Sitúense: una agencia de publicidad, hora de la sesión de “volcado” de ideas. He presenciado algunas y, créanme, es muy divertido. Parece mentira que el origen de bellísimos y buenísimos spots haya sido un atolondrado y atropellado vómito de tonterías y absurdeces… Y entre tanta gansada, ahí está: una idea brillante. Me viene a la cabeza el de los 1.440 minutos; genial. Hasta ahora, se trataba de sentarse a la mesa sin complejos, para decir cualquier cosa, y con la mente abierta para escuchar otro tanto de tus compañeros, jefes o subordinados. Sorprender era la clave. Pero hoy la cosa es mucho más fácil. Los creativos deben concentrarse en suscitar la ira de colectivos y asociaciones de toda índole.
Funciona más o menos así: primero confeccionan una lista de los valores políticamente correctos, después se hacen con un listado de asociaciones anti-x y pro-x, y luego, tratan de idear el modo de irritarles, de sacarles de sus casillas; así, ellas -las asociaciones-, los medios de comunicación y YouTube, harán el resto. Es francamente sencillo. En fin, que el revuelo que se ha organizado estos días con D&G ha sido, seguramente, más buscado que encontrado. Por cierto, particularmente, me encanta esa foto…
La cuestión es que nos hallamos en un período de búsqueda de nuevos modelos narrativos audiovisuales, y de distintos modos de enfocar la mercadotecnia y la publicidad. Ahí van algunos ejemplos de los nuevos derroteros del marketing:
En EE.UU. se distribuyen más de 50.000 millones de huevos al año. Un estudio demostró en su día que el 91% de los compradores de huevos miran la fecha de caducidad; ahí tienen un nuevo soporte publicitario: la cáscara de huevo, se llama egg-vertising o huevo-anuncio. El medio exterior también es un terreno para la exploración y la experimentación, en este sentido las vallas urbanas se han convertido en un recurso muy creativo para las agencias, que juegan con su tamaño, forma o situación. Éste no tiene desperdicio: Kleenex patrocina la sección de consultorio sentimental de una revista para adolescentes en India, con las páginas en cuestión impresas en papel de pañuelo; así, después de leer los problemas de los chavales uno puede secarse las lágrimas… Otro: una marca de limpieza de sanitarios ha estrenado un spot en el que aparece una modelo holandesa tratando de esnifar una raya de coca sobre la taza de un urinario, pero la tecnología de autolimpieza de la marca le agua la fiesta; el anuncio circula por internet. Y hablando de mundos virtuales, es un hecho que el sector automovilístico se ha volcado en internet como medio para llegar a su público objetivo: Pontiac ha abierto concesionario en Second Life, y Jeep se ha aliado con la editorial Marvel Comics para lanzar un cómic interactivo en el que los usuarios proponen sus guiones, con la finalidad de promocionar su modelo Patriot. Más curiosidades: el bookvertising. El libro es el nuevo soporte en el punto de mira de los anunciantes occidentales y una exitosa tendencia en Japón, lo llaman brajacket (sujetador) y se trata de unas sobrecubiertas de papel grueso impresas con vistosos anuncios. Las regalan en las librerías.
Y es que no es ningún secreto que la publicidad en televisión está dejando de ser efectiva (está perdiendo minutos de visionado) y los anunciantes y las agencias indagan sobre las posibilidades de nuevos soportes. Prueba de ello es la eclosión de los medios de comunicación tradicionales en internet. El actual crecimiento publicitario de las webs de los grandes periódicos y televisiones tradicionales es superior al alcanzado por las interneteras puras.
La publicidad está sufriendo una redefinición importantísima, basada en el paso progresivo de modelos de tipo indiscriminado, masivo y no deseado a esquemas mucho más centrados en el marketing de permiso. En este sentido, los videojuegos y, en general, el software de entretenimiento tienen largo recorrido como soporte publicitario -el sector del videojuego factura más que el cine o el DVD-, pues permite una publicidad dinámica, interactiva e integrada de forma no agresiva para el consumidor, en la línea de la tendencia hacia un tipo de publicidad cada vez más segmentada, más contextualizada o acorde a los intereses del usuario, ante la situación de lo que ha venido a llamarse “economía de la atención”, impuesta por el entorno de hiperabundancia de información en el que nos hallamos y que hace de la atención un bien escaso.
El móvil será otro de los soportes rey en un futuro próximo. De hecho, ya es posible ver en las calles de Madrid, Barcelona o Valencia, marquesinas y lonas que avisan al transeúnte de que active su bluetooth para recibir información sobre un anuncio determinado o descargarse gratis el vídeo o la sintonía de dicho spot de televisión.
Mucho nos queda por ver en materia publicitaria. En cualquier caso, entre tanto escándalo y susceptibilidad, es un gusto ver los anuncios de electrodomésticos, con el hogar, moderno y confortable, y la familia, proveedora de calidez y equilibrio, como ejes narrativos, y es que ambos elementos son y seguirán siendo, el centro de nuestras vidas. Mónica Daluz / pdf
Editorial. Más magia
Un nuevo año comienza. Es hora de recapitular; de echar una ojeada tecnológica a nuestro alrededor. La televisión ya no es lo que era; la pirámide se invierte y hoy prolifera la creación y difusión audiovisual a partir de proyectos individuales, que llegan a los hogares a través de internet. El cine tampoco es lo mismo y, mucho menos, los videoclubs… El consumo de películas bajadas de la red se multiplica y ello conlleva una creciente necesidad de almacenar datos “pesados”, de televisión y vídeo; así, los discos duros ya van por las 1.000 gigas, o sea un terabyte, gracias a un nuevo sistema de grabación perpendicular, que se comercializará a no más de 400 dólares y en el que cabrán 250 horas de televisión en alta definición. La carrera de la pulgada continúa; los últimos plasmas gigantes presentados para el consumo doméstico son de 103 y 108 pulgadas. El lío del nuevo formato de soporte y reproducción de vídeo está cada vez más enredado.
Con los primeros reproductores de HD-DVD en el mercado desde diciembre y la siguiente entrega, la del Blu-ray, para la primavera, ahora LG lanza un prototipo híbrido y la Warner anuncia que producirá sus títulos en ambos formatos, se supone que con el objetivo de ponérselo fácil al consumidor, aunque, para muchos, esta acción viene a añadir más confusión al mercado. Y, hablando de confusión; me pregunto si el consumidor que adquiere un televisor con sello HD Ready o Full HD sabe que, dado que emisiones en alta definición, prácticamente no hay, si no compra un reproductor de rayo azul (duplicadores de resolución aparte), no verá la imagen en alta definición; es más, ¿lo sabían aquellos que hicieron su adquisición HD Ready dos años atrás…? Y con el nuevo formato de DVD se recrudece el debate sobre la propiedad intelectual (un conocido pirata informático asegura haber construido una herramienta que desencripta el sistema de protección AACS [Advanced Access Content System] en un ordenador con Windows); la presencia de las posibilidades tecnológicas hace necesario replantearse la validez de las actuales leyes sobre la materia.
En entretenimiento, el imperio de los videojuegos mantiene su lugar de privilegio. En informática, pronto diremos adiós, en los portátiles, a los discos duros, que serán sustituidos por unidades de memoria flash. Y otro asunto que nace con el año: el aterrizaje del nuevo sistema operativo de Microsoft, sobre el que nadie se planteará si era o no necesario, simplemente, todos acabaremos pasándonos a Vista; este sistema requiere un potente hardware, por lo que cabe esperar que el nuevo proyecto de Gates traiga consigo un incremento de las ventas de ordenadores. Mientras, estaremos atentos al contraataque de Linux. A todas estas, el mañana nos depara ordenadores cuánticos, que dejarán en la cuneta a todo informático de esta era que no se pase a la lógica cuántica. Seguramente veremos transformarse también el mundo editorial, que se apuntará al carro de la digitalización, como ocurrió con la fotografía y con la música, y el consumidor pedirá en la librería cómo quiere que le impriman el libro: con o sin fotos, tamaño de letra, encuadernación…
En telefonía, ya están aquí la tercera generación, el cuarto operador y un mercado potencial de… todo el planeta. De los 2.400 millones de usuarios de teléfonos móviles, 1.400 están en los países en vías de desarrollo; y es que más de medio mundo carece de infraestructuras y en esos lugares el móvil constituye la única vía de comunicación.
El sector de la telefonía vive momentos de competencia feroz y, sin embargo, las distintas compañías no pugnan en el servicio, que deja mucho que desear; su objetivo es exclusivamente de captación y no de atención al cliente. Pocas cosas hay más irritantes que descolgar el teléfono en tu propia casa y que, alguien, al otro lado, te diga: “¿me dice usted su nombre, por favor?” Pero la próxima vez que me llamen le diré a el/la amable telefonista que no se retire de la línea, que en ese momento me encuentro ocupada; concluiré la tarea en la que tan tranquilamente andaré ocupada antes del inoportuno timbrazo; después le diré que me disculpe unos instantes mientras atiendo una llamada urgente en el móvil y, seguidamente, le anunciaré que, definitivamente y sintiéndolo mucho, estoy francamente saturada de trabajo así que “haga el favor de volver a marcar pasados unos minutos“, aunque en mi intención esté mantener una larguísima conversación con mi cuñada.
Si después de comunicar durante los siguientes tres cuartos de hora le quedan ganas de volver a marcar mi número de teléfono, le diré que aguarde mientras paso la llamada al supletorio del despacho donde tengo todo el papeleo y una vez allí, también yo le preguntaré su nombre y todo lo que considere necesario saber para entablar una conversación con alguien que ha irrumpido en mi casa sin conocerme de nada y sin siquiera saber cómo me llamo. Espero que me deje con la palabra en la boca, cuelgue de una vez y no vuelva a importunarme. No puede fallar.
Mientras, los responsables de marketing de esas compañías diseñan ingeniosos spots en los que presumen de servicios impecables. “¿Qué sonidos tienen?” pregunta la niña del anuncio; nada menos que ¡dos! empleados de la compañía se ponen a su disposición y emiten todo tipo de onomatopeyas para la satisfacción de su pequeña clienta…
¿De qué sirven todos esos spots en los que la gente se comunica sin parar y por doquier, con cara de felicidad y en los que siempre aparecen criaturas, embarazadas, amigos bien avenidos, parejas hiperenamoradas, ancianos atractivos, jefes enrolladísimos y empleados satisfechos, si después, no logran hacer perdurar la magia?
Me quedo con el cuento de la expendedora de cola; por lo menos, luego das un trago y sabes con qué te vas a encontrar. Mónica Daluz / pdf
Editorial. El mundo del revés
Me gusta ese spot que nos muestra un mundo del revés. En un estadio abarrotado de espectadores en cueros, salta al terreno de juego un espontáneo ¡vestido! mientras la poli, también en traje de Adán, reduce al impúdico aficionado. Las cobayas miran, mientras los científicos hacen girar la rueda en el interior de la jaula. El pez chico se come al grande, el conejo saca un mago de su chistera y “caperucita” se merienda al lobo feroz. En efecto, las reglas han cambiado, -como reza el eslogan del anuncio-, y conviene adaptarse a ellas.
La banca está lanzando sus hipotecas inversas, que causan furor entre los jubilados -o segmento senior, que queda más cool-, que cada vez son más y se han propuesto pasarlo en grande mientras puedan. Estas, también llamadas, pensiones hipotecarias están generando, a su vez, nuevos modelos de seguros en los que la compañía aseguradora en lugar de pagar por fallecimiento, paga si, tras el plazo establecido, el contratante aún sigue vivo… Curioso. Todavía más inverosímil son las hipotecas sin intereses, que ofrecen la posibilidad al colectivo musulmán de manejar sus finanzas de acuerdo con los preceptos de la ley islámica, que prohíbe los intereses para préstamos y descubiertos. La banca occidental (Inglaterra ofrece ya productos adaptados al credo musulmán), ajustando sus servicios financieros a las exigencias de la sharia, busca hacerse con un suculento mercado potencial.
La construcción también está revolucionada. En la pasada edición de Construmat, un grupo de prestigiosos arquitectos llamaban a la rebelión al consumidor, al que azuzan para que exija una vivienda diferente (y así les ayudemos a recuperar cierto control sobre sus creaciones y no se aburran con edificaciones estandarizadas). Nos dicen que ahora es el momento, porque la demanda se desacelera y el promotor se avendrá a añadir valor al producto. El mensaje: que mientras las familias cambian, el mercado nos ofrece una vivienda básica que se repite hasta la saciedad; que la diversidad social no encuentra reflejo en las viviendas. El objetivo: atraer a la industria a atender esa adecuación. Para ello, sugieren ingeniosas propuestas basadas en la flexibilidad, la modularidad y la perfectibilidad, persiguiendo la desestandarización o personalización del producto ahora que, de lleno en la era posindustrial, la producción a medida tiene costes razonables.
En fin, quien más quien menos se acomoda como puede y con la mayor originalidad posible a las circunstancias aunque, por alguna extraña razón, al comercio minorista le resulta especialmente complicado detectar la dirección de los cambios. El número que aquí les presentamos incluye un amplio reportaje que alerta de la urgencia de esa reconversión en el sector de la distribución.
El proceso de concentración continúa. Sólo en nuestro sector, en pocos meses han nacido dos empresas fruto de uniones de grupos de compra: Prometheus (Idea Electrodomésticos y Master Cadena) y Óptima (Euronics y Sinersis -que en su día surgió de la alianza entre Milar y Densa Tien21-); y en la gran distribución Eroski se ha hecho con Caprabo. Pero no sólo en la concentración se halla el pasaporte para la supervivencia. Las formas de vida cambian y tal vez mañana compremos de manera diferente. En materia de horarios, por ejemplo, los seniors, que son cada vez más, disponen de mayor tiempo para realizar las compras por lo que es de prever las distribuyan a lo largo de la semana; o si se produjera un boom del teletrabajo, la compra no se concentraría entre las seis y las ocho o nueve de la tarde.
¿Qué veremos? Tiendas “para” en lugar de tiendas “de”. Por ejemplo, me imagino una tienda para runners: allí podremos comprar todo tipo de material deportivo especializado, pero también reproductores de mp3, viajes a New York con inscripción al legendario maratón incluida, diarios deportivos, alimentos y complementos dietéticos para mejorar el rendimiento, planes de entreno a medida, pruebas de esfuerzo en el acto, sillones de masaje… Por supuesto el espacio incluirá minigimnasio para que los más pequeños estén entretenidos mientras los adultos degustan una selección de tés verdes y rojos, con propiedades antioxidantes y quemagrasas en un acogedor comedor-saloncito, al tiempo que charlan sobre su tejemaneje con los hidratos de carbono y las proteínas, y su idilio permanente con el electroestimulador. Entretanto, una pantalla gigante emitirá reportajes que narrarán la hazaña de Filípides y otras proezas.
Jóvenes con ataque de marquitis, cuarentones amantes del revival, cinéfilos, ecoactivistas, padres proestimulación temprana… La pregunta que debe usted hacerse es, ¿quién será mi target? La siguiente pregunta: ¿cómo piensa, como vive, en qué cree y qué anhela? Y al fin: ¿cómo voy a lograr una oferta suficientemente idónea, variada, divertida y transversal para que mis potenciales clientes vengan a pasar la tarde a mi tienda? Diseñe pues un parque temático para adultos. Y no tema parecer excéntrico. A más insólito y descabellado, mayor será el éxito. No tema que los demás piensen que ha perdido el juicio, lo que pasa es que las reglas han cambiado y son demasiados los que en este sector aún no se han enterado. Mónica Daluz / pdf
El sector con la moda

Entrevista a Mireia Verdú, Primera Dama de Honor de Miss España 2005
Hoy, la moda inunda el panorama comunicativo del mundo empresarial. Las tendencias estéticas impregnan los estilos de vida y, sin duda, desde los gadgets tecnológicos hasta los grandes electrodomésticos buscan con sus diseños recoger los iconos del momento. Las marcas utilizan la comunicación para transmitir ese halo de glamour que el consumidor de nuestros días desea percibir, de modo que es frecuente que aquellas recurran a la contratación de personajes del papel cuché para la promoción de sus productos. Aquí les presentamos dos ejemplos de empresas que han elegido el mundo de la pasarela para apoyar su comunicación, a través de dos entrevistas que nos ofrecen las dos caras de una misma moneda. Mireia Verdú, imagen de Princess, nos cuenta qué significa para ella representar a una marca, y los responsables de la agencia LB Press, encargados de la comunicación de Braun, nos cuentan cómo va esto de contratar modelos…
…A propósito de la moda
Los tiempos nos arrastran hacia la modernidad mientras nosotros nos resistimos a perder la memoria; pareja de contrarios que da origen a la intemporalidad, a la licencia para casi todo.
En la pasarela, y no sólo en ella, las tendencias respiran libertad y se impregnan de nostalgia al mismo tiempo. Desfilan estéticas y estilos diversos, en una síntesis imprescindible para superar el síndrome del tercer milenio, como clausura del segundo y en respuesta a la necesidad de establecer el legado a la posteridad de lo que ha sido la historia de nuestra especie.
Nunca antes vimos convivir insignias yanquies con casacas a lo ruso, como divertimento. A falta de doctrinas, buenas son modas. No es necesario profesar ninguna creencia política o religiosa, ni pertenecer a ninguna tribu urbana para llevar banderas, pinchos, gorras, o flecos… Piezas de inspiración victoriana; cruces y encajes negros que escenifican ambientes góticos al tiempo que evocan los looks siniestros de los 80; botas de mosquetero; o jirones de ante al estilo troglodita… Y los de mi generación observamos atónitos cómo el cuero y los pinchos desfilan majestuosos y cobran un aire sofisticado sobre siluetas de aspecto angelical. Y es que la moda en que vivimos pone en nuestras manos todas las iconografías y nos permite combinarlas al gusto…
La historia, vista a través de los ojos de los diseñadores, que se recrean en lo vivido, quedará inmortalizada en iconos que la sintetizarán para adaptar la magnitud de los últimos siglos a las limitadas dimensiones de nuestra memoria. Ahora, sólo queda esperar el fin de los remakes. Mónica Daluz / pdf
La vida es juego. De Pac Man a Prince of Persia
72 horas de descanso tras un frenético año de trabajo, me permitieron detenerme a observar… y no sé si será deformación profesional o se tratará de alguna patología esquizoide con manía persecutoria -¡y eso que no le doy a los videojuegos!-, pero el caso es que todo a mi alrededor durante esas tres extrañas jornadas estuvo bañado por lo ciber-virtual, y cuanto vi, toqué y escuché tenía por telón de fondo inacabables secuencias de ceros y unos.
El padre de mi amiga, sesentón ejecutivo para más señas, me explica con excitación que lleva su PSP siempre consigo y a punto para jugar online en plena calle. Aunque, particularmente, creo que piensa que la tecnología va a redimirle de algún modo, a sacudirle usos y costumbres de sus tiempos, y a través de ella reivindica su lugar en una época que también es la suya, en la vana creencia de que su pose de activista tecnológico va a esfumar de un soplo la distancia que le separa de la generación que le sucede. O tal vez sea porque algo le hace pensar que en la sociedad de hoy lo que toca es ser tecnológico, y por lo que sé de él, nunca fue precisamente lo que se dice un revolucionario…
La hija adolescente de mi amiga, que al parecer no tenía suficiente con su flamante “play”, pidió a los Magos, como si tal cosa, una cámara de fotos, un móvil y un reproductor de mp3, lo cual no tendría nada de particular en los tiempos que corren si no fuese porque “la carta” fue idéntica a la del año pasado; y es que los doce meses transcurridos han dejado fuera de juego los gadgets de la Navidad precedente. ¿Cómo iba la chiquilla a apañarse con una capacidad de almacenamiento y un diseño de la colección 2004-2005, hallándose como se halla en el punto álgido de su episodio más severo de “marquitis”, e inmersa como está en la sociedad de la obsolescencia fulminante de bienes? Mónica Daluz / pdf
Vivir en suspensión y otras teorías de ficción
En mi época nos independizábamos con lo puesto. Si teníamos dos duros nos los fundíamos en un concierto, y si eran cuatro en una escapada de fin de semana, pero ni hablar de comprar un sofá; los cojines en el suelo eran perfectos para leer un buen libro o escuchar un unplugged con sonido “caja acústica”…, bebiéndonos la vida.
Y ahora vienen los tecno-teóricos diciendo que estamos entrando en la era de los intangibles e incluso auguran el fin del concepto de propiedad tal como lo conocemos hasta ahora. Que si acumular bienes materiales está “demodé”, que si lo que busca hoy el individuo es satisfacer su “yo” psicológico y alimentarse de ideas, que si un nuevo ser relacional y altruista está naciendo, que si está al caer una transformación radical de la conciencia humana y de nuestra propia esencia… ¡Ah! y, por supuesto, todo ello como consecuencia de la revolución tecnológica.
Pues a mí me parece que el imperio del “yo” está más vivo que nunca y lo que veo es que las nuevas generaciones no son nada sin todos esos productos y bienes materiales que les aferran a un vivir cada vez más cómodo que no deja espacio para la improvisación ni para la aventura. Controlar hasta el último detalle -lo que algunos teóricos llaman el “yo terapéutico”, y que emerge a golpe de sesiones de autoayuda y de todo tipo de literatura al respecto, que va desde el psicoanálisis a lo esotérico- tiene el riesgo de crear vidas descafeinadas y aburridamente asépticas.
Invisible, incorpóreo, impalpable, etéreo, inmaterial, intangible… Dicen que ése es el mundo que viene. Por supuesto, sólo para la quinta parte del planeta, que es la rica y que, encima, va camino de conectarse entre ella de tal modo que se aísle del resto de los mortales o, lo que es lo mismo, que todos los demás queden excluidos.
Si hasta ahora nos preguntábamos por nuestra existencia con cuestiones del tipo “quiénes somos” o “a dónde vamos”, la pregunta del hombre de la posmodernidad será: “¿soy individuo o soy nodo?”. Un asfixiante vivir enmallado nos inmovilizará, aunque nos lo vendan, irónicamente, como la liberación del espacio físico en el imperio de la movilidad.
Resulta fácil dejarse llevar por los augurios, bien mirado, descabellados, de los futurólogos tecnológicos, empeñados en pronosticar una huida hacia arriba…; unos románticos, a fin de cuentas, porque su historia siempre tiene final feliz, y en él todos somos pura inteligencia y pura bondad… Yo les cuento:
Mónica Daluz / pdf
De falacia en falacia ¿Quién es ahora el rey?
¿Quién propone y quién dispone en este mundo de mercadeo sin fin? El poder pende de un equilibrio de fuerzas repartidas que van y vienen, y hoy el consumidor, con su peregrinaje a las grandes cadenas de distribución deposita cada día su voto por un modelo de vida, supuestamente moderno y, sin querer, con su elección sentencia su propia libertad.
Casi nos lo habíamos creído. Nos contaron que el consumidor estaba al mando, que el mercado se movía tras de él; pero eso no es exactamente así.
El poder de negociación de las grandes cadenas de distribución frente a los fabricantes ha aumentado drásticamente y éstas presionan a los más pequeños, que han adoptado, por fuerza, una posición de dependencia.
Ni siquiera los grandes fabricantes se libran de los dictados de la gran distribución, que en más ocasiones de las que quisieran, les “sugieren” qué productos fabricar, cómo fijar sus precios, cómo hacer la promoción de sus productos, cuándo y dónde expedir la mercancía, e incluso cómo reorganizar y mejorar la producción y la gestión.
Veamos algún ejemplo. El sector librero se asfixia por momentos, mientras la gran distribución decide por nosotros qué leer: el 51% de los ejemplares vendidos en 2005 se han comprado en las grandes cadenas de librerías (El Corte Inglés -que acapara el 15% del mercado total-, FNAC…) y en hipermercados y supermercados, destacando Carrefour, cuyo departamento de libros registra crecimientos anuales del 20%.
Miren las agencias de viajes; lo último es que Lidl vende, en Baleares, vales canjeables por billetes de avión de la aerolínea alemana de bajo coste Air Berlín (el pasado marzo la Asociación de Agencias de Viajes de Baleares denunció esta situación ante la Consejería de Turismo de esta comunidad).
El sector agrario ya no sabe qué hacer ante las exigencias de las grandes cadenas. «La gran distribución es hoy hegemónica en la cadena agroalimentaria; es la que marca la pauta y la que impone las condiciones», declaró hace algunos meses el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, en el acto de inauguración del II Congreso de la Federación Andaluza de Empresas Cooperativas Agrarias (Faeca), en Almería.
Y si hablamos del sector textil, que se desmorona por momentos, vemos claramente quién se está beneficiando del abaratamiento de los productos importados, que desde luego no es el consumidor. Mónica Daluz / pdf
Editorial. Y hasta aquí…, puedo leer
Cerramos el año con un número especial dedicado íntegramente a la información sobre producto (que incluye, además, la sección Actualidad), a través de un extenso escaparate a modo de catálogo. Un número con un contenido especialmente visual, en sintonía con los días que vivimos, días a todo color, días bañados por las luces de neón que hoy comparten el paisaje urbano con largas ristras de bombillas al más puro estilo tradicional.
En estas últimas semanas del año, siempre solemnes, más por los nuevos proyectos que nos autoasignamos, indefectiblemente y sin que la experiencia de compromisos incumplidos sirva de escarmiento, que por los que se clausuran con la expiración del año; y siempre excitantes, ya sea por pasar algún día más de vacaciones o por el contagio generalizado de ese nerviosismo que fluye en el ambiente en los momentos de máximo apogeo de delirio consumista; en estas últimas semanas, decía, he oído a los fabricantes decir de todo sobre ustedes, los distribuidores. Les cuento.
Algunos parecen haber tirado la toalla. ¿Derrotistas o realistas? En cualquier caso son aquellos que aseguran que el punto de venta es el eslabón de la cadena en el que más sinergias -y, por ende, oportunidades de negocio- se pierden, y que falta ánimo para explotar las posibilidades que ofrece ese espacio privilegiado en el que se desarrolla la última transacción comercial, la venta al consumidor final. En resumen, y por poner un ejemplo, ¿cómo se pueden vender televisores preparados para la alta definición si no se atiborran los lineales de aparatos emitiendo contenidos en dicho estándar?, ¿cómo prescribir un home cinema si no se brinda en el punto de venta la posibilidad de tener una experiencia auditiva 5.1?
Después están los optimistas, que creen fervientemente en que otro modelo de distribución es posible frente al que parece imponerse en el resto del mundo, y predican, para quien quiera escuchar, que el compromiso debe primar sobre la oportunidad, y no por cuestiones éticas, que también, sino por pragmatismo y como estrategia de garantía de rentabilidad con la que atajar la progresiva tendencia a cero del valor del mercado.
También los hay relativistas. Éstos hacen de la selección natural su bandera y aducen que la distribución que no se adapte completa e inmediatamente al consumidor, entrará, si no lo ha hecho ya, en un coma irreversible.
Pero aún hay otro perfil. Hablar con ellos resulta francamente conmovedor. Son aquellos que, si lo que venden son frigoríficos, te hablan, con los ojos chispeantes y el semblante jubiloso, de la vivencia irrepetible que el usuario experimentará al abrir un magnífico dos puertas, y del momento de inspiración culinaria que le embargará y que dará como resultado platos muy distintos unos de otros según sea la disposición de las bandejas contenedoras de los alimentos, o la incidencia de la luz sobre los mismos, por no hablar del tacto, texturado y cálido, del tirador… Es precioso…, pero ¿se imagina, amigo comerciante, vendiéndole a su cliente, inspiración…?
Entre tanto, ustedes se alían entre sí. Bien hecho. Pero alíense también con quienes son, al fin y al cabo, sus compañeros de viaje, los fabricantes, y no descuiden observar muy pero que muy de cerca al consumidor. Y, por si acaso, vayan formándose, además de en tecnología, en un nuevo terreno por explotar, el emocional…. Ah, y no dejen nunca que se les muera la ilusión. Para unos y para otros, ahí estaremos nosotros, dándoles todos los detalles…
Nuestro próximo número, el primero del año y, como es habitual, conjunto para los dos primeros meses, viene colmado de novedades y sorpresas. Nuevo diseño y nuevas secciones hilarán un producto hecho, como reza nuestro eslogan, con rigor y a su servicio. Tenemos una cita a primeros de febrero. Hasta entonces, en nombre de todo el equipo de En Línea 2000 y en el mío propio, les deseamos que disfruten de unas felices fiestas y unas mejores ventas. Mónica Daluz / pdf
Calor de hogar. Cuestión semántica
Ahora se llama “inteligencia ambiental”. Lo de domótica no suena lo suficientemente emocional para el lenguaje publicitario-comunicativo que gastamos en los tiempos que corren, y no digamos, “automatización”, que es, a fin de cuentas, el origen del concepto.
“Nombres abstractos” y “nombres concretos”. Así clasificábamos en el colegio los sustantivos. Entonces se llevaba ser pragmático; lo abstracto, y hasta lo surrealista, quedaba para bohemios y otros rebeldes. Hoy, sin embargo, nos movemos en el plano de lo retórico y buscamos conmover con la palabra, en un mundo de sensibilidades y susceptibilidades en el que se dice “línea de expresión”, para no decir “arruga…
Los lingüistas y psicólogos, y viceversa, aseguran que las palabras condicionan las ideas, y viceversa. Todos jugamos a disfrazar los conceptos, lo cual requiere un interesante ejercicio de discernir las apariencias de las realidades. El arte del eufemismo, esa “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”, como lo define la Real Academia, se ha convertido en un ingenioso entretenimiento hasta para aquellos que nunca habían entrado en el juego dialéctico. Ustedes ya saben a qué me refiero.
Es época, pues, de descifrar mensajes y adivinar qué intención se esconde tras cada término, porque, aunque cada cosa es lo que es y cada palabra designa un concepto preciso, el contexto y el hablante son, a veces-unas más que otras-, determinantes. Hoy, en el tablero de juego nos toca escudriñar la diferencia entre, por ejemplo, “indefinido” y “permanente”, o entre “voluntad popular” y autodeterminación”. Pero dejemos el asunto, de momento, para los políticos…
No sé si permanente, pero desde luego bastante indefinida e imprecisa fue la conclusión que obtuve tras vivir la historia de encubrimientos y disimulos que les cuento a continuación; una historia de ficción, basada, para colmo de la apariencia, en un hecho real… Me cito en su propia casa, con un experto -al que llamaremos “Z”- en esta nueva disciplina que busca entrar a fuerza de irle renovando el nombre, pero que al final entrará, como todo lo demás, sólo por dictado de los mercados: la domótica. Mónica Daluz / pdf
¡Viva el sentido del humor! Había una vez, un circo

OPINIÓN COMUNICACIÓN Y MOVILIZACIÓN
Casi siempre se da en las grandes ciudades, y eso debería darnos qué pensar. ¿Es la era del absurdo? ¿la de la soledad? o ¿nos hallamos ante un fenómeno incipiente de ciberactivismo? Tal vez es una mezcla de todo ello. Hablamos de las flash mobs (también llamadas smart mobs o inexplicable mobs) o movilizaciones instantáneas: un grupo de personas se da cita vía SMS, correo electrónico, foros, blogs, chats… en un lugar y hora determinados para realizar una breve acción, generalmente desconcertante, y a continuación se dispersa rápidamente.
Imaginen: cientos de personas acuden al mismo tiempo a una importante librería, piden con insistencia un libro que no existe, de repente y todos al unísono, aplauden con fervor y se esfuman; visto y no visto…. Esto es lo que ocurrió en Roma en la primera concentración europea de grupos efímeros con fines lúdicos.
Desde que Bill (seudónimo del convocante de la primera flash mob) citara a 50 personas para “tomar” la novena planta de Macy’s en 2002, estas reuniones fugaces han proliferado en Estados Unidos y en Europa.
La primera tuvo lugar en Nueva York; después vinieron San Francisco, Viena, Berlín, Londres, Roma… Y no tardó en llegar a España. En octubre de 2003 le tocó el turno a nuestro país. Los congregados se situaron en la base del monumento a Colón de la ciudad de Barcelona, con el brazo en alto señalando en la misma dirección que la estatua. Tras pasar un minuto dieron dos vueltas al monumento para, acto seguido, ponerse a gritar “¡qué vienen los indios!” A continuación se dispersaron en silencio. El fracaso fue rotundo. Cuentan que la presencia de los medios rompió el encanto: la gente se “cortó”, y nadie, excepto diez desinhibidos, emitió el disparatado grito de guerra… Mónica Daluz / pdf








