Menos es más, también en cosmética

Menos es más
COSMÉTICA
Hacia una cosmética de precisión 

Más de dos metros de órgano, el de mayor tamaño, la piel, (barrera frente a virus y bacterias, nos protege de la pérdida de agua y de la radiación, contribuye a regular la temperatura corporal, y su aspecto es termómetro de belleza y juventud), se halla expuesta a factores de nuevo cuño como la contaminación ambiental o las radiaciones de los aparatos electrónicos. La industria ofrece nuevos desarrollos fundamentados en nuevos activos, en los crecientes conocimientos científicos y en nuevas tecnologías y herramientas con las que manejar la información, que hacen posible un despliegue de productos de alto valor añadido. El consumidor, que se sabe longevo, intuye que los efectos a largo plazo cuentan…, y le pide a la ciencia y a la tecnología que maximicen la efectividad al tiempo que pone una línea roja: que todo ello se utilice para obtener un producto, digamos, “de mínimos”, y muy personalizado, de precisión. Mínimos componentes y un principio activo en la cantidad suficiente para actuar sobre el requerimiento en cuestión (en el caso de la cosmética de tratamiento), y si es “natural”, mejor. El comprador traslada sus motivaciones de compra en el ámbito de la alimentación a los productos cosméticos, dos mundos que hoy se dan la mano a través del concepto de “nutricosmética”; la industria está presentando en sus porfolios gamas de producto que combinan tratamientos por las vías tópica y oral. El compromiso medioambiental también se erige en valor al alza entre el consumidor de cosméticos, sin embargo, las acciones del sector sobre los retos medioambientales no parecen ser percibidas con claridad por el consumidor final, quien, por otra parte, no lo tiene nada fácil a la hora de tomar su decisión de compra. Mónica Daluz / pdf

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COSMÉTICA

Hacia una cosmética de precisión

Menos es más, también en cosmética

Mónica Daluz
28/10/2019

Más de dos metros de órgano, el de mayor tamaño, la piel, (barrera frente a virus y bacterias, nos protege de la pérdida de agua y de la radiación, contribuye a regular la temperatura corporal, y su aspecto es termómetro de belleza y juventud), se halla expuesta a factores de nuevo cuño como la contaminación ambiental o las radiaciones de los aparatos electrónicos. La industria ofrece nuevos desarrollos fundamentados en nuevos activos, en los crecientes conocimientos científicos y en nuevas tecnologías y herramientas con las que manejar la información, que hacen posible un despliegue de productos de alto valor añadido. El consumidor, que se sabe longevo, intuye que los efectos a largo plazo cuentan…, y le pide a la ciencia y a la tecnología que maximicen la efectividad al tiempo que pone una línea roja: que todo ello se utilice para obtener un producto, digamos, “de mínimos”, y muy personalizado, de precisión. Mínimos componentes y un principio activo en la cantidad suficiente para actuar sobre el requerimiento en cuestión (en el caso de la cosmética de tratamiento), y si es “natural”, mejor. El comprador traslada sus motivaciones de compra en el ámbito de la alimentación a los productos cosméticos, dos mundos que hoy se dan la mano a través del concepto de “nutricosmética”; la industria está presentando en sus porfolios gamas de producto que combinan tratamientos por las vías tópica y oral. El compromiso medioambiental también se erige en valor al alza entre el consumidor de cosméticos, sin embargo, las acciones del sector sobre los retos medioambientales no parecen ser percibidas con claridad por el consumidor final, quien, por otra parte, no lo tiene nada fácil a la hora de tomar su decisión de compra.

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Si en los últimos años el comprador ha incrementado sus exigencias en cualquier sector de consumo, en el caso de los productos cosméticos lo ha hecho con mayor énfasis si cabe. Consciente de los numerosos avances que se suceden en los ámbitos de la biología molecular, la microbiología o la genética, y receptivo a las continuas informaciones sobre nuevos frentes en la lucha contra enfermedades que hasta hace muy poco giraba en torno a tratamientos encallados, el nuevo consumidor confía en que ese conocimiento se ha trasladado a la industria cosmética, así que espera mucho más del producto

El empoderamiento del consumidor del siglo XXI tiene su base en el conocimiento y en los nuevos valores e intereses que se gestan al abrigo de las nuevas realidades, y que le sitúan siempre un paso por delante del mercado. Nuestro umbral de tolerancia a la inacción política ante el cambio climático baja por momentos, lo cual indica la conciencia sobre, entre otras cuestiones, el impacto de los tóxicos, que a día de hoy están presentes allá donde miremos. Ello hace al comprador permeable a nuevas soluciones que contrarresten dichos efectos nocivos; sabe que ante la reducción de la capa de ozono la piel queda desprotegida de los rayos solares, que ésta está expuesta a la contaminación ambiental, especialmente en las grandes urbes, y que el uso de las nuevas tecnologías nos expone a radiaciones con las que nuestro organismo no había tenido que lidiar. Y aunque naturalmente la célula dispone de mecanismos de reparación y regeneración, la presión del entorno es demasiado alta.

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Todo ello ha dado lugar a la irrupción de nuevas categorías de producto. Así nos lo explica la directora de I+D de Laboratorio Martiderm, Gina Puig: “En los últimos años ha habido un boom en torno a todo lo relacionado con la polución, ya sea polución por contaminación, como polución química. Además, se ha investigado acerca de los efectos nocivos sobre la piel de otras radiaciones del espectro electromagnético, como la radiación infrarroja y la luz visible (HEV o luz azul), que emiten los dispositivos electrónicos principalmente. Como consecuencia han aparecido productos en el mercado que protegen frente a la polución y frente a este tipo de radiaciones. Otro avance muy destacado es el descubrimiento de una microflora en la piel (microbioma) que abre el horizonte a lanzamientos de nuevos activos y productos eficaces en esta diana, formulados con prebióticos y probióticos. También la epigenética es otra disciplina que ha hecho su aparición en el mundo de la cosmética, dotándonos de recursos para mejorar la resiliencia de la piel y frenar su proceso de envejecimiento”.

Salud, belleza y calidad de vida son los objetivos de un consumidor más predispuesto a creer en la efectividad de los nuevos productos, y como es lógico, si más espera, más está dispuesto a pagar. Aunque aún hay consumidores que creen que pueden encontrar lo mismo a la mitad de precio. Como precisa Tamara Martínez, directora del Departamento Médico de Martiderm, “el consumidor debe buscar productos con concentraciones óptimas de activos efectivos que cuenten con estudios de eficacia realizados con el producto final. No todas las marcas incluyen en sus formulaciones las cantidades necesarias para que los activos lleven a cabo las funciones que indican. Los precios de venta excesivamente bajos no permiten que los productos contengan las concentraciones efectivas de los activos, de ahí la importancia de que los resultados de los estudios sean con el producto final”.

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Tecnología y nuevos principios activos

Los avances en disciplinas del espectro génico y biotecnológico están contribuyendo al desarrollo de nuevos productos cosméticos con propiedades mejoradas. Así se pronuncia al respecto Marc Xalabarder, director general de Neftis Laboratorios, desarrollador de productos propios y para terceros: “Los avances tecnológicos han revolucionado el sector, tanto desde el punto de vista de la actividad y acción de los principios activos como de la obtención de éstos; la biotecnología y la genética ya son pilares básicos en nuestro sector. En cuanto a los avances biotecnológicos, para el diseño y la obtención de activos –como el ácido hialurónico, cuya obtención por medios biotecnológicos ha permitido grados de pureza muy superiores que por las vías tradicionales, así como mejorar su eficiencia en la fabricación–; los avances en genética, por la capacidad de los nuevos activos en la reparación de daños en el genoma o por inducir cambios en la cadena de ADN intracelular y la consecuente replicación celular, y los tecnológicos, referido a todas las herramientas de que disponemos para el análisis del estado de la piel, así como para el registro de hábitos de vida saludables”.

Como ejemplos de nuevos principios activos que vienen a añadirse al elenco de componentes con los que trabaja la industria cosmética, cabe citar los péptidos biomiméticos, “moléculas –nos explica Xalabarder– capaces de intervenir en los metabolismos fisiológicos cutáneos de manera análoga a como lo harían los propios péptidos presentes en el cuerpo humano. Estas moléculas son capaces tanto de activar como de anular los resultados de las rutas metabólicas en las que participan”, o la ficocianina y la fotoliasa, “dos enzimas –prosigue nuestro interlocutor– que permiten la reparación del ADN del daño causado por las radiaciones solares. La fotoliasa corrige y repara el ADN mediante la ruptura y reparación de enlaces timina-timina de la doble hélice de ADN, se activa con la luz solar y repara un 50% del daño en el ADN en 30 minutos: 100 veces más rápida que las enzimas corporales. La ficocianina, por su parte, es un potente antioxidante que bloquea las especies reactivas de oxígeno (ROS) y las especies reactivas de nitrógeno (RNS), responsables de activar la cadena inflamatoria”, concluye.

La doctora Susana Puig, jefe de Dermatología del Hospital Clínic de Barcelona, por su parte, también aporta detalles sobre la fotoliasa, que –explica– “en aplicación tópica repara los dímeros de pirimidina (premutación en el DNA producida por la radiación UV); es una enzima muy extendida en el mundo vegetal y animal pero que han perdido los mamíferos”.

Y por lo que a tecnología respecta, se trata de un factor primordial en esta nueva era de cosmética precisa y esencialista, personalizada, casi a medida. Desde Martiderm, Gina Puig argumenta que “las nuevas disciplinas permiten identificar moléculas más activas a través de soporte informático; esto hace posible definir mejor las moléculas diana para un tipo de receptor y de este modo facilitar la selección de los activos más eficaces. La gestión masiva de datos ofrece una información preliminar para identificar los mejores activos para una función determinada. Además, la aparición en el mercado del concepto ‘cosmética personalizada’ obliga al desarrollo de técnicas, incluso de análisis genético, para poder recomendar un tipo u otro de producto cosmético, adaptado totalmente al tipo de piel y a su predisposición a determinadas patologías dermatológicas. Hay algunos activos que se bioencapsulan o se acompañan de otra molécula, con la finalidad de dirigirse más selectivamente a las células diana para ejercer su acción. Un ejemplo sería un producto despigmentante que pueda realizar su acción en la célula diana, que es un melanocito”.

Irrumpiendo con fuerza en el mercado, los proteoglicanos de última generación; filtros solares biológicos que protegen frente a radiaciones UVA, UVB, IR, HEV y Wifi/Bluetooth; probióticos, microorganismos inactivados que estimulan las defensas propias de la piel para reequilibrarla en procesos anómalos como el acné; prebióticos, alimento que favorece el crecimiento de microorganismos beneficiosos en detrimento de los patógenos con el objetivo de reequilibrar el microbioma; auroreciclaje celular, esto es, activos que promueven el reciclaje de nuestras propias células dañadas, de manera que se descompongan y pasen a ser sustrato para formar nuevas estructuras (sostenibilidad celular); activos antipolución y hasta productos basados en la modificación de la expresión del gen (epigenética). Sobre esta cuestión, la responsable de I+D de Martiderm nos aporta más detalles: “Durante el envejecimiento de nuestra piel, las proteínas encargadas de las propiedades autorrenovadoras de la epidermis se ven reprimidas por unas moléculas (miARN145); en Martiderm formulamos productos con un ingrediente que trabaja en la capa basal de la epidermis reprogramando las células y reactivando su potencial de regeneración (por disminución de los miARN145)”. Asimismo, Puig recuerda que “un producto cosmético debe actuar únicamente a nivel de la epidermis. Con las nuevas tecnologías podemos llegar hasta las capas más profundas de la epidermis. Si alcanzamos la dermis o hipodermis, no estaríamos dentro de la categoría de producto cosmético a nivel regulatorio”. Al hilo de esta cuestión, la Dra. Susana Puig reconoce que “la legislación es dudosa dado que si se demuestra actividad habría que considerarlo fármaco. Lo mismo que los fotoprotectores, que son activos, pero no son fármacos”.

En relación a este debate la presidenta de la Sociedad Española de Químicos Cosméticos, Ana Rocamora, argumenta que “la diferencia entre cosméticos y fármacos está en general bien delimitada legalmente por la definición de cosmético, que varía según los países. En la UE, para aquellos productos que, por su acción o composición, pueden parecer un medicamento, el reglamento establece que son las autoridades sanitarias de cada país las que deben decidir. Para ello hay directrices sobre los borderline products, para que tanto empresas como autoridades sanitarias puedan tomar decisiones. En EE UU, por ejemplo, hay un debate en estos momentos sobre este tema, ya que en su legislación la mayoría de cosméticos de tratamiento se consideran medicamentos OTC. Así pues, este es un asunto importante, sobre el que se trabaja mucho a nivel legislativo en todo el mundo, buscando el equilibrio adecuado para proporcionar seguridad al consumidor sin limitar excesivamente la innovación cosmética”, concluye.

Marc Xalabarder, director general de Neftis Laboratorios y Esperança Figuerola, responsable de I+D

Marc Xalabarder, director general de Neftis Laboratorios y Esperança Figuerola, responsable de I+D.

En el ámbito del equipamiento de laboratorio, ¿puede detallar cuáles son los aparatos o maquinaria más utilizados por la industria cosmética en cada proceso y cuáles son las prestaciones más valoradas?

Gina Puig, directora de I+D de Laboratorio Martiderm

“A escala de laboratorio es fundamental disponer de un sistema de agitación helicoidal y un sistema que incluya cizalla. Es importante realizar determinaciones de parámetros fisicoquímicos inicialmente y a lo largo del desarrollo del producto para poder establecer las especificaciones del mismo. Para ello es esencial disponer de pHmetro, densímetro, viscosímetro, microscopio, centrífuga…, y a ser posible un HPLC con el que podamos determinar cuantitativamente el contenido de ciertos activos críticos. Existen equipamientos de laboratorio que permiten predecir la estabilidad de una formulación, tanto en fase de desarrollo como recién fabricada o a lo largo de su vida útil. También es interesante poder disponer de un laboratorio microbiológico en el que realizaremos los controles para asegurar la ausencia de contaminación microbiana tanto a nivel ambiental como de producto. Finalmente concluir que el desarrollo de productos cosméticos incluye un estudio de escalado industrial, por lo que es muy importante disponer de un reactor piloto que nos haga de puente entre la elaboración del producto en el laboratorio (pequeñas cantidades) y la producción de un lote industrial”.

Marc Xalabarder, director general de Neftis Laboratorios

“Son muchos los equipos implicados. En Neftis disponemos de más de 120 equipos implicados en la fabricación de productos. En el proceso de control de calidad utilizamos los aparatos de medición y cuantificación de activo, como HPLC, UV e IR. Los equipos de estabilidad acelerada (lumifuge) permiten agilizar los timings en los desarrollos de productos. Para el proceso, desde balanzas a reactores y emulsionadores de todo tipo, fusoras y turboagitadores forman parte de nuestro día a día en la producción. Para las fases de acondicionamiento primario mencionaría envasadoras de ampollas de cierre por fusión, selladoras de tubos, envasadoras de viales, tarros, etc., lo que nos lleva a la fase final del proceso, que requiere de termoformadoras, encelofanadoras, encajadoras verticales y equipos de revisión óptica para el control de calidad. Para destacar algún equipo que pueda dar un valor añadido importante en la calidad de los productos fabricados podríamos mencionar los equipos de visión artificial, que permiten la detección de posibles partículas o impurezas subvisibles que impiden la liberación de un lote fabricado.

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Cosmética esencial: simple, efectiva y natural

Ante la abrumadora oferta de los lineales resulta difícil para el consumidor reconocer aquellos que incorporan avances científicos probados y efectivos, además, sabemos que la presencia de un activo no garantiza su acción si no es a partir de determinadas concentraciones. Un mensaje en exceso optimista puede perjudicar los efectos reales del producto. A la pregunta de si puede un producto cosmético tener efectos sobre el ADN, Ana Rocamora nos lo aclara: “La respuesta es que sí, puede actuar sobre el ADN: los cosméticos pueden tener activos que influyan sobre el ADN celular. Normalmente no penetran en la célula, sino que actúan mediante comunicación celular, activando mensajeros y receptores en la membrana de la célula. Por lo tanto, lo que no podemos decir es que estos productos modifiquen la estructura celular, ni el ADN de las células, porque no lo hacen. Influyen en los mecanismos de expresión genética, eso sí, como lo hace el propio organismo constantemente, según las necesidades y la relación con nuestro entorno, a través de la piel, entre otros órganos”.

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Pero veamos qué está pidiendo el consumidor. Según Gina Puig “el mercado cosmético apunta hacia un ‘less is more’, es decir formulaciones minimalistas con ingredientes clave y altamente eficaces. Estamos en un momento de transición en el que el consumidor está cambiando sus hábitos de consumo a una cosmética más amigable con la piel (biocompatible) y con el medio ambiente (sostenible). Podemos decir que en estos últimos años ha habido una aparición masiva en el mercado de productos de carácter natural, ecológico, bio, orgánico…, lo natural se percibe como la nueva gran tendencia”.

Productos antipolución, ampollas monodosis en tratamientos faciales diarios, productos basados en activos de origen natural, tratamientos orientados a la cosmética íntima, como los blanqueantes, o los productos de masaje deportivo, son segmentos al alza. Los tratamientos con ácido hialurónico, protectores solares con reparación del ADN y tratamientos antiverrugas, también son líneas a destacar por lo que se refiere a la demanda. Otra de las grandes tendencias es la apuesta de las marcas por la nutricosmética. “La nutricéutica –señala Tamara Martínez –se abre camino en el cuidado cosmético con tratamientos ‘in&out’, es decir, que combinan productos dermoestéticos con complementos orales con acciones sinérgicas para mejorar, potenciar o prolongar los efectos sobre la piel”.

Y en el universo de las sensaciones, del que el sector cosmético es especialista indiscutible, aparecen continuamente nuevos conceptos. En este sentido, Neftis Laboratorios dispone de una línea de neurocosmética. Marc Xalabarder nos explica que se trata de “fórmulas diseñadas para generar nuevas experiencias, sean sensoriales a través de perfumes, colores, texturas…, que afectan a los sentidos del tacto, olfato y vista, o también mediante ingredientes psicoactivos que actúan inhibiendo o aumentando la liberación de neuromediadores cutáneos sin actividad sistémica. Estos activos tienen la capacidad, por vía tópica, de inhibir la liberación de la substancia P (precursora de la reacción inflamatoria) o cortisol, estimulando la liberación de β-endorfinas (relacionada con la vitalidad, luminosidad y regeneración celular). Todo ello contribuye no sólo al bienestar y la sensación subjetiva de placer, sino también a mejorar el funcionamiento celular cutáneo incrementando su capacidad inmunitaria, su energía y su equilibrio”.

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Cosmética y envasado: dos sectores y un destino

En la industria cosmética el envase del producto constituye un elemento primordial, y el tránsito hacia una industria sin plástico, sin duda el reto más ambicioso del sector, supone un hándicap para los laboratorios. Un tránsito enmarcado en un objetivo más amplio, el de reducir la huella ecológica, esfuerzo no siempre percibido por el consumidor final. Desde Neftis Laboratorios Marc Xalabarder nos da su punto de vista: “Buena parte de la maquinaria de proceso de packaging está adaptada al plástico. Cambiar estas máquinas para adaptarlas a otros materiales supone una inversión importante. En la actualidad utilizar envases más respetuosos con el medio, ya sea en su fabricación, uso, reutilización o reciclaje, supone un esfuerzo que normalmente es más costoso que las vías ‘tradicionales’ de la era del plástico. Esto acaba afectando al precio del producto, y el usuario, aun siendo consciente de que menos plástico es mejor, no siempre está dispuesto a pagar más por el mismo producto”.

En el mismo sentido se manifiesta el responsable de Garantía de Calidad de Martiderm, Jordi Cabanas: “Un punto donde se está haciendo hincapié es en priorizar la prevención, producción y consumo sostenible, ecodiseño, aumento de materiales reciclables y la reutilización, siempre que ésta sea posible, pero hace falta una gran comunicación y campañas de publicidad para que los consumidores conozcan los esfuerzos de las marcas en materia de ecodiseño. Si acometemos, por ejemplo, una reducción del grosor del envase, un cambio del diseño o una reducción de los plásticos, se puede interpretar como una reducción de los costes, cuando muchas veces implica todo lo contrario. Otros ejemplos que no son apreciables por el consumidor son el cambio a tintas más sostenibles con el medio ambiente, o eliminar el peliculado de plástico de las cajas. En este camino hacia la reducción del plástico las empresas de cosméticos van de la mano de la industria de los envases; por mucho que se quiera avanzar, siempre estamos a expensas de los envases disponibles en el mercado y de la I+D de estas empresas”.

Entrevista a la Dra. Mª Fernanda Peraza, andróloga y experta en salud sexual de la Unidad del Varón de Dexeus Mujer

Entrevista a la Dra. Mª Fernanda Peraza
“El factor masculino explica en torno al 50% de las causas de infertilidad de pareja”
 

Las investigaciones sobre las causas de infertilidad se han centrado tradicionalmente en la mujer, descuidando el factor masculino y dando así lugar a creencias erróneas, como que la edad del varón no era relevante en su capacidad reproductiva. Hoy se sabe que sí lo es. Entretanto, la calidad seminal parece estar decreciendo según revelan las conclusiones de numerosos estudios. Lo que no está tan claro son las causas que, en cualquier caso, son múltiples, pero todo apunta a que el estilo de vida adoptado por las sociedades occidentales es una de ellas.
De todo ello hemos hablado con la doctora Mª Fernanda Peraza, andróloga de la Unidad del Varón de Dexeus Mujer, quien insta a la industria farmacéutica a “invertir en líneas de investigación que cambien el rumbo de la medicina de reproducción, apostando por el estudio del factor masculino”, y pronostica un papel decisivo en los próximos años, de la medicina de género.
Existen numerosos estudios que alertan sobre un descenso de la calidad seminal y la fertilidad masculina en las últimas décadas; si es así, ¿en qué medida y por qué?
Sí, y parece ser multifactorial, pero aún no se sabe con exactitud cómo de dañinos resultan estos factores. Podríamos citar el retraso en la paternidad; antes se creía que la edad no afectaba al gameto masculino pero el envejecimiento celular disminuye su capacidad fecundante (por muchos mecanismos, la mayoría poco claros aún), altera el plasma seminal y hay descenso de la función testicular multicelular. O la aparición y exposición a disruptores endocrinos: diclorodifeniltricloroetan (DDT), bifenilospoliclorados (PCB), polibromodifeniléteres, ftalatos (BBP, DBP, DEHP), etc. Creo que todavía falta mucho por saber sobre las causas.
¿Qué otras patologías están implicadas en el descenso del potencial de fertilidad masculina?
Las causas son múltiples y multifactoriales: alteraciones del eje hormonal hipotálamohipofisiario-testicular, criptorquidia, alteraciones de la eyaculación por enfermedades neurológicas o diabetes, por ejemplo, fallos testiculares primarios de origen genético cuya causa exacta es muy difícil de diagnosticar.
También la obstrucción de la vía seminal por anomalías congénitas o mutaciones genéticas (ausencia de conductos deferentes por mutación del gen CFTR-fibrosis quística), deleción de alguna microporción del cromosoma ‘Y’ que afecte directamente a la producción de espermatozoides, cromosomatías estructurales…
En fin, son múltiples las patologías que pueden estar asociadas a la infertilidad masculina.
¿Cuáles han sido los cambios en nuestros hábitos que nos han traído hasta aquí ?
El estrés, los sistemas de almacenamiento de la comida inadecuados (plásticos), exposición a tóxicos ambientales, sedentarismo, tabaquismo…
Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

“El factor masculino explica en torno al 50% de las causas de infertilidad de pareja”

Entrevista a Mª Fernanda Peraza, andróloga y experta en salud sexual de la Unidad del Varón de Dexeus Mujer

Mónica Daluz
28/10/2019

Las investigaciones sobre las causas de infertilidad se han centrado tradicionalmente en la mujer, descuidando el factor masculino y dando así lugar a creencias erróneas, como que la edad del varón no era relevante en su capacidad reproductiva. Hoy se sabe que sí lo es. Entretanto, la calidad seminal parece estar decreciendo según revelan las conclusiones de numerosos estudios. Lo que no está tan claro son las causas que, en cualquier caso, son múltiples, pero todo apunta a que el estilo de vida adoptado por las sociedades occidentales es una de ellas. De todo ello hemos hablado con la doctora Mª Fernanda Peraza, andróloga de la Unidad del Varón de Dexeus Mujer, quien insta a la industria farmacéutica a “invertir en líneas de investigación que cambien el rumbo de la medicina de reproducción, apostando por el estudio del factor masculino”, y pronostica un papel decisivo en los próximos años, de la medicina de género.

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Existen numerosos estudios que alertan sobre un descenso de la calidad seminal y la fertilidad masculina en las últimas décadas; si es así, ¿en qué medida y por qué?

Sí, y parece ser multifactorial, pero aún no se sabe con exactitud cómo de dañinos resultan estos factores. Podríamos citar el retraso en la paternidad; antes se creía que la edad no afectaba al gameto masculino pero el envejecimiento celular disminuye su capacidad fecundante (por muchos mecanismos, la mayoría poco claros aún), altera el plasma seminal y hay descenso de la función testicular multicelular. O la aparición y exposición a disruptores endocrinos: diclorodifeniltricloroetan (DDT), bifenilospoliclorados (PCB), polibromodifeniléteres, ftalatos (BBP, DBP, DEHP), etc. Creo que todavía falta mucho por saber sobre las causas.

Análisis de una muestra seminal en el Laboratorio de Andrología de Dexeus Mujer

Análisis de una muestra seminal en el Laboratorio de Andrología de Dexeus Mujer.

¿Qué otras patologías están implicadas en el descenso del potencial de fertilidad masculina?

Las causas son múltiples y multifactoriales: alteraciones del eje hormonal hipotálamohipofisiario-testicular, criptorquidea, alteraciones de la eyaculación por enfermedades neurológicas o diabetes, por ejemplo, fallos testiculares primarios de origen genético cuya causa exacta es muy difícil de diagnosticar. También la obstrucción de la vía seminal por anomalías congénitas o mutaciones genéticas (ausencia de conductos deferentes por mutación del gen CFTR-fibrosis quística), deleción de alguna microporción del cromosoma ‘Y’ que afecte directamente a la producción de espermatozoides, cromosomatías estructurales… En fin, son múltiples las patologías que pueden estar asociadas a la infertilidad masculina.

¿Cuáles han sido los cambios en nuestros hábitos que nos han traído hasta aquí?

El estrés, los sistemas de almacenamiento de la comida inadecuados (plásticos), exposición a tóxicos ambientales, sedentarismo, tabaquismo…

Tanques de nitrógeno líquido almacenan las muestras biológicas criopreservadas

Tanques de nitrógeno líquido almacenan las muestras biológicas criopreservadas.

¿Hasta qué punto esta tendencia se acentuará en años venideros y qué consecuencias demográficas podría tener?¿Puede a largo plazo comprometer la supervivencia de la especie?

Consecuencias demográficas en los próximos 50 años…, creo serán más importantes por la decisión de tener o no descendencia, por un tema de opción personal y social, que por factores biológicos. Creo que antes, la especie se extinguirá por el cambio climático. En cualquier caso, no creo que la especie humana comprometa su supervivencia por un detrimento solo de la calidad espermemática; sería un factor contributivo pero no único.

La diversidad de fuentes de exposición a contaminantes ambientales y la gran variedad de tóxicos con los que estamos en contacto, su efecto acumulativo, incluso transgeneracionalmente, hace difícil la prevención pero, ¿puede dar un decálogo de hábitos que el hombre debería adoptar, y hábitos a descartar para favorecer, o salvaguardar, su capacidad reproductora?

De momento hay estudios que describen la asociación de estos factores con sus consecuencias en fertilidad, sin embargo no existe ningún estudio que asocie con contundencia que el cambio de hábitos mejora el potencial fértil o aumente las tasas de éxito de las TRA (técnicas de reproducción asistida), por ejemplo. Se asume que al mejorar los factores que se han identificado como deletéreos, se espera una mejora del potencial fértil. Así que de forma general serían exactamente los mismos que para mantener la salud global: ejercitarse, alimentación equilibrada, no exponerse a tabaco, drogas, estrés…

Con respecto a los tratamientos farmacológicos dirigidos a la infertilidad masculina, ¿puede explicar cuál ha sido la evolución de este grupo de fármacos en las últimas décadas?

Actualmente contamos con pocas posibilidades terapéuticas farmacológicas, aparte de la posibilidad de tratar con gonadotrofinas o estimuladores indirectos de su liberación, y suplementar con antioxidantes y elementos como selenio, DHA, inositol, etc., cuya oferta en el mercado crece, y encontramos pocos estudios serios para tener resultados que hagan pensar que hay un elemento en particular para escoger, sobre todo porque los estudios están hechos con mezclas de elementos, por lo que la mejora o no de la calidad seminal es poco atribuible a uno en particular. Creo que aquí valdría la pena invertir en buenos diseños de investigación y en moléculas.

Observación de un embrión humano de 5 días, obtenido por fecundación in vitro

Observación de un embrión humano de 5 días, obtenido por fecundación in vitro.

¿Cuáles son los más utilizados en la actualidad y cómo actúan?

Por lo que respecta a los suplementos, hay una variedad creciente en el mercado que intentan mejorar desde la movilidad hasta la producción espermática con estudios deficitarios a nivel científico para poder concluir sobre su efectividad de forma contundente. Sobre todo porque la gran mayoría son mezclas. Vemos mejoras discretas y el fundamento de antioxidación permite indicarlos en ciertos pacientes. Pero el abuso de ellos produce la llamada paradoja de la antioxidación, virando el efecto a lo contrario, y pocos están al tanto de este efecto.

Básicamente son suplementos con selenio, zinc, inositosl, DHA, vitamina C, L carnitina, coenzima Q10… La mayoría tienen efecto antioxidante, otros mejoran el performance de la membrana lipídica del espermatozoide, y otros parecen estar involucrados en mejorar y optimizar la función espermática.

¿Y la nutricéutica?, ¿tienen estos productos base científica?

Tengo poca experiencia en el campo, es decir, investigando el efecto de cada elemento en la función celular y cuantificando la reducción del efecto oxidativo. Tengo cierta experiencia recetándolos como coadyuvante, entiendo que muchos de los suplementos que hay en el mercado para fertilidad masculina tienen sustancias provenientes de alimentos y plantas que funcionan como nutricéuticos. Los estudios, pocos, están bien diseñados, sobre todo aquellos con mezclas; sí hay evidencia científica en el efecto antioxidante, por ejemplo, de la vitamina C.

¿Constituye el ámbito de la infertilidad un mercado al alza para la industria farmacéutica?

Todo nicho vacío de conocimiento y necesitado de esperanza puede ser un gran mercado para cualquier industria –lamentablemente estamos hablando de un tema delicado, emocional y de salud–. Me encantaría poder responderle que el mercado crece con la ambición de conocimiento para solventar un problema, pero todos sabemos cómo se manejan las líneas de investigación… Por lo que a mí respecta creo que la industria farmacéutica podría invertir en líneas de investigación que cambien el rumbo de la medicina de reproducción, apostando por el estudio del factor masculino, que explica entre el 40 y el 50% de las causas de infertilidad de pareja en la actualidad.

¿Qué papel juega el farmacéutico en el campo que nos ocupa?

Depende. Para el farmacéutico que se encuentra en el mostrador, debería limitarse a la receta del médico como marca la norma y si hay alguna duda con respecto a la indicación, consultarla con el tratante antes de dispensar. Si el paciente acude preguntando, dar información genérica sin prescribir, a menos que el paciente vaya directamente preguntando por un producto en especial. El farmacéutico de laboratorio, seguir investigando para tener más datos o generar nuevas fórmulas más efectivas.

¿Es a veces la farmacia el primer paso antes de acudir a una clínica especializada en fertilidad?

Si es así, hay una falta de información tremenda. Sabemos que esto no es lo que debería ser. En fertilidad creo que la farmacia tiene un rango limitado de acción, a menos que sea sede de jornadas informativas impartidas por quienes manejan el tema.

¿Qué opina sobre los kits que se comercializan en farmacias con todo lo necesario para que el cliente pueda realizar, él mismo, un test de fertilidad?

Son incompletos, y la interpretación de una sola medida, conociendo la gran variabilidad intraindividual, podría no ser concluyente. Pienso que sería la “McDonalización” del estudio seminológico.

¿Qué nuevas técnicas de fecundación se están empleando en la actualidad cuya contribución haya supuesto un avance significativo?, por ejemplo, ¿cómo se ha avanzado en las técnicas de selección espermática?

Un avance significativo para el factor masculino severo, que es a lo que me dedico, ha sido la ICSI o inyección intracitoplasmática, donde la fecundación se realiza a través de la microinyección de la cabeza del espermio en ovocito preparado. La determinación de la fragmentación del DNA espermático ha resultado de gran valor para el estudio del factor masculino así como el estudio FISH de los espermatozoides. En cuanto a las técnicas de selección espermática en laboratorio, estas se basan en la motilidad, un parámetro bastante pronóstico de la calidad espermática, sin embrago hay mucho que no sabemos de la capacidad fecundante. Los métodos de selección como el chip Fertile y el MACS suponen una apertura de posibilidades para tratar en laboratorio algunos aspectos de factor masculino.

¿Y en el campo de la predicción?

De momento no se ha desarrollo ningún normograma o herramienta de cálculo para conocer el valor predictivo positivo de algún parámetro en particular y mucho menos sobre las tasas de éxito de las técnicas de reproducción asistida –me refiero al factor masculino–.

¿Cuál está siendo la contribución de la biotecnología en el campo que nos ocupa?

Por ahora, lo único que nos permite la biotecnología es la posibilidad de manipulación genética para ciertas enfermedades que comprometan la descendencia pero aún no existen terapias regenerativas o sustitución celular, o terapias inmunológicas u otras, que incluyan la regeneración de gametos o restituyan su función; evidentemente, hay líneas de investigación pero por el momento no hay nada aplicable en este último aspecto al tratamiento del factor masculino en infertilidad.

¿Se acostumbrará el hombre a acudir al especialista a realizar revisiones periódicas como hace la mujer?, ¿falta pedagogía en este ámbito?

Podría acostumbrarse, es cuestión de educar y habituar. De momento, creo no amerita una revisión anual desde la pubertad –como en el caso femenino, con los cambios anuales y lo relacionado con el periodo menstrual–. Las mujeres se embarazan y los hombres no, por lo que los motivos de consulta por eventos fisiológicos prevalecen en las mujeres.

Sin duda se debe hacer un esfuerzo en la educación para fomentar el desarrollo de masculinidades sanas y crear conciencia sobre la necesidad de revisiones acerca de la salud global y preventiva sin necesidad de llegar a consultar solo en las crisis vitales, pues los hombres están acostumbrados socialmente a esto; de ahí que creo que, en un futuro, la medicina de género tendrá un gran lugar.

Circulan informaciones sobre los efectos negativos del exceso de de­porte sobre la calidad seminal; se cita con frecuencia el ciclismo. También sobre la repercusión, en el mismo sentido, de temperaturas elevadas en la zona testicular, lo que se da, por ejemplo, en un hábito tan extendido entre los jóvenes como usar el ordenador sobre sus piernas… ¿Qué hay de cierto?

En el caso del ciclismo se produce presión sostenida del periné y solo se ha asociado indirectamente, por alteración de la secreción prostática por inflamación, con alteración en la calidad seminal, sin determinarse que haya relación directa con la infertilidad. De ahí que se recomiende el uso del sillín prostático para largas travesías y entrenos continuados. Por otra parte, todo deportista de alto rendimiento tiende a tener tasas de oxidación celular muy elevadas.

La exposición al calor de los ordenadores no está demostrado que afecte; la exposición tendría que ser muy prolongada, diaria, durante muchas horas. Se sabe que el aumento de la temperatura escrotal puede alterar, por muchos mecanismos, la espermatogénesis, pero sería imprudente adjudicar una relación directa con el uso de ordenadores.

Y, para terminar, ¿a partir de cuánto tiempo en busca de un embarazo que no llega debe una pareja sospechar que puede haber algún impedimento fisiológico?

La recomendación sobre cuándo acudir a un centro especializado es de 12 meses si la mujer es menor de 35 años y, para no perder tiempo, de 6 meses si es mayor de 35.

Del neuromarketing a la “neurochorrada”

neuromarketing

Del neuromarketing a la “neurochorrada”
TRIBUNA DE OPINIÓN

El avance de las neurociencias ha hecho que diversos sectores, como la economía o el marketing, busquen desarrollar estrategias y herramientas en base a los hallazgos que se suceden en este campo. Las marcas y los establecimientos tratan de estimular los sentidos del consumidor para provocar reacciones neurológicas, físicas y químicas, con las que inducir en él un determinado comportamiento a la vista de las prometedoras expectativas de las neurociencias, o utilizar estos nuevos conocimientos como argumento de venta. La industria alimentaria ya ha colocado en los lineales “neurobebidas”… Pero lo cierto es que se trata de estudios que solo pueden arrojar parcialidades, evidencias importantes pero pequeñas, porque todavía no sabemos qué ocurre simultáneamente en todo el cerebro ante un estímulo. Lo que sí está claro es que la tecnología es, cada vez más, un sólido apoyo para conocer al consumidor y estudiar su comportamiento, con el fin de segmentar y personalizar con mayor precisión; lo último, los sistemas de detección facial, que además de aportar información demográfica, analizan las expresiones –en busca de emociones– o el itinerario de la mirada del comprador –para determinar qué es relevante para él–. Porque no todo es verdad, pero no todo es mentira. La clave es el rigor. Y por lo que respecta a intervenir a conveniencia en el comportamiento o en las emociones humanas desde la neurociencia, tal vez lleguemos, pero ahora toca una larga estancia preparando lo que ha de ser el campamento base, para que próximas generaciones de científicos inicien, y ojalá completen, esta épica ascensión, en cuya cúspide se halla, nada menos que, el mapa del cerebro. Mónica Daluz / pdf

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OPINIÓN

La mercadotecnia y la comunicación han buscado generar asociaciones mentales y han explorado múltiples estrategias procedentes de la psicología

Del neuromarketing a la “neurochorrada”

Mónica Daluz
28/05/2019

El avance de las neurociencias ha hecho que diversos sectores, como la economía o el marketing, busquen desarrollar estrategias y herramientas en base a los hallazgos que se suceden en este campo. Las marcas y los establecimientos tratan de estimular los sentidos del consumidor para provocar reacciones neurológicas, físicas y químicas, con las que inducir en él un determinado comportamiento a la vista de las prometedoras expectativas de las neurociencias, o utilizar estos nuevos conocimientos como argumento de venta. La industria alimentaria ya ha colocado en los lineales “neurobebidas”… Pero lo cierto es que se trata de estudios que solo pueden arrojar parcialidades, evidencias importantes pero pequeñas, porque todavía no sabemos qué ocurre simultáneamente en todo el cerebro ante un estímulo. Lo que sí está claro es que la tecnología es, cada vez más, un sólido apoyo para conocer al consumidor y estudiar su comportamiento, con el fin de segmentar y personalizar con mayor precisión; lo último, los sistemas de detección facial, que además de aportar información demográfica, analizan las expresiones –en busca de emociones– o el itinerario de la mirada del comprador –para determinar qué es relevante para él–. Porque no todo es verdad, pero no todo es mentira. La clave es el rigor. Y por lo que respecta a intervenir a conveniencia en el comportamiento o en las emociones humanas desde la neurociencia, tal vez lleguemos, pero ahora toca una larga estancia preparando lo que ha de ser el campamento base, para que próximas generaciones de científicos inicien, y ojalá completen, esta épica ascensión, en cuya cúspide se halla, nada menos que, el mapa del cerebro.

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El “living coral”, a caballo entre el fucsia y el rosa palo, y cierto aire retro, ha sido elegido color del año por Pantone, una propuesta anual que marca tendencia desde hace dos décadas. En esta ocasión, la idea es evocar, dicen, los arrecifes de coral y la energía, vitalidad e intimidad que produce el color rosa. “El color penetra en la psique del consumidor y puede convertirse en un estímulo directo para la venta”, leemos en 1.001 trucos publicitarios, del publicista Luc Dupont, y sobre el rosa, Jean-Gabriel Causse, escritor y diseñador, especializado en la influencia que los colores tienen sobre nuestros comportamientos (su libro El día que amaneció sin colores, recopila los principales descubrimientos científicos sobre las influencias del color en nuestra actividad cerebral) afirma que al contemplar este color, el rosa, se activan las mismas zonas del cerebro que cuando se contemplan imágenes de felicidad.

Ninguna marca, por ejemplo, presentaría un fármaco para el tratamiento de un cáncer en una caja de color negro, que está ligado en nuestra cultura a la muerte y al luto. Pero sí es un color valorado en packaging y etiquetaje de productos para la industria cosmética o alimentaria que tratan de evocar elegancia y lujo. Los colores, los olores, los sonidos…, adquieren valor de signo, ocurre así desde que el ser humano desarrolla la destreza del pensamiento simbólico, desde que pasa de una memoria que recuerda a una memoria que anticipa, en definitiva, del mundo real al mundo interpretado (este revestimiento cultural de la realidad fue estudiado por el psicólogo y filósofo estadounidense Mark Baldwin en 1896, bajo la hipótesis de que éste constituía un mecanismo para cambiar el genoma humano, de que el comportamiento sostenido de un grupo puede modelar la evolución de las especies; se le llama efecto Baldwin).

El cantante Antonio Orozco durante el primer concierto de música en directo para embriones organizado por el centro de reproducción asistida Institut...

El cantante Antonio Orozco durante el primer concierto de música en directo para embriones organizado por el centro de reproducción asistida Institut Marquès, de Barcelona. Las vibraciones que produce la música incrementan la tasa de éxito de la fecundación y mejoran el desarrollo embrionario.

La mercadotecnia y la comunicación han buscado generar asociaciones mentales y han explorado múltiples estrategias procedentes de la psicología, con las que acercarse a nuestro subconsciente al objeto de tratar de orientar el comportamiento del consumidor. Para ello se han servido de las teorías de la percepción, fundamentalmente de las leyes de la Gestal, basadas en algunas particularidades de nuestra percepción de la realidad, como que un círculo negro sobre fondo blanco nos parezca más pequeño que otro blanco del mismo tamaño sobre fondo negro. O que tendamos a completar las figuras; de ahí que seamos capaces de reconocer una figura, por ejemplo en un logotipo, dibujada en cuatro trazos. O el famoso experimento sobre el funcionamiento de nuestra atención, en el que se pide a los sujetos voluntarios que cuenten el número de jugadores de uno de los equipos en unas imágenes de un partido de baloncesto; todos contaron correctamente el número de jugadores pero…, no se percataron de que una persona disfrazada de gorila se había estado paseando por el terreno de juego.

Con el producto en la tienda, el packaging y sus colores llamarán nuestra atención (para no ser el “gorila invisible” de la estantería), además de expresar y comunicar, de explicarse a sí mismo en definitiva, pero el consumidor interpreta el producto en función de su contexto, por eso es clave su organización en el lineal teniendo en cuenta los elementos circundantes. La cercanía de un producto que provoca repulsión genera un efecto de contagio a nivel inconsciente; las bolsas de basura, los pañales o la comida para perros figuran entre los productos que, según algunos estudios, causan mayor rechazo. Del mismo modo, el establecimiento juega con las asociaciones en el lineal para incentivar las ventas, por ejemplo colocando junto a los quesos, una góndola de vinos tintos. Y para fijar la marca en nuestra memoria, el punto de venta puede contribuir mejorando la experiencia de compra, ya que se sabe que cuanto mayor es la intensidad del momento que estamos viviendo, mayor es el recuerdo.

El olfato, por su parte, es uno de los sentidos que más huella deja en nuestro subconsciente. Vincular la experiencia de marca o de establecimiento a un olor ha sido una estrategia que se ha convertido en tendencia, y cada vez más compañías crean su odotipo como elemento de reconocimiento. Y, cómo no, la música. Que la música puede modificar nuestro ánimo y despertar nuestras emociones, es una obviedad. Pero la neurociencia quiere saber de qué modo influyen las melodías sobre nuestro cerebro. En la Universidad Autónoma de Berlín ya están estudiando, con técnicas de neuroimagen (escáneres), qué sucede en el cerebro cuando con las melodías provocan diversas emociones, como alegría o tristeza, en los sujetos. En 2015, el centro de reproducción asistida Institut Marquès, de Barcelona, organizó el primer concierto de música en directo para embriones; el centro incorpora música en todas sus incubadoras de embriones. La razón: las conclusiones del estudio “Impact of exposure to music during in Vitro culture on embryo development”, según las cuales, las vibraciones musicales aumentan un 5% la tasa de éxito de la fecundación in vitro y mejoran el desarrollo embrionario. El tenue movimiento que producen las vibraciones, a modo de masaje, estimula los procesos implicados. También se está haciendo con el vino; algunos enólogos afirman que la vibración y frecuencia característica del sonido de la música clásica mejora la calidad del vino especialmente en su proceso de crianza, y más de un bodeguero pone música a sus caldos aunque, en este caso, no existan estudios exhaustivos que demuestren la efectividad de esta técnica.

Una imagen, un olor, una melodía o una textura, evocan en cada individuo sensaciones colectivas...

Una imagen, un olor, una melodía o una textura, evocan en cada individuo sensaciones colectivas, que el mundo del marketing y la publicidad manejan con soltura, pero también sensaciones personales condicionadas por vivencias individuales, por nuestros recuerdos, nuestros sesgos, nuestras certezas, nuestras respuestas automáticas, y ello arroja un dibujo cerebral distinto en cada instante, irrepetible.

Todos ellos, los sentidos, juntos o por separado, nos transportan en el tiempo y en el espacio, nos hacen recordar e imaginar. Los publicistas, con el objeto de suscitar afectos y asociaciones positivas, buscan la evocación, o lo que psicología se llama efecto primado, que se da cuando la forma de procesar un estimulo se ve influida porque un estímulo anterior activa la memoria implícita, que contiene vivencias que producen asociaciones específicas. Olores, música, iconos culturales o storytellings buscan esa activación. Los psicolingüistas explican que una sola palabra puede activar un concepto global, un tesoro para una marca conseguirlo. De ahí la importancia de elegir el nombre de la marca (naming). También es tradición servirse del efecto “halo”; en sociopsicología consiste en un sesgo cognitivo que concluye propiedades desconocidas de una persona, marca o producto, a partir de propiedades conocidas. O el herding (efecto rebaño), por el que la opinión del grupo prima con respecto a la individual. Ser el primero, y en su defecto, crear una categoría de producto o apropiarse de un concepto o palabra son otras de las estrategias empleadas por las marcas para condicionar nuestra percepción, puesto que ésta determina nuestro concepto de realidad. Sin duda, la percepción de un producto es más importante que el producto en sí mismo.

Los investigadores buscan acceder a la imagen del proceso de decisión de compra. El neuromarketing trata de optimizar las estrategias de marketing poniendo su foco en lo que ocurre en el cerebro del consumidor a nivel biofísico. Nuestros procesos mentales se traducen en procesos físicos y bioquímicos que la neurociencia trata de descifrar, centrándose en cómo interactúan razón y emoción en la toma de decisiones. Existe consenso en que las emociones influyen en la forma en que percibimos y evaluamos nuestro entorno y que el cerebro emocional está más implicado que el racional en la toma de decisiones. Parece que solo somos plenamente conscientes de la existencia nuestro cerebro pensante, el neocórtex, mientras que el cerebro emocional y el cerebro reptiliano (que rige los impulsos) son en buena parte inconscientes. El marketing, con el packaging y el etiquetaje, los colores o el contraste, aprovecha esa evaluación automática para lanzar un estímulo primario con el que atraer la atención.

Sector farmacéutico y marketing, compleja pareja

Las lógicas exigencias regulatorias de la industria farmacéutica han venido suponiendo una limitación para el sector en materia de comunicación. Según las bases legales que rigen la información y publicidad de los medicamentos, los laboratorios pueden anunciar libremente al consumidor los productos de venta libre; una de las estrategias que han venido utilizando los laboratorios para ampliar sus posibilidades de comunicación ha sido, precisamente, transformar medicamentos de prescripción en productos OTC. Sin embargo, la publicidad en productos de prescripción solo puede dirigirse a los profesionales de la salud. Hoy el médico ha dejado de ser el target más potente de las acciones de marketing en el sector farmacéutico. La implantación de los genéricos ha llevado a que hoy el médico prescriba la molécula y sea el farmacéutico quien oriente la venta hacia una u otra marca, lo que, además, facilita la venta cruzada, complementando con productos OTC el tratamiento de prescripción.

Los colores, los olores, los sonidos....

Los colores, los olores, los sonidos…, adquieren valor de signo, ocurre así desde que el ser humano desarrolla la destreza del pensamiento simbólico, desde que pasa de una memoria que recuerda a una memoria que anticipa, en definitiva, del mundo real al mundo interpretado.

Con respecto a los genéricos, tradicionalmente, estos han sido vistos con menos confianza por los consumidores que los medicamentos de marca, pero en los últimos años los laboratorios han apostado por trabajar la comunicación corporativa y la reputación e imagen de marca, y como consecuencia, esta visión se está diluyendo.

Los expertos en marketing especializado en el sector sanitario señalan que la farmacia tiene recorrido en la mejora de la experiencia de compra, que complemente y refuerce la indiscutible calidad de servicio, creando ambientes con los que transportar al cliente dónde nos propongamos. El recuerdo de marca se va modificando con la experiencia de compra, que, no olvidemos, puede ser offline. Algunas sugerencias son incorporar servicios adicionales relacionados, por ejemplo, con la salud y la belleza, ofreciendo un servicio de nutrición, con planes personalizados para el sobrepeso, que además nos permite apoyar con productos OTC relacionados, desde infusiones drenantes hasta cremas reafirmantes.

Todavía no ha llegado, pero lo hará. Y es que hoy la segmentación es poder. La cadena australiana Westfield ha instalado carteleras digitales con cámaras ocultas que identifican la edad, el sexo, registran el movimiento de los ojos y la duración de la atención a un determinado estímulo y, lo más novedoso, el estado de ánimo de las personas ante un anuncio a través de sus expresiones faciales. La tecnología de detección facial utilizada en este caso identifica algunos rasgos de la persona pero no su identidad, como sí lo hacen las utilizadas por la policía y por algunos gobiernos, como el chino, que ha instalado este tipo de tecnología en sus calles, escuelas… En sentido contrario, hace unos días el consistorio de San Francisco (EE UU) ha prohibido a la policía la utilización de la tecnología de reconocimiento facial alegando sesgos de raza en su programación.

El instante irrepetible

Para desenvolvernos, los seres humanos contamos con los recursos que nos permiten nuestras conexiones neuronales, forjadas con nuestras experiencias, y serán ellas las que nos conducirán en nuestras conductas y nuestras decisiones. Al nacer, de hecho antes, en el momento en que los sentidos están suficientemente desarrollados para realizar su función, percibir un estímulo, comienza la transmisión de información al cerebro sobre lo que está ocurriendo ahí fuera, y su recepción se convierte en un ir y venir de impulsos eléctricos, en un baile de axones y dendritas uniéndose entre sí; y entre la pirotecnia, si el estímulo es placentero irrumpe, además, un tsunami de endorfinas. A medida que se multiplican las sinapsis, conocimientos empíricos y emocionales, tanto conscientes como inconscientes, positivos y negativos, van nutriendo nuestro entendimiento del mundo y de nosotros mismos, y nos conducen a nuestra particular realidad, una realidad interpretada, una realidad percibida.

El neuromarketing busca conocer cómo el sistema nervioso traduce la enorme cantidad de estímulos a los que está expuesto un individuo, con el objeto de predecir la conducta del consumidor para seleccionar el formato y el desarrollo de la comunicación que éste recuerde mejor. Una imagen, un olor, una melodía o una textura, evocan en cada individuo sensaciones colectivas, que el mundo del marketing y la publicidad manejan con soltura, pero también sensaciones personales condicionadas por vivencias individuales, por nuestros recuerdos, nuestros sesgos, nuestras certezas, nuestras respuestas automáticas, y ello arroja un dibujo cerebral distinto en cada instante, irrepetible.

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Pero esto no impide que la ciencia esté determinada a descifrar esta “piedra rosetta” que permitirá entender el particular idioma de las neuronas y saber qué aspecto tiene bioquímicamente cada proceso mental, también el de las emociones. En cualquier caso, cada instante es único en la foto. Y de ella solo podemos ver algunos píxeles, a veces logramos ver incluso un grupo de píxeles, pero nunca vemos la imagen completa.

Los científicos alertan de que esas parcialidades se diseminan a su vez de modo sesgado, incluso reinterpretado. La neurocientífica Molly Crockett, explicó en una interesante y elocuente conferencia TED cómo unas conclusiones de su experimento que demostraban que reduciendo el componente básico de la serotonina, el aminoácido triptófano, las personas eran más proclives a la venganza cuando eran tratadas injustamente, generó, ante su sorpresa, el siguiente temerario, impreciso e incompleto titular: “Un sándwich de queso es todo lo que necesitas para tomar decisiones”, ¿qué tenía que ver el queso con la investigación?… ¡que el queso contiene triptófano! Una caprichosa extrapolación de datos. Existe mucha información confusa y sobredimensionada sobre los nuevos datos que se obtienen desde esta disciplina. Serotonina, dopamina, endorfinas, adrenalina… el neuromarketing ha popularizado algunos neurotransmisores de los que, por supuesto se tienen amplios conocimientos científicos, pero algunas marcas están ofreciendo productos que supuestamente ejercen determinados efectos sobre nuestro cerebro, como neurobebidas que prometen reducir el estrés sin abalarlo con ningún estudio científico. Los neurotransmisores están implicados en múltiples procesos; está demostrado que niveles altos de oxitocina aumentan la empatía y la cooperación, pero otros estudios, igualmente válidos, demuestran que aumenta la envidia y la presunción. “No hemos encontrado un botón que diga ‘comprar’ en el cerebro, ni podemos decir si alguien miente o está enamorado solo mirando sus encefalogramas, y no podemos convertir pecadores en santos con hormonas”, sentencia Crockett.

Cuando Barack Obama anunció en 2013 que financiaría un ambicioso proyecto llamado Brain (que luego se supo que competía con otros, como el de la Nasa para enviar un hombre a Marte) cogió por sorpresa al equipo de científicos (entre ellos el ideólogo y director del proyecto, el español Rafael Yuste) que acudieron en su momento a la Casa Blanca a presentarle al entonces presidente un proyecto que consistía en llegar a registrar la actividad de todas y cada una de las neuronas de un sistema nervioso en animales. El presidente Obama amplió el proyecto e incluyó a los humanos en su anuncio. El proyecto Brain, financiado por el contribuyente americano y en el que participan instituciones científicas de todo el mundo, prevé registrar la actividad completa del cerebro de un animal en 15 años.

Yuste, neurobiólogo y profesor en la Universidad de Columbia, en Nueva York, la misma que ha arrojado un total de 96 premios nobel, 29 jefes estado, 3 presidentes de Estados Unidos y 26 ganadores de un Oscar, y que, paradójicamente, también fue cuna del Proyecto Manhattan (que daría origen a las primeras armas nucleares), lanzó por primera vez en 2011 entre la comunidad científica la propuesta de mapear el cerebro.

En una de sus múltiples entrevistas para la televisión, hasta en cuatro ocasiones respondió Yuste ante preguntas tan interesantes como ¿qué es el pensamiento?, ¿qué es la conciencia? o ¿qué es la inteligencia?, científicamente hablando, a nivel bioquímico, con un decepcionante pero realista “no lo sabemos”.

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El mayor reto de este proyecto es superar la dificultad que supone entender un órgano que, a diferencia del resto, hace cosas abstractas y que, a día de hoy, no existen herramientas técnicas que permitan entender el idioma en el que las neuronas se comunican. Brain tiene por objetivo desarrollar nuevas técnicas que permitan sentar las bases con las que poder registrar toda la actividad cerebral de circuitos neuronales completos en animales o en pacientes. Hasta la fecha se ha podido medir la actividad de una neurona concreta, pero todo apunta a que hay una actividad conjunta de miles de neuronas, distribuidas de manera dispersa en el cerebro, y para avanzar en esta cartografía es necesario registrar la actividad de todas a la vez.

Así que, sí, podemos producir algunas endorfinas creando ambientes y experiencias, con olores, colores, sonidos, música, sabores, iconos culturales, podemos lograr que un color o una palabra, incluso una entonación y un gesto, o las primeras palabras de un eslogan hagan al consumidor pensar en una marca (para varias generaciones estas dos palabras resultan evocadoras: “…busque, compare…”, les suena ¿verdad?). En cualquier caso los conocimientos que aportan las neurociencias al marketing vienen a complementar las técnicas tradicionales, que siguen vigentes y se sofistican a medida que el sector ahonda en nuestra psique. Porque la mente es todo lo que somos. Aunque la era del cerebro cartografiado nos puede llevar del cerebro que se inventa el mundo (decía Kant que el mundo que vemos fuera lo tenemos dentro en realidad) a un nuevo estado del ser racional que decida cómo quiere ser y qué quiere sentir, como quiere que sea, en definitiva, su realidad, en un paso más de esta mediadora entre el impulso y la acción: la razón.

Para los escépticos (y “teóricos” de las conspiraciones) con respecto al sentido y objetivo de las investigaciones neurocientíficas, encabezadas por el proyecto Brain, una reflexión de Yuste eliminará todas sus reticencias: “Entendernos mejor a nosotros hará que nos tratemos mejor entre nosotros; el conocimiento siempre libera, tendrá lugar un nuevo Renacimiento y seremos, por fin, humanistas.”

Y es que cuanto más aprendemos, más conscientes somos de la inmensidad de lo que nos queda por aprender. La conclusión es matemáticamente obvia… ¡Qué sabio Sócrates! Ya saben…: “Solo sé que no sé nada”.

Pero mientas esperamos la foto completa, como consumidores debemos exigir rigor y transparencia cada vez que nos publiciten un producto asociado a efectos sobre nuestro cerebro y asegurarnos de que lo comunicado esté documentado científicamente. Ejerzamos un acto de compra reivindicativo. La elección es suya; ¿recuerda?, si encuentra algo mejor…: ¡Cómprelo!

Inmunoterapias: la puerta de la esperanza

Inmunoterapias: la puerta de la esperanza
INMUNOTERAPIA 
Crece la aprobación de fármacos inmunoterápicos

Que el sistema inmunitario es el responsable de la supervivencia de nuestra especie seguramente sería mucho decir, pero lo que sí ha demostrado es ser un mecanismo extraordinariamente eficiente para salvaguardar nuestra salud. Las inmunoterapias buscan la modulación del sistema inmune cuando microorganismos o células tumorales, por diversas razones y a través de distintas estrategias, escapan de su control, y a la luz de los resultados que se vienen obteniendo en los últimos años, esta vía supone una revolución en la lucha contra el cáncer.
¿El cambio? El enfoque, que pasa de centrarse en el estudio del tumor a contemplar su entorno más allá del tejido anómalo, y uno de los elementos de ese entorno es el sistema inmune; su estimulación es el objeto de diversas terapias cuyas particularidades ponen sobre el tapete algunas cuestiones técnicas, económicas, éticas –equidad a la hora de acceder a ellas– y legislativas de no poca entidad. A corto plazo, probablemente no será un gran número de pacientes el que se beneficie de estas terapias, muy personalizadas y, por el momento, caras.
En cualquier caso, la envergadura del objeto de estudio; su carácter holístico y multidisciplinar, no en vano el sistema inmune se encuentra en conexión con todo nuestro organismo; la complejidad para determinar sus mecanismos de acción e identificar dianas terapéuticas, para una intervención dirigida, y para el establecimiento de las dosis y de las combinaciones terapéuticas en cada caso, hacen que el éxito de la inmunoterapia dependa de cómo se organice la comunidad científica a escala mundial para poner en común sus investigaciones; en definitiva, de los medios con los que cuente. Porque esta batalla, y muchas otras, se ganará si como sociedad priorizamos el conocimiento en todos los ámbitos: the knowledge, first! Mónica Daluz
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INMUNOTERAPIA

Crece la aprobación de fármacos inmunoterápicos

Inmunoterapias: la puerta de la esperanza

Mónica Daluz
11/03/2019

Que el sistema inmunitario es el responsable de la supervivencia de nuestra especie seguramente sería mucho decir, pero lo que sí ha demostrado es ser un mecanismo extraordinariamente eficiente para salvaguardar nuestra salud. Las inmunoterapias buscan la modulación del sistema inmune cuando microorganismos o células tumorales, por diversas razones y a través de distintas estrategias, escapan de su control, y a la luz de los resultados que se vienen obteniendo en los últimos años, esta vía supone una revolución en la lucha contra el cáncer.

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¿El cambio? El enfoque, que pasa de centrase en el estudio del tumor a contemplar su entorno más allá del tejido anómalo, y uno de los elementos de ese entorno es el sistema inmune; su estimulación es el objeto de diversas terapias cuyas particularidades ponen sobre el tapete algunas cuestiones técnicas, económicas, éticas –equidad a la hora de acceder a ellas– y legislativas de no poca entidad. A corto plazo, probablemente no será un gran número de pacientes el que se beneficie de estas terapias, muy personalizadas y, por el momento, caras.

En cualquier caso, la envergadura del objeto de estudio; su carácter holístico y multidisciplinar, no en vano el sistema inmune se encuentra en conexión con todo nuestro organismo; la complejidad para determinar sus mecanismos de acción e identificar dianas terapéuticas, para una intervención dirigida, y para el establecimiento de las dosis y de las combinaciones terapéuticas en cada caso, hacen que el éxito de la inmunoterapia dependa de cómo se organice la comunidad científica a escala mundial para poner en común sus investigaciones; en definitiva, de los medios con los que cuente. Porque esta batalla, y muchas otras, se ganará si como sociedad priorizamos el conocimiento en todos los ámbitos: the knowledge, first!

Se llama Emily Whitehead. Seguramente el nombre no les suene, pero su impresionante curación de una leucemia linfoblástica aguda a los 6 años después de ser tratada con una terapia génica y celular, entonces experimental, CAR-T (inmunoterapia con células T –un tipo de linfocitos– con receptor de antígeno quimérico –CAR–), abrió las puertas a un nuevo frente en la lucha contra algunas de las enfermedades más mortales de nuestra sociedad. Desde entonces, la comunidad científica ha puesto el foco sobre una línea de investigación que había quedado aparcada durante demasiado tiempo: nuestro, casi perfecto, sistema inmune.

Nuestro sistema inmune es capaz de identificar y eliminar células tumorales y, sin que nos demos cuenta...

Nuestro sistema inmune es capaz de identificar y eliminar células tumorales y, sin que nos demos cuenta, se encarga de neutralizar estas mutaciones celulares evitando la aparición de muchos más tumores; pero algunas han aprendido a escapar. Los medicamentos con anticuerpos monoclonales aprovechan las funciones de sistema inmunitario natural para combatir el tumor.

Los progresos se han sucedido desde entonces. Con el llamado Paciente de Berlín, el primer caso de curación del sida (al cierre de esta edición se acaba de confirmar el segundo caso, en Londres) después de un trasplante de células madre en 2007 y otro en 2008 con motivo de un diagnóstico adicional de leucemia –de la que también se curó–, se constataba la influencia del sistema inmune del donante, de sus linfocitos T, en el control del virus (el donante tenía una mutación genética que confiere resistencia a la infección de VIH). En 2018, una inmunoterapia logra curar un cáncer de mama metastásico, extrayendo linfocitos del tumor, identificando los más activos (pero insuficientes en número), multiplicándolos en el laboratorio y reinfundiéndolos a la paciente, que se curó completamente con sus propias células inmunes. Esto nos da una idea del grado de personalización que requiere este tipo de tratamientos que, por otra parte, no funcionan en todos los pacientes ni en todos los tipos de tumor; y ahí es donde se centran ahora las investigaciones.

Aunque para asomarnos a los orígenes del fundamento de las inmunoterapias tenemos que retroceder más de un siglo, cuando el cirujano y oncólogo neoyorquino William Coley observó que el índice de supervivencia tras la cirugía de un tumor, era mayor cuando se producía una infección, y en 1891experimentó por primera vez inyectando bacterias de erisipela directamente en un tumor, que, en efecto, se redujo.

“Siempre ha habido científicos que han creído en la capacidad del sistema inmune para erradicar el cáncer”, apunta Elena Garralda, directora ejecutiva de la UITM (Unidad de Investigación de Terapia Molecular) e investigadora principal del Grupo de Desarrollo Clínico Precoz de Fármacos del Hospital Vall d’Hebron Instituto de Oncología. En el mismo sentido se expresa Manel Juan, jefe de la Sección de Inmunoterapia del Servicio de Inmunología del Hospital Clínic de Barcelona y responsable de la Plataforma de Inmunoterapia Hospital Sant Joan de Deu-Hospital Clínic: “Evidencias existen desde hace mucho tiempo, más allá de situaciones en las que encontramos tumores que de manera espontanea desparecen, y que alguna vez se ha querido relacionar con creencias, pero el principal factor al que se atribuye este tipo de curaciones es al sistema inmunológico.”

En los últimos tiempos las noticias sobre los avances en el ámbito de la inmunoterapia se suceden a ritmo vertiginoso y aunque los principales logros se han obtenido en oncología, ya que hasta ahora estos tratamientos se han venido utilizando como último recurso en pacientes sin otras opciones terapéuticas, de estos continuos hallazgos pueden beneficiarse “todas las enfermedades mediadas por el sistema inmunitario como las alergias o las enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide”, explica Juan. En la actualidad los cánceres más susceptibles de ser tratados con inmunoterapia son los de piel, pulmón y de la sangre (leucemias y linfomas).

Los ensayos clínicos se cuentan por cientos en todo el mundo, y algunas de estas terapias ya se están utilizando, también en España. El Gobierno ha anunciado recientemente que financiará las dos primeras terapias CAR-T comerciales: el Kymriah, de Novartis, con quien ya ha llegado a un acuerdo económico basado en el pago por resultados, y el Yescarta, de Kite Pharma, ambos aprobados por la EMA el verano pasado, para tratar la leucemia linfoblástica aguda (LLA) en pacientes pediátricos y jóvenes hasta los 25 años, y para el linfoma de linfocitos B en adultos, respectivamente. Paralelamente, el Estado financiará una terapia CAR-T pública para la LLA, que fabricará el Hospital Clínic de Barcelona y que será como las comerciales pero, presumiblemente, más barata.

Sin duda, 2018 ha sido el año de las inmunoterapias, y así se ha reconocido con la concesión del Novel de Medicina a los descubridores de los frenos moleculares PD1 y CTLA-4.

Los tratamientos basados en inmunoterapia constituyen una herramienta adicional a los tratamientos tradicionales, como la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia, pero con muchos menos efectos secundarios, y abren la puerta a hacer realidad la aspiración de convertir los cánceres y otras dolencias hoy mortales, cuando menos, en enfermedades crónicas.

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Arranca la gran batalla

El cometido de nuestro sistema inmune es protegernos frente a patógenos, como los virus, también eliminando o suprimiendo las infecciones virales causantes de tumores o la inflamación, que puede resultar un entorno favorecedor para el desarrollo de tumores. Las células inmunitarias, los linfocitos, circulan por todo nuestro organismo buscando, mediante unos receptores, elementos extraños, como bacterias o virus, y una vez detectados se activan las denominadas células T citotóxicas, linfocitos ‘exterminadores’ del agente invasor. Asimismo, es capaz de identificar y eliminar células tumorales; estas células que han mutado expresan antígenos específicos (unas proteínas) que el sistema inmune reconoce como extraños-malignos, activándose la respuesta inmunitaria. Todo apunta a que a lo largo de nuestra vida y sin que nos demos cuenta, el sistema inmune se encarga de neutralizar estas mutaciones celulares evitando la aparición de muchos más tumores.

Sin embargo, algunos tipos de células cancerígenas tienen estrategias para escapar de las células inmunitarias: son capaces de expresar en su superficie una serie de proteínas (puntos de control) que hacen que los linfocitos queden ‘adormecidos’, frenados en su actividad. Entre estas proteínas ‘adormecedoras’ destaca PD1 (y su ‘oponente’ PDL1), y se hallan en las células T inmunitarias para regular la intensidad de su acción, de modo que no ataquen células sanas o células tumorales que expresan PDL1.Existen otras moléculas ‘adormecedoras’ que reducen la respuesta inmunitaria, entre las que destaca la denominada CTLA4. Los tratamientos que consiguen despertar estas células para que ataquen las células cancerosas son los anticuerpos monoclonales, que se unen a estas proteínas y desactivan ese ‘freno’. Así, los medicamentos con anticuerpos monoclonales aprovechan las funciones del sistema inmunitario natural para combatir el cáncer, y pueden utilizarse en combinación con otros tratamientos oncológicos y también con otras inmunoterapias; de hecho, se ha constatado que es precisamente con la combinación de tratamientos inmunoterápicos cuando se obtienen mayores éxitos. Algunos de los anticuerpos monoclonales inhibidores de puntos de control inmunológico son el ipilimumab, para la diana terapéutica CTLA4, el pembrolizumab y el nivolumab para la diana terapéutica PD1, y atezolizumab, avelumab o durvalumab para la PD-L1.

Otro inmunotratamiento es la terapia celular adoptiva; y de entre ellas destaca la terapia de células T con CAR, que se basa en extraer linfocitos T de la sangre, activarlos y modificarlos genéticamente para que expresen el receptor CAR –mediante manipulación o ingeniería genética se les ha conferido la capacidad de reconocer y destruir las células tumorales–, expandir estas células en el laboratorio y volver a transfundirlas al paciente.

La terapia con virus oncolíticos –viroterapia–, por su parte, utiliza virus modificados genéticamente para que infecten sólo las células cancerígenas; una vez inyectados directamente en el tumor, estos destruyen las células tumorales provocando la liberación de antígenos tumorales que ayudan al sistema inmune a reconocer estas células, donde quiera que se encuentren, y entrar en acción.

En el capítulo de las vacunas terapéuticas, mediante biotecnología se identifican antígenos específicos de cada tumor para que, una vez producidos –in vivo o ex vivo–, causen una respuesta inmunitaria al antígeno en cuestión, que destruya las células cancerosas o bien detenga o retrase su crecimiento. Y es que una circunstancia a tener en cuenta en inmunoterapia, que no se da con la quimioterapia, es la posibilidad de alcanzar un equilibrio que permita a un paciente convivir con un tumor sin que éste progrese. Así lo explica el doctor Manel Juan: “En inmunoterapia se da lo que vendrían a ser tres fases reales: cuando vemos que hay un tumor y que está creciendo es que el sistema inmunitario no está funcionando, entonces decimos que es un mecanismo de escape –el tumor está creciendo porque se escapa al bloqueo del sistema inmune–, y como contrapartida para ‘curarlo’, lo que buscamos es llegar a la fase de eliminación –que el sistema inmune elimine el tumor–; pero entre el escape y la eliminación hay una situación de equilibrio en la que los tumores pueden no crecer durante mucho tiempo. Lo hemos visto en pacientes que no tenían otra opción y después de tratarse con inmunoterapia, el tumor no ha progresado durante un largo período.”

En la parte inferior de la imagen un linfocito citotóxico que interacciona con una célula tumoral (la de mayor tamaño)

En la parte inferior de la imagen un linfocito citotóxico que interacciona con una célula tumoral (la de mayor tamaño).

¿Por qué ahora?

La investigación en inmunoterapia ha permanecido bloqueada durante muchos años, coincidiendo con el desarrollo de la radioterapia y la quimioterapia, pero ¿qué circunstancias han cambiado para que se haya retomado el sistema inmunológico como objeto de estudio? “Hoy –argumenta la doctora Garralda– se une un conocimiento que ya había sobre que el sistema inmune puede atacar tumores, un mayor conocimiento de la capacidad del tumor de evadir el sistema inmune, que es una de las capacidades que adquiere en su propia deriva y evolución tumoral, y que empiezan a aparecer fármacos que incluso en monoterapia pueden tener una respuesta efectiva muy duradera. Hay pacientes con tumores metastásicos que llevan 10 años libres de enfermedad, y eso son resultados que con otras terapias no veíamos; de ahí que haya un crecimiento espectacular del interés por investigar este tipo de moléculas.”

En opinión de Manel Juan: “Se ha tardado porque, básicamente, había un claro interés en el desarrollo de productos químicos con efecto directo contra el tumor, ya que con las quimioterapias el efecto se centraba en el tumor, y el procedimiento quimioterápico ha dado mucho margen para ello; incluso después del conocimiento de las mutaciones, las investigaciones también se han centrado en inhibidores de funciones concretas de las células mutadas a nivel químico”.

El despegue de estas terapias coincide con el estancamiento de las posibilidades de la quimioterapia, que después de alcanzar un nivel de éxito muy importante, ha visto como en los últimos años, los fármacos que han ido apareciendo no han aportado cambios sustanciales; mientras que la inmunoterapia, con su cambio de concepto, ofrece la posibilidad de tratar también un cáncer, pero, generalmente, con muchos menos efectos secundarios. En este sentido, la valoración de nuestro interlocutor es que “el interés por la producción de moléculas que actúan sobre la biología ha llegado cuando la química ya no daba mucho más de sí. Hoy las farmacéuticas ven que las terapias biológicas aportan nuevas opciones”.

Uno de los factores que ha retrasado el desarrollo de la inmunoterapia fue, en su momento, la irrupción de la quimioterapia, “que ha ido en gran parte en contra de las opciones de inmunoterapia: administrar un tóxico directamente contra el tumor, también suele ser tóxico para el sistema inmunitario”, recuerda Juan. Aunque existen distintas quimioterapias y pautas de tratamiento en función, entre otros factores, de la fase tumoral, el caso es que con quimioterapia se consiguen respuestas rápidas y relevantes (mayoritariamente por encima del 20%), “y eso –prosigue Juan– es más fácil de entender que esperar un reequilibrio de la función del sistema inmunitario, que lleva un cierto tiempo. Aplicar una radiación o una quimioterapia que mate es más claro de entender desde el punto de vista de opción terapéutica. La inmunoterapia no suele ser tan rápida; se necesita un cierto tiempo para que el sistema inmunitario funcione”.

Otra circunstancia que ha contribuido al impulso de estas terapias ha venido de la mano de los fármacos monoclonales, que han cambiado el criterio de evaluación de las respuestas. Así lo explica el doctor Juan: “Con la llegada de estos fármacos la industria ha conseguido cambiar los criterios de evaluación oncológica que se usan en la valoración de las agencias del medicamento; hasta entonces, a menudo ocurría que la inflamación que se produce al atacar con el sistema inmunitario el tumor hace que parezca que éste crezca (pseudoprogresión), y ante esta situación, de manera comprensible, el criterio de quienes no valoran bien el sistema inmunológico hacía descartar esta opción sin dar tiempo a comprobar si funcionaba en el paciente –en realidad, es positivo que haya inflamación porque eso significa que está funcionando–. Ahora se entiende que se necesita más tiempo para ver si después de la inflamación hay una mejora; este hecho ha sido definitivo. En todo caso, habrá que ver cómo se implementa, en qué casos se aplicará antes de una quimioterapia, en quiénes funcionará o no, etc.; especialmente porque, por ahora, las inmunoterapias disponibles son tratamientos de alto coste”. Este objetivo pasa por identificar biomarcadores que ayuden en la predicción de quién responderá a la inmunoterapia, y a ello contribuirán nuevas pruebas como los test genómicos o la biopsia líquida.

También la microbiota de nuestro sistema digestivo puede constituir un indicador de en qué pacientes es más probable que funcione un fármaco de inmunoterapia. Recientes investigaciones demuestran que la respuesta a una inmunoterapia depende de esa población bacteriana. En sentido contrario, aunque complementario, el ámbito de la inmunoterapia (en este caso con objetivo antiinfeccioso) también puede dar respuesta al reto acuciante de combatir la resistencia antibiótica.

Entre las cuestiones que quedan por determinar se encontrarían los posibles efectos adversos de estas nuevas terapias que, aunque suelen ser menores que los que genera la quimioterapia, deberán ser previstos y/o controlados de manera más efectiva.

El Estado financiará las dos primeras terapias CAR-T comerciales y una pública, que fabricará el Hospital Clínic de Barcelona...

El Estado financiará las dos primeras terapias CAR-T comerciales y una pública, que fabricará el Hospital Clínic de Barcelona.

Producción inmunoterápica

¿Es la inmunoterapia un medicamento? Pues aunque existen algunas discrepancias entre la comunidad científica respecto a considerar estas terapias un medicamento, como argumenta Manel Juan, “en el momento en que extraes células y las manipulas, incluso con las células del propio paciente –que es distinto a utilizar un producto externo–, eso ya es un fármaco. La normativa, tanto en EE.UU. como en Europa, así lo determina y ello conlleva los mismos criterios de calidad y de control que un producto farmacéutico; podía haber sido considerado trasplante, que tiene otra regulación, pero no se ha conseguido que esto fuera así.”

A este respecto cabe mencionar dos niveles de tratamiento inmunoterápico. Por una parte, se encuentran “los productos provenientes y producidos fuera del individuo al cien por cien –detalla el doctor–; al paciente se le introduce un producto externo, por ejemplo, anticuerpos monoclonales como el citado anti-PDL1, que trata de regular el sistema inmune. Por otro lado, tenemos aquellos tratamientos en los que manipulas sus propias células (aunque lo hagas fuera del individuo), ya sea para generar respuesta (por ejemplo, con las vacunas terapéuticas con células dendríticas), o bien cogiendo los linfocitos antitumorales y manipulándolos para que puedan eliminar el tumor”. En este sentido, Manel Juan propone una reflexión sobre la ‘materia prima’ de estas terapias, que sugiere un cambio de concepto: “Pensemos que el paciente también le da algo a la industria ya que ésta se beneficia de un producto que no es propiamente suyo, puesto que proviene del mismo paciente y la industria ‘solo’ modifica ‘lo que se le presta’.”

Nuestro interlocutor considera que el hecho de que las inmunoterapias estén estructuradas como fármaco (hace más de 10 años que tienen esta consideración) constituye un condicionante para su aplicación masiva a corto plazo ya que “los fármacos –apunta– necesitan, para ser aprobados, unos niveles de inversión muy altos; si cambiara la normativa y se consiguiese que fuesen equivalentes al trasplante, se facilitaría su introducción. Que sean fármacos hace que necesites muchísima inversión económica, se requieren ensayos clínicos de alto nivel de inversión que, prácticamente, solo pueden realizar las grandes industrias farmacéuticas”.

Los descubrimientos no cesan. La EMA aprobó el año pasado 84 medicamentos, de los que la mitad son nuevas moléculas y entre los nuevos fármacos se incluyen tres nuevas terapias génicas y celulares, dos de ellas basadas en las CAR-T.

La pregunta ahora es cuándo la población podrá beneficiarse masivamente de estos nuevos hallazgos. En opinión de Manel Juan “con respecto a los altos costes de estas terapias, su implantación depende de cómo se estructure, pero, rotundamente, sí es posible llegar a masificar las inmunoterapias; hay capacidad para poder hacerlo”.

Entrevista a Pepe Torquemada, CEO de Lacía Branding & Packaging

Pepe Torquemada Lacía Branding & Packaging
“Las grandes ideas suelen ser sencillas”

El responsable ejecutivo de la reputada consultora de marketing Lacía Branding & Packaging nos habla de las particularidades de los sectores farmacéutico y cosmético a la hora de abordar sus necesidades en envases y en imagen de marca, y de cómo la especificidad de estos sectores llevó al nacimiento, hace cuatro años, de Lacía Health, una división creada para cubrir estos mercados que, como veremos, están plagados de oportunidades, moviéndose en un entorno en el que ya no cabe la menor duda: “los consumidores son los jefes; ellos mandan”.
¿Cuáles son los cambios fundamentales que han experimentado los sectores farmacéutico y cosmético en materia de envases y branding en la última década? Y, ¿dónde estamos ahora?
Todos los sectores han evolucionado en los últimos 10 años y el sector farmacéutico y cosmético no ha sido ajeno a la transformación, la crisis, post crisis, cambios regulatorios, tendencias…. Hay que distinguir tres mundos o territorios en esta pregunta, que transcurren por caminos diferentes.
Comencemos con el ámbito farmacéutico del medicamento.
El medicamento está sometido a una estricta regulación por parte de la Agencia Europea del Medicamento (EMEA) y la Agencia Española del Medicamento, en este entorno prima, ahora y siempre, la seguridad, y cualquier tendencia o cambio se supedita a mejorarla. También la comodidad para el paciente y la sostenibilidad en el uso de materiales, tintas, etc., son aspectos demandados por todos los actores.
El packaging farmacéutico exige competencias y habilidades específicas ajenas a las tradicionales agencias de branding, orientadas a productos de gran consumo, como el conocimiento y cumplimiento de la normativa, la digitalización de procesos o la alta carga de trabajo en la creación y gestión de artworks. Esta es la razón por la que hace 4 años creamos Lacía Health, un proyecto 100% dirigido a satisfacer las necesidades del sector.
Mónica Daluz / pdf

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ENTREVISTA

“Las grandes ideas suelen ser sencillas”

Entrevista a Pepe Torquemada, CEO de Lacía Branding & Packaging

Mónica Daluz
03/05/2019

El responsable ejecutivo de la reputada consultora de marketing Lacía Brandig & Packaging nos habla de las particularidades de los sectores farmacéutico y cosmético a la hora de abordar sus necesidades en envases y en imagen de marca, y de cómo la especificidad de estos sectores llevó al nacimiento, hace cuatro años, de Lacía Health, una división creada para cubrir estos mercados que, como veremos, están plagados de oportunidades, moviéndose en un entorno en el que ya no cabe la menor duda: “los consumidores son los jefes; ellos mandan”.

Pepe Torquemada, CEO de Lacía Branding & Packaging

Pepe Torquemada, CEO de Lacía Branding & Packaging.

¿Cuáles son los cambios fundamentales que han experimentado los sectores farmacéutico y cosmético en materia de envases y branding en la última década? Y, ¿dónde estamos ahora?

Todos los sectores han evolucionado en los últimos 10 años y el sector farmacéutico y cosmético no ha sido ajeno a la transformación, la crisis, post crisis, cambios regulatorios, tendencias…. Hay que distinguir tres mundos o territorios en esta pregunta, que transcurren por caminos diferentes.

Comencemos con el ámbito farmacéutico del medicamento.

El medicamento está sometido a una estricta regulación por parte de la Agencia Europea del Medicamento (EMEA) y la Agencia Española del Medicamento, en este entorno prima, ahora y siempre, la seguridad, y cualquier tendencia o cambio se supedita a mejorarla. También la comodidad para el paciente y la sostenibilidad en el uso de materiales, tintas, etc., son aspectos demandados por todos los actores.

El packaging farmacéutico exige competencias y habilidades específicas ajenas a las tradicionales agencias de branding, orientadas a productos de gran consumo, como el conocimiento y cumplimiento de la normativa, la digitalización de procesos o la alta carga de trabajo en la creación y gestión de artworks. Esta es la razón por la que hace 4 años creamos Lacía Healt, un proyecto 100% dirigido a satisfacer las necesidades del sector.

En este momento podemos decir, y así lo confirma Farmaindustria, que el sector del medicamento es el más sofisticado, seguro y digitalizado del mercado; en concreto, España va muy por delante de la mayoría de los países del mundo.

En cuanto a tendencias de diseño, en contra de lo que se pueda pensar, los laboratorios son exigentes y demandan diseño que se adapte a su modelo, un desarrollo de branding que supere las dificultades (normativas, de identificación por dolencias, claridad en la dosificación…) y consiga mejorar la identificación, la singularidad y autenticidad de cada laboratorio y de cada una de sus gamas y medicamentos.

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¿Y en el ámbito del OTC?

En el caso de los productos que no son medicamentos pero que se comercializan en el canal farmacia y/o parafarmacia, su comportamiento se ha ido acercando cada día más a las exigencias del canal FMG. Con las diferencias obvias de diferenciación, los productos OTC han evolucionado mucho y cada marca hace grandes esfuerzos en transmitir sus valores. Como principales tendencias se pueden destacar: el crecimiento del segmento “premium”; la identificación y reconocimiento de los valores de cada marca; la presencia de cada vez más productos con atractivo para el target infantil, y el deporte y la salud como “driver” cada día más marcado.

¿Y qué hay del área de la cosmética?

El segmento cosmético tiene a su vez sus divisiones que, o bien por canal o por tipo de producto, hacen que sean mundos diferentes, y cada uno con sus reglas, necesidades, precios… A grandes rasgos podemos distinguir entre: cosmético canal farmacia; cosmético gran consumo (supermercado e hipermercado), donde también se incluye la marca de distribución o marca blanca, aunque no nos gusta llamarla así porque creemos que es un término muerto; cosmético “selección”, y cosmético “natural/ bio”. Como es lógico cada uno tiene unas necesidades diferentes.

¿Qué factores específicos hay que contemplar a la hora de diseñar el packaging o la imagen para estos sectores?

Independiente del canal al que se dirija y conociendo las limitaciones de cada sector (normativas, de costes, de identidad de marca…) la clave es dirigirse al shopper, quien compra es quien decide, y cada día manda más. Eso las marcas lo saben y trabajan con agencias que no se centren solo en la creatividad, sino que ésta se complemente con estrategia, análisis y conocimiento del mercado.

No es posible hablar de tendencias de forma general porque como explicábamos antes cada necesidad es diferente, cada marca tiene un territorio, el canal afecta muchísimo, de forma que cada caso, cada encargo, cada proyecto es único.

¿Qué peso tiene la legislación en cuanto a características de los envases (materiales, etiquetado, etc.)? ¿Qué imperativos debéis tener en cuenta a la hora de diseñar un envase para estas industrias?

Tiene mucha importancia; la ley del medicamento no solo trata los productos con receta sino todos los mencionados, es complicado si no dispones de un equipo experto pero la suma de los clientes /laboratorios más nuestro equipo resuelve el 100% de las dudas. La seguridad, como decíamos, es el factor clave y a partir de ahí, sostenibilidad, reconocimiento y atractivo adecuado a cada marca es tarea de Lacía.

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¿Cómo afecta al sector del envase y el embalaje la tendencia hacia la personalización, tanto en la industria farmacéutica, con los nuevos avances en biotecnología y medicina personalizada, como en la industria cosmética, por las exigencias del nuevo consumidor?

Si por personalización entendemos que cada envase es diferente y se puede comprobar la trazabilidad de los medicamentos, desde la implementación de la serialización éstos son 100% personalizados, pero esto solo afecta a las administraciones y profesionales, la personalización como la entendemos en Gran Consumo aún no está 100% desarrollada ni en este canal ni en el de gran consumo. Personalización no es dejar un espacio en blanco para que escribas tu nombre, ni hacer ediciones con nombres aleatorios para que encuentres el tuyo; personalización es poder segmentar al máximo para que cada uno tenga un producto diferente, y eso es complejo pero llegará. Lacía trabaja en un proyecto con Hewlett-Packard que ya ha hecho avances muy importantes en impresión digital que muy pronto veremos aplicados a todos los sectores.

¿Han traído los cambios demográficos nuevos nichos de mercado, como el senior, que condicionen el diseño de envases, así como la comunicación del producto?

Los cambios demográficos digamos que, de una forma u otra siempre han estado ahí. Siempre ha habido bebés, niñas y niños, adolescentes…, lo que ha cambiado es el conocimiento de cada segmento por parte de los equipos de marketing. Cada día tenemos más y mejores herramientas para saber lo que cada grupo de edad demanda, en este sentido el segmento senior, respondiendo a tu pregunta, es uno de los más importantes y las marcas y agencias nos esforzamos en llegar a ellos de forma adecuada: facilidad de lectura, identificación instantánea de la información relevante, reconocimiento y atractivo, seguridad de cierre y conservación, facilidad de apertura… Si a ello unimos que las marcas cada día amplían sus gamas y oferta de productos hacia este segmento tenemos un clarísimo eje tractor de presente y futuro, y si añadimos que la pirámide poblacional se invierte cada día más, el futuro es enorme.

¿Y los nuevos hábitos, han propiciado nuevas categorías de producto, como los suplementos dietéticos para deportistas, veganos…?

Por supuesto, nosotros observamos las tendencias de forma permanente y llevamos unos 10 años observando este cambio, siempre sucede igual empieza en países con niveles de renta altos y, dentro de los mismos, suelen arrancar en los grupos de ingresos más altos para luego ir generalizándose hasta llegar a casi todos. Hace 8 años una vegana era una rara, un corredor de maratón un loco, y el precio primaba sobre la proximidad de cultivo y producción; hoy las tendencias van creciendo y llegando a todos, sí es cierto que la velocidad de implantación es mucho más rápida, vemos por ejemplo la tendencia de los superalimentos, que empezó hace unos años y cada día ocupa más espacio en los lineales de los supermercados.

Los consumidores son los jefes, ellos mandan. Hubo un tiempo en el que mandaban las marcas, ellas tenían el poder, llegaron los grandes retailers y se lo apropiaron, las marcas tuvieron que doblegarse y hoy es el consumidor el que manda y quiere que le den lo que busca ¡ya!, no basta con el precio, la calidad o la nutrición saludable, además lo quiere de inmediato y quiere que sea atractivo, no se conforma con cualquier diseño, y eso lo transforma todo.

¿Qué tipos de envase son los más demandados por estas industrias, tanto en envases inmediatos como en externos?

La industria farmacéutica y cosmética está hiperregulada para garantizar la seguridad. El plástico es un elemento que cumple muy bien la barrera protectora, igual que sucede con el aluminio o el vidrio en cuanto a elementos primarios, y hoy es imposible sustituirlos por materiales sostenibles como el papel, derivados de la madera, etc., no es viable. Lo que sí se está haciendo es reciclar y reutilizar con un compromiso riguroso, y en eso la industria farmacéutica merece un 10, es ejemplo de sector comprometido.

En cuanto a materiales para envase secundario la industria farmacéutica siempre ha trabajado por la sostenibilidad, y sigue haciéndolo, es importante recordar que antes había dos elementos claves: poner a disposición de los pacientes los medicamentos en perfectas condiciones de seguridad y al precio adecuado; hoy se ha añadido de forma rotunda la ecología y el impacto medioambiental.

Habla también desde su experiencia como vicepresidente de Packnet…

Efectivamente, tengo el honor de ser vicepresidente de la Plataforma Tecnológica Española de Envase y Embalaje, adscrita al Ministerio de Economía y Empresa, donde estamos haciendo un enorme esfuerzo para ayudar a la industria a conectarse, en materia de intercambio de conocimientos y recursos, en beneficio de la innovación y la sostenibilidad.

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¿Cómo afronta el sector la “guerra al plástico”? ¿Sobre qué alternativas se está investigando?

Lo afronta de forma positiva, el legislador busca un resultado y la industria trabaja para lograr el menor impacto medioambiental. La industria farmacéutica es probablemente la más comprometida y una de las que más medios está dedicando a la búsqueda de nuevos materiales, procesos de reciclado y reutilización.

Al hilo de la pregunta anterior, ¿en qué medida se están aplicando criterios de ecodiseño en estos sectores? y ¿en qué elementos se está interviniendo (reducción de peso, materiales valorizables, cantidad y tipo de tintas, etc.)?

Se aplican siempre que se puede. Como hemos explicado la premisa principal es la seguridad, a partir de ahí entra la sostenibilidad y a continuación el reconocimiento y el atractivo; en cualquier caso, estamos hablando de un sector enormemente responsable.

Farmacia y cosmética son dos de los pocos ámbitos en los que aún se prescribe, ¿qué consejos daría al farmacéutico para mejorar sus ventas? y ¿qué puede hacer el fabricante para colaborar con la farmacia en este objetivo?

Me encantaría tener la respuesta… El canal de farmacias en España es impecable, y tiene unos índices de servicio, seguridad y atención que ningún sector iguala, no me atrevo a decir lo que deben hacer para vender más, pero se me ocurren ideas para seguir mejorando….

¿Alguna pista? Dé a los lectores algunas claves sobre las oportunidades de estos mercados.

Diferenciación: si nos obsesionamos por las tendencias, todos harán lo mismo, cada marca debe defender y proteger su personalidad.

Facilidad/usabilidad: queda mucho por hacer para hacer más cómodos los envases y su uso en el hogar. Las grandes ideas suelen ser sencillas.

Ecodiseño “premium”: en cosmética hay enormes posibilidades de atraer, informar y vender…

Talento y creatividad: Todo es mejorable, nada es inamovible. Tolere el talento.

Constancia: como decía sir David Ogilvy, “reduce tu estrategia a una sola promesa sencilla y llega hasta el final para cumplirla”.

Gestión energética en la industria: cambio de ciclo

gestión energética
EFICIENCIA ENERGÉTICA

Ante el incremento de los precios de la energía, unido a la voluntad de avanzar en un sistema de fabricación y consumo más sostenible medioambientalmente, la industria farmacéutica aborda la gestión de la eficiencia energética incorporando cambios con los que afrontar la transición hacia un modelo enfocado a reducir la energía necesaria para desarrollar, fabricar y envasar sus productos. La apuesta de la industria farmacéutica por las energías renovables y las acciones de ecodiseño, en un contexto en el que el material más utilizado desde mediados del siglo pasado, el plástico, tiene los días contados, suponen los primeros pasos que nos han de conducir de la economía lineal a la economía circular, donde rentabilidad y responsabilidad convergen, al fin.
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a industria está haciendo frente en los últimos tiempos a la escalada de precios de los combustibles y las energías, así como de los derechos de emisión de CO2. Las empresas del sector farmacéutico y cosmético, con un consumo intensivo en energía eléctrica, que supone en la actualidad un 2,6% de la producción, están llevando a cabo un esfuerzo por optimizar su gestión energética con el objetivo de reducir el impacto de las facturas de los combustibles y la energía sobre la competitividad, por su repercusión en los márgenes, buscando la optimización de los costes que no constituyen su núcleo de negocio. Ello pasa por reducir el consumo de los combustibles y energías utilizadas en los procesos productivos, así como la generación de CO2. Las acciones que el sector está acometiendo se centran en el desarrollo y ejecución de planes de gestión energética, la automatización y mejora de procesos en los sistemas de producción, la implantación de Sistemas de Gestión Energética (norma ISO 50001), o la integración de energías renovables en la modalidad de autoconsumo, básicamente a través de instalaciones fotovoltaicas en la cubierta de los edificios. Recientemente la compañía Almirall anunciaba la instalación de paneles solares en su planta de Sant Andreu con los que prevé reducir la dependencia de la red en más de 1.200 megavatios hora al año. Mónica Daluz /
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EFICIENCIA ENERGÉTICA

El sector farmacéutico busca reducir su huella ecológica

Gestión energética en la industria: cambio de ciclo

Mónica Daluz
11/03/2019

Ante el incremento de los precios de la energía, unido a la voluntad de avanzar en un sistema de fabricación y consumo más sostenible medioambientalmente, la industria farmacéutica aborda la gestión de la eficiencia energética incorporando cambios con los que afrontar la transición hacia un modelo enfocado a reducir la energía necesaria para desarrollar, fabricar y envasar sus productos. La apuesta de la industria farmacéutica por las energías renovables y las acciones de ecodiseño, en un contexto en el que el material más utilizado desde mediados del siglo pasado, el plástico, tiene los días contados, suponen los primeros pasos que nos han de conducir de la economía lineal a la economía circular, donde rentabilidad y responsabilidad convergen, al fin.

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La industria está haciendo frente en los últimos tiempos a la escalada de precios de los combustibles y las energías, así como de los derechos de emisión de CO2. Las empresas del sector farmacéutico y cosmético, con un consumo intensivo en energía eléctrica, que supone en la actualidad un 2,6% de la producción, están llevando a cabo un esfuerzo por optimizar su gestión energética con el objetivo de reducir el impacto de las facturas de los combustibles y la energía sobre la competitividad, por su repercusión en los márgenes, buscando la optimización de los costes que no constituyen su núcleo de negocio. Ello pasa por reducir el consumo de los combustibles y energías utilizadas en los procesos productivos, así como la generación de CO2. Las acciones que el sector está acometiendo se centran en el desarrollo y ejecución de planes de gestión energética, la automatización y mejora de procesos en los sistemas de producción, la implantación de Sistemas de Gestión Energética (norma ISO 50001), o la integración de energías renovables en la modalidad de autoconsumo, básicamente a través de instalaciones fotovoltaicas en la cubierta de los edificios. Recientemente la compañía Almirall anunciaba la instalación de paneles solares en su planta de Sant Andreu con los que prevé reducir la dependencia de la red en más de 1.200 megavatios hora al año.

El pasado octubre se convalidó el Real Decreto-Ley que introduce medidas favorecedoras para el sector fotovoltaico. En el documento se reconoce el derecho a consumir energía eléctrica sin cargos y al autoconsumo compartido por parte de uno o varios consumidores, e introduce el principio de simplificación administrativa y técnica, especialmente para las instalaciones de pequeña potencia, siendo posibles dos modalidades de autoconsumo: con o sin excedentes.

Por otra parte, en la andadura hacia la descarbonización, hace unas semanas el Gobierno aprobó un paquete normativo que prevé aumentar la generación eléctrica mediante renovables pasando del 40% actual al 74% en 2030 y al 100% en 2050, meta que permitirá cumplir los compromisos asignados por la UE y rubricados en el Acuerdo de París.

En cualquier caso, nos hallamos inmersos en un proceso de cambio de modelo energético, con la aparición de nuevas tecnologías, nuevos actores y nuevos modelos de negocio. El ciclo energético que se avecina tiende a la descentralización, pasa del fósil a las fuentes renovables y funcionará en digital y conectado. Un entorno que empuja a las empresas a adaptar sus instalaciones a un modelo energético más eficiente.

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Guerra al plástico

La Estrategia Europea de Plásticos, aprobada en enero de 2018, tiene por objetivo conseguir la transición hacia una economía más circular en su producción y consumo; se propone llegar al 100% de envases de plástico reciclables de manera rentable en 2030 y que 10 millones de toneladas de plástico reciclado puedan convertirse en nuevos productos en el mercado de la UE para el año 2025.

Para conseguirlo, el desarrollo de nuevos materiales de envasado se convierte en asunto acuciante. Empresas y centros tecnológicos están volcados en esta cuestión, que se ha revelado indispensable para preservar la salud del planeta y también de las personas. En este sentido, el centro tecnológico de referencia en investigación sobre nuevos materiales para envases, Itene, cuenta con una línea de trabajo para aplicaciones del plástico, dentro del proyecto Sinsost, centrada en polímeros biodegradables, que constituyen una alternativa al uso de polímeros basados en el petróleo; entre ellos, los polihidroxialcanoatos (PHAs) para aplicaciones de envase rígido y el polibutilensuccinato (PBS) para envase flexible, ambos con limitaciones tanto económicas como de prestaciones para su uso a gran escala. Para solventar este hándicap se desarrollará un proceso sintético para la obtención de refuerzos nanoestructurados biodegradables compatibles con matrices biodegradables, en concreto con las matrices de PHAs y PBS, para obtener materiales compuestos para la industria del envase y embalaje alimentario y cosmético.

Este es solo un ejemplo, la investigación no cesa, porque la estrategia europea para el plástico en una economía circular es, sin duda, un camino por el que estamos obligados a transitar.

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Ecodiseñar, innovación rentable

La incorporación de criterios ambientales en el la fase de diseño de envases, con la observación de su ciclo de vida, es uno de los ámbitos en los que la industria farmacéutica está realizando mayores esfuerzos, y ello comprende las materias primas y el procesado de los materiales, el diseño del envase y envasado del medicamento, su transporte y distribución, así como su uso y conservación, y la gestión final del residuo generado.

Los envases de medicamentos han venido reduciendo su impacto sobre nuestro entorno, siendo cada vez más ligeros, menos contaminantes y más fácilmente reciclables. Las iniciativas del sector farmacéutico en pro de la reducción de la huella ecológica de los envases de sus productos se centran, mayoritariamente, en utilizar tintas más ecológicas, aligerar el peso de los frascos, potenciar la composición monomaterial, eliminar elementos superfluos, minimizar los espacios vacíos o reducir la cantidad de material empleado por unidad de producto.

Reducir la huella de carbono también puede potenciar la imagen de marca y constituye una oportunidad para innovar. Ya sea por pérdida de competitividad o por rechazo del consumidor, el caso es que contaminar es una vía muerta, y quien circule en ese tren será actor descatalogado, sin papel, ni siquiera como secundario, en el nuevo escenario.

Industria 4.0: el tren no espera

Industria 4.0: el tren no espera
AUTOMATIZACIÓN
EN LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA
La inteligencia artificial despega, al fin

La cuarta revolución industrial ya ha comenzado, pero las compañías deberán transformar sus modelos de negocio para migrar al universo del bit. Solo desde allí se tiene todo el control. Las nuevas tecnologías como la robótica, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, el big data o la fabricación aditiva son herramientas que marcarán la diferencia entre las empresas que las integren y las que mantengan una gestión tradicional, que perderán progresivamente competitividad.
Fábricas digitales conectadas a la nube, con máquinas y productos inteligentes recolectando datos permanentemente, que logran optimizar los procesos y adaptarse a la demanda en tiempo real, ya son una realidad. Estos equipos, dotados de capacidad para tomar decisiones y para aprender e interconectados entre sí, hacen de la robótica un potente elemento de transformación de la sociedad en los próximos años, con especial atención al desarrollo de la robótica social. Los proyectos de IA para lograr emulaciones tecnológicas del cerebro humano han proliferado en los últimos tiempos con el objeto de potenciar este ámbito, entre otros. El debate sobre las implicaciones que la robotización de la sociedad tendrá sobre la vida de las personas, no ha hecho más que empezar.
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a en los años 50 se hacía soñar a la sociedad con la llegada en un par de décadas, de robots inteligentes que lo harían todo por nosotros, y ese mismo plazo, 20 años, se mantuvo durante las décadas siguientes. Se especuló con el fin del trabajo y la ciencia ficción nos proporcionó escenarios de futuro (casi siempre con consecuencias aterradoras) con los que hacer volar nuestra imaginación. Al parecer, en la actualidad, existe consenso sobre el hecho de que ahora sí viviremos la implantación de la inteligencia artificial a todos los niveles en apenas un puñado de lustros. Países como EE UU y China han lanzado programas estatales de impulso a la inteligencia artificial en una pugna por liderar el sector, posición, hasta el momento, detentada por EE UU.
¿Por qué ahora? Dos hechos, la digitalización y la globalización, marcaron en su momento el nuevo rumbo del mundo, y todos nos hemos ido adaptando a las nuevas reglas del juego. Las últimas décadas de digitalización han mejorado las economías de escala y la internacionalización de las empresas. Las compañías de todos los sectores han incorporado diversos grados de digitalización y entre tanto, los ciudadanos hemos aprendido a utilizar hojas de cálculo, a comprimir archivos, a hacernos una página web, a retocar imágenes, a tener reuniones por videoconferencia y a manejarnos con servidores y configuraciones cuando el término “nativos digitales” no estaba aún acuñado. La siguiente ola de digitalización llegó con la aparición de las grandes empresas tecnológicas, que ha dado lugar a nuevos mercados, a nuevos modelos de negocio y a nuevos enfoques económicos que tienen que ver con renovados valores sociales, como la economía colaborativa o el capitalismo consciente. 
Llegados a este punto, la digitalización empuja, aún más. Ahora toca llevar la revolución digital a la fabricación. La industria española está obligada a afrontar un proceso de transformación digital imprescindible para sumarse a esta cuarta revolución que conecta máquinas, productos e infraestructuras, compartiendo datos e información. Otros ya lo están haciendo. Alemania y Corea son dos de los países con mayor penetración de robotización en sus procesos productivos, y en los que, por otra parte, se observa que el sistema genera empleo de alta cualificación. Mónica Daluz /
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AUTOMATIZACIÓN EN LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA

La inteligencia artificial despega, al fin

Industria 4.0: el tren no espera

Mónica Daluz
28/09/2018

La cuarta revolución industrial ya ha comenzado, pero las compañías deberán transformar sus modelos de negocio para migrar al universo del bit. Solo desde allí se tiene todo el control. Las nuevas tecnologías como la robótica, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, el big data o la fabricación aditiva son herramientas que marcarán la diferencia entre las empresas que las integren y las que mantengan una gestión tradicional, que perderán progresivamente competitividad. Fábricas digitales conectadas a la nube, con máquinas y productos inteligentes recolectando datos permanentemente, que logran optimizar los procesos y adaptarse a la demanda en tiempo real, ya son una realidad. Estos equipos, dotados de capacidad para tomar decisiones y para aprender e interconectados entre sí, hacen de la robótica un potente elemento en la transformación de la sociedad en los próximos años, con especial atención al desarrollo de la robótica social. Los proyectos de IA para lograr emulaciones tecnológicas del cerebro humano han proliferado en los últimos tiempos con el objeto de potenciar este ámbito, entre otros. El debate sobre las implicaciones que la robotización de la sociedad tendrá sobre la vida de las personas, no ha hecho más que empezar.

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Ya en los años 50 se hacía soñar a la sociedad con la llegada en un par de décadas, de robots inteligentes que lo harían todo por nosotros, y ese mismo plazo, 20 años, se mantuvo durante las décadas siguientes. Se especuló con el fin del trabajo y la ciencia ficción nos proporcionó escenarios de futuro (casi siempre con consecuencias aterradoras) con los que hacer volar nuestra imaginación. Al parecer, en la actualidad, existe consenso sobre el hecho de que ahora sí viviremos la implantación de la inteligencia artificial a todos los niveles en apenas un puñado de lustros. Países como EE UU y China han lanzado programas estatales de impulso a la inteligencia artificial en una pugna por liderar el sector, posición, hasta el momento, detentada por EE UU.

¿Por qué ahora? Dos hechos, la digitalización y la globalización, marcaron en su momento el nuevo rumbo del mundo, y todos nos hemos ido adaptando a las nuevas reglas del juego. Las últimas décadas de digitalización han mejorado las economías de escala y la internacionalización de las empresas. Las compañías de todos los sectores han incorporado diversos grados de digitalización y entre tanto, los ciudadanos hemos aprendido a utilizar hojas de cálculo, a comprimir archivos, a hacernos una página web, a retocar imágenes, a tener reuniones por videoconferencia y a manejarnos con servidores y configuraciones cuando el término “nativos digitales” no estaba aún acuñado. La siguiente ola de digitalización llegó con la aparición de las grandes empresas tecnológicas, que ha dado lugar a nuevos mercados, a nuevos modelos de negocio y a nuevos enfoques económicos que tienen que ver con renovados valores sociales, como la economía colaborativa o el capitalismo consciente.

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Llegados a este punto, la digitalización empuja, aún más. Ahora toca llevar la revolución digital a la fabricación. La industria española está obligada a afrontar un proceso de transformación digital imprescindible para sumarse a esta cuarta revolución que conecta máquinas, productos e infraestructuras, compartiendo datos e información. Otros ya lo están haciendo. Alemania y Corea son dos de los países con mayor penetración de robotización en sus procesos productivos, y en los que, por otra parte, se observa que el sistema genera empleo de alta cualificación.

Hoy, las nuevas herramientas que nos brinda la tecnología, como la robótica, el internet de las cosas (IoT), la inteligencia artificial, el big data o la fabricación aditiva (3D), han abierto la puerta a la industria 4.0, que reduce costes operacionales, aporta flexibilidad en la producción, maximiza la personalización de los productos y posibilita el desarrollo de nuevos canales de venta y nuevos modelos de negocio. Pero el tránsito de nuestras empresas hacia la economía 4.0 está siendo lento y las inversiones en I+D adelgazan peligrosamente. Más difícil todavía resulta para las microempresas, que representan más del 90% del tejido empresarial. Más allá de nuestras fronteras, Alemania es líder en industria 4.0 (no en vano fue allí donde se lanzó esta estrategia 4.0, ya en 2012, como iniciativa gubernamental para el mantenimiento de la competitividad en la industria y la manufactura) y la clave ha sido la contundente inversión en I+D, tanto pública como privada. Es necesaria una infraestructura sobre la que construir la industria 4.0 y en nuestro país existen carencias endémicas en ámbitos como, por ejemplo, los polígonos industriales: a muchos de ellos aún no llega fibra óptica (en el área metropolitana de Barcelona, un 40% de los polígonos no tiene acceso a fibra).

El orden mundial se reconfigura y Europa pierde fuelle ante las nuevas potencias. Habrá que apresurarse si queremos coger el que parece ser el último tren hacia el nuevo mundo donde, dicen, se vive en clave de bit y el algoritmo es el rey.

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Robótica para la eficiencia

La robotización se impone en la industria y se extiende a nuevos sectores productivos. El coste de fabricar estas máquinas es cada vez más reducido y su rendimiento cada vez mayor. David Rivera, Manager Robot Business Division de Yaskawa Ibérica explica que “gracias a la conectividad y la información que recibimos de los equipos instalados, podemos mejorar su eficiencia y durabilidad. Con el sistema Cockpit, podemos recibir y analizar en tiempo real datos actuales y procesarlos para mejorar el futuro de los equipos”. David Trabal, General Manager de Fanuc Iberia por su parte, nos habla de los elementos que han ido incorporando en los últimos años a sus robots inteligentes: “El ir adaptando y dotando al robot de equipos adicionales más sofisticados tecnológicamente, como son sistemas de visión, sensores de esfuerzo, sistemas de autoaprendizaje, etc., ha ido abriendo una serie de posibilidades al usuario final, difícil de imaginar hace unos años. Los sistemas de visión, que hasta hace poco tiempo tenían una alta complejidad que dificultaba la adaptación en una solución industrial, hoy se han convertido en un elemento estándar y fácil de configurar y mantener.”

La nueva robótica permite a la industria acceder a nuevos mercados y a clientes más pequeños. Los cobots o robots colaborativos son uno de los ámbitos en expansión ya que permiten una producción flexible y han abierto la puerta al acercamiento hombre-máquina, facilitando la automatización de tareas que antes no era posible.

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David Trabal destaca el papel que la robótica colaborativa tendrá en los próximos años y nos da algunos detalles sobre este tipo de máquinas: “Entendemos como robótica colaborativa, brazos robóticos que pueden trabajar con total seguridad cerca de personas y ayudar en distintas tareas al usuario. Esta robótica colaborativa dispone adicionalmente de sistemas de programación mucho más intuitivos, que les acercan a un público no necesariamente especializado, principalmente en soluciones simples. Fanuc ha desarrollado un total de 5 modelos de robots colaborativos que van desde los 4 kg de carga hasta los 35 kg.”

En cuanto a robótica social, un ámbito donde la industria robótica tiene un importante mercado potencial, David Rivera argumenta: “Existen múltiples avances en robótica social a nivel mundial, sobre todo en Japón, donde ya están poniendo en práctica numerosos robots en situaciones que ayudan, dan soporte, o facilitan la vida de las personas. Yaskawa participa en este segmento social a través de su colaboración con ReWalk Robotics, especialista en la tecnología de exoesqueletos robóticos para personas con discapacidades de las extremidades inferiores como paraplejia, lesiones de médula espinal, esclerosis múltiple y parálisis cerebral. Utilizando este dispositivo, las personas son capaces de caminar, aunque su parte inferior del cuerpo esté completamente paralizada.”

Desde el IRI –Instituto de Robótica e Informática Industrial, centro de investigación dependiente de la UPC, Universidad Politécnica de Cataluña, y del CSIC–, por su parte, se está llevando a cabo un proyecto robótico muy particular dirigido por la investigadora Carme Torras, matemática y escritora especialista en inteligencia artificial y robótica. Su particularidad es el tipo de material a manipular por el robot: ropa. La manipulación de objetos deformables es precisamente uno de los retos que el sector debe superar antes de sacar los robots a la calle. “La manipulación de objetos rígidos –nos explica Torras– involucra solamente seis grados de libertad, tres de posición y tres de orientación, mientras que la ropa tiene infinitas configuraciones posibles . El robot de manipulación de ropa está concebido para tres aplicaciones, que así nos detalla la responsable de la investigación: “ayudar a vestir a personas con movilidad reducida; la logística hospitalaria, como recoger toallas, etc., y en el ámbito de la distribución industrial, por ejemplo, en los retornos en la logística, útil para empresas que venden ropa por internet y atienden devoluciones de producto”.

Las nuevas tecnologías 4.0 pueden dar respuesta a nuevas exigencias y necesidades del mercado al tiempo que están permitiendo a las empresas transformar sus modelos de negocio. La presión del consumidor, que demanda productos y servicios a medida y que da por supuesta la inmediatez, está llevando a la industria manufacturera a una estrecha colaboración con proveedores de servicios digitales. Un ejemplo es la industria automovilística, que colabora con empresas de servicios de tecnología para atender a un consumidor con nuevos hábitos y habilidades. Un consumidor cada vez más acostumbrado a pagar cuotas por servicios o por el uso de productos que no son suyos, en una nueva filosofía de compartir, cooperar, reusar y reciclar, en la que la necesidad de posesión física parece diluirse.

La implementación de las nuevas herramientas tecnológicas van a permitir la ‘personalización masiva’ del producto, con especial protagonismo de las tecnologías de impresión por adición, con sus granjas de impresoras. Otra consecuencia de este nuevo paso en la automatización industrial será la progresiva relocalización de las fábricas, en algunos casos veremos centros de producción urbanos en zonas de la ciudad ligadas a la innovación, la tecnología y el diseño, con producciones cercanas al cliente, lo cual además, reduce los costes de transporte y con ello la huella ecológica del producto. El big data y el internet de las cosas traerán nuevas formas de producción y distribución, y también cambiarán nuestras ciudades, haciéndolas más inteligentes: más eficientes y más amigables.

Modelo de Fanuc

Modelo de Fanuc.

Trascendencia exponencial

¿Se imaginan a los matemáticos profundizando en la comprensión de la psique humana? ¿Se imaginan a los ingenieros estudiando a conciencia las reflexiones de los clásicos griegos?, ¿a programadores informáticos enfrascados en estudios sociológicos sobre movimientos migratorios?, ¿y a neurólogos licenciándose en literatura?… Y viceversa, por supuesto. La era de los datos, lo será en la medida en que éstos puedan ser transformados en conocimiento. El dato, por sí solo tiene un valor relativo y no tiene finalidad última en sí mismo. Materializar esos datos en acciones de manera rápida y eficiente y atendiendo al bien común tanto en el presente como contemplando a las generaciones futuras, hace imprescindible la intervención de diversas disciplinas para diseñar, desde todos los puntos de vista, la sociedad que queremos y decidir hacia dónde conducimos el conocimiento.

En los momentos de hipercompetitividad en que vivimos, el consumidor es invitado/incitado continuamente a pronunciarse sobre temas dispares, en una incesante recogida de datos con los que crear un perfil de sus preferencias. A este respecto Carme Torras, experta en roboética o ética de la robótica, disciplina que estudia los factores éticos que rodean el desarrollo de la robótica, alerta sobre la cuestión de la privacidad: “llevamos 10 años regalando nuestros datos; para la investigación médica, por ejemplo, es bueno compartir datos, pero hay que garantizar la privacidad”. Torras valora así la vorágine de datos que vienen y van, un tanto descontroladamente…: “Estamos haciendo un experimento en tiempo real, y a nivel mundial…. Antes creabas una tecnología, y cuando el producto estaba muy experimentado lo ponías en el mercado, ahora eso ha cambiado.”

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Ante la incertidumbre sobre hacia dónde nos conduce una tecnología con la que muchas de las decisiones de nuestro día a día las tomarán las máquinas, se abren interrogantes de tipo ético. ¿Cómo evitar los sesgos intrínsecos del programador? Para Carme Torras, la clave está en la educación, “cada vez habrá más objetos a nuestro alrededor –advierte– programados con inteligencia artificial y es muy importante que las personas que estén programando sepan que existen problemas éticos.”

Desde los inicios de la IA un objetivo de parte de la comunidad científica ha sido crear una especie autónoma, “argumentan que debe serlo –puntualiza Torras– para que sea una inteligencia artificial real, si es subordinada no es completamente inteligente”, pero desde hace algunos años la robótica pone el foco en los aspectos éticos de una tecnología en construcción, a la que se le atribuye la capacidad futura de adquirir inteligencia de manera exponencial, y que avanza imparable. La sociedad también está implicada en la toma de conciencia del uso y la finalidad de las posibilidades tecnológicas que tiene a su alcance. La implantación de las máquinas debe servir para que los ciudadanos desarrollen la creatividad y el pensamiento crítico, cultiven sus relaciones interpersonales y disfruten de un ocio tecnológico enriquecedor. A este respecto, Torras señala que “se está abriendo una brecha entre aquellos que aprovechan la tecnología para cultivarse y tener relaciones más plenas” y aquellos que la utilizan para consumir un tiempo de ocio de escasa relevancia o aportación al crecimiento personal. Por otra parte habrá que estar alerta sobre qué capacidades delegamos en los instrumentos tecnológicos, como la memorización, la interpretación de mapas o la orientación, y hallar las herramientas que compensen los posibles déficits. Como consumidores somos perfiles en miles de datos, aun así, no son suficientes para determinar la variedad de nuestros intereses e inquietudes, mientras la red se obstina en abocarnos a un bucle reduccionista.

En cualquier caso, hemos perdido el miedo a las máquinas, hoy son complementarias, colaborativas, fáciles de programar por no expertos, y la robótica social ya nos ha mostrado robots humanoides haciendo de guías en museos u ofreciendo información en aeropuertos; además serán nuestros cuidadores en el futuro. Pero ¿puede un robot tomar decisiones inteligentes? y, ¿es eso suficiente? Cuando nuestro neocortex se plegó y nuestro lóbulo frontal creció para alojarlo, su superficie se multiplicó de manera asombrosa, adquiriendo mayores niveles de abstracción. Y ahí empezó todo. Hoy, la máquina más compleja que se conoce, el cerebro humano, es objeto de investigación en múltiples proyectos que buscan su deconstrucción. Viene a ser como utilizar ingeniería inversa para lograr emulaciones tecnológicas del cerebro. Estas investigaciones tratan de conocer los mecanismos que utiliza el cerebro para archivar y recuperar la información, y emularlos en un ordenador. El proyecto Brain es uno de los más populares. Estas fueron las palabras del expresidente Obama cuando anuncio la iniciativa en 2013: “Es preciso obtener una fotografía dinámica del funcionamiento de nuestro cerebro para entender mejor cómo pensamos, cómo aprendemos y cómo recordamos.” La investigadora Carme Torras se muestra escéptica con la posibilidad de mapear el cerebro de un modo tan detallado, neurona a neurona, conexión a conexión…, “no lo veo abordable”, afirma.

Reproducir el neocórtex biológico para lograr crear máquinas no sólo inteligentes sino conscientes es el objetivo de Ray Kurzweil, científico especializado en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, desde 2012 director de Ingeniería en Google y autor de numerosos libros, quien utiliza como método computacional la teoría de reconocimiento de patrones, entendiendo que la información se organiza en el cerebro de manera jerárquica en base a la repetición de modelos simples y la redundancia de todos los procesos. Sin embargo, por el momento, la IA es especializada; estas máquinas se caracterizan por ser muy buenas en cosas concretas pero no se ha llegado a la inteligencia artificial general. Los robots, en su funcionamiento secuencial (el cerebro funciona de manera simultánea) con sus millones de datos y gran velocidad de procesamiento, son asombrosamente eficientes en, por ejemplo, predicciones, por lo que resultan útiles en el ámbito de la prevención.

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Sí, nuestro cerebro, ante una situación dada, también acude a los datos que tiene archivados con todos los imputs acumulados con sus vivencias, desde el útero materno, para convertirlos en respuestas, como el robot, que acude a todos los imputs colocados en sus circuitos por su programador. Además, el hecho de que en caso de lesión de una parte del cerebro otras regiones asuman las funciones perdidas, debido a la plasticidad cerebral, ha hecho pensar que puede existir un algoritmo general del cerebro. Pero en las decisiones humanas intervienen factores biológicos así como las experiencias vividas, que hacen que nuestro particular mapa neuronal esté en permanente cambio. ¿Qué grupos de neuronas se activan o qué sinapsis se generan en el momento de una vivencia?, una decisión, tomada tan solo un instante después, puede ya no ser la misma. Todo en nosotros se traduce en una reacción química, así que nuestra configuración cerebral se encuentra en permanente cambio, y no parece probable que el ser humano logre hallar el algoritmo de las emociones.

En cualquier caso, el crecimiento exponencial del progreso tecnológico, a lo que Kurzweil llama ‘ley de los rendimientos acelerados’ parece llevarnos hacia la fusión entre biología y tecnología. Implantes cibernéticos permitirán al ser humano interactuar directamente con las máquinas y le dotarán de nuevas habilidades físicas y cognitivas.

Este autor afirma que aunque hoy el cerebro es el sustrato biológico de la mente humana, éste puede ser mejorado gracias a sustratos no biológicos. Según estos parámetros existiría la posibilidad de realizar copias de seguridad de nosotros mismos.

“Cuando los humanos trascendamos la tecnología –pronostica Kurzweil– alcanzaremos la singularidad”; en ese momento tendrá lugar un aumento de la inteligencia humana “y luego posthumana –como explica José Luis Cordeiro en el prólogo de Cómo crear una mente–, pasando de nuestros cerebros biológicos no mejorados a cerebros post-biológicos aumentados”.

Por cierto, ya se ha propuesto la creación de un botón rojo de emergencia que apague toda la inteligencia artificial del planeta, lo cual puede parecer, de entrada, tranquilizador pero pensemos que, llegado el momento, es muy probable que una gran parte de la población tenga incorporados en sus cuerpos dispositivos inteligentes. Así que tal vez no sea tan buena idea… Son especulaciones pero, como dijo Arthur C. Clarke en la tercera de sus leyes: “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.

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Objetivo: más salud, más placer

Objetivo: más salud, más placer
ANÁLISIS Y DISEÑO ALIMENTARIO

Regulaciones legislativas cada vez más exigentes; nuevos segmentos y nichos de mercado a cubrir: el ecológico, el infantil, el sénior, el de las intolerancias alimentarias, y uno nuevo: el escéptico…; el alargamiento de la cadena alimentaria; la salud; la experiencia sensorial; la sostenibilidad del sistema productivo-distributivo; los avances y tendencias en técnicas y tecnologías analíticas y de procesado; la gastronomía; el diseño alimentario; la seguridad alimentaria; los movimientos slow food, el realfooding…, o la genómica nutricional, forman parte de un mismo universo, un universo definitivo para lograr sociedades más sanas: la alimentación humana.
La industria, empujada por un consumidor segmentado pero, sobre todo, exigente e informado, y por los requerimientos o recomendaciones de las autoridades alimentarias, dirige sus innovaciones a cubrir las expectativas de ese consumidor global y heterogéneo focalizándose en la calidad. Las técnicas analíticas, cada vez más precisas, están contribuyendo a incrementar la calidad de los productos que comemos y las marcas están aumentando la certificación de sus pruebas alimentarias como elemento diferencial.
La consigna es unánime, lograr una alimentación más saludable. El consumidor demanda productos de mayor calidad nutricional, y también más cómodos y sabrosos. Buena parte de la industria alimentaria ya se ha adscrito al plan del Ministerio de Sanidad que propone una reducción del 10% en el contenido de azúcar, sal y grasas en los alimentos ultraprocesados. El recién clausurado salón Alimentaria ha sido una muestra de propuestas centradas en gamas de productos más sanos: ‘eco’, ‘bio’, ‘sin’, o precocinados tradicionalmente para freír, hoy se proponen para hornear. Hasta en uno de los concursos más populares de televisión dedicados a la cocina, el hilo conductor de la última edición es la alimentación saludable. En packaging y comunicación las marcas tratan de que sus productos sean percibidos como sanos. Y distribuidores que son a la vez productores, basan su estrategia en ofrecer un producto más cercano y fresco, dirigido a un target que busca productos mínimamente procesados; ahí está Casa Ametller, que ofrece visitas guiadas a sus campos a ver los cultivos de temporada. Mónica Daluz /
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ANÁLISIS Y DISEÑO ALIMENTARIO

Objetivo: más salud, más placer

Mónica Daluz
29/05/2018

Regulaciones legislativas cada vez más exigentes; nuevos segmentos y nichos de mercado a cubrir: el ecológico, el infantil, el sénior, el de las intolerancias alimentarias, y uno nuevo: el escéptico…; el alargamiento de la cadena alimentaria; la salud; la experiencia sensorial; la sostenibilidad del sistema productivo-distributivo; los avances y tendencias en técnicas y tecnologías analíticas y de procesado; la gastronomía; el diseño alimentario; la seguridad alimentaria; los movimientos slow food, el realfooding…, o la genómica nutricional, forman parte de un mismo universo, un universo definitivo para lograr sociedades más sanas: la alimentación humana. La industria, empujada por un consumidor segmentado pero, sobre todo, exigente e informado, y por los requerimientos o recomendaciones de las autoridades alimentarias, dirige sus innovaciones a cubrir las expectativas de ese consumidor global y heterogéneo focalizándose en la calidad. Las técnicas analíticas, cada vez más precisas, están contribuyendo a incrementar la calidad de los productos que comemos y las marcas están aumentando la certificación de sus pruebas alimentarias como elemento diferencial.

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La consigna es unánime, lograr una alimentación más saludable. El consumidor demanda productos de mayor calidad nutricional, y también más cómodos y sabrosos. Buena parte de la industria alimentaria ya se ha adscrito al plan del Ministerio de Sanidad que propone una reducción del 10% en el contenido de azúcar, sal y grasas en los alimentos ultraprocesados. El recién clausurado salón Alimentaria ha sido una muestra de propuestas centradas en gamas de productos más sanos: “eco”, “bio, “sin”, o precocinados tradicionalmente para freír, hoy se proponen para hornear. Hasta en uno de los concursos más populares de televisión dedicados a la cocina, el hilo conductor de la última edición es la alimentación saludable. En packaging y comunicación las marcas tratan de que sus productos sean percibidos como sanos. Y distribuidores que son a la vez productores, basan su estrategia en ofrecer un producto más cercano y fresco, dirigido a un target que busca productos mínimamente procesados; ahí está Casa Ametller, que ofrece visitas guiadas a sus campos a ver los cultivos de temporada. Acortar la distancia entre el origen del alimento y el alimento emplatado es también el objetivo de los restaurantes llamados ‘de kilómetro 0’, que trabajan con productores locales y producto de temporada, y que además añaden a la cadena valores éticos, sociales y medioambientales.

Rodeado de informaciones sobre grasas trans, acrilamidas, benzopirenos, también sobre alimentos milagro, que no lo son tanto…, el consumidor exige calidad y claridad, pero también desea productos de conveniencia, que satisfagan distintas necesidades y aspiraciones: productos personalizados, aptos para distintos tipos de dieta, vegetariana, para celíacos, para alérgicos a la lactosa; que aporten beneficios al organismo, los funcionales, los enriquecidos; y también productos cómodos, parar consumir fuera de casa; que sorprendan; que diviertan, o que simbolicen estilos de vida. La vorágine del mercado empuja a la industria a la innovación constante y a un trepidante ritmo de presentación de productos novedosos.

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Alimentar sensaciones

Sí, sería suficiente con eliminar el azúcar, los productos procesados, el alcohol, la sal y las carnes rojas, sustituir lo refinado por lo integral, y cocinar los alimentos adecuadamente. Pero, suficiente ¿para qué? Para mantener una alimentación saludable; y aunque ésta parece una razón de peso para modificar nuestra dieta, lo cierto es que hemos evolucionado de la necesidad al deseo y el consumidor parece querer siempre más: nuevos productos, nuevos sabores, más comodidad, nuevas experiencias. Nutrir nuestro universo sensorial se revela como prioritario, y es que “las sensaciones son más importantes que el sabor en sí mismo”, señala la psicóloga y escritora alemana Gisla Gniech, y añade: “en la percepción del sabor de un alimento todos los órganos están implicados”. Y todos los sentidos. En la misma línea se manifiesta el gastrofísico Charles Spence, dedicado al estudio de los estímulos sensoriales que intervienen en el placer gastronómico, quien afirmaba en recientes declaraciones que “los sentidos interactúan: modifican la percepción del sabor, textura y aroma; el cerebro procesa y combina percepciones, cuyas sensaciones conforman la integridad de la experiencia gastronómica”.

En el laboratorio sensorial se cuece todo lo concerniente a nuestros mecanismos de percepción y estimulación de nuestros sentidos. La industria alimentaria se basa en la psicología del color para diseñar sus productos (el rojo, por ejemplo, nos sugiere que algo es más dulce), y existe también equipamiento para diseñar aromas; el francés Marc Bretillot, diseñador culinario, afirma que hoy “se puede sintetizar prácticamente cualquier olor de manera artificial”. Y el diseño acústico: el sabor de una tostada puede ser percibido distinto según su sonido al masticarla, más crujiente nos sugiere más frescura; uno de los ingredientes con los que se consigue que se produzca un sonido más crujiente es el azúcar. Y la gran protagonista: la consistencia. El 60% del gusto que percibimos comiendo tiene que ver con la consistencia. Cuanta más variedad de consistencias se reúnan en nuestra boca al mismo tiempo mejor saben ciertos alimentos, y si un determinado alimento no cumple nuestras expectativas en términos de consistencia lo rechazamos. Esta propiedad puede ser optimizada con máquinas como el analizador de texturas o el farinógrafo.

El neurólogo y profesor de ciencia y tecnología de los alimentos, además de chef, Miguel Sánchez Romera, explica en su libro Alimenta bien tu cerebro, que “el tacto es el sentido más capacitado para detectar las más de cuarenta texturas diferentes que existen en la comida”. Los avances en neurogastronomía buscan poder manipular la percepción del gusto neurológicamente; en el ámbito clínico, este “engaño al cerebro” podría ayudar, por ejemplo, a que los alimentos nutritivos sean más atractivos para las personas cuyos receptores del gusto y el olfato se alteran a causa de la quimioterapia.

La validación sensorial por parte del consumidor resulta una prueba fundamental para asegurar la acogida del producto en el mercado. Desde el centro tecnológico Ainia explican que “aunque existen técnicas instrumentales para evaluar la textura o incluso el aroma, el empleo de los sentidos en las catas de alimentos es la herramienta más potente de que disponemos para dilucidar la aceptación y preferencia de un producto y conocer sus puntos fuertes y sus puntos débiles”. Todos estos elementos constituyen el ámbito de la gastronomía molecular, disciplina dedicada al estudio de las propiedades fisicoquímicas de los alimentos y los procesos tecnológicos a los que éstos se someten (como el batido, la gelificación, y el aumento de la viscosidad, por ejemplo), desarrollada por el químico francés Hervé This y aplicada por reconocidos chefs, como Ferran Adrià, en la llamada cocina molecular.

En las últimas décadas nuestros hábitos de compra y en consecuencia nuestros hábitos alimentarios nos han llevado a elevar nuestros umbrales en los sabores dulce y salado. Existen distintos movimientos que plantean a los diseñadores y técnicos alimentarios el reto de reeducar nuestro paladar para que volvamos a apreciar el sabor de, por ejemplo, un calabacín. El dietista-nutricionista y tecnólogo alimentario Aitor Sánchez aboga por huir del nutricionismo, “un paradigma –argumenta en su libro Mi dieta ya no cojea– que solo se centra en los nutrientes más significativos, y un alimento tiene unos efectos más complejos sobre el organismo que no están determinados solo por sus nutrientes sino también por nuestra interacción con ellos, por su matriz e incluso por compuestos bioactivos difíciles de caracterizar”. El slowfood o el realfooding constituyen algunas de las iniciativas en este sentido.

Ya lo dijo Hipócrates “que la comida sea vuestra medicina y la medicina sea vuestra comida”, consciente de la influencia de los alimentos sobre nuestra salud. De su estudio se encarga la genómica nutricional, a través de la nutrigenómica, que investiga cómo los alimentos afectan a nuestros genes, y de la nutrigenética, que estudia cómo las diferencias genéticas individuales pueden afectar a la forma en que respondemos a los nutrientes de los alimentos que comemos, con el objetivo de mejorar la salud y prevenir enfermedades en base a cambios en la nutrición. Un nuevo ámbito, pues, para la industria alimentaria.

No es fácil maridar factores técnicos y comerciales para lograr productos más saludables, al tiempo que organolépticamente cumplan las expectativas del consumidor. Todo un desafío para la industria.

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Análisis alimentarios: la baza de la industria

Una vez completada la fase de diseño de un nuevo producto o un producto existente reformulado, las marcas acuden a los laboratorios de análisis para comprobar, y en algunos casos certificar, su seguridad y calidad. Los cuatro grandes ámbitos del análisis alimentario son el análisis microbiológico, la composición y valor nutricional, la detección de impurezas y la detección de fraude en sus distintos grados: adulteración, falsificación, alimentos alterados, contaminados y, por último, nocivos.

Javier De Lamo, Business Unit Manager de Eurofins Group, laboratorio especializado en análisis alimentario, explica que, “afortunadamente para el consumidor, cada vez hay más reglamentación y más exigencias para lanzar un producto al mercado”, lo que ha comportado que “cada vez más, —prosigue De Lamo—, los productores soliciten ensayos acreditados”. Los ensayos acreditados por la norma ISO17025 constituyen una garantía para el consumidor; en ocasiones el fabricante encarga el ensayo como estrategia de posicionamiento de un producto en particular, para demostrar que cuanto comunica sobre él está certificado. La proliferación de productos personalizados también ha contribuido al impulso de certificaciones analíticas. Y el aumento de las alergias alimentarias, que se han duplicado en menos de una década, “también está promoviendo que se realicen más análisis para caracterizar los componentes potencialmente alergénicos en cada alimento”, afirma el representante de Eurofins. En cuanto al mercado, éste se está concentrando en laboratorios cada vez más grandes; “los pequeños —sentencia el responsable del laboratorio de Barcelona— lamentablemente, es muy difícil que puedan competir en número de ensayos acreditados, servicios complementarios y asesoramiento, junto a una mayor economía de escala y productividad”.

En materia tecnológica, la cromatografía liquida, especialmente con espectrometría de masas, ha contribuido a aumentar enormemente la precisión de los resultados. Algunos de los análisis más habituales solicitados por la industria son: nutricionales: proteínas, hidratos de carbono, grasa, fibra, azúcares, sodio, fibra, vitaminas; alérgenos: gluten, soja, proteínas de la elche, pescado, frutos secos, huevo, mostaza, cacahuete, crustáceos; metales pesados: plomo, cadmio, mercurio, arsénico, cobre, hierro, zinc; contaminantes: micotoxinas, acrilamida, 3-MCPD, melamina, aceites minerales, y pesticidas y dioxinas.

En una sociedad preocupada por los aditivos de los alimentos y los procesos a los que estos son sometidos, y su impacto sobre la salud, se observa un interés por parte de las marcas por buscar alternativas naturales a los conservantes y aditivos que utilizan en sus productos. La industria alimentaria trabaja en la línea de las recomendaciones de los centros tecnológicos sobre buscar el modo de preservar los principios activos de los alimentos: reducir procesados, buscar alternativas a los conservantes y colorantes sintéticos, identificar nuevas fuentes de proteínas, adoptar técnicas de conservación menos invasivas, o incorporar microorganismos conservantes, como los fagos.

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Procesos y nutrientes

El largo viaje de los alimentos, los mercados globalizados o los inagotables nuevos nichos y targets, desde el desembarco allá por los años 70 de nuevos modelos de distribución que nos invitaron a la gran fiesta del consumo, han sido factores que han contribuido al desarrollo y permanente innovación por parte de la industria alimentaria. Desde entonces, podría decirse que todo lo que comemos es producto de la tecnología. Cuando llega a nuestra mesa, el alimento ha sido sometido a una serie de procesos de manipulación o transformación con objetivos diversos como la obtención de alimentos seguros, nutricionalmente adecuados, o cubrir expectativas organolépticas; sin embargo, el tipo de procesado puede afectar a sus propiedades.

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Un alimento es una mezcla de compuestos que contiene cientos de nutrientes, y todos esos componentes, nutrientes y no nutrientes, y sus relaciones moleculares forman la matriz alimentaria, cuya integridad queda comprometida durante la aplicación de determinados procesos. Es claro que las propiedades de un compuesto no dependen de su origen, sino de su composición y de su estructura química, pero ¿podremos llegar a replicar el original, identificar el cien por cien de los componentes de un alimento y sus enlaces químicos? Por el momento, no parece nada sencillo, y la industria se centra en estudiar procesos que preserven al máximo la matriz del alimento.

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Alimentos de laboratorio

Un planeta. Más población. Menos alimentos. Ecuación insostenible en el tiempo a menos que la tecnología nos asista (y la voluntad de un reparto equitativo de los recursos; no olvidemos que la mitad de la población mundial no puede elegir lo que come). Se habla de un futuro donde los alimentos serán obtenidos en el laboratorio, con independencia de la tierra y del sol. Cultivar sin tierra para alimentar al planeta en el futuro es lo que se propone la hidroponía o agricultura hidropónica, un método utilizado para cultivar plantas usando disoluciones minerales en lugar de suelo agrícola.

La creciente demanda de productos cárnicos urge a encontrar nuevas fuentes alternativas y fiables de proteínas. Ya existen fuentes vegetales de proteínas como la quinoa o las semillas de chía, aprobada esta última como nuevo ingrediente ya en enero de 2013, o las algas, que contienen altas cantidades de proteínas. En el caso de la Chrorella, por ejemplo, ésta contiene aproximadamente un 60% de proteínas.

La entomofagia, comer insectos, es algo habitual para una gran parte de la población mundial. Los insectos son ricos en proteínas, bajos en grasas y baratos. En occidente, esta práctica se incorporará a través de la elaboración de productos derivados de harinas de insectos, tales como galletas, chocolates o pastas. Hay empresas que ya están comercializando productos utilizando como base la harina de grillo: magdalenas de plátano, de la empresa Chirp, o barritas energéticas de la empresa Exo, ambas firmas americanas. También se han desarrollado sustitutos vegetales del huevo, a partir de una base vegetal (una leguminosa llamada frijol mungo) para utilizar en productos horneados como galletas con chocolate. Y la carrera de posicionamiento en la producción de la llamada “carne limpia”, ya ha empezado. Hampton Creek quiere producir carne más saludable, sostenible y barata, pero sin la intervención de ningún animal. Se trata de carne proveniente de células que se produce en tanques de fermentación. La compañía quiere llevar productos de esta carne de nueva generación a los supermercados en los próximos meses, aunque antes tendrá que resolver un asunto que aún parece estar en el aire, la necesidad de hallar un medio de cultivo vegetal en el que las células puedan reproducirse; el mismo escollo encuentras otras dos empresas de “carne limpia”, Memphis Meats y SuperMeat. Además de la producción de carne in vitro, las técnicas de encapsulación, por ejemplo de fruta, o la impresión de comida con tecnologías de adición (3D) son algunas de las posibilidades que se atisban.

Cuál será la aceptación de estos alimentos de laboratorio es uno de los interrogantes que se abren. Entre tanto, la industria tiene ante sí el reto de hacer llegar al consumidor el mensaje de su apuesta por la salud, por la ética en definitiva de quién asume la responsabilidad que supone proporcionar alimentos a la población, y que apoyada en la tecnología y en los continuos avances científicos, puede lograr productos verdaderamente saludables. La transparencia y un enfoque pedagógico que transmita al consumidor la confianza que el marketing tradicional ha embarrancado son algunas opciones. Será relevante la comunicación directa empresa-consumidor; la marca puede ofrecer información sobre el origen de sus productos y las distintas formas de procesado que utiliza, argumentando y demostrando las ventajas de sus tecnologías y productos frente a los de la competencia. Nace un tipo de consumidor vacunado ante las letras grandes y en rojo, y que quiere un enlace a información, por ejemplo, de cómo afecta cada proceso a los nutrientes del alimento que está comprando, y ahí es donde la marca puede destacar y poner en valor sus productos y su modus operandi. Un consumidor escéptico frente a los productos a los que se les quitan o añaden ingredientes aún con la promesa de beneficios adicionales para la salud pero que, paradójicamente, son sometidos a procesos que pueden alterar la matriz del alimento. Habrá consumidores que busquen productos funcionales, con nuevos ingredientes añadidos; un consumidor que aprecie una elaboración para eliminar, por ejemplo, las grasas, y habrá un consumidor partidario de dejar el alimento tal como está; para él tal vez sea necesario un nuevo sello que anuncie: “Con todo”. ¿Está a punto la industria para satisfacer a este nuevo target?

Urge combatir la resistencia antibiótica

Urge combatir la resistencia antibiótica
ANTIBIÓTICOS 
La acción humana está acelerando la mutación de las bacterias y hoy apremia descubrir nuevas soluciones para hacer frente a las enfermedades infecciosas

Se anuncia el regreso a una era preantibiótica. La industria farmacéutica tiene sobre sí el peso de una responsabilidad de máxima relevancia: si no hay nuevos desarrollos se incrementará el número de bacterias multirresistentes a los antibióticos en los próximos años y se estima que la cifra de mortalidad por esta causa alcance los 10 millones de muertes en el año 2050. Sin antibióticos la medicina actual no sería posible, pero hoy estos tratamientos están dejando de ser efectivos. A mantener el poder terapéutico de este grupo de fármacos toda la sociedad está llamada: el individuo en su libertad/responsabilidad de automedicarse, el médico al prescribir, los sistemas sanitarios, las autoridades gubernamentales, las instituciones internacionales y, por supuesto, la industria. Racionalizar la prescripción con la incorporación de métodos diagnósticos en los centros de asistencia primaria que prueben la presencia de bacterias, restringir el uso antibiótico en la industria ganadera, seguir investigando en nuevas maneras de “desactivar” los sofisticados y eficientes mecanismos de adaptación de estos microorganismos, programas de prevención y control de las infecciones, nuevas vacunas o un sistema de comercialización alternativo, forman parte de las posibles soluciones.
La resistencia a los antibióticos supone ya un problema de salud pública mundial. La OMS y el FMI alertan de las consecuencias de no tener a tiempo nuevos tratamientos antimicrobianos. Sólo en la Unión Europea se diagnostican cada año 400.000 nuevos casos de infecciones por bacterias multirresistentes, que causan 25.000 muertes al año y generan un gasto sanitario adicional de 1.500 millones de euros anuales. La generación de resistencia a los antibióticos constituye un proceso natural de selección, pero la acción humana ha incrementado la presión selectiva de estos microorganismos, que se han visto obligados a adaptarse constantemente a nuevas condiciones ambientales, y esto ha acelerado el proceso. Un cúmulo de factores hace que en la actualidad nuestra capacidad para luchar contra las infecciones esté decreciendo, y en el futuro se prevé que volvamos a una era en la que infecciones comunes sean difíciles de tratar. En este sentido, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) cita en el Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos: “Nos enfrentamos a infecciones por bacterias con riesgo de convertirse en clínicamente incontrolables, retornando a la era preantibiótica tanto en medicina humana como veterinaria”.
Fuera de control
Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? “Lo que no nos mata nos hace más fuertes”, dijo Nietzsche; pues algo así ocurre también con las bacterias: si el antibacteriano no elimina por completo la cepa patógena, las bacterias que sobreviven transmiten la inmunidad, con la nueva información genética, a otros individuos, haciéndolos farmacorresistentes. Fue el mismísimo Fleming quien alertó del peligro de la subdosificación. En su discurso de recepción del premio Nobel en 1945, hizo una advertencia: “La penicilina aparece como no-tóxica, de modo que no hay preocupación con sobredosis e intoxicar al paciente. Sin embargo, puede existir el peligro de sub-dosificación. No es difícil conseguir microorganismos resistentes a la penicilina en el laboratorio exponiéndolos a concentraciones no letales y lo mismo puede pasar en el organismo”.
Aunque son muchas las veces que hemos sido informados sobre la importancia de concluir los tratamientos antibióticos, en la práctica, la población no percibe los riesgos que comporta el mal uso de este medicamento y la amenaza que supone el aumento de la resistencia antibiótica. Es más, ante la ausencia de métodos diagnósticos rápidos y baratos en los centros de asistencia primaria, la prescripción de antibióticos en las últimas décadas se ha basado en los síntomas, sin evidencia de la presencia de cepas patógenas; el resultado es que se han estado utilizando antibióticos para tratar infecciones víricas.
Además del mal uso y de la innecesaria prescripción de este fármaco, o de la dispersión de microbios y los genes de resistencia que transportan, que ha traído el espectacular incremento de los desplazamientos, con microorganismos patógenos viajando por todo el planeta a través de las heces, el factor de mayor incidencia en la generación de resistencias a antimicrobianos es su uso preventivo en la industria ganadera. El pasado 7 de noviembre la OMS emitió un comunicado en el que recomienda “que las industrias agropecuaria, piscicultora y alimentaria dejen de utilizar sistemáticamente antibióticos para estimular el crecimiento y prevenir enfermedades en animales sanos”. Mónica Daluz /
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ANTIBIÓTICOS 

La acción humana está acelerando la mutación de las bacterias y hoy apremia descubrir nuevas soluciones para hacer frente a las enfermedades infecciosas

Urge combatir la resistencia antibiótica

Mónica Daluz
16/02/2018

Se anuncia el regreso a una era preantibiótica. La industria farmacéutica tiene sobre sí el peso de una responsabilidad de máxima relevancia: si no hay nuevos desarrollos se incrementará el número de bacterias multirresistentes a los antibióticos en los próximos años y se estima que la cifra de mortalidad por esta causa alcance los 10 millones de muertes en el año 2050. Sin antibióticos la medicina actual no sería posible, pero hoy estos tratamientos están dejando de ser efectivos. Pero a mantener el poder terapéutico de este grupo de fármacos toda la sociedad está llamada: el individuo en su libertad/responsabilidad de automedicarse, el médico al prescribir, los sistemas sanitarios, las autoridades gubernamentales, las instituciones internacionales y, por supuesto, la industria. Racionalizar la prescripción con la incorporación de métodos diagnósticos en los centros de asistencia primaria que prueben la presencia de bacterias, restringir el uso antibiótico en la industria ganadera, seguir investigando en nuevas maneras de ‘desactivar’ los sofisticados y eficientes mecanismos de adaptación de estos microorganismos, programas de prevención y control de las infecciones, nuevas vacunas o un sistema de comercialización alternativo, forman parte de las posibles soluciones.

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La resistencia a los antibióticos supone ya un problema de salud pública mundial. La OMS y el FMI alertan de las consecuencias de no tener a tiempo nuevos tratamientos antimicrobianos. Sólo en la Unión Europea se diagnostican cada año 400.000 nuevos casos de infecciones por bacterias multirresistentes, que causan 25.000 muertes al año y generan un gasto sanitario adicional de 1.500 millones de euros anuales. La generación de resistencia a los antibióticos constituye un proceso natural de selección, pero la acción humana ha incrementado la presión selectiva de estos microorganismos, que se han visto obligados a adaptarse constantemente a nuevas condiciones ambientales, y esto ha acelerado el proceso. Un cúmulo de factores hace que en la actualidad nuestra capacidad para luchar contra las infecciones esté decreciendo, y en el futuro se prevé que volvamos a una era en la que infecciones comunes sean difíciles de tratar. En este sentido, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) cita en el Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos: “Nos enfrentamos a infecciones por bacterias con riesgo de convertirse en clínicamente incontrolables, retornando a la era preantibiótica tanto en medicina humana como veterinaria”.

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Fuera de control

Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? “Lo que no nos mata nos hace más fuertes”, dijo Nietzsche; pues algo así ocurre también con las bacterias: si el antibacteriano no elimina por completo la cepa patógena, las bacterias que sobreviven transmiten la inmunidad, con la nueva información genética, a otros individuos, haciéndolos farmacorresistentes. Fue el mismísimo Fleming quien alertó del peligro de la subdosificación. En su discurso de recepción del premio Nobel en 1945, hizo una advertencia: “La penicilina aparece como no-tóxica, de modo que no hay preocupación con sobredosis e intoxicar al paciente. Sin embargo, puede existir el peligro de sub-dosificación. No es difícil conseguir microorganismos resistentes a la penicilina en el laboratorio exponiéndolos a concentraciones no letales y lo mismo puede pasar en el organismo”.

Aunque son muchas las veces que hemos sido informados sobre la importancia de concluir los tratamientos antibióticos, en la práctica, la población no percibe los riesgos que comporta el mal uso de este medicamento y de la amenaza que supone el aumento de la resistencia antibiótica. Es más, ante la ausencia de métodos diagnósticos rápidos y baratos en los centros de asistencia primaria, la prescripción de antibióticos en las últimas décadas se ha basado en los síntomas, sin evidencia de la presencia de cepas patógenas; el resultado es que se han estado utilizando antibióticos para tratar infecciones víricas.

Además del mal uso y de la innecesaria prescripción de este fármaco, o de la dispersión de microbios y los genes de resistencia que transportan, que ha traído el espectacular incremento de los desplazamientos, con microorganismos patógenos viajando por todo el planeta a través de las heces, el factor de mayor incidencia en la generación de resistencias a antimicrobianos es su uso preventivo en la industria ganadera. El pasado 7 de noviembre la OMS emitió un comunicado en el que recomienda “que las industrias agropecuaria, piscicultora y alimentaria dejen de utilizar sistemáticamente antibióticos para estimular el crecimiento y prevenir enfermedades en animales sanos”.

En la primavera de 2016 fue hallada por primera vez en Estados Unidos una superbacteria resistente a todo tipo de medicación existente. Se trataba de una cepa de la bacteria E. coli resistente al antibiótico de último recurso, la colistina, en desuso desde los 80 debido a su alta toxicidad. En octubre del año pasado la bacteria MRSA, hasta entonces endémica sólo en hospitales, se hizo endémica fuera de los centros hospitalarios. Las autoridades sanitarias de diferentes países están advirtiendo sobre el grave riesgo de que los tratamientos actuales, incluso los de reserva, se vuelvan inútiles, situándonos en un panorama como el de antes del descubrimiento de la penicilina.

Adaptación exprés

“Los microorganismos estaban en la Tierra muchos miles de años antes de que nosotros apareciéramos como especie y, probablemente, cuando hayamos desaparecido, muchos de ellos continuarán aquí”. Así nos responde Antoni Trilla, médico jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, cuando le preguntamos si debemos resignarnos a la imparable mutación de las bacterias. Y es que estos microorganismos tienen la suficiente versatilidad evolutiva para responder con diversos mecanismos de resistencia que van haciendo ineficaz la acción del antibacteriano. Cuando las condiciones del medio son desfavorables, por disminución de nutrientes o cambios en la temperatura (heladas, sequía…), determinadas bacterias forman endosporas como mecanismo de defensa; éstas se caracterizan por presentar una eficiente capa protectora resistente al calor, a la desecación, a la radiación y a la trituración mecánica.

“Ya en los años 50/60 —nos cuenta Trilla, que también ejerce como profesor de Salud Pública de la Universidad de Barcelona— llamó la atención que algunos microorganismos sensibles al antibiótico más sencillo, se hacían resistentes. Hoy, prácticamente todas las especies bacterianas han desarrollado algún grado de resistencia antibiótica”. “Durante esas décadas —prosigue Trilla— se sintetizaron nuevos antibióticos, y aunque parecía que los microorganismos iban permanentemente un paso por delante de nosotros, siempre teníamos una respuesta de manera relativamente rápida. Pero en los últimos años, los hallazgos de nuevos antibióticos se han vuelto bastante más excepcionales”. Un dato prueba esta crisis de innovación: en los últimos 30 años sólo se han aprobado dos nuevas clases de antibióticos. Y no podemos permitirnos el lujo de prescindir de ellos: se estima que la actual esperanza de vida en los países desarrollados disminuiría 20 años sin estos tratamientos, una situación que haría de la cirugía más sencilla una intervención de alto riesgo, y prótesis, trasplantes o tratamientos contra el cáncer no serían posibles.

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La industria es interpelada

En febrero del año pasado la OMS publicó una “lista de bacterias para las que se necesitan urgentemente nuevos antibióticos”, cita el comunicado. En el documento, la subdirectora general de la organización, Marie-Paule Kieny, señala que “la resistencia a los antibióticos va en aumento y estamos agotando muy deprisa las opciones terapéuticas; si dejamos el problema a merced de las fuerzas de mercado exclusivamente, no estarán listos a tiempo”. Por otra parte, en septiembre pasado se crearon los premios de la AEMPS con el objeto de galardonar a las personas físicas o jurídicas que se hayan distinguido en la promoción o en la ejecución de actividades que se enmarquen en alguna de las líneas estratégicas del Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos.

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Algunos laboratorios ya se han puesto manos a la obra. David Payne, doctor jefe de la Unidad de Descubrimientos Antibacterianos de GSK, nos habla de las investigaciones de la compañía: “Estamos progresando activamente con antibióticos novedosos para tratar infecciones por bacterias Gram negativas y tuberculosis resistentes a múltiples fármacos, incluida la gepotidacina (fase II), un antibiótico primero de su clase con el potencial de tratar la E. coli MDR y la gonorrea resistente a medicamentos”.

Por su parte, Abac Therapeutic cuenta con el Programa de Desarrollo Anti-Acinetobacter baumannii; la empresa, que focaliza sus investigaciones en bacterias específicas con las que lograr fármacos más eficientes, ha generado una serie de moléculas “prometedoras, que muestran una buena actividad antibacteriana contra un panel de insectos resistentes a múltiples fármacos”, explica la compañía.

La cuestión es que se pide a la industria que investigue en un fármaco que será utilizado como último recurso y con moderación. ¿Qué viabilidad tiene este planteamiento en una sociedad de mercado? El funcionamiento actual del sistema no proporciona incentivos económicos para que las farmacéuticas investiguen en nuevos antibióticos. Así valoran la situación desde el Instituto de Salud Global, que en su último informe, Resistencia a los antibióticos: cuando el problema va más allá de las patentes, concluye: “la resistencia antimicrobiana demuestra la necesidad de reformar un modelo de innovación farmacéutica agotado”.

Para la industria farmacéutica el retorno de la inversión en la investigación de productos antibióticos es incierto y, en todo caso, a muy largo plazo, ya que se trata de tratamientos de corta duración, al contrario que ocurre con los fármacos para enfermedades crónicas. En este sentido, Antoni Trilla, comenta que “para la industria farmacéutica los antibióticos no son un producto ideal desde un punto de vista de retorno de la inversión. No es la mejor inversión”. Además, la complejidad de la estructura de muchas bacterias hace excepcionalmente difícil desarrollar nuevos medicamentos capaces de penetrarlas y eliminarlas.

Hemos preguntado al doctor Payne, qué se puede hacer al respecto: “A la dificultad que entraña este tipo de desarrollos, se añade el hecho de que el modelo comercial utilizado por la mayoría de las compañías farmacéuticas implica generar un rendimiento financiero de la inversión, que aumenta a medida que aumenta el uso del medicamento. Cuanto más se prescribe un medicamento, a más pacientes ayuda y mayor es el retorno de la inversión. Esto funciona bien para la mayoría de los medicamentos, pero no para los antibióticos: los nuevos antibióticos deben usarse con moderación y mantenerse en reserva para evitar la resistencia, lo que dificulta que las empresas recuperen su inversión”. “Creemos —prosigue— que se necesita un nuevo modelo comercial para el desarrollo de antibióticos y respaldamos la existencia de un ‘modelo desvinculado’, que separe el retorno de la inversión del número de recetas que se venden”.

Revertir la situación es posible

Posible es, pero sólo si se toman medidas. Apremia abordar un problema para el cual el tiempo juega en nuestra contra, ya que las resistencias bacterianas se están consolidando con más rapidez que la capacidad de generar nuevos medicamentos. He aquí algunas soluciones: implantar sistemas de detección rápida en los centros hospitalarios y de asistencia primaria con los que identificar el microbio responsable de los síntomas, y no sólo para asegurar que se prescriban antibióticos únicamente a personas con infecciones bacterianas, sino para poder administrar el antimicrobiano adecuado desde el primer momento; medidas de vigilancia y control de infecciones en centros sanitarios y en las granjas; incorporar la secuenciación de genomas a los estudios epidemiológicos, o tal como apunta el doctor Trilla, “hacer una investigación potente en descubrir vacunas”.

Trilla, que recomienda a la industria mantener y fortalecer sus alianzas con los centros de investigación para conseguir sinergias, recoge una sugerencia a modo de símil: “Tendríamos que tener un ‘proyecto Manhattan’ para descubrir nuevos antibióticos. Encontrar la ‘bomba antibiótica’…”, aludiendo al proyecto científico que unió a los investigadores más brillantes durante la Segunda Guerra Mundial para descubrir la bomba atómica antes que los alemanes.

Pero los esfuerzos para ganar esta batalla deben ser compartidos y hoy más que nunca, con los nuevos descubrimientos acerca de la influencia del medio sobre el comportamiento de nuestros genes y sobre nuestra salud así como la de nuestra descendencia, la prevención, con el individuo sano como objeto, se erige en la vía sobre la que asentar los sistemas de salud, hasta ahora centrados en la curación. El individuo puede adquirir mayores cotas de responsabilidad sobre su propia salud, ya que está en su mano mejorarla con sus hábitos. Y para arrancar esa cadena de salud el primer paso es la divulgación del conocimiento y la información, no sólo en los centros de salud o en las oficinas de farmacia, también en las escuelas, los centros de trabajo y, por supuesto en los medios de comunicación, poniendo al alcance de los ciudadanos saberes sobre cómo ‘funcionamos’ y sobre nuevos descubrimientos científicos, que nos ayuden a entender qué podemos hacer para prevenir problemas de salud hoy al alza como las infecciones, la diabetes, el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas, las alergias o la obesidad. Qué comemos o cuál es la calidad del aire que respiramos, serán preguntas a la que este ciudadano/consumidor más formado e informado exigirá respuesta.

Como sociedad deberemos replantearnos el modo de producir alimentos, corresponsable con otros sectores de problemas como los gases de efecto invernadero, responsable directo del exceso de superficie destinada agricultura y ganadería, o de la contaminación por nitratos y abonos tóxicos de suelo y aguas, además de otras consideraciones de tipo ético. Josep Peñuelas, doctor en Ecología, investigador del CSIC, lo deja claro: “Estamos cambiando los microorganismos que dominaban el mundo y eso nos lleva a una Tierra distinta, porque esos microorganismos son los protagonistas de muchos ciclos naturales básicos como el del nitrógeno y el del carbono”.

Urge ralentizar la presión sobre estos microorganismos y que la investigación coja velocidad para alcanzar el ritmo imparable y exponencial al que avanza la diseminación en la atmósfera, la tierra y los océanos de cepas multirresistentes que pueden reconfigurar la bioquímica terrestre. Si nos toman demasiada ventaja, puede que volvamos a quedarnos a solas con nuestro sistema inmunológico, que, por cierto, lleva décadas un poco ‘adormecido’, precisamente porque le hemos hecho parte del trabajo… A los cambios que vendrán, la mayoría de microorganismos, sobre todo los patógenos, encontrarán la manera de adaptarse. Nosotros no.

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Los patógenos prioritarios para la I+D de nuevos antibióticos

Prioridad crítica

1. Acinetobacter baumannii, resistente a los carbapenémicos
2. Pseudomonas aeruginosa, resistente a los carbapenémicos
3. Enterobacteriaceae, resistentes a los carbapenémicos, productoras de betalactamasas de espectro extendido (ESBL).

Prioridad alta

4. Enterococcus faecium, resistente a la vancomicina
5. Staphylococcus aureus, resistente a la meticilina, con sensibilidad intermedia y resistencia a la vancomicina
6. Helicobacter pylori, resistente a la claritromicina
7. Campylobacter spp., resistente a las fluoroquinolonas
8. Salmonellae, resistentes a las fluoroquinolonas
9. Neisseria gonorrhoeae, resistente a la cefalosporina, resistente a las fluoroquinolonas.

Prioridad media

10. Streptococcus pneumoniae, sin sensibilidad a la penicilina
11. Haemophilus influenzae, resistente a la ampicilina
12. Shigella spp., resistente a las fluoroquinolonas.

Entrevista a Ana Rocamora, presidenta de la Sociedad Española de Químicos Cosméticos (SEQC)

Ana Rocamora SEQC
COSMÉTICA
“Los productos cosméticos serán cada vez de mejor calidad, sofisticados, convenientes y verdes”

Los nuevos descubrimientos científicos, así como la irrupción de la tecnología en el mundo de la cosmética, están colocando en el mercado productos verdaderamente novedosos, como cremas con probióticos y prebióticos en su composición que regulan la microbiota de la piel, aparatos en los que un algoritmo prepara una mezcla de fondo de maquillaje personalizado o cepillos de pelo con sensores, son solo algunos ejemplos.
Por otra parte, la presión de los mercados está forzando a la industria a cambiar sus procesos incorporando tecnologías que permitan trabajar en las plantas en tiempo real en función de las ventas y modificar la cadena de producción en cualquier momento, focalizándose en la eficiencia de la gestión de la demanda. Con estos y otros asuntos nos adentramos en el mundo de la cosmética, de la mano de la presidenta de la Sociedad Española de Químicos Cosméticos (SEQC), Ana Rocamora.
¿Qué ha significado para el sector la combinación de tecnología y cosmética? y ¿qué nos depara el futuro en este segmento?
La entrada y desarrollo de las nuevas tecnologías ha dado un giro al sector cosmético. Destacaría cuatro aspectos clave: la posibilidad de obtener nuevos activos más adecuados y efectivos; la capacidad para diversificar texturas, soportes y envases que nos permiten obtener nuevos formatos de cosméticos más eficaces, divertidos o innovadores; la tecnología de impresión digital, que ha revolucionado el mundo del envase, y la 3D, que está comenzando también una nueva revolución (por ejemplo, impresión de piel); y el acceso del consumidor a muchos productos diferentes, desde cualquier parte del mundo, con la posibilidad de acceder a información, demos, consejos y compra.
La combinación de todos estos factores nos hace vislumbrar para la cosmética, un futuro prometedor, cada vez más efectivo, bonito, variado y divertido. Al mismo tiempo, como contrapunto a un mundo tecnológico tan acelerado, el consumidor de cosmética también vuelve al gusto por lo auténtico, por los orígenes, lo antiguo o lo natural. Mónica Daluz
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COSMÉTICA. ENTREVISTA

“Los productos cosméticos serán cada vez de mejor calidad, sofisticados, convenientes y verdes”

Entrevista a Ana Rocamora, presidenta de la Sociedad Española de Químicos Cosméticos (SEQC)

Mónica Daluz
16/02/2018

Los nuevos descubrimientos científicos, así como la irrupción de la tecnología en el mundo de la cosmética, están colocando en el mercado productos verdaderamente novedosos, como cremas con probióticos y prebióticos en su composición que regulan la microbiota de la piel, aparatos en los que un algoritmo prepara una mezcla de fondo de maquillaje personalizado o cepillos de pelo con sensores, son solo algunos ejemplos. Por otra parte la presión de los mercados está forzando a la industria a cambiar sus procesos incorporando tecnologías que permitan trabajar en las plantas en tiempo real en función de las ventas y modificar la cadena de producción en cualquier momento, focalizándose en la eficiencia de la gestión de la demanda. Con éstos y otros asuntos nos adentramos en el mundo de la cosmética, de la mano de la presidenta de la Sociedad Española de Químicos Cosméticos (SEQC), Ana Rocamora.

Ana Rocamora, presidenta de la Sociedad Española de Químicos Cosméticos (SEQC)

Ana Rocamora, presidenta de la Sociedad Española de Químicos Cosméticos (SEQC).

¿Qué ha significado para el sector la combinación de tecnología y cosmética? y ¿qué nos depara el futuro en este segmento?

La entrada y desarrollo de las nuevas tecnologías ha dado un giro al sector cosmético. Destacaría cuatro aspectos clave: la posibilidad de obtener nuevos activos más adecuados y efectivos; la capacidad para diversificar texturas, soportes y envases que nos permiten obtener nuevos formatos de cosméticos más eficaces, divertidos o innovadores; la tecnología de impresión digital, que ha revolucionado el mundo del envase, y la 3D, que está comenzando también una nueva revolución (por ejemplo, impresión de piel); y el acceso del consumidor a muchos productos diferentes, desde cualquier parte del mundo, con la posibilidad de acceder a información, demos, consejos y compra.

La combinación de todos estos factores nos hacen vislumbrar para la cosmética, un futuro prometedor, cada vez más efectivo, bonito, variado y divertido. Al mismo tiempo, como contrapunto a un mundo tecnológico tan acelerado, el consumidor de cosmética también vuelve al gusto por lo auténtico, por los orígenes, lo antiguo o lo natural.

¿Qué productos novedosos están aportando los avances en medicina y en biotecnología, como la incorporación de probióticos, por ejemplo?

Los avances en medicina y biotecnología son la base para los avances de ingredientes activos para los cosméticos. Los probióticos son un ejemplo, también los cultivos de células vegetales son uno de los pilares para la nueva obtención de ingredientes. Otros avances destacables son el desarrollo de la investigación epigenética y su aplicación al cuidado de la piel o los estudios relativos a los efectos de las radiaciones de la luz azul y el infrarrojo, a las que estamos más expuestos hoy en día. Todas estas investigaciones están impactando en el desarrollo de nuevos productos cosméticos.

Junto al desarrollo de ingredientes, en ciencia también vemos interesantes avances aplicables al campo cosmético en los sistemas de extracción, polimerización, la química verde, etc.

¿En qué ámbito de la cosmética se están logrando los resultados más efectivos?

Es difícil definirse por un campo. Como el de los ingredientes activos ya lo hemos citado en el punto anterior, yo me centraría en todo lo que significa obtener nuevos ingredientes de origen natural y orgánicos que puedan servir para hacer fórmulas más naturales, con unas características similares a ingredientes sintéticos clásicos. Nuevos emulsionantes, emolientes, espesantes, conservantes, etc., que permiten formular nuevos productos más naturales, conservando una cosmeticidad del siglo XXI.

Parece que la personalización es una de las tendencias por las que apuesta el mercado, ¿está cambiando la manera de consumir y producir productos?, ¿se ha adaptado adecuadamente la industria española a los cambios que implica la continua y rápida respuesta que exigen los distintos mercados?

La personalización es una más de las opciones que el consumidor puede tener hoy en día. Sí, efectivamente, está cambiando la manera de consumir y producir. Con el fácil acceso a la información sobre cada producto del mercado al alcance de la mano y la amplia oferta de productos similares entre sí, el consumidor se vuelve más exigente y espera una máxima satisfacción. Tiene sentido que hayan empresas que respondan a estas necesidades si el consumidor está dispuesto a pagar un poco más. Pero todavía hay mucho camino que recorrer. Estos productos han de encajar en el marco legal de la cosmética, con precisión y seriedad.

En materia legislativa, ¿cuáles son las que más afectan o condicionan al sector, por ejemplo, parece que, a largo plazo, si seguimos la estela de EE UU, podría llegar la prohibición de las microesferas de plástico, tan utilizadas en, por ejemplo, los exfoliantes.

En Europa la legislación cosmética es muy activa y evoluciona constantemente, en función de los avances de la ciencia. En EE UU la legislación es más antigua, pero se está estudiando un cambio, ya que hay muchos conceptos que se han quedado anticuados.

El tema de las microesferas ya es un hecho. Son múltiples los países que se han sumado a liderar la prohibición de las micropartículas en productos cosméticos, entre ellos Estados Unidos, Canadá, Francia o el Reino Unido. Esta lista aumentará con el paso del tiempo, con crecientes movimientos de apoyo a legislaciones similares en otros países como Australia e incluso España. El sector cosmético tiene como característica y fortaleza su adaptabilidad e innovación. Está tomando la causa con la importancia necesaria y ha reaccionado correctamente antes incluso de que existiesen obligaciones legales. No está en la lista de las industrias más contaminantes en cuanto a microplásticos, pero liderará el movimiento por la protección medioambiental.

Una conclusión sobre el presente y el futuro del sector.

El presente del sector requiere mucha innovación y mucha inversión para conseguir, en un futuro, una cosmética digital sostenible que nos aporte bienestar y satisfaga nuestro ego. Los productos cosméticos serán cada vez de mejor calidad, sofisticados, convenientes (smart) y verdes. También más caros, pero formaran parte de nosotros mismos.

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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