativos a las nuevas tecnologías: el mobiliario ya no tiene que disponer del espacio necesario para soportar una televisión y su profundidad correspondiente. Hay mubles de salón que integran hasta el soporte para la televisión plana o dejan el hueco para el plasma o LCD de gran tamaño.

Nadie sabe lo que la tecnología nos depara, el caso es que entre estándar va y estándar viene, nace esa otra realidad topográfica del espacio hertziano que condiciona nuestras experiencias en función de las frecuencias electromagnéticas a las que podemos acceder. El nuevo mundo que nos envuelve, y que se edifica en el espacio que nos rodea, ya no es ámbito de interés sólo de los ingenieros de telecomunicaciones y los organismos reguladores, y su presencia, no sólo mesurable ya por los científicos con sus gausímetros sino por cualquiera que tenga un móvil o una PDA con conexión inalámbrica, es objeto de interés de analistas de todo tipo, desde culturales y artísticos hasta políticos.

Existen ya nuevos objetos cotidianos que gracias a los estándares de conectividad inalámbrica y a las tecnologías de posicionamiento, como la RFID, que crean un enlace permanente a través del espacio hertziano entre el objeto y una base de datos online, permanecen localizados en todo momento en el espacio y en el tiempo dejando constancia de la particular historia de su paso por nuestras vidas; de ellos se dice que son objetos vivos, porque tienen identidad y memoria, y su vida, como la nuestra, transcurre en espacios sensibles, también llamados “blandos”; campos dinámicos y fluidos, en convivencia con las estructuras duras.

Se abre el debate sobre el futuro de los objetos y los entornos en la era de los flujos de datos, y sobre la mesa la tendencia hacia la fusión entre el diseño industrial y el diseño de la interacción. Los especialistas en la interpretación y usabilidad del espacio, o sea los arquitectos, cuentan con un nuevo suelo urbanizable que en su invisibilidad, y pesar de ella, está llamado a transformar la articulación de las ciudades, la construcción de la sociedad y las relaciones entre individuos. (Ya existe una estructura -obra de Usman Haque- que traduce las ondas electromagnéticas en luces y sonido; se llama Sky Ear).

Llegados a este punto, el debate deviene político-social pues cada día son más los procesos sociales que se trasladan de la calle a las ondas y, hoy por hoy, los ciudadanos carecemos de voz en la gestión del espectro. Son cada vez más quienes reclaman este bien escaso, el espacio hertziano, como espacio público, y una democratización de su gestión y control. El uso del especto hoy depende de decisiones políticas y comerciales más que de las posibilidades técnicas, y los defensores de los ciberderechos luchan por que todos decidamos sobre los usos del especto, y si, por ejemplo, lo dedicamos a disfrutar de más cadenas de televisión y mensajes de vídeo en el móvil, o bien lo utilizamos para ser agentes participativos de la sociedad, además o en lugar de consumidores.

El aluvión de nuevas tecnologías puede enzarzar a cuantos tienen intereses en conflicto en una guerra por el control del rango del espectro electromagnético en el que operan, además de desembocar en una saturación del mismo; hoy es un hecho que las redes y los objetos interconectados están inundando tanto el suelo como la atmósfera, incluso el fondo marino. Éstas y otras cuestiones darán que hablar en un futuro no lejano.

Ahora viene a mi memoria la cocina de la casa del pueblo, centro de todas las reuniones, con su mesa camilla y aquella enorme estufa que hacía las veces de cocina, y al revés. Había costumbre de encenderla al despuntar el alba y debían apagarla de madrugada, cuando yo dormía. Me fascinaba ver la llama y las chispas salturreando salvajes. Todo olía a carbón. Sobre aquel aparato siempre había algún puchero que mantener caliente, y a media mañana las más ancianas, con las manos más ásperas al tacto de lo que nunca había visto, comenzaban el ritual de cocinar. Desde entonces saboreo con ahínco cada guiso tratando de buscar aquel sabor, pero no lo hallo. Las ventanas nunca encajaron del todo, así que, aunque la casa estaba lejos de toda civilización, se escuchaban mil sonidos; hoy sería capaz de identificar cualquiera de ellos con los ojos cerrados. Había algo penetrante al entrar en aquella casaza, algo que te calaba hasta lo más hondo, era una sensación indescriptible, un calor especial; debe ser eso a lo que se refiere la gente cuando habla de “calor de hogar”.

¡Viva el sentido del humor! Había una vez, un circo

Opinión. Tecnología, sociedad, comunicación, movilización
OPINIÓN
COMUNICACIÓN Y MOVILIZACIÓN

Casi siempre se da en las grandes ciudades, y eso debería darnos qué pensar. ¿Es la era del absurdo? ¿la de la soledad? o ¿nos hallamos ante un fenómeno incipiente de ciberactivismo? Tal vez es una mezcla de todo ello. Hablamos de las flash mobs (también llamadas smart mobs o inexplicable mobs) o movilizaciones instantáneas: un grupo de personas se da cita vía SMS, correo electrónico, foros, blogs, chats… en un lugar y hora determinados para realizar una breve acción, generalmente desconcertante, y a continuación se dispersa rápidamente.
Imaginen: cientos de personas acuden al mismo tiempo a una importante librería, piden con insistencia un libro que no existe, de repente y todos al unísono, aplauden con fervor y se esfuman; visto y no visto…. Esto es lo que ocurrió en Roma en la primera concentración europea de grupos efímeros con fines lúdicos.
Desde que Bill (seudónimo del convocante de la primera flash mob) citara a 50 personas para “tomar” la novena planta de Macy’s en 2002, estas reuniones fugaces han proliferado en Estados Unidos y en Europa.
La primera tuvo lugar en Nueva York; después vinieron San Francisco, Viena, Berlín, Londres, Roma… Y no tardó en llegar a España. En octubre de 2003 le tocó el turno a nuestro país. Los congregados se situaron en la base del monumento a Colón de la ciudad de Barcelona, con el brazo en alto señalando en la misma dirección que la estatua. Tras pasar un minuto dieron dos vueltas al monumento para, acto seguido, ponerse a gritar “¡qué vienen los indios!” A continuación se dispersaron en silencio. El fracaso fue rotundo. Cuentan que la presencia de los medios rompió el encanto: la gente se “cortó”, y nadie, excepto diez desinhibidos, emitió el disparatado grito de guerra… Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

Comunicación y movilización

¡Viva el sentido del humor!

Por Mónica Daluz

¿Es la era del absurdo? ¿la de la soledad? ¿o nos hallamos ante un fenómeno incipiente de civeractivismo? Tal vez es una mezcla de todo ello. Hablamos de las fash mobs o movilizaciones instantáneas.

Había una vez…. un circo

Casi siempre se da en las grandes ciudades, y eso debería darnos qué pensar. ¿Es la era del absurdo? ¿la de la soledad? o ¿nos hallamos ante un fenómeno incipiente de civeractivismo? Tal vez es una mezcla de todo ello. Hablamos de las fash mobs (también llamadas smart mobs o inexplicable mobs) o movilizaciones instantáneas: un grupo de personas se da cita vía SMS, correo electrónico, foros, blogs, chats… en un lugar y hora determinados para realizar una breve acción, generalmente desconcertante, y a continuación se dispersa rápidamente.

Imaginen: cientos de personas acuden al mismo tiempo a una importante librería, piden con insistencia un libro que no existe, de repente y todos al unísono, aplauden con fervor y se esfuman; visto y no visto…. Esto es lo que ocurrió en Roma en la primera concentración europea de grupos efímeros con fines lúdicos.

Desde que Bill (seudónimo del convocante de la primera flash mob) citara a 50 personas para “tomar” la novena planta de Macy’s en 2002, estas reuniones fugaces han proliferado en Estados Unidos y en Europa.

La primera tuvo lugar en Nueva York; después vinieron San Francisco, Viena, Berlín, Londres, Roma… Y no tardó en llegar a España. En octubre de 2003 le tocó el turno a nuestro país. Los congregados se situaron en la base del monumento a Colón de la ciudad de Barcelona, con el brazo en alto señalando en la misma dirección que la estatua. Tras pasar un minuto dieron dos vueltas al monumento para, acto seguido, ponerse a gritar “¡qué vienen los indios!” A continuación se dispersaron en silencio. El fracaso fue rotundo. Cuentan que la presencia de los medios rompió el encanto: la gente se “cortó”, y nadie, excepto diez desinhibidos, emitió el disparatado grito de guerra..

La necesidad de comunicarse es innata al ser humano y no lo es menos la de pertenencia a un grupo, de saberse y sentirse parte de algo pero, además, la juventud necesita mostrarse disconforme con aquello que le viene dado. Para ello, los jóvenes de la generación del baby boom, y de la Generación X después, se adscribían a algún movimiento estético-musical y utilizaban la marginalidad como seña de identidad y herramienta de reivindicación, de modo que se colocaban algún tipo de atuendo más o menos extravagante y con sus vinilos por bandera paseaban heavies, punks, siniestros, o grunges sus poco convencionales indumentarias y peinados. Hoy, los jóvenes también ansían sentirse fuera de todo canal oficial, pero su rebelión es menos visceral y, seguramente, más inteligente…

Hemos pasado de apocalípticos a integrados. Si los primeros desprecian la cultura de masas, considerándola “anticultura” y tomándola como signo de decadencia, condenando todo aquello que tiene que ver con tecnologías de nuevo cuño y su empleo en el arte, y rechazando la distribución de información en abundantes cantidades; los integrados, en cambio, se muestran convencidos de las bondades de las nuevas tecnologías, las consideran parte fundamental de un futuro más libre y prometedor, y se entregan a ellas en cuerpo y alma…

En la actualidad nuestra relación con las nuevas tecnologías de comunicación es más que una actitud; porque traspasa lo virtual y se viene a tocarnos. Lo que está ocurriendo es que las nuevas tecnologías conectan personas anónimas entre sí y esa conexión está siendo trasladada a la calle. Desde que en 2002 comenzaran a aparecer sitios web promocionando los círculos de amigos en línea y surgiera el término de “comunidades virtuales”, se han construido verdaderas redes sociales vía Internet, que combinan contactos en línea con otros, cara a cara. Se trata de un material de primera magnitud para los investigadores de las ciencias sociales que, veinte años atrás, comenzaron a utilizar el análisis de las redes sociales -del mundo físico- como una nueva herramienta para el estudio de la realidad social, centrada en las relaciones entre los individuos o grupos, en lugar de en las características de éstos, como edad, raza, ingresos…

Pero la red no bastó y surgieron estas manifestaciones absurdas que responden a un impulso de movilización ciudadana que surge de la propia gente y en cuya base subyace una motivación: el placer de manifestarse. Es el deseo de compartir con otras personas y expresarse públicamente; de percibir el calor de tus iguales y saberte rodeado de aquellos que sienten como tú o, por lo menos, se divierten como tú. En este sentido podría establecerse cierto paralelismo entre las flash mobs y la “cultura” del botellón. Aunque en realidad no son más que una diversificación de los procedimientos o “autoterapias” utilizados hasta ahora para mezclar nuestro “yo” con la multitud, a guisa de partido de fútbol, de concierto de música y hasta de sábado por la tarde en un centro comercial.

Estas convocatorias electrónicas constituyen un modo inofensivo de experimentar con una nueva forma de acción y expresión colectiva propiciada por la tecnología; manifestaciones espontáneas, breves, simples, enérgicas y lúdicas, hechas a imagen y semejanza de la sociedad en la que vivimos, una sociedad caracterizada por la instantaneidad, lo desechable, la rapidez y la fluidez.

La inevitable tendencia hacia la grandilocuencia de esta sociedad nuestra y, sobre todo, de los formadores de opinión, viciados en el etiquetado de casi todo y que por la misma regla de tres que a uno que ha ido un par de veces a una playa nudista le cuelgan el sambenito de “naturista” y le inscriben informativamente en un supuesto movimiento reivindicativo de “por una vida en taparrabos”, han calificado esta especie de juego colectivo o intervención artística todo lo más, de próxima revolución social. De algún modo, estas movilizaciones fugaces se convierten en un acto de rebeldía lúdica en el que tiene lugar un intercambio con el resto de la multitud a partir de un acto efímero de insurrección light. Es la reconfortante sensación de pertenecer a algún tipo de resistencia, con todo el grupo unido ante un enemigo común, como si de una invasión marciana se tratara. En cualquier caso, el potencial de los nuevos medios de expresión social va más allá del comunicacional, y de su poder de movilización sólo hemos visto muestras anecdóticas, pero es posible que estas representaciones de lo absurdo vayan dotándose de contenido.

De hecho, ya ha habido muestras del poder de la autoconvocatoria de ciudadanos anónimos. Los e-mails fueron claves en las protestas antiglobalización de Seattle, Washington y otras ciudades europeas. Recordemos que en noviembre de 1999, 50.000 manifestantes consiguieron frustrar la cumbre de la Organización Mundial del Comercio en Seattle coordinándose principalmente a través de, y paradójicamente, el símbolo de la globalización por excelencia, Internet.

La caída del régimen de Estrada en Filipinas o los actos convocados tras los atentados del 11 de marzo en Madrid, son otros dos ejemplos que dan fe del nacimiento de una alternativa comunicativa, y que pusieron fecha al momento en que las gentes descubrieron su poder de autoconvocatoria a través de Internet y de SMS, con el fulgurante surgimiento de una red social sin ninguna plataforma convocante. Las nuevas tecnologías de comunicación se revelaron como herramientas a tener en cuenta en el futuro para expresarse y para la construcción de un espacio público contrainformativo, sin filtros. Lo acontecido los días que siguieron a los atentados de Atocha pusieron de manifiesto la incidencia de estos procedimientos comunicativos en acontecimientos políticos, pero hizo algo más, puso en evidencia el prestigio de los medios de comunicación convencionales y demostró que hay vida después de los medios oficiales.

El carácter colaborativo de la red, casi siempre desvirtuado por la proliferación de una nueva estructura vertical formada, esta vez, por el ofertador de servicios, en la cúpula, y el usuario, en la base, facilita el activismo, pues mientras el activista a la antigua usanza invertía buena parte de su tiempo y recursos a la construcción de la red sobre la cual difundir su ideario, hoy, la red de difusión viene dada.

Pero la dificultad en la identificación del origen de los convocantes nos aboca a una discusión sin fin y sin resolución. En este sentido, algunas flash mobs convocadas simultáneamente en grades almacenes hace sospechar de la manipulación de los individuos de estas redes sociales que, sin saberlo, pueden estar acudiendo sumisamente a la llamada del departamento de comunicación de la empresa en cuestión, atraídos por una acción de marketing encubierta que, para colmo, no ha costado un “duro”.

De la incidencia de estos nuevos medios de expresión en el establecimiento de relaciones entre individuos, veamos dos ejemplos dispares: En Estados Unidos, el gobernador de Texas ha anunciado este mismo mes la instalación de miles de cámaras a lo largo de Río Grande, la frontera natural que separa Norteamérica y México, y la retransmisión en Internet de las imágenes captadas para que los internautas puedan patrullar virtualmente la frontera e informar de los movimientos que se produzzcan…; una escuela de un pueblo de Barcelona invita a través de la Red a participar este verano, desinteresadamente, en un campo de trabajo para ayudar en la construcción de una nueva sala para los niños (lo que demuestra que ya no hace falta ser un amish ni vivir en comunidad para ayudar a tu vecino en sus tareas de bricolaje y viceversa por que hoy, de algún modo, vecinos somos todos…)

Hablando en serio: En el primer caso, el Estado y una parte de la ciudadanía se alían contra lo que consideran una amenaza cultural, en el segundo, ciudadanos inconexos entre sí se dan cita en la vida real con fines altruistas. Vemos que las mismas herramientas son usadas para la formación de redes sociales con objetivos de lo más diverso.

Las manifestaciones culturales del absurdo no son nuevas. La cultura del anti-arte nos llegó de la mano del dadaísmo, que canalizó las vanguardias de aquellos que buscaban la rebelión contra lo establecido y lo hacían con posturas contra la belleza, contra la pureza de los conceptos abstractos y del humanismo en general, y defendiendo el caos, la imperfección, la espontaneidad, la libertad individual, lo inmediato, lo aleatorio… Hay quien asegura que el origen de la revolución digital está en los representantes del movimiento libertario de la contracultura. Y algo de underground hay en los primeros hackers, los verdaderos fundadores del civeractivismo.

Y si la vida es puro teatro, el hoy y el aquí es puro espectáculo. En un mundo en el que casi todo es una puesta en escena, y volviendo a las flash mobs, vemos cómo el sentido del humor está ganando la batalla y, aunque a veces asuste la frivolización y la reconversión a espectáculo de cuanto acontece, parece que no hay que ser un freaky para caer en el hechizo de estas inexplicables manifestaciones espontáneas. Los tiempos cambian y lo efímero está de moda, y sino visiten cualquier exposición de artes plásticas de esas cuyas obras fugaces, frágiles, breves, perecederas y temporales, embebidas de remakes, nacen y mueren cada día ante la mirada atónita y la sonrisa jocosa de visitantes y curiosos.

Por el momento, lo que sabemos es que en estas performances, fuente de novedad y originalidad, participan, sobre todo, jóvenes, se supone que con algo de tiempo libre y, sobre todo, con una buena dosis de sentido del humor. Mientras, observaremos de cerca lo que no sabemos si pasará a los anales de la historia como algo más que una pura anécdota. En cualquier caso, va a ser divertido. Así que, ¡qué siga el espectáculo!

Editorial. Adivina, adivinanza…

Editorial Adivina, adivinanza…
EDITORIAL

Todo el mundo se ha enterado de que la televisión ha cumplido medio siglo. El empacho de identidad generacional ha sido espectacular, y desde Lazarov hasta Alfonso Guerra, pasando por Chanquete y, cómo no, por el tipo del “busque, compare y…”, ya saben a quién me refiero, han desfilado hasta la saciedad en programa sí programa también de Televisión Española aunando en la nostalgia a un par o tres de generaciones de españoles; y todo ello conducido por ese otro icono para el recuerdo llamado Hermida. 
Ahora, los más jóvenes, aquellos que han sido capaces de aguantar en el sofá el desfile de imágenes con ruido y en escala de grises, nos conocen un poco mejor a través de ese extracto de nuestras vidas, que hemos visto resumidas en un puñado de imágenes y sintonías.
¿Y ellos? ¿Qué tendrán en común? ¿Les dará tiempo a que iconos del momento se aferren a sus identidades y se perpetúen en la memoria colectiva de su generación? Tanto si la respuesta es afirmativa como si la persistencia en el recuerdo de los variopintos impactos que colisionan en sus cerebros todos los días fuera de corta duración, todos los mercaderes quieren formar parte de ese mosaico de iconografías que han de construir su perfil como individuos y, por supuesto como consumidores, y condicionar sus comportamientos a la hora de elegir y pagar por productos o servicios.
Sin embargo, si ayer los creadores de la cultura de masas: diseñadores de moda, ingenieros industriales, compositores, directores de telediarios, etc., imponían desde arriba puntos de vista y dibujaban con sus propuestas los estilos de vida, los criterios estéticos y los productos y marcas con los que vivir, hoy, las empresas a la última se centran en las “búsquedas del mañana”. Me explico: fichan a un coolhunter, o buscador de tendencias que, libreta en mano, frecuenta lugares alternativos, observa cómo las gentes se visten, en qué lugares se divierten, de qué y cómo hablan…, cuando todavía esos conceptos e ideas son minoritarios. Detectar lo que es “cool” y trasladarlo, en forma de producto, al terreno de lo masivo a toda velocidad, es lo que algunos ya han calificado de nueva revolución industrial. Mónica Daluz / pdf

Esto se acaba. Llegó la hora de construir la utopía

Esto se acaba. Llegó la hora de construir la utopía
OPINIÓN

Una campaña de lo que podríamos llamar “publicidad social” nos ha penetrado hasta la médula en las últimas semanas. Especialmente al sector del electrodoméstico, que queda retratado en el spot televisivo. El muchacho protagonista dirige un amenazante mando a distancia hacia lo que no puede ser otra cosa que un aparato de aire acondicionado. La televisión, la lavadora, la nevera y el ordenador se erigen en actores principales de los instantes siguientes del minifilm. Las escaleras mecánicas de un centro comercial, un pequeño colmado, escuelas y oficinas… Todo está desierto. Y en la calle, escenas de lánguidos urbanitas desorientados deambulando en éxodo a no se sabe dónde… Es como en los 70; así me imaginaba yo el mundo en mis peores pesadillas cuando estalló la primera crisis del petróleo.
Aquella dependencia nos angustió, pero los mensajes de optimismo de la España del cambio hicieron que nos acomodáramos a la situación, y hoy parece que nada ocurra excepto en los escasamente mediáticos ámbitos científicos y, cómo no, entre “blogueros”, voz de la conciencia de nuestra era. El asunto no es tema menor; tal vez incluso sea más grave de lo que nos dicen, habida cuenta de que en los últimos tiempos Bush se deja caer con inusitada frecuencia por los laboratorios de energías alternativas… “Tenemos un serio problema: somos adictos al petróleo”; lo dijo el presidente norteamericano en su último discurso sobre el estado de la Unión a primeros de este año, en el que se comprometió a incrementar en un 22% la inversión en investigación de energías limpias, y aunque su objetivo es despojarse de dependencias de lo que él llama “regiones inestables del mundo’’, es una buena noticia. Durante su parlamento, Bush advirtió a los estadounidenses de que deberán cambiar el combustible de sus automóviles, y anunció que las investigaciones se centrarán, sobre todo, en la mejora de las baterías de los vehículos híbridos y eléctricos, así como en los vehículos de hidrógeno. “El objetivo -dijo Bush- es sustituir para 2025 más del 75% de las importaciones de petróleo de Oriente Medio.”
Volvamos a las máquinas de aire acondicionado. Ahí va un dato: Según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE), en España, tres millones de hogares tienen aire acondicionado, y al parecer enchufan sus aparatos, todos a la vez, entre las tres y las seis de la tarde, franja horaria en la que se dispara la demanda diaria de electricidad en verano (ya se alerta de que los apagones van a ser cada vez más habituales, en las próximas semanas). Más cifras: sólo la refrigeración supone en España el 11,1% del consumo de electricidad total, el equivalente a la producción de tres centrales nucleares. Por cierto, el ayuntamiento de Barcelona y el gremio de comerciantes han instado a los 10.000 comercios de la ciudad Condal a no conectar sus equipos de aire acondicionado por debajo de los 24º y recomiendan un mínimo de 25º en los hogares. La segunda semana del mes de julio (coincidiendo con el cierre de esta edición), se registraron en España records de consumo eléctrico -cerca de los 8.300 megawatts de potencia el día 13 a las 13,16 horas-. Recordemos que España es uno de los países más alejados de su compromiso con el protocolo de Kyoto, y la multa por ello puede alcanzar los 6.000 millones de euros… Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

ESTO SE ACABA

Llegó la hora de construir la utopía

Por Mónica Daluz

Una campaña de lo que podríamos llamar “publicidad social” nos ha penetrado hasta la médula en las últimas semanas. Especialmente al sector del electrodoméstico, que queda retratado en el spot televisivo. El muchacho protagonista dirige un amenazante mando a distancia hacia lo que no puede ser otra cosa que un aparato de aire acondicionado. La televisión, la lavadora, la nevera y el ordenador se erigen en actores principales de los instantes siguientes del minifilm. Las escaleras mecánicas de un centro comercial, un pequeño colmado, escuelas y oficinas… Todo está desierto. Y en la calle, escenas de lánguidos urbanitas desorientados deambulando en éxodo a no se sabe dónde… Es como en los 70; así me imaginaba yo el mundo en mis peores pesadillas cuando estalló la primera crisis del petróleo. Aquella dependencia nos angustió, pero los mensajes de optimismo de la España del cambio hicieron que nos acomodáramos a la situación, y hoy parece que nada ocurra excepto en los escasamente mediáticos ámbitos científicos y, cómo no, entre “blogueros”, voz de la conciencia de nuestra era. El asunto no es tema menor; tal vez incluso sea más grave de lo que nos dicen, habida cuenta de que en los últimos tiempos Bush se deja caer con inusitada frecuencia por los laboratorios de energías alternativas… “Tenemos un serio problema: somos adictos al petróleo”; lo dijo el presidente norteamericano en su último discurso sobre el estado de la Unión a primeros de este año, en el que se comprometió a incrementar en un 22% la inversión en investigación de energías limpias, y aunque su objetivo es despojarse de dependencias de lo que él llama “regiones inestables del mundo”, es una buena noticia. Durante su parlamento, Bush advirtió a los estadounidenses de que deberán cambiar el combustible de sus automóviles, y anunció que las investigaciones se centrarán, sobre todo, en la mejora de las baterías de los vehículos híbridos y eléctricos, así como en los vehículos de hidrógeno. “El objetivo -dijo Bush- es sustituir para 2025 más del 75% de las importaciones de petróleo de Oriente Medio.”

Volvamos a las máquinas de aire acondicionado. Ahí va un dato: Según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (EDAE), en España, tres millones de hogares tienen aire acondicionado, y al parecer enchufan sus aparatos, todos a la vez, entre las tres y las seis de la tarde, franja horaria en la que se dispara la demanda diaria de electricidad en verano (ya se alerta de que los apagones van a ser cada vez más habituales, en las próximas semanas). Más cifras: sólo la refrigeración supone en España el 11,1% del consumo de electricidad total, el equivalente a la producción de tres centrales nucleares. Por cierto, el ayuntamiento de Barcelona y el gremio de comerciantes han instado a los 10.000 comercios de la ciudad Condal a no conectar sus equipos de aire acondicionado por debajo de los 24º y recomiendan un mínimo de 25º en los hogares. La segunda semana del mes de julio (coincidiendo con el cierre de esta edición), se registraron en España records de consumo eléctrico -cerca de los 8.300 megawatts de potencia el día 13 a las 13,16 horas-. Recordemos que España es uno de los países más alejados de su compromiso con el protocolo de Kyoto, y la multa por ello puede alcanzar los 6.000 millones de euros…

Sí, nuestra dependencia de los recursos fósiles es total, y las reservas se están agotando. China y la India despiertan y el sistema actual mundial de gestión de los recursos es insostenible. Va de datos: Según el informe anual de Worldwatch Institute, La Situación del Mundo 2006, si el nivel de consumo de recursos y de emisiones contaminantes por habitante de China y la India fuese similar al actual en Estados Unidos, se necesitarían dos planetas Tierra sólo para mantener estas dos economías. Y es que crece por momentos la demanda de energía, alimentos y materias primas de 2.500 millones de chinos e hindúes, por lo que es de prever que se aproxima un profundo cambio en la geopolítica mundial y sin duda, nuestro modelo de crecimiento económico intensivo en recursos no será viable en el siglo XXI. Si el carbón fue la fuente de energía que propició la Revolución Industrial, y con ella un nuevo panorama económico, político y social, y el petróleo se erigió en dueño y señor del sistema en el siglo XX, una nueva fuente de energía está esperando en algún lugar liderar el cambio en la naturaleza de los mercados.

A la vista del reciente compromiso que India y China han asumido para el desarrollo de una gran industria de energía eólica y solar, además de otros que desde 2004 se han venido produciendo, y teniendo en cuenta que China es ya el segundo país del mundo con mayores emisiones de dióxido de carbono, cabe la posibilidad de que de que ambos países lideren el cambio, el cambio hacia un nuevo sistema económico y social mundial, si planifican su crecimiento sobre la base de una producción energética y una agricultura sostenibles. Tal vez, y ojalá, estos países nos den una lección de sabiduría y apuesten por acometer el desarrollo de sus ciudadanos por la vía de la sostenibilidad, lo que supondría un salto cualitativo que les situaría por delante de las actuales potencias industriales.

Hoy por hoy, los modelos energéticos están diseñados en función del sistema económico más que partiendo de las necesidades de la población, además no toman en consideración el posible agotamiento de los recursos, sino su progresivo encarecimiento, y tampoco tienen en cuenta sus efectos secundarios sobre el medio ambiente. A esto se añaden las relaciones de dependencias regionales que de la situación se derivan; la mayor parte de las reservas se encuentran en Oriente Medio y tarde o temprano el mundo dependerá del golfo Pérsico para satisfacer sus cada vez mayores necesidades energéticas.

La crisis del mercado petrolífero obliga a tomar un nuevo rumbo, a reinventar la trayectoria del desarrollo de la humanidad. Estamos asistiendo al renacimiento de la energía nuclear, cuyos desechos aún no se han logrado tratar con eficiencia. Las energías renovables, como la solar, la eólica, la mareomotriz, la geotérmica o la de biomasa, son difíciles de transportar y de almacenar, y su cantidad varía en función de agentes externos.

La fusión nuclear es una de las grandes apuestas a nivel teórico pero las dificultades técnicas que comprende su implantación, la hacen, de momento, inviable, pues se necesitan temperaturas superiores a cien millones de grados para que se produzca la reacción de fusión; así como materiales que resistan las altas temperaturas y la radiación; lograr que la energía liberada sea mayor que la necesaria para calentar y mantener aislado el combustible, y finalmente, desarrollar dispositivos que capturen la energía generada y la conviertan en electricidad, de tal manera que de todo el proceso se obtenga un balance energético suficientemente positivo. Los biocombustibles tienen el inconveniente de que para incrementar significativamente su producción, habría que dedicar una gran cantidad de tierras fértiles a su cultivo, lo cual resulta incompatible con la hambruna y la desertización que asola nuestro planeta. Los experimentos con bioenergía, obtenida por mutaciones genéticas, por tanto no contaminante, se suceden en todos los puntos del planeta, pero aún estamos muy lejos de una implantación masiva. En materia de investigación al respecto encontramos algunos titulares curiosos: Hallan una bacteria que consume polución y genera electricidad; Producen hidrógeno a partir del girasol; Científicos ven el aceite de jojoba como alternativa al diesel; la NASA intenta crear combustible a base de una bacteria presente en los excrementos humanos; Como en Mad Max, usan heces de cerdo para generar energía; Investigadores españoles convierten paja en combustible; y podríamos seguir…

El hidrógeno también se perfila como una alternativa válida, por lo menos sobre el papel. Se trata de un combustible extraído del agua, recurso abundante en el planeta y su combustión con el aire es limpia. Sus desventajas: Como no es un combustible primario se incurre en un gasto para su obtención que, además, se produce a partir de otros combustibles fósiles (según un informe del World Watch Institute, en la actualidad el 99% del hidrógeno que se produce en el mundo se obtiene mediante el consumo de petróleo o gas natural); requiere de sistemas de almacenamiento costosos y aún poco desarrollados; el elevado gasto de energía en su licuefacción, y el elevado precio del hidrógeno puro.

Sin embargo, ya existen en el mercado algunos teléfonos móviles con batería de hidrógeno y también hay autobuses en Madrid y Barcelona, que funcionan por este sistema.

Pero el modelo energético que hoy nos gobierna tiene otra particularidad: otorga el control de la energía global a un reducido número de empresas (que por regla general tienen, a su vez, intereses en otras áreas económicas) y éstas, además, están en permanente proceso de fusiones; de modo que el bienestar de buena parte de la humanidad depende de ellas. No cabe duda de que el modelo energético no es sólo determinante en materia medioambiental, sino también en seguridad y políticas internacionales y, además, en el ámbito social.

Jeremy Rifkin (autor de 14 libros sobre el impacto de la ciencia y la tecnología en la economía, en la sociedad y el medio ambiente) sostiene al respecto una interesante teoría según la cual, la adopción del hidrógeno como alternativa energética nos llevaría a la construcción de una sociedad más justa. El hidrógeno es prácticamente inagotable y se encuentra igualmente distribuido en el planeta lo cual garantizaría una gestión democrática; una economía fundamentada en el hidrógeno recompondría la organización mundial posibilitando una redistribución más equitativa del poder, en tanto que su producción podría tener lugar a partir de recursos domésticos, de forma económica y medioambientalmente aceptable. Rifkin describe una red de distribución de la energía en la que cada ser humano podría convertirse en productor además de consumidor de su propia energía; una red hecha a imagen y semejanza de la World Wide Web, en la que millones de usuarios finales conectarían sus pilas de combustible a Redes de Energía de Hidrógeno locales, regionales y nacionales, para compartir la energía.

A las nuevas generaciones del mundo rico, con escalas de valores y planteamientos viales muy distintos a los de sus progenitores, que se saben y se sienten más libres e instruidas que cualquier otra generación del pasado, les azota en la conciencia la certeza de formar parte de esa sexta parte del planeta que consume el 80 por ciento de los recursos mundiales, y están asumiendo la responsabilidad. Además, la situación de conexión total con el mundo, advenida con la digitalización, enfatiza esa toma de conciencia generacional ante los desafíos sociales y medioambientales. En los próximos tiempos el mundo debe prepararse para enfrentar crisis distintas a las conocidas y más complejas, y algo hace pensar a la generación que empuja desde abajo, que la acción de los estados ya no es suficiente para hacerles frente. Ha llegado la era de la acción individual. Porque está visto que en esto de cambiar el mundo, es el individuo quien tiene la última palabra. El reciclaje y el uso racional de los recursos deberá partir de la conciencia individual.

Es posible hallar soluciones eficaces y rentables como las actuales, pero más sostenibles y respetuosas con el hombre y su entorno. Existen modelos de empresa alternativos que buscan la rentabilidad anteponiendo criterios éticos. La cooperación entre empresas comprometidas con el entorno ya ha dado origen a interesantes experiencias, como el caso de los polígonos industriales en los que se ha logrado reducir su impacto medioambiental optimizando recursos, de modo que, por ejemplo, los residuos de una industria son aprovechados como materia prima o como recurso por otras fábricas de polígono.

En materia de transporte personal, en España existe una empresa que explota el carsharing; esa otra manera de tener coche. El carsharing, que logra una reducción del consumo energético y de las emisiones de CO2, consiste en que una empresa gestiona una flota de vehículos que pone a disposición de sus clientes previa reserva, de manera ágil, flexible y cómoda, y de forma que los usuarios puedan utilizar un vehículo cada vez que lo necesiten sin necesidad de tenerlo en propiedad.

Desde que el primer emprendedor solidario decidió comprar café a un precio más caro al pequeño productor para ayudarlo a tener una vida decente y tratar de convencer al consumidor de que su compra podría ser un gasto solidario, el marketing de la honradez se está convirtiendo en el que mejor funciona. Así nació el comercio justo, esa gota en el océano de los intercambios que aún deberá recorrer un largo camino, aunque su filosofía ha inspirado campañas de comunicación de cientos de empresas.

Cada sector tendrá que actuar en conciencia y el del electrodoméstico y la electrónica de consumo tiene mucho que decir y hacer al respecto (se estima que cada ciudadano de la Unión Europea genera anualmente 14 kilos de basura tecnológica), integrando criterios ecológicos en el ciclo de vida de los productos, desde la elección de los materiales que lo componen hasta los costes energéticos para fabricarlo, y desde las consecuencias ecológicas de su utilización hasta las de sus desechos finales.

En el sector de la construcción, que representa en España el 20% del consumo final de energía, el nuevo Código Técnico de la Edificación ya obliga a arquitectos y constructores a introducir sistemas de energía solar, térmica y fotovoltaica, y a utilizar materiales y técnicas de construcción que permitan el ahorro energético tanto en edificios de nueva construcción como en los que se rehabiliten.

El comercio también puede adoptar medidas al respecto, especialmente las grandes cadenas de distribución que, curiosamente, en otros países han puesto en práctica medidas de protección medioambiental pero no aquí, que seguimos con deficientes conexiones de trasporte público y de accesos, con los consiguientes atascos; excesivo consumo de luz; neveras con las puertas permanentemente abiertas; escasez de puntos de recogida de residuos; mínima presencia de productos ecológicos… El sector de la gran distribución puede influir tanto sobre los fabricantes, instándoles a elaborar productos más ecológicos, como sobre los consumidores que acuden a estos establecimientos, contribuyendo a crear una mayor conciencia sobre el uso de los recursos.

No podemos ignorar la evidencia. Debemos comenzar a prepararnos para los tiempos en los que nos veamos obligados a aminorar el ritmo de agotamiento del petróleo y de otros recursos.

Porque la extinción de los recursos significaría nuestra propia extinción, y ante la gravedad de los desajustes ambientales y sociales, al mundo le urge crear economías sostenibles no sólo para asegurar el futuro estable y pacífico del planeta, sino para asegurar su mismísima supervivencia. Un planeta sostenible es posible, pero el tiempo corre en nuestra contra. ¿Hallaremos el modo de satisfacer nuestras necesidades sin disminuir el potencial de las generaciones futuras de satisfacer las suyas? ¿Sabremos construir un nuevo mundo?, ¿un mundo sin fin? Porque, de lo contrario, ¿cuál habría sido el sentido de lo que hemos construido a lo largo de toda nuestra historia? Debemos cerrar el círculo y colocar el broche final de nuestra obra: crear un mundo sostenible para dar sentido a eso que ha movido el mundo a lo largo de la historia de la humanidad: el progreso.

Sin sostenibilidad no hay futuro y sin futuro, el progreso carece de todo sentido.

La era del “yo”. …Y la tecnología nos hizo libres

La era del "yo" Opinión
OPINIÓN

Ahora que todos se arremeten en terreno ajeno; ahora que el terreno ajeno ya no existe porque todo converge y se mixtura en el centro de este impetuoso tornado que arroja su papilla a un mundo con apariencia de planta de fundición; incluso ahora que todo parece pasar por el Big Five (Google, Yahoo, eBay, MSN y AOL), es precisamente ahora cuando las capacidades individuales cobran un valor sin precedentes. La subjetividad y la intuición se erigen en competencias inigualables. Es el momento para la aportación única e irrepetible.
Las idas y venidas de publicistas, políticos, biotecnólogos, informáticos y productores cinematográficos intercambiándose cargos en empresas de ámbitos dispares, es un claro síntoma de esta búsqueda de cierta virginidad como base para la generación de ideas frescas. La transversalidad y la mezcla de lo dispar parecen ser el caldo de cultivo insustituible de la innovación, y así proliferan las mezcolanzas y la búsqueda de lo multidisciplinar.
Veamos… Tenemos a Murdoch metido a comprador de webs; a Disney, tras tomar el control de Pixar, otorgando al fundador de Apple la categoría de primer accionista; y al consejero delegado de Google, Eric Schmidt, sentado en el consejo de administración del fabricante de computadoras Apple, donde compartirá mesa con el presidente de la compañía, Steve Jobs, el exvicepresidente de EE.UU., Al Gore, y el presidente de la firma de biotecnología Genentech, Arthur Levinson, entre otros importantes y, por supuesto, dispares, ejecutivos estadounidenses.
Los movimientos de intercambio se producen también entre compañías, de modo que asistimos a una nueva relación en el mundo empresarial, que pasa de la competencia a la cooperación, en esta economía de las buenas maneras, en la que Pepsi da el chivatazo a Coca Cola de que una de sus empleadas, finalmente detenida junto a dos cómplices, le ha ofrecido la fórmula secreta de un nuevo refresco por un puñado de dólares, y ambos colaboran con el FBI, para preparar una trampa a la “desertora” y sus secuaces. Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

La era del “yo”

… Y la tecnología nos hizo libres

Por Mónica Daluz

Ahora que todos se arremeten en terreno ajeno; ahora que el terreno ajeno ya no existe porque todo converge y se mixtura en el centro de este impetuoso tornado que arroja su papilla a un mundo con apariencia de planta de fundición; incluso ahora que todo parece pasar por el Big Five (Google, Yahoo, eBay, MSN y AOL), es precisamente ahora cuando las capacidades individuales cobran un valor sin precedentes. La subjetividad y la intuición se erigen en competencias inigualables. Es el momento para la aportación única e irrepetible.

Las idas y venidas de publicistas, políticos, biotecnólogos, informáticos y productores cinematográficos intercambiándose cargos en empresas de ámbitos dispares, es un claro síntoma de esta búsqueda de cierta virginidad como base para la generación de ideas frescas. La transversalidad y la mezcla de lo dispar parecen ser el caldo de cultivo insustituible de la innovación, y así proliferan las mezcolanzas y la búsqueda de lo multidisciplinar. Veamos… Tenemos a Murdoch metido a comprador de webs; a Disney, tras tomar el control de Pixar, otorgando al fundador de Apple la categoría de primer accionista; y al consejero delegado de Google, Eric Schmidt, sentado en el consejo de administración del fabricante de computadoras Apple, donde compartirá mesa con el presidente de la compañía, Steve Jobs, el exvicepresidente de EE.UU., Al Gore, y el presidente de la firma de biotecnología Genentech, Arthur Levinson, entre otros importantes y, por supuesto, dispares, ejecutivos estadounidenses.

Los movimientos de intercambio se producen también entre compañías, de modo que asistimos a una nueva relación en el mundo empresarial, que pasa de la competencia a la cooperación, en esta economía de las buenas maneras, en la que Pepsi da el chivatazo a Coca Cola de que una de sus empleadas, finalmente detenida junto a dos cómplices, le ha ofrecido la fórmula secreta de un nuevo refresco por un puñado de dólares, y ambos colaboran con el FBI, para preparar una trampa a la “desertora” y sus secuaces. Anécdotas aparte, la búsqueda de oportunidades de negocio pone sobre el tapete todo tipo de paradojas, y asistimos al unísono a batallas campales entre compañías por abrirse camino en nuevos mercados en esta era de redefinición de modelos de negocio, y a alianzas de todas clases, que a su vez generan otras competencias, con el objeto de aunar, sobre todo, activos intangibles, ya sea para sumar clientes o para defenderse y reposicionarse en un mercado en el que los roles tradicionales de los distintos sectores se superponen y se transfieren en un constante e imprevisible fluir. Ahí tenemos a un trío en plena pugna: buscadores, productores de contenidos multimedia y compañías de telecomunicaciones. Los gigantes de Internet se están posicionando en competencia directa con sectores con los que tradicionalmente no han tenido intereses colisionantes, -como con el vídeo bajo demanda-, o convirtiéndose en destructores de valor -como ocurre con la telefonía gratuita PC a PC-. Y ante el impacto negativo que sobre los modelos de negocio de las empresas de telecomunicaciones tienen los amos de Internet, la solución para las primeras pasa por las alianzas: Yahoo!-SBC; MSN-Vodafone; iTunes-Cinguar; Google-T-Mobile; Skype-Aplus…

Los operadores de telefonía están sufriendo, y lo harán aún más, las consecuencias de un panorama en el que los mercados de telefonía móvil se saturan mientras la telefonía IP sube como la espuma. A ello se añade la apertura de redes, que restringe los feudos de clientela de los operadores históricos (ver sección En la Calle, pág. 52). Todo ello está llevando a las empresas de telecomunicaciones a definir un nuevo régimen de competencia y cooperación con los grandes portales. En tándem o a tres bandas. Como la web de subastas eBay, que en mayo se alía con Yahoo y en agosto con Google. El acuerdo entre eBay y Yahoo, que tiene por objeto reforzar la posición de ambos frente a Microsoft y al buscador líder, Google, establece que Yahoo será el proveedor exclusivo externo de todos los anuncios gráficos a través de la web de subastas de eBay, para sus páginas estadounidenses; a cambio, Yahoo escogía el sistema de pago online de eBay, PayPal, para que sus clientes abonen sus servicios. Un acuerdo similar se acaba de producir entre eBay y Google, a través del cual el buscador se convierte en proveedor exclusivo de anuncios de texto para las páginas de la casa de subastas situadas fuera de Estados Unidos. El documento incluye el intercambio entre ambas compañías de una nueva forma de publicidad en Internet: el click to call, que permite a los anunciantes comunicarse directamente con sus potenciales clientes mediante sistemas de telefonía por Internet.

Portales y operadores de acceso pugnan por la oferta de servicios triple play; los Big Five libran una incesante batalla por convertirse en el proveedor multiservicios de los internautas en la nueva fase web2.0 de la red; AOL acaba de anunciar que renueva su servicio de descargas de música online, AOL Music Now, ofreciendo cerca de dos millones y medio de pistas de audio y miles de videoclips; y Universal Music, un gigante de la industria discográfica, autoriza la descarga gratuita en Estados Unidos y Canadá de su catálogo en Internet, financiándose por la publicidad, con el objetivo de competir con Apple y su iTunes (que, por cierto, pronto permitirá la descarga, también, de películas). Ya hace algunos meses que los grandes portales japoneses se lanzaron al asalto de las grandes cadenas de televisión.

Todos quieren ser el proveedor de contenidos del futuro. Todos quieren ser el supermercado del ocio y todos tratan de hallar la estrategia ganadora en el ecosistema digital. Las productoras de música, vídeo y, pronto, de televisión aún no saben si deben alegrarse por contar con un canal más, o la distribución IP desvalorizará el producto hasta el punto de dejar de ser rentable. A su vez, los portales que han invertido en servicios de vídeo temen que los operadores busquen defender su oferta triple play, y sobre la mesa se sirve el debate en torno a la neutralidad en Internet.

Sí, todos entran en el terreno de todos, y en particular en el nuestro… Y es que ahora, en la era del “yo”, en la que todo se centra en la satisfacción de los deseos, en la obtención de placer, en la facilidad, en el confort y en la diversión, la electrónica de consumo vive su reinado. Aunque la dinámica alcista del sector, curiosamente, no está resultando ventajosa para los fabricantes tradicionales, que deben enfrentarse cada día a más competidores o, según se mire, a potenciales aliados… Todos refocalizan sus objetivos hacia el consumo doméstico: desde los grandes portales y motores de búsqueda, que adquieren nuevas pretensiones en el terreno de la electrónica de consumo, hasta fabricantes de software tradicionalmente alejados de los mercados dirigidos al gran público, como Microsoft, y que están restando protagonismo mediático a los actores históricos de la electrónica de consumo, pasando por otros ejemplos, como la reorientación estratégica de Intel a la que estamos asistiendo en los últimos tiempos, que también responde al objetivo de obtener el mejor partido a la dinámica de la nueva electrónica de consumo, o la maniobra de Apple, que revelaba sus aspiraciones en el mercado de ordenadores de consumo eligiendo equipar sus ordenadores con procesadores Intel. Ahí están

también los llamados subcontratistas de los fabricantes tradicionales de equipos, que hoy adoptan una estrategia de marca, como Acer.

La sociedad del «yo», con un consumidor concebido en primera persona, sujeto que ejerce y sobre el que recae su propia acción, nos aboca a una economía de servicios personales. Un consumidor convertido en protagonista absoluto del mercado, y que se halla inmerso en un gran escenario caracterizado por la sobrecomunicación, en el que las empresas buscan el modo de anticiparse a sus deseos, escudriñando las claves de sus valores aspiracionales y estilos de vida. Este imperio de la individualidad, en el que todo parece aproximarse al público, a la audiencia, al consumidor…, sin siquiera ir a buscarlo y que se le viene encima de un modo personalizado hasta la saciedad, fomenta el fenómeno del negocio del aire. Llegó con el desarrollo de las TIC y hay mucha gente metida en él. Publicistas, empresas de Internet, servicios empresariales… En esta nueva economía ingrávida, la capacidad para el análisis y la interpretación del procesamiento de los conocimientos se desarrolla al alza. A medida que el coste de las TIC se hunde, esta nueva economía valora los conocimientos subjetivos e intuitivos. Hoy se buscan personas con capacidad para crear marca, estilos, ambiente, moda, servicios y productos cuyo valor esté más allá del objeto, y su uso o tenencia genere experiencias ligadas al placer. En este sentido, es un hecho que en el mundo rico, cada vez más gente desea gastar su dinero en calidad aparente en lugar de en cantidad de bienes, viniéndose a dar un hartazgo relativo de bienes materiales al tiempo que una demanda casi ilimitada de servicios. Estamos metidos en una economía de servicios personales; es la economía del “todo cerca” y del “todo rápido”. Si el consumidor paga más por objetos y servicios que aporten experiencias placenteras también pagará por perder de vista toda actividad cotidiana fastidiosa. Hoy proliferan empresas de servicio de «toderos» (venezolanismo que designa a personas que hacen de todo; en otros países centroamericanos también los llaman “maridos de alquiler”…), que lo mismo pasean al perro, que hacen cola en Hacienda; arreglan una tubería, o se disfrazan de Santa Claus por Navidad…

La tecnología crea nuevos productos y servicios, nuevas categorías de demanda del consumidor, y también traerá «McTrabajos» o trabajos efímeros de servicios, en una economía que tiende a no producir cosas y que se vuelca en las actividades de ocio y en los servicios personales.

Si en los 80, la ingeniería financiera y los mercados de futuros fueron conceptos que nos hicieron sospechar que tras el mundo físico existía otro, más ligero, casi etéreo, que venía empujando con verdadero ímpetu, ahora que ya no está de moda ser un yupie, que los masters ya no lo son todo, y que se ha resquebrajado la verticalidad, ahora que Goleman nos ha dicho por activa y por pasiva que la inteligencia, para serlo debe ser emocional; ahora, de algún modo, nos encallamos en buscar la salida en el interior de los episodios pasados y retornamos a todas esas décadas del ayer para revisarlas y asegurarnos de que no nos dejamos nada en ellas antes de cerrar la puerta y reinventar la nueva era, una era que nos deja al desnudo con nosotros mismos y nuestra capacidad de mixturar, tamizar y percibir el mundo, para aportar un nuevo valor a una sociedad sedienta de aquello que todavía no existe. En ella, los informes de mercado y los cuadros de Excel pierden fuelle frente a las percepciones, sensaciones, interpretaciones y hasta presagios…, que forman hoy parte de la observación de los mercados. En la sociedad de la información el individuo deja de formar parte de una estructura inmutable, deja de constituir una variable de valor fijo, y se desgaja de ella con renovado caché, para ser un poco más feliz y un poco más libre…

Editorial …Y ¿por qué no?

Editorial. Abundancia, eficiencia y sorpresa
EDITORIAL

Sí, nos hallamos en un mundo distinto. Es el mundo de la abundancia, ese en el que los folletos de las grandes superficies anuncian sus ofertas de jamón de york junto a las de LCDs; un mundo en el que la automatización de los procesos de la industria hace que ser eficiente ya no sea suficiente. Un mundo que reivindica la sorpresa y que nos exige ser diferentes, ser únicos.
Introducir una innovación diferencial en cualquiera de los procesos de la cadena de valor, (DOC), bien en la fase de diseño del producto, en la de operaciones o en la de relación con el cliente, no es fácil. Los speakers, que así está de moda llamar a los conferenciantes profesionales, nos machacan con eso de que es imprescindible transformar las ideas en valor, la creatividad en dinero, pero casi nunca nos dicen cómo hacerlo. Tan sólo algún concepto vago con apariencia empírica, como que un negocio rentable es igual a imaginación más tecnología, o se nos recomienda una profunda reflexión sobre qué podemos hacer con el conocimiento acumulado, en fin, el know how o el savoir faire de toda la vida, y la observación de lo que los expertos llaman las orillas de nuestro negocio, vaya, la diversificación en grado sumo… Los protagonistas de las charlas, conferencias y disertaciones que se suceden, uno tras otro, en auditorios y salas de congresos, ilustran tales sugerencias con casos más o menos anecdóticos como para darnos una pista de qué hacer y, de paso, caer simpáticos con sus curiosidades y chascarrillos. Buscan ejemplos entre las sutilezas del mercado digital, como las páginas web que pudiendo ofrecer un extenso abanico de productos venden sólo un artículo al día a un precio de lo más tentador y cuando se acaban las existencias no colocan un nuevo producto, sino el cartel de «agotado», logrando que todos quieran ser los primeros en conectarse cada día para saciar su ansia de ser sorprendidos por una ganga.
Es el truco de no vender ahora para vender más otro día. En esa misma línea se hallan también algunas tiendas físicas, como la tienda de Apple en Nueva York, una maravilla arquitectónica, un escenario cibernético que recrea lo que podría llamarse «los mundos de Apple». Unos acuden a ver el estreno de Star Trek ataviados con orejas en punta, y otros se dejan caer por la 5ª Avenida buscando ser deslumbrados por ese misterioso halo de seducción que aseguran sentir los discípulos incondicionales de la marca. Son tiendas ideadas para enamorar, para crear o reforzar el vínculo emocional de la marca con el consumidor de un modo amable. No se trata de una demostración de poder per se, sino de un poderío servido bajo apariencia casi de ofrenda; algo así como “…ves este imperio; pues es todo para ti”. La cuestión es que el consumidor está encantado con que los gigantes del mercado utilicen su poder para proporcionarle placeres lúdicos.
Anécdotas aparte, lo más parecido que he encontrado a una receta para el éxito fueron las sugerencias de un ilustre asesor de empresas y escritor al mismo tiempo: ganan los flexibles y los que se especializan; los que aportan más valor; los que gestionan su polaridad, no los que son buenos en una dimensión a costa de las otras; los que entienden los deseos que mueven el mundo; los que crean buenos recuerdos; los que discrepan desde la lealtad; los que gestionan las dificultades y su talento; ganan, en fin, los que ponen el alma en lo que hacen y los que sueñan… Buen broche final del orador -concluir con un toque a la fibra sensible siempre es efectivo-. Pero seguían siendo fórmulas, soluciones de manual…
El caso es que en mi peregrinar hacia la receta para el éxito de un negocio he dado con una afirmación sorprendentemente certera: “el futuro consiste en preguntarse ¿por qué no?”. Sí, me pareció genial. Se trata de tirar por la borda aquello que nadie se ha atrevido a poner en duda; a no dar por descontado aquello que todos dan por supuesto. En una palabra, el secreto está en hacer cosas atrevidas…; la idea es ir por la vida rompiendo moldes, mojándose -hablando en plata-. Así que ya sabe, quítese el corsé, déjese llevar y a transgredir sin complejos. Atrévase. Mónica Daluz /
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¡Que fluya la música! El medio ya no es el mensaje

Que fluya la música
OPINIÓN
TECNORRELATO

Atardecía. Abrí el grifo. Me quedé observando aquel poderoso chorro de agua y vi en él algo que no había visto antes. Aquella mañana entrevisté a un experto en gestión de empresas de la industria musical que me introdujo en las teorías de un fulano que va proclamando por ahí que la música debiera ser como el agua…: el grifo se abre y siempre hay agua a nuestra disposición; agua que tras refrescar nuestra piel o limpiar nuestros alimentos se esfuma a través del desagüe… y, por supuesto, no se nos pasa por la cabeza irla almacenando en bidones indefinidamente. Hay agua en la cocina, en el lavabo, en la galería y hasta en el jardín. No era nada descabellado; en realidad, tenía sentido…
En eso iba yo pensando cuando de manera inconsciente deslicé la mirada por el salón viniendo ésta a caer sobre mi mueble preferido, y no porque su estética, a base de líneas puras describiendo volúmenes simplificados me conecten con las tendencias actuales y me hagan sentir que así soy una mujer a la última. No; el impulso que condujo mi atención hasta la cómoda fue lo que ésta alberga en su interior. Y es que ahí descansan en paz todos mis vinilos. ¿Desprenderme de ellos? ¡Ni hablar! Reconozco que su situación es de lo más triste, allí, muertos de asco en una estantería…, pero cada uno de ellos está vinculado a un recuerdo, a un sentimiento, a un afecto, o a alguna vivencia relevante o irrelevante, y cada portada desgastada es un pedazo de mi vida. No es sólo música; es lo que me costó ahorrar para comprar cada LP, aquellas salidas en pandilla para adquirirlos y, por supuesto, las largas horas contemplando el dócil vaivén de la aguja avanzando entre el surco cual velero sobre aguas mecidas por un incipiente mar de fondo, mientras, en simbiosis con cada nota mis pensamientos volaban lejos, muy lejos de aquella habitación de adolescente… Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

¡Que fluya la música!

El medio ya no es el mensaje

Por Mónica Daluz

Atardecía. Abrí el grifo. Me quedé observando aquel poderoso chorro de agua y vi en él algo que no había visto antes. Aquella mañana entrevisté a un experto en gestión de empresas de la industria musical que me introdujo en las teorías de un fulano que va proclamando por ahí que la música debiera ser como el agua…: el grifo se abre y siempre hay agua a nuestra disposición; agua que tras refrescar nuestra piel o limpiar nuestros alimentos se esfuma a través del desagüe… y, por supuesto, no se nos pasa por la cabeza irla almacenando en bidones indefinidamente. Hay agua en la cocina, en el lavabo, en la galería y hasta en el jardín. No era nada descabellado; en realidad, tenía sentido… En eso iba yo pensando cuando de manera inconsciente deslicé la mirada por el salón viniendo ésta a caer sobre mi mueble preferido, y no porque su estética, a base de líneas puras describiendo volúmenes simplificados me conecten con las tendencias actuales y me hagan sentir que así soy una mujer a la última. No; el impulso que condujo mi atención hasta la cómoda fue lo que ésta alberga en su interior. Y es que ahí descansan en paz todos mis vinilos. ¿Desprenderme de ellos? ¡Ni hablar! Reconozco que su situación es de lo más triste, allí, muertos de asco en una estantería…, pero cada uno de ellos está vinculado a un recuerdo, a un sentimiento, a un afecto, o a alguna vivencia relevante o irrelevante, y cada portada desgastada es un pedazo de mi vida. No es sólo música; es lo que me costó ahorrar para comprar cada LP, aquellas salidas en pandilla para adquirirlos y, por supuesto, las largas horas contemplando el dócil vaivén de la aguja avanzando entre el surco cual velero sobre aguas mecidas por un incipiente mar de fondo, mientras, en simbiosis con cada nota mis pensamientos volaban lejos, muy lejos de aquella habitación de adolescente…

Para amenizar mi soledad, porque a pesar de la marea de recuerdos que se me abalanzó al abrir aquel armario estaba esa noche más sola que la una, me metí en un blog sobre el asunto en cuestión, con el objetivo de averiguar si aquel sentimentalismo para con los susodichos polímeros era algo que me ocurría exclusivamente a mí. El caso es que me lié a conversar con un joven que parecía tener las ideas muy claras al respecto. Al principio se me antojó un ser un tanto frío e insensible, demasiado racional para mi gusto. El tipo decía cosas como “lo que quiero es oír la música, no acariciar la tapa de los discos” o “mi colección de CDs es pasto del olvido desde hace años, no sé qué hacer con ella, ocupa sitio y no sirve para nada”. A medida que íbamos entrando en materia aquel chaval me convencía con sus dolorosos pero certeros argumentos. Le dije que la industria de la música está tratando de ingeniárselas para aportar valor al soporte y su respuesta fue tan contundente como ilustrativa: “seguro -dijo- que los vendedores de hielo también hicieron cosas parecidas, y también bajaron los precios, pero la nevera seguía siendo mejor”. Por un momento vi claro que aquella estrategia de revalorización de intangibles para vender tangibles era, en realidad, la prueba definitiva de la agonía del modelo de distribución de “música física”.

Aunque seguía sin entender porqué alguien paga 1 euro por canción para encarcelarla en un pequeño aparato del que nunca podrá sacarla…; o más descabellado todavía, porqué alguien suelta 2 euros para descargarse una melodía en el móvil… Por lo menos, aquello demostraba que las nuevas generaciones estaban dispuestas a seguir pagando, aunque fuese de otro modo, por acceder a la música. Sí, acceder, pero cómo; ahí está la clave. ¿Disfrutarla sin poseerla? Primero deberemos preguntarnos si es la música un producto o un servicio. ¿Y si aquel teórico tenía razón? De hecho, si puedes oír cuanta música quieras, allá donde quieras, en el momento en que quieras ¿para qué poseerla físicamente? Aunque, por otro lado, es posible que todo el mundo ande pendiente de cómo la música digital pierde valor económico cuando, quizá, lo que esté perdiendo sea su valor emocional…

Una cosa es clara: la absoluta transformación de todo aquello que guarda relación con la música es imparable. Muchos frentes se abren para el debate, y el mayor de ellos es reflexionar sobre cómo combinar de un modo justo las tres variables de este embrollo: lo que es posible, lo que es ético y lo que es legal.

En algo todas las partes implicadas en la industria musical están de acuerdo, y es en que el modelo de negocio se está quedando obsoleto y que el futuro de la distribución de la música ya ha comenzado a escribirse. Los millones de canciones vendidas en iTunes nos indican qué está pidiendo el consumidor: la canción suelta prima sobre el disco. La industria debe evolucionar hacia una visión global del negocio y pasar de vender discos a vender música.

Todo comenzó a principios de los 80, cuando, con la decisión de adoptar el formato CD, la industria de la música inició su transformación de analógico a digital. Con la digitalización de la música y su distribución en formato CD era posible hacer infinitas y perfectas copias, exactamente iguales al original. Fue entonces cuando se precipitó la transformación de la música, que pasó de ser un producto a ser un servicio de entretenimiento.

En los tempranos 90’ los fabricantes de equipos informáticos (Dell, Hewlett-Packard, Apple, Compaq, Gateway) vieron el potencial de las aplicaciones de audio y comenzaron a desarrollar equipos domésticos con CD-ROM y, en ese momento, los altavoces devinieron parte integral de los ordenadores personales.

La combinación del formato CD, los ordenadores personales e Internet, propició la convergencia de tecnologías, que hizo posible que los consumidores “ripeasen” (1) música de sus CDs y obtuvieran archivos digitales de mp3 vía World Wide Web, mensajería instantánea o e-mail, y llevó a que la industria de la música comenzase a perder el control sobre sus productos.

La juventud se lanzó de manera espontánea a “postear” (2) sus extensas colecciones de mp3 en servidores y páginas donde las canciones podían ser descargadas por cualquiera. Nació Napster, el primero de una serie de sistemas par a par, como Kazaa, Morpheus, Grokster, Mies o Limewire que, de algún modo, repartieron fortuna entre compañías de electrónica de consumo y creadores de videojuegos, DVDs, tonos para móviles y tecnologías que permiten a los usuarios ripear y grabar sus propios CDs en sus PCs.

En la actualidad, según el informe Digital Music Report 2006, las ventas de música a través de Internet y de los teléfonos móviles durante 2005 generaron ventas de 1.100 millones de dólares, unos 380 millones de dólares más que el año anterior. Los usuarios descargaron 420 millones de canciones a través de la Red, 20 veces más que dos años antes.

(1) Ripear: procedimiento para transformar el formato de música de un CD (únicamente de audio) en un formato que pueda ser procesado por programas de música en el ordenador; en especial, convertirlo de trak a MP3.

¿Qué está ocurriendo en España? Si el mercado español de música grabada ha decrecido desde 2001 (año en el que se facturaron 685 millones de euros, mientras en 2004 la facturación fue de 462 millones de euros), en 2005 el merado repuntó, con un crecimiento del 3,9%, gracias a las ventas de logos, melodías y canciones en teléfonos móviles, y a la distribución digital legal. Durante 2005 el móvil se afianzó como dispositivo portátil para escuchar música; la música a través del celular ya representa aproximadamente un 40 por ciento de las ventas del mercado digital global.

(2) Un post es una porción de texto que se publica como entidad unitaria dentro de una bitácora. Es una anotación o un mensaje.

El mercado discográfico español está dominado por cuatro grandes sellos que controlan más del 80% del mercado: Sony-BMG, Warner, Universal y EMI. Les sigue Vale Music, que situado en un 9% de cuota ha llegado puntualmente al 20% coincidiendo con la emisión del programa televisivo Operación Triunfo.

El esquema de venta de música tradicional basaba el control del negocio en el control de la distribución, lo cual ha sido posible por tratarse de un soporte físico. Pero el panorama ha virado 180 grados. Hoy existen más de 335 sitios de descargas de música legales en todo el mundo, respaldados por empresas de electrónica, informática, distribución, telecomunicaciones o medios de comunicación. En España operan también algunos servicios de descarga con amplios catálogos de música en castellano, como Los 40, de la cadena SER, o Terra Música, de Telefónica.

La distribución on line también tiene ventajas para la industria de la música, pues supone un incremento del mercado y no una sustitución del canal de distribución: la música on line puede ampliar el catálogo y ofrecer productos de un gran número de compañías independientes, de modo que el nuevo canal se perfila como el más adecuado para los nichos de mercado, optimizando la long tail, concepto que hace referencia a cómo Internet está cambiando las leyes de la distribución y las reglas del mercado. La reducción en los costes de almacenamiento y distribución que permiten las tecnologías, hace que no sea ya necesario focalizar el negocio en unos pocos productos de éxito, de manera que se está dando una traslación del mercado de masas -centrado en el alto rendimiento de pocos productos- a otro de nichos de mercados -basado en la suma de todas las pequeñas ventas de muchos productos-. Las nuevas herramientas, como blogs, tags, RSS, wikis, podcasting, etc. permiten publicitar y dar a conocer el gran número de productos existentes en la long tail.

Con el nuevo canal aparecen también nuevas fórmulas de comercialización, pues éste permite obtener información acerca de qué música escuchar, no sólo a través de las recomendaciones del propio servicio de música on line o de las listas de éxito, sino mediante nuevos mecanismos como las playlists (listas de reproducción) o las opiniones y comentarios de otros usuarios enviados a través de correos electrónicos a los amigos.

En este sentido, la distribución on line tiene un valor añadido incuestionable, pues da acceso a intérpretes desconocidos; hasta la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores), a través de su división digital, SDAE, ha anunciado que admitirá como socios a los autores noveles que quieran dar a conocer gratuitamente su música vía Internet. La nueva música on line, en su fluir por doquier logra que cada día más gente se aficione a la música y que el ciudadano tenga más oportunidades de conocer intérpretes, y, de este modo, acudir a más conciertos (en 2005 el número de conciertos de música popular creció un 10,5%.)

Los dos modelos de negocio que se perfilan para la distribución de música digital son: el pago por descarga y la suscripción mensual a servicios de música on line.

En la modalidad de pago por descarga, las canciones descargadas suelen tener asociadas algunas limitaciones en su uso -es el modelo de iTunes, MSN Music, WalMart (EE.UU.) Tesco (Reino Unido) y los españoles Terra Música, Vitaminic, Los 40-.

El caso de iTunes ha marcado un antes y un después en los modos de consumo y distribución de la música digital y ha demostrado al mundo que otro modelo de negocio es posible. Su servicio de pago por descarga representa el 70% del mercado de descarga de música según la consultora NPD -otras sitúan esta cuota en el 83%-. Apple fundamenta su modelo de negocio (iPod+tienda iTunes) en la venta de dispositivos; el inconveniente de este modelo es que la música descargada en iTunes sólo se puede transferir a un iPod y la música descargada con otros servicios distintos de iTunes no se puede escuchar en un iPod, al utilizar una tecnología DRM propia para la que no se conceden licencias. Sony, por su parte, está desarrollando una estrategia en este sentido, con reproductores propios y un servicio de música específico para sus reproductores Sony Connect, que emplea un formato de codificación propietario (ATRAC) así como un sistema DRM propio (OpenMG) que impide la reproducción sobre dispositivos portátiles que no sean de Sony.

Este modo de distribución musical de pago por descarga se halla actualmente en una fase de replanteamiento de la política de precios fijos que ha venido manteniendo desde que fue establecida, en su día, pensando en una cifra fácil de comunicar al cliente final, sin tener en cuenta el éxito o antigüedad de la canción, a diferencia de lo que ocurre en la distribución física.

Por lo que respecta a la suscripción mensual, en la que los derechos de uso de las canciones descargadas están limitados al tiempo que dura la suscripción, ésta tiene diversas modalidades. La más común es el acceso a todo el catálogo musical del proveedor y la selección de los temas a través de streaming de audio (recepción instantánea), como el servicio Rhapsody Unlimited, que permite escuchar música de un catálogo de 1.300.000 canciones. También han surgido modelos de negocio complementarios, como ofrecer servicios de escucha de una canción una sola vez por un precio de 0,01 euros; interesante para aquellos usuarios que en lugar de escuchar siempre la misma música, prefieren escuchar de manera continua listas de éxitos, recomendaciones y playlists.

Otra variante de la suscripción es aquella en la que el usuario puede descargar archivos musicales transferibles a sus dispositivos portátiles; la propiedad de esta música se cancela si el consumidor no paga su cuota mensual: es una forma de alquiler de música.

Como último ejemplo, valga el de Pixbox (Terra), un portal que ofrece contenidos de ocio para comprar y también para compartir con otros usuarios que estén inscritos al servicio. Por 9,99 euros mensuales, el usuario puede descargarse todas las canciones que desee de entre el millón que constituyen el catálogo, con derecho a copiarlas en tres ordenadores diferentes, grabarlas hasta en tres Cd’s y escucharlas en tres reproductores. Además, si el cliente comparte la música con otros usuarios del servicio, puede obtener rebajas en su suscripción.

También existe la fórmula “radio en streaming”, en la que los clientes tienen acceso a un amplio abanico de estaciones de un género musical específico a cambio de una cuota mensual.

Las discográficas, por su parte, han intentado en algunos casos la vía de la tienda on line, pero el usuario desea encontrar en un servicio de música a todos los intérpretes, y las limitaciones de estas empresas, al respecto, les han llevado al fracaso.

Los operadores móviles también han buscado participar y explotar las nuevas posibilidades de este negocio y para ello han alcanzado acuerdos con las discográficas, que hoy, sin duda, apuestan por el móvil como un nuevo canal de distribución.

Al hilo de este extremo, cabe mencionar el reciente aterrizaje en España de Real Networks, con RealMusic, un servicio de venta de melodías para el móvil, que lo que pretende es crear un espacio propicio para el lanzamiento y la promoción de futuras promesas; es la estrategia conocida como marketplace. La idea, evidentemente, procede del fenómeno MySpace.

El nuevo panorama ha arrojado al mercado musical también nuevos actores: compañías discográficas que producen sólo música on line, distribuidores de compañías independientes, agregadores de música a tiendas on line, agentes licenciadores, etc.

Tecnología, modelos de negocio, leyes de protección…, muchas son las cuestiones que circunvalan esta evolución, no sólo del negocio musical sino del concepto de música en sí mismo, y una de ellas es la que se desarrolla en el plano de la ética.

La industria se descolocó cuando la música comenzó a circular gratis en la red, y hoy, la generación del mp3 ve con normalidad obtener música a precio cero. Lo cierto es que no es posible ponerle puertas al campo; ahí están los sistemas anticopia DRM, según sus detractores, el último intento por parte de la industria discográfica de aislarse de la realidad del mundo tras fracasar en su intención de ilegalizar las redes P2P.

Pero la corriente que aboga por el uso libre de materiales también se extiende entre algunos artistas, que optan por el copy left, acogiéndose a licencias de Creative Commons que, en sus diferentes modalidades, contemplan pequeñas o grandes renuncias a la propiedad intelectual en favor de la libre circulación de ideas y saberes. La más abierta es la «licencia de atribución», en la que el creador permite el uso y distribución de su obra sin restricciones; la variante «no comercial» contempla el libre fluir de los contenidos siempre que no se actúe con ánimo de lucro; y la «licencia no directiva», que permite que circule una obra, pero íntegra, sin que pueda ser retocada.

Creative Commons busca maneras de esquivar el copyright pero sin caer en posturas anarquistas de abolición completa de la propiedad intelectual. Lo cierto es que resulta muy difícil competir con algo tan barato como una red P2P y el hecho innegable es que las leyes sobre patentes y sobre propiedad intelectual deberán adaptarse a estos modelos de distribución y otros que seguro están por llegar.

En un futuro, es posible que junto a nuestros recibos mensuales de agua o luz, paguemos también el de servicios multimedia de entretenimiento, que incluirá una tarifa mensual por el consumo de música, vídeo y comunicaciones. Serán la ubicuidad, la posibilidad de estar en todas partes, y la movilidad, los elementos que marcarán el consumo del entretenimiento en esta nueva era, en este nuevo estilo de vida: el estilo de vida digital.

No suelo hacerlo pero, sólo por esta vez, me cité con el individuo del blog, para seguir hablando de música cara a cara y, como ocurre en un directo, no hay color… Quedamos en las Ramblas de Barcelona; sí, ese lugar de afloración espontánea de expresiones culturales que el ayuntamiento de la ciudad se ha propuesto regular ¿Regular la expresión cultural? se preguntarán ustedes; pues sí. Los pintores y caricaturistas que asaltan la vía para vestirla de color y colmarla de encanto deberán aprobar un examen, y pronto mimos y estatuas humanas también deberán pasar por el control de calidad…

El caso es que al principio creí que no era mi tipo. Después charlamos un rato y paseamos hasta una tienda de discos de toda la vida; habían pasado años desde la última vez que entré. Ahora, además de vender, compran cualquier cosa curiosa que les lleves. Él encontró un par de rarezas discográficas; una de ellas con tapa sesentera a lo Warhol, que no tenía desperdicio. Se las quedó.

Tras una, digamos que, interesante velada, nos despedimos. Llegué a casa, y de nuevo mi mirada se topó con aquel mueble, omnipresente a pesar de su minimalismo formal y su discreto tamaño, lleno de recuerdos, y sonreí; algo había cambiado, y es que nuevos recuerdos recién vividos se instalaban en mi interior para formar parte de mi pasado en un futuro. Corrí al PC, y allí estaba su e-mail cargado de música comprimida. Música, al fin y al cabo.

Entrevista a David Loscos, codirector y coordinador del curso de posgrado Gestión de Empresas en la Industria de la Música, de la universidad Pompeu Fabra, de Barcelona

Entrevista a David Loscos, Universitat Pompeu Fabra
“Hay que facilitar el acceso a la música a través de internet, de manera legal”

Experto en el negocio de la música, David Loscos nos da su punto de vista sobre los cambios que se avecinan ante el nuevo panorama que ha dibujado la digitalización. El sistema de compresión mp3 y su distribución vía Internet, han abierto muchas incógnitas sobre cómo se consumirá la música en el futuro, cuáles serán los modelos de negocio de las productoras y cuál será el papel que desempeñará la industria de la electrónica de consumo.
Háblenos de los cambios en los hábitos de consumo de música grabada desde que irrumpieran, con la llegada de la digitalización, primero el CD y después los sistemas de compresión mp3.
La industria discográfica está sufriendo un verdadero shock. Si tradicionalmente ésta se ha dedicado a la explotación de las reproducciones de un master original, la llegada del CD, que permitía hacer infinitas copias idénticas al original, supuso colocar el master en la calle. Al principio la consecuencia sobre la industria no fue mala; contrariamente, experimentó un par de años de bonanza, porque el consumidor, según los estudios de mercado que se llevaron a cabo por entonces, convertía toda su discoteca de formato analógico a CD.
…Y llegó el mp3 y, con él, la música comienza a circular en libertad…

Sí; la tecnología ha permitido que del CD se obtuvieran las pistas de cada una de las canciones y, a partir de ahí, se comprimiera el sonido, de modo que fuera posible convertirlo en archivos digitales que luego, en Internet, han sido distribuibles a través de la red. Ahí es donde aparece el gran problema de la industria, porque aunque la compresión de sonido no es perfecta, es suficientemente buena para que el oído humano no perciba las diferencias en relación con el master original.
¿Tienen las compañías discográficas y los fabricantes de reproductores, intereses contrapuestos?
Tradicionalmente, y excepto en el caso de Sony, en el que ambos negocios están bajo el mismo paraguas, los fabricantes han tenido que facturar «x» dinero a final de año, así que, si han tenido que hacer máquinas que graben CDs y DVDs o reproduzcan mp3, lo han hecho; mientras que los proveedores de contenidos lo que intentan es que esos contenidos que producen, de algún modo, tengan una protección que les permita explotar su modelo de negocio, porque sino el modelo de negocio discográfico desaparecería. Sin embargo, en los últimos años, fabricantes y proveedores de contenidos están trabajando en una misma dirección. Mónica Daluz / pdf

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ENTREVISTA

Entrevista a David Loscos

Codirector y coordinador del curso de posgrado Gestión de Empresas en la Industria de la Música, de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona.

“Hay que facilitar el acceso a la música a través de Internet, de manera legal”

Experto en el negocio de la música, David Loscos nos da su punto de vista sobre los cambios que se avecinan ante el nuevo panorama que ha dibujado la digitalización. El sistema de compresión mp3 y su distribución vía Internet, han abierto muchas incógnitas sobre cómo se consumirá la música en el futuro, cuáles serán los modelos de negocio de las productoras y cuál será el papel que desempeñará la industria de la electrónica de consumo.

Mónica Daluz

Háblenos de los cambios en los hábitos de consumo de música grabada desde que irrumpieran, con la llegada de la digitalización, primero el CD y después los sistemas de compresión mp3.

La industria discográfica está sufriendo un verdadero shock. Si tradicionalmente ésta se ha dedicado a la explotación de las reproducciones de un master original, la llegada del CD, que permitía hacer infinitas copias idénticas al original, supuso colocar el master en la calle.

Al principio la consecuencia sobre la industria no fue mala; contrariamente, experimentó un par de años de bonanza, porque el consumidor, según los estudios de mercado que se llevaron a cabo por entonces, convertía toda su discoteca de formato analógico a CD.

… Y llegó el mp3 y, con él, la música comienza a circular en libertad…

Sí; la tecnología ha permitido que del CD se obtuvieran las pistas de cada una de las canciones y, a partir de ahí, se comprimiera el sonido, de modo que fuera posible convertirlo en archivos digitales que luego, en Internet, han sido distribuibles a través de la red. Ahí es donde aparece el gran problema de la industria, porque aunque la compresión de sonido no es perfecta, es suficientemente buena para que el oído humano no perciba las diferencias en relación con el master original.

¿Tienen las compañías discográficas y los fabricantes de reproductores, intereses contrapuestos?

Tradicionalmente, y excepto en el caso de Sony, en el que ambos negocios están bajo el mismo paraguas, los fabricantes han tenido que

que facturar «x» dinero a final de año, así que, si han tenido que hacer máquinas que graben CDs y DVDs o reproduzcan mp3, lo han hecho; mientras que los proveedores de contenidos lo que intentan es que esos contenidos que producen, de algún modo, tengan una protección que les permita explotar su modelo de negocio, porque sino el modelo de negocio discográfico desaparecería. Sin embargo, en los últimos años, fabricantes y proveedores de contenidos están trabajando en una misma dirección.

¿Se da cuenta de que hasta el momento sólo hemos hablado de la industria discográfica, del consumidor…? ¿qué pasa con el autor? ¿y con el artista o intérprete?

Estamos ante dos cosas distintas, aunque a veces van juntas. El autor es el que compone las canciones, el artista es el que las interpreta. Es importante esta distinción porque el negocio de la composición se ve afectado pero no tanto como el negocio de la grabación, que está vinculado directamente al artista. El negocio de la composición es el negocio de la explotación de los derechos de autor. Es cierto que el hecho de que la producción mecánica o la comercialización de los soportes físicos de los discos se vea alterada, afecta a los ingresos del autor, pero éste tiene otros ingresos, como la comunicación publica de su música a través de locales de ocio, en televisión, etc., o si él mismo u otro artista toca su repertorio, lo que le genera también muchos ingresos.

Los más afectados son el artista, ya que se ve remunerado básicamente por los royalties que recibe de las ventas de sus discos, y las discográficas, que han basado su modelo de negocio, hasta ahora, en lo que sería la explotación de las grabaciones. Los artistas se ven obligados ahora a no poder fundamentar su carrera en la venta de discos.

Está claro que las discográficas deben cambiar su modelo de negocio ¿En qué sentido se están “moviendo”?

Ahora ya no dicen ”nosotros somos una discográfica”, sino “somos una compañía de música”. La idea que están intentando transmitir es que no solamente venden discos sino que también se ocupan del desarrollo de carreras de artistas. Se trata de un pacto entre socios en el que una parte aporta el talento creativo y la otra el talento como gestor. Mientras este modelo se consolida, las compañías discográficas y editoriales clásicas están desarrollando departamentos digitales que atienden los nuevos canales para agilizar el acceso a la música a través de cualquier dispositivo.

¿Llegó la hora de las pequeñas compañías discográficas?

Sí, las compañías independientes, más pequeñas, tienen una capacidad de adaptación más ágil.

Vamos al meollo de la cuestión: ¿desaparecerá el formato físico?

Creo que no. En Inglaterra, por ejemplo, el formato físico goza de muy buena salud; la gente le concede un gran valor. Aunque el mp3 ha permitido ese acceso inmediato a las canciones, no tiene glamour; es como comer por comer… Somos fetichistas, necesitamos tocar, guardar, revisar… De hecho, observamos continuamente cómo las factorías de CDs se esfuerzan por ofrecer formatos originales, completos libretos, diseños llamativos… La música en formato físico, tangible, te da algo que el formato intangible no te da. Muchos creen que el CD está muerto, que le quedan cinco años; yo creo que no. Lo que sí es cierto es que el formato físico quedará reducido a un nicho de mercado y que hay una generación de melómanos que ni se plantea comprar un CD y asume el formato intangible como la mejor manera de consumir música.

Lo que está fuera de lugar son los precios de los CDs…

Se están inventando las mil maneras para hacer que el formato físico, el CD, tenga glamour, un feeling, que aporte algo más. Pero también es cierto que hay unos costes que hay que amortizar; los más importantes serían el marketing y la grabación. Aunque en los últimos años se ha podido grabar muy bien y a precios razonables, la promoción, la comunicación y el marketing cuestan mucho dinero, además de los derechos de autor, la distribución, sea física o digital; y todo eso tiene que irse amortizando con cada venta de soporte. Pero, en efecto, la industria está estudiando revisar su política de precios para que éstos sean mas ajustados. También hay que camibar la política de precios para la distribución en la red; hay que hacer más accesible la música en el momento de descubrirla, agilizar las relaciones entre las discográficas y las distintas páginas en la red.

¿Qué opina de los sistemas de protección anticopia, como el Digital Rights Management (DRM)? y ¿Dónde está el término medio, la justicia, entre esa libertad de acceso a la música, la democratización de la cultura que supone el intercambio de contenidos que permite la tecnología, y el derecho de propiedad intelectual?

El DRM quiere ser la solución tecnológica para poder controlar de algún modo la difusión de estos archivos digitales, pero yo creo que no es solución en sí misma. Tampoco creo que el acceso libre a la música sea la solución para la industria ni para los autores. Los autores son el pilar de la industria; si no hay creación no hay grabación.

Crear es una necesidad humana; pienso que la creación no depende de la remuneración… ¿usted sí?

No es que dependa, es que no es justo que el autor no esté remunerado por su trabajo. A mí lo que me sorprende es que el debate sólo exista con el tema de la música. Yo estaría dispuesto a abrir ese debate, pero entonces, también deberá ser libre el acceso al teatro, por ejemplo. Lo que se está haciendo es justificar una innovación tecnológica que nos permite el acceso libre a una obra.

Creo que el autor, como propietario de su obra, debe decidir por sí mismo: si quiere que su obra esté bajo Creative Commons o copy left, o un copyright no total, de manera que la gente pueda utilizar su música siempre que mencione la fuente, por ejemplo, o si la pone en la red y la distribuye a través de YouTube o MySpace, como instrumento de promoción. Pero luego tiene que ingresar de algún sitio si tiene que vivir de la música.

Otra cosa es que nos planteemos si es legitimo ganarse la vida con la música; si decimos que no, que la música no puede ser un producto sino que tiene que ser un bien cultural y de domino publico gratuito, pues de acuerdo, pero si decimos que es legitimo ganarse la vida con la música como lo es ganársela como ingeniero, entonces tenemos que poner los instrumentos para que esto funcione, sencillamente buscar la manera de que el autor se vea remunerado por su trabajo y en la explotación de sus grabaciones; ahí es donde estamos buscando la mejor fórmula.

Son muchas las industrias implicadas en esta búsqueda del consenso…

Nos hemos de poner todos de acuerdo, pues Internet ha eliminado fronteras, de modo que no valen soluciones parciales. La sanción es útil en algunos casos, pero no tiene ningún sentido a largo plazo. El DRM tampoco es la manera, pues si yo me compro un CD tengo que poder hacer con él lo que quiera; el productor no tiene porqué limitar el uso que yo haga de mi CD.

¿Cómo cree que se venderá la mayor parte de la música en los próximos años?

Yo creo que el formato físico se queda, y que se va a vender básicamente por Internet; si observas la oferta de los comercios tradicionales de música, verás que no hay mucho producto, pero en las tiendas de Internet tienes acceso a mucha música, y te la envían en un plazo de 24 horas.

Sin embargo, si hablamos a 10 años vista, el formato digital será el que dominará el mercado. Los dispositivos móviles integrarán reproductores con gran capacidad de almacenaje y acceso a servicios de suscripción que permitirán un acceso inmediato y de gran calidad a una oferta inimaginable. A mi entender, el futuro es la suscripción.

O sea, que abrir una tienda de discos hoy por hoy es un mal negocio…

Pues sí. El canal tradicional tiene muchos problemas: hoy no se venden discos. Creo en la suscripción, como por ejemplo el modelo de Emusic. El modelo de iTunes, por su parte, donde puedes comprar una canción o el álbum entero pagando un euro por tema, es muy accesible pero, estamos en lo de siempre, con las incompatibilidades…: sólo es compatible con reproductores de Apple… y ya cuesta bastante difundir un nuevo hábito de consumir música como es hacerlo a través de Internet. Estamos haciendo las cosas muy mal. Hay que hacerle a la gente fácil el acceso a música a través de Internet de manera legal y lo que estamos haciendo es dificultárselo.

¿Qué debe hacer la industria?

El reto que tiene esta industria es hacer accesible la música de manera instantánea. Las casas del futuro deberían tener unos dispositivos que permitan que en cualquier sitio sea posible disfrutar de la música.

Otro reto de la industria es que los adolescentes, que entienden que la música es gratis, que no han de pagar por ella, valoren la música. Si no la pagamos no la valoramos; cuando las cosas son totalmente gratis, no les damos valor. Yo creo que siempre habrá canales en los que la música será gratuita, y otros en los que habrá que pagar por una canción limpia de virus y un servicio de recomendación, etc. Una canción en formato mp3 bajada de Internet no es nada por sí sola, no tiene valor; hay que dárselo a través de servicio, etc. Es un camino de largo recorrido, por lo menos en España, que tiene una cultura de pillaje, de: “si puedes pillártelo gratis, píllatelo”…

¿Le gusta escuchar la música en reproductores portátiles de mp3?

La verdad es que no me gusta el reproductor de mp3, me parece que no es una manera placentera de oír música; los que he probado no permiten escuchar la música al volumen que yo entiendo óptimo y, además, me molestan los cascos.

La música es un placer individual, la gente la escucha en solitario: en su casa, en el coche…; y en comunidad, básicamente cuando es en directo. Creo que la gente va seguir queriendo escuchar música en su casa y en un formato decente.

Y en el mundo del vídeo ¿va a ocurrir lo mismo que con la música, es decir también habrá una distribución masiva vía IP?

En eso confío; no me interpretes mal… es que si le pasa lo mismo a la industria del cine, la de la música lo tendría más fácil, sencillamente porque es como la hermana pequeña… La industria del cine siempre ha tenido mas apoyo de las instituciones públicas, se vincula la cultura de un país, se hace bandera de eso cuando hay una película que funciona, tiene mayor peso en la sociedad… por eso, si le ocurre lo mismo que a la industria de la música, hará de hermana mayor y se buscarán soluciones.

Lance un mensaje a los fabricantes de electrónica de consumo

Deberían inventar un aparato que lo tenga todo; un teléfono móvil que reproduzca mp3 con buena calidad, con mucha capacidad de almacenaje y con el que se puedan descargar canciones; en fin, facilitar el acceso inmediato a la música.

Establiments Miró. Francesc Miró, ¡A su manera!

Establiments Miró. Francesc Miró, ¡A su manera!
PERFILES
NEGOCIOS EN CLAVE HUMANA

ASÍ NACIÓ Por puro azar
José y Francisco Miró, padre y tío de Francesc Miró respectivamente, regentaban una tiendecita de comestibles en la localidad barcelonesa de Martorell, hoy una ciudad en pequeño, con sus humos y sus ruidos como toda urbe que se precie, pero entonces un lugar de grato vivir, hervidero de gentes emprendedoras y con una incipiente y próspera industria que marcó el inicio de una colosal expansión urbanística que cambiaría para siempre el paisaje rural por el industrial.
Entretanto, los hermanos Miró prácticamente echaban a cara o cruz qué hacer con el local contiguo al negocio. Corría el final de aquella década prodigiosa que nos embriagó con el incipiente estado del bienestar llenando nuestros hogares de lavadoras, neveras y televisores, aunque fueran en blanco y negro… Pudo haber sido una tienda de zapatos, pero José y Francisco decidieron, en 1971, llenar aquellos 47 metros cuadrados, de lavadoras. Y así fue como Miró mamó el oficio. El destino le tenía reservado una vida entregada al sector de los electrodomésticos.
ASÍ CRECIÓ Los tiempos cambian
No, quince años no es nada, pero fueron suficientes para que Francesc Miró, todavía un niño, tomara las riendas de un negocio al que quedó, por voluntad propia y concienzudamente, enganchado de por vida. De nuevo el azar quiso amarrar al protagonista de esta historia, y una colosal inundación acaecida en el lugar lo retuvo al pie del negocio en las tareas de recuperación de aquel, su segundo hogar, y que le impediría presentarse la “selectividad” de la época, el examen de “reválida”.
Convivían entonces las neveras de hielo con las primeras lavadoras. También era el tiempo en que los sábados en la mañana desfilaba un cliente tras otro a pagar religiosamente los plazos de su nuevo electrodoméstico. “Cada uno pagaba lo que podía y de paso, manteníamos un contacto permanente”, recuerda Miró, sobre aquellos días en los que el establecimiento era algo más que un punto de venta.  Mónica Daluz / pdf

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DISTRIBUCIÓN

PERFILES. NEGOCIOS EN CLAVE HUMANA

Por Mónica Daluz

Establiments Miró

“Pudo haber sido una tienda de zapatos, pero…”

Francesc Miró, ¡a su manera!

Una pequeña tienda de comestibles fue el origen de lo que más tarde se convertiría en la más importante cadena vertical de electrodomésticos

Así nació

Por puro azar…

José y Francisco Miró, padre y tío de Francesc Miró respectivamente, regentaban una tiendecita de comestibles en la localidad barcelonesa de Martorell, hoy una ciudad en pequeño, con sus humos y sus ruidos como toda urbe que se precie, pero entonces un lugar de grato vivir, hervidero de gentes emprendedoras y con una incipiente y próspera industria que marcó el inicio de una colosal expansión urbanística que cambiaría para siempre el paisaje rural por el industrial.

Entretanto, los hermanos Miró prácticamente echaban a cara o cruz qué hacer con el local contiguo al negocio. Corría el final de aquella década prodigiosa que nos embriagó con el incipiente estado del bienestar llenando nuestros hogares de lavadoras, neveras y televisores, aunque fueran en blanco y negro… Pudo haber sido una tienda de zapatos, pero José y Francisco decidieron, en 1971, llenar aquellos 47 metros cuadrados, de lavadoras. Y así fue como Miró mamó el oficio. El destino le tenía reservado una vida entregada al sector de los electrodomésticos.

Así creció

Los tiempos cambian

No, quince años no es nada, pero fueron suficientes para que Francesc Miró, todavía un niño, tomara las riendas de un negocio al que quedó, por voluntad propia y concienzudamente, enganchado de por vida. De nuevo el azar quiso amarrar al protagonista de esta historia, y una colosal inundación acaecida en el lugar lo retuvo al pie del negocio en las tareas de recuperación de aquel, su segundo hogar, y que le impediría presentarse la “selectividad” de la época, el examen de “reválida”.

Convivían entonces las neveras de hielo con las primeras lavadoras. También era el tiempo en que los sábados en la mañana desfilaba un cliente tras otro a pagar religiosamente los plazos de su nuevo electrodoméstico. “Cada uno pagaba lo que podía y de paso, manteníamos un contacto permanente”, recuerda Miró, sobre aquellos días en los que el establecimiento era algo más que un punto de venta.

Sin duda, eran otros tiempos; todo resultaba más fácil, la de entonces era una época de gran demanda y en la que “el fabricante -observa Miró- necesitaba distribución y nos apoyaba más que ahora”. “Hoy por hoy -prosigue-, si algún insensato me dijera que quiere montar una tienda de electrodomésticos, le aconsejaría que no lo hiciera; simplemente se arruinaría”.

La tienda de Martorell ya contaba en el año 1975 con varios empleados. Dos años más tarde, Francesc Miró, recién licenciado del servicio militar, abre un segundo establecimiento en la localidad colindante, Abrera y, de pronto, comenzó a vislumbrar que no había barreras, que el mercado era casi infinito y decidió que ahí estaría él, para llenarlo con todo aquello que el consumidor pudiera desear.

Desde entonces, las aperturas se sucedieron: Vilafranca, Igualada, Manresa y en 1986 hace su entrada en la ciudad condal inaugurando el establecimiento de Vía Julia.

… De la hormiga laboriosa,

o invertir para el futuro

Cómo en la fábula, Miró puntualiza que «a veces, las épocas fáciles traen dinero fácil de ganar, pero también fácil de gastar…» y recuerda que, por entonces, “abundaban los comerciantes que veían mucho dinero en el cajón, pero que no entendían de gestión y, a la larga, se vieron obligados a cerrar…” Reinvertir en el negocio fue una máxima de Francesc Miró desde el principio y una vez más, guiado por el sentido común, volvió a acertar.

A lo grande

El tiempo transcurría y llegó el año 1990, un hito en la historia de esta empresa. “Nos llamaron locos”, afirma Miró no sin cierto aire jocoso en su sonrisa… Miró inaugura la primera gran tienda de electrodomésticos del país, en la Ronda San Antonio de Barcelona, un lugar céntrico que hoy se ha convertido en una avenida comercial con numerosas tiendas «electro», pero en los incipientes 90 abrir con 2.000 metros cuadrados en solitario, supuso una apuesta arriesgada.

Si no puedes con tu enemigo…

Dicho y hecho. La temible irrupción de los centros comerciales no amedrentó a Francesc Miró, más bien al contrario, atisbó en ello una nueva oportunidad de negocio y en el 91 abrió su primera tienda en pleno ojo del huracán, el centro comercial L’Illa, en la emblemática avenida Diagonal de Barcelona. “La distribución no lo entendió; bueno, después sí, pero ya era demasiado tarde, para ellos…”, sentencia Miró, quien confiesa que a partir de entonces su destino corre de la mano de los susodichos formatos. “Hemos ido, en cierto modo, a remolque de los centros comerciales, porque es el futuro. Con los años se visto que era una estrategia adecuada”.

¿Qué es Establiments Miró, hoy?

Algunas claves para entender la trayectoria de este negocio las desvela su responsable poniendo de relieve, sin pudor, errores ajenos… “¿Qué quiere el usuario?, ¿’eso’?, pues ‘eso’ es lo que hay que darle. Muchos compañeros competidores han intentado comprar bien para vender barato, pero yo siempre he pensado que no es tan importante comprar bien; lo importante es vender bien”.

A lo largo de la trayectoria de la empresa nunca se ha abandonado la filosofía de los primeros momentos: vender aquello que el usuario quiere. “Fuimos los primeros en vender cámaras de vídeo -recuerda Miró- cuando valían un millón de pesetas; el usuario quería eso, y eso le dimos”.

Todo el negocio está impregnado de la personalidad de su fundador, y su inagotable energía ha contagiado a través del tiempo todos los procesos de la empresa, que fue innovadora desde el origen y estuvo siempre al acecho de nuevos caminos para hacer negocio; “como fue el caso de la telefonía -precisa Miró-, la informática o el aire acondicionado, producto este último, que fuimos los primeros en vender. En fin, no paramos, y hoy estamos montando la sexta generación de tiendas, con el Ànec Blau, un concepto de establecimiento cercano al hipermercado, que es lo que quiere el consumidor.”

La comunicación y la formación son otros de los pilares sobre los que se sustenta este icono de la distribución vertical de electro.

Entrevista a Francesc Miró

Tendero en estado puro

Nos recibe aferrado a su puro, como es costumbre en él. De talante afable, semblante entrañable y, ¿por qué no?, con un punto de sana vanidad, esa que da la convicción de haber clavado el tiro, de haber acertado el camino en el laberinto de la vida. Escucha con interés, espera con cortesía y después, se arranca a relatarnos una historia de pasión…

Es tenaz y locuaz, y le sobra brío para seguir construyendo su pequeño imperio, sembrando España con su nombre. Me lo imagino en su despacho, pendiente de cada tienda, atento a cada movimiento, como jugando al “monopoli”, con la mirada atrapada en esa gran partida que viene durando ya toda una vida.

Sus empleados no pueden ocultar su admiración por ese extraño don de Francesc Miró para atinar con el mejor eslogan, reconocer el momento adecuado o reparar, a golpe de vistazo, en aquel error que a todo el equipo le pasó por alto… Nos cuentan que allí las cosas se hacen, como si del mismísimo Sinatra se tratara, a su manera. Y funciona.

Nació en Martorell, Barcelona, en 1956. Lleva un cuarto de siglo casado “-con la misma mujer-”, bromea, y es padre de dos hijos, de 15 y 20 años. Su familia y su negocio son la ilusión de su vida. Detesta la prepotencia y asegura no temerle a nada ni a nadie. Se metió a tendero con 15 años y hoy se deja guiar por los mismos principios e intuiciones que en sus orígenes. “¿El consumidor quiere “eso”?, pues “eso” le doy…”. Sin más.

“Soy un vicioso del trabajo”

Una ubicación estratégica es clave para que una tienda funcione. Cuéntenos cómo elige el lugar.

Las tiendas, que deben tener un metraje importante, se tienen que montar en la calle, en zonas céntricas de la ciudad, y en centros y parques comerciales. Estos son los tres lugares más importantes para ubicar los puntos de venta. A fin de cuenta, el tema se reduce a: “¿dónde va Vicente?, donde va la gente”. Pues ahí hay que estar.

Revélenos en cuáles acertó y en cuáles se equivocó.

Claro; eso pasa siempre. Hay de todo un poco… Tenemos una tienda en Badalona, a 150 metros de la calle del Mar, y por culpa de esos 150 metros no funciona demasiado bien. Recuerdo el día de su inauguración, mientras caminaba calle abajo hacia la tienda para celebrar su apertura, me di cuenta…; pensé: “nos hemos equivocado”. A veces las prisas y las ganas te llevan a que ocurran estas cosas…

En cuestión de aciertos, por ejemplo, el establecimiento de Montigalá. Va perfecto. Y con respecto a los centros comerciales, ocurre que Establiments Miró ya es muy reconocido, de modo que cuando se proyecta un nuevo centro comercial nos llaman y nos avisan para ponernos a negociar. Los promotores saben que Establiments Miró es una buena empresa, que la gente la conoce y que hace publicidad, así que les interesa que estemos ahí.

¿Cuál es el establecimiento que le trae mejores recuerdos?

Sin duda, la primera tienda, la de Martorell. Todas son como hijos… Siempre hay ilusión, las vas mejorando, vas remodelando el merchandising… Detrás de todo ello hay un gran esfuerzo de mentalidad y de cultura. Como cuando en su día se nos ocurrió que para despachar PAE no hacía falta que el usuario fuera pidiendo los modelos uno por uno, y colocamos el self service de PAE. Y ha funcionado.

En épocas en las que el fabricante fabricaba lo que le parecía y la distribución compraba y vendía como podía, ustedes habían fijado ya su punto de mira en el cliente y buscaban el producto que el consumidor estaba demandando. Hoy todos dicen funcionar así ¿Cree usted que verdaderamente la distribución, primero observa y después compra?

Yo diría que en este momento hay un tema muy real y del que es necesario hablar. Hoy el fabricante de gama blanca está muy bien posicionado, sin embargo, el de marrón y el de PAE andan algo despistados, debido a la llegada de los productos chinos.

Pienso que la incursión China cogió por sorpresa al fabricante de gama marrón, acostumbrado a desarrollar un producto, a llevar a cabo la presentación, a comercializarlo…, y sigue haciendo lo mismo. Esa no es hoy una estrategia válida, por que el producto acaba llegando tarde.

Desde mi punto de vista el fabricante debe ser más ágil y la distribución también; no se puede funcionar bajo los esquemas y los ritmos del pasado.

Usted compra algunos productos en China ¿En alguna ocasión el fabricante se lo ha reprochado?

No, porque lo que compramos en China no lo tiene el fabricante. Cuando en el año 2003 comenzaron a venderse como rosquillas DVDs a 50 euros, el fabricante occidental no tenía ese segmento de producto, y el usuario lo que quería era eso, DVDs a 50 euros… Además, a veces, hay cosas que aunque quieras comprar al proveedor nacional, no puedes porque no llega a tiempo; le falta velocidad y si quieres ofrecer lo que el consumidor está demandando, lo tienes que comprar en China.

El fabricante lo ha entendido perfectamente, por desgracia para él y para mí. Yo hubiera preferido vender los DVDs a 99 euros o 150 euros y venderlo durante más años, no matarlo tan rápidamente, pero ahí están los category killers, que van a toda máquina y hacen que los productos mueran a gran velocidad. En España, sin Mediamarkt en el panorama distributivo en los años 2003, 2004 y 2005, todavía venderíamos DVDs.

Han hecho mucho daño…

Claro, porque son asesinos de categorías. Es así. No van contra nadie; es una forma de hacer. Y yo, como soy distribuidor y tengo que satisfacer a mi cliente, pues tengo que importar de China, por lo tanto el fabricante lo entiende. Además, si quieres complacer a una familia de tres generaciones tienes que tener de todo: MP3 para los jóvenes, una unidad de LCD para sus padres y una lavadora de carga superior para la abuela, porque no se puede agachar. Si no ofreces de todo, rompes la cadena.

Además, la calidad del producto chino ha mejorado sustancialmente.

No podemos engañarnos; por desgracia, el producto chino funciona bien, y cada vez mejor. El salto en calidad debe reconocerse.

¿Qué peso específico tienen y tendrán los productos de informática en el canal electro?

La distribución no entrará plenamente en ese terreno. La informática es pescado…; perecedera. Se trata de un mundo en el que debes dotar el punto de venta de personal muy preparado; además, los márgenes son reducidos. Pero, sin duda, hay que tener producto.

Al fabricante se le dice que debe innovar, pero el coste de la innovación lo coloca en una situación complicada para competir en precios con el producto asiático. A la distribución también se le aconseja renovarse, dar más servicio, ser más profesional… pero ¿Qué le queda por hacer al comerciante? En su caso, ¿qué más pueden hacer en materia de servicio, formación, imagen…?

Más “Ànecs Blaus”, esa es la respuesta. Se trata de poner al alcance del usuario todas las gamas de producto, seas fabricante de aquí o de China, y estar al día. Tienes que llevar el producto a la tienda para satisfacer al usuario. El usuario ¿sabe más? No, el usuario está al día.

Una vez le oí definirse como un “botiguer”, un tendero, con la experiencia y la intuición como elementos de su particular cóctel para el éxito. Últimamente estamos viendo movimientos en la distribución especializada en busca de una fórmula mágica ¿Hay en el sector demasiada teoría, proyectos que sólo funcionan sobre el papel? A lo mejor es mucho más fácil…

Yo sigo siendo un tendero; mi forma de pensar sigue siendo la de un tendero que tiene su punto de mira en el usuario. En este sector ocurre que algunos creen que comprando bien, venderán; que es suficiente con eso… ¿Cuál es la clave…? Una anécdota puede servir para ilustrar la cuestión.

Hace unos días una empresa de Rumanía, con 30 tiendas, estaba interesada en saber cómo funcionábamos aquí y me pasé una mañana entera mostrándole al comercial de ventas la infraestructura y los procesos de nuestra empresa; a medida que le iba contando qué hacemos y cómo lo hacemos, yo mismo me sorprendí del impresionante «montaje» que tenemos, y al que se ha llegado a lo largo de los años. Analizar el desarrollo de un lineal de la tienda; llevar el producto al punto de venta, y que se venda; liquidar modelos para empezar cuanto antes a vender el nuevo que lo sustituye; el servicio de asistencia técnica; la imagen y el marketing… Tenemos una empresa que hace años se encarga de vigilar las tiendas: compra aparatos, nos dice cómo hacemos las cosas, nos orienta para distinguirnos de los competidores… En fin, el montaje es tan complejo que a veces es más complicado que el proceso de fabricación. Es un know how y experiencia acumulados durante años. Las cosas no pueden hacerse porque sí, tienen que hacerse por convencimiento. Tú crees en tu revista, yo en mi negocio; las cosas deben hacerse sin pretender aplicar una fórmula mágica porque sino, no salen.

¿Cree que la Administración hace lo suficiente para proteger el comercio especializado frente a los grandes grupos internacionales de distribución, o piensa que el mercado debe regirse por sus propias leyes de oferta y manda?

…Hasta la Bolsa, que en teoría debería ser el mercado más libre de todos, está regulada. Yo creo que la Administración debe regular. Es de sentido común darse cuenta de que no es bueno despoblar de tiendas el centro de las ciudades, en este caso, Barcelona, y hacer sólo centros comerciales, porque entonces sucederá que esta ciudad se convertirá en el Bronx.

… El deber de la Administración es defender el interés general.

Claro. Yo no estoy ni a favor ni en contra; la Administración debe regular en pro del interés general. ¿A que ahora regulan el tabaco?, pues en materia comercial, lo mismo; se debe regular.

Volviendo a la figura del tendero… ¿Cómo está hoy la profesión de vendedor?¿Se plantean los jóvenes el oficio de la venta como una opción para realizarse profesionalmente?

En este oficio hay que trabajar en sábado y en domingo, y la juventud no está dispuesta a hacer ese sacrificio. Cada vez cuesta más tener empleados con buen nivel de formación; no quiero decir que nosotros tengamos este problema, porque los tenemos bien considerados y bien remunerados, pero sí, es cierto que cada vez costará más encontrar personal.

El futuro…

Lleno de oportunidades… siempre que cabalgues sobre el caballo adecuado, tengas clara tu estrategia, las tiendas como toca… entonces, el futuro será apasionante. De lo contrario, no habrá futuro.

Cambiando de tercio, explíqueme cómo incorpora los productos de nueva tecnología a su vida diaria: móvil, ordenador, videoconsola, Internet, compra on-line…

En el ámbito personal, en lo que a tecnología se refiere, soy un desastre. Soy un hombre al que le gusta mucho la fotografía y el vídeo, y en estos campos estoy bien preparado. Me gusta la música, y tengo un par de buenos equipos en casa, pero todo lo que se refiere a informática, mp3, etc., ahí no entro…

Claro, si le gusta la música, lo del mp3…

Este es un tema para la reflexión… Cuando nosotros éramos jóvenes a todos nos gustaba comprarnos un equipo de 150.000 pesetas, de unos 80W por canal. Hoy el público quiere de todo, y todo no puede ser bueno, así que compra un mp3 sin marca, por 52 euros, y el sonido no es el mismo. La gente se baja películas de Internet, música que escuchan con los altavoces del PC.., en fin, se ha perdido en calidad de sonido, en calidad de imagen…, y no sigo porque diría cosas que no quiero decir…

–Su mayor virtud

–La constancia

–Un defecto

Reflexiona, y responde: –la constancia. Soy un vicioso del trabajo.

–¿Qué es lo que más aprecia en la vida?

–Mi familia y mi negocio

–Su filosofía

–Familia, empresa; empresa, familia

–¿Qué es lo que más le enfurece?

–La prepotencia

–Una afición

–La música

–Un miedo

–No tengo miedo a nada…–. Sigue pensando, buscando una respuesta, pero se reafirma, y hasta se sorprende: –Es curioso, realmente, no tengo ningún miedo…; bueno, a la enfermedad, como todo el mundo.

–Un deseo

–Salud

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Mónica Daluz
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