
Entrevista a Josep Lluscà, diseñador
Los electrodomésticos marchan al unísono, proponiendo un conjunto de soluciones profesionales, estética y técnicamente hablando, pero también se han agrupado físicamente, viniendo a morir a la estancia del hogar que más ha cambiado funcional y conceptualmente.
Dicen que hoy la cocina es el templo de la convivencia, un espacio cada vez más integrado en nuestra vida diaria. En efecto, los roles tradicionales se disuelven y se extienden las funciones, de modo que el espacio para cocinar deviene en lugar para las emociones y las relaciones, pasando de estancia de soledad a estancia de convivencia. Una nueva percepción del comer y el cocinar está emergiendo en este tercer milenio donde prolifera el slow food y las soluciones profesionales. Ambientes limpios, donde convergen códigos lujosos y soluciones básicas son la esencia de la nueva estética de la cocina: simplicidad inteligente.
El sector del electrodoméstico ya se ha puesto las pilas y se recrea en el papel de protagonista que le toca vivir en el filme de nuestras vidas, que giran en torno al hogar, y su alma: la cocina; un espectáculo cotidiano en el que el frigorífico se erige ante nosotros esbelto y deslumbrante, bello y funcional, que se nos antoja amable y que está ahí para servirnos y para cuidarnos; hornos y encimeras que nos proponen una cocina más saludable, que recuerdan por nosotros la receta más sabrosa y están siempre dispuestos a recibir nuestra llamada para ponerse a trabajar… Y qué decir de los grandes incomprendidos: secadoras y lavavajillas; probarlos es quererlos, tan solo necesitan una oportunidad. Y, por supuesto, la reina de la casa: la lavadora, más que un electrodoméstico, aliado y motor de una revolución que aún no ha terminado…
Lavavajillas que nadie ve pero que como un cómplice en un guiño sólo para nosotros, proyecta un sutil haz de luz bajo su falda para decirnos que está lavando nuestra vajilla; o lavadoras look inox, en el otro extremo de la tendencia, reivindicando su papel estelar, deseosa de llamar nuestra atención con una elegante majestuosidad. Líneas puras se apoderan del diseño de nuestros electrodomésticos y de nuestros espacios. El “menos es más” de la Bauhaus, que popularizó Mies van der Rohe, está hoy más vivo que nunca y no sólo como actitud de minimalismo formal, sino como la de conseguir mejores objetos con menos recursos, más calidad estética, funcional o técnica, con menos consumo de materia, tiempo y energía.
Libertad y autenticidad son dos claves para entender los nuevos espacios para cocinar, más abiertos, más dialogantes con el resto de espacios del hogar. En una época en la que el conflicto generacional tiende a cero y la tolerancia y el diálogo son la base de la convivencia, la cocina se troca en el marco ideal para una plácida cotidianeidad.
Las entrevistas que les ofrecemos a continuación nos acercan a los códigos conceptuales del diseño que viene, aquel que nos acompañará y del que vamos a disfrutar, durante buena parte de nuestras vidas. Mónica Daluz / pdf
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La cocina, el corazón del hogar
Simplicidad inteligente
Mónica Daluz
Los electrodomésticos marchan al unísono, proponiendo un conjunto de soluciones profesionales, estética y técnicamente hablando, pero también se han agrupado físicamente, viniendo a morir a la estancia del hogar que más ha cambiado funcional y conceptualmente.
Dicen que hoy la cocina es el templo de la convivencia, un espacio cada vez más integrado en nuestra vida diaria. En efecto, los roles tradicionales se disuelven y se extienden las funciones, de modo que el espacio para cocinar deviene en lugar para las emociones y las relaciones, pasando de estancia de soledad a estancia de convivencia. Una nueva percepción del comer y el cocinar está emergiendo en este tercer milenio donde prolifera el slowfood y las soluciones profesionales. Ambientes limpios, donde convergen códigos lujosos y soluciones básicas son la esencia de la nueva estética de la cocina: simplicidad inteligente.
El sector del electrodoméstico ya se ha puesto las pilas y se recrea en el papel de protagonista que le toca vivir en el filme de nuestras vidas, que giran en torno al hogar, y su alma: la cocina; un espectáculo cotidiano en el que el frigorífico se erige ante nosotros esbelto y deslumbrante, bello y funcional, que se nos antoja amable y que está ahí para servirnos y para cuidarnos; hornos y encimeras que nos proponen una cocina más saludable, que recuerdan por nosotros la receta más sabrosa y están siempre dispuestos a recibir nuestra llamada para ponerse a trabajar… Y qué decir de los grandes incomprendidos: secadoras y lavavajillas; probarlos es quererlos, tan solo necesitan una oportunidad. Y, por supuesto, la reina de la casa: la lavadora, más que un electrodoméstico, aliado y motor de una revolución que aún no ha terminado…
Lavavajillas que nadie ve pero que como un cómplice en un guiño sólo para nosotros, proyecta un sutil haz de luz bajo su falda para decirnos que está lavando nuestra vajilla; o lavadoras look inox, en el otro extremo de la tendencia, reivindicando su papel estelar, deseosa de llamar nuestra atención con una elegante majestuosidad. Líneas puras se apoderan del diseño de nuestros electrodomésticos y de nuestros espacios. El “menos es mas” de la Bauhaus, que popularizó Mies van der Rohe, está hoy más vivo que nunca y no sólo como actitud de minimalismo formal, sino como la de conseguir mejores objetos con menos recursos, más calidad estética, funcional o técnica, con menos consumo de materia, tiempo y energía.
Libertad y autenticidad son dos claves para entender los nuevos espacios para cocinar, más abiertos, más dialogantes con el resto de espacios del hogar. En una época en la que el conflicto generacional tiende a cero y la tolerancia y el diálogo son la base de la convivencia, la cocina se troca en el marco ideal para una plácida cotidianeidad.
Las entrevistas que les ofrecemos a continuación nos acercan a los códigos conceptuales del diseño que viene, aquel que nos acompañará y del que vamos a disfrutar, durante buena parte de nuestras vidas.
Josep Lluscà, diseñador
«Originalidad no significa extravagancia»
Ha sido vice-presidente de ADI-FAD, miembro del Consejo de Diseño de la Generalitat de Catalunya, miembro del Consejo Asesor de la Fundació BCD de Barcelona y profesor de la Escuela Eina. Con más de una veintena de premios obtenidos en todo el mundo, fue Premio Nacional de Diseño en 1990. Colabora con numerosas empresas de todos los sectores, entre ellas, Fagor, Sanyo, Bra, General Electric, Monix, Vileda, WMF o Tecnimagen.
Lluscà nos ha explicado su particular visión del diseño en una época en la que, con todas las tecnologías a nuestro alcance, y al contrario de lo que ocurría hace medio siglo, es más fácil fabricar que diseñar, para un consumidor hoy globalizado.
“El diseño industrial es una actividad creativa que tiene como objetivo determinar las características técnicas, formales y funcionales de los objetos que produce la industria cuando su uso implica una relación directa con el hombre. Al diseñador industrial le corresponde la tarea de transformar las tecnologías disponibles en productos fabricables, en procesos que puedan ser utilizados por las personas, en formas que sean apropiadas, accesibles y útiles para los usuarios. El diseño no sólo trata de la apariencia de los objetos, sino de cómo se utilizan, cómo se producen y cómo se comunican.
También creo que el diseño debe aportar algo más que una simple dimensión visual o decorativa, debe asumir una dimensión social y ofrecer alternativas más económicas tanto desde el punto de vista del coste industrial como del ecológico. Además, los proyectos con más éxito comercial suelen ser los que buscan, a través del diseño, prestaciones y calidad más que estilismo, aunque la estética también es un factor fundamental dentro del proceso. Es imposible atribuir a la forma, a la función, a la estética, a los materiales, a la tecnología o a la ergonomía un lugar preponderante respecto al resto de factores, porque es la suma de todos ellos la que nos ha de guiar hacia la solución óptima. He de decir que no me interesan los efectos fáciles, lo extraño porque sí; es muy fácil hacer cosas que sorprendan, pero no está tan claro que estas cosas tengan interés para los demás y sean duraderas. Originalidad no significa extravagancia. Creo en las soluciones sencillas, como garantía de elegancia, de pureza, de claridad. La claridad es siempre necesaria en la relación entre usuario y objeto para que éste, a través de su forma, sea capaz de comunicar algo: la idea que lo generó, cómo funciona, qué beneficios o prestaciones nos aporta, lo fácil, fiable y segura que será su utilización y, porqué no, placer estético…
Situando el diseño en nuestro mercado, cabe decir que la ductilidad disciplinaria que se da en el Mediterráneo, el valor que se otorga a las relaciones humanas, una calidad de vida que no se mide en términos exclusivos de eficiencia y un énfasis en la dimensión ética y estética del trabajo no mecánico, sitúa al diseño de nuestro país en una posición privilegiada y en un ejemplo a tener especialmente en cuenta en el nuevo, denso y excitante escenario socio cultural y político que nos rodea.”
Marcel Benedito, especialista en decoración de ambientes
«La tendencia: cocinas y salones cada vez más tecnificados, al tiempo que todo lo esconden»
Cuéntenos cómo ha ido evolucionando la cocina a lo largo del tiempo
Los cambios que se han venido produciendo dentro del hogar son los derivados de los cambios sociales, fundamentalmente, el nuevo protagonismo de la mujer en el mundo laboral, y los nuevos roles desempeñados por los distintos miembros de la familia. En el momento en el que la cocina se convierte en un espacio que comparten todos los miembros de la familia, la estancia reclama más espacio, y ello nos lleva directamente al concepto de cocina como espacio abierto.
Y ¿qué papel han desempeñado los electrodomésticos en este proceso de cambio?
Los electrodomésticos han ayudado a que la mujer se emancipe de la cocina, a que todo sea más fácil y agradable y ello ha hecho que el espacio se transforme; lo que antes era un espacio exclusivamente de trabajo, como un laboratorio dentro de la casa, se ha convertido en la pieza principal, restando protagonismo al salón. En el salón sólo se puede descansar y ver la televisión; en la cocina también es posible hacerlo, además de cocinar, relajarte o conversar… El espacio “cocina” es cada vez más complejo, más grande, abierto al salón, y está asumiendo nuevas funciones.
¿Incorporan los promotores esta tendencia? ¿Dejaremos de ver obra nueva con cocinas minúsculas?
Sí; un síntoma de categoría hoy en día son los metros cuadrados que ocupa la cocina, y yo diría que la mayoría de ellos ya incorporan un espacio más o menos grande para el office y prevén las conducciones y acometidas de agua para todos los electrodomésticos. Hoy es impensable una cocina que no tenga previsto el espacio para el lavavajillas, como ocurría años atrás.
¿Se puede hablar de dos tendencias en la cocina: una donde nada se ve y otra donde el electrodoméstico resulta muy evidente…?
Sí, y ambas tendencias funcionan. Hay muebles en acero inoxidable, muebles que se mueven, espacios que parecen más los de una cocina de restaurante que doméstica; ahí los electrodomésticos no están escamoteados, sino todo lo contrario, y es la elección de un público al que le gusta mucho trabajar en la cocina y quiere aspecto y prestaciones muy profesionales. Por otro lado está la cocina que, prácticamente, se integra en el salón, que se diluye y ya no se sabe muy bien dónde están las cosas… Los dos estilos conviven.
¿Cuáles serían los principales rasgos en el diseño de los espacios interiores; cocina, salón…?
Las estéticas que reproducen estilos antiguos me parecen muy respetables, pero creo que están fuera de moda y que no tienen demasiado futuro. Hoy el consumidor quiere estéticas funcionales, sencillas, que no pesen visualmente y que permitan vivir cómodamente. Aunque hay muchos matices, la tendencia se dirige hacia ambientes prácticos, cómodos y agradables, que no tienen que representar demasiado; al contrario, tienen que adaptarse a la gente que vive en la casa. En resumen: simplificar en el aspecto estético y “complicar” en el plano tecnológico, pero sin que se note; cocinas y salones cada vez más tecnificados, al tiempo que todo lo esconden.
Con esa tendencia tan minimalista, ¿se corre el riesgo de caer en la despersonalización?
Se puede encontrar un equilibrio; está claro que esa estética te obliga a escoger y, desde luego, está reñida con la acumulación, un mal de este siglo que hay que evitar. En todo caso, una casa puede ser moderna y tener la personalidad de quien la habita.
¿Qué opina de la llamada casa domótica o inteligente, y cuyo advenimiento modificará también el mobiliario?
La casa domótica no es más que una casa donde todo está integrado, previsto de antemano; el motivo de que esta tendencia no prolifere, a parte del tema de los estándares, es el precio de la vivienda, ¡si ya está por las nubes, sólo falta encarecerlo a causa de este tema…! Además, el consumidor, en materia de nueva vivienda, de entrada, es muy conformista; no exige ese tipo de prestaciones. Más adelante vendrá otro asunto, el del Wi-Fi pero, por ahora, casi nadie sabe de qué va.
¿Quién marca las tendencias?
Hay algunos que marcan el camino y otros van detrás. Pero a veces se equivocan. En el caso del mobiliario de cocina, por ejemplo, hay un fabricante alemán muy importante que hace seis años presentó muebles de cocina con ruedas, pensados para que el usuario realizara su propia configuración; aparentemente, tenía ventajas, se podían mover, ampliar… ¿Se ha convertido en tendencia? No. La idea es muy buena, pero también es muy cara. Son los fabricantes quienes, en todo caso, proponen cosas; luego funcionan o no. A veces, son muy bonitas sobre el papel, pero o no son comerciales o resultan demasiado caras.
