De la lencería se dice que adolece de falta de innovación y que las propuestas son repetitivas. Hoy, la pura necesidad nos está llevando a ver cómo los camisones se transforman en vestidos de fiesta y los pijamas en elegantes conjuntos sport con los que salir la mañana del domingo a comprar el periódico… Y han sido los hábitos y gustos del consumidor actual los que han empujado al sector hacia ese proceso de cambio.
La polivalencia
El exceso de oferta e información que bombardea las sociedades occidentales nos lleva de manera inconsciente a tratar de rentabilizar nuestro tiempo, nuestras actividades, nuestros conocimientos y nuestras inversiones. Este afán de aprovechamiento nos hace valorar aquellas cosas que en un menor espacio tengan más número de funciones, que su uso nos permita abarcar el mayor número de situaciones; en fin, que con el menor esfuerzo obtengamos la máxima recompensa.
Remontémonos a los años en los que las féminas de la nobleza y la burguesía, que lo que les sobraba era tiempo, cambiaban su vestuario varias veces a lo largo del día. Hoy, el escaso tiempo que pasamos en nuestro hogar, por ser breve, ha cobrado un valor inestimable y por ello deseamos que esas horas sean especiales. Buscaremos pues, vestirnos al llegar al hogar con prendas cómodas que, además, nos permitan hacer las tareas domésticas, salir a subsanar el despiste de aquel ingrediente para la cena, leer un libro confortablemente recostados en nuestro sofá preferido, tener libertad de movimiento para jugar con los niños, y estar atractivos y seductores cuando llega nuestra pareja. Mónica Daluz / pdf

