Alianza contra el despilfarro

Despilfarro alimentario
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Corría el año 1996 cuando Manuel Castells, profesor de Sociología y Urbanismo en la Universidad de Berkeley, en California (EE UU), habló por primera vez sobre “la era del conocimiento”. Han pasado casi dos décadas desde los albores de la llamada nueva economía como cimiento de la globalización, un panorama que auguraba un mundo más eficiente y, por lo tanto, más justo. ¿Ha resultado así, en la práctica? El debate está sobre la mesa. La distribución equitativa y sostenible de los recursos ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en eje de la investigación tecnológica de las industrias abastecedoras de bienes de gran consumo.
Hoy en día la cadena de distribución coopera en busca de sinergias que optimicen sus resultados, logrando la pretendida reducción de los costes y, en consecuencia, contribuyendo al ahorro de las materias primas. La industria alimentaria y la del envase y el embalaje, los sectores de la logística y la distribución y la sociedad en su conjunto -en cuanto a que está formada por individuos consumidores- se están movilizando contra el despilfarro alimentario, un problema desde el punto de vista social -durante el periodo 2011-2013 842 millones de personas padecían hambre crónica, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO- y también medioambiental, por el consumo innecesario de materias primas.
Según datos publicados por la Unión Europea (UE), cerca de 90 millones de toneladas anuales de comida se desperdician cada año en Europa, así como aproximadamente un tercio de los alimentos destinados al consumo humano en el mundo, lo que se traduce en un total de 1.300 millones de toneladas al año.  Los costes medioambientales, por su parte, hacen referencia a su impacto sobre el carbono, el agua, el suelo y la biodiversidad. La huella de carbono del despilfarro de alimentos se estima en 3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera por año, mientras que el volumen total de agua que se utiliza cada año para producir los alimentos que se pierden o desperdician asciende a 250 km3. Mónica Daluz /
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Alianza contra el despilfarro

Corría el año 1996 cuando Manuel Castells, profesor de Sociología y Urbanismo en la Universidad de Berkeley, en California (EE UU), habló por primera vez sobre “la era del conocimiento”. Han pasado casi dos décadas desde los albores de la llamada nueva economía como cimiento de la globalización, un panorama que auguraba un mundo más eficiente y, por lo tanto, más justo. ¿Ha resultado así, en la práctica? El debate está sobre la mesa. La distribución equitativa y sostenible de los recursos ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en eje de la investigación tecnológica de las industrias abastecedoras de bienes de gran consumo.

Mónica Daluz

Hoy en día la cadena de distribución coopera en busca de sinergias que optimicen sus resultados, logrando la pretendida reducción de los costes y, en consecuencia, contribuyendo al ahorro de las materias primas. La industria alimentaria y la del envase y el embalaje, los sectores de la logística y la distribución y la sociedad en su conjunto —en cuanto a que está formada por individuos consumidores— se están movilizando contra el despilfarro alimentario, un problema desde el punto de vista social —durante el período 2011-2013 842 millones de personas padecían hambre crónica, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO— y también medioambiental, por el consumo innecesario de materias primas. Según datos publicados por la Unión Europea (UE), cerca de 90 millones de toneladas anuales de comida se desperdician cada año en Europa, así como aproximadamente un tercio de los alimentos destinados al consumo humano en el mundo, lo que se traduce en un total de 1.300 millones de toneladas al año. Los costes medioambientales, por su parte, hacen referencia a su impacto sobre el carbono, el agua, el suelo y la biodiversidad. La huella de carbono del despilfarro de alimentos se estima en 3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera por año, mientras que el volumen total de agua que se utiliza cada año para producir los alimentos que se pierden o desperdician asciende a 250 km³. Asimismo, 1.400 millones de hectáreas —el 28% de la superficie agrícola del mundo— se usan anualmente para producir alimentos que se pierden o se desperdician. Según la FAO, para el año 2050 la producción mundial de alimentos deberá incrementarse en un 70 por ciento para soportar el aumento previsto de la población del planeta de 7.000 a 9.000 millones de habitantes. No obstante, la Comisión Europea (CE) estima que cada año se desaprovechan más de 1.300 millones de toneladas de alimentos, es decir, un tercio de la producción mundial, de los que 89 millones de toneladas se despilfarran cada año en la UE y 8 millones en España.

La huella de carbono del despilfarro de alimentos se estima en 3.300 millones de toneladas anuales de gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera.

Preocupación comunitaria

La búsqueda de un modelo de gestión eficiente que permita minimizar el grave impacto económico y medioambiental asociado a la generación de residuos alimentarios se ha convertido en una de las principales preocupaciones europeas. Ahí está, por ejemplo, el proyecto Food Waste Treatment, coordinado por Biogas Fuel Cell y financiado por la UE, que propone una solución que permite la gestión y el tratamiento independiente de las fracciones orgánicas y envases contenidos en los residuos de alimentos. De este modo se posibilita el proceso de valorización más ventajoso en cada caso y se minimiza el impacto medioambiental y económico asociado a la gestión de dichos residuos. El proyecto se centrará en tres grandes colectivos, responsables del 60% de los residuos alimentarios generados en Europa: los productores de alimentos, el canal Horeca y el sector de la distribución.

Por su parte, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha elaborado la estrategia Más alimento, menos desperdicio: “Las pérdidas y el desperdicio de alimentos —cita la fuente ministerial— pueden producirse en todos los eslabones de la cadena alimentaria: en el campo, en las industrias de transformación, en la fase de distribución, en los comedores escolares y restaurantes y en las casas de los consumidores. Las causas no son siempre las mismas y varían según el tipo de producto, la producción, el almacenamiento, el transporte, el envasado y, por último, los malos hábitos o la falta de concienciación de los consumidores”. La comunicación de este mensaje incluye consejos para el consumidor en los distintos momentos del proceso de consumo, que van desde planificar la compra, ajustar las cantidades de los ingredientes a la hora de cocinar, ideas para reutilizar las sobras o la verificación de la fecha de caducidad de los alimentos, hasta consejos de almacenaje u de otro tipo, como llevarse una fiambrera vacía a los restaurantes.

Emmott: “Se consumen 3 l de agua en la fabricación de una botella de plástico que, al final, contendrá solo 1 l de líquido”.

Gestión colaborativa

Ante un futuro que parece comprometer la supervivencia de la especie, apremia la adopción de una nueva perspectiva en el sector económico y empresarial. La cooperación y la transferencia de conocimiento deberán ser los pilares sobre los que imaginar y construir el futuro.

El advenimiento de la globalización llevó ya a las grandes empresas a buscar alianzas y fusiones con las que contrarrestar el tsunami de la nueva economía, en la que los mercados se amplían y flexibilizan, la producción se deslocaliza y la información y el conocimiento devienen las bases de la producción, la productividad y la competitividad, en un contexto de creciente competencia a escala planetaria, que es afrontada con nuevos modos de entender los negocios. Pero hoy urgen algunas correcciones en la ordenación de ese mundo reticular. El director de ciencias informáticas de Microsoft Research, Stephen Emmott, alerta en su ensayo y manifiesto “Diez mil millones”, presentado en Barcelona el pasado octubre, de cómo “la globalización de la manera de vivir de los países ricos hace insostenible la supervivencia del ser humano; en este sentido, solo los chinos duplicarán en 2050 la demanda de alimento y para atenderla será necesario un 70% más de agua dulce para la agricultura.” Y refirió otro dato significativo: “se consumen tres litros de agua en la fabricación de una botella de plástico que, al final, contendrá un litro de ella”.

Si queremos evitar superar la línea de la insostenibilidad, la sobreexplotación y, en definitiva, el agotamiento de los recursos, debemos darle al concepto sostenibilidad una nueva dimensión. El sociólogo y doctor en biología, Ramón Folch, aporta una interesante definición: “La sostenibilidad —dice— consiste en obtener la mejor relación coste/beneficio posible en todas las actuaciones productivas siempre que ambas variables incorporen la totalidad de los elementos, estén o no incluidos en el mercado.” Y estos “otros elementos” no incluidos en el mercado serán los que marquen la diferencia.

Sistemas como la llamada colaboración horizontal pueden aportar importantes beneficios tanto para las empresas implicadas como para el medio ambiente y para toda la sociedad. Los sectores del transporte y la logística son un claro ejemplo de ello. En Europa, una cuarta parte de los camiones viaja vacía y el resto solo están cargados al 25% de su capacidad, una situación que podría mejorar con la combinación inteligente de flujos de mercancías entre diferentes empresas: la llamada colaboración horizontal. En este sentido, el proyecto “Conceptos de colaboración para la co-modalidad (CO3)”, financiado por el VII Programa Marco de la UE, tiene como finalidad precisamente estimular la colaboración horizontal entre diferentes cargadores, fomentando unas mayores competitividad y sostenibilidad en la logística Europea.

Y la innovación en gestión y en investigación van de la mano en este proceso de racionalización de los recursos. En este segmento, el de la logística, acaba de aterrizar el innovador sistema de reparto en pequeños vehículos aéreos no tripulados, los drones, originalmente creados para el ámbito militar, y que hoy están saltando al civil por sus múltiples aplicaciones: meteorología, agricultura, control del tráfico, ganadería, etcétera. Así, los operadores estudian la introducción de este sistema sobre la hipótesis de un ahorro de costes de transporte y distribución, así como la garantía de entregas más rápidas, eficientes y limpias. Y, a medida que los drones puedan transportar más carga y tengan más autonomía, se beneficiarán de ellos también otros eslabones en la cadena de suministro.

Packaging para reducir el despilfarro

En el punto de mira de las industrias generadoras de residuos se sitúa la de los envases y embalajes. Sin embargo, el sector juega un papel esencial en la minimización de residuos alimentarios a lo largo de la cadena de suministro: en la protección de los alimentos, así como durante su distribución o, después, durante su almacenamiento, en el punto de venta y en el hogar del consumidor. Ahí va un dato para la reflexión: los países en desarrollo sufren más pérdidas de alimentos durante la etapa de producción agrícola, mientras que en las regiones de ingresos medios y altos, el desperdicio tiende a ser mayor en el comercio al detalle y el consumo.

Los países en desarrollo pierden más alimentos durante su producción, mientras que en las regiones más avanzadas el desperdicio tiende a ser mayor en el comercio al detalle y el consumo.

El sector del envase y el embalaje, consciente de su responsabilidad en las consecuencias del modus vivendi de las sociedades desarrolladas, se está movilizando para aportar soluciones, no solamente más rentables, sino también más responsables; destaca, en este sentido, el papel imprescindible de los centros tecnológicos que transfieren el conocimiento a la sociedad, colaborando con los sectores industriales que han de convertir en producto la innovación científica y tecnológica.

El pasado noviembre, en el marco de la feria Empack, Packnet celebró una jornada sobre innovación en packaging para la minimización del despilfarro alimentario. Allí, la representante de la Asociación de Supermercados, María Segura, expuso las buenas prácticas que proponen estos establecimientos para la reducción del desperdicio alimentario, tales como la elaboración de listas de la compra y la elección, conservación y preparación de aquellos productos que mejor se adapten a las necesidades de cada familia.

Otro ejemplo del compromiso del sector lo encontramos en la conferencia que pronunció la directora de nuevos materiales y nanotech del Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística (Itene), Mercedes Hortal, en EmTech España, celebrada los días 5 y 6 de noviembre en Valencia. EmTech, evento de referencia sobre tecnologías emergentes, está organizada por la revista MIT Technology Review del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Hortal se refirió allí a la necesidad que tiene la sociedad de reducir el número de envases que desecha: “Lo ideal —apuntó— es que los envases y embalajes procedan de fuentes 100% renovables, como el maíz o la caña de azúcar, aunque muchos de ellos no ofrecen la resistencia y seguridad que el cliente demanda.”

La investigadora explicó cómo desde Itene se está trabajando para solventar esta cuestión. “Hemos desarrollado nano-arcillas —detalló— que, introducidas en el ácido poliláctico, que procede del maíz, permiten crear un material suficientemente resistente y seguro y con una menor cantidad de materia prima; con todo ello se obtiene un nuevo material 100% biodegradable, que permite al envase descomponerse de forma natural.”

Hortal habló también sobre el envase activo, aquel que interacciona con el producto, que “da respuesta al problema de los alimentos caducados como residuo y a la preocupación que tiene la UE por disminuir la cantidad de alimentos que se desperdician y acaban en la basura”. La experta destacó, asimismo, el envase inteligente y presentó unas etiquetas impresas con tintas que reaccionan con los compuestos volátiles del producto contenidos en el envase, lo que permite determinar la fase de conservación del producto.

Entre las investigaciones que Itene está llevando a cabo con el objetivo de optimizar los recursos cabe citar, además, el Plaguefree, un proyecto para el desarrollo de un nuevo envase activo que permita conseguir un mayor control sobre la aparición y propagación de las plagas que afectan a los productos alimenticios secos. El envase superará las barreras que tienen los actuales films flexibles empleados para el envasado de estos productos: además de la física, pasiva, que ofrecen, incorporará agentes activos que impidan el crecimiento de los insectos. Otro proyecto de interés es el Actiallium, que investiga sobre nuevas técnicas y procesos para la obtención de extractos de ajo morado de Cuenca, con propiedades antifúngicas y antioxidantes, que pueden ser utilizados para crear plásticos agrícolas con fungicidas naturales, así como envases activos que permitan alargar la vida útil de los alimentos. El centro de investigación Itene ha participado también en la última reunión de Save Food, celebrada en Roma durante los pasados días 26 al 28 de noviembre, uniéndose allí a la búsqueda de soluciones que reduzcan la pérdida de alimentos y residuos alimentarios. Uno de los principales objetivos de la iniciativa es que los alimentos se envasen adecuadamente desde el origen hasta que llegan al mercado, y es que, según la UE, el embalaje inadecuado se sitúa entre las principales causas del desperdicio de alimentos. La confusión entre las etiquetas “consumir preferentemente antes de” y “consumir antes de”, la falta de concienciación, una gestión ineficiente de los stocks, los excesos de producción y un almacenaje inapropiado constituyen otras de las causas de que el consumidor deseche alimentos de forma inadecuada.

Inteligencia y cooperación

Dos de las cualidades que han llevado al hombre, como especie, hasta aquí son la inteligencia y la cooperación. En el futuro no va a ser distinto: no podemos permitirnos el lujo de no compartir el conocimiento, de desaprovechar el talento o de prescindir en los negocios de enfoques y técnicas win-win (basadas, fundamentalmente, en negociar teniendo como objetivo que todas las partes salgan beneficiadas). Estamos en el buen camino: la industria ha realizado en las últimas décadas enormes esfuerzos en el desarrollo de sus departamentos de I+D, los centros tecnológicos y las universidades han dado a luz un buen número de spin-offs y los sistemas de código abierto multiplican exponencialmente la generación de nuevos conocimientos, colocándolos al alcance de cualquier persona en cualquier parte del mundo y promoviendo la investigación colaborativa. Pero no es suficiente. Los expertos apuntan a la concienciación ciudadana como factor clave para la solución de un problema que solo puede venir de la mano de un cambio de hábitos por parte del consumidor.

Comenzábamos este artículo hablando del nacimiento de la nueva economía basada en la sociedad de la información y el conocimiento; hoy llama a la puerta la llamada economía social en la que “la generación de ingresos es solo un medio que permite la supervivencia de la compañía y que esta sea sostenible para seguir desarrollándose”, define Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de Esade. El cooperativismo; optar por el consumo de productos locales, también llamados kilómetro cero; la participación en iniciativas como la que ha tenido lugar en Madrid y Barcelona el pasado mes de diciembre, la Disco Sopa, un movimiento nacido en Berlín en el que voluntarios recogen en los mercados frutas y verduras que se desechan por razones estéticas y se cocinan y comen en espacios abiertos a la ciudadanía donde, además, se baila y se disfruta de un ambiente festivo; apostar por fórmulas de aprendizaje colaborativo y multidisciplinar, o por los centros creativos abiertos a los ciudadanos, los fab labs, que veremos proliferar en los próximos años, constituyen opciones que responden a las nuevas inquietudes del ciudadano. Preocupaciones estas que, por otra parte, no están reñidas con las leyes actuales del mercado: las nuevas generaciones valorarán a las empresas que adopten modelos de negocio innovadores que mejoren la vida de las personas y que ayuden a hacer que el mundo funcione algo mejor.

Tecnología para un mundo mejor

Tecnología para un mundo mejor
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La agricultura de precisión se erige en la panacea de la práctica agrícola. La optimización de la gestión del terreno desde diversos puntos de vista, especialmente del medioambiental, significa un importante paso en la conservación de los recursos del planeta. El volumen de envases que genera el sector fitosanitario y su gestión como residuo constituye un factor clave en esta ecuación en la que los países en desarrollo tienen mucho que decir.
El ser humano ha encontrado en la química el aliado con el que mejorar sus expectativas de supervivencia. Conocer el comportamiento de los elementos de la naturaleza ha supuesto una inquietud para el hombre, que pronto aplicaría los conocimientos adquiridos a su preocupación y ocupación principal: la alimentación. Pero, hoy más que nunca, la intervención de la ciencia química en todo el proceso se revela imprescindible: la población mundial actual se duplicará en el siglo que viene y se prevé que la renta per cápita alcance una tasa anual de crecimiento del 2,7% hasta el año 2020; el doble en los países en vías de desarrollo. El consumo de carne, especialmente la roja, se disparará en los próximos años y, en consecuencia, la demanda de grano para alimentar el ganado.
A esto se añade el imparable crecimiento de las áreas urbanas. Ante la escasez de tierras cultivables solo se podrá hacer frente a esta situación aumentando los rendimientos agrícolas mediante el empleo de fertilizantes y productos fitosanitarios. En cuanto a estos últimos, se ha calculado que, sin ellos, la tercera parte de los alimentos producidos en el mundo se perdería.
Abonos; envases inteligentes que respiran e impiden la entrada de la humedad y la fuga de los aromas; botellas y recipientes de diferentes polímeros; gases para controlar la maduración de la fruta recogida; gases criogénicos para conservar los alimentos a bajas temperaturas; productos para proteger la salud de las plantas y los animales; desinfectantes… son tan solo algunos ejemplos de la contribución de la química a la alimentación humana, a la que, a estas alturas, no podemos renunciar.
 Mónica Daluz / pdf

Sociedad de consumo y ciclo de vida: el show ¿debe continuar?

Sociedad de consumo y ciclo de vida
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La Revolución Industrial dio lugar a un sistema de libre mercado que nos instaló en el paraíso del consumo. La producción desenfrenada y el consumismo como forma de vida determinaron el rumbo del mundo. Hoy, reveladas ya las imperfecciones del sistema, el sector fabril, y muy especialmente el del packaging, buscan vías para producir de otro modo. No es posible mantener a largo plazo la vertiginosa obsolescencia del producto; el ecodiseño, que analiza el ciclo de la vida del producto desde su concepción, es un paso hacia un mundo más sostenible, tal vez el primero que, a gran escala, y junto a nuevos modos de reparto y circulación de bienes y recursos, puede marcar la supervivencia del mundo tal y como lo conocemos.
Y aquí estamos. Dicen que es la posmodernidad, la era digital. Pero en realidad seguimos siendo esclavos de la Revolución Industrial que nos construyó y que nos impuso un tentador sistema de supervivencia basado en el binomio producción/consumo, ante el cual caímos rendidos. La posibilidad de fabricar en serie (generar más dinero con menos esfuerzo) reduce los precios, y con la facilidad del acceso a bienes nace la compra por diversión; así, la economía se acelera y el resto del engranaje se adecúa al nuevo modelo. Desde entonces estamos obligados a crecer. Pero, ¿es consumir, la mejor medida para reactivar la economía?, ¿acaso es la única?
Así es para algunos teóricos, como Bernard London, quien abogaba en su libro Finalización de la Depresión a través de la Obsolescencia Programada, tras el llamado crack de 1929, por imponer durabilidad de productos y servicios para incrementar el consumo de los mismos, en el convencimiento de que así las fábricas seguirían fabricando, la población consumiendo y se crearían puestos de trabajo. London planteaba que todos los productos tuviesen una vida limitada con una fecha de caducidad después de la cual se considerarían legalmente muertos. Mónica Daluz /
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La sociedad de consumo y el ciclo de la vida: el show, ¿debe continuar?

La Revolución Industrial dio lugar a un sistema de libre mercado que nos instaló en el paraíso del consumo. La producción desenfrenada y el consumismo como forma de vida determinaron el rumbo del mundo. Hoy, reveladas ya las imperfecciones del sistema, el sector fabril, y muy especialmente el del packaging, buscan vías para producir de otro modo. No es posible mantener a largo plazo la vertiginosa obsolescencia del producto; el ecodiseño, que analiza el ciclo de la vida del producto desde su concepción, es un paso hacia un mundo más sostenible, tal vez el primero que, a gran escala, y junto a nuevos modos de reparto y circulación de bienes y recursos, puede marcar la supervivencia del mundo tal y como lo conocemos.Nuevos materiales compuestos nanoestructurados que combinan bioplásticos y fibras de celulosa para su uso en una amplia variedad de industrias como embalaje, transporte, construcción, juguete, menaje, artes gráficas, etcétera.

Mónica Daluz

Acortar la vida útil de los productos para aumentar las ventas ha venido siendo uno de esos componentes imprescindibles para mantener el equilibrio del sistema que, a su vez, para perdurar en su armonía, debía acelerarse cada día un poco más.

Y aquí estamos. Dicen que es la posmodernidad, la era digital. Pero en realidad seguimos siendo esclavos de la Revolución Industrial que nos construyó y que nos impuso un tentador sistema de supervivencia basado en el binomio producción/consumo, ante el cual caímos rendidos. La posibilidad de fabricar en serie (generar más dinero con menos esfuerzo) reduce los precios, y con la facilidad del acceso a bienes nace la compra por diversión; así, la economía se acelera y el resto del engranaje se adecúa al nuevo modelo. Desde entonces estamos obligados a crecer. Pero, ¿es consumir, la mejor medida del éxito económico y social? ¿Acaso es la única?

Así es para algunos teóricos, como Bernard London, quien abogaba en su libro Finalización de la Depresión a través de la Obsolescencia Programada, tras el llamado crack de 1929, por imponer la planificación de la perdurabilidad de productos y servicios para incrementar el consumo de los mismos, en el convencimiento de que así las fábricas seguirían fabricando, la población consumiendo y se crearían puestos de trabajo. London planteaba que todos los productos tuviesen una vida limitada con una fecha de caducidad después de la cual se considerarían legalmente muertos.

Producir hasta morir

Para este enorme motor global, al que llamaron libre mercado, la producción constituye el combustible y en su engranaje intervienen piezas clave como el consumo o la tasa de empleo, así como otras variables advenidas por la propia evolución del sistema, cada vez más complejo e interdependiente, como, por ejemplo, el nivel de endeudamiento. Acortar la vida útil de los productos para aumentar las ventas ha venido siendo uno de esos componentes imprescindibles para mantener el equilibrio del sistema que, a su vez, para perdurar en su armonía, debía acelerarse cada día un poco más. Revolucionado completamente, desbocado ya, al motor le empezaron a fallar piezas en cadena. El consumo se contrae y la reducción en los niveles de actividad económica desestabilizan la dinámica de este artilugio invisible, de esta máquina de los intercambios que todo lo articula y todo lo puede; sin consumo no hay demanda, sin demanda no hay venta, sin venta no hay producción y sin producción no hay ingresos. Un círculo vicioso que debería impulsar a realizar los ajustes necesarios para corregir el sistema, sobre todo en el caso, improbable, de que esta fuera la madre de todas las crisis.

Tal vez el sistema haya cobrado vida propia, como el supercomputador Proteus, que se le escapa de las manos a su creador, adquiriendo la capacidad de pensar y razonar por sí mismo, en la película de 1977 dirigida por Donald Cammell, Demon Seed, basada en la novela de Dean R. Koont. El poder del sistema, hecho a imagen y semejanza de nuestro modo de entender el mundo, nos lleva a considerar las fuerzas del mercado y la globalización una situación de no alternativa; en una suerte de determinismo sobre la imposibilidad de resistirnos al mercado. No cabe duda de que la economía de mercado se ha revelado como el sistema menos malo para la creación de prosperidad y que, como afirma Adair Turner, economista británico y asesor del exprimer ministro Tony Blair, en su libro Capital Justo, “las economías abiertas frente a las cerradas han sacado de la pobreza a la gente en los últimos treinta años a un ritmo mucho mayor que en cualquier otra etapa de la historia; sin embargo, la desregulación de los mercados, sin gestionar ni moderar, no son capaces de satisfacer todo el abanico de aspiraciones humanas, y, muy especialmente, en los asuntos relacionados con el medio ambiente”.

En cualquier caso, la historia ha puesto de relieve los excesos del sistema y hoy tenemos la oportunidad de corregirlos. Pero, ¿en qué sentido?, ¿para mantenernos en la sociedad del desarrollo continuado?, ¿de veras no podemos frenar esta espiral de crecimiento hacia el abismo, de crecimiento insostenible? Sin duda, las sociedades tienen márgenes de maniobra para tomar sus propias decisiones y el sistema puede ser alimentado con nuevos elementos que lo reequilibren a través de un diseño óptimo de las normativas económicas y sociales para avanzar hacia lo que Samuel Brittan, escritor y columnista del Financial Times, ha llamado “capitalismo con rostro humano”, en el que combinar el dinamismo de la economía de mercado con las necesidades de una sociedad integradora y la pretensión de un medio ambiente bien conservado y mejorado.

La era del “yo”

La industrialización fomentó una nueva actitud de consumo y una nueva concepción del producto. Vino a añadirse al sistema una variable made in USA; resolutiva, eficiente, de lógica casi infantil: si se trata de producir cuanto más mejor, el producto debe ser “ligero”, tan fácil de consumir como de desechar. Ingenieros industriales, químicos y diseñadores se vieron forzados a crear productos más frágiles, así ocurrió con el nylon de DuPont (una fibra sintética que aplicadas a las medias femeninas, las hacía prácticamente irrompibles), o con las bombillas, considerado el primer producto víctima de la obsolescencia programada (en 1924, los principales fabricantes de bombillas se reunieron en Ginebra para negociar el control de la producción, intercambiar patentes y llegar a un acuerdo con la finalidad de acortar el tiempo de vida de las bombillas).

El enfoque americano sobre la fabricación de un producto era crear un consumidor insatisfecho que, una vez disfrutara su producto, deseara cambiarlo por otro con una imagen más nueva. Atrás quedaba la escuela europea, que ideaba y realizaba sus productos para que tuviesen una larga vida útil. Aunque el sector fabril nunca ha admitido abiertamente la práctica de la obsolescencia programada, la necesidad de diseñar productos prêt-à-porter explica que, a pesar del espectacular avance tecnológico de las últimas décadas, la durabilidad de los productos no se haya incrementado en la misma proporción, sino más bien todo lo contrario.

La situación de bienestar económico se desarrollaba al tiempo que crecían las libertades individuales y la sociedad se democratizaba y horizontalizaba. Entre las nuevas cartas de la baraja: el concepto de novedad, un marketing focalizado en seducir al consumidor, el acceso al crédito, el peso del factor “moda”, el crecimiento de la población urbana, una macdonalización generalizada, todo ello mientras lo colectivo era desbancado por lo individual. El consumo reemplaza a los apegos y los productos pasan a formar parte de la identidad del ciudadano/consumidor. Es la sociedad líquida, de la que habla Bauman, (sociólogo, filósofo y ensayista polaco, y ganador del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010) en la que la esfera comercial lo abarca todo, o la sociedad infantilizada de la que habla el también sociólogo Vicente Verdú, es sencillo para las empresas crear productos que pronto serán inservibles.

Es humano clasificar y situar todo asunto a los extremos de la escala de grises, cuando en realidad, excepto unas pocas cosas, todo sucede en el largo intervalo entre el blanco y el negro. Pero en esta historia no hay malvados, ni planes secretos, ni conspiraciones para acabar con los recursos del planeta; nos hallamos ante el fruto de un flujo de circunstancias cambiante. Además, desde la perspectiva de la abundancia ha sido menos fácil apreciar los efectos colaterales de un funcionamiento “viva la vida”. Hoy, el contexto de crisis (menos capital y menos trabajo, luego, más incertidumbre) hace emerger valores centrados en la austeridad, la familia, la solidaridad o la sostenibilidad, que aplacan el individualismo sobre el que se gestó este aprieto económico en el que nos hallamos: valiosas piezas para el engranaje con el que construir el nuevo paradigma.

Y como telón de fondo, la eterna asignatura pendiente: el Tercer Mundo; países que tratan de recorrer su camino hacia la prosperidad y que lo hacen a un ritmo de progreso más rápido de lo que lo hizo en su momento el mundo desarrollado. Se trata de países con eficiencias económicas profundamente divergentes y progresos sociales enormemente variados que han contado con tecnología, capitales o know-how del mundo desarrollado, que al final han supuesto una desequilibrada transferencia de modernidad. Sólo hay que ver los problemas para avanzar en los acuerdos mundiales para reducir las emisiones de los gases que calientan la Tierra, como ha quedado patente este mismo mes de diciembre con la firma de la prórroga del protocolo de Kioto II. O la paradoja de lugares como Ghana, en África, donde reciben cientos de contenedores diarios de residuos electrónicos provenientes del llamado Primer Mundo.

Sin embargo, no debiéramos contemplar el mercado como el enemigo del medio ambiente, sino como una poderosa herramienta para alcanzar mejoras medioambientales con los menores costes, a través de la sustitución de materias primas tradicionales por otras nuevas más eficientes, y del progreso tecnológico, que aumenta la eficiencia en el uso de los recursos reduciendo generación de residuos.

¿Cambio de ciclo? Tal vez sí

El pasado mes de noviembre el Reino Unido anunciaba que a partir de 2015, tras 45 años de apoyo financiero y transferencias de desarrollo a su excolonia, India, retirará la ayuda a este país por considerar que actualmente se trata de una potencia económica emergente. Es tan sólo un ejemplo, pero un síntoma de que las fichas no son estáticas en el tablero de juego. Nuevas realidades socioeconómicas que engendran también nuevas aspiraciones como sociedad. El comercio justo (en 2011 las ventas de productos de comercio justo certificados alcanzaron en todo el mundo los 4.900 millones de euros, un 12% más que el año anterior) o la concienciación de particulares y empresas por preservar el medio ambiente, son algunos ejemplos. Internet y las redes sociales se hacen eco de las nuevas inquietudes del ciudadano, consciente de que un producto de vida corta crea un problema de residuos; usuarios comparten información sobre cómo modificar, reparar y alargar la vida útil de los productos.

Cada vez más diseñadores y empresas comprenden que un futuro sostenible pasa por la creación de productos más duraderos y de bajo o nulo impacto ambiental. Cada producto puede tener una segunda o tercera vida o una producción de ciclo cerrado donde los residuos generados se incorporen al nuevo ciclo de producción. En esta línea de interés nace el concepto cradle to cradle, de la cuna a la cuna; con este sistema se propone que la eficiencia, reciclaje y respeto por el medio de un producto sean primordiales desde su concepción, de forma que el balance final sea siempre positivo.

Ecodiseño: en la base de la nueva estructura productiva

Y si en la producción se encuentran los cimientos del sistema que nos sustenta, es precisamente en ese eslabón de la cadena donde debemos incidir y donde ya se está empezando a actuar. En los últimos años, las empresas han venido adoptando paulatinamente sistemas de gestión medioambiental con el objetivo de cumplir la legislación vigente y de disminuir las agresiones sobre el medio ambiente. Estas políticas han generado la aparición de nuevos conceptos. El ecodiseño es uno de ellos. Esta práctica busca satisfacer la función de un producto con el menor impacto ambiental global asociado a su ciclo de vida. Podemos definir el concepto de ecodiseño como el conjunto de acciones orientadas a la mejora ambiental del producto en la etapa inicial de diseño, mediante la mejora de la función, selección de materiales menos impactantes, aplicación de procesos alternativos, mejora en el transporte y en el uso, y minimización de los impactos en la etapa final de tratamiento. Las empresas innovadoras entienden el ecodiseño y la gestión medioambiental como un valor añadido en términos de competitividad: se abaratan los costes de producción mediante la reducción del consumo de recursos energéticos y de materiales empleados y los costes por eliminación de residuos, cada vez más gravados, se minimizan.

De algún modo, se está dando el pistoletazo de salida a un proceso de transformación de los productos y servicios, en el que la función de estos durante la etapa de uso no justifica, per se, su fabricación. Un producto es también, las consecuencias de su existencia.

El sector del packaging

El sector del envase y el embalaje busca la introducción de perspectivas ecológicas en la fase de diseño; que sea el más adecuado al producto y al transporte. Una buena parte de las emisiones de CO2 se liberan en la fase de distribución, por lo que el transporte es un elemento a tener muy en cuenta a la hora de desarrollar un producto: cambios en los materiales pueden suponer un importante ahorro de peso y en las dimensiones del producto, y cambios en la forma y el diseño de un embalaje puede ayudar a transportar más unidades en un camión. La ingeniería del embalaje está volcada en la sostenibilidad. Ésta, trabaja en las llamadas ocho estrategias del ecodiseño. En el primer nivel se tienen en cuenta los componentes del producto: selección de materiales de bajo impacto, reducción de uso de materiales, y técnicas para optimizar la producción. En el nivel referido a la estructura de producto se aborda la optimización del sistema de distribución y la reducción del impacto durante el uso. Por último, en el nivel de sistema de producto, se aborda la optimización del sistema de fin de vida y el de vida útil.

Reciclado de envases: la convicción sosegada

Reciclado de envases: la convicción sosegada
TENDENCIAS

La industria del envase y embalaje ha hecho un esfuerzo considerable por la mejora de la reciclabilidad. Los datos revelan que los objetivos de la Ley de Envases se están cumpliendo. Sin embargo, diversas voces apelan en los últimos tiempos a la responsabilidad de la industria de envases plásticos, que deberá hacer equilibrios para desarrollar envases diseñados pensando en la fase de reciclaje, tender hacia la reutilización y apostar por el material reciclado.
Reciclar ya no es una excentricidad. También ha dejado de ser una moda transitoria, una pose efímera. El ciudadano percibe cierta urgencia en la necesidad de preservar el medioambiente y, sobre todo, ha tomado conciencia de la finitud de los recursos.
Al consumidor se le viene pidiendo en los últimos años que asuma el papel de gestor de residuos. Y no lo hace mal: sólo en Cataluña (según datos de la Agencia de Residuos de Cataluña), el tonelaje de basura seleccionada en los hogares con el objetivo de reciclaje se ha multiplicado por veinte en quince años, situándose el porcentaje de recogida selectiva en dicha comunidad, en el 37,6% de los residuos producidos.
Sin embargo, la naturaleza del residuo nos indica dos velocidades en el avance en la recuperación del residuo. Y la peor parte se la lleva el envase de plástico: en el ámbito doméstico sólo se recicla uno de cada cuatro, según la misma fuente. Otro dato revelador sobre el porcentaje de residuo reciclado por material es el proporcionado por Ecoembes: el 84,2% del papel y cartón gestionado fue reciclado en 2009, el 71,3% en el caso de los metales y el dato baja hasta el 41,9% en el caso de los plásticos.
Esta sociedad anónima sin ánimo de lucro, con una cifra de empresas adheridas que representan el 90% de los envases puestos en el mercado en toda España, viene desarrollando planes de prevención que tienen por objetivo minimizar el impacto ambiental de los envases y ahorrar materia prima y energía.
Las medidas propuestas por Ecoembes se centran en la reducción del peso de los envases, favorecer la reutilización, minimizar el impacto ambiental y utilizar material reciclado. El uso de material reciclado en contacto con alimentos permite la disminución de uso de materias primas, disminuye el depósito en vertedero y reduce las emisiones de CO2 . Y ese es el nuevo reto que se plantea al consumidor: cerrar el círculo del reciclaje, porque tras separar y depositar sus envases plásticos en el correspondiente contenedor, deberá estar dispuesto a adquirir alimentos comercializados en envases procedentes de material reciclado. Mónica Daluz /
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Hacia el envase sostenible, cuestión de competitividad

envase sostenible
Entrevista a Mercedes Hortal, responsable del departamento de Sostenibilidad de ITENE.

Superado el boom del greenwashing, entramos en una nueva fase en la que las tres erres de la ecología, reducir, reutilizar y reciclar, constituyen un imperativo para la competitividad. Las empresas del sector están resueltas a reducir la huella de carbono o minimizar el impacto de residuos de los productos que fabrican y no sólo con el objetivo de mejorar su imagen de marca, sino como vía para reducir sus costes; evolucionar hacia la eficiencia en los procesos redunda en mayores rentabilidades.
Nos hallamos en un momento en el que los países industrializados se encuentran con su capacidad de competitividad disminuida frente a las potencias emergentes, China e India, y en un contexto que exige a empresas y gobiernos invertir en innovación. Tal coyuntura, unida a la confluencia de diversos factores de índole económica y social, ha hecho que en el sector del envase y el embalaje se haya puesto en marcha un engranaje de innovación que adquiere cada día mayor inercia, una innovación focalizada en el desarrollo de materiales biodegradables derivados de fuentes renovables, y respetuosos con el medioambiente. En el sector del packaging no se puede hablar ya de moda “eco”, sino de una reconversión imprescindible. En el futuro, la legislación será más restrictiva, los consumidores exigirán más respeto por la salud del planeta y de la suya propia, las materias primas de fuentes no renovables se encarecerán… Y el premio –una presencia sólida en el mercado– será para aquellos que lleguen –se adapten– primero. Mónica Daluz / pdf

Largo camino hacia la integración en la red

La eólica en el mercado eléctrico
LA
EÓLICA EN EL MERCADO ELÉCTRICO

A pesar de que la energía cinética del viento, generada a su vez por la energía solar que recibe la Tierra, alcanza cifras que superan varias veces las necesidades actuales de electricidad de todo el planeta, existen importantes dificultades técnicas para integrar parques eólicos en la red eléctrica. A esto se añaden decisiones políticas que, según los representantes del sector, están suponiendo un freno al desarrollo de la energía eólica, además de las reticencias de las grandes empresas eléctricas. Mejorar los sistemas de predicción, desarrollar conexiones internacionales o apostar por aerogeneradores de nueva generación son algunos ámbitos en los que se trabaja para superar problemas como los huecos de tensión o la garantía del suministro.
El desarrollo de la energía eólica genera indudables beneficios en la economía, viniendo a incidir, entre otros factores, sobre el impacto económico de evitar gases de efecto invernadero (se prevé que en 2010 las emisiones evitadas asciendan a 30 millones de toneladas), o el de evitar importaciones de combustible fósil (9.946.000 TEP).
La integración de la energía eólica en el mercado de electricidad pretende reducir el impacto que esta forma de energía puede tener sobre el funcionamiento y operación de la red eléctrica. En la actualidad se están llevando a cabo diversos proyectos que evalúan los efectos de la integración de las energías renovables; en las próximas décadas la aportación de la eólica puede llegar a cubrir el 20 por ciento de las necesidades de electricidad sin cambios en la gestión de la red de distribución. Mónica Daluz / pdf

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LA EÓLICA EN EL MERCADO ELÉCTRICO

A los problemas técnicos de gestión en la aportación de la eólica se suma la aplicación del Registro de Pre Asignación

Largo camino hacia la integración de la energía eólica en la red

Mónica Daluz
11/01/2010

A pesar de que la energía cinética del viento, generada a su vez por la energía solar que recibe la Tierra, alcanza cifras que superan varias veces las necesidades actuales de electricidad de todo el planeta, existen importantes dificultades técnicas para integrar parques eólicos en la red eléctrica. A esto se añaden decisiones políticas que, según los representantes del sector, están suponiendo un freno al desarrollo de la energía eólica, además de las reticencias de las grandes empresas eléctricas. Mejorar los sistemas de predicción, desarrollar conexiones internacionales o apostar por aerogeneradores de nueva generación son algunos ámbitos en los que se trabaja para superar problemas como los huecos de tensión o la garantía del suministro.

El desarrollo de la energía eólica genera indudables beneficios en la economía, viniendo a incidir, entre otros factores, sobre el impacto económico de evitar gases de efecto invernadero (se prevé que en 2010 las emisiones evitadas asciendan a 30 millones de toneladas), o el de evitar importaciones de combustible fósil (9.946.000 TEP).

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La integración de la energía eólica en el mercado de electricidad pretende reducir el impacto que esta forma de energía puede tener sobre el funcionamiento y operación de la red eléctrica. En la actualidad se están llevando a cabo diversos proyectos que evalúan los efectos de la integración de las energías renovables; en las próximas décadas la aportación de la eólica puede llegar a cubrir el 20 por ciento de las necesidades de electricidad sin cambios en la gestión de la red de distribución. Entre los principales asuntos que se hallan sobre el tapete figuran: la incidencia que la generación eólica debe tener sobre determinados servicios del sistema, como el control de tensión y los servicios de regulación; la importancia de los centros de control para integrar la mayor cantidad de energía eólica en condiciones de seguridad; o la utilización del almacenamiento y de los nuevos sistemas de predicción como una herramienta para la mejor gestión del sistema eléctrico.

El dato

La velocidad media del viento es un factor determinante en la valoración de la viabilidad de un sistema eólico. La potencia de un generador eólico es proporcional al cubo de la velocidad del viento. Cuando se duplica la velocidad del viento la potencia se multiplica por ocho.

El reto: el pronóstico

Para que los parques eólicos puedan integrarse sin problemas a un sistema eléctrico de potencia se deben tener en cuenta algunos factores. Entre ellos, la incerteza en el pronóstico del viento, con el agravante de que la potencia varía con el cubo de la velocidad del viento, por lo tanto un error del 5% en el pronóstico del viento conlleva un error del orden del 16% en la potencia producida. El sistema eléctrico debe tener por lo tanto una reserva de generación convencional que tenga en cuenta la posibilidad de no disponer de potencia eólica en determinados períodos. Si hipotéticamente se tuviera un pronóstico exacto del viento, el sistema no necesitaría tener un respaldo para el parque eólico, con el consiguiente ahorro de evitar exceso de generación. Los sistemas de predicción son cada vez más fiables y, a pesar de las dificultades, la energía eólica es una de las fuentes energéticas renovables de más rápido crecimiento, y esta tendencia continuará en el futuro. Las cifras lo demuestran: según datos de Red Eléctrica Española, hasta el 30 de diciembre, y por vez primera, la producción de electricidad superó en 2009 a la del carbón. A pesar de que las térmicas de gas de ciclo combinado y las nucleares siguen siendo las dos fuentes de producción más importantes, el año pasado la energía eólica ocupó la tercera posición, con un 14,3%.

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Sobre la mesa hay otros temas que deberán solucionarse para afianzar la eólica, como el desarrollo de conexiones eléctricas internacionales (en este sentido, Red Eléctrica está construyendo un sistema de conexión con Francia) o la necesidad de sustituir los primeros aerogeneradores, hoy obsoletos, por otros más potentes, fiables y que no planeen huecos de tensión. Sobre este extremo cabe comentar que el generador que mejor se adapta a los requerimientos de la red es el síncrono de velocidad variable, aunque su precio es notablemente más alto que el asíncrono. Pero uno de los ámbitos más relevantes en los que se prevé un avance importante es en el desarrollo de la energía eólica marina, en el mar los vientos son más predecibles y constantes, además, con esta opción se elimina la contaminación paisajística que está provocando detractores de esta tecnología.

Estabilidad de la red

Cualquier planta de generación de potencia requiere estudios de estabilidad de la red para asegurar que no interactúe con otras partes de la red y cause inestabilidades.

El sector propone soluciones

La Asociación Empresarial Eólica ha anunciado recientemente el riesgo de pérdida de miles de empleos en el sector eólico por la paralización del sector provocada por la creación del Registro de Pre Asignación (RDL 6/2009) y su resolución. Con respecto a esta cuestión, desde Simens también han manifestado en recientes declaraciones que el real decreto del pasado mes de junio sobre cupos eólicos ha frenado la demanda e instalación de aerogeneradores y reclaman al Gobierno “una legislación seria respecto a las renovables para los próximos años”. José Donoso, presidente de la AEE explica que “la situación actual se agrava con la ausencia de marco normativo que sustituya al RD 661/2007 y que deja sin horizonte a los proyectos. En el caso de la eólica este vacío es especialmente importante puesto que los periodos de maduración de desarrollo son de cinco a siete años y por lo tanto todos los parques que se instalen a partir de 2012, por lo menos, deberían tener ya un marco normativo para que los promotores tomen sus decisiones a la vista de las condiciones jurídicas y retributivas en que deban desarrollarse”.

Donoso enumera algunas de las propuestas de la industria eólica para potenciar esta fuente de energía: recuperar el ritmo de instalación del periodo 2004-2008: 2.100 MW / año (adelantar 800 MW previstos para 2011 a 2010, adelantar 900 MW previstos para 2012 a 2011, y flexibilidad en el traspaso de proyectos entre fases); inscripción inmediata de los parques con acta de puesta en funcionamiento anterior al 30 de abril de 2010 no registrados (nueva regulación en el primer trimestre de 2010, que entraría en vigor inmediatamente); nuevo Plan de Energías Renovables 2011-2020: inclusión de 40.000 MW en tierra + 5.000 MW marinos (procedimiento regulatorio especial para los prototipos para evitar la paralización de los desarrollos tecnológicos).

Entrevista a Pascual Polo, secretario general de la Asociación Solar de la Industria Térmica


ENERGÍA SOLAR TÉRMICA
“Pagamos por adelantado la energía del futuro: por eso nos cuesta competir con las convencionales”

Pascual Polo nos habla en esta entrevista de las dificultades a las que se enfrenta el sector y de las propuestas que desde la Asociación Solar de la Industria Térmica se han elaborado para incentivar el desarrollo de esta tecnología energética. En 2009 el sector ha caído un 30% y, según Polo, 2010 se presenta aún peor. El sector aboga por cambiar la filosofía de las ayudas e incentivar la eficiencia, además reclama la implantación de medidas que mejoren y faciliten el cumplimiento del Código Técnico de la Edificación.
Para empezar, háblenos de las distintas aplicaciones de la tecnología solar térmica en función del nivel de temperatura, baja, media y alta, y de cuáles son las diferencias entre estos distintos modos de aprovechamiento térmico de la energía solar.

La solar térmica se asocia, principalmente, a la baja temperatura, para aplicaciones en las que las temperaturas no superan los 100 °C, como la preparación de agua caliente sanitaria, la calefacción, el secado, el calentamiento del agua de piscinas o el calentamiento de fluidos en la industria.
¿Hay experiencias de utilización exclusiva de este tipo de energía?
Es difícil hacer un diseño que cubra el cien por cien de las necesidades. Se trata de una energía que depende de la meteorología; si tenemos 15 días sin Sol, es un problema…, hace falta un sistema auxiliar.
¿No podemos acumularla?
Con un buen aislamiento podría conservarse por sí misma durante dos o tres días, pero más tiempo resultaría caro.
Continúe; me iba a hablar de medias y altas temperaturas
Cuando se quiere llegar a temperaturas superiores, por ejemplo hasta los 160 °C, se designa con el término de media temperatura, y cuando las temperaturas alcanzadas superan este nivel se dice que son aplicaciones de alta temperatura. La media temperatura puede abordar procesos como la desalación de agua, la detoxificación, o la producción de frío. La alta temperatura se utiliza para conseguir electricidad; se trata de calentar el agua que circula por una tubería captando el rayo solar y generando un efecto invernadero que multiplica su potencia. La tendencia, tecnológicamente hablando, es a abordar las demandas con el menor nivel térmico. Mónica Daluz / pdf

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ENERGÍA SOLAR TÉRMICA

“Tenemos que pagar por adelantado la energía del futuro, por eso nos cuesta tanto competir con las convencionales”

Entrevista a Pascual Polo, secretario general de la Asociación Solar de la Industria Térmica

Mónica Daluz
11/01/2010

Pascual Polo nos habla en esta entrevista de las dificultades a las que se enfrenta el sector y de las propuestas que desde la Asociación se han elaborado para incentivar el desarrollo de esta tecnología energética. En 2009 el sector ha caído un 30% y, según Polo, 2010 se presenta aún peor. El sector aboga por cambiar la filosofía de las ayudas e incentivar la eficiencia, además reclama la implantación de medidas que mejoren y faciliten el cumplimiento del Código Técnico de la Edificación.

Pascual Polo, secretario general de la Asociación Solar de la Industria Térmica

Pascual Polo, secretario general de la Asociación Solar de la Industria Térmica.

Para empezar, háblenos de las distintas aplicaciones de la tecnología solar térmica en función del nivel de temperatura, baja, media y alta, y de cuáles son las diferencias entre estos distintos modos de aprovechamiento térmico de la energía solar.

La solar térmica se asocia, principalmente, a la baja temperatura, para aplicaciones en las que las temperaturas no superan los 100 °C, como la preparación de agua caliente sanitaria, la calefacción, el secado, el calentamiento del agua de piscinas o el calentamiento de fluidos en la industria.

¿Hay experiencias de utilización exclusiva de este tipo de energía?

Es difícil hacer un diseño que cubra el cien por cien de las necesidades. Se trata de una energía que depende de la meteorología; si tenemos 15 días sin Sol, es un problema…, hace falta un sistema auxiliar.

¿No podemos acumularla?

Con un buen aislamiento podría conservarse por sí misma durante dos o tres días, pero más tiempo resultaría caro.

El sector aboga por un cambio de filosofía de las ayudas

El sector aboga por un cambio de filosofía de las ayudas.

Continúe; me iba a hablar de medias y altas temperaturas

Cuando se quiere llegar a temperaturas superiores, por ejemplo hasta los 160 °C, se designa con el término de media temperatura, y cuando las temperaturas alcanzadas superan este nivel se dice que son aplicaciones de alta temperatura. La media temperatura puede abordar procesos como la desalación de agua, la detoxificación, o la producción de frío. La alta temperatura se utiliza para conseguir electricidad; se trata de calentar el agua que circula por una tubería captando el rayo solar y generando un efecto invernadero que multiplica su potencia. La tendencia, tecnológicamente hablando, es a abordar las demandas con el menor nivel térmico.

Hábleme de la oferta en el mercado de captadores solares

La mayoría de captadores son para aplicaciones básicas, en las que es suficiente con sistemas sencillos. Existen captadores mucho mas eficientes con menos perdidas energéticas; por ejemplo en climatización hacen falta captadores más eficientes. Para calefacción lo ideal es el suelo radiante, que necesita menos temperatura.

¿Sobre qué elementos se está investigando en solar térmica? ¿Qué puntos deben ser mejorados para hacer esta tecnología más eficiente y más rentable?

El reto está en conseguir el modo de evitar las pérdidas energéticas en la distribución de grandes viviendas, es decir, en optimizar el diseño de los sistemas y en generalizar el mantenimiento de los mismos.

Entre los mayores frenos al desarrollo del sector parece que se encuentra la falta de voluntad política, ¿no es así?

En efecto, desde la Asociación Solar de la Industria Térmica –ASIT- denunciamos que la falta de una voluntad decidida de apoyo por parte del Gobierno, y más concretamente del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, a las energías renovables está llevando a un estancamiento del sector y especialmente de la industria solar térmica de baja temperatura, que al cierre del ejercicio 2008 había instalado 1.664.000 metros cuadrados de captadores, lo que apenas supera el 30% del objetivo del Plan de Energías Renovables 2005-2010, cifrado en 5.000.000 de metros cuadrados.

¿Y qué me dice del hecho de que no se realicen inspecciones para velar por el cumplimiento del CTE? ¿Se han cuantificado los resultados de las distintas medidas que se han venido llevando a cabo en materia de energía solar térmica en la edificación?

Recientemente desde la Asociación hemos emitido un comunicado exigiendo a las diferentes Administraciones que pongan en marcha todas las medidas a su alcance para que se cumpla el Código Técnico de Edificación (CTE). Es lamentable que pasados dos años de la entrada en vigor obligatoria del CTE, concebido para disminuir la demanda energética de los edificios, no se hayan tomado medidas de control ni realizado ningún tipo de seguimiento del cumplimiento ni de los resultados.

Parece que en buena parte de las viviendas que disponen de captadores solares térmicos, sus propietarios deciden anular el sistema ¿cuál es el problema?

Hasta ahora la energía solar se instalaba en viviendas unifamiliares por voluntad propia del usuario, que buscaba él mismo un instalador. En ese caso, el usuario, cuida y se preocupa por su instalación, de manera que lleva a cabo un correcto mantenimiento.

Ahora, con la nueva legislación, ya no es el usuario quien pide solar térmica sino que el promotor está obligado a ponerla por normativa, y éste cumple con los requerimientos de la ley, de la manera más barata posible; no está interesado en la vida de la instalación, que requiere inspecciones y mantenimiento.

 Captador de energía solar térmica (modelo Isotherm Plus) en el Polideportivo Municipal de Ugena, en Toledo. Se trata de una instalación de 176 m2...

Captador de energía solar térmica (modelo Isotherm Plus) en el Polideportivo Municipal de Ugena, en Toledo. Se trata de una instalación de 176 m2.

Hablemos de cifras, ¿cuál ha sido en 2009 el comportamiento del mercado de la solar térmica y cuáles son las expectativas para el año que comienza?

En los últimos cinco o seis años, el sector ha experimentado importantes carecimientos. En 2007 y 2008 los crecimientos fueron del 40 y 50% como consecuencia de la aplicación del CTE. Además, el solar es un sector pequeño, de modo que un ligero crecimiento supone un porcentaje considerable sobre el total. En la actualidad hemos llegado a un ratio en el que resulta difícil crecer, pero, en cualquier caso, en 2009 la caída ha sido del 30%; el primer semestre no fue tan malo como se esperaba, porque se fue “tirando” de los proyectos que venían del año anterior. La previsión para 2010 es que éste será un año nefasto, básicamente porque nuestro sector está ligado al de la construcción.

¿Y qué hay del consumidor, del ciudadano?, ¿conoce y valora esta tecnología energética?, ¿cree que existe una tendencia a pensar erróneamente que las renovables se llevan todas las ayudas?

En efecto, existe la opinión generalizada de que las energías renovables cuentan con ayudas estatales para forzar su implantación, cuando, en realidad todas las energías están subvencionadas desde hace muchos años: el carbón, el petróleo, el gas, la electricidad… La realidad es precisamente la contraria: nosotros tenemos que pagar por adelantado la energía del futuro, por eso nos cuesta tanto competir con las convencionales.

Le ruego una conclusión sobre el estado del sector

Resulta fundamental que la administración se conciencie de la importancia de esta tecnología, pues actualmente nuestra dependencia energética del exterior se sitúa en el 85%; y que se establezcan controles del CTE para velar por que la normativa se cumpla. Hoy por hoy, la primera fase, es decir calentar agua en viviendas, está totalmente superada, ahora queremos dar el salto a los procesos industriales, que requieren grandes instalaciones y donde la ventaja es que las necesidades son más predecibles. Para ello la industria necesita proyectos muy rentables y falta la figura de un gestor energético que ofrezca al industrial la instalación. Finalmente, pensamos que el modelo de ayudas a la inversión inicial al metro cuadrado ha demostrado ser ineficaz y que éstas deberían incentivar la eficiencia o energía útil generada, lo que provocaría, a su vez, que el sector invirtiera en la eficiencia de sus productos para abaratar costes y ser más competitivos.

La vida continúa. Reportaje premiado II PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO DE OFICEMEN

La vida continúa. Artículo premiado
DOSSIER
DEMOLICIÓN Y GESTIÓN DE RCD 
Entrevistas a Alfons Güell, secretario general del Gremio de Entidades del Reciclaje de Derribos, y Josep Simó, director del Área Municipal de la Agencia de Residuos de Cataluña.

Para ellos, los residuos procedentes de los sectores de la construcción y la demolición, la vida no termina, o no debería hacerlo, en un vertedero alimentando el perfil de cordilleras amalgamadas o yaciendo bajo tierra. Pero los niveles de reciclaje y recuperación de los recursos que han conseguido las sociedades más desarrolladas no permiten todavía prescindir del depósito controlado. El problema se centra en los vertederos llamados ilegales. Cuando, a la vista de la tarea legisladora, parecía que la implicación de las administraciones era más firme que nunca, la realidad es que la gestión incontrolada de escombros crece a pasos de gigante como reacción a la crisis económica. Ley hayla, pero no así sistemas de control de su cumplimiento.
En cualquier caso, las nuevas normativas han abierto una puerta que el sector, más tarde o más temprano, deberá atravesar. La demolición selectiva en origen, o deconstrucción, trae consigo el empleo de nuevas técnicas y maquinaria específica, así como cambios en los procedimientos, lo que hace prever una dinamización en el negocio de la demolición, actividad que, por otra parte, ha experimentado una importante caída durante el pasado año. Por otro lado, las empresas gestoras de RCD constituyen un sector próspero, con buenas expectativas de cara al futuro; no hay más que ver la progresiva implantación de instalaciones de tratamiento de estos residuos, la proliferación de normativas reguladoras y los nuevos mercados para los áridos reciclados, principal producto del reciclaje de RCD.
La escasa penetración de los áridos reciclados en nuestro país, debida sobre todo, a la inexistencia de una normativa técnica que regule su uso en sus diferentes aplicaciones -obras de tierra, carreteras y hormigón reciclado-, puede dar un giro importante tras la próxima presentación de la Guía Española de Áridos Reciclados, un compendio de recomendaciones que deberán recoger los códigos técnicos futuros. Dentro de este proceso de “sostenibilización”, que discurre desde la fabricación de materiales para la construcción, hasta la gestión de los flujos y su valorización para su transformación, pasando por la deconstrucción o el diseño de los proyectos, lo más significativo es el cambio de perspectiva en relación al residuo, que comienza a contemplarse como un recurso, como un futuro producto.
El concepto de valorización o la observación del ciclo de vida de estos materiales empiezan a ser elementos imprescindibles que se propagan a lo largo de toda la cadena y que, moda o no, ya no tiene vuelta atrás. Mónica Daluz /
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MENCIÓN DEL GALARDÓN EN INTEREMPRESAS MEDIA

En el centro, Mónica Daluz, redactora de Interempresas, junto a las otras dos periodistas premiadas

Ecodiseño, oportunidad para innovar

ecodiseño
DOSSIER
ECODISEÑO DE MAQUINARIA
E
ntrevistas a Joan Rieradevall, investigador del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona, y Benjamín Bentura, director técnico de Anmopyc.

Las administraciones se han puesto manos a la obra… Una nueva sensibilidad medioambiental por parte de los ayuntamientos va a incidir directamente en la evolución de los productos de sus proveedores, entre ellos los suministradores de maquinaria para obra pública. Los consistorios se disponen a adoptar las normas europeas sobre compra verde e integrar criterios ambientales en los pliegos de condiciones de proyectos de obra.
La variable medioambiental afecta cada día más a la industria y constituye ya un importante factor de diferenciación y éxito. Pero el ecodiseño no ha llegado al sector de la maquinaria de construcción y obra pública. Reducción de emisiones, tratamiento de residuos, factorías menos ruidosas…, pero diseñar maquinaria introduciendo criterios medioambientales globales de ciclo de vida, es todavía un reto para las empresas fabricantes de MOP. Y, por tanto, una oportunidad para desmarcarse.
En los últimos años, las empresas han venido adoptando paulatinamente sistemas de gestión medioambiental con el objetivo de cumplir la legislación vigente y de disminuir las agresiones sobre el medio ambiente. Estas políticas han generado la aparición de nuevos conceptos. El ecodiseño es uno de ellos. Esta práctica busca satisfacer la función de un producto con el menor impacto ambiental global asociado a su ciclo de vida. En este sentido, la utilización de metodologías de ecodiseño sobre un producto permite disminuir desde su definición, su impacto ambiental. El ecodiseño es, pues, una herramienta y su finalidad, mejorar el índice de ecoeficiencia. Sin embargo, no todos los sectores han comenzado a incorporar este nuevo enfoque en la etapa de diseño. Mónica Daluz /
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DOSSIER ECODISEÑO DE MAQUINARIA

Del tratamiento final a la prevención ambiental

Ecodiseño, oportunidad para innovar

Mónica Daluz 24/03/2009

Las administraciones se han puesto manos a la obra… Una nueva sensibilidad medioambiental por parte de los ayuntamientos va a incidir directamente en la evolución de los productos de sus proveedores tras y es que los consistorios se disponen a adoptar las normas europeas sobre compra verde, integrando criterios ambientales en los pliegos de condiciones de proyectos de obra.

No lo parece, pero es una biblioteca, eso sí, móvil. El ecomicroespacio es diseño de Antoni Roselló...

No lo parece, pero es una biblioteca, eso sí, móvil. El ecomicroespacio es diseño de Antoni Roselló. Se trata de un volumen prismático, acondicionado como biblioteca, que multiplica por dos su volumen disponible cuando está en uso.

En los últimos años, las empresas han venido adoptando paulatinamente sistemas de gestión medioambiental con el objetivo de cumplir la legislación vigente y de disminuir las agresiones sobre el medio ambiente. Estas políticas han generado la aparición de nuevos conceptos. El ecodiseño es uno de ellos.

Esta práctica busca satisfacer la función de un producto con el menor impacto ambiental global asociado a su ciclo de vida. En este sentido, la utilización de metodologías de ecodiseño sobre un producto permite disminuir desde su definición su impacto ambiental. El ecodiseño es, pues, una herramienta y su finalidad, mejorar el índice de ecoeficiencia.

La asunción del ecodiseño altera el proceso tradicional de diseño y nos hace pasar del producto como resultado de una función, un coste y unas tecnologías dadas, independientemente de los ‘efectos colaterales’ que se den a lo largo del mismo, a partir de la necesidad de crear un ecoproducto, y buscar las mejores alternativas a tal fin. Se valora, se mide y se interviene.

Ecodiseño ¿qué es?

Podemos definir este el concepto de ecodiseño como el conjunto de acciones orientadas a la mejora ambiental del producto en la etapa inicial de diseño, mediante la mejora de la función, selección de materiales menos impactantes, aplicación de procesos alternativos, mejora en el transporte y en el uso, y minimización de los impactos en la etapa final de tratamiento.

Las empresas deberán llevar a cabo actuaciones globales de prevención ambiental y para ello la clave la encontramos en este nuevo factor, el ecodiseño, que dispone de diversas herramientas de valoración.

Las empresas tienen en sus manos elegir las herramientas ambientales que crean oportunas para iniciar este proceso hacia la ecoeficiencia, elección que vendrá dada por su implicación y responsabilidad en materia ambiental, por su coste y por el grado de complejidad.

Tal como se describe en el documento editado por el Instituto de Cultura de la Generalitat, Ecoproducto y Ecodiseño, si la empresa se encuentra en una fase de introducción de conceptos ambientales en los productos, las herramientas más recomendables son las cualitativas, como la valoración de la estrategia ambiental (VEA) o las listas de comprobación (LC); en una etapa de transición, en que es posible un análisis semicuantitativo ambiental, las herramientas más aducadas son la evalucación del cambio de diseño (ECD) o las matrices de análisis; y en una etapa más avanzada de implantación del ecodiseño, pueden considerarse herramientas cuantitativas como el análisis del ciclo de vida (ACV)

Ecojardinera, diseño de Curro Claret...

Ecojardinera, diseño de Curro Claret. Fabricada en materiales flexibles y en forma de saco, que se adapta de manera orgánica a su contenido y al espacio. La cantidad de material es mínima, no realiza una función de sustentación, actúa únicamente como elemento de contención de la tierra, agrupándola de manera que las raíces de la planta puedan aferrarse a ella.

Sin embargo, dado lo incipiente de la aplicación de este concepto, todavía existen algunos problemas o inconvenientes para su implantación. Según los estudios llevados por investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona, las principales barreras en el mundo empresarial e industrial es el desconocimiento de los impactos globales del ciclo de vida de sus productos, la no disponibilidad de datos ambientales de dichos productos, además del condicionamiento de las mejoras ambientales en el producto a la reducción de costes y la prioridad en el tratamiento de los residuos de los productos. Pero, la mayor barrera la constituye el alto grado de desconocimiento del ecodiseño en el mundo empresarial.

Como se hizo…

He aquí dos ejemplos de ecodiseño. Se trata de un proyecto que ha sido coordinado por el grupo de investigación SosteniPrA, del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA) de la Universitat Autònoma de Barcelona, y ha contado con la participación de un equipo interdisciplinario integrado por diseñadores, arquitectos, ingenieros, químicos y ambientólogos, se enmarca en el Programa Català d’Ecodisseny, del Departamento de Medio Ambiente y Vivienda de la Generalitat de Catalunya, que tiene el objetivo de fomentar la investigación de estrategias de prevención del impacto ambiental asociado al ciclo de vida de los productos, y cuenta con el apoyo del Fad.

El ecobanco

Es un diseño de Lievore Altherr Molina y del equipo del ICTA. Se trata de un banco de aspecto escultórico compuesto por tres elementos combinables teniendo en cuenta el entorno y la función: asiento, respaldo y reposabrazos. Analicemos a continuación los elementos que se han tenido en cuenta para su diseño:

Materia prima
Ecobanco duro: hormigón con áridos reciclados para entornos duros (exposición a alta incidencia solar, salinidad elevada, uso muy continuo, vandalismo, etc.).
Ecobanco blando: asiento de plástico reciclado, para situaciones benignas (bonanza climática, lugares protegidos, etc.).

Uso
El uso de hormigón reduce las tareas de mantenimiento y es más duradero.
La durabilidad del hormigón facilita su reutilización.
Gran modularidad: adaptables a diferentes usos y entornos con unos pocos módulos básicos.

Transporte y embalaje
El banco se transporta desmontado.

Gestión de residuos
Tanto el hormigón con áridos reciclados como el plástico reciclado pueden volver a reciclarse.

Dimensiones: 2.400 x 570 x 712 mm.

Peso: 700 x 2 kg Doble y 1.200 kg Individual

Anclaje: Se fija al suelo con pernos de acero.

El ecobanco es uno de los seis ecodiseños de mobiliario urbano desarrollados por ICTA...

El ecobanco es uno de los seis ecodiseños de mobiliario urbano desarrollados por ICTA. En este caso el diseño de la pieza es obra de Lievore Altherr Molina. Hay dos versiones, en plástico y en hormigón. El uso de hormigón reduce las tareas de mantenimiento y es más duradero. Fácilmente reutilizable y permite gran modularidad.

Se trata de seis ecodiseños de mobiliario urbano, seis experiencias piloto con un menor impacto ambiental, que serán productos de referencia en la investigación para la protección del medio ambiente. En ellos se ha conseguido: trabajar con materias primas procedentes de materiales reciclados o renovables; reducir el volumen y el peso final, para facilitar el transporte; reducir el consumo energético y los costes de mantenimiento, tanto en la fase de construcción como en la de uso; emplear energías renovables; añadir más de una función a sus posibilidades de utilización, y obtener residuos reciclables o reutilizables al final de su vida útil.

Cuando la entidad científica Cosmo Caixa vio el proyecto quiso realizar los prototipos. El sector empresarial ya le ha visto salida comercial y, en la actualidad, ya hay varias empresas privadas fabricando el producto. Veamos dos ejemplo de los seis de que consta este ecoproyecto.

La ecofarola

La han llamado Farola viva, y es diseño de Capella García Arquitectura y del equipo del ICTA. El producto consta de cimentación reutilizable de hormigón reciclado, báculo de malla desplegada de acero inoxidable, equipo lumínico de 15 W (LED), placa solar, montada en la placa captadora, batería. El diseño se adapta a escala humana. Está concebido para su instalación en parques, zonas peatonales o plazas pequeñas, pensado para dar una claridad suave que ilumine el paseo.
Como la fotosíntesis de una planta, recoge la radiación solar por la superficie superior de la hoja captadora (placa fotovoltaica) durante el día y, por la noche, la transforma en luz que emite desde la parte inferior de las hojas emisoras.
Tiene autonomía, se puede colocar donde se quiera sin necesidad de infraestructura ni de red eléctrica.
Para su diseño se han tenido en cuenta los siguientes elementos:

Materia prima
Se reduce la cantidad de material con el uso de una malla desplegada.
Uso de hormigón reciclado en la cimentación.

Uso
Iluminación de alta eficiencia: LED. Reduce el consumo.
Uso de fuentes energéticas renovables de bajo impacto ambiental: paneles fotovoltaicos.
Aligeramiento del espacio urbano: el báculo, al no tener cableado, puede ser ligero y transparente, puede mimetizarse con el entorno y permite que trepe por él la vegetación.
El bajo flujo de luz emitido por la ecofarola reduce el impacto lumínico.

Transporte y embalaje
La farola se transporta desmontada.

Gestión de los residuos
El acero del báculo es reciclable.
La cimentación puede extraerse en el momento de la desinstalación, para su reutilización o reciclaje.
Parte de los componentes del sistema fotovoltaico puede n reutilizarse.

Luminancia
15 lux mínimo

Dimensiones
450 x 400 x 3.600 mm

Peso
22,1 kg

Anclaje
Dado subterráneo de 0,11 m3

La han llamado Farola viva, y es diseño de Capella García Arquitectura...

La han llamado Farola viva, y es diseño de Capella García Arquitectura. El producto consta de cimentación reutilizable de hormigón reciclado, báculo de malla desplegada de acero inoxidable, equipo lumínico de 15 W (LED), placa solar, montada en la placa captadora, batería. Con el uso de una malla desplegada se ha buscado la desmaterialización del producto (se reduce la cantidad de material utilizado).

Aditivos nutritivos y envases inteligentes

DOSSIER LA QUÍMICA EN LA ALIMENTACIÓN
DOSSIER
LA QUÍMICA EN LA ALIMENTACIÓN
Entrevista a Montserrat Agut, coordinadora del Master en Química e Ingeniería Alimentaria del Instituto Químico de Sarrià.

La industria alimentaria, a la espera de normativa sobre alimentos funcionales
Un sector como el químico, con un alto nivel de innovación tecnológica, una reglamentación exhaustiva en seguridad alimentaria y una sociedad que adora la comodidad. Agite, y obtendrá un cóctel infalible: alimentos funcionales. Su despegue definitivo: en 2011. Las páginas que siguen repasan la aportación de la química a una industria imprescindible, la alimentaria. Fertilizantes, productos zoosanitarios, fitosanitarios, aditivos y nuevos materiales y técnicas de envasado; sin ellos no será posible afrontar el reto de alimentar a la población mundial. Ante una legislación restrictiva en la adición de productos a los alimentos, los nuevos desarrollos químicos para esta industria se concentran en los envases y en los procesos de embalaje.
En el campo. Química eficiente
El ser humano ha buscado en la química el aliado con el que mejorar sus expectativas de supervivencia. Conocer el comportamiento de los elementos de la naturaleza ha constituido una inquietud casi instintiva del hombre, que pronto aplicaría sus conocimientos más ancestrales a su preocupación y ocupación principal: la alimentación. Pero hoy más que nunca, la intervención de la ciencia química se revela imprescindible: la población mundial actual se duplicará en el próximo siglo y se prevé que la renta per cápita alcance una tasa anual de crecimiento del 2,7% hasta el año 2020; el doble en los países en vías de desarrollo. El consumo de carne, especialmente de carne roja, se disparará en los próximos años y, en consecuencia, la demanda de grano para alimentar el ganado. A esto se añade el imparable crecimiento de las áreas urbanas. Ante la escasez de tierras cultivables sólo se podrá hacer frente a esta situación aumentando los rendimientos agrícolas mediante el empleo de fertilizantes y productos fitosanitarios. En cuanto a estos últimos, se ha calculado que, sin ellos, la tercera parte de los alimentos producidos en el mundo se perdería. La química moderna protege y mejora las cosechas utilizando insecticidas selectivos que no perjudican ni el medio ambiente ni a los pájaros o las abejas, dos importantes agentes polinizadores. Además, su alta eficiencia ha hecho reducir las cantidades necesarias a aplicar por hectárea. Mónica Daluz /
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DOSSIER LA QUÍMICA EN LA ALIMENTACIÓN

La industria alimentaria, a la espera de normativa sobre alimentos funcionales

La química en la alimentación: aditivos nutritivos y envases inteligentes

Mónica Daluz 12/02/2009

Un sector como el químico, con un alto nivel de innovación tecnológica, una reglamentación exhaustiva en seguridad alimentaria y una sociedad que adora la comodidad. Agite, y obtendrá un cóctel infalible: alimentos funcionales. Su despegue definitivo: en 2011. Las páginas que siguen repasan la aportación de la química a una industria imprescindible, la alimentaria. Fertilizantes, productos zoosanitarios, fitosanitarios, aditivos y nuevos materiales y técnicas de envasado; sin ellos no será posible afrontar el reto de alimentar a la población mundial. Ante una legislación restrictiva en la adición de productos a los alimentos, los nuevos desarrollos químicos para esta industria se concentran en los envases y en los procesos de embalaje.

Ante la escasez de tierras cultivables se hará imprescindible aumentar los rendimientos agrícolas mediante el empleo de fertilizantes y productos...

Ante la escasez de tierras cultivables se hará imprescindible aumentar los rendimientos agrícolas mediante el empleo de fertilizantes y productos fitosanitarios. En la imagen, detalle de un campo de viñedos en las Bodegas Ysios, diseño de Santiago Calatraba, situadas en Laguadia, en plena Rioja Alavesa. Sugiere un sinuoso oleaje que parece acomodarse con naturalidad a la orografía paisajística y dar cobijo a los viñedos que rodean el edificio. La calidez de la madera de la fachada contrasta con la cubierta de aluminio, logrando una sobrecogedora fusión entre tradición y modernidad.

En el campo. Química eficiente

El ser humano ha buscado en la química el aliado con el que mejorar sus expectativas de supervivencia. Conocer el comportamiento de los elementos de la naturaleza ha constituido una inquietud casi instintiva del hombre, que pronto aplicaría sus conocimientos más ancestrales a su preocupación y ocupación principal: la alimentación. Pero hoy más que nunca, la intervención de la ciencia química se revela imprescindible: la población mundial actual se duplicará en el próximo siglo y se prevé que la renta per cápita alcance una tasa anual de crecimiento del 2,7% hasta el año 2020; el doble en los países en vías de desarrollo. El consumo de carne, especialmente de carne roja, se disparará en los próximos años y, en consecuencia, la demanda de grano para alimentar el ganado. A esto se añade el imparable crecimiento de las áreas urbanas. Ante la escasez de tierras cultivables sólo se podrá hacer frente a esta situación aumentando los rendimientos agrícolas mediante el empleo de fertilizantes y productos fitosanitarios. En cuanto a estos últimos, se ha calculado que, sin ellos, la tercera parte de los alimentos producidos en el mundo se perdería. La química moderna protege y mejora las cosechas utilizando insecticidas selectivos que no perjudican ni el medio ambiente ni a los pájaros o las abejas, dos importantes agentes polinizadores. Además, su alta eficiencia ha hecho reducir las cantidades necesarias a aplicar por hectárea.

La necesidad de nuevos desarrollos y, por lo tanto, de inversión en investigación, es incuestionable, sin embargo, para las empresas no es tarea fácil. Tal como expone la Federación Empresarial de la Industria Química Española: “En la actualidad, sólo una de cada 140.000 sustancias sintetizadas en el laboratorio supera las pruebas y exigencias para su aplicación, mientras que en desarrollar y probar cada producto se puede tardar hasta diez años y requerir inversiones por encima de los 200 millones de euros”. En el mismo sentido se manifiestan otros representantes del sector que aseguran que “investigar no sale a cuenta”.

Abonos, sedales y redes de plástico, envases inteligentes que respiran, impiden la entrada de la humedad y la fuga de los aromas, botellas y recipientes de diferentes polímeros, gases para controlar la maduración de la fruta recogida, gases criogénicos para conservar los alimentos a bajas temperaturas, productos para proteger la salud de las plantas y los animales, desinfectantes… son tan solo algunos ejemplos de la contribución de la química a la alimentación humana.

Además de la obtención de cosechas abundantes y sanas, la alimentación del hombre requiere también la protección sanitaria y la alimentación de los animales. Feique aporta en este sentido el dato de que “sólo en Europa hay más de 280 millones de animales destinados a la alimentación, contando exclusivamente los ganados bovino, porcino y ovino”. “La química les protege contra las enfermedades, los parásitos y contribuye a su manutención. Si no se tratara a los animales con fármacos se perdería un 47 por ciento del ganado bovino, un 35 del porcino, un 22 del ovino y un 20 por ciento del aviar y, en algunos casos, nos expondríamos a que sus enfermedades afectasen a los humanos”, explican las mismas fuentes.

Facturación por subsector. Datos 2007

Fertilizantes 2,3% del sector (1.200 millones de Euros)

Productos Zoosanitarios 1,9% del sector (1.000 millones de Euros)

Fitosanitarios 1,1% del sector (575 millones de Euros)

Fuente: Feique

En la factoría. Química sofisticada

Sin duda, los aditivos o complementos alimentarios no serían necesarios si tras su obtención o preparación pasaran directamente al plato, pero la complejidad de la cadena de distribución es cada vez mayor, y las exigencias del consumidor en cuanto a variedad, disponibilidad de todo tipo de producto en cualquier época del año y, sobre todo, demanda de alimentos procesados, crecen a pasos de gigante. Mientras que una proporción cada vez menor de la población se dedica a la producción primaria de alimentos, los consumidores exigen que haya alimentos más variados y fáciles de preparar, y que sean más seguros, nutritivos y baratos. Sólo es posible satisfacer estas expectativas y exigencias del consumidor utilizando las nuevas tecnologías de transformación de alimentos, entre ellas, los aditivos.

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La principal causa de deterioro de los alimentos es la presencia de diferentes tipos de microorganismos, como bacterias, levaduras y mohos. El deterioro microbiano de los alimentos tiene pérdidas económicas sustanciales, tanto para los fabricantes, (pérdida de materias primas y de productos elaborados antes de su comercialización, deterioro de la imagen de marca, etc.) como para distribuidores y consumidores. Se calcula que más del 20 por ciento de todos los alimentos producidos en el mundo se pierde por acción de los microorganismos.

Bacterias, hongos, insectos, roedores, los gases del aire, el exceso o la falta de humedad, el frío, el calor o la acción de la luz pueden alterar y descomponer el alimento, por lo que los aditivos resultan imprescindibles. Los principales grupos de aditivos son: conservantes, antioxidantes, emulsionantes, estabilizantes, colorantes, aromatizantes y mejoradores de sus propiedades nutritivas.

De los 367 aditivos alimentarios, la industria alimentaria viene utilizando alrededor de 125. Del total, 88 son de origen natural y 161, sintéticos. En cuanto al resto, son naturales con modificaciones. Los más utilizados son los conservantes, los espesantes y los antioxidantes.

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Los aditivos más utilizados

Colorantes. Suelen ser los E-100, E-102, E-129. Como la tartracina, aditivo artificial usado para dar color amarillo azafrán a la paella.

Conservantes. Para mantener el producto. Son los E-200. Como sulfitos y nitritos.

Antioxidantes. En los E-300. Como el ácido ascórbico, que es vitamina C y se añade a zumos para que no se oxiden.

Estabilizantes. Son los que mantienen las propiedades o textura de los alimentos.

Espesantes o gelificantes. En los E-400. Como las gomas, alginatos, pectinas (presentes en frutas) o la metilcelulosa (usada porque crea una protección que hace que al freír una croqueta no absorba demasiado aceite). Son algunos de los aditivos necesarios para crear platos innovadores como gelatinas, sopas frías que se espesan o la famosa esferificación de Ferran Adrià.

En este grupo se encuentran los emulsionantes, que mantienen unidas mezclas de ingredientes (como los usados para que no se corte la mayonesa).

Minerales. Carbonatos, sulfatos, silicatos (están entre los E-500). Tienen usos diversos, como regular la acidez de los alimentos y evitar que aumente durante el proceso industrial.

Saborizantes. Como el glutamato monosódico, un aminoácido presente de forma natural en muchos vegetales.

Gases. Helio, butano, nitrógeno… Suelen usarse en el envasado al vacío de alimentos, para que no se vuelvan rancios o no pierdan el color, por ejemplo.

Otros. Edulcorantes, itoles (comomaltitol, xilitol, humectante que se usa en el chicle para dar sensación de frescor…), almidones que mantienen texturas, o las sustancias que favorecen o eliminan la creación de espuma son algunos ejemplos.

Productos funcionales

Se entiende por alimentos funcionales aquellos que presentan algunos componentes activos que ejercen un efecto saludable para el organismo del consumidor, más allá de su valor nutricional.

De hecho, los alimentos funcionales incorporan elementos que potencian algunas de sus propiedades positivas, contribuyendo a mejorar algunos procesos vitales. Este grupo de productos presenta en la actualidad un gran dinamismo, con un crecimiento anual que ronda el 30%, según Andrés Gavilán, presidente de la Asociación de Fabricantes de Complementos Alimentarios (AFCA).

Estos alimentos aparecieron por primera vez en Japón en 1991, cuando el gobierno de ese país certificó una bebida enriquecida con fibra como “alimento con usos saludables específicos”. Algo después, Estados Unidos estableció una legislación que regulaba este tipo de productos. En la actualidad, la Unión Europea dispone de una legislación específica que establece las características de los alimentos enriquecidos con esteroles vegetales que reducen los niveles de colesterol.

Dentro de los alimentos funcionales, las ofertas más consolidadas son las de yogures, con cerca del 38 por ciento del total, seguidos por otros lácteos, con un 31. En el caso de la leche líquida, son las presentaciones enriquecidas y las funcionales las que están experimentando unos mayores crecimientos en sus demandas.

Otro grupo de alimentos donde las presentaciones funcionales tienen una gran importancia es el de las bebidas, con ventas superiores a los 200 millones de euros. A continuación aparecen las galletas y los cereales para el desayuno, los productos de confitería, en especial chicles y caramelos, los alimentos para animales y los huevos y ovoproductos, aunque las presentaciones funcionales han llegado a prácticamente todos los sectores del mercado. La mayoría de estos productos tienden a ocupar las gamas más altas del mercado, como referencias de alto valor añadido.

De las grasas a la sal

En los últimos años la preocupación alimentaria se ha centrado en las grasas. Nueva York fue la primera ciudad de Estados Unidos en prohibir la utilización de grasas artificiales ‘trans’, el pasado junio. Al mes siguiente, el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, promulgó una ley que prohibía el uso de ácidos grasos provenientes de las grasas hidrogenadas en los restaurantes, como una medida de salud pública, ante el riesgo de enfermedades cardiovasculares y muerte temprana.

Ahora le ha tocado el turno al sodio. En los últimos cuatro años la cantidad de sodio en el pan que consumimos los españoles se ha reducido un 26% -lo que en términos de salud implica la reducción del riesgo de hipertensión- como resultado del convenio firmado en 2005 entre la industria panadera y el ministerio de sanidad, atendiendo la recomendación de la OMS, y cuyos resultados fueron presentados el pasado 29 de enero por el ministro de Sanidad, Bernat Soria. Otro sector alimentario que ya se ha puesto a trabajar para reducir el contenido en sal de los alimentos es el de la carne, concretamente, la industria jamonera.

CO2 supercrítico; separar sin alterar

La demanda creciente de productos de alto valor añadido, que incorporen sustancias naturales, principios activos con valores nutritivos, etc., y las exigencias legales, están obligando a los fabricantes a buscar nuevos procesos industriales para conseguir mejorar la calidad sin generar residuos, adaptando sus productos a las tendencias de consumo. En este sentido, la extracción de principios fundamentales es utilizada principalmente para aportar aquella materia extraída de alto valor añadido (vitaminas, aceites esenciales, aditivos, aromas…) al producto, o eliminar sustancias (cafeína, grasas…). La tecnología basada en fluidos supercríticos (sustancia que se encuentra en determinadas condiciones en un estado con propiedades intermedias entre líquido y gas) puede emplearse en multitud de operaciones básicas, pero ha experimentado un notable desarrollo como medio de reacción para la extracción y la purificación de sustancias de alto valor añadido. Esta técnica permite que el CO2 en estado supercrítico, gas totalmente inocuo que en condiciones de presión y temperatura superiores a su punto crítico se convierte en un disolvente muy potente, sirva como elemento separador eficaz totalmente limpio. Sus principales ventajas radican en la fácil separación de sustancias; las suaves temperaturas en el proceso que permite no dañar al producto; ser un elemento no inflamable, no corrosivo, no tóxico, no cancerígeno; su capacidad selectiva y la no generación de residuos.

Según el centro tecnológico Ainia, que trabaja desde el año 93 en la investigación y la aplicación de fluidos supercríticos en la industria, en España ésta es todavía “una tecnología en gran medida desconocida y las empresas que la utilizan contratan estos servicios en otros países ante la carencia de oferta tecnológica en fluidos supercríticos en nuestro país.”

Por lo que respecta a la estructura empresarial, los productos funcionales no presentan unos operadores específicos, sino que suelen ser las empresas líderes de cada sector las que apuestan por este tipo de ofertas, conscientes de sus enormes perspectivas de crecimiento y de sus interesantes márgenes comerciales.

En estos momentos, este segmento de productos se haya en una relativa situación de ‘stand by’ ya que, como nos explica el presidente de AFCA, “el sector se encuentra a la espera de que la Comisión Europea establezca qué productos pueden ser “funcionarizados”, lo cual no se producirá hasta 2011.”

Por el momento, algunos datos significativos sobre la buena salud de esta gama de productos los arroja el informe Emerging Health and Wellness Culinary Trend Mapping Report del Center for Culinary Development (CCD) y Packaged Facts, en el que afirma que, en todo el mundo, el lanzamiento de productos que contienen omega-3 aumentó un 40 por ciento en los primeros 11 meses de 2007, o que el consumidor estadounidense promedio gasta 90 dólares al año en alimentos y bebidas funcionales.

El citado informe señala también que los nuevos lanzamientos están cubriendo necesidades especificas como el aumento de la saciedad -ante el incremento de la obesidad entre la población norteamericana-, mejorar la memoria, retrasar la aparición de arrugas, o productos formulados con aminoácidos, vitaminas y proteínas para estimular la función cerebral, estos últimos conforman toda una tendencia, con 450 alimentos y bebidas lanzados en el 2007.

Alimentos envueltos en tecnología

Tal como nos cuentan los responsables técnicos de Grupo Ferrer, dado lo difícil que hoy resulta incluir nuevos productos en la lista de aditivos permitidos, “las mayores innovaciones se están produciendo en los materiales de los envases así como en los gases y atmósferas especiales del proceso de envasado de los alimentos.”

El Instituto Tecnológico de Embalaje, Transporte y Logística (ITENE) es pionero en el desarrollo de embalajes activos y envases inteligentes, y en estos momentos está inmerso en numerosos proyectos de investigación entre los que destaca el proyecto Nafispack (Natural Antimicrobials For Innovative and Safe Packaging), que nace como respuesta a la necesidad del mercado de alargar la vida útil de los alimentos frescos. El proyecto tiene como objetivo el desarrollo de nuevos materiales de envase que permitan, en los productos frescos, evitar, reducir y detectar el crecimiento de patógenos y de los agustes responsables de que se deterioren, y se centra especialmente en el pescado, el pollo fresco y las verduras mínimamente procesadas, o de IV gama. El proyecto Nafispack investigará cómo asegurar y mantener la calidad de esos productos alimentarios en la cadena de suministro mediante el desarrollo de nuevos sistemas de envase que aumenten la duración del producto fresco combinando dos tecnologías: el envase activo antimicrobiano y el envase inteligente, este último basado en la monitorización. Según fuentes del Instituto, los nuevos materiales de envase y sus sustancias activas serán evaluados en términos de riesgo químico, toxicológico, microbiológico y de modelo predictivo, con el objeto de determinar si es posible su inclusión en las listas positivas que está preparando la Comisión Europea para la regulación de los mismos.

Emplatando una de moléculas…

La cocina estrechó su dialogó con la ciencia, hurgó en ella y experimentó con los conocimientos científicos sobre los alimentos, su composición, sus propiedades… Ese fue el origen de la gran revolución que se ha producido en el mundo de la alta gastronomía en los últimos años, haciendo de la cocina de vanguardia una experiencia sensorial sin precedentes. Pero he aquí que a ésta la llamaron gastronomía molecular. Y entonces, se rompió el encanto.

Si la mayoría de consumidores percibe el término “aditivo” como un elemento nocivo o indeseable, lo de “molecular” todavía le suena peor… Precisamente, la polémica más mediática que han suscitado los aditivos estalló entre fogones, cuando el cocinero Santi Santamaría, galardonado recientemente con el primer premio ‘Temas de Hoy’ por la obra ‘La cocina al desnudo’, denunció el uso de sustancias químicas peligrosas para la salud en la alta cocina y criticó los métodos y los ingredientes de este tipo de cocina y a los cocineros “pretenciosos, que nos dan de comer platos que ni ellos mismos comerían”, dijo el chef.

Sí, la cocina molecular es la que introduce elementos químicos, como el nitrógeno líquido, pero cocina molecular no significa únicamente la utilización de elementos químicos para lograr reacciones en los ingredientes sino también el estudio de los ingredientes naturales y las reacciones químicas que producen en el alimento. Se trata, en fin, de la disciplina científica que estudia las transformaciones de los alimentos en la cocina.

Hace apenas unos días se clausuró el congreso Madrid Fusión, en el que se abordó la relación entre cocineros y científicos. Además de cuestionar la conveniencia de seguir utilizando el término “cocina molecular”, durante las sesiones de debate quedó claro que “la cocina -declaró el ‘cocinero molecular’ por excelencia, Ferran Adrià-, puede ser un magnífico vehículo para que la ciencia llegue a la calle”.

Ferran Adrià, propietario del restaurante El Bulli e icono de la creatividad gastronómica...

Ferran Adrià, propietario del restaurante El Bulli e icono de la creatividad gastronómica, analizó en Madrid Fusión la situación actual de la cocina molecular. En la foto, Adrià durante el acto de presentación de la exposición Diálogo, en el espacio De Dietrich Gallery, en Barcelona, hace algunos meses.

Envases activos

Las distintas interacciones entre alimento, envase y entorno (esto es, migración, permeación y sorción) pueden llegar a utilizarse de forma beneficiosa en los productos, mediante los denominados “envases activos”. Se trata de materiales y objetos destinados a ampliar el tiempo de conservación, o a mantener o mejorar el estado de los alimentos envasados.

Son sistemas diseñados para incorporar deliberadamente componentes que transmitan sustancias a los alimentos o a su entorno (migración positiva), o que absorban sustancias de los alimentos o de su entorno (sorción y permeación positivas). Los envases activos tradicionales son aquellos separados del alimento y del envase en forma de bolsitas o saquitos.

Actualmente, se presentan con gran número de diseños: integrados en el envase (en las paredes de un film, bandeja, botella, en la capa intermedia de estructuras multicapa) o en su tapa, en forma de etiquetas, hot-melt, cintas adhesivas, juntas, tapones, etc.

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Química enológica, caso aparte…

El enológico es un sector tradicionalmente ligado a la química; ambas disciplinas se unen en el cometido de buscar, nada menos que, sensaciones… Tal como explica Pablo Izquierdo, director técnico de Sepsa-Enartis, “las empresas de insumos del sector enológico van innovando día a día dentro de sus limitaciones, limitaciones más restrictivas que las indicadas en alimentación, pues en nuestro caso en lugar de regirnos por el Codex Alimentario, nos regimos por el Codex Enológico y por las Denominaciones de Origen, aún más restrictivas”. Esta exhaustiva regulación obedece “a una cuestión de tradición, aunque, actualmente, las cosas están cambiando y vamos convergiendo con las industrias alimentarias clásicas”, añade Izquierdo. A estas limitaciones se añaden las particularidades del producto como la variabilidad, el hecho de que el tipo de uva del que se parte nunca es igual, sin embargo el resultado final, bajo la misma marca, debe tener siempre las mismas características organolépticas.

Pablo Izquierdo nos habla de los productos con los que lograr los sabores y olores buscados y cuenta algunas peculiaridades de este proceso, a caballo entre el arte y la ciencia.

“Los tipos de producto que utilizamos son los biotecnológicos, originarios de organismos vivos, y las levaduras, bacterias, nutrientes de levaduras y bacterias, enzimas, y otros coadyuvantes como los polisacáridos procedentes de Saccharomyces cerevisiae. Las levaduras son la ‘máquina’ que transforma el mosto de uva en vino, y según el objetivo tecnológico se utiliza una cepa de Saccharomyces cerevisiae u otra. Por ejemplo, si tienes una uva tinta y tu objetivo es hacer un rosado fresco, muy aromático (perfil de fresa roja, piruleta, y tonos a flores violetas), con un gran equilibrio en boca fácil, en condiciones fáciles de producción y fácil de beber, utilizas la Challenge Red Fruit en las condiciones mínimas que nosotros solemos aconsejar. Si quieres mejorar su acción y aumentar la generación de aromas, utilizas nutrientes de levaduras específicos procedentes de levadura, de la forma que nosotros solemos indicar. Si quieres que este vino sea muy redondo y sin amargores existen diversos tratamientos que, por desgracia no suelen ser iguales y pocas veces son extrapolables.

Pensemos que la elaboración de vinos es una ciencia pero sigue siendo un arte y el artista es el enólogo con el que nosotros colaboramos estrechamente,

En el vino trabajamos otros insumos más clásicos procedentes de la industria química como son clarificantes proteicos y minerales, algunos ácidos orgánicos y gases. Asimismo, también utilizamos algunos productos que ceden aromas pero todos ellos vienen de la uva, o del roble tostado (en forma de barrica, o chips), todo perfectamente regulado según indica la tradición.”

Dentro de la industria alimentaria, el sector enológico ha vivido un verdadero boom en los últimos años...

Dentro de la industria alimentaria, el sector enológico ha vivido un verdadero boom en los últimos años. Las pequeñas bodegas se han convertido en un capricho que suma adeptos cada día. En la imagen, Bertín Osborne posando en sus bodegas Conde del Donadío de Casola, situadas en Labastida, en la Rioja Alavesa, donde hace casi cuatro años que el artista jerezano

emprendió una aventura empresarial en el mundo del vino.

Cuando los sistemas activos liberan sustancias beneficiosas al alimento pueden encontrarse otras ventajas, como una migración controlada del aditivo, de forma que se vaya consumiendo a medida que se va liberando y sólo suministre la cantidad que se requiere, evitando excesos.

Las tecnologías de envase activo son muy diversas y llevan comercializándose desde los años ochenta en Japón y Australia. En Europa, algunas de estas tecnologías en su versión más simple también llevan utilizándose desde hace años, incluso sin saberlo, como es el caso de los sistemas que retiran el etileno producido por ciertas frutas y hortalizas como el plátano, el brócoli, el kivi o el aguacate, cuya senescencia se ve acelerada por la presencia de esta sustancia. La pulverización de etanol también se utiliza ampliamente en productos de bollería y panadería ya que reduce el crecimiento de mohos.

Secuestradores de oxígeno

Un ejemplo de envase activo lo encontramos en los sistemas absorbedores o secuestradores de oxígeno, que tienen como objetivo el secuestro del oxígeno que entra desde el exterior o que se encuentra presente en el espacio de cabeza del producto, consiguiendo una reducción de los niveles de oxígeno, hasta diez veces más que con el envasado a vacío. Su utilización permite por ejemplo: reducir la oxidación de componentes del producto, como grasas o aceites; limitar el crecimiento de microorganismos aerobios; limitar la respiración de productos frescos; evitar la degradación de nutrientes como la vitamina C; preservar el sabor y características propias del producto; evitar la decoloración, y alargar la vida útil.

La activación de estos sistemas suele hacerse en el momento de envasado, por la presencia de agua o por radiación infrarroja o ultravioleta.

Muchos absorbedores de oxígeno consisten en metales y óxidos metálicos en polvo, ditionito sódico, ascorbatos o hidrocarburos insaturados, y actúan mediante una reacción redox. En ocasiones, pueden combinarse varias tecnologías de sistemas activos para obtener un producto de mejor calidad y más seguro. Por ejemplo, una bolsita puede contener un secuestrador de oxigeno y un emisor de etanol (polvo de hierro y zeolita con etanol), si se quiere potenciar la inhibición del crecimiento de mohos.

OPINIÓN

La química será muy importante en el sector de la producción primaria

Entrevista a Montserrat Agut, coordinadora del Master en Química e Ingeniería Alimentaria del Instituto Químico de Sarrià

Mónica Daluz 23/03/2009

El IQS es un centro universitario nacido en 1905, adscrito la Universidad Ramon Llull, de la que fue miembro fundador. La formación en el IQS se caracteriza por su vertiente práctica y su estrecha colaboración con el entorno industrial y empresarial. El Instituto presta servicios de asistencia y asesoramiento a las industrias, empresas y administraciones, aportando conocimientos e innovando en procedimientos y tecnologías. Hablamos con la doctora Agut sobre la intervención de la química en la cadena alimentaria.

Montserrat Agut

Montserrat Agut.

Hábleme de la intervención de la química en el sector alimentario

La química interviene a lo largo de toda la cadena alimentaria. Desde la aparición de los nitratos como fertilizante, que supusieron un gran paso para la agricultura, se ha logrado incrementar la calidad del suelo, añadiendo nutrientes, y, por tanto, mejorar la calidad de las cosechas y su rendimiento.

Y ¿qué dice de aquellos que abogan por una agricultura sin fertilizantes sintéticos?

La agricultura ecológica también utiliza fertilizantes, lo que ocurre es que la lista de productos permitidos es más limitada; pero usan azufre, bacterias…

Existe una tendencia generalizada a pensar que el uso de fertilizantes incide sobre los nutrientes de los alimentos e interfiere en las propiedades de los mismos ¿Se trata de una percepción equivocada?

Lo único que hacen los fertilizantes es permitir, por un lado, que la planta pueda crecer mejor y más deprisa, porque si el suelo es pobre la planta no crecería bien, y por otro, evitar que enferme; su uso logra, por tanto, frutas y verduras de buen aspecto e incrementar el rendimiento de producción, pero no modifica los nutrientes del producto.

Y la producción animal ¿cómo se trata?

Por lo que respecta a los animales, hoy, en Europa, tenemos muy limitado lo que podemos utilizar. Los anabolizantes para el crecimiento -las hormonas- están prohibidos. Sólo se pueden utilizar productos sanitarios si hay problemas, por ejemplo, reproductivos, y otros, como los antibióticos, se pueden utilizar pero no para promover el crecimiento sino como tratamiento medico.

Lo que se hace es que, desde que se ha tratado el animal hasta el momento de sacrificarlo debe haber un periodo de descanso para asegurar que los residuos que quedarán sean lo suficientemente bajos como para asegurar que no comportarán problemas para el consumidor, como alergias, etc.

¿Hay un control suficiente como para garantizar que eso se cumple?

Es cierto que a veces aparecen en la prensa casos de utilización de un pesticida que no puede usarse, por ejemplo, y demás situaciones indeseables, pero se trata de hechos aislados; lo cierto es que está todo muy regulado y controlado.

Hábleme de la calidad, del sabor, ¿hace la globalización que el circuito sea tan sumamente largo y, por tanto, requiera tantos procesos que el producto acabe perdiendo su frescura y su sabor tradicional, como es el caso de la carne o el pan?

Es un problema de la intensificación de la producción. Los animales ya no comen lo mismo que tradicionalmente, se los engorda más deprisa (en un mes tienes un pollo…), no pastan en la naturaleza, y que debido a la necesidad de reducir costes obtener una producción mas elevada, ésta se ha intensificado. En cuanto al pan, éste debe amasarse durante horas y horas, y eso no es rentable…

Pero el consumidor desea productos obtenidos de manera tradicional

Tendría que estar dispuesto a pagar; los productos ecológicos son mucho más caros. Además, ese tipo de producción no sería factible para alimentar a todo el mundo. En Europa tenemos un espacio muy limitado, no pueden estar todas las vacas que nos comemos, pastando en la montaña.

¿Es el precio que tenemos que pagar por sobrevivir?

Por ser tantos viviendo en una misma zona y queriendo todos comer vaca, cerdo…

Vamos al producto elaborado, a la alimentación de producción industrial y la aportación de la química a este sector. Cuénteme.

Si hablamos de verduras, lo que se le añade son productos para evitar que el alimento se deteriore por agentes biológicos, que no se lo coman insectos, orugas, etc. Los aditivos son necesarios cuando hablamos de productos industriales, para tener la certeza de que el producto llegará en condiciones a su destino. Si preparamos un suflé en casa, éste sube y tal como sale del horno lo llevamos a la mesa, si compramos un suflé industrial, para que aguante son necesarios unos aditivos. Con los conservantes ocurre lo mismo; antes preparavas unos canelones y lo comías al día siguiente, ahora hay que añadir conservantes porque debe durar lo suficiente como para tener tiempo de distribuirlo. Los alimentos deben tener una vida mas o menos larga para que en el proceso de comercialización las grasas no se vuelvan rancias, los productos no se pongan oscuros, etc. Los conservantes y los aditivos son necesarios para tener productos industriales; en casa, en la cocina, no hacen falta.

¿Qué me dice de los alimentos funcionales?, ¿demasiado marketing?

Todos estos alimentos que tienen propiedades beneficiosas son, desde luego, una oportunidad para el marketing, por eso las empresas están invirtiendo mucho dinero en investigación en este sentido, y realmente hay algunos dudosos…, pero en general, tienen una innegable funcionalidad. Piense que vivimos en una sociedad en la que no se comen todas las frutas y verduras que se debería, así que tomar alimentos que vayan enriquecidos con fibra y demás, es muy interesante; evidentemente, si comiéramos las frutas y verduras que ‘tocan’ no haría falta tomar estos alimentos enriquecidos. Además, el consumidor también busca ese tipo de oferta, cosas diferentes, originales…

¿Cuáles son las innovaciones químico-alimentarias más significativas que vamos a ver en los próximos años?

La química y la alimentación han ido siempre de la mano y seguirán haciéndolo. A corto plazo, veremos la producción de una gran gama de alimentos con sabores muy frescos, como si acabaran de llegar del huerto, y sin embargo, estarán elaborados. Por otro lado los productos se someterán a tratamientos que no serán los clásicos, como cocer, añadir muchos azúcares y mucha sal. También vamos a ver aumentar los alimentos con propiedades extras para la salud y, sobre todo, en los lineales de los supermercados encontraremos muchísima más variedad; podremos comer cada día del año una cosa diferente.

En cuanto a aditivos, es muy complicado registrar nuevos productos, pero la química irá encontrando espacios en los que intervenir, como toda la gama de nuevos ingredientes para alimentos funcionales, o en conservación; hoy se almacenan productos en atmósferas diferentes, por ejemplo.

La química será muy importante en el segmento de producción primaria, con toda la gama de productos de mejora en los cultivos, con nuevas variedades de cereales y frutas…

¿Le parece viable utilizar los cereales para la elaboración de biocombustibles?

Pienso que los biocombustibles deberán obtenerse a base de aprovechar residuos o a partir de otras fuentes, no a partir de cereales.

¿Existe hoy suficiente tecnología para producir alimentos para toda la humanidad?

Sí, de hecho, se destruyen cada año toneladas de excedentes alimentarios. Es una cuestión de distribución de productos. El ser humano posee hoy la capacidad para producir alimentos para todos, el problema es hacerlos llegar; en definitiva, el problema es el dinero.

¿Tiene alguna posibilidad la vuelta hacia una producción y distribución de tipo local?

No; todos queremos tener de todo y tenerlo durante todo el año. Entre otras cosas, se ha perdido la cultura de saber cuál es el producto de temporada. El consumidor actual piensa que hay naranjas todo el año…

El consumidor quiere tener de todo pero no quiere ni oír hablar de la intervención de la química en el proceso alimentario. Todo es química, y sin embargo, el ciudadano aún percibe el término como sinónimo de antinatural…

Por si fuera poco, ahora, además de “no natural” existe la idea de que lo químico, contamina… El único modo de cambiar esta percepción es a través de la educación, que desde el colegio se explique qué es y como trabaja este sector.

Aunque, no es todo negativo; cuando dos personas se atraen se dice que tienen química entre ellas… ¿no?

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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