La industria del envase y embalaje ha hecho un esfuerzo considerable por la mejora de la reciclabilidad. Los datos revelan que los objetivos de la Ley de Envases se están cumpliendo. Sin embargo, diversas voces apelan en los últimos tiempos a la responsabilidad de la industria de envases plásticos, que deberá hacer equilibrios para desarrollar envases diseñados pensando en la fase de reciclaje, tender hacia la reutilización y apostar por el material reciclado.
Reciclar ya no es una excentricidad. También ha dejado de ser una moda transitoria, una pose efímera. El ciudadano percibe cierta urgencia en la necesidad de preservar el medioambiente y, sobre todo, ha tomado conciencia de la finitud de los recursos.
Al consumidor se le viene pidiendo en los últimos años que asuma el papel de gestor de residuos. Y no lo hace mal: sólo en Cataluña (según datos de la Agencia de Residuos de Cataluña), el tonelaje de basura seleccionada en los hogares con el objetivo de reciclaje se ha multiplicado por veinte en quince años, situándose el porcentaje de recogida selectiva en dicha comunidad, en el 37,6% de los residuos producidos.
Sin embargo, la naturaleza del residuo nos indica dos velocidades en el avance en la recuperación del residuo. Y la peor parte se la lleva el envase de plástico: en el ámbito doméstico sólo se recicla uno de cada cuatro, según la misma fuente. Otro dato revelador sobre el porcentaje de residuo reciclado por material es el proporcionado por Ecoembes: el 84,2% del papel y cartón gestionado fue reciclado en 2009, el 71,3% en el caso de los metales y el dato baja hasta el 41,9% en el caso de los plásticos.
Esta sociedad anónima sin ánimo de lucro, con una cifra de empresas adheridas que representan el 90% de los envases puestos en el mercado en toda España, viene desarrollando planes de prevención que tienen por objetivo minimizar el impacto ambiental de los envases y ahorrar materia prima y energía.
Las medidas propuestas por Ecoembes se centran en la reducción del peso de los envases, favorecer la reutilización, minimizar el impacto ambiental y utilizar material reciclado. El uso de material reciclado en contacto con alimentos permite la disminución de uso de materias primas, disminuye el depósito en vertedero y reduce las emisiones de CO2 . Y ese es el nuevo reto que se plantea al consumidor: cerrar el círculo del reciclaje, porque tras separar y depositar sus envases plásticos en el correspondiente contenedor, deberá estar dispuesto a adquirir alimentos comercializados en envases procedentes de material reciclado. Mónica Daluz / pdf
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Reciclado de envases: la convicción sosegada
La industria del envase y embalaje ha hecho un esfuerzo considerable por la mejora de la reciclabilidad. Los datos revelan que los objetivos de la Ley de Envases se están cumpliendo. Sin embargo, diversas voces apelan en los últimos tiempos a la responsabilidad de la industria de envases plásticos, que deberá hacer equilibrios para desarrollar envases diseñados pensando en la fase de reciclaje, tender hacia la reutilización y apostar por el material reciclado.
Mònica Daluz
Reciclar ya no es una excentricidad. También ha dejado de ser una moda transitoria, una pose efímera. El ciudadano percibe cierta urgencia en la necesidad de preservar el medioambiente y, sobre todo, ha tomado conciencia de la finitud de los recursos.
Al consumidor se le viene pidiendo en los últimos años que asuma el papel de gestor de residuos. Y no lo hace mal: sólo en Cataluña (según datos de la Agencia de Residuos de Cataluña), el tonelaje de basura seleccionada en los hogares con el objetivo de reciclaje se ha multiplicado por veinte en quince años, situándose el porcentaje de recogida selectiva en dicha comunidad, en el 37,6% de los residuos producidos. Sin embargo, la naturaleza del residuo nos indica dos velocidades en el avance en la recuperación del residuo. Y la peor parte se la lleva el envase de plástico: en el ámbito doméstico sólo se recicla uno de cada cuatro, según la misma fuente. Otro dato revelador sobre el porcentaje de residuo reciclado por material es el proporcionado por Ecoembes: el 84,2% del papel y cartón gestionado fue reciclado en 2009, el 71,3% en el caso de los metales y el dato baja hasta el 41,9% en el caso de los plásticos.
Esta sociedad anónima sin ánimo de lucro, con una cifra de empresas adheridas que representan el 90% de los envases puestos en el mercado en toda España, viene desarrollando planes de prevención que tienen por objetivo minimizar el impacto ambiental de los envases y ahorrar materia prima y energía. Las medidas propuestas por Ecoembes se centran en la reducción del peso de los envases, favorecer la reutilización, minimizar el impacto ambiental y utilizar material reciclado. El uso de material reciclado en contacto con alimentos permite la disminución de uso de materias primas, disminuye el depósito en vertedero y reduce las emisiones de CO₂. Y ese es el nuevo reto que se plantea al consumidor: cerrar el círculo del reciclaje, porque tras separar y depositar sus envases plásticos en el correspondiente contenedor, deberá estar dispuesto a adquirir alimentos comercializados en envases procedentes de material reciclado.
Para la industria, la aportación del material reciclado es indiscutible: su precio es más bajo y más estable que el precio de las materias vírgenes y su utilización supone para las empresas una ventaja medioambiental. Para el consumidor el beneficio percibido es menos evidente. Así lo expone Paloma Cruz, responsable de Calidad de Torrepet: “El PET reciclado es más barato que el PET virgen, y por tanto, utilizar RPET disminuye el coste del envase, algo importante, sobre todo en el envasado de aguas minerales, donde el envase cuesta más caro que el contenido. Con respecto a la aceptación que tendrá por parte del consumidor, habrá de todo, desde el consumidor concienciado con el medioambiente que recibirá el nuevo envase con los brazos abiertos, hasta el ‘desconfiado’, que no llevará a su casa un producto procedente ‘de la basura’, aunque con el tiempo, y una vez demostrada la salubridad del nuevo material, la sociedad en general, aceptará los plásticos reciclados como algo normal, habitual y necesario.”
A debate
Son todavía cuestiones de peso las que están por resolver; de hecho, el debate no ha hecho más que empezar. Reciclar, reutilizar o ecodiseñar son las diversas caras de esta poliédrica cuestión, a la que viene a añadirse otra: comunicar. El marketing y la necesidad de diferenciación producen envases-excusa en los que priman formas y tamaños frente a la selección ecológica de los materiales, mientras el consumidor se pregunta porqué no existen limitaciones a la producción de productos de un solo uso, o porqué se encuentran entre las manos envases con distintos tipos de plástico y composiciones mixtas que dificultan la tarea de selección.
Uno de los casos más polémicos entre los puristas de la ecología es el del brick. Se trata del envase alimentario que mayores problemas presenta a la hora de tratarlo en la planta de reciclaje por la disposición por capas de los diversos materiales que lo forman: un 75% de cartón, un 20% de polietileno y un 5% de aluminio. La naturaleza de su composición no permite que estos sean utilizados para fabricar nuevos bricks, como sí es posible en cambio con el vidrio de las botellas. Mientras que separar las fibras de cartón de las otras dos capas es relativamente sencillo, la separación del polipropileno y el aluminio requiere un complejo proceso de pirólisis que transforma en energía el polietileno.
Conflicto de intereses o contradicción, el caso es que el consumidor desea percibir innovación al tiempo que demanda envases simples y racionales, que no incrementen el precio del producto y que generen el mínimo residuo, por razones medioambientales. Además, reconfigura sus prioridades y quiere apartarse de un estilo de vida de consumismo desmedido. Las marcas, por su parte, necesitan hoy más que nunca servirse del envase para explicarse frente al consumidor, demostrarle que está en sintonía con su nueva sensibilidad y sus nuevas demandas, y reconducirle al placer del acto de compra. Sea como sea, las administraciones deben valorar el esfuerzo del ciudadano, que se está responsabilizando de su propio consumo de recursos, pero sería un error dejar caer todo el peso sobre él; si el esfuerzo no es compartido por la industria (a través de la legislación), podría mandar a freír espárragos su convicción.
Paloma Cruz Guerrero, responsable Departamento Calidad de Extremadura TorrePet
Cruz nos explica con detalle las cuatro fases que utiliza la compañía en el tratamiento del plástico:
“Una primera fase de selección y molienda, donde los envases recibidos pasan por una serie de selectores ópticos y magnéticos, apoyados por un control manual, mediante el cual se eliminan todos los impropios que puedan venir con el material. Los envases de PET son al final de esta etapa triturados, obteniendo escamas de PET.
En la siguiente etapa, decantación y lavado, las escamas obtenidas se separan de las etiquetas y los tapones mediante flotación y se lavan en agua caliente con un detergente especialmente desarrollado para retirar todo el resto orgánico y la cola de adhesión de las etiquetas.
Una vez limpias y secas, las escamas pasan a la etapa de extrusión, donde son fundidas en un reactor en el que, gracias a la temperatura, el vacío y el tiempo de residencia, se eliminan posibles compuestos susceptibles de migrar. Además se homogeniza la masa, y se pasa por una matriz donde se forman hilos, que son enfriados rápidamente y cortados, obteniendo así granza de RPET amorfa.
En la última etapa, la post-polimerización en estado sólido, las granzas amorfas, que previamente se han cristalizado en un silo cristalizador, son sometidas nuevamente a temperatura, vacío y tiempos de residencia, consiguiendo aumentar la longitud de las cadenas poliméricas, y por tanto su resistencia mecánica. En esta última fase se eliminan también compuestos susceptibles de migrar. Se obtiene así un polímero de alta calidad, con la viscosidad adecuada para la fabricación de nuevos envases.”

