
“Hay que facilitar el acceso a la música a través de internet, de manera legal”
Experto en el negocio de la música, David Loscos nos da su punto de vista sobre los cambios que se avecinan ante el nuevo panorama que ha dibujado la digitalización. El sistema de compresión mp3 y su distribución vía Internet, han abierto muchas incógnitas sobre cómo se consumirá la música en el futuro, cuáles serán los modelos de negocio de las productoras y cuál será el papel que desempeñará la industria de la electrónica de consumo.
Háblenos de los cambios en los hábitos de consumo de música grabada desde que irrumpieran, con la llegada de la digitalización, primero el CD y después los sistemas de compresión mp3.
La industria discográfica está sufriendo un verdadero shock. Si tradicionalmente ésta se ha dedicado a la explotación de las reproducciones de un master original, la llegada del CD, que permitía hacer infinitas copias idénticas al original, supuso colocar el master en la calle. Al principio la consecuencia sobre la industria no fue mala; contrariamente, experimentó un par de años de bonanza, porque el consumidor, según los estudios de mercado que se llevaron a cabo por entonces, convertía toda su discoteca de formato analógico a CD.
…Y llegó el mp3 y, con él, la música comienza a circular en libertad…
Sí; la tecnología ha permitido que del CD se obtuvieran las pistas de cada una de las canciones y, a partir de ahí, se comprimiera el sonido, de modo que fuera posible convertirlo en archivos digitales que luego, en Internet, han sido distribuibles a través de la red. Ahí es donde aparece el gran problema de la industria, porque aunque la compresión de sonido no es perfecta, es suficientemente buena para que el oído humano no perciba las diferencias en relación con el master original.
¿Tienen las compañías discográficas y los fabricantes de reproductores, intereses contrapuestos?
Tradicionalmente, y excepto en el caso de Sony, en el que ambos negocios están bajo el mismo paraguas, los fabricantes han tenido que facturar «x» dinero a final de año, así que, si han tenido que hacer máquinas que graben CDs y DVDs o reproduzcan mp3, lo han hecho; mientras que los proveedores de contenidos lo que intentan es que esos contenidos que producen, de algún modo, tengan una protección que les permita explotar su modelo de negocio, porque sino el modelo de negocio discográfico desaparecería. Sin embargo, en los últimos años, fabricantes y proveedores de contenidos están trabajando en una misma dirección. Mónica Daluz / pdf
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ENTREVISTA
Entrevista a David Loscos
Codirector y coordinador del curso de posgrado Gestión de Empresas en la Industria de la Música, de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona.
“Hay que facilitar el acceso a la música a través de Internet, de manera legal”
Experto en el negocio de la música, David Loscos nos da su punto de vista sobre los cambios que se avecinan ante el nuevo panorama que ha dibujado la digitalización. El sistema de compresión mp3 y su distribución vía Internet, han abierto muchas incógnitas sobre cómo se consumirá la música en el futuro, cuáles serán los modelos de negocio de las productoras y cuál será el papel que desempeñará la industria de la electrónica de consumo.
Mónica Daluz
Háblenos de los cambios en los hábitos de consumo de música grabada desde que irrumpieran, con la llegada de la digitalización, primero el CD y después los sistemas de compresión mp3.
La industria discográfica está sufriendo un verdadero shock. Si tradicionalmente ésta se ha dedicado a la explotación de las reproducciones de un master original, la llegada del CD, que permitía hacer infinitas copias idénticas al original, supuso colocar el master en la calle.
Al principio la consecuencia sobre la industria no fue mala; contrariamente, experimentó un par de años de bonanza, porque el consumidor, según los estudios de mercado que se llevaron a cabo por entonces, convertía toda su discoteca de formato analógico a CD.
… Y llegó el mp3 y, con él, la música comienza a circular en libertad…
Sí; la tecnología ha permitido que del CD se obtuvieran las pistas de cada una de las canciones y, a partir de ahí, se comprimiera el sonido, de modo que fuera posible convertirlo en archivos digitales que luego, en Internet, han sido distribuibles a través de la red. Ahí es donde aparece el gran problema de la industria, porque aunque la compresión de sonido no es perfecta, es suficientemente buena para que el oído humano no perciba las diferencias en relación con el master original.
¿Tienen las compañías discográficas y los fabricantes de reproductores, intereses contrapuestos?
Tradicionalmente, y excepto en el caso de Sony, en el que ambos negocios están bajo el mismo paraguas, los fabricantes han tenido que
que facturar «x» dinero a final de año, así que, si han tenido que hacer máquinas que graben CDs y DVDs o reproduzcan mp3, lo han hecho; mientras que los proveedores de contenidos lo que intentan es que esos contenidos que producen, de algún modo, tengan una protección que les permita explotar su modelo de negocio, porque sino el modelo de negocio discográfico desaparecería. Sin embargo, en los últimos años, fabricantes y proveedores de contenidos están trabajando en una misma dirección.
¿Se da cuenta de que hasta el momento sólo hemos hablado de la industria discográfica, del consumidor…? ¿qué pasa con el autor? ¿y con el artista o intérprete?
Estamos ante dos cosas distintas, aunque a veces van juntas. El autor es el que compone las canciones, el artista es el que las interpreta. Es importante esta distinción porque el negocio de la composición se ve afectado pero no tanto como el negocio de la grabación, que está vinculado directamente al artista. El negocio de la composición es el negocio de la explotación de los derechos de autor. Es cierto que el hecho de que la producción mecánica o la comercialización de los soportes físicos de los discos se vea alterada, afecta a los ingresos del autor, pero éste tiene otros ingresos, como la comunicación publica de su música a través de locales de ocio, en televisión, etc., o si él mismo u otro artista toca su repertorio, lo que le genera también muchos ingresos.
Los más afectados son el artista, ya que se ve remunerado básicamente por los royalties que recibe de las ventas de sus discos, y las discográficas, que han basado su modelo de negocio, hasta ahora, en lo que sería la explotación de las grabaciones. Los artistas se ven obligados ahora a no poder fundamentar su carrera en la venta de discos.
Está claro que las discográficas deben cambiar su modelo de negocio ¿En qué sentido se están “moviendo”?
Ahora ya no dicen ”nosotros somos una discográfica”, sino “somos una compañía de música”. La idea que están intentando transmitir es que no solamente venden discos sino que también se ocupan del desarrollo de carreras de artistas. Se trata de un pacto entre socios en el que una parte aporta el talento creativo y la otra el talento como gestor. Mientras este modelo se consolida, las compañías discográficas y editoriales clásicas están desarrollando departamentos digitales que atienden los nuevos canales para agilizar el acceso a la música a través de cualquier dispositivo.
¿Llegó la hora de las pequeñas compañías discográficas?
Sí, las compañías independientes, más pequeñas, tienen una capacidad de adaptación más ágil.
Vamos al meollo de la cuestión: ¿desaparecerá el formato físico?
Creo que no. En Inglaterra, por ejemplo, el formato físico goza de muy buena salud; la gente le concede un gran valor. Aunque el mp3 ha permitido ese acceso inmediato a las canciones, no tiene glamour; es como comer por comer… Somos fetichistas, necesitamos tocar, guardar, revisar… De hecho, observamos continuamente cómo las factorías de CDs se esfuerzan por ofrecer formatos originales, completos libretos, diseños llamativos… La música en formato físico, tangible, te da algo que el formato intangible no te da. Muchos creen que el CD está muerto, que le quedan cinco años; yo creo que no. Lo que sí es cierto es que el formato físico quedará reducido a un nicho de mercado y que hay una generación de melómanos que ni se plantea comprar un CD y asume el formato intangible como la mejor manera de consumir música.
Lo que está fuera de lugar son los precios de los CDs…
Se están inventando las mil maneras para hacer que el formato físico, el CD, tenga glamour, un feeling, que aporte algo más. Pero también es cierto que hay unos costes que hay que amortizar; los más importantes serían el marketing y la grabación. Aunque en los últimos años se ha podido grabar muy bien y a precios razonables, la promoción, la comunicación y el marketing cuestan mucho dinero, además de los derechos de autor, la distribución, sea física o digital; y todo eso tiene que irse amortizando con cada venta de soporte. Pero, en efecto, la industria está estudiando revisar su política de precios para que éstos sean mas ajustados. También hay que camibar la política de precios para la distribución en la red; hay que hacer más accesible la música en el momento de descubrirla, agilizar las relaciones entre las discográficas y las distintas páginas en la red.
¿Qué opina de los sistemas de protección anticopia, como el Digital Rights Management (DRM)? y ¿Dónde está el término medio, la justicia, entre esa libertad de acceso a la música, la democratización de la cultura que supone el intercambio de contenidos que permite la tecnología, y el derecho de propiedad intelectual?
El DRM quiere ser la solución tecnológica para poder controlar de algún modo la difusión de estos archivos digitales, pero yo creo que no es solución en sí misma. Tampoco creo que el acceso libre a la música sea la solución para la industria ni para los autores. Los autores son el pilar de la industria; si no hay creación no hay grabación.
Crear es una necesidad humana; pienso que la creación no depende de la remuneración… ¿usted sí?
No es que dependa, es que no es justo que el autor no esté remunerado por su trabajo. A mí lo que me sorprende es que el debate sólo exista con el tema de la música. Yo estaría dispuesto a abrir ese debate, pero entonces, también deberá ser libre el acceso al teatro, por ejemplo. Lo que se está haciendo es justificar una innovación tecnológica que nos permite el acceso libre a una obra.
Creo que el autor, como propietario de su obra, debe decidir por sí mismo: si quiere que su obra esté bajo Creative Commons o copy left, o un copyright no total, de manera que la gente pueda utilizar su música siempre que mencione la fuente, por ejemplo, o si la pone en la red y la distribuye a través de YouTube o MySpace, como instrumento de promoción. Pero luego tiene que ingresar de algún sitio si tiene que vivir de la música.
Otra cosa es que nos planteemos si es legitimo ganarse la vida con la música; si decimos que no, que la música no puede ser un producto sino que tiene que ser un bien cultural y de domino publico gratuito, pues de acuerdo, pero si decimos que es legitimo ganarse la vida con la música como lo es ganársela como ingeniero, entonces tenemos que poner los instrumentos para que esto funcione, sencillamente buscar la manera de que el autor se vea remunerado por su trabajo y en la explotación de sus grabaciones; ahí es donde estamos buscando la mejor fórmula.
Son muchas las industrias implicadas en esta búsqueda del consenso…
Nos hemos de poner todos de acuerdo, pues Internet ha eliminado fronteras, de modo que no valen soluciones parciales. La sanción es útil en algunos casos, pero no tiene ningún sentido a largo plazo. El DRM tampoco es la manera, pues si yo me compro un CD tengo que poder hacer con él lo que quiera; el productor no tiene porqué limitar el uso que yo haga de mi CD.
¿Cómo cree que se venderá la mayor parte de la música en los próximos años?
Yo creo que el formato físico se queda, y que se va a vender básicamente por Internet; si observas la oferta de los comercios tradicionales de música, verás que no hay mucho producto, pero en las tiendas de Internet tienes acceso a mucha música, y te la envían en un plazo de 24 horas.
Sin embargo, si hablamos a 10 años vista, el formato digital será el que dominará el mercado. Los dispositivos móviles integrarán reproductores con gran capacidad de almacenaje y acceso a servicios de suscripción que permitirán un acceso inmediato y de gran calidad a una oferta inimaginable. A mi entender, el futuro es la suscripción.
O sea, que abrir una tienda de discos hoy por hoy es un mal negocio…
Pues sí. El canal tradicional tiene muchos problemas: hoy no se venden discos. Creo en la suscripción, como por ejemplo el modelo de Emusic. El modelo de iTunes, por su parte, donde puedes comprar una canción o el álbum entero pagando un euro por tema, es muy accesible pero, estamos en lo de siempre, con las incompatibilidades…: sólo es compatible con reproductores de Apple… y ya cuesta bastante difundir un nuevo hábito de consumir música como es hacerlo a través de Internet. Estamos haciendo las cosas muy mal. Hay que hacerle a la gente fácil el acceso a música a través de Internet de manera legal y lo que estamos haciendo es dificultárselo.
¿Qué debe hacer la industria?
El reto que tiene esta industria es hacer accesible la música de manera instantánea. Las casas del futuro deberían tener unos dispositivos que permitan que en cualquier sitio sea posible disfrutar de la música.
Otro reto de la industria es que los adolescentes, que entienden que la música es gratis, que no han de pagar por ella, valoren la música. Si no la pagamos no la valoramos; cuando las cosas son totalmente gratis, no les damos valor. Yo creo que siempre habrá canales en los que la música será gratuita, y otros en los que habrá que pagar por una canción limpia de virus y un servicio de recomendación, etc. Una canción en formato mp3 bajada de Internet no es nada por sí sola, no tiene valor; hay que dárselo a través de servicio, etc. Es un camino de largo recorrido, por lo menos en España, que tiene una cultura de pillaje, de: “si puedes pillártelo gratis, píllatelo”…
¿Le gusta escuchar la música en reproductores portátiles de mp3?
La verdad es que no me gusta el reproductor de mp3, me parece que no es una manera placentera de oír música; los que he probado no permiten escuchar la música al volumen que yo entiendo óptimo y, además, me molestan los cascos.
La música es un placer individual, la gente la escucha en solitario: en su casa, en el coche…; y en comunidad, básicamente cuando es en directo. Creo que la gente va seguir queriendo escuchar música en su casa y en un formato decente.
Y en el mundo del vídeo ¿va a ocurrir lo mismo que con la música, es decir también habrá una distribución masiva vía IP?
En eso confío; no me interpretes mal… es que si le pasa lo mismo a la industria del cine, la de la música lo tendría más fácil, sencillamente porque es como la hermana pequeña… La industria del cine siempre ha tenido mas apoyo de las instituciones públicas, se vincula la cultura de un país, se hace bandera de eso cuando hay una película que funciona, tiene mayor peso en la sociedad… por eso, si le ocurre lo mismo que a la industria de la música, hará de hermana mayor y se buscarán soluciones.
Lance un mensaje a los fabricantes de electrónica de consumo
Deberían inventar un aparato que lo tenga todo; un teléfono móvil que reproduzca mp3 con buena calidad, con mucha capacidad de almacenaje y con el que se puedan descargar canciones; en fin, facilitar el acceso inmediato a la música.
