Túnez. El zoco, comercio en estado puro

Túnez. El zoco, comercio en estado puro
LUGARES
DEL MUNDO

No han sido formados en técnicas de venta, ni en marketing, tampoco reciben publicaciones especializadas que les pongan al día de las últimas tendencias sobre el comportamiento del consumidor, ni que decir tiene que no organizan un París-Londres-NY para ojear en qué andan las ciudades de vanguardia, sin embargo, la aplastante lógica de los intercambios, práctica ancestral del ser humano desde tiempos remotos, prima en estos mercadillos.
Un buen día, aquí, en occidente, o mundo desarrollado, o como quieran ustedes llamarlo, el comercio se modernizó y se sofisticó hasta el punto de hacer de sí mismo una magnífica teoría, algo pomposa, solemne diría yo. Tanto rizó el rizo y deseó apartarse de la obviedad que trazó un discurso aparatoso y se alejó del único principio que rige y regirá el mundo del intercambio de bienes entre las personas: el sentido común.
In&out
Fundamental: que el cliente entre en el establecimiento. Lo que nos diferencia del mercader del zoco es que aquí, el vendedor casi siempre permanece dentro de la tienda. En ocasiones, una puerta cerrada y un local poco iluminado hacen incluso dudar de si tal vez aquel establecimiento esté cerrado. En estos mercadillos la mercancía es exhibida y el vendedor sale al encuentro del turista.
Estimulando los sentidos
En el zoco todo es espectáculo, bullicio exótico. Dulces y golosinas, especias, frutos secos, productos aromáticos y ropas de colores vivos y brillantes. Todo es colorido, todo son aromas. Huele a mil esencias y huele, sobre todo, a jazmín. Se puede mirar, oler y tocar. Entre tanto, a cada rato se oye un canto a lo lejos llamando a la oración.
En cualquier lugar 
No hay que dejar escapar una oportunidad. Cualquier momento y cualquier lugar es idóneo para hacer negocio; la necesidad de supervivencia convierte a pequeños y mayores en expertos vendedores. Mónica Daluz / pdf

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Túnez

EL ZOCO, comercio en ESTADO PURO

Textos: Mónica Daluz

No han sido formados en técnicas de venta, ni en marketing, tampoco reciben publicaciones especializadas que les pongan al día de las últimas tendencias sobre el comportamiento del consumidor, ni que decir tiene que no organizan un París-Londres-NY para ojear en qué andan las ciudades de vanguardia, sin embargo, la aplastante lógica de los intercambios, práctica ancestral del ser humano desde tiempos remotos, prima en estos mercadillos.

Un buen día, aquí, en occidente, o mundo desarrollado, o como quieran ustedes llamarlo, el comercio se modernizó y se sofisticó hasta el punto de hacer de sí mismo una magnífica teoría, algo pomposa, solemne diría yo. Tanto rizó el rizo y deseó apartarse de la obviedad que trazó un discurso aparatoso y se alejó del único principio que rige y regirá el mundo del intercambio de bienes entre las personas: el sentido común.

Tras sus pupitres, papel y pluma en mano, aquellos que buscan un lugar en el apasionante universo del mercadeo esperan de los gurús recetas mágicas. Ellos, sabiamente, aconsejan cosas como conocer a fondo tu target, buscar nuevos modos de atracción sensorial, aprovechar el escaparate para hacer entrar al transeúnte en el local, extremar el cuidado en el trato al cliente, conocer el producto a conciencia… Y no hay más secretos. ¿De veras es tan difícil ponerlos en práctica? No debe serlo; sólo hay que dejarse caer por un zoco de alguna medina de una ciudad árabe. Verán, ellos lo hacen así:

In&out

Fundamental: que el cliente entre en el establecimiento. Lo que nos diferencia del mercader del zoco es que aquí, el vendedor casi siempre permanece dentro de la tienda. En ocasiones, una puerta cerrada y un local poco iluminado hacen incluso dudar de si tal vez aquel establecimiento esté cerrado. En estos mercadillos la mercancía es exhibida y el vendedor sale al encuentro de turista. Arriba, mercadillo de Sousse.

Estimulando los sentidos

En el zoco todo es espectáculo, bullicio exótico. Dulces y golosinas, especias, frutos secos, productos aromáticos y ropas de colores vivos y brillantes. Todo es colorido, todo son aromas. Huele a mil esencias y huele, sobre todo, a jazmín. Se puede mirar, oler y tocar. Entre tanto, a cada rato se oye un canto a lo lejos llamando a la oración. Sobre estas líneas instantánea de un puesto en el zoco de la medina de Sousse.

En cualquier lugar

No hay que dejar escapar una oportunidad. Cualquier momento y cualquier lugar es idóneo para hacer negocio; la necesidad de supervivencia convierte a pequeños y mayores en expertos vendedores. En la imagen de arriba, un chaval vendiendo artículos inclasificables en una concurrida calle del casco antiguo de Sousse. Al lado, paisaje desértico a las afueras de la ciudad de Chebika; parece que no hay nadie en kilómetros a la redonda… De pronto, inexplicablemente, surgen de la nada para ofrecer su mercancía…

Del tópico al calor humano

Juegan a adivinar tu procedencia. Casi siempre aciertan. Da igual de qué parte del mundo seas; los mercaderes tienen preparado un refrán o una canción para ti. Ah, y el idioma tampoco importa, recitan o cantan en la lengua que haga falta…

Conocimiento del consumidor, psicología del comportamiento frente al acto de compra, condicionamientos y elementos que intervienen en el momento de la decisión de compra… Seguramente ellos no le han puesto nombre pero también utilizan sus técnicas de marketing. Aprovechan lo que tienen y así, explotan sus propios tópicos: mantienen el regateo, saben que al turista le encanta, y además al final éste acaba comprando más caro que en la tienda “oficial”; apelan a la fibra sensible, aludiendo a las diferencias económicas que nos separan, aunque seguramente sus negocios son de lo más próspero; y buscan la complicidad del cliente europeo cuando al informarle del precio del producto no pierden la ocasión de darle también “el precio para americanos”.

En la imagen, la ineludible instantánea de la tienda de alfombras (Fábrica de alfombras en Kairouan); atracción turística por excelencia. En la antesala una mujer tejiendo, seguramente colocada ahí para cumplir con las expectativas del turista, que quiere llevarse a casa la foto de los niños haciendo un nudito con los nativos para, más tarde, recordar con satisfacción que logró apartar por unos días a sus retoños de los aparatos tecnológicos… En el sótano, el dueño del local hace señas a sus empleados para desenrollar una tras otras sus artesanías. La magia del momento se rompe cuando el tipo habla de precios y suelta: “¡más barato que en la Semana Fantástica del Corte Inglés!”. En fin, es la globalización.

Más allá de la vida

Sólo hay que ver sus cementerios para percatarse de que la muerte en la cultura árabe no es tabú, muy al contrario que en las sociedades occidentales que, en permanente búsqueda de la eterna juventud y obsesionadas por el bienestar y la salud, ejercen la ocultación de la decrepitud y muerte.

En la imagen, vista panorámica de un camposanto en Monastir. El blanco y el azul son los colores del paisaje costero tunecino, que recuerda al de otras poblaciones mediterráneas de Grecia, Croacia, o de la mima costa andaluza.

Religión y tradición

República laica, Túnez se aparta del integrismo y adopta una religiosidad respetuosa que combina tradición y contemporaneidad. Esta familia de la foto acude a la mezquita ataviada con sus mejores galas para celebrar el acto de circuncisión. En el centro de la imagen, el niño engalanado con túnica cruda y gorro rojo, dispuesto a cumplir con la costumbre seguida por todos los muchachos tunecinos de confesión musulmana. Esta instantánea fue tomada en el Mausoleo del Barbero (Sidi Sahbi) en Kairouan.

Amanece en la “puerta del desierto”

El astro rey despunta sobre las arenas blancas. Asistir al nacimiento del día en primera fila es espectáculo sin igual, sobrecogedor por su belleza. Insuperable prodigio paisajístico de la naturaleza. Desierto de Douz.

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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