Envases y electrodomésticos: diálogo de futuro

Envases y electrodomésticos
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En los años venideros se espera que la gestión de los alimentos envasados y otros productos de uso doméstico la realicen de forma automática los distintos aparatos electrodomésticos y demás dispositivos electrónicos del hogar. La tecnología de identificación por radiofrecuencia es, por el momento, la base sobre la que trabajan los sectores del packaging y del electrodoméstico para propiciar un diálogo entre objetos que sofisticará nuestras vidas. El talón de Aquiles: los costes en el producto unitario. ¿Podrá la industria alimentaria permitirse un tag en un envase de yogurt? En la respuesta a esta pregunta está la clave, una pregunta a la que nadie quiere responder…
¿Se imagina que su nevera le informara de los productos caducados que contiene, que decidiera, por su cuenta, hacer la compra conectándose con el supermercado, vía internet, o que su horno microondas rechazara calentarle un plato precocinado porque éste no es adecuado para su dieta? Pues no es tan difícil: un código de barras con la información en cuestión en el envase y un lector en el aparato electrodoméstico son suficientes para establecer el diálogo. … Pero no todo aquello que es tecnológica o científicamente posible es económicamente viable, y algo así parece ocurrir con el asunto de los envases y los electrodomésticos capaces de comunicarse entre ellos. Además, algunos fabricantes de estos aparatos llevan sus investigaciones con suma cautela, y prefieren no desvelar los resultados de sus avances en materia de interacción entre envase y electrodoméstico. El nacimiento inminente de una nueva categoría de producto de la que nadie quiere hablar para no dar pistas a la competencia, augura una batalla por la cuota de mercado. Y es que todos quieren emular a marcas como Nespresso o Apple y buscan estrategias globales de penetración de mercado. Compañías como LG, Electrolux, Samsung o Panasonic esperan un pistoletazo de salida, que no acaba de llegar, aunque entretanto vengan lanzando algunos artilugios inteligentes que incorporan tecnología RFID, como el LG DIOS Smart Fridge, un frigorífico que utiliza una aplicación propia llamada Smart Access con la que envía mensajes sobre qué alimentos están a punto de agotarse o van a caducar; el Cocoon, de Electrolux, que emplea la tecnología de identificación por radiofrecuencia para cocinar alimentos según las características de cada uno, o el SR-SX2, que Panasonic acaba de lanzar en Japón, un aparato para cocinar arroz, equipado con un lector RFID, que le permitirá interactuar online. Mónica Daluz /
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Envases y electrodomésticos: diálogo de futuro

En los años venideros se espera que la gestión de los alimentos envasados y otros productos de uso doméstico la realicen de forma automática los distintos aparatos electrodomésticos y demás dispositivos electrónicos del hogar. La tecnología de identificación por radiofrecuencia es, por el momento, la base sobre la que trabajan los sectores del packaging y del electrodoméstico para propiciar un diálogo entre objetos que sofisticará nuestras vidas. El talón de Aquiles: los costes en el producto unitario. ¿Podrá la industria alimentaria permitirse un tag en un envase de yogurt? En la respuesta a esta pregunta está clave, una pregunta a la que nadie quiere responder…

Mónica Daluz

¿Se imagina que su nevera le informara de los productos caducados que contiene, que decidiera, por su cuenta, hacer la compra conectándose con el supermercado, vía internet, o que su horno microondas rechazara calentarle un plato precocinado porque éste no es adecuado para su dieta? Pues no es tan difícil: un código de barras con la información en cuestión en el envase y un lector en el aparato electrodoméstico son suficientes para establecer el diálogo.

… Pero no todo aquello que es tecnológica o científicamente posible es económicamente viable, y algo así parece ocurrir con el asunto de los envases y los electrodomésticos capaces de comunicarse entre ellos. Además, algunos fabricantes de estos aparatos llevan sus investigaciones con suma cautela, y prefieren no desvelar los resultados de sus avances en materia de interacción entre envase y electrodoméstico. El nacimiento inminente de una nueva categoría de producto de la que nadie quiere hablar para no dar pistas a la competencia, augura una batalla por la cuota de mercado. Y es que todos quieren emular a marcas como Nespresso o Apple y buscan estrategias globales de penetración de mercado. Compañías como LG, Electrolux, Samsung o Panasonic esperan un pistoletazo de salida, que no acaba de llegar, aunque entretanto vengan lanzando algunos artilugios inteligentes que incorporan tecnología RFID, como el LG DIOS Smart Fridge, un frigorífico que utiliza una aplicación propia llamada Smart Access con la que envía mensajes sobre qué alimentos están a punto de agotarse o van a caducar; el Cocoon, de Electrolux, que emplea la tecnología de identificación por radiofrecuencia para cocinar alimentos según las características de cada uno, o el SR-SX2, que Panasonic acaba de lanzar en Japón, un aparato para cocinar arroz, equipado con un lector RFID, que le permitirá interactuar online.

El desarrollo de la tecnología de identificación por radiofrecuencia en los últimos años se ha focalizado en la logística de los productos, pero ¿qué posibilidades brinda esta tecnología en el final de la cadena, es decir, en el hogar del consumidor? Le hemos preguntado a Javier Blanco, responsable de Desarrollo de EPC de AECOC. Blanco afirma que «en efecto, el planteamiento inicial de implementación del RFID en el panorama empresarial se centró en la mejora de los procesos logísticos; sin embargo, el potencial del “chip” EPC de identificación por radiofrecuencia es enorme, en gran medida aún por descubrir. A priori, se pueden enumerar múltiples aplicaciones en diferentes escenarios, entre ellos, efectivamente, el hogar. En nuestras casas los chips de radiofrecuencia podrían permitir convertir nuestras viviendas en hogares robotizados con electrodomésticos inteligentes que nos ‘informen’ de las fechas de caducidad de los productos, recetas que podemos preparar, etc.”

La irrupción de la tecnología de radiofrecuencia auguraba la proliferación de entornos inteligentes, incluso se acuñó el término “internet de objetos”. De hecho, existen ya nuevos objetos cotidianos que gracias a los estándares de conectividad inalámbrica y a las tecnologías de posicionamiento, como la RFID, que crean un enlace permanente a través del espacio hertziano entre el objeto y una base de datos online, permanecen localizados en todo momento en el espacio y en el tiempo dejando constancia de la particular historia de su paso por nuestras vidas.

Pero los imperativos del mercado dejan fuera de juego algunas posibilidades. Y es que los costes, más fácilmente asumibles en producto electrodoméstico, dificultan la implantación de estos dispositivos en envases alimentarios unitarios. Blanco es claro al respecto: “En el ámbito del RFID, nuestra experiencia nos dice que son tres los factores que determinan verdaderamente su implantación. El primero es que ofrezca respuesta a una necesidad real de la empresa. En segundo lugar, que los beneficios de la implantación superen a la inversión y sea un proyecto rentable con retorno a corto plazo y, finalmente, que la empresa esté convencida de que la implementación de un proyecto en este ámbito puede ser una ventaja competitiva y un elemento diferenciador que le permita destacar en términos de innovación, eficiencia, mejora de la experiencia de compra y/o consumo, etc.”

Más allá de la trazabilidad

El primer protagonista de este entramado de objetos dialogantes en gestación son los envases inteligentes, aquellos que aportan información al usuario sobre el producto, su trazabilidad, la evolución de sus parámetros de deterioro o la historia de las condiciones de distribución. Y ahí están también los fabricantes de electrodomésticos, que, en la actualidad están colaborando con las universidades e institutos de investigación para el desarrollo de nuevas referencias. Éste es el caso de Samsung y la Universidad Rutgers de New Jersey (EE.UU), que están llevando a cabo investigaciones que aúnan tecnología alimentaria, desarrollo del packaging y aplicaciones informáticas. En los centros de investigación se cuecen frigoríficos inteligentes, equipados para detectar qué productos se están introduciendo si el alimento envasado está equipado con etiqueta RFID. Por la misma regla de tres, registra lo que sale de ella, por lo que el usuario puede controlar qué y cuánto come… El horno microondas es otro de los aparatos que en el futuro conversará con los envases alimentarios gracias a un microprocesador integrado y un lector de código de barras; entre los datos que pueden incluir los tags de RFID encontramos recetas, temperaturas y tiempos de cocción y demás recomendaciones.

Se avecina pues, la smart kitchen, o cocina inteligente, que realizará inventarios de control de los alimentos, compras en línea, nos alertará del posible deterioro de los productos en función de su fecha de caducidad, proporcionará información de interés para alérgicos, etc. Un entorno domótico de prestaciones perceptibles pero no visibles, en el que la inteligencia ambiental inundará los espacios y los redefinirá. Son tendencias para una vida más cómoda, porque aunque hoy, en los difíciles días que vivimos, nos ruboricemos por desear algo que no sea estrictamente imprescindible, debemos, a pesar de la crisis, seguir soñando con un futuro mejor.

© MÓNICA DALUZ 2019-2024

Mónica Daluz
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