
DOSSIER EL ÁRBOL EN LA CIUDAD
Entrevistas a Eleuterio Calleja, Técnico Coordinador del Departamento de Jardinería y Paisajismo del Ifapa, Centro de Palma del Río y miembro de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos, y a Xavier Hernández, director de Espacios Verdes del Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Barcelona.
Una ciudad sin árboles ¿es posible? Se aproxima 2019 y, afortunadamente, el Los Ángeles de Blade Runner no parece tener ‘réplica’ fuera de la ficción, aunque el paisaje de algunas macrociudades asiáticas tiende a ello peligrosamente. Una ciudad sin árboles no es siquiera imaginable; incluso nuestra salud psíquica depende de la gestión de los espacios verdes, sobre todo ahora que la urbanización del suelo avanza imparable: 2008 pasará a la historia por ser el año en que por vez primera más de la mitad de la población mundial vive en ciudades. Fachadas verticales, cubiertas verdes, jardines terapéuticos, huertos urbanos, integración de los espacios verdes en los proyectos curriculares escolares, participación ciudadana en la conservación del arbolado y las zonas verdes, etc. Mucho queda por hacer para integrar la naturaleza en la ciudad.
El protagonista de este reportaje es el árbol, siempre presente en nuestras ciudades, obligado a convivir entre humanos que raramente reparan en él, y a sobrevivir en un entorno innecesariamente hostil. Analizaremos cómo ha evolucionado el papel de este elemento vivo en el diseño de las ciudades, hallarán también ejemplos de algunos de los errores cometidos en el pasado y encontrarán las pautas y tendencias que marcarán la incorporación del arbolado en el diseño urbanístico que viene, ahora que las urgencias climatológicas no dejan lugar a dudas y, para bien o para mal, han empujado al consenso. Se acabó el ‘verde a metros’; la escasez de agua, el enorme coste en el mantenimiento del arbolado y las nuevas condiciones climáticas han colocado sobre el tapete el debate de cómo optimizar la integración del árbol y las zonas verdes en el diseño de las ciudades. Mónica Daluz / pdf
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DOSSIER EL ÁRBOL EN LA CIUDAD
El árbol en el diseño urbano
Adiós al verde a metros
Mónica Daluz 23/05/2008
Una ciudad sin árboles ¿es posible? Se aproxima 2019 y, afortunadamente, el Los Ángeles de Blade Runner no parece tener ‘réplica’ fuera de la ficción, aunque el paisaje de algunas macrociudades asiáticas tiende a ello peligrosamente. Una ciudad sin árboles no es siquiera imaginable; incluso nuestra salud psíquica depende de la gestión de los espacios verdes, sobre todo ahora que la urbanización del suelo avanza imparable: 2008 pasará a la historia por ser el año en que por vez primera más de la mitad de la población mundial vive en ciudades. Fachadas verticales, cubiertas verdes, jardines terapéuticos, huertos urbanos, integración de los espacios verdes en los proyectos curriculares escolares, participación ciudadana en la conservación del arbolado y las zonas verdes, etc. Mucho queda por hacer para integrar la naturaleza en la ciudad, para eliminar las barreras que separan el medio urbano y el medio rural y evitar que el asfalto nos asfixie, ahora que el ser humano deviene urbano y emigra en masa, como especie, a la ciudad.
El protagonista de este reportaje es el árbol, siempre presente en nuestras ciudades, obligado a convivir entre humanos que raramente reparan en él, y a sobrevivir en un entorno innecesariamente hostil. Analizaremos cómo ha evolucionado el papel de este elemento vivo en el diseño de las ciudades, hallarán también ejemplos de algunos de los errores cometidos en el pasado y encontrarán las pautas y tendencias que marcarán la incorporación del arbolado en el diseño urbanístico que viene, ahora que las urgencias climatologías no dejan lugar a dudas y, para bien o para mal, han empujado al consenso. Se acabó el ‘verde a metros’; la escasez de agua, el enorme coste en el mantenimiento del arbolado y las nuevas condiciones climáticas han colocado sobre el tapete el debate de cómo optimizar la integración del árbol y las zonas verdes en el diseño de las ciudades. La solución a los desatinos en la gestión del arbolado y los espacios verdes en la urbe ya está inventada; dos términos, que a veces se nos antojan gastados, más de nombrarlos que de practicarlos, recogen la fórmula del éxito: calidad y profesionalidad.

Vista de París desde la Torre Eiffel. Sobre el río Sena, el parque arbolado de Trocadero, y en segunda línea el Bois de Boulogne, un bosque urbano que supone un verdadero pulmón para la ciudad, con una superficie de 846 hectáreas, dos veces y media más grande que el Central Park de Nueva York y 3,3 veces mayor que el Hyde Park de Londres. Al fondo, los rascacielos del distrito de negocios de La Défense. Ejemplo de perfecta combinación de espacios ‘verdes y grises’, y de tradición y modernidad. El tratamiento del espacio en su planificación urbanística hace de París una gran ciudad que, sin embargo, no ‘asfixia’…
No es mucho: una elección adecuada de las especies, un terreno de calidad y el espacio suficiente para crecer y vivir. Invertir en el ‘antes’ para evitar costes de mantenimiento evitables.
Y algo está cambiando. Para empezar, la presencia del técnico en jardinería y paisajismo en la obra civil es hoy incuestionable. Sin embargo, abordar la cuestión en toda su dimensión implica replantear el diseño urbanístico de nuestras ciudades, lo cual no va a ser tarea fácil.
En cualquier caso, nunca es tarde para rectificar y parece que al árbol le llegó la hora de ocupar el lugar que le corresponde en la urbe del siglo XXI.
Floreros urbanos: concepto caduco
El concepto clásico de jardinería urbana en el que el arbolado cumplía una misión puramente ornamental hace tiempo que ha dejado de ser vigente, por lo menos en la teoría, y la misión del árbol ha mutado hacia la funcionalidad. La aportación ambiental del árbol es hoy reconocida y tomada en cuenta en los proyectos de diseño urbano. Entre sus funciones figuran la regulación ambiental, la depuración de aire, la atenuación de ruidos, la aportación de humedad y sombra, la de canalizar los vientos, la de atraer fauna a la ciudad y el hecho de ejercer una influencia psicológica positiva sobre el ciudadano. Cierto es que queda mucho por hacer a la hora de actuar con rigor, pues si bien los planes urbanísticos recogen la cuantía de la reserva de espacios libres o verdes, no concreta su composición, pero hoy, las administraciones han asumido la necesidad de un nuevo replanteamiento de los espacios verdes ante el advenimiento de fenómenos climáticos como la sequía y el aumento de la temperatura, así como del incremento de los índices de contaminación atmosférica, y todo apunta a que ya se han puesto manos a la obra.
¿Qué hacen los árboles por nosotros?
- Amortiguan la densidad del ruido y los sonidos molestos.
- Sirven de barrera evitando la dispersión aérea de partículas como el polvo, humo y hollín. Los árboles con follaje ancho son los más eficaces para asimilar los desechos del aire, las partículas contaminantes que flotan en la atmósfera.
- Absorben el dióxido de carbono y restituyen el oxígeno a la atmósfera.
- Favorecen la regulación de la temperatura en áreas específicas, dando sombra.
- Ayudan a la eliminación o reducción de olores desagradables.
- Evitan la erosión de laderas y pendientes de lomas y cerros circundantes.
- Favorecen la privacidad de jardines y casas particulares.
- Favorecen el restablecimiento de la fauna urbana benéfica.
- Contribuyen a la infiltración de agua y a la recarga de los mantos acuíferos.
Los árboles, uno a uno
El Ayuntamiento de Madrid ha incluido en su web un inventario informatizado del arbolado urbano, a través del cual el ciudadano puede localizar los árboles de cualquier calle de la capital, conocer su especie y edad o realizar la solicitud de la actuación que precisen. El proyecto se llama ‘Un alcorque, un árbol’.
Por su parte, el Ayuntamiento de Huelva ha realizado recientemente un inventariado on line de la arboleda de la ciudad, un registro en el que ya hay más de 30.000 árboles inventariados pertenecientes a 135 especies. Con el objetivo de tener un control exhaustivo de la situación de los árboles de la urbe, el Consistorio ha instalado un sistema informático que localiza geográficamente cada ejemplar y ofrece una ficha técnica del mismo, en la que se incluye un código y una fotografía y se informa de la especie, edad, altura, diámetro y estado fitosanitario. El programa informático, conocido como Ingrid, es para gestión interna aunque los responsables del proyecto no descartan colgarlo en un futuro en la página web del Ayuntamiento para que los ciudadanos tengan acceso a dichos datos.

Loa árboles amortiguan la densidad del ruido y los sonidos molestos.
Jardín terapéutico
He aquí otro ejemplo de cómo rentabilizar la inversión pública en zonas vedes, dando a parques y jardines nuevas utilidades, buscando un sentido práctico, no sólo estético: son los llamados jardines terapéuticos.
Alejados más que nunca de la naturaleza parece que hemos entrado en un punto de inflexión; vemos cada día ejemplos del creciente interés por la preservación del medio ambiente, por la defensa de las especies amenazadas de extinción, por las energías renovables y también por una alimentación más natural o por una medicina menos farmacológica. Hidroterapia, baño de pies, alfombra de texturas… Seguro que la proliferación del jardín terapéutico tendría una buena acogida entre la ciudadanía.
Las primeras experiencias de estos espacios de salud se desarrollaron en Alemania; se trataba de un jardín municipal estratégicamente situado que tenía una piscina con agua pisable, una pequeña pila para hacer baños de brazos y zonas con césped o con piedras para caminar con los pies descalzos.
DOSSIER EL ÁRBOL EN LA CIUDAD
Aulas al aire libre
Mónica Daluz 23/05/2008
Las zonas verdes, en su conjunto, constituyen un recurso de la comunidad que se halla infrautilizado. De entre las numerosas funciones y usos que podrían cumplir comentemos uno de los más interesantes: como recurso educativo fuera del aula. Sobre la contribución al aprendizaje de los escenarios exteriores al aula existe unanimidad entre la comunidad docente, por lo que deberían explorarse las posibilidades didáctico-pedagógicas y formativas de los parques y jardines públicos. Desde que aparecieron las modernas teorías de la escuela activa y el aprendizaje experimental, durante los años 30 del siglo pasado, frente a la enseñanza tradicional, el concepto de alumno activo se ha popularizado así como la idea de diversificación de los contextos de aprendizaje; se aprende mejor a través de la experiencia directa con materiales naturales y situaciones de vida fuera de la escuela. Los espacios verdes de nuestras ciudades podrían constituir excelentes escenarios formativos.
En este sentido, un estudio llevado a cabo por la Dra. Enriqueta Molina, profesora titular de Didáctica y Organización Escolar de la Facutad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada, arrojó los siguientes resultados basados en una encuesta realizada entre personal docente de Educación Primaria, Secundaria y Bachillerato acerca de las diferentes posibilidades formativas de los parques y jardines públicos: el 91,3 por ciento de los profesores encuestados opinó que estos espacios pueden servir para configurar valores, actitudes y comportamientos; para modelar ciertos hábitos mentales como curiosidad, entusiasmo, asombro e imaginación, fue la opción señalada en el 88,2 por ciento de los casos; provocar la exploración y realizar descubrimientos obtuvo un 84 por ciento; coincidió con la afirmación ‘aplicar y examinar los conocimientos, habilidades y valores expuestos en el aula’ el 83,4 por ciento de la muestra; abordar procesos de investigación: plantear hipótesis, recoger y analizar datos, y derivar conclusiones obtuvo un 79,9 por ciento; desarrollar proyectos interdisciplinares de estudio, investigación, colaboración y reflexión, un 77,1 por ciento, y recibir formación y asesoramiento de profesores y otros miembros de la comunidad, un 70,8 por ciento. Los profesores encuestados creen que el ambiente ordenado, natural, grato, relajado que representan los parques y jardines podría ser un medio idóneo para desarrollar componentes formativos de tipo actitudinal y destacan también el apoyo que en ellos podrían encontrar como medios para desarrollar hábitos mentales considerados motores de la innovación y el desarrollo, como la curiosidad, el entusiasmo, el asombro y la imaginación. Del estudio se desprende también que estos espacios representan un medio excelente para hacer posible explorar, indagar, realizar descubrimientos, en definitiva, investigar, tarea fundamental en los avances de la ciencia y de la vida.

Los espacios verdes son una perfecta área de formación.
Esta investigación también demuestra que los profesores confían en que parques y jardines serían un medio que podría colaborar en la formación y desarrollo interpersonal de los estudiantes y en el desarrollo del ámbito afectivo, y ser fuente de temas vertebradores de conocimiento alrededor de los cuales se podrían ir tratando las restantes áreas o materias de estudio. “Así, -cita el documento- en un jardín se podría comenzar tratando un tema de Botánica e ir enlazando con Lenguaje, Matemática, Literatura, Historia, Educación Física, Educación Artística, Geografía, etc.”.
Existen algunas experiencias que se acercan a esta idea de aprovechar los espacios verdes urbanos como escenarios educativos. En relación a esta cuestión, Maria Molins, técnica del Servicio de Desarrollo de Programas Educativos de Ciudad, departamento peteneciente al Instituto de Educación del Ayuntamiento de Barcelona, nos habla del proyecto ‘Acércate a los parques’, desarrollado en colaboración con Parques y Jardines de Barcelona. El proyecto se lleva a cabo por tercera vez en la ciudad Condal con el objetivo de que los estudiantes de educación Primaria y Secundaria conozcan la gestión y participen en el mantenimiento de los parques, y fomentar, de este modo, comportamientos cívicos y responsables en la utilización de los espacios verdes. El proyecto se lleva a cabo en tres fases: una de presentación y formación para el profesorado, otra, consistente en una mañana de trabajo con los alumnos en un parque cercano a la escuela durante la cual se recogen datos (encuestas entre los usuarios sobre sus preferencias en usos y dotaciones del parque) que posteriormente son trabajados en el centro, y una última sesión en la que se celebra un encuentro entre los alumnos y los representantes de Parques y Jardines y del Instituto de Educación, en el que los estudiantes presentan y concretan propuestas de actuación para que las instituciones realicen en ‘su’ parque.
“A través de esta experiencia los alumnos conocen cuál es la vegetación del parque, aprenden a identificar los árboles más habituales y se les explica la historia del lugar”, nos explica Molins. Además, durante el proyecto los alumnos toman conciencia de cuestiones con las que difícilmente estarían en contacto en el entorno educativo convencional. Al respecto nuestra interlocutora señala que “los muchachos se sorprenden del importante coste que supone el mantenimiento de estos espacios y, además, a través de las encuestas realizadas a las distintas tipologías de usuarios del parque, se dan cuenta de que no todo el mundo quiere lo mismo, que del parque se espera que cumpla muy diversas funciones, en definitiva, que las necesidades e intereses de la población son variados en relación a estos espacios”. Otros asuntos sobre los que se trabaja a lo largo de estas jornadas son “la gestión de la sequía –prosigue Molins–, aspectos de seguridad, de responsabilidad, la importancia de la fauna, la vegetación autóctona, el riego, las aguas freáticas, y además ven de cerca la problemática que rodea a los parques públicos y, lo que es más importante, las soluciones”.

Las zonas verdes producen un efecto terapeutico a las personas.
Hoy proliferan en las ciudades alemanas circuitos terapéuticos para pies descalzos, con instalaciones de juegos infantiles o para realizar ligeros ejercicios gimnásticos, donde acuden familias, personas de la tercera edad, los ciclistas hacen parada, son destino de excursiones escolares…
Este tipo de jardines constituye una instalación terapéutica y lúdica a la vez, que combina las instalaciones de hidroterapia básica con otras de gimnasia suave para pequeños y mayores, todo ello con el aliciente de unos diseños de gran belleza. Este tipo de circuitos, que se extendió durante el siglo XIX en Alemania y en otros países nórdicos, llegó también a los pueblos y, más tarde, el concepto se amplió: hoy muchos de estos circuitos están instalados en zonas de bosque, los llaman ‘itinerarios de salud’.
En noviembre de 2005 fue inaugurado en Barcelona el primer jardín terapéutico de España, situado en la finca ‘Villa Florida’ en el barrio de Sant Gervasi. El jardín permite andar descalzo por tres alfombras con diferentes texturas, como hierba, piedras de diferentes tamaños, arena fina y gruesa, troncos o corteza de pino. En este parque, paradójica y al mismo tiempo lógicamente, no se admiten perros.
Los beneficios del jardín terapéutico son numerosos. Estimulan el sistema inmunitario, activan la circulación de las piernas, reducen el estrés. Además, cumplen una función social, pues constituye una instalación para hacer medicina preventiva activa con un componente lúdico, socializante y de disfrute del entorno. Es una manera de fomentar la buena salud de los ciudadanos
Cifras del arbolado de Madrid: datos generales
- Número de árboles en el viario de Madrid 226.301
- Árboles por habitante 1 árbol/14 habitantes
- Número de especies distintas 203
- Número de calles arboladas 4.146
OPINIÓN
El árbol y las zonas verdes ejercen un efecto balsámico para la salud
En clave de opinión: el hecho urbano, los espacios verdes y la psique humana
Mónica Daluz 25/06/2008
Observo un minúsculo parque con cuatro columpios infantiles. Cuatro, literalmente. Simples pero suficientes: el tobogán, una casita elevada y un par de balancines. En medio de esas evocadoras estructuras de vistosos colores se yergue, como por casualidad, un arbolito rechoncho que a palmo y medio del suelo despliega sus robustas ramas invitando a ser tomado, retando a los chiquillos en sus ansias exploratorias, a ser tiernamente invadido. Desde el murete que enmarca el escueto parque y que acabo de convertir en observatorio psicopedagógico improvisado, voy tomando notas. Aquella protuberancia de la naturaleza parece ejercer una misteriosa fuerza de atracción sobre los niños, que se le acercan según van llegando; me vino a la cabeza aquella montaña de Encuentros en la Tercera Fase que tenía semiabducidos a aquel variopinto grupo de individuos arrastrados por una insólita visión común …

La primera en llegar es una niña de largos cabellos, arrolladora, llena de vitalidad, que teniendo el parque enterito sólo para ella, escoge sin vacilar, el árbol como compañero de juego. Enredada entre sus ramas se enzarza en lo que desde aquí podría jurar que es una conversación. Niña y árbol parecen estar en mutua simbiosis. ¿Será el árbol el último cordón umbilical que nos conecta con una naturaleza que se nos escapa irremediablemente?
Siguen llegando parvos. Los más pequeños se atrincheran tras las ramas, que se les antojan enormes aunque no lo son, tratando inútilmente de no ser descubiertos por el compañero que eligió el tronco para contar… mientras otros, más creciditos y ciertamente alborotados, simplemente, corren a su alrededor.
Me sobrecoge el extraño vínculo que observo entre niños y árbol. Entonces caigo en la cuenta del simbolismo que rodea al susodicho. El árbol es sinónimo de vida. Ya había uno en el Jardín del Edén; en los cuentos y leyendas populares aparecen árboles padre y árboles madre; en la mitología griega, Dafne es transformada en árbol de laurel para escapar de Apolo; en la mitología de las selvas de Malasia, el dios creador convierte en árbol a la mitad de los seres humanos para resolver el problema de la superpoblación mundial; en Indonesia se planta un árbol frutal por cada niño que nace y según la tradición popular sus espíritus quedarán ligados para siempre; los maoríes y los papúas también unen la vida del recién nacido al árbol, y en las tribus del Cercano Oriente las mujeres jóvenes se tatúan la imagen de un árbol en el abdomen para propiciar la concepción. Los psicólogos estudian cómo los niños dibujan árboles y el resultado es tomado como indicativo de sus rasgos de personalidad. Y dicen que los enfermos ingresados en centros hospitalarios se recuperan antes si desde los ventanales de su habitación pueden ver árboles. Podríamos seguir…
No cabe duda de que la presencia del árbol y las zonas verdes en la ciudad ejercen un efecto balsámico para el alma o, en definitiva, para la salud psíquica. Es curioso, las personas construyen la ciudad y después, de algún modo, la ciudad construye a las personas, determinando su manera de pensar, sentir y actuar. De hecho, vivir en la ciudad constituye una categoría relevante y diferencial desde el punto de vista de la psicología, pues a la estructuración de la trama urbana están vinculados los procesos sociales, los estilos de vida y, en consecuencia, el desempeño individual.

Inmersa en mis reflexiones, con la atención extraviada durante un buen rato pero todavía con la mirada clavada en aquel dócil árbol, me centro nuevamente en él. Los niños van marchando a sus quehaceres, que los tienen, y muchos, aunque sean niños, y son arrancados a regañadientes del cobijo de aquel amigo inmóvil con el que han aprendido, de algún modo, a dialogar. Se van para volver a la vida a golpe de horario tras el breve paréntesis de su cita diaria con su singular compañero de juegos, con la certeza de de que allí estará también mañana. Si le han caído hojas lo tomarán por enfermo y jugarán a médicos, si le falta una ramita patrullarán el parque en su busca y si un nuevo brote nace, entonces jugarán a papás y mamás, porque a sus ojos su árbol es siempre distinto. Para ellos, como ocurre en la naturaleza, todo es así de simple y así de mágico al mismo tiempo.
Me pregunto quién decidió que precisamente este árbol fuera plantado aquí, y si se le ocurrió así, porque sí, o si lo hizo a conciencia, previendo el conmovedor espectáculo de que he sido testigo.
Compensar la desnaturalización con espacios verdes
Este hábitat natural del hombre civilizado, espacio de concentración de aspiraciones humanas, de esperanzas y utopías, ha creado un nuevo entorno para la vida humana y su irrupción ha supuesto una ruptura de las pautas de integración social aunque, paradójicamente, la urbe debería ser precisamente un espacio de sociabilidad. Algunos autores afirman que la gran ciudad reduce el impulso solidario como consecuencia del proceso activo de adaptación a las condiciones de sobrecarga informativa, que satura el sistema atencional del individuo. La densidad de usos y tareas, la heterogeneidad de usos y pobladores urbanos, la disminución del sentimiento de control sobre el espacio urbano, la pérdida de referencias simbólicas y de identidad, o la dificultad para establecer y estructurar redes sociales de apoyo, constituyen otros de los rasgos de la experiencia urbana. Aunque no todo es negativo en la urbe. Al respecto, el psiquiatra José Luis Rojas Marcos opina que “en las ciudades grandes la convivencia es más fácil, por ser éstas más abiertas y tolerantes, y gracias también al anonimato del que se goza en ellas, mientras que en las poblaciones pequeñas se toleran menos los cambios y la persona tiene la sensación de estar bajo vigilancia…”
En cualquier caso, para equilibrar esta balanza de desnaturalización, para reducir esa fatiga psicológica que supone la adaptación al tecnificado entorno urbano, contamos con una herramienta, digamos, compensatoria: los espacios verdes; con su correcta gestión, un espacio urbano de calidad dejaría de ser una utopía. Sobre este asunto, el profesor José Antonio Corraliza, del Departamento de Psicología Social y Metodología de la Universidad Autónoma de Madrid, propone el uso de los espacios libres urbanos como espacios restauradores que permitan “que el individuo se recupere de los excesivos costes que produce la satisfacción de las demandas producidas por el entorno urbano habitual y las actividades a él ligadas”, y subraya “la importancia psicológica que tiene el equipamiento de jardines, parques, plazas y, en general, espacios urbanos libres”.
Porque el paisaje urbano determina la experiencia emocional y social del urbanita, porque conforma nuestra identidad y porque la identificación con el lugar donde habitamos es elemento clave en el bienestar individual y colectivo, el diseño de las zonas verdes urbanas va a ser una cuestión de máxima relevancia en la redefinición de la ciudad. He aquí que el árbol cobra especial protagonismo pues, como afirma el profesor Fàbregas “es mucho más importante plantar poco y de calidad, tener en cuenta qué especies plantamos y en qué condiciones, porque eso hará que los árboles perduren a lo largo del tiempo y se conviertan así en elementos que caractericen nuestras ciudades”.
La influencia del diseño urbanístico, en especial de parques y jardines, en la cohesión social es también indiscutible; cuántas veces hemos visto jardines convertidos en guetos urbanos por haberse diseñado sin valorar su ubicación, ni los pequeños detalles de uso, ni si las dimensiones son las adecuadas, en definitiva sin pensar en quién lo usará, para qué o qué actividades se podrán realizar…
Sea como sea, la urbanización de la humanidad sólo se sostendrá humanizando las ciudades, equilibrando los espacios verdes de calidad con los espacios de cemento, y buscando el camino de vuelta al ágora…
DOSSIER EL ÁRBOL EN LA CIUDAD
“Los árboles pueden contribuir a la mejora del microclima urbano”
Entrevista a Eleuterio Calleja, Técnico-Coordinador del Departamento de Jardinería y Paisajismo del Ifapa, Centro de Palma del Río. Miembro de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos
Mónica Daluz 15/05/2008
Es necesario optimizar el uso de los espacios verdes en la ciudad y resolver, al fin, todos los errores del pasado. Para ello basta con elegir bien las especies a plantar, seleccionar un terreno de calidad y dar a los árboles el espacio suficiente y necesario para crecer y desarrollarse. Eleuterio Calleja, Técnico-Coordinador del Departamento de Jardinería y Paisajismo del Ifapa, el Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera de la Junta de Andalucía, habló con Interempresas acerca de los retos a los que se enfrentan las ciudades.

Eleuterio Calleja, Técnico-Coordinador del Departamento de Jardinería y Paisajismo del Ifapa.
¿Qué elementos deben tenerse en cuenta a la hora de diseñar la introducción del árbol en una gran ciudad? ¿Y en una pequeña población?
En general, la característica más importante es la adecuada selección de las especies, atendiendo tanto a criterios de su adaptación al medio, como de su futuro desarrollo en relación con el espacio disponible para su ubicación.
Además, en una gran ciudad habría que elegir las especies en función de su mayor capacidad de depuración atmosférica, así como tender a la creación de corredores verdes, que conecten los diferentes espacios verdes entre sí y estos, a su vez, con el medio rural que las rodea.
En una pequeña población, en cambio, al no tener esos problemas medioambientales y de contaminación, se puede atender más al aspecto ornamental de la especie en cuestión.
¿Cómo ha evolucionado el papel o función de este elemento vivo en el diseño de las ciudades?
Cada vez más, el arbolado urbano necesita ser considerado como una estrategia en la reducción del impacto ambiental en la vida urbana. En este sentido, se están estudiando y proponiendo actualmente especies que sean capaces de absorber los contaminantes pesados atmosféricos y como sumideros del dióxido de carbono, como se está haciendo, por ejemplo, en la Universidad de Sevilla.
¿Cuáles son los errores más habituales que se cometen a la hora de introducir el árbol en el diseño urbano?
El tamaño inadecuado en relación al espacio donde se va a introducir, la mala adecuación del alcorque o espacio donde se va a desarrollar el sistema radicular, así como un mantenimiento deficiente o mal ejecutado.
¿Puede ponernos algún ejemplo de ciudades del mundo donde el elemento en cuestión, el árbol, esté especialmente bien integrado?
Berlín, Londres o Vitoria-Gasteiz.
Explíquenos cómo está integrado el árbol en su ciudad y cuál ha sido su evolución
La integración no ha sido exitosa… y aun se siguen ejecutando plantaciones con muchas deficiencias que hacen que el árbol no pueda desarrollase en plenitud.
A todo esto se le añade la aparición de nuevas plagas y enfermedades de difícil resolución.
¿Cree que el árbol podría ‘aprovecharse’ mejor para contribuir a la reducción de CO2 en el aire? ¿Cómo podrían llevarse a cabo estas mejoras?
Indudablemente, los árboles en las ciudades deberían aprovecharse para que fuesen sumideros de contaminantes atmosféricos y por su contribución a la mejora del microclima urbano. Para ello se deben buscar las especies más idóneas, profundizando en los estudios ya realizados, puesto que solo hay una relación muy limitada de especies.
¿Podría hacer una clasificación de las distintas características del “uso” del árbol en función de la zona geográfica a nivel estatal?
Es evidente que la zona geográfica va a condicionar dicho uso. Así, por ejemplo, en la zona norte, más húmeda, se buscan especies que dejen pasar la luz y tengan copas menos espesas o compactas. También, desde el punto de vista paisajístico, las coníferas se adaptan mejor a esa climatología y a la de la zona centro. En las zonas cálidas del sur y costa mediterránea, en cambio, interesa que los árboles posean una copa mas compacta y proporcionen sombra a las vías públicas. Además, aquí la bondad del clima permite la utilización de algunas especies exóticas, que se caracterizan por la belleza de su floración, como es el caso de las Jacarandas o las Tipuanas, y también de especies que son signo de identidad de algunas ciudades, como los naranjos de Córdoba y Sevilla, o la variedad de palmeras que, aunque mermadas por el ataque del famoso “picudo rojo”, son un referente sobre todo en las ciudades de playa.
¿Cómo valora los criterios que, en general, se siguen en la integración de árboles, parques y jardines en el diseño de las ciudades españolas?
Los criterios de integración de las áreas vedes no son todo lo correcto que deberían ser, porque tendría que haber mayor control en los pliegos de condiciones para la ejecución de obras y que el mantenimiento sea el adecuado, precisándose un aumento sustancial en las partidas económicas destinadas a estas áreas, por parte de las administraciones correspondientes. Además, se debe contar con personal cualificado y preparado desde el punto de vista profesional para que las áreas verdes estén en perfectas condiciones.
¿Cómo sería, para usted, el diseño urbanístico ideal?
El que tenga en cuenta los aspectos paisajísticos y que garantice a la población ciudades más habitables, creándose áreas verdes sostenibles que tengan una gestión y mantenimiento adecuados, buscándose la calidad en las mismas. La sostenibilidad no tiene que ser sinónimo de mayor coste económico sino al contrario, pues lo más caro no es más sostenible. También es indispensable generar nuevos espacios que incrementen la proporción de metros cuadrados de áreas verdes por habitante, para acercarnos a los países centroeuropeos que nos llevan mucha ventaja en estos temas.

Nota: También ha participado en esta entrevista el biólogo Antonio Galván.
DOSSIER EL ÁRBOL EN LA CIUDAD
“Barcelona es una ciudad que siempre ha apostado por tener árboles en sus calles”
Entrevista a Xavier Hernández, director de Espacios Verdes del Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Barcelona
Mónica Daluz 15/05/2008
Cada vez más, las grandes ciudades están necesitadas de pulmones verdes que den un respiro al asfalto, ofreciendo espacios agradables y sugerentes a la vez que adecuados y pensados con criterios medioambientales. Xavier Hernández, Director de Espacios Verdes del Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Barcelona, nos explica cómo afronta la ciudad condal el diseño urbano respecto al árbol.

¿Qué elementos deben tenerse en cuenta a la hora de diseñar la introducción del árbol en una gran ciudad? ¿Y en una pequeña población?
En cualquier caso, sea una gran ciudad o una pequeña población, la introducción del árbol será una aportación ambiental y ornamental muy importante, y deberá hacerse considerando que este elemento convivira con otros elementos urbanos. En este sentido se escogerá la especie en función de su desarrollo posterior: árbol de porte pequeño y distancia de plantación corta para calles estrechas, árbol de porte mediano y distancia de plantación media para calles medianas y árbol de porte grande y mayor distancia de plantación para vías amplias. La elección de las especies también se hará en función de su adaptación a la climatología y sus bajas necesidades de mantenimiento (bajo requerimiento hídrico, poca necesidad de poda, resistente a plagas…). Otro factor a tener en cuenta es la funcionalidad del lugar: si se requiere un espacio con sombra en verano y sol en invierno, por ejemplo, se escogerá una especie caduca, en los paseos marítimos suelen adaptarse bien las alineaciones de palmeras, y en lugares emblemáticos se puede optar por ejemplares singulares.
¿Cómo ha evolucionado el papel o función de este elemento vivo en el diseño de las ciudades?
Inicialmente el árbol era un elemento usado más bien con fines ornamentales, básicamente para minimizar los efectos de la construcción, para conseguir sombra…, pero cada vez se consideran más sus efectos ambientales en la retención de partículas contaminantes y la oxigenación del espacio. Un aspecto que ha evolucionado mucho se refiere a la participación ciudadana, ya que a través de peticiones o quejas, las preferencias de los habitantes también se tienen en cuenta en el diseño. Como ejemplo, la reducción de la plantación de especies con problemas de alergias, o la plantación de árboles en jardineras en calles estrechas.
¿Puede ponernos algún ejemplo de ciudades del mundo donde el elemento en cuestión, el árbol, esté especialmente bien integrado y por qué?
No es tan importante nombrarlas o numerarlas, sino valorar que cada vez son más las ciudades y municipios comprometidos con los árboles, destinando un presupuesto específico para su gestión, elaborando planes de mantenimiento, actualizando inventarios y desarrollando técnicas de gestión. Asimismo, tal como indica la Carta de Barcelona, firmada el 2 de junio de 1995 por la Asociación Española de Arboricultura, las Administraciones públicas trabajan estableciendo políticas, reglamentaciones, normativas y prácticas que garanticen las condiciones óptimas para la vida del árbol. En Barcelona, por ejemplo, en los últimos años las actuaciones que se llevan a cabo sobre el arbolado tienen como finalidad la mejora de la calidad en lugar de la cantidad.

Explíquenos cómo está integrado el árbol en la ciudad de Barcelona y cuál ha sido su evolución
La bibliografía histórica de la ciudad cita diversas alineaciones de árboles plantados en el Paseo de Gracia en 1826, que era la vía de entrada principal a la ciudad antigua. Pero fue a partir del derribo de las murallas, y en la redacción del proyecto de ‘Ensanche’ de Ildefons Cerdà, en el año 1854 cuando se contempla la plantación de árboles dispuestos en las aceras a una distancia de 8 metros. Desde el comienzo de las obras de urbanización del Ensanche, el plátano se impuso como árbol viario predominante y, posteriormente, en el crecimiento de la ciudad siempre se consideró la presencia de arbolado viario. Barcelona es por tanto una ciudad identificada por el emblematismo de sus árboles en las calles.
En la década de los setenta, la ciudad contaba con más de 70.000 ejemplares viarios, que se han duplicado hasta la actualidad, con más de 150.000 unidades.
Hoy, una parte importante del arbolado viario la constituyen los árboles adultos plantados hace muchos años en unas condiciones urbanas y ambientales mucho más favorables que las actuales, pero que fueron sometidos a un tratamiento de control basado en podas drásticas que les han provocado heridas y debilitamiento. Los árboles actuales se plantan en condiciones más desfavorables (suelos menos permeables, más contaminación, más densidad de edificación) pero con unos criterios de plantación y mantenimiento más respetuosos con la biología del árbol.
El Plan de Gestión del arbolado viario de la ciudad de Barcelona contempla aspectos de mantenimiento (análisis visual, plantaciones, poda, riego, control de plagas, limpieza de alcorques), aspectos relacionados con la protección del verde (catalogación de árboles de interés singular, control y recuperación de árboles afectados por obras, control de nuevas plantaciones, y cumplimiento de las ordenanzas municipales) y aspectos de prevención de riesgos, seguridad y salud.
En los diez grandes objetivos de la Agenda 21 de Barcelona hay muchos aspectos vinculados con el verde urbano en general y con el arbolado en particular. Esto significa que en los últimos años se ha realizado un importante esfuerzo para racionalizar el consumo de agua, regando los árboles viarios siempre con agua freática, usando especies vegetales mejor adaptadas a las condiciones locales, aplicando medidas fitosanitarias con un mínimo impacto para el medio y potenciando el aumento de biodiversidad vegetal en la ciudad.
Parques y Jardines de Barcelona dispone desde el año 2001 de la certificación ISO 14001 del Sistema de Gestión Medioambiental en el ámbito de gestión y mantenimiento de las zonas verdes públicas y del arbolado.
¿Cree que el árbol podría ‘aprovecharse’ mejor para contribuir a la reducción de CO2 en el aire o bien como un elemento más en la edificación biosostenible en las urbes? ¿Cómo podrían llevarse a cabo estas mejoras?
Es evidente que deben aprovecharse todas las ventajas ambientales. Tanto las Administraciones e Instituciones públicas como las Universidades y centros de investigación deben sumar esfuerzos para desarrollar proyectos que contribuyan a mejorar esta aportación ambiental del árbol. Recientemente, por ejemplo, la Universidad de Sevilla ha publicado un estudio que destaca cómo los árboles captan el CO2 de miles de vehículos y subraya además cuáles son las especies arbóreas que más cantidad absorben.
Respecto a la edificación biosostenible en las urbes, se están desarrollando programas de certificación de edificios que evalúan y orientan a la vez a los arquitectos e ingenieros sobre cuestiones de ahorro de recursos ambientales. Uno de los más importantes es el LEED (Leadership in Energy and Environmental Design), aunque existen otros como BREEAM o el Golden Globes. Su objetivo es producir edificios que ahorren recursos, reduzcan costes y emisiones en su funcionamiento, reduzcan el calentamiento climático, mejoren la duración y el valor de mercado de los edificios, no dañen la capa de ozono, protejan la salud de los ocupantes, y mejoren la productividad de los trabajadores. Para conseguir estos objetivos, el papel del árbol y de la vegetación en las fachadas, cubiertas y jardines juega un destacado papel.

