Bodegones de vanguardia: arte y gastronomía dialogan de nuevo

Bodegones de vanguardia. Ferran Adrià, chef
Entrevista a
Ferran Adrià, chef

Nada es descartable. Ni siquiera el recurrente tema pictórico que ha seducido a artistas de todas las épocas y que parecía estar fuera de onda, pasado de moda: el bodegón. Culto al alimento, el bodegón es hoy reinterpretado, una nueva mirada que transmite belleza, vanguardia, sorpresa y estimulación sensorial.
Primero la cocina dialogó con la ciencia, hurgó en ella y experimentó con los conocimientos científicos sobre los productos, su composición, sus propiedades… Ese fue el origen de la gran revolución que se ha producido en el mundo de la alta gastronomía en los últimos años, haciendo de la cocina de vanguardia una experiencia sensorial sin precedentes. Hoy, la alta cocina entra en una nueva fase que busca hacerse más etérea, más conceptual: quiere brindar su aportación al mundo del arte y ser fuente de inspiración.
Diálogo es una exposición de bodegones inspirados en la cocina de vanguardia del restaurante El Bulli presentada recientemente en Barcelona en De Dietrich Gallery, el espacio creado por el fabricante de electrodomésticos donde conviven diferentes disciplinas plásticas con un nexo común: diseño e innovación.
De Dietrich y Ferran Adrià, dueño de El Bulli e icono de la creatividad gastronómica, han colaborado en la presentación de la exposición, que recoge diez propuestas -fotografías, vídeos e instalaciones- creadas por Francesc Guillamet, fotógrafo; Vicenç Asensio, creativo audiovisual, y Luki Huber, diseñador industrial. He aquí nuestra selección. Mónica Daluz / pdf

Arranca la campaña ¡…Aaa jugar!

campaña navideña
TENDENCIAS

Se acercan los días más esperados del año por fabricantes y comerciantes, esos en los que el consumidor se lanza a gastar. El intercambio de regalos se ha convertido en una costumbre ineludible en las sociedades occidentales, una vorágine en la que grandes y pequeños estamos metidos hasta el cuello… ¿Qué nos depara esta campaña?
Para ir haciendo boca les hemos preparado este reportaje de tendencias, con una selección de productos que nos han llamado la atención por sus características, su comunicación o su originalidad. El reportaje incluye una prueba de producto en la que, quien suscribe estas líneas, explica su experiencia como usuaria. Además, hemos salido a la calle a preguntar al ciudadano por sus próximas compras navideñas. La pregunta “filtro” fue: ¿piensa usted comprar algún producto en un establecimiento de electrónica de consumo estas navidades? A los que contestaron afirmativamente les pedimos que nos dijeran qué y a quién comprarán. Verán qué tienen en mente esta pequeña, pero significativa muestra de perfiles de consumidor… A estas propuestas navideñas se añaden las que recogemos en nuestra sección Bazar, repleta de ideas para sugerir a sus clientes en esta campaña 2007 que acaba de arrancar…
Con la campaña navideña llega de nuevo la guerra de las consolas. La videoconsola es, sin duda, uno de los productos estrella de la campaña y ante la feroz competencia entre las marcas quien sale ganando es, por supuesto, el consumidor. Sony ha decidido rebajar su “mercedes” nada menos que 100 euros: la consola de 60 gigas de disco duro, dos mandos y dos juegos cuesta en Europa, desde el pasado 10 de octubre, 499 euros y, además, la compañía lanza una versión de 40 gigas de disco duro, sin lector de tarjetas de memoria y menos puertos USB, a 399 euros. La firma ha tratado de mantener su precio de salida con el aumento de la oferta de juegos y complementos que acompañaban al aparato, pero finalmente ha cambiado su estrategia ante el buen posicionamiento de sus rivales.
Así están las ventas mundiales de las videoconsolas de última generación que lideran mercado: la Wii (Nintendo), que salió a la venta a finales del año pasado, cuenta con unas ventas de más de doce millones de unidades; de la Xbox 360 (Microsoft), la primera en salir al mercado, para la campaña   de navidad de 2005, se han vendido 11,46 millones de consolas, y la PS3 (Sony) a la venta desde finales de 2006, lleva 4,82 millones de unidades colocadas.
Con un PVP de 249 euros, la Wii destaca por su facilidad de uso, con un mando especialmente intuitivo y una oferta de juegos pensados para toda la familia; está captando a un nuevo segmento de mercado y los analistas prevén un buen comportamiento de las ventas de esta consola para las próximas navidades. Por otra parte, la rebaja del precio de la PS3 puede ser un revulsivo para un producto que, sin duda, es el más potente del mercado en su categoría, y que tiene el atractivo de incorporar un lector de discos de alta definición para formato Blu-ray. Se trata de un producto que incorpora tecnología muy avanzada y que utiliza un revolucionario procesador multimedia, el Cell, desarrollado expresamente para la máquina; sus altos costes de fabricación no permitirán más rebajas. El inconveniente de esta consola es que hasta el momento la oferta de juegos ha sido poco atractiva y es ahora cuando empiezan a salir videojuegos a la altura del aparato. Mónica Daluz / pdf

Editorial. El imperio del bit. Efecto sinérgico

Editorial El imperio del bit
EDITORIAL

¿Se acuerdan de cuando a los comerciantes de los 80 se les ocurrió que en lugar de abrir su tienda donde no tuvieran competencia en kilómetros a la redonda, lo mejor sería colocarse junto a ella generándose así un “efecto llamada” que dio lugar al nacimiento de las zonas comerciales, bien urbanas o extrarradiales? ¿O de aquel dicho: “dinero llama a dinero”? Algo parecido está ocurriendo en la era digital. Parece ser que “bit llama a bit”.
El vídeo no acaba con la estrella de la radio, sino que la reinventa y le saca el mayor partido.
Lo hemos visto en Sonimagfoto. Teóricos de la comunicación audiovisual y puristas reaccionarios se lamentan de que la digitalización de la fotografía hace que ésta pierda su valor testimonial como documento porque en cualquier catástrofe o momento noticiable hay alguien que saca su cámara, o simplemente su móvil, del bolsillo. ¿Y eso es malo?, me pregunto. En algunos de estos sectores se afirma que la participación masiva de aficionados en la producción de contenidos causará un empobrecimiento de los mismos que amenaza con llegar a los medios de comunicación.
¿Desde cuándo la democratización en el uso de las tecnologías y la participación ciudadana en la construcción social son perniciosas? Como mucho, tal vez la imagen ha perdido cierta credibilidad, pues siempre te asalta lo que yo llamo “la duda del Photoshop”. Pero los vaivenes son para la industria: el negocio del revelado se ha ido a pique, los canales de distribución han variado y el precio medio de las cámaras fotográficas ha descendido considerablemente. En cualquier caso, lo cierto es que hoy tomamos más imágenes que nunca y tienen cámara más personas que nunca. Conclusión: gana la fotografía.
Tomemos otro ejemplo: la música digital. Que las notas en código binario transformarán el negocio de la música es una opinión unánime, pero contrariamente a lo que aseguran los distintos actores de la industria musical, no acabarán con la música. Los nuevos sistemas de distribución, de fácil acceso y bajo coste, están provocando una caída de las ventas de CD pero han conseguido que más personas escuchen música y que éstas escuchen más música de lo que lo hacían cuando para ello debían comprar un CD original. Conclusión: gana la música.
En el cine ocurre lo mismo desde hace tiempo; la llegada del vídeo, analógico primero y en DVD después, y más recientemente de las pantallas planas cada vez de mayores pulgadas, así como de los sofisticados sistemas de home cinema, han ido socavando el negocio de las salas de cine. Con la irrupción del P2P y el progresivo incremento del ancho de banda, además del crecimiento que han experimentado los canales de televisión de pago, el negocio de los videoclubs también ha venido a menos; hasta la programación televisiva ha relegado el film de la parrilla: ¿para qué si podemos elegir la película, además de cuándo verla? Pero el cine no está en crisis. La premisa se cumple de nuevo: gana el cine.
Y es que ninguna industria es inmune al “síndrome del bit”, en fin a la realidad tecnológica que vive el mundo. Podríamos hablar también de la televisión. Pero es que la tele y el asunto de las frecuencias, del apagón analógico y, sobre todo, de la alta definición y sucedáneos, es punto y aparte y merece capítulo especial. Próximamente… Mónica Daluz / pdf

Editorial. Reivindico lo simple

Editorial Reivindico lo simple
EDITORIAL 

Imagínese. Es sábado por la tarde y se encuentra paseando tranquilamente –es un decir– por un centro comercial. Como lleva usted el bluetooth de su móvil conectado, los establecimientos circundantes le envían todo tipo de información sobre las ofertas que va a encontrar en el interior de cada uno de ellos, le ofrecen también la posibilidad de descargarse la sintonía corporativa de la marca más cool del lineal y además, como quieren que usted sea un “elemento activo”, tal vez para asegurarse de que hay alguien al otro lado después del dineral que han invertido en la implementación de tan novedosa tecnología, le invitan a contestar un par de preguntas a cambio de entrar en un sorteo. ¿Qué haría usted ante tal bombardeo de información, sugerencias, descargas e invitaciones…? Supongo que lo mismo que yo: desconectar su terminal.
Acaba de celebrarse en Barcelona la cuarta edición del Internet Global Congress. Allí se da cita todos los años un tupido racimo de enamorados de las nuevas tecnologías, tecnooptimistas a los que les encanta fabular sobre el futuro. Están tan entusiasmados con sus investigaciones y/o negocios, que con cada tecnología que despunta vaticinan un antes y un después en la sociedad y entran en un verdadero estado de éxtasis al describir toda suerte de situaciones y posibilidades de uso, la mayoría francamente curiosas, insólitas y hasta extravagantes, para demostrar la trascendencia de cada una de ellas, juntas o por separado, para el progreso de la humanidad…
Les pondré un par de ejemplos: el grupo de los que venían con la televisión móvil bajo el brazo explicaba con fervor cómo en poco tiempo la imagen de usuarios sentados cómodamente en el aeropuerto esperando su vuelo mientras ven una película en su móvil será algo habitual. Pero, ¿de veras alguien piensa que el común de los mortales se tirará dos horas mirando una pantalla de dos pulgadas y pico para ver una película de la que puede disfrutar en cualquier otro momento en el home cinema de su salón?
También oí decir que el móvil evolucionaría hacia un concepto de “mando a distancia integral”, erigiéndose en gestor de contenidos del PC y a través del cual podremos mover nuestros archivos de aquí para allá. “Por ejemplo –decían–, mientras esperas el autobús, te conectarás a través del móvil con el PC de tu casa, al que previamente habrás instalado la correspondiente tarjeta de comunicación, y le ordenarás que mande las fotos de tu último viaje a la máquina de tu cuñado con el que has quedado esa noche para cenar…” ¿No les parece demasiado rebuscado? Seamos realistas, quienes están en ese estadio de utilización de la tecnología tienen sus fotos colgadas en un álbum de internet. Por cierto, dado que la originalidad de los ejemplos de momentos de uso de la comunicación móvil brilla por su ausencia y éstos hacen exclusiva y reiterada referencia a los tiempos de espera de transportes públicos y privados, se me ocurre una pregunta tonta: ¿debemos deducir que la optimización de la puntualidad de los transportes acabará con la televisión móvil o con ese supuesto mando a distancia integral de nuestra vida digital?
Hablando en serio, se trata de aprender a separar el trigo de la paja y de desechar sin contemplaciones aquello que no aporte verdadero valor, esto es, que facilite y simplifique la comunicación entre las personas –o entre las personas y las máquinas, o de las máquinas entre ellas…– porque la gama de posibilidades que se abre en el horizonte es prácticamente infinita, y que algo sea posible no quiere decir que llevado a la práctica sea útil. Así que, en la era de la elección permanente, no sólo es un reto para el consumidor escoger el aparato y la tecnología adecuados o para el prescriptor conseguir comunicar todas las posibilidades de uso –más que prestaciones– del producto, también supone un desafío para los desarrolladores de tecnología, que deben coordinar sus criterios con los creadores de servicios, contenidos y estrategia comercial para encontrar el equilibrio entre los usos útiles e interesantes para el consumidor y la rentabilidad de fabricar y suministrar estas tecnologías y servicios.
Afortunadamente, a las sesiones del IGC también acudieron voces pragmáticas, que no pesimistas, que equilibraron la explosión de cibereuforia que suele vivirse en este tipo de convocatorias. Ellos explicaron lo mucho que queda todavía por hacer y las dificultades, hasta el día de hoy insuperables, que entrañan algunos proyectos. Hablaron de la necesidad de trabajar sobre el desarrollo de una nueva red con otros protocolos, pues el acceso a internet desde dispositivos móviles plantea un problema para la identificación digital, por las lagunas de conexión que surgen cuando el dispositivo conectado a la red se desplaza, de modo que, cada vez que hay una pérdida de conexión, el usuario debe volver a identificarse. En materia de buscadores, elemento clave de la red, se ha puesto de manifiesto la necesidad de mejorar en la organización de la información en categorías que sean gestionables. Y el gran reto, desarrollar herramientas que combinen un suministro de contenidos en función del perfil del usuario y la correspondiente oferta publicitaria contextual, con el respeto a la privacidad, a través de sistemas que aprendan a reaccionar en función de las preferencias del consumidor, desarrollando el podcast inteligente, los sistemas de sindicación, etc.
Por cierto, fueron ellos, los pragmáticos, quienes explicaron también que a pesar de la multitud de estrategias y tecnologías que ya se han probado en marketing móvil, se ha demostrado que el SMS es lo más efectivo. Así de simple.
Todos quieren tener y proponer ese elemento tecnológico revolucionario que vire el curso de la historia, pero desengañémonos, son muy pocas las cosas que han cambiado el mundo y éstas casi siempre han llegado a nuestras manos por casualidad. Y es que, las más de las veces, lo sencillo es la mejor elección. Mónica Daluz
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Todas las brechas digitales. Sociedad de la información, derecho universal


Todas las brechas digitales. Sociedad de la información, derecho universal
TECNOLOGÍA
Y SOCIEDAD
Entrevistas a José Juan Cañas, catedrático de Ergonomía Cognitiva del departamento de psicología experimental de la Universidad de Granada, y Joaquín Romero, director general de B&J Adaptaciones y afectado de esclerosis múltiple.

Érase una vez internet. E internet dio a luz un nuevo mundo, encogió el planeta azul y acercó a sus habitantes. Al sistema resultante, que hoy es un adolescente quinceañero, lo llamaron “sociedad de la información”.
Hoy creemos, e incluso nos jactamos de que la sociedad de la información ha inundado cada rincón del planeta. Pero no es así, y no sólo para los habitantes de los países pobres. En las sociedades avanzadas el complejo medio ambiente tecnológico que nos rodea excluye a millones de personas que, por distintas circunstancias, se hallan en las afueras de la civilización en red.
El arribo de las nuevas tecnologías trajo consigo una inmersión masiva de la humanidad en la sociedad de la información, la comunicación y el conocimiento, gestándose así un modelo de sociedad cuya materia prima es un intangible, la comunicación, una comunicación digital y globalizada que constituye un recurso no finito, lo cual viene a introducir otro factor novedoso a este cóctel que ha propiciado el paso del átomo al bit. El ser humano viene de serie con un tesoro sin igual, su capacidad de comunicación, pero miles de años hubieron de transcurrir para que naciera la herramienta que dotaría a esta habilidad innata de las propiedades de inmediatez y de alcance planetario. Tal como cita Sebastià Serrano en su libro El regalo de la comunicación, “hoy una persona puede acceder en un solo día a tanta información como la que tenía a su alcance a lo largo de toda su existencia alguien que hubiera vivido a comienzos del siglo XVIII”. Internet constituyó el eje vertebrador de la nueva sociedad, que vivió la transformación de los depósitos de las unidades informativas, de los mecanismos de codificación y descodificación, y de los canales de transmisión. Advenidos tales cambios, las empresas aprovecharon las oportunidades que brindaban las nuevas tecnologías para lograr una mejor gestión de los procesos y también de sus recursos humanos. Rentabilizar, optimizar y hacer más cómoda cada tarea, ha redundado en la mejora de las condiciones laborales, y ha dado lugar a novedades como la flexibilización de las jornadas. Los fabricantes de productos tecnológicos de gran consumo comenzaron a girar alrededor de ese particular astro rey, la red de redes, en cuya órbita vinieron a converger distintos sectores de la industria. En ese todo en uno, en esa fusión de tecnologías, los hogares se inundaron de nuevos productos con posibilidades de comunicación nunca vistas. Más tarde esas posibilidades se hicieron portables y hoy no se entienden las TIC sin el concepto de movilidad. La población mundial se ha beneficiado del desarrollo tecnológico en materia de comunicación. Aunque no todos lo han hecho en la misma medida. Mónica Daluz / pdf

Comunicarse o morir… …localmente

Comunicarse o morir... ...localmente
OPINIÓN
SOCIORREFLEXIONES 

Las habilidades comunicativas del ser humano en todas sus formas, oral, escrita, gestual, postural, olfativa… constituyen un elemento de importancia vital para desarrollarnos como seres sociales. El hombre es un ser multisensorial y utiliza toda esa capacidad múltiple para relacionarse con su entorno; su cuerpo es, en una palabra, el mensaje. Comunicarse es un acto imprescindible, y ello hace que la interacción humana sea insustituible.
Esto le viene muy bien al comercio, ya que el aprovisionamiento, tanto el de necesidad como, y muy especialmente, el de aspiración, es una actividad en la que empleamos buena parte de nuestro tiempo y el ciudadano- consumidor debe decidir qué tipo de formato comercial le aporta mayor satisfacción comunicacional y relacional. Un estudio llevado a cabo en los Estados Unidos, imperio de los malls, ha demostrado que comprar en lo que ellos llaman “mercados de granjeros” tiene un efecto psicológico positivo debido al incremento del número de interacciones humanas que arrastra. No es ninguna novedad que la vida en las grandes urbes reduce nuestros contactos interpersonales a pesar de habitar entre multitudes.
Y es que la interacción cara a cara constituye una necesidad comunicativa, y los sustitutos no siempre convencen. En muchas ocasiones los medios virtuales nos transmiten incertidumbre con respecto a la interpretación -o sea, eficacia- del mensaje. Y no hay para menos. ¿Nunca le ha ocurrido lanzar a la red un correo electrónico y sentir ipso facto haber tecleado con demasiada ligereza el “enter”? ¿Tono inapropiado?, ¿palabras mal escogidas?… Demasiado tarde para la revisión, la reelaboración, la rectificación, el arrepentimiento en definitiva; el texto salió disparado instantáneamente hacia su destino. Sin embargo nos hemos entregado a las relaciones virtuales y buscamos el modo de suplir con la palabra la otra información, la que proporcionan la mirada, los labios, la posición de las manos o el grado de tensión en los hombros. No es posible, porque la comunicación no verbal es inconsciente, por tanto, verdadera. Mónica Daluz / pdf

Editorial. BCN desconexión

Editorial BCN desconexión
EDITORIAL

Días de estío y bochorno, vacaciones a la vuelta de la esquina…, casi todos mis colegas, entrevistados, vecinos, familiares, conocidos y, por supuesto, yo misma, llevamos semanas despotricando de nuestros aparatos tecnológicos y disertando acerca de nuestra imperiosa necesidad de perderlos de vista por una temporada, seguramente más corta de lo deseable, para dedicarnos a pasear, tumbarnos al sol o “fraternizar” con la pareja; en fin, esos asuntos a los que ya nos dedicábamos antes incluso de caminar sobre dos piernas…
Y he aquí que en Barcelona, donde esta editorial tiene su sede, y como por arte de magia, nuestros deseos se han hecho realidad. Queríamos, eso que llaman “desconectar”, y vaya si hemos desconectado. 350.000 personas hemos sido devueltas a la noche de los tiempos, como abducidas en nuestras propias casas, oficinas, calles… y en los mismos escenarios en los que ni reparamos durante la vorágine diaria, pero que hoy se nos antojan extraños, distintos, así como están, sumidos en una sorprendente, indignante e inquietante oscuridad. Sorprendente porque esto ha sido un golpe bajo, nos ha pillado desprevenidos, y ¡a una semana del éxodo estival! Indignante porque a pesar de estar viendo y viviendo a la lumbre de velas y candiles no damos crédito: si una eventualidad de este tipo era más que previsible ¿cómo es posible que no hubiera un plan de emergencia para solventarla con rapidez y eficacia? E inquietante porque puede volver, y volverá, a ocurrir…
Ha llovido mucho desde aquel 9 de noviembre de 1965 en el que un gigantesco apagón eléctrico paralizó la actividad en ocho estados de la costa este de los Estados Unidos causando pérdidas millonarias; y eso que sólo duró 14 horas… Pero la historia se repite. Hace unos meses, en noviembre del año pasado, una sobrecarga en la red eléctrica alemana causó un apagón generalizado que afectó a más de 10 millones de europeos, llegando incluso a afectar a la red eléctrica marroquí. Gajes de la evolución del sistema, o sea, de la globalización.
El fallo en el suministro de la savia que alimenta el mundo que hemos construido no nos ha hecho descubrir nuestra absoluta dependencia tecnológica; eso ya lo sabíamos antes de quedarnos a oscuras, de sobrevenir el caos en comercios y empresas de todos los tamaños. Lo novedoso del asunto es el clima subversivo que aquí se respira. Les cuento: tras las primeras caceroladas espontáneas, las gentes abogan por organizarse y aliarse para devolver, en masa, el recibo de la luz… ¿Ante la indefensión, insurrección? Y es que aquí se nos caen edificios a causa de las obras de infraestructura urbana, los trenes se retrasan, el AVE que no llega, y hasta la Sagrada Familia anda en la cuerda floja -en internet circula una simulación espeluznante de su desplome- y, simplemente, no pasa nada…
Se supone que, tras la primera fase “de parche”, con la ciudad tomada por enormes generadores y todo tipo de máquinas “abrezanjas” se buscará el modo de mejorar la capacidad de las redes de distribución eléctrica para satisfacer la creciente demanda energética, un debate que, por otra parte, ha de abordarse a escala europea. Pero ¿el objetivo no era reducir el gasto energético? Tal vez debamos aprender a convivir con esa incertidumbre de aprovisionamiento energético, pues nuestra dependencia no tiene vuelta atrás… aunque, vaya usted a saber si el personal le coge gusto a eso de los paseos estivales y a la vuelta de vacaciones envía la tecnología a freír espárragos. Pero no se apure, la temporada arranca con un plan Renove a gran escala (con subvenciones a la industria, el transporte, la edificación…) promovido por el Gobierno con el objetivo de cumplir con el protocolo de Kioto; el presupuesto para el plan de renovación de electrodomésticos viejos por otros de clase A o superior será de 532 millones de euros. Y la guinda del pastel: la previsión -permítanme dudarlo- de que en 2008 se inicie -en Cataluña- el otro apagón, el digital. ¿Comenzará la renovación masiva del parque de televisores?
Entretanto, sea curioseando los nuevos vídeos de YouTube o echando la siesta bajo la sombra de un pino, le deseo que disfrute del verano y que si decide optar por la desconexión sea ésta deseada y no forzada… Pero ahora ¡apaga y vámonos! Que mis vacaciones acaban de empezar… Mónica Daluz   / pdf

Entrevista a Rafael Carré, gerente de Milar Carré

Rafael Carré, Milar Carré
“Esta es mi historia. El secreto es darlo todo”

Soy gerente de dos establecimientos de electrodomésticos en Barcelona. Mi padre fue uno de los fundadores del grupo Milar. De él heredé mi obsesión por el servicio. Creo que el gobierno está hundiendo al pequeño y mediano comercio del sector. Iba para economista, pero elegí con el corazón y tomé las riendas del negocio familiar. Cada día estoy más enamorado de mi profesión. El exceso de sinceridad me ha traído más de un problema y el optimismo me ayuda a buscar siempre el modo de mejorar. Estoy casado, tengo un hijo, diez empleados y tres hermanos trabajando conmigo codo con codo.
E
sta aventura comienza en los albores de la década de los sesenta, cuando en 1957, Rafael Carré Puigvert abrió una tiendecita de electrodomésticos en uno de los barrios con más encanto de la Ciudad Condal, Gracia. Hoy su hijo, Rafa Carré, que ha tomado el testigo del negocio, rememora la trayectoria de la empresa. Treinta y cinco años después, todavía con la resaca de los Juegos Olímpicos y la transformación que experimentó la capital catalana, a la familia Carré le llegó también el momento de acometer un salto cualitativo en su negocio; un salto que, cómo no, pasaba indefectiblemente por ampliar metros cuadrados. Porque desde entonces, “permanecer en el sector implica crecer en metros, -afirma Rafael Carré-; de lo contrario, los grandes te comen…”
Los Carré se lo han montado así de bien. Les cuento. Gracia es un barrio que, urbanísticamente, no permite grandes locales, así que nuestro protagonista tiene ahora una tienda de 250 m2 dedicada a la gama blanca y otra de 100 m2 para la oferta de gama marrón, ambas situadas en la Travesera de Gracia y separadas tan solo por un puñado de portales. Rafael Carré ha ido hilando una estrategia de servicio integral que le llevó hace dos años a la apertura de un pequeño local muy cercano a sus tiendas, desde donde gestiona los servicios de instalación y mantenimiento de los equipos de calefacción y aire acondicionado que vende en su establecimiento. “Damos el servicio completo -explica Carré-. Nosotros lo hacemos todo: el cliente, cuando nos compra, sabe que los responsables de la venta y del mantenimiento somos nosotros.”
Pero retrocedamos de nuevo en el tiempo. Carré padre, ya en los 70, con más de una década de experiencia a sus espaldas, intuyó lo que el paso del tiempo confirmó: que la unión hace la fuerza ya ha dejado de ser un tópico para convertirse en el único modo de sobrevivir en los negocios. Y con esta idea, Rafael Carré Puigvert y cuatro compañeros de profesión fundaron Milar. “El proyecto fue creciendo y hoy somos un grupo de compras con el 15% de participación de mercado en España en electrodomésticos”, afirma nuestro interlocutor. “Y es que hoy, quien crea que puede funcionar solo, se equivoca”, sentencia Carré, quien lo que más valora de pertenecer a Milar es la tranquilidad de olvidarse de la compra y centrarse en la venta, “sabes que compras no sólo en buenas condiciones, sino que compras productos de última generación y que se trata de artículos que el público está demandando”. Mónica Daluz / pdf

Xpresarse, libertad, cultura, identidad y tecnología

Xpresarse, libertad, cultura, identidad y tecnología
OPINIÓN
SOCIORREFLEXIONES

También tiene internet en su habitación, y como cualquier chica de su edad, necesita expresarse. Pero su caso es especial, como lo es el de millones de mujeres en su situación. Las conversaciones entre ellas son distintas a las que mantienen nuestras jóvenes. Las primeras dan gracias a Alá por disponer de la tecnología que les está cambiando la vida. Para las segundas, la tecnología es una obviedad.
Ella es antisistema o antiinjusticia, o como quiera decirse. Y sí, antes de salir a la calle elige su pañuelo. Tiene un verdadero arsenal de hiyabs, de todos los colores, y aunque prefiere los lisos también ha comprado algunos estampados, a juego con sus vestidos favoritos; los pañuelos para el pelo son su debilidad…
A nuestras chicas, la tecnología les hace la vida más fácil y divertida y a la joven árabe le regala la sensación de respirar aire fresco, de sentirse libre. Sin embargo, no deja de ser una libertad aparente, virtual, pues cada vez que se zambulle en la red lo hace escondida tras el anonimato. Nuestras jóvenes también echan mano del anonimato, pero lo hacen para jugar, la protagonista de esta pequeña historia se oculta tras un alias por puro miedo… Y ese, el anonimato, sí es el verdadero velo de su vida.
Pero algo está cambiando. Parece que ha llegado el momento de que la mujer árabe rompa su silencio. Sólo en Arabia Saudí, las mujeres suponen un tercio de todos los usuarios de la red, lo cual representa un 15% de la población, y la irrupción de los blogs hace tan solo dos años, ha significado una vía de escape a través de la cual hacer oír su voz. Sus palabras rebosan irreverencia e indignación. Se quejan de falta de diversiones para ellas, de los matrimonios pactados, de necesitar el permiso del tutor incluso para operarse, de no poderse reír a carcajada limpia en plena calle, y de la obligación de ser acompañadas hasta para ir al supermercado.
Los medios de comunicación en los países con regímenes autocráticos no abordan los temas con rigor y los weblogs causan furor entre la juventud en Arabia Saudí, Egipto, Irán, Irak o Siria erigiéndose en un espacio de libertad en un mundo atmósfera asfixiante, irrespirable. Sólo hay que ver los esfuerzos que los gobiernos de estos países están realizando para acallar este imparable canal para la libertad de expresión. El caso más reciente es la condena al joven blogger Abdel Karim Nabil Suleiman, por parte de un tribunal egipcio, por publicar en su página web imágenes y artículos considerados ofensivos por el gobierno del país; de nada sirvieron las peticiones de las asociaciones Reporteros Sin Fronteras(1) y Arabic Network of Human Rights a través de una carta al Ministerio de Justicia de Egipto reivindicando la inmediata liberación del joven webmaster. Mónica Daluz / pdf

“De tranqui”… Hacia una economía de subsistencia o cómo pasar de la insatisfacción al gozo

"De tranqui"... Hacia una economía de subsistencia o cómo pasar de la insatisfacción gozo
OPINIÓN
SOCIORREFLEXIONES

Dicen los antropólogos y la psicología evolutiva que el ser humano está preparado para la escasez, y que cada respuesta de nuestro cuerpo y cada matiz de nuestro comportamiento responden, en buena medida, a un objetivo programado en la memoria genética de cada uno de nosotros: la supervivencia. El caso es que nuestra especie se enfrenta a una situación no prevista por la naturaleza: la abundancia.
Aquí, en el mundo industrializado, llevamos varias décadas de crecimiento, suficiente para valorar hasta qué punto el desarrollo económico nos ha traído, como individuos, satisfacción, dicha, plenitud, paz, equilibrio, en fin, eso que llaman felicidad.
De hecho, un reciente estudio de la Organización Mundial de la Salud desvela que la depresión se ha convertido en la enfermedad que tiene un mayor impacto social en los países ricos, y cifra en una de cada veinte las personas que la sufren. Al parecer, las patologías de tipo psicosocial, como el estrés, la depresión o la ansiedad, que generalmente arrancan de la persecución de la abundancia, son seña de identidad de las sociedades ricas que, a pesar de gozar de más placeres y comodidades, son más vulnerables al abatimiento interior.
La primera globalización, la de las fusiones y adquisiciones entre empresas, la de la lucha por la eficiencia en costes y la competitividad, la que convirtió la economía en el motor de nuestras vidas; en fin, la globalización de los mercados, de la pobreza, de los gustos, de la cultura, de los valores y de los comportamientos, puede pasar a la historia en cuestión de un par de décadas. Hoy se está produciendo un cambio en los depositarios del poder económico: a Occidente le cuesta cada vez más imponer su modelo, y las reglas de la economía las están poniendo otros; los manufactureros han pasado el testigo de su primacía a los distribuidores y la tecnología ha entregado al ciudadano nuevas formas de poder. Es la segunda globalización.
Pero, ¿qué sucedería si los ciudadanos decidieran que ya tienen, producto arriba producto abajo, lo que necesitan? ¿si redujeran su margen de insatisfacción, o sea, el que hay entre lo que se posee y lo que se desea, y que es lo que mantiene en pie el sistema y sustenta el crecimiento económico?
Nuevos valores se gestan, nuevas inquietudes están despuntando en esta primera década del milenio que hacen pronosticar la llegada de una fase caracterizada por la revolución del ciudadano, o sea, del consumidor.
¿Ocurrirá que, tras adquirir compulsivamente objetos con funciones duplicadas y solapadas, e infrautilizadas -al estilo del nuevo iPhone de Apple-, saciados de haber consumido de todo, descartaremos aquello que no se ajuste a nuestra necesidad?
¿Nos abocará la experiencia acumulada en los años de la primera revolución de lo global a una dinámica de vida más responsable, consumo incluido?
¿Nos rebelaremos contra la tiranía del reloj, contra la presión del sistema hacia las falsas necesidades, contra las empresas que contaminen, contra la publicidad engañosa o contra la muerte del comercio en los núcleos urbanos…?
Mónica Daluz / pdf

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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