
Entrevistas a Mirko Scaletti, director general de Whirlpool Iberia; Héctor Ruiz-Velázquez, arquitecto Henrik Otto, director de Diseño Global de Electrolux, y Pascua Ortega, interiorista.
LA EMOCIÓN ESTÁ DE MODA. Las empresas modernas e innovadoras buscan incidir en el manto emocional de sus empleados procurando satisfacer las necesidades situadas en la cima de la pirámide de Maslow, en fin, cultivando el “buen rollo”.
Las marcas persiguen la creación de vínculos emocionales con su público objetivo y, para amarrarles, hurgan entre las sutilezas de las disciplinas de la comunicación. Es la cara renovada de la fidelización.
Las nuevas herramientas de la llamada web 2.0, la web democrática, seducen a utópicos y a pragmáticos porque la gran red de conocimiento resultante de la suma de las aportaciones de millones de individuos promete ser menos empírica y racional, y más acorde con la lógica de la percepción subjetiva, con la carga de emoción que ello supone.
Los logros más recientes de la neurociencia se están dando precisamente, en el campo de las emociones y los sentimientos. Hoy existen tecnologías que facilitan la experimentación y, en este sentido, se ha constatado en los mapas neurales la activación de zonas precisas y en intensidades distintas en función de las emociones, demostrando que éstas no sólo preceden a los sentimientos, sino que están en la base del comportamiento humano. Hoy se sabe, por ejemplo, que los índices de creatividad se reducen drásticamente con los sentimientos de tristeza y mal humor.
El ocio es más emocional que nunca, la publicidad se lleva la palma en lograr certeros impactos sobre nuestras fibras sensibles, y las tiendas deberán irse preparando para vender emociones…
Y es que todo lo llevamos al terreno de la experiencia. “Tener experiencias” se ha convertido en signo de los tiempos que vivimos, y bañarnos en ellas nos hace sentir vivos. En fin, queremos sentir. Queremos vivir. Y nuestro hogar, nuestro espacio, se convierte en nuestro pequeño universo de sensaciones. Así que lo ultimísimo en interiorismo, mobiliario y, por supuesto, electrodomésticos, es la adaptabilidad del diseño en el hogar a los estados de ánimo del individuo. Hoy podemos adaptar el ambiente a los estados de ánimo. ¿Y a la inversa? ¿podremos, transformando los ambientes de nuestro espacio vital, lograr la emoción deseada? Mónica Daluz / pdf
